terrorismo

Los terroristas muertos no sirven para nada. De Kai Ambos

Este artículo de un jurista alemán, experto en derecho penal latinoamericano, provocará mucha polémica en El Salvador, un país donde cada día mueren personas consideradas ‘terroristas’ en enfrentamientos con fuerzas policiales. Precisamente por esto consideramos necesario que su punto de vista se discuta.

Segunda Vuelta

Fotografía de Christian Hartmann tomada el viernes 13 de noviembre de 2015 durante una serie de atentados terroristas que tuvieron lugar en París y arrojaron más de 150 muertos. Reuters.

Fotografía de Christian Hartmann tomada el viernes 13 de noviembre de 2015 durante una serie de atentados terroristas que tuvieron lugar en París y arrojaron más de 150 muertos. Reuters.

Kai Ambos, 15 septiembre 2016 / PRODAVINCI

prodavinciKai Ambos es Catedrático de Derecho Penal, Derecho Procesal Penal, Derecho Comparado y Derecho Penal Internacional en Alemania en la Georg-August Universität Göttingen (GAU). Director del Centro de Estudios de Derecho Penal y Procesal Penal Latinoamericano (CEDPAL) de la GAU y juez del Tribunal Provincial de Göttingen.

Resulta sorprendente la escasa discusión pública que genera el hecho de que la policía haya dado muerte a todos los autores de atentados terroristas de los últimos tiempos, ya sea en Francia, Canadá o Alemania. En un reportaje de la BBC world news sobre la muerte de los supuestos terroristas de Ontario (Canadá) se informó solamente sobre la biografía y las posibles conexiones de éstos con el denominado Estado Islámico (EI) sin decir nada respecto a las circunstancias de sus muertes.

Esto resulta sintomático de la cobertura que se da a casos de este tipo. En ese sentido, casi se tiene la impresión de que la muerte sería una consecuencia natural y necesaria de las intervenciones policiales; y esto evoca al llamado a la “lucha contra el terrorismo”, realizado por el presidente de los Estados Unidos, George Bush Jr., tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Las consecuencias para los Derechos Humanos son ampliamente conocidas. En Alemania basta recordar el destino que corrió El Masri, un ciudadano alemán de origen kuwaití que fue recluido en Guantánamo. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos aprovechó éste y otros casos para evaluar las denominadas “entregas extraordinarias” (extraordinary renditions) de los norteamericanos y constató, entre otras violaciones, infracciones contra el derecho a la libertad y la prohibición de tortura.

A pesar de todo esto, el presidente francés, François Hollande también se sirve de la retórica de la guerra, adhiriendo con ello a una argumentación que en lo fundamental pone en cuestión el derecho a la vida de los terroristas —ya sea como enemigos de la sociedad civil o como combatientes ilegales—. Tampoco el llamado a utilizar las fuerzas militares ayuda mucho en este contexto. Al contrario, esto no resulta digno de un Estado de Derecho que cuenta con una policía profesional.

En un Estado de Derecho, la prohibición de matar rige casi de modo absoluto en tiempos de paz. Pero incluso en un conflicto armado sólo existe un derecho limitado a matar a los combatientes, suponiendo –con base en la mencionada retórica del presidente francés– que haya un conflicto con el EI (Estado Islámico). De hecho, ya resulta bastante discutible si los miembros del EI pueden ser considerados como combatientes.

De todos modos, en tiempos de paz sólo existe un derecho a matar en casos excepcionales, en concreto, cuando matar constituye el único medio para defender bienes jurídicos fundamentales. Los penalistas llaman a esto “legítima defensa”, la cual constituye un principio general de derecho comparado e internacional. Sin embargo, en todos los sistemas jurídicos la legítima defensa tiene límites, impuestos por el principio de proporcionalidad, en casos de reacciones excesivas.

Por lo demás, de acuerdo con la comprensión alemana, ampliamente dominante en el ámbito jurídico-penal hispanoamericano, una muerte puede en todo caso ser exculpada pero no justificada, y ello cuando representa el único medio para salvar la propia vida –fuera de situaciones de grave agresión.

