Mes: noviembre 2018

“Oscuro”, el comic decomisado por la PNC. Entrega 4


Presentamos el capítulo 4 del comic “Oscuro”, diseñado y distribuido en el marco de programas de prevención de la violencia. Miles de ejemplares de estos folletos fueron decomisados por la PNC, y el ministro de Seguridad Mauricio Ramírez Landaverde sostuvo que se trata de contenidos que ‘promueven a violencia’. Para que los lectores se puedan formar su propia opinión, Segunda Vuelta decidió publicar los 6 capítulos. Y también porque consideramos que la policía no tienen facultad de decidir lo que podemos o no podemos leer.

Segunda Vuelta

Si no ha visto las primeras entregas de “Oscuro”, léalas aquí:
OSCURO 1
OSCURO 2
OSCURO 3
Lea la carta de Paolo Luers sobre “Oscuro” y  la PNC

29 noviembre 2018 / SEGUNDA VUELTA

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Carta al candidato de GANA: ¿Cuál de sus caras es la verdadera? De Paolo Luers

29 noviembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Señor Bukele:
Si comparo su discurso en la Universidad de El Salvador con sus exposiciones en FUSADES, me pregunto cuál de los dos realmente refleja sus concepciones e intenciones. Ante los estudiantes, un discurso incendiario contra el gran capital – ante los empresarios la promesa de proteger al sector privado. Ante un público de izquierda, como en la UES, expresiones de desprecio y amenaza a las instituciones, por ejemplo la Asamblea Legislativa y la Fiscalía General – ante un público supuestamente de derecha, en FUSADES, el compromiso de respetar la institucionalidad y de cuidar la seguridad jurídica.

 Un día se nos presenta un candidato queanuncia que va a “gobernar con el pueblo”, organizándolo en “Comandos” y movilizándolo contra cualquier obstáculo institucional o político que enfrentaría su gobierno – y el día siguiente asegura en FUSADES que será garante de la institucionalidad. Estas contradicciones no abonan a su credibilidad y no construyen confianza.

Usted ha tenido la suerte que en FUSADES lo trataron con guantes de seda. Sus interlocutores fueron demasiado educados (otros dirían “blandengues”) como para toparlo con sus incongruencias y su doble cara. O para desnudar la ausencia de conceptos claros, estructurados que uno espera de un candidato presidencial. Esto tiene que ver con la admirable capacidad de victimizarse que usted ha mostrado: víctima de todo el sistema de “los desiempre”, de los poderes fácticos, de los medios de comunicación, y de campañas negras. Las campañas de ataque en redes sociales, por parte de actores anónimos, realmente son contraproducentes: crean un clima en el cual personas decentes y competentes, como los de FUSADES, se sienten inhibidos a ejercer la debida y rigurosa crítica.

Usted se presenta como un político nuevoque trasciende las ideologías. Para muchos suena bien. Para mi, no. Desconfío de políticos que dicen no tener ideología. Sospecho que son oportunistas. Trascender ideologías no significa navegar con diferentes banderas, dependiendo de la audiencia. No significa no tener posiciones claras y coherentes, sino más bien marcar posiciones claras, pero sin permitir que sean obstáculos para buscar entendimientos y acuerdos con quienes tengan otras posiciones. Esto es pragmatismo, realismo y voluntad de concertación.

La ambigüedad es su principal debilidad. Puede interpretarse como mentira o como falta de claridad y principios. Pero cualquiera de las dos cosas lo descalifica como líder de una nación que necesita resolver sus serios problemas.

Usted tiene que decidirse si quiere reformar el sistema de democracia pluralista que hemos construido a partir de los Acuerdos de Paz – o si quiere seguir descalificándolo e insinuar que pretende cambiarlo de forma y fondo. Si es lo primero, deje de usar el discurso de anti política, descalificando el diseño institucional del país. Si es lo segundo, tenga el valor de decir con franqueza con qué pretende sustituirlo – y convierta las elecciones en un referéndum sobre un cambio de sistema.

