Paolo Luers

¿Quiénes opacan las propuestas? Columna Transversal de Paolo Luers

16 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Esta carrera presidencial es inusual, en muchos sentidos. Hay una extraña mezcla entre estilos de campaña, no solo entre los diferentes contendientes, sino también conviviendo dentro de cada campaña. Los equipos de cada candidato brincan de las usuales promesas populistas a descalificaciones al adversario, pero también presentan propuestas.

El problema es que el permanente ruido de los mutuos ataques y contraataques, sobre todo entre los partidarios de Nayib Bukele y de Carlos Calleja, opaca las propuestas. Así, aunque todos los candidatos han presentado propuestas y varias de ellas valen la pena analizarlas comparativamente, se genera la percepción general que hay un vacío de contenidos y propuestas.

Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo han pasado varias semanas usando sus diarias visitas territoriales y sectoriales para presentar propuestas concretas. También han organizado eventos de especiales temáticas. Algunas de sus propuestas han sido convertidas en iniciativas legislativas y presentadas a la Asamblea, en materia de transparencia, austeridad e impuestos. El problema es que no solo en las redes sociales, sino también en los medios e incluso en los análisis, se ha enfocado más en la parte más juiciosa de la campaña: las acusaciones, contraacusaciones, sospechas, descalificaciones.

Los candidatos de VAMOS han lanzado múltiples propuestas, algunas algo confusas, pero otras bastante racionales, por ejemplo en materia de prevención e inclusión social —pero como ellos no participan del show de lucha grecorromana, nadie les para bola.

Hugo Martínez, aparte de pegar brincos, ha formulado propuestas, por ejemplo en materia de educación y salud. Pero nadie se ha tomado la molestia de analizarlas, me imagino por la sospecha general de que son “lo mismo de siempre del Frente” —y por la percepción de que de todos modos no va a ganar…

Bukele es el candidato que menos ha revelado qué piensa hacer como presidente, aunque también formuló propuestas, algunas bastante concretas, como el Aeropuerto Internacional de Oriente, que habría que analizar para ver qué tipo de gobierno piensa armar y con qué prioridades.

En esta situación, salieron varias columnas que se quejan de que “en esta campaña nadie está haciendo propuestas”, y en especial de que nadie habla del problema más urgente: la inseguridad, la delincuencia, las pandillas. Ojo, colegas, esto no es cierto. O por lo menos, no como afirmación generalizada.

Voy a poner un ejemplo: Mi amigo Cristian Villalta, uno de mis columnistas favoritos, escribió: “Merecíamos una campaña para adultos. A cambio hemos tenido una profunda discusión sobre los colores, un poco de inglés sin barreras, misoginia cuando se puede, vulgaridades cuando se debe y en general una comunicación que no respeta códigos. ¿Por qué la resistencia de los candidatos a hablar de las pandillas, del plan de seguridad, de la vulnerabilidad de nuestros cuerpos de seguridad?”.

Y en El Faro, Roberto Valencia inicia una entrevista diciendo: “Los candidatos a la presidencia apenas han dicho nada sobre las maras transcurrida ya más de la mitad de la campaña electoral en El Salvador, como si se tratase de un fenómeno ajeno a la sociedad o sin incidencia”.

¡Qué rara esta percepción! ¿Un columnista tan sensible para los tonos de lenguaje político como Villalta, o un experto en el tema pandillas como Valencia, no se dieron cuenta de que Carlos Calleja, en medio del sospechoso silencio sobre el tema pandillas, hizo una ponencia larga sobre seguridad, que rompe con las concepciones hasta ahora adoptadas por los gobiernos, tanto de ARENA como del FMLN? ¿O por qué otra razón no reaccionaron?

Un candidato de ARENA dijo: “No podemos seguir con una guerra interminable contra las pandillas” y diseñó un concepto de prevención que consiste en “focalizar toda la inversión social de Estado en la tarea de erradicar la marginación social” y en hacer posible la reinserción de los sectores fuera de la ley en la sociedad. Esto supuestamente debería haber provocado un debate. Al fin un candidato tuvo el valor de formular una política de seguridad racional, sabiendo que posiblemente no sea popular, ni en su propio partido —y nadie entró en este debate, ni los demás candidatos (con excepción de Josué Alvarado, quien hace de las políticas de inclusión el eje de su programa), ni los expertos, ni los columnistas. Un candidato de derecha se compromete a poner fin a la ideología de mano dura, a revertir la militarización de la seguridad pública y dice que va a someter al aparato de seguridad a un estricto control civil —y seguimos hablando de pantones y quejarnos de que la campaña no tiene sustancia…

Aquí impera una percepción selectiva, basada en la sospecha de que todos los candidatos, aunque hagan propuestas, incluso algunas audaces y arriesgadas, no hablan en serio. Aplicar de antemano esta asunción de culpabilidad, sin ni siquiera entrar en análisis, obviamente no abona a la meta de que al fin los ciudadanos decidan su voto de manera racional.

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Carta a los pesimistas y llorones: ¿Quién dice que este país no tiene futuro? De Paolo Luers

15 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

(Desde Amsterdam) ¿Quién dice que este país no tiene futuro?
¿Quién dice que solo somos un país de llorones, por una parte, y violentos por la otra?
¿Quién dice que los jóvenes no tienen iniciativa?

Conozco una chica, nacida en familia pobre rural, que aparte de viajar todos los días de Suchitoto a San Salvador para estudiar ya montó su propio negocio, fabricando y vendiendo carteras con diseños que podrían competir en Milano, Barcelona o New York. Acaba a ganar en su universidad un concurso de emprendedurismo. El cheque lo va a invertir en una maquina profesional de coser…

Conocí a una chava que regresó de Francia, donde se graduó en derecho y sociología. Le ofrecieron trabajo en Europa, pero decidió regresar a su país, para montar una ONG que trabaja con niños de la calle, les da acceso a comida, educación y techo…

Vi crecer en Suchitoto a un bichito que enseñó a mi hijo el arte de vender tamales. Se dedicaba a esto para apoyar a su mamá y sus hermanos menores. Luego de salir del bachillerato, en vez de ir a la U, se consiguió un chance en una productora de video, jalando cables, cargando bultos, armando luces. Hoy es camarógrafo y editor, responsable de muchas tomas que todos los días vemos en la campaña. No me gusta esta campaña, pero me encanta que el bicho reconstruyó la casa de su mamá y le paga a su hermano los estudios para convertirse en cocinero profesional…

Conozco, también en Suchitoto, a un joven que, a pesar de que se dedica a la agricultura, que sostiene a su familia, se considera actor profesional. Saca orgullo y autoestima de ambas capacidades: la agricultura y el teatro… No se parece al bicho que conocí hace 10 años, cuando entró en el primer taller de teatro. Y es un actor excelente. Pero se queda en su pueblo para formar otros.

