El diálogo venezolano y su fracaso, Zapatero, y las elecciones. Una documentación

dóLas negociaciones entre gobierno y oposición de Venezuela en Santo Domingo han fracasado. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero había presentado un borrador, el cual no fue aceptado por la oposición, que presentó por escrito sus posiciones y correcciones. La delegación del gobierno se negó a discutir este documento y abandonó Santo Domingo. El gobierno venezolano convocó unilaterlamente elecciones presidenciales para el 22 de abril 2018, sin ningún acuerdo sobre las condiciones, sin habilitar a los partidos y candidatos de la oposición, sin restructuración del Consejo Nacional Electoral, sin liberar a los presos políticos. Luego de esto, Zapatero mandó una carta a la oposición exigiendo que firme el documento por él presentado, sin ni siquiera mencionar los puntos alternativos presentados por la oposición.

Publicamos aquí dos análisis publicados en Prodavinci, el borrador presentado por Zapatero, , su carta a la oposición, y el documento presentado por la oposición.

Segunda Vuelta

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Eugenio Hernández, 7 febrero 2018 / PRODAVINCI

El gobierno y la oposición discutieron al menos tres propuestas en República Dominicana:

  1. Una presentada por los cancilleres en diciembre de 2017.
  2. Un documento promovido por el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.
  3. El último intento de acuerdo discutido la noche del martes 6 de febrero.

¿Cuál era la propuesta de los cancilleres?

prodavinciLa propuesta inicial de los cancilleres se remonta al 2 de diciembre de 2017. El ministro de Información y Comunicación, Jorge Rodríguez, mostró una parte de esa propuesta en una rueda de prensa. Tres puntos básicos la dominaban:

En el caso de las sanciones contra Venezuela se acordaba crear una comisión mixta que iniciaría gestiones ante la comunidad internacional para que fuesen revisadas y suprimidas.

En el tema de las elecciones se proponía realizar los comicios en el segundo semestre de 2018. Para lograr estos comicios se proponía la integración de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) con cinco rectores, dos nombrados por el gobierno, dos por la oposición y uno de común acuerdo. Este nuevo organismo comicial convocaría las elecciones con al menos seis meses de anticipación.

Esta propuesta hacía énfasis en garantizar el voto de los venezolanos en el exterior y a flexibilizar los procesos de inscripción en el Registro Electoral (RE), para permitir que los ciudadanos se inscribieran con solo presentar su cédula de identidad, aunque estuviese vencida.

La propuesta comprometía al gobierno y al CNE a evitar que el Plan República interfiriera con el trabajo en las mesas de votación.

Para garantizar la normalización institucional se proponía levantar el desacato a la Asamblea Nacional, al resolver la impugnación a la elección de los diputados de Amazonas.

Los cancilleres proponían crear una comisión de enlace entre la Asamblea Nacional (con poderes restablecidos) y la Asamblea Nacional Constituyente para “negociar un acuerdo político que precise el mandato y la temporalidad de la ANC”.

Adicionalmente se pactaba crear un Grupo Económico y Social que debía trabajar para garantizar el acceso a medicinas y comida a través de las “diversas vías existentes, supresión de los bloqueos financieros y obtención de líneas de financiamiento”.

Se creaba una Comisión de la Verdad, integrada por tres representantes del gobierno y tres de la oposición, limitada a 4 meses de funcionamiento. El Gobierno se comprometía a instar a las autoridades competentes para lograr “liberaciones inmediatas en aras de la convivencia y reconciliación”.

En esta propuesta no estaba definida la forma de hacerle seguimiento a los acuerdos.

¿Qué proponía Rodríguez Zapatero?

La falta de acuerdo sobre el documento de los cancilleres dio pie a la discusión de la propuesta de acuerdo presentada por el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Los seis puntos básicos de esta propuesta eran:

