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Los colectivos venezolanos, las bandas de civiles armados que atacan a los manifestantes y defienden a Maduro. The NYT

Cientos de miles de manifestantes han tomado las calles de Caracas y otras ciudades exigiendo que se realicen elecciones en Venezuela. Credit Foto: Meridith Kohut para The New York Times

y , 22 abril 2017 / THE NEW YORK TIMES

CARACAS, Venezuela — Los motociclistas llegaron con un estruendo; eran una falange de chaquetas rojas con ropa oscura. Algunos llevaban los rostros cubiertos mientras aceleraban los motores ante los manifestantes. Arrojaron bombas de gases lacrimógenos para dispersar a la multitud y, según los testigos, luego sacaron las pistolas y dispararon.

Carlos Moreno, de 17 años, cayó al suelo y un charco de sangre se formó alrededor de su cabeza. “Se le estaba saliendo la materia cerebral”, recordó Carlos Julio Rojas, un líder comunitario que presenció el tiroteo sucedido en Caracas el miércoles pasado.

Quienes estaban en la protesta dicen que los hombres uniformados que dispararon contra Moreno no pertenecían a las fuerzas de seguridad del gobierno. Eran miembros de bandas armadas que se han convertido en agentes clave para el presidente Nicolás Maduro, quien intenta sofocar las crecientes protestas contra su gobierno.

Esos grupos, que reciben el nombre de colectivos, forman parte del escenario político venezolano desde hace mucho tiempo, pues fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, se trata de civiles con entrenamiento policial que han sido armados por las autoridades.

Los colectivos controlan un vasto territorio del país y en algunos casos se financian por medio de actos delictivos como la extorsión, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El gobierno tolera sus actividades a cambio de lealtad.

Actualmente parece que desempeñan un papel importante en la represión de la disidencia.

Cientos de miles de manifestantes han tomado las calles de Caracas y otras ciudades exigiendo que se celebren elecciones. Las protestas se han intensificado debido a la crisis económica que ha generado una gran escasez de productos básicos como alimentos y medicinas —así como una reciente resolución del Tribunal Supremo de Justicia con la cual intentó asumir las funciones de la Asamblea Nacional— lo que ha contribuido a la desestabilización del país y se han convertido en la amenaza más grande para el gobierno actual desde el golpe de Estado que en 2002 destituyó, por unas pocas horas, a Hugo Chávez.

Maduro ha respondido desplegando efectivos de la guardia nacional armados con cañones de agua, balas de goma y perdigones para dispersar a las multitudes. Pero diversos expertos y testigos aseguran que, junto a las fuerzas de seguridad, también actúan los colectivos que se dedican a una intimidación más brutal y, en muchos casos, mortal.

“Esos son los verdaderos grupos paramilitares de Venezuela”, dijo Roberto Briceño-León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, un grupo académico que monitorea los actos delictivos en el país.

Los colectivos se han convertido en agentes represores a medida que han disminuido los ingresos del gobierno venezolano a causa de la creciente deuda externa y la caída de los precios del petróleo. Según muchos venezolanos, los colectivos aparecen en casi cualquier protesta en la que el gobierno perciba que los ciudadanos se pasan de la línea, desde los rutinarios conflictos laborales con sindicatos hasta las manifestaciones estudiantiles.

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Durante las recientes confrontaciones en Caracas, los efectivos policiales han perseguido a los manifestantes, lanzado gases lacrimógenos y disparado balas de goma. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Eladio Mata, un dirigente sindical del sector salud, dice que el año pasado los miembros de un colectivo le dispararon cuando se estancaron las negociaciones en el Hospital Universitario de Caracas.

Mata cuenta que cuando llegó a la puerta principal del hospital se encontró con varios hombres que le impidieron salir. Él cree que fueron llamados por la directiva del hospital. Los miembros del personal intentaron ayudarlo a salir, pero un miembro del colectivo le disparó en la espalda. Luego tuvo que ser arrastrado a una sala de operaciones para una cirugía de emergencia.

“En este país está prohibido disentir”, dijo Mata.

Oscar Noya, un investigador de enfermedades infecciosas tropicales, dijo que su laboratorio ha sido objeto de actos vandálicos en unas 30 ocasiones, perpetrados por miembros de los colectivos que destruyen sus equipos y se llevan los cables eléctricos.

