unidad

El renacer de la esperanza. De Manuel Hinds

21 abril 2018 / EDH-Observadores

La campaña por la candidatura de ARENA ha terminado. Mañana son las elecciones primarias de las que va a emerger el candidato del partido para las elecciones presidenciales de 2009. Todavía no sabemos quién es el ganador, pero lo que ya sabemos es que ARENA ha conseguido un triunfo decisivo en los últimos meses con la primera campaña bajo sus nuevos estatutos, que cumplen con todos los requisitos planteados por la Sala de lo Constitucional y por la Ley de Partidos Políticos. Pero el triunfo no solo es legalista sino mucho más profundo porque en el proceso el partido ha avanzado mucho en su respuesta a las críticas fundamentales que ha recibido en la última década.

La primera de estas críticas era que el partido se había quedado ofreciendo solo más de lo mismo en términos de la concepción de las políticas económicas y sociales necesarias para romper los círculos viciosos que obstaculizan la integración del país al nuevo mundo del Siglo XXI.

La segunda crítica era que el partido había perdido la capacidad de representar una oposición constructiva, que pudiera presentar nuevas visiones del país y presentar soluciones originales para lograr volverlas realidad.

La tercera crítica era que el partido seleccionaba al candidato “de dedo”, sin una verdadera competencia que involucrara al partido entero en dicha selección.

La cuarta crítica era que el partido estaba dividido de una manera irreconciliable en términos de ambiciones personales, de tal manera que no podría nunca más convertirse en un partido unificado que pudiera triunfar sobre el FMLN.

Estas críticas eran muy graves porque coinciden con los vicios que han impedido que los partidos de la derecha pudieran impedir el ascenso de la izquierda radical, aun en países, como Venezuela, donde la derecha y la izquierda moderada son numéricamente muchísimo mayores que la izquierda radical.

En los últimos meses ARENA ha demostrado claramente que ha superado todos estos problemas. La competencia por la candidatura ha incluido a tres precandidatos que han luchado con todas sus ganas por lograrla, basados no en críticas interminables al FMLN—del cual todos sabemos que ha presidido los peores gobiernos de la historia—sino en visiones e ideas frescas que se orientan a resolver los problemas del país. Aunque ha habido muchos troles que han llenado las redes sociales con denuncias anónimas de que se está preparando una trampa para elegir a un candidato específico, estas denuncias pierden toda credibilidad ante dos hechos claramente establecidos: uno, que el voto es secreto, y, dos, que el padrón incluye a 122,000 personas. Las acusaciones de que las estructuras de ARENA forzarán a los empadronados a votar por un candidato impuesto pierde toda credibilidad en un proceso en el que el voto es secreto. Una persona a la que le quieran imponer un candidato puede decir que sí va a votar por el impuesto y luego votar por otro en la intimidad de la casilla de votación.

Por otro lado, además de que es imposible imponer preferencias con votos secretos, cualquiera se da cuenta de que controlar el voto de 122,000 personas, es todavía más difícil. Si la mayoría de un padrón tan grande vota por alguien, es porque así querían votar, no porque se escogieron con pinzas para darles el voto.

De todos los vicios que atrajeron críticas el peor de todos era el de la fracturas internas. Este problema ha sido el más importante en la entrega que las fuerzas democráticas han hecho del poder en Venezuela. En cada una de las etapas en las que los Socialistas del Siglo XXI ha ganado a las fuerzas democráticas ha habido un líder al menos que ha preferido romper la unidad democrática a sobrellevar la derrota de su ego. Con sus fuerzas fragmentadas, los partidos democráticos se han entregado como bestias al matadero de los Socialistas del Siglo XXI.

Mucha gente, yo incluido, hemos tenido miedo de que ARENA no hubiera superado este problema. Sin embargo, los tres se comprometieron públicamente y con mucho entusiasmo en televisión nacional a apoyar al ganador de la elección del 22 de marzo, sin condiciones y con todo el país de testigo.

