Leopoldo López

Leopoldo López: ‘Si me censuro, la dictadura me derrota’. The New York Times

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Leopoldo López Credit Diana López para The New York Times

Tras meses de silencio, el dirigente político venezolano en arresto domiciliario habló en exclusiva con The New York Times sobre el futuro político del país, su experiencia y sus aprendizajes en la prisión militar y su esperanza de una salida a la crisis.

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Carta a Leopoldo López: Tu hora llegará. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 3 agosto 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

Leopoldo:
Es la tercera vez que te dedico una carta. Publiqué una hace más de 3 años, cuando te entregaste a La Guardia, en la plaza pública, puño en alto. Llamo La Guardia a la Guardia Nacional Bolivariana, porque de nacional y de bolivariano no tiene nada. Y porque aquí, en El Salvador, La Guardia es símbolo de la maquinaria de represión de la dictadura militar, de la cual sólo nos deshicimos luego de 12 años de guerra civil. Ahora vemos en Venezuela las mismas escenas de La Guardia reprimiendo estudiantes en la calle para defender un régimen militar contra la ira de su pueblo. Espero que a ustedes no les toque una guerra civil para conquistar la libertad.

masLa segunda carta te la dediqué cuando estabas en huelga de hambre en la cárcel militar Ramo Verde, pidiéndote que no sacrificaras tu vida. Desde que te conocí, en el 2008, cuando todavía eras alcalde de Chacao, nunca he tenido duda que Venezuela necesita líderes como vos que la conduzcan para adelante y no para atrás.

Cuando luego de más de 3 años de cárcel te dieron arresto domiciliario, muchos decían: A este hombre ya lo compraron, canjeó su semi-libertad por la desmovilización del pueblo en la calle… Sólo gente que no te conoce podía pensar esto.

Y ahora te encarcelaron otra vez, llegaron a medianoche como suelen hacer los esbirros de dictaduras militares, para sacarte de tu casa, de tu familia. Igual pasó a Antonio Ledezma, que es otro que no se ha callado. Sabiendo el costo que esto iba a tener, ustedes EDH logaprovecharon su arresto domiciliario, no para desmovilizar la resistencia, sino para darles ánimo a los miles y miles de estudiantes, amas de casa y gente de los cerros que ya pasaron más de 100 días enfrentándose en las calles a la maquinaria represiva de Maduro. La verdad es que a Maduro no le quedaba otra opción: vos sos demasiado peligroso para no tenerte en la cárcel. Te sacó para bajar la presión que ya no aguantaba, en la calle y en el teatro internacional – pero la presión no bajó. Continúa la lucha de la gente en la calle –y la presión de los gobiernos democráticos del mundo, porque su objetivo y motivación no es liberar a Leopoldo o Antonio, sino liberar Venezuela.

Está jodido Maduro: Sos demasiado peligroso para él fuera de la cárcel, pero aun más peligroso encarcelado. El poder de los líderes opositores crece en la cárcel. Igual Maduro que no se atrevió a suspender su Constituyente, aunque está dividiendo sus propias filas chavistas, porque hubiera sido un triunfo para la oposición y de la calle – pero realizar su proyecto de imponer una constitución cubana también lo está acercando aun más al abismo. Maduro no tiene opciones. Vos sí: Sólo tenés que sobrevivir la cárcel, y tu hora llegará, tarde o temprano. Creo que temprano.

Resistí, Leopoldo. Aunque te vuelvan a someter al más hermético aislamiento, nunca estarás solo.

Un abrazo, tu amigo

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Venezuela, una nación secuestrada. De Alberto Ruiz-Gallardón

JAVIER OLIVARES

En la madrugada de ayer, después de saltar las alarmas al saber que agentes del Sebin -la Stasi bolivariana- habían irrumpido violentamente en los domicilios de Leopoldo López y de Antonio Ledezma para ingresarlos en la prisión militar de Ramo Verde, llamé a los padres de Leopoldo. Él, en Madrid; ella, en Caracas. Ambos destrozados y, a la vez fuertes, valientes, determinados a seguir hasta el final con la lucha por la liberación de su hijo, de todos los presos políticos venezolanos y de su país. Y, una vez más, los dos me dijeron lo mismo: ¡Denúncialo! Que el mundo sepa el horror que la dictadura de Maduro ha impuesto en Venezuela.