Saludos,

México. De Manuel Hinds

28 noviembre 2018 / EDH-OBSERVADOR

Las caravanas que se dirigen a Estados Unidos están siendo protagonistas de una tragedia entendida como en la Antigua Grecia—una historia que inevitablemente termina en grave daño para el protagonista como consecuencia de un defecto de éste, o de un error cometido por el mismo. El daño final está determinado por la colisión entre el propósito de los héroes (los participantes de las caravanas), y los propósitos de un actor infinitamente más poderoso, que no puede permitir que ellos triunfen, por razones que los héroes mismos, en su desesperación, no pueden comprender.

Como todo país soberano, Estados Unidos tiene que controlar sus fronteras de acuerdo a sus políticas migratorias. Siendo una nación desarrollada, con un régimen que protege los derechos individuales, con muchas oportunidades económicas, y que provee a sus pobladores con muchos beneficios sociales, Estados Unidos es muy atractivo para la migración, y atrae muchos más inmigrantes que los que puede absorber. Por muchos años el país ha recibido muchos inmigrantes, incluyendo muchos que se han colado ilegalmente por las frontera con México o que se han quedado al expirar sus visas de entrada. El movimiento de ilegales ha sido tal que era irrealista esperar que el gobierno estadounidense no iba eventualmente a tomar medidas para cortarlo—como lo haría nuestro gobierno si estuviéramos en esa situación. Esto constituye una parte de la tragedia, el obstáculo que inevitablemente va a detener el acto heroico del protagonista.

La otra parte de la tragedia, la acción del héroe condenada al fracaso, es también fácil de comprender. Son personas y familias, destrozadas por la espantosa violencia que azota a nuestros países en Centro América, así como por la falta de oportunidades económicas, que se ven forzadas a huir de sus lugares de origen y enfocan sus esperanzas en el país más desarrollado a su alcance, Estados Unidos.

La prensa nacional e internacional ha reportado las historias desgarradoras de esta nuestra gente caminando, muchos con hijos enfermos y algunos incapacitados, caminando, caminando hacia un cielo que no se les abrirá. En un artículo del periódico británico he Guardián, el autor, brean Mealer, caminando con nuestros hermanos, recuerda a lo que él llama los fantasmas de migrantes anteriores que los acompañan, los migrantes de El Salvador y Cuba Rusia y Alemania, de los campos de la muerte en Sudán, Irak y Siria, los hebreos en el desierto, la saga de una mujer embarazada de Nazaret siguiendo una estrella para huir de un tirano, y la odisea de su propia familia durante la Gran Depresión de los 1930s, inmortalizada por John Steinbeck en su novela “Las Uvas de la Ira”, que los llevó del centro de Estados Unidos para llegar a una California que los recibió con policías armados que no los dejaron entrar.

La odisea es desgarradora. Desgraciadamente, Estados Unidos no puede hacer una excepción con estas caravanas. Si las deja entrar sin pasar por el proceso legal de solicitar asilo el país se les inundaría con millones de personas que están dispuestas a caminar hasta la frontera de Estados Unidos con tal de cambiar sus vidas. Y, como se evidenció en un artículo publicado hace un par de días en El Diario de Hoy, los asilos aprobados representan una minoría infinitesimal de las solicitudes.

He aquí pues la tragedia. Pero hay un lado luminoso en ella. El comportamiento de México, su gobierno y sus ciudadanos, con nuestros hermanos, que en todo el camino los han acogido como propios. En todas las tristes historias de éste éxodo, en medio de su trágico ritmo, aparecen mexicanos que dan aliento, comida y abrigo, transporte, servicios médicos, medicinas y apoyo moral a los centroamericanos que van pasando junto a ellos—muchos de ellos compartiendo con los nuestros cosas que a ellos no les sobran. En todas partes hay gente caritativa, pero los mexicanos han ido mucho más allá de eso, pagando buses, dando aventones en camiones, haciendo tamales y sandwiches, dando albergues, y, más que nada, dando cariño.

Eso es algo que nosotros, salvadoreños, no podemos olvidar jamás, sería vergonzoso hacerlo.

Los mexicanos han demostrado ser nuestros hermanos, y amor con amor se paga.