Hace pocos días conocí a un músico quien, luego de terminar sus estudios de guitarra en Cuba, en vez de aceptar ofertas para tocar en orquestas, regresó a El Salvador y se dedica a formar maestros de música para que ellos formen a jóvenes talentos en comunidades marginadas.

En unos días voy a ir a celebrar los 80 años de una señora que armó en Suchitoto una institución que se dedica a apoyar a cientos de jóvenes que quieren abrirse caminos como los que los arriba mencionados ya están recorriendo.

Repito:
¿Quién dice que este país no tiene futuro?
¿Quién dice que solo somos un país de llorones, por una parte, y violentos por la otra?
¿Quién dice que los jóvenes no tienen iniciativa?

Las potencialidades son infinitas. Solo hay que descubrirlas, quitarles los obstáculos, y crear condiciones para que se desarrollen. Esto espero yo del próximo gobierno.

Saludos,


Carta a la izquierda: ¡Pónganse serios! De Paolo Luers

13 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El ascenso del nuevo populismo celeste va a costa del FMLN. Muchos que durante toda la posguerra han votado por el Frente, hoy anuncian en encuestas su intención de votar por Nayib Bukele.

¿A qué se debe este fenómeno? No es que estos votantes hayan dejado de sentirse identificados con la izquierda. Pero se sienten frustrados con el partido que representa a la izquierda.

Hablando con ex militantes de FMLN que ahora apuestan a Bukele, uno recibe una respuesta simple: “Bukele y Nuevas Ideas representan la ‘nueva izquierda’, que va a corregir los errores del Frente. Se trata de ‘refundar’ la izquierda.” Ellos no tienen ninguna afinidad con GANA, más bien detestan la cultura de corrupción y chanchullos que representa este partido. El pacto de Bukele con GANA no lo ven como traición, sino como movida táctica, que se va a corregir luego de las elecciones. Tienen fe que Bukele y Nuevas Ideas son la solución a la crisis de la izquierda, la cual muchos de ellos viven como crisis personal.

Digo “fe”, porque apostar a Bukele y Cía. para refundar la izquierda solo puede ser un acto de fe. No está basado en una trayectoria de izquierda de los líderes de Nuevas Ideas. Mucho menos de sus operadores políticos y propagandísticos, que casi todos provienen de la derecha más mafiosa.

Entiendo la frustración con el FMLN y sus actitudes conservadoras y oportunistas.

¿Pero en qué se transforma esta frustración? Lo lógico sería luchar por la renovación del Frente, o por construir una nueva izquierda: moderna, democrática, abierta al debate.

Pero pensar que un demagogo con actitudes de playboy hijo de papi puede salvar la izquierda y convertirse en el heredero de tanta lucha y tantos sacrificios, es absurdo y ofensivo. Este hombre nunca ha sido de izquierda, se metió al Frente por oportunismo, y así salió. Obviamente tiene la habilidad de apropiarse de consignas y banderas históricas de la izquierda, pero esto no lo convierte en luchador social. También un militar golpista y corrupto como Hugo Chávez tuvo esta habilidad – y ya sabemos que el régimen que estableció no tiene nada de izquierda.

El primer requisito para alguien que proclama querer renovar la izquierda, es vocación democrática. La segunda: tener una estrategia para empoderar a la sociedad, sobre todo los sectores marginados. Cosa que es excluyente con empoderase como líder que representa a las masas y las convierte en instrumento para preservar su poder. Bukele no cumple ninguno de estos dos requisitos. Construye un partido a la medida de su líder. Se vanagloria que este partido es un movimiento sin cúpulas. Este ha sido siempre el truco de los movimientos autoritarios, incluyendo los fascistas al estilo de Mussolini, Perón y, otra vez, Hugo Chávez: No quieren gobernar con instituciones, sino mediante la conexión directa entre líder y movimiento. Terminan con un déspota que no rinde cuentas a ninguna instancia, ni del partido ni de Estado, sino directamente “al pueblo”, o sea a todos y a nadie.

Esto es lo contrario a izquierda, porque es contrario a los principios de libertad, democracia y emancipación. Por esto no solo el Frente se distanció (a fin) de Bukele, sino también se desmarcan de él figuras históricas de la izquierda democrática como Rubén Zamora, Salvador Samayoa, Roberto Rubio. Les da pena, igual que a mi, que un oportunista y ególatra pueda tener éxito navegando con banderas usurpadas de izquierda. Les inspira desconfianza, igual que a mi, que Bukele y Ulloa despotrican contra el sistema pluralista construido por los Acuerdos de Paz y hablan de una Constituyente para construir una “Segunda República”. El país necesita estabilidad institucional, no experimentos de anti-política que encubre nuevos autoritarismos.

Compañeros, pónganse serios. Si quieren preservar la izquierda como fuerza relevante, no abandonen al Frente en el momento que al fin comienza a renovarse. Si ya no creen en esta renovación, voten por Calleja para que medio levante el país y dedíquense a construir una nueva izquierda. Si ambas opciones les parecen imposibles, registren su protesta votando por Josué Alvarado, quien es un hombre correcto con gran compromiso social. Pero no caigan en la trampa del nuevo populismo.

Saludos, Paolo Luers  

Carta a la Asamblea: Nuestros filtros no funcionan. De Paolo Luers

11 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados diputados:
El domingo vimos al diputado Jorge Schafik Handal en una entrevista tratando de explicar con qué criterio están escogiendo al próximo Fiscal General. No lo supo explicar. Handal es miembro de la subcomisión que hizo las entrevistas, y también de la Comisión Política, que de la lista de 32 candidatos tiene que escoger al ungido y proponerlo a la plenaria.

Los entrevistadores de FocosTV le hicieron la pregunta de todas las formas imaginables  y el diputado no lo supo explicar. No es que no quiso. No supo. Si le hubieran aplicado tortura de tercer grado, tampoco hubieran obtenido la respuesta. La única conclusión posible es: no hay criterio. Por lo menos ningún criterio más allá del interés que el próximo fiscal no los joda.

