Alemania

Sobre la (des)penalización del aborto – el debate en Alemania. De Bernd Finke

Bernd Finke,
embajador de Alemania

23 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hace poco participé, junto con algunos colegas, en las manifestaciones con motivo del Día Internacional de la Mujer. Participé en la marcha de mujeres para expresar solidaridad con las mujeres en El Salvador y en el mundo, quienes son víctimas de la discriminación y violencia. Y fui con ellas para señalar la responsabilidad que tenemos los hombres por la miseria de muchas mujeres, como perpetradores de violencia doméstica y sexual y como aquellos que todavía no quieren resignarse a su comportamiento machista, al hecho de que las mujeres y los hombres tienen los mismos derechos y también deben tener las mismas oportunidades. Ese fue mi mensaje en el Día de la Mujer.

Por lo tanto, me sorprendió aún más que mi participación en la marcha de mujeres fuera reconocida en algunos medios de comunicación con el comentario de que el embajador alemán haría campaña a favor de los abortos en El Salvador y que Alemania financiaría los proyectos correspondientes. Este no es el caso. No he dicho una palabra sobre el debate en El Salvador acerca la despenalización del aborto ni ha habido ningún proyecto alemán al respecto.
Sin embargo, me gustaría hacer algunos comentarios sobre este tema tan delicado y emotivo, un tema que cubre una variedad de aspectos, especialmente médicos, psicológicos, de derechos humanos y religiosos: comparto la opinión de quienes sostienen que la protección de la vida antes de nacer debería ser, en principio, la prioridad.

También en Alemania el aborto está fundamentalmente prohibido por el derecho penal. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que el dogmatismo y el rigorismo criminal y moral no pueden hacer justicia a muchas emergencias agudas de las mujeres y las niñas, especialmente en el caso de embarazos no deseados como resultado de una violación, en casos en que la vida de la futura madre está en peligro o cuando se establece que el feto no puede sobrevivir debido a deformidades graves. En este contexto, el legislador en Alemania —así como en la mayor parte de la comunidad internacional— ha decidido complementar la actual prohibición del aborto con las llamadas regulaciones de indicación.

Desde entonces, la interrupción del embarazo ha sido posible si un médico determina —teniendo en cuenta las condiciones de vida de la mujer embarazada— que un aborto está indicado para evitar un peligro para la vida o el peligro de un deterioro grave del estado de salud físico o mental de la mujer embarazada (por ejemplo, después de una violación). El requisito previo para una interrupción del embarazo es que la mujer embarazada se someta a una consulta en la que los médicos, los trabajadores sociales o los psicólogos le informen sobre el aborto, pero también le presten asistencia en caso de que se tome una decisión a favor de la continuación del embarazo. Sólo después de un período de reflexión de tres días después de la consulta obligatoria puede iniciarse un aborto en Alemania.
También hay voces en Alemania contra el aborto por razones religiosas o contra el espectro más amplio de los derechos sexuales reproductivos de la mujer. Esta actitud debe ser respetada. Sin embargo, se ha preguntado si podemos hacer de nuestras convicciones religiosas la vara de medida para la sociedad en su conjunto, es decir, también imponerlas (legalmente) a quienes tienen otras creencias religiosas o ninguna. Según la opinión predominante en Alemania, cada persona debe poder elegir en las sociedades liberales pluralistas y no deben estar atadas por los intentos de imposición religiosa.

Al decidir permitir el aborto en casos seleccionados, también se reconoció que una prohibición absoluta del aborto no impide el aborto, sino que lleva a las mujeres de origen pobre a abortos inapropiados y peligrosos, mientras que las mujeres embarazadas involuntariamente de origen acomodado se someten a intervenciones médicamente seguras en el extranjero.