Noya cree que ordenaron vandalizar su sitio de trabajo porque suele publicar información sobre epidemias de enfermedades infecciosas que el gobierno no informa, particularmente la propagación de la malaria.

También comentó que las autoridades han guardado silencio ante sus repetidas denuncias, por lo que cree que los colectivos han “alcanzado un nivel de impunidad total”.

“Si la revolución pierde la presidencia mañana,
los colectivos inmediatamente se convertirán
en una guerrilla urbana”.
Fermín Mármol, criminólogo

Los expertos dicen que los colectivos se originaron en los primeros días del gobierno de Chávez, quien originalmente los concibió como organizaciones sociales que le ayudaran a instaurar su visión de una revolución socialista que transformara los barrios pobres de Venezuela. Muchos tenían sus propios nombres, banderas y uniformes. Finalmente, el gobierno les impartió entrenamiento de armas y seguridad, para desplegarlos como un grupo de milicias.

A medida que los grupos se hicieron más poderosos, ejercieron su propia influencia, sobre todo respecto al control de actividades del crimen organizado como el tráfico de drogas en los barrios de Caracas.

Su poder llegó a ser tal que, en 2014, algunos tuvieron violentos enfrentamientos con la policía como parte de un esfuerzo por expulsar a un ministro del Interior y Justicia que trató de frenarlos. Más recientemente, otros miembros de colectivos han librado mortales reyertas con soldados durante el despliegue de operaciones militares que buscan contener el crimen organizado.

Según Fermín Mármol, un criminólogo de la caraqueña Universidad Santa María, esos grupos controlan el 10 por ciento de los pueblos y ciudades de Venezuela. Mármol explicó que la profunda inclinación ideológica de los colectivos significa que defenderán a Maduro a toda costa.

“Si la revolución pierde la presidencia mañana, los colectivos inmediatamente se convertirán en una guerrilla urbana”, dijo el experto.

Paramédicos evacuan a un manifestante que resultó herido durante los enfrentamientos con policías. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Las bandas de colectivos han sido acusadas de ataques contra periodistas que cubren sus actividades en las calles. Sin embargo, en algunas entrevistas, sus líderes han negado cualquier vinculación con actividades criminales y dijeron que se dedicaban a defender la revolución.

A pesar de sus ataques contra los disidentes, para algunos venezolanos de los sectores más pobres los colectivos se han convertido en una fuente de orden aceptada por la gente.

Haide Lira, de 58 años, es una asistente administrativa que vive cerca del barrio de clase trabajadora La Vega y dijo que los enfrentamientos entre manifestantes y los colectivos han sorprendido a los vecinos. Ella simpatiza cada vez menos con quienes protestan. “Así no se presiona a un gobierno”, opinó.

Sobre los colectivos, comentó: “Ellos ponen orden donde hay desorden. Es cierto, son civiles armados, pero ¿qué se puedes hacer en este mundo que está al revés?”.

Pero los ataques contra los manifestantes han traumatizado a muchos, como es el caso de Rojas, el líder comunitario que fue testigo de la muerte de Carlos Moreno. Cuenta que los manifestantes intentaron salvar a Carlos; subieron su cuerpo a una motocicleta para que llegara rápido a un hospital, donde fue declarado muerto.

Algunos trataron de perseguir a los agresores, pero fueron refrenados por otros que les dijeron que sería inútil. Rojas trabaja con políticos de la oposición y explicó que se había acostumbrado a los ataques, que durante mucho tiempo han formado parte de su trabajo como activista.

“Atacan a sus vecinos cuando están en las filas para alimentos y son identificados como miembros de la oposición, atacan a los dueños de tiendas cobrándole extorsiones y atacan a los panaderos quitándole parte de su producción para venderla en el mercado negro”, contó. “No son verdaderos colectivos, o actores políticos. Son criminales”.

Observador Político: El drama de Venezuela

Paolo Luers, 22 abril 2017 / EDH-Observadores

La política tiene una dimensión personal que muchas veces no expresamos adecuadamente. Preferimos quedar en un plano analítico. El análisis es necesario, pero igual lo es el impacto personal que nos hacen los dramas humanos detrás de la política. Me duele Venezuela. Me duelen las imágenes de las manifestaciones pacíficas y masivas reprimidas por policías, militares y paramilitares que parecen fuera de control, pero no nos equivoquemos: actúan bajo control de Maduro y la cúpula chavista.