  1. En cuanto a la soberanía y las sanciones indicaba que el gobierno y la oposición acordaban “trabajar conjuntamente” para que se revisaran y suprimieran “las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”. En este sentido la principal propuesta giraba en torno a la creación de una comisión bilateral “para las oportunas gestiones en la comunidad internacional”.
  2. El segundo punto estaba referido a las elecciones. Aunque el acuerdo no incluía la fecha de los comicios, la propuesta sugería que debían designarse dos rectoras para sustituir a Tania D’ Amelio y Socorro Hernández, el método de selección sería el acuerdo entre las partes. En relación con la observación internacional, la propuesta se limitaba a indicar que la partes solicitarían al Secretario General de las Naciones Unidas conformar “una delegación de acompañamiento y observación electoral”. Se acordaba reinstaurar los centros de votación cerrados en 2017, sortear a los miembros de mesa, y fijar un período mínimo de actualización del RE entre el 8 y 15 de febrero. Este  acuerdo comprometía al CNE a realizar las auditorías ejecutadas para los comicios presidenciales de 2012 y la elección parlamentaria de 2015.
  3. La conformación de una comisión política entre la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente que garantizara la coexistencia institucional.
  4. En relación con la situación económica y social, el acuerdo propuesto sugería la creación de una comisión que analizara y presentara propuestas “constructivas para abordar la situación económica de Venezuela”. Esta comisión debía trabajar por la “supresión de los bloqueos financieros y la obtención de líneas de financiamiento”.
  5. El último punto de esta propuesta era la creación de una Comisión de la Verdad integrada por tres representantes de la oposición, una ONG “de larga trayectoria en la promoción y defensa de los DDHH”. Esta comisión debía trabajar según las decisiones tomadas por la Constituyente el 23 de diciembre de 2017.
  6. Este acuerdo debía ser monitoreado por una comisión de seguimiento integrada por los cancilleres que han participado en el proceso de negociación, el gobierno de República Dominicana y el exjefe del Gobierno Español.

¿Cuál fue la última versión de la propuesta de Zapatero?

En la noche del martes 6 de febrero se discutió una nueva versión de la propuesta de Rodríguez Zapatero. Se llamó “Acuerdo de Convivencia Democrática por Venezuela”.

Constaba de seis puntos básicos, muy similares a los atribuidos a Rodríguez Zapatero, que buscaban “la afirmación de la soberanía nacional, la estabilidad democrática, la gobernabilidad, el pleno respeto de los derechos humanos, las garantías en los procesos electorales, la cooperación ante las coyunturas económico-sociales existentes, afirmar el estado de derecho constitucional, el desarrollo pleno de los derechos políticos y el compromiso por el respeto democrático, el rechazo absoluto a la violencia como instrumento político y una política de reconciliación, como fundamento para la convivencia democrática nacional”.

La gran diferencia con la versión anterior fue la inclusión del punto sobre el reclamo del Esequibo.

Según esta propuesta, gobierno y oposición acordaban “trabajar conjuntamente para que se revisen y supriman las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”. Para este fin se crearía “una comisión bilateral para las oportunas gestiones en la comunidad internacional. La comisión comenzará a funcionar en un plazo de 48 horas”. Adicionalmente las partes acordaban ratificar “los legítimos derechos de Venezuela sobre el territorio de la Guayana Esequiba”, a la vez que rechazaban “la inexplicable recomendación del Secretario General de la ONU que pretende desviar la aplicación de los medios políticos sucesivos ordenados por el Acuerdo de Ginebra, y dejar la resolución de esta controversia a una peligrosa inercia, desaprovechando la virtud jurídica y pacífica que ofrece este tratado internacional vigente, en armonía con los postulados de paz a los que se debe las Naciones Unidas”.

¿Cuál fue la última propuesta de la oposición?

El documento alternativo presentado por la oposición indicaba en su primer punto que el gobierno y oposición acordaban “trabajar conjuntamente, en la medida que el Gobierno avance en el otorgamiento de garantías democráticas en Venezuela, para que se revisen y supriman las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”.

En el tema electoral no se fijaba de antemano la fecha de las elecciones. Sin embargo, se precisaba cómo debería funcionar la observación electoral. La oposición propuso que se acordara la creación de una misión de observación electoral internacional “dirigida por la ONU e integrada adicionalmente por representantes de diversas organizaciones internacionales, los países acompañantes de este acuerdo y cualquier otro país u organización acordado por las partes”. Adicionalmente se indicaba que el cronograma electoral se iniciaría “con la instalación de la Observación Internacional. Se acuerda que esta misión de observación tenga todas las posibilidades de participar en todas las etapas e instancias del proceso electoral. El Gobierno acuerda enviar, en un plazo no mayor a 48 horas, la carta de invitación para la misión de observación al Secretario General de Naciones Unidas”.

