Lula

Bolsonaro y las ideologías. De Manuel Hinds

9 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

La elección de Jair Messias Bolsonaro ha causado gran desazón en todos los círculos democráticos del mundo por las posturas de autoritarismo que tomó durante su campaña y que ha reafirmado como presidente electo. Este tema ya ha sido discutido hasta la saciedad por todos los medios importantes en el planeta y el veredicto ya parece estar dado, basado en términos puramente ideológicos. Pareciera haber un consenso de que Brasil, que todo el mundo había pensado que ya había absorbido la democracia, que se había vuelto de izquierda y había dejado atrás el autoritarismo de los gobiernos militares, ha vuelto a desear el pasado militar y se ha ido a la extrema derecha.

En este artículo yo arguyo que el tema principal en las elecciones presidenciales de Brasil no pueden haber sido ni la ideología ni los programas de gobierno, ni la calidad de “nuevo nombre” que muchos quieren darle a Bolsonaro para acomodarlo a un cliché. Con respecto a este último punto, nadie puede decir que Bolsonaro era un nombre nuevo si ha sido diputado desde 1991. El punto crucial en mi argumento con respecto a la irrelevancia de la ideología y los programas de gobierno es que Bolsonaro no fue el primer preferido para ser electo.

Todas las encuestas hasta unos pocos días antes de las elecciones mostraban que el preferido de los electores era Lula, un personaje que era todo lo contrario de Bolsonaro en términos de ideología y de programas de gobierno. Nadie en Brasil duda de que si Lula hubiera corrido, él sería presidente ahora. Pero Lula no corrió porque la Corte Suprema de Justicia no se lo permitió porque es un reo condenado por corrupción. Al quedar Lula inhabilitado, el Partido de los Trabajadores nombró a otro candidato para sustituirlo, lo que hubiera podido esperarse si la elección hubiera sido sobre ideología o sobre programas es que la gente hubiera votado por ese sustituto, que tenía la misma ideología y los mismos programas que Lula. Pero no. Faltando Lula, votaron por el que estaba más alejado en ideología y en programas.

Esto es como el caso de un joven que entra en una fiesta y, al no poder bailar con una muchacha de pelo negro y ojos oscuros, busca entonces bailar con una rubia con ojos azules —a pesar de haber muchas otras muchachas de pelo negro y ojos oscuros. Siendo que las dos son su primera y su segunda preferencia, es obvio que él no define su “tipo” de mujer por los colores del pelo o de los ojos. Tiene que haber otro factor que define el “tipo” de mujer que agrada al joven, algo que las dos tienen pero que no es el pelo ni los ojos. Igualmente, si el preferido del pueblo fue primero Lula, y el segundo Bolsonaro, el “tipo” de presidente que los brasileños prefirieron en estas elecciones no está definido por las categorías de ideología y programas, a pesar de que estas son las que normalmente se usan para definir a los candidatos.

La clave para entender lo que pasó en Brasil, pues, está en entender qué es lo que Lula y Bolsonaro tienen en común. Este factor común parece estar definido por las características de liderazgo fuerte y decidido que tienen los dos. En un mundo en el que las cosas están cambiando muy rápidamente y en direcciones que no es posible prever, los votantes brasileños parecen buscar no ideología, ni programas, sino las cualidades personales que tiene que tener el candidato para guiar a la sociedad en su ajuste a ese nuevo mundo —la fortaleza para enfrentar retos inesperados, la confianza en sí mismo para infundir un rumbo a la sociedad, y la firmeza para mantenerlo en medio de graves tormentas. Lula demostró en su presidencia que tiene muchos defectos, tan graves que lo inhabilitaron, pero también demostró que puede liderar a una sociedad con mucha firmeza. Bolsonaro ha dado esta impresión también, es lo que está ofreciendo: guiar, en otra dirección pero también firmemente. Lo que Bolsonaro tiene que mostrar es que puede dar esa guía firme y definida dentro de un sistema democrático. Eso es lo que los pueblos necesitan en estos tiempos tan llenos de incertidumbre. Los que ofrezcan esa firmeza ganarán las elecciones en la región.

El melodrama como ideología. De Alberto Barrera Tyszka

CIUDAD DE MÉXICO — Mientras el incendio devoraba más de 20 millones de piezas de arte, los dos hidrantes más cercanos al Museo Nacional de Brasil no pudieron ser utilizados por los bomberos. No tenían agua. Según se sabe, en 1803, en Filadelfia, Frederick Graff, encargado de la ingeniería de la ciudad, introdujo por primera vez en la historia un hidrante conectado a la red de tuberías urbanas. Quince años después, en Río de Janeiro, se fundó el Museo Nacional de Brasil. Doscientos años no fueron suficientes. Lo ocurrido el domingo pasado desnudó el fracaso de la historia. En una metáfora cruel de la crisis institucional de Brasil, un país que parece estar devorado por el fuego de la corrupción y de la inestabilidad política.

Dentro de un mes serán las elecciones presidenciales y, esta semana, los dos candidatos con más chance en las encuestas han sufrido percances. Como en un relato de folletín, las supuestas alternativas de Brasil están hoy en la cárcel y en el hospital. Luiz Inácio Lula da Silva fue definitivamente inhabilitado para participar en las elecciones y Jair Bolsonaro recibió una puñalada. La política, cada vez más, parece ser un subgénero de la novela negra, de la crónica policial.

