Humberto Sáenz Marinero

¿Somos tontos? De Humberto Sáenz Marinero

6 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

En el contexto del vergonzoso retraso en la elección de los magistrados de la Corte Suprema, varias organizaciones han pasado de los tradicionales comunicados, editoriales, entrevistas y conferencias de prensa, a realizar otras actividades que no solo reiteran el descontento con la omisión legislativa, sino pretenden exigir directamente, y dejar claro qué es lo que de verdad está atrasando este proceso de elección.

Una legítima presión ciudadana que poco a poco ha comprendido la importancia de contar con un tribunal constitucional compuesto por personas honorables, capaces e independientes.

Precisamente ante una de esas varias manifestaciones, el expresidente de la Asamblea Legislativa, como ya es su costumbre, en lugar de hacer mea culpa, pedir perdón a los ciudadanos y proponerse enmendar, reacciona virulenta e irrespetuosamente, tildando de tontos a un grupo de personas, simplemente porque no comparte el mensaje que estas pregonan. Un despropósito más para su colección.

Dejando de lado el improperio del legislador, lo cierto es que ello nos debe llamar a la reflexión. Nosotros, por acción u omisión, por desconocimiento, ignorancia, desidia, comodidad o hasta complicidad, hemos permitido que en nuestro país los Órganos de Estado y principales instituciones estén copados de funcionarios que jamás tuvieron que haber tenido la oportunidad de representarnos o administrar nuestros impuestos. El caso del expresidente de la Asamblea es sin duda uno de los casos más emblemáticos y deshonrosos, pero como ese han existido y aún existen muchísimos más.

Hemos tolerado que nos insulten, que en nuestras narices distraigan fondos públicos para sus intereses o el de sus familiares, que pisoteen recurrentemente nuestros derechos, que nos impongan sus agendas sin consultarnos, que se enriquezcan exponencialmente sin pudor alguno, que no se preocupen por los más desamparados, que usen vilmente las instituciones, que las atiborren con sus amigos y parientes y que se burlen de nuestras legítimas exigencias ciudadanas. Lo peor es que lo hacen sin pudor alguno y con unos niveles de cinismo que a cualquier llevan a la exasperación.

Ante eso nos quejamos con nosotros mismos o con nuestro círculo más cercano, nos atrevemos a comentar alguna que otra cosa en redes sociales y con la excusa de ya estar haciendo suficiente porque se trabaja honradamente y se pagan los impuestos, nos escondemos en las típicas expresiones de… “ya es hora de que alguien haga algo”, “lo que pasa es que acá nadie hace nada”, “ojalá hiciéramos como en otros países”, etc.

Vemos y cuestionamos hacia todos lados, pero nunca nos vemos en el espejo. Buscamos que alguien más haga algo que nosotros mismos podríamos estar haciendo. Queremos que las cosas cambien pero seguimos sin entender que de alguna forma tenemos que involucrarnos, porque trabajar, no es suficiente.

En todo esto reconozco mi cuota de responsabilidad. Como lo he dicho en diferentes oportunidades, nuestra generación fue despreocupada, quizá conformista con el destino de nuestro país. Aplaudimos el cese del conflicto armado y eso nos pareció suficiente, sin darnos cuenta de los huracanes sociales y políticos que se estaban gestando en ese momento. Cuando jóvenes vimos pasar, dejamos hacer, nos desentendimos y hoy estamos pagando esas consecuencias.

Ojalá y los jóvenes de ahora no cometan ese mismo error; ojalá que los que tienen el privilegio de recibir educación universitaria comprendan que el hecho de permanecer en las aulas, desconectados y despreocupados de la realidad que les rodea, nos perjudica a todos; perjudica su futuro.

Quizá sí debemos preguntarnos si somos tontos. Pero no por manifestarnos y exigir, sino por no haberlo hecho antes, por haber esperado llegar al día 100 y no haberlo hecho desde el día 1, por habernos conformado con tan poco, por seguir apoyando a personajes que mancillan el quehacer legislativo, por aplaudir discursos populistas y mesiánicos, por premiar una mal entendida astucia política, por no usar más las instituciones, y en fin… por permitir que desde un curul se nos insulte.

