Sánchez Cerén

Carta a los que reclaman la presencia del presidente: Acepten la realidad, estamos a la deriva. De Paolo Luers

Paolo Luers, 13 abril 2017 / EDH

Estimados amigos:
Les tengo que preguntar: ¿Acaso se hubieran sentido más seguros si en la cadena nacional sobre los sismos hubiera aparecido el profesor Sánchez Cerén?

Fue patético el espectáculo del comando de emergencia formado por la ministra de Medio Ambiente (que dijo que mejor nos vayamos a la playa); el “albañil del pueblo” Gerson, (quien dijo que mejor no saliéramos); el canciller, quien no tenía nada que decir; y el vicepresidente a quien sacaron de a saber de qué tipo de vacaciones.

Enfrenten la realidad: Así es nuestro gobierno, esté o no el presidente, esté en Cuba recibiendo tratamiento médico o esté aquí.

El hombre se fue a Cuba sin avisar. Como si no lo supiéramos. Por supuesto que no podía saber que iba a temblar. Pero sí sabía que su gobierno estaba en impago. Sí sabía que nos iban a bajar aun más en las clasificaciones de crédito, poniéndonos en la misma categoría con Venezuela. Se fue de todos modos, y de alguna manera tuvo razón: Estén o no estén el presidente y su vice, aquí no hay liderazgo.

La crisis de los sismos perfectamente la hubieran podido dejar en manos de Jorge Meléndez, quien dirige el organismo que coordina las respuestas a las emergencias. Lo hubiera hecho mejor que los tres que se disputan la candidatura presidencial y las cámaras: Gerson, Oscar y Hugo.

El presidente se fue a Cuba dejando instrucciones que nadie revelara su destino y su condición. Esto sí es grave, pero no porque su liderazgo nos haga falta. Es grave por la evidente inconstitucionalidad de su salida sin haber pedido permiso a la Asamblea. La Sala confirmó en su sentencia del 1 de septiembre del 2016 que el mandatario tiene que pedir permiso cada vez que salga del país. Es incomprensible que la Asamblea y la Sala permitan que esta inconstitucionalidad se repita en cada viaje del presidente.

Más grave aún es que, con el presidente ausente o presente, cada vez se confirma más que no es apto para gobernar. No por brillar de su ausencia en una emergencia nacional, sino por brillar de ausencia de liderazgo en todos los asuntos del Estado. Delega la política de Seguridad Pública a un conjunto de policías, quienes facilitan la militarización de la PNC y encubren la sistemática violación de Derechos Humanos. Delega la política fiscal a personeros de notoria incapacidad y negligencia. Delega la tarea de atraer inversiones a Sigfrido Reyes, Oscar Ortiz y José Luis Merino, que son para espantar a cualquier inversionista.

El gobierno está a la deriva. Y lo peor: La oposición tampoco muestra liderazgo. Felices vacaciones les desea

Un día después:

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¡Cumplan! De Federico Hernández Aguilar

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 9 marzo 2016 / EDH

En enero de 2014, cuando TCS organizó un debate televisivo con los principales candidatos a la Presidencia de la República, el profesor Salvador Sánchez Cerén afirmó que pondría toda su experiencia y liderazgo al servicio del país, principalmente para frenar la alta criminalidad. “Firmé los acuerdos de paz”, fueron sus palabras, “y ahora estoy listo para ponerme al frente del combate a la delincuencia y a las extorsiones”.

Meses más tarde, ya con la banda presidencial cruzándole el pecho, el mandatario quiso reiterar lo que había prometido en materia de seguridad pública. Aunque en su discurso inaugural solo dedicó tres minutos al tema, Sánchez Cerén al menos volvió a dejar claro que él mismo se colocaría a la cabeza de los esfuerzos gubernamentales contra el crimen. “A partir de hoy”, aseguró aquella soleada mañana en CIFCO, “me pongo al frente del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana”.

Dicen que entre las promesas de un candidato y las acciones de un presidente existe un mundo de realidades. Esto debe ser particularmente cierto en el caso de nuestro gobernante. La semana pasada fueron masacrados once trabajadores en San Juan Opico, causando gran conmoción a la sociedad entera, y el hombre que nos ofreció ponerse “al frente” de la lucha contra la inseguridad prefirió irse a Venezuela para rendirle honores a Hugo Chávez. No vimos a ningún funcionario público en las dolorosas exequias de las víctimas salvadoreñas, pero en los eventos programados aquí para recordar al “comandante eterno” sí se aparecieron varios miembros del partido oficial.