Y no es un problema del diputado Handal. Con cualquier otro miembro de la Comisión Política de la Asamblea (tal vez con excepción del diputado independiente Leonardo Bonilla), la entrevista hubiera terminado igual. No hay criterios establecidos para una decisión tan trascendental como nombrar al Fiscal General, del cual dependerá, en gran parte, el futuro de nuestro Estado de Derecho. Sin criterios establecidos, o por lo menos sin criterios confesables, se decidirá de qué forma se va a luchar contra la corrupción; de qué forma el Estado, persiguiendo cualquier tipo de delitos, garantizará o afectará derechos constitucionales y humanos. En esta decisión sobre el futuro fiscal también va implícito si vamos a ver un juicio (pero uno como Dios y la ley mandan) contra Mauricio Funes…  

Esta es la triste verdad: no hay criterios. Tampoco hay una comisión capacitada a establecer y aplicarlos. El diputado Handal no es la excepción. Es la regla. Nuestro país y nuestro parlamento no disponen de un mecanismo adecuado para elegir a los más idóneos como funcionarios guardianes del Estado de Derecho, sean magistrados o fiscales. No disponen de una comisión calificada, ni de los procedimientos rigurosos.

Esto no significa que no pueden elegir a funcionarios correctos. Con suerte y cuando las correlaciones de fuerzas lo permiten, pueden salir electos funcionarios capaces, honorables e independientes. Pero no existe un proceso que lo garantiza. Los diputados que los partidos mandan a las subcomisiones, no son los más calificados para diseñar los perfiles adecuados y para examinar si los candidatos los cumplen. No están ahí por su capacidad, sino por su confiabilidad política-partidaria. Y la Comisión Política, que toma las decisiones, la componen los jefes de fracción, no los expertos en materia jurídica.

Luego de estas dos elecciones (de magistrados y de fiscal), la Asamblea tiene el deber de diseñar otros mecanismos para la selección de funcionarios claves. En las audiencias que el Senado de Estados Unidos celebra para confirmar nombramientos de funcionarios y magistrados, intervienen no solo los senadores, sino expertos de alto nivel, con previas investigaciones incluso del FBI. Las audiencias son rigurosas académicamente y son públicas, transmitidas por televisión. Estas pruebas difícilmente las pasa un candidato mediocre, corrupto o con antecedentes cuestionables. El ex fiscal Luis Martínez pasó todos los filtros y casi fue reelecto. Por una razón obvia: nuestros filtros no funcionan.

No se trata de copiar modelos, pero algo de estas prácticas, y sobre todo de esta rigurosidad, debemos adoptar. Si no, a veces nuestro Estado de Derecho va a funcionar, a veces no. No podemos seguir así. Demasiado depende de buenos magistrados y fiscales.

Saludos,

Carta a Carmen Aída Lazo: la buena sorpresa en esta campaña. De Paolo Luers

8 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Querida Carmen:
Todo el mundo está esperando que dedique esta carta al desmadre que Nuevas Ideas armó con el asedio al Tribunal Supremo Electoral. No voy a escribir esa carta. No es necesaria. Es más que evidente que Bukele cometió un error y que lo pagará caro. Producir de la nada un rumor, luego gritar “fraude” y convocar a su gente a la calle, encabezada nada menos por el secretario general del partido, para atacar una institución constitucional, descalifica al candidato. Punto.

Voy a hablar de algo positivo que pasa en esta campaña. De Carmen Aída Lazo.

Te conocí en el momento crítico, cuando de un día al otro apareciste en el teatro de la guerra electoral. Te vi asustada, insegura en este nuevo terreno que nada tiene en común con tu vida académica, patinando, sin saber cómo actuar. Pero al mismo tiempo te vi decidida de hacerle huevo, a meterte de lleno para aprender rápido, a asumir un rol activo, a ejercer la política sin abandonar tus principios y tu independencia. Y a pagar el costo personal y social. Cometiste errores. Yo te los señalé y nunca me lo tomaste mal. Por lo contrario, me retaste a seguirte criticando. En algunos casos, me hiciste caso. En otros no, y resulta que en estos casos tuviste razón…

Algunos dirán: “Ahh, este ‘maitro’ está detrás de ella”. Falso: No soy asesor, ni me meto en la campaña. Soy amigo. Los candidatos necesitan polos a tierra fuera del aparato de la campaña. Necesitan amigos que los siguen tratando no como políticos, ni como futuras figuras con poder, sino como amigos.

Ya me convencí: nadie está dirigiendo o manipulándote. No te dejas. Ni por un partido, ni por el mismo Carlos Calleja, ni por aves de rapiña que se te acercan para estar cerca del poder. Lo que hay detrás de la candidata es lo que se ve, inteligencia, experiencia académica, apertura y enorme ambición de hacer las cosas bien.

Muchos han cuestionado por tu decisión de relacionarte con ARENA y el PCN, a pesar de que no has estado de acuerdo con muchas de sus actuaciones y políticas en el pasado. Tu argumento es simple y me desarmó inmediatamente: “Desde la academia he criticado la falta de apertura de los partidos hacia la sociedad civil y hacia nuevos conceptos para solucionar los problemas del país. De repente hay una crisis de partidos, se abre la puerta y me invitan a entrar y asumir responsabilidad. Nada menos como vicepresidente. Si me hubieran invitado a entrar a un partido, hubiera dicho que no. Pero me invitaron a hacerme cargo de las políticas sociales y económicas del futuro gobierno. ¿Cómo iba a decir no? ¿Cómo iba a seguirles exigiendo y criticando?”

Con suficiente distancia de la campaña pero suficiente cercanía personal he observado cómo has asumido tu rol frente a los partidos, frente a Carlos Calleja, frente a tus detractores y la sociedad en general. Ya no hay rastro de la mujer asustada e insegura que conocí hace pocos meses. Ganaste confianza y seguridad. Asumiste liderazgo. Construiste tu propio discurso. Respetas y te ganas respeto.

¿Todo esto suena muy positivo? Sí, porque es positivo. Tu irrupción a la política es lo mejor que nos pudo pasar. La antítesis al político clásico, que nos despierta tanta desconfianza, no son los profetas de la antipolítica, sino son personas como Carlos y tú que asumen el reto de mejorar a política. Las nuevas ideas que necesitan regir al próximo gobierno no vienen de estos profetas, sino de la capacidad académica y humana de una mujer profesional que se propone convertir a la persona humana en el eje rector de la política pública, y que define la política social como el eje central de la política económica. Si para señalar esta buena sorpresa en nuestra política tengo que abandonar la comodidad de la imparcialidad, con gusto asumo el costo.

