Mes: enero 2019

Carta sobre los que se niegan a defender los Acuerdos de Paz. De Paolo Luers

17 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Escribo estas líneas el 16 de enero 2019, aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Para mi, este año no se trata de una simple celebración de un evento que no solo puso fin a la guerra civil, sino que abrió la puerta a la construcción de la democracia pluralista. Este año, más que en cualquier otro de los 27 años que han pasado desde este evento histórico, se trata de unirse para defender lo que a partir de este acuerdo de nación logramos.

Nayib Bukele concentra su campaña en la denuncia que todos los demás se están uniendo para bloquearle a él el acceso a la presidencia. Por tanto, según él quedaría confirmada su tesis de que FMLN y ARENA son lo mismo. Lo que no entiende es que estos dos partidos se están uniendo para defender lo que juntos en Chapultepeque asumieron como responsabilidad de construir y defender: la nueva República fundada en 1992, basada en los Derechos Humanos, separación de poderes, pluralismo, libertad de expresión, institucionalidad democrática.

Su tesis es falsa. El hecho que ahora el Frente y ARENA se unan para defender lo construido a partir del acuerdo de nación del 1992, no significa que sean lo mismo, ni borra sus marcadas diferencias ideológicas y de materia de políticas públicas. Igual que el hecho que garantizaron una alternancia pacífica e institucional en el 2009 no significa que hayan hecho cómplices. Ahora se unen por responsabilidad histórica compartida, porque de repente surgió una fuerza que desconoce lo construido a partir de los Acuerdos del 1992, lo desprecia y lo amenaza con desmontar: Nayib Bukele con su movimiento Nuevas Ideas.

¿Se han fijado en lo que dice el spot de TV que vemos a cada rato de Bukele? Habla de “30 años de promesas falsas”.  ¿Por qué habla de 30 años? ¿A que se refiere? ¿Qué pasó hace 30 años? ¿Cuál fue la promesa que se dio hace 30 años?

Hace 30 años arrancó en serio el proceso de paz. Luego de años de promesas falsas de diálogo, en el 1989 al fin comenzó la negociación real para desmontar la guerra. Esta fue la promesa de hace 30 años. Esta es la promesa que Bukele denuncia como falsa. Por esto él y Ulloa dicen que la tarea de refundar la República, con una nueva constitución, todavía está pendiente – y les tocará a ellos.

Para ellos los Acuerdos de Paz, firmadas hace 27 años, no fueron un acuerdo de nación, sino un arreglo entre dos partidos: FMLN y ARENA. Para ellos, lo que se aplicó y construyó a partir del 1992, no fue la voluntad de la sociedad expresada en un acuerdo nacional, sino la repartición del poder entre dos partidos. Por tanto, desconocen lo construido. Por esto, hablan con tanta ligereza de que Bukele, si fuera electo presidente, marchara con el ejército y la policía a Asamblea Legislativa para que deje de sabotear su proyecto político. Por esto, tiene tanto desprecio a instituciones como la fiscalía y los medios de comunicación y su independencia.

Bukele y sus seguidores en Nuevas Ideas, Cambio Democrático y GANA no se sienten comprometidos con los Acuerdos de Paz y con lo que a partir de ellos hemos construido en el país. No se sienten parte de este acuerdo nacional, y no lo van a defender.

Lo logrado en 27 años es deficiente. Pero nosotros tenemos que decidir si lo queremos mejorar – o si queremos permitir que lo destruyen para sustituirlo con recetas populistas que siempre llevan al autoritarismo.

Celebrando este mes el aniversario de los Acuerdos de Paz, el próximo mes hagamos lo nuestro para defenderlos.

Saludos,

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Un cambio en el viento. De Manuel Hinds

15 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY/Observadores

El nuevo año ha traído tres cambios muy marcados en la dirección del viento electoral que prometen producir resultados muy diferentes a los que las encuestas sugieren hasta este momento.

