Grecia

Syriza vuelve a ganar las elecciones en Grecia con una amplia ventaja

El partido izquierdista logra el 35,5% de los votos según el recuento del 90%.

Alexis Tsipras, antiguo y nuevo primer ministro de Grecia

Alexis Tsipras, antiguo y nuevo primer ministro de Grecia

María Antonia Sánchez-Vallejo, 20 sept. 2015 / EL PAIS

Alexis Tsipras y su formación, Syriza, lograron ayer una clara victoria en las elecciones anticipadas convocadas en Grecia después de la firma del tercer rescate con los acreedores europeos y la ruptura del partido. La formación izquierdista, que logró una clara mayoría con más del 70% de los votos escrutados, reeditará su coalición de Gobierno con la derecha nacionalista de Griegos Independientes (ANEL). El partido de Alexis Tsipras logra el 35,5% de los votos (145 escaños), mientras los conservadores de Nueva Democracia se situaban en torno al 28%. La ultraderecha revalidó su tercer puesto con un leve aumento de apoyos, mientras quedó fuera del Parlamento Unidad Popular, la escisión de Syriza tras la firma del rescate.

En sus primeras palabras tras conocerse el resultado, el líder izquierdista agradeció a los ciudadanos que le hayan dado un mandato claro “para cuatro años” y afirmó que las elecciones celebradas ayer lanzan el claro mensaje a Europa de que “Grecia es sinónimo de lucha y dignidad”. “Dimos una batalla difícil y estoy muy contento porque el pueblo nos dio un mandato claro para seguir luchando en el interior y el exterior”, dijo el político a sus partidarios, reunidos en una céntrica plaza de Atenas en un ambiente de euforia que constataba que Syriza había recuperado la ilusión. A la celebración se sumó el líder de ANEL, Panos Kamenos, que se fundió en un abrazo con Tsipras.

Una intención de voto volátil e indecisa hasta el último minuto definió, junto con el bajo porcentaje de participación (el 53,4%), unos comicios de los que la ciudadanía no esperaba nada nuevo, ya que el próximo Gobierno estará maniatado por las duras condiciones del nuevo rescate. Frente a los fallidos pronósticos durante la campaña electoral de coaliciones diversas, se reeditará por tanto el pacto Syriza-ANEL que gobernó Grecia de enero a agosto, en unas elecciones que, más que Syriza, ganó Alexis Tsipras.

“Es indudablemente una victoria personal de Tsipras, sus apelaciones a la lucha ante Europa y su ejercicio de honestidad, asumiendo errores durante estos meses, han inclinado la balanza a su favor. Si alguien sale fortalecido de estas elecciones, es él”, analiza Ilias Yoryadis, sociólogo filo-Syriza. “También podría interpretarse que los griegos prefieren un rescate aplicado por un izquierdista a su ejecución por la derecha”.

Syriza no sólo vuelve al poder, también recupera la autoestima, y de qué manera, tras el cisma vivido en sus filas tras el referéndum y la aprobación del tercer rescate, y se dispone a gobernar por segunda vez en un año, con renovado y claro mandato, el mantra más repetido por Tsipras en los actos de campaña.

Fuentes del partido confirmaron que la formación del Ejecutivo se cerrará antes del miércoles, y el propio Tsipras mantuvo un primer contacto telefónico con Kamenos, con el escenario de una mayoría parlamentaria de 155 escaños (sólo siete menos que en enero). Por contradictoria que pueda parecer una coalición entre la izquierda y la derecha soberanista, Yorgos Vasiliadis, miembro de la Ejecutiva de Syriza y secretario de Estado contra la Corrupción, señalaba tras conocer los resultados: “Con ANEL tenemos un gran nivel de entendimiento y, aunque disentimos en algunas cosas, hay diálogo y ánimo de colaboración. Este Gobierno tendrá margen de maniobra para mejorar algunos aspectos del rescate, como por ejemplo la cesión de los 14 aeropuertos regionales”, añadía.

En efecto, como en enero, ANEL es el único socio capaz de hablar el mismo lenguaje antiausteridad que Syriza y su entendimiento en temas económicos es prácticamente total. Sin embargo, la coyuntura ha cambiado y ahora Grecia vive una dramática crisis de refugiados que podría complicar el diálogo entre los socios, ya que a ambos les separan notables diferencias de criterio en política migratoria. El partido de Kamenos defiende mayor mano dura frente a la inmigración irregular.

Los pronósticos demoscópicos, pues, no se cumplieron, en un día de verano que pareció alejar a los votantes de los colegios electorales hacia las playas. Aunque la participación se resintió con respecto a enero —casi 10 puntos menos— no fueron el sol y el calor los que restaron afluencia a los colegios, sino el cansancio entre los votantes tras tres convocatorias electorales prácticamente seguidas (generales en enero, referéndum en julio y los comicios de ayer). También influyó notablemente la decepción entre algunos votantes de Syriza tras el giro dado por Tsipras en julio. Fueron precisamente estos descontentos los que auparon a Syriza hasta una victoria casi absoluta; la expectativa de voto del partido experimentó una progresión aritmética en los tres últimos días. Además, el 19,3% de los votantes decidieron ayer mismo su papeleta (el 25%, entre los que apoyaron a ANEL).

La escisión que se produjo en el partido de Tsipras tras la firma del tercer rescate dio lugar a una nueva formación, Unidad Popular, cuyo líder Panayiotis Lafazanis, reconoció el mal resultado de su formación, que se queda fuera del Parlamento. Han “perdido la batalla, pero no la guerra”, dijo el exministro. “Nos enfrentamos a partir de mañana al Armagedón del memorándum”, dijo en referencia al tercer rescate.

En el resto de la tabla destaca la consolidación en el tercer puesto —constitucionalmente muy importante en Grecia— de los neonazis de Aurora Dorada, con dos diputados más que en enero; el leve repunte del Pasok, en listas conjuntas con el centroizquierdista Dimar; y la sorpresa que supone la irrupción en el Parlamento de la Unión de Centristas de Vasilis Levendis.

En estos tres factores las encuestas acertaron de pleno, aunque nadie se atreve a predecir cuál pueda ser el comportamiento en la Cámara de la última formación, ejemplo claro de antipolítica basura, con una lista de candidatos en la que aparecen seis familiares directos del líder y otros más sin experiencia política alguna. Levendis fue el único líder que se presentó en el centro de prensa internacional, para disfrutar de su momento de gloria. Llevaba intentando entrar en el Parlamento desde 1992, cuando fundó el partido.

SPIEGEL Interview with Wolfgang Schäuble: ‘There Is No German Dominance’

Criticism of Germany’s role in the recent negotiations over Greece’s future has been fierce. SPIEGEL speaks with Finance Minister Wolfgang Schäuble about the government in Athens, his own feelings about a Grexit and his relationship with Chancellor Merkel.

Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas de Alemenia

Wolfgang Schäuble, ministro de finanzas de Alemenia

Klaus Brinkbäumer, Michael Sauga and Christian Reiermann, 17 julio 2015 / SPIEGEL ONLINE

SPIEGEL: Mr. Minister, do you have a private Twitter account?

Schäuble: No. As a rule, Twitter messages are very short-lived, which is why I find them uninteresting.

SPIEGEL: Recently, though, Twitter users have been extremely interested in you. Last week, you were among those mentioned most often on Twitter. Tens of thousands accused you of having launched a putsch against Greek democracy with the new aid program. Are you hurt by such accusations?

Schäuble: I took it quite calmly. My email account was also completely stuffed, and 90 percent of them were expressions of opinion that supported me. I have never experienced such a flood of agreement. Still, when it comes to Greece, there are highly complex questions for which there are no simple answers.

SPIEGEL: Europe intends to solve the problem with a new loan package worth more than €80 billion ($87 billion). Is that the right answer?

Schäuble: A half a year ago, Greece was preparing to return to the capital markets. Today, the country’s economy lies in ruins. That is the Greek government’s responsibility. But we cannot abandon the people of Greece. That is why a new program was needed, even if means new hardships for the population. More than anything, though, the question is: What is the better solution for Europe?

SPIEGEL: The American economist Paul Krugman has a clear position on that. The new aid program for Greece, he wrote in a recent column in the New York Times, is “pure vindictiveness” and a “complete destruction of national sovereignty.” Do you share his view?

Schäuble: Krugman is a prominent economist who won a Nobel Prize for his trade theory. But he has no idea about the architecture and foundation of the European currency union. In contrast to the United States, there is no central government in Europe and all 19 members of the euro zone must come to an agreement. It appears Mr. Krugman is unaware of that.

SPIEGEL: During the negotiations last weekend, a paper appeared from your ministry proposing that Greece leave the euro zone for a limited period of time. What were you hoping to achieve with this proposal?

Schäuble: We never said that Greece should leave the euro zone. We only called attention to the possibility that Athens itself can decide on taking a timeout. Debt relief is not possible within the currency union. European treaties do not allow it.

SPIEGEL: The governments in France and Italy would seem to have a different view. They sharply criticized your proposal because they want to keep Greece in the euro zone at all costs. Did you go too far?

Schäuble: Your portrayal is not consistent with the facts. Even my Italian counterpart Pier Carlo Padoan admitted: In the decisive meetings, 15 euro-zone members backed the German position. Only France, Italy and Cyprus were of a different opinion.

SPIEGEL: Italy and France, though, are founding members of the European Union. Shouldn’t Germany pay particularly close attention to pursuing a common position with these countries?

Schäuble: It isn’t unusual for the positions of France and Germany to not be completely consistent. It is also sometimes the case that my wife and I aren’t entirely of the same opinion. We aren’t even married to France, but Germany and France nevertheless overcame their differences in the end. Without Germany and France, it doesn’t work. That is what matters.

SPIEGEL: Chancellor Angela Merkel’s coalition government also had a difficult time overcoming its differences. You have said that your paper was cleared with the Social Democrats (SPD), Merkel’s center-left coalition partner. But SPD head Sigmar Gabriel claims that he had been informed of the proposal, but did not agree with it. Who is right?

Schäuble: The incident has been sufficiently cleared up. But I will add the following: Every party has its own problems. And in a coalition government, you show consideration for the other. You should not try to solve your own problems by making inaccurate accusations against others.

SPIEGEL: Germany took on a leadership role in the negotiations with Greece — and adopted a “very patronizing tone,” as European Parliament President Martin Schulz lamented. Does it worry you that people across Europe are talking about a “new German dominance?”

Schäuble: There is no German dominance. Germany is in a good position economically, that is undeniable. But in contrast to France and Great Britain, Germany is not a member of the United Nations Security Council. For that reason alone, you cannot talk about being in a position of political supremacy. Still, the balance in Europe has shifted since the fall of the Iron Curtain. Baltic countries, Slovakia and Slovenia also now speak up when they don’t like the positions taken by others.

SPIEGEL: You mean, there is a new division in the euro zone — between the north and the south.

Schäuble: That is inaccurate. What is important is the fact that many euro countries have now left the emergency aid program and have experienced a positive economic development: Portugal, Ireland, Spain, even Cyprus. Even Greece had gained traction by the end of last year, such that we can accurately say today: We have successfully stabilized the euro zone.

SPIEGEL: The new program for Greece calls for the Athens government to adhere to its creditors’ demands down to the last comma in the coming years and for it to be closely monitored from abroad. Is Greece becoming a euro-zone protectorate?

Schäuble: No. For the most part, the elements of the new program were agreed to back in 2010. They were just never implemented, unfortunately. Thus far, the Greek economy and society have hardly developed in the desired direction. What has dramatically changed since the beginning of the year, however, is the need for additional financing. According to the most conservative estimates, that need is now at least €80 billion. For many people, that is an unimaginable sum.

SPIEGEL: Some €50 billion of that is to be generated via the privatization of assets owned by the Greek state, by way of a trust fund that will be supervised by the euro zone. Many in Greece see that as yet another attempt to turn the country into a kind of colony.

Schäuble: That is nonsense. The idea was that of finding some way to establish a broad foundation for the financing of a future program. When we talked about it on Sunday evening, I told Greek Finance Minister Euclid Tsakalotos: It’s not about hurting you, but about collecting the necessary financial means. Otherwise, the debt load is unsustainable. And without that, it won’t work.

SPIEGEL: Tsakalotos’ predecessor, the enigmatic economics professor Yanis Varoufakis, had a different theory. He claimed that you have wanted for months to push Greece out of the euro zone so as to set an example. Is there something to that?

Schäuble: No. But I can’t just focus on making it through a night of negotiations. It also isn’t enough to get past the next six weeks. The real question is: How can I find a solution that is sustainable in the long term. We have to protect and further solidify the foundation of the currency union. My grandmother used to say: Benevolence comes before dissoluteness. There is a kind of generosity that can rapidly produce the opposite of what is intended.

SPIEGEL: During the negotiations, it seemed as though you were the strict father trying to bring spoiled children to reason.

Schäuble: It’s about balance. At home, we were three brothers, and when we fought, my father always said that the stronger one should back down. And that’s how it was in the Greece negotiations. The one in the better position must try to help the weaker one. I tried to do that.

SPIEGEL: Our impression was more that you were tirelessly negotiating over every tiny detail.

Schäuble: Everyone only has limited abilities, but you have to try to do your best. You have to be aware of that so that you attain the necessary degree of composure. As you see, I am close to reaching the point where I mellow with age.

SPIEGEL: Can a program work even though Prime Minister Alexis Tsipras says he doesn’t believe in it?

Schäuble: That is the question. Previously, Tsipras rejected a similar program and then he campaigned for a “no” in the referendum, a position that a large majority supported. Now he wants to do the opposite of what he once supported. One can indeed be doubtful. But for now, I trust the assurances of Mr. Tsipras, as is only fair. He has promised to implement the program even though he doesn’t believe in it. So, we’ll see.

SPIEGEL: The new program has tightened the conditions. Pensions are to be reformed, taxes increased and the labor market liberalized. Why do you think that the medicine that hasn’t worked for five years will now suddenly help?

Schäuble: The problem is that for the last five years the medicine has not been taken as prescribed. That’s why it is now important that those measures agreed to long ago are now implemented. In December, the troika made clear that Greece still hasn’t tackled 15 important reforms. That must finally change.

SPIEGEL: Could it be that you don’t actually believe that the reforms will be implemented?

Schäuble: No, otherwise we wouldn’t have had to travel to Brussels. But that is exactly the reason why we need those controls of which you earlier said they would patronize the Greek people.

SPIEGEL: It is more a question of whether the reforms are too much for the country. The economy has caved in, unemployment stands at 25 percent and the healthcare system is approaching collapse. The country cannot deliver what you are demanding.

Schäuble: I see things differently. In 2009, Greece had a budget deficit of 15 percent and a current accounts deficit of the same magnitude. Both indicators show that the country was living beyond its means and that there was a significant need for reform. Greece is still paying for a public administration that is among the leaders in Europe in terms of the ratio of its cost to economic output. The country has pension expenditures that are far above European standards. That has to be addressed, step by step. And by the way, that worked in all crisis countries, just not in Greece.

SPIEGEL: Still, Ireland, Spain and Portugal all suffered. And Cyprus still is suffering.

Schäuble: I am not claiming that everything is easy, but you have to start with the restructuring and carry it through to the end. Those countries did that. Since the 1990s, Baltic countries and countries in Central Europe have also been remarkably successful. We in the euro zone are on a real path to success, and it is much more sustainable than it is, for example, in many developing economies. The decision-making process in Europe is much more complicated than it is in any nation state, yet the euro zone — aside from Greece — is in much better shape than many countries that sometimes wrinkle their noses at us.

SPIEGEL: Is it not so that the euro, as it is currently constituted, divides Europe more than it brings the Continent together?

