Argentina

Pablo Avelluto: “PRO es el primer partido del siglo XXI que llega al poder”

El futuro ministro de Cultura argentino dice que es un caso inédito en el mundo.

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Pablo Avelluto , el futuro ministro de cultura de Macri

Alejandro Rebossio, 8 diciembre 2015 / EDH

el paisPablo Avelluto desarrolló gran parte de su carrera en la industria editorial de Argentina, fue alto ejecutivo de las filiales de Planeta y Random House Mondadori y será ministro de Cultura del próximo presidente de su país, Mauricio Macri. Pero además ha formado parte del equipo de comunicación de la campaña que llevó al líder de Propuesta Republicana (PRO) a la jefatura de Estado.

Pregunta. ¿Hay un cambio cultural en Argentina por el que por primera vez gana un partido considerado de centroderecha?

Respuesta. No suscribo esa identificación ideológica, aun cuando pudiera ser percibido como tal. Tal vez en sus inicios tomó algo de esa tradición. Pero hoy es un partido del siglo XXI que va más allá de las categorías del siglo XX. Hecha esa salvedad, claramente se produjo primero un cambio cultural y luego Macri, el PRO y sus aliados de Cambiemos interpretaron ese cambio. El PRO es el primer partido fundado en el siglo XXI que llega al poder en algún país del mundo. Hay partidos nuevos como Ciudadanos (en España), pero no llegó todavía al poder. En Argentina cambiaron los valores, la concepción de lo que es la política y el partido que lo interpretó fue el que ganó.

P. ¿Le salió el tiro por la culata al kirchnerismo?

R. El kirchnerismo marcó el final del siglo XX en Argentina. Su retórica, su manera de dirigirse a la sociedad, su liderazgo por momentos sobrehumano, la tradición en la que se inscribe, que hereda mucho del peronismo de las décadas del 50 y el 70, están enmarcados en el modo dicotómico y no cooperativo en que la política estuvo organizada en el siglo XX.

P. También es llamativo que en un país en el que los empresarios están poco valorados gane un empresario rodeado de empresarios…

R. También eso responde a un cambio cultural. Lo que se valora no es el origen de muchos de sus funcionarios que hemos trabajado en el sector privado sino la lógica de gestión: cierta racionalidad, cierto modo de toma de decisiones metaideológico, no aideológico, sino que va más allá de la ideología.

P. Usted participó de la construcción de un relato más moderado de Macri, ¿cómo fue eso?

R. En Argentina se produjo en los últimos años el fin de la dicotomía kirchnerismo-antikirchnerismo. Macri trasciende esa dicotomía. El momento clave fue 2013. Cambiemos no es el opuesto al kirchnerismo sino una formulación política superadora. El hecho clave de ese proceso son las recorridas de Macri por cientos de casas de familia a través de invitaciones que recibe por su cuenta de Facebook. No está dimensionado todavía el impacto de eso en su manera de pensar. Él empieza a ver que el centro del problema argentino no es la macroeconomía sino la pobreza.

P. ¿Usted también cambió? Porque por Twitter había dicho que su golpe de Estado favorito era el de 1955 contra el peronismo…

R. Una tontería.

P. También dijo que había que despedir maestros y que esperaba que desapareciera el peronismo…

R. Siempre me llamó la atención cómo la mayoría de los sectores académicos había estado a favor de los golpistas en 1955. Desde ya que no hay golpes buenos. Twitter no es el mejor lugar para interpretar el pensamiento de una persona y no debe tomarse seriamente. Con los maestros mi situación era que mandaba a uno de mis hijos a la escuela pública, no tenía dónde colocarlo después de tres semanas de huelga y estaba enojado. Y lo que dije del peronismo era una broma.

