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De sirenas y partidas secretas. De Carmen Aída Lazo

Carmen Aída Lazo, decana de Economía de la ESEN; excandidata a la vicepresidencia

25 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

La Odisea siempre ha sido uno de mis libros favoritos. En ella, Homero relata las aventuras de Ulises en su retorno a su hogar en Ítaca, después de la guerra de Troya.

Y sin lugar a dudas el relato más conocido de esta obra es el de Ulises y las sirenas. Cuando Ulises finalmente decide emprender su viaje hacia Ítaca, la diosa Circe habla con él y le advierte que se encontrará con las sirenas en su camino, quienes, con sus voces, hechizan a los hombres. Los hombres, embelesados, saltan de los barcos y mueren ahogados, por lo que Circe le recomienda atarse al mástil del barco para evitar sucumbir ante estas criaturas míticas.

Ulises así lo hace y además ordena a todos los hombres de la nave taparse los oídos con cera, Por último, les exige que no lo desaten, sin importar cuánto suplique. Gracias a estas precauciones, Ulises y su tripulación logran salir ilesos del encuentro con las sirenas.

Este relato ha sido sujeto de diferentes interpretaciones metafóricas a lo largo del tiempo, siendo una de ellas que, dada nuestra vulnerable naturaleza humana, muchas veces lo que más nos conviene es atarnos de manos y limitar voluntariamente nuestro libre albedrío, pues ello nos librará de cometer acciones que nos terminen afectando. Dado que las tentaciones estarán ahí, y que será en extremo difícil no sucumbir ante ellas, es mejor limitar anticipadamente nuestro accionar, en otras palabras, es mejor atarnos de pies y manos al mástil del barco.

Esta alegoría resulta particularmente pertinente para el caso de nuestro país, donde los sonados casos de corrupción han erosionado la confianza de la población en la clase política. Y porque tales casos de corrupción, -en los que se dilapidaron los recursos del Estado-, se podrían haber evitado si las posibilidades de sucumbir a las tentaciones se hubiesen minimizado oportunamente. Es decir, si quienes ostentan el poder actuasen como Ulises, atándose al mástil del barco.

Y es que la falta de transparencia en el manejo de las finanzas del Estado, la opacidad en el uso de los recursos públicos, actúan como esas tentaciones, como esos cantos de sirena, que estimulan los abusos en el ejercicio del poder. Nuestra historia reciente ha demostrado contundentemente, que, en la medida que existan fondos públicos que no estén sujetos a una adecuada rendición de cuentas o al escrutinio público, los funcionarios se verán tentados a hacer un uso inadecuado de dichos recursos.
Es por ello que la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de los fondos del Estado actúa como un poderoso antídoto para evitar tales tentaciones. Es la forma de atarse al mástil de quienes ostentan el poder. Y es lo que todos debemos exigir.

El fortalecimiento de la transparencia en el manejo de las finanzas públicas exige una agenda con múltiples acciones, con un compromiso político real y con un genuino involucramiento de los diferentes actores de la sociedad civil. Es mucho lo que aún se puede hacer en El Salvador. De hecho, el International Budget Partnership -que clasifica a los países de acuerdo a la transparencia en su presupuesto-, ubica a El Salvador entre los países con nivel de transparencia insuficiente.

Ciertamente se han dedicado foros completos a discutir y tratar de trazar esa agenda, pero cierro esta columna comentando una acción puntual, concreta, de exclusiva responsabilidad del poder Ejecutivo y que, de realizarse, contribuiría al tan necesario fortalecimiento de la transparencia.

Esta acción es reducir, a su mínima expresión, la partida de gastos reservados en el Presupuesto General del Estado 2020. La principal característica de la partida de gastos reservados -conocida popularmente como partida secreta- ha sido la opacidad y discrecionalidad con la que se ha manejado desde la Presidencia de la República. Esto puede y debe cambiar, y está en manos del Órgano Ejecutivo el hacerlo.