De esta forma, ARENA estará entrando a la campaña presidencial con un excelente candidato, el que gane, que ha competido con ideas, muy bien entrenado por la campaña primaria, con el apoyo decidido de sus dos rivales en esta primaria, y con un partido unido detrás de él. Equipado de esta forma, el candidato podrá abocarse a ganar los votos de los que, por las críticas que aquí hemos mencionado, habían dejado de votar por ARENA. Es la oportunidad más grande que hemos tenido de entrar a una nueva etapa en la historia del país, una etapa de reconciliaciones y de excelencia técnica en el gobierno. Es una era de esperanza.

Carta a mis amigos venezolanos: ¡Juéguenselo todo! De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 25 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados amigos que por años se han jugado su libertad y hasta su vida en la lucha contra la dictadura chavista:
Hoy es cuando. El diálogo con el gobierno fracasó. Tuvieron razón de buscarlo, digan lo que digan los opositores a la oposición que hacen llamados ilusos a la intervención militar extranjera, o al golpe de Estado, o a una insurrección de desarmados contra un régimen militar dispuesta a la represión letal. Tuvieron que agotar todas las opciones.

logos MAS y EDHEste diálogo, en el cual se trataba de crear las condiciones y garantías para una salida electoral, fracasó con la decisión de Maduro de convocar elecciones presidenciales sin ninguna garantía democrática: sin liberar a los presos políticos; sin levantar la inhabilitación de candidatos y partidos opositores; sin la creación de un árbitro electoral independiente del partido gobernante.

Con esto el régimen piensa haberlos puesto en una situación “lose-lose”: Si participan, les hacen fraude y el régimen se legitima. Si no participan, dejan a Maduro el poder sin ni siquiera pelear. En ambos casos se termina la oposición.

Así es el cálculo de Maduro. Pero es una trampa – y no es verdad. No es verdad que estén ante un dilema entre dos opciones donde siempre pierden. Solo perderán todo si caen en esta trampa y no dan la batalla. Si toman la decisión valiente de enfrentarse al fraude, tal vez no lo podrán derrotar, pero tal vez sí, ¿quién sabe? Pero no pierden. Ganan rehaciendo la unidad. Ganan estableciendo liderazgo. Ganan volviendo a movilizar a la gran mayoría que ya no aguanta el régimen de balas y hambre. Ganan nuevamente el respeto y apoyo de la comunidad internacional.

Si a pesar de todo se enfrentan a las elecciones, el éxito no se medirá por los resultados electorales oficiales que anunciará un Consejo Electoral totalmente desprestigiado – se medirá por la unidad y movilización popular que logren.

Hoy es cuando, amigos. Que se unan los que están dispuestos a dar la batalla. Que convoquen primarias inmediatamente. Que se midan los mejores líderes. Que decidan los millones venezolanos que a gritos piden liderazgo. Ustedes han mostrado que tienen esta capacidad. Lo mostraron en las elecciones legislativas. Lo mostraron en el referéndum que ustedes convocaron y organizaron. Lo pueden hacer de nuevo.

Los opositores a la oposición, o van a seguir soñando que una intervención extranjera o un golpe militar les va a salvar, o se van a sumar cuando vean la determinación de ustedes de enfrentar el fraude, la represión y el chantaje del hambre.

Dirijo estas palabras a los pocos que conozco y admiro: Leopoldo López, Lilian Tintori, Henrique Capriles, Julio Borges, Delsy Solórzano, Bonny Pertiñez, Andrés Velásquez, Vladimir Villegas – y a miles de otros que no conozco.

A todos ustedes los saludo con todo corazón,

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Impresiones personales tras una visita exprés. De Cristina López

Quienes hablan de unirse, porque eso de la unión suena bonito y azucarado, deben darse cuenta de que de nada sirven ni sus tests de pureza ni sus opiniones progresivas a menos que tengamos un gobierno que funciona para lo que debería: servir a la ciudadanía.