Por otra parte, se daba un plazo de 2 días para la designación de los nuevos rectores del CNE. Se incluía en el proyecto de acuerdo que “en la búsqueda de garantizar un ente electoral con garantías de transparencia e imparcialidad, se acuerda la designación, a través del TSJ, en un plazo no mayor a las 48 horas, de los dos rectores designados en fecha 13 de diciembre de 2016 por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Los rectores a designar serán fruto del consenso de los firmantes de este acuerdo”.

La propuesta electoral de la oposición contenía 13 exigencias o compromisos básicos. Entre los más llamativos estaban:

1) A la fecha de la convocatoria de las elecciones los centros nacionales de votación serían reinstaurados a sus lugares originales y debía procederse a la mayor difusión pública posible para conocimiento de los electores.

2) Se realizarían todas las auditorías técnicas a la plataforma tecnológica y a los cuadernos de votación, con los estándares establecidos, no inferiores a los utilizados en las elecciones del 7 de octubre de 2012 y del 6 de diciembre de 2015.

3) Se acordaba incluir explícitamente en el cronograma electoral, el sorteo de los miembros de mesa que prestaran servicio electoral en la elección presidencial, además de la adecuada notificación de los mismos, entrenamiento y acreditación a través del Poder Electoral. Se acordaba garantizar que, en los procesos de instalación y constitución de mesas electorales, se cumpliera estrictamente con lo establecido en las leyes relacionadas con la incorporación de los miembros de mesa.

4) Ambas partes acordaban la inclusión en el cronograma electoral del proceso de apertura y actualización del RE, tanto dentro como fuera del país, de manera de garantizar el ejercicio del derecho del voto a todos los venezolanos. Se debía garantizar la debida publicidad de este proceso, a través de campañas institucionales del CNE. Este proceso de actualización del RE deberá tener una duración mínima de 15 días continuos.

5) En el interior del país se garantizaría el despliegue de 1.500 puntos de actualización como mínimo, distribuidos en todas las parroquias del país. En el extranjero debía garantizarse el funcionamiento de los puntos de actualización electoral en cada sede consular. Ambas partes acordaban la ubicación de puntos de actualización adicionales, ya fuese por indisponibilidad de la sede consular, o por elevada densidad en la presencia de venezolanos en determinada localidad.

6) Las partes acordaban la legalización inmediata, en un plazo de 48 horas, de los partidos Mesa de la Unidad Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia y la habilitación de Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski.

7) Ambas partes acordaban, en función de garantizar equilibrio en la estructura del CNE de cara a las elecciones presidenciales, la presencia de ambas partes en cada comisión de trabajo del CNE, como lo son la COPAFI, la JNE y la Comisión de RE. Igualmente se acordaba la designación equilibrada de directores principales y adjuntos en cada oficina regional del CNE, en un plazo de una semana luego de la firma del presente acuerdo.

8) Ambas partes acordaban la designación equilibrada de coordinadores de Centro de Votación, en cada centro de votación del país, en el plazo de una semana a la firma de este acuerdo.

9) Ambas partes acordaban, en función de preservar inalienable el derecho al voto sin presiones externas, la prohibición de proselitismo político y de acción gubernamental alrededor de los centros de votación el día de la elección, así como de la utilización de medios de identificación y votación distintos a los establecidos en la ley.

10) Ambas partes acordaban el uso de la tinta indeleble como identificación del votante en la mesa electoral.

11) Ambas partes acordaban la prohibición estricta del voto asistido en todas las mesas de votación. Solo será permitido en los casos establecidos en la ley y con el voto favorable de los miembros de la mesa electoral.

12) En el seno de la Comisión de Seguimiento y Verificación del Acuerdo se constituiría un grupo de alto nivel que atendería los asuntos que se presentasen y atendería el buen desarrollo del proceso electoral. Esta comisión estaría integrada por un representante del gobierno, un representante de la oposición y un representante de la mesa de facilitación.

13) Las partes se comprometían a reconocer el resultado de los comicios presidenciales del año 2018, independientemente de los mismos, siempre y cuando se cumplan todas las garantías establecidas en las leyes y en el presente acuerdo.

