Fernando Poma

Voluntad y capacidad de ejecución. De Fernando Poma

El primer paso para solucionar cualquier problema es aceptar que existe. Capacidad de ejecución para hacer de ideas una realidad. Sin ambas, cualquier iniciativa genera falsa tranquilidad de que estamos progresando cuando la realidad es otra.

Fernando Poma, 20 junio 2017 / EDH

Hace un par de meses, viajé a Panamá para participar como panelista de un foro sobre Oportunidades, Riesgos y la Evolución de Centroamérica, organizado por la revista Latin Finance. Todos los participantes del panel estábamos discutiendo los problemas y retos que enfrenta la región, así como sus posibles soluciones. Fue sorprendente y simultáneamente triste, cuando uno de los panelistas pidió la palabra y dijo: “He participado en muchos paneles similares durante los últimos 25 años y una cosa es cierta: seguimos hablando de los mismos problemas y de las mismas potenciales soluciones”. En ese momento recordé mi propia experiencia y concluí lo mismo: mismos problemas, mismas potenciales soluciones.

La evidente conclusión es que el verdadero progreso depende, sobre todo, de voluntad y capacidad de ejecución. Voluntad para aceptar la realidad y enfrentar los grandes problemas estructurales con los que contamos, evitando alivios temporales que nos hunden más. El primer paso para solucionar cualquier problema es aceptar que existe. Capacidad de ejecución para hacer de ideas una realidad. Sin ambas, cualquier iniciativa genera falsa tranquilidad de que estamos progresando cuando la realidad es otra.

Para verdaderamente avanzar, es necesario encontrar espacios comunes, que casi siempre existen, incluso entre personas muy distintas. Se trata de decidir una dirección general consensuada, poner a las mejores personas en los puestos adecuados, y ejecutar, con sentido de urgencia y exigiendo rendición de cuentas. Y hay que dejar a un lado a personas que no saben lo que quieren, solo que no quieren ser parte de la solución, sea la que sea.

Tuve la oportunidad de cerrar el panel del foro anteriormente mencionado. Mi conclusión fue sencilla: si lográramos implementar soluciones para un pequeño porcentaje de los temas aquí mencionados en este foro, podríamos sustancialmente transformar el futuro de nuestra región de manera positiva.

@fernandopoma

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“Necesitamos crear un país de oportunidades”: Fernando Poma

El empresario salvadoreño Fernando Poma afirma que un buen liderazgo es necesario para que en El Salvador haya un mayor crecimiento económico y mejores condiciones de vida para todos.

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Entrevista de Mariana Bellosos a Fernando Poma, 16 enero 2017 / LPG

la prensa graficaFernando Poma es el vicepresidente de Real Hotels & Resorts, una compañía con inversiones en Centro y Sudamérica. También forma parte de la familia Poma, propietaria del grupo del mismo nombre, reconocida por su presencia en diferentes rubros económicos, principalmente en el área de bienes raíces. Forma parte de una nueva generación de empresarios que ve con más esperanza el futuro del país, sin dejar de señalar los aspectos que, a su juicio, requieren atención inmediata para que la paz, firmada hace 25 años, sea algo palpable. Los esfuerzos para el crecimiento económico, seguridad jurídica y ciudadana, generación de empleo y desarrollo más inclusivo deben apuntar, en su opinión, a que El Salvador sea un país del que la gente no quiera irse, sino más bien, al que aspire llegar.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, ¿cree que el país va en el rumbo correcto?

Mi papá dice con frecuencia que los factores más importantes para el éxito de una organización son visión y gente. Con visión se refiere a dirección estratégica, a saber dónde enfocar los recursos. Con gente se refiere a tener las personas más capaces para hacer el trabajo requerido por la visión.

Generalmente, la mejor gente es aquella que además de capacidad, energía e integridad tiene experiencia amplia en el rubro específico que se requiere trabajar para poder lograr la visión. La visión se decide en un par de días, con modificaciones leves en el camino, pero la gente ejecuta los otros 350 días del año.