El primer cambio es el que ha dado en la actitud del FMLN con respecto a GANA y su candidato Nayib Bukele. Como lo señalé en “La extraña agonía del FMLN” [https://www.elsalvador.com/opinion/observadores/546343/la-extrana-agonia-del-fmln/], un artículo que escribí hace unas semanas, el FMLN había estado mostrando una actitud sumamente pasiva frente a la candidatura de Bukele, actitud que sus bases habían interpretado como un permiso para que votaran por Bukele y así evitar que ARENA ganara las elecciones. El resultado de esta negligencia había sido que Bukele había crecido muy rápidamente mientras el FMLN había caído igualmente rápido y por la misma magnitud. En ese momento todo el potencial de votos que Bukele tenía se lo estaba quitando al FMLN. Comparando con la votación de la primera vuelta de 2014, ARENA no había ganado ni perdido nada en términos de porcentaje del padrón, mientras que Bukele había crecido en 26.5% del padrón, de los cuales había tomado 16.0% del FMLN y el resto de los indecisos—un resto que había sido del FMLN en 2009 y que lo había perdido ya en 2014. Así, todo Bukele era tomado del FMLN. ARENA no había ni ha perdido nada a Bukele.

Pero en algún momento en las últimas semanas del año, la cúpula del FMLN cayó en la cuenta de que una victoria de Bukele representaría el fin del FMLN porque se apoderaría de sus bases, sus estructuras y su clientela de la misma forma en la que se apoderó de GANA. Como resultado, le explicó a sus bases que no deben votar por Bukele, y está en una campaña de gran intensidad de recuperación de los líderes locales y regionales para retomar sus bases y su espacio territorial. Este proceso está erosionando muy rápidamente a Bukele porque cada voto que retoma el FMLN es un voto que pierde Bukele.

El segundo cambio, que refuerza el primero, es una serie de decisiones tomadas por GANA-Bukele, que, surgiendo de una clara sensación de debilidad, han acentuado dicha debilidad al destruir la imagen del candidato. La debilidad ya venía volviéndose evidente con las acusaciones sin sentido de fraude electoral y con el uso de la violencia y la amenaza de esta. Se volvió más evidente con la respuesta nula que dieron los supuestos partidarios de GANA y Bukele al llamamiento del último para que se inscribieran para defender el voto en las urnas. De los 300,000 que llamaron, de los 80,000 que tienen cada uno de los partidos grandes, sólo llegaron 4,957.

Todavía peor fue la negativa de Bukele de participar en los debates con los otros candidatos y las circunstancias en las que esta negativa se dio—echándose para atrás cuando ya había aceptado debatir usando excusas que ni sus partidarios le creyeron, tales como decir que la Universidad de El Salvador estaba conspirando con Carlos Calleja. En vez de creer estas excusas, el público tomó la impresión de que el candidato tenía miedo de enfrentarse a los otros por falta de ideas y de habilidades para formar un plan. La impresión fue peor porque esta retirada fue acompañada de lo que sin duda trataba de ser un “reality show” en el que el candidato pretendió que estaba presentando en vivo su plan en el Auditorio de FEPADE mientras los otros candidatos debatían. La excusa era que no podía estar en el debate porque estaba en FEPADE. Pero FEPADE desmintió que él estuviera en sus instalaciones en ese momento, dejando en evidencia que hubiera podido estar en el debate que inicialmente había prometido atender. Finalmente, los que oyeron el plan que presentó en ese show se dieron cuenta de que en parte era copiado de documentos publicados por otros y en parte una exposición de la infantil idea de hacer un aeropuerto en el oriente del país—que presentó con dibujos del Aeropuerto de Abu Dhabi—como si el país no tuviera un aeropuerto funcional y como si complementar a este fuera un problema nacional por encima de la falta de seguridad, trabajos, salud, educación y servicios sociales.

El tercer cambio es el efecto acumulado de la creciente fuerza territorial de ARENA y Carlos Calleja, que han consolidado un contingente enorme de votantes, que, diferente de los de Bukele, son visibles y están dispuestos a trabajar por su partido. La visibilidad de estos partidarios y la invisibilidad de los de Bukele disminuyen la imagen de vencedor que el último ha querido proyectar, y acelera la caída causada por los dos cambios anteriores.

El resultado neto de estos cambios es una tendencia a reposicionar los candidatos en la competencia por la presidencia. La tendencia es a dejar a Calleja en primer lugar, a Martínez en segundo, a Bukele de tercero, y a Alvarado en cuarto.

Carta a Nayib Bukele: Usted no es ningún Steve Jobs. De Paolo Luers

15 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Candidato:
El intento de copiar a Steve Jobs no le funcionó. El legendario fundador de Apple inventó un estilo muy propio de presentación pública de sus productos que se volvió parte del mito de su marca – igual que su tecnología innovadora, su software revolucionario, y su publicidad audaz. Su estilo es difícil de imitar, como incluso su sucesor Tim Cook tuvo que darse cuenta.