Te quiero ver actuando desde Casa Presidencial, como correctivo permanente a las influencias sectoriales y partidarias.

Saludos, Paolo Lüers

Carta a los indecisos: Votar es un acto de razón. De Paolo Luers

6 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Últimamente he tenido muchas conversaciones que van más a menos así:

– ¿Crees que el FMLN debería tener otro gobierno más?
No. El país no lo aguantaría.

– De acuerdo. ¿Crees que Bukele es la alternativa?
– No, Dios guarde, sería peor.
– A ver, ¿por qué?
– Este hombre no es confiable. Demasiado egocéntrico. Un gobierno de él sería impredecible. No tiene respeto por la institucionalidad. Está rodeado de pícaros…

– De acuerdo. Entonces, ¿no votarías ni por el Frente ni por Bukele?
– No. La única razón de votar por Nuevas Ideas sería expresar el hartazgo con la clase política y como ha gobernado. Pero la medicina sería peor que la enfermedad. Además se ha aliado con GANA, que es la peor parte de la clase política. ¡No way!

– De acuerdo. ¿Y el Frente, con Hugo Martínez? ¿Crees que sería diferente a Funes y Sánchez Cerén?
– Hugo es un tipo razonable. Pero no puede contra los dinosaurios. Si yo fuera de izquierda, votaría por él. Porque si colapsa el Frente, solo beneficia a Bukele…

– Entonces, si no eres de izquierda, ¿eres de derecha?
– A esta altura, ya no sé. No me gusta ARENA, por nada. Soy liberal, tal vez progresista. Pero esta opción no existe entre los partidos…

– De acuerdo. A mi tampoco nunca me ha gustado ARENA. Pero la dupla Carlos Calleja/Carmen Aída Lazo no son los típicos areneros. ¿Podrías votar por ellos?
–  Tal vez, pero no para ARENA. Por…(Mayor D’Aubuisson, Paco Flores, Tony Saca, corrupción, los conservadores anti-liberales que todavía tienen…)

– Entonces, ¿estás seguro que un tercer gobierno del Frente sería un desastre?
– Sí, ya fracasaron. Tienen que ir a laoposición.

– ¿Y estás seguro que Bukele/Gana/Nuevas Ideas no esuna opción?
– No. Les tengo miedo. A GANA igual que a Bukele. Y aun más a la gente que lo rodea.

– ¿Crees que un gobierno de Calleja y Carmen Aída sería un desastre?
– No sé. Tal vez no. Pero no me gusta ARENA. Si no estarían con ARENA, tal vez serían una opción.

– Resumamos: El FMLN fracasó y de todos modos queda afuera. De Bukele estás convencido que sería un desastre como presidente. Y con Calleja no estás seguro qué esperar. ¿Correcto?
– Correcto. Así es.

– Entonces, corres el riesgo que gane Bukele. ¿No sería más lógico votar por quien te parece que significa menos riesgo?
– No sé. No me gusta ARENA.

– No es más racional verlo como un problema de riesgos, no solo de gustos?
No sé.

– ¿Y entonces?
– Entonces, ¿qué?
– Entonces, si la alternativa es Calleja o Bukele, ¿qué vas a hacer tu?
– No sé. Está complicado. Tal vez no votaré…
– No, hombre, no votar es votar por Bukele. Tienes que tomar una decisión.

. . .

Tengo este tipo de conversaciones casi todos los días. Con amigos, con gente inteligente, crítica, escéptica, que no son fáciles de engañar. Y voy a continuar argumentando.

Aunque parezca iluso, quiero pensar que elegir a un presidente es un acto de razón, no de gustos, resentimientos, hartazgos. También es un acto de responsabilidad. Son los indecisos que definirán la elección.

Piénsenlo,amigos escépticos, críticos, progresistas y liberales.

Saludos de

Carta a los periodistas viajeros que nos juzgan: Sean más profesionales. De Paolo Luers

4 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Hace unos días salió publicado en DER SPIEGEL, el más influyente magazín de noticias y política de Alemania, un “reportaje” sobre la violencia y las pandillas en El Salvador.

Su juicio: El Salvador es un “país que ha perdido su moral”. Lo más grave: Este juicio no aparece como conclusión, sustentado en hechos, argumentos y análisis, sino como premisa, al principio del artículo. Puse “reportaje” entre comillas, porque esta nota no cumple con los requisitos de una investigación periodística. Extraño: Como estudiante, luego como joven periodista vi al SPIEGEL como ejemplo del periodismo investigativo.

¿Cómo un reportero, que llega por unos días a un país desconocido con una historia y un presente complejo y se atreve a publicar semejante juicio: un país sin moral? Según el periodista, su nota y sus conclusiones se basan en información de “insiders”.

Estos son personas con información privilegiada, debido a su involucramiento en el fenómeno a describir. Pero las únicas 2 fuentes de la nota son un oficial de la PNC y un pandillero convertido en “testigo criteriado”. Lo que es muy inusual: Fiscalía y PNC nunca antes han exhibido a sus “criteriados” a la prensa. Para romper esta norma deben haber tenido un especial interés en este “reportaje”. También para poner a uno de sus policías estrella de la unidad anti extorsión a plena disposición.

Así que los “insiders” y únicas fuentes del reportero fueron proporcionados por las autoridades. No es el mejor ejemplo de ejercicio de periodismo investigativo.

El “insider” policial llevó al periodista a Apopa. “Valle del Sol, es uno de los barrios mas peligrosos en las afueras de San Salvador, que es la ciudad más peligrosa del mundo”, nos cuenta el periodista, porque así se lo contó el policía. El policía agrega: “Si aquí me topo con miembros de la pandilla, ellos abrirán fuego.” Y se retiran… Falso. Alguien debería haberle explicado al corresponsal viajero que lo llevaron a la colonia menos peligrosa de Apopa. En Valle del Sol la pandilla local suele hacer lo posible para evitar enfrentamientos con la policía, resultado de su acuerdo con los liderazgos comunales de no poner en peligro a los habitantes y la relativa paz social alcanzada en esta colonia que hacer 6 años tuvo altos números de homicidios y extorsiones, pero desde el 2012 los ha logrado bajar drásticamente. Por esto a la PNC le gusta llevar a ahí a los reporteros, precisamente porque saben que pueden exhibir la agresividad de sus patrullajes – pero sin correr los riesgos que correrían en las colonias vecinas.