Pero igual, me siento sumamente orgulloso y optimista de ver a personas que en muchos viajes a Venezuela se han convertido en amigos, resistir a la fuerza bruta de un régimen que se resiste a aceptar que su pueblo le ha quitado legitimidad, apoyo y sostenibilidad. Ayer vi un video de la marcha opositora, en el cual Henrique Capriles, gobernador de Miranda y ex candidato presidencial, caminaba en primera fila enfrentando a los antimotines de la Guardia Nacional Bolivariana, con las manos arriba, no en señal de “nos rendimos”, sino en señal desafiante de “vean, venimos desarmados”… La Guardia les tiró a los manifestantes una batería de bombas con gas lacrimógeno, vi a Henrique tosiendo, asfixiándose, pero no retrocediendo. Estas imágenes solamente los podemos ver porque los periodistas independientes venezolanos su juegan el pellejo tomándolas y difundiéndolas en redes sociales. Son otros héroes de este drama. Los medios venezolanos hacer ratos han perdido la libertad de cubrir estos eventos…

Hoy vi un video muy parecido de Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, otro líder opositor, encarcelado desde hace tres años. Los muchachos le pusieron a Lilian una máscara de gas, y luego de respirar por unos momentos, ella se la puso a una señora que estaba al punto de asfixiarse.

Hoy recibimos en el almuerzo semanal de los Observadores de El Diario de Hoy a Tamara Suju, en cuya casa en Caracas tuve el privilegio de conocer, en el año 2009, a los intelectuales más brillantes de Venezuela: ex rectores de universidades, ex ministros, escritores, columnistas –todo un “Consejo de Sabios”-, discutiendo cómo unificar la oposición y cómo construir una mayoría para el regreso a la democracia. Pocos años después, Tamara tuvo que ir al exilio porque sus permanentes denuncias de capturas arbitrarias, torturas y otras formas de represión comenzaron a convertirse en un peligro para el régimen. Amenazaron a ella y su familia, y tuvieron que salir del país.

Tamara me contó del caso de Raúl Baduel, un joven que hace dos años fue detenido por su participación en una cadena humana en protesta contra la represión. Raúl fue vilmente torturado, es uno de los casos que Tamara está llevando ante el Tribunal de La Haya contra Maduro y sus funcionarios – por sistemática tortura de opositores. Conocí a Raúl en junio del 2010, en la cárcel militar Ramo Verde, donde visité a su padre, el general Raúl Isaías Baduel. Junto con toda la familia Baduel almorzamos bajo un gran afiche de Nelson Mandela. “Hay una sola cosa que temo”, me dijo el ex ministro de defensa de Hugo Chávez convertido en opositor y preso político, “y es que me pueden tratar de romper la moral tocando a mis hijos.” Exactamente esto pasó 5 años después, cuando detuvieron y sometieron a tortura a su hijo Raúl. Sin embargo, no lograron doblegar al general Baduel, y por tanto, pocos días antes de que terminara su condena, lo volvieran a acusar, esta vez por “traición a la patria”. Los dos siguen presos.

En Ramo Verde también está recluido Leopoldo López, a quien conocía en el 2008 cuando era alcalde de Chacao, lejos de ser el líder nacional en que se convirtió después. Tamara Suju, quien lleva el caso de Leopoldo ante el Tribunal Internacional de La Hay, cuenta que en estos días de convulsión lo hacen desnudarse varias veces al día, lo hacen caminar desnudo por el pasillo, le prohíben recibir a su familia, y le quitan sus libros. Si Maduro pensaba que con esto se podía quitar encima la pesadilla de un líder opositor que no le daba tregua, tuvo que observar que la captura de Leopoldo no dejó ningún vacío en la oposición. El calvario al que someten a Leopoldo ha creado una pesadilla que persigue a Maduro: No solo le ha dado a Leopoldo un estatus de héroe, también a su esposa Lilian, quien se ha convertido en la voz más escuchada contra las violaciones de los Derechos Humanos – en Venezuela y en el mundo entero.