En el país, la discusión entre ciudadanos casi siempre se centra puramente en el aspecto de visión o ideología y no en la capacidad del equipo elegido, como que si la ideología elegida fuese a ser implementada a la perfección. Sabemos, por experiencia, que ese no es el caso. Además, con frecuencia, elegimos la visión equivocada, buscando un cambio, sea el que sea. Es evidente, por ejemplo, que aspirar al modelo de un país como Venezuela, con decrecimiento económico de 8 %, inflación del 480 % y desempleo del 17 %, no es lógico.

En lo que no nos enfocamos suficiente es en el factor gente. Esto es especialmente importante al darnos cuenta de que aun con distintas ideologías, siempre hay espacios comunes, en nuestro país, empleo y seguridad son ejemplos. Y en estos espacios comunes que son los ejes principales de cualquier gobierno en nuestro país, no consideramos suficientemente la idoneidad del equipo de gente que se requiere para lograr esos objetivos. Esperamos con frecuencia que personas con experiencia en un área logren ser exitosas en algo no relacionado.

Un colaborador en una estación de radio o televisión o una persona que ha dedicado su vida a luchar en una guerra civil, por ejemplo, no puede volver el país competitivo para atraer inversión y cientos de miles de empleos. No es, necesariamente, que no quiera. Es que no sabe cómo. Nunca ha previamente generado un puesto de trabajo.

¿Qué es lo que necesitamos, entonces?

Necesitamos crear un país de oportunidades. Necesitamos poner las bases para aspirar a ser algún día primer mundo, un país donde las personas no quieran emigrar sino inmigrar. Para eso requerimos crecimiento económico sostenible y los mecanismos para que el beneficio le llegue a todo ciudadano, sobre todo a personas de escasos recursos. Necesitamos convertirnos en el país más atractivo para la inversión en relación con otros países con los que competimos. Requerimos generar confianza. Y para todo esto, necesitamos líderes que tengan la visión correcta y amplia experiencia en lo que se requiere, y capacidad para formar el mejor equipo de gente.

¿Cuál sería el mejor modelo de gobierno?

Un gobierno democrático basado en el concepto de libertad. Es un sistema de gobierno pequeño, enfocado en servir y no en ser servido. Este modelo está compuesto de representantes electos del pueblo; son los ciudadanos los que mantienen la supremacía y, periódicamente, votan para mantener o cambiar a sus representantes. Este tipo de gobierno aspira a reducir el gasto público, logrando contar con más recursos para inversión en programas sociales, infraestructura y otras iniciativas importantes. En la historia, se ha comprobado que este tipo de modelo democrático ha sido el de mayor éxito. Esto es evidente y podemos observarlo en casos comparativos como los de Alemania del Este y Alemania del Oeste, así como el de Corea del Norte y Corea del Sur. Además, ha sido representado por la inevitable apertura de la ex Unión Soviética durante la Guerra Fría. Es impresionante ver cuántos cubanos han arriesgado sus vidas en balsas artesanales rumbo a Estados Unidos. No he logrado encontrar datos sobre el caso inverso: ciudadanos de Estados Unidos arriesgando sus vidas para llegar a Cuba para vivir allí de manera ilegal.

¿Cuál cree que es su responsabilidad como empresario para aportar a la mejoría de la situación del país?

Como grupo empresarial, nuestra prioridad siempre ha sido El Salvador y nuestro deseo es seguir creciendo en este país. Es donde nacimos y donde vivimos. Tratamos de ser empleadores muy responsables y cuidamos a nuestra gente. Sin embargo, dado que tenemos un enfoque estratégico bien definido en cuatro divisiones operativas, y no siempre hay oportunidades de crecimiento en estos rubros de negocios, hemos crecido fuera de las fronteras, más en las últimas dos décadas.