Cristina LópezCristina López, 4septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Cinco días, una visita exprés, no son suficientes para establecer a fondo la situación de ningún lugar, por supuesto que no. Para hacerse una idea realista del estado de la economía, la seguridad ciudadana, el mejor lugar para irse a tomar un café, se necesita, más que visitar, estar. Y es poco lo que se logra estar en solo cinco días. Sin embargo, para establecer el estado anímico de un lugar no se necesitan más que un par de conversaciones y en los cinco días que estuve recientemente en San Salvador, ante la vigilancia permanente de nuestro soberbio volcán, las tuve. Obviamente, ni la muestra es representativa ni pretendo extrapolar conclusiones científicas de lo que solo son impresiones personales, alcanzativas, si se quiere, de mi país y mi gente.

EDH logPlatiqué con amigos y familia, taxistas, meseros, guardias de seguridad, agentes de aduana; con fanáticos de la política y con perpetuos indiferentes; con gente que lee los periódicos y mira los programas de opinión religiosamente y con gente que, a mucha honra, solo lee Twitter y memes de Whatsapp. Me sorprendió que, cual guión ensayado, la mayoría de las conversaciones que sostuve tenían el mismo tono: hartazgo. Del tráfico, de la inseguridad, de la evidente incapacidad de las autoridades y la sobreabundancia de corrupción. Hartazgo, que n desesperanza; para muchos, el estado de las cosas solo significa que hay oportunidades para crecer.

Varias (quizás la mayoría) de las conversaciones empezaban con un tema, pero inexplicablemente terminaban en política, como adicción insalubre. En varias se manifestó la necesidad cursi y azucarada de “que la gente se tiene que unir” y apoyar la candidatura de “quien sea” con tal de sacar al FMLN del poder, por su demostrada ineptitud, por ser iguales o peores, en términos de corrupción y falta de transparencia, que los gobiernos de ARENA que criticaron en el pasado. Cualquiera pensaría que la evidente incapacidad del Frente y su obcecado apoyo a las violaciones a los derechos humanos que a diario ejecuta la dictadura venezolana sería una ventaja para ARENA, y sin embargo, su imagen está tan desgastada que son outsiders de su política partidista los únicos que por el momento tienen la posibilidad de convertirse en sus candidatos presidenciales.

Y claro que lo de “unirse” importa, pero cuando se habla de unirse, así, en abstracto, pocas veces se habla de las implicaciones reales. Siempre se tira la idea de unión apasionadamente pero a nivel superficial, sin reconocer lo que de verdad implica. Significa que aquellos que exigen tests de pureza en temas como el aborto, matrimonios del mismo sexo, o legalización de las drogas, tendrán que admitir en su bando a quienes, como ellos, comparten la opinión de que el FMLN no debería seguir en el poder, pero que a diferencia de ellos, creen que hay espacio para el debate en los temas mencionados. Significa que estos últimos tendrán que hablar con menos condescendencia de quienes tienen opiniones más conservadoras. Significa que para quien sea que termine de candidato, el primer test de liderazgo será lograr convencer a estos dos bandos — que no se toleran entre sí y que tienen en común que contestan con un no rotundo cuando yo les preguntaba si se unirían con alguien que pensara diferente — de que lo apoyen, y el segundo, explicar por qué votar por su candidatura será distinto que volver a elegir al FMLN o a la corrupción y sobresueldos de los gobiernos de ARENA. Significa que quienes hablan de unirse, porque eso de la unión suena bonito y azucarado, deben darse cuenta de que de nada sirven ni sus tests de pureza ni sus opiniones progresivas a menos que tengamos un gobierno que funciona para lo que debería: servir a la ciudadanía. Y eso hay que ganarlo de manera convincente en las próximas elecciones, o continuaremos debatiendo hasta el cansancio a los márgenes de la política otros cinco años más. Entendiendo eso, a ver si todavía les gusta eso de “unirse”.

@crislopezg

Enterrando la brújula. De Federico Hernández Aguilar

Mientras en ARENA se pelean por la renuncia de dos diputados, en el Tribunal Supremo Electoral se libra una batalla crucial para la transparencia de las próximas elecciones.

