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Salvadoreños, ¿atrapados sin salida? De Alberto Arene

El Salvador ya topó, y se aproxima a tocar fondo, por ausencia de un grupo con la visión y características para liderarlo al futuro.

alberto-arene2Alberto Arene, 17 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

A veces pareciera que pretendemos vivir en la normalidad o más bien que nos hacemos los locos para poder sobrevivir y no volvernos locos… El Salvador lidera las tasas de homicidios en el mundo, el menor crecimiento y mayor endeudamiento de Latinoamérica y el mayor deterioro y vulnerabilidad ambiental, y –como si lo anterior no fuera suficiente– ya comenzó a revertirse nuestra válvula histórica de escape, las migraciones que llevaron al éxodo a un tercio de nuestra población, regresando miles de compatriotas de Estados Unidos, lo que reducirá progresivamente la remesas familiares que en el último cuarto de siglo nos dieron de vivir. El Salvador ya topó, y se aproxima a tocar fondo, por ausencia de un grupo con la visión y características para liderarlo al futuro.

LPGPero estas calamidades por grandes que sean no son las que nos tienen atrapados sin salida, sino la ausencia de un liderazgo y proyecto a la altura de los desafíos que enfrentamos. Solo veamos las características, intereses y talantes de buena parte de quienes nos gobiernan frente a las dimensiones de la tragedia que confrontamos.

Para los más estudiosos de la realidad salvadoreña a nivel nacional e internacional, El Salvador enfrenta una crisis de grandes dimensiones, y confronta un enorme desafío de viabilidad y futuro. Pero los salvadoreños pareciéramos tener dosis considerables de desprecio por el conocimiento y la comprensión objetiva, racional de los problemas y sus vías de solución. En la entrevista que sostuvimos el domingo pasado en el programa FOCOS con el historiador e intelectual salvadoreño Roberto Turcios, este afirmó que “en lo económico es donde se pone en evidencia la situación límite, insuperable del modo de producción de la posguerra… porque la crisis fiscal no se puede resolver de la manera acostumbrada con soluciones coyunturales. Se requiere un acuerdo de gran alcance. No podemos pensar en el desarrollo con las tasas de crecimiento que tenemos, no podemos pensar en reducir las desigualdades sin reducir la brecha tecnológica con el mundo. E incluso no podemos seguir con la realidad migratoria que hemos tenido. Desde varios lados se nos aparece una situación límite porque el modo de desarrollo ya no da para más”.

Pareciera que los salvadoreños no nos hacemos las grandes preguntas que se formulan las sociedades en tiempos de crisis históricas. Estamos más acostumbrados a preguntas o a comentarios pequeños y puntuales; a ver los problemas como coyunturales, no obstante que todos los de importancia no pueden solucionarse sin transformaciones estructurales; más acostumbrados a pequeñas respuestas a problemas complejos y al enfoque inmediatista del “coyol quebrado coyol comido”, frente a la necesidad de buscar soluciones duraderas en el tiempo; a la parcialidad del pensamiento frente a la necesidad de ver el todo, su integralidad; al enfoque individualista para enfrentar los problemas frente a la necesidad de actuar concertadamente como grupo o sociedad, con el individualismo de cada quien en su changarrito, en su respectivo grupito, caminando en las aguas envenenadas del conflicto y la desconfianza.

Hasta donde yo logro medio ver y comprender, la ausencia de visión y estrategia compartida y organizada para enfrentar la enormidad de los problemas del presente y la inviabilidad del futuro, y la falta de involucramiento sustantivo de la ciudadanía, explicarían por qué estamos atrapados sin salida.

