Alberto Garzón

Edipo el tuerto. De Ernesto Pérez Zúñiga

La izquierda ciega tendría que arrancarse los ojos para ver de nuevo.

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 El líder opositor venezolano Leopoldo López muestra una bandera de Venezuela en su casa en Caracas. JUAN BARRETO / AFP

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Ernesto Pérez Zúñiga. Poeta y narrador español.

Ernesto Pérez Zúñiga, 10 julio 2017 / EL PAIS

La salutación de Alberto Garzón, en Twitter, al preso político venezolano Leopoldo López, calificándolo como “golpista”, después de que este haya recibido la rebaja de su condena en la cárcel, sustituida por un arresto domiciliario, hace pensar de nuevo en la impactante ceguera de una parte de la izquierda española, que sigue sin condenar los gobiernos totalitarios que le son afines ideológicamente, como ya hiciera con los de Stalin y Castro.

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Tras la cascada de respuestas asombradas, también en Twitter, la siguiente afirmación del líder Alberto Garzón es más sorprendente todavía: “No me gusta lo moral como el paiscriterio”. Estas palabras recuerdan, por opuestas, las que Max Aub escribió cuando logró regresar unos meses, al final de su vida, a la España de Franco, desde su exilio mexicano: “Para mí un intelectual es una persona para quien los problemas políticos son problemas morales”.

Habría que invitar a Alberto Garzón, si no a convertirse en un intelectual, al menos a reflexionar sobre las palabras de este escritor español que sí se vio obligado a luchar contra el fascismo y que padeció sus consecuencias como preso político y recibiendo el regalo del exilio. También habría que recordar a Garzón y a otros partidarios de la izquierda ciega que fue justamente la necesidad ética de otra realidad social la que propició la creación de los partidos políticos de inspiración marxista.

Habría que recordar a Garzón que fue la necesidad ética de otra realidad social la que propició la creación de los partidos políticos de inspiración marxista

Ahora no parecen percatarse de que la libertad y la justicia siguen siendo más importantes que los pesebres ideológicos, ni vislumbran que lo que ocurre hoy en Venezuela es la represión sistemática, por parte del Gobierno, a ciudadanos desesperados ante una situación insostenible en los servicios básicos, cuyo mantenimiento justificaría la existencia, precisamente, de ese y cualquier gobierno. La llamada oposición venezolana (en la que, por cierto, hay agrupaciones de izquierda) sintetiza, para los ciegos, el rostro que pertenece, en realidad, a miles de personas de todas las edades, no afiliadas a ningún partido, desde niños hasta ancianos, que salen cada día a las calles del país para protestar y defenderse de los abusos del Estado, un Estado que se ha parapetado en una máquina que asesina, amedrenta y encarcela, con el apoyo incontrolable de fuerzas paramilitares.

Por fortuna, las denuncias de organizaciones internacionales, la condena de múltiples periodistas y políticos en el mundo (por supuesto, también de izquierdas) están desenmascarando al Gargantúa venezolano, que, disfrazado de benefactor del pueblo, se articula en múltiples intereses económicos, incluidos, al parecer, los más oscuros.

Se trata, una vez más, del poder contra la gente. Al totalitarismo no le importa la máscara que debe ponerse para devorar la sociedad de la que se alimenta. Pero esa izquierda ciega no lo ve. Por ahora. La izquierda ciega tendría que arrancarse los ojos para ver de nuevo, como hizo Edipo cuando descubrió la injusticia de sus actos contra su propia madre. Se arranca solo el ojo derecho. Sin él, llora las otras barbaries. El de la izquierda sigue viendo lo que quiere ver.

España: Las promesas electorales en una servilleta. El Mundo

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13 diciembre 2015 / EL MUNDO

el mundoPAPEL (revista de El Mundo) ha conseguido que los cinco candidatos de las cinco principales fuerzas políticas intenten convencer a los votantes por medio de una servilleta. ¿Lo conseguirán?

 

Mariano Rajoy. 26 de noviembre, 16.30h. Restaurante Las Musas, Campo de Criptana. SERGIO ENRÍQUEZ-NISTAL

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Fue en un molinar trendy. No es un arranque muy cervantino, pero allí, en el corazón del Quijote, en Campo de Criptana, eligió Mariano Rajoy posar para la portada de PAPEL. Una mañana de sol reventón en la terraza del restaurante Las Musas. Tiró de azul para el cielo, el ornado de la servilleta, el rotulador, la corbata y los cuadros de la chaqueta. Ya, yo también me pregunto si de verdad estaba todo tan pensado o hubo algo de azar cromático. Sólo lo sabe Moragas. El mensaje, escueto, como el presidente. En positivo, como la campaña. Confiado, como el PP post aznarista. Uno se esperaba mantel de cuadros y dominó. Será el aperturismo del final de legislatura, pero Las Musas se presenta como un restaurante manchego de fusión. De hecho, ofrecen dos menús, «el tradicional» y «el de la imaginación», como los dos rieles por los que transita este PP. El primero, el de siempre, el del muro encalado y las aspas que dan calma. El segundo, el examen de lo nuevo. La derecha sigue tirando de puchero pero también quiere su hueco en la nouvelle cuisine de la política. Y lo pide entre dos exclamaciones. Como todo comentario de sobremesa.

