liderazgo

La columna menos popular de la historia. De Alfredo Atanacio

Para salir adelante como país, es necesario que salgamos de nuestra zona de confort y comencemos a actuar ante verdades que muchas veces no queremos escuchar e ignoramos.

Alfredo Atanacio, 29 junio 2017 / EDH

Hace algunos días, dije en un tuit que hace falta que venga alguien que nos diga lo que necesitamos oír y no lo que queremos oír. Y los políticos que tenemos saben esto mejor que nadie, y como lo que más les interesa son los votos, no nos dicen lo que necesitamos que nos digan, sino lo que queremos escuchar. Y hasta cierto punto es lógico, pues por algo también dicen que la verdad no mata, pero duele…y también puede hacer perder votos.

Una de las cosas que menos nos gusta escuchar es que nos digan que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Más de alguna vez hemos estado en desacuerdo, porque no puede ser que los salvadoreños nos merezcamos estos gobernantes. Pero la verdad es que si seguimos teniendo los líderes políticos que tenemos es porque nosotros mismos lo hemos permitido. Por mucho que digamos que queremos ver caras nuevas y que necesitamos nuevas maneras de pensar, terminamos votando por los mismos y hasta les celebramos cuando se comienzan a atacar entre ellos, nos burlamos de quienes piensan diferente y hasta llegamos a caer en el mismo nivel de sus troles.

Otra cosa que no nos gusta oír es que nos tenemos que involucrar en la política. Muchos dicen que la política es sucia, pero cuándo vamos a darnos cuenta de que es nuestro deber limpiarla. Y lo podemos hacer fácilmente al votar por gente limpia.

Meterse en política no significa afiliarse a un partido y buscar una candidatura o tener un puesto en el gobierno. Como sociedad civil podemos hacer mucho. Vivimos en una situación de polarización extrema que a nadie le gusta, pero eso también sigue siendo culpa nuestra, porque seguimos respondiendo ante las campañas sucias de los políticos.

También, así como les deberíamos exigir a los políticos que cumplan, deberíamos nosotros cumplir como ciudadanos. Comenzando por pagar impuestos. Actualmente hay un gran porcentaje de personas que no están pagando impuestos, pero deberían hacerlo, y en este caso no me refiero solo a empresas grandes que pueden eludir o evadir impuestos, sino una gran cantidad (cerca del 70 %) de los negocios no están formalizados, es importante que se amplíe la base tributaria.

El Salvador está en una condición fiscal delicada, tenemos bajo crecimiento y un clima inadecuado de inversión, el potencial del país es gigantesco, pero así como están las cosas la verdad es que nos acercamos a un periodo en el que se tendrán que hacer ajustes o sacrificios para poder darle un mejor futuro a las generaciones venideras. Este sacrificio puede venir en forma de aumento en impuestos (incluso el IVA), aumento de edad para jubilarse, despidos, etc.

Algo más en lo que seguramente a la mayoría no le gustará escuchar es sobre los salarios en el gobierno. En lo personal, me molestan los sueldos del gobierno, pero no porque considere que son muy altos. De hecho, pienso que algunos deberían ser mucho mayores. Lo que sí me molesta es que muchos de estos puestos están siendo ocupados por personas incapaces. ¿Qué porcentaje de los funcionarios actuales pudiera tener un trabajo que les pague lo mismo que el gobierno?

El gobierno debería tener la capacidad de ofrecer salarios que compitan con los de una empresa privada, para poder garantizar que tendremos a los mejores profesionales. Pero también se debería medir el desempeño de los funcionarios por medio de KPI. Por otro lado, pasa lo contrario con muchos puestos operativos en el gobierno que requieren una menor preparación, pero que tienen salarios mucho mayores que los de una empresa. Y ni hablar de todas las plazas innecesarias que deberían desaparecer, entiendo que lo anterior no podrá ser parte de la campaña de ningún candidato. (¿Se imaginan? “Voy a despedir gente y subir salarios de funcionarios”).