En la propuesta de la oposición se establecía que ambas partes acordaban “levantar, en un plazo no mayor a 15 días, el desacato judicial que pesa sobre la Asamblea Nacional con el objeto de que recupere sus funciones constitucionales, se convierta en una institución que permita el diálogo social y la reforma económica y social de Venezuela, y coadyuve en el proceso de atención urgente en cuanto a las necesidades del pueblo venezolano. Gobierno y Oposición acuerdan crear una comisión política, en un plazo no mayor de 15 días, que garantice el desarrollo pleno de las instituciones constitucionales”.

¿Qué se proponía sobre la emergencia económica y social?

En la propuesta de la oposición se establecía que ambas partes acordaban “conformar con carácter inmediato una comisión para el estudio, análisis y formulación de propuestas constructivas para abordar la situación económica de Venezuela”. Por otra parte indicaban que esta comisión estaría “abierta al trabajo y a las propuestas de los diferentes sectores sociales y podrá solicitar la colaboración de expertos. De manera prioritaria la comisión propondrá medidas para promover el acceso de bienes y servicios a la población, con énfasis en alimentos y medicinas, a través de diversas vías existentes, como la promoción decidida a la producción nacional, supresión de bloqueos financieros, obtención de líneas de financiamiento ante los diversos organismos y entidades internacionales o países dispuestos a cooperar, y en general, cualquier otra vía que pueda contribuir a tal fin”.

Esta comisión se constituiría en los primeros siete días consecutivos a la firma del acuerdo.

 

 

La (verdadera) carta de Zapatero. De Willy McKey

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Willy McKey, 8 febrero 2018 / PRODAVINCI

Momento 1: “Muy señor mío”.

prodavinciEl eje central del análisis de cualquier carta reside en su destinatario. En este caso, las palabras van medidas por el mismo rasero, sin importar a quien vayan dirigidas. Así es como el remitente ha decidido renunciar a la enorme posibilidad diplomática que ofrece toda carta: hablarle individualmente al otro, persuadirlo a partir de sus intereses e incitarlo mediante incentivos singulares. No ha sido así: las mismas palabras para todos, los mismos argumentos para todos, la misma carta para todos. Una carta calcada y encabezada con un apelativo distante y la pesada carga del pronombre posesivo. De aquí en adelante, cualesquiera que sean los destinatarios, lo mejor será sospechar de cuanto venga luego.

DVfos5YV4AA5_JXY lo que viene luego es sólo posible desde la asfixia: una oración eterna, inacabada e in finita que adquiere forma de párrafo imposible.

Aire caliente y retórica memoriosa.

La mitad de la carta está vacía, pero irremediablemente conduce hacia un exhorto.

Momento 2: “Tras un esfuerzo ingente de diálogo, auspiciado en los últimos meses por el esfuerzo ejemplar del presidente y el canciller de República Dominicana, con el acompañamiento de un grupo de países amigos, se culminó en un consenso básico”.

Aquel receso indefinido del diálogo comenzó cuando la comisión oficialista decidió levantarse de la mesa y volver a casa, sin revisar las modificaciones propuestas por la oposición al documento presentado por Zapatero bajo el título de Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela.

Aun así, a sabiendas de que la comisión oficialista ya había vuelto a casa para rendir cuentas a Miraflores, Zapatero decide emitir su carta a quienes horas antes habían decidido señalar correcciones posibles en un documento ajeno, con el apetito de lograr algún acuerdo.

El facilitador no le escribe a quienes abandonaron la negociación para que reconsideren la contraoferta opositora, sino a quienes mantuvieron los pies debajo de la mesa hasta el último momento, exhortándolos a firmar algo que no cumple con sus expectativas.

Momento 3: “Un gran acuerdo, que supone una esperanza real y valiente para Venezuela, concretado en un documento presentado a las partes que da respuesta a los planteamientos esenciales discutidos durante meses”

Hemos dicho que el documento presentado por Zapatero lleva el capcioso título de Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela. Por un momento, pensemos las bondades de este título desde las comunicaciones.

El título de este documento lo convierte en una herramienta útil para el aparato comunicacional del gobierno, que incluso funciona mejor cuando no ha sido firmado. Nadie puede quedar bien parado cuando se diga que se opuso a firmar un acuerdo para la convivencia democrática, ¿cierto? Dentro de la lógica del facilitador Zapatero, era mejor para la coalición opositora firmar un (mal) acuerdo antes que mantener sus exigencias.