A todo esto me refiero cuando digo que estoy orgulloso de mis amigos venezolanos, y optimista que van a lograr derrocar a Maduro y su mafia, de la forma que sea. Y solo lo puedo explicar en este plano muy personal, hablando de personas de carne, hueso y corazón que tuve el privilegio de conocer.

Y como es tan personal el drama de Venezuela, me duele cada vez que enciendo la televisión en estos días.

Crisis fiscal y presupuesto para bobos. De Paolo Luers


Negar sus votos en caso que el gobierno no está dispuesto a corregir el presupuesto no es sabotaje. Es el ejercicio de un derecho y deber constitucional.

Paolo Luers, 17 abril 2017 / EDH-Observadores

Luego de vacaciones, regresamos a lo mismo. Nuevamente vamos a escuchar tanto a los mal intencionados como a los sabios ingenuos exhortando ambos, gobierno y oposición, por igual a dejar de ser necios y a bloquear la solución al problema fiscal. Pongamos las cosas claras: Necio es quien no tiene razón y sigue insistiendo. Pero los que tienen razón y sostienen su posición, no son necios, son coherentes.

El gobierno tenía la oportunidad (y el deber) de poner todas las cartas sobre la mesa y presentar un presupuesto general de la nación completo, incluyendo todas las obligaciones del Estado y todos los gastos necesarios para cumplir su plan de gobierno. Pero el gobierno no lo hizo, porque entonces, su presupuesto hubiera tenido un déficit de unos 2000 millones de dólares. El gobierno hubiera tenido que ir a la Asamblea y negociar con ARENA el financiamiento de este presupuesto. En esta negociación, el gobierno hubiera pedido financiarlo con préstamos, y la oposición hubiera exigido enfrentar buena parte del déficit con recortes de gastos. No pongamos todo en el mismo saco: Una posición es necia, la otra es necesaria.

La Constitución manda que un presupuesto que incluye préstamos necesita mayoría calificada de la Asamblea. Esto significa que el gobierno está obligado a presentar un presupuesto y un plan de financiarlo aceptables para 56 diputados. Si un gobierno quiere deshacerse de esta obligación, tiene que ganar en elecciones parlamentarias una mayoría calificada de 56 votos que se lo permita. Mientras esta mayoría no exista, el gobierno está obligado a presentar un presupuesto aceptable para sus adversarios. No sé cual parte de esta regla simple el gobierno y muchos “sabios” no entienden

El FMLN no dispone de una mayoría para aprobar préstamos sin aprobación de la oposición. Pero tampoco quiere negociar su presupuesto con la oposición. Prefiere extorsionar y enganchar a los partidos minoritarios para alcanzar mayoría simple (de 43 votos) para aprobar un presupuesto incompleto – o sea, desaparecer el déficit omitiendo algunos rubros. En esta ficción el presupuesto parece equilibrado y financiado.

Pero estas mentiras siempre tienen patas cortas. Las obligaciones de pagar pensiones a los militares, de cancelar préstamos hechos al fondo de pensiones, de pasar el FODES a las alcaldías, no desaparecen por arte de magia. Las pueden desaparecer en el papel donde se imprime el presupuesto, pero no en la realidad. Por tanto, ahora que tienen encima estas obligaciones perfectamente previsibles, piden a la Asamblea que les autorice los préstamos que desaparecieron a la hora de presentar el presupuesto.

Por supuesto ARENA dice que no. Serían bobos si aceptaran esta extorsión. El gobierno, de manera fraudulenta, se hizo de un presupuesto que todo el mundo sabía que no reflejaba los gastos reales. Hoy echan la culpa a la oposición y le exigen que retrospectivamente les aprueben los préstamos necesarios para cubrir el déficit, con el argumento extorsionista que si ARENA les niega sus votos, afecta a la población. Este chantaje no extraña, es parte del populismo del FMLN. Pero sí extraña que analistas independientes les compren este relato y presionan por igual a gobierno y oposición.

Entonces, ahora está en la agenda lo que hubiera tenido que discutirse antes de aprobar el presupuesto: ¿Cómo financiarlo, con préstamos o con recortes, o con qué combinación de ambos? Y el gobierno tiene que enfrentar este debate y hacer concesiones, porque así lo demanda la Constitución: Para financiar un presupuesto con deuda necesitan mayoría calificada, y no la tienen sin los votos de ARENA.