¿Cuál es la esencia de este ‘estilo Jobs’ de presentación pública? Un hombre solo en el escenario, acompañado únicamente de imágenes digitales del producto que se está presentando.

Para que esto funcione, primero hay que tener un excelente producto nuevo. El show, incluso si fuera bien hecho, sin un producto revolucionario no sirve para nada.

Usted, joven Bukele, no tiene producto.

Con esto llegamos al tercer requisito de éxito: El producto tiene que ser absolutamente acabado. Solo así funciona el truco: la fusión entre el hombre inventor y su producto…

Usted, joven Bukele, presentó toda una ensalada de productos, ninguno acabado, ninguno innovador. En vez de concentrarse en una, dos y tres ideas fuerza, se dispersó con docenas de ideas, ninguna acabada.

Otro requisito, tal vez el más importante: El presentador tiene que ser el autor, el inventor del producto. Lo que se presenta tiene que ser 100% genuino, original, nuevo e innovador. Para poder venderlo como SU creación, aquel hombre solitario en el escenario tiene que conocer no solo el último detalle y aspecto de su producto, sino su esencia y filosofía. La más mínima duda que ahí se puede haber copiado o reciclado hace caer todo.

Esto es precisamente lo que le pasó a usted con su ‘reality show’ del Plan Cuscatlán. Inmediatamente la gente se dio cuenta que el show no era ‘live’, sino pregrabado; que no era un público real, sino un público arreglado; que el candidato no dominaba el tema, sino usaba teleprompter, y que cada rato había que parar la filmación y repetir frases o bloques. Y el día siguiente aparecieron varias fuentes señalando que muchas partes del Plan Cuscatlán no son originales, no son de autoría suya, no son ni siquiera nuevas ideas, sino son pedazos de artículos y documentos ajenos copiados. Un plan producido con el método de copy-paste – método que en cualquier universidad inmediatamente es detectado y sancionado.

El suyo fue un show chabeliado para presentar un producto chabeliado.
Resulta que usted es nada más un (mal) imitador de Steve Jobs, que piensa que copiando su método de presentación puede imitar el éxito del original. Esto solo lo puede pensar alguien que nunca entendió nada de la filosofía detrás del genio Steve Jobs y sus creaciones: originalidad, autenticidad, y una obsesiva ambición de solo presentar lo que verdaderamente podrá cambiar al mundo.

Jamás a Jobs se le ocurrió presentar sus productos a un auditorio ‘fake’. Para él, el reto era presentar sus creaciones al público más exigente que existe: a los periodistas y analistas de tecnología, a los gurús de la revolución digital.

Usted presentó su producto clandestinamente, en un escenario alquilado por terceros bajo pretextos falsos; sin periodistas, sin observadores, sin público crítico; ante unos cien ‘extras’ jugando el papel de ciudadanos. Claro, un público atento y crítico se hubiera dado cuenta que en el escenario actuaba un vendedor, no un creador de ideas.

Usted no es ningún Steve Jobs, sino un pobre impostor que se vio patético tratando de imitarlo. Menos caro le hubiera salido ir al debate, enfrentar a los competidores y al público. Solo hubiera tenido que fingir competencia unos pocos minutos, y no durante un largo programa especial con un solo hombre hablando: usted. Mal cálculo.

Saludos,

¿Se sostendrá el gobierno de Maduro ante la nueva confrontación que se le avecina? De Juan Carlos Zapata

Un artículo que explica la crisis constitucional en Venezuela, a raíz de la toma de posesión de la presidencia de Nicolás Maduro, considerada ilegítima por la comunidad internacional y la oposición venezolana. Explica sobre todo la delicada situación del jovenen presidente de la Asamblea Nacional.

Jun Carlos Zapata,
periodista venezolano

14 enero 2019 / ALnavío

Lo que hay que preguntarse de entrada es si el gobierno de Nicolás Maduro se encuentra en mejores condiciones para salir airoso del reto que le ha planteado el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. A simple vista parece un gobierno consolidado que tiene al frente a una oposición sin fortalezas. Pero las apariencias engañan.

Desde que el 5 de enero se juramentó Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y el 10 de enero Nicolás Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia, las cartas están echadas. Los polos opuestos van a una nueva confrontación. Y tal vez sea el choque decisivo que conlleve a que Maduro y el chavismo se queden por años y décadas en el poder o que la oposición logre debilitar tanto al régimen que este no pueda sostenerse.