Los últimos años de la democracia brasileña suelen contarse desde dos versiones enfrentadas y, a veces, esquemáticas. Una versión señala y denuncia al Partido de los Trabajadores de haber organizado y mantenido una enorme red de corrupción, alrededor de Petrobras y del sector de la construcción, tanto durante el gobierno de Lula da Silva como durante el mandato de Dilma Rousseff. Esta versión defiende la destitución de Dilma, la prisión de Lula y la prohibición del Tribunal Electoral de su candidatura como una muestra de la imparcialidad de las instituciones y de la justicia en el país. Otra versión denuncia que las élites disfrazaron de legalidad un golpe de Estado con la destitución y —controlando a los tribunales— al encarcelar a Lula. Una más acusa a Michel Temer de corrupción y manipulación de la justicia.

La realidad es mucho más compleja y lo peor es que, tal vez, en alguna medida las dos primeras versiones digan la verdad.

¿Qué pueden pensar los brasileños sobre la política, sobre el liderazgo político? ¿A quién puede creerle el ciudadano común, el que debe decidir, dentro de un mes, quién será el próximo presidente? Se trata de un espectáculo que ya involucra a las instituciones y que, de alguna manera, las termina contaminando.

Esta semana, la policía federal del Brasil pidió que se investigue a Michel Temer por corrupción y lavado de dinero. Ya en dos oportunidades la Fiscalía General de ese país ha intentado investigar al actual presidente, pero hasta ahora Temer ha logrado bloquear esa iniciativa en el congreso. También esta semana, la Corte Suprema ha rechazado una apelación de Lula a reconsiderar la prohibición a ser candidato a la presidencia. Lula se apoya en un dictamen de la ONU y la Corte en una ley propuesta y aprobada durante su propio gobierno: una persona condenada por corrupción no puede aspirar a ningún cargo público.

El caso de Lula es singular. Ha sido y es el líder político más importante del país en las últimas dos décadas. Siempre controló y estuvo al tanto de todo, menos de la corrupción de su entorno. En los grandes casos de corrupción (Mensãlao, Lava Jato y Petrobras), Lula supuestamente nunca supo nada, nunca se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, incluso cuando grandes directivos de su partido, colaboradores cercanos de sus gobiernos e incluso amigos personales estuvieron implicados, fueron detenidos y llevados a prisión. Es inverosímil que, en su estrecha relación con Marcelo Odebrecht jamás haya ni siquiera sospechado de la enorme operación de corrupción que extendía el empresario por todo el continente. El mismo empresario ha declarado que Lula mismo recibió más de 2 millones de dólares en sobornos.

Lula insiste en su inocencia y, aun desde la cárcel, apela a su condición de héroe, de defensor de los pobres y víctima de los poderosos. “Cuanto más me acusan, cuanto más me persiguen, más subo en las encuestas”, ha dicho, en un cálculo que define su estrategia. Y quien se opone a él no es capaz de desactivar esa retórica. Por el contrario, complementa de manera ideal ese relato: Jair Bolsonaro es un líder conservador y autoritario, promotor del odio y de la violencia, que ha dado muestras fehacientes de racismo y ha declarado que, en tiempos de la dictadura, los militares cometieron el error de torturar, en vez de asesinar. El extremista Bolsonaro es, en el fondo, el candidato que Lula necesitaba.

Ahora, el futuro de ambos candidatos es incierto. El jingle oficial de la campaña de Bolsonaro invitaba a Brasil a cambiar, pero a cambiar de verdad, hacia un futuro distinto, libre y justo. Sin embargo, su discurso ofrece rabia y paredones de fusilamiento. Lula proponía hacer “un Brasil feliz de nuevo”, un eslogan que deja un sabor a Donald Trump en el ánimo. Pero, al menos legalmente, ya tiene todas las puertas cerradas.

Lula no podrá ser candidato. Su partido tiene hasta el 11 de septiembre para inscribir un nuevo aspirante a la presidencia. Es probable que, aun con Fernando Haddad —el exalcalde de São Paulo—, la campaña se mantenga alrededor de la figura de Lula. Incluso, también es probable que se intenté capitalizar todo el conflicto, llamar a votar para liberarlo. En ambos casos, se intenta construir una narrativa sobre el mismo libreto. Hay más melodrama que ideología. Más apelaciones al amor o al odio que discernimiento. Más delirio que política.

En muy pocas horas, las llamas acabaron con uno de los espacios fundamentales de la vida y de la cultura de Brasil. Ya es muy tarde para atender los hidrantes que no funcionaron, la burocracia que no hizo su trabajo, los presupuestos errados, la negligencia de la administración federal. Pero tanto el liderazgo político como los ciudadanos que tienen el poder del voto sí están todavía a tiempo de regresar a la sensatez y tratar de encontrar alternativas ante la crisis. Es necesario recuperar la confianza en las instituciones y en la política, enfrentar la amenaza de descontrol, para impedir que haya incendios mayores.

Carta al dúo canciller & fiscal: Yo no fui, fue Teté, pégale, pégale al quien fue. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 10 febrero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Señores:
Es vergonzante ver como dos de los funcionarios más importantes para defender los intereses del Estado se tiran la pelota en el caso Odebrecht-Funes. O mejor dicho, el escándalo Odebrecht-Joao Santana-Lula-Vanda-Funes.