Me inclino a pensar que la gran pregunta que debemos formularnos es: frente a semejante crisis histórica y ausencia de viabilidad y futuro ¿qué podemos hacer? Aquí algunas de las respuestas más comunes: 1. Esperar que termine este gobierno y tratar de contener sus peores decisiones. 2. Ir a elecciones legislativas y municipales el año próximo y a elecciones presidenciales en 2019 para cambiar la correlación de fuerzas y derrotar estratégicamente al enemigo. 3. Abstenernos de votar, o anular el voto. 4. Echarle la culpa al otro, al FMLN o a ARENA, a los comunistas o a la oligarquía y los yanquis. 5. Que nos salven y anexen los Estados Unidos, o que nos integremos a la Alianza Bolivariana de los Pueblos (ALBA) y al socialismo. 6. No hay nada que hacer. 7. Rezarle a Dios que todo lo puede. ¿Qué otra se le ocurre, amigo lector? El problemón es enorme, pero como respuesta salimos con un churrito… Hasta allí nos da, hasta allí “nos escurre”… Además de confrontar serios problemas de viabilidad, ninguna de estas respuestas y “soluciones” nos sacará del problemón que enfrentamos.

Desgraciadamente este es el estado de evolución de una buena parte de la conducción política del país, pero también de una parte de la ciudadanía. La política ha fracasado. Los partidos políticos y la Asamblea Legislativa son los instrumentos y poderes más atrasados de la institucionalidad democrática y el principal obstáculo para el entendimiento y el desarrollo nacional. La solución no es la antipolítica sino el surgimiento de grandes políticos para el entendimiento, el resurgimiento y el desarrollo de El Salvador. Y sobre todo de estadistas, grandes políticos con visión estratégica comprometidos con los intereses nacionales. Hasta ahora hemos dejado por la libre a los políticos. Ha llegado el momento de ocuparnos de ellos, transformando la política que es demasiado importante para dejársela a los políticos. ¿Cómo? Intentaremos responder en la próxima columna.

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Economía popular. De Carlos Mayora Re

Todos los ciudadanos deberíamos ser capaces de entender que el nivel de endeudamiento está en relación directa con el pésimo manejo de las finanzas públicas.

Carlos Mayora, Columnista de El Diario de Hoy.

Foto digital.Carlos Mayora Re, 29 julio 2017 / El Diario de Hoy

Los que entienden de economía están muy preocupados porque la calificación de la deuda salvadoreña está en su posición más baja nunca obtenida. Porque nuestro crecimiento económico es la mitad de lo que crece la región centroamericana, porque el nivel de endeudamiento del país haya llegado a cotas jamás alcanzadas, porque el interés que paga el gobierno a los ahorrantes del sistema previsional sea una miseria comparado con las tasas que se pagan en fondos similares, etc.

Preocupa a los entendidos. Pero, ¿el galimatías de cifras que manejan los economistas y financieros le dice algo a la gente común y corriente? Pienso que no. Todo parece indicar que las preocupaciones de los ciudadanos van por otros rumbos.

EDH logDesde siempre la economía y sus tecnicismos han sido campo de expertos, entre los que lamentablemente —por lo que vemos todos los días— se encuentran pocos políticos, líderes sociales o funcionarios de alto nivel del gobierno. Al menos, por ahora, ningún político ni experto ha logrado traducir a lenguaje común y corriente la jerga económica, de modo que todos los ciudadanos puedan comprender la gravedad de los indicadores económicos que presenta el país.

Es curioso. En temas que nos afectan a todos, solo un puñado de expertos sabe qué está sucediendo en realidad. Al mismo tiempo que es patética la unívoca manera en que bastantes de los políticos —los que están en el poder y los que forman la oposición— tienen para tratar estos asuntos: echar culpas y prometer quimeras. Como también es muy preocupante que nadie hable de soluciones, ni de proyecciones, ni de mejorar condiciones, etc.

A fin de cuentas, la prueba de que materias tan importantes y con implicaciones tan serias son casi indiferentes para la gente es que la inseguridad, el costo de la vida, en algunas ocasiones temas de empleo y poco más, ocupan recurrentemente los primeros puestos en las encuestas de opinión cuando se pregunta acerca de los problemas del país.