Schäuble: No, it doesn’t. It does, however, show that European unity is never easy. It is true that Europe is cumbersome, bureaucratic and complicated. I hear that all the time, particularly in America. I respond by asking the critics whether they have a better idea for bringing together 28 countries that fought against each other for centuries. But they never have an answer.

SPIEGEL: Given the problems that have plagued the implementation of reforms in Greece, do you think a Grexit remains a possibility?

Schäuble: Austrian Chancellor Werner Faymann said it could happen at any time.

SPIEGEL: We want to know what you think.

Schäuble: (laughs) Everything that needs to be said about that has also already been said.

SPIEGEL: The debate over Greece’s debt load has been continuing for five years now. But policymakers seem not to have taken a single step closer to a solution. What conclusions do you draw from that?

Schäuble: We have to expand the competencies of the economic and currency union. The five presidents of the European institutions recently submitted their proposals. In the coming months, this will provide a basis for discussing what can be done to make the euro zone more stable.

SPIEGEL: What exactly do you envision?

Schäuble: We have to again generate more faith in the euro — not just on the financial markets, but also among the populace. We also have to strengthen regulations pertaining to healthy state finances and ensure that they are adhered to. To do so, we must change the European treaties in the medium term, which is difficult. Many shy away from doing so because they are afraid that further steps toward integration would be rejected by their people or parliaments.

SPIEGEL: What, exactly, is so complicated?

Schäuble: We are currently seeing that a currency union without political union cannot function without complications. So we have to move further toward establishing a political union, for example by strengthening the European Commission and the European Parliament. But that means that member states must give up even more sovereignty. They have already taken this step when it comes to monetary policy, but are they also prepared to transfer financial policy competencies, for example, to the European level? Many have a problem with that.

SPIEGEL: French President François Hollande has proposed installing a euro-zone finance minister and placing him or her under the supervision of a euro-zone parliamentary body.

Schäuble: I am also in favor of a euro-zone finance minister, but to install one, the European treaties must be amended first. I was pleased to hear from President Hollande that France is now prepared to do so.

SPIEGEL: Are you pleased that suddenly everyone in Europe is in favor of increased integration?

Schäuble: Of course, but I am also aware that the experiences of recent years have not made it easier to advocate for more Europe. Still, I’m not giving up. I am a realist, which is why I am unable to assert that we can only save the euro if we amend the treaties. We may have to do without. What is essential is that rules are followed and enforced. But when we do that, then we are accused of establishing a protectorate or abolishing democracy. That is all nonsense.

SPIEGEL: In recent weeks, it has become apparent that you and the chancellor were not always of the same opinion when it comes to Greece. Was that a coordinated game of role-playing?

Schäuble: The chancellor and I do not engage in role-playing games. That isn’t the chancellor’s style nor is it mine. Everyone has their convictions. During the 1999 European election campaign, I was head of the Christian Democratic Union and Ms. Merkel was my general secretary. We had a poster showing both of us and it read: “Not always of the same opinion, but on the same path.” That’s how it has remained until today, even if our roles have changed. You don’t need to worry about it.

SPIEGEL: The governing coalition would have a problem if the chancellor and her most important minister had divergent opinions on a question of such great import as aid to Greece.

Schäuble: Divergent opinions are a part of democracy. In such a case, you jointly hash out a solution. In that process, everyone has a role to play. Angela Merkel is chancellor and I am the finance minister. Politicians’ responsibilities come from the offices they hold. Nobody can coerce them. If anyone were to try, I could go to the president and ask to be relieved of my duties.

SPIEGEL: Are you thinking of doing so?

Schäuble: No. Where did you get that idea?

SPIEGEL: Has your relationship with the chancellor changed during the crisis?

Schäuble: Ms. Merkel and I have a constant: We know that we can rely on each other.

SPIEGEL: Mr. Minister, we thank you for this interview.

Eurodiputado a Tsipras: “Si usted no paga tendrán que pagar los trabajadores españoles”

El 9 de julio, el primer ministro griego Alexis Tsipras, habló ante el Parlamento Europeo. El diputado español Esteban González Pons, del Partido Popular, le contestó. Poco después tomó la palabra otro español: Pablo Igleias, dirigente del partido PODEMOS, exhortanto a los socialistas europeos a unirse contra la “el totalitarismo financiero”.

El fracaso de Tsipras. De José Ignacio Torreblanca

La estrategia de confrontación del primer ministro de Grecia le ha conducido al suicidio político. El acuerdo ofrecido a su país lo convierte en administrador de un protectorado de la eurozona.

José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones.

José Ignacio Torreblanca es Profesor Titular en el Departamento de Ciencia Política y de la Administración de la la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y Doctor Miembro del Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones.

José Ignacio Torreblanca, 14 julio 2015 / EL PAIS

Cuando Alexis Tsipras ganó las elecciones en enero de este año, él y Syriza, su coalición de izquierdas, tenían ante sí dos opciones. Una consistía en coaligar a las fuerzas europeístas de los socialistas de Pasok y los reformistas To Potamí en un Gobierno que pudiera trabajar con las instituciones europeas y el resto de los Gobiernos de la eurozona para corregir los errores del pasado y situar al país en una senda de recuperación económica y social. El entorno no podía ser más propicio. A su favor tenía el cambio de énfasis de la nueva Comisión Europea, volcada en los planes de inversión liderados por Jean-Claude Juncker, ahora crítico con el papel de la Troika en los dos rescates anteriores. También contaba con el activismo de Mario Draghi, embarcado en un programa de compra de activos que, por fin, asemejaba al BCE a la Reserva Federal estadounidense, y que permitía a las economías más débiles de la eurozona, como España, comprar tiempo y espacio ante los mercados de deuda para que las reformas estructurales comenzaran a generar crecimiento.

Y en París y en Roma, Hollande y Renzi estaban deseosos de utilizar el ejemplo griego para ablandar las políticas de austeridad con el doble argumento de que dichas políticas no sólo no funcionaban si no iban acompañadas de políticas de estímulo e inversión, sino que eran insostenibles políticamente pues, como Grecia demostraba, acababan destruyendo a los partidos europeístas, a derecha e izquierda. Incluso los muy endurecidos socialdemócratas alemanes, capitaneados por el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, estaban dispuestos a echar una mano si se les solicitaba.

1436798884_077926_1436803737_noticia_normalPero en lugar de formar un bloque europeísta, Tsipras eligió formar un bloque soberanista con la derecha nacionalista y euroescéptica de ANEL, a la que a cambio de su voto de investidura no sólo concedió el Ministerio de Defensa, sino una de las líneas rojas más vergonzosas que Syriza ha venido manteniendo en sus negociaciones con el Eurogrupo en estos seis meses: la imposibilidad de recortar, en un país hundido en una crisis social, un gasto de Defensa que duplica en porcentaje del PIB al de sus socios europeos. Mientras que el programa político de Syriza se ha articulado en torno al relato de la recuperación de la soberanía mancillada por la Troika y la restauración de la democracia, dándole la voz al pueblo en un referéndum con el que recuperar la dignidad frente al exterior, el programa económico ha buscado exponer la inviabilidad del modelo de política económica dominante en la eurozona, basada en la reducción del déficit vía aumento de los ingresos, reducción de gastos y adopción de reformas estructurales de corte liberalizador.

Esta estrategia de confrontación, trufada de provocaciones a Alemania a costa de su pasado nazi, devaneos geopolíticos con la Rusia de Putin y unas tácticas negociadoras que han reventado la confianza entre las partes, han conducido al suicidio político de Tsipras y a un empeoramiento todavía más agudo de la economía griega. Con Tsipras obligado ahora a adoptar en una dosis —encima aumentada— todo aquello que desde el principio quiso superar, y la economía griega forzada ahora a soportar todavía otro ajuste económico, al que se añade una crisis bancaria, el resultado de estos seis meses de Gobierno no puede ser más descorazonador.

A los historiadores queda explicar cómo un hombre que llegó al poder armado de la enorme autoridad moral que le concedía el cúmulo de errores cometidos tanto por el Eurogrupo como por sus predecesores de izquierda y derecha pudo, en cada encrucijada que tuvo delante, tomar el camino equivocado. Como Lutero al fijar sus 95 tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, dando inicio así a la Reforma Protestante, Tsipras y el defenestrado Varoufakis parecen haber tenido como único objetivo demostrar una serie de tesis: que el euro está mal diseñado, que la austeridad no funciona, que la deuda es impagable y que la UE destruye la democracia y los derechos sociales. Tesis todas muy discutibles, en el mejor sentido del término, y que dividen profundamente a los europeos de todas las ideologías. Pero como hemos visto estos meses, el debate ideológico y la acción de gobierno son cosas bien distintas.

Al final Tsipras se ha quedado sólo, y con él, tristemente, Grecia y los griegos. Porque a pesar de los encomios desde el frente soberanista y la elevación de Tsipras a la categoría de héroe de la Reforma protestante anti-europea, lo que Marine Le Pen en Francia, Putin en Rusia, Farage en el Reino Unido o Víctor Orban en Hungría necesitan es un mártir, no un éxito, y un pueblo humillado al que señalar con el dedo ante sus huestes. De ahí que no vayan a mover un dedo por los griegos. Lamentablemente, como muestran los niveles de desconfianza y dureza introducidos en el acuerdo alcanzado entre Grecia y sus socios, nunca vistos en la eurozona, algunos miembros de la eurozona parecen estar bien dispuestos a colaborar con ese empeño en dar armas a los populismos soberanistas de izquierdas y de derechas.

Lo que necesitan los Le Pen, Farage,
Orban o Putin es un mártir, no un éxito

Consecuencia de sus errores y dogmas, Tsipras se ha situado en una situación imposible entre aceptar la salida voluntaria y temporal de la eurozona (aunque no de la UE) que le sugieren desde Alemania, o aceptar convertir al Gobierno de Syriza, que en teoría iba a devolver la dignidad al pueblo griego, en el administrador de un protectorado de la eurozona, que es lo que representa el acuerdo ofrecido a Tsipras. La primera opción supondría para los griegos aceptar la humillación de ser expulsado de la eurozona a cambio de la dignidad de poder volver a gobernarse a sí mismos; la segunda supone aceptar ser gobernado desde fuera a cambio de una posibilidad, no cuantificada pero más bien remota, de que la economía mejore algo.

Uno puede pensar qué es lo que haría si fuera Tsipras, pero lo realmente intrigante es por qué Tsipras hará lo que va a hacer, es decir, si su aceptación de las condiciones del tercer rescate es sincera y por tanto estará comprometido con hacer funcionar ese increíble paquete de austeridad y reformas, o si meramente lo acepta porque sabe que el tercer programa, como los otros dos anteriores, será un fracaso. Tsipras ha fracasado, pero su fracaso es tan rotundo y deja detrás tanta frustración que abre una nueva etapa de incertidumbre.

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Claudi Pérez / Lucía Abellán, 13 julio 2015 / EL PAIS

“Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit”. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.

Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.

El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando “la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas” como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas “en áreas relevantes” y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas “a la crisis humanitaria” que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.

Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. “Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche”, ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.

A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. “En ningún caso habrá quitas”, ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.

La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia “ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas”. “Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo”. Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.

Adiós al Grexit

“Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación”, ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. “La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos”, ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. “Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo”, ha considerado Juncker.

Don DeLillo define la política como “un asunto de hombres reunidos en cuartos”. Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.

Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.

A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.

Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.

Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

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Las diez claves del acuerdo griego

ISMAEL HONRADO, 13 julio 2015 / EL MUNDO/España

El acuerdo entre Grecia y la Eurozona ya es oficial, tras una intensa noche de negociaciones. Estas son las diez claves del acuerdo y las reformas que Grecia deberá adoptar:

Antes del 15 de julio:

Medidas de simplificación del IVA, reducirá las pensiones y la independencia del de la Agenda Estadística Nacional.

Antes del 22 de julio:

Reforma de su sistema judicial civil y la elaboración de las reglas de la unión monetaria sobre la refinanciación de las bancos y ayudas públicas.

1.) Grecia demandará una continuación de la ayuda, una prórroga, al FMI a partir de marzo de 2016.

2.) No habrá quita de la deuda griega. “Una quita en la deuda no puede producirse”, así de contundente se mostró unos de los ministros europeos presente en las reuniones de la Eurozona.

3.) Reforma profunda de las pensiones antes de octubre de 2015.

4.) Reformas de la actividad económica. Medidas sobre el mercado laboral en la linea con las legislación de los países de la Unión Europea. Reformas liberalizadoras del mercado con la apertura comercial de los domingos, periodos de rebajas, liberalizacion de las farmacias y comercio minorista.

5.) Privatización de la red eléctrica.

6.) Reforma de las reglas negociación colectiva. Centrados en el derecho de huelga y de los despidos colectivos.

7.) Fortalecer el sistema financiero. Control de los préstamos y mejora de la gobernanza , en particular eliminar cualquier interferencia política en el sistema financiero.

8.) Programa de privatización de 50.000 millones de euros. De los cuales las tres cuartas partes se utilizarán para recapitalizar los bancos del país y reducir la deuda. Reducción los costes de la función publica del estado.

9.) La aprobación de los acreedores. Antes de someter los textos al parlamento deberán asegurar de que los acreedores están de acuerdo con dichos documentos.

10.) Un eventual nuevo programa del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) que deberá integrar la aportación de un fondo de 10.000 a 25.000 millones de euros para los bancos.

¿Qué obtiene Grecia a cambio de estas concesiones ?

El Eurogrupo “toma nota del posible programa de financiación” de “entre 82.000 y 86.000 millones de euros para Grecia”. De los cuales, explica literalmente, 7.000 son imprescindibles antes del 20 de julio y otros 5.000 millones más para mediados de agosto.

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Greece debt agreement: the eurozone summit statement – in full

THE GUARDIAN, 13 julio 2015

The Euro Summit stresses the crucial need to rebuild trust with the Greek authorities as a pre-requisite for a possible future agreement on a new ESM programme. In this context, the ownership by the Greek authorities is key, and successful implementation should follow policy commitments.

A euro area Member State requesting financial assistance from the ESM is expected to address, wherever possible, a similar request to the IMF1. This is a precondition for the Eurogroup to agree on a new ESM programme. Therefore Greece will request continued IMF support (monitoring and financing) from March 2016.

Given the need to rebuild trust with Greece, the Euro Summit welcomes the commitments of the Greek authorities to legislate without delay a first set of measures. These measures, taken in full prior agreement with the Institutions, will include:

by 15 July

  • the streamlining of the VAT system and the broadening of the tax base to increase revenue;
  • upfront measures to improve long-term sustainability of the pension system as part of a comprehensive pension reform programme;
  • the safeguarding of the full legal independence of ELSTAT;
  • full implementation of the relevant provisions of the Treaty on Stability, Coordination and Governance in the Economic and Monetary Union, in particular by making the Fiscal Council operational before finalizing the MoU and introducing quasi-automatic spending cuts in case of deviations from ambitious primary surplus targets after seeking advice from the Fiscal Council and subject to prior approval of the Institutions;

by 22 July

  • the adoption of the Code of Civil Procedure, which is a major overhaul of procedures and arrangements for the civil justice system and can significantly accelerate the judicial process and reduce costs;
  • the transposition of the BRRD with support from the European Commission. Immediately, and only subsequent to legal implementation of the first four above-mentioned measures as well as endorsement of all the commitments included in this document by the Greek Parliament, verified by the Institutions and the Eurogroup, may a decision to mandate the Institutions to negotiate a Memorandum of Understanding (MoU) be taken. This decision would be taken subject to national procedures having been completed and if the preconditions of Article 13 of the ESM Treaty are met on the basis of the assessment referred to in Article 13.1.