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Sus primeras tres tareas, diputados. De Humberto Sáenz Marinero

Humberto Sáenz Marinero, presidente del Centro de Estudios Jurídicos CEJ

15 mayo 2018 / El Diario de Hoy

Diputados, pasado el desencanto ciudadano inicial con el resultado de las discusiones sobre el número de miembros de Junta Directiva y la composición de las comisiones legislativas, llegó el momento de tomar decisiones trascendentales, decisiones que definirán ante nosotros cuál es el rumbo que ustedes pretenden adoptar durante su gestión legislativa.

Son tres sus tareas iniciales, dichas en orden cronológico: a) la aprobación de reformas al Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa para tener un mejor y más transparente proceso de elecciones de segundo grado; b) la elección de cinco magistrados propietarios y cinco magistrados suplentes de la Corte Suprema de Justicia; y c) la aprobación de una nueva ley de servicio público.

La primera de las tareas bien se pudo haber cumplido durante la anterior legislatura, y la verdad es que no está del todo claro qué fue lo que lo impidió. Ahora les toca a ustedes hacer eco de una propuesta ciudadana que, se mire por donde se mire, mejoraría sustancialmente el proceso de elección de funcionarios.

Ustedes ya tienen en sus manos –con iniciativa de ley– una propuesta por la que se establece un procedimiento democrático, transparente y eficiente que va desde la convocatoria con un perfil predefinido de los candidatos, la acreditación de requisitos materiales y aspectos cualitativos, una fase de participación ciudadana, el desarrollo de verdaderas entrevistas, la ponderación de todos los candidatos, el auxilio o asistencia técnica, los debates públicos, la elaboración y entrega del dictamen de la comisión, hasta la votación nominal y pública.

Aprobar esas reformas les permitirá cumplir con lo que les ha estado costando cumplir y evitar que la Sala de lo Constitucional les esté corrigiendo más planas. Además, nos permitirá a todos contar con un procedimiento que incorpora estándares internacionales tan necesarios en este tipo de procesos.

La segunda de las tareas es la mejor oportunidad que tienen para demostrarnos que están comprometidos con el Estado de Derecho y la separación de poderes. Su mayor o menor vocación democrática quedará en evidencia si ustedes eligen magistrados independientes, con el mérito, experiencia y preparación que requiere el ejercicio de las más altas magistraturas.

Algunos de ustedes pidieron al gremio de abogados y al Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ), que hicieran bien su trabajo y que, en sus respectivos procesos de elección, realizaran una verdadera depuración de aspirantes, de forma tal que al llegar a la etapa legislativa, los diputados tuvieran mejores alternativas para su elección.

No es factible afirmar que esas primeras etapas salieron completamente bien, sobre todo porque hay asociaciones de abogados que han perdido de vista la responsabilidad constitucional y los principios gremialistas, dejándose absorber por intereses político partidarios, que en sí mismo no deben ser satanizados, pero que de la actividad gremial deben ser completamente expulsados. Y porque en el CNJ si bien se dieron pasos importantes, sobre todo en materia de estructura del proceso y transparencia, la etapa final del proceso no tuvo la claridad que se esperaba ni la profundidad de deliberaciones que el proceso ameritaba.

Pero aún con mucho camino que recorrer, varias asociaciones de abogados, el gremio en general y el CNJ, se ocuparon y preocuparon por comenzar a devolver la credibilidad a este proceso y por llevarles a ustedes, los diputados, un listado de profesionales más depurado.

Se colaron varios que no deberían estar en ese listado, pero esos varios han quedado completamente en evidencia y es seguro que si ustedes quieren hacer bien su tarea, los colados no serán considerados en ningún momento. Así que descartando a quienes ostensiblemente no pueden ejercer el cargo de magistrados, les corresponde ahora a ustedes elegir a los mejores. Por primera vez en mucho tiempo, sorpréndannos de verdad con una elección que tengamos que aplaudir.