Actualmente, desarrollamos y operamos proyectos en 10 países. A través de esta experiencia, hoy en día comprendemos qué factores hacen un país más o menos atractivo para la inversión que otro. Esto no es un entendimiento puramente teórico sino experiencial. Vemos cómo estos factores impactan las empresas y, con base en muchos de ellos, decidimos invertir en un lugar versus otro.

Como empresarios, además de seguir aportando a nuestro país a través de nuestras empresas y organizaciones sin fines de lucro, podemos transmitir al gobierno cuáles son las políticas y leyes que necesitan tener para volver el país más competitivo para generar mayor inversión y con eso, mayor empleo y recaudación fiscal. Como dije anteriormente, lo más importante es la generación de oportunidades y eso se logra a través de la inversión. Para esto, la voluntad gubernamental es necesaria.

Habla sobre competitividad, leyes, y enfocar distintas áreas, todo para generar oportunidades. ¿Cuál debe ser la fórmula?

Como país aspiremos a ser competitivos y comprendamos que la inversión no tiene fronteras, que realizarla en un país específico es relativamente similar a hacerlo en otro. Si realmente deseamos crecer y generar los beneficios y oportunidades que ello conlleva, debemos poder contestar preguntas como las siguientes: ¿Por qué va a venir alguien a invertir en este país versus hacerlo en otros de Centro y Suramérica? ¿Qué nos diferencia de los demás de manera positiva? ¿Son nuestras leyes más competitivas? ¿Estamos creando un ambiente donde se encuentran oportunidades rentables? ¿Estamos promoviendo la confianza, la certeza y la predictibilidad requerida? ¿Ha establecido el gobierno un rumbo claro y definido para el país? ¿Lo ha comunicado adecuadamente a todos sus ciudadanos? ¿Estamos trabajando para “despartidizar” nuestras instituciones, fortalecer nuestro Estado de derecho y asegurar que se cumplan las leyes? ¿Tenemos la cultura adecuada, una cultura que promueve la rendición de cuentas, rechaza la corrupción y la falta de transparencia, y que exige que nuestros representantes en el gobierno tomen decisiones con integridad, capacidad y un verdadero compromiso de servir? ¿Contamos con los mecanismos que nos da la democracia para que personas que no cumplan adecuadamente sus funciones puedan ser reemplazadas por los ciudadanos a quienes representan? Y finalmente, ¿tenemos una cultura que celebra el éxito? Todo esto requiere de verdadera voluntad política.

Ha habido bastante discusión sobre el tema impositivo. ¿Cuál, en su opinión, sería una política correcta en esta área?
Un gobierno debe poder subsistir a largo plazo, y pagar sus gastos y deuda, con los ingresos que recauda. El modelo impositivo debe ser creado de tal manera que logre un balance entre una recaudación adecuada y la promoción de un ambiente atractivo para el fomento del crecimiento económico. Es cuando se carece de este crecimiento y además, la recaudación fiscal no alcanza para cubrir los gastos del Estado (déficit fiscal), que entramos en el peor de los mundos. En esos momentos, el gobierno tiene tres opciones: subir impuestos, haciendo el país menos competitivo y estancando aún más su economía; incrementar la deuda pública; o entrar en un proceso real de austeridad. De estas tres opciones, la única que no agrava el problema es la última, un plan de reducción de gastos y de búsqueda de mayor eficiencia. Sorprendentemente, muchos gobiernos hacen precisamente lo contrario.
Es una peligrosa miopía creer que el crecimiento económico se genera, no a través de mayor competitividad, sino simplemente elevando el gasto corriente del país. Esto, más bien, agudiza nuestro problema financiero y limita los excedentes de fondos necesarios para inversión en iniciativas productivas o en programas sociales.
Entonces, según usted, el primer paso es promover el crecimiento económico sostenible.
El beneficio tiene que llegarle a todo ciudadano. Yo no creo en la teoría del rebalse. Esta teoría, de manera simple, apunta a que si hay crecimiento económico, eso eventualmente le llegará a los que están marginados de los frutos del desarrollo. Esto no es cierto y se puede observar en muchos países donde el crecimiento ha tardado décadas en afectar positivamente a muchos segmentos de la población. Necesitamos programas sociales, infraestructura, mayores oportunidades y mecanismos, para que el crecimiento económico impulse un verdadero e incluyente desarrollo económico-social.
¿Cuáles diría que son las instituciones que mejor funcionan en el país?

