Unión Europea

‘Pax Trumpia’. De Joschka Fischer

Una guerra comercial transatlántica de represalias mutuas causaría perdedores en todos lados. La UE no tiene otra opción que negociar, aunque sea a regañadientes.

La canciller alemana, Angela Merkel, junto al presidente francés, Emmanuel Macron (i) y al presidente de EE UU, Donald Trump (d), durante el G20 de Hamburgo, el pasado julio. AFP

Joschka Fischer fue ministro de asuntos exteriores de Alemania y vicecanciller entre 1998 y 2005.

Joschka Fischer, 30 marzo 2018 / EL PAIS

El desprecio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por el sistema internacional, es real y se está reflejando en políticas concretas. Su decisión de imponer 50.000 millones en gravámenes punitivos a la importación de muchos bienes chinos podría afectar seriamente el comercio global; y si bien eximó, a último minuto, los productos de la Unión Europea, todavía puede que Europa acabe en la línea de fuego.

Está claro que el enfoque “América, primero” no dejará intactas las reglas sobre las que se sustenta el orden internacional. EE UU desarrolló el orden de posguerra y por décadas hizo predominar sus reglas. Pero ya no es el caso. Las medidas recientes de Trump no giran solamente en torno al comercio, sino al abandono de la Pax Americana misma.

Pocos países están más conectados al orden de posguerra que Alemania que, al igual que Japón, debe su resurgimiento económico, a partir de 1945, al nuevo sistema comercial internacional. La economía alemana depende fuertemente de las exportaciones, lo que significa que es muy vulnerable a las barreras comerciales y a los gravámenes punitivos que impongan sus socios más importantes.

Además, las políticas proteccionistas de Trump retan el modelo económico alemán tal como ha existido desde la década de los cincuenta. No es un mero detalle el hecho de que Trump haya señalado una y otra vez a Alemania, uno de los más cercanos aliados de EE UU en Europa. Si bien los optimistas dirán que los ladridos de Trump son peores que su mordida —que sus declaraciones sobre el comercio, al igual que las amenazas a Corea del Norte, forman simplemente parte de una estrategia de negociación—, los pesimistas pueden responder con una pregunta razonable: ¿Qué pasa si Trump realmente cree en lo que dice?

Alemania no debería hacerse ilusiones frente a una guerra comercial transatlántica. A pesar de pertenecer a la UE y al Mercado Único, sería uno de los mayores perdedores, debido a su dependencia comercial y al estado actual de las relaciones transatlánticas.

Seguramente que los Estados miembros de la UE que han acusado a Alemania de arrogancia podrían ver este resultado con algo de schadenfreude (complacencia malsana), pero un debilitamiento de la mayor economía de la UE tendría de inmediato efectos negativos sobre todo el bloque. El retiro del Reino Unido de la UE ya está causando disonancias políticas entre los Estados miembros, y los populistas antieuropeos acaban de ganar la mayoría parlamentaria en Italia.

“Una guerra comercial transatlántica de represalias
mutuas causaría perdedores en todos lados y abriría
un nuevo periodo de aislacionismo y proteccionismo”

Para empeorar las cosas, ni Alemania ni la Comisión Europea, que trata los problemas comerciales en representación de los Estados miembros de la UE, se encuentran en una posición de solidez para enfrentarse a Trump. La insensatez de las autoridades alemanas, que escogieron ignorar las críticas sobre el persistentemente alto superávit acumulado en el balance en cuenta corriente del país, ha quedado al descubierto. Si el último Gobierno alemán hubiera reducido este superávit —que el año pasado batió un nuevo récord— al impulsar la inversión interna, Alemania estaría en mejor posición para responder a las amenazas de Trump.

Al pensar en la posibilidad de una guerra comercial transatlántica, deberíamos recordar el dicho, que se suele atribuir al Mahatma Gandhi: “ojo por ojo, y acabaremos todos ciegos”. Una guerra comercial transatlántica de represalias mutuas causaría perdedores en todos lados y abriría un nuevo periodo de aislacionismo y proteccionismo. Si va demasiado lejos, incluso podría llevar a un colapso de la economía global y a la desintegración de Occidente. Por esta razón, la UE no tiene otra opción que negociar, aunque sea a regañadientes.

Una consecuencia previsible de la revolución comercial de Trump es que empujará a Europa hacia China, que ya está alcanzando a la UE a través de su Iniciativa Belt and Road de inversiones y proyectos de infraestructura a lo largo de Eurasia. A medida que en los próximos años aumenten las alternativas al transatlanticismo orientadas hacía Oriente, Europa se verá ante el difícil reto de encontrar el equilibrio justo entre Oriente y Occidente. Los europeos ahora tienen que preocuparse no solo por Rusia, sino también por la nueva superpotencia: China.

“Cualquiera podría creer que el principal objetivo
de política exterior de Trump es ayudar a los chinos
en su lucha por la influencia global”

Ni Estados Unidos, ni Europa, tienen interés en destruir o perturbar las relaciones comerciales transatlánticas. Los dirigentes chinos estarán probablemente celebrando en privado la promesa de la administración Trump de “volver a hacer grande a Estados Unidos”, porque hasta ahora no ha hecho más que socavar los intereses estadounidenses y anunciar la próxima grandeza de China. De hecho, pese a los gravámenes aduaneros que Trump quiere imponer a China —en respuesta a sus supuestas violaciones a la propiedad intelectual— cualquiera podría creer que el principal objetivo de política exterior de Trump es ayudar a los chinos en su lucha por la influencia global.

Una de las primeras medidas de Trump tras asumir el cargo fue retirar a Estados Unidos de la Asociación Transpacífico, un acuerdo comercial que habría creado un dique de contención contra China en la región Asia-Pacífico. Hoy China tiene la posibilidad de fijar las reglas del comercio en un área que cubre cerca del 60% de la economía planetaria. De la misma manera, lo más probable es que los gravámenes a la importación de acero y aluminio ayuden a China y afecten negativamente a los aliados europeos de EE UU. No se puede culpar a los chinos por tratar de capitalizar esta oportunidad caída del cielo.

En los próximos meses, la debilidad fundamental de Europa se hará cada vez más evidente. La prosperidad europea depende de la voluntad de EE UU de dar garantías de seguridad y guiar el orden internacional liberal. Sin EE UU, encerrado en un nacionalismo atávico, los europeos se han quedado solos. Cabe esperar que sean capaces de actuar con rapidez para preservar su unidad y salvar el sistema internacional que, desde décadas, les ha proporcionado paz y prosperidad.

Joschka Fischer fue ministro de Relaciones Exteriores y vicecanciller de Alemania entre 1998 y 2005 y líder del Partido Verde alemán durante casi 20 años.
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

La reconstrucción. De Beatriz Becerra

Es necesario que en Cataluña haya respeto a las leyes, que todos tengan voz y que se materialice el valor para defender ideas que han sido estigmatizadas. No debe volver a suceder que desde fuera de la ley se imponga un modelo a todos.

Beatriz Becerra

Beatriz Becerra, escritora y eurodiputada liberal española.

Beatriz Becerra, 2 octubre 2017 / EL PAIS

La mayoría de nosotros estamos viviendo la situación de Cataluña como una pesadilla de la que queremos despertar. Tras el referéndum ilegal y fraudulento del 1 de octubre, se avecina una declaración de independencia. Confío en la acción del Estado y en la fortaleza de la democracia española. La pesadilla terminará algún día y sus responsables rendirán cuentas. Entonces podremos ponernos en marcha con la reconstrucción.

Hay muchas propuestas y buenos deseos. Se invoca el federalismo, se proponen reformas constitucionales, se proyectan leyes de claridad a la canadiense. Todo esto me parece un poco ingenuo y precipitado. Para empezar, no sabemos ni cuál será el panorama político. Cuando el golpe fracase y se apliquen las medidas penales a los responsables, el equilibrio de partidos cambiará en Cataluña. Pueden ocurrir tantas cosas que no vale la pena ni enumerarlas: tardamos menos en esperar y ver.

el paisCasi todas las propuestas que se plantean para el 2 de octubre tienen un grave problema: ignoran el ambiente que ha hecho posible la situación que ahora vivimos. A día de hoy, en Cataluña, la verdad y la mentira se confunden como en el Reino Unido previo al referéndum del Brexit o como en Estados Unidos antes de la victoria de Donald Trump. Igual que en estos dos países, la xenofobia se pasea orgullosa por el espacio público, con menos oposición aquí que en los países anglosajones. La democracia ha dejado de ser un régimen de convivencia de los diferentes: ahora sirve para justificar que unos pocos se apropien de los derechos de todos ignorando por completo las leyes. Todo esto se ha acelerado en relativamente poco tiempo, pero no ha salido de la nada.