La distinción entre justificación y exculpación es altamente significativa pues ella demarca el límite entre el injusto objetivo y la culpabilidad subjetiva. Así, quien se halla justificado actúa de conformidad con el derecho; en cambio, quien sólo es exculpado infringe el derecho aunque, al final, esto no le pueda ser reprochado. Las causas de justificación y de exculpación son aplicables a todos los ciudadanos. Sin embargo, se discute si los policías pueden invocarlas, considerando que estos disponen de derechos de represión específicos. Esto también incluye un derecho a matar en situaciones excepcionales (“fuerza final letal”).

En ese contexto, en un Estado de Derecho todo uso letal de armas de fuego por parte de la policía puede y tiene que ser investigado y examinado de una forma crítica e independiente. Los controles democráticos estatales, sobre todo respecto del uso de la fuerza policial, pertenecen a las bases de todo Estado de Derecho. La colectividad tiene un derecho a la información, el cual tiene que plasmarse mediante un periodismo crítico de calidad. Por consiguiente, no es la pregunta sobre la necesidad de una muerte la que requiere de una justificación sino más bien el hecho de la muerte misma.

Plantear esa pregunta no significa naturalmente colocar a la policía bajo una sospecha generalizada. Más bien, sólo implica hacer lo mismo que se hace en todos los casos en los que se produce una muerte entre ciudadanos: la realización de una investigación penal para constatar si existe un comportamiento punible o, por lo menos, antijurídico. No debe olvidarse que la policía, en tanto autoridad pública y representante más notable del monopolio de la violencia estatal, está sujeta –aunque esto sea lo que precisamente se olvida muy rápido cuando la seguridad pública peligra de un modo extremo– a reglas más estrictas en comparación con los ciudadanos normales. Esto se revela ya en muchos ámbitos del ordenamiento jurídico, por ejemplo, en el hecho de que una lesión corporal causada por un policía sea sancionada más severamente que la ocasionada por un ciudadano normal.

Plantear la cuestión acerca de la justificación de una muerte no significa en ningún caso una anticipación de la respuesta. El resultado de todo examen depende –y esto lo saben muy bien la policía y la fiscalía– de las circunstancias del caso concreto. En ese sentido, los diagnósticos genéricos emitidos por los medios o incluso por los denominados expertos en terrorismo no resultan útiles. Aquí hay que considerar diversos factores, especialmente las circunstancias concretas de la intervención policial; pero también la amenaza terrorista actual, la presión sobre las fuerzas policiales vinculada a aquella, así como la formación de éstas.

En ese sentido, uno podría esperar que en una situación conflictiva concreta las fuerzas de operaciones especiales, específicamente entrenadas para afrontar esas situaciones, puedan limitarse a neutralizar la capacidad agresora del atacante cuando su muerte no sea obligatoriamente necesaria, evitando así mayores daños.

Más allá de todas estas consideraciones jurídicas también es importante recordar lo siguiente: los terroristas muertos no aportan ninguna información para la lucha antiterrorista, sólo sirven para la propaganda terrorista

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Amnesty photographer Leila Alaoui killed in Burkina Faso al-Qaeda attack

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Tom Seymour, 19 enero 2016 / BRITISH JOURNAL OF PHOTOGRAPHY

Leila Alaoui, the 33-year-old French-Moroccan photographer, died last night as a result of injuries sustained during Friday’s al-Qaeda terrorist attack in Burkina Faso, along with her driver, Mahamadi Ouédraogo, a father of four.

Screen Shot 2016-01-19 at 12.02.33 PMAlaoui was working on assignment on women’s rights issues for Amnesty International. The human rights organisation and French culture and communications minister Fleur Pellerin both confirmed her death this morning.

Alaoui was seriously injured when militant gunmen affiliated to al-Qaeda in the Islamic Maghreb (AQIM) stormed the Splendid Hotel and the Cappuccino restaurant in Ouagadougou, the capital city of Burkina Faso, West Africa.

Mahamadi Ouédraogo who was killed along with photographer Leila Alaoui in the Al Qaeda attack in Ougadougou Burkina Faso, on Friday 15 January 2016. He had worked with Amnesty since 2008 as a driver.

Mahamadi Ouédraogo who was killed along with photographer Leila Alaoui in the Al Qaeda attack in Ougadougou Burkina Faso, on Friday 15 January 2016. He had worked with Amnesty since 2008 as a driver.