Prefiero no mencionar ejemplos específicos, pero sí decir que las únicas que funcionan son las que están haciendo su trabajo de manera independiente de tintes partidarios. Necesitamos instituciones independientes al servicio de solamente los ciudadanos del país. De eso depende, en gran medida, nuestra frágil democracia.

El sistema de justicia debe funcionar bien, regirse exclusivamente por leyes y su aplicación debe ser pareja para todos, sin preferencias. En países realmente exitosos, el criminal paga sus penas, pero es inocente hasta haber sido comprobado culpable. No hay excepciones a la regla. Habiendo dicho eso, en países exitosos, la justicia se aplica con base en pruebas e investigaciones serias, nunca con base en especulaciones o chismes.

Usted forma parte de una nueva generación de empresarios. ¿Cuáles deberían ser, desde su perspectiva, los temas de la nueva agenda de país?

Falta establecer un rumbo de país consensuado entre los actores políticos, académicos y económicos del país; un verdadero acuerdo de nación que permita que El Salvador avance, sin ideologías que lo entorpezcan y que ponga como única meta el desarrollo económico y social de todos los salvadoreños. Dicho acuerdo debería incluir: visión de país, políticas y leyes que fomenten la inversión, fortalecimiento institucional y democrático, política integral en materia de seguridad, educación de calidad. Orden en las finanzas del Estado.

El país firmó la paz armada, pero no se ha logrado concretar la paz social, que va mucho más allá. La polarización y confrontación constante entre actores políticos, y medidas poco transparentes (como la “partidización” de instituciones), no han permitido que se dicten las medidas necesarias para avanzar en el desarrollo económico y social que tanto anhelamos.

Debate y reflexión entre un religioso y un empresario. De Rev. Martin Díaz y Fernando Poma

fotodebate29 octubre 2015 / ContraPunto

Fernando Poma y el reverendo Martín Díaz protagonizaron un debate en redes sociales

Screen Shot 2015-10-31 at 9.19.51 PMEl empresario salvadoreño Fernando Poma respondió a una carta abierta escrita por el reverendo de la Iglesia Evangélica Protestante de El Salvador Martín Díaz, quien le hizo un “un llamado a la reflexión” y lo hizo público por medio del sitio web Diacrónico.

Carta emitida por el reverendo Díaz

“Carta abierta a Fernando Poma

28 octubre, 2015

Rvdo. Martín Díaz / Montevideo

Respetable Fernando Poma,

He decidido escribir esta carta para hacerte un llamado a la reflexión, y es que últimamente he visto como en tus redes sociales vas publicando diversas opiniones y cómo promocionas tu banda musical. La verdad me pareció muy curioso ver citas de Bob Marley y que sigas a tantos grupos de diversas cosmovisiones, sobre todo budistas.

Tú sabes a la clase social que perteneces y habiendo estudiado en Cornell debes tener muy seguramente una identidad de clase muy definida. Es por eso que me da esperanza que tengas una búsqueda espiritual siendo quien eres y tomando en cuenta la posición que ocupas a nivel simbólico, como parte de ese 1% que controla las riquezas y la voluntad de poder en nuestro país.

Sin embargo, es imprescindible ir más allá del discurso y empezar a actuar coherentemente con este perfil público con el cual estás construyendo una imagen más cercana a la clase media; me pregunto cómo es compatible este pensar y sentir cuando eres una de las cabezas de un grupo empresarial que deforesta nuestro país. ¿Cómo es compatible tu pensamiento (público) con tus acciones?

Con todo respeto te hago un llamado a la congruencia entre tu discurso y tu accionar.