P. Como ministro de Cultura, los maestros lo recibirán con las uñas afiladas…

R. Tanto los maestros como los peronistas tienen todo mi respeto. Creo que la huelga ha sido una herramienta que no ha ayudado a mejorar la calida de la enseñanza ni las condiciones de trabajo de los docentes, pero es un recurso legítimo. Twitter es una red extraordinaria, pero no es buena para hacer bromas porque tus viejas ironías y sarcasmos, tomadas fuera de contexto, pueden ser ofensivas, y esa no era mi intención en absoluto. Pero ese estado de ánimo que conocí forma parte del que tuvimos muchos argentinos durante los años de la confrontación.

P. ¿Cree que no habrá confrontación a las medidas que adopte Macri?

R. Forma parte del juego democrático que haya muchas posiciones frente a cada decisión.

P. ¿Cómo se acercará a un mundo de la cultura que en buena parte ha apoyado al kirchnerismo?

R. Uno de los errores de la política cultural y comunicacional del Gobierno fue anteponer la identificación política al hecho cultural o periodístico. Yo no le pregunto a los artistas a quién votan, me interesan sus manifestaciones. En el área de Cultura se han hecho cosas buenas.

P. ¿Qué cosas cambiará?

R. Vamos a cambiar la Secretaría de Coordinación Estratégica del Pensamiento Nacional porque no encuentro una función con ese nombre, pero muchos de sus programas van a seguir en otras secretarías. Cambiaré el hecho de privilegiar en algunos casos la proximidad política de actores a los que el Estado debía promover. Cambiaré cierta visión única sobre nuestro pasado y presente. Incorporaré los recursos del siglo XXI en términos de promoción, innovación, creatividad.

P. ¿Cambiará el nombre del Centro Cultural Kirchner?

R. La cuestión del nombre es secundaria. Hay un problema legal porque en Buenos Aires está prohibido usar nombres de personas fallecidas hace menos de diez años. Pero lo que me interesa es que ese lugar magnífico funcione para todos los argentinos.

P. En Buenos Aires, Macri cerró muchos centros culturales independientes por motivos de habilitación, pero esos centros reclaman que se los proteja…

R. Los centros culturales tienen que tener los requisitos de seguridad necesarios y nosotros tenemos que ayudarlos a que puedan cumplirlos.

P. Usted habla de ayudarlos, ¿pero con el déficit fiscal alto se mantendrá el presupuesto de su ministerio?

R. El compromiso de Macri fue mejorar la infraestructura cultural, promover nuestra cultura a lo largo del país y en el mundo. Hay que optimizar el uso de los recursos, no para ahorrar, sino para que el dinero de todos los argentinos llegue, a través de políticas culturales, a todos los argentinos, en especial los que hoy están más lejos de esas políticas.

P. El futuro ministro del Interior, Rogelio Frigerio, dice que en el Estado hay mucha corrupción y derroche.

R. Si hay lugares donde hay corrupción, la detectaré y tendrá que trabajar la justicia. Pero en Cultura hubo malas asignaciones de gastos.

P. ¿En qué?

R. Tenemos que encontrar cada ítem. El ministerio es enormemente grande, con miles de empleados, decenas de museos, miles de actividades al año.

P. ¿Sobran empleados?

R. No creo que sobre gente en ningún lado. Pero si hay gente que cobra y no trabaja, es una falta de respeto ante la sociedad que le está pagando el salario.

Kirchner y Macri, tras un acuerdo de última hora sobre la sucesión

Un arranque con muchas hipotecas y algunas ventajas

No más venganza. Editorial de La Nación; y la respuesta de su sala de periodistas

Una inusual controversia provocó en Argentina un editorial del periódico conservador La Nación, titulado “No más venganza”, que salió un día después del triunfo electoral del opositor Mauricio Macri y pidió un fin a los juicios contra los protagonistas de la dictadura militar. Entre todos los rechazos que este editorial provocó, el más significativo fue de los propios empleados y periodistas del periódico que unánimamente criticaron la posicn editorial de su medio. Reproducimos el controversial editorial de La Nación y la respuesta de los empleados de este periódico, publicada el día siguiente en las páginas de La Nación.