El presupuesto del Organismo de Inteligencia del Estado asciende a más de 30 millones de dólares y se clasifica como gasto reservado. A manera de referencia, la Superintendencia de Competencia -que vela por el buen funcionamiento de los mercados- cuenta con un presupuesto anual de $2.7 millones, Fosalud, con cerca de $39 millones, el Hospital Nacional Benjamín Bloom: $34 millones. Un presupuesto anual de $30 millones para la OIE es excesivamente alto en un país con las demandas sociales que tiene El Salvador.

Es cierto además que muchos países tienen partidas de Gastos Reservados, pero también es cierto que muchos de ellos cuentan con mucha mayor claridad sobre la definición de tales gastos y mejores mecanismos de fiscalización y auditoría de su ejecución. Además de definir con precisión qué se considera gasto reservado, es importante explicitar las prohibiciones. Así, por ejemplo, de ninguna manera los gastos reservados deben ser usados para el pago de sobresueldos u otra forma de compensación a servidores públicos, y deben ser auditados por la Corte de Cuentas de la República. Y en caso la información sea clasificada como reservada, deberá hacerse pública una vez venza el plazo de dicha reserva.

En definitiva, ningún gasto del Estado debe estar exento de un mecanismo de fiscalización y control. Ninguno. Es posible y necesario que el presupuesto que mandará el Gobierno a la Asamblea en septiembre de este año contemple una reducción sustancial de los gastos reservados, y que se emprenda un esfuerzo serio por definir y fiscalizar tales fondos.

Mayor transparencia es central para brindar mejores bienes y servicios a la población, y para combatir la corrupción. La transparencia ayuda a blindar a los gobernantes de las tentaciones en el poder. La reducción y control de los gastos reservados es una acción factible en la dirección correcta.

En la era de las redes sociales, conservemos nuestra humanidad. De Carmen Aída Lazo

CARMEN AIDA LAZO, decana de Economía de la ESEN, ex candidata a la vicepresidencia

10 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Las redes sociales han venido a alterar profundamente la manera en la que en la que nos informamos, en la que interactuamos, la forma en la que se hace política, en fin, nuestra cotidianidad. Se trata de un impacto tan trascendental que vale la pena que, a nivel individual y colectivamente como sociedad, nos tomemos el tiempo de reflexionar y comprender la magnitud de dichas transformaciones.

Existe una creciente literatura sobre los efectos de la exposición continua a redes sociales como Facebook, Twitter, o Instagram, en la conducta de las personas y en su bienestar emocional. Así, por ejemplo, una encuesta realizada a jóvenes entre 14 y 24 años en Reino Unido reveló que estas redes sociales permiten a las personas expresarse, tener una voz, pero al mismo tiempo estas plataformas están exacerbando la ansiedad, la depresión y la exposición al “bullying”, sobre todo en los usuarios más frecuentes. Se ha encontrado también que los “likes” (los “me gusta”), que reciben las publicaciones en las redes, hacen que el cerebro libere dopamina, lo que explica que las redes sociales pueden convertirse en una verdadera adicción, por ese efecto placentero y esa emoción que produce el endoso implícito de recibir “me gusta”.PUBLICIDAD

Es bien sabido, además, que las redes están provocando que nos encerremos en verdaderas “burbujas de información”, en auténticas cajas de resonancia, en las que los contenidos a los que estamos expuestos generalmente confirman aquello en lo que ya creemos, aquello que ya sabemos. Esto se debe a la arquitectura misma de las plataformas digitales, pues los algoritmos de las redes se diseñan con el fin de mantener a la audiencia “enganchada”, lo cual se facilita cuando se nos presentan contenidos que son afines a nuestras preferencias. Esto significa que las redes no necesariamente nos están dando “más información”, sino “información que nos gusta”.

Las redes sociales sin duda pueden afectar nuestro bienestar personal, pero posiblemente el mayor riesgo que debemos evitar es que estas plataformas digitales nos deshumanicen. Y cada uno debemos estar alerta de dicho riesgo. ¿Han observado, por ejemplo, que muchas personas se permiten en Twitter mensajes que muy posiblemente no expresarían en una interacción cara a cara? Creo que más de una vez muchos nos hemos quedado alarmados por los niveles de agresividad, burla, humillación, que se manifiestan en las redes sociales. Al parecer, la sensación de anonimato y el hecho que la interacción no sea simultánea hacen que algunas personas se sientan envalentonadas para decir prácticamente cualquier cosa en las redes.