Ya se habla de desenlace. Ya se habla de un choque inevitable. Ya se habla de fuerzas que se mueven, y para muchos desconocidas. Por primera vez, he visto actores políticos y empresariales de envergadura desconcertados ante la línea lanzada por el joven presidente -35 años- del Parlamento venezolano. Porque algunos de estos actores le dijeron a Guaidó que hiciera lo contrario de lo que está haciendo y da la casualidad que sectores radicales de la oposición quieren que Guaidó haga también lo contrario de lo que está haciendo. Para estos últimos, Guaidó ya ha debido declararse Presidente de la República. El Gobierno también quiere esto para actuar, y en ese sentido la señal de este domingo de detenerlo por media hora. De modo que los extremos se tocan. Radicales y Gobierno coinciden.

Pero Guaidó tiene otro plan. Y él lo ha dicho. No hará lo que haya que hacer hasta que el pueblo lo acompañe, hasta que la Fuerza Armada lo acompañe, hasta que los sindicatos lo acompañen, hasta que el chavismo disidente también lo acompañe, hasta que los distintos sectores que todavía hacen vida en Venezuela lo acompañen. Por ahora cuenta con el decisivo apoyo de la comunidad internacional.

Quien mejor ha recogido la estrategia de Guaidó es el analista Jesús Seguías, presidente de la consultora Datincorp: “Pragmatismo de anciano en boca de un joven”. A 10 días de haber asumido el cargo, ha superado las expectativas iniciales. Ha terminado de convencer a quienes incluso se llevaron las manos a la cabeza al oírle el primer discurso en calidad de presidente del Parlamento, que es hoy por hoy el único poder legítimo de Venezuela. En 10 días ha ido sumando. En 10 días ha ido despejando una hoja de ruta. En 10 días ha celebrado varias reuniones y actos públicos, y cada vez con mayor asistencia. En 10 días ha logrado que el Gobierno cometa el error de detenerlo. Y hoy es noticia mundial.

Tal como estaba previsto, la juramentación de Maduro iba a producir reacciones. E iba a desencadenar fuerzas. Lo que nadie preveía son las expectativas. La activación de fuerzas que estaban dormidas y que ahora despiertan. El discurso de Guaidó llamando a la conciliación, y proponiendo una amnistía para militares no ha caído en saco roto. Porque además de lo que dice, es cómo lo dice Guaidó: sin estridencias, sin amenazas; sereno y pausado, que ya con ello marca un estilo diferente en un país que oyó por años los insultos y los gritos de Hugo Chávez y sigue escuchando los insultos y gritos de Maduro, pese a que uno hablaba de amor y paz y el otro repite paz y amor.

“Yo les hablo de amnistía, de perdón y de reconciliación. Los que tienen miedo son los que están en (el Palacio de) Miraflores porque son una cúpula de siete envilecidos ladrones que pretenden robarnos la esperanza, pero ya no van a poder frenar el ímpetu de la gente por un cambio para superar la pobreza y el hambre”. Eso dijo Guaidó luego de ser liberado, y es lo que según su versión, le dijo a sus captores. Después el Gobierno afirmó que el hecho respondió a una acción unilateral de un grupo de funcionarios, lo cual no es creíble. Y si fuera cierto, demuestra la situación interna en los cuerpos represivos. Hace poco, un grupo de policías de la misma policía política que detuvo a Guaidó, actuó contra la caravana presidencial, generando cualquier tipo de conjeturas.

¿Pero es más fuerte el gobierno de Maduro que hace 4 años cuando la oposición alcanzó el control de la Asamblea Nacional? ¿Es más fuerte luego con un Parlamento acusado de estar en desacato y al que le han arrebatado las competencias? ¿Es más fuerte pese a que el Alto Mando Militar le ha jurado lealtad? ¿Es más fuerte a pesar de que derrotó a la oposición en la calle, reprimiendo y matando jóvenes, gente del pueblo, y encarcelando y torturando dirigentes políticos? Veamos:

Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido
Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido

-Es un Gobierno al que no reconocen los países más importantes de la comunidad internacional.

-Es un Presidente ilegítimo.

-Es un Gobierno enfrentado a todos los países vecinos.