Por último, no le den muchas vueltas a la imperativa necesidad de profesionalizar el servicio público. No es posible que cada vez que cambie la presidencia en la Asamblea Legislativa o cada vez que en cualquier institución pública cambie su titular, nos tengamos que estar enterando de contrataciones injustificadas, de salarios que no guardan correspondencia con las responsabilidades asignadas y de reparto de plazas entre personas que no tienen ni la decencia de fingir que las ocupan.

También tienen en sus manos una contribución de sociedad civil que varios de ustedes públicamente dijeron que apoyarían. Aprueben una nueva Ley de servicio público y propicien con ello que poco a poco comencemos a tener mejores funcionarios y empleados públicos que no dependan del mandatario de turno, sino de su capacidad de gestión, administración y ejecución.

Ahí tienen tres tareas cuyo cumplimiento solo dependen de ustedes. Háganlas.

@hsaenzm

Los tendremos en la mira. De Humberto Sáenz Marinero

Humberto Sáenz Marinero, 4 abril 2018 / El Diario de Hoy

Hace algunos meses mencionaba que las elecciones no solo deben ocuparnos y preocuparnos cuando hay elecciones, pues el hecho de que nuestra atención al tema no sea permanente es lo que no nos ha permitido entender a cabalidad la dinámica legislativa, ni ha posibilitado que adoptemos de mejor manera el rol protagónico que nos corresponde en nuestra convivencia democrática. Somos agentes de cambios, pero no nos lo hemos creído del todo.

Acaban de pasar las elecciones legislativas y municipales, cuyos resultados confirman los bajos niveles de aceptación que hoy día tienen todos nuestros partidos político. Esto se debe, en buena medida, a la incapacidad de estos últimos para ajustarse a las nuevas realidades, así como su empecinado esfuerzo por continuar con prácticas que riñen con las más sofisticadas exigencias de probidad, austeridad, transparencia, meritocracia, rendición de cuentas y democracia interna.

Hay un mensaje que casi todos los ciudadanos entendemos, pero que los destinatarios del mismo aún no. Actitudes triunfalistas, resistencia al cambio, insistencia en el goce de privilegios, búsqueda de culpables fuera de las filas partidarias y ausencia de profundidad en el análisis, es lo que hemos encontrado en las primeras respuestas de los partidos políticos.

En lugar de propuestas legislativas concretas que intenten solventar los múltiples problemas que aquejan a nuestra sociedad, las primeras discusiones de quienes conformarán la próxima Asamblea Legislativa han girado en torno a la o las personas que ocuparán la presidencia y la junta directiva, algo que sin duda es importante pero para nada esencial.

Por ejemplo, las pasadas elecciones han dejado en evidencia algunos vacíos y problemas que se pueden presentar en materia electoral con la convivencia entre el voto por bandera y el voto por persona; pero en lugar de estar discutiendo sobre la forma de corregir estos defectos y seguir avanzando en la construcción del sistema, ya hay quienes se han atrevido a proponer regresar al pasado, eliminando el derecho ciudadano a votar por el candidato de su preferencia; en lugar de construir, destruir es la consigna.

Es cierto que en nuestro país las principales modificaciones al sistema electoral se han generado como resultado de las decisiones adoptadas por la Sala de lo Constitucional durante los últimos casi nueve años; pero también es cierto que estando o no de acuerdo con lo que en esa sede se ha venido resolviendo, no podemos negar que ha sido la pereza y la desidia legislativa las que en gran medida nos han llevado a ese punto; y en varios casos, la inexcusable desobediencia.

Lo que simple y sencillamente ha sucedido es que los partidos políticos se han negado a tocar temas sensibles, que les incomoda o que les resta prerrogativas, por lo que la justicia constitucional ha sido el cauce sustituto que han ubicado las exigencias ciudadanas.

Es entonces momento de demostrarnos a nosotros, los ciudadanos, que no tenemos necesidad de acudir a la protección de la justicia constitucional, porque los diputados electos van a cumplir con sus obligaciones y van a legislar para salvaguardar y viabilizar el ejercicio de nuestros derechos constitucionales. Los diputados deben asumir una actitud proactiva y no reactiva. ¿Por qué deben esperar una decisión judicial que les diga qué hacer y cómo hacerlo? ¿Por qué no hacerlo por propia iniciativa?