Para poder salir adelante como país, es necesario que salgamos de nuestra zona de confort y comencemos a escuchar y a actuar ante estas verdades que muchas veces preferimos ignorar. Tenemos ya 25 años ignorándolas. Y esto nos ha costado también 25 años de retraso en el desarrollo como país. El Salvador no se arregló con los Acuerdos de Paz, eso fue solo un primer paso.

@aatanacio

Columna Transversal: Sólo para empezar. De Paolo Luers

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Paolo Luers, 19 mayo 2017 / EDH

La sociedad salvadoreña no está harta de política. Está harta de la política “más de lo mismo”. Los ciudadanos mandan este mensaje de múltiples formas, unos con protestas, otros con apatía, otros siguiendo a políticos antisistema. ¿Pero cómo pueden los partidos y sus candidatos convencer a los ciudadanos que entendieron estos mensajes, si bajo la promesa de “el cambio” llegó al poder un grupo de personas que resultaron más corruptos que los políticos tradicionales?

La crisis de credibilidad ya no se resolverá con discursos que invocan conceptos generales como “cambio de rumbo”, “nueva forma de hacer política”, “renovación”, “buen vivir”, “nueva sociedad”, “nuevas ideas”, “nueva visión”.

Ahora que comienzan a surgir las figuras que pretenden gobernarnos luego de tres administraciones con grandes promesas de renovación y miserables resultados, no podemos permitir que nos sigan hablando en términos generales, bonitos, pero en última instancia vacíos.

Tienen que ofrecernos, desde el inicio de las contiendas internas que definirán los candidatos, no “nuevas ideas” sino compromisos concretos, realistas, valientes y verificables.

Todavía estamos esperando a un candidato que se lanza a la política con un catálogo de primeras medidas que se compromete a tomar al sólo llegar a Casa Presidencial. No esperamos que llegue con un programa de gobierno o un plan quinquenal debajo del brazo. Pero sí que nos anuncie los cambios concretos y radicales que hará en la forma de gobernar – y que de manera simbólica marcan el rumbo que quieren dar a sus gobierno.

Si yo tuviera que escribir este “Plan para comenzar”, sería más o menos así:

  • Limpiar Casa Presidencial: Disolución de la Secretaría de Transparencia y Participación Ciudadana; Disolución de la Secretaría de Gobernabilidad.
  • Creación de una Comisión Presidencial de Reforma al Estado.
  • Transformación de la Secretaría Técnica en un Ministerio de la Presidencia.
  • Creación de la Oficina de Asesoría Académica del Estado, adscrita al Ministro de la Presidencia, compuesta por los mejores expertos y académicos que representan diferentes corrientes de pensamiento.
  • Conversión de la Secretaría de Inclusión Social en Ministerio Social.
  • Conversión de la Secretaría de Cultura en una institución independiente del Ejecutivo, con un estatus de autonomía comparable al de la Universidad de El Salvador.
  • Reducción de la Secretaría de Comunicación a una Oficina de Prensa
  • Conversión de los medios estatales en una entidad autónoma fuera del ejecutivo.
  • Regreso de Protección Civil al Ministerio de Gobernación.
  • Creación de un Ministerio de Justicia y un Ministerio de Seguridad Pública.
  • Reducir número de viceministros.
  • Reglamente claro y estricto para la publicidad del gobierno. Eliminar cualquier publicidad política desde Casa Presidencial, ministerios y autónomas. Solo permitir publicidad informativa. Reducir drásticamente el presupuesto de publicidad gubernamental.
  • Reducir el uso de cadena nacional a casos de emergencia, eliminando cadenas para promover posiciones políticas del gobierno.
  • Dar plena autonomía al ISSS; cambiar mecanismo de nombramiento del director.
  • Venta de las flotas de camionetas de lujo del gobierno. Creación de un servicio central de transporte que atiende a ministerios y Casa Presidencial. Con vehículos funcionales, y todoterrenos solo para ciertos viajes. Medidas correspondientes en las autónomas e superintendencias.
  • Abolir las plazas de asesores de los ministros y viceministros. La Oficina de Asesoría Académica del Estado asume la asesoría de los ministerios.
  • Promover medida similar en la Asamblea: Creación de un Tanque de Pensamiento Legislativo de alta calidad académica y no partidaria. Reducir al mínimo las plazas de asesores para las fracciones.
  • Restablecer la representación del sector privado en las Juntas Directivas de las autónomas.
  • Volver a establecer las dos instituciones consultivas que han sido exitosas y productivas: la Comisión Nacional de Desarrollo; y el Consejo Nacional de Seguridad, ambos con amplia autonomía y dirigidas por personas de alto profesionalismo.
  • Delegar a estos dos organismos las consultas con la sociedad civil (incluyendo la creación de Consejos Consultivos, etc.), que en las dos últimas administraciones han sido manipuladas desde Casa Presidencial y su Secretaría de Gobernabilidad.