El problema está en que la deshumanización es un proceso, y como ha señalado Reneé Brown, “la deshumanización siempre comienza con el lenguaje, y es seguida de imágenes”. Deshumanización significa comenzar a tolerar que se trate a una persona o un grupo como si fuesen inferiores, por el hecho de ser etiquetados como el enemigo. Muchas de las atrocidades en la historia de la humanidad fueron precedidas por un proceso en el que se toleró una retórica deshumanizante.

Para muchas personas las redes sociales son fuente de entretenimiento, y eso en sí no está mal. El problema es que se confunda entretenimiento con tolerancia a violentar la dignidad de personas y grupos, pues entonces habremos perdido parte de nuestra humanidad.

Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? Claramente podemos tomar de vez en cuando distancia, y reducir el tiempo de exposición y participación en las redes sociales. Y sustituir ese tiempo con interacciones personales, cara a cara que nos permitan desarrollar empatía y forjar conexiones reales. De hecho, en su libro titulado “The Village Effect” (“El efecto aldea”), Susan Pinker demuestra cómo el contacto real, cara a cara, nos hace personas más sanas y felices, pues nos permite crear verdaderos lazos de amistad, y un sentido de comunidad.

Estemos pues conscientes del efecto que las redes sociales pueden causar en nuestra conducta, en nuestra esencia misma como seres humanos. Busquemos deliberadamente obtener información y escuchar a personas que piensan diferente para atenuar el efecto de “burbuja de información” inherente en las redes sociales. Y, sobre todo, reconozcamos que hay una realidad, ajena a Facebook o Twitter, una realidad que muchas veces queda en segundo plano por el ruido ensordecedor de las redes. Una realidad que contrasta diametralmente con la conversación en el mundo digital, una realidad que duele y por la que debemos trabajar para cambiar.

Porque nuestro paso por esta vida se mide en función de cómo impactamos positivamente otras vidas, y no por cuantos “likes” recibimos.

Mujeres y poder. De Carmen Aída Lazo

CARMEN AIDA LAZO, decana de economía de la ESEN; ex candidata a la vicepresidencia

25 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hace unas semanas el Financial Times publicó un artículo que inicia con un título conmovedor: “Greta Thunberg: “All my life I’ve been the invisible girl” (“Toda mi vida he sido la niña invisible”). Greta Thunberg es una estudiante sueca de 16 años, nominada al premio Nobel de la Paz por su lucha contra el cambio climático, y quien se ha convertido en una inspiración para miles de estudiantes, primero en Europa y ahora en todo el mundo. Hace unos años, Greta fue diagnosticada con síndrome de Asperger y desorden obsesivo compulsivo, pero eso no la ha frenado de convertirse en esa voz genuina y poderosa que necesitaba la causa del cambio climático. El mensaje de Greta es directo y claro: están robando mi futuro.

En los últimos meses, he leído sobre la trayectoria de Greta y la he escuchado en su Ted talk sobre cambio climático. Rápidamente se ha convertido en una referente del tipo de liderazgo al que deseamos aspirar muchas mujeres en todo el mundo: un liderazgo de incidencia, no de popularidad, manteniendo nuestra esencia y autenticidad en el camino.

En el artículo, Greta admite que no le gusta estar en el centro de atención, que toda la vida fue esa niña invisible, siempre atrás, a la que nadie veía o escuchaba. Esa confesión me emocionó. ¿Cuántas veces muchas mujeres nos hemos identificado con esa sensación de invisibilidad? ¿Con ese sentimiento de no ser escuchadas? ¿Con el temor de no estar a la altura de los retos? Estoy segura de que no es algo que solo experimentamos las mujeres, pero lo cierto es que han sido muchas mujeres y jóvenes salvadoreñas quienes en conversaciones me han compartido ese mismo sentir. Sin embargo, somos muchas, las que, pese a nuestras inseguridades, queremos tener nuestra propia voz.