Es lógico que la ciudadanía se indigne ante estas cosas. En momentos en que la delincuencia arrecia y su brutalidad golpea a decenas de familias a diario, ¿dónde se necesita que nuestros servidores públicos hagan presencia? Si nuestro mandatario se toma fotos ante el faraónico sarcófago de Chávez, justo al mismo tiempo en que cientos de salvadoreños lloran a una oncena de compatriotas asesinados por trabajar en territorios dominados por pandillas, ¿de dónde sacamos los motivos para creer que un día, ojalá no muy lejano, nuestras autoridades asuman por fin el liderazgo que nos prometieron?

Nadie, aclaro, está pidiendo milagros. Ningún ciudadano exige al gobierno que acabe con la delincuencia de la noche a la mañana. Lo que pedimos los salvadoreños es tener funcionarios decididos a buscar soluciones, con la mente liberada de brumas ideológicas, comprometidos en serio con procesos de consulta que nos lleven a diseñar planes efectivos de combate a la violencia. Nada más. Nada menos. Un líder con la capacidad de sentir el dolor de su propia gente no necesita ir a ninguna parte a llorar por difuntos ajenos. ¡Es aquí donde se reclama su autoridad y su empatía! ¡Es aquí, en nuestro ensangrentado suelo, donde la ciudadanía honrada sigue poniendo los muertos mientras los planes oficiales siguen arrojando pobres resultados! ¡Es para gobernar nuestro país que los salvadoreños tenemos un gobernante!

Pero algo falla en la “brújula emocional” de nuestros políticos cuando una masacre como la de San Juan Opico no les merece siquiera una reacción digna. Poco podemos esperar de burócratas que califican de “normal” el cierre de empresas cuyos empleados reciben amenazas de muerte todos los días. ¿Y qué decir del triste episodio de un presidente acusando a periodistas de faltas éticas por hacerle cuestionamientos legítimos alrededor de revelaciones escandalosas ligadas a beneficios otorgados a pandilleros en prisión?

La época de hacer promesas terminó hace rato. Más de seis años en el poder es tiempo suficiente para haber descubierto que nuestros acuciantes problemas de inseguridad no se resolverán con propaganda estatal ni acusando a medio país de fraguar complots desestabilizadores. ¡Nos urgen líderes! ¡Necesitamos funcionarios que funcionen! ¡Demandamos servidores públicos competentes, que se olviden de hacer política partidaria y se enfoquen en construir consensos! El Salvador no está para seguir esperando a que las ofertas electorales se conviertan, para variar, en acciones gubernamentales efectivas. ¡Cumplan, señores! ¡Cumplan!

El presidente y la periodista

En el intercambio entre el presidente Salvador Sánchez Cerén y la periodista de TCS, Paola Alemán, en la conferencia de prensa en Casa Presidencial, sí hubo irrespeto – del mandatario a la periodista: no sólo la interrumpió, sino la tuteó. Es una cosa que te tutea un colega o un amigo, pero cuando un jefe del Estado regaña a una periodista tuteándola como si fuera su ‘muchacha’ de casa, es un irrespeto inaceptable. Cada vez se parece más a Mauricio Funes.

Segunda Vuelta

4 marzo 2016 / EDH

diario hoyEl presidente de la República, Salvador Sánchez Cerén, se negó a responder a la pregunta de una periodista, quien consultó sobre las fiestas en las cárceles, cuyos videos se filtraron esta semana. A pesar de que la consulta iba dirigida al ministro de Defensa, David Munguía Payés, el mandatario salió al paso y pidió “respeto” para sus funcionarios.

El incidente se produjo cuando la informadora le preguntó al ministro de Defensa, David Munguía Payés, quien fue ministro de Justicia y Seguridad, sobre si supo del ingreso de las mujeres nudistas al penal de Izalco, como se muestra  en un video que ha circulado por los medios de comunicación y en redes sociales.

La conferencia era para anunciar la entrega de un  bono a agentes policiales, pero llamó la atención que estuviera Munguía Payés, que ahora es ministro de la Defensa y que era titular de Seguridad en el tiempo de  la tregua de pandillas.