Segunda Vuelta

No más venganza. Editorial La Nación

La elección de un nuevo gobierno es momento propicio para terminar con las mentiras sobre los años 70 y las actuales violaciones de los derechos humanos.

la nacion argentinaEditorial, 22 noviembre 2015 / La Nación

La senadora por Córdoba Norma Morandini escribió días atrás en estas páginas que la causa de los derechos humanos no se puede defender con mentiras. No se puede defender tampoco con nuevas violaciones de derechos humanos como está ocurriendo en el país.

Un día después de que la ciudadanía votara un nuevo gobierno, las ansias de venganza deben quedar sepultadas de una vez para siempre.

Los trágicos hechos de la década del setenta han sido tamizados por la izquierda ideológicamente comprometida con los grupos terroristas que asesinaron aquí con armas, bombas e integración celular de la que en nada se diferencian quienes provocaron el viernes 13, en París, la conmoción que sacudió al mundo. Aquella izquierda verbosa, de verdadera configuración fascista antes y ahora, se apoderó desde comienzos del gobierno de los Kirchner del aparato propagandístico oficial.

Se ocultó así lo que ya no puede taparse por más tiempo a la compresión de una sociedad cuya composición por edad ha ido cambiando en los últimos cuarenta años. A la sociedad argentina de los años setenta no era necesario explicarle que el aberrante terrorismo de Estado sucedió al pánico social provocado por las matanzas indiscriminadas perpetradas por grupos entrenados para una guerra sucia, a los que el kirchnerismo ha distinguido con la absurda calificación de “juventud maravillosa”.

La sociedad dejó aislados a esos “jóvenes idealistas”, mientras el terrorismo de Estado los aplastaba con su poder de fuego, sin más salvedades que las de algunas voces aisladas, sin más ley que la de la eficacia de operaciones militares que tenían por objetivo aniquilar al enemigo y sin una moral diferente, en el fondo, que la de los rebeldes a quienes combatían.

Ha llegado la hora de poner las cosas en su lugar. Debatir que quienes sembraron la anarquía en el país y destruyeron vidas y bienes no pueden gozar por más tiempo de un reconocimiento histórico cuya gestación se fundó en la necesidad práctica de los Kirchner de contar en 2003 con alguna bandera de contenido emocional. Lo hicieron así al asumir el poder con apenas el 22 por ciento de los votos. Antes habían mirado en esos asuntos para otro lado.

Hay dos cuestiones urgentes por resolver. Una es el vergonzoso padecimiento de condenados, procesados e incluso de sospechosos de la comisión de delitos cometidos durante los años de la represión subversiva y que se hallan en cárceles a pesar de su ancianidad. Son a estas alturas más de trescientos los detenidos por algunas de aquellas razones que han muerto en prisión, y esto constituye una verdadera vergüenza nacional.

Días atrás, tal situación se ha agravado por una escandalosa decisión del Tribunal Oral de La Plata, que revocó la prisión domiciliaria de varios militares de avanzada edad, como los coroneles Carlos Saini y Oscar Bardelli, el capitán de navío Carlos Robbio y el almirante Antonio Vañek. Pareció una burla su coincidencia con el privilegio domiciliario concedido por esos días, por un tribunal del Chaco, a un mafioso de 65 años, condenado a 19 años de prisión por haber traficado más de mil kilos de cocaína a España.

En segundo lugar, de modo paralelo, han continuado actos de persecución contra magistrados judiciales en actividad o retiro. Uno ha sido el caso del juez federal de Mar del Plata Pedro Hooft, absuelto el año último tras siete años de acusaciones sobre supuestos delitos de lesa humanidad. El perverso armado de la causa salió a la luz por grabaciones aportadas como prueba, pero Hooft está afrontando nuevos ataques. También debimos ocuparnos recientemente del proceso irregular montado contra el juez Néstor Montezanti, de Bahía Blanca, en otro claro intento oficialista de desarticular la investigación de causas que involucran a la familia presidencial.

