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Carta sobre la corrupción: Ver el bosque, no solo los árboles podridos. De Paolo Luers

15 septiembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

La corrupción es un cáncer. Puede matar la democracia. De acuerdo. Pero no nos damos cuenta que la medicina que recetamos puede ser más mortal que la enfermedad.

¿Por qué ahora estamos hablando todos de la corrupción? Es porque ahora hay más transparencia; hay más investigación; hay juicios; hay un presidente confeso y condenado, y otro prófugo; hay más vigilancia ciudadana; y porque leemos sobre la corrupción todos los días en los periódicos.

¿Estos son muestras que el país se está hundiendo en corrupción – o más bien que al fin estamos empezando a superarla? El país parece asumir lo primero. Hay un clima de sospecha generalizada: Para muchos, toda la política, todos los partidos, los partidos enteros, todos los funcionarios son corruptos, incluyendo los futuros que todavía no han tenido oportunidad de mostrar de qué son hechos.

Es cierto: La corrupción es sistemática, como hemos visto en los casos Saca y Funes. Diseñaron un sistema de robo. ¿Pero es cierto que sea sistémica, como muchos nos quieren decir? Sistémico en el sentido que incluso los hombres y mujeres de buenas intenciones que asumen cargos políticos, necesariamente terminarán corruptos, porque el sistema los corrompe.

Es cierto: Todos los partidos políticos han tenido diputados, funcionarios, dirigentes corruptos. ¿Pero son corruptos los partidos, todos enteramente, y todos por igual? No.

Las medicinas contra la corrupción son: transparencia, vigilancia ciudadana, sólidas instituciones que la investigan, persiguen y enjuician. Necesitamos más de estas medicinas, y más eficientes. ¿Pero será buena medicina la sospecha generalizada? ¿Será buena medicina la descalificación general de los partidos, de la Asamblea Legislativa, del sistema de justicia? No.

La sospecha generalizada y la deslegitimación sistemática de las instituciones y los partidos, de la clase política en general, son tan erosivos para la democracia que la misma corrupción. Profundizan los resentimientos populares, dan oxígeno a la anti política, y en última instancia abren espacio para movimientos autoritarias y anti institucionales.

Hay discursos irresponsables que atizan este fuego. Algunos los usan por ingenuidad, otros por interés. Para los partidos emergentes, para tener éxito, lo más rentable es arremeter contra todo: el sistema, la clase política, el establishment, ‘los mismos de siempre’ – contra la política misma. Si fuera solamente Nuevas Ideas que emplea este discurso redentor, no lograría erosionar la confianza de la gente en el sistema democrático e institucional del país. Pero a veces también caen en este discurso otros partidos emergentes, como Vamos y Nuestro Tiempo, igual que movimientos ciudadanos que con buenas razones se organizan para denunciar las deficiencias institucionales.

Si además tenemos una embajadora de Estados Unidos, un fiscal general y medios que diariamente hablan de la corrupción, pero no saben proyectar que la crisis se debe precisamente a que al fin la estamos enfrentando, el resultado es fatal: Lo que en realidad es la fiebre producida por la lucha contra la corrupción, es percibida como la fiebre de la agonía fatal del sistema.

Es en este ambiente que vamos hacia las elecciones presidenciales. En este ambiente de sospecha generalizada corremos peligro que ningún candidato, aun cuando proponga las soluciones correctas, tenga credibilidad. En una situación donde es urgente que los incipientes esfuerzos de transformar, limpiar y abrir los partidos adquieran fuerza y logren cambios, existe el peligro que se estrellen contra el muro de la incredulidad generalizada.

Los movimientos autoritarios y demagógicos no necesitan que los ciudadanos les crean. Lo único que necesitan es que los ciudadanos ya no crean a nadie y en nada. Así se genera la situación absurda que las propuestas más indecentes de repente puedan competir en igualdad de condiciones – o incluso con ventaja, siempre cuando logren explotar y movilizar las frustraciones y los resentimientos que con sobradas razones tiene la gente.