El reportero también trata de explicar el surgimiento de las pandillas en El Salvador: “Juntos con ex guerrilleros y ex soldados, unos 4 mil miembros deportados de ‘gangs’ de Estados Unidos formaron las pandillas en El Salvador.”

Otra vez, más mito que verdad. Muy pocos de los fundadores de las maras eran participantes de la guerra civil salvadoreña. Las maras son un fenómenos de la generación siguiente, no marcados por la guerra, sino por los errores políticos de la postguerra.

Y así sigue: Afirmaciones no fundamentadas sobre el involucramiento de las pandillas en el narcotráfico; sobre “70 mil asesinos” que andan sueltos en El Salvador. Siempre mitos que no resisten una investigación seria. Mucho aporta el “criteriado” que la PNC le proporciona al reportero para que pueda entrevistar a un pandillero de verdad. De esta plática salen sus concusiones: “Se trata de violencia por la violencia”; “La muerte es en Salvador como la comida diaria.”

¿Para qué sirve una investigación periodística que, basada en solo dos fuentes (un policía y su agente encubierto, un ex pandillero con 60 asesinatos encima), llega a conclusiones como esta (que tenemos 70 mil asesinos que ejercen la más cruel violencia solamente por deporte, y que todos vivimos con una pata en el cementerio)? ¿No es nuestra responsabilidad como reporteros explorar las causas; explicar el circulo vicioso entre marginación, delincuencia y represión; describir las cadenas de venganza?

No somos un país que ha perdido la moral, ni tampoco todos vivimos al borde de ser asesinados. Somos un país que lucha por superar la violencia, empezando por entender y atender sus raíces.
Bienvenido el periodismo que nos ayude.

Saludos,


Como el artículo aquí citado no es accesible a quienes no tienen una suscripción a DER SPIEGEL, lo reproducimos aquí en el original alemán. 

El Salvador: Insiderreport über den Bandenkrieg
“Wir prüfen, wie jemand getötet werden soll”

Mit entsetzlicher Brutalität kämpfen Banden wie MS 13 oder Barrio 18 Sureños um Drogen und Macht auf den Straßen von El Salvador. Hier berichten Insider, welche Regeln dort herrschen. Von Fritz Schaap und Christian Werner (Fotos)

Fritz Schaap, reportero del SPIEGEL

23 noviembre 2018 / DER SPIEGEL

Um über die vielen Menschen hinwegzukommen, die sterben, deren Leichen vermodern, unentdeckt, in Brunnen, in Massengräbern, verscharrt unter Feldern, sammelt er. Er sammelt Schlümpfe, Modellschiffe, Spielzeughelikopter, Dinosaurierfiguren, Münzen.

Je mehr Tote Johnny Flores sieht, desto mehr muss er anhäufen, in seinem garagengroßen Haus in den Ausläufern San Salvadors, der Hauptstadt El Salvadors.

Der 51-Jährige läuft in Unterwäsche zwischen den Stapeln und Anrichten voller Nippes umher. Ein gedrungener Mann, kräftig, das Haar schütter. Die Wände sind tapeziert mit Urkunden von religiösen Seminaren, Schulungen und Auszeichnungen, die alle seinen Namen tragen, als müsse er sich täglich daran erinnern, wer er ist, damit er nicht zerfällt in diesem Land, das seine Moral verloren hat.

Er nimmt eine Bibel vom Bett. Schlägt sie auf. Neues Testament, Brief des Paulus an die Römer, achtes Kapitel. Darüber wird er heute reden, denkt er sich. Über die Rettung der Glaubenden. Dann holt er seine Beretta 92 unter dem Kopfkissen hervor, legt die Pistole neben das gebügelte Hemd und zieht eine schwarze Hose an. Er lächelt. Sein Silberzahn funkelt.

Sonntage sind gute Tage für Johnny Flores, der sonst eine Spezialeinheit der Polizei leitet. Sonntags ist Johnny Flores Pastor.

Er greift Bibel und Beretta und fährt zu seiner evangelikalen Kirche. Sonntags, bei seiner Gemeinde, bei seinem Gott, hat Johnny Flores Ruhe. Niemand werde ihn hier töten, nicht in der Kirche, glaubt er. Dann steigt er hinauf auf die kleine Bühne, vor die Gemeinde.

“Denn das Gesetz des Geistes, der lebendig macht in Christus Jesus, hat dich frei gemacht von dem Gesetz der Sünde und des Todes”, zitiert er am Ende der Predigt aus dem Paulus-Brief.

Das Gesetz der Sünde und des Todes aber ist das mit der größten Gültigkeit auf den Straßen des Landes an der zentralamerikanischen Pazifikküste. Gerade einmal 6,4 Millionen Menschen leben hier, aber trotzdem werden jedes Jahr Tausende ermordet. 3952 waren es voriges Jahr offiziell. Bis Ende September dieses Jahres 2560. Das sind 9,4 Morde jeden Tag. Im vergangenen Jahr wurden zudem 1850 Vergewaltigungen angezeigt, nicht angezeigt werden viel mehr. In einem Land, so groß wie Hessen. Deshalb riskieren Tausende die Flucht nach Norden, in Richtung USA.

70 000 Gangmitglieder gibt es Schätzungen zufolge in El Salvador, die für den Großteil der Gewaltverbrechen verantwortlich sind. Organisiert sind sie in drei großen Gangs, den sogenannten Maras: MS 13, Barrio 18 Sureños und Barrio 18 Revolucionarios. 70 000 Mörder. Denn wer einer Gang beitreten will, muss töten. Der Tod ist in El Salvador, so sagen sie hier, wie das tägliche Essen, wie das Schlafengehen. So wie man sagt: Morgen werde ich meine Familie sehen, so denkt man hier: Morgen könnte ich sterben.

Polizist und Pastor Flores: "Es gibt so viele Leichen, die in Brunnen geworfen werden, die verschwinden"
Christian Werner / DER SPIEGEL Polizist und Pastor Flores: “Es gibt so viele Leichen, die in Brunnen geworfen werden, die verschwinden”

Am nächsten Mittag, nur 25 Autominuten von seiner Gemeinde entfernt, auf vom Regen der vergangenen Nacht noch immer rutschigen Wegen, stürmt Johnny Flores, gefolgt von fünf schwer bewaffneten Polizisten, ins Viertel Valle del Sol. Schweiß rinnt ihm von der Stirn, über die Wangen das Kinn hinunter, und tropft auf den Asphalt. Es ist zu ruhig.