Sin más elementos que referencias mendaces aportadas por tres militares condenados como autores de las matanzas producidas en la denominada masacre de “Palomitas”, se persiguió por más de diez años al ex juez federal de Salta Ricardo Lona. Éste se encuentra en prisión preventiva por supuestas fallas en la investigación de la muerte del ex gobernador de Salta Miguel Ragone, ocurrida en marzo de 1976. Se desconoce, en cambio, que el juez Lona había sido quien reunió las pruebas que llevaron a condenar a los partícipes del hecho, según lo reconoció la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Por otra parte, la acusación en su contra carece de validez pues la acción no se encuentra instada por los fiscales de la causa, sino por otros designados ad hoc por la cuestionada Procuración General de la Nación, careciendo por ello de atribuciones para impulsar la acción. Con casi 80 años y una grave enfermedad, Lona corre peligro de que los fiscales lo envíen a prisión solicitando la revisión del informe médico que desaconseja rotundamente su traslado a una cárcel.

La cultura de la venganza ha sido predicada en medios de difusión del Estado y en las escuelas habituadas a seguir las pautas históricas nada confiables del kirchnerismo. O sea, la mentira de la que ha hablado la senadora Morandini.

El palabrerío de sujetos que han sido responsables de haber incendiado al país en los años setenta convencidos de que las armas de fuego y los explosivos, con sus secuelas de muerte y dolor, eran la vía de acceso a una sociedad mejor, no puede intimidar a los políticos responsables, ni a los jueces compenetrados de su misión, de actuar en consonancia con la verdad histórica y los principios básicos del derecho penal.

Siempre será indispensable construir a partir de la verdad completa, apaciguar y no agotar la búsqueda de todos los medios necesarios para que se cumpla la imploración del papa Francisco de que todas las herramientas de la ley se activen “para evitar cualquier tipo de venganza y curar las heridas”, aunque “sin dejar de mirar las cicatrices”, como bien aportó.

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Comunicado de los trabajadores

La Asamblea de Trabajadores de Prensa y Gráficos de LA NACION y sus respectivas comisiones internas difundieron ayer el siguiente comunicado.

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Trabajadores de La Nacion, ayer, en la Redacción. Foto: Rodrigo Néspolo (publicada en La Nación, 24 nov. 2015)

24 noviembre 2015 / La Nación

Los trabajadores de S.A. LA NACION le decimos no al editorial que, con el título “No más venganza”, se publicó este lunes 23 de noviembre en la página 32 del diario.

Quienes trabajamos en el diario LA NACION, en las revistas que edita la empresa, en las versiones online de todos los productos periodísticos, entendemos que la vida democrática implica la convivencia de distintas ideas, proyectos e identidades políticas. Convivimos entre estas paredes trabajadores que expresamos esa diversidad y desde nuestras diferencias construimos un sentido común.

Desde esa diversidad rechazamos la lógica que pretende construir ese editorial, que en nada nos representa, al igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la Justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una “cultura de la venganza”.

Los trabajadores del diario LA NACION les decimos sí a la democracia, a la continuidad de los juicios por delitos de lesa humanidad y le decimos no al olvido.

Por memoria, verdad y justicia.

Lea también:

La Nación: Fuertes repercusiones por un editorial de LA NACION

El Mundo: El Gobierno argentino califica de ‘espanto’ el editorial
de La Nación sobre la dictadura

Pagina 12: NO ESPERARON NI UN DÍA

 

‘Cambiemos’ cambia la historia. De Héctor E. Schamis

Nuevos, y buenos, aires se respiran en Argentina.