¿Quién podría oponerse a algo con un nombre tan bonito como Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela? Pues, al parecer, sólo alguien que lo haya leído por completo.

Momento 4. “De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición”

La voz de la carta miente. No Zapatero, sino la representación que la carta hace de Zapatero y de su papel como mediador. Zapatero, más bien, sabe lo que dice.

Nunca pudo haber sido inesperado para el facilitador que la oposición no firmara el acuerdo porque en ninguna de las declaraciones públicas de los voceros, en especial las de Julio Borges, se dejó ver algo distinto a que no habría acuerdo hasta que todo estuviera acordado.

Y el innegable síntoma de que una de las partes se levante de la mesa sin atender las modificaciones al acuerdo que plantearía la otra parte de la negociación agrieta la frágil estructura argumentativa del expresidente español. Y en esa medida, la carta miente: el documento no fue suscrito porque estaba siendo revisado. Y aquí aparece otro elemento merecedor de suspicacias, en las palabras públicas de Danilo Medina: “La oposición no entendió que estaba obligada a firmar ese acuerdo el día de ayer y pidió tiempo para ver el documento”.

Una negociación en la que está prohibido revisar los acuerdos es víctima letal de la dictadura de lo inmóvil y pierde todo sentido.

Momento 5. “No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad”

Éste es el momento donde la retórica juega en contra del remitente. Tras todas las articulaciones que hace, ¿cómo es posible saber cuál es la verdad, sin antes valorar circunstancias y motivos?

La única manera posible es hacerlo desde la miopía de quien cree que sólo una de las partes tiene derecho a posicionar su verdad. Y ése es un lugar de enunciación que compromete la figura de cualquier facilitador, poniéndolo de inmediato del lado de una de las partes.

Si fuera necesaria una compilación, el facilitador ha decidido ignorar que una de las partes decidió obviar la contraoferta de la otra, exhortar a quienes se mantuvieron en la negociación a firmar un acuerdo contrario a sus intereses y desatender las opiniones emitidas sobre las condiciones del acuerdo mientras finge sorpresa.

Momento 6. “Le pido, pensando en la paz y en la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado”

Este exhorto frontal es, quizás, el más opaco de todos los momentos que componen la última carta del facilitador Zapatero. En el lenguaje del envite, es jugarse el resto: ya no le interesan las versiones posibles, las correcciones, la igualdad de derechos de las partes. Ni siquiera que ya uno de los lados de la negociación abandonó la mesa está en Caracas, robándose una fecha que fue pensada en conjunto siempre que se cumplieran otras condiciones. Ni siquiera que el anuncio de esa fecha demostrara de manera fehaciente que el Consejo Nacional Electoral no decide de manera autónoma, sino que espera la orden directa de quienes eran la cara del gobierno apenas unos instantes antes de esta carta. Ni siquiera que ese mismo gobierno que, según él,  se había comprometido a cumplir escrupulosamente lo acordado ya estaba de nuevo en su palacio, con los restos de la mesa en las manos como excusas para su nueva falta de escrúpulos electorera.

Momento 7. “Espero su respuesta favorable”

No espera Zapatero la posibilidad de una negativa. No le da cabida a un desacuerdo más, a otra negociación, a un no por respuesta. Su única expectativa es no-dialogante, casi muda: un sí refrendado por la firma de un alguien que represente algo. Lo que sea. Alguna parte que se ponga a su favor, así sea producto del tedio.

Y en medio de este delirio, Zapatero se confiesa de un lado de la mesa.

Zapatero es la transcripción de una voz que se vanagloria de sí misma, con la única intención de que le crean esta última jugada. Pero el lugar de enunciación de Zapatero ya no es el de un mediador o de un facilitador. Exhorta y no aconseja. Obliga. Y mientras obliga, finge sorpresa. Atenta contra sus verdades aparentes e intenta venderse a sí mismo como alguien neutral, al mismo tiempo que envía la carta en todas direcciones, con el propósito de fracturar.

Porque esta carta pretende que desde la miriada opositora aparezca otra voz que pacte con su performance y firme.

Es su última carta: la verdadera.

 

EL BORRADOR DE ZAPATERO QUE A OPOSICION NO VA A FIRMAR

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EL DOCUMENTO DE LA OPOSICION

 

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