Estas líneas son eso, un grito angustiado por la liberación -además de Leopoldo, Antonio y de todos los presos políticos- de una nación secuestrada por una dictadura terrible que reúne dos características insólitas. La primera, la tibieza de buena parte de la comunidad internacional, a la que parece incomodarle llamar a las cosas por su nombre, enfrentarse a la dictadura chavista con la misma contundencia con que lo hicieron antaño con las dictaduras de derechas que hubo en Hispanoamérica. Les cuesta anteponer la libertad de los venezolanos a los intereses económicos de sus países o de sus empresas.

el mundoY, con inmenso dolor, incluyo en mi queja por la equidistancia entre víctimas y verdugos al Vaticano. La Iglesia católica tiene una autoridad ética y moral en Venezuela como ninguna otra institución. Los obispos venezolanos han identificado desde el principio el dolor de su pueblo y han sido héroes frente al tirano. Pero Roma ha abordado el tema como si de una disputa sobre límites territoriales se tratara. La responsabilidad es mayor cuanta más capacidad de resolución se tiene. Fue del formidable código ético cristiano de quien aprendimos que es tan grave la falta por comisión como por omisión.

La segunda aberración de la dictadura venezolana es que tiene, además de la tibieza internacional, un apoyo explícito en España de un partido con ambición de poder: Podemos. Si algún partido en una democracia europea hubiese apoyado en su momento las dictaduras de Videla en Argentina o de Ceausescu en Rumania estoy convencido de que habría sido inmediata y rotundamente abandonado por sus votantes. No sé si los dirigentes de Podemos son libres para condenar la dictadura venezolana sin que les pongan sobre la mesa sus relaciones pretéritas. Pero sí estoy convencido de que, hasta el español más indignado, hasta aquellos que han creído la falacia de que la democracia parlamentaria es el problema y no la solución, no está dispuesto a permutar nuestra libertad y nuestra prosperidad por la miseria y el tenebrismo que ha impuesto el régimen apoyado por Podemos. Alguien en esa casa debería analizarlo. Si los españoles identifican que el modelo para España de Podemos es Venezuela, el desafecto electoral será dramático para ellos.

Por contra, el discurso del resto de los representantes políticos españoles -exceptuados los radicales- ha sido rotundo. El Partido Popular, el PSOE, Ciudadanos, han sido enérgicos en la denuncia de la deriva dictatorial de Maduro. El presidente Rajoy ha llevado a la Unión Europea la condena de la dictadura y su vergonzoso fraude electoral a través de la convocatoria de una inconstitucional y antidemocrática Asamblea Constituyente. Y se debe dar una condena similar desde Naciones Unidas.

Mención aparte merece el papel jugado por los presidentes González y Aznar. Cuando se cumplieron tres años del encarcelamiento de Leopoldo López, sus abogados les pedimos a ambos que comparecieran juntos para pedir su libertad. Lo hicieron con un profundo compromiso democrático. Por encima de todas las diferencias políticas lanzaron un mensaje único. Libertad para Venezuela. La vieja política hace emerger valores democráticos que deben ser modelo para las nuevas generaciones.

Ayer fue emocionante escuchar la conversación de Felipe González con la hija de Antonio Ledezma en Antena 3. Ella llorando. Él -identificando a todos los demócratas de España y de América- trasladando fuerza, enorme afecto y confianza en la victoria de la libertad.