Como suele suceder en las conferencias de Casa Presidencial, las encargadas de prensa solo brindaron espacio para que se hiciera una pregunta por medios escritos, una para radio y la otra para televisión. Esto no fue cumplido.

El intercambio entre el presidente y la eriodista de televisión Paola Alemán

Carta al presidente sobre ‘terrorismo mediático’. De Paolo Luers

PAOLOPaolo Luers, 9 febrero 2016 / EDH

Estimado Salvador Sánchez Cerén:
El lenguaje, los términos que se escogen, le traicionan a uno y revelan lo que realmente piensa. “Analicen el lenguaje de los poderosos, y detectarán sus más ocultas intenciones”, nos dijo Walter Höllerer, poeta, novelista, y mi profesor de literatura en la Universidad Técnica de Berlin. Nos puso a analizar discursos para entender historia, política e ideología. Para el oficio de la crítica política, esta metodología resulta un instrumento ideal

Usted, presidente, acusó a Jorge Daboub, presidente de ANEP, de “terrorista mediático”.

Aquí la transcripción, en el marco de su reality show ‘Gobernando con la Gente’ en San Miguel: ”¿Saben lo que son los escopeteros? Que tiran, tiran, tiran, tiran. Y ya no le bastó eso, sino que ahora se ha vuelto un terrorista mediático porque a través de la información al pueblo ha jugado con el miedo de la gente y de los pensionados… hoy sale este señor Jorge Daboub engañando a la gente.”

Y para mostrar que este lenguaje no fue un desliz al calor de un meeting partidario, la oficializó en twitter, en su cuenta oficial: “El señor Jorge Daboub ha pasado de escopetero a terrorista mediático…”

Analicemos el concepto de ‘terrorismo mediático’. Si una persona o un sector político opta por la palabra como su arma, sin ni siquiera considerar usar la violencia para sus fines políticos, esta actitud jamás puede ser considerada ‘terrorista’. El término de terrorismo, por definición, incluye la violencia, el terror provocado por la violencia. Por más ofensiva que sea la palabra, nunca puede constituir terrorismo. La única manera de justificar el término ‘terrorismo mediático’ sería el uso de medios para difundir y propagar actos de violencia, así como lo hace ISIS con sus videos sobre decapitaciones. Pero esto no es el caso de ANEP y de Jorge Daboub. Ellos usan la palabra y su difusión como arma en una disputa política pacífica.

El hecho que usted, como presidente de la Republica, considera esto ‘terrorismo mediático’ revela varias cosas: primero, su profundo desprecio a la libertad de expresión, siempre cuando sea ejercida por su enemigo de clase; segundo, su disposición y deseo de sancionar a esta crítica: uno no clasifica de ‘terrorismo’ algo que no está dispuesto de sancionar, reprimir, erradicar. Hacerlo o no es una cuestión de correlación de fuerza y de conveniencia – por esta razón no procede en el momento, pero su lenguaje traiciona y revela su concepción ideológica: Usted está convencido que el gobierno, si las fuerzas ‘del cambio’ tuvieran la fuerza necesaria, tiene derecho de sancionar este ‘terrorismo mediático’, así como sus correligionarios han hecho en Cuba, en Venezuela, en Nicaragua, en Bolivia, en Argentina y en Ecuador – cada uno a su manera, cerrando periódicos y canales de TV; enjuiciando a periodistas y otros críticos del gobierno.

De paso sea dicho: de las entrañas del Socialismo del Siglo 21 surgió el término del ‘terrorismo mediático’. Coincide con la idea que las ‘clases dominantes’, así como en el pasado usaron las Fuerzas Armadas y los escuadrones de muerte para ejercer su dominio, hoy usan los medios de comunicación.

Todo esto, estimado señor presidente, va implícito cuando usted se para enfrente de sus más fervientes seguidores en su reality show presidencial y habla de ‘escopeteros’ y ‘terroristas mediáticos’, refiriéndose a quienes critican su intento de sanear las finanzas del gobierno con una reforma de pensiones expropiatoria.

Irónicamente, los ‘terroristas mediáticos’ son los mismos que hace pocos día usted invitó a reanudar el diálogo con su gobierno. ¿Así que usted va a negociar con terroristas? ¿O era paja lo del diálogo?