In order to form the basis for a successful conclusion of the MoU, the Greek offer of reform measures needs to be seriously strengthened to take into account the strongly deteriorated economic and fiscal position of the country during the last year. The Greek government needs to formally commit to strengthening their proposals in a number of areas identified by the Institutions, with a satisfactory clear timetable for legislation and implementation, including structural benchmarks, milestones and quantitative benchmarks, to have clarity on the direction of policies over the medium-run. They notably need, in agreement with the Institutions, to:

  • carry out ambitious pension reforms and specify policies to fully compensate for the fiscal impact of the Constitutional Court ruling on the 2012 pension reform and to implement the zero deficit clause or mutually agreeable alternative measures by October 2015;
  • adopt more ambitious product market reforms with a clear timetable for implementation of all OECD toolkit I recommendations, including Sunday trade, sales periods, pharmacy ownership, milk and bakeries, except over-the-counter pharmaceutical products, which will be implemented in a next step, as well as for the opening of macro-critical closed professions (e.g. ferry transportation). On the follow-up of the OECD toolkit-II, manufacturing needs to be included in the prior action;
  • on energy markets, proceed with the privatisation of the electricity transmission network operator (ADMIE), unless replacement measures can be found that have equivalent effect on competition, as agreed by the Institutions;
  • on labour markets, undertake rigorous reviews and modernisation of collective bargaining, industrial action and, in line with the relevant EU directive and best practice, collective dismissals, along the timetable and the approach agreed with the Institutions. On the basis of these reviews, labour market policies should be aligned with international and European best practices, and should not involve a return to past policy settings which are not compatible with the goals of promoting sustainable and inclusive growth;
  • adopt the necessary steps to strengthen the financial sector, including decisive action on non-performing loans and measures to strengthen governance of the HFSF and the banks, in particular by eliminating any possibility for political interference especially in appointment processes.

On top of that, the Greek authorities shall take the following actions:

  • to develop a significantly scaled up privatisation programme with improved governance; valuable Greek assets will be transferred to an independent fund that will monetize the assets through privatisations and other means. The monetization of the assets will be one source to make the scheduled repayment of the new loan of ESM and generate over the life of the new loan a targeted total of €50bn of which €25bn will be used for the repayment of recapitalization of banks and other assets and 50% of every remaining euro (i.e. 50% of €25bn) will be used for decreasing the debt to GDP ratio and the remaining 50 % will be used for investments.

This fund would be established in Greece and be managed by the Greek authorities under the supervision of the relevant European Institutions. In agreement with Institutions and building on best international practices, a legislative framework should be adopted to ensure transparent procedures and adequate asset sale pricing, according to OECD principles and standards on the management of State Owned Enterprises (SOEs);

  • in line with the Greek government ambitions, to modernise and significantly strengthen the Greek administration, and to put in place a programme, under the auspices of the European Commission, for capacity-building and de-politicizing the Greek administration. A first proposal should be provided by 20 July after discussions with the Institutions. The Greek government commits to reduce further the costs of the Greek administration, in line with a schedule agreed with the Institutions;
  • to fully normalize working methods with the Institutions, including the necessary work on the ground in Athens, to improve programme implementation and monitoring. The government needs to consult and agree with the Institutions on all draft legislation in relevant areas with adequate time before submitting it for public consultation or to Parliament. The Euro Summit stresses again that implementation is key, and in that context welcomes the intention of the Greek authorities to request by 20 July support from the Institutions and Member States for technical assistance, and asks the European Commission to coordinate this support from Europe;
  • With the exception of the humanitarian crisis bill, the Greek government will reexamine with a view to amending legislations that were introduced counter to the February 20 agreement by backtracking on previous programme commitments or identify clear compensatory equivalents for the vested rights that were subsequently created. The above-listed commitments are minimum requirements to start the negotiations with the Greek authorities. However, the Euro Summit made it clear that the start of negotiations does not preclude any final possible agreement on a new ESM programme, which will have to be based on a decision on the whole package (including financing needs, debt sustainability and possible bridge financing). The Euro Summit takes note of the possible programme financing needs of between €82bn and €86bn, as assessed by the Institutions. It invites the Institutions to explore possibilities to reduce the financing envelope, through an alternative fiscal path or higher privatisation proceeds. Restoring market access, which is an objective of any financial assistance programme, lowers the need to draw on the total financing envelope. The Euro Summit takes note of the urgent financing needs of Greece which underline the need for very swift progress in reaching a decision on a new MoU: these are estimated to amount to €7bn by 20 July and an additional €5bn by mid August. The Euro Summit acknowledges the importance of ensuring that the Greek sovereign can clear its arrears to the IMF and to the Bank of Greece and honour its debt obligations in the coming weeks to create conditions which allow for an orderly conclusion of the negotiations. The risks of not concluding swiftly the negotiations remain fully with Greece. The Euro Summit invites the Eurogroup to discuss these issues as a matter of urgency.

Given the acute challenges of the Greek financial sector, the total envelope of a possible new ESM programme would have to include the establishment of a buffer of €10bn to €25bn for the banking sector in order to address potential bank recapitalisation needs and resolution costs, of which €10bn would be made available immediately in a segregated account at the ESM.

The Euro Summit is aware that a rapid decision on a new programme is a condition to allow banks to reopen, thus avoiding an increase in the total financing envelope. The ECB/SSM will conduct a comprehensive assessment after the summer. The overall buffer will cater for possible capital shortfalls following the comprehensive assessment after the legal framework is applied.

There are serious concerns regarding the sustainability of Greek debt. This is due to the easing of policies during the last twelve months, which resulted in the recent deterioration in the domestic macroeconomic and financial environment. The Euro Summit recalls that the euro area Member States have, throughout the last few years, adopted a remarkable set of measures supporting Greece’s debt sustainability, which have smoothed Greece’s debt servicing path and reduced costs significantly.

Against this background, in the context of a possible future ESM programme, and in line with the spirit of the Eurogroup statement of November 2012, the Eurogroup stands ready to consider, if necessary, possible additional measures (possible longer grace and payment periods) aiming at ensuring that gross financing needs remain at a sustainable level. These measures will be conditional upon full implementation of the measures to be agreed in a possible new programme and will be considered after the first positive completion of a review.

The Euro Summit stresses that nominal haircuts on the debt cannot be undertaken.

The Greek authorities reiterate their unequivocal commitment to honour their financial obligations to all their creditors fully and in a timely manner.

Provided that all the necessary conditions contained in this document are fulfilled, the Eurogroup and ESM Board of Governors may, in accordance with Article 13.2 of the ESM Treaty, mandate the Institutions to negotiate a new ESM programme, if the preconditions of Article 13 of the ESM Treaty are met on the basis of the assessment referred to in Article 13.1.

To help support growth and job creation in Greece (in the next 3-5 years) the Commission will work closely with the Greek authorities to mobilise up to €35bn (under various EU programmes) to fund investment and economic activity, including in SMEs. As an exceptional measure and given the unique situation of Greece the Commission will propose to increase the level of pre-financing by EUR 1bn to give an immediate boost to investment to be dealt with by the EU co-legislators. The Investment Plan for Europe will also provide funding opportunities for Greece.

El debate sobre Grecia: 6 puntos de vista

La crisis de Grecia, que a la vez es una crisis de la Unión Europea, ha desatado debate en todo el mundo, sobre todo en Europa. En las próximas horas los líderes de los países de la Eurozona tienen que llegar a un acuerdo con el gobierno griego sobre el programa de rescate, y últimamente sobre la membresía de Grecia en el proyecto de integración europea. Hay voces que culpan al gobierno Tsipras de Grecia de las dificultades de llegar a una solución, otros responsabilizan a los líderes de los demás países europeos, sobre todo a la canciller alemena Angela Merkel y su ministro de finanzas Wolfgang Schäuble. Documentamos el debate. Opinan David Jiménez, director del periódico españal El Mundo; el analista británico John Carlin; el catedrático de filosofía política Daniel Innerarity, de España; el economista y columnista del New York Times Paul Krugman; el ex-ministro de finanzas del gabinete Tsipras Yanis Varoufakis; y el periódico El Mundo en su editorial del 13 de julio.

Segunda Vuelta

Ricardo/El Mundo

Ricardo/El Mundo

Tiempos de irresponsables. De David Jiménez

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, director del periódico español El Mundo

David Jiménez, 12 julio 2015 / EL MUNDO-España

Para oficios duros, el de recaudador de impuestos griego. Los enviados especiales de la prensa describen casos en los que los inspectores tienen que huir a la carrera perseguidos por la muchedumbre. Tan contraria es la cultura local a cumplir con el erario que a finales del año pasado los griegos debían al Estado más de 80.000 millones de euros en impuestos, suficiente para que nos hubiéramos ahorrado las últimas semanas de angustia y no estuviéramos hablando de un tercer rescate.

Pero escuchando a su primer ministro, Alexis Tsipras, cualquiera diría que toda la culpa de lo que le pasa al país heleno la tiene Europa.

“No fue Angela Merkel la que manipuló las cifras
de déficit para entrar en el euro.
Ni la que creó en Atenas un modelo político corrupto y clientelar”

Bruselas ha cometido errores, y las crónicas de nuestra corresponsal Irene Hernández Velasco revelan hasta qué punto el pueblo griego ha sufrido las medidas de austeridad. Pero como bien recordaba el escritor griego Petros Markaris, la responsabilidad de lo que le sucede a Grecia es, principalmente, de Grecia.

No fue Angela Merkel la que manipuló las cifras de déficit para entrar en el euro. Ni la que creó en Atenas un modelo político corrupto y clientelar. Tampoco la responsable de que un peluquero griego pudiera retirarse a los 50 años con todos los beneficios, una de entre las 580 categorías profesionales «de riesgo» que lo permitían. Que países como Alemania estén también protegiendo sus intereses y los de sus bancos no contradice la certeza de que, sin su asistencia, Grecia no estaría hoy al borde del precipicio, sino cayendo en él.

Aunque ya se nos ha olvidado, también nosotros tuvimos nuestro momento de delegación colectiva de responsabilidad cuando en 2012, en los peores momentos de la crisis, una parte importante de la sociedad, la prensa y la política señalaban también a Merkel con el dedo. Si en algo nos parecemos a los griegos es en que tampoco aquí la culpa es nunca nuestra. Hablamos de los políticos mediocres como si nos los hubieran elegido en Suecia, de la cultura del pelotazo como si no estuviera extendida en la calle y de la escena de un Senado vacío como si no fuéramos uno de los países del mundo desarrollado con mayor absentismo laboral, el doble que en Estados Unidos a pesar de tener mejores índices de salud.

La imagen de esta semana de la Cámara Alta casi desierta en el arranque de un Pleno es muy representativa: todo el mundo sabe que su funcionamiento actual es inútil, pero no hay ningún interés en reformarlo, entre otras cosas porque se ha convertido en una agencia de colocación -PP y PSOE han incorporado ya a nueve ex presidentes de comunidades autónomas- para una clase política que siempre encuentra acomodo en las instituciones, sin importar cómo haya cumplido con sus deberes.

“Si Tsipras tuviera algo de dignidad política,
dimitiría tras aceptar un ajuste con más compromisos
de los que le pedían antes del ‘corralito'”

Las carreras de nuestros políticos no caducan nunca porque no se sienten responsables ni ante las derrotas electorales ni por las fechorías cometidas bajo su supervisión -a menudo tampoco por las propias-, y mucho menos por las consecuencias de sus decisiones. Comparado con países como el Reino Unido, donde ocultar una infracción de tráfico puede llevar a un ministro a dimitir y a pasar una temporada en la cárcel, nuestros representantes viven en esa confortable irresponsabilidad que, en Grecia, ha encontrado a un nuevo exponente en Tsipras.

Si el primer ministro griego tuviera algo de dignidad política, dimitiría tras haber tenido que ofrecer un plan de ajuste en el que asume más compromisos de los que le pedía Europa antes del corralito y el referéndum. El primer ministro pidió el no para fortalecer su posición negociadora y logró justo lo contrario, añadiendo penurias innecesarias a los griegos. Pero el verdadero drama de países sin cultura de la responsabilidad es que están condenados a repetir los errores del pasado. Porque, ¿qué razón tendrían para hacer las cosas de otra manera si todo lo malo que les ocurre es culpa de otros?

@DavidJimenezTW

Libertad e independencia para Grecia. De John Carlin

Los griegos deberían redefinir su noción de orgullo patrio, retirarse voluntariamente de lo que se ha vuelto para ellos la tiranía del euro y buscar su propio destino.

John Carlin es un escritor y periodista británico. Su actividad profesional se ha centrado en política y deporte. Su libro Playing the Enemy, publicado en 2008, tuvo gran aceptación entre el público y la crítica literaria.

John Carlin es un escritor y periodista británico. Su actividad profesional se ha centrado en política y deporte. Su libro Playing the Enemy, publicado en 2008, tuvo gran aceptación entre el público y la crítica literaria.

John Carlin, 12 Julio 2015 / EL PAIS

Sísifo, personaje de la mitología griega, pecó de orgullo y lo pagó caro. Por engañar a los dioses fue condenado a cargar una roca hasta la cima de una montaña pero, al cumplir su misión, la roca rodaba cuesta abajo al lugar donde empezó. Sísifo descendía la montaña, recogía la roca y otra vez para arriba. Siempre, y para siempre, con el mismo resultado.

Hoy se repite la historia. Grecia es Sísifo. Los griegos engañaron a los dioses de la Unión Europea cuando falsificaron sus cuentas para poder cumplir los requisitos de admisión al euro; y Syriza, la coalición gobernante electa en enero, ha fracasado en su pretensión de negociar con los eurodioses como iguales. Ahora el pueblo griego se enfrenta a la condena de cargar la roca de sus deudas y sus errores per saecula saeculorum.

Ríos de tinta y algoritmos se han derramado en el intento de diagnosticar el problema pero pocos dan con el fondo humano de la cuestión. Se trata de algo tan eterno como sencillo, contado hace 2.500 años en las tragedias griegas. El héroe cae como resultado de un “fallo trágico”. En casi todos los casos el fallo trágico acaba siendo una variante del mismo tema, el orgullo que ciega al protagonista a sus propias limitaciones. Por falta de humildad y autoconocimiento excede las fronteras que el destino le ha impuesto, generando una espiral de calamidades que lo lleva a su destrucción.

He aquí el fallo trágico que ha llevado a Grecia a la ruina. Los griegos, anclados en un orgullo ancestral, que poca relación tiene con la realidad moderna de su país, no han querido reconocer que simplemente no están capacitados para competir en el mismo terreno, obedeciendo las mismas reglas económicas de juego, que Alemania y Francia, o incluso España e Italia. Lo más parecido a un consenso entre los expertos que han participado en la gran polémica de los últimos meses es que la entrada de Grecia en el euro fue un error. No es ningún secreto por qué. Lo contó el autor estadounidense Michael Lewis en su bestseller mundial Boomerang: Viajes al nuevo tercer mundo europeo, publicado en 2011. El país menos europeo y más tercermundista que Lewis visitó fue Grecia.

Los griegos hoy tienen una opción
que Sísifo no tuvo: una segunda oportunidad

Lewis descubrió un país que festejó su incorporación al euro a principios de siglo, y su acceso a los créditos bancarios del norte, viviendo muy por encima de sus posibilidades. Siguieron con la antigua costumbre del soborno y la trampa para no pagar impuestos, recaudando para el Estado una ridícula proporción de lo que correspondía, pero en poco más de una década los salarios en el sector público griego se duplicaron —y eso en un país con dos veces más funcionarios estatales que el Reino Unido, cuya población es casi seis veces mayor—. El sistema de educación pública griego es uno de los peores de Europa pero a Lewis le asombró ver que empleaba más profesores por alumno que el finlandés, número uno en el ránking mundial. La edad de jubilación en Grecia era, y sigue siendo, 57 años (en muchos casos menos) mientras que en Alemania los jubilados no reciben sus pensiones estatales hasta los 67 años. Lewis cita en su libro a un exministro de finanzas, Stefanos Manos, que declaró una vez que tal era la ineficiencia, corrupción y exceso salarial en el sistema nacional de ferrocarriles que le resultaría más barato al Estado pagar para que todos los griegos viajaran en taxi.