Del presidente Zapatero quiero decir algo, mirando hacia delante y no hacia atrás. Por el papel que ha jugado es, en este momento, la persona cuya intervención, rotunda y definitiva, en favor de la libertad de Leopoldo, de Antonio, y de todos los presos políticos, más puede ayudar a desenmascarar la mentira de la dictadura. No es una deshonra haber sido engañado. Al contrario. Fue su confianza, que otros no tuvimos, en la disposición del régimen a una solución dialogada la que le permite ahora -y quizá le obligue- a denunciar la profunda corrupción moral de los dictadores venezolanos.

Desde un análisis jurídico, lo que el régimen bolivariano ha intentado es la institucionalización de la dictadura. A día de hoy es formalmente una democracia aunque de facto sea exactamente lo contrario. Desde que la oposición ganó las elecciones, el régimen militar anuló su capacidad legislativa utilizando a un instrumental Poder Judicial corrompido por el chavismo. Las instituciones que han intentado mantener su independencia han sido sistemáticamente atacadas. El fiscal que acusó a Leopoldo López está arrepentido y huido del país. La Fiscal General amenazada y, sin duda, próximamente destituida.

Lo que el régimen pretende ahora es dar cobertura legal a su dictadura mediante el fraude de la llamada Asamblea Constituyente para cuya convocatoria, incumpliendo lo establecido en la Constitución aprobada bajo el mandato de Chávez, no se ha convocado el referéndum previsto en la Carta Magna usurpando así el presidente Maduro la soberanía nacional al pueblo venezolano.

Con el encarcelamiento de Leopoldo López y de Antonio Ledezma no sólo se ha vuelto a privar de libertad a dos ciudadanos por el solo hecho de pensar distinto que el poder dominante, de alzar su voz en contra de un régimen opresor. Con su detención, se les ha secuestrado a ellos y con ellos a toda una nación. A la República hermana de Venezuela.

La reacción internacional debe ser rotunda y sin vacilaciones. No basta con condenar unas detenciones arbitrarias e ilegales. Es la dictadura quien debe ser excluida del espacio de las naciones libres y democráticas. Y con sanciones a sus dirigentes, no a los ciudadanos que antes que responsables son víctimas de los ocupantes del poder.

No. No puede ser esto una noticia que mañana o pasado mañana quede escorada por la siempre vertiginosa actualidad. Ya no hay excusas. No es sólo por solidaridad. Es por nuestra propia dignidad. Quien mañana calle -sea Gobierno, partido político o ciudadano- será cómplice no sólo de lo que les pasa a los venezolanos hoy; también de lo que nos ocurra a los demócratas en el futuro.

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los otros… guardé silencio, porque yo no lo era. Cuando finalmente vinieron a por mí, no había nadie al que le importara ni que quisiera hacer nada por mí”.

 

Edipo el tuerto. De Ernesto Pérez Zúñiga

La izquierda ciega tendría que arrancarse los ojos para ver de nuevo.

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 El líder opositor venezolano Leopoldo López muestra una bandera de Venezuela en su casa en Caracas. JUAN BARRETO / AFP

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Ernesto Pérez Zúñiga. Poeta y narrador español.

Ernesto Pérez Zúñiga, 10 julio 2017 / EL PAIS

La salutación de Alberto Garzón, en Twitter, al preso político venezolano Leopoldo López, calificándolo como “golpista”, después de que este haya recibido la rebaja de su condena en la cárcel, sustituida por un arresto domiciliario, hace pensar de nuevo en la impactante ceguera de una parte de la izquierda española, que sigue sin condenar los gobiernos totalitarios que le son afines ideológicamente, como ya hiciera con los de Stalin y Castro.

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Tras la cascada de respuestas asombradas, también en Twitter, la siguiente afirmación del líder Alberto Garzón es más sorprendente todavía: “No me gusta lo moral como el paiscriterio”. Estas palabras recuerdan, por opuestas, las que Max Aub escribió cuando logró regresar unos meses, al final de su vida, a la España de Franco, desde su exilio mexicano: “Para mí un intelectual es una persona para quien los problemas políticos son problemas morales”.