El realismo es esencial en política. Tengo mis ideas sobre el nacionalismo y sobre la organización territorial del Estado, las defiendo y las defenderé, pero no tengo problema en aceptar algo de frustración: en una sociedad plural hay que saber renunciar a parte de tus principios por el bien de la convivencia. ¿Cómo no voy a creer en el diálogo si soy eurodiputada? En Bruselas se habla con todos y acerca de todo. Lo que ocurre es que Cataluña no es Bruselas. Algunas ideas y posiciones han sido marginadas, estigmatizadas y hasta perseguidas. No han desaparecido, pero han quedado silenciadas, recluidas, mientras otras, las de los nacionalistas, se enseñorean.

“Antes o después habrá que empezar a construir
un espacio común que refleje el pluralismo”

Antes o después habrá que empezar a construir un espacio común en Cataluña que refleje el pluralismo de la sociedad, que visibilice todas las ideas, todas las posiciones, que permita a los ciudadanos escuchar los argumentos de todos, y no sólo los de los mismos de siempre. Un espacio así no evitaría que se dijeran mentiras, pero sí haría más difícil que prosperaran. En un espacio así, la negociación y el diálogo serían justos y equilibrados. De hecho, cuando no se dan estas condiciones no hay negociación: hay chantaje.

1505999970_254359_1507309486_noticia_normal_recorte1En Cataluña se ha dicho que un referéndum que excluye a la inmensa mayoría de los españoles es democrático. En Cataluña siguen siendo públicos los estatutos de la Asociación de Municipios por la Independencia, un repugnante texto supremacista. En Cataluña se ha dicho que tras la independencia unilateral, la UE la recibirá con los brazos abiertos. Y el problema no es que se diga, sino que la respuesta apenas se escuche, que se normalice la xenofobia, que la verdad no se diferencie de la mentira.

Por eso me parece positiva la publicación de manifiestos y posicionamientos de intelectuales de izquierdas contra el referéndum. La izquierda ha olvidado durante demasiado tiempo la importancia de ese espacio común y, convencida de que lo progresista es subirse al carro identitario, parecía más preocupada por obtener el sello de catalanidad que otorgan los nacionalistas que por defender la igualdad de todos los ciudadanos. Lástima que hayamos tenido que llegar hasta aquí para que algunos espabilen, pero, sea como sea, veo una oportunidad para que el constitucionalismo recupere su espacio en Cataluña.

La reconstrucción no es cosa sólo de los partidos políticos. Medios de comunicación, agentes sociales, asociaciones de todo tipo… toda la sociedad catalana debe reflexionar sobre lo ocurrido y contribuir en la tarea. Y no sólo la catalana: es hora de revisar nuestra relación con el nacionalismo, que es tanto como decir los valores de nuestra democracia. El imperio de la ley no es un fetiche, sino la única garantía de la libertad y de la igualdad: fuera de él sólo hay tiranía. ¿Cómo es posible que al explicar esto te puedan llamar fascista? Creo que se debe, en parte, a cierta dejadez; y, en parte, a que se ha silenciado, al menos en Cataluña, al que lo ha sostenido.

El espacio público del que hablo es el lugar en el que se produce el debate de ideas. Está hecho pedazos, y a la hora de recomponerlo será imprescindible asegurarnos de que no es posible manipular a los medios de comunicación como han hecho los nacionalistas hasta la fecha. Harán falta voluntad política y recursos para evitar el monopolio informativo del que han dispuesto. También será necesario cierto examen de conciencia: qué papel ha tenido cada uno en la exclusión de ciertas ideas o incluso en resultar simpático a los señoritos de la finca.

Respeto a las leyes, voz para todos y valor para defender ideas que han sido estigmatizadas: esto es para mí la reconstrucción. Sentadas estas bases, podremos hablar de competencias, de reformas, de acuerdos. Insisto, yo tengo mis posiciones y no creo que todas valgan lo mismo, pero todos tendremos que estar dispuestos a ceder en algo. Lo que no puede volver a ocurrir es que unos gobernantes y partidos fuera de la ley traten de imponerse al conjunto de los catalanes y de los españoles. Es decir, que se pretenda que algunos cedamos en todo y otros en nada.

 

Beatriz Becerra: “La ideología del ‘procés’ es el supremacismo”

15073302986429

Eurodiputada sin partido tras abandonar UPyD y vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, es una de las personas que más ha peleado para que la UE condene el independentismo catalán.

Darío Prieto, 7 octubre 2017 / EL MUNDO

¿Cómo definiría su trabajo en la UE sobre el procés?
El proceso secesionista en Cataluña por fin se ha convertido en un tema central, algo que llevo mucho tiempo reclamando. Porque es algo que afecta de manera el mundodirecta a los fundamentos de la Unión Europea. Somos una comunidad de valores y lo que tenemos, dándoles forma y seguridad a todos es un marco legal. Y el procés ataca a ambas cosas. Lo que está debajo, detrás y por encima del proceso secesionista es una ideología supremacista, excluyente, rupturista. He denunciado en estas últimas semanas el adoctrinamiento en los colegios, el señalamiento de cargos públicos, el insulto y el discurso del odio. Los derechos de los ciudadanos están por encima de cualquier intención de una parte de ellos de apropiarse de las instituciones.

Puigdemont habla de “un solo pueblo”.
Los pueblos no existen. Lo que existen son los ciudadanos. La apropiación indebida de ese concepto, esa sinécdoque trágica de la parte por el todo, es inadmisible. Y no es nada nuevo: la apelación al supremacismo, a la bondad de algunos respecto al resto, está en el origen de todos los totalitarismos. Otra mentira, la esencial originaria, es la del supuesto derecho de autodeterminación. Pero el derecho a decidir es una falacia.

¿Tiene que haber mediación internacional, como algunos piden?
Es un disfraz y un intento de ganar tiempo. La UE, como tal, podría tener algún tipo de papel mediador cuando hubiera un conflicto entre estados miembros. Esta llamada a la mediación es una muestra más de la volatilidad de los principios de los separatistas golpistas, que utilizan en cada momento lo que les puede convenir para sus intereses, que tienen que ver con la búsqueda de impunidad para los delitos que han cometido.

¿Cómo cree que obró el Gobierno el 1-O?
La asunción por parte del gobierno de que los Mossos iban a acatar las órdenes judiciales fue de una ingenuidad difícilmente justificable. Y mandar de manera tardía, con las personas reunidas en los supuestos colegios electorales fue un error. Se dio la oportunidad de que ocurriera algo que nunca debía haber ocurrida.

¿Cómo valora la actitud de Mariano Rajoy?
Su posición hasta ahora, de dejar que las cosas se desarrollen y el caldo se haga, no es aceptable en este momento.
¿Y el PSOE?
Está demostrando una capacidad máxima de equidistancia y trilerismo. Ese pretender jugar a dos bandas, sin perder de vista oportunidades electorales y a la vez, justificar un supuesto sentido de Estado, no está a la altura de lo que es el PSOE.
¿Podemos?
El afán de protagonismo de Pablo Iglesias y su voluntad destructiva de todo lo que hemos conseguido en España es evidente. Su objetivo es arrasar y establecer una versión totalitaria e involucionista de lo que debe ser un país democrático. Es aliado de cualquiera que sirva para sus fines: el independentismo, los representantes del terrorismo de ETA… No tiene escrúpulos ni prejuicios.

¿CUP?
Lo más rancio de la kale borroka del País Vasco está ahí. Y se da una disonancia entre lo que proclaman, con las formas antisistema con que pretenden dotarse, y un carácter acomodado y pijo completamente incoherente. Es muy nocivo para lo sociedad que quien vive en la incoherencia y en la destrucción pueda tener capacidad de acción.

¿Nada que criticar al discurso del Rey?
El rey no es un mediador, ni apaciguador, ni gestor de emociones. Todos los españoles y catalanes tienen que tener la seguridad y la tranquilidad de que van a estar protegidos y acompañados. Y que sus derechos van a estar preservados.

Después del 155, ¿qué?
Ahora mismo el Govern está en manos de delincuentes. Sí que tiene que haber una negociación con interlocutores elegidos de nuevo. El diálogo es otro instrumento, pero, en sí mismo, no lleva a ningún sitio. Lo que debe haber es una negociación con objetivos, líneas rojas y voluntad de acuerdo y cesión. Si no, hablamos de un chantaje.
¿Y qué pasa con los dos millones que quieren la independencia?
Hay un número muy grande de ciudadanos de Cataluña que han asumido como propios los principios del independentismo. Y lo apoyan de una manera completamente acrítica, viéndolo como un destino fatal. Pero no estoy de acuerdo con esa idea de fatalidad.

¿Van perdiendo el miedo los catalanes contrarios a la independencia?
No es cierto que la voluntad de la mayoría de los catalanes sea la independencia. Lo que hay es un gran volumen de la población que está secuestrado, arrinconado, porque si no estás en el ámbito de los verdaderos catalanes, no puedes vivir. Es nuestra responsabilidad liberar a los rehenes, porque les hemos dejado solos.