 

Pedro Sánchez. 20 de noviembre, 17.30h. Bar de tapas Raff, Málaga. JESÚS DOMÍNGUEZ

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¿Por qué Pedro Sánchez no firmó su servilleta? Más allá de la señal de tráfico y su giro obligado a la izquierda; incluso saltándonos que sea el único que no ha escrito con sujeto, verbo y predicado, he ahí el enigma. El líder de centroizquierda tenía tan preparada la respuesta como la servilleta: «Porque el Partido Socialista no es un partido-persona. Aquí firma el PSOE». Y sobre mesa de madera, que se noten los 136 años de siglas. La política se resume en el galimatías de encontrar la diferencia para representar a la mayoría. Sánchez, con su aire de consenso y su raya al lado, se desmarca con un diagrama. Más derechos, más justicia y más limpieza. Por justicia, precisamente, no podíamos saltarnos el guión fotográfico de este reportaje. Si hubiésemos abierto plano, habrían contemplado la despedida de soltera que compartía local con Pedro Sánchez. Allí estaban todas, de cañas, a las 17.30, en el bar de tapas Raff, en un barrio popular de Málaga, mientras el candidato se refrescaba antes del mitin. Y sí, cayeron los tropecientos selfies preboda sin soltar la zero. No había diademas. Sí un hashtag: #20D. Por si alguien lo había olvidado.

 

Albert Rivera. 3 de noviembre, 18.45h. Bar Mercado Provenzal, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Llegó, vio y firmó. Albert Rivera no es de perder el tiempo, quiere ser presidente con 36 años y eso exige meterle un poco de prisa a la vida. A grandes zancadas camina por la calle Alberto Alcocer, sin abrigo en un Madrid que ya refresca, hasta que llega al Mercado Provenzal. Un local de ésos que nunca verías en la Provenza: bar de franquicia, precio medio-bajo, buen gusto seriado y siempre lleno de clientes. No conoce de antemano el sitio. No ha pensado el eslogan. Le sale de corrido. El color de la mesa es verde con texturas y su punto naíf, como de hogar de recién casados. Rotulador naranja, servilleta ídem. Todo muy de spot nórdico. Como si la apuesta de Ciudadanos no fuera sólo regenerar la vida política, sino redecorar el salón de cada español. Algo de eso hay en el partido guapo, que no sabemos si es, pero ya parece. De ahí quizás el mensaje de Rivera, que les invita a coger el rotulador y dibujar un país nuevo, a «escribir el futuro». Eso harán ustedes el #20D, como les recuerda en la esquina inferior izquierda. Un hashtag en el que coincide con Pedro Sánchez. Llevamos 130 servilletas por si no salía bien a la primera. Nos volvimos con 129.

 

Pablo Iglesias. 11 de noviembre, 13.45h. Bar El Frontón de Tito, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Quería redactar su servilleta con un rotulador morado, a juego con su partido. Sin embargo, la tinta se empasta en el papel, así que Iglesias -tan pragmático como resolutivo- escoge el rotulador negro: «Lo importante es que se lea». Cambia de tinta igual de rápido que pasó del marxismo antisistema a la socialdemocracia escandinava: lo importante es que le voten. Tampoco busquen un significado oculto en su elección de bar. Sí, es un garito de polígono en el que los obreros que almuerzan temprano le piden selfies. Pero Iglesias no ha venido aquí a que le aclamen: sólo tiene 15 minutos, así que ha optado por un local pegado a su próxima cita… en un medio de la competencia. De nuevo, el pragmatismo. No desvela si trae su mensaje pensado de casa, pero lo parece. Agarra el rotulador y escribe sin titubear, con ese ceño fruncido de un alumno que resuelve una ecuación exponencial. Culmina el mensaje con su nombre, su apellido y un subrayado rotundo. Y se queda algo extrañado cuando le pedimos más explicaciones: «¡Es lo que pienso! Ya hemos cambiado España y sólo nos queda un último empujón para que el cambio llegue a las instituciones».