No se trata de permisos, no se trata de tener los famosos papeles en regla, se trata de coherencia, de responsabilidad ambiental, social y cultural, en fin se trata de la tan olvidada mayordomía de la creación.

Tu estás en una posición privilegiada y si las ideas que compartís son auténticas deberías aplicarlas y ejercer tu empoderamiento para mejorar realmente nuestro país.

Sabes que todos ganamos si la salud, la educación y la seguridad mejoran, sabes que si la clase media crece también existirá mayor consumo, lo cual a ti y tu clase les conviene. Estás en el lugar donde se pueden cambiar las cosas.

Habemos muchos salvadoreños y salvadoreñas que trabajamos con nuestros casi nulos recursos materiales por un mejor país, por los derechos humanos, por los derechos esenciales, por la justicia y la paz social, por una vida digna y sustentable. Nosotros somos perseguidos por nuestro trabajo, por defender lo que es justo y digno para nuestra sociedad. Fernando: si tú quieres realmente puedes volcar tus dones para el bienestar de tu país.

Espero que te asumas en el mundo postfreudiano al que estamos entrando y que realmente como miembro del 1% superes la sobrevaloración del dinero y el sexo, que al final no es más que codicia y culto al ego.

Estamos de acuerdo en que la partidocracia de nuestro país es irresponsable, inmadura, corrupta, en fin, nefasta. Pero no sólo nefasta para los negocios de tus círculos, sino más bien para todo habitante de El Salvador. Es imperante superar la dualidad y el fanatismo ideológico sembrado por los hijos de la generación del silencio y su importada “revolución comunicacional”. Con ella nos imponen su verdad, pero tú eres parte de ese conjunto que dicta la voluntad de poder en nuestro país y puedes generar algún nivel de influencia y cambio real.

Pensemos y actuemos con visión de país, promovamos la colaboración intergeneracional y dialoguemos para construir un nuevo El Salvador. Donde vos y los tuyos se sientan bien, pero en donde los demás también tengamos cabida, donde la codicia no tenga lugar, donde el 1% pague sus impuestos, donde podamos vivir dignamente como hermanos y hermanas que somos.

Yo se que esto es difícil, que tienes tus intereses, tu ideología, tu postura como parte del poder económico de nuestro país, pero esto va más allá de eso. Estamos en una situación caótica y pre-apocalíptica en donde debemos pensar, dialogar y construir unidos en diversidad, por la supervivencia nuestra sociedad. Ya tuvimos suficiente de mentalidades y prácticas arcaicas. Hago un llamado a tu conciencia a tu humanismo y a que el Espíritu Santo te ilumine para poder ser una herramienta para la mayordomía de la creación desde tu lugar.

Es muy probable que la vida que tenemos la gran mayoría sea desconocida y surrealista para tu persona. Pero si eres músico, debes tener un alma sensible y puedes hacer el ejercicio de imaginarte como un salvadoreño promedio y ser consciente de lo que implica para millones de nuestros hermanos y hermanas no saber como pagar los recibos a fin de mes, lo que es ser asediado por las pandillas y los partidos políticos, lo que se siente ser criminalizado por ser joven o por el lugar donde vives, lo que se siente comer cada vez alimentos de menor calidad, beber agua cada día más contaminada, no tener tiempo para pensar, para meditar, para crecer y evolucionar.

Fernando, espero sepas comprender la importancia de este llamado y que lo tomes con la seriedad debida. Te invito a asumir tu compromiso histórico, a que te comuniques con las organizaciones sociales, a ir más allá de la Fundación Poma y comunicarte con quienes estamos al otro la de la acera luchando por el bien común y la construcción de un nuevo paradigma.

Abrazos y Bendiciones.

Atentamente,

Rvdo. Martín Ignacio Díaz Velásquez”

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En respuesta Fernando Poma publicó otra carta en sus redes sociales:

“Estimado Reverendo Martín Díaz:

Primero que nada te quiero agradecer por haberte tomado el tiempo de escribirme tus pensamientos sobre mi quehacer como empresario y como persona. Valoro mucho tu opinión.