Para el caso, los diputados electos saben que una de sus más trascendentales tareas en el período 2018-2021 será elegir a magistrados de la Corte Suprema de Justicia, Fiscal General y magistrados de Corte de Cuentas. ¿Van a esperar que exista una sentencia que les diga que otra vez se hicieron mal las cosas, o van a anticiparse y confeccionar un proceso que cumpla con las más recientes líneas jurisprudenciales y estándares internacionales?

¿Van a seguir desarrollando elecciones con un proceso que ya ha comprobado hasta la saciedad que no permite premiar el mérito y que favorece el reparto de cuotas partidarias? ¿o van a estructurar uno nuevo que de paso a elecciones transparentes, reflexivas, motivadas y con participación ciudadana?

Los diputados deben entender que muchos de sus electores esperamos un cambio radical y un divorcio absoluto con las prácticas legislativas ya enquistadas, en las que el oscurantismo, el favoritismo y la indecencia ha prevalecido. Los diputados tienen que saber que nuestras exigencias no buscan en lo absoluto debilitar el sistema de partidos, sino que, por el contrario, intentan su fortalecimiento.

Por nuestra parte, tenemos que asumir también nuestro rol, vigilando de cerca lo que harán y lo que no harán los diputados ya electos. Los primeros días serán clave en ese ejercicio ciudadano. Tenemos que lograr que sientan que los tenemos en la mira.

@hsaenzm

¿Por qué no quieren jueces independientes? De Humberto Sáenz Marinero

humberto saenz

Humberto Sáenz Marinero, presidente del Centro de Estudios Jurídicos CEJ

Humberto Sáenz Marinero, 8 febrero 2018 / El Diario de Hoy

En octubre del año pasado, el Consejo Nacional de la Judicatura publicó el listado de abogados que en principio podían aspirar a ocupar una magistratura en la Corte Suprema de Justicia. El famoso listado de “elegibles” quedó compuesto de más de 12,000 abogados.

Ese es un listado que no hace ningún tipo de valoración sobre los requisitos de moralidad o competencia notoria, ni mucho menos sobre la independencia judicial. Es apenas un primer barrido que se hace para saber quiénes tienen la edad requerida, quiénes han desempeñado la judicatura por más de 9 años o quiénes han obtenido su autorización como abogado desde hace al menos 10 años.

EDH logEl universo de abogados en nuestro país ya supera el número de 35,000, pero de todos esos, es a partir de los “elegibles” que tienen que comenzar a identificarse el resto de características y requisitos exigibles.

El gremio de abogados es muy grande, y el listado de elegibles también lo es. Por eso cuesta entender y encontrar algún asomo de justificación, en los que promueven que de esos más de 12,000 abogados, se postulen profesionales que distan mucho de cumplir con las exigencias constitucionales.

La independencia judicial no es un invento de última hora, ni se trata —como algunos lo quieren hacer ver— de una exquisitez de unos pocos. En el caso de nuestro país, el art. 172 de la Constitución dice expresamente que los magistrados y jueces, en lo referente al ejercicio de la función jurisdiccional, son —y deben mantenerse— independientes. Las sentencias de la Sala de lo Constitucional no han venido sino a explicar algo que ya estaba ahí.

Pero hay quienes en su afán por desconocer lo anterior, dicen que no pasa nada si tenemos magistrados formal o materialmente vinculados a partidos políticos, porque la independencia debe ejercerse al momento de conocer el caso concreto y no de manera anticipada; así intentan justificar postulaciones que ahora asustan a quienes queremos vivir en una democracia. Eso es una forma distorsionada de entender la exigencia constitucional de independencia.

En realidad, no podemos tener jueces ni magistrados, que apriorísticamente se coloquen en una situación tal, que su razonamiento y juzgamiento pueda estar enormemente influido y hasta comprometido por su vinculación partidaria. Eso es una contradicción del sistema de frenos y contrapesos.

Esto equivale a lo que muchas veces vemos en la Asamblea Legislativa cuando se aprueban leyes que ya todo mundo sabe que están mal o que violentan derechos constitucionales, pero que de todos modos se votan solo para ver qué pasa. No pueden elegirse jueces que de manera evidente no son independientes, solo para ver si en el camino logran su independencia; es un sinsentido.