El político que logre aterrizar conceptos claves de economía, que sea capaz de sensibilizar a los electores en temas vitales para el futuro, tendrá muchos puntos a favor para lograr los votos de la gente pensante, que para decir lo que es, son todos los electores.

De lo contrario, el centro de los debates preelectorales será el discurso socio-moralista, con encarnizadas y apasionadas discusiones en temas como el aborto, el estatus de la unión civil entre personas del mismo sexo, la lucha contra la corrupción, etc. Si no es que se quedan en acres recriminaciones y personalizaciones (para no decir simples insultos y berrinches), que llevan a que los electores voten por disciplina partidaria, caras bonitas, ingenios chistosos y poco más.

Todos los ciudadanos deberíamos ser capaces de entender que el nivel de endeudamiento está en relación directa con el pésimo manejo de las finanzas públicas. Comprender que los subsidios terminamos pagándolos (¿o debiéndolos?) todos, que los criterios que el gobierno aplica para sus gastos están en función electoral-populista-clientelista (si no de enriquecimiento privado) y no del mayor bien para el mayor número de ciudadanos, que la pésima calificación de riesgo de nuestra capacidad de crédito es gravísima, etc.

Pero, principalmente, todos deberíamos ser capaces de responder a la sencilla pregunta acerca de qué es mejor para todos: un Estado mastodóntico y proteccionista, como plantea la izquierda, o uno pequeño y austero, eficaz, que permita a todos salir adelante por su trabajo, y no por beneficencia y/o clientelismo.

Ojalá no tengamos que esperar a tener un país con colas, sin empresas, con un gobierno tirano y controlador, para entender “por las malas”, que el modo como se maneja la economía no debería, no debe ser un debate de pocos.

@carlosmayorare

Urge un líder. De Paolo Luers

Paolo Luers, 2 julio 2017 / EDH-Observadores

LOS MESIAS

Lo que menos necesita nuestro país es otro líder iluminado por una visión. Con los mesías hemos navegado de una crisis a otro desastre: Napoleón Duarte, quien en los años ochenta hizo la guerra a los insurgentes, pero al mismo tiempo a la empresa privada, iluminado por su sentido de misión – y quien se terminó vendiendo a Ronald Reagan para mantenerse en el poder; Tony Saca, quien como presidente inventó la derecha social – y quien ahora se encuentra preso, acusado de haberse robado 240 millones de dólares; Mauricio Funes, quien en 2009 sedujo a la clase media a que le llevara al poder, con la promesa de transformar la izquierda – pero luego sus seguidores se dieron cuenta que lo que se entronizó en el poder era la izquierda ortodoxa y que Funes sólo fue un caballo de Troya. Luego se fugó a Nicaragua.

Está más que satisfecha nuestra cuota de políticos que llegan al poder como mesías, predicando unir al país para luego dejarlo más dividido y desilusionado. Terminan defraudando a su clientela junto con los incapaces y corruptos abonando al desencanto en la política. Irónicamente, en este desencanto nacen los siguientes mesías

LOS LÍDERES

Lo que necesitamos es lo contrario: gobernantes que sepan analizar fríamente la realidad; administradores eficientes capaces de optimizar recursos y definir prioridades; líderes que se atrevan a decir a los ciudadanos verdades impopulares en vez de crearles ilusiones, y que prioricen el trabajo en equipo sobre el liderazgo personal.

Así como está el país luego de tres presidencias erráticas de corte populista, nos urge un gobernante que sea más CEO (director ejecutivo) que líder visionario, carismático y mediático.

El país necesita un presidente que dé a la gente la verdad, no ilusiones y certezas ideológicas. En un país tan polarizado como el nuestro, las visiones nunca logran unificar la sociedad, por lo contrario, profundizan sus divisiones.

Necesitamos gobernantes que no se presenten como personificación de cualquiera de las visiones ideológicas del espectro político-partidario, sino como líderes que sepan asegurarse el respaldo de su partido, pero a la vez tengan capacidad y voluntad de trascenderlo y representar el amplio espectro al centro de la sociedad que se siente defraudada por los partidos.