Alaoui’s death raises the death toll to 30, of 18 separate nationalities. French and Burkinabe armed forces were forced to storm the hotel and restaurant after the gunmen took 126 people as hostages – they were later freed. The attack marks the biggest terrorist incident in Burkina Faso’s history, and is a major escalation of Islamist militancy in West Africa.

Alaoui and Ouédraogo were parked outside the Cappuccino cafe, opposite the Splendid Hotel – both popular venues for travellers – when the attack occurred.  Both were shot multiple times at close range.

Malika ‘La Slammeuse’ photographed by Leila Alaoui in Ouagadougou, Burkina Faso, on 13 January 2016, as part of the My Body My Rights campaign on sexual and reproductive rights.

 

Her mother, Christine Alaoui, said her daughter had suffered gunshot wounds to her lung, abdomen, arm, leg and kidney.

Alaoui underwent a six-hour operation over the weekend at a local hospital and was expected to be flown back to France soon, but she succumbed to her injuries on Monday night after suffering a heart attack.

Alaoui’s mother told the French publication le360 that her daughter was among those evacuated by the Burkinabe security forces.

Martine Kabore photographed by Leila Alaoui in Ouagadougou, Burkina Faso, on 13 January 2016, as part of the My Body My Rights campaign on sexual and reproductive rights. Martine works at the Pan Bila shelter for young girls who have experienced forced marriage, early pregnancy and sexual violence.

Martine Kabore photographed by Leila Alaoui in Ouagadougou, Burkina Faso, on 13 January 2016, as part of the My Body My Rights campaign on sexual and reproductive rights. Martine works at the Pan Bila shelter for young girls who have experienced forced marriage, early pregnancy and sexual violence.

“She was shot twice in the leg and her arm,” her mother said. “She lost a lot of blood before being evacuated.”

Born in Paris in 1982, Alaoui studied photography at City University of New York (CUNY). She lived between her native Morocco and Beirut, Lebanon.

She described her work as exploring “the construction of identity and cultural diversity, often through the prism of the migration stories that intersect the contemporary Mediterranean. Her images express social realities using a visual language that combines the narrative depth of documentary storytelling and the aesthetic sensibilities of fine art.”

In an interview with Al Jazeera, Alaoui discussed her ongoing interest in migration, saying:

“Throughout my adolescence in Morocco, stories of migrants drowning at sea became regular on the news. In my eyes, these stories were constant reminders of deep-rooted social injustice.

“My French-Moroccan identity gave me the privilege of crossing borders freely while others couldn’t. When I turned 18, I moved to the United States and became even more exposed to questions of belonging and identity construction. I developed strong interests in ethnic minorities, sub-cultures and marginalised groups.

“This strengthened my conviction to develop my own style and voice, using photography, video art and social activism.”

Her work has been exhibited internationally at galleries including the prestigious Maison Européenne de la Photographie in Paris, and has been featured in newspapers including The New York Times and Vogue.

A full statement from Amnesty reads:

“It is with great sadness that Amnesty International has learned of the tragic death of photographer Leila Alaoui and driver Mahamadi Ouédraogo, as a result of the al-Qaeda attack in Ouagadougou on Friday.

“Leila was shot twice, in the leg and thorax, but was quickly taken to hospital and was initially in a stable condition following an operation. A medical evacuation was being prepared when she suffered a fatal heart attack.

“Leila was a talented French-Moroccan photographer who we had sent to Burkina Faso to carry out a photographic assignment focusing on women’s rights.

“Mahamadi was killed in his car. A father of four, he was a great friend to Amnesty International having accompanied staff and consultants on missions in the country since 2008. Our thoughts are with his wife, children and family. He will be sorely missed.

“Amnesty International’s absolute priority is to ensure the best possible support for Mahamadi and Leila’s families. The organization’s representatives are at the hospital liaising with her family, doctors and all necessary officials.

“Mahamadi and Leila were parked outside the Cappuccino cafe, opposite the Hotel Splendid when the attack occurred.

“Ouagadougou was not considered to be a high-risk destination and Leila was being supported by colleagues from our national office in Burkina Faso during her assignment and accompanied by Mahamadi, a national of Burkina Faso.”

See more of Alaoui’s work here. More details to follow. 

Vea el sitio WEB de Leila Alaoui