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 13 julio 2917 / LPG

Mientras en el principal partido de oposición se lanzan improperios y desafíos porque dos precandidaturas suplentes no han sido aceptadas en la lista final de aspirantes, el FMLN se afana en la búsqueda de los votos legislativos que necesita para darle un golpe letal al sistema de pensiones. Y yo me pregunto: ¿quién dijo que para encontrar la salida a la crisis que vivimos en el país había que enterrar la brújula?

LPGEs increíble. Tenemos por delante el desafío de garantizar que la voluntad de los salvadoreños, expresada en las urnas, sea fielmente respetada en marzo de 2018. De igual manera, quienes sabemos las amargas consecuencias –políticas, sociales y económicas– que podría tener para el país que el oficialismo tenga éxito en su confesada intención de meter mano a los ahorros de los trabajadores, tenemos la obligación moral de oponernos a ese robo con todos los recursos que nos otorga la Constitución.

¿Cómo es, entonces, que permitimos que el TSE se amarre a escáneres coreanos para apoyar el conteo de votos, sin que medie una licitación pública inexplicablemente atrasada hasta el día de hoy? ¿Cómo es que no salimos a advertir a los señores diputados, de todos los partidos, que reformar la Ley de Pensiones se agenciará un repudio generalizado y contundente?

Entiendo a quienes piden que ARENA sea un partido más incluyente y dialogante, pero no es haciendo más grande una discusión sobre procesos internos que vamos a conseguir, del principal partido de oposición, lo que ninguna otra organización política ofrece, y menos que nadie el FMLN. Semejante falta de perspectiva es incongruente con la defensa de las libertades, porque se está lanzando un chorizo a los perros bravos para que se despedacen entre sí, mientras el bistec queda a merced del perro que más pulgas tiene.

¡Por favor, señores, no perdamos el norte! Dejemos de confundir los altercados de poca monta con las batallas épicas. Aprendamos a distinguir el cebo de la manteca, el rábano de sus hojas, la piedra pómez de la roca inamovible. Discutir las formas de la democracia entre congéneres es casi un divertimento cuando el sistema democrático no está en juego; pero cuando lo está, me disculpan, cualquier empujón ególatra al debate divisivo equivale al suicidio.

Dijo Benjamín Franklin a los patriotas estadounidenses: “Si no aprendemos a caminar juntos, nos colgarán por separado”. Esta frase la recordó recientemente el mayor René Martínez en la presentación del movimiento cívico Defensa Ciudadana de la Democracia (DECIDE), espacio que ha nacido para aglutinar los esfuerzos de decenas de organizaciones civiles que hasta ese día permanecían atomizadas. Y Franklin, claro está, sabía muy bien por qué lo decía. Sin unidad ciudadana frente a la tiranía, esta última tiene seguro el triunfo; la cohesión de los patriotas, en cambio, es la única barrera contra la que se estrellan los dictadores.

A los demócratas venezolanos les llevó demasiado tiempo guardar los egos para más tarde; cuando vinieron a reaccionar, y se olvidaron por fin de verse a los ombligos, era imposible defender la libertad sin derramamiento de sangre. Nadie quiere que eso pase en El Salvador. ¿Cuándo es, entonces, la hora de la unidad? ¡Hoy! ¡Es hoy, y solo hoy! En 2019, pasadas las elecciones presidenciales, debatamos si las agendas personales de algunos tienen sustancia o no. Pero este día, para los que somos amantes de la libertad y la democracia, únicamente existen razones para –juntos– desenterrar la brújula… y caminar.

Detestable unidad. De Napoleón Cornejo

Detesto cuando me hablan de unidad. Especialmente en política. En esas conversaciones, “unidad” es habitualmente un sinónimo de sumisión, de abandono del criterio propio por el del colectivo, y del incondicional apoyo al caudillo de turno, sin objeción alguna, a cualquiera de sus posturas. Esa concepción de unidad, como la que exhibe un rebaño de ovejas, ha convertido a nuestros pueblos más en activos electorales que en individuos críticos de sus gobernantes.