Pero no son solo nuestras propias inseguridades con las que muchas veces debemos de lidiar en nuestros esfuerzos por incidir, pues es innegable que aún enfrentamos un entorno muchas veces hostil. A inicios del año pasado me regalaron el libro de Mary Beard titulado Mujeres y poder: un manifiesto, un libro que recomiendo para todas esas mujeres que buscan una reflexión sobre esa relación tan compleja de las mujeres con el poder y su evolución en la historia. Beard demuestra que, a lo largo de la historia, las mujeres han sido silenciadas y apartadas sistemáticamente del acceso a espacios de poder. Naturalmente este no es un tema nuevo, pero Mary Beard tiene el mérito de utilizar una serie de ejemplos de tácticas y mecanismos —algunos inconscientes— que han sido usados, y siguen siendo utilizados, para callar a las mujeres cuando buscan tener una voz en la esfera de lo público. Una táctica común es, por ejemplo, representar a las mujeres como tontas e incapaces.

No cabe duda de que la relación de las mujeres con el poder ha mejorado sustancialmente en el último siglo, pero aún hoy en día no falta alguna figura pública local que le diga a una mujer en las redes sociales: “Cerrá la boca”. Mary Beard lo expresa así: “No importa mucho qué línea tomes como mujer, si entras en territorio tradicionalmente masculino, el abuso vendrá de todas formas. No es lo que tú digas lo que lo provoca, es el mero hecho de hacerlo” (la traducción es mía).

Entonces, ¿qué debemos hacer con esta realidad? En primer lugar, comprenderla y reconocerla con valentía. Reconocer, como señala Mary Beard, que no podemos hacer encajar fácilmente a las mujeres en una estructura de poder que ha sido tradicionalmente codificada como masculina. Lo que debemos hacer es cambiar la estructura.

Las mujeres no debemos renunciar a nuestra esencia o adoptar un estilo de liderazgo masculino para hacernos escuchar. Lo está demostrando Greta Thunberg, y también lo demostró recientemente con contundencia ante el mundo la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, con su ejemplo de sensibilidad, firmeza y humanismo, ante las masacres en dos mezquitas en ese país.

A pesar de la amplia evidencia de los beneficios de una mayor diversidad en estilos de liderazgo y del gran aporte de mujeres como Greta y Jacinda, la noción del líder sigue siendo predominantemente masculina. Hace pocas semanas les dije a mis alumnos: “A ver, piensen en una persona con liderazgo”, y luego les pregunté: “¿Quiénes automáticamente pensaron en un hombre?”. La mayoría pensó en una figura masculina. Les dije que yo pensé en Greta Thunberg, en Jacinda Ardern, en Malala Yousafzai, mujeres que reflejan el tipo de liderazgo sensible y de incidencia que nos inspira a muchas mujeres. Para mí, ellas reflejan la verdadera política, esa acción que promueve cambios en beneficio de las sociedades, en contraste con la noción de líder político arrogante, caudillista, de popularidad, “famoso”, que suele dominar las conversaciones cotidianas y la discusión en las redes sociales.

Resulta, por ende, esencial promover la constante discusión y reflexión —con participación de diferentes perspectivas y disciplinas (historia, sociología, economía, arte, etc.)—, sobre el concepto de poder, sobre la narrativa tradicional en torno al modelo de poder como algo masculino, y sobre la necesidad de redoblar esfuerzos para desmantelar tácticas y esquemas arraigados que, aún en el siglo XXI, continúan inhibiendo a las mujeres de participar en espacios de poder.

Quienes hemos tenido o tenemos la oportunidad de tener una voz en espacios mayoritariamente masculinos, estamos en una posición privilegiada para continuar empujando una agenda con mayor participación de las mujeres en espacios de toma de decisión, particularmente en la esfera pública, en la política. Una participación en la que no nos sintamos presionadas a renunciar a nuestra esencia. Estoy segura de que las mujeres aportamos una perspectiva valiosa y complementaria a los estilos de liderazgo masculinos más tradicionales. Por supuesto, siempre habrá quienes querrán callar nuestras voces, pero como dijo Maya Angelou: “no nos moverán”.