¿Qué hacer? Ver el bosque y no solo los árboles podridos. Exigir transparencia, instituciones sólidas e independientes, mejores políticas públicas. Y más sensatez. Creamos en nuestro poder ciudadano para producir cambios en los partidos e instituciones, en vez de delegarlo a redentores.

Saludos,

¿Y si te ponen “donde hay”? De Mario Vega

Mario Vega es pastor general de la iglesia CELIM

14 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Giges fue un pastor de ovejas que, después de un vendaval y un terremoto, vio que la tierra se había agrietado para formar un abismo en los campos donde pastaban sus ovejas. Intrigado descendió por la grieta y encontró un caballo de bronce que contenía un cuerpo sin vida y sin otra cosa más que un anillo de oro en uno de sus dedos. Giges decidió tomar el anillo y quedarse con él. Posteriormente y de manera incidental, descubrió que el anillo tenía el poder mágico de volverlo invisible cuando le daba vuelta en su dedo. Al asegurarse del poder de su anillo, se dirigió al palacio donde aprovechando su capacidad de volverse invisible logró seducir a la reina, asesinar al rey y convertirse en el nuevo rey, un rey tirano. Con el poder de su invisibilidad, Giges tuvo la opción de hacer el bien, descubriendo criminales y luchando por el bien común. Pero, por el contrario, buscó su provecho personal adquiriendo riqueza y poder.

La historia se encuentra en el libro segundo del Diálogo de la República de Platón. El propósito de la historia es reflexionar sobre si el hombre es justo por naturaleza o por coerción. La coerción de las leyes y de las consecuencias del mal obrar. Platón afirma que la mayor parte de personas actuaría a semejanza de Giges al gozar de la impunidad que el anillo de la invisibilidad les proporcionaría.

La reflexión de Platón, de hace más de 2,300 años atrás, sigue teniendo total validez ante los sonados casos de corrupción de hoy en día. Cuando una persona asume como funcionario público alcanza poder que se traduce en cierto grado de impunidad. A mayor autoridad alcanzada mayor capacidad para volverse arbitrario e “invisible”. Los privilegios que otorga el rol de servidor público no son usados para el fin que se crearon sino para complacer los intereses más egoístas, miserables e insensibles. Ante ello los ciudadanos adoptan la idea de que los políticos son una cloaca de corrupción y no dejan de indignarse ante tanto delito. Pero ¿qué ocurriría si cada uno de esos ciudadanos condenadores fueron ubicados en la misma posición? ¿Qué haría cada uno de ellos con el poder de la invisibilidad? De acuerdo con Platón, casi todos terminarían por reeditar la misma conducta.

El anillo de Giges no se encuentra solamente en las grietas del campo público sino también en el privado, en la academia, en el religioso, en la familia y en lo personal. El carácter del hombre se manifiesta en las conductas más pequeñas y cotidianas: en la honradez al declarar y pagar los impuestos, en el pago de salarios humanos, en el cumplimiento de la palabra que se empeñó a un hijo, en la puntualidad, en el respeto al cónyuge, en el uso de la verdad. Esos elementos son los que al final de cuentas dan respuesta a el qué haríamos en posesión de un privilegio distintivo. Lastimosamente, son justamente esos elementos los que no se tienen en cuenta al decidirnos por un negocio, un médico, un pastor, una pareja. Para el caso de las próximas elecciones ¿somos capaces de percibir la egolatría, las infracciones a la ley electoral, las mentiras, las promesas fantasiosas e inútiles, el inusitado interés en los problemas de lugares recónditos que nunca antes se habían visitado? Significa entonces que ¿no hay salvación para esta plaga? Claro que sí, ve tú y haz la diferencia comenzando por tu círculo íntimo y tu vida privada.

La democracia muere en la oscuridad. De Ricardo Avelar

5 septiembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

La democracia muere en la oscuridad. Con esta categórica frase despertaron los lectores del Washington Post en marzo de 2017, cuando el prestigioso medio lanzó su nuevo eslogan. Como era de esperarse, una afirmación tan contundente generó diferentes reacciones entre sus audiencias. Por un lado, hubo quienes criticaron el tono alarmista y consideraron que era una alusión directa a la entonces joven presidencia de Donald Trump, quien constantemente antagoniza con la prensa y se rodea solo de “periodistas” amigos. Por otro lado, muchos celebraron la instauración de este dicho, que es un constante recordatorio de uno de los riesgos más latentes de nuestros sistemas políticos.