-Es un Gobierno al que le queda un solo aliado en Sudamérica, Evo Morales.

-Es un Gobierno que cuenta con dos aliados incondicionales en la región, Cuba y Nicaragua.

-Es un Gobierno que no ha podido resolver la crisis económica. (Hoy anunciará nuevas medidas).

-Es un Gobierno desacreditado por haber originado un éxodo masivo de venezolanos.

-Es un Gobierno que ha coartado la libertad de prensa.

-Es un Gobierno que ha roto el hilo constitucional.

-Es un Gobierno que ya no vende esperanza.

-Es un Gobierno confrontado por fuerzas chavistas declaradas disidentes.

-Es un Gobierno que controla la Fuerza Armada, pero una Fuerza Armada con fisuras internas.

-Es un Gobierno que llevó al extremo la complicidad con la Fuerza Armada, lo cual incluye la corrupción.

-Es un Gobierno que destruyó PDVSA.

-Es un Gobierno que hizo lo que parecía imposible: tumbar la producción petrolera.

-Es un Gobierno que entró en default con los bonos de la deuda.

-Es un Gobierno cuyos aliados, Rusia y China, lo observan con cuidado, más en lo económico.

-Es un Gobierno sancionado, y sus principales dirigentes, sancionados, también.

-Es un Gobierno con problemas internos: no ha podido sacar el proyecto de Constitución que Maduro prometió.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con la Asamblea Nacional.

-Es un Gobierno que a pesar del terror no ha podido acabar con la protesta social.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con el espíritu ni las fuerzas democráticas.

-Es un Gobierno que a pesar de haber derrotado a la oposición en la calle no logró celebrar elecciones masivas.

-Es un Gobierno cuya base de apoyo es fundamentalmente clientelar.

-Es un Gobierno partido en grupos, con unidad circunstancial.

-Es un Gobierno incapaz de vender un proyecto de país.

-Es un Gobierno que lanzó una Asamblea Constituyente y a la que al cabo de dos años ha desprestigiado.

-Es un Gobierno acosado por las denuncias de corrupción, una corrupción planetaria.

-Es un Gobierno de un país del que escapan magistrados del Tribunal Supremo y ex altos funcionarios.

-Es un Gobierno a cuyo presidente ni siquiera el Papa quiere recibir.

-Es un Gobierno aliado de los peores regímenes del mundo. -Es un Gobierno sin credibilidad para recomponer la institucionalidad. -Es un Gobierno sin voceros con credibilidad nacional e internacional.

El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú
El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú

-Una pregunta que es duda a la vez: ¿Se prestarán la Guardia Nacional y los cuerpos policiales a repetir la represión de 2017, 2016 y 2014?

De modo que Maduro no es más fuerte que hace 4 años. Tampoco es más fuerte que hace un año ni hace un mes. Pero eso no significa que ya está derrotado. Maduro ha sido un sobreviviente. Maduro ha sabido resistir. Sabe administrar la crueldad. Sabe administrar el chantaje y la presión hacia los suyos y el enemigo. Esta vez la cuantía de frentes abiertos supera el número de aliados, fortalezas y recursos. Con decir, que hasta el entorno inmediato tiene problemas que le generan cuadros de duda e incertidumbre, y de allí pueden surgir factores que le retiren el apoyo. Maduro tiene enfrente a un joven que no representa el pasado, y ni siquiera puede acusarlo de oligarca y burgués. Maduro mantiene un discurso militar mientras que Guaidó habla con el tono y el fondo del dirigente civil, y esto hoy es una fortaleza, luego de años de impronta militar. La política de Maduro ahora es lenta pues debe medir los pasos y las reacciones internas. Guaidó también va a un ritmo. Sin prisa pero sin pausa. Porque lo primero que se ha propuesto es el despertar de las fuerzas que se oponen al régimen. Y es convencer a los otros factores de la ruta. Y que la misma se recorra en unidad. En resumen, Guaidó está proponiendo que es posible el cambio, y que es posible la transición, y que una vez lograda, lo primero es la reconciliación, la amnistía y un pacto de país. Le está diciendo a Venezuela que la recuperación económica también es posible, y de allí la suma de apoyos internacionales, de países dispuestos a ayudar.