  • Odebrecht: el magnate brasileño de construcción, que sobornó a presidentes candidatos en toda América Latina;
  • Joao Santana: el publicista de Lula y Funes, quien confesó haber conseguido los 3 millones de dólares para la campaña de Funes (por cierto a su cargo);
  • Lula: el presidente de Brasil, quien se encargó de pedir a su chero Odebrecht que suelte estos 3 millones para su otro chero Funes;
  • Vanda: la que quería ser primera dama y sirvió de intermediaria entre Lula y Funes, según la confesión de Santana;
  • Funes: el hombre que hicieron presidente con fondos ilegales.

Todo esto ya se sabía desde hace meses, y quedó confirmado cuando Santana negoció con la fiscalía brasileña y le puso del dedo a sus cheros Lula, Vanda y Mauricio.

logos MAS y EDHTambién lo sabe el fiscal general Douglas Martínez, así como sabe del transe de Funes con Astaldi, la empresa que abandonó el proyecto Chaparral con 129 millones autorizados por el presidente Funes. Pero Funes, escondido en Managua, todavía no está siendo acusado penalmente, ni en el caso Chaparral, ni por el enriquecimiento ya comprobado por la cámara de lo civil – y tampoco en el caso Odebrecht.

Dice el fiscal que no puede hacer nada, porque no le han mandado la documentación, dado que Cancillería no le tramita el acuerdo formal con Brasil. Y dice el canciller que tal trámite nunca ha existido. Tiene la desfachatez de mandar una carta al Diario de Hoy, que había citado las declaraciones del fiscal general, y exigir “la rectificación de la noticia”.

Igual de vergonzosas son las declaraciones del fiscal, que EDH publicó junto a la carta del canciller. Los dos se están tirando la pelota – y mientras tanto nadie hace nada para investigar y llevar a la justicia el caso Odebrecht-Funes, o sea del financiamiento de campaña con fondos de procedencia ilegal. Así, entre varios cocineros, se cocina la impunidad.

El fiscal, en todos sus cantinflescos alegatos, no menciona que él fue invitado por la fiscalía de Brasil a una reunión con los fiscales de los países donde gobernantes o candidatos recibieron fondos ilegales de Odebrecht para coordinar la investigación. Pero don Douglas no fue, con la absurda excusa que salió muy caro el viaje. Mucho más caro nos sale que el caso Funes queda en el aire.

En vez de ir a recoger la documentación ofrecida, el fiscal le tira la pelota al canciller, y este se la devuelve fingiendo demencia. Mientras tanto, su amigo y mentor Mauricio Funes, feliz en Managua, gastando la fortuna con la cual salió de Casa Presidencial.

Menos mal que el fiscal, en la misma conferencia, dice que aun no sabe si quiere reelegirse. Igual que Hugo Martínez aun no ha decidido si va a correr por la candidatura presidencial. Hagan el intento, señores, y recibirán la factura por este burdo juego de apariencias.

Saludos,

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Cómo la corrupción de Odebrecht abonó a la campaña de Mauricio Funes. De Jimmy Alvarado

La Policía Federal y el Ministerio Público de Brasil afirman que Odebrecht hizo pagos por 5.3 millones de reales a Joao Santana para que este dirigiera la campaña electoral de Mauricio Funes en 2008. Los fondos provenían de la división de Operaciones Estructuradas, la oficina de Odebrecht que canalizaba sobornos al Partido de los Trabajadores de Lula da Silva. Medios brasileños revelan confesiones de un ejecutivo de Odebrecht que vincula a la ex primera dama, Vanda Pignato.

El 9 de agosto de 2010, el presidente Mauricio Funes y la primera dama Vanda Pignato hicieron una visita oficial a Brasil. Se reunieron con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en una ceremonia en Sao Paulo de la Federación de Industriales (FIESP). AFP PHOTO/Mauricio LIMA / AFP PHOTO / MAURICIO LIMA

El 9 de agosto de 2010, el presidente Mauricio Funes y la primera dama Vanda Pignato hicieron una visita oficial a Brasil. Se reunieron con el presidente Luiz Inacio Lula da Silva en una ceremonia en Sao Paulo de la Federación de Industriales (FIESP). AFP PHOTO/Mauricio LIMA / AFP PHOTO / MAURICIO LIMA


Jimmy Alvarado, 20 abril 2017 / EL FARO

La Policía Federal y el Ministerio Público de Brasil han vinculado la millonaria trama de corrupción de Odebrecht con la campaña electoral del expresidente salvadoreño Mauricio Funes, a través de una triangulación de fondos que habría sido diseñada por las principales cabezas de la gigante de la construcción en América Latina, el expresidente Lula da Silva y su ministro de Hacienda. El desembolso de esos fondos fue efectuado por Odebrecht y llegó hasta Joao Santana, el publicista que enrumbó la campaña presidencial del FMLN en 2009, y a quien Funes no solo lo consideró el artífice de su triunfo, sino que además le llamó “amigo”.

Las autoridades brasileñas se amparan en registros contables y testimonios de los principales involucrados en un pago de 5.3 millones de reales a Santana (1.6 millones de dólares al cambio actual, 3 millones en 2008, el año en el que habrían ocurrido esos aportes) para afirmar que la campaña del que se convertiría en el primer presidente de izquierdas en El Salvador recibió fondos provenientes de la mayor trama de corrupción y lavado de dinero en Brasil.