Como he dicho, se trata de una cuestión muy delicada. Una de las preocupaciones de mi país es que en El Salvador se establezca un diálogo diferenciado e informado entre las personas comprometidas con la protección del feto y las que desean que sea posible interrumpir los embarazos en situaciones de emergencia médica o psicológica aguda.
Otro tema que a menudo se discute aquí en El Salvador, en una conexión directa con el tema del aborto y que atrae mucha atención en el público mundial, es el destino de las llamadas 17-y-más mujeres. Según la argumentación de la Fiscalía, ellas han abortado y han sido condenadas a una pena de 30 a 40 años de prisión tras un juicio penal por el presunto homicidio de un niño. Pero por el contrario las organizaciones de derechos humanos y los abogados sostienen que las mujeres afectadas no intentaron abortar, sino que sufrieron abortos espontáneos a causa de problemas ginecológicos, y, por lo tanto, fueron condenadas injustamente.

Un análisis de las actas procesales de las 17-y-más mujeres sugiere que ha habido una serie de deficiencias procesales en el curso de los procedimientos penales. La conclusión resultante debe ser que estas mujeres no se han beneficiado de un juicio justo y que se han violado principios fundamentales como la presunción de inocencia o el principio in dubio pro reo. En este contexto, Alemania aboga por que todos los casos de las 17-y-más mujeres puedan ser objeto de una revisión de conformidad con los principios básicos del estado de derecho. Esto no se refiere explícitamente a la cuestión de la ley del aborto, sino a la cuestión de los derechos humanos fundamentales del acceso a la justicia y la concesión de juicios justos.

Confío en que también encontremos el apoyo entre los salvadoreños que están en contra del aborto cuando se trata de ayudar a las 17-y-más mujeres, todas ellas procedentes de entornos desfavorecidos; a tener juicios justos, juicios que respeten los principios a los que no renunciaremos ni siquiera en casos de confrontación con la justicia (y la opinión pública): presunción de inocencia e in dubio pro reo.

Nueva Sala de lo Constitucional, una perspectiva alemana. De Bernd Finke

Bernd Finke, Embajador de la República Federal de Alemania

20 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Después de meses de lucha, los nuevos magistrados de la Sala de lo Constitucional han sido finalmente elegidos. El proceso de selección fue obviamente un trabajo duro. Algunas veces, las calificaciones jurídicas de los candidatos estaban en el centro de los debates, pero sobre todo se planteó la cuestión de la presunta proximidad de los futuros magistrados a los partidos políticos del país. Algunos de los debates recordaban a un chalaneo y existía el riesgo de que la reputación de la Sala y de los futuros magistrados se viera dañada.

Por otro lado, también se podría decir que las intensas controversias sobre la elección de nuevos magistrados tenían algo bueno: los debates atestiguan la gran importancia sociopolítica que se concede a la Sala como órgano central de control de la constitucionalidad de la vida política. Las decisiones de la Sala siempre se refieren a cuestiones de democracia, Estado de Derecho y derechos humanos. Un tribunal no puede tener una mayor responsabilidad y, como consecuencia, la selección de su jueces debe hacerse con el máximo debido cuidado.

En los últimos nueve años, los jueces constitucionales cuyo mandato, con una excepción, terminó el 15 de julio, establecieron nuevos estándares. Gracias a su integridad, independencia, imparcialidad y profesionalismo han contribuido a un fortalecimiento sustancial del orden constitucional de El Salvador y han asegurado que el “tercer poder” fuera un contrapeso efectivo a los poderes Ejecutivo y Legislativo, equilibrando mejor el sistema de checks and balances (controles y equilibrios) requerido para cualquier democracia y para cualquier Estado de Derecho.

Donde quiera que los magistrados de la Sala vislumbraron desarrollos indeseables o una necesidad de corrección trazaron límites claros y no se alejaron de decisiones incómodas. En Alemania y en otros países europeos, la Sala ha fortalecido la reputación de El Salvador como una democracia relativamente joven pero firmemente establecida.