Por supuesto que la independencia no solamente se aplica al ámbito político. Ese es apenas el más evidente de todos.

Y es que, vista desde otra perspectiva, la independencia judicial nos atañe a todos; no solo a los abogados. Es un derecho de todos los ciudadanos y por eso debemos exigirlo. Así lo ha reconocido la Convención Americana sobre Derechos Humanos al expresar que toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial. Exactamente lo mismo señala el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.

Ese derecho ciudadano a tener jueces independientes ha llevado a muchísimos pronunciamientos judiciales en los que se ha quedado clarísimo que, en los procesos de elección de jueces, especialmente los referidos a las altas magistraturas, deben existir filtros que garanticen esa independencia.

Y entonces ¿por qué algunas asociaciones que dicen representar al gremio y que dicen representar a la ciudadanía, se empeñan en postular profesionales con ostensibles vínculos partidarios? ¿Qué hay detrás de esa pretensión? ¿Por qué de los más de 12,000 elegibles, se insiste en llevar a personas vinculadas al quehacer político partidario?

Valga destacar que la pertenencia o cercanía con partidos políticos no es en sí misma reprochable. De verdad pienso que los partidos políticos juegan un rol esencial en toda democracia, y que a partir de los mismos se puede contribuir muchísimo al desarrollo del país; cosa distinta es ver lo que tenemos.

Aun así, yo aplaudo y admiro a quienes con espíritu patriota se vinculan al quehacer partidario y quienes con honestidad quieren hacer país desde esa trinchera. Pero lo que pasa es que esa trinchera es excluyente de la otra y quienes pretenden ejercer la judicatura, deben entenderlo de una vez por todas.

La Fedaes. De Humberto Sáenz Marinero

No podemos ceder ante aquellos que sin ningún tipo de vergüenza manifiestan su insano deseo de controlar el Órgano Judicial, sin percatarse de que con ello anuncian su rechazo a uno de los pilares de todo Estado Democrático de Derecho.

humberto saenz

Humberto Sáenz Marinero, presidente del Centro de Estudios Jurídicos CEJ

Humberto Sáenz Marinero, 18 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

En 1967, cinco asociaciones de abogados decidieron constituir la Federación de Asociaciones de Abogados de El Salvador (Fedaes), la cual se organizó con el propósito inicial de propiciar la armonía y la acción conjunta del gremio de abogados. Valga señalar que desde sus orígenes, los estatutos de Fedaes previeron una presidencia rotativa de un año, entre todas las asociaciones.

En 1997, Fedaes se vio en la necesidad de ajustar sus estatutos a lo previsto por la Ley de Asociaciones y Fundaciones sin Fines de Lucro que por aquellos años recién entraba en vigencia. Para entonces, ya se habían incorporado 3 nuevas asociaciones de abogados con lo que Fedaes quedaba compuesta por 8 asociaciones.

EDH logTambién es oportuno mencionar que en los nuevos estatutos se decidió mantener la presidencia rotativa de un año entre todas las asociaciones y se estableció que cada asociación tendría 3 miembros propietarios y 3 suplentes designados en Junta Directiva aunque, eso sí, cada asociación contaría solamente con un voto.

Por otra parte, y como resultado de las reformas constitucionales derivadas de los acuerdos de paz, Fedaes adquirió un rol sumamente trascendental en la elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, toda vez que, de acuerdo con nuestro texto constitucional, quince de los candidatos a ocupar las más altas magistraturas, deben provenir de las entidades representativas de los abogados en El Salvador.

En la práctica esto se traduce en que Fedaes, cada tres años, organiza y administra las elecciones en que el gremio de abogados elige a quince de sus pares, para que junto con otros quince propuestos por el Consejo Nacional de la Judicatura, formen el listado de elegibles que tendrán que ser considerados por la Asamblea Legislativa para la renovación de la Corte Suprema de Justicia.