Esta frase formó parte de la estrategia del nuevo dueño del periódico, el también fundador de Amazon, Jeff Bezos. Al adquirir uno de los medios más importantes en el mundo, este decidió apostarle a un periodismo de investigación, a visualización de datos y a encontrar mejores narrativas para plantear los principales problemas de nuestra sociedad.

Cada una de esas palabras gana notoriedad e importancia cuando un país se acerca a la temporada electoral, cuando los asesores de campaña y mercadeo político buscan llenar de eslóganes pegajosos la mente del votante, en un ejercicio de mero posicionamiento de marca. Aunque en algunas ocasiones –me atrevo a decir las menos– hay un plan detrás de un lema de campaña, la mayoría de veces estos se extraen de grupos focales y buscan decirle al ciudadano lo que quiere escuchar, no lo que debe.

Durante los meses de proselitismo, la batalla de lemas genera un humo difuso en el que no se sabe exactamente cómo se ejecutarán los planes en cuestión, cómo se financiarán y realmente quién será el beneficiado de estos. Ante tanta ambigüedad, el ciudadano resulta desprotegido, pues debe tomar una decisión racional de a quién dar su apoyo sin saber a ciencia cierta qué puede esperar de cada candidato.

Es ahí cuando el periodista se vuelve un actor fundamental para salvar a la democracia de la oscuridad. La oscuridad de planes difusos, de origen incierto de los fondos de campaña, la oscuridad de asesores peligrosos, alianzas oscuras o de negarse a decir quiénes integrarán un posible gabinete, por ejemplo.

Ante cada promesa dicha, un periodista responsable debe como mínimo preguntar “cómo”. Con esto, debe obligar al candidato a transformar su lema en un plan concreto. Y si este último se dedica a contestar con frases inspiradoras pero no aterrizadas, quien lo interroga debe hacer uso de una poderosa herramienta: la repregunta. Es decir, insistir sobre el tema hasta que haya una respuesta franca y que permita al ciudadano interesarse más en el político o desecharlo desde temprano por opaco.

La repregunta es fundamental y muchos no la hacen. Posiblemente se piensa que una entrevista exitosa es aquella donde se cubre un amplio abanico de temas o que insistir en un punto es tedioso y aburrido. Yo discrepo. Una entrevista exitosa, a mi parecer, es la que toca pocos temas pero los deja claros y con certidumbre. Además, si a un político hay que preguntarle lo mismo varias veces es porque está evadiendo la verdad.

Por otro lado, retomar una frase sin cuestionarla y volverla titular es un ejercicio irresponsable de la labor que se nos ha encomendado. Con esto, nos volvemos altavoces cuando deberíamos ser filtros. Con esto, no beneficiamos al ciudadano, solo lo hundimos más es una vorágine de frases lindas que no significan nada y nos convertimos en cómplices del declive de nuestro sistema.

Con esto, no pretendo ser alarmista, sino advertir de cómo la pérdida de credibilidad en quienes nos gobiernan afecta la legitimidad de la democracia y lleva a muchos a buscar salvadores y mesías donde solo hay vanidad, ego, verdades a medias o incluso ausencia total en medios que no aseguren preguntas cómodas. Por eso, en temporada electoral, los periódicos pueden convertirse en murallas contra las mentiras o en cajas de resonancia de humo. En el primer caso, se apegan al espíritu del lema del Washington Post. En el segundo, contribuyen a apagar las luces y a llevarnos a más oscuridad. Es momento de decidir cuál de los dos roles queremos jugar.

P.D.: Saludos a todos los valientes periodistas que en temporada electoral no se conforman con palabras inspiradoras y repreguntan, repreguntan, repreguntan… No hasta el cansancio, sino hasta aproximarse a la verdad.