La elección del nuevo panel de magistrados marca el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de la Sala y en la historia constitucional del país. Alemania felicita a los magistrados recién electos. No debemos sobrestimar el hecho de que hubo muchas críticas a su presunta afiliación partidista durante el proceso de selección. En Alemania también los jueces constitucionales son elegidos por recomendación de los partidos políticos. Nuestras democracias viven del compromiso político de sus ciudadanos y de su contribución a la competencia de ideas. Aristóteles ya describió al hombre –hace más de 2000 años– como un “zoon politikon”, es decir, un ser político. Sería ingenuo asumir que los magistrados han pasado por la vida sin influencias o preferencias políticas o partidistas. Todos formamos nuestras propias opiniones políticas y nos inclinamos por uno u otro campo. Eso es normal.

Lo importante es que a partir de ahora, el día en que asumen sus cargos, los magistrados de la Sala dejarán atrás sus preferencias partidistas o ideológicas y harán de la defensa de la Constitución el único punto de referencia para sus acciones. Esperamos que los nuevos jueces sean conscientes de esta gran responsabilidad para con el pueblo de El Salvador y para con el futuro de la democracia, del Estado de Derecho y de los derechos humanos en el país.

Como todas las cortes constitucionales de los estados democráticos, la nueva Sala a veces tomará decisiones que provoquen críticas. Esto también es normal. La crítica es parte integrante del discurso político y es un derecho fundamental protegido por la Constitución como parte de la libertad de expresión. Lo que no se debe repetir son los ataques personales y los actos de agresión verbal contra los magistrados o sus familias. Las decisiones desagradables no son la expresión de una “dictadura de la justicia”, sino de la supremacía de la ley, siempre que se tomen de acuerdo con la Constitución.

Además, los líderes políticos en el Gobierno y en el Parlamento tienen el poder de evitar conflictos con la Sala si tienen en cuenta el contenido y los límites de la Constitución en el período previo a sus decisiones. Y no hay que olvidar que hay otro aspecto central para la paz jurídica en una sociedad: la voluntad de los órganos constitucionales de no competir entre sí, sino trabajar unidos por el bien común. Como decía Cicerón: “El bien público será la ley suprema”.

En todos los estados del mundo existe una divergencia entre la teoría constitucional y la realidad constitucional. El Salvador se ha dotado de una Constitución comprometida con el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos. Esperemos que la Sala pueda contribuir para que la teoría constitucional sea cada vez más apegada a la realidad constitucional y que El Salvador siga siendo un buen ejemplo para toda la región”.

El racismo nunca jamás debería ser aceptado. De Mesut Özil

En unas declaraciones publicadas en su cuenta de Twitter, el futbolista alemán Mesut Özil, campeón mundial del 2014 y actualmente jugador del Arsenal de Londres, renunció el 22 de julio 2018 a la selección alemana, acusando al presidente del DFB, la Federación Alemana de Fútbol, y a parte de los medios y de la aficción alemana de actitudes racistas. Özil es un jugador nacido en Alemania de padres inmigrantes turcos. Las declaraciones del futbolista han tenido fuerte impacto en Alemania, y van a abrir debates sobre fútbol e integración, fútbol y migración, y fútbol y racismo.

Segunda Vuelta

22 julio 2018 / TWITTER

Carta del viajero: Ciudades inteligentes. De Paolo Luers

3 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Una amiga mía siempre dice: Tanto que viajan nuestros políticos, ¿cómo es que no traen de regreso las buenas soluciones que han aplicado en otros países?

¿Será que tenemos un complejo de inferioridad y asumimos que lo que funciona afuera no funciona en El Salvador, por falta de cultura y de capacidad?

Ando de viaje en Europa. En Alemania, pasé una semana en Osnabrück, el lugar que me vio crecer. Una de las cosas que me fascinan son los mercados ambulantes. Cada día de la semana se montan en diferentes plazas, no solo en el centro, también en los barrios residenciales. Los productores de la región traen frutas, verduras, carnes, quesos, flores, pescado, pasteles y panes. Gran variedad de productos, y todo ordenado, limpio, montado en camioncitos o debajo de toldos. No veo ninguna razón que esto sea imposible montar en El Salvador, tal vez de manera más modesta y con apoyo de las instituciones estatales: MAG, alcaldías, Ministerio de Economía.