Habría que invitar a Alberto Garzón, si no a convertirse en un intelectual, al menos a reflexionar sobre las palabras de este escritor español que sí se vio obligado a luchar contra el fascismo y que padeció sus consecuencias como preso político y recibiendo el regalo del exilio. También habría que recordar a Garzón y a otros partidarios de la izquierda ciega que fue justamente la necesidad ética de otra realidad social la que propició la creación de los partidos políticos de inspiración marxista.

Habría que recordar a Garzón que fue la necesidad ética de otra realidad social la que propició la creación de los partidos políticos de inspiración marxista

Ahora no parecen percatarse de que la libertad y la justicia siguen siendo más importantes que los pesebres ideológicos, ni vislumbran que lo que ocurre hoy en Venezuela es la represión sistemática, por parte del Gobierno, a ciudadanos desesperados ante una situación insostenible en los servicios básicos, cuyo mantenimiento justificaría la existencia, precisamente, de ese y cualquier gobierno. La llamada oposición venezolana (en la que, por cierto, hay agrupaciones de izquierda) sintetiza, para los ciegos, el rostro que pertenece, en realidad, a miles de personas de todas las edades, no afiliadas a ningún partido, desde niños hasta ancianos, que salen cada día a las calles del país para protestar y defenderse de los abusos del Estado, un Estado que se ha parapetado en una máquina que asesina, amedrenta y encarcela, con el apoyo incontrolable de fuerzas paramilitares.

Por fortuna, las denuncias de organizaciones internacionales, la condena de múltiples periodistas y políticos en el mundo (por supuesto, también de izquierdas) están desenmascarando al Gargantúa venezolano, que, disfrazado de benefactor del pueblo, se articula en múltiples intereses económicos, incluidos, al parecer, los más oscuros.

Se trata, una vez más, del poder contra la gente. Al totalitarismo no le importa la máscara que debe ponerse para devorar la sociedad de la que se alimenta. Pero esa izquierda ciega no lo ve. Por ahora. La izquierda ciega tendría que arrancarse los ojos para ver de nuevo, como hizo Edipo cuando descubrió la injusticia de sus actos contra su propia madre. Se arranca solo el ojo derecho. Sin él, llora las otras barbaries. El de la izquierda sigue viendo lo que quiere ver.

Leopoldo López está en casa pero la tiranía continúa. De José Miguel Vivanco

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Leopoldo López saluda a sus seguidores luego de ser trasladado desde una prisión militar cerca de Caracas a su casa, donde permanecerá bajo arresto domiciliario por motivos de salud, según informó el Tribunal Supremo de Justicia. Credit Federico Parra/Agence France-Presse — Getty Images

JOSE MIGUEL VIVANCO

José Miguel Vivanco es director para las Américas de Human Rights Watch.

José Miguel Vivanco, 9 julio 2017 / THE NEW YORK TIMES

WASHINGTON – El 8 de julio, el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro trasladó a su preso político más prominente, Leopoldo López, hasta su casa a las 4:00 de la madrugada. El Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Maduro, explicó, en un párrafo, que le concedía arresto domiciliario a López como “medida humanitaria” debido a su “situación de salud”. También mencionó “irregularidades sobre la distribución del expediente a un Tribunal de Ejecución”.

NEW YORK TIMESSin dudas, la excarcelación de López es una muy buena noticia para su familia. Su esposa, Lilian Tintori, así como sus hijos, padres y hermanas, han sufrido por más de tres años al ver que López era procesado por motivos políticos y condenado a casi 14 años de cárcel, todo con base en cargos falsos y evidencia fabricada, según me dijo el propio fiscal del caso. Durante su detención en la cárcel militar de Ramo Verde, López fue sometido a largos períodos de aislamiento y sus familiares han padecido muchísimas humillaciones y abusos. En los últimos 90 días, a López le negaron cualquier contacto con sus abogados.