Hablé hace un par de años en Atenas con Stefanos Manos que se lamentaba del primitivismo cultural detrás del funcionamiento económico de su país. “Todo se maneja sobre favores personales”, dijo. “La gente sigue creyendo que puede atenerse a una sinecura y no hacer nada, para siempre”.

Deberían retirarse voluntariamente
de la tiranía del euro

Hoy la fiesta se acabó. Lo único que no han perdido los griegos es el orgullo. Lo decía la semana pasada Haridimos Tsoukas, un académico del Warwick Business School de Inglaterra: “Grecia es una nación orgullosa… Históricamente la nación griega deriva su autoestima, si no de Platón y de Aristóteles, de la batalla contra sus opresores”. Resistir es todo. Por eso, y por más ineficaces que hayan resultado ser las negociaciones del gobierno con los alemanes y demás divinidaes europeas, muchos griegos han celebrado las poses bravuconas de sus líderes electos frente a los “chantajistas”, “terroristas” e incluso “Nazis” que les exigen apegarse a las reglas de juego del mundo real. Por eso, optaron por un “no” rotundo a las medidas de austeridad impuestas por los dioses del norte en el referéndum del domingo pasado, medidas que el propio gobierno griego aceptaría prácticamente en su totalidad cuatro días después.

El referéndum, cuyo resultado fue celebrado en las calles de Atenas como si Grecia hubiera ganado un Mundial, fue absurdo en cuanto a utilidad práctica. Tuvo valor únicamente como ejercicio de terapia colectiva para un pueblo pobre y humillado que no se reconcilia con la verdad de que, como decía el autor Eduardo Mendoza la semana pasada, “desde que murió Aristóteles no ha dado un palo al agua”.

Fue tan inútil el gesto del referéndum como si Sísifo, al llegar a la cima de la montaña y ver la roca rodando hacia abajo, decidiera negar su impotencia y emitir un grito de rebeldía hacia los dioses —antes de darse media vuelta y rendirse una vez más a su inexorable destino—.

Los griegos de hoy tienen, sin embargo, una opción que Sísifo no tuvo. Una segunda oportunidad. Pueden mirarse en el espejo, reconocer sus limitaciones, dejar de engañarse a sí mismos, aceptar quiénes son y entender que su lugar por naturaleza no es en los cielos de la eurozona sino solos, a su manera, en la agreste y noble tierra helena. Para el bien de ellos y de todos los europeos deberían redefinir su noción de orgullo patrio, retirarse voluntariamente de lo que se ha vuelto para ellos la tiranía del euro y buscar su propio destino en la independencia y la libertad.

¿Una Europa alemana? De Daniel Innerarity

La situación de Grecia es una razón más para transformar la hegemonía económica de Alemania en liderazgo: es jugar a un juego diferente, con más responsabilidad hacia el conjunto de la Unión y con mecanismos de decisión más compartidos.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco.

Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política e investigador Ikerbasque en la Universidad del País Vasco.

Daniel Innerarity, 13 julio 2015 / EL PAIS

El último libro del fallecido Ulrich Beck sostenía la tesis de que la crisis del euro había hecho realidad aquella “Europa alemana” de la que advertía Thomas Mann en 1953. Alemania no solo se ha beneficiado del nuevo orden europeo sino que se ha convertido de hecho en un poder hegemónico, sin nadie que haga de contrapeso y con una institucionalización débil que apenas equilibra ese poder. Se da la paradoja de que Alemania se ha convertido en un poder hegemónico pero al mismo tiempo no ha querido ejercer el liderazgo europeo que le correspondería.

En la gestión de la crisis del euro Alemania es un actor central. Inicialmente reacia a comprometerse, dispuesta incluso a dejar caer a Grecia, una vez que comprendió que esta salida tendría grandes costes políticos y económicos, utilizó la crisis para reconfigurar una UE a imagen propia y ponerla al servicio de sus intereses económicos. Con el objetivo de fortalecer el control sobre los países deudores exigió en mayo de 2010 incluir al FMI tanto para las ayudas a Grecia como para la creación del Fondo de Estabilidad. Así se excluyó al Parlamento Europeo y se debilitó a la Comisión.

Como es sabido, el Gobierno alemán se incorporó al fondo de rescate a condición de imponer una consolidación fiscal, un endurecimiento del pacto de estabilidad y crecimiento así como el compromiso de limitar el endeudamiento. Esta exigencia obedecía a un diagnóstico de la situación que es muy cuestionable. Berlín defendía que los intereses elevados se debían a los riesgos que planteaba un país y que sin la presión de los mercados financieros los países deudores no llevarían a cabo las reformas necesarias. Algunos estudios ponen de manifiesto, por el contrario, que una parte significativa de los diferenciales de los países periféricos de la eurozona en 2010-2011 no tenían relación con el incremento de la deuda y se debían más bien a sentimientos negativos en el mercado que actuaban como profecías autocumplidas y que se hicieron muy poderosos desde finales de 2010.

Alemania no está entre los perdedores de la crisis del euro, sino que en cierto modo se ha beneficiado de ella. De entrada porque mucho de lo que se hizo para el rescate de Grecia, Portugal, Irlanda o España beneficiaba especialmente a los bancos alemanes. Alemania se beneficia por el hecho de que el aumento del precio de los créditos para los países con una mayor deuda viene acompañado de un abaratamiento de los costes de refinanciación de sus propios bonos.

Detrás de estas divergencias hay una falta de acuerdo en torno a cómo entender las relaciones entre solidaridad y responsabilidad en la Unión. La política alemana contra la crisis, tal y como han repetido incansablemente Merkel y Schäuble, se ha basado en un principio muy simple: solidaridad a cambio de solidez. Los Estados deudores deben ganarse la solidaridad, lo que significa aumento de impuestos, reducción del sector público y reformas estructurales. Las autoridades alemanas están convencidas de que ciertas formas de solidaridad pueden implicar una pérdida de responsabilidad en los países ayudados. Ahora bien, estos esfuerzos no pueden hacerse a costa de arruinar un país. Los Estados en crisis tienen que aplicar ciertas reformas, pero las condiciones tienen que ser realistas. Todo ello dejando a un lado que las medidas de austeridad tienen también un límite de legitimación democrática.

Salir del atolladero exige pensar de otra forma la relación
entre solidaridad y responsabilidad

¿Es excesiva la solidaridad alemana en la crisis del euro? Si consideramos los números absolutos, Alemania es con mucho el contribuyente más importante de la eurozona. Su aportación al Tratado de Estabilidad es muy elevada. Pero si ponemos en relación lo que costaron a Alemania las ayudas a Grecia y los fondos de rescate del euro con su capacidad económica, su crédito supone el 4,5% de su PIB (una parte menor de la que dedican a ello Malta, Estonia, Eslovaquia, España o Italia).

Si queremos salir de este atolladero tenemos que pensar de otra manera la relación entre solidaridad y responsabilidad. La solidaridad implica relaciones de reciprocidad y puede estar vinculada a ciertas condiciones. Pero también es cierto que la solidaridad incluye siempre un elemento de interés propio bien entendido. Por eso me parece que es muy interesante la iniciativa del Gobierno de Portugal para la próxima Cumbre Europea que recomienda no hablar tanto de solidaridad como de responsabilidad común.

Si los países deudores tienen que ser más responsables en su comportamiento económico, a Alemania le corresponde una mayor responsabilidad en la estabilización de la eurozona y sobre el conjunto de la Unión. Aquí es donde la diferencia entre hegemonía y liderazgo resulta fundamental. La función de liderazgo en Europa solo puede ejercerse si se está dispuesto a realizar una mayor transferencia de soberanía y a asumir una mayor responsabilidad respecto de la Comunidad Europea. La relación entre quien ejerce el liderazgo y quien lo acepta presupone una cierta comunidad de intereses, riesgos y valores, lo que no es el caso cuando se trata de una hegemonía. Las funciones de liderazgo en una comunidad implican también ciertas obligaciones y, tratándose de una comunidad tan compleja como la europea, solo puede llevarse a cabo de una manera coordinada.

Francia pierde autoridad y se encuentra
en una crisis política y económica con resultado incierto

Alemania no ha tenido ninguna experiencia de liderazgo europeo o internacional y ese concepto está contaminado por su historia reciente. Pero 20 años después de la unificación, la posibilidad de que Alemania asuma una posición de liderazgo es considerada algo normal e incluso deseable. ¿Quién podría hacerlo si no? Es evidente que el eje franco-alemán ya no puede ejercer esa función. Francia no representa ese tipo de autoridad que Alemania reconoció en otro tiempo y se encuentra en una crisis política y económica con resultado incierto. Alemania no parece dispuesta a que su política europea sea conducida por la incertidumbre francesa.

Lo que ahora tenemos en Europa es una situación de hegemonía que consiste en que Alemania ejerce un poder económico sobre el resto de los europeos como no había tenido desde la unificación, pero ha limitado este poder a la consecución de un interés a corto plazo. Alemania ha renunciado al tipo de liderazgo que se le reconocería si hubiera ejercido una forma de cooperación solidaria con la vista puesta en los posibles riesgos futuros de Europa.

Si en el referéndum de Grecia hubiera ganado el sí, Alemania se habría cargado de razones para continuar con su cómoda hegemonía; la victoria del no —por paradójico que parezca— es una razón más para transformar esa hegemonía en liderazgo, lo que supone jugar a un juego diferente, con mayor responsabilidad hacia el conjunto de la Unión y con mecanismos de decisión más compartidos. Esto no significa que Grecia haya ganado la partida, ni siquiera que haya mejorado su posición negociadora, pero tampoco Alemania gana nada con una estrategia que es igualmente electoralista, limitada al corto plazo y sin ninguna responsabilidad hacia lo común.

Killing the European Project. By Paul Krugman

 Paul Krugman, premio Nobel de Economía. REUTERS

Paul Krugman, premio Nobel de Economía. REUTERS

Paul Krugman, 12 julio 2015 / NYT Blogs

Suppose you consider Tsipras an incompetent twerp. Suppose you dearly want to see Syriza out of power. Suppose, even, that you welcome the prospect of pushing those annoying Greeks out of the euro.

Even if all of that is true, this Eurogroup list of demands is madness. The trending hashtag ThisIsACoup is exactly right. This goes beyond harsh into pure vindictiveness, complete destruction of national sovereignty, and no hope of relief. It is, presumably, meant to be an offer Greece can’t accept; but even so, it’s a grotesque betrayal of everything the European project was supposed to stand for.

Can anything pull Europe back from the brink? Word is that Mario Draghi is trying to reintroduce some sanity, that Hollande is finally showing a bit of the pushback against German morality-play economics that he so signally failed to supply in the past. But much of the damage has already been done. Who will ever trust Germany’s good intentions after this?

In a way, the economics have almost become secondary. But still, let’s be clear: what we’ve learned these past couple of weeks is that being a member of the eurozone means that the creditors can destroy your economy if you step out of line. This has no bearing at all on the underlying economics of austerity. It’s as true as ever that imposing harsh austerity without debt relief is a doomed policy no matter how willing the country is to accept suffering. And this in turn means that even a complete Greek capitulation would be a dead end.

Can Greece pull off a successful exit? Will Germany try to block a recovery? (Sorry, but that’s the kind of thing we must now ask.)

The European project — a project I have always praised and supported — has just been dealt a terrible, perhaps fatal blow. And whatever you think of Syriza, or Greece, it wasn’t the Greeks who did it.

Germany won’t spare Greek pain – it has an interest in breaking us. By Yanis Varoufakis

Yanos Varoufakis, ministro de finanzas del gobierno griego. Renunció luego del referéndum.

Yanos Varoufakis, ministro de finanzas del gobierno griego. Renunció luego del referéndum.

Yanis Varoufakis, 10 julio 2015 / THE GUARDIAN

Greece’s financial drama has dominated the headlines for five years for one reason: the stubborn refusal of our creditors to offer essential debt relief. Why, against common sense, against the IMF’s verdict and against the everyday practices of bankers facing stressed debtors, do they resist a debt restructure? The answer cannot be found in economics because it resides deep in Europe’s labyrinthine politics.

In 2010, the Greek state became insolvent. Two options consistent with continuing membership of the eurozone presented themselves: the sensible one, that any decent banker would recommend – restructuring the debt and reforming the economy; and the toxic option – extending new loans to a bankrupt entity while pretending that it remains solvent.

Official Europe chose the second option, putting the bailing out of French and German banks exposed to Greek public debt above Greece’s socioeconomic viability. A debt restructure would have implied losses for the bankers on their Greek debt holdings.Keen to avoid confessing to parliaments that taxpayers would have to pay again for the banks by means of unsustainable new loans, EU officials presented the Greek state’s insolvency as a problem of illiquidity, and justified the “bailout” as a case of “solidarity” with the Greeks.

To frame the cynical transfer of irretrievable private losses on to the shoulders of taxpayers as an exercise in “tough love”, record austerity was imposed on Greece, whose national income, in turn – from which new and old debts had to be repaid – diminished by more than a quarter. It takes the mathematical expertise of a smart eight-year-old to know that this process could not end well.

Once the sordid operation was complete, Europe had automatically acquired another reason for refusing to discuss debt restructuring: it would now hit the pockets of European citizens! And so increasing doses of austerity were administered while the debt grew larger, forcing creditors to extend more loans in exchange for even more austerity.

Our government was elected on a mandate to end this doom loop; to demand debt restructuring and an end to crippling austerity. Negotiations have reached their much publicised impasse for a simple reason: our creditors continue to rule out any tangible debt restructuring while insisting that our unpayable debt be repaid “parametrically” by the weakest of Greeks, their children and their grandchildren.

In my first week as minister for finance I was visited by Jeroen Dijsselbloem, president of the Eurogroup (the eurozone finance ministers), who put a stark choice to me: accept the bailout’s “logic” and drop any demands for debt restructuring or your loan agreement will “crash” – the unsaid repercussion being that Greece’s banks would be boarded up.

Five months of negotiations ensued under conditions of monetary asphyxiation and an induced bank-run supervised and administered by the European Central Bank. The writing was on the wall: unless we capitulated, we would soon be facing capital controls, quasi-functioning cash machines, a prolonged bank holiday and, ultimately, Grexit.

The threat of Grexit has had a brief rollercoaster of a history. In 2010 it put the fear of God in financiers’ hearts and minds as their banks were replete with Greek debt. Even in 2012, when Germany’s finance minister, Wolfgang Schäuble, decided that Grexit’s costs were a worthwhile “investment” as a way of disciplining France et al, the prospect continued to scare the living daylights out of almost everyone else.

Syriza supporters in front of the Greek parliament

‘By the time Syriza won power last January, a majority within the Eurogroup had adopted Grexit either as their preferred outcome or weapon of choice against our government’.

Greeks, rightly, shiver at the thought of amputation from monetary union. Exiting a common currency is nothing like severing a peg, as Britain did in 1992, when Norman Lamont famously sang in the shower the morning sterling quit the European exchange rate mechanism (ERM). Alas, Greece does not have a currency whose peg with the euro can be cut. It has the euro – a foreign currency fully administered by a creditor inimical to restructuring our nation’s unsustainable debt.

To exit, we would have to create a new currency from scratch. In occupied Iraq, the introduction of new paper money took almost a year, 20 or so Boeing 747s, the mobilisation of the US military’s might, three printing firms and hundreds of trucks. In the absence of such support, Grexit would be the equivalent of announcing a large devaluation more than 18 months in advance: a recipe for liquidating all Greek capital stock and transferring it abroad by any means available.