Angst überkommt ihn, Angst wie eine leichte Übelkeit der Seele. Er atmet ruhig, wie ein Psychiater ihm das empfohlen hat. Die Wege sind leer, hinter den Gittern der Fenster schauen vereinzelt Frauen hervor. Regungslos. Valle del Sol ist eines der gefährlichsten Viertel in der Umgebung San Salvadors, einer der gefährlichsten Städte der Welt. “Wenn ich hier eine Gruppe Gangmitglieder treffe, dann schießen sie”, sagt Flores. Er bleibt kurz stehen, zieht die Beretta aus dem Holster.

Sergeant Johnny Flores führt die Anti-Schutzgeld-Einheit in Apopa, nördlich der Hauptstadt San Salvador. Seit 1986 ist er Polizist, als die Nationalpolizei noch der Armee unterstand und im Bürgerkrieg hauptsächlich für den Häuserkampf eingesetzt wurde. 1994 gründete er eine Ermittlungseinheit der neuen Nationalen Zivilpolizei. Zwei Jahre nach Ende des Bürgerkriegs, der zwölf Jahre gedauert und 75 000 Menschenleben gekostet hatte.

In gewissem Sinn aber hat der Krieg, in dem linke Guerilleros einen Aufstand gegen die von den USA gestützte Diktatur angeführt hatten, nie aufgehört. Denn kaum war ein Friedensabkommen unterzeichnet, schickten die USA Tausende Kriegsflüchtlinge zurück nach El Salvador. Zum Thema Visual Story über den Bandenkrieg in El Salvador “Ich wollte töten” In El Salvador herrscht ein brutaler Bandenkrieg. Unsere Reporter waren dort. Sehen Sie hier ihre Visual Story. Fritz Schaap und Christian Werner

Darunter Männer, die zuvor in US-Städten gelebt hatten, in denen Gangs die armen Viertel beherrschten. Die sich zusammengeschlossen hatten, um sich zu verteidigen. In Los Angeles hatten sie zwei Gruppen gebildet und sich die Namen gegeben, die die Salvadorianer heute ihrer Angst geben: Barrio 18 und Mara Salvatrucha 13.

Zusammen mit Ex-Guerilleros und Ex-Soldaten formten ungefähr 4000 abgeschobene Bandenmitglieder in El Salvador ihre eigenen Gangs, die Maras, nach dem Vorbild der Gangs von Los Angeles. Sie rekrutierten junge Männer, oft noch Kinder, und führten ihren in den USA begonnenen Krieg gegeneinander fort. Weiteten ihn aus gegen den Staat, gegen die Bürger.

Diesen Staat versucht Flores zusammenzuhalten. Flores, der auf Rat seines Psychiaters Boote, Flugzeuge und Autos aus Holzstäben baut, um sich selbst zusammenzuhalten, der Pastor geworden ist, um weiter Polizist sein zu können, und deswegen denkt, dass diese Gesellschaft nach Jahrzehnten der Gewalt so tief verletzt sei, dass es weit mehr brauche, um sie zu heilen, als Menschenhand zu tun vermag.

Flores läuft ein paar Treppen hinunter. Die Häuser sind einstöckig, rohe, übermalte Klinker, Wellblechdächer, Bananen wachsen zwischen den Häusern. Er sucht eine Gruppe junger Männer, die für Schutzgelderpressungen im Viertel verantwortlich sind. Er läuft an das Ende der Siedlung, dorthin, wo sie an eine Schlucht grenzt, in der ein Zufluss des Acelhuate rauscht. Wie eine Hängebrücke verläuft ein Rohr auf die gegenüberliegende Seite. “Hier sind sie geflüchtet”, sagt Flores. Auf der anderen Seite sind schemenhaft zwei Männer zwischen den Bäumen zu erkennen.

Neben dem Drogenverkauf sind Schutzgelderpressungen die Haupteinnahmequelle der Gangs. Ob Straßenhändler oder Unternehmer, jeder muss zahlen. Von fünf Dollar im Monat bis zu 50 000 Dollar. Wer nicht zahlt, stirbt.

Mordopfer in Sitio del Niño: Manchmal reißen sie ihnen das Herz aus der Brust
Christian Werner / DER SPIEGEL Mordopfer in Sitio del Niño: Manchmal reißen sie ihnen das Herz aus der Brust

Brutalität ist kein exklusiv salvadorianisches Problem. Im gesamten sogenannten Nördlichen Dreieck der Staaten El Salvador, Honduras und Guatemala gibt es Tötungsraten, die an Kriegsgebiete erinnern. Mexiko befindet sich de facto im Krieg gegen seine Drogenkartelle, und die befinden sich im Krieg untereinander.

Doch die Brutalität in El Salvador ist eine andere. Es geht hier nicht um Millionen Dollar. Die Drogen, die aus Südamerika kommen, werden nicht auf dem Landweg durch El Salvador in die USA gebracht. Es gibt hier keine lokalen Kartelle. Es geht nicht um ein größeres Stück vom Kuchen. Es geht um ein paar Krümel. Es geht um Gewalt um der Gewalt willen, um ein paar Hundert Dollar Schutzgeld, um Häuserblocks, an deren Ecken man Kokain und Meth verkaufen kann. Es geht um Macht, aber vor allem geht es um Anerkennung. Und Anerkennung wird bei den Gangs von El Salvador in Morden gemessen.

Flores bricht die Suche ab. Die Gang hier hat seit Kurzem M16-Sturmgewehre. Es ist ihm zu riskant. Die Polizisten fahren zurück nach Apopa. Das Leben auf den Straßen wirkt normal. Ganz San Salvador wirkt normal: amerikanische Fast-Food-Ketten, Staus, Märkte, Shoppingmalls. Es ist ein bizarres Merkmal dieses Bandenkriegs, dass extreme Brutalität inmitten des normalen Alltags stattfindet.

Natürlich sei es gut, sagt Flores im Auto, dass die Mordzahlen sinken, weil seit 2016 Polizei und Militär wieder härter gegen die Gangs vorgehen. Seit versucht wird, die Kommunikation mit den Bossen in den notorisch überfüllten Gefängnissen zu kappen. 2016 waren es noch 5280 Morde. 1328 mehr als im vergangenen Jahr.