Tal como lo prevén sus estatutos, hace unos días se llevó a cabo la elección de la Junta Directiva de Fedaes para el período 2017/2018, correspondiendo la presidencia – por los mismos estatutos – a la Asociación de Abogados de Oriente. Los demás cargos se reparten entre las otras asociaciones.

La Junta Directiva así electa tendrá a su cargo la administración del próximo proceso de elecciones de magistrados que el gremio llevará a cabo en 2018 y en el que, como resultado final, la Asamblea Legislativa deberá elegir a cuatro magistrados de la Sala de lo Constitucional y un magistrado adicional que podrá llegar a cualquiera de las otras 3 Salas que conforman la Corte.

La tarea, desde luego, entraña una responsabilidad enorme. Esta Junta Directiva de Fedaes deberá conducir un proceso completamente transparente, eficiente y participativo, en el que desde el arranque se puedan introducir los filtros adecuados para facilitar la labor legislativa y para entorpecer el odiado reparto de cuotas.

Las 8 asociaciones de abogados que forman la Fedaes tienen a su vez el compromiso de evidenciar que el gremio está dispuesto a manejar de forma diferente las cosas; que hay unidad de criterio en cuanto al objetivo de llevar a la Corte Suprema de Justicia a los mejores elementos, y que hemos entendido que debemos impulsar no solo la honorabilidad y competencia notoria de nuestros pares, sino también la independencia político partidaria, así como las capacidades y habilidades técnicas y gerenciales para los cargos.

Lo que se espera son 8 votos de 8 asociaciones de abogados que muestren querer privilegiar el mérito en este proceso que se avecina, que recuerden y revivan los orígenes de Fedaes, que den contenido al compromiso de velar por la buena administración de justicia, la efectividad de la carrera judicial y el correcto ejercicio de la profesión y que, con sus respectivas posiciones, contribuyan a la dignificación del gremio.

La ciudadanía, por su parte, debe convertirse en un fiscalizador activo y propositivo, abandonando cualquier asomo de apatía ante un proceso eleccionario que –como ya se ha visto- afecta directa y frontalmente los intereses ciudadanos.

Hemos avanzado en la administración de justicia y sin duda alguna hemos comenzado a disfrutar las mieles de la independencia judicial. Ahora no podemos retroceder; no podemos ceder ante aquellos que sin ningún tipo de vergüenza manifiestan su insano deseo de controlar el Órgano Judicial, sin percatarse de que con ello anuncian su rechazo a uno de los pilares de todo Estado Democrático de Derecho. Fedaes y las asociaciones que la integran tienen un compromiso histórico; hay que cumplirlo.

@hsaenzm

“Cumpliste, Estela… Gracias”. De Humberto Sáenz Marinero

Humberto Sáenz Marinero, 24 junio 2017 / EDH

No quería volver a escribir sobre este tema, pero he cambiado de opinión. Hace unos días se cumplieron 32 años de la llamada “masacre de la Zona Rosa” en la que mi padre y muchas otras personas perdieron cruelmente sus vidas. Parece que fue hace mucho tiempo, pero la verdad es que el dolor está ahí; desaparece por momentos, aunque reaparece con mucha intensidad sobre todo en estos días, cuando los medios y redes sociales vuelven y vuelven con el tema.

Pero duele más porque hay quienes siguen sin comprender que no podemos continuar utilizando como armas las tragedias vividas durante el conflicto fratricida que nos desgarró por completo. Esta tragedia en particular se usa como moneda de cambio o como una airada y automática respuesta a señalamientos de otros atropellos y de otras barbaridades que también se cometieron en la guerra, de uno y otro lado. ¿Quieren investigar aquello? Investiguen también esto; ridícula y estúpida posición.

Para el caso, hace unos meses nos enteramos, a través de las redes sociales, que un grupo denominado “Colectivo de Víctimas del Terrorismo” estaba promoviendo una acción ante la Fiscalía General de la República, pidiendo se iniciaran investigaciones contra varias personas presuntamente vinculadas con la masacre de la Zona Rosa.

No sé bien lo que persiguen, pero sí sé que a nosotros nadie nos contactó, ni nos preguntó. Igual sé que a la familia del alumno que falleció junto a mi padre, tampoco le preguntaron. Por eso simplemente digo: no sé a quiénes es que supuestamente representan.