Esta lista puede ser incorrecta, y seguramente es incompleta, sujeta a definir prioridades. Pero algo así la sociedad está esperando. Estos cambios despertarán fuertes resistencias entre políticos, funcionarios y burócratas. Quien los anuncia se hará enemigos.

Pero, ¿de qué nos sirven líderes que no están dispuestos de enfrentarse a resistencias y superarlos?

Obviamente, el siguiente presidente de la República necesitará desarrollar nuevas políticas de Seguridad, Educación, Salud, etc., por las actuales no funcionan – pero nadie espera que ya las tenga bajo el brazo. Requiere de muchos estudios. Pero sí esperemos que tenga claro que desde el primer día tiene que limpiar el gobierno. Es como si alguien que compra una casa: Lo primero que hace es limpiarla, y luego comienza a planear como transformarla.

Necesitamos un liderazgo claro. De Erika Saldaña

El Salvador urge de un liderazgo fuerte y claro; de esos que asumen sus errores y responsabilidades, de los que buscan soluciones concretas a los problemas y no solo se limitan a echarle la culpa a otro o pretenden vender la idea de que no pasa nada.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 abril 2017 / EDH

“Es por este alto propósito que ahora llamo a mi pueblo en casa, y a mi gente cruzando los mares, que harán suya nuestra causa. Les pido que se mantengan calmados, firmes y unidos en esta época de juicio. La tarea será difícil. Puede haber días oscuros por delante, y la guerra ya no puede limitarse al campo de batalla, pero solo podemos hacer lo correcto cuando vemos lo correcto y confiamos nuestra causa a Dios. Si uno y todos nos mantenemos fieles a eso, dispuestos a cualquier servicio o sacrificio que se nos pueda exigir, entonces con la ayuda de Dios prevaleceremos”. Este fue parte del discurso dado por el rey Jorge VI de Gran Bretaña el 3 de septiembre de 1939, el cual dio inicio a la II Guerra Mundial contra la Alemania nazi. Parecen palabras simples, pero fueron el inicio de una resistencia mundial contra la idea de un imperio de Adolfo Hitler en Europa; además, la claridad y solidez del discurso resultó ser sorprendente, ya que según la historia el rey Jorge VI era introvertido, inseguro y tartamudo.

Cada vez que veo a un gobernante frente a un micrófono me acuerdo de la película que popularizó el anterior discurso histórico. Porque cuando son tiempos difíciles, ya sea en ámbito económico, político, social o ante desastres naturales, lo que todos necesitamos es tener claro el panorama, saber qué se avecina, sacar ánimos de cualquier lado y tener la esperanza de que las cosas mejorarán. Esa confianza que se necesita es la que debería transmitir un líder, en especial el presidente de un país, quien a pesar de sus propias limitantes sea capaz de tomar decisiones difíciles y estar presente en situaciones urgentes para la población.

En El Salvador vemos a diario que carecemos de un liderazgo visible. El país vive una dura situación económica, donde el ruido de un inminente impago ha llevado a las calificadoras de riesgo a degradar la nota del país y a compararlo con Venezuela y Grecia. Ante el problema del pago de la deuda del país, el Gobierno se enredó en un discurso contradictorio; mientras en la mañana anunciaban el impago si no se aprobaban los préstamos, en la tarde el Ministerio de Hacienda sacó un comunicado diciendo que contaban con el dinero. Y desde hace años vivimos en uno de los países más violentos del mundo, que aunque traten de matizar la situación con publicaciones bonitas, la realidad es que muchas personas mueren y los vivos no podemos andar tranquilamente por las calles.