El descontento. De Joaquín Samaoya

29 noviembre 2018 / EDH-OBSERVADOR

La palabra “descontento” ha sido el más claro protagonista en una campaña electoral que inició, más o menos burdamente, hace aproximadamente un año. Los candidatos de los partidos tradicionales tomaron el descontento en su dimensión sociopolítica más común, y partieron de ahí para proponer fórmulas, unas gastadas y otras novedosas, para entusiasmar a los votantes.

Mientras tanto, el retador, l’enfant terrible, tomó el descontento, lo engordó con medias verdades y lo ha empleado incesantemente como grito único de batalla.

Ambas estrategias presuponen nociones muy diferentes sobre los salvadoreños. ARENA y FMLN se saben desgastados por su ineficaz ejercicio del poder, pero intentan tomar distancia de los errores de sus respectivos partidos y proponen, ante un pueblo escéptico, algunos caminos de solución, al menos para empezar a revertir las tendencias más indeseables. Asumen que hay interés en los votantes por conocer esas propuestas, saben que no pueden ofrecer más de lo mismo y confían en la capacidad analítica de la gente, aun sabiendo que el voto tiene importantes componentes ideológicos y emocionales.

Por su parte, Nayib Bukele le apostó simplemente al descontento y a la efervescencia de emociones negativas que esa condición subjetiva incuba. Asume que a la gente se le puede manipular fácilmente, da por sentado que la gente no quiere molestarse en analizar realidades complejas o no tiene la capacidad para hacerlo y, por consiguiente, les transmite un mensaje muy simple: Los partidos que se han alternado en el ejercicio del poder ya tuvieron su oportunidad y demostraron que no pueden… Yo sí puedo, soy el único que puede. No cargo con el lastre del pasado, soy el constructor del futuro.

Más allá de la evidente falsedad de la imagen que se ha labrado Bukele, puesto que no es un actor nuevo en la escena política y tampoco es tan inmaculado como pretende parecer, lo que resulta más interesante es la actitud de sus seguidores.

Es normal que una buena cantidad de gente le ponga cien candados a su mente y se encierre en su mundo ideológico, rechazando cualquier información o razón que pudiera sacudir el fundamento de sus creencias. Eso lo conocen muy bien ARENA y FMLN y lo identifican como voto duro. Esa misma es también, por cierto, la actitud de los fanáticos religiosos, que cada día incursionan más en la política. Pero el caso de los seguidores de Bukele no parece explicarse por adhesiones ideológicas, se centra y se agota en la persona del líder, mejor dicho, en la percepción que se tiene del líder.
Bukele tiene simpatizantes en todos los grupos de edad, pero les resulta mucho más atractivo a los jóvenes que a los mayores. Ellos lo perciben como un candidato “cool”, alguien que se atreve a romper con lo tradicional, a usar calcetines que no pegan con el resto de su vestimenta. Alguien que no teme confrontar con los poderosos, hablarles fuerte, retarlos. Es fácil que los adolescentes y los que no han superado esa etapa se sientan identificados con ese tipo de rebeldía. Este segmento de población no le pide casi nada a su líder, sólo que sea “cool”. Por monótona que sea la melodía, con la canción anti-sistema pueden bailar toda la noche. La pregunta es si van a levantarse de la cama al día siguiente para ir a votar, porque no parecen jóvenes realmente energizados por ideales o ideas, como los que salen a la calle y ofrendan sus vidas en Nicaragua y Venezuela.

Pero los jóvenes –sean golondrinos, areneros, frentudos o de cualquier otra estirpe política– tienen un descontento legítimo. La mayoría de ellos no sufrió en carne propia el drama de la guerra y no se encuentran actualmente en situación de extrema pobreza, pero comparten un mismo reclamo a todos los políticos: no tienen seguridad y no tienen futuro. Eso se dice fácil pero es gravísimo. Es comprensible que se sientan inclinados a buscar opciones, pero no es aceptable, por su propio bien, que las busquen cómodamente, por eliminación, sin pensar.

En otros grupos de edad, sobran razones para el descontento que ha explotado Bukele en su campaña. Las mismas que hace 5, 10 y 15 años. La pregunta es por qué antes no y ahora sí es imperativo rechazar a los partidos tradicionales. ¿Qué hay ahora que no había antes?