La última pregunta: ¿Se siente sola peleando en medio de todo este jaleo?
Cuando te eligen para algo tienes que ser útil e intentar buscar soluciones. Sobre todo en un lugar como el Parlamento Europeo, que es el lugar donde hay que estar. El hecho de ser una diputada independiente, sin partido ni perrito que me ladre, hace que sea también muy libre.

Ocho terrenos para un despertar europeo. De Jacques Delors, Jacques Santer, Romano Prodi y Etienne Davignon

Medidas muy concretas pueden servir para relanzar el proyecto que echó a andar hace 60 años.

Jacques Delor

Jacques Delors, Jacques Santer, Romano Prodi y Etienne Davignon, 26 marzo 2017 / EL PAIS

El debate europeo está lleno de confusión, dudas, miedos y desencanto. Sin embargo, nosotros nos rebelamos. No es verdad que los derrotistas sean inteligentes y los voluntaristas, unos ilusos. La historia de Europa está llena de guerras salvajes; por eso, hace 70 años, los europeos decidieron cambiar su rumbo. Los europeos son una parte cada vez menor de la población mundial, pero nos negamos a aceptar que nuestro destino es convertirnos en un ente marginal. Ante la globalización y la velocidad del cambio, nuestros ciudadanos quieren que nuestro modelo de sociedad esté protegido.

Jacques Santer

La UE garantiza la calidad de los alimentos y del agua, abarata los costes del teléfono, internet, el transporte y la energía y certifica la calidad de los nuevos fármacos. Nuestra carta de derechos fundamentales garantiza las libertades individuales. No olvidemos que, en 1957, solo 12 de los miembros actuales de la UE eran democracias. El modelo social europeo es el único del mundo que ofrece a todos educación, sanidad, rentas mínimas, pensiones, vacaciones anuales e igualdad entre hombres y mujeres. Por supuesto, es un modelo imperfecto. Siguen existiendo demasiadas desigualdades.

Jean-Claude Juncker ha presentado a los Estados miembros y el Parlamento Europeo cinco perspectivas de futuro. Los Estados miembros deben estudiarlas, y entonces podrá comenzar el verdadero debate sobre la Unión. Antes de enumerar nuestras propuestas, debemos desmentir dos cosas: Algunos Estados miembros dicen que no se puede hacer nada sin modificar el Tratado. No. Todas nuestras propuestas son compatibles con el Tratado de Lisboa. Lo único necesario es la voluntad de actuar. Tampoco es cierto que la Unión de varias velocidades sea incompatible con el propio concepto del proyecto europeo.

Romano Prodi

En estos 60 años, los Estados miembros han tenido siempre distintas obligaciones. El tratado original ya lo preveía. De modo que no inventamos nada nuevo, ni cuestionamos los principios fundamentales, solo queremos organizar esas diferencias, que serán permanentes o provisionales según lo que decidan los Estados miembros.

Con dificultades, hemos logrado evitar que la crisis financiera originada en Estados Unidos destruyera nuestra unión monetaria, pero hay que corregir su fragilidad estructural. El BCE ha asumido plenamente su papel, pero el Consejo de Ministros ha tenido que recurrir en ocasiones a procedimientos intergubernamentales. El Consejo debe tener plenas competencias en la unión monetaria. Y el Parlamento Europeo debe poder opinar sobre sus deliberaciones. La gestión de la unión monetaria implica unas responsabilidades y unos beneficios que no afectan a quienes no pertenecen a ella. La eurozona permanecerá abierta a los países que quieran y puedan integrarse en ella, porque uno de los grandes méritos de la construcción europea es no imponer límites a ningún Estado miembro, pero tampoco se puede impedir que otros avancen más.

Etienne Davignon

Hay que salvaguardar el mercado único, que da fuerza a la UE en todo tipo de negociaciones. La amenaza terrorista solo puede combatirse mediante una estrategia con cuatro pilares: Asegurar una cooperación policial y judicial ejemplar y controlar las fronteras exteriores. Emplear los medios necesarios para garantizar la libre circulación de personas en el espacio Schengen y combatir contra los traficantes de personas. Exigir a los que deseen vivir en la Unión el respeto a nuestros valores esenciales y a los Estados miembros el respeto a nuestra carta de derechos fundamentales. Seguir desarrollando la ayuda al desarrollo para que los países en guerra puedan superar las consecuencias económicas de los conflictos.

Hay que distinguir entre los que huyen de las guerras y quienes desean trabajar en la UE. No puede cuestionarse la solidaridad. Y debemos trabajar para sustituir la inmigración ilegal por una legal y organizada.

La independencia exige capacidad militar y, aunque o sea necesario un nuevo tratado, debemos dar los primeros pasos concretos.

El desencanto europeo ha coincidido con la caída del crecimiento. Hay que reanimar las inversiones y dar un trato especial, en los presupuestos públicos, a todo lo que contribuya al crecimiento.

El reconocimiento mutuo de los títulos y el programa Erasmus han contribuido a que, para las generaciones jóvenes, Europa sea una plataforma única. Hay que extenderlo a la formación técnica y las prácticas laborales.

La protección del medio ambiente, la transición energética y el desarrollo sostenible constituyen el gran desafío de nuestro siglo. ¿Alguien piensa que es posible avanzar de verdad fuera de la Unión?

La innovación es lo único capaz de hacer que nuestras empresas sean productivas y creadoras de empleo en una economía globalizada. La inquietud actual de los medios científicos británicos demuestra el valor añadido de pertenecer a la UE.

La conclusión es sencilla. Sin Europa, el futuro es sombrío. Nuestros dirigentes no deben olvidarlo, porque están construyendo lo que mañana será nuestra historia. No debemos ser solo gestores del presente, sino tener una perspectiva, una estrategia y unos objetivos. Debemos estar orgullosos de lo que conseguido, saber corregir nuestros errores y tener la solidaridad indispensable para construir un futuro común.

Jacques Delors, Jacques Santer y Romano Prodi son expresidentes de la Comisión Europea. Étienne Davignon es exvicepresidente de la Comisión Europea

Firman también este artículo Edmond Alphandery, Joachim Bitteerlich Brinkhorst, Phillippe Busquin, Willy Claes, Henri de Castries, Jaap de Hoop Scheffer,Mark Eyskens, Elisabeth Guigou, Pascal Lamy, Yves Leterme, Thomas Leysen, Louis Michel, Philippe Maystadt, Gerard Mestrallet, Joelle Milquet, Mario Monti, Annemie Neyts, Onno Ruding, Javier Solana, Antoinette Spaak Touskalis, Herman Van Rompuy, Antonio Vitorino, Enrique Baron, John Bruton, Gerhard Cromme, Franco Frattini, Wolfgang Ischinger, Stefano Micossi, Riccardo Perrischi y Andris Piebalgs.

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

Columna transversal: Trump no gana en Europa. De Paolo Luers

Trump no es el inicio de una ola de populismo y autoritarismo en los países industrializados. Es más bien el inicio del fin.

Paolo Luers, 24 marzo 2017 / EDH

Observando el accidentado arranque de su gobierno, un arranque sin luna de miel, con menos apoyo popular de todos los presidentes de la reciente historia, en Europa los movimientos de derecha populista y nacionalista se despertaron muy rápido de sus festejos de una supuesta “nueva era nacionalista”.

En Austria, el candidato de la ultraderecha para la presidencia perdió contra un ecologista convencido de la integración europea. En Holanda, un envalentonado imitador de Trump (de su peinado hasta sus consignas anti-inmigrantes) Geert Wilders se propuso convertir las elecciones parlamentarias en un referéndum contra la integración europea y contra las políticas de integración de inmigrantes y refugiados. Lo logró, pero lo perdió. La similitud entre Trump y Wilders produjo lo contrario: una clara mayoría en pro del futuro del país dentro de la Unión Europea y en defensa de la larga tradición holandesa de liberalismo, tolerancia y sociedad abierta.

En Francia, la incapacidad de los dos partidos tradicionales –los socialistas y los conservadores- de enfrentar el auge del populismo, parecía llevar a una situación muy favorable para el movimiento ultranacionalista de Le Pen, la gran amiga de Donald Trump y Putin. Los socialistas gobernantes, ante el fracaso de su presidente François Hollande, se refugiaron en una trinchera de izquierda ortodoxa, condenándose ellos mismos a la marginación política. Los conservadores practicaron el deporte de destruir a todos sus potenciales candidatos y terminaron con el peor, un hombre que no tiene tiempo de hacer campaña electoral porque está ocupado defendiéndose de acusaciones de corrupción y nepotismo. Todo esto y de postre el triunfo de Trump parecía una mesa servida para los ultranacionalistas. Pero de repente surge algo insólito para Francia: un movimiento centrista, y postula a un candidato joven, liberal y defensor de la integración europea y del libre comercio: Emmanuel Macron. En pocas semanas desplaza a los candidatos de los socialistas y conservadores y comienza a enfrentarse a Le Pen y sus consignas racistas, aislacionistas y anti-europeas. Es él que va a alcanzar la segunda ronda, y será él que va a derrotar a Le Pen.