@docAvelar

Los incuestionables. De Erika Saldaña

La vida política y de servicio público irmplica un escrutinio constante por parte de la ciudadanía y medios de comunicación sobre las decisiones que se toman en asuntos públicos.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 5 febrro 2018 / El Diario de Hoy

A los políticos no les gusta que se les cuestione. La constante en los programas de entrevistas y redes sociales es que si les hacen una pregunta para la que no tienen o no quieren dar respuesta, muchos candidatos se vuelven hábiles en hacerse los desentendidos, evadir o cambiar el tema. También expertos en reclamar en privado a los dueños de los medios por el trabajo de sus periodistas. ¿Acaso no entienden que en una república tienen el poder delegado? ¿Que los periodistas hablan (o deberían) por muchos de nosotros y ser contralores del poder? Como dicen los gringos, los periodistas son el watchdog del poder.

EDH logLos casos más curiosos son de aquellos que ya han sido funcionarios, pues pareciera que se ganaron una especie de corona y nadie puede criticarlos; y si lo haces, inmediatamente te tachan de simpatizante del partido de la oposición. Que penita, pero ¿tan limitado es su pensamiento que si cuestionan a alguien del Frente es porque son de ARENA? ¿O si cuestionan a ARENA es porque son rojos? El país es de todos, el poder es delegado y los periodistas solo hacen su trabajo, preguntar por nosotros.

En plena campaña política todos los candidatos quieren que únicamente se exponga su mejor cara, la sonrisa más brillante y los mensajes de motivación más convincentes. Creen que quien resalta esos aspectos es amigo y el resto somos sus enemigos. Creen que sus palabras deberían bastar para ser merecedores de nuestro voto. Estas personas todavía tienen mentalidad feudalista, donde “el señor” era quien mejor sabía la forma de administrar los bienes o tomar decisiones; ahora creen que sus ideas o acciones políticas son infalibles y la crítica se hace por “pluma pagada” o “micrófono vendido”, con la única intención de dañar.

Se nota la incomodidad de varios candidatos y dirigentes cuando un periodista se atreve a preguntar más allá de lo evidente, cuando critica sus posturas o confronta sus propuestas con la realidad. Créanme, señores dirigentes y candidatos, que si tuvieran cara a cara a la ciudadanía indignada por sus decisiones, esa que se informa, preocupa y hace crítica sobre la manera en que han llevado los asuntos públicos, el cuestionamiento que recibirían sería diez veces peor.

Aquí el rol importante que juegan los medios de comunicación en la labor de fiscalización: ya que nosotros, los ciudadanos comunes, no nos podemos sentar con todos los políticos a discutir, los periodistas se transforman en voceros de nuestras inquietudes. Como lo ha dicho la Sala de lo Constitucional: “los medios de difusión juegan un rol fundamental, ya que son un instrumento que le permite a la sociedad acceder a información de relevancia pública al facilitarle la búsqueda, recepción y difusión de información. De forma correlativa, se espera que dichos medios desempeñen con responsabilidad, ética y apego a la verdad su función de informar”.

Me pregunto si han hecho el intento de pensar que, ante un cuestionamiento, existe la posibilidad que ustedes estén equivocados y no quien los cuestiona. ¿Han considerado que quizá no es la simple gana de molestar y que vale la pena considerar o responder a una pregunta válida y fundamentada? Como dijo Harry Truman, presidente de EE. UU., ‘if you can’t stand the heat, get out of the kitchen!’; si no pueden aguantar el calor, ¡sálganse de la cocina! Los periodistas están para preguntar, y ustedes, porque les delegamos el poder, para responder. Si no están dispuestos a ser pasados por fuego, si no están dispuestos a soportar y responder a la crítica, mejor retírense de la política.

La vida política y de servicio público implica un escrutinio constante por parte de la ciudadanía y medios de comunicación sobre las decisiones que se toman en asuntos públicos. Si alguien inicia en política, prepárese a que le cuenten las costillas; y si en una gestión un funcionario cometió errores, lo mínimo que se esperaría es que los acepte y corrija. Pero no que nos conformemos con sus respuestas preparadas y que solo pretenden quedar bien en la foto. El Salvador ya no es una finca, es una república. Tienen que responder a los cuestionamientos; si no quieren hacerlo, no tienen business siendo políticos.