Immer wieder gibt es Absprachen zwischen Politikern und Gangs, gerade vor Wahlen, wenn niedrige Mordraten gebraucht werden. Im Februar wählt El Salvador einen neuen Präsidenten.

“Aber es gibt so viele geheime Friedhöfe, Leichen, die in Brunnen geworfen werden, die verschwinden”, sagt Flores. “Morde, für die es keine Zeugen gibt, von denen wir nie erfahren.” Am Abend sitzt Johnny Flores hinter seinem Schreibtisch im Revier in Apopa. Er schaut die Nachrichten. Gestern gab es nur sechs Morde im ganzen Land. Dann rollt ein Pick-up-Truck mit verdunkelten Scheiben auf das Gelände. Der “Criteriado”, Flores’ Kronzeuge. El Sparky, wie der Mann sich derzeit nennt. Ein Massenmörder, der 69 andere Mörder verrät und dessen Aussagen zu 515 neuen Verfahren geführt haben. El Sparky, der süchtig ist nach Töten, der die Sinnlosigkeit in all dem nicht zu sehen vermag, weil die Gang, das Töten, für ihn das einzig Sinnvolle ist.

“Die Criteriados verraten ihre Gang. Liefern uns alle aus, die sie kennen. Legen uns die Hierarchien der einzelnen ‘Clicas’ dar, die Strukturen, die Morde, die sie begangen haben, wo, mit welchen Waffen, wo die Leichen liegen. Wenn sich das alles als wahr herausstellt, sind sie frei”, sagt Flores, als er in den schwülen Abend hinaustritt. Am Horizont türmen sich Gewitterwolken auf.

“El Sparky war ein Anführer, ein ‘Palabrero’. Er kannte die Strukturen der gesamten Gang.” Er ist, so ungern Flores das zugibt, einer seiner wichtigsten Männer. Ein Mann, der mehr als hundert Menschen abgeschlachtet hat. Flores schaut auf den Pick-up, aus dem ein bulliger, aufgedunsener Mann aussteigt, die Arme und Schultern voller Tätowierungen.

El Sparky und Johnny Flores gehen hinein. Johnny sieht müde aus. Manchmal greift er reflexartig ans Holster. Wie um zu prüfen, ob die Beretta noch da ist. Sie reden über die Männer im Valle del Sol.

Später sitzt El Sparky auf dem Hof und raucht. Die Augen klein, das Vokabular schwer vom Slang und vom Crack.

El Sparky war ein Palabrero der Barrio 18 Revolucionarios. Er hat sich hochgearbeitet, Mord um Mord. Er ist stolz darauf.

2003, mit 15, tritt er der Gang bei. Er verkauft Snacks auf der Straße, Wasser, Chips, kleine Dinge, mit denen er wenig Geld verdient. Aber er verkauft diese Sachen ein paar Straßen entfernt vom Haus seiner Eltern – im MS-13-Territorium. Gangmitglieder rauben ihn aus, schlagen ihn, immer wieder. Sie versuchen, ihn umzubringen, weil dort, wo er herkommt, die gegnerische Gang Barrio 18 herrscht. “Ich trat dann Barrio 18 bei, damit ich mich rächen kann, damit ich die Jungs von MS-13 umbringen kann”, sagt er. “Und damit die Leute Respekt vor mir haben.”

An einem Donnerstag um drei Uhr nachmittags muss dann in einem vollen Bus in San Salvador ein Junge sterben, damit El Sparky der Gang beitreten kann. Das Opfer ist Mitglied der MS 13 und hat El Sparky ausgeraubt. Es ist vielleicht so alt wie er.

Wenn El Sparkys Erzählung stimmt, dann nimmt er nun ein Messer mit 15 Zentimeter langer Klinge und wartet an einer Straßenecke. Er weiß, wo sein Opfer wohnt. Er wartet, bis der Junge in einen Bus steigt. El Sparky geht hinterher. Dann zückt er das Messer und sticht ihm in den Bauch. Sechsmal. Danach steigt er aus und geht in das Haus des Ganganführers.

Vier Männer gehen mit ihm in den Hof, sie schlagen ihn zusammen. Es ist der Initiationsritus. 18 Sekunden dauert er bei Barrio 18. 13 Sekunden bei MS 13. Manchmal stirbt jemand dabei. Nach 18 Sekunden umarmen die Männer El Sparky. Er ist jetzt einer von ihnen. “Ich fühlte mich großartig”, sagt er. Von Anfang an war El Sparky ein “Sicario”, ein Auftragskiller: “Ich fing als Mörder an, weil ich deswegen der Gang beigetreten war: Ich wollte töten.”

Töten, sagt er, sei nicht schwer, wenn man es wirklich wolle. “Es wird zu einer Sucht, wie Saufen. Wenn du trinkst und merkst, du magst es, trinkst du weiter. Manche töten nicht gern, die probieren es aus, und dann machen sie es nicht noch mal.” Die Art und Weise, wie getötet wird, werde angepasst.

“Wir prüfen, wie jemand getötet werden soll. Wenn es ernst ist, schlachten wir ihn ab. Ist es ein leichteres Vergehen, jagen wir ihm eine Kugel in den Kopf.”

Kronzeuge El Sparky: "Nur die mit den dicksten Eiern setzen sich durch"
Christian Werner / DER SPIEGEL Kronzeuge El Sparky: “Nur die mit den dicksten Eiern setzen sich durch”

Wenn es ernst war, wie Sparky das nennt, entfernte er lebenden Männern die Augen, schnitt ihnen Finger, Zunge und Ohren ab, dann Arme und Beine, und wenn sie noch lebten, schnitt er ihnen den Bauch auf. Wenn nicht, dann trotzdem.

Manchmal legte er anschließend die Flasche hinein, die er bei der Arbeit geleert hatte, manchmal schob er sie auch dem noch lebenden Opfer in eine Körperöffnung. Dann verscharrte er die Leichen oder warf sie in Brunnen. Oder er ließ sie liegen. Je nachdem, welche Nachricht damit überbracht werden sollte.

So ist ein Wettbewerb entstanden. Die Gangs wollen sich in Grausamkeit überbieten. Denn Grausamkeit sorgt für Respekt. Häutungen, Frauen, denen in die Vagina geschossen wird, Zerstückelungen, Vergewaltigungen während der Hinrichtung: Normalität hier. Manchmal reißen sie ihren Opfern das Herz aus der Brust.