La semana pasada, la capital del país se vio afectada por un enjambre sísmico. Mientras la población entraba en pánico y había caos vehicular en las calles (quizá porque resulta inevitable pensar en los terremotos del año 2001 al estar en una situación así), el presidente de la República no apareció por ningún lado. Sus ministros dieron la cara ante la población, un rostro descontrolado, asustado y con respuestas titubeantes ante las preguntas de la prensa. El ministro de Gobernación manifestaba que no había ningún tipo de alerta, al mismo tiempo que la Dirección de Protección Civil emitía alerta amarilla; la ministra de Medio Ambiente nos mandaba a la playa o a la montaña, sin pensar en el caos en las calles ni en el latente riesgo de desprendiendo de tierra y rocas en carreteras, como lo que pasó en Los Chorros. ¿Cómo es posible que viviendo en el Valle de las Hamacas no tengamos un plan claro en el caso de un terremoto? ¿Dónde está el presidente para controlar todas estas situaciones alarmantes?

El Salvador urge de un liderazgo fuerte y claro; de esos que asumen sus errores y responsabilidades, de los que buscan soluciones concretas a los problemas y no solo se limitan a echarle la culpa a otro o pretenden vender la idea de que no pasa nada. A pesar de que faltan alrededor de dos años para la elección presidencial, ya los posibles candidatos de cada partido se empiezan a perfilar; es hora que nosotros, los votantes, trabajemos para romper ese esquema de elegir como opción “al menos peor” entre muchos males.

Necesitamos un liderazgo claro para el país y eso nos toca exigirlo a nosotros.

Carta a los que reclaman la presencia del presidente: Acepten la realidad, estamos a la deriva. De Paolo Luers

Paolo Luers, 13 abril 2017 / EDH

Estimados amigos:
Les tengo que preguntar: ¿Acaso se hubieran sentido más seguros si en la cadena nacional sobre los sismos hubiera aparecido el profesor Sánchez Cerén?

Fue patético el espectáculo del comando de emergencia formado por la ministra de Medio Ambiente (que dijo que mejor nos vayamos a la playa); el “albañil del pueblo” Gerson, (quien dijo que mejor no saliéramos); el canciller, quien no tenía nada que decir; y el vicepresidente a quien sacaron de a saber de qué tipo de vacaciones.

Enfrenten la realidad: Así es nuestro gobierno, esté o no el presidente, esté en Cuba recibiendo tratamiento médico o esté aquí.

El hombre se fue a Cuba sin avisar. Como si no lo supiéramos. Por supuesto que no podía saber que iba a temblar. Pero sí sabía que su gobierno estaba en impago. Sí sabía que nos iban a bajar aun más en las clasificaciones de crédito, poniéndonos en la misma categoría con Venezuela. Se fue de todos modos, y de alguna manera tuvo razón: Estén o no estén el presidente y su vice, aquí no hay liderazgo.

La crisis de los sismos perfectamente la hubieran podido dejar en manos de Jorge Meléndez, quien dirige el organismo que coordina las respuestas a las emergencias. Lo hubiera hecho mejor que los tres que se disputan la candidatura presidencial y las cámaras: Gerson, Oscar y Hugo.

El presidente se fue a Cuba dejando instrucciones que nadie revelara su destino y su condición. Esto sí es grave, pero no porque su liderazgo nos haga falta. Es grave por la evidente inconstitucionalidad de su salida sin haber pedido permiso a la Asamblea. La Sala confirmó en su sentencia del 1 de septiembre del 2016 que el mandatario tiene que pedir permiso cada vez que salga del país. Es incomprensible que la Asamblea y la Sala permitan que esta inconstitucionalidad se repita en cada viaje del presidente.

Más grave aún es que, con el presidente ausente o presente, cada vez se confirma más que no es apto para gobernar. No por brillar de su ausencia en una emergencia nacional, sino por brillar de ausencia de liderazgo en todos los asuntos del Estado. Delega la política de Seguridad Pública a un conjunto de policías, quienes facilitan la militarización de la PNC y encubren la sistemática violación de Derechos Humanos. Delega la política fiscal a personeros de notoria incapacidad y negligencia. Delega la tarea de atraer inversiones a Sigfrido Reyes, Oscar Ortiz y José Luis Merino, que son para espantar a cualquier inversionista.