Ahora estoy en España. En varios municipios de Valencia visité los mercados municipales, casi todos en edificios sencillos que no requieren de grandes inversiones. Son limpios ordenados y venden excelentes productos. Ambos modelos cumplen múltiples funciones: ciudades ordenadas; acceso a productos de calidad y económicos; apoyo a productores y comerciantes pequeños.

En Osnabrück, igual que en Valencia, ya no caben los vehículos. Con consecuencias serias para el medio ambiente y la libre circulación. Pero los municipios desarrollan medidas para impedir que todo el mundo entre al centro de la ciudad con su vehículo. La más complicada: ofrecer transporte público eficiente, económico y seguro. La más radical: Hacer imposible (o muy caro) el parqueo en los centros. Las dos medidas combinadas, y complementadas con la construcción de parqueos seguros y baratos en la periferia y con acceso directo al transporte público, está dando los frutos sorprendentes: menos tráfico y vehículos parqueados en la ciudad. Esto, en cambio, libera espacios para zonas peatonales y para rutas seguras para bicicletas. Un círculo vicioso sustituido por un círculo virtuoso de soluciones complementarias…

Hablando del tráfico: Es impresionante lo que están haciendo en estas ciudades con dos medidas: semáforos inteligentes y una adecuada señalización sobre las calles, que ordena el tráfico. Sin necesidad de separadores fijos como las que el MOP está poniendo en nuestras calles, solo con una señalización horizontal separan el transporte público del individual, dando fluidez a los buses sin quitársela a los carros. Y de igual manera separan los carriles para doblar a la izquierda del tráfico fluido.

Para hacer esto, hay que aprender dos lecciones: la responsabilidad sobre el tráfico urbano tiene que pasar a las alcaldías; y ellas tienen que implementar un sistema eficiente de control de tráfico y multas.

Es necesario poner énfasis en la descentralización de la administración pública. Las experiencias de la ciudades europeas demuestran que los sistemas del tráfico (pero también de agua, escuelas y guarderías) son más eficientes en manos de los municipios y sus empresas comunales, muchas de ellas asocios público-privadas.

La moraleja: No hay que restringir a los funcionarios públicos que viajen. Exijamos que viajen los técnicos idóneos, y que viajen adonde pueden estudiar cómo resolver los problemas. Si es así, estoy dispuesto a apoyar que se dupliquen los presupuestos para viajes.

 

Saludos,

 

Palabras abiertas entre buenos amigos. De Bernd Finke, embajador alemán

El FMLN y el gobierno han denunciado como “interferencia en los asuntos internos de El Salvador” las declaraciones de diferentes embajadores, siempre y cuando han señalado peligros para el Estado de Derecho, la división de poderes y la lucha contra la corrupción en El Salvador. El último caso: el rechazo del FMLN y del gobierno a las declaraciones de la embajadora de Estados Unidos sobre la reforma a la Ley de Extinción de Dominio aprobada ratificada por el presidente. Anteriormente, el ex-embajador alemán, Heinrich Haupt, tuvo que enfrentar críticas e incluso protestas diplomáticas por sus declaraciones en defensa de la Sala de lo Constitucional. Ahora, el actual embajador de Alemania, Bernd Finke, comenta el compromiso de los embajadores con la institucionalidad democrática del país.

Segunda Vuelta

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país.

bernd finke

Bernd Finke, embajador de Alemania en El Salvador

Bernd Finke, 2 agosto 2017 / El Diario de Hoy

Como diplomático de carrera estoy siguiendo con gran interés el debate en curso sobre las supuestas injerencias en los asuntos internos de El Salvador por parte de algunos miembros del cuerpo diplomático.

Normalmente, señalamientos de esto tipo salen a la luz cuando un diplomático hace observaciones públicas que no le agradan al Gobierno o a otros representantes de la clase política. A menudo, se trata de observaciones sobre cuestiones como la buena gobernanza, la democracia o los derechos humanos.
Las reacciones de los funcionarios no solo sorprenden al reproducirse en los diferentes medios de comunicación, sino que pareciera que se sospecha que algunos diplomáticos promueven sus propias agendas políticas en el país anfitrión.