LOS OUTSIDERS

Por tanto parece casi indispensable que los candidatos a la presidencia surjan desde afuera de los partidos. Ambos, ARENA y el FMLN, van a terminar llegando a esta conclusión. Pero ser outsider no es suficiente. Tienen que proyectar con credibilidad que no formarán un gobierno de partido, sino un equipo de profesionales con criterio de independencia.

En el caso del FMLN esto es casi imposible. Va contra su ADN. Además el único vestido de outsider disponible para el Frente es Bukele, o sea otro Caballo de Troya con discurso de independencia, pero en el fondo incluso más ideológico y populista que su partido. Para actuar independiente del partido se necesita tener sustancia.

El FMLN tuvo su oportunidad histórica con Héctor Silva, pero decidió no aprovecharla, porque sabía que su independencia era real y no compatible con un partido centralista. Schafik Handal dijo en esta ocasión: “Prefiero que perdamos las elecciones pero conservemos la identidad como partido revolucionario. Si llevamos a Héctor, peligroso que gane y nos transforme en un partido socialdemócrata…”

En el caso de ARENA, una de las principales capacidades del candidato tiene que ser saber construir una alianza ciudadana amplia que incluya todos los sectores y corrientes que quieren que el FMLN salga del gobierno. Tiene que tener la capacidad de atraer a sectores que el partido no puede atraer; por su pasado, por su incapacidad de renovarse, por su corte conservador.

LOS PROFESIONALES

Se necesita a un candidato que desde el inicio de la campaña (incluso de la campaña interna) tenga capacidad y valor de definir prioridades: identificar los principales problemas y sus soluciones, incluyendo los sacrificios que esto exige. Esto requiere de una gran capacidad de comunicación.

Urge un presidente capaz de convencer a las mejores mentes del país a trabajar en su equipo de gobierno, garantizándoles que pueden trabajar libres de presiones partidarias e ideológicas. Tiene que reclutar para su gabinete a las personas que cuesta convencerlos meterse en política, y quienes felizmente regresarán a sus carreras profesionales o empresariales una vez termine su mandato.

Urge un presidente que realmente entienda que la independencia de las instituciones, la transparencia y la rendición de cuentas que son esenciales para la democracia, aunque choquen con intereses de preservación de poder de los gobernantes y partidos.

Urge un gobernante quien, independientemente de sus convicciones religiosas personales, esté comprometido con el carácter laico del Estado; que priorice la libertad sobre sus propias convicciones. Sólo así podrá proteger la libertad de todos.

QUE LOS CANDIDATOS DEFINAN
QUÉ TIPO DE LÍDER QUIEREN SER

Urge un líder que esté dispuesto de tomar decisiones impopulares, incluso en su propio partido. Alguien que no descarta una solución por el costo político que puede significar para el partido o para el sector económico del que proviene. Esto es un asunto de carácter, pero también (o incluso más) de haber construido desde el principio de su candidatura una correlación de fuerzas que le permita actuar con independencia.

Dirían que este candidato hay que mandarlo hacer en Ilobasco. No lo creo. Los que se apuntan como candidatos tienen que saber en qué tipo de líder se tienen que convertir; qué rol quieren jugar; y quiénes sepan elegir a quien escuchar: ¿a los mercaderes de ilusiones o quienes los retamos a analizar y pensar

La columna menos popular de la historia. De Alfredo Atanacio

Para salir adelante como país, es necesario que salgamos de nuestra zona de confort y comencemos a actuar ante verdades que muchas veces no queremos escuchar e ignoramos.

Alfredo Atanacio, 29 junio 2017 / EDH

Hace algunos días, dije en un tuit que hace falta que venga alguien que nos diga lo que necesitamos oír y no lo que queremos oír. Y los políticos que tenemos saben esto mejor que nadie, y como lo que más les interesa son los votos, no nos dicen lo que necesitamos que nos digan, sino lo que queremos escuchar. Y hasta cierto punto es lógico, pues por algo también dicen que la verdad no mata, pero duele…y también puede hacer perder votos.