Empleadores exigentes. De Cristina López

Ninguna persona esperaría, siendo realistas, ser contratada sin preparar currículum, presentarse a una entrevista, y brindar una explicación convincente de por qué, de entre las incontables opciones, es la indicada para el puesto.

Cristina LópezCristina López, 5 febrero 2018 / El Diario de Hoy

Cualquiera que ha tenido que pasar por el tortuoso proceso de buscar trabajo, sabrá que gran parte de la receta para el éxito reside en la preparación. Muchísimo antes de llegar a la parte de la entrevista, hay pasos que requieren cuidado y estrategia, como la presentación breve y  clara en una hoja de vida de logros y grados académicos alcanzados. Lo ideal es presentarlos de cierta manera que informe al empleador que tenemos las cualificaciones ideales para el puesto para el que queremos ser contratado. Ninguna persona esperaría, siendo realistas, ser contratada sin preparar currículum, presentarse a una entrevista, y brindar una explicación convincente de por qué, de entre las incontables opciones, es la indicada para el puesto.
EDH logY, sin embargo, esta época electoral es un excelente indicador que muchísimos candidatos a la Asamblea Legislativa y alcaldías a lo largo y ancho del país esperan exactamente eso: ser electos, equivalente a ser contratados por el empleador más importante, la ciudadanía, sin explicar de manera coherente por qué son los más calificados para la posición. Y nosotros, los empleadores, parecemos no habernos dado cuenta del poder que tenemos, porque seguimos permitiéndoles a muchos que apliquen a uno de los puestos más importantes sin darnos la  mínima explicación.
Por suerte, muchos miembros de la sociedad civil se han empezado a dar cuenta de que merecemos más y que solo mandar a imprimir vallas publicitarias no vuelve a alguien más calificado. Las redes sociales, una excelente herramienta democratizadora, se han vuelto un medio en el que los candidatos realmente interesados por escuchar lo que la ciudadanía necesita pueden mostrarse accesibles.
Un ejemplo de esto es Félix Raúl Betancourt, que sin necesidad de preguntarle, se ha acercado a diferentes potenciales constituyentes a través de Twitter y ha facilitado su propuesta legislativa, haciendo lo que cualquier aspirante a una posición laboral debería de hacer: convencer al empleador de que cuenta con las cualificaciones necesarias y merece ser contratado. En un deprimente contraste, el partido ARENA, a pesar de contar con varios candidatos con perfiles potencialmente interesantes, es casi imposible encontrar información de sus logros laborales o académicos, o de sus propuestas legislativas con políticas públicas específicas más allá de eslóganes.
Tengo un hermano que ha vuelto la búsqueda de esta información una cruzada pública. A diario solicita a diferentes partidos, a través de las redes sociales, que le brinden las hojas de vida de los candidatos para poder tomar una decisión informada. Es deprimente ver que ARENA aún no se ha tomado la solicitud en serio, dando la impresión de que aún piensan que se merecen el puesto sin hacer el mínimo esfuerzo de demostrar su competencia.
Es igualmente deprimente ver candidatos que buscan reelegirse, algunos por cuarta o quinta vez, sin tener un solo logro palpable o una agenda de servicio. La cumbre del cinismo la alcanzó la alcaldesa de Antiguo Cuscatlán, haciendo promesas que podría haber cumplido en cualquiera de sus períodos municipales durante las tres décadas que ha estado al frente de la alcaldía. Al ser cuestionada sobre la alternelecciones legislativas, candidatos a diputados,ancia (o falta de) en la alcaldía de Antiguo, tuvo el cinismo de contestar que su mejor alternancia era la comunicación que tenía con los residentes de Antiguo. Quizás ya es hora de que, como empleadores, nos volvamos más exigentes.

Negar la cruz de su parroquia. De Ricardo Avelar

En casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario.

ricardo avelarRicardo Avelar, 24 enero 2018 / El Diario de Hoy

Hace unos días leí un interesante ensayo de mi amiga Cristina, quien comparaba al Partido de Acción Nacional de su natal México con la Unión Demócrata Independiente de Chile. Mi colega buscaba estudiar la relación que ambos jugaron en la transición de un autoritarismo a una democracia competitiva. Si bien el contraste es claro, un factor llama mucho la atención, y es que los dos partidos han tratado de diversificar su oferta y sus bases.