Tal vez fallaron los detectores de bullshit, pero no los de prepotencia. De Paolo Luers

Columna Transversal, 13 enero 2019 / EL DIARIO DE HOY

Los debates entre candidatos son pruebas de carácter, más que ocasiones para transmitir contenidos y propuestas. En los debates, sobre todo cuando son de verdad, uno observa como los hombres que quieren conducir el país se manejan bajo estrés, y cómo encaran la crítica y las preguntas incómodas, en un ambiente que no pueden controlar y que puede volverse hostil. El futuro presidente tendrá que enfrentar este tipo de situaciones críticas con frecuencia, en escenarios internacionales y nacionales. Tendrá que enfrentar conflictos con la oposición o con movimientos sociales; huelgas, desastres y crisis regionales. Tiene que saber conducirse y conducir en situaciones críticas y hostiles.

Esta capacidad de los candidatos es muy difícil de medir, sobre todo cuando en sus campañas prefieren solo enfrentarse al público en situaciones controladas, puestas en escena, coreografiadas. Los debates ponen a prueba esta capacidad.

La manera más contundente de reprobarla es no asistir.

Bukele no asistió al debate convocado por la UES, y no participará este domingo en el debate televisivo organizado por ASDER. No solo esto: Su vice Félix Ulloa no llegó a la cita de los vicepresidentes con ASDER, y ninguno de ellos se dignó asistir al evento del Colegio Médico, en el cual los médicos presentaron sus demandas a los candidatos. Tampoco hicieron caso a una convocatoria que varias ONG hicieron a los candidatos a nombre de la niñez salvadoreña.

Son candidatos ausentes. Esta ausencia extraña en la recta final de una campaña también se manifiesta en los medios. Bukele y Ulloa son los únicos candidatos que no se exponen a preguntas ni a entrevistas. Prefieron monólogos. Incluso en los programas donde invitan a representantes o voceros de las diferentes campañas para discutir ciertas problemáticas del país, quedan vacías las sillas reservadas para GANA.

Lo mismo se refleja en los territorios. Bukele solo se deja ver en pocos eventos totalmente controlados y coreografiados para limitar el contacto directo con la población, incluso con la propia militancia. Los otros candidatos diariamente se exponen a ‘baños de pueblo’ en colonias, actividades casa por casa, mercados, buscando el contacto directo con todos, incluyendo escépticos y adversarios. Por esto es que están ganando terreno. Bukele rehúye este contacto y todas las situaciones que se escapan del control y de la estricta escenografía de sus showmasters.

¿Qué hay detrás de esta ausencia sistemática? Miedo a enfrentarse a riesgos, desafíos, y preguntas incómodas. Detrás de este miedo: inseguridad. Pero también la inmensa arrogancia de alguien que no cree en debates, en intercambios de ideas, en concertaciones, en la necesidad de escuchar. Prepotencia e inseguridad son una mezcla fatal.

Muchos quieren explicar la ausencia de los candidatos como la estrategia adecuada de quienes creen que están ganando. La lógica: ¿Por qué exponer a los candidatos a cualquier riesgo (en entrevistas, en debates, en eventos territoriales no controlables), si ya estamos ganando? Entonces, ven la ausencia como muestra de fuerza. Yo la veo más bien como muestra de pánico. Comienzan a ver que el globo se está desinflando – y no saben cómo pararlo. La mejor prueba de eso es el intento fracasado de corregir en un fin de semana el error de no haber construido a tiempo su aparato de defensa del voto y apoyo logístico para el ‘Día D’.  No saben ellos cuánto le está costando este error, precisamente con las bases del FMLN que ya estaban al punto de enamorar. Las bases del FMLN saben qué es organización territorial, sectorial y local, saben cuánto cuesta y saben cuánto vale. Organización es parte de su ADN. Observando a Nuevas Ideas haciendo política como unos principiantes que no entienden, sino más bien menosprecian la organización popular, y que no saben moverse fuera de las redes sociales, estas bases históricas de la izquierda comienzan a perderle el respeto a Bukele – y se les esfuma la expectativa de que este nuevo partido Nuevas Ideas podría ser la nueva izquierda, sustituyendo a un Frente desgastado. Pero estas bases de la izquierda, por más que estén frustrados con el FMLN y quisieran castigarlo, lo que menos soportan es el menosprecio a la gente que comienzan a detectar en Bukele, en su ausencia y en su arrogancia.

Igual los jóvenes, sobre todo los que se sienten rebeldes e irreverentes. Tal vez son vulnerables que les den paja, pero a la vez tienen un detector infalible de prepotencia. Estas alarmas ya están activadas, tanto en las bases de la izquierda, como en los jóvenes. Y por esto la campaña de Bukele se está desinflando.