Presidente, reflexione: Quienes usan la palabra y su difusión como arma política, sin considerar en lo más mínimo el uso de armas de fuego y otras formas de violencia, no pueden ser terroristas. Y el gobierno que así los considera demuestra que no acepta el juego democrático de oposición y libertad de expresión.

Saludos,

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Carta a quienes escriben los discursos del presidente. De Paolo Luers

PAOLOPaolo Luers, 19 enero 2016 / EDH

No sé quién le escribe los discursos a Salvador Sánchez Cerén. No sé hasta qué punto intervienen los hombres de su círculo interno en Casa Presidencial: Hato Hasbún, Manuel Melgar, Marcos Rodríguez y Eugenio Chicas, o sus aliados principales en el partido, como Medardo González o Lorena Peña.

La verdad es que entre todos ustedes no han logrado influir en el presidente para que en este aniversario de los Acuerdos de Paz diga las palabras correctas para pedir perdón por los crímenes de guerra cometidos en nuestro país.

Esta es la frase que dijo en el acto en la feria:

“En 2010, como Estado pedimos perdón por las violaciones a los derechos humanos cometidas contra miles de familias salvadoreñas durante el conflicto, a quienes se les vulneró el derecho a su integridad, a la libertad personal y a la vida. diario hoyHoy, como Comandante General de las Fuerzas Armadas, pido perdón a las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos, a sus familiares, y les reafirmo mi compromiso que hechos como esos jamás se repetirán en nuestra historia.”

Y nadie de ustedes fue capaz de escribirle la frase que faltaba para que su discurso tenga sentido histórico y valor ético:

“Como miembro de la Comandancia General del FMLN durante la guerra, también pido perdón a las víctimas de las graves violaciones a los derechos humanos cometidos por y a nombre de nuestras fuerzas guerrilleras. Y voy a aprovechar este día para hablar, de manera muy especial, como comandante en jefe de las FPL para pedir perdón a las víctimas de los más de 1000 compañeros y colaboradores de nuestra organización ajusticiados injustamente.”

Sin este complemento, el perdón que pide el presidente a nombre del Estado y de La Fuerza Armada no es más que retórica y no refleja ningún proceso de reflexión histórica, autocrítica ética y de verdadera disposición a la reconciliación.

El presidente del primer gobierno del FMLN, Mauricio Funes, cometió el mismo pecado de omisión el 16 de enero de 2010, cuando en un acto oficial dijo:

“En nombre del Estado salvadoreño, en relación con el conflicto armado interno, reconozco que agentes del Estado cometieron graves violaciones a los derechos humanos. masacres, ejecuciones arbitrarias, desapariciones forzadas. Por todo lo anterior, pido perdón.”

El entonces vicepresidente Salvador Sánchez Cerén, hizo el intento de corregirle la plana a Funes. Sin embargo, la manera como lo planteó, demostraba que muy poco ha aprendido en 20 años de postguerra:

“A todo el pueblo salvadoreño afectado por nuestras acciones militares, el FMLN les pide perdón.”

No, señores: No se trata de pedirle disculpa al pueblo por las acciones militares del FMLN, porque estas tenían sentido histórico y moral para derrotar al militarismo y la represión. A Salvador Sánchez Cerén le toca pedir perdón, no por la guerra de guerrilla, pero sí por las acciones de guerra sucia que también fueron cometidos por el FMLN bajo su responsabilidad como máximo dirigente y comandante: por los asesinatos políticos a dirigentes civiles opuestos al FMLN, por secuestros y asesinatos a empresarios, por la campaña de “limpieza ideológica” en las propias filas de las FPL que costaron la vida a más de mil personas en San Vicente.

¿Cómo es posible que nadie de ustedes, quienes en Casa Presidencial y en el partido están cerca del presidente, le haya explicado la diferencia entre un pedido de perdón retórico y un pedido de perdón autocrítico? Pedir perdón por los pecados de otros, sin asumir los propios, es una burla a las víctimas.

Saludos,

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Carta a los “opinadores”: Enfoquen bien su crítica. De Paolo Luers

PAOLOPaolo Luers, 24 noviembre 2015 / SEGUNDA VUELTA

Esta bicha Cristina hace una semana me robó una mi carta que iba a mandarle a Funes. Escribió una “defensa al ex presidente”, que resulta más demoledora que cualquier acusación.