El artículo “Greta Thunberg: “All my life I’ve been the invisible girl” está disponible en: https://www.ft.com/content/4df1b9e6-34fb-11e9-ibd3a-8b2a211d90d5

Se puede acceder a esta breve intervención de Greta Thunberg en el siguiente enlace: https://www.ted.com/talks/greta_thunberg_the_disarming_case_to_act_right_now_on_climate?language=en

Carta a Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo: Cumplieron. De Paolo Luers

9 febrero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados amigos:
Ustedes hicieron lo que pudieron y perdieron. Tanto ustedes como su equipo de campaña, sus partidos coaligados, pero también muchos que los apoyamos (incluyendo quien firma esta carta) caímos en el error de darnos paja mutuamente. Y nos creímos mutuamente la ilusión de que esta vez se iba a imponer lo racional, las propuestas y la calidad (técnica y humana) de los candidatos.

Equivocarse siempre es un riesgo de oficio para políticos y opinadores. No es primera vez que me equivoqué. Cuando me metí a la insurgencia en 1981, todos estábamos convencidos que la guerra no iba a durar más de un año. Nos dimos paja mutuamente. Cuando me di cuenta que iba para largo, decidí quedarme luchando hasta que terminara. Porque me pude haber equivocado en el análisis de la situación, pero no en lo justo y necesario de la causa. Igual ahora. Me equivoqué en el análisis demográfico-electoral, pero apoyé a la única formula adecuada para sacar al país del hoyo. Entonces, va para largo esto de enrumbar al país…

Hoy la pregunta es: ¿Ustedes perdieron por errores de análisis? ¿Perdieron por no hacer caso a las encuestas? ¿O solo no vieron venir lo que de todas formas era inevitable? Nunca lo vamos a saber a ciencia cierta.

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Ustedes perdieron por otra razón. Perdieron porque no lograron formar un comando de campaña que tomara control absoluto y total de la campaña – y que a la vez asumiera la dirección política del partido y de todas sus actuaciones políticas en la Asamblea y en los territorios, incluyendo las alcaldías. No tomando este control, la campaña no tuvo coherencia, y varios de los importantes caciques locales incluso la sabotearon con acciones mezquinas.

Bukele no tuvo este problema. Se inscribió en Gana, pero dejó claro desde el principio que su verdadero partido era Nuevas Ideas. Y este es un traje hecho a la medida del candidato. Hecho para llevar al poder a su dueño.

Después de las elecciones, siempre surge la pregunta: ¿Qué fue lo determinante, los partidos o los candidatos? Para estas elecciones, no hay una sola respuesta. En el caso de los ganadores, lo determinante fue el candidato, su discurso concentrado en la descalificación de “los mismos de siempre”, y la absoluta subordinación de todos los demás (GANA, CD, Nuevas Ideas, Ulloa) al líder y su proyección. En cambio, en el caso de los perdedores (ARENA y FMLN) lo determinante y lo que jaló para abajo a los candidatos fueron los partidos y su resistencia al cambio.

Ustedes dos hicieron lo que pudieron dentro de esta configuración. Tú, Carlos, trascendiste en grande el papel que jugaste en las elecciones internas, muy ligado a COENA y parte de las disputas internas. Ya como candidato, lograste proyectar una visión renovada de la política, de las políticas públicas y del rol de Estado. Y tú, Carmen Aída, le diste sustentación a esta visión que ustedes dos convincentemente compartieron pero que obviamente no la compartió el partido.

El problema no era que la gente no les creyera su discurso de meritocracia, lucha contra la corrupción e inclusión social. La gente se dio cuenta que detrás de su discurso había un compromiso serio. Lo que no creyó fue que el partido ARENA estaba dispuesto a asumir esta visión renovada – y permitirles a ustedes a hacer los cambios necesarios desde el gobierno.