Sin embargo, y de una forma muy coloquial, Cristina expresó cómo ninguno de los dos “puede negar la cruz de su parroquia”, pues a pesar de cualquier esfuerzo no pueden abandonar su naturaleza, cuyas raíces residen en élites conservadoras de sus países.

EDH logEn casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario. En la paleta de colores políticos, tienden hacia lo autoritario, donde una cúpula concentra las decisiones y no se permite el disenso.

Como lo prometí, dedicaré de aquí a las elecciones columnas a diferentes candidatos. Y esta columna quise dedicarla a alguno del FMLN, pero no encontré a quién. Esto se debe a que este partido no ha permitido hacer campañas diferenciadas y lejos de nivelar el terreno de juego a todos sus aspirantes, busca privilegiar a algunos ungidos.

En una pancarta colocada en la presentación de su plataforma legislativa solo figuraban los rostros de doce candidatos de esta agrupación política para San Salvador, pese a que esta circunscripción tiene veinticuatro escaños en la Asamblea. Sobra decir que estos doce son los favoritos de la cúpula y el resto parece estar “de relleno”.

En cuanto a lo programático, su plataforma legislativa ofrece cuatro ejes: una democracia participativa y transparente; transformación económica; inclusión e integración social; y convivencia y cultura de paz.

Por el espacio limitado me enfocaré en el primer punto. Entre las promesas del eje resaltan las consultas populares, proveer más recursos al sector justicia, una nueva Ley de Probidad y reforzar la lucha contra la corrupción.

Como no puedo individualizar las preguntas, lanzo algunas al partido. Si su idea de democracia incluye participación, ¿es promover con “preferencia” a un bloque de candidatos una forma de responder a una ciudadanía que demanda un vínculo más cercano con sus representantes? ¿Emplazarán al presidente —del partido que sea— cuando este muestre hostilidad a funcionarios que ejercen control del sector público?
¿Promoverán la transparencia exigiendo que el mandatario solicite permiso por cada viaje y presente un reporte completo de cada visita al exterior? ¿Aceptan seguir blindando a personajes cuestionados por la justicia con cargos públicos y fuero?

¿Se comprometen, además de dar más recursos algunas instituciones, con aprobar presupuestos balanceados? ¿Cumplirán con la sentencia de la Sala de lo Constitucional que manda a incluir todas las áreas en el plan de gastos del Estado? ¿Negarán sus votos a presupuestos exagerados en Casa Presidencial, con todo y las áreas opacas que estos implican?

Sobre Probidad, ¿buscarán una ley que fortalezca la existente normativa contra el enriquecimiento ilícito o volverán a buscar una ley blandengue como hicieron en 2015? ¿Cesarán sus intentos por colmar instituciones como la CSJ, la FGR, la Corte de Cuentas o el TSE de gente afín a su partido?

Hasta el momento, no pueden negar su naturaleza autoritaria, que busca “candidaturas de consenso” y designa posiciones por “dedazo” en lugar de favorecer la participación y el disenso de su militancia. Pero en 2018 viene una nueva oportunidad de redimirse y mostrarse transparentes y abiertos.

A quienes resulten electos, recuerden que su compromiso legal es con todo el pueblo salvadoreño, como lo manda el artículo 125 de la Constitución. No solo con su militancia o el ala más recalcitrante de esta. Y en el plano moral, su compromiso debería ser con el espíritu antiautoritario que motivó a muchos —claramente no a todos— a la lucha armada y posteriormente política.

Posdata: A dos semanas de la columna anterior, el candidato por ARENA, Abraham Soto, no contestó ninguna de las preguntas que le hice. Su silencio también es elocuente. Finalmente, la próxima columna irá al actual presidente del Legislativo.

@docAvelar

Pese a todo, habrá que votar. De Federico Hernández Aguilar

Pese a la enorme displicencia del TSE y de los partidos políticos, lo que queda es pedirle a la ciudadanía que no premie tanta mediocridad con su ausencia en las próximas elecciones. Por el contrario, hoy es cuando más sentido tiene acudir a las urnas.