Mi carta iba a arrancar así: “Cada político tiene derecho de decidir cómo quiere entrar en la memoria de su pueblo. Si vos preferís que te recuerden como el ex presidente que ya no puede costearse Blue Label ni putas de clase, y que tiene que conformarse con las mujeres y el Cinta Negra que le consigue otro entrevistador fracasado, es tu libre decisión y tu pleno derecho. ¿Quién soy yo para juzgarte?”

Pero bien, Cristina López ya escribió todo lo que había que decir sobre el asunto. Sólo me queda razonar sobre el fenómeno en general: Muchas veces aquí descalificamos a los políticos por razones equivocadas o pecados menores, habiendo tantas razones válidas para hacerlos pedazos…

¿Por qué atacan a Funes por su mal gusto en mujeres, en vez de seguir preguntándole por Polistpeque, la empresa que montaron sus cheros brasileños y que por orden del presidente acaparó con todas las cuentas de publicidad del gobierno? ¿Porqué hacen burla de tu notoria obsesión con productos de silicona, cuando este es su pecado menor, comparado con el Chapparral o el SITRAMSS?

A Salvador Sánchez Cerén lo atacan por su pasado de guerrillero, cuando esto ha sido lo más decente que ha hecho en su vida. Es absurdo reclamarle esto, cuando hay que preguntarle porqué no honró los principios revolucionarios y no paró a tiempo a su súbdito Mayo Sibrián y las matanzas de San Vicente…

Igual de absurdo es reclamarle su pasado guerrillero a Benito Lara, en vez de hacerle responsable de sus malas decisiones como ministro de Seguridad. Y lo mismo en el caso de los ex militares: el coronel Ochoa pudo haber cometido errores durante la guerra, pero estos quedan saldados con los Acuerdos de Paz y la amnistía. Sin embargo, ¿por qué nunca le obligaron a explicar bien los enredos millonarias que dejó como presidente de CEL? Si en vez de encubrirlo, le hubieron hecho rendir cuentas, ARENA se hubiera evitado los problemas que Ochoa le causó años después cuando “se transfugó”…

En general: Dejen de querernos contar que el país está mal por los pecados de los militares y los guerrilleros durante la guerra, o porque no sirvieron los Acuerdos de Paz. Estamos como estamos por los errores, pecados y negligencias de la postguerra. No busquen justificaciones en la guerra.

Otro ejemplo: Marcos Rodríguez. Lo atacan porque no nació en El Salvador, como si esto fuera pecado. Pero no hacen un análisis de su actuación en Casa Presidencial. Otros lo quieren descalificar, porque su mujer tiene un alto cargo en Fosalud, aunque nadie pudo argumentar que ella no está capacitada. Yo lo defendí en ambos casos, por principio. Sin embargo, mantengo que Marcos debe renunciar. No por nepotismo, mucho menos por “extranjero”, sino por los abusos que la Secretaria de Transparencia está cometiendo…

A Gallegos, ¿cómo es posible que lo atacan por sus viajes, cuando estos son sus pecados menos serios? A este hombre lo descalifica su rol en la compra-venta de diputados, y su campaña permanente para que la gente tome la justicia en sus manos y por legitimar a los grupos de exterminio…

Así que, estimados formadores de opinión pública, sobre todo los que operan en las redes, sean más selectivos y serios en sus críticas. Apunten bien, no tiran ráfagas a la loca. No se dispersen con los pecados menores.

Saludos,

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Visita de Estado en El Salvador: Bachelet se sacó la careta al alabar red de protección social de la RDA

Lo que en El Salvador pasó totalmente desapercibido, en los medios chilenos tuvo impacto: sus declaraciones sobre el sistema de salud de la República Democrática de Alemania (Alemania Oriental), donde vivió varios años de exilio.