Una de las cosas que menos nos gusta escuchar es que nos digan que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Más de alguna vez hemos estado en desacuerdo, porque no puede ser que los salvadoreños nos merezcamos estos gobernantes. Pero la verdad es que si seguimos teniendo los líderes políticos que tenemos es porque nosotros mismos lo hemos permitido. Por mucho que digamos que queremos ver caras nuevas y que necesitamos nuevas maneras de pensar, terminamos votando por los mismos y hasta les celebramos cuando se comienzan a atacar entre ellos, nos burlamos de quienes piensan diferente y hasta llegamos a caer en el mismo nivel de sus troles.

Otra cosa que no nos gusta oír es que nos tenemos que involucrar en la política. Muchos dicen que la política es sucia, pero cuándo vamos a darnos cuenta de que es nuestro deber limpiarla. Y lo podemos hacer fácilmente al votar por gente limpia.

Meterse en política no significa afiliarse a un partido y buscar una candidatura o tener un puesto en el gobierno. Como sociedad civil podemos hacer mucho. Vivimos en una situación de polarización extrema que a nadie le gusta, pero eso también sigue siendo culpa nuestra, porque seguimos respondiendo ante las campañas sucias de los políticos.

También, así como les deberíamos exigir a los políticos que cumplan, deberíamos nosotros cumplir como ciudadanos. Comenzando por pagar impuestos. Actualmente hay un gran porcentaje de personas que no están pagando impuestos, pero deberían hacerlo, y en este caso no me refiero solo a empresas grandes que pueden eludir o evadir impuestos, sino una gran cantidad (cerca del 70 %) de los negocios no están formalizados, es importante que se amplíe la base tributaria.

El Salvador está en una condición fiscal delicada, tenemos bajo crecimiento y un clima inadecuado de inversión, el potencial del país es gigantesco, pero así como están las cosas la verdad es que nos acercamos a un periodo en el que se tendrán que hacer ajustes o sacrificios para poder darle un mejor futuro a las generaciones venideras. Este sacrificio puede venir en forma de aumento en impuestos (incluso el IVA), aumento de edad para jubilarse, despidos, etc.

Algo más en lo que seguramente a la mayoría no le gustará escuchar es sobre los salarios en el gobierno. En lo personal, me molestan los sueldos del gobierno, pero no porque considere que son muy altos. De hecho, pienso que algunos deberían ser mucho mayores. Lo que sí me molesta es que muchos de estos puestos están siendo ocupados por personas incapaces. ¿Qué porcentaje de los funcionarios actuales pudiera tener un trabajo que les pague lo mismo que el gobierno?

El gobierno debería tener la capacidad de ofrecer salarios que compitan con los de una empresa privada, para poder garantizar que tendremos a los mejores profesionales. Pero también se debería medir el desempeño de los funcionarios por medio de KPI. Por otro lado, pasa lo contrario con muchos puestos operativos en el gobierno que requieren una menor preparación, pero que tienen salarios mucho mayores que los de una empresa. Y ni hablar de todas las plazas innecesarias que deberían desaparecer, entiendo que lo anterior no podrá ser parte de la campaña de ningún candidato. (¿Se imaginan? “Voy a despedir gente y subir salarios de funcionarios”).

Para poder salir adelante como país, es necesario que salgamos de nuestra zona de confort y comencemos a escuchar y a actuar ante estas verdades que muchas veces preferimos ignorar. Tenemos ya 25 años ignorándolas. Y esto nos ha costado también 25 años de retraso en el desarrollo como país. El Salvador no se arregló con los Acuerdos de Paz, eso fue solo un primer paso.