La única forma de superar este problema hubiera sido que al iniciar la campaña ustedes y su comando de campaña hubieran tomado visiblemente el control político y operativo del partido. A esto no estaban dispuestos ARENA y sus caciques territoriales y sectoriales.

Así que tienen razón en retirarse y dejar que el partido resuelva sus problemas. Ustedes dejan un legado positivo, plasmado en el plan de gobierno. La única salida sería el surgimiento de un nuevo liderazgo que cohesione al partido alrededor de la visión renovada y del plan de gobierno que ustedes dejaron al partido.

Saludos,

Un voto de confianza por un mejor El Salvador. De Carolina Avalos

CAROLINA AVALOS, Economista, consultora internacional en políticas sociales.

29 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Elegir a nuestro presidente es elegir nuestro futuro. Los salvadoreños tenemos el derecho y el deber de elegir aquel candidato que mejor representa el modelo de sociedad que queremos para nosotros y nuestros hijos.

La elección del Presidente es una apuesta no solo por un candidato, es también un voto de confianza en su honestidad personal y calidad humana, en su compromiso por el bien común y en su inteligencia y preparación, así como en su buen criterio para elegir a los más capaces para su futuro equipo y llevar acabo las transformaciones necesarias para ese nuevo El Salvador que tantos deseamos, en beneficio de todos.

Nuestro voto es una decisión clave y responsable sobre nuestro futuro y el de nuestro país. Carlos Calleja representa, en mi opinión, la candidatura más fresca, honesta y preparada, con un compromiso sincero con el bien común y el interés general de los salvadoreños.

Expondré algunas de mis razones del porqué.

Carlos Calleja centra sus propuestas en la dignidad humana, fundamental para impulsar ese modelo de sociedad inclusivo en el que nadie se quede atrás, especialmente los más desfavorecidos y los jóvenes salvadoreños que se enfrentan a un futuro difícil e incierto.

Su formación y conocimiento en el mundo de la economía y la empresa favorecerá nuestro desarrollo al generar mayor confianza y al apostar por la competitividad, creación de empleos de calidad, y de mayores oportunidades de generación de ingresos y mejoras de salarios.

Carlos Calleja le da la importancia que se merece a la educación. Por fin, las reformas de infraestructuras y medios humanos y materiales para nuestros estudiantes y sistema público de educación, contarán con la prioridad y el presupuesto que se merecen si realmente queremos ser una sociedad con igualdad de oportunidades y con mayor equidad para todos, y porque la mejora de estos dos aspectos (educación y oportunidades de trabajo) son fundamentales para la prevención de la violencia en nuestro país.

La candidatura de Carlos Calleja incluye como compañera de fórmula a Carmen Aída Lazo, una mujer joven y preparada que representa la incorporación de la mujer a todos los ámbitos de nuestra sociedad, desde el respeto a nuestros derechos y dignidad. Juntos, ambos se han alejado de la demagogia y populismo que otros han utilizado, y utilizan, en cuanto al tema de la mujer se refiere.

Estoy convencida de que con Carlos Calleja existe un compromiso real y eficaz y los recursos necesarios para dotar de agua potable a todos los salvadoreños de una vez por todas y para que muchos de nuestros conciudadanos tengan la posibilidad de dejar de subsistir en infraviviendas, recobrando su dignidad y su futuro.

Él reconoce la importancia de los municipios y del trabajo de nuestros alcaldes, con los que hay que colaborar estrechamente para solucionar muchos de los problemas que nos afectan, cerrando la brecha de desigualdad territorial.

Como nuestro primer mandatario, Carlos Calleja no encabezaría ni aprobaría ataques contra la Sala Constitucional, la Fiscalía General de la República o los medios de comunicación. Más bien sería respetuoso y reconocería la división de poderes y el sistema de pesos y contrapesos esencial para avanzar en la democracia, fortalecer los derechos de la ciudadanía y ampliar nuestros espacios de libertad.