MICHELLE BACHELET  de visita en El Salvador

MICHELLE BACHELET de visita en El Salvador

14 agosto 2015 / RADIO SANTIAGO

Las declaraciones de la Presidenta Bachelet, realizadas en su visita a San Salvador, alabando la red de protección social que existía en la República Democrática Alemana cuando ella estuvo en el exilio desnudan tanto las afinidades ideológicas de la Mandataria como su débil compromiso con la defensa de la democracia como única forma legítima de gobierno. Al alabar el sistema de salud de una dictadura, Bachelet se pone al mismo nivel de aquellos que, alabando los éxitos de la dictadura chilena, tácitamente relativizan los inaceptables costos en violaciones a los derechos humanos asociados a cualquier dictadura. Es excesivo exigir que cada vez que alguien se anime a destacar logros de una dictadura deba mencionar también que las dictaduras no son ejemplos a seguir. Pero el hecho de que Bachelet históricamente haya sido poco clara en denunciar las atrocidades cometidas por esa dictadura comunista hace que sus alabanzas al sistema de protección social de la RDA resulten especialmente preocupantes para aquellos que creemos que ninguna dictadura, independientemente de su color político, es un modelo a seguir.

Al participar en un foro sobre políticas de primera infancia en la capital de El Salvador, Bachelet improvisó una reflexión sobre su propia experiencia maternal. Recordando que su primer hijo, Sebastián Dávalos, nació mientras ella estaba en el exilio, Bachelet declara que “mi primer hijo nació estando yo en el exilio, en la República Democrática Alemana, y por tanto tuve ahí todas las condiciones tanto de salud, de nutrición, de apoyo, que me permitieron estudiar y tener un hijo en sala cuna”.

La declaración de Bachelet, referida a la necesidad de que los gobiernos tengan red de salas cunas que faciliten la incorporación de las mujeres al mercado laboral, generó cuestionamientos sobre la conveniencia de hacer declaraciones que saquen a la palestra al primogénito de Bachelet y, peor aun, que pongan en tela de juicio el compromiso de Bachelet con la defensa sin relativización de los derechos humanos.

El hecho de que la aprobación de Bachelet haya empezado a derrumbarse cuando la Presidenta reaccionó débil y tardíamente al escándalo por la participación de su hijo en un negocio de especulación inmobiliaria debiera llevarla a no volver a mencionar a su primogénito en sus declaraciones públicas.

Pero como si mencionar a su “hijo pastel” para hablar de otro tema no fuera ya un error comunicacional, usar la red de protección social de la RDA como un ejemplo del que se debe aprender es un desacierto político todavía mayor. La Presidenta Bachelet ha construido buena parte de su legitimidad política a partir de su irrestricto compromiso con la defensa de los derechos humanos. Como Presidenta, Bachelet ha sido enfática en demostrar que la protección a los derechos humanos en Chile no acepta relativizaciones. Los logros y avances de una dictadura en ámbitos económicos y sociales no pueden ocultar los altos e inaceptables costos de las violaciones a los derechos humanos. Son vanos y contraproducentes los intentos por destacar logros de una dictadura sin reconocer las negras oscuridades (usando la descripción que el fallecido historiador Gonzalo Vial hiciera del legado de violaciones a los derechos humanos de la dictadura de Pinochet).

En semanas recientes, producto de avances en la causa judicial contra los responsables del asesinato de Rodrigo Rojas Denegri y de las brutales violaciones a los derechos humanos sufridas por Carmen Gloria Quintana en 1986, el gobierno logró consolidarse en una posición de superioridad moral por haber defendido los derechos humanos en tiempos que una gran parte de la derecha política en Chile hacía la vista gorda a los abusos que cometía la dictadura. La muerte del ex jefe de la DINA, Manuel Contreras, uno de los símbolos de las violaciones a derechos humanos cometidas por la dictadura, nuevamente sensibilizó al país sobre la importancia de defender la dignidad de las personas por sobre cualquier consideración política.

Por eso resulta tan doloroso que Bachelet haya tenido el desatino de destacar un logro de una dictadura que también sistemáticamente violó los derechos de millones de personas por un periodo especialmente prolongado de tiempo. Precisamente porque Bachelet fue exiliada en esa dictadura y debió haber visto los sufrimientos a los que el régimen comunista tenía sometido al pueblo —así como muchos en la derecha chilena debieron haber visto apremios cometidos en Chile—, resulta desafortunada su alabanza a una política social de esa brutal dictadura. Peor aún, porque Bachelet ha sido especialmente ambigua y poco clara en condenar las sistemáticas violaciones cometidas por esa dictadura comunista, su declaración a favor de las políticas de infancia de la RDA alimenta justificadas sospechas sobre el real compromiso de Bachelet en la defensa de los derechos humanos, independientemente de la ideología del régimen en el poder.

Lea también: La RDA, modelo de Bachelet