En la triangulación de fondos, según la Policía, participó Antonio Palocci, el ex ministro de Hacienda de Lula da Silva y operador político del Partido de los Trabajadores; el CEO de la constructora brasileña Odebrecht, Marcelo Bahía Odebrecht, y Mónica Moura, esposa de Joao Santana.

Las autoridades brasileñas señalan que el pago a Santana, para que este dirigiera la campaña de Funes, fue canalizado a cuentas internacionales de la esposa del publicista, Mónica Moura, para asumir los costos de los servicios de publicidad.

“En ese caso los elementos probatorios inducen a concluir que Odebrecht a partir de un ajuste hecho por Antonio Palocci Filho pagó los gastos de Joao Cerqueira de Santana Filho y de Mónica Regina Cunha Moura relacionados a la campaña por la Presidencia de la República de El Salvador que ganó Mauricio Funes en 2009”, dice uno de los requerimientos presentados por la Policía ante el Tribunal de Curitiba el 5 de febrero de 2016.

Joao Santana se incorporó a la campaña de Mauricio Funes en junio de 2008, según declaró a El Faro el exsecretario de Comunicaciones, David Rivas. Aunque la Policía no precisa la fecha exacta en la que Santana recibió los desembolsos para trabajar en la campaña presidencial de Funes, señala que estos pagos fueron realizados ese mismo año. Joao Santana y su equipo brasileño produjeron y lanzaron una de las piezas insignia de la campaña de Funes, en la que el entonces candidato anunciaba que perseguiría a la corrupción como nunca antes en El Salvador:  “Yo sé que hay muchos corruptos preocupados con mi victoria -decía Funes en aquel spot-. Y tienen razón. Mientras faltaban medicina en los hospitales, ellos se llenaban los bolsillos. Mientras las familias no tenían qué comer, ellos construían sus mansiones sobre las champas y la miseria. Por eso, no tengan dudas amigos: se va a acabar el tiempo en el que la cárcel era solo para los ladrones de gallinas. La cárcel será para todo los criminales, pobres o ricos. Y cuánto mayor sea el robo, mayor será el castigo”.

En febrero de 2016, el arquitecto de esta pieza y su esposa fueron condenados a 8 años y 4 meses de prisión en Brasil por lavado de dinero. Quien personificó el mensaje de este spot se refugia en Nicaragua en medio de una investigación en El Salvador por corrupción y por un incremento patrimonial injustificado.

La computadora, los registros, los testimonios

La conclusión de la Policía sobre los vínculos de Odebrecht con la campaña de Mauricio Funes parten de peritajes a registros contables, a correos y a testimonios de empleados de la división de Operaciones Estructuradas. Esta división era una oficina de Odebrecht que fue creada con el propósito de canalizar pagos de sobornos a funcionarios del Partido de los Trabajadores de Brasil, según el Ministerio Público de dicho país, y también para pagar sobornos a funcionarios de países de América Latina y de África, según indagaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos en Nueva York.

En mayo de 2014, la Policía encontró un archivo electrónico con un registro contable del año 2008, en el que se consignaba un pago de 5.3 millones de reales en El Salvador. El archivo fue encontrado en una computadora tras un allanamiento a la residencia de María Lucía Guimaraes Tavares,  una mujer que laboró seis años en la oficina de Operaciones Estructuradas de Odebrecht hasta su captura en mayo de 2014.

Uno de los archivos que llamó la atención de la Policía fue un documento de excel “POSICAO – ITALIANO310712MO.xls” en el que se registraban -en palabras de la Policía- “controles de pagos” para financiar campañas del PT y también un pago para la campaña de Mauricio Funes.

“Debe hacerse notar que “POSICAO – ITALIANO310712MO.xls” revela que la división de Operaciones Estructuradas llevaba control de pagos hacia João Cerqueira de Santana Filho, Mónica Regina Cunha Moura y otros beneficiarios que no han sido identificados, y tales pagos eran coordinados por Antonio Palocci Filho junto con Marcelo Bahía Odebrecht”, dice el peritaje de la Policía Federal de Brasil del 20 de junio de 2016.

La Policía determinó que el archivo “POSICAO – ITALIANO310712MO.xls” estaba en clave: “italiano” se refería a Palocci y “MO” a Marcelo Odebrecht. Palocci fue ministro de hacienda de Lula da Silva del 1 de enero de 2003 al 27 marzo de 2006, diputado del 1 de febrero de 2007 al 31 de diciembre de 2010 y un importante operador político del Partido de los Trabajadores. Del 1 de enero al 7 de junio de 2011, fue jefe del gabinete de Dilma Rousseff. Marcelo Odebrecht fue de 2005 a 2015 el CEO de Odebrecht, una de las empresas constructoras más grandes de América Latina.

En el archivo “POSICAO – ITALIANO310712MO.xls” había un apartado que decía “Evento El Salvador vía Feira (2008)” y a la par decía el monto asignado, 5.3 millones de reales. Según la Policía, “Feira” es el nombre clave con el que Guimaraes y Odebrecht se referían a los esposos João Cerqueira de Santana Filho y Mónica Regina Cunha Moura. Las autoridades destacan que el registro contable diga “vía” antes de “Feira”. “El vía indica que estos montos no eran destinados directamente a Joao Santana, sino que era el intermediario para hacer llegar el dinero a su destino”.