HECTOR SCHAMIS

Héctor E. Schamis, catedrático de politoogía de la Universidad de Georgetown

Héctor E. Schamis, 27 octubre 2015 / EL PAIS

Era el viernes 28 octubre de 1983, vísperas de elección que terminó con aquel trágico régimen militar. El Partido Justicialista—el peronismo—cerraba su campaña en la Avenida 9 de Julio. La Unión Cívica Radical había hecho lo propio dos días antes en ese mismo lugar con una verdadera multitud. El peronismo movilizó todo el aparato sindical para congregar más gente. Así lo hizo, con más de un millón de personas sobre la ancha avenida, del obelisco al sur.

Las encuestas daban al PJ como favorito. En el escenario estaba la nomenclatura sindical en pleno rodeando al candidato a presidente, Ítalo Lúder, y preparando la fiesta. Entre ellos se encontraba Herminio Iglesias, líder territorial de Avellaneda y candidato a gobernador de la Provincia de Buenos Aires, distrito con el 40% del electorado. Alguien le subió a Herminio un ataúd pintado con el emblema del Radicalismo, el rival histórico. Herminio le prendió fuego y la escena recorrió el país las siguientes 48 horas y más. No había redes sociales, pero alcanzó con las imágenes de la televisión.

el paisEl peronismo perdió ese domingo, por primera vez en una elección libre e irrestricta. Después del trauma del régimen militar, aquel país no toleraba más muerte. Herminio era un peso pesado, con una vida en el fragor de la lucha sindical y varias balas que cargaba en su propio cuerpo como evidencia. Eso era, precisamente, lo que el país no quería.

Haga el lector fast forward a 2015. La pregunta de los últimos tiempos fue si el kirchnerismo tendría su propio Herminio. El papel en la película se lo dieron a Aníbal Fernández, candidato a gobernador también, un personaje con causas judiciales por tráfico de efedrina. El kirchnerismo, auto-definido heredero del peronismo, perdió la elección de la provincia, resultado que forzó el ballotage presidencial del próximo 22 de noviembre.

Desde hace meses los candidatos de Cambiemos, la coalición opositora, reportan que en los distritos de bajos ingresos del conurbano como Lanús, Quilmes—el distrito de Aníbal Fernández—y Avellaneda—la tierra de Herminio, justamente—el temor más grande de los humildes es la violencia del narcotráfico. Es que además se lleva la vida de sus hijos.

En su arrogancia infinita, el kirchnerismo desprecia a quienes dice representar, los pobres. Asumieron que votarían por un candidato al que temen; pensaron que alcanzaría con el aparato; dieron por sentado que el pobre no tiene autonomía. Tal vez creyeron que el pobre no es capaz de pensar por sí mismo. En esos distritos ganó Cambiemos, entre tantos otros.

Con eso solo, un nuevo tiempo político asoma. No es poco, si este nuevo tiempo es más civil y más democrático. Pero también si este nuevo tiempo le permite a Argentina abandonar los clichés de uso corriente, fundamentalmente el de la permanencia hegemónica del peronismo. Es bueno recordar, por ello, que el peronismo puede perder y ha perdido, como en 1983 y en 1999, y también en otra elección de la Provincia de Buenos Aires en 1997. Un partido hegemónico es tal precisamente porque no pierde elecciones.

Es un nuevo tiempo porque Cambiemos desnuda al aparato de los caciques territoriales, como era Herminio, y expone su autoritarismo. Cambiemos propone respirar oxígeno después de la asfixia de un matrimonio en el poder durante 12 años. Cambiemos expresa el hastió de la sociedad con la cadena nacional, con las verdades reveladas, con la descalificación del oponente, con la intimidación al crítico. Por eso lo votaron los pobres tanto como los ricos.

No importan las encuestas, Cambiemos ya ganó. Cambió el discurso, demostró que no hay inevitabilidad, le abrió a la sociedad la ventana de la libertad, la misma que abrió Raúl Alfonsín en 1983, cuando la sociedad rechazó los ataúdes y el fuego.

Habiendo cambiado la historia, es improbable que pierda el 22 de noviembre. Nuevos, buenos aires se respiran en Argentina.

@hectorschamis