El gobierno está a la deriva. Y lo peor: La oposición tampoco muestra liderazgo. Felices vacaciones les desea

Un día después:

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Presidenciables. De Cristian Villalta

La falta de liderazgo que sufre El Salvador no se resuelve haciendo un casting.

Cristian Villalta, 9 abril 2017 / LPG

Esa es la diferencia entre los partidos y los intereses nacionales: los institutos políticos a la usanza cuscacriolla solo sirven para pelear elecciones y recibir donaciones de círculos insospechados. Si su utilidad fuese producir pensamiento, ser cronistas de un real empoderamiento ciudadano o discutir inteligentemente los temas urgentes de la agenda nacional, tendríamos de sus cúpulas contenido y no viruta.

No es casualidad que en una de las semanas más delicadas para el oficialismo, que incluyó su declaración de en impago y la transformación de la vida política de Óscar Ortiz en el show de Tres Patines, emerjan las diferencias entre el secretario general del FMLN y el candidato a alcalde de San Salvador. Y tampoco es casualidad que ese guion apasione más a un segmento importante de la ciudadanía, periodismo incluido, que el paralelo desarrollo de temas tan delicados para ese partido como el posible concurso de dineros calientes en la campaña 2009, o la naturaleza de los tratos entre el vicepresidente y Adán Salazar.

La reverencia que nuestra sociedad le ha profesado a políticos, funcionarios y diputados, alentada desde el mainstream, es difícil de tragar. A falta de farándula local, de grandes figuras deportivas y de realeza (aunque Elías Saca creyera lo contrario), tenemos a los zares de la izquierda y de la derecha hablando sobre todo lo que se mueve, inundando los espacios de opinión y contando chistes en la radio a la hora del desayuno. Y de entre esa tropa de personalidades, nada seduce más a los salvadoreños que escuchar a “los presidenciables”.

Quizá tenga que ver con que somos una sociedad de paternidades frágiles, o con cómo se reconstruyó el tejido económico y social después del despojo de los ejidos, o con que cada vez somos menos inteligentes como nación y creemos posible que uno solo de nosotros catalizará los problemas de todos… con independencia de los motivos, tenemos una enfermiza predisposición al cacicazgo. Por eso, saber quién es el próximo presidenciable del FMLN o de ARENA despierta tanto entusiasmo, acaso más que el mismo ejercicio electoral.

Una vez descartada la opción de estar a la altura de las circunstancias, lo cual en el caso del FMLN esta semana habría consistido en emplazar públicamente al mismo Óscar Ortiz y pronunciarse sobre el impago del Gobierno, y asumido el storytelling con Medardo en plan mala madrastra, uno solo puede preguntarse si las principales energías y conducción del FMLN de las próximas semanas se enfocarán en la sobreactuada inmolación del secretario o en los primeros mates del “presidenciable” (uno de los dos Martínez, pues), pese a que la administración del Estado pase ahorita por su más amargo quo vadis.

La pregunta es válida toda vez que al otro lado de la acera la lista de presidenciables ya creció… ya hay uno. Y volvemos a lo mismo, a la foto antes que el programa, a las maneras antes que al contenido, al curso Open English para Ganarle al Frente. Si la derecha aspira a regresar al poder, descartado que tenga en sus filas al líder que la nación necesita –tolerante, con posiciones contemporáneas sobre los temas más sensibles, uno que al decir “nosotros” se refiera a millones, no a siete amiguetes–, al menos debe enfocarse en que el ungido de turno se vea auténtico al abrazar a las vendedoras y al chinear a los cipotes.

Solo luces y cámara. Porque de acción, nada.

El arte de armar coaliciones. De Manuel Hinds

El liderazgo es en realidad el arte de armar grandes coaliciones con intereses e ideales comunes. Este arte no depende de miradas o de gestos grandilocuentes, sino de trabajo paciente y de humildad en la búsqueda de estos intereses e ideales comunes.