Napoleón Cornejo, 19 marzo 2017 / LPG

En el contexto de los partidos políticos salvadoreños, nunca ha sido más evidente la frase de Walter Lippmann que dice: “Donde todos piensan igual es porque nadie está pensando”. En el FMLN las decisiones y las visiones de la alta comandancia son dogma; y sus fieles, sin detenerse a pensar más allá de la poesía o el discurso incendiario, los acuerpan ingenuamente. ARENA, con la desgastada excusa de adherirse sus “principios”, es un espejo de ese mismo verticalismo que le critica a su contraparte. Solo bastó que llegaran unos jóvenes progresistas y mostraran criterio propio para que la extrema derecha se enervara y les diera una patada. El objetivo de ambos es exactamente el mismo: construir una cohesionada masa de fanáticos con pronta disponibilidad para asentir y ponerse un chaleco.

Pero luego están los que, sabiendo que hay motivos para disentir, se excusan aduciendo que hacerlo concede ventajas al adversario. Lo que esta posición deja claro, además de su penosa resignación al statu quo, es su ingenuidad; pensando que una extrema es mejor que la otra y que el péndulo político de los últimos 30 años no le hace más daño al país. Esa subordinación voluntaria, justificada en el miedo, los vuelve cómplices de empoderar cabezas provectas para decidir nuestro futuro. Un partido que no es criticado ni retado, aún en plena campaña electoral, jamás tendrá presión para modernizarse.

La verdadera unidad no se logra con regaños ni extorsión. No se exige ni se reclama. No se obtiene con un infantil “¡Callate, porque le das armas al otro!” La unidad se gana a partir de ideas, que por su propio mérito hacen que las personas se adhieran a una iniciativa. Se logra con debate público para obligar a los arcaicos liderazgos a reconsiderar su posición y su rol.

Por eso, a los reclamos de que así se divide la “derecha”, la respuesta no puede ser más fácil: ¡Ojalá! Ya es necesario que nazca otra, aseada del fanatismo religioso y sin traumas de la guerra fría. En la actual, cuando se acercaron personas con ideas más acorde a los tiempos, y por ello con capacidad de atraer adeptos tradicionalmente adversos a ARENA, rápidamente les dieron la espalda. Un partido así quizá pueda inspirar hígados, pero no cerebros. Un partido así no nos va a construir un mejor país del que dejó en 2009.

Ningún progreso vendrá sin confrontación. Y son los rebeldes, los disidentes, los que retan a comandancias y cúpulas quienes lo materializan. Para ustedes, en ARENA y el FMLN, que en respeto a las ideas y al intelecto se vuelven disidentes del establishment y rechazan su visión de “unidad”, les comparto lo que escribió uno de mis autores favoritos: “La búsqueda de justicia social y la libertad no puede sacrificarse por ‘bienes supremos’ como ‘la solidaridad de la tribu’, la tan manida ‘cohesión social’ o ‘el orden’ al que alude un dictador para justificar el recorte de libertades y la arbitrariedad. Esa es una de las luchas del librepensador. Para ello necesita soportar la soledad muchas veces y, sobre todo, valentía, una virtud que nos permite ejercer el resto de virtudes. A pesar de la soledad que supone elegir un camino propio y desmarcarse de las masas, no actuar es tomar partido”.

El nuevo Coena. De Marvin Galeas

marvin galeasMarvin Galeas, 30 julio 2016 / EDH

El Partido ARENA se apresta a elegir un nuevo Consejo Ejecutivo Nacional, Coena. Los estatutos están, por fin, listos y se espera que haya una elección democrática, de la cual salga un partido fortalecido y con nuevos brillos. Suena bien. Lo que preocupa es que lejos de que el proceso unifique, la batalla entre las distintas planillas que se postulan causen división en vez de unión.