Gracias a peritajes a teléfonos y correos de Guimaraes y de Marcelo Bahía Odebrecht, la Policía concluyó que cuando en los registros contables  de la división de Operaciones Estructuradas se usaba la palabra “evento” hacían referencia a campañas electorales. Las conclusiones de estos peritajes en Brasil indican que Odebrecht financió la campaña de Funes pagando los gastos de Joao Santana.

La Policía Federal de Brasil afirma que hay evidencia robusta de que los pagos mencionados en el documento “POSICAO – ITALIANO310712MO.xls” se llevaron a cabo, aunque todavía no hay una sentencia en los Tribunales por este caso. “Por lo tanto, hay indicios de que efectivamente se realizaron pagos a través de JOÃO CERQUEIRA DE SANTANA FILHO y Mônica REGINA CUNHA MOURA, a los que se refirieron MARCELO BAHIA ODEBRECHT y el SECTOR DE OPERACIONES ESTRUCTURADAS de ODEBRECHT por el código Feira, relacionados con Elecciones presidenciales en El Salvador”.

Odebrecht es investigada por el caso “Lava Jato” – auto lavado- que consistía en un grupo de empresas que se ponía de acuerdo para ganar contratos con Petrobas, la petrolera estatal brasileña. Desde marzo de 2014, la justicia brasileña investiga a alrededor de 16 empresas que ganaban contratos con sobre precio, en el que se establecía que Petrobas pagaba por una obra, por la ganancia de la empresa y un soborno que podía ascender -según el Ministerio Público Federal de Brasil- entre el 1% y el 5% del contrato que iba dirigido a funcionarios del Partido de los Trabajadores.

Este esquema fue repetido en más de 11 países por  Odebrecht y Braskem -dos empresas hermanas- según una Corte en Nueva York que los condenó a pagar 788 millones de dólares y a mejorar controles internos para evitar este tipo de prácticas. La justicia brasileña estima que la oficina de Operaciones Estructuradas de Odebrecht pagó en total 3 mil 370 millones de dólares en sobornos de 2006 a 2014.

Funes y Pignato se desvinculan, pero callan sobre Santana

El 18 de abril de 2017, O Globo publicó una confesión de Hilberto Mascarenhas, grabada el 15 de diciembre de 2016, en la que el coordinador de la División de Operaciones Estructuradas de Odebrecht, la oficina creada en la compañía para coordinar los pagos de sobornos en Brasil y en el extranjero, dice que fue Vanda Pignato quien solicitó al ex presidente Lula la ayuda del PT para la campaña de Funes. Según O Globo, fue Pignato -quien desde 1980 fue militante del PT- quien intermedió para que Odebrecht apoyara la campaña a través de la incorporación del publicista Joao Santana.

Ante la pregunta sobre a qué se refiere un documento cuando menciona un evento en El Salvador, Mascarenhas respondió: “Es un pago de soborno”, y mencionó a Pignato. “La esposa -de Funes- pidió que Odebrecht apoyara la campaña a través de la contratación de Joao Santana y también fue una petición del gobierno brasileño no sé de quién exactamente”.

Según O Globo, Mascarenhas incluso explica que hubo una confusión con la cantidad solicitada por Pignato a Lula. Según él, la cantidad solicitada era 5.3 millones de reales (que en esa época equivalía a 3 millones de dólares), pero que Marcelo Odebrecht aprobó 3 millones de reales. El periódico brasileño OGlobo afirma que alguien se quejó en Brasilia por la equivocación ante el presidente Lula y le fue requerido a Mascarenhas corregir el error. Mascarenhas explica que nunca tuvo certezas, pero que llegó a escuchar que la persona que se quejó fue Mónica Moura, la esposa de Joao Santana.

En El Salvador, exfuncionarios de la presidencia Funes, como el secretario de Comunicaciones David Rivas, confirman que la relación entre Vanda Pignato, Joao Santana y Mauricio Funes se construyó durante la campaña, y se fortaleció en el cierre de la misma, con el triunfo electoral. Tras la victoria presidencial, Funes se dirigió a Joao en su discurso: “Agradezco, y quiero esta noche hacer un testimonio público a mi asesor y amigo, Joao Santana, su esposa y su formidable equipo de producción y de trabajo. ¡Muchas gracias!”.

Durante el inicio de su mandato, y sin que se conociera todavia la trama de Odebrecht, funcionarios de la casa presidencial ya daban cuenta de cómo era de importante Santana en la presidencia, y quien lo había llevado hasta Funes. El Faro conversó con dos ex funcionarios de Presidencia de la República, quienes aceptaron hablar bajo condición de anonimato. Uno de ellos ante la pregunta sobre quién hizo los contactos para traer a Joao Santana al país para dirigir la campaña de Funes contestó: “la respuesta es de sentido común. ¿Quién más tenía contactos con el Partido de los Trabajadores en Brasil?”. El Faro le preguntó si fue Vanda Pignato, a lo que contestó asintiendo con la cabeza. Otro ex funcionario también dijo que los contactos los hizo Vanda y afirmó que los servicios de Santana los había pagado el PT.