La idea de Europa, el concepto de una integración económica y política que supera los nacionalismos, de repente resulta nuevamente viva y atractiva. Y también la idea de una sociedad abierta, respetuosa de las diferencias religiosas, raciales, y culturales.

En esta situación pasa algo inesperado en Alemania. En los últimos años, el sistema político había sufrido un cierto desgaste. Había estabilidad política y económica, garantizada por la gran coalición entre los dos partidos mayoritarios, la Democracia Cristiana y la Socialdemocracia, y por el liderazgo de Angela Merkel. Pero la prolongada existencia de la gran coalición cobraba un precio: una falta de debate político, de polarización, y también de oposición. En este desgaste, y aprovechando las angustias creadas por la entrada a Alemania de más de un millón de refugiados, principalmente de Medio Oriente, nació una nueva derecha que se enfrentó a dos consensos básicos de la gran colación: la aceptación de los refugiados y la integración europea. Nació de nuevo el monstruo del nacionalismo alemán, cobrando fuerza en varias elecciones regionales. Y la gran coalición, con su lógica de concertación y pactos permanentes entre las élites políticas, no sabía como responder a este reto. Hasta que el Partido Socialdemócrata, el socio minoritario en la gran coalición, rompe el equilibrio, renueva su dirigencia, y da inicio a algo que Alemania ya tenía tiempo de no ver: un debate y una competencia fuerte entre los dos partidos grandes. Pero con una característica: Ambos protagonistas: la democratacristiana Angela Merkel y el socialdemócrata Martin Schulz, ambos son fervientes defensores de la integración europea y de una Alemania inclusiva y plural. El debate es sobre cómo y sobre prioridades, y es fuerte y sustancial, pero el consenso básico queda intacto.

A un mes del lanzamiento de Martin Schulz, las encuestas lo ven a la par de Angela Merkel, con tendencia creciente. Y la Alternativa para Alemania, el movimiento populista-nacionalista, comienza a descender y deja de ser un peligro para Europa.

Resultado de todo esto: las democracias se han fortalecido y dinamizado en Francia, Holanda y Alemania, tres países clave para la unidad europea – y con consensos renovados sobre el camino de la integración europea y contra cualquier nacionalismo y aislacionismo. Estos consensos renovados y esta nueva dinámica política va a extenderse en el resto de Europa, incluso en los países donde el populismo y el nacionalismo ya han ganado terreno, como Polonia y Hungría. Haga lo que haga Trump, no va a lograr hacer retroceder en el resto del mundo la tendencia en pro de la integración y de la apertura comercial y política.

Duras lecciones británicas. De Federico Hernández Aguilar

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 13 julio 2016 / EDH

Europa está dejando de ser lo que era. Y bien rápido. Gran Bretaña se acaba de pegar un tiro en la ingle y los discursos nacionalistas que fragmentan al viejo continente parecen estar recibiendo el espaldarazo de ciudadanos fastidiados con el status quo. La sensatez, otrora patrimonio de la comunidad europea, en estos días es virtud ejercitada por minorías. El separatismo y el “ombliguismo” campean por doquier; la fraternidad se bate en retirada. Bajo el alud sentimental del neopopulismo cismático, ningún llamado a la unidad prende en las conciencias como antes.

diario hoyPero, ¿por qué los europeos se muestran ahora tan atraídos por las vetustas narrativas xenófobas? ¿En qué momento se olvidaron los británicos de aquella cordura histórica que les llevó a conformar, a la mitad del siglo XX, una sociedad de naciones destinada a enterrar para siempre las desconfianzas y las paranoias? El fenómeno es multicausal y genera muy diversas tesis, pero sin duda pueden identificarse algunos factores que acabaron siendo determinantes para el triunfo del llamado “Brexit”.

En primer lugar, el generalizado rechazo (por hoy electoralmente expresado solo en Reino Unido) a las formas tradicionales de la política institucional, encarnada en la insufrible burocracia instalada en Bruselas. Así como Donald Trump en Estados Unidos, el empresario que se puso a la cabeza del movimiento autonómico británico, Nigel Farage, resumió sus ideas en un grito: “¡Quiero recuperar mi país!”. Y dentro esa retórica patriotera, recuperación equivalía a la derrota del “establishment” político, del que Farage alegaba no sentirse parte.

A este discurso independentista de raigambre decimonónica debemos agregar sus numerosas falacias. El liderazgo populista del “Brexit” llegó a afirmar, por ejemplo, que el divorcio de la Unión Europea le iba a suponer al Servicio Nacional de Salud británico una inyección de 350 millones de libras esterlinas semanales, producto del ahorro que supondría dejar de atender a tantos extranjeros. Tamaño embuste se desvirtuaba solo, pero muchos votantes se lo tragaron enterito. Por supuesto, al obtener la victoria en el referendo, Nigel Farage fue de los primeros en reconocer que con aquella promesa se había “cometido un error” (sic).

El engaño a tantos ciudadanos también se vio facilitado por el agudo sentimiento de exclusión que por años ha permeado en las zonas rurales del Reino Unido. Fue allí donde la oralidad del “Brexit” obtuvo sus mayores triunfos, en contraste con el asombro que causaba la prédica de Farage o del otro visible impulsor del autogobierno, Boris Johnson, entre los jóvenes y los profesionales londinenses. Sin embargo, analizando estadísticas, quizá ni la totalidad del voto juvenil urbano habría podido impedir que Gran Bretaña saliera de la Unión Europea, y eso se debe a la implosión demográfica que sufren muchos países del viejo continente.

Las cifras del recambio generacional inglés se encuentran en rojo desde hace décadas, y los números del pasado 23 de junio reflejan este drama. Así, aunque más del 70% de los votantes entre 18 y 24 años decidieron permanecer en la UE, más del 80% de los británicos entre 55 y 64 años apoyaron el “Brexit”, uniéndose al 85% de los ciudadanos mayores de 65. Los jóvenes en edad para votar y menores de 25 conforman un raquítico 10% de la población del Reino Unido, mientras que el 18% arribó ya a los 65 años. Varias décadas de ataques a la familia han tenido por fin su costo: los “millennials” son hoy una minoría, y su incidencia electoral es tan episódica como su deseo de casarse y tener hijos.

La falta de liderazgo del conservadurismo pro-europeo tampoco ayudó a corregir el camino hacia el referéndum, un proceso que solo sirvió para que los aislacionistas redujeran la compleja realidad continental a uno o dos simplismos retóricos. Como alguna vez dijera Winston Churchill, “el problema de cometer un suicidio político es que uno llega a vivir para lamentarlo”. Y serán las nuevas generaciones británicas las que tendrán más tiempo para afinar ese lamento.

The Guardian view on Brexit and our partners: a letter to Europe. Editorial

 Protesters in Parliament Square during a demonstration against Britain’s decision to leave the EU on Saturday. ‘Please, bid goodbye in sorrow, not anger; and for all our sakes, do not bolt the door.’ Photograph: Neil Hall/Reuters

Protesters in Parliament Square during a demonstration against Britain’s decision to leave the EU on Saturday. ‘Please, bid goodbye in sorrow, not anger; and for all our sakes, do not bolt the door.’ Photograph: Neil Hall/Reuters

guardianEDITORIAL, 3 julio 2016 / THE GUARDIAN

The shockwave from the Brexit vote now reverberates through Europe. The dismay felt by so many in the UK is shared on the continent. Some of you reached out to us before the referendum, asking us to stay and stressing our common interests. Now it is our turn to appeal to you. Rebuffed by the result, and alienated by the crude triumphalism of Nigel Farage and other leavers, you may consider any request an impertinence. Your citizens have been among those targeted by the xenophobia unleashed. Continental Europeans may feel we do not deserve an audience.

Almost half of those who voted sought to continue our membership. The Guardian was one of the most determined voices on this side of the divide. But we, like the rest of the 48%, must now respect the verdict that we dreaded. You assumed that British pragmatism would triumph. We share your shock and anxiety. Tempted as you are, don’t write us off entirely. Many Britons seek the closest possible partnership with the European Union, and it is more urgent than ever to continue cooperation through every viable means.

Some of you are angry. Britain was already seen as an unwilling partner, dragging our feet and demanding endless concessions. Many more now see us as a wrecker, too: gambling with a fragile European economy; imperilling an institution created to safeguard peace. Others feel pity or contempt for a nation that backed Brexit on a series of fantasies and lies, already retracted, or schadenfreude as the cost of the folly becomes evident. You may wish to punish us, or simply tell us: good riddance. Britain should not expect special treatment. Nonetheless, at this precarious moment, we ask you to pause – in all our interests.