La cuestión de la elección de ARENA no es asunto que solo concierna a ese partido, sino a todos los salvadoreños. Y es que hoy por hoy, ese instituto político es la única esperanza de cambio. De manera que lo que ocurra a ese partido va más allá de los intereses políticos de los diferentes grupos de poder a su interior.

diario hoySi ARENA pierde las elecciones de 2018, el FMLN podrá adueñarse tranquilamente del órgano judicial, y a ello sumará el control del Tribunal Supremo Electoral, el Registro Nacional de Personas Naturales, además de los órganos legislativo y ejecutivo. Es decir ganará fácilmente la elección presidencial de 2019, aún perdiéndola en las urnas. Y así tendremos otros cinco años del FMLN y sus “magníficos” gobiernos.

Por todo lo anterior, ARENA no debe ni puede, perder las próximas elecciones de alcaldes y diputados. Mi modesta sugerencia es que los principales líderes areneros traten de conformar un Coena muy representativo y sobre todo capaz de conducir al partido a una victoria electoral. Ya no hay cabida para el presidencialismo en ARENA, ni para que haya un supra poder de los expresidentes de la República.

Es hora de que se imponga la razón por encima de cualquier pasión o intereses particulares. Ninguna de las personas que se mencionan como posibles presidentes del partido podrá llevarlo a la victoria en las próximas justas electorales, sin el apoyo entusiasta y decidido de un grupo de experimentados colaboradores y del Coena mismo. Cada miembro del Coena debe tener su propio peso y no solo servir de comparsa al presidente de turno.

Jorge Velado puede retirarse con la satisfacción del deber cumplido. Él heredó una dirección de un partido en transición. Y ahora lo deja como primera fuerza política y con nuevos estatutos. Es probable que algunos no estén del todo satisfechos con la normativa, pero es mucho mejor que tener eso a no tener nada o algo que todo mundo le vale sorbete.

Los expresidentes de la República han cumplido un papel importante, pero deben entender que ya es momento de pasar a un nivel más de consejeros que de actores activos y decisorios. Es tiempo para otros liderazgos, ideas nuevas, frescas, métodos modernos de campaña, pero siempre bajo los principios del respeto a la democracia representativa, el respeto a la libre empresa y al Estado de Derecho. El liberalismo, pues.

Probablemente los nuevos estatutos no conviertan a ARENA en un partido ultramoderno. Pero lo que sí es cierto es que es el más moderno de nuestros partidos. Creo que personas con mucho peso político dentro de ARENA deben acercarse, discutir, negociar y llegar a consensos sobre que tipo de Coena y no solo de presidente se necesita para ganar las próximas elecciones.

De nada sirve estar pensando en estos momentos en candidaturas presidenciales areneras si al partido le va mal en las próximas elecciones. Lo primero es lo primero. Y lo más urgente e importante es tener el vehículo listo para ganar. Y para ganar ARENA necesita mucho más que el voto tradicional. Necesita del voto de todos los que están desencantados con los pésimos gobiernos del FMLN.

Pero para ello, se necesita un excelente trabajo territorial y mucha audacia para construir un lenguaje que conecte con el nuevo electorado. Un mensaje que lleve esperanza a un pueblo y un país que parece haberse resignado a lo peor. Necesitamos un partido que entusiasme y que nos haga creer que hay una luz al final del túnel.

Polarización racional y polarización irracional. Columna transversal de Paolo Luers

Se ha vuelto moda culpar a la “polarización” de todos los males que vive nuestro país. En las expresiones más triviales de la anti-política, que actualmente se manifiesta en movimientos contra la “casta política”, la peste “polarización” figura a la par del cáncer “corrupción”.

paolo_luersPaolo Luers, 6 noviembre 2015 / EL DIARIO DE HOY

diario de hoyPero también hay consideraciones serias, hechas por analistas de peso como por ejemplo Luis Mario Rodríguez de FUSADES, que ponen la “polarización” al centro de las explicaciones de nuestros males.