Manuel Hinds, 31 marzo 2017 / EDH

En una admisión de derrota el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes Paul Ryan retiró el plan que el gobierno había presentado para reemplazar el Acta de Cuidados Médicos Asequibles (Obamacare). Esto pasó a pesar de que los republicanos tienen en el Congreso la mayoría suficiente como para dar los votos que se necesitaban y más. La derrota fue muy dolorosa, porque la derogación de Obamacare era una de las promesas más importantes de campaña del Presidente.

Esta historia tiene lecciones muy importantes en varias dimensiones políticas. En este artículo me concentro en una sola de ellas—la derrota misma, independientemente de cual era el tema en el que se dio. ¿Cómo es posible que el Presidente, que se considera un experto en negociaciones, y hasta ha escrito un libro sobre el tema, puede haber fallado en armar una mayoría antes de anunciar que ya iba a proceder a cumplir con su promesa de campaña?¿Cómo no vio que tratar de pasar una ley que iba a dejar sin cobertura de salud a 24 millones de personas que acababan de lograrla podías ser fácilmente derrotada? ¿Cómo no pensó que esos 24 millones iban a pesar en los cálculos de los senadores y representantes? ¿Cómo es posible que haya tratado de hacer algo tan controversial en un momento en el que el nuevo gobierno estaba en una situación de baja popularidad?

Con la sabiduría que da saber lo que pasó en la realidad, que da una gran ventaja sobre los que tuvieron que tomar decisiones sin saber lo que iba a pasar, es posible percibir algunos factores comunes en estos errores, de los cuales podemos aprender todos, y principalmente los que queremos salvar al país de un tercer gobierno del FMLN.

Primero, en la base de todo hay un exceso de confianza en la fuerza de un líder y un partido. Este es el error más común en los políticos y el que más los ciega. Muchos en ARENA, por ejemplo, piensan que ya ganaron las elecciones. Derivan esta seguridad no de una realidad, un triunfo electoral como el de Trump y los republicanos, sino de una encuesta y de sus propios deseos.

Segundo, hay una percepción errónea de la causalidad de los fenómenos políticos. Parece que los líderes del Partido Republicano pensaron que si el Presidente había ganado las elecciones eso quería decir que todos y cada uno de sus programas tendrían el apoyo del pueblo, y por tanto, del Congreso. Fue una sorpresa muy profunda cuando descubrieron que esto no era así y que además la oposición a derogar Obamacare estaba compuesta por grupos que pedían cosas que eran incompatibles entre sí. Unos se oponían a la derogación porque su reemplazo sería demasiado derechista y otros porque sería demasiado izquierdista. Esto demuestra un tercer error: el no conocer y subestimar a los propios aliados.

Un cuarto error, que fue lo que mató a la iniciativa pero que se derivó inevitablemente de los anteriores, fue no dedicar el tiempo para buscar soluciones que pudieran crear una coalición que todos los republicanos pudieran apoyar sólidamente.

Hubo en el fondo de todos esto una falta de comprensión del verdadero significado del liderazgo efectivo. Mucha gente cree que en la política de adultos el liderazgo es una característica de la persona, que con un discurso o con una mirada hace que la gente pase por encima de sus intereses y sus ideas para hacer lo que el líder desea que hagan. El liderazgo es en realidad el arte de armar grandes coaliciones con intereses e ideales comunes. Este arte no depende de miradas o de gestos grandilocuentes, sino de trabajo paciente y de humildad en la búsqueda de estos intereses e ideales comunes.

Esta es la lección principal para el centro y las izquierdas y derechas democráticas del país. Lo que buscamos no es un gran líder tipo Chávez, sino la formación de una coalición madura organizada alrededor de ideas poderosas y varios líderes decentes que estén comprometidos con estas ideas—no uno, sino varios porque necesitamos varias personas decentes para escoger, y porque luego necesitamos varios de esos líderes trabajando juntos para sacar el país adelante.

Los jóvenes en democracia… De Luis Mario Rodriguez

Lo importante es asumir que el relevo o, en su caso la llegada de nuevos liderazgos, frescos en edad o en ideas, que compartan con los que tienen más experiencia, es obligatorio si se quiere evolucionar al mismo ritmo que lo están haciendo otros Estados.