“Jede Gang”, sagt El Sparky, “will ganz Salvador kontrollieren. Aber nur die Irresten mit den dicksten Eiern werden sich durchsetzen.” Und hier, wo es wenig Perspektiven gibt, werden dicke Eier zur Währung. Denn Geld machen nur die wenigen Gangmitglieder, die in den Waffen- oder Drogenhandel eingestiegen sind. Eine Gang ist eine Gruppe von Freunden, eine Ersatzfamilie. Viele Gangmitglieder sind bitterarm. Es geht darum, den anderen etwas zu beweisen.

“Man tritt bei, um seine Nachbarschaft zu verteidigen. Man erwartet kein Geld. Wenn du nützlich bist, bekommst du etwas vom Geld der Gang, wenn nicht …”, er formt die Hand zu einer Pistole und lächelt. “Es heißt: entweder töten oder getötet werden. Als Gangmitglied hast du nicht viele Optionen”, sagt er.

Es ist schwer zu verstehen, was hier passiert. Man kann versuchen, den politischen Kontext zu erklären. Die Zusammenbrüche der Militärregimes und der Guerillaarmeen in Zentralamerika hinterließen Lagerhallen voller Waffen sowie Soldaten, die keinen Sold mehr bekamen. Die entstehenden Demokratien waren schwach, ihre Politiker korrupt. Die internationale Gemeinschaft forcierte die Schaffung von freien Märkten, sie schaute auf Wahlen, aber übersah, wie instabil die Rechtssysteme waren und dass die Kluft zwischen Arm und Reich immer größer wurde.

“Das alles würde nur aufhören, wenn alle Gangmitglieder umgebracht würden. Aber, ehrlich gesagt, du kannst die Gangs nicht auslöschen”, sagt El Sparky. “Du bringst heute drei oder vier um, aber morgen treten wieder zehn bei.”

El Sparky weiß, dass es auch für ihn nie aufhören wird. Nach einem Streit setzten seine eigenen Bosse vier Killer auf ihn an. Sie lauerten ihm auf der Straße auf. El Sparky hatte sein amerikanisches Sturmgewehr dabei. Mit vier Magazinen. Einen der Killer erschoss er, dann floh er, tauchte unter. Schließlich ging er zur Polizei. Mehr aus Rache als aus Hoffnung auf ein langes Leben. Er hätte zwar gern ein friedliches Leben und einen Job. Aber er weiß auch, dass sie ihn umbringen werden, bei der ersten Chance, die sie bekommen. Und er weiß nicht genau, wie das funktioniert – ein friedliches Leben.

Anführer einer Barrio-18-Gang: "Töten oder getötet werden, du hast nicht viele Optionen"
Christian Werner / DER SPIEGEL Anführer einer Barrio-18-Gang: “Töten oder getötet werden, du hast nicht viele Optionen”

Niemand kann eine Gang lebend verlassen. Der einzige Weg in eine Art Ruhestand ist, einer Kirche beizutreten und derart überzeugend ein gläubiges Leben zu führen, dass die anderen Gangmitglieder den Wandel ernst nehmen. Das geht manchmal gut, in letzter Zeit aber immer seltener. “Viele Männer haben das als einfachen Ausweg genutzt. Deswegen haben wir angefangen, sie umzubringen”, sagt El Sparky. “Wenn du drin bist, dann heißt es: bis dass der Tod uns scheidet!” Dann fahren zwei Polizisten ihren Kronzeugen El Sparky zurück in ein gesichertes Versteck.

Es gibt viele wie El Sparky. Und das Schlimmste ist: Sparky sticht noch nicht einmal heraus. Der Polizist und Priester Flores weiß das. Es ist einer der Gründe, warum Flores Gott braucht. Warum er mehr braucht als einen Psychiater. Weil es so viele sind, weil es nie aufhört.

“Wir leben in einem irregulären Krieg”, sagt Flores. Es ist eine neue Form des Krieges, noch nicht ganz Bürgerkrieg, aber doch weit mehr als reguläre Gewalt. Die Grenzen verwischen hier: Auch Polizisten formen mittlerweile Todesschwadronen. Nach Dienstschluss ziehen sie durch Ganggebiete und töten. Damit werden sie selbst zu so etwas wie einer Gang. Johnny Flores aber will das Gesetz nicht aufgeben.

“Die Kirche und mein anderes Ich, der Pastor, helfen mir, im Umgang mit den Gangs auch die Menschen zu sehen, ihre Rechte. Die Menschen zu sehen, die Familie haben und Fehler machen.” Johnny geht wieder hinein. Leichter Regen trommelt auf das Wellblechdach. “Viele Polizisten tun das nicht mehr.” Viele Polizisten, so sagen sie auf den Revieren der Hauptstadt, verlassen das Land, weil ihre Familie bedroht wird, weil sie selbst bedroht werden.

Johnny Flores zieht die Uniform aus und legt sie in seinen Spind. Die Uniform lässt er immer im Revier. Die Gangs in seinem Viertel wissen nicht, dass er Polizist ist. Nach Dienstschluss trägt Flores wieder den Anzug des Pastors. Er spielt Gitarre, wenige Straßen von seinem Haus entfernt auf dem Geburtstag eines Mädchens. Ein paar Kinder sitzen einige Häuser weiter. Sogenannte Antenas, Spitzel der Gangs.

Ein Mann kommt aus dem Haus, in dem die Kinder feiern. Setzt sich. Schaut hinüber zu den Antenas. “Für die, die nicht reich sind, sind die Gangs immer da”, sagt er. “Mit viel Glück klopfen sie nie an deine Tür. Aber man muss immer mit ihnen rechnen.”

Die Polizei mache ihren Job, sagt der Mann. Die Fahnder kämen, wenn sie gerufen würden. “Sie brechen Türen auf, sie stürmen Häuser. Dann verschwinden sie wieder. Aber wir müssen hierbleiben.” Die Antenas schauen herüber, rauchen.

“Das ist das Problem”, sagt ein anderer Mann, “denn Gangs verschwinden nicht. Sie sind Teil der Viertel. Sie sind Söhne und Töchter von Frauen aus der Nachbarschaft. Die Gangs sind Teile El Salvadors. Sie sind Teile der Straßen wie der Bordstein dort.” Johnny Flores nickt.