Ciertamente hay más cansancio, frustración y desesperanza. También indignación y enojo con el partido en el que los más pobres pusieron por décadas sus esperanzas y su cuota de grandes sacrificios. Pesa mucho además lo que se ha sabido o confirmado en el transcurso de este año sobre hechos de corrupción al más alto nivel en gobiernos de ARENA y FMLN. Pero aun estas cosas, sin negar su gravedad, deben ponerse en perspectiva. De la corrupción y el encubrimiento son culpables unos pocos funcionarios públicos, entre decenas de miles de empleados y funcionarios que nunca han robado ni un lápiz. No es como para descalificar absolutamente al sistema de partidos políticos.

Y hay que entender que, de la frustración por necesidades insatisfechas, son responsables precisamente los políticos populistas, los que promueven una concepción clientelista del Estado, levantando expectativas que no se pueden satisfacer y gastando en paliativos de cortísimo plazo el dinero que debiera invertirse para dinamizar la economía y crear las condiciones en las que cada persona pueda salir adelante por su propio esfuerzo y por sus propios méritos. De eso se trata la elección de febrero 2019, no de escapar de las brasas para caer en las llamas.


The Harp. De Ricardo Avelar

28 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Cuando un grupo de músicos fundó The Harp (El Arpa) en 1753, el mundo era un lugar completamente diferente: George Washington tenía solo 21 años; Francia seguía gobernada por Luis XV; el telégrafo estaba a punto de ser descubierto; y la Academia de Ciencias de Rusia anunciaba un concurso para explicar la energía eléctrica.

Con pasillos angostos, techos bajos y una hermosa barra de madera, este bar en el corazón de Londres recibía a la élite artística de uno de los barrios más vibrantes de la ciudad, a los jóvenes profesionales que intentaban abrirse un lugar en el epicentro del poder político británico y los trabajadores que remodelaban los preciosos edificios aledaños.

Estos “pubs” (bares iluminados y sin música alta) se han vuelto en el Reino Unido uno de los “grandes igualadores”, pues diversas clases sociales y orígenes suelen encontrarse tras la jornada laboral para disfrutar sus cask ales: cervezas tibias y no carbonatadas, pero deliciosas.

Doscientos sesenta y cinco años después, sostuve una breve plática con el gerente de The Harp. De pocas palabras, con un conocimiento extraordinario de la cerveza, Paul Sims me confirma lo que al ingresar sospeché: no es casualidad que el tiempo no haya pasado por ahí. La elegancia del siglo XVIII sigue presente y su misión no ha cambiado.

“Nosotros no tenemos música, ni cócteles elaborados, ni pasamos los partidos de fútbol. Nuestro interés es que la gente venga y platique, que se encuentre”, me dice Paul mientras me explica cómo se sirve una verdadera ale británica, con una elegante cabeza de espuma.

Esto me lo confirma Frank, un electricista retirado proveniente de Liverpool. A sus 75 años, confiesa haber llegado a The Harp al menos tres veces por semana por las últimas cuatro décadas. Frank es amable, divertido y gusta de repetir frases cortas de todos los idiomas que confluyen en este bar. Con justa razón, es el favorito del personal que ahí labora.

Esta tarde en The Harp están los “regulares”, como Frank, en su esquina de siempre con sus bebidas de siempre. En la barra hay dos estadounidenses aprendiendo un poco más de los gustos británicos antes de hacer su orden. Al fondo, dos hombres lucen sus pantalones llenos de pintura, pues recién terminan sus labores de construcción. Por la puerta principal están llegando tres elegantes señores con sus respectivos trajes y detrás de ellos, dos jovencitos que aparentan estar en una cita. Paul mira alrededor con orgullo: este espacio es el gran igualador, donde se junta toda clase de personas y de tanto en tanto se inician las conversaciones más inusuales.

Tras haber tenido la oportunidad de vivir un año en la capital británica, me atrevo a decir que uno de los aspectos que más me llamó la atención es su cultura del pub. Al principio, estos lugares pueden resultar extraños por iluminados y su falta de música estridente. Pero nada de esto es casualidad. En estos pubs, especialmente lejos de las grandes urbes, personas de diferentes procedencias, profesiones y creencias suelen sentarse a discutir con la mente abierta y una pinta de cerveza en sus manos.