Pero la ex pareja presidencial niega estar vinculada a la trama de corrupción de Odebrecht, y que hayan participado del desvío de fondos desde Brasil para la campaña presidencial de Mauricio Funes. Sin embargo, si el aporte de Odebrecht a la campaña no existió, como aseguran las autoridades brasileñas, Funes y Pignato se guardan explicar cómo es que Joao Santana y su equipo llegaron al país, y quién pagó por los servicios del publicista brasileño durante la campaña presidencial 2008-2009.

El Faro solicitó respuestas a Funes y a Pignato el 19 de abril. A través de la oficina de prensa de la Secretaría de Inclusión Social de El Salvador, Pignato mandó a decir que ella no manejó el tema de la publicidad ni durante la campaña ni durante el periodo presidencial, y dijo que no haría más comentarios sobre el tema.

A través de mensajes privados en su cuenta oficial en Twitter, el expresidente Funes respondió que ni él ni su equipo le pagaron a Joao Santana ni gestionaron fondos de empresas brasileñas para que este cobrara por esa vía sus honorarios.

El Faro preguntó a Funes si gracias a las gestiones de Vanda Pignato con el ex presidente Lula y con el PT Joao Santana había venido al país. También preguntó si el PT y Lula pagaron los servicios de Santana. “Joao Santana y su empresa publicitaria se limitaron a asesorar mi campaña presidencial y ni Vanda ni yo ni nadie de mi equipo de campaña pagamos este servicio ni recibimos dinero de ninguna empresa brasileña para cubrir los gastos de campaña”, dijo Funes.

El ex presidente salvadoreño se desmarcó de la publicación de OGlobo, en el que este periódico menciona a Pignato como la responsable de gestionar el apoyo de Lula para que Santana viniera a El Salvador y también se desmarcó de los pagos de Odebrecht -que según OGlobo se hicieron a cuentas internacionales de Mónica Moura- para cubrir los servicios de Santana y su equipo durante la campaña presidencial de Funes.

“Ni Vanda ni yo podemos dar cuenta de las relaciones que la empresa publicitaria de Santana pudo haber tenido con Odebrecht, el PT o el presidente Lula. Lo que haya hecho el ex ministro de finanzas del ex presidente Lula (Antonio Palocci) no es asunto de nuestra incumbencia y escapa a nuestro conocimiento. Las transferencias internacionales que según ustedes se dieron en cuentas del exterior de Mónica Moura tampoco es asunto de nuestro interés y escapa a nuestro conocimiento”, añadió Funes.

Tras el triunfo electoral,  Santana y Moura crearon una empresa de publicidad en El Salvador, Polistepeque S.A de C.V. En los primeros meses de su mandato, Funes creó con funcionarios de confianza una estructura paralela  a la Secretaría de Comunicaciones, que se encargó de manejar la billetera asignada a la publicidad gubernamental y que también se encargó de que Polistepeque no tuviera competencia.

Desde noviembre de 2009, Funes maniobró para entregarle todo el pastel de contratos de publicidad a Polistepeque. Al cabo de dos años y medio, dicha empresa de publicidad facturó en El Salvador 8.5 millones de dólares, de los cuales al menos 5.6 millones de dólares provinieron de contratos con instituciones del ejecutivo. La relación Santana-Funes acabó en enero de 2012, cuando Polistepeque cerró operaciones en El Salvador.

El Faro envió dos preguntas más a Funes: ¿Cómo le responde a la Policía Federal de Brasil que especula hubo ventajas indebidas para Joao Santana en la asignación de contratos después de las elecciones presidenciales en El Salvador? ¿Cómo le responde a quienes especulan que los contratos ganados por Polistepeque fueron una retribución por los servicios prestados durante la campaña?

“No tengo más que agregar”, respondió el expresidente.

Cinco años después del triunfo electoral de Funes, Santana y su esposa, Mónica Moura, comenzaron a ser investigados en Brasil, porque no declararon ante el fisco que tenían empresas offshore en Panamá con cuentas de banco en Suiza. La Policía solicitó prisión preventiva para Santana y para Moura y pidió ampliar la investigación por los delitos de corrupción y lavado de dinero.

“Los investigados pueden estar involucrados en actividades criminales más serias como lavado de dinero y corrupción. No debe banalizarse la práctica del fraude con el uso de estos escasos recursos o por lo menos recursos inexplicables utilizados en las campañas electorales, tanto en Brasil como en el extranjero, considerando la consiguiente afectación de la integridad de los procesos políticos democráticos”, dice el pedido de prisión preventiva contra Santana y Moura del 15 de febrero de 2016.

El juez de Curitiba, Sergio Moro, condenó el 2 de febrero de 2017 a ocho años y 4 meses de prisión a la pareja por lavado de dinero. Ambos recibieron dinero de parte de Grupo Keppel Fels, un grupo de presión que pagó sobornos para recibir contratos de Petrobas. Parte de estos sobornos pagaron los servicios que Santana y Moura prestaron al Partido de los Trabajadores durante la campaña presidencial de Dilma Rousseff de 2010.

“Lula no se presentará en 2018 solo si está preso o muerto”: Frei Betto

Hay discusiones necesarias que la izquierda salvadoreña evade. En Brasil, uno de los amigos históricos de Lula, Frei Betto, no duda en criticar al PT y sus gobiernos.

Segunda Vuelta

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Frei Betto, fraile, escritor, amigo y exministro del expresidente brasileño, asegura que el PT debe reformarse para sobrevivir.