With Grexit reinforcing the ECB-induced bank run, our attempts to put debt restructuring back on the negotiating table fell on deaf ears. Time and again we were told that this was a matter for an unspecified future that would follow the “programme’s successful completion” – a stupendous Catch-22 since the “programme” could never succeed without a debt restructure.

This weekend brings the climax of the talks as Euclid Tsakalotos, my successor, strives, again, to put the horse before the cart – to convince a hostile Eurogroup that debt restructuring is a prerequisite of success for reforming Greece, not an ex-post reward for it. Why is this so hard to get across? I see three reasons.

One is that institutional inertia is hard to beat. A second, that unsustainable debt gives creditors immense power over debtors – and power, as we know, corrupts even the finest. But it is the third which seems to me more pertinent and, indeed, more interesting.

The euro is a hybrid of a fixed exchange-rate regime, like the 1980s ERM, or the 1930s gold standard, and a state currency. The former relies on the fear of expulsion to hold together, while state money involves mechanisms for recycling surpluses between member states (for instance, a federal budget, common bonds). The eurozone falls between these stools – it is more than an exchange-rate regime and less than a state.

And there’s the rub. After the crisis of 2008/9, Europe didn’t know how to respond. Should it prepare the ground for at least one expulsion (that is, Grexit) to strengthen discipline? Or move to a federation? So far it has done neither, its existentialist angst forever rising. Schäuble is convinced that as things stand, he needs a Grexit to clear the air, one way or another. Suddenly, a permanently unsustainable Greek public debt, without which the risk of Grexit would fade, has acquired a new usefulness for Schauble.

What do I mean by that? Based on months of negotiation, my conviction is that the German finance minister wants Greece to be pushed out of the single currency to put the fear of God into the French and have them accept his model of a disciplinarian eurozone.

La UE aprieta a Grecia tras dilapidar su Gobierno toda la credibilidad

el mundoEditorial EL MUNDO/España, 13 julio 2015

Sólo un iluso podría pensar que lanzando un órdago a Europa, la pequeña Grecia lograría un tercer rescate con unas condiciones más ventajosas que los dos anteriores. Pero Alexis Tsipras, convencido de ello, decidió desafiar a sus socios del euro con su referéndum y este fin de semana ha probado lo amargo que es negociar cuando una de las dos partes desconfía profundamente de su interlocutor. La confianza se pierde muy rápido, pero cuesta mucho recuperarla.Y si hay algo que Grecia no tiene en estos momentos es tiempo. El Eurogrupo va a jugar con esta baza y pretende exigir a Atenas legislar las duras condiciones de su tercer rescate antes de firmar la ayuda. Pese a la dureza de esta propuesta, si se logra que salga adelante, Grecia tendrá motivos para celebrarlo. Asumir las condiciones del tercer rescate será doloroso para la sociedad griega, pero abandonar la zona euro sería mucho más traumático. Mientras, para el resto del euro un acuerdo también sería una gran noticia. Permitir que el país heleno abandone la moneda única sería un fracaso político imperdonable y una seria amenaza para la estabilidad de la Eurozona. Grexit (como llaman en el argot financiero a la salida de Grecia del euro)podría levantar una tormenta que salpicaría a las otras 18 economías que integran la divisa y en especial, a los países más vulnerables, como España.

Con sus incoherencias y su estrategia esquizofrénica, Tsipras ha hecho un daño irreversible a sus compatriotas. Los hechos son elocuentes. Nada más llegar al poder, el primer ministro heleno decidió recurrir a la demagogia para reclamar a Alemania unas indemnizaciones por los daños sufridos por Grecia durante la ocupación nazi en la Segunda Guerra Mundial. No contento con esa provocación, el líder de Syriza empezó a coquetear con Putin en uno de los momentos más delicados para las relaciones entre Rusia y la UE por las secuelas de la crisis de Ucrania. Pero el despropósito de Atenas en este medio año no acaba ahí. La chulería con la que el ya ex ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, aterrizó en el Eurogrupo para negociar nuevas ayudas molestó a sus colegas europeos, a los que dejó plantados hace dos semanas, cuando se levantó de la mesa de negociaciones con un acuerdo mucho menos duro que el que ahora se plantea. No contento con el desplante, Tsipras decidió ir más allá y mantener la convocatoria de un referéndum que causó un profundo malestar en los países del euro a los que Varoufakis acusó de hacer «terrorismo» con Grecia en una entrevista publicada por EL MUNDO en la víspera de esa consulta. Con los bancos cerrados y la economía herida de muerte, el tono empleado por Tsipras en los últimos días no ha sido mucho más conciliador. El resultado de esa estrategia es una profunda desconfianza de Alemania y buena parte de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE en el líder heleno.

Si en el ámbito político el resbalón de Tsipras ha sido estrepitoso, en el económico ha sido aún peor. Dos semanas de corralito han hecho mella en la economía griega y han agigantado las necesidades financieras del país hasta los 86.000 millones de euros, frente a los 53.500 millones que se habían barajado inicialmente. Grecia está pidiendo a la Troika que le preste en tres años lo equivalente a la mitad de su PIB. Es lógico que sus acreedores, que ya han aportado ingentes cantidades de dinero y también deben responder ante sus opiniones públicas, no se fíen de Atenas. La situación es difícil. Pero por el bien de todos, es imprescindible acercar posturas y lograr un acuerdo que dé garantías a los países acreedores y cierto margen a Atenas para reflotar su economía. De otro modo, dentro de tres años seguiremos dando vueltas en el mismo callejón sin salida.

Lea también:
Grecia: el problema no es económico,
es político; por Fernando Mires

Diferentes opiniones sobre el referéndum griego.

Tsipras, un ambicioso en su laberinto. De Theodoris Georgakopoulos

  • Dicen quienes mejor le conocen que, sin ser culto, es inteligente, decente y afable.

  • “Está jugando un partido largo y puede que ni siquiera le preocupe el resultado del referéndum”, habla un colaborador del presidente

  • Tiene una inquebrantable convicción: gobernar Grecia 40 años

14360068712201THODORIS GEORGAKOPOULOS, Atenas, 5 julio 2015 / EL MUNDO/España

Hace cinco meses, un marxista de 40 años llamado Alexis Tsipras se convirtió en el primer ministro de Grecia, con el mandato de terminar con la austeridad y negociar un nuevo acuerdo con los acreedores del país. Hasta el momento, ha fracasado en los dos encargos. Esta semana, Grecia se convirtió en el primer país en 14 años -y también la primera nación desarrollada- que deja de pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI). El programa de rescate de Grecia finalizó sin una extensión del acuerdo, un control de capitales y cierre de bancos, con el fin de frenar los inevitables flujos de dinero en efectivo.

¿Qué desencadenó este trágico desenlace? La convocatoria, por parte del gobierno de Tsipras, de un referéndum nacional relativo a un acuerdo que ya no está sobre la mesa.

Como Grecia nuevamente domina los titulares a nivel global, expertos de todo el mundo están intentando encontrarle sentido a la situación, asignar culpables y predecir el futuro. Entre las ruinas de un desastre político y financiero, Tsipras emerge como una figura tan trágica como incomprendida. ¿Qué está pensando? ¿Qué está tratando de hacer? ¿Está loco? ¿Es un incompetente? ¿O es acaso un astuto manipulador que está jugando a un juego de larga duración que nadie ha sido capaz de descifrar? Examinemos la evidencia.

Alexis Tsipras nació en Atenas el 28 de julio de 1974, cuatro días después de que cayera la junta militar y se restaurará la democracia. Su padre era un ingeniero civil, su madre una ama de casa, y él el menor de tres hijos. Su familia pertenecía a la clase media alta del país en el momento en que Grecia entraba en la Unión Europea. El líder socialista y populista Andreas Papandreou estaba ascendiendo al poder y el flujo de dinero de Europa y la deuda barata empezaban a entrar en el país.

Tanto en el instituto como en la universidad, a la que llegaría para estudiar Ingeniería Civil, Tsipras era un miembro activo de grupos estudiantiles de izquierdas. Formó parte de las ocupaciones de estudiantes de Secundaria en 1990 -con 16 años dio una entrevista en la televisión nacional- y, tras su llegada a la Universidad Politécnica de Atenas, dedicó más tiempo a organizar actos políticos y a manifestarse que a los libros.

Las universidades griegas están altamente politizadas, razón por la cual no tuvo problemas para obtener la licenciatura. Aunque en realidad nunca la utilizaría. Después de pasar por la facultad se enroló en un grupo de jóvenes de Synaspismos, un pequeño partido político de izquierdas, más moderado que los comunistas pero mucho más radical que el Pasok de Andreas Papanderou. En las cerradas y fraternales filas de esta formación política, Tsipras ascendió rápidamente y, en 2006, su líder, Alekos Alavanos, lo eligió como candidato a la alcaldía de Atenas. Salió tercero, obteniendo un respetable 10,2 % de los votos, muy por encima de lo que Synaspismos solía obtener en las elecciones generales.

Dos años después, reemplazó a Alavanos como cabeza del partido. Con 34 años era ya el líder político más joven en la Historia de Grecia.

Dos cosas llaman la atención en esa etapa de su carrera. Antiguos afiliados que le conocieron entonces me dirían que, incluso en sus etapas más tempranas, Tsipras y su grupo más cercano de consejeros tenían la certeza de que jugarían un rol significativo en el futuro de Grecia. Esto resulta relevante pues en ese momento Synaspismos era un partido minoritario que continuaría luchando para entrar en el Parlamento en cada ciclo de elecciones, incluso después de evolucionar a Syriza, una coalición independiente compuesta por una docena de grupos de izquierdas.

Tras su llegada a la Universidad Politécnica de Atenas, dedicó más tiempo a organizar actos políticos y a manifestarse que a los libros.

El segundo elemento llamativo fue la velocidad y la crueldad con la que Tsipras consolidó su poder dentro del partido. Primero expulsó a Alavanos, que le había dado su apoyo antes y después, y más tarde apartó a Fotis Kouvelis, su único opositor en el partido. Ambos crearían otras formaciones políticas, pero Tsipras se quedaría Syriza para sí mismo, listo para cuando se le presentara una oportunidad.

En las elecciones generales de 2009, Syriza obtuvo un decepcionante 4,6% del voto popular, útil sólo para conseguir 13 escaños en el Parlamento. Tres años más tarde, Grecia era un país completamente diferente. Un estricto programa de rescate impuesto por el Fondo Monetario Internacional, la Unión Europea y el Banco Central Europeo había puesto de rodillas a la economía del país y provocado dos elecciones generales en 2012. Syriza se catapultó hasta un asombroso 16,8% de los sufragios en las elecciones de mayo, y en las votaciones de junio, cuando no era posible formar un nuevo gobierno, subió hasta el 26,9%. Tsipras, entonces, era el líder de la oposición en un momento en el que no existían expectativas de que gobierno alguno floreciera.

Su estrategia fue incesante y, sin lugar a dudas, partidista. Él estaba en contra de cualquier acuerdo entre Grecia y sus acreedores, era contrario a una ley que buscara implementar estos pactos y a la vez utilizaba la más mínima ocasión para castigar a los gobernantes y a sus acreedores, a quienes consideraba demasiado ávidos en sacar adelante sus compromisos.

Funcionó. En el invierno de 2014, a pesar de que la situación fiscal de Grecia había mejorado, la economía, por primera vez en seis años, mostraba un crecimiento, y se vislumbraba una posibilidad clara de abandonar el programa de rescate. Sin embargo, el Parlamento fracasó en su intento de elegir un nuevo presidente del Gobierno. Tsipras, como era de esperar, se negó a aceptar la nominación al cargo, y nuevas elecciones generales fueron convocadas el pasado 25 de enero.

Después de una campaña polarizada, en la que Syriza apoyo su discurso en mensajes populistas y promesas descabelladas, como las de terminar con la austeridad y volver a 2009 sin ningún tipo de sacrificio adicional. Tsipras ganó. Fue una victoria clara y decisiva. Y Alexis Tsipras, de 40 años, obtuvo el mandato para formar un gobierno nuevo.

Así comenzó su descenso por un camino lleno de decisiones bizarras, errores espectaculares y llamativas puestas en escena llenas de pasión, instinto e incompetencia.

Su primera medida, cargada de polémica, fue la elección del aliado de Syriza para gobernar. El partido no había obtenido los 151 escaños requeridos para tener una mayoría en el Parlamento, por lo que debió buscar otro compañero de viaje con el que formar gobierno. El Pasok, un disminuido fantasma político, estaba ampliamente desprestigiado, pero ideológicamente era familiar. Una opción mucho más razonable parecía Potami, un nuevo partido político liberal, liderado por un antiguo periodista de televisión. Pero los de Tsipras ni siquiera hablaron con ellos sobre el tema.

Syriza inmediatamente alcanzó un acuerdo con Anexartiti Ellines (Griegos Independientes), una invención de extrema derecha liderada por un ex ministro de Nueva Democracia, compuesto en su mayoría por teóricos de la conspiración y antisemitas. En apariencia eran el polo opuesto a la socialista Syriza, con una excepción notable: odiaban a los acreedores del país y el programa de rescate. Tanto como lo odiaba la formación liderada por Tsipras. Eso fue suficiente para juntarlos sólo unas horas tras las elecciones. Fue la primera pista para saber que el reinado de Tsipras no iba a ser sin sorpresas. Y de esas hubo muchas.

El 20 de febrero, un mes después de formar gobierno, Tsipras firmó un acuerdo con los acreedores que permitía a Grecia negociar un nuevo pacto para obtener los 7.200 millones de euros, que ya estaban disponibles en el programa. Grecia necesitaría de esos fondos para pagar sus deudas. El pacto garantizaba una prórroga de cuatro meses, que darían al Gobierno el tiempo suficiente para negociar.

Gente cercana a las etapas iniciales de la negociación me contarían que las autoridades europeas estaban sorprendidas por la chapucera aproximación de la delegación griega. Negociadores claves del Gobierno, incluido Tsipras, tenían un conocimiento muy limitado de como la Unión Europea y sus instituciones funcionaban, y no se encontraban habitualmente preparados para discutir ni decidir en temas específicos, menos aún para formular por escrito propuestas concretas y adecuadas.

Tsipras había elegido a un extravagante profesor de Economía llamado Yanis Varufakis como su ministro de Finanzas, y ese fue otro punto de controversia durante las negociaciones. Varufakis, orador brillante y experto en la teoría de juegos, enfurecería a sus homólogos al sermonearlos con temas como el diseño del euro y sus ideas para mejorar la UE. Como me diría alguien cercano a las negociaciones, “él estaba poco dispuesto a alcanzar acuerdos en medidas específicas y discutir en serio sobre números concretos. Y con frecuencia daba la impresión de que, de manera intencionada, paralizaba las reuniones”.

El proceso, en efecto, tardó un tiempo largo en desarrollarse. La provisión urgente de liquidez (ELA, por sus siglas en inglés) del Banco Central Europeo aportaría dinero en efectivo a los bancos griegos, pero la ELA no podía utilizarse para fines fiscales. Las negociaciones no llevaban a ningún sitio, y las deudas debían ser pagadas con las arcas del Estado. Pero todas estaban vacías.

El ‘saqueo’

En los cuatro meses transcurridos entre el pacto de febrero y el colapso de las negociaciones hace unos días, el Gobierno de Tsipras saquearía a todo el mundo para hacerse con reservas en efectivo. Sus pagos a los contratistas privados cesaron, y cada euro restante fue exprimido para pagar no sólo al Fondo Monetario Internacional.

Sin embargo, durante ese tiempo, dentro del país, Tsipras gobernaba, y su manera de dirigir seguía siendo cercana, populista. Los meses anteriores habían sido agitados, como si estuviésemos en medio de una campaña electoral: el Gobierno se apresuraba a satisfacer las demandas de asociaciones poderosas ofreciendo, por ejemplo, incrementos salariales a los empleados de la Dinosia Epichirisi Ilektrismou (la mayor empresa de energía eléctrica en Grecia), contratos a trabajadores despedidos por el anterior gobierno, y puestos de trabajo a afiliados del partido, familiares y amigos.