En El Salvador no estamos acostumbrados a discutir fuera de nuestra zona de comodidad y es inusual que personas de diferentes procedencias se encuentren y se sienten a conversar. Esto afecta la generación de empatía e impide tender puentes que por años se han derribado. Pienso que uno de los grandes éxitos de la cultura británica es precisamente eso: los encuentros constantes entre ciudadanos, y muchos de estos pasan en los pubs.

Ahora que el fanatismo electoral se vuelve insoportable, pienso en lo refrescante de esa tarde y las conversaciones que ahí se producían. Sin prejuicios. Con mente abierta. Con una refrescante pinta de Harvey’s Bitter en la mano.


¿Ha muerto Unamuno? De Daniel Olmedo

28 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

El 19 de julio de 1972 se emitió el Decreto Legislativo No. 41. El artículo 1 decía: “Las actuales autoridades, funcionarios y empleados de la Universidad de El Salvador cesan, desde la vigencia del presente Decreto, en el ejercicio de sus cargos”. Luego el artículo 6 disponía: “Facúltase al Poder Ejecutivo para tomar las providencias y medidas necesarias a efecto de dar cumplimiento al presente Decreto”. Con ello el presidente Arturo Armando Molina ocupó a la Fuerza Armada para intervenir la Universidad de El Salvador.

Tres años después una manifestación de estudiantes protestaba contra las violaciones a la autonomía universitaria por parte de la dictadura de Molina. Sobre la 25a. Avenida Norte les acorralaron los tanques. Fue un 30 de julio de 1975 cuando el ejército disparó contra los estudiantes de la Universidad de El Salvador, provocando un número indeterminado de muertos.

Cuatro décadas después, el pasado 15 de noviembre, el candidato presidencial del partido GANA, Nayib Bukele, realizó un mitin en la Universidad de El Salvador. Hablaba sobre impulsar iniciativas de ley que favorecieran a la Universidad. Dijo: “Y en esta ocasión, una vez en la presidencia de la República, ¿a quién nos van a lanzar para detenernos? ¿A la UMO? ¿A la Policía? ¿Al Ejército? No, señores, ellos van a marchar con nosotros. Ellos nos van a proteger a nosotros. Porque todos ellos son comandados por el Presidente de la República y Comandante General de las Fuerzas Armadas. ¿Qué les va a quedar? ¿Los custodios de la Asamblea? Le quitamos el permiso a la empresa de los custodios de la Asamblea. No van a tener quién nos detenga. Los únicos que nos pueden detener son ellos, aprobando las leyes en beneficio del pueblo. Es lo único que nos va a detener. Ellos mismos, aprobando las leyes en beneficio del pueblo. Así se construye el poder popular”.

La historia de la Universidad de El Salvador volvía particularmente grotesco que algunos de sus estudiantes, y dentro de sus instalaciones, aplaudieran a un político cuando les proponía usar al Ejército para amedrentar a la Asamblea Legislativa.

En esta campaña electoral han abundado los insultos y promesas absurdas. Pero es la primera vez que se escucha el claro propósito de minar uno de los pilares fundamentales de la República: la separación de poderes. Eso es intolerable.

Las palabras del 15 de noviembre en la Universidad de El Salvador no son un pasajero exabrupto de un adolescente —que no lo es. Es una amenaza a la democracia, a la República y al orden constitucional. Un modelo de gobierno en que el presidente logra la aprobación de leyes mediante fuerza bruta se llama fascismo.

Los estudiantes que ese 15 de noviembre aplaudieron el uso del Ejército para fines antidemocráticos no parecen muy distintos a los jóvenes que el 12 de octubre de 1936, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca, celebraron las consignas fascistas del general Millán Astray: “¡Catalanes y vascos son la antiespaña! ¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!”.