Negar sus votos en caso que el gobierno no está dispuesto a corregir el presupuesto no es sabotaje. Es el ejercicio de un derecho y deber constitucional.

El que tiene que ceder es el gobierno. Tiene que aceptar que el presupuesto que con ayuda de sus aliados aprobó, es incompleto y desfinanciado. ARENA no se va a negar categóricamente a cubrir una parte del déficit presupuestario con deuda. Lo que sí tiene que rechazar es la idea de aprobar más deuda mientras el gobierno no acepte negociar el ajuste necesario para reducir gastos.

La versión de que aquí hay dos actores que por falta de voluntad de ponerse de acuerdo hunden al país en una crisis de impago, sólo sirve para quitarle presión al gobierno y pasarla a la oposición, debilitando la posición correcta de hacer valer el mandato constitucional de un presupuesto nacional equilibrado y financiado. No confundamos la necedad del gobierno, que a cualquier costo quiere seguir adelante con sus políticas populistas-electorales, con la necesaria oposición contra un presupuesto inconstitucional, que de todos modos le cuesta tanto asumir a ARENA.

¿Puede el mundo ayudar a que Venezuela revierta su trágica caída libre? De Abraham F. Lowenthal

Manifestantes en medio de un ataque con gas lacrimógeno durante una protesta contra el gobierno en Caracas, el jueves 6 de abril. Credit Cristian Hernandez/EPA

Abraham F. Lowenthal, profesor emérito en la Universidad del Sur de California, fue el director fundador de la organización Inter-American Dialogue y del Programa de América Latina del Wilson Center.

SANTA MÓNICA, California — La semana pasada, con la decisión del Tribunal Supremo de Venezuela de usurpar las funciones de la Asamblea Nacional elegida democráticamente, Venezuela tomó otro giro negativo, aunque la sentencia haya sido parcialmente rescindida unos días más tarde.

Esta decisión fue solo el ejemplo más reciente de que el gobierno venezolano está atacando a la oposición y la disidencia. Ha encarcelado a algunos líderes políticos opositores e intimidado a otros; impidió el referendo revocatorio constitucional; pospuso indefinidamente las elecciones municipales y gubernativas, y anuló sistemáticamente la separación de poderes… todo mientras el deterioro económico y social del país se agrava cada día. El ataque del gobierno a la Asamblea Nacional podría ayudar a que la oposición promueva la protesta popular, pero es difícil saber cuánto tiempo durará y cuánto puede lograr.

En este momento, es urgente que los venezolanos consideren si la influencia externa podría ayudar a revertir la caída libre del país, y de qué manera lo haría. La participación internacional a veces puede facilitar la resolución pacífica de conflictos nacionales aparentemente incorregibles, pero esto requiere una estrategia clara y un esfuerzo continuo.

La democracia no es un bien que pueda exportarse, debe hacerse crecer local y nacionalmente. Sin embargo, los líderes nacionales legítimos y de confianza pueden importar el apoyo y la experiencia internacionales para alcanzar la democratización. Esto sucedió con la campaña antiapartheid en Sudáfrica y con el apoyo internacional a la democracia en Chile, Polonia, España, Indonesia y Filipinas.

Algunos de los venezolanos que están buscando ayuda extranjera suelen esperar demasiado y demasiado pronto. Un grupo ha estado presionando a Estados Unidos para que imponga sanciones para obligar a Caracas a ceder, pero funcionarios estadounidenses experimentados han enfatizado los riesgos y la probabilidad de que el intervencionismo sea contraproducente.

“Es urgente que los venezolanos consideren
si la influencia externa podría ayudar a revertir
la caída libre del país, y de qué manera lo haría”

Otros han respaldado las iniciativas del secretario general de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro, de suspender a Venezuela del grupo por un desacato a las normas democráticas. Los sucesos más recientes han incrementado considerablemente la preocupación en torno a Venezuela en todo el continente americano, pero puede que no se reúnan los dos tercios de votos necesarios para la suspensión. Aunque Venezuela fuera expulsado, no habría un impacto concreto más allá de aumentar el sufrimiento de la población venezolana, y podría empeorar las cosas al aplastar la disidencia dentro del régimen y aislar aún más a Venezuela de la influencia internacional.