 

Alberto Garzón. 24 de noviembre, 18:45. Restaurante Debonair, Madrid. ANTONIO HEREDIA

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Anda Alberto Garzón redactando la servilleta con su «letra de monja» -así la describe él- cuando le suena el móvil. «Hola, Soraya», saluda a la vice. Llaman para invitarle a una reunión del pacto antiyihadista en Moncloa, pero él replica que no, que gracias, que IU no saldrá en la foto. «Como otros», añade. Y la pulla a Podemos se queda ahí, flotando en el aire. No será la única. El líder de IU no trae preparado el mensaje ni da más motivo para elegir este local que la cercanía a su casa. Aunque sí, el jardín vertical de musgo -costó 9.000 euros, dice el dueño-queda lucido como decorado. Garzón es, de lejos, el candidato al que le ha salido la servilleta más verbosa: 31 palabras más su firma. Si la pillara un editor con prisas, podría resumirla en cuatro: «Porque somos de fiar». Si también tuviera ganas de incordiar, le añadiría otras tres -«más que Podemos»- que Garzón prefiere no dejar por escrito: «Nosotros no cambiamos de opinión con el tiempo, ni con el vaivén de las encuestas ni nos gustan los viajes al centro como si esto fuera un mercadillo electoral», proclama. Palabras agrias de una izquierda que no se disfraza de otra cosa. Aunque use letra de monja.

 

MI PLAN PARA ESPAÑA (I): Una nueva Constitución, un nuevo país. De Alberto Garzón/Izquierda Unida

El periódico español El País publicó la serie “Mi plan para España”, con una columna de cada uno de los candidatos a presidente de gobierno en las elecciones del 20 de diciembre 2015. Reproducimos los 5 artículos porque nos parecen de gran importancia también para el debate político en nuestro país.

Segunda Vuelta

Una nueva Constitución, un nuevo país.
De Alberto Garzón/Izquierda Unida

La crisis es una oportunidad para repensar la política y abrir una etapa con derechos sociales blindados, un sistema de renta básica y una economía que reparta el trabajo.

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Alberto Garzón, 8 diciembre 2015 / EL PAIS

Hace algo más de cuatro años ocupamos las plazas para exigir un cambio total en el sistema. Recogimos e hicimos nuestras las luchas históricas del movimiento obrero y de los movimientos sociales a favor de los derechos sociales y democráticos, siempre pensando en la necesidad de construir un futuro común con justicia social. Gritamos que no queríamos ser mercancía en manos de políticos y banqueros, y exigimos abrir una nueva etapa democrática en nuestro país.

Constatamos entonces, como también ahora, que nuestra Constitución de 1978 está agotada. Es más, ha sido tan incumplida por nuestros Gobiernos como superada por los poderes salvajes y antidemocráticos que realmente gobiernan nuestro país. En las últimas décadas los gobernantes han vaciado nuestras garantías constitucionales para satisfacer las necesidades de un capitalismo en crisis cuya lógica promueve la mercantilización de todas las esferas de la vida y el incremento de la explotación laboral hasta niveles de puro esclavismo. Contratos por días u horas y acuerdos verbales basados en la simple expectativa de poder convertirse en contratos en el futuro, esa es la realidad para millones de personas hoy en España.

Esta crisis no cayó del cielo como una maldición bíblica, tiene culpables: los que hincharon la burbuja sabiendo que estallaría, los que se hicieron ricos vendiendo preferentes, los corruptos y los corruptores, los cobardes que piden austeridad mientras se llenan los bolsillos y se llevan su dinero a paraísos fiscales. Para ellos la salida de la crisis es más de lo mismo, que España compita por bajos salarios, a costa de los que cada día se levantan para trabajar o para buscar trabajo. Ese es el proyecto de país que la austeridad trae consigo: bajos salarios, mucho desempleo y economía informal, servicios públicos mal dotados y sin proyecto de futuro para la mayoría social. En definitiva, un modelo de crecimiento económico compatible con la precariedad y miseria microeconómica.

Propongo que aprovechemos esta crisis como una oportunidad para repensar el país que queremos y, entre todos y todas, construyamos un nuevo país. De lo contrario, estamos convencidos de que habrá cambio, pero a peor. Sin izquierda y sin participación democrática cualquier cambio en España sólo servirá para apuntalar este sistema desigual e injusto.

Esta crisis no cayó del cielo
como una maldición bíblica, tiene culpables

En primer lugar, necesitamos invertir la relación actual entre economía y política. Necesitamos una economía que esté al servicio de las personas y no al revés. No hay condiciones democráticas cuando el poder privado manda entre bambalinas y cuando tiene capacidad de gobernar sobre la Administración pública. La democratización de la economía es condición necesaria para que la democracia institucional no sea un mero teatro de sombras. Por eso proponemos una Banca Pública y la nacionalización de las empresas privatizadas en los sectores estratégicos. Nos parece ello tan importante como esclavizar a las finanzas y subordinarlas a la economía productiva, para lo que también es urgente un sistema fiscal progresivo que, entre otras cosas, incluya que las rentas del capital y las del trabajo tributen de la misma manera.