No obstante lo anterior, me gustaría tomarme algunos minutos para aclarar algunas de tus inquietudes. Inicias tu escrito aludiendo que a través de la música y de opiniones sobre temas espirituales, he construido un perfil público y que mis acciones deben ser coherentes con ese perfil benevolente que se supone he venido formándome.

Mi opinión es la siguiente: El gusto por la música y dar opiniones sobre temas espirituales, no tiene nada que ver con la calidad humana de las personas. Hay personas buenas y malas en todos los lugares, con distintos gustos; y pensar que una persona es buena o mala por sus distintos gustos es simplemente una etiqueta mental. Quisiera aclararte que la única razón por la que toco música en público y opino sobre temas espirituales, es que son temas que me apasionan.

En un país tan politizado, otra etiqueta mental es que todo el mundo tiene que tener una razón escondida para embarcarse en cualquier proyecto. De nuevo te quiero aclarar, que no tengo ninguna agenda, ni política, ni económica, ni de protagonismo, ni de poder. Es más, soy una persona que hago lo que hago, no porque se vea o se sienta bien, sino porque intrínsecamente está bien.

Continúas haciendo un comentario, asumiendo que no hago suficiente por el país y que mi imagen no es congruente con mis acciones. Creo francamente que no estás enterado de las cosas que hacemos, ya que como persona trabajo dentro de la estructura con que nosotros operamos. Me gustaría darte nada más unos cuantos ejemplos:

¿Sabías tú que al 70% de los estudiantes que asisten a la Escuela Superior de Economía y Negocios, Universidad fundada por nosotros, le hemos otorgado beca o financiamiento y les hemos cambiado la vida?

¿Sabías tú que tenemos una organización muy exitosa llamada Supérate Poma, que ofrece clases de computación, inglés y valores a jóvenes de sumamente bajos recursos, la cual es totalmente patrocinada por nosotros?

¿Sabías tú que los proyectos de bienes raíces que lastimosamente a veces requieren la tala de árboles, tienen como requisito reponer con diez nuevos árboles sembrados cada uno que se tala?

¿Sabías tú que tenemos un programa llamado Sembrando Valores, donde hemos capacitado en este año a más de 350,000 niños en escuelas públicas?

¿Sabías tú que tenemos un programa para ayudar a niños abandonados, en el cual no solo los capacitamos en oficios básicos, sino que les contratamos para un empleo?

¿Sabías tú que nuestro programa Libras de Amor, en diez años ha beneficiado a 160,000 personas en 21 municipios a los que ha llegado?

¿Sabías tú a través del Teatro Luis Poma impartimos obras culturales a todo el salvadoreño y que el costo simbólico de la entrada es solamente de cinco dólares, y que todos estos años hemos subvencionado con grandes cantidades de efectivo a este Teatro?

¿Sabías tú que nuestra remuneración mínima (nadie gana menos que ésto) es 40% más alta que la remuneración según Ley?

¿Sabías tú que con nuestro programa de ayuda médico hospitalaria, solo el año pasado hemos distribuido donativos de casi catorce millones de dólares, en medicina, material médico hospitalario, ropa y calzado, alimentos, entre otras cosas?

¿Sabías que con nuestro programa Proyecto País, el cual tiene como objetivo la prevención primaria de la violencia, trabajamos con niños y jóvenes de 6 a 18 años, padres de familia y docentes, buscando promover cambios positivos en ellos y sus comunidades? ¿Sabías que solo el año pasado logramos llegar a 18,110 niños y jóvenes, 13,158 padres de familia y 186 docentes?

Todas las anteriores son algunas de las cosas que nosotros hacemos, pero lo hacemos en privado, porque no sentimos la necesidad de hacerlas para lograr algún tipo de protagonismo.

En tu nota continúas haciéndome un llamado para tratar de apoyar en temas de salud, educación y seguridad. Aquí creo que te puedes referir a algunas de las acciones ya mencionadas, para que puedas ver que ya participamos fuertemente en temas de salud y educación. En el tema de seguridad realmente no sentimos que nos compete y debería ser más que nada liderado por el gobierno.