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 15 noviembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Como era previsible, estamos a menos de cuatro meses de las cruciales elecciones de 2018 y todavía es incierto que las Juntas Receptoras de Votos vayan a tener el acompañamiento tecnológico indispensable para hacer su trabajo con agilidad y transparencia. Tampoco sabemos con qué herramientas contaremos para la transmisión de los resultados. De hecho, a menos que suceda algo extraordinario, los problemas que llevaron al caos de 2015 no solo estarán lejos de haberse corregido, sino que se habrán complejizado a niveles tanto o más inmanejables.

EDH logDesde finales del año pasado se pidió al TSE que apresurara los trámites para adquirir los dispositivos que, ya se sabía, iban a necesitarse en las mesas. Pero los magistrados se enfrascaron en la excusa de una donación de escáneres coreanos y se tardaron casi un año en lanzar la licitación destinada a garantizar la adecuada tecnología. A resultas de este asombroso, inexplicable y exasperante tortuguismo, todo, absolutamente todo puede pasar en marzo próximo, menos que tengamos unos comicios sin incidentes.

¿Por qué se permitió que las cosas llegaran a este deplorable estado? ¿Qué razones hubo detrás de la increíble pasividad de los principales partidos de oposición, que dejaron al TSE obrar a su antojo? Aparte de FUSADES, la Cámara de Comercio, Aliados por la Democracia y DECIDE, ¿quiénes más debieron ser enérgicos en la denuncia de todas las anomalías que se han venido registrando de cara a las elecciones que vienen?

Demasiadas preguntas que nadie querrá contestar en estos momentos, pero a las que irremediablemente habrá que volver el 5 de marzo de 2018, cuando los medios de comunicación empiecen a dar cuenta de lo ocurrido en la jornada electoral del día anterior. Porque lo previsible hoy es que el proceso de conteo de votos tendrá complicaciones innecesarias, un porcentaje respetable de Juntas Receptoras no podrá lidiar con las operaciones aritméticas y el TSE se verá imposibilitado de ofrecer resultados confiables en las horas siguientes al cierre de los centros de votación.

Todo lo anterior, claro está, pudo haberse evitado. Incluso si por un giro milagroso llegáramos a tener dispositivos en cada mesa receptora y la transmisión de resultados fuera impecable, seguiría siendo poco justificable el hecho que compañías coreanas resultaran favorecidas con una porción del “pastel” electoral sin haberse sometido a licitación, o que ofertas tecnológicas modernas —que nos hubieran ahorrado el uso de escáneres o la “maquila” de datos en el CNPRE— no se tomaran en cuenta para preparar unas elecciones tan complejas. La cojera, pues, con la que nos dirigimos a marzo de 2018 no va a desaparecer, y luego del evento habrá que hacer una investigación exhaustiva de todo lo ocurrido.

Pese a la enorme displicencia del TSE y de los partidos políticos, lo que queda es pedirle a la ciudadanía que no premie tanta mediocridad con su ausencia en las próximas elecciones. Por el contrario, hoy es cuando más sentido tiene acudir a las urnas, porque únicamente los votantes que cumplen con su deber pueden luego exigir a las autoridades que respeten y hagan valer su decisión soberana.

Decía Adolfo Suárez que ninguna elección resuelve por sí misma problema alguno, pero constituye el paso previo y necesario para que las soluciones aparezcan. Quienes renuncian a ejercer el sufragio no quedan excluidos, por supuesto, de ejercer la demanda de buen gobierno que cualquier ciudadano hace a toda autoridad constituida; el dilema es que el peso moral de esa demanda ya ha sido puesto en manos de otros.

Encogerse de hombros ante la decisión de consolidar su papel protagónico en una democracia ha sido, es y será siempre un pésimo negocio para los pueblos. Ni los malos liderazgos políticos ni los comportamientos sospechosos de los funcionarios electorales disculpan a nadie de su responsabilidad histórica. Votar es el mejor punto de partida con que cuenta el ciudadano para hacer valer sus derechos. La indiferencia solo produce gobiernos frívolos o despóticos.