Las expectativas irreales de la oposición acerca del papel de un grupo de presidentes designados por la Unión de Naciones Sudamericanas y por el Vaticano contribuyeron a la decisión de interrumpir el “diálogo” impulsado a finales de 2016. La Mesa de la Unidad Democrática, coalición de los partidos de oposición venezolanos, trató de aprovechar el diálogo para obtener concesiones del gobierno que no pudo lograr por sí misma, perdió la confianza en los facilitadores internacionales cuando no produjeron resultados rápidamente y no pudo mantener protestas populares importantes.

El gobierno, por su parte, utilizó el diálogo principalmente para frenar las ganancias electorales de la oposición. Ninguna de las partes parecía dispuesta a explorar intereses compartidos, identificar qué conflictos podrían resolverse o considerar los compromisos que podrían abrir el camino a posibles soluciones. Los acuerdos de transición en otros países han involucrado concesiones y acuerdos negociados en cuanto a las disposiciones constitucionales, los arreglos gubernamentales provisorios, el papel de las fuerzas armadas, las amnistías, la justicia de transición y, a veces, incluso el reparto del poder.

Estados Unidos, Colombia, Cuba y otros países del Caribe quieren estabilizar las exportaciones de petróleo de Venezuela y evitar el aumento de la violencia, una ruptura del orden constitucional y más oleadas de refugiados. China también quiere estabilidad para asegurarse de que Venezuela pague los cuantiosos préstamos que le ha otorgado. Muchos en América y otros lugares tratan de evitar la violencia y la precariedad masiva. Algunos se preocupan profundamente por la protección de los derechos humanos básicos, entre ellos la gobernabilidad democrática, pero intentan evitar un intervencionismo contundente que podría provocar problemas más profundos y resentimientos duraderos.

La medida indispensable para conseguir una participación internacional constructiva es que los líderes de la oposición fortalezcan su causa internamente. Para lograrlo, es necesario concebir una visión atractiva del futuro de Venezuela, como lo hicieron de forma convincente la oposición al general Augusto Pinochet en Chile, y Nelson Mandela y el Congreso de la Nación Africana en Sudáfrica. Las fuerzas de oposición deben hacer más que denunciar al gobierno actual. Deben superar rivalidades personales y formar una coalición unificada, no solo para ganar poder, sino para gobernar. También deben mantener el apoyo popular y un enfoque preciso para preservar la constitución.

“Las fuerzas de oposición deben hacer más
que denunciar al gobierno actual.
Deben superar rivalidades personales
y formar una coalición unificada,
no solo para ganar poder, sino para gobernar.”

Al mismo tiempo, deben idear acercamientos que le ofrezcan una vía de escape al régimen. Esto puede requerir la promesa de que no habrá represalias aun cuando se reconozca y proteja a las víctimas de las violaciones a los derechos humanos. Deben preparar planes para restaurar el orden público mientras garantizan el control civil democrático de las fuerzas de seguridad. Además, deben presentar propuestas creíbles para restablecer el crecimiento económico mediante la participación de inversionistas nacionales y extranjeros mientras atienden las necesidades de los pobres.

En todos estos ámbitos, la comunidad internacional puede ofrecer aportes: puede abrir un espacio para el reconocimiento mutuo y la intercambio de ideas; facilitar acceso a expertos en asuntos clave; hacer presión y ofrecer incentivos a los participantes; brindar formación y asistencia técnica a los grupos políticos, a las organizaciones de la sociedad civil y a las fuerzas de seguridad, y ayudar a resolver materialmente la crisis humanitaria.

El fin del autoritarismo venezolano no ocurrirá hasta que al menos un sector importante dentro del gobierno perciba que se requiere un cambio. La amonestación de la fiscal general contra la acción del Tribunal Supremo, la cual ocasionó el retroceso parcial de la corte, indica que ya hay divisiones dentro del régimen chavista. Los que están abiertos al cambio necesitan estar seguros de que esto no implicará graves riesgos para el país ni para quienes han actuado conforme a la ley.