@aatanacio

Columna Transversal: Sólo para empezar. De Paolo Luers

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Paolo Luers, 19 mayo 2017 / EDH

La sociedad salvadoreña no está harta de política. Está harta de la política “más de lo mismo”. Los ciudadanos mandan este mensaje de múltiples formas, unos con protestas, otros con apatía, otros siguiendo a políticos antisistema. ¿Pero cómo pueden los partidos y sus candidatos convencer a los ciudadanos que entendieron estos mensajes, si bajo la promesa de “el cambio” llegó al poder un grupo de personas que resultaron más corruptos que los políticos tradicionales?

La crisis de credibilidad ya no se resolverá con discursos que invocan conceptos generales como “cambio de rumbo”, “nueva forma de hacer política”, “renovación”, “buen vivir”, “nueva sociedad”, “nuevas ideas”, “nueva visión”.

Ahora que comienzan a surgir las figuras que pretenden gobernarnos luego de tres administraciones con grandes promesas de renovación y miserables resultados, no podemos permitir que nos sigan hablando en términos generales, bonitos, pero en última instancia vacíos.

Tienen que ofrecernos, desde el inicio de las contiendas internas que definirán los candidatos, no “nuevas ideas” sino compromisos concretos, realistas, valientes y verificables.

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Si yo tuviera que escribir este “Plan para comenzar”, sería más o menos así:

  • Limpiar Casa Presidencial: Disolución de la Secretaría de Transparencia y Participación Ciudadana; Disolución de la Secretaría de Gobernabilidad.
  • Creación de una Comisión Presidencial de Reforma al Estado.
  • Transformación de la Secretaría Técnica en un Ministerio de la Presidencia.
  • Creación de la Oficina de Asesoría Académica del Estado, adscrita al Ministro de la Presidencia, compuesta por los mejores expertos y académicos que representan diferentes corrientes de pensamiento.
  • Conversión de la Secretaría de Inclusión Social en Ministerio Social.
  • Conversión de la Secretaría de Cultura en una institución independiente del Ejecutivo, con un estatus de autonomía comparable al de la Universidad de El Salvador.
  • Reducción de la Secretaría de Comunicación a una Oficina de Prensa
  • Conversión de los medios estatales en una entidad autónoma fuera del ejecutivo.
  • Regreso de Protección Civil al Ministerio de Gobernación.
  • Creación de un Ministerio de Justicia y un Ministerio de Seguridad Pública.
  • Reducir número de viceministros.
  • Reglamente claro y estricto para la publicidad del gobierno. Eliminar cualquier publicidad política desde Casa Presidencial, ministerios y autónomas. Solo permitir publicidad informativa. Reducir drásticamente el presupuesto de publicidad gubernamental.
  • Reducir el uso de cadena nacional a casos de emergencia, eliminando cadenas para promover posiciones políticas del gobierno.
  • Dar plena autonomía al ISSS; cambiar mecanismo de nombramiento del director.
  • Venta de las flotas de camionetas de lujo del gobierno. Creación de un servicio central de transporte que atiende a ministerios y Casa Presidencial. Con vehículos funcionales, y todoterrenos solo para ciertos viajes. Medidas correspondientes en las autónomas e superintendencias.
  • Abolir las plazas de asesores de los ministros y viceministros. La Oficina de Asesoría Académica del Estado asume la asesoría de los ministerios.
  • Promover medida similar en la Asamblea: Creación de un Tanque de Pensamiento Legislativo de alta calidad académica y no partidaria. Reducir al mínimo las plazas de asesores para las fracciones.
  • Restablecer la representación del sector privado en las Juntas Directivas de las autónomas.
  • Volver a establecer las dos instituciones consultivas que han sido exitosas y productivas: la Comisión Nacional de Desarrollo; y el Consejo Nacional de Seguridad, ambos con amplia autonomía y dirigidas por personas de alto profesionalismo.
  • Delegar a estos dos organismos las consultas con la sociedad civil (incluyendo la creación de Consejos Consultivos, etc.), que en las dos últimas administraciones han sido manipuladas desde Casa Presidencial y su Secretaría de Gobernabilidad.