Antonio Jiménez Barca, 4 julio 2016 / EL PAIS

el paisEn una habitación pequeña de la planta baja del convento guarda Carlos Alberto Libânio, de 71 años, más conocido como Frei Betto, ejemplares de sus libros. Ha escrito más de 50. El último, una conversación con Fidel Castro. Fraile dominico, estudioso, activista, exministro de la primera etapa de Lula, teórico de la izquierda pero también práctico en movimientos sociales, Frei Betto es una especie de conciencia crítica del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño. Conoció a Lula en la juventud de ambos, cuando compartían habitaciones improvisadas en los tiempos de la creación del partido y de la casi clandestinidad. Ahora, le reprocha a Lula que no haya renunciado a un tren de vida demasiado lujoso como para ser ejemplar y al partido que no haya llevado a cabo todo lo que, a su juicio, se proponía en sus principios. Él, por su parte, sigue viviendo austeramente en un convento de São Paulo, alérgico a cualquier bien material, argumentando que el ecologismo traerá, por fin, esa esperada sociedad más justa.

Pregunta. ¿Por qué dice que le ha decepcionado el PT?

Respuesta. Los años de Lula y el primer mandato de Dilma Rousseff fueron los mejores de la historia republicana de Brasil. Se hicieron muchas cosas: se sacó a 45 millones de la pobreza, se llevó la electricidad a 15 millones de hogares… Pero se podría haber hecho más.

P. ¿El qué?

R. El PT iba a ser el partido de la ética (lo que no ha sido) e iba a ser el partido de las reformas estructurales, como la reforma política, pero no se hicieron. Y ahora Dilma Rousseff y el PT son víctimas de eso precisamente.

P.  ¿Y por qué no la hicieron?

R. Porque temieron enfrentarse a las élites brasileñas. Era una reforma encaminada a no tener 36 partidos, encaminada a obstruir las vías de la corrupción. El PT, además, hizo una vía de inclusión social por el consumo. Dio crédito, e hizo programas sociales. La gente pasó a tener microondas, nevera, hasta coche, pagando todo a plazos. Pero no bienes sociales públicos, educación, salud, transporte o seguridad. Por eso las personas tienen rabia ahora, ahora que todo está peor.

P. ¿Y qué va a pasar ahora con la crisis política?

R. Todo dependerá de la decisión del Senado. Si efectivamente los senadores mantienen el impeachment, Temer se va a convertir en el gran apoyo de Lula para 2018. El Gobierno va a ser tan malo que va a ayudar a volver a Lula.

P.  ¿Usted cree que Lula va a volver?

R. No es que crea. Es que estoy seguro: Lula solo no será candidato si está muerto o está preso. Lo conozco bien.

P.  Hay quien piensa que está desilusionado desde la salida de Dilma…

R. Lula es un genio de la política. Ahora que la Operación Lava Jato reparte las cartas de la política brasileña, le conviene no sobresalir mucho. Conviene que deje a Temer desgastarse.

P.  ¿Cree que a Lula le cambió el poder?

R. No, no le cambió. Pero creo que Lula debería haber preservado algunos símbolos, como Mujica en Uruguay. Podía haber continuado vivir en la casa donde vivía cuando era presidente del sindicato y viajar con un avión normal, no con un avión privado, esos símbolos dicen mucho para la opinión pública. Con todo, seguimos siendo amigos, y yo creo totalmente en su integridad ética.

P.  ¿Cuál es la renovación pendiente del PT?

R. Tiene que hacer primero una profunda autocrítica y segundo, refundarse. Para eso tiene que decir cuál es su propuesta. En un determinado momento, el PT se volvió una formación especializada en su perpetuidad en el poder, preocupándose sobre todo de eso. Pasó de ser un proyecto para el país a un proyecto para el poder. Permanecer en el poder se convirtió en algo más importante que cambiar el país.

P.  Desde su perspectiva de fraile católico, ¿por qué tiene tanto poder la iglesia evangélica?

R. Por causa de la pobreza. En muchos lugares de Brasil no hay acceso a la salud o a la enseñanza básica. Por eso muchos prefieren una iglesia que hagan milagros de curaciones. Explotan la miseria de esas personas: “Usted viene aquí y se va a curar, va a ser feliz, va a tener empleo”. Esto va a acabar en fundamentalismo. Estas iglesias se transformaron en grandes fuerzas políticas que tienen en sus manos el aparato del Estado. La iglesia evangélica está cometiendo el mismo error que cometió la iglesia católica en la Edad Media: querer ejercer el poder político a partir de sus propios preceptos religiosos. Eso fue desastroso. Y es una puerta para la homofobia, para el machismo o para la discriminación…. Ahora, esto pasa porque las personas están desamparadas, porque tienen muchas carencias, porque creen en todo lo que venga envuelto en algo divino… La Iglesia evangélica está en esos barrios, usted se siente valorizado ahí, se siente parte de ese proceso. La iglesia Católica lo hizo durante mucho tiempo, con las comunidades eclesiásticas de base. Pero dos papas no quisieron esas comunidades. Ahora, con el papa Francisco, vuelven a renacer.