Above all, we need time. Britain voted against membership; we did not vote for an alternative. The public has not fully confronted the choice it faces between turning its back on the single market, or accepting continued EU migration in whatever form. For sure, make it clear to Brexiters that they cannot have the rights that come with the EU without the obligations. Spelling out Britain’s choices may help us to be more realistic. The country has decided against continuing down the same path, but our new route and eventual destination are unclear. There is a great deal to think through, and further decisions to make. They could involve parliament, perhaps even a general election. You hope for certainty and stability, but pressing too hard for the invocation of article 50 could force us to rush into choices that you may also regret. While Britain chooses a captain for turbulent waters, you will be preoccupied with your own decisions, cast into starker relief by the referendum vote. The UK no longer has the right to express any preference as you determine “how much” and what kind of Europe you want.

Seeking to punish us to prevent further exits is an understandable urge. The right policy will be that which prevents Britain’s exit becoming a ruinous catalyst. Across Europe, there is disengagement from mainstream politics, anger towards the elite and a hunt for foreign scapegoats, and in many places these have coalesced into anti-EU sentiment. We shared your alarm as Marine Le Pen’s Front National and other far right parties celebrated the British decision.

Large numbers of people feel ignored and ill-used, with little sense that they are benefiting from integration. In the UK, lies about straight bananas and exaggerations about the EU’s opacity fuelled feeling against the institution, compounding a sense that the political classes are out of touch with ordinary life and have often put profits before people.

The UK must establish new bonds at home without turning its gaze entirely inwards. Let us continue to work with you wherever we can. We don’t expect to take the lead or make the rules; we can still offer expertise, resources and intelligence in areas such as security. Cooperation between our citizens – cultural collaborations, academic exchanges – in the long run does most to bring Europe closer, and will be more crucial than ever. Remember that younger Britons who voted were overwhelmingly pro-European, and help us to nurture that spirit and the opportunities it may one day present.

Britain, once outside the EU, cannot and should not expect a swift return. It would be politically dangerous at home; it would require generosity on your part. But those facing Brexit with reluctance hope that one day we may rejoin the club. Please, bid goodbye in sorrow, not anger; and for all our sakes, do not bolt the door.

 

Brexit: ¿qué va a pasar? De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 21 junio 2016 / EDH-Observadores

El 23 de junio tendrá lugar un referéndum muy importante en el Reino Unido que decidirá si el país va a continuar en la Unión Europea o va a salirse de ella. Al momento de escribir este artículo, el 20 de junio, la encuesta de encuestas del Financial Times da un empate de 44 a 44 por ciento a favor y en contra de salirse.

Muchos actores y observadores, incluyendo el Primer Ministro británico, los otros países europeos, Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional, el Financial Times, The Economist y el propio Banco de Inglaterra, han advertido a los votantes británicos que si aprueban la salida tendrán costos económicos altísimos en el corto y en el largo plazo. Hay muchos observadores que creen que la salida de Gran Bretaña sería no sólo la caída de ese país, sino la de la Unión Europea. ¿Qué tan cierto es esto?

¿De dónde viene la idea de separarse?

observadorLa idea de separarse no está basada en razonamientos económicos, sino en términos de identidad nacional, ligados al deseo de mantener un estilo de vida que ha sido bastante diferente al de los europeos continentales por muchos siglos. No son diferencias insustanciales. Incluyen una visión fundamentalmente diferente en términos de los derechos individuales y la relación del individuo con el Estado; del pedazo del mundo que los ciudadanos consideran su ámbito natural; de los países que consideran hermanos y de su relación con la tierra y con el mar. Incluyen también las políticas de inmigración.

El derecho

Los británicos tienen una tradición larguísima de libertades y derechos individuales, documentada desde hace 800 años con la Carta Magna de 1215 pero en realidad más vieja, ya que la Carta misma dice que los derechos que allí se consignan ya se habían respetado por generaciones aunque no estuvieran escritos. Desde hace varios siglos, antes de que existiera la democracia, la protección de esos derechos era considerada una de las tareas cruciales de los monarcas y estaba incluida en los juramentos que ellos hacían en sus coronaciones. Eso hizo de Inglaterra el país más libre y liberal del mundo (junto con Suiza y los Países Bajos), y la creatividad que eso generó fue la razón primordial por la que fue en Inglaterra que surgió la Revolución Industrial. Inglaterra se convirtió en el país más poderoso de la tierra porque fue la primera nación que se industrializó a raíz de esas libertades, y fue por más de ochenta años (hasta el último cuarto del Siglo XIX) la única nación industrializada de la tierra.

La impresión general en Gran Bretaña es que este liberalismo está siendo asfixiado por la burocracia de la Unión Europea. La diferencia de opiniones no está en la existencia de esta amenaza burocrática, sino en que algunos piensan que esto se puede evitar adentro de la Unión y otros piensan que sólo se puede evitar saliéndose de ella.

Las migraciones

Gran Bretaña es altamente liberal en términos de inmigraciones, no solo en las leyes migratorias, sino también en la asimilación de las culturas de los que han inmigrado. Para muestra, Londres ha electo a un alcalde musulmán en medio de la gran reacción contra el islamismo en muchos países occidentales. Hay muchos musulmanes en el Parlamento Británico. Pero el país quiere mantener su propia política migratoria, y evitar que una decisión alemana, o griega, lo llene de emigrantes, especialmente porque las leyes de seguridad social en Inglaterra son particularmente generosas.

La visión mundial

Gran Bretaña es y ha sido por muchos siglos una potencia global, marítima, ligada con nexos políticos y económicos muy cercanos con sociedades situadas a miles de kilómetros de distancia (como Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y varios países asiáticos y africanos), y eso ha formado una identidad nacional muy diferente a la de los países continentales, que son apegados a la tierra (no al mar) y tienen sus nexos más cercanos con sus vecinos geográficos. Esto le da a Gran Bretaña una diversidad que no existe en otros países europeos, y la inclina más hacia el liberalismo porque tiene que mantener relaciones con personas muy diferentes entre sí.

¿Cuáles serían los efectos económicos?

Los pronósticos de un desastre inmediato en Gran Bretaña se basan en la idea que si ésta se sale de la Unión Europea quedará excluida del mercado común europeo que querrá, como muchos han dicho, tratar con mucha dureza a una Gran Bretaña disidente para que no se convierta en un ejemplo positivo para otros que se quieran salir. Este razonamiento, si embargo, contiene una falacia de composición, ya que asume que en sus tratos con Gran Bretaña la prioridad más alta de Europa será castigar a los británicos. Esta puede ser la actitud de los burócratas de Bruselas, que sin duda estarían furiosos porque la salida del Reino Unido eliminaría la contribución de ese país al mantenimiento de esa burocracia. Siendo de 13 mil millones de libras esterlinas al año, esta contribución es muy sustancial. El IVA cobrado en Gran Bretaña representa el 18 por ciento de todo el IVA cobrado en la Unión Europea. Los burócratas tendrían mucha rabia por perder esto y querrían sacársela poniéndole altos impuestos de importación a cualquier cosa producida en Gran Bretaña.

Pero esta no puede ser la misma actitud del resto de la población europea porque la economía británica está ya demasiado integrada en la economía del resto de Europa, y cualquier tajo dado a la producción británica causará sangramientos en el continente. Hay empresas británicas que son propiedad parcial o total de empresas continentales, y viceversa, y los productos de unas son los insumos de las otras, y viceversa, o son los complementos naturales. Ciertamente que si le ponen altos impuestos de importación a Gran Bretaña, esta también impondría altos aranceles a las importaciones del continente. Tanto los unos como los otros harían daños muy grandes a las dos partes. No hay caso más claro para ver los efectos beneficiosos del comercio libre.

Veamos por ejemplo el caso de la BMW, que es la dueña de la empresa británica que produce los carros Mini Cooper y de la marca Rolls Royce de automóviles, o el caso de la Volkswagen, que es la dueña de la empresa británica que produce los Bentleys, y que ha suplido motores para tanto Rolls Royces como Bentleys. Algunos de los motores de estos carros son producidos en Alemania y otros en Inglaterra, y partes de unos y partes de otros son producidos en esos y otros países europeos. Si la Unión Europea le pone impuestos de importación a los bienes británicos o si los británicos se los ponen a los continentales esas cadenas de producción se romperían, con daños muy graves a sus empresas. Los aranceles continentales dañarían a los continentales y los británicos a los británicos. Sería como pegarse un tiro en el pie.

Ejemplos como estos se extienden por toda la economía europea y británica, en empresas enormes y pequeñas, con piezas producidas en unos y otros países. Si el propósito fuera darle una lección a Gran Bretaña, sería la lección más cara de la historia.