EDH logCon respecto a la situación en El Salvador, me atrevería a decir que esas presunciones no tienen fundamento. ¿Por qué? Para comenzar hablando de la cuestión de agendas políticas del cuerpo diplomático: En el caso de mi país, de Alemania, es justo que tengamos una agenda política en El Salvador. Pero esta agenda no está orientada a promover posiciones encontradas entre los partidos políticos. Nuestra agenda política se basa en principios políticos fundamentales como el estado de derecho, la democracia, la promoción de los derechos humanos, el crecimiento económico para todos y el bienestar del país.

Nuestra agenda política no se basa en programas de los partidos o convicciones ideológicas y mucho menos es una “agenda oculta”. Esta agenda política no es el resultado de una decisión unilateral, no es una agenda solamente alemana, sino que se basa en un acuerdo de común entendimiento bilateral entre Alemania y El Salvador. Todo esto, tomando en cuenta que entre nosotros —así como entre El Salvador y la Unión Europea, o El Salvador y el resto de países amigos— existe una comunidad de valores compartidos respecto al estado de derecho, la democracia o la promoción de los derechos humanos.

Hemos acordado que nuestra cooperación debería servir para promover dichos valores. Por eso creo que como Embajador me es permitido compartir con el país si hay, de parte de mi gobierno, algunas preocupaciones respecto al rumbo de El Salvador. No se trata de dar lecciones con un índice levantado, sabemos que todos tenemos tareas que hacer al respecto.

Como el resto de diplomáticos hablo como amigo de El Salvador y —al hablar de amistad— estoy convencido que los buenos amigos no solo deben apoyar las necesidades del otro, sino que también tienen el derecho y la obligación moral de avisar cuando algo podría evolucionar en una dirección preocupante —ya sea en El Salvador, ya sea en Alemania.

No tengo un mandato para hablar en nombre del cuerpo diplomático, pero creo que expreso el sentimiento de muchos de mis colegas: Nos sentimos amigos de este maravilloso país. No estamos interesados en la política de un partido de gobierno o de oposición. Estamos interesados en profundizar y ampliar nuestras relaciones bilaterales poniendo en práctica nuestra comunidad de valores. Entonces, las reflexiones de los diplomáticos en El Salvador no podrían —no deberían de— entenderse como “injerencia política”, sino como palabras abiertas entre amigos.

Nos queda Merkel. De Máriam Martínez-Bascuñán

el paisLa canciller nos está diciendo que no hay seguridad emocional, pero que ella está ahí.

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Angela Merkel deposita flores en el mercadillo navideño de Berlín donde se produjo el atentado. Maurizio Gambarini / AFP


de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

Máriam Martínez-Bascuñán, docente de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

Máriam Martínez-Bascuñán, 24 diciembre 2016 / EL PAIS

En 1517, Lutero procedió a colgar sus tesis contra el catolicismo en las puertas de la iglesia de Wittenberg. Reflejaban un estado de indignación moral frente al orden eclesiástico. Hoy, 500 años después, Merkel se presenta para reafirmarse en sus convicciones casi desde el mismo lugar que el rebelde protestante: “Aquí estoy yo, no puedo hacer otra cosa”.

Desde un imperativo ético, Merkel responde ante su pueblo con un discurso valiente, reconociendo con naturalidad su responsabilidad y sus limitaciones. Frente al pretencioso despliegue de fuerza —y testosterona— de Hollande, la canciller no habla de “guerra contra el terror”, ni decide bombardear Siria unilateralmente, ni activar una estrategia intergubernamental fuera de las instituciones de la Unión. Sabe que, declarando un estado de guerra, todo lo demás pasa a un segundo plano; que la retórica del miedo solo alimenta a los buscadores de votos, y que el terror se perpetúa a sí mismo porque en realidad carece de ejército: no se puede destruir con bombas. La canciller nos está diciendo que no hay seguridad emocional, pero que ella está ahí. Y ofrece su apoyo a quienes han defendido y se han esforzado por sacar adelante su política de acogida de refugiados.