En todo caso ha sido en ese contexto que ha vuelto a divulgarse un video que en estos 32 años yo jamás había visto. Es un vídeo crudo que, como otros tantos, refleja las atrocidades de la guerra. Pero este es diferente a otros que ya había visto. En este, aparece mi madre afrontando lo que a partir de esa fecha sería su nueva realidad. Y es por eso que cambié de opinión.

Ya he dedicado algunas líneas a la memoria de mi padre, he hecho catarsis de esta terrible experiencia, he opinado que no valió la pena el conflicto, he pedido que no se use nuestro resurgido dolor para despotricar contra el adversario y he expresado que desde mi punto de vista, sí es posible la reconciliación en nuestro país. Pero me quedaba algo importantísimo que escribir y que no tiene disculpas no haberlo hecho antes.

Sobre la tumba de mi padre escuché a mi madre prometerle que sacaría adelante a sus hijos. Un par de años después leí que escribió en un periódico lo siguiente: “Han pasado 2 años, el tiempo vuela, pero tu nombre está grabado muy dentro de todos nosotros y como te lo prometí encima de tu cuerpo inerte, estoy llevando y sacando adelante a nuestros hijos y mientras Dios así lo disponga, lo seguiré haciendo”.

Yo no sé cómo lo hizo, pero lo cierto es que lo logró. Doy fe de sus tristes noches, de sus llantos de madrugada, de sus vacilaciones, sus tropiezos, sus vueltas a levantar, su inquebrantable espíritu de lucha, su resignación, su perdón, su férrea disciplina, su emprendimiento y su incansable afán por procurarnos bienestar, con cientos y cientos de limitaciones.

Por supuesto que existieron muchas personas que estuvieron cerca de ella y que contribuyeron enormemente en esa difícil tarea. A todos ellos, mis más profundos agradecimientos; jamás lo podremos pagar.

Pero al final fue ella quien lo hizo. Fue ella la que logró mantener un quebrantado hogar; la que buscó y se rebuscó porque lográramos completar nuestros estudios; la que soportó estoicamente las vicisitudes del día a día en nuestra niñez, nuestra adolescencia y nuestra juventud; la que con su ejemplo nos enseñó a trabajar desde pequeños y a no arrugar la cara a los problemas; la que supo transmitirnos alegría y esperanza cuando más lo necesitábamos.

No sé cómo lo hizo pero en medio de sus tribulaciones la vimos inmiscuida en casi todo. Ella estaba en nuestros eventos deportivos, en los acontecimientos académicos, acompañándonos en viajes escolares y hasta formando parte de juntas directivas en el colegio. Lo hizo al tiempo que nos exigía, nos corregía, manteniéndonos alejados de lo que ella consideraba que podría dañarnos.

Ella es la artífice y la protagonista. Pudimos hacerlo porque ella se lo propuso; lo hizo bien. Estoy convencido de que si lograra escuchar a mi padre, oiría que éste le diría: “Cumpliste, Estela… gracias”.

Lo hacemos en su nombre sus 3 hijos; Mario Antonio, Estela Lissette y yo te decimos: ¡cumpliste, madre… gracias!

@hsaenzm

Las elecciones no solo deben preocuparnos cuando hay elecciones. De Humberto Sáenz Marinero

Los nuevos desafíos se presentan en la conformación de la Juntas Receptoras de Votos, la implementación del voto en el exterior, el conteo de votos, los tiempos para emitir resultados, elección y rol de diputados suplentes, entre otros.

Humberto Sáenz Marinero, 26 mayo 2017 / EDH

Está claro que en nuestro país no hemos puesto suficiente atención a la materia electoral, y que eso ha provocado no pocos inconvenientes que se suman a los ya consabidos problemas con los que a nuestro país le está tocando lidiar.

Que no le hayamos puesto la suficiente atención al tema, no nos ha permitido entender a cabalidad la dinámica legislativa; dinámica que no es propia de nuestro país, sino que se repite en los distintos ordenamientos: la resistencia de los partidos políticos representados en el Órgano Legislativo, a quienes – en todas latitudes – les cuesta dictar reglas que entrañen autolimitaciones, o que lleven a regularizar su funcionamiento, o que prevean exigencias de transparencia o que incluso promuevan la imposición de correctivos y sanciones.