En una columna publicada en julio de este año, titulada “Alegato por el disenso”, escribí: “Me canso de estar escuchando el mismo discurso de que el país necesita superar sus divisiones políticas, llegar a acuerdos entre todos sobre el rumbo del país, y que entonces nuestros problemas se resolverían…

Lo escucho de religiosos, de algunos empresarios que quieren quedar bien con Dios y el diablo, de columnistas que no quieren ofender a nadie. Y de políticos que buscan un nicho electoral predicando “unidad” y “el fin de las ideologías”, y que se ofrecen como salvadores capaces de superar la polarización.

Lo que nos hace falta es el disenso honesto y transparente, no el consenso. Lo que nos urge es que las diferencias entre las distintas visiones del país se vuelvan tan claras que los ciudadanos, a la hora de votar en 2018 y 2019, puedan tomar una decisión consciente y educada, creando una mayoría alrededor de una propuesta definida. Solo así se puede definir el rumbo”.

Sostengo cada una de estas palabras. Pero voy a tratar de profundizar un poco este debate.

Parte del problema es que no hay una definición clara del término “polarización”. Si lo entendemos como sinónimo de la falta de consenso en una sociedad, y como la existencia de fuertes enfrentamientos entre dos (o más) posiciones políticas, ideológicas o concepciones excluyentes del desarrollo de la economía y la sociedad, para mí no es un término negativo y sostengo los argumentos arriba citados: antes de llegar a una mayoría capaz de dar rumbo al país con un consenso sólido, tenemos que pasar por mucho disenso transparente.

Pero hay otra manera de definir el término polarización, y de ella emanan argumentos que hay que tomar muy en serio. En alemán hay un término muy particular: “Lagerdenken”. Significa: pensar encerrado en una mentalidad de campo o bloque; percibir el mundo (el país, la sociedad) dividida en bloques o campos opuestos, y permitir que esta división determine todo: lo que pensamos, lo que podemos criticar, lo que debemos apoyar incondicionalmente. “Lager” es campo, y el término “Lagerdenken” nació en el tiempo de la guerra fría, cuando el mundo estaba limpiamente dividido en el campo “de la dictadura comunista” y el campo del “mundo libre” (visto desde Occidente); o entre el campo “socialista” y el campo “capitalista” (visto desde el lado oriental de la cortina de hierro)… Y la ley era: criticar al otro campo es obligatorio, incluso cuando tenga razón, y criticar adentro del propio campo es traición, incluso cuando había razon fuerte de hacerlo.

Esta forma de polarización/Lagerdenken obviamente es dañina para un país, porque limita e incluso sanciona, en cada uno de los “campos”, el pensamiento crítico. Pero sin pensamiento crítico/autocrítico y sin capacidad de tomar posiciones independientes no hay modernidad, no hay democracia sostenible, y no habrá renovación.

¿Tenemos esta forma de polarización paralizante? Sí. Y es cierto: es un obstáculo a vencer si queremos avanzar como sociedad.

Pero esto no significa que hay que buscar a reducir la confrontación política, filosófica, de valores diferentes, ideológica, como la queramos llamar. Por lo contrario. Una vez que el debate público se libera de las restricciones del “Lagerdenken”, el pensamiento crítico llevará implícito pensamiento autocrítico. Una vez que se supera la falsa polarización que percibe el mundo como dividido en dos campos, habrá libertad para enfrentamientos de ideas no solo entre los partidos, sino también dentro de cada partido político.

En el FMLN hay un debate pendiente, pero siempre suprimido, entre comunistas y socialdemócratas, entre populistas y progresistas, entre revolucionarios y reformistas. De igual forma, en ARENA nunca se ha discutido en serio entre liberales y conservadores, entre progresistas y reaccionarios. Borrando la falsa polarización, se puede llegar a un auge de debate controversial en toda la sociedad. Esta es la polarización positiva, la del disenso, la de la pluralidad, la de la construcción de una mayoría alrededor de un consenso. En cambio, la “unidad nacional”, donde todos seamos convencidos de lo mismo y dejemos de pelear, es una quimera peligrosa, inventada para confundir, distraer y seducir…