Esta lista puede ser incorrecta, y seguramente es incompleta, sujeta a definir prioridades. Pero algo así la sociedad está esperando. Estos cambios despertarán fuertes resistencias entre políticos, funcionarios y burócratas. Quien los anuncia se hará enemigos.

Pero, ¿de qué nos sirven líderes que no están dispuestos de enfrentarse a resistencias y superarlos?

Obviamente, el siguiente presidente de la República necesitará desarrollar nuevas políticas de Seguridad, Educación, Salud, etc., por las actuales no funcionan – pero nadie espera que ya las tenga bajo el brazo. Requiere de muchos estudios. Pero sí esperemos que tenga claro que desde el primer día tiene que limpiar el gobierno. Es como si alguien que compra una casa: Lo primero que hace es limpiarla, y luego comienza a planear como transformarla.

Necesitamos un liderazgo claro. De Erika Saldaña

El Salvador urge de un liderazgo fuerte y claro; de esos que asumen sus errores y responsabilidades, de los que buscan soluciones concretas a los problemas y no solo se limitan a echarle la culpa a otro o pretenden vender la idea de que no pasa nada.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 abril 2017 / EDH

“Es por este alto propósito que ahora llamo a mi pueblo en casa, y a mi gente cruzando los mares, que harán suya nuestra causa. Les pido que se mantengan calmados, firmes y unidos en esta época de juicio. La tarea será difícil. Puede haber días oscuros por delante, y la guerra ya no puede limitarse al campo de batalla, pero solo podemos hacer lo correcto cuando vemos lo correcto y confiamos nuestra causa a Dios. Si uno y todos nos mantenemos fieles a eso, dispuestos a cualquier servicio o sacrificio que se nos pueda exigir, entonces con la ayuda de Dios prevaleceremos”. Este fue parte del discurso dado por el rey Jorge VI de Gran Bretaña el 3 de septiembre de 1939, el cual dio inicio a la II Guerra Mundial contra la Alemania nazi. Parecen palabras simples, pero fueron el inicio de una resistencia mundial contra la idea de un imperio de Adolfo Hitler en Europa; además, la claridad y solidez del discurso resultó ser sorprendente, ya que según la historia el rey Jorge VI era introvertido, inseguro y tartamudo.

Cada vez que veo a un gobernante frente a un micrófono me acuerdo de la película que popularizó el anterior discurso histórico. Porque cuando son tiempos difíciles, ya sea en ámbito económico, político, social o ante desastres naturales, lo que todos necesitamos es tener claro el panorama, saber qué se avecina, sacar ánimos de cualquier lado y tener la esperanza de que las cosas mejorarán. Esa confianza que se necesita es la que debería transmitir un líder, en especial el presidente de un país, quien a pesar de sus propias limitantes sea capaz de tomar decisiones difíciles y estar presente en situaciones urgentes para la población.

En El Salvador vemos a diario que carecemos de un liderazgo visible. El país vive una dura situación económica, donde el ruido de un inminente impago ha llevado a las calificadoras de riesgo a degradar la nota del país y a compararlo con Venezuela y Grecia. Ante el problema del pago de la deuda del país, el Gobierno se enredó en un discurso contradictorio; mientras en la mañana anunciaban el impago si no se aprobaban los préstamos, en la tarde el Ministerio de Hacienda sacó un comunicado diciendo que contaban con el dinero. Y desde hace años vivimos en uno de los países más violentos del mundo, que aunque traten de matizar la situación con publicaciones bonitas, la realidad es que muchas personas mueren y los vivos no podemos andar tranquilamente por las calles.