Finalmente en tu artículo indicas que debería conocer más de cerca cómo vive la gente y que desde mi puesto no estoy realmente enterado. Aquí con respeto te puedo contestar una cosa y es que no necesito darme físicamente contra la pared diez veces para saber que duele. Yo vivo aquí y estoy muy consciente del sufrimiento y la escasez de recursos que enfrenta mucha gente y es algo que me preocupa profundamente. Mi contribución la trato de hacer por los canales que te he mencionado.

Quisiera recalcar que ser músico y dar cualquier tipo de opinión no hace a nadie ni más sensible, ni mejor persona. También quisiera recalcar que no tengo ninguna agenda. Vivo aquí porque me gusta este país y si doy una opinión, creo un perfil o trato de ayudar, es por una sola razón, porque hago lo que siento que es correcto y trato de vivir siempre mi vida con integridad.

Para terminar, si te gusta la música, te invito a que hablemos en persona en algún próximo toque musical y con gusto te invito a una cerveza.

Fernando Poma.”

Preocupación de un empresario. De Fernando Poma

EDH20150622NAC012P
fernando pomaFernando Poma, 22 junio 2015 / EDH

No soy político, soy empresario. Con el paso del tiempo, continúo aprendiendo sobre las cosas que funcionan y las que no. Cada día voy entendiendo mejor que el buen manejo de una organización depende de tener una visión clara y compartida, así como un equipo de gente con creatividad, capacidad de ejecución y valores, con el fin de llegar a tener una cultura que promueve el éxito y la diferenciación. El éxito debe ser aplaudido y apreciado, y nunca resentido. La diferenciación se refiere a productos y servicios, pero también a gente. Debe haber movilidad interna donde los mejores ejecutivos sobresalen en un marco competitivo, con muchos integrantes buscando triunfar. Con los adecuados procesos, las mejores organizaciones van auto seleccionando y reteniendo a la mejor gente.

La organización más retadora es la administración de un gobierno. No obstante, aunque a mayor escala, hay muchas similitudes con otras organizaciones de gran tamaño y complejidad. Por ejemplo, un gobierno tiene un líder electo. También tiene ingresos, gastos, deuda, seguros e inversiones. Además, contrata gente y la divide en áreas funcionales. Un gobierno compite con otros para lograr ciertos beneficios, como por ejemplo, la inversión extranjera. Un gobierno puede llevar al país a la quiebra, si sus gastos corrientes y carga de financiera se van elevando a niveles considerablemente más altos que sus ingresos. Un gobierno también trabaja en promoción y mercadeo, como cualquier organización, solamente que en este caso, del país. Un gobierno es representante de y vela por los intereses de personas, los ciudadanos de la nación.

Como en una organización exitosa, un gobierno beneficia a su país desarrollando y comunicando una visión claramente definida. Esto, entre otras cosas, ayuda a promover la inversión y los beneficios que conlleva, como oportunidades de empleo y mayor recaudación fiscal. Esa inversión depende sobretodo de dos factores: rentabilidad y certeza. La visión de un país, reflejada en sus políticas y leyes, contribuye tanto a encontrar la rentabilidad requerida, como la predictibilidad y confianza para promover nuevos proyectos. En otras palabras, inversionistas requieren encontrar una oportunidad rentable y poder proyectar cómo estará su inversión y el ambiente en el que se encontrará en el largo plazo. 1

Como una organización responsable, un gobierno debe poder subsistir a largo plazo, pagando sus gastos y deuda con los ingresos que recauda. El modelo impositivo debe ser creado de tal manera que logre un balance entre una recaudación adecuada y la generación de un ambiente seguro y atractivo que fomente el crecimiento económico. Cuando se carece de este crecimiento y además la recaudación fiscal no alcanza para cubrir los gastos del Estado, entramos un círculo vicioso que puede llevar al descalabro financiero. En ese momento, el gobierno tiene principalmente tres opciones: subir impuestos, haciendo al país menos competitivo y estancando aún más su economía; incrementar la deuda pública; o entrar en un proceso real de austeridad.2 De estas tres opciones, la única que no agrava el problema es la última: un plan de reducción de gastos y de búsqueda de mayor eficiencia. Sorprendentemente, muchos gobiernos hacen precisamente lo contrario.