Así, los refugiados representan el nacimiento de una nueva conciencia moral que no huye ante los insoportables dilemas humanos. Hay estados emocionales que, por el contrario, necesitan poner rostro a la inseguridad: “estos son los muertos de Merkel”, como dijo uno de los líderes de Alternativa para Alemania (AfD), representa ese afán por buscar monstruos fuera de nosotros. Los enemigos nos atan y moldean desde fuera en una “decisión existencial colectiva”, según Carl Schmitt, confiriéndonos la seguridad de pertenecer al clan de los elegidos. O cuando Trump, con cierto regusto bíblico de cruzada contra Occidente, dice que “los terroristas islámicos asesinan continuamente a cristianos en sus comunidades”.

Merkel sabe que esos discursos alivian, pero no dan con la raíz del problema, y los opone a la fuerza de la convicción moral, por muy impopular que resulte. Al final, va a ser cierto que se ha convertido en la única líder política digna de tal nombre.

@MariamMartinezB

Carta a los amigos de la libertad en Berlin y El Salvador: No hay que ceder. De Paolo Luers

Paolo Luers, 24 diciembre 2016 / EDH

paolo luers caricaturaQueridos amigos:
Berlin es mi ciudad. No nací ahí. No crecí ahí. No pasé mi infancia ahí. Pero es la ciudad donde me convertí en ciudadano pensante y crítico. La ciudad de Berlin de la guerra fría, del muro, pero también de la rebelión estudiantil del 68 donde me nació vocación a la política, el periodismo, la literatura y la rebelión.

El Breitscheidplatz (Plaza Breidscheid), a la sombra de la Gedächtniskirche (Iglesia Memorial) que con su campanario-ruina y su nave moderna simboliza al mismo tiempo la guerra y la reconstrucción de Alemania, para mi ha sido escenario de fiestas inolvidables, pero también de manifestaciones donde nos enfrentamos a la guerra de Vietnam, al pasado nazi de nuestros padres y a los antimotines.

diario hoyEn esta plaza, como en cada diciembre convertida en mercado navideño, el terrorismo islámico golpeó a esta ciudad cosmopolita y multicultural. El atentado, cometido con un camión que echaron encima a los visitantes de este mercado navideño, es un atentado contra lo que simboliza Berlin: la libertad.

Así lo sentí yo. Así lo sintieron mis amigos que siguen viviendo en Berlin. La reacción de los berlineses fue unánime: “Jamás vamos a permitir que el terrorismo nos obligue a cambiar nuestra forma de vida. La única defensa aceptable es más democracia, más pluralidad, más libertad.”

La capital europea de las fiestas sigue de fiesta. Sus habitantes, al tiempo que condenan al terrorismo, rechazan las voces que gritan por más Estado policíaco, por restricciones a las libertades, y por políticas contra los inmigrantes y refugiados que huyen de las guerras en Medio Oriente. Su convicción: Solo una sociedad abierta y solidaria tiene la fuerza de resistir los embates del terrorismo y autoritarismo.

Lo mismo está pasando en El Salvador. Ante el asedio de la delincuencia y la incapacidad del gobierno de enfrentarla con políticas que va a las raíces del problema, muchos gritan por más represión, más militarización de la policía – al fin, por una democracia más restringida. Pero también hay muchos que reaccionamos como los berlineses: No queremos defender nuestra libertad restringiéndola. No queremos un Estado de policía. No queremos una policía militarizada.

Navidad es buen momento para hacer esta reflexión. Alemania está bajo asedio de los populistas, pero la canciller Angela Merkel se niega a aplicar políticas de mano dura contra todos los inmigrantes y refugiados, sólo porque algunos atacan los valores de libertad y pluralismo. Su receta no es exclusión, sino más inclusión, contrario a lo que Donald Trump predica en Estados Unidos y a lo que FMLN practica en El Salvador. Los enemigos de las sociedades abiertas y plurales quieren aprovechar la crisis de seguridad para construir sociedades con menos libertades. No les hagamos el favor.

Felices fiestas, a pesar de todo.

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