Luis Mario Rodriguez, 23 marzo 2017 / EDH

El interés de las nuevas generaciones por aportar al desarrollo nacional es indispensable. Su ausencia sería inexcusable. Causaría un enquistamiento de quienes han administrado el poder por décadas y condenaría a los ciudadanos a vivir bajo un esquema en el que, lo importante y trascendente, sería mantener los privilegios que el sistema le ha concedido a los primeros. Se esquivaría el debate de temas esenciales para la organización y la vida en sociedad, se impondría, como de hecho sucede ahora mismo, el clientelismo político sobre la meritocracia, y con el retiro o la muerte de los antiguos líderes, también desfallecerían con ellos, hasta apagarse, la luz del republicanismo, la observancia del Estado de derecho y las bases elementales de todo sistema democrático.

Esto no significa, ni por asomo, que en la actualidad se carezca por completo de líderes políticos. Los hay, y de todas las edades. Lo importante es asumir que el relevo o, en su caso la llegada de nuevos liderazgos, frescos en edad o en ideas, que compartan con los que tienen más experiencia, es obligatorio si se quiere evolucionar al mismo ritmo que lo están haciendo otros Estados. La trillada combinación entre “experiencia y juventud” es siempre un buen método para acoplar la prudencia con la temeridad, la calma con la ansiedad y el discernimiento que da el sentido común con los conocimientos que concede la formación académica.

El “encargo democrático” que la nación le entrega a los nóveles activistas y a quienes, después de los cuarenta incursionan en la política o se interesan por incidir en la cosa pública, difiere, sustancialmente, si se trata de una coyuntura política donde la Constitución no se cumple, de aquella otra donde la democracia aún vive, pero se amenaza a la división de poderes, a las elecciones como forma de alcanzar el poder y al respeto de los derechos humanos.

Los jóvenes simbolizaron la figura central en varias de las protestas más emblemáticas en diferentes partes del mundo y en distintas épocas durante el siglo XX. Así lo registra la historia en México, en la República Popular China, en Venezuela y aquí mismo, en El Salvador.

En 1968, la “matanza en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco”, conmocionó a los mexicanos y a la comunidad internacional. Los estudiantes, como en otras partes del orbe, se oponían al autoritarismo y a los “métodos” utilizados por el régimen para desafiar a cualquiera que rechazara su “forma” de gobernar. Las crónicas señalan que el levantamiento estudiantil “marcó una inflexión en los tiempos políticos de México porque fue independiente y contestatario” y se fortalecía con “las demandas libertarias y de democratización que dominaban el imaginario mundial”.

La masacre de la “Plaza de Tiananmén”, en 1989, representa otro de los hechos históricos que confirman el involucramiento de la juventud allá donde el sistema democrático y las libertades se encuentran secuestrados. La foto del joven opositor enfrentando un escuadrón de tanques es la viva imagen de un individuo que exige el cese de la represión, en aquel momento, encarnada por el partido comunista. El Ejército Popular de Liberación disolvió la movilización y aunque la cifra de asesinados no está clara se habló de cientos de manifestantes.

La resistencia de los universitarios venezolanos a la reforma constitucional impulsada por el fallecido Hugo Chávez en 2007 con la intención de establecer la reelección presidencial indefinida, será recordada como otra de las luchas a favor de la democracia en América Latina. Esa fue la primera derrota electoral del exmandatario después de una serie de triunfos consecutivos que le otorgaron el poder desde 1999. En otro caso emblemático la dictadura de Maximiliano Hernández Martínez fue repelida por los movimientos universitarios salvadoreños. Lideraron la “huelga de brazos caídos” y sacaron al dictador del poder.

En democracia, sin represores, pero con intimidaciones serias encaminadas a debilitar la forma de gobierno y la transparencia, con una crisis fiscal en ciernes, un magro panorama en materia de seguridad, una economía estancada que no genera empleos y un alto nivel de pobreza, los jóvenes deben reflexionar cuál será su contribución a la construcción de consensos. Hacer lo contrario los asemejaría a quienes ellos pretenden superar.