Una transición de la actual crisis de Venezuela a un futuro mejor puede estar más cerca que en los últimos meses, aunque puede que todavía no esté muy cerca. Mientras tanto, podría ser útil una mayor atención al desarrollo y la coordinación de estrategias para una transición no violenta.

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La política suspendida. De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 11 diciembre 2016 / PRODAVINCI

Hace un año, en estas fechas, aun estábamos celebrando. Habían pasado ya varios días del arrollador triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias y, todavía, se sentía en el aire un ánimo de cohetes. El ansia de cambio se había hecho mayoría. La esperanza se había mudado de lugar. Parece mentira que, doce meses más tarde, estemos aquí, otra vez, con menos ilusiones y con mucha más pobreza, represión y autoritarismo, sin nada que festejar.

La dirigencia opositora –más dividida de lo que pensábamos- le apostó a convertir la salida de Maduro en una nueva fantasía nacional, en la solución de todos los problemas. Se confió, pensó que el oficialismo respetaría las reglas del juego, y supuso que ya el escenario estaba preparado y dispuesto para un cambio. Que el Referendo Revocatorio era casi una cortesía natural, una forma de darle chance al Presidente de bajarse de la historia.

prodavinciDel otro lado, la dirigencia oficialista le apostó a violar la Constitución e impedir de mil maneras la democracia participativa y protagónica. Despojó a la nueva Asamblea de toda legitimidad y comenzó a sabotearla sin ningún pudor. El resultado ha sido catastrófico. Para ambos. Y también para el país, por supuesto. Mientras la crisis económica avanza, devorando de manera brutal y vertiginosa a la mayoría de la población, los actores políticos permanecen paralizados, engarzados en retóricas inútiles que solo los desgastan, los presentan muy lejos de la realidad. Con otras emergencias. Con otras prioridades.

La MUD parece ahora un conjunto desigual, errático. Es un coro donde cada quien dice una cosa distinta, donde a veces importan más las estrategias personales que las urgencias del país, donde ya hasta se acusan unos a otros (sin la necesaria contundencia de los nombres) de soborno o de traición, donde todo lo que se comunica resulta confuso, ambiguo, poco claro… Los errores de la dirigencia opositora no hacen más democrático al gobierno. Tampoco lo hacen más eficiente o menos corrupto. Pero le dan oxígeno. Y el oficialismo sabe administrar el caos. Tiene los recursos y el cinismo necesario para hacerlo. La defensa de sus privilegios les garantiza un sentido de la unidad más sólido. Viniendo de una derrota electoral y con un nivel bajísimo de aprobación, ha terminado el año logrando lo impensable: volver a suspender el sentido de alternabilidad en la sociedad venezolana. Minar el poder, el rigor y la legitimidad de las elecciones.

Después de haber decretado públicamente que estábamos en una dictadura, después de que la palabra dictadura se instaló con fuerza en el país, el final de este 2016 está marcado por una instancia donde todas las palabras, cada día, parecen deshacerse. La famosa mesa de diálogo ha convertido el diálogo en algo anodino, burocrático, etéreo. Casi podría ser una escena escolar: un cura italiano llama a los muchachos peleones de la clase y los encierra en un salón, obligándolos a conversar. Ninguno de los dos dice nada concreto. Se acusan, se excusan. Manotean. Se amenazan mutuamente. Pero nada más. Mientras, afuera, el colegio se derrumba.

La mesa de diálogo ocurre en otro lado, tiene otros calendarios, otras palabras. Y ya solo contagia confusión. Solo produce distancia. Entre el llamado a Rebelión después del 20 de octubre y la declaración de los líderes de oposición esta semana, hay un desastroso y prolongado coitus interruptus. La sensación que queda, después de todo, tampoco le conviene al gobierno. Ha sido obligado a negociar. Y aunque el oficialismo haya logrado momentáneamente congelar la protesta, no ha podido congelar la crisis. La mesa de diálogo ha terminado transmitiendo una imagen que los afecta a ambos: se trata de un espacio privado, donde los dirigentes supuestamente hablan, sin que eso tenga ninguna eficacia, sin que esté necesariamente conectado con lo que en verdad ocurre en el país.

La política parece, entonces, estar suspendida en un limbo. Mientras, las angustias de la mayoría de la gente siguen sueltas, desordenadas, en la calle. Calentando la calle.

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