Sin duda su presidencia escuchará y tendrá en cuenta a la sociedad civil, buscando la unidad de los salvadoreños y los puntos de encuentro que nos hacen fuertes y nos harán superar los desafíos de hoy y de mañana, en lugar de buscar la división y el enfrentamiento entre nosotros que nos debilitan como país y sociedad.

Carlos Calleja apuesta por la modernización del Estado y pone como bastión de la administración pública la ética, la transparencia y la auténtica rendición de cuentas ante la ciudadanía que nos haga salir de la situación de corrupción, enfrentamiento e ineficacia que hemos vivido en los últimos tiempos.

Como presidente, estoy convencida de que él dará un nuevo empuje al papel de El Salvador en la construcción centroamericana y defenderá eficazmente nuestros intereses en el exterior y en los foros internacionales, sin hipotecas con regímenes extranjeros ni declaraciones populistas que no nos benefician. Un Presidente que esté al lado de las democracias y contra las dictaduras, como lo estamos la gran mayoría de salvadoreños.

Yo le doy mi confianza y me sumo a este esfuerzo, con la seguridad de que estos no se verán defraudados.

Carta a los ciudadanos: Mi voto razonado (a pesar de todo). De Paolo Luers

29 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Amigos:
Escribo esta carta a los que están, como yo, distanciados de los partidos, y quienes están entre no votar o, a pesar de todo, votar por algún candidato.

Yo votaré el domingo por Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo.

Aprovechando mi última carta antes de la veda electoral, voy a explicar por qué. Votaré por ellos, a pesar de que a ARENA le tengo mucho más crítica que simpatía. No me gusta cómo funciona este partido, tampoco su dirección.

En mi criterio, buena parte del COENA es mediocre, sin capacidad de convencer con argumentos y con creatividad; y otros son trogloditas reaccionarios. No me gustó cómo se gestó el proceso de elección del candidato presidencial. No me gustó la campaña interna de Carlos Calleja, quise que ganara mi amigo Javier Simán. Pero tampoco me gustó la actitud de los simpatizantes de Javier luego de haber perdido. No me gusta la incapacidad de ARENA de enfrentarse a las partes oscuras de su pasado. Y tampoco me gusta su intolerancia a la crítica y a cuestionamientos, y su desprecio a los jóvenes con cabeza propia. Pero una cosa es el partido y otra diferente sus candidatos.

Los candidatos, durante la campaña, llegaron a convencerme, primero Carmen Aída Lazo y luego Carlos Calleja. Me sorprendió su apertura frente a señalamientos francos, críticas y propuestas. Me impresionó su manera de enfrentarse, día a día, a todo tipo de gente, la mayoría humilde. Vi que ambos se dejaron tocar por la gente, sus problemas y peticiones. El Carlos Calleja que conocimos al inicio de su campaña no es el mismo de ahora. Sus preocupaciones y prioridades cambiaron.

Sigo pensando que ARENA necesita una radical renovación ideológica y de sus métodos de organización, dirección y comunicación. No sé si Carlos Calleja y Carmen Aída, desde Casa Presidencial, podrán empujar esta renovación. Tendrán las manos llenas con limpiar y renovar el gobierno.Los que estamos insatisfechos con los partidos, que somos la mayoría, debemos seguir empujando la renovación de los partidos, o la creación de nuevos que no nazcan con los vicios de los viejos, como Nuevas Ideas. Pero para esto habrá tiempo, y hay que hacerlo con paciencia e insistencia, gane quien gane la presidencia.

Pero mientras tanto, elijamos entre las cuatro fórmulas presidenciales la mejor. Para mí son Carmen Aída Lazo y Carlos Calleja. Para otros serán otros. Convirtamos nuestro voto en un mandato claro para cambiar la forma de gobernar, para limpiar Casa Presidencial y el gobierno entero de los mecanismos de corrupción, y para redefinir las prioridades del gasto estatal, para que comiencen a solucionar de fondo los problemas principales del país.

No nos dejemos paralizar por lo difícil que es renovar los partidos, ni mucho menos permitamos que la frustración y la impaciencia nos empujen a un voto irracional y aventurero de castigo o venganza. No es un juego. Luego veremos qué haremos con los partidos. Lo más probable es que yo, en el 2021, votaré por diputados de Nuestro Tiempo. Pero ahora nos toca escoger entre 4 fórmulas a quienes pensamos que formarán el mejor gobierno. Votemos con cabeza fría.