Se vuelve imprescindible comprender en su exacta medida esa realidad. Eso pondrá nuestras expectativas en su justa dimensión y nos permitirá, a los ciudadanos que no formamos parte de los partidos políticos, pero que queremos incidir en ellos, a las autoridades administrativas y a las autoridades judiciales, adoptar de mejor manera el rol protagónico que también nos corresponde en la reestructuración del eje articulador de nuestra convivencia democrática.

Por supuesto que eso no significa que los partidos políticos se desentiendan y dejen todo a terceros o se limiten a ir apagando incendios donde aparezcan las exigencias ciudadanas. Los bajos niveles de aceptación que hoy día tienen nuestros partidos, se deben en buena medida a su incapacidad para ajustarse a las nuevas realidades y a su empecinado esfuerzo por continuar con prácticas que riñen con las más sofisticadas exigencias de transparencia, rendición de cuentas y democracia interna.

Por otra parte, habiéndonos decantado por un sistema en que en un mismo órgano colegiado (el TSE) se realizan funciones administrativas y jurisdiccionales, y mientras tal sistema se mantenga, es imperativo que los jueces electorales adquieran plena conciencia de las responsabilidades que eso conlleva. Se están emitiendo sentencias equiparables a las de un tribunal judicial pero parece que hace falta darle contenido a las facultades constitucionales que por ende se despliegan.

Esto a su vez nos obliga a prestar más atención a la convivencia que debe existir entre la justicia electoral y la justicia constitucional. Podremos estar o no de acuerdo con lo que de constitucional se ha venido resolviendo, pero lo cierto es que ha sido la pereza y la desidia legislativa, la que en gran medida nos ha llevado a ese punto; y en varios casos, ha sido la inexcusable desobediencia.

Los partidos políticos se han negado a tocar temas sensibles o incómodos, por lo que la justicia constitucional ha sido el cauce sustituto que han ubicado las exigencias ciudadanas. Ahora es un fenómeno que no podemos seguir ignorando, ni tampoco podemos seguir analizándolo como un suceso esporádico.

Por el contrario, debemos buscar mecanismos que respetando siempre la institucionalidad y la separación de atribuciones, posibiliten una mejor sinergia de estas justicias. Entremos en serio a analizar si en el ámbito del derecho electoral, necesitamos propiciar una participación más directa de los jueces electorales en las acciones constitucionales; veamos si es necesario agotar siempre una instancia antes de acudir a la otra; propongamos herramientas que acerquen la justicia electoral a los ciudadanos.

Tengamos claro que la judicialización de la política no tiene nada de nuevo, y que el activismo judicial tampoco. Los jueces han ido ampliando el ámbito de sus decisiones, abarcando cuestiones que antaño correspondían de manera exclusiva a las instituciones políticas; son muchas las causas que explican este fenómeno.

Para el caso concreto, gracias a este rol que subsidiariamente ha tenido que ser asumido por la Sala de lo Constitucional, hemos pasado de un sistema de voto por bandera que limitaba al mínimo la participación ciudadana en la conformación de la Asamblea Legislativa, a un sistema donde podemos elegir con nombre y apellido a las personas que representarán a los distintos sectores de la sociedad.

Los nuevos desafíos se presentan en la conformación de la Juntas Receptoras de Votos, la implementación del voto en el exterior, el conteo de votos, los tiempos para emitir resultados, elección y rol de diputados suplentes, entre otros.

Y sin duda, una de las tareas más importantes que tenemos que comenzar a trabajar ya, es el replanteamiento del rol del TSE, buscando que este se convierta de verdad en la máxima autoridad en materia electoral; todo esto, en favor y máxima garantía de los derechos de todos los votantes.

Por último, los ciudadanos tenemos que comprender que esto no solo nos debe preocupar al estar cerca de un proceso eleccionario. Hay que entender que se trata de una materia que tiene enormes repercusiones en la cotidianeidad, en nuestro día a día.

@hsaenzm