P.  ¿Cree que se puede acabar con el problema de la desigualdad?

R. Si no creyera, certificaría la desesperanza de la especie humana. Un ejemplo es Cuba: Cuba tiene muchos defectos, pero ahí no ve una familia en la calle, ni millonarios. Yo creo que nos salvará la ecología. Antes creía que nos salvaría la economía, pero las personas tienen mucho apego a sus bienes, no están dispuestos a renunciar. Así que solo la ecología, el ver que los recursos del planeta son limitados, hará que tales empresas dejen de querer ganar tanto. O iremos todos al apocalipsis antes del tiempo. Pero como digo yo siempre: guardemos el pesimismo para días mejores.

Lula caído. De José Ignacio Torreblanca

José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones.

José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones.

José Ignacio Torreblanca, 30 marzo 2016 / EL PAIS

Hasta hace unas semanas, Lula era un icono global. Su trayectoria personal y la del Brasil que presidió entre 2003 y 2010 corrían tan en paralelo que era difícil no confundir una con otra. Porque la historia de lo logrado por aquel niño que no conoció el pan hasta los siete años y la de un país como Brasil, que de líder en pobreza y desigualdad consiguió convertirse en referente del Sur, encajan como un guante en una mano.

Gestionar esa fusión de biografía e historiografía no debe haber sido fácil, máxime cuando su salida del poder no coincidió con una gran crisis económica o institucional, sino con el punto más alto de su éxito. Lula no sólo dejó la presidencia después de haber logrado sacar de la pobreza a más de 30 millones de personas sino capitaneando una economía que crecía al 7,5% y liderando el Sur emergente contra el viejo y anquilosado Occidente. Su final de mandato no pudo ser más apoteósico: Brasil ganaba la sede de los Juegos Olímpicos y Lula entraba en el Olimpo de la izquierda.

el paisHoy, el Brasil de su sucesora, Dilma Rousseff, decrece al 3,8% en medio de un brutal escándalo de corrupción, un conflicto entre el poder ejecutivo y la judicatura y una amenaza de choque con el poder legislativo a costa del proceso de destitución de la presidenta que hacen preguntarse a muchos brasileños si aquel milagro económico y social no se asentaba en unos pies de barro institucionales. Entristece la reacción de Lula al cuestionamiento de su figura, confundiendo su persona y las instituciones de su país y empeñándose en situarse por encima de ellas. El Lula cuyo origen humilde siempre le permitió ver más lejos que nadie parece hoy desorientado, sin nadie que le cuente la verdad sobre su caída.

Con todo, la caída del ángel Lula significa que hay un nuevo Brasil abriéndose camino: un país donde la legitimación carismática del liderazgo no se antepone a la separación de poderes, esencial para la estabilidad de las instituciones, y donde el desarrollo económico, por mucho que acabe con la pobreza, no justifica la corrupción. Una historia tan brasileña como global que seguro les suena muy familiar.

@jitorreblanca

Brazil’s Political Crisis Deepens. Editorial/The New York Times

 Protests in Sao Paoulo against Brazilian President Dilma Rousseff and her new chief of staff, and former president, Luiz Inacio Lula da Silva.

Protests in Sao Paoulo against Brazilian President Dilma Rousseff and her new chief of staff, and former president, Luiz Inacio Lula da Silva.

NEW YORK TOMES NYTThe Editorial Board, 18 marzo 2016 / THE NEW YORK TIMES

President Dilma Rousseff of Brazil is fighting for political survival as calls for her impeachment grow louder amid a widening corruption investigation and a tanking economy.

Astonishingly, however, she appears to have felt she had political capital to spare last week when she appointed her predecessor and political mentor, Luiz Inácio Lula da Silva, to be chief of staff, a move that largely shields him, for now, from prosecution in the corruption scandal involving his ties to giant construction companies.

Ms. Rousseff’s explanation was tone deaf and ridiculous. She characterized the appointment as an opportunity to bring back to the government a maverick politician and talented negotiator to help Brazil contend with an assortment of crises, including the spread of the Zika virus.

“If Lula’s arrival strengthens my government, and there are people who don’t want it strengthened, then what can I do?” Ms. Rousseff said.

Ms. Rousseff has now created yet another crisis, one of confidence in her own judgment. Mr. da Silva, who led Brazil from 2003 to 2010, has been dealing with charges of illicit self-enrichment since he left office. Close associates, including his former chief of staff, José Dirceu de Oliveira e Silva, and the former treasurer of the ruling Workers’ Party, João Vaccari Neto, are in prison for corruption.

Early this month, investigators raided Mr. da Silva’s home and took him into custody for questioning. Prosecutors then sought to arrest him, accusing him of having accepted $200,000 worth of renovations for a beachfront property investigators believed he planned to occupy. Federal prosecutors are also investigating whether the millions of dollars Mr. da Silva and his foundation have received from companies linked to the scandal surrounding Petrobras, the national oil company, were actually bribes.

Mr. da Silva, a leftist leader, says he is not guilty and is entitled to his day in court. But he and Ms. Rousseff want to delay that day for as long as possible by giving him the protections from prosecution that cabinet members enjoy.

Roughly 50 officials — including politicians from other political parties — have been implicated in the Petrobras scandal, and Brazilians are rightly disgusted with their leaders. This latest move by the governing party sent protesters to the streets to demand Ms. Rousseff’s resignation and to express their outrage at what amounts to blatant cronyism. If her latest blunder pushes the impeachment effort across the finish line, Ms. Rousseff will have only herself to blame.