En esa ocasión el rector de la universidad, un anciano Miguel de Unamuno, se levantó y dijo: “Callar, a veces, significa mentir, porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia”. E increpó a esa masa de jóvenes fascistas: “Este es el templo del intelecto y yo soy su supremo sacerdote. Vosotros estáis profanando su recinto sagrado. Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha: razón y derecho”.

¡Cuánta falta hizo la rebeldía de ese anciano el pasado 15 de noviembre! ¿Será que ha muerto Unamuno?

@dolmedosanchez


Más allá de las encuestas. De Eduardo Torres

28 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

“Ya no sé en cuál encuesta creer”, me comentó un amigo, refiriéndose a la batalla de los sondeos ciudadanos que se libra en la campaña presidencial, lo cual para nadie debería ser sorpresa, ya que debido al impacto que causan ante la opinión pública los estrategas de campañas —“in crescendo”— hacen uso de ellas como instrumentos para la consecución de objetivos. Quizá por ello estarán fallando tanto las encuestadoras, porque hay de todos los sabores y olores aunque haya otros parámetros de medición, menos sofisticados como el manejo del territorio, pero que también impactan en sectores específicos de los electores y suelen hacer diferencia en las contiendas electorales.

Acercándose la elección —estamos a nueve semanas de ir a las urnas— otro amigo me compartió una tabulación de resultados —con la salvedad de no hacerse públicos los datos ya que los autores de los estudios no desean verse involucrados en política— de un modelo matemático basado en redes sociales, similar al que utilizó El Diario de Hoy con la firma Predictvia; por lo observado en la campaña, los resultados son lógicos para quien escribe. Las investigaciones han sido hechas mes tras mes desde junio hasta noviembre y sus autores concluyen: “Vemos una tendencia sostenida de acercamiento de las preferencias entre ARENA y GANA”. Noviembre, para el caso, está cerrándose ya en el borde del margen de error.

Pero también reportan los estudios elementos nuevos, ya que bajo la metodología utilizada, que contempla inteligencia artificial, puede llegar a medirse el humor de los votantes. “Hay un voto oculto hacia ARENA y el Frente”, precisan los autores, ya que “los ataques han sido tan fuertes hacia estos institutos políticos que en algunos sectores declarar que van a votar por estos partidos tiene “un costo de imagen personal”. Por eso el entrevistado modifica intencionalmente su respuesta en el momento de la entrevista”. Ese fenómeno, aseguran, es cada vez más común en escenarios de alta polarización. Las tabulaciones ratifican a su vez hallazgos anteriores: si baja Bukele sube Martínez y viceversa.

Tras décadas de participación en la realización de investigaciones de opinión pública y habiendo sido responsable en medios de comunicación de interactuar con diversas firmas para la realización de encuestas para ser difundidas en los medios, me han parecido congruentes los resultados (no solo los hallazgos) de las tabulaciones a las que he tenido acceso. Sustentan la posición sobre un resultado incierto que vengo sosteniendo en las últimas semanas, ya que no hay ganador en la campaña sino que se ha venido cerrando cada vez más. Quizá incluso se llegue a decir después que un error estratégico de la campaña naranja fue haber intentado vender prematuramente como ganador a su candidato.

Entrando a la fase crítica de la campaña, quien esto escribe no descartaría a este momento al tercer candidato en contienda porque como tan claramente observé en las tabulaciones que comento, Martínez y Bukele están como en un sube y baja; baja uno sube el otro y viceversa. Los números a noviembre, empero, está entre dos contendientes —pocos en realidad seguirán creyendo en un “game over”. Pero hay volatilidad en las tabulaciones y si en efecto llega a haber voto escondido de los partidos mayoritarios, más la experiencia de estos en el terreno y en la organización del “Día D”, la lógica indica no descartar a ninguno de los tres aunque sean Bukele y Calleja los que a este momento estén casi taco a taco.

Al igual que Calleja, el candidato Martínez está formulando propuestas concretas, además de andar ambos “pateando” el territorio, no así Bukele, cuya presencia continúa estando en la blogosfera y en publicidad pautada. Las líneas maestras de cada campaña están en ejecución, se trata también de que no cometan errores los candidatos, ya que vamos entrando a la fase de definición. La lógica nos continúa diciendo que esta historia está aún por escribirse.