Es muy difícil también que los empresarios continentales que exportan 571 mil millones de dólares al año a Gran Bretaña digan, “Si, es cierto que hay que castigar a los británicos, ya no voy a vender en el Reino Unido, aunque yo quiebre”. Igual actitud tendrían las mismas autoridades económicas ante el hecho que Gran Bretaña importa de Europa 180 mil millones de dólares más de lo que exporta al continente. Los burócratas no son Europa, y sus sentimientos no son los de los europeos.

Igualmente es poco creíble que el negocio financiero de Londres se vendrá abajo. Londres no se convirtió en una de las dos capitales financieras mundiales porque Inglaterra entró a la Unión Europea. Fue la capital mundial desde el siglo dieciocho, y fue sólo en el siglo XX que Nueva York se convirtió en el otro gran centro. Londres ha sido tan exitosa precisamente porque no ha permitido que las burocracias estatales interfieran con los mercados de la manera en la que los países continentales interfieren. Por eso es que es tan internacional y cosmopolita. De hecho, uno de los motivos de descontento que ha habido en Gran Bretaña con la Unión Europea ha sido que ésta ha querido imponer en Londres las regulaciones que no han dejado a otros mercados europeos de capitales convertirse en centros mundiales.

¿La caída económica de Europa?

Con los mismos argumentos se puede concluir que la separación del Reino Unido no causaría la caída económica de Europa, aunque sin duda afectaría a la Unión Europea, que es otra cosa. Los efectos de largo plazo podrían hasta ser beneficiosos, ya que la salida de Gran Bretaña sería un campanazo de alerta sobre la excesiva burocratización de Europa.

¿Qué se puede esperar?

El referéndum británico no va a desestabilizar al mundo, independientemente de sus resultados. Europa es demasiado madura para que la furia de los burócratas, que verían su poder disminuido si Gran Bretaña se va, determine el curso de su historia. Si ganan los que quieren salirse, Gran Bretaña, después de varias danzas ceremoniales en Bruselas, seguirá gozando de libre comercio con Europa.

En el plazo más largo, nadie sabe y nadie lo sabrá. Pero es claro que tanto Gran Bretaña como Europa seguirán siendo grandes líderes mundiales por su educación y su gran capital físico y humano. No espere cambios en esto.

No a la austeridad. De Manuel Hinds

El caso de Grecia pasará a los textos de economía y de política como un raro ejemplo de cómo destruir a un país en unos cuantos meses.

Manuel Hinds, 17 julio 2015 / EDH

A mediados de 2014, Grecia estaba en una mala situación pero ya encaminada a una solución a sus problemas. Por primera vez desde que la crisis comenzó en 2009, el país había comenzado a crecer en 2013 y seguía haciéndolo en 2014. Las condiciones eran duras, pero duras son siempre cuando hay que ajustarse a una reducción del déficit fiscal tan grande como Grecia tenía que hacer para que la deuda del país no siga creciendo.

Mucha gente que cree que Europa está tratando despiadadamente a Grecia olvida que Grecia exige dinero no sólo para pagar las enormes deudas que acumuló en la primera década del siglo sino también para seguir gastando más que sus ingresos.

Grecia iba avanzando poco a poco en este camino, reduciendo su déficit fiscal de 15.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en 2009 a 4.1 por ciento a fines de 2014. Pero esta última cifra es demasiado alta para un país que se queja de no poder pagar sus deudas. Era necesario reducirlo más para poner al país en una trayectoria de crecimiento. Cada año, Grecia discutía con Europa el plan para obtener este objetivo. El plan de este año fue la manzana de la discordia.

Los griegos, como los que se han echado en un sábado una francachela millonaria que no pueden pagar y pretenden seguir fiesteando el domingo a cuenta de alguien más, se fueron poniendo furiosos ante las condiciones que Europa seguía pidiendo como contraparte a seguirles financiado la fiesta del domingo, aunque comprensiblemente cada vez menos. Pensaron que los europeos les estaban imponiendo un política económica, llamada austeridad, que ellos pensaron que era errada e inmoral, sin darse cuenta de que ellos mismos se habían impuesto esa austeridad al gastar por varios años enormes cantidades de dinero más que lo que ganaban.

Para Grecia, que por su propia admisión no puede pagar todas sus deudas, no hay manera de seguir gastando más que sus ingresos que recibir regalos de alguien más. Y no hay razón alguna para pensar que deba haber algún tío rico que le pague sus excesos a Grecia. ¿Por qué deben los ciudadanos de los países europeos pagar impuestos para que los griegos no los paguen, o para que se los despilfarren?

Esta manera de pensar que existe en Grecia fue aprovechada por el partido marxista Syriza para subir al gobierno impulsado por ideas irreales: que Europa estaba abusando de Grecia, que Europa se iba a deshacer si ellos no pagaban, y que por tanto había que negociar duramente con los acreedores.

El primer ministro que los griegos eligieron, Alexis Tsipra, el ministro de Hacienda, Yanis Varoufakis, el partido Syriza, y Grecia entera estaban tan fuera de la realidad que pensaron que haciendo desplantes y exigiendo más dinero fresco y que les perdonaran más deudas, rechazando así la oferta de Europa para este año, iban a poner a ésta de rodillas. Esos desplantes no sólo no lograron ponerla de rodillas sino que empeoraron drásticamente la situación de Grecia. Con el miedo de que el gobierno iba a reintroducir el dracma, el público vació los bancos de euros, poniendo el sistema bancario en peligro de quiebra.

Ahora Grecia necesita más préstamos para servir su deuda, financiar el déficit fiscal y restaurar la liquidez del sistema bancario. Políticamente, ahora tiene que darle la vuelta al calcetín del país entero, diciéndole que lo que le dijeron que rechazara en el referéndum del domingo antepasado, ahora tienen que aceptarlo, y con condiciones más drásticas, que hasta violan su soberanía.

Es decir, con su comportamiento inmaduro, populista, este gobierno aumentó la necesidad de austeridad del pueblo griego. Esto fue como si Tsipras hubiera convencido a los de la francachela, que no podían ya pagar sus deudas de lo bebido y bailado, de que le pegaran fuego al lugar de su fiesta, aumentando así la deuda, pero esta vez sin siquiera haber bebido y bailado más porque de sus desplantes no lograron nada bueno para Grecia. Ese es el populismo.

Merkel y Hollande logran que Tsipras acepte un pacto más duro

El acuerdo incluye la creación de un fondo de privatizaciones para recapitalizar los bancos y pagar la deuda.

Lea también: Acuerdo con Grecia: Los deberes que la Unión Europea pone a Tsipras

Las figuras claves: Tsipras, Merkel, Hollande

Las figuras claves: Tsipras, Merkel, Hollande

Claudi Pérez / Lucía Abellán, 13 julio 2015 / EL PAIS

“Estamos listos para iniciar las negociaciones para el rescate. No habrá Grexit”. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, han anunciado al filo de las nueve de la mañana, tras 17 horas de cumbre, un acuerdo con Grecia por unanimidad sobre el tercer rescate. El pacto abre la puerta a que el BCE mantenga la liquidez de emergencia a la banca griega. El jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, ha explicado que Grecia aprobará leyes en las próximas 48 horas, endurecerá sus propuestas en pensiones, mercado laboral y otros asuntos, y finalmente acepta un fondo de privatizaciones, que permitirá recapitalizar los bancos y pagar la deuda.

Europa debe aclarar aún cuál será exactamente la participación europea en la financiación puente, ante las graves dificultades del sector financiero griego con el corralito y la falta de fondos para pagar un vencimiento de deuda al BCE el día 20 de julio por importe de unos 3.500 millones de euros. Pero Dijsselbloem ha avanzado que se usará ese fondo, con los activos vendibles de Grecia, para obtener dinero de inmediato. Eso, siempre que el Parlamento griego legisle en los dos próximos días las medidas más inmediatas.

El texto acordado esta mañana por los líderes de la eurozona es implacable con Grecia: comienza constatando “la necesidad crucial de reconstruir la confianza con las autoridades griegas” como requisito para cualquier rescate e impone durísimas condiciones para lograrlo. Entre ellas, una consulta previa con las instituciones europeas para cualquier ley que quiera aprobar Atenas “en áreas relevantes” y la necesidad incluso de revertir legislaciones ya aprobadas desde principios de año, a excepción de las vinculadas “a la crisis humanitaria” que vive el país. Europa no se fía y así lo deja claro en las siete páginas del compromiso rubricado este lunes, con múltiples cautelas para firmar el ansiado rescate.