La excarcelación también representa un gran triunfo para los miles de manifestantes que han salido a las calles a diario desde fines de marzo para expresar su rechazo frente a las tácticas antidemocráticas del gobierno, y para el número creciente de líderes latinoamericanos que piden la liberación de los presos políticos y el cese inmediato de la represión.

Dado que López es el preso político más conocido de Venezuela, es altamente probable que el gobierno quiera vender su “liberación” como prueba de que la situación del país está mejorando, que las críticas internacionales son injustificadas y que los reclamos de los manifestantes son ilegítimos.

Esa pretensión no podría estar más alejada de la realidad.

López está en su casa, pero no está libre. Está sujeto a arresto domiciliario. En la misma situación se encuentra el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, que cumple arresto domiciliario desde hace más de dos años. A otro alcalde, Daniel Ceballos, que también fue encarcelado por motivos políticos, se le concedió arresto domiciliario por un año, pero luego lo pusieron nuevamente detrás de las rejas. Otros líderes políticos, como el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, han sido inhabilitados arbitrariamente para postularse a cargos públicos por varios años.

El 5 de julio, día de la independencia en Venezuela, hubo un choque entre parlamentarios y grupos paramilitares partidarios del gobierno de Maduro, que buscaban invadir la Asamblea Nacional. Credit Fernando Llano/Associated Press

En Venezuela, hay más de 400 presos políticos, según datos del Foro Penal Venezolano, organización sin fines de lucro que representa legalmente a detenidos. Más de 350 civiles han sido juzgados en tribunales militares, una práctica propia de las dictaduras latinoamericanas de la década de 1970 que viola flagrantemente el derecho venezolano y el internacional. Muchas de estas personas están alojadas en prisiones militares, cárceles de máxima seguridad o sedes de los servicios de inteligencia en condiciones de reclusión crueles y degradantes.

A su vez, las fuerzas de seguridad, en complicidad con grupos armados partidarios del gobierno conocidos como “colectivos”, siguen reprimiendo brutalmente las manifestaciones contra el gobierno. Desde inicios de abril, más de 90 personas han sido asesinadas, más de 1.500 resultaron heridas y más de 3.000 han sido detenidas con motivo de las manifestaciones. Los altos mandos venezolanos deben responder por las violaciones de derechos humanos generalizadas y graves cometidas por sus subordinados, incluidos casos de torturas.

El presidente Nicolás Maduro saluda a simpatizantes chavistas durante una manifestación con empleados de Petróleos de Venezuela, el 8 de julio de 2017 Credit Reuters

A fines de junio, el presidente Maduro declaró que su gobierno jamás se rendiría ante sus opositores y que una futura derrota política terminaría en violencia. “Lo que no se pudo con los votos”, advirtió, “lo haríamos con las armas”.

Hace apenas unos días, el gobierno venezolano permitió que hampones armados irrumpieran en la Asamblea Nacional y golpearan a legisladores de oposición a plena luz del día. Esta agresión fue coordinada entre colectivos y miembros de la Guardia Nacional, según surge de grabaciones de audio que se difundieron el 7 de julio.

Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

La crisis actual en Venezuela no es un conflicto entre dos ideologías o grupos políticos. Es una confrontación entre un régimen cívico-militar represivo que viola los derechos fundamentales de su pueblo e ignora descaradamente las garantías democráticas más elementales, y millones de venezolanos que se oponen a esta tiranía, incluidos muchos que antes apoyaban al gobierno.

La excarcelación de López es una señal de enorme debilidad de un régimen cada vez más aislado por la presión en las calles e internacional. Incluso la Fiscala General Luisa Ortega Díaz, quien antes apañaba al gobierno, ha criticado abiertamente a Maduro y la represión. Otro signo de la descomposición es que Ortega, justamente por sus críticas, hoy enfrenta un inminente proceso de destitución.