Saludos,

Carta a Carmen Aída Lazo: El #DebateChallenge. De Paolo Luers

22 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimada Carmen:
Los ‘guerreros celestes’ de mil batallas en redes sociales te pusieron ‘Betty la fea’. Pero no voy a hablar de sus gustos, sino de su falta de decencia – y de inteligencia. Cometen un tremendo error de cálculo: No saben que los salvadoreños, si algo detestan, es la prepotencia. Se solidarizan con el ‘underdog’, el ‘outsider’, el ofendido – siempre cuando tenga agallas. No suelen simpatizar con la arrogancia de los ‘ricos y famosos’..

La única manera que un ‘underdog’ puede perder esta simpatía es cuando se hace la víctima y pasa quejándose, en vez de pelear. Quien pone la cara, gana simpatía, y no importa que tan bonita o fea sea.

Hay ciertas cualidades típicas de los políticos exitosos que no tenés. Por ejemplo: No sos de teflón. Los ataques e insultos no te resbalan, como a los políticos experimentados. No fingís que no te duelen. A vos te duelen, sos vulnerable, y no lo escondés. Los estrategas de campañas dirían que es una muy peligrosa debilidad. Pero de hecho es una ventaja: Te hace humana. Mientras no te comportás como una víctima llorona, tu vulnerabilidad es tu fuerza. Y si además lográs que tus respuestas a los ataques e insultos, aunque las expresás esforzándose a retener las lágrimas, sean de altura, ya ganaste…

Otra cualidad típica del político exitoso es: Tener respuesta para todo. A vos no te cuesta decir: Habría que analizar el problema y ver las soluciones. Porque vos sos analítica. Como académica sabes que no se trata de saber todo, sino de saber cómo investigar para llegar a respuestas.

Tampoco sos carismática. Vos no te parás frente a una multitud y la hacés hervir de emociones. La hacés reflexionar. La retás a pensar, no a gritar. Y a veces las multitudes no quieren pensar. Por esto, nunca llegarás a presidente. Asumís, sin complejos, el papel de técnica. Por muy importante que sea el liderazgo transmisor de visiones y rumbos, alguien tendrá que garantizar que estas visiones se implementen de manera eficiente, transparente, técnicamente correcta. Muchos suelen tener menosprecio a los ‘tecnócratas’, pero sin ellos las mejores ideas o visiones producirán desastres.

Viendo todas estas tus deficiencias, de repente uno llega a la conclusión que vos sos la verdadera ‘outsider’, ajena. Por esto te atacan con tanta saña: Les estás disputando el rol de renovadores, de gente ajena a las formas tradicionales de hacer política.

Tu mera existencia en la carrera es un desafío complicado para los populistas. Mientras venden discursos que llenan a política con emociones, vienes vos con un discurso que introduce racionalidad a la política. De repente, ante el desgaste de la política tradicional, se vislumbran dos opciones opuestas: la anti-política que apela a reacciones irracionales, como el resentimiento y la venganza – versus el reto de dignificar la política, haciéndola eficiente, transparente y centrada en los resultados para los ciudadanos.

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Este debate, entre estas dos alternativas, estás planteando vos a Nayib Bukele. Por supuesto no puede aceptarlo, sería demasiado arriesgado. Pero al no aceptarlo, paga un costo posiblemente más alto. Parece irónico que la piedra donde al final se topa su campaña es una mujer que en nada no corresponde al molde de una candidata exitosa: carismática, cínica, fotogénica. Se topó con una pinche técnica que e hace e #DebateChallenge…

Saludos,

Dirán que dando importancia al rol de Carmen Aída Lazo estoy invalidando el papel del candidato Carlos Calleja. Por lo contrario: Escogiendo a ella, dio una cara a su ‘gabinete de meritocracia’, y así mostró liderazgo, visión y criterio independiente