Una de las claves del acuerdo -y de las más difíciles para digerir por parte de Grecia- es el fondo de privatizaciones, que ascenderá a 50.000 millones y ha sido el motivo del retraso en el acuerdo. Incluirá todo tipo de activos, incluidos posiblemente los bancos. “Nada habría sido peor que humillar a Grecia esta noche”, ha dicho el presidente francés, François Hollande. Pero Berlín ha llegado a presionar con una salida de Grecia del euro si no había pacto. Y Atenas se ha visto forzada a aceptar ese fondo de privatizaciones, que nace cargado de polémica: no hay apenas precedentes en Europa, y supone una especie de aval que se exige a Grecia a cambio del tercer rescate. La titularidad del fondo será griega, pero estará supervisado por las instituciones europea.

A cambio de esas formidables concesiones, la canciller Merkel ha asegurado que una vez que Grecia demuestre que cumple lo acordado habrá reestructuración de deuda: básicamente, una ampliación de los plazos de devolución. “En ningún caso habrá quitas”, ha dicho Merkel ante la prensa europea y tampoco reestructuración de deuda hasta el primer examen del rescate.

La canciller Angela Merkel ha asegurado que Grecia “ha mostrado su disponibilidad a acometer recortes y reformas”. “Lo importante ahora es poner en marcha lo acordado rápidamente. Hay que recuperar la confianza y para ello Grecia tiene que hacer suyo el acuerdo”. Alemania ha apuntado que el FMI seguirá a bordo en el tercer rescate griego, y que Atenas se ha comprometido a activar cambios en el sistema de pensiones y el resto de medidas prioritarias. El Eurogrupo dará al mecanismo de rescate la señal para iniciar la negociación del rescate, y varios parlamentos nacionales, incluido el Bundestag, votarán entonces.

Adiós al Grexit

“Grecia tiene una oportunidad de enderezarse. Y el acuerdo evita las consecuencias políticas que habría tenido la falta de resultados de la negociación”, ha asegurado ante la prensa el presidente del Consejo Europeo –representa a los Estados miembros-, Donald Tusk. “La Comisión Europea no ha dejado de insistir en que no habría Grexit; estamos satisfechos”, ha añadido el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, uno de los pocos defensores claros durante todo el proceso de la necesidad de pactar con Grecia. “Dije que la situación sería más difícil después del referéndum y se ha demostrado que es cierto. Pero lo alcanzado es un compromiso; no hay ganadores ni perdedores. No creo que los griegos se sientan humillados ni que los otros socios hayan perdido la fe. Es el típico compromiso europeo”, ha considerado Juncker.

Don DeLillo define la política como “un asunto de hombres reunidos en cuartos”. Y sin embargo la pasada madrugada la política europea giró alrededor de una mujer, la canciller Angela Merkel, que llevó la voz cantante en una de las noches europeas más largas y dramáticas de los últimos tiempos. 17 horas de reunión después, Berlín selló un acuerdo que exige un altísimo precio a Atenas para seguir en el euro. El primer ministro Alexis Tsipras debe aprobar varias leyes en las próximas 48 horas. Se le reclaman medidas más duras en el mercado laboral, en las pensiones, en todos los asuntos que hace solo unos días eran líneas rojas infranqueables. Y los socios, sobre todo, instan a Grecia a crear un fondo bajo supervisión europea con los activos privatizables para, una vez se vendan, reducir la deuda, en una propuesta inédita que levantó una suerte de sentimiento de humillación en Atenas.

Tsipras, además, no se librará de la presencia del FMI, que será parte también de este tercer rescate griego. Para suavizar todos estos reveses, Grecia obtiene dos medidas paliativas: la mención escrita, por primera vez en este proceso, a la reestructuración de la deuda y la inclusión de un paquete de 35.000 millones de euros para fomentar el crecimiento y el empleo a cuenta de la Comisión Europea durante los próximos tres o cinco años. En el alivio de deuda queda claro, en todo caso, que no habrá quitas, sino prolongación de los plazos de pago y periodos de gracia.

A cambio, Grecia evita la salida del euro y obtiene luz verde para negociar los pormenores de un rescate por tres años y unos 50.000 millones de euros. Y evita la bancarrota de sus maltrechos bancos, que amenazaba con llevarse por delante al país entero y que, a la postre, se han convertido en el talón de Aquiles que ha obligado a Tsipras a capitular y aceptar mucho más castigo de lo que pensaba hace dos semanas. El Gobierno griego rompió hace poco dos semanas las negociaciones. Convocó y ganó un controvertido referéndum contra la propuesta europea de entonces. Se vio obligado a decretar un corralito y controles de capital ante la rápida huida de depósitos en sus bancos. Y, finalmente, apenas 15 días después de esa decisión, capitula y se ve obligado a aceptar condiciones mucho peores.

Berlín se ha cobrado la afrenta que supuso el referéndum, unas negociaciones interminables y algunas declaraciones subidas de tono. Impuso exigencias mucho más duras de lo esperado, y llegó a incluir la posibilidad de una salida temporal de Grecia del euro, que acabó retirando cuando Tsipras se avino a pactar con los socios. A cambio, además de esos 50.000 millones en créditos baratos, se lleva la promesa del BCE de mantener con vida a los bancos, y un documento en el que Europa ofrece la ansiada reestructuración de deuda, a la vista de que a Grecia le es imposible pagar. El FMI seguirá a bordo. Y Grecia consigue metas fiscales más holgadas que en el anterior rescate, pero aun así se verá obligada a aprobar recortes adicionales a la vista de que la economía se ha parado en seco con el corralito: podría llegar a caer el 4% este año. Las necesidades financieras se han ido agrandando en los últimos días y ascienden a casi 90.000 millones de euros.

Y la saga griega no ha acabado. En los dos próximos días, el Parlamento tendrá que legislar a través de decreto-ley las medidas prioritarias. Si eso ocurre, el miércoles el Eurogrupo dará un mandato al mecanismo de rescate (Mede) para acabar de negociar las condiciones del Memorando de Entendimiento del tercer rescate. Ese proceso, que suele durar en torno a dos meses, se comprimirá a apenas dos semanas, ante la situación de emergencia financiera en Grecia. Y aun así no está claro cómo Atenas podrá hacer frente a un pago de 3.500 millones del BCE el 20 de julio: los socios tienen que diseñar –probablemente hoy, en un nuevo Eurogrupo, el enésimo de esta semana— la financiación de emergencia para evitar un impago al Eurobanco.

——–

Las diez claves del acuerdo griego

ISMAEL HONRADO, 13 julio 2015 / EL MUNDO/España

El acuerdo entre Grecia y la Eurozona ya es oficial, tras una intensa noche de negociaciones. Estas son las diez claves del acuerdo y las reformas que Grecia deberá adoptar:

Antes del 15 de julio:

Medidas de simplificación del IVA, reducirá las pensiones y la independencia del de la Agenda Estadística Nacional.

Antes del 22 de julio:

Reforma de su sistema judicial civil y la elaboración de las reglas de la unión monetaria sobre la refinanciación de las bancos y ayudas públicas.

1.) Grecia demandará una continuación de la ayuda, una prórroga, al FMI a partir de marzo de 2016.

2.) No habrá quita de la deuda griega. “Una quita en la deuda no puede producirse”, así de contundente se mostró unos de los ministros europeos presente en las reuniones de la Eurozona.

3.) Reforma profunda de las pensiones antes de octubre de 2015.

4.) Reformas de la actividad económica. Medidas sobre el mercado laboral en la linea con las legislación de los países de la Unión Europea. Reformas liberalizadoras del mercado con la apertura comercial de los domingos, periodos de rebajas, liberalizacion de las farmacias y comercio minorista.

5.) Privatización de la red eléctrica.

6.) Reforma de las reglas negociación colectiva. Centrados en el derecho de huelga y de los despidos colectivos.

7.) Fortalecer el sistema financiero. Control de los préstamos y mejora de la gobernanza , en particular eliminar cualquier interferencia política en el sistema financiero.

8.) Programa de privatización de 50.000 millones de euros. De los cuales las tres cuartas partes se utilizarán para recapitalizar los bancos del país y reducir la deuda. Reducción los costes de la función publica del estado.

9.) La aprobación de los acreedores. Antes de someter los textos al parlamento deberán asegurar de que los acreedores están de acuerdo con dichos documentos.

10.) Un eventual nuevo programa del Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) que deberá integrar la aportación de un fondo de 10.000 a 25.000 millones de euros para los bancos.

¿Qué obtiene Grecia a cambio de estas concesiones ?

El Eurogrupo “toma nota del posible programa de financiación” de “entre 82.000 y 86.000 millones de euros para Grecia”. De los cuales, explica literalmente, 7.000 son imprescindibles antes del 20 de julio y otros 5.000 millones más para mediados de agosto.

——–

Greece debt agreement: the eurozone summit statement – in full

THE GUARDIAN, 13 julio 2015

The Euro Summit stresses the crucial need to rebuild trust with the Greek authorities as a pre-requisite for a possible future agreement on a new ESM programme. In this context, the ownership by the Greek authorities is key, and successful implementation should follow policy commitments.