El arresto domiciliario de López es una notable concesión del gobierno venezolano. Pero es, muy probablemente, un repliegue táctico hecho con la intención de apaciguar las críticas y bajar la presión interna e internacional. Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

Es hora de que México, Brasil, Argentina, Canadá y Estados Unidos exijan que el gobierno de Maduro autorice la visita de una misión de países representativos de la región, acompañada de miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para evaluar la situación in situ. Esta iniciativa podría darse dentro del marco de la OEA o fuera de ella si no se cuentan con los votos suficientes para autorizarla. La misión debería, específicamente, solicitar reunirse con todos los actores relevantes, incluyendo a los presos políticos, y notificarle al gobierno que las violaciones de derechos humanos no quedarán impunes. Un mensaje claro de estos países advirtiendo que los responsables de abusos deberán rendir cuentas por sus actos podría disuadir a policías y militares de que continúe la espiral de violencia, o que incluso se incremente.

“Un innegable triunfo del pueblo venezolano”: Sobre el regreso a su casa de Leopoldo López

El sábado 8 de julio, el dirigente opositor Leopoldo López arribó a su casa luego de que el Tribunal Supremo de Justicia le otorgara una medida cautelar de arresto domicialiario. La Mesa de la Unidad Democrática emitió un comunicado en el que celebran la medida y sostienen que fue “producto de la combinada presión nacional e internacional”. Asimismo, convocan a una “concentración masiva” para el domingo 9 de julio “por los 100 días de lucha y resistencia del Bravo pueblo venezolano”. A continuación reproducimos el comunicado.

8 julio 2017 / PRODAVINCI

Uno de los líderes fundamentales de la Unidad Democrática, nuestro hermano Leopoldo López, recibió el día de hoy una medida sustitutiva de libertad, y colocado en la condición de arresto domiciliario.

Leopoldo, quién nunca cometió delito alguno y estuvo injustamente encarcelado en una prisión militar por más de tres años, donde sufrió tratos crueles, inhumanos y degradantes, puede hoy al menos, sin recobrar su libertad plena, reencontrarse con su familia.

Para la Unidad Democrática, más que una concesión del régimen, la medida adoptada es el resultado de la insistente presión de calle que han ejercido los venezolanos desde hace ya 100 días, y de la solidaridad internacional para con nuestra lucha. En este sentido, y aunque parcial e incompleta, esto constituye un innegable triunfo del pueblo venezolano.

Este triunfo parcial debe ser para todos un estímulo para no sólo continuar sino intensificar la lucha democrática y pacífica que hemos venido sosteniendo, y que tendrá una nueva dimensión a partir del próximo domingo 16, en lo que va a ser el histórico Proceso Nacional de Decisión Soberana.

Este triunfo también es un impulso para continuar la batalla por la liberación de miles de venezolanos que permanecen detenidos por el único delito de pensar distinto. Por ellos y para ellos, nuestra lucha no se detiene, se refuerza.

Finalmente, esperamos que esta medida adoptada por el gobierno hacia Leopoldo, producto de la combinada presión nacional e internacional, pueda ser el inicio de un proceso de rectificación que conduzca a lo que toda Venezuela quiere, que es la búsqueda urgente y pacífica de un camino para la construccion de una solución politica a la tragedia que todos vivimos.

Su primer mensaje al llegar a la casa:
“Esto es un paso hacia la libertad. No tengo resentimiento alguno y tampoco voluntad alguna para claudicar en mi lucha. Mantengo firme mi oposición hacia el régimen y firme mi condición de luchar por una verdadera paz, cambio y libertad. (…) Si mantener mi convicción de lucha por la libertad significa correr el riesgo de volver a una celda en Ramo Verde, estoy más que dispuesto a asumirlo.
Hoy estoy preso en mi casa, pero también está así el pueblo de Venezuela. Lo que me mantuvo firme en los días más duros era saber que por más sufrimiento por el que yo pasaba, no era nada comparado con el de nuestro pueblo. Por lo tanto, hermanos y hermanas, les reitero mi compromiso de luchar hasta conquistar la libertad”.