Muros y contramuros. De Máriam Martínez-Bascuñán

¿Qué significa que América es lo primero? Que si alguien gana fuera de sus fronteras, América pierde…

Fake news
Docente de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

13 enero 2019 / EL PAIS Muros y contramurosMuros y contramuros

Que Trump miente lo sabemos todos, hasta sus seguidores. Pero da igual. En ellos ha prendido el mensaje que lanzó desde el principio: soy el líder de un movimiento “como el mundo jamás ha conocido”. La máxima era exagerada, sin duda, pero no erraba el tiro. Trump entendió bien la naturaleza de los movimientos con tintes autoritarios, la inexplicable lealtad que generan en sus seguidores hasta el punto de hacerlos negar las evidencias más elementales, los puros datos, como aquella sesión de investidura falsamente más numerosa que la de Obama.

Entonces, ¿hay truco? Claro que sí: lo que genera esa adscripción insobornable no son las mentiras, sino el diseño de una cosmovisión concreta. No importa que esa explicación del mundo se alimente de fantasías, falsedades o delirios: aunque prescinda de cualquier arraigo con la realidad, tiene coherencia interna. Porque lo cierto es que une a sus seguidores ofreciéndoles una explicación para su ira y enfado, y les promete un salvador. Esa realidad alternativa construida con las piezas de cada tuit da congruencia a su célebre máxima: America First.

¿Y qué significa que América es lo primero? Pues que el juego es de suma cero; que si alguien gana fuera de sus fronteras, América pierde. Ese es el mensaje que atraviesa la lógica de las relaciones internacionales y llega hasta la economía, basado en la competición antes que en la cooperación. Explica también su política migratoria y su fascinante fetichismo del muro, un símbolo arrollador que ha convertido en un icono generador de identidades. Porque el muro es la condición para que los que están dentro compartan una identidad total que construye la comunidad, pero también irradia identidad hacia fuera, cohesionando a quienes esperan agazapados en la frontera. Trump lo cree y lo refuerza: si ellos ganan, América pierde.

Pero hay algo que falla en la ecuación del presidente. No hallaremos la grieta en su Twitter, donde el mundo sigue girando en torno a su América First, sino en la nueva Cámara de Representantes, que ha detenido su proyecto de “un muro más alto” desafiándolo con argumentos. Nos encontramos así ante este interminable cierre parcial del Gobierno, un auténtico símbolo de la resistencia ante sus dislates, e impulsado por un contrapoder institucional que se niega a malgastar dinero en un proyecto absurdo. Y resulta que ese poder es tan legítimo como el del presidente, pues es expresión de la voluntad popular, conformándose así otro elemento nuclear del sistema, aquel que permite su resiliencia y fortaleza: una oposición salida legítimamente de las urnas. Y a esto, felizmente, se le llama democracia liberal.

Carta a mis lectores: Los inicios de ‘Las Cartas de Paolo’

De Paolo Luers, 12 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados amigos:
Hace 10 años, el martes 13 de enero 2009, salió la primera de mis “Cartas de Paolo”. Salió en el MAS. Ya tuve varios años de escribir mi Columna Transversal para El Diario de Hoy, y queríamos crear un formato propio para el MAS: una columna menos analítica, más directamente al grano, más provocativam más “de calle”…

Fue hasta abril del 2010 que las ‘Cartas de Paolo’ también aparecieron en El Diario de Hoy, y poco a poco se fueron transformando: siempre polémicas, siempre al grano, pero con más contenido analítico o reflexivo, más largas. La verdad, extraño las versiones más cortas, aunque requieren, contrario a lo que uno podría pensar, mucho más trabajo y arte…

La primera Carta de Paolo en MAS
Las cartas comienzan a reproducirse en El Diario de Hoy

Con la que están leyendo hoy, la número 1533, mis cartas cumplen 10 años de vida y forman parte de la cultura nacional. He criticado a mucha gente, a algunos de manera demasiado dura, a otros de manera demasiado condescendiente. Donde me he equivocado, pido disculpas a los afectados, pero sobre todo a ustedes, los lectores.

Una columna con este estilo controversial siempre sale bajo el riesgo de cometer injusticias. Pero el error imperdonable sería callarse por miedo a meter la pata.

Saludos,