A euro area Member State requesting financial assistance from the ESM is expected to address, wherever possible, a similar request to the IMF1. This is a precondition for the Eurogroup to agree on a new ESM programme. Therefore Greece will request continued IMF support (monitoring and financing) from March 2016.

Given the need to rebuild trust with Greece, the Euro Summit welcomes the commitments of the Greek authorities to legislate without delay a first set of measures. These measures, taken in full prior agreement with the Institutions, will include:

by 15 July

  • the streamlining of the VAT system and the broadening of the tax base to increase revenue;
  • upfront measures to improve long-term sustainability of the pension system as part of a comprehensive pension reform programme;
  • the safeguarding of the full legal independence of ELSTAT;
  • full implementation of the relevant provisions of the Treaty on Stability, Coordination and Governance in the Economic and Monetary Union, in particular by making the Fiscal Council operational before finalizing the MoU and introducing quasi-automatic spending cuts in case of deviations from ambitious primary surplus targets after seeking advice from the Fiscal Council and subject to prior approval of the Institutions;

by 22 July

  • the adoption of the Code of Civil Procedure, which is a major overhaul of procedures and arrangements for the civil justice system and can significantly accelerate the judicial process and reduce costs;
  • the transposition of the BRRD with support from the European Commission. Immediately, and only subsequent to legal implementation of the first four above-mentioned measures as well as endorsement of all the commitments included in this document by the Greek Parliament, verified by the Institutions and the Eurogroup, may a decision to mandate the Institutions to negotiate a Memorandum of Understanding (MoU) be taken. This decision would be taken subject to national procedures having been completed and if the preconditions of Article 13 of the ESM Treaty are met on the basis of the assessment referred to in Article 13.1.

In order to form the basis for a successful conclusion of the MoU, the Greek offer of reform measures needs to be seriously strengthened to take into account the strongly deteriorated economic and fiscal position of the country during the last year. The Greek government needs to formally commit to strengthening their proposals in a number of areas identified by the Institutions, with a satisfactory clear timetable for legislation and implementation, including structural benchmarks, milestones and quantitative benchmarks, to have clarity on the direction of policies over the medium-run. They notably need, in agreement with the Institutions, to:

  • carry out ambitious pension reforms and specify policies to fully compensate for the fiscal impact of the Constitutional Court ruling on the 2012 pension reform and to implement the zero deficit clause or mutually agreeable alternative measures by October 2015;
  • adopt more ambitious product market reforms with a clear timetable for implementation of all OECD toolkit I recommendations, including Sunday trade, sales periods, pharmacy ownership, milk and bakeries, except over-the-counter pharmaceutical products, which will be implemented in a next step, as well as for the opening of macro-critical closed professions (e.g. ferry transportation). On the follow-up of the OECD toolkit-II, manufacturing needs to be included in the prior action;
  • on energy markets, proceed with the privatisation of the electricity transmission network operator (ADMIE), unless replacement measures can be found that have equivalent effect on competition, as agreed by the Institutions;
  • on labour markets, undertake rigorous reviews and modernisation of collective bargaining, industrial action and, in line with the relevant EU directive and best practice, collective dismissals, along the timetable and the approach agreed with the Institutions. On the basis of these reviews, labour market policies should be aligned with international and European best practices, and should not involve a return to past policy settings which are not compatible with the goals of promoting sustainable and inclusive growth;
  • adopt the necessary steps to strengthen the financial sector, including decisive action on non-performing loans and measures to strengthen governance of the HFSF and the banks, in particular by eliminating any possibility for political interference especially in appointment processes.

On top of that, the Greek authorities shall take the following actions:

  • to develop a significantly scaled up privatisation programme with improved governance; valuable Greek assets will be transferred to an independent fund that will monetize the assets through privatisations and other means. The monetization of the assets will be one source to make the scheduled repayment of the new loan of ESM and generate over the life of the new loan a targeted total of €50bn of which €25bn will be used for the repayment of recapitalization of banks and other assets and 50% of every remaining euro (i.e. 50% of €25bn) will be used for decreasing the debt to GDP ratio and the remaining 50 % will be used for investments.

This fund would be established in Greece and be managed by the Greek authorities under the supervision of the relevant European Institutions. In agreement with Institutions and building on best international practices, a legislative framework should be adopted to ensure transparent procedures and adequate asset sale pricing, according to OECD principles and standards on the management of State Owned Enterprises (SOEs);

  • in line with the Greek government ambitions, to modernise and significantly strengthen the Greek administration, and to put in place a programme, under the auspices of the European Commission, for capacity-building and de-politicizing the Greek administration. A first proposal should be provided by 20 July after discussions with the Institutions. The Greek government commits to reduce further the costs of the Greek administration, in line with a schedule agreed with the Institutions;
  • to fully normalize working methods with the Institutions, including the necessary work on the ground in Athens, to improve programme implementation and monitoring. The government needs to consult and agree with the Institutions on all draft legislation in relevant areas with adequate time before submitting it for public consultation or to Parliament. The Euro Summit stresses again that implementation is key, and in that context welcomes the intention of the Greek authorities to request by 20 July support from the Institutions and Member States for technical assistance, and asks the European Commission to coordinate this support from Europe;
  • With the exception of the humanitarian crisis bill, the Greek government will reexamine with a view to amending legislations that were introduced counter to the February 20 agreement by backtracking on previous programme commitments or identify clear compensatory equivalents for the vested rights that were subsequently created. The above-listed commitments are minimum requirements to start the negotiations with the Greek authorities. However, the Euro Summit made it clear that the start of negotiations does not preclude any final possible agreement on a new ESM programme, which will have to be based on a decision on the whole package (including financing needs, debt sustainability and possible bridge financing). The Euro Summit takes note of the possible programme financing needs of between €82bn and €86bn, as assessed by the Institutions. It invites the Institutions to explore possibilities to reduce the financing envelope, through an alternative fiscal path or higher privatisation proceeds. Restoring market access, which is an objective of any financial assistance programme, lowers the need to draw on the total financing envelope. The Euro Summit takes note of the urgent financing needs of Greece which underline the need for very swift progress in reaching a decision on a new MoU: these are estimated to amount to €7bn by 20 July and an additional €5bn by mid August. The Euro Summit acknowledges the importance of ensuring that the Greek sovereign can clear its arrears to the IMF and to the Bank of Greece and honour its debt obligations in the coming weeks to create conditions which allow for an orderly conclusion of the negotiations. The risks of not concluding swiftly the negotiations remain fully with Greece. The Euro Summit invites the Eurogroup to discuss these issues as a matter of urgency.

Given the acute challenges of the Greek financial sector, the total envelope of a possible new ESM programme would have to include the establishment of a buffer of €10bn to €25bn for the banking sector in order to address potential bank recapitalisation needs and resolution costs, of which €10bn would be made available immediately in a segregated account at the ESM.

The Euro Summit is aware that a rapid decision on a new programme is a condition to allow banks to reopen, thus avoiding an increase in the total financing envelope. The ECB/SSM will conduct a comprehensive assessment after the summer. The overall buffer will cater for possible capital shortfalls following the comprehensive assessment after the legal framework is applied.

There are serious concerns regarding the sustainability of Greek debt. This is due to the easing of policies during the last twelve months, which resulted in the recent deterioration in the domestic macroeconomic and financial environment. The Euro Summit recalls that the euro area Member States have, throughout the last few years, adopted a remarkable set of measures supporting Greece’s debt sustainability, which have smoothed Greece’s debt servicing path and reduced costs significantly.

Against this background, in the context of a possible future ESM programme, and in line with the spirit of the Eurogroup statement of November 2012, the Eurogroup stands ready to consider, if necessary, possible additional measures (possible longer grace and payment periods) aiming at ensuring that gross financing needs remain at a sustainable level. These measures will be conditional upon full implementation of the measures to be agreed in a possible new programme and will be considered after the first positive completion of a review.

The Euro Summit stresses that nominal haircuts on the debt cannot be undertaken.

The Greek authorities reiterate their unequivocal commitment to honour their financial obligations to all their creditors fully and in a timely manner.

Provided that all the necessary conditions contained in this document are fulfilled, the Eurogroup and ESM Board of Governors may, in accordance with Article 13.2 of the ESM Treaty, mandate the Institutions to negotiate a new ESM programme, if the preconditions of Article 13 of the ESM Treaty are met on the basis of the assessment referred to in Article 13.1.

To help support growth and job creation in Greece (in the next 3-5 years) the Commission will work closely with the Greek authorities to mobilise up to €35bn (under various EU programmes) to fund investment and economic activity, including in SMEs. As an exceptional measure and given the unique situation of Greece the Commission will propose to increase the level of pre-financing by EUR 1bn to give an immediate boost to investment to be dealt with by the EU co-legislators. The Investment Plan for Europe will also provide funding opportunities for Greece.