A medida que las negociaciones se alargaban, la meta personal de Tsipras parecía dar satisfacción a buena parte de la base de su electorado.

La brusquedad de sus métodos no era algo nuevo -casi todos los gobiernos griegos habían funcionado de esta manera-, pero la velocidad con la que todo lo hacía llamaba la atención. Era como si tuviera prisa por establecerse, mientras daba la impresión de estar menos interesado en sacar adelante las cruciales negociaciones con sus acreedores. Y Tsipras se tomó bastante tiempo para que avanzaran. En los últimos días de abril, los acreedores estaban hartos de su hombre fuerte, Varufakis, y el presidente reorganizó el equipo negociador, disminuyendo el protagonismo de su ministro en las discusiones. Aun así, no se observaba ningún pacto en el horizonte.

A medida que se acercaba el verano y cada gota de liquidez se destinaba al pago de deudas contraidas con acreedores extranjeros, era cada vez más evidente que Grecia se quedaría sin dinero. De hecho, el pasado 4 de junio el país fue incapaz de conseguir el suficiente para amortizar parte de la deuda con Fondo Monetario Internacional, por lo que solicitó que todos los pagos de junio se agruparan en una suma fija que abonaría a final de mes, justo cuando el programa expiraba.

Ya cerca de la fecha, las negociaciones se tornaron más desesperadas. Los puntos más controvertidos del IVA y las pensiones se mantenían, pero las dos partes -Grecia y el FMI- nunca estarían más cerca de alcanzar un arreglo. Hasta el pasado viernes 26 de junio. Ese día, Alexis Tsipras decidió retirar su equipo de las negociaciones. Cuarenta minutos después de la medianoche, en un discurso televisado, anunció que el domingo 5 de julio los griegos estaban llamados a un referéndum para decidir si el acuerdo propuesto por los acreedores era aceptable para el electorado. Exhortó a que el voto fuera “no”. Tsipras no había caído en la cuenta de lo que eso significaba. Uno de los miembros clave de su equipo de negociación se enteró de esta noticia por Twitter. Pensaba que estaban muy cerca de alcanzar un acuerdo.

¿Qué es lo que quiere Alexis Tsipras? ¿Por qué se retiró de las negociaciones?

El pasado 30 de junio el programa de rescate terminó y eso significaba que la oferta de las instituciones europeas y del FMI, realizada el 25 de junio, estaba oficialmente fuera de la mesa. ¿Por qué está convocando a los griegos para que voten? ¿Por qué no lo hizo antes, para dar más tiempo a las deliberaciones, tal y como lo hacen las democracias modernas ante la convocatoria de un referéndum?

Golpe de mano

El historiador americano Mark Mazower piensa que el referéndum fue una maniobra para consolidar el poder de Tsipras dentro de su partido. Así lo escribe en The New York Times: “De repente, él ha consolidado su base política y fortalecido su mano internamente. Syriza se encuentra en la posición que mejor se le da: representando la oposición al status quo global… Él piensa que el voto al “no” le permitiría volver a negociar en Bruselas desde una postura más fuerte. Esto revela una obstinación para afrontar hechos que se acumulan como una especie de pensamiento mágico”.

Pero existe otra explicación que apunta Mazower: Tsipras en realidad quisiera sacar a Grecia de la Eurozona. “Le ha pedido a los griegos que voten “no” a un programa de rescate que ya ha expirado. La única inferencia lógica, aunque él lo niegue, es que está deseando ver a Grecia fuera del euro. Sabe que sería poco popular y una apuesta enorme”.

El articulista del Wall Street Journal, Simon Nixon, apoya esta idea. “Si Tsipras en enero había propuesto retirar a Grecia de la Eurozona, es muy difícil pensar que ahora hiciera algo diferente”, escribe en su columna del rotativo estadounidense. Si el Grexit fue siempre su objetivo, entonces su único reto era asegurar que las conversaciones se alargaran hasta que el rescate expirara. Introdujo el control de capitales y el país entró en default, haciendo muy difícil evitar una salida del euro”. Que es dónde estamos en este momento.

La semana pasada ha sido una pesadilla para Grecia. Los jubilados hacían cola en los bancos para sacar hasta 120 euros de sus pensiones de junio. Otros, sólo han podido llevarse 60 euros (máximo) de los cajeros automáticos. El jueves, en muchos de estos cajeros ya no había billetes sueltos de 20 euros, y la gente sólo podía llevarse uno de 50.

Con el fin de que la gente no tuviera tiempo suficiente para caer en la cuenta del impacto que produciría el control de capitales, el cierre de bancos y el default del país, Tsipras optó por dejar el menor tiempo posible con el propósito de que el pueblo no debatiera la convocatoria del referéndum. Aparece casi a diario en televisión asegurando que los depósitos de los ciudadanos se encuentran a salvo, que los bancos reabrirán y que el Gobierno negociará un mejor pacto si la gente vota “no” a un acuerdo que desde el martes está fuera de la negociación con la UE y el FMI. Nada de esto parece tener sentido, hasta que uno considera el escenario mencionado anteriormente.

Decente y afable

He hablado con diferentes personas que conocen a Tsipras. Todo el mundo lo considera un tipo inteligente, no particularmente culto ni con experiencia, pero decente y afable. No es un orador carismático, pero es un hombre gentil, con empatía, que se preocupa por el bienestar de la gente. En los últimos meses ha trabajado incansablemente. Me dicen que en las últimas semanas apenas ha dormido. Pero existe otro atributo que me han descrito en detalle: su inquebrantable ambición. “Él quiere dirigir el país durante 40 años”, comenta un hombre cercano a Tsipras. “Está jugando un partido largo y puede que ni siquiera le preocupe el resultado del referéndum o si Grecia se mantiene o no dentro del euro”.

Su objetivo es el mismo desde que asumió el liderazgo de Syriza: gobernar. Incluso si debe dar un paso atrás por un tiempo (en caso de que el “sí” gane), ya ha consolidado como líder de una gran parte del electorado, que es anti europeísta, conservador, nacionalista y sensible a los llamamientos populistas.

Aun cuando sus acciones durante los últimos días o meses parezcan absurdas o poco racionales, uno debe juzgarlas en el debido contexto. No importa lo que pase en los próximos días. Tsipras puede que ya haya ganado.

Europe’s Attack on Greek Democracy. Joseph E. Stiglitz

Joseph E. Stiglitz, a Nobel laureate in economics and University Professor at Columbia University, was Chairman of President Bill Clinton’s Council of Economic Advisers and served as Senior Vice President and Chief Economist of the World Bank. Read more at http://www.project-syndicate.org/commentary/greece-referendum-troika-eurozone-by-joseph-e--stiglitz-2015-06#7XV5Ws6Eu4eMdvkp.99

Joseph E. Stiglitz, a Nobel laureate in economics and University Professor at Columbia University, was Chairman of President Bill Clinton’s Council of Economic Advisers and served as Senior Vice President and Chief Economist of the World Bank.

Joseph E. Stiglitz, 29 junio 2015 / PROJECT SYNIDICATE

NEW YORK – The rising crescendo of bickering and acrimony within Europe might seem to outsiders to be the inevitable result of the bitter endgame playing out between Greece and its creditors. In fact, European leaders are finally beginning to reveal the true nature of the ongoing debt dispute, and the answer is not pleasant: it is about power and democracy much more than money and economics.

Of course, the economics behind the program that the “troika” (the European Commission, the European Central Bank, and the International Monetary Fund) foisted on Greece five years ago has been abysmal, resulting in a 25% decline in the country’s GDP. I can think of no depression, ever, that has been so deliberate and had such catastrophic consequences: Greece’s rate of youth unemployment, for example, now exceeds 60%.

It is startling that the troika has refused to accept responsibility for any of this or admit how bad its forecasts and models have been. But what is even more surprising is that Europe’s leaders have not even learned. The troika is still demanding that Greece achieve a primary budget surplus (excluding interest payments) of 3.5% of GDP by 2018.

Economists around the world have condemned that target as punitive, because aiming for it will inevitably result in a deeper downturn. Indeed, even if Greece’s debt is restructured beyond anything imaginable, the country will remain in depression if voters there commit to the troika’s target in the snap referendum to be held this weekend.

In terms of transforming a large primary deficit into a surplus, few countries have accomplished anything like what the Greeks have achieved in the last five years. And, though the cost in terms of human suffering has been extremely high, the Greek government’s recent proposals went a long way toward meeting its creditors’ demands.

We should be clear: almost none of the huge amount of money loaned to Greece has actually gone there. It has gone to pay out private-sector creditors – including German and French banks. Greece has gotten but a pittance, but it has paid a high price to preserve these countries’ banking systems. The IMF and the other “official” creditors do not need the money that is being demanded. Under a business-as-usual scenario, the money received would most likely just be lent out again to Greece.

But, again, it’s not about the money. It’s about using “deadlines” to force Greece to knuckle under, and to accept the unacceptable – not only austerity measures, but other regressive and punitive policies.

But why would Europe do this? Why are European Union leaders resisting the referendum and refusing even to extend by a few days the June 30 deadline for Greece’s next payment to the IMF? Isn’t Europe all about democracy?

In January, Greece’s citizens voted for a government committed to ending austerity. If the government were simply fulfilling its campaign promises, it would already have rejected the proposal. But it wanted to give Greeks a chance to weigh in on this issue, so critical for their country’s future wellbeing.

That concern for popular legitimacy is incompatible with the politics of the eurozone, which was never a very democratic project. Most of its members’ governments did not seek their people’s approval to turn over their monetary sovereignty to the ECB. When Sweden’s did, Swedes said no. They understood that unemployment would rise if the country’s monetary policy were set by a central bank that focused single-mindedly on inflation (and also that there would be insufficient attention to financial stability). The economy would suffer, because the economic model underlying the eurozone was predicated on power relationships that disadvantaged workers.

And, sure enough, what we are seeing now, 16 years after the eurozone institutionalized those relationships, is the antithesis of democracy: Many European leaders want to see the end of Prime Minister Alexis Tsipras’s leftist government. After all, it is extremely inconvenient to have in Greece a government that is so opposed to the types of policies that have done so much to increase inequality in so many advanced countries, and that is so committed to curbing the unbridled power of wealth. They seem to believe that they can eventually bring down the Greek government by bullying it into accepting an agreement that contravenes its mandate.

It is hard to advise Greeks how to vote on July 5. Neither alternative – approval or rejection of the troika’s terms – will be easy, and both carry huge risks. A yes vote would mean depression almost without end. Perhaps a depleted country – one that has sold off all of its assets, and whose bright young people have emigrated – might finally get debt forgiveness; perhaps, having shriveled into a middle-income economy, Greece might finally be able to get assistance from the World Bank. All of this might happen in the next decade, or perhaps in the decade after that.

By contrast, a no vote would at least open the possibility that Greece, with its strong democratic tradition, might grasp its destiny in its own hands. Greeks might gain the opportunity to shape a future that, though perhaps not as prosperous as the past, is far more hopeful than the unconscionable torture of the present.

I know how I would vote.

Grecia: ahora, más Europa. De Fernando Fernández Méndez de Andés

Los líderes que creen llevar a su pueblo a la tierra prometida suelen estrellarlos dramáticamente contra la realidad. Tsipras se pondrá a la cabeza de la revolución y su país terminará saliendo del euro.

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Fernando Fernández Méndez de Andés. Profesor de Economía, banquero y columnista de El País

Fernando Fernández Méndez de Andés, 1 julio 2015 / EL PAIS

El corralitogriego estaba cantado. No había alternativa. Ni para Grecia, ni para la unión monetaria. Cuando los depositantes griegos han perdido la confianza en el valor de sus ahorros, cuando depende de un referéndum que tengan euros o nuevos dracmas, cualquier persona informada prefiere guardar sus euros bajo el colchón. Una semana es una eternidad. La opinión pública sigue confiando en un acuerdo de última hora. Se citan razones geopolíticas, económicas o morales para que Grecia permanezca en el euro. Las primeras no pueden seguir imponiéndose a la realidad económica. Ese ha sido el problema griego desde el principio, desde su entrada en la UE. De las últimas, no me cabe a mí opinar, pero pienso que nada tienen que ver con el régimen monetario de un país. Hablemos de las económicas.

Le toca mover ficha al primer ministro griego y elegir entre dos opciones. Puede ceder, pedir el sí, apelar a la responsabilidad histórica y confesar que ha llegado al extremo de sus posibilidades negociadoras. Tendría asegurado un nuevo programa de ajuste y garantizado el ahorro de sus ciudadanos; pero pondría en peligro su supervivencia política, porque no cabe pensar que las denostadas instituciones modifiquen sustancialmente una oferta que él ha calificado de ridícula y humillante. Hacerlo sería invitar a un chantaje permanente y la Unión Económica y Monetaria (UEM) estaría muerta; perdida toda su credibilidad.

Si el mandatario griego acepta que se equivocó, podría emerger como un hombre de Estado y provocaría la euforia de los mercados europeos: las caídas del lunes serían apenas una anécdota. Un bonito sueño, pero poco probable. Tiene Tsipras un toque mesiánico que nos debería resultar conocido. Los líderes que creen llevar a su pueblo a la tierra prometida suelen estrellarlos dramáticamente con la realidad. Creo más bien que se pondrá a la cabeza de la revolución y Grecia terminará saliendo del euro (ya tiene padrino intelectual porque el omnipresente Krugman no ha perdido el tiempo en salir a la palestra). Tras un breve periodo de tensión en los mercados, será una buena noticia para Europa y para España porque confirmará que la UEM es una unión de reglas, soberanía compartida y transferencias condicionadas. Y dejará también claro que Europa no pretende resolver problemas geopolíticos con instrumentos monetarios y cambiarios. Para eso están la OTAN, la Política Exterior Común o la Agencia Europea de Defensa.

La crisis será finalmente positiva para la Eurozona,
el catalizador que necesitaba

1435594107_370523_1435596680_noticia_normalLa Unión Monetaria tiene hoy instrumentos económicos suficientes para convertir el reto griego en una gran oportunidad para consolidarse como un espacio económico de estabilidad, prosperidad y crecimiento para los países que cumplen las reglas que nos hemos dado entre todos. En eso, por cierto, consiste precisamente la democracia, aunque los partidarios de tomar el palacio de invierno no lo entiendan. Europa debe avanzar decididamente en la integración económica y monetaria de la eurozona. Como ha hecho siempre, en todos los momentos críticos anteriores. Desde la puesta en marcha de la Unión Monetaria, en plena crisis del sistema europeo de cambios, al principio de los noventa, hasta la unión bancaria en la primera crisis del euro en 2010-2012. Europa siempre ha avanzado así y esta vez no será diferente. De hecho, lo tiene más fácil, porque hay un gran consenso sobre lo que hay que hacer a medio plazo, consenso que se ha plasmado recientemente en el llamado Documento de los cinco presidentes. Mi apuesta es que se acelerará la entrada en vigor de muchas de sus recomendaciones, que se entendían en el medio plazo.

Tres son los movimientos políticos más probables en el muy corto plazo. Y los tres muy significativos de que la construcción europea implica dos cosas que los griegos no han querido ver: cesión de soberanía y mutualización condicionada de la deuda.

La UEM adelantará el mecanismo europeo de resolución bancaria (MUR), previsto para 2015 pero con un calendario progresivo de implantación de ocho años. La directiva europea prevé esa posibilidad, mediante la capacidad de endeudamiento a través del MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad) para suplir la falta de fondos nacionales. Supondrá un nuevo paso en la mutualización de la deuda bancaria europea. Para completar la ruptura definitiva del bucle perverso de crisis soberana/crisis bancaria, la UEM acelerará la recapitalización directa de los bancos, cuya solvencia última no dependerá así de la calidad crediticia de los Tesoros nacionales.

