Londres

The Harp. De Ricardo Avelar

28 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Cuando un grupo de músicos fundó The Harp (El Arpa) en 1753, el mundo era un lugar completamente diferente: George Washington tenía solo 21 años; Francia seguía gobernada por Luis XV; el telégrafo estaba a punto de ser descubierto; y la Academia de Ciencias de Rusia anunciaba un concurso para explicar la energía eléctrica.

Con pasillos angostos, techos bajos y una hermosa barra de madera, este bar en el corazón de Londres recibía a la élite artística de uno de los barrios más vibrantes de la ciudad, a los jóvenes profesionales que intentaban abrirse un lugar en el epicentro del poder político británico y los trabajadores que remodelaban los preciosos edificios aledaños.

Estos “pubs” (bares iluminados y sin música alta) se han vuelto en el Reino Unido uno de los “grandes igualadores”, pues diversas clases sociales y orígenes suelen encontrarse tras la jornada laboral para disfrutar sus cask ales: cervezas tibias y no carbonatadas, pero deliciosas.

Doscientos sesenta y cinco años después, sostuve una breve plática con el gerente de The Harp. De pocas palabras, con un conocimiento extraordinario de la cerveza, Paul Sims me confirma lo que al ingresar sospeché: no es casualidad que el tiempo no haya pasado por ahí. La elegancia del siglo XVIII sigue presente y su misión no ha cambiado.

“Nosotros no tenemos música, ni cócteles elaborados, ni pasamos los partidos de fútbol. Nuestro interés es que la gente venga y platique, que se encuentre”, me dice Paul mientras me explica cómo se sirve una verdadera ale británica, con una elegante cabeza de espuma.

Esto me lo confirma Frank, un electricista retirado proveniente de Liverpool. A sus 75 años, confiesa haber llegado a The Harp al menos tres veces por semana por las últimas cuatro décadas. Frank es amable, divertido y gusta de repetir frases cortas de todos los idiomas que confluyen en este bar. Con justa razón, es el favorito del personal que ahí labora.

Esta tarde en The Harp están los “regulares”, como Frank, en su esquina de siempre con sus bebidas de siempre. En la barra hay dos estadounidenses aprendiendo un poco más de los gustos británicos antes de hacer su orden. Al fondo, dos hombres lucen sus pantalones llenos de pintura, pues recién terminan sus labores de construcción. Por la puerta principal están llegando tres elegantes señores con sus respectivos trajes y detrás de ellos, dos jovencitos que aparentan estar en una cita. Paul mira alrededor con orgullo: este espacio es el gran igualador, donde se junta toda clase de personas y de tanto en tanto se inician las conversaciones más inusuales.

Tras haber tenido la oportunidad de vivir un año en la capital británica, me atrevo a decir que uno de los aspectos que más me llamó la atención es su cultura del pub. Al principio, estos lugares pueden resultar extraños por iluminados y su falta de música estridente. Pero nada de esto es casualidad. En estos pubs, especialmente lejos de las grandes urbes, personas de diferentes procedencias, profesiones y creencias suelen sentarse a discutir con la mente abierta y una pinta de cerveza en sus manos.

En El Salvador no estamos acostumbrados a discutir fuera de nuestra zona de comodidad y es inusual que personas de diferentes procedencias se encuentren y se sienten a conversar. Esto afecta la generación de empatía e impide tender puentes que por años se han derribado. Pienso que uno de los grandes éxitos de la cultura británica es precisamente eso: los encuentros constantes entre ciudadanos, y muchos de estos pasan en los pubs.

Ahora que el fanatismo electoral se vuelve insoportable, pienso en lo refrescante de esa tarde y las conversaciones que ahí se producían. Sin prejuicios. Con mente abierta. Con una refrescante pinta de Harvey’s Bitter en la mano.


Why I will be leaving Brexit Britain. De Oliver Imhof

Britons have voted against their political establishment by rejecting the only thing protecting them from it.

 ‘David Beckham saying how much the EU has helped him to become a superstar was a nice touch, but how does that help the average worker who feels threatened by higher house prices, lowering wages and immigration?’ Photograph: Jacopo Raule/GC Images

‘David Beckham saying how much the EU has helped him to become a superstar was a nice touch, but how does that help the average worker who feels threatened by higher house prices, lowering wages and immigration?’ Photograph: Jacopo Raule/GC Images

Oliver Imhof, periodista alemán residente en Londres

Oliver Imhof, periodista alemán residente en Londres

A few months ago I boastfully announced on this very site that as a German working in London, I was going to leave the United Kingdom if it left the EU. To be honest, at no point did I think it could really happen.

The polls mostly were fairly promising, the vast majority of the political establishment supported Bremain and – most importantly – it just seemed too irrational to leave a union that you only got the best bits of, without having to face the more negative sides. Now the unthinkable has happened. Britons voted against their political establishment by saying no to the only thing that is protecting them from it.

In the piece I wrote back then I barely focused on what would make this country a place that I would be afraid to live in. Now that David Cameron has resigned and Boris Johnson could be his successor, the image in my head has become a bit clearer.

guardianNo matter who ultimately becomes prime minister, the Tories have a clear mandate to turn the country away from Europe. What I see in a few years from now is a country on the way towards a plutocracy, with only the leftovers of the benefit system and the NHS, unaffordable education, as well as widespread mass surveillance and trimmed-down civil rights. The upper crust will get richer and everyone else will get poorer. Do I want to live in a country like that? Not for a single minute.

Somehow Cameron failed to properly communicate that he was asking us to support an organisation that keeps him (and other leaders) from exploiting the working and middle class even further. Mass media printing Nigel Farage’s absurd statements didn’t really help either. And David Beckham saying how much the EU has helped him to become a superstar was a nice touch, but how does that help the average worker who feels threatened by higher house prices, lowering wages and immigration?

All of this just shows how much the establishment – as well as many of the leftwing elite – are out of touch with real life. It also reveals a huge intergenerational conflict. The ones who are most scared by these issues are old people – the ones who voted hugely to leave. They see the country they grew up in changing rapidly, a bit too rapidly maybe.

We – Generations Y and Z – are the first generation in Europe to almost exclusively change the world with hardly any form of violence. We reject basic ideas of capitalism without even noticing it, simply because technology is making them redundant. We have grown up in multiethnic societies and conciously reject our grandparents’ open and our parents’ ingrained racism. We fight sexism. We denounce exploitation and the devoting of our lives to someone else’s profit. Unsurprisingly, all of this terrifies some people. Politicians failed to address these issues, and unfortunately the EU took the blame for it.

There is really only one thing that could change the course I fear we are on. That is a strong Labour party, one that can win the next election with the help of the SNP (hopefully governing their own country as a proud member of the EU by then). But this seems unlikely at present.

Above all other ideological affiliations, I am a democrat. And as a democrat I have to accept a defeat. I have to accept being oppressed by a majority of an older generation that seems intent on depriving us of our future. This is why I am leaving this country. When? Definitely before the ink dries on the divorce contracts. Where does the journey go? I do not know yet, but hopefully somewhere where it is warm and our generation has a voice. We may have lost the battle for Britain but we have not lost the peaceful war for a world shaped by us. Goodbye Britain, please don’t let bigotry ruin you.