La semana pasada, la capital del país se vio afectada por un enjambre sísmico. Mientras la población entraba en pánico y había caos vehicular en las calles (quizá porque resulta inevitable pensar en los terremotos del año 2001 al estar en una situación así), el presidente de la República no apareció por ningún lado. Sus ministros dieron la cara ante la población, un rostro descontrolado, asustado y con respuestas titubeantes ante las preguntas de la prensa. El ministro de Gobernación manifestaba que no había ningún tipo de alerta, al mismo tiempo que la Dirección de Protección Civil emitía alerta amarilla; la ministra de Medio Ambiente nos mandaba a la playa o a la montaña, sin pensar en el caos en las calles ni en el latente riesgo de desprendiendo de tierra y rocas en carreteras, como lo que pasó en Los Chorros. ¿Cómo es posible que viviendo en el Valle de las Hamacas no tengamos un plan claro en el caso de un terremoto? ¿Dónde está el presidente para controlar todas estas situaciones alarmantes?

El Salvador urge de un liderazgo fuerte y claro; de esos que asumen sus errores y responsabilidades, de los que buscan soluciones concretas a los problemas y no solo se limitan a echarle la culpa a otro o pretenden vender la idea de que no pasa nada. A pesar de que faltan alrededor de dos años para la elección presidencial, ya los posibles candidatos de cada partido se empiezan a perfilar; es hora que nosotros, los votantes, trabajemos para romper ese esquema de elegir como opción “al menos peor” entre muchos males.

Necesitamos un liderazgo claro para el país y eso nos toca exigirlo a nosotros.

Carta a los que reclaman la presencia del presidente: Acepten la realidad, estamos a la deriva. De Paolo Luers

Paolo Luers, 13 abril 2017 / EDH

Estimados amigos:
Les tengo que preguntar: ¿Acaso se hubieran sentido más seguros si en la cadena nacional sobre los sismos hubiera aparecido el profesor Sánchez Cerén?

Fue patético el espectáculo del comando de emergencia formado por la ministra de Medio Ambiente (que dijo que mejor nos vayamos a la playa); el “albañil del pueblo” Gerson, (quien dijo que mejor no saliéramos); el canciller, quien no tenía nada que decir; y el vicepresidente a quien sacaron de a saber de qué tipo de vacaciones.

Enfrenten la realidad: Así es nuestro gobierno, esté o no el presidente, esté en Cuba recibiendo tratamiento médico o esté aquí.

El hombre se fue a Cuba sin avisar. Como si no lo supiéramos. Por supuesto que no podía saber que iba a temblar. Pero sí sabía que su gobierno estaba en impago. Sí sabía que nos iban a bajar aun más en las clasificaciones de crédito, poniéndonos en la misma categoría con Venezuela. Se fue de todos modos, y de alguna manera tuvo razón: Estén o no estén el presidente y su vice, aquí no hay liderazgo.

La crisis de los sismos perfectamente la hubieran podido dejar en manos de Jorge Meléndez, quien dirige el organismo que coordina las respuestas a las emergencias. Lo hubiera hecho mejor que los tres que se disputan la candidatura presidencial y las cámaras: Gerson, Oscar y Hugo.

El presidente se fue a Cuba dejando instrucciones que nadie revelara su destino y su condición. Esto sí es grave, pero no porque su liderazgo nos haga falta. Es grave por la evidente inconstitucionalidad de su salida sin haber pedido permiso a la Asamblea. La Sala confirmó en su sentencia del 1 de septiembre del 2016 que el mandatario tiene que pedir permiso cada vez que salga del país. Es incomprensible que la Asamblea y la Sala permitan que esta inconstitucionalidad se repita en cada viaje del presidente.

Más grave aún es que, con el presidente ausente o presente, cada vez se confirma más que no es apto para gobernar. No por brillar de su ausencia en una emergencia nacional, sino por brillar de ausencia de liderazgo en todos los asuntos del Estado. Delega la política de Seguridad Pública a un conjunto de policías, quienes facilitan la militarización de la PNC y encubren la sistemática violación de Derechos Humanos. Delega la política fiscal a personeros de notoria incapacidad y negligencia. Delega la tarea de atraer inversiones a Sigfrido Reyes, Oscar Ortiz y José Luis Merino, que son para espantar a cualquier inversionista.

El gobierno está a la deriva. Y lo peor: La oposición tampoco muestra liderazgo. Felices vacaciones les desea

Un día después:

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