El Eurogrupo asumirá la dirección de la política fiscal
y se convertirá en el Tesoro europeo

Para hacer todo esto posible, técnicamente sostenible y políticamente aceptable, la eurozona avanzará en la gobernanza fiscal dentro de un sistema de transferencias fiscales condicionadas. Se consolidará sin tardanza el Eurogrupo con carácter permanente, staff propio y embrión del gobierno fiscal europeo. Se convertirá con el tiempo en el Tesoro europeo que tanto reclaman académicos, analistas y los Gobiernos francés y alemán, aunque se hayan resistido a su concreción por miopes razones electorales que hoy parecen irrelevantes y casi irresponsables. El Eurogrupo asumirá la dirección de la política fiscal en Europa, asegurando que las políticas nacionales sean compatibles con las necesidades de la eurozona, para lo que habrá de disponer de incentivos, programas de estabilización europeos con financiación propia a través de algún activo europeo, los famosos eurobonos. Pero también de sanciones, en concreto de la capacidad para anular decisiones fiscales de los Estados miembros. Todo un reto. Pero cosas más increíbles hemos visto ya en la construcción europea estos años.

Aunque la UEM y el BCE llevan meses estudiando el plan b, que es precisamente de lo que se trata ahora, aplicarlo no puede ser inmediato. Los mercados financieros seguirán nerviosos, lo que ofrecerá una gran oportunidad de compra a los que anticipen estos cambios. No estarán solos porque el BCE actuará decididamente a su favor. Mario Draghi hará uso de su célebre “whatever it takes” para los países dentro del sistema. Lo tiene muy fácil: dispone de los mecanismos técnicos y la reciente sentencia de la Corte Europea le da argumentos jurídicos frente a los más recalcitrantes. Los instrumentos son conocidos: compras aceleradas y discriminantes de bonos públicos mediante el SMP, más intensas de aquellos bonos más atacados, y liquidez garantizada, ilimitada y a tipo cero a través de las TLTRO [préstamos condicionados a largo plazo]. Los especuladores —yo prefiero llamarles simplemente los inversores— más incrédulos con el euro tendrán enfrente a uno de los bancos centrales más poderosos del mundo dispuesto a utilizar toda la artillería. No les arriendo la ganancia, porque estoy convencido de que la tragedia griega será finalmente positiva para la eurozona: el catalizador que Europa necesitaba.

Fernando Fernández Méndez de Andes. IE Business School.

La tragedia griega. Vista desde diferentes puntos de vista

La crisis griega se agravó luego de la decisión del gobierno Tsipras de abandonar la mesa de  negociaciones en Brusselas y convocar un referéndum sobre el plan de rescate que estaba sobre esta mesa. El gobierno griego hizo dos solicitudes al mismo tiempo: a sus socios europeos que le concedan más tiempo, rompiendo la fecha fatal del 30 de junio en la que Grecia entraría en default y quiebre si no paga sus deudas; y a sus ciudadanos que vote en contra de la propuesta de sus socios europeos de cómo y bajo qué condiciones seguir financiando a Grecia. Unos ven esta actitud de Grecia como muestra de su dignidad nacional, otros lo ven como muestra que el gobierno de Tsipras sigue confundiendo la política con un juego de poker. Documentamos los diferentes puntos de vista. (Segunda Vuelta)

EU Commission President Juncker: ‘I Don’t Understand Tsipras’

Jean-Claude Juncker , the president of the European Commission at his office in Brussels, Belgium on 17.06.2015 by Wiktor Dabkowski

Jean-Claude Juncker , the president of the European Commission at his office in Brussels, Belgium on 17.06.2015 by Wiktor Dabkowski

Entrevista conducida por Peter Müller, Michael Sauga y Cristoph Schult, 19 junio 2015 / SPIEGEL ONLINE

SPIEGEL: Mr. Juncker, we would like to speak with you about friendship.

Juncker: A vast topic. Go ahead.

SPIEGEL: It says in the dictionary that friendship is a relationship defined by mutual affection and trust. If you use that as a guide, would you describe Greek Prime Minister Alexis Tsipras as a friend of yours?

Juncker: There are two types of friendship. The first is rooted in goodwill, of the kind I feel for Mr. Tsipras. The second — true friendship — is much rarer, because it must first overcome obstacles and grow.

SPIEGEL: You began referring to Tsipras as a friend soon after he took office. More recently, though, you have begun complaining that he is incorrectly depicting the offers you have made in Athens. Were your friendly overtures to him somewhat premature?

Juncker: No, my relationship to Mr. Tsipras is, for the time being, a friendship in accordance with the word’s first definition. Only later will it become clear if real friendship will grow out of that. I will, however, acknowledge that the trust I placed in him is not always returned in equal measure.

SPIEGEL: You have made concessions to Mr. Tsipras on several issues, but he is still accusing you and the other creditors of wanting to pillage Greece. Are you disappointed in him?

Juncker: One should never take personally the relationships between representatives and institutions. We are here to work for the people. On the other hand, politics cannot function without reliable personal relationships. With all due respect to the new Greek government, one has to point out that some of its representatives came into office without being adequately prepared for the tasks awaiting them.

SPIEGEL: The negotiations with the Greeks are making exceedingly slow progress, if any at all, despite the fact that the country’s bankruptcy is coming closer and closer. Is it still possible to prevent the country’s departure from the euro zone?

Juncker: We have to keep trying to do all we can to prevent a Grexit. You are right; we are running out of time. And some of the toxic rhetoric coming out of Athens doesn’t make it any easier to find a compromise. Mostly, though, I just ignore the rhetoric, because we have to make progress.

SPIEGEL: The Greeks seem to think they can get a better deal if they remain at the poker table.

Juncker: European politics is not a card game where there is a winner and a loser at the end. On the contrary: Either everyone wins, or everyone loses. That is why it is absolutely essential that the Greek government move as quickly as it can.

SPIEGEL: Many of your colleagues have accused you of essentially inviting the Greek government to shove its chips into the middle of the table. After all, at the very beginning of the negotiations, you categorically ruled out the possibility of a Grexit.

Juncker: Had I said at the beginning of the negotiations that a Grexit was an option, it would have unleashed a wave of speculation on the financial markets. Apparently, there are some in the Greek government who have misunderstood and believe that there is someone in Europe who can pull a rabbit out of the hat in the end. But that is not the case. I have warned Mr. Tsipras many times he shouldn’t depend on me being able to prevent a failure of the talks if that isn’t desired by the other side. We should do everything we can to prevent a Grexit, but to do so, both sides must exert themselves. In the end, I would prefer the rabbit to bear the Greek national colors.

SPIEGEL: Do you have the impression that Tsipras understands the stakes for his country?

Juncker: I have described for him in detail what an exit from the euro zone would mean for his country on the short-, medium- and long-term.

SPIEGEL: And that is?

Juncker: Greece has experienced deep cuts to its social safety net. The result has been an unacceptable humanitarian crisis. Every morning, many people in Athens or Thessaloniki are actually faced with the question as to how they are going to feed themselves that day. The problem, though, is that the crisis would only become worse in the case of a Grexit. On the other hand, there are people in Greece who are filthy rich. I have called upon Mr. Tsipras to raise taxes on wealth in his country. Shockingly, his response to my request was not as enthusiastic as I had expected.

SPIEGEL: For five years now, international creditors have been trying to stave off Greek insolvency with vast aid packages worth hundreds of billions of euros. But unemployment in the country remains at 25 percent and gross domestic product has plunged by a quarter. Don’t you have to admit that Europe’s attempts to save Greece have failed?

Juncker: You are failing to mention the successes we have achieved. Although Greece’s GDP has fallen dramatically, the government has presented a budget in which revenues are significantly higher than expenditures. I reject the idea that the Greeks are lying around doing nothing. Pensions have been slashed, salaries reduced and public spending reined in. Germans, in particular, have the impression that the Greeks have done nothing to free themselves from their plight. That impression is incorrect.

SPIEGEL: But the Greeks no longer want austerity. People hate the Troika and the government is cheered when it blasts the parameters laid down by the International Monetary Fund as “criminal.” How can the bailout project be continued on such a foundation?

Juncker: It bothers me that the Tsipras government acts as though we in the European Commission are austerity fanatics who are crushing the dignity of the Greek people underfoot. I am upset that the Greek government acts as though the Commission is seeking a higher sales tax on electricity, to mention one example. I have told Mr. Tsipras many times that I am open to other suggestions if they result in the same revenues. Instead of complaining about the Commission, Mr. Tsipras could one day tell Greeks that I have offered a €35 billion investment program for the years 2015 to 2020 to stimulate growth in his country. I haven’t heard anything about that.

SPIEGEL: Do you have an explanation?

Juncker: I don’t see myself as being in a position to psychoanalyze another European government. I sometimes even find it difficult to analyze myself. But jokes aside: I don’t believe the Greek government’s response has been sufficient. If I were the Greek prime minister, I would sell that as an achievement and say: I pushed through the €35 billion package in Brussels. I don’t understand Tsipras. In one of the positive moments during our negotiations, I once told him during a coffee break: If I had campaigned on your platform, I would have won 80 percent of the vote. But he only got 36 percent.

SPIEGEL: If Tsipras continues to reject additional spending cuts, he would only be doing what he promised to do during the campaign. Do you fault him for that?

Juncker: I, too, am of the opinion that, following an election, a politician should do what he or she promised before the vote. For that reason, politicians have to think carefully, before the election, whether they will be able to fulfill their campaign promises. European countries make up a community of destiny — one which only works if the members can depend on each other. Unfortunately, prior to taking over the government, Mr. Tsipras adopted positions, which, in part, are in conflict with the rules governing this union. That is why his campaign promises cannot be 100 percent implemented. Mr. Tsipras should have known that.

SPIEGEL: Do you understand why another friend of yours, German Finance Minister Wolfgang Schäuble, now believes that a Grexit is the better alternative?

Juncker: I am not aware of any sentence uttered by Wolfgang Schäuble that would lead you to draw such a conclusion. The German finance minister is a devoted European who, in his person, unites both the past and the future. As such, everyone — and the Greeks in particular — would be well advised to listen closely to this man.

SPIEGEL: Schäuble is concerned that the case of Greece could send the wrong message. If creditors are too lenient and the Greek gamble is successful, other euro-zone member states could seek to emulate Athens’ chutzpah.

Juncker: That is a danger I see as well. I know that many, particularly in Germany, see me as a naive proponent of Greece. But I am very clear that solidarity and solidity belong together. While I have understanding for a temporary inability to adhere to the rules, we cannot have a situation where the one who breaks the rules is rewarded. That is why the Greek government must make clear that it is prepared to adhere to the rules.

SPIEGEL: Tsipras enjoys widespread support among the Greek populace, but at the same time, a clear majority of Greeks would like to remain part of the euro zone. Would it not make sense to ask the country’s voters if they are prepared to continue down the path of austerity?

Juncker: It is erroneous to believe that one can change the reality in all of Europe with a referendum or new elections in a single country. I have explained that to Mr. Tsipras on several occasions. No matter what happens in Athens, the make-up of parliaments in other member states — and in the German Bundestag as well — will remain exactly as it is.

SPIEGEL: Let’s assume for a moment that international creditors are successful in finding a last-minute compromise with Athens: Do you think Chancellor Angela Merkel would be able to convince German parliamentarians to back such a deal?

Juncker: If we are able to reach an understanding that is sustainable, and if it is reached in cooperation with the German government, then it would be Angela Merkel’s task to convince the German Bundestag of its merits — and I am absolutely convinced that she would be successful.

SPIEGEL: With all due respect to your optimism, the mood is quite different among Merkel’s party allies. The parliamentarians have lost all desire to allow the Greek government to continue leading them around by the nose.

Juncker: I don’t believe that the Greeks would be able to lead German parliamentarians or the Commission president around by their noses.

SPIEGEL: The chancellor has said that, if Greek politicians would like to see who has the strongest nerves, they are welcome to do so.

Juncker: Ms. Merkel is right. But we aren’t just talking here about who has the better nerves. We are talking about the Greek people and particularly about those who find themselves in a very difficult situation.

SPIEGEL: Membership in the euro zone was long considered to be irreversible. Now, there is a distinct possibility that a country might leave the common currency area. What does that mean for Europe’s future?

Juncker: You are asking a theoretical question that I don’t want to consider. I want to prevent Greece’s exit. And we have come a long way. Think back to the year 2010, when the difficulties began. At the time, the danger was enormous that the contagion could spread to other countries. Had Greece left the euro then, it could very well have turned into a conflagration for the entire euro zone. Today, a Grexit would still have significant consequences, but the fear that it could cause the exit of additional member states has waned considerably. Nevertheless, the entire world would get the impression that the make-up of the euro zone can be changed. We have to avoid this impression.

SPIEGEL: Greece isn’t the only country that is making it difficult for you to keep the European community together. The British government would like to soon hold a referendum as to whether the country should remain a part of the EU or not. How great is the danger that Britain leaves the EU?

Juncker: We need a fair deal. The British know that Great Britain isn’t the only country with red lines, but that other member states have them too. Here in Brussels, we aren’t manic cheerleaders for Europe and the British are an intelligent people. We will find an agreement that is such that our friends in the United Kingdom will feel a desire to remain a lasting member of the European Union.

SPIEGEL: Yet the British prime minister would like to make some fundamental changes. He would like to remove the phrase “ever-closer union” from the preamble of the Lisbon Treaty, for example. What is your response?

Juncker: Why shouldn’t some in Europe go faster than the others? If the British don’t want to be part of this move, then we can make it possible for them, but in such a way that it doesn’t prevent others from going forward. That has long been the case with the currency union. Those who want to bind themselves closer together should be given the possibility to do so.

SPIEGEL: The presidents of Europe’s most important institutions have also been thinking of how the EU should develop. What are your suggestions?

Juncker: On the basis of the current treaties, the economic and monetary union is not yet complete. The entire world now wants to know from us how we intend to change this state of affairs. I, for example, believe that the euro zone could use a larger dose of parliamentary involvement, from both the European Parliament and from national parliaments. I work closely together with (European Parliament President) Martin Schulz. When it comes to smaller issues relating to party politics, we have different points of view. But when it comes to larger questions, we are partners and allies. We propose moving ahead in stages. Initially, the focus should be on what we can do within current rules to enhance our stability and to make improvements. Then we have to examine what we can achieve in the mid- and long-terms were we to make changes to European treaties. That, though, is not a pressing question.

SPIEGEL: Given the crisis in Greece, don’t you think such a step is necessary?

Juncker: Yes. Especially because of the crisis with Greece, we have to tell the world and ourselves where we are headed. The people of Europe are also becoming more skeptical and the gap between them and the European elite is widening. You would have to be blind not to see that. That is why Brussels cannot continue to focus on trivialities and burden people with regulations that can often be better handled on a local level. Europe has to show that it is able to take action on the larger, urgent problems: in foreign policy, with the immigration problems, with the economic challenges of the digital era. The European debate can no longer be limited to shower heads and olive-oil jugs.

SPIEGEL: Mr. Juncker, thank you for this interview!

 

Explaining the Greek Debt Crisis and What It Means for the Eurozone

A statue of the goddess Athena in Athens. Greece is struggling to avert bankruptcy. Credit Aris Messinis/Agence France-Presse — Getty Images

A statue of the goddess Athena in Athens. Greece is struggling to avert bankruptcy. Credit Aris Messinis/Agence France-Presse — Getty Images

Liz Alderman, 8 abirl 2015 / THE NEW YORK TIMES

Updated: June 29

Greece, the weak link in the eurozone, is inching closer to defaulting on its debt. The country has been in a long standoff with its European creditors on the terms of a multibillion-dollar bailout. If the country goes bankrupt or decides to leave the 19-nation eurozone, the situation could create instability in the region and reverberate around the globe.