Es una peligrosa miopía creer que el crecimiento económico se genera, no a través de mayor competitividad, sino simplemente elevando el gasto corriente del país. Esto, más bien, agudiza el problema financiero y limita los excedentes de fondos necesarios para inversión en iniciativas productivas o en programas sociales.

El uso excesivo de deuda también es un arma peligrosa. Es curioso como muchas personas cuidan con ansias el efectivo que tienen en la billetera, pero le dan mínimo pensamiento al efectivo que tienen que pagar a través de un préstamo. Una obligación a pagar y el efectivo que tenemos en la actualidad, es similar (aunque la obligación a pagar puede ser más onerosa, ya que en la gran mayoría de casos, la tasa de interés es mayor que la tasa de inflación).

Hoy en día, cada ciudadano de El Salvador, a través de la deuda pública, debe aproximadamente US$ 2,500. Esto se traduce en un endeudamiento total de cerca de US$ 15.6 mil millones, representando un 62% de nuestro Producto Interno Bruto (PIB). Este nivel de deuda pudiera llevar al país a un estado de insolvencia si ocurre cualquiera de múltiples factores, incluyendo algo tan sencillo, como un aumento sostenido de tres o cuatro puntos en las tasas de interés en dólares. 3

Como país aspiremos a ser competitivos y comprendamos que la inversión no tiene fronteras, que realizarla en un país específico es relativamente similar a hacerlo en otro. Si realmente deseamos crecer y generar los beneficios que ello conlleva, debemos poder contestar preguntas como las siguientes: ¿Por qué va a venir alguien a invertir en este país versus hacerlo en otros de Centro y Sur América? ¿Qué nos diferencia de los demás de manera positiva? ¿Son nuestras leyes más competitivas? ¿Estamos creando un ambiente donde se encuentran oportunidades rentables? ¿Estamos promoviendo la confianza, la certeza y la predictibilidad requerida? ¿Ha establecido el gobierno un rumbo claro y definido para el país? ¿Lo ha comunicado adecuadamente a todos sus ciudadanos? ¿Estamos trabajando para “despartidizar” nuestras instituciones, fortalecer nuestro estado de derecho, y asegurar que se cumplan las leyes? ¿Tenemos la cultura adecuada: una cultura que promueve la rendición de cuentas, rechaza la corrupción y la falta de transparencia, y que exige que nuestros representantes en el gobierno tomen decisiones con integridad, capacidad y un verdadero compromiso de servir? ¿Contamos con los mecanismos que nos da la democracia para que personas que no cumplan adecuadamente sus funciones puedan ser reemplazadas por los ciudadanos a quienes representan? Y finalmente, ¿tenemos una cultura que celebra el éxito?

Todo esto requiere de verdadera voluntad política.

Notas de apoyo:

1 Confianza depende de muchos factores incluyendo el hecho de contar con un estado de derecho pleno. Entre otras cosas, las instituciones clave como el Tribunal Supremo Electoral, la Corte de Cuentas y la Corte Suprema de Justicia, no deberían ser dirigidas por miembros de partidos políticos y con fines partidarios, sino ser independientes y responder únicamente a los ciudadanos.

2 También puede progresivamente “formalizar” el sector informal.

3 La deuda no se puede reducir imprimiendo dólares, hecho afortunado viendo el pobre manejo de política monetaria en la mayoría de países de Latinoamérica y las alzas resultantes de inflación. El costo real de deuda pública lo asumen los ciudadanos y no hay fórmulas mágicas que lo reduzcan.

Twitter: @fernandopoma.