 

En esa necesaria construccion, queremos agradecer a personalidades y países amigos de la comunidad internacional, quienes han mostrado reiteradamente su preocupación y solidaridad para con nuestro país, y les pedimos ser vigilantes y participantes activos de los acontecimientos por venir.

Desde la Unidad Democrática envíamos nuestro abrazo de solidaridad y afecto a Leopoldo, a Lilian, a sus hijos, su familia, y a nuestros hermanos de Voluntad Popular.

Y al pueblo venezolano, nuestro mensaje de perseverancia y resistencia. Estamos comprometidos, hasta con nuestras vidas, en la tarea historica, difícil pero hermosa, de rescatar nuestro país para comenzar a construir, entre todos, una Venezuela de futuro, con paz, libertad, justicia y bienestar para todos.

Aprovechamos para invitar a todos mañana domingo 9 a la concentración masiva en la Av. Francisco de Miranda en la ciudad de Caracas, así como en las capitales de estados de todo el país, por los 100 días de lucha y resistencia del Bravo pueblo venezolano.

Mesa de la Unidad Democrática 

8/7/2017 2:31pm

No hay mal que dure cien años. Ni cuerpo que lo resista. De Mario González

Mario González, editor subjefe de EDH

Mario González, 18 marzo 2017 / EDH

Es inconcebible cómo el régimen venezolano viola descaradamente los derechos humanos al mantener encarcelado a su principal líder opositor, Leopoldo López, y se niega a liberar al general Baduel pese a que ya cumplió siete años en la prisión.

El general Baduel, compadre de Hugo Chávez, encabezó la operación cívico-militar que restituyó en el poder a Chávez durante el Golpe de Estado de 2002. Mal le paga…

Sin embargo, es más inaudito el silencio cómplice de la llamada “comunidad internacional”, que no reacciona con la misma intensidad y vehemencia que procedió, por ejemplo, contra Pinochet hasta que falleció.

Tanto el caso de Leopoldo López como el del general Baduel y otros líderes de la oposición venezolana muestran a un régimen represivo que encarcela a personas solo porque el dictador de turno no puede soportar que protesten contra él y lo más fácil es callarlos.

En esto volvemos a la pregunta: ¿Por qué la corrupción, la persecución y la cárcel contra opositores eran condenables cuando eran obra de los militares de derecha, pero son puras y sacrosantas si las dirigen regímenes populistas de ultraizquierda?

Con el argumento de que no se permitía la libre expresión ni la disidencia ni la oposición política, países como El Salvador, Nicaragua y Guatemala fueron escenarios de cruentas y prolongadas guerras. ¿No es lo mismo que hace ahora el chavismo?

Por eso es decepcionante y repulsivo que funcionarios y autoridades salvadoreños le den su respaldo, cuando saben bien que es el régimen de Maduro es el causante de la debacle económica de su país, de la falta de libertades y de que la gente no tenga más remedio que buscar comida entre la basura.

Yo quisiera ver a los países democráticos levantando su voz como lo hicieron contra Somoza en Nicaragua, Ríos Montt en Guatemala, García Meza en Bolivia o Videla y Galtieri en Argentina, pero todos vuelven la vista a otro lado, en lugar de exigir cambios y respeto a los derechos humanos.

El chavismo es tan pernicioso y repulsivo como lo fueron tales regímenes y como repetidamente se denunció que actuaron los gobiernos militares en El Salvador.

Bajo el manto de populismo en que se arropan estas dictaduras se esconden la corrupción y una nueva forma de regimentación y esclavismo que se asientan precisamente en la inacción y la indiferencia no solo de los demás países, sino también de los mismos pueblos.

Es así como países enteros se han convertido en cárceles, como ocurrió con la Europa del Este, que más temprano que tarde vio la caída de tales despotismos con el Muro de la Ignominia.

Una vieja canción de protesta de Los Guaraguao decía que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”. Yo así lo espero para bien de Venezuela.