What’s the latest?

Banks and markets throughout the country are closed until next week, after Prime Minister Alexis Tsipras interrupted last-ditch debt negotiations early Saturday with the announcement that he was calling a referendum for July 5 on whether to accept the tough terms offered by international creditors. O

How did Greece get to this point?

Greece became the epicenter of Europe’s debt crisis after Wall Street imploded in 2008. With global financial markets still reeling, Greece announced in October 2009 that it had been understating its deficit figures for years, raising alarms about the soundness of Greek finances.

Suddenly, Greece was shut out from borrowing in the financial markets. By the spring of 2010, it was veering toward bankruptcy, which threatened to set off a new financial crisis.

To avert calamity, the so-called troika — the I.M.F., the European Central Bank and the European Commission — issued the first of two international bailouts for Greece, which would eventually total more than 240 billion euros, or about $264 billion at today’s exchange rates.

The bailouts came with conditions. Lenders imposed harsh austerity terms, requiring deep budget cuts and steep tax increases. They also required Greece to overhaul its economy by streamlining the government, ending tax evasion and making Greece an easier place to do business.

If Greece has received billions in bailouts, why is there still a crisis?

The money was supposed to buy Greece time to stabilize its finances and quell market fears that the euro union itself could break up. While it has helped, Greece’s economic problems haven’t gone away. The economy has shrunk by a quarter in five years, and unemployment is above 25 percent.

The bailout money mainly goes toward paying off Greece’s international loans, rather than making its way into the economy. And the government still has a staggering debt load that it cannot begin to pay down unless a recovery takes hold.

Many economists, and many Greeks, blame the austerity measures for much of the country’s continuing problems. The leftist Syriza party rode to power this year promising to renegotiate the bailout; Mr. Tsipras said that austerity had created a “humanitarian crisis” in Greece.

But the country’s exasperated creditors, especially Germany, blame Athens for failing to conduct the economic overhauls required under its bailout. They don’t want to change the rules for Greece.

As the debate rages, the only thing everyone agrees on is that Greece is yet again running out of money — and fast.

Why do Greece and Europe disagree?

With Greece nearly bankrupt, the government struck a deal with European officials on Feb. 20 to extend the bailout program for at least four months and give Athens €7 billion in funds, if Mr. Tsipras made structural changes. But creditors say the plans Greece has submitted fall short, and they accuse Mr. Tsipras of trying to roll back the austerity measures unilaterally.

Greece needs a deal to keep paying its creditors and to finance government operations. Athens seems to be betting that its creditors will want to reach a compromise to avoid the huge unknowns that could arise if Greece defaults or possibly leaves the euro.

If things are so bad, shouldn’t Greece just leave the eurozone?

At the height of the debt crisis a few years ago, many experts worried that Greece’s problems would spill over into the rest of the world. If Greece defaulted on its debt and exited the eurozone, it could create global financial shocks bigger than the collapse of Lehman Brothers.

Some people argue that if Greece were to leave the currency union now, it wouldn’t be such a catastrophe. Europe has put up safeguards to limit the financial contagion, in an effort to keep the problems from spreading to other countries. Greece, just a tiny part of the eurozone economy, could regain financial autonomy with its own economy, these people contend — and the eurozone would actually be better off without a country that seems to constantly need its neighbors’ support.

Others say that’s too simplistic a view. Despite the frustration of endless negotiations, European political leaders see a united Europe as an imperative. At the same time, they still haven’t fixed some of the biggest shortcomings of the eurozone’s structure by creating a more federal-style system of transferring money as needed among members — the way the United States does among its various states. They also worry that if Greece were to default and leave the eurozone, it could ignite turmoil in the financial markets that might stall the budding recovery in Europe and impede the United States’ rebound.

What happens next?

That’s the billion-euro question.

Mr. Tsipras has said he doesn’t want to take Greece out of the euro currency union. Chancellor Angela Merkel of Germany, Europe’s paymaster, says the eurozone must stay together — but not at any cost.

Right now, Greece must work out a deal to get some of the €7 billion to meet looming debt payments. It also has billions more in additional payments coming due later this year to the I.M.F. and the European Central Bank. As a result, Greece might need to try securing yet another multibillion-euro bailout package — its third since 2010.

Next week’s referendum could test whether Greek citizens want to stay in the eurozone. New elections could also be held if Greece’s financial situation worsens. Or Greece could test the willingness of Russia or China to help should talks with Europe falter.

The heavy betting is that Greece and Europe will find a way to muddle through the mess yet again — even if many people might be quietly drawing up emergency plans.

 

Krugman votaría ‘no’ en el referéndum griego para no prorrogar los problemas actuales

Nota de EL MUNDO/Madrid, 29 junio 2015

 Paul Krugman, premio Nobel de Economía. REUTERS

Paul Krugman, premio Nobel de Economía. REUTERS

El premio Nobel de Economía Paul Krugman se ha convertido en Trending Topic en Twitter por recomendar a los griegos a votar no en el referéndum convocado para el próximo 5 de julio por el Gobierno griego para decidir sobre la última propuesta de los acreedores, dado que el apoyo a las medidas de la troika supondría prorrogar indefinidamente las condiciones de los últimos años y tendría implicaciones políticas negativas en el país.

En artículo titulado ‘Grisis’ publicado en su blog en el ‘New York Times’, Krugman explica que, aunque la perspectiva de una salida de Grecia del euro “asusta a cualquiera“, incluido a él, lo que está exigiendo la ‘troika’ es que el régimen político de los últimos cinco años continúe de forma indefinida.

“¿Qué esperanza hay en todo esto? Quizás, sólo quizás, la voluntad de abandonar -la zona euro- inspirará un nuevo pensamiento, aunque es muy probable que no”, afirma Krugman.

En este sentido, añade que la devaluación monetaria no crearía mucho más caos del que ya existe y allanaría el camino para una “eventual recuperación, como lo ha hecho en muchos otros lugares y ocasiones”. “Grecia no es tan diferente”, incide.

Por otro lado, subraya que las implicaciones políticas de una victoria del ‘sí’ serían “muy preocupantes”. Así, critica que la troika haya hecho una oferta al primer ministro griego, Alexis Tsipras, que no puede aceptar y “presumiblemente lo hicieron a sabiendas”.

Krugman considera que el ultimátum fue, en efecto, un movimiento para sustituir al actual Gobierno griego. “Incluso aunque no te guste Syriza, tiene que ser preocupante para cualquiera que cree en los ideales europeos”, incide.

Asimismo, el Nobel de Economía cree que la salida de Grecia del euro, conocida como ‘Grexit’, no está muy lejos del punto actual tras el corralito, lo que significa que un análisis de beneficios y costes en este momento es “mucho más favorable” a una salida del euro que nunca.

 

El original en el NYT:

Grisis. De Paul Krugman

Paul Krugman, 28 junio 2015 / THE NEW YORK TIMES

OK, this is real: Greek banks closed, capital controls imposed. Grexit isn’t a hard stretch from here — the much feared mother of all bank runs has already happened, which means that the cost-benefit analysis starting from here is much more favorable to euro exit than it ever was before.

Clearly, though, some decisions now have to wait on the referendum.

I would vote no, for two reasons. First, much as the prospect of euro exit frightens everyone — me included — the troika is now effectively demanding that the policy regime of the past five years be continued indefinitely. Where is the hope in that? Maybe, just maybe, the willingness to leave will inspire a rethink, although probably not. But even so, devaluation couldn’t create that much more chaos than already exists, and would pave the way for eventual recovery, just as it has in many other times and places. Greece is not that different.

Second, the political implications of a yes vote would be deeply troubling. The troika clearly did a reverse Corleone — they made Tsipras an offer he can’t accept, and presumably did this knowingly. So the ultimatum was, in effect, a move to replace the Greek government. And even if you don’t like Syriza, that has to be disturbing for anyone who believes in European ideals.

A strange logistical note: I’m on semi-vacation this week, doing a bicycle trip in an undisclosed location. It’s only a semi-vacation because I didn’t negotiate any days off the column; I’ll be in tomorrow’s paper (hmm, I wonder what the subject is) and have worked the logistics so as to make Friday’s column doable too. I was planning to do little if any blogging, and will in any case do less than I might have otherwise given the events.

 

Lea también:
Paul Krugman: Greece over the brink/NYT

El fin de semana en que Syriza suicidó a Grecia.

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Alexis Tsipras, primer ministro de Grecia, con Pablo Iglesias, secretario general de PODEMOS

Juan Ramón Rallo, 28 JUNIO 2015 / LIBRE MERCADO

Apenas medio año después de llegar al poder, Syriza ya ha abocado a Grecia a un corralito. Lo ha logrado especialmente en las últimas 48 horas, cuando Tsipras decidió levantarse de la mesa de negociaciones y convocar unilateralmente un referéndum aconsejando a los griegos que rechacen el acuerdo con la Troika. Lo hizo con el apoyo de su partido, el de los reaccionarios de Anel y el de los neonazis de Amanecer Dorado. El social-populista y sus socios parlamentarios no querían recortar el gasto (tampoco el militar) ni subir impuestos. Querían, simplemente, seguir haciendo aquello que ha caracterizado a Grecia durante las últimas décadas: vivir de prestado para no pagar. Para ello, nada mejor que quemar los barcos adoptando una postura de fuerza: o nos dais lo que pedimos, o se terminan las negociaciones con el aval del pueblo soberano.

A la hora de la verdad, sin embargo, los ciudadanos griegos no se mostraron demasiado ilusionados con ese festín democrático del referéndum: desde el viernes por la noche, comenzaron a agolparse ante bancos, gasolineras y supermercados para hacer acopio de dinero y bienes básicos en previsión de un corralito que deje desabastecido el país. A la postre, en la actualidad la banca helena pende del hilo del BCE: es Draghi quien, comprometiendo imprudentemente el dinero de todos los europeos, la está manteniendo con vida desde que en enero los griegos comenzaran a sacar su dinero del país para ponerlo a mejor recaudo, esto es, fuera de las garras populistas de Syriza.

Si el BCE se mantenía firme ante el órdago de Tsipras, se acababa el juego para el populismo syriziano. Pero Varoufakis, ese magnífico postureador que siempre ha estado susurrando a los oídos de Tsipras, estaba convencido de que las instituciones comunitarias terminarían cediendo: desde hace años viene repitiendo insistentemente que la UE no puede permitirse dejar caer a Grecia porque eso supondría el fin del euro. Pero esta vez, y al menos hasta el momento, parece que Varoufakis ha metido la pata hasta el fondo. A primera hora de este domingo, el BCE vio el órdago que le lanzaron desde Atenas: si bien no tenía intención de retirar el crédito concedido hasta la fecha a la banca griega, tampoco iba a seguir incrementándolo indefinidamente. Y eso, en una sociedad que sigue retirando masivamente su dinero de los bancos, equivale a dejarlos caer.

A mediodía, Varoufakis seguía en modo negación y, haciendo gala de esa transparencia democrática tan característica de la nueva política, prometía a sus ciudadanos que en ningún caso habría controles de capitales. Dicho y hecho: apenas unas horas después, Tsipras comparecía en televisión para anunciar un corralito que, según nos informan, pretende prolongarse hasta la celebración del referéndum el próximo domingo. Hasta entonces, los ahorros de los griegos permanecerán congelados en los bancos, no sea que más adelante el gobierno necesite confiscarlos para poder sufragar sus gastos unos meses más.

Pero el problema ya no es el referéndum: es que las negociaciones con los acreedores se han roto y no será fácil recomponerlas. Syriza no sólo pide una reestructuración de la deuda actual, sino que el resto de Europa le sigamos prestando más dinero (mucho más dinero): ¿y cómo prestar más dinero a largo plazo a una casta y neocasta políticas que no han dejado de hacer méritos para estafar a sus ciudadanos y al conjunto de los europeos? Difícil rehacer con Syriza la baraja que Syriza ha roto: del mismo modo que Papandreu fue un cadáver político el día en que convocó el referéndum, no queda claro cómo Tsipras puede alcanzar un acuerdo creíble con sus acreedores después de haber dado la espantá con nocturnidad y alevosía. ¿Qué sentido tiene aprobar una nueva quita en la deuda griega y seguir extendiéndoles financiación en condiciones privilegiadas cuando ningún político griego quiere adoptar las medidas necesarias como para poder devolver esa nueva deuda en algún momento futuro? ¿Cómo seguir dándoles cuerda, a costa de los contribuyentes europeos, cuando todos –desde Nueva Democracia a Syriza, pasando por el Pasok– han acreditado mala fe, tacticismo, fraude generalizado y voluntad de seguir viviendo a expensas de los europeos?

No, Syriza acaba de suicidar a Grecia para poder seguir gastando aquello que no tienen (televisión pública griega o gasto militar desbocado incluidos): rotas las negociaciones, finiquitada la financiación extraordinaria del BCE, a corto plazo sólo queda el corralito. A medio plazo, la salida del euro y el regreso a la dracma para poder imprimir moneda a placer del político castuzo de turno: es decir, el robo indisimulado a su población depreciando el valor internacional de su patrimonio. El empecinamiento en mantener un Estado sobredimensionado ha terminado por arruinar a los ahorradores griegos de buena fe.

Las implicaciones para el conjunto de la Eurozona de este paso en falso griego todavía son inciertas. En principio, el que un país que incumple sistemáticamente las normas que hacen viable el euro abandone la divisa común debería reforzar la credibilidad de aquéllas: “O es un socio fiable, o mejor se marcha”. Pero, roto el tabú de que un país abandone el euro, la incertidumbre volverá a sobrevolar la Eurozona: si Syriza en seis meses ha impuesto un corralito en Grecia, ¿quién será el siguiente? ¿Acaso no puede reproducirse esto mismo en Italia con el Movimiento Cinco Estrella, en Francia con el Frente Nacional o en España con Podemos? Una vez las dudas se extiendan a los mercados sobre la continuidad del euro como divisa, el miedo puede regresar entre los inversores nacionales e internacionales, dando al traste con cualquier perspectiva de recuperación. Ese es el arma con el que siempre ha jugado Varoufakis: la Troika no iba a consentir la salida de Grecia del euro porque provocaría inmediatamente su ruptura por Italia, España y Francia.

Pero, más allá de las consecuencias a medio plazo para Grecia y para España, sí deberíamos aprender ciertas lecciones básicas del desastre griego. Primero, no podemos gastar indefinidamente aquello que no tenemos: la acumulación indefinida de deuda no es sostenible, ni siquiera falseando las deudas (tal como hizo Nueva Democracia en colaboración con Goldman Sachs). Segundo, una vez se ha sobredimensionado el Estado hasta límites insostenibles, no se puede huir hacia adelante confiando en que desde fuera nos van a rescatar (tal como hizo el Pasok). Tercero, la neocasta no es la respuesta a los problemas generados por la casta: reclamar más gasto, más impuestos y más endeudamiento sólo contribuye a terminar de hundir el país y los ahorros de los ciudadanos (tal como ha hecho Syriza). Y cuarto, no hay que rescatar a gobiernos extranjeros manirrotos: si los dirigentes políticos no quieren cuadrar sus cuentas, debemos dejarles quebrar con su orgullo patriótico intacto (lo que no hizo la Troika en 2010 ni en 2012).

Los políticos griegos nos han dado importantes lecciones de qué camino no debemos seguir, como en 2001 ya nos las dieron los argentinos. No terminemos de convertir a España en Grecia, por mucho que la casta de Nueva Democracia y el Pasok sea un calco de PP y de PSOE y por mucho que la neocasta de Syriza sea la hermana gemela de Podemos.