En segundo lugar, seguimos creyendo en el pleno empleo como objetivo realizable por un Estado. En un momento histórico de dominio del neoliberalismo, y de asunción de sus planteamientos ideológicos por gran parte de la izquierda, nosotros reivindicamos una economía que reparta el trabajo. Nuestra modesta propuesta de trabajo garantizado serviría para crear un millón de puestos de trabajo en un año, mientras que permitiría entender mejor el papel que el Estado ha de tener como empleador de último recurso. Eso sí, defendemos un país en el que se trabaje con derechos, derogando las reformas laborales y recuperando la negociación colectiva.

Urge un sistema fiscal progresivo en el que las rentas del capital
y las salariales tributen igual 

En tercer lugar, los derechos sociales conquistados han de preservarse y blindarse constitucionalmente. Por eso defendemos un país con una educación pública, gratuita, laica y de calidad, que suprima progresivamente los conciertos y aumente la inversión hasta el 7% del PIB. Asimismo, queremos que la salud sea un derecho y no una mercancía, para lo cual acabaremos con la privatización y recuperaremos la Sanidad Pública destinando el 6,7% del PIB. Proponemos también un plan de emergencia social, un sistema de renta básica, un parque público de viviendas en alquiler barato, la paralización de los desahucios y garantizar por ley los suministros de agua, energía, transporte y vivienda básicos y gratuitos a personas con dificultades económicas.

En cuarto lugar, queremos un país en el que haya igualdad entre hombres y mujeres, con democracia paritaria, sin brecha salarial. Queremos erradicar la violencia de género en todas sus manifestaciones y defendemos el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Un país que crea en la igualdad y que defienda que ningún ser humano es ilegal y que toda persona que viva en nuestro territorio tiene que tener los mismos derechos y obligaciones, que luche contra cualquier forma de discriminación. Un país que defienda la cooperación entre pueblos como el mejor camino para trabajar por la paz, por eso rechazamos la OTAN, no queremos bases extranjeras y sí reducir gastos militares. Un país que no firme el TTIP porque es contrario a los intereses de las clases populares de toda Europa.

Nuestra propuesta de empleo garantizado
podría crear un millón de puestos en un año

En quinto lugar, queremos recuperar la política como instrumento y no como espectáculo. No nos interesa conocer los gustos privados de los políticos, así como sus habilidades cantando o bailando, sino que queremos deliberar sobre proyectos políticos. Para ello apostamos por instituciones democráticas que preserven la pluralidad y hagan prevalecer los valores de la Ilustración por encima de la lógica impulsiva y espectacular de la moda aplicada ahora también en política.

En resumen, nuestro plan es un nuevo país que devuelva al pueblo la capacidad de gobernarse a sí mismo. Para hacerlo proponemos un proceso constituyente que de forma participativa elabore una nueva Constitución que evite el saqueo y la explotación. Con un sistema electoral proporcional, con Iniciativas Legislativas Populares que puedan crear o derogar normas, con instrumentos revocatorios y la dignificación de la memoria democrática. Un país federal pensado por y para las clases populares. Y, por supuesto, una República.

Casi 40 años después de la Constitución del 78, es momento de abrir una nueva etapa. Se trata de nuestras vidas y de cómo queremos vivirlas. El 20-D tenemos una oportunidad de empezar este camino. Os propongo que lo hagamos juntos.

Alberto Garzón es el cabeza de lista de Izquierda Unida / Unidad Popular en las elecciones del 20-D.

LOS CINCO CANDIDATOS:

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Una nueva Constitución, un nuevo país

La crisis es una oportunidad para repensar la política y abrir una etapa con derechos sociales blindados, un sistema de renta básica y una economía que reparta el trabajo. Por ALBERTO GARZÓN (IU).

 

 

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Un nuevo compromiso histórico

En este momento crucial de la nueva Transición, Podemos y otras fuerzas deben concretar constitucionalmente con sus adversarios los términos de un gran acuerdo. Por PABLO IGLESIAS (Podemos)

 

 

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Nuestro proyecto es España

Hemos superado juntos momentos muy difíciles. Tenemos un nuevo reto ante nosotros: volver a levantarnos y competir de nuevo con las mejores naciones. Por ALBERT RIVERA (Ciudadanos)

 

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La España que queremos

Tenemos que renovar el pacto constitucional. La mejor enseñanza que nos dejaron las generaciones anteriores es que solo entre todos podremos construir este país. Por PEDRO SÁNCHEZ (PSOE)

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Veinte millones de razones

Esta cita con las urnas tiene una trascendencia particular. Nos jugamos consolidar o abandonar la línea ascendente que hemos seguido desde 2011. Por MARIANO RAJOY (PP)