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La columna vertebral del desarrollo. De Manuel Hinds

Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

29 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La sociedad es un organismo muy complejo y su desarrollo requiere acciones en un gran número de dimensiones. Sin embargo, hay ciertos temas que son fundamentales en todas estas dimensiones, y acciones que si no se toman detienen todo el progreso. Para identificar cuáles son esos temas fundamentales es necesario tomar una perspectiva lejana, viendo el bosque para que los árboles individuales no distraigan la vista.

El bosque es bien simple. Lo podemos describir con dos hechos. El primero es que El Salvador crece muy poco para poder salir del subdesarrollo dentro del siguiente medio siglo. A la tasa promedio a la que hemos estamos creciendo desde que terminó la guerra en 1992 (que es un poquito mas alta que la del promedio de Latinoamérica), nos tardaríamos 55 años para alcanzar el ingreso por habitante que ahora tiene Uruguay, el país latinoamericano con mayor ingreso por habitante pero todavía no plenamente desarrollado.

El segundo hecho es que la única manera de subir la tasa de crecimiento de la economía (y generar desarrollo) es educando al pueblo para que puedan producir bienes y servicios más sofisticados y así generar más valor agregado en la producción, obteniendo más ingresos. Esto, que siempre ha sido cierto, lo es mucho más aún en la economía del conocimiento que está capturando al mundo entero. Esto es cierto aún para los países con recursos naturales porque dichos recursos no se pueden explotar sin conocimiento; es más cierto aún para un país como el nuestro que no los tiene.

Por supuesto, no se puede educar bien a un pueblo que no tiene salud ni seguridad. Está comprobado además que la formación del individuo para que pueda desarrollar la innovación y la creatividad que son esenciales para generar tasas altas de desarrollo el conocimiento debe estimularse muy tempranamente en los niños, y que deben acompañarse de cuidados de salud que van mucho más allá que los que ahora reciben. El cerebro humano se abre a aprender ciertas cosas básicas a edades muy tempranas y luego se cierra en estas dimensiones. Los que aprendieron a usar estas habilidades en esos años pueden progresar a estadios más altos que los que no lo lograron hacer. La falta de atención a la educación y la salud en esos años condena a la mayor parte de los salvadoreños a quedarse permanentemente atrás en su vida. Además, proveyendo esta atención se previenen muchas enfermedades en los adultos, que luego sale más caro tratar que lo que hubiera costado prevenir.

Tercero, no sería ni justo ni práctico concentrar toda la inversión en las generaciones futuras por lo que también hay que hacer un esfuerzo muy grande para mejorar la educación y la salud de los adultos, con el mismo objetivo de mejorar sus habilidades para mejorar su valor agregado. La revolución tecnológica actual da muchos mecanismos para facilitar esta educación, y todos deben ser ocupados. En casos como el del software, se ha observado que muchos individuos que podrían acceder a nuevas actividades y aumentar enormemente sus ingresos no lo hacen porque no se les imagina que lo pueden hacer. Esto pasa especialmente con las mujeres. Hay que hacer un esfuerzo en este sentido también, empoderando al pueblo no para que pelee con otros sectores sino para que se de cuenta de que puede lograr su propio desarrollo.

A todo esto que estamos hablando —la educación, la salud, la seguridad, el empoderamiento— la gente la llama “las políticas sociales”, como si fueran un adjunto a otras políticas, quizás más serias e importantes. Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

Lo son por dos razones. Primero, porque el tener educación, salud y seguridad es lo que es el desarrollo. Estas actividades son fines en sí mismas. Segundo, porque sin ellas no vamos a crecer económicamente y nunca alcanzaremos el desarrollo pleno de nuestra sociedad. Es decir, son fines y medios para el desarrollo. Debemos darles primera prioridad desde ya, desde este minuto y todos debemos colaborar para su éxito.

Huérfanos de estrategia de crecimiento y desarrollo. De Roberto Rubio

Roberto Rubio, 9 abril 2018 / La Prensa Gráfica

A pesar de que la situación fiscal del país sigue siendo delicada, la reforma de pensiones, entre otros factores, ha dado un respiro, y los nubarrones de la crisis y el impago se han despejado por el momento. Es ocasión entonces de pensar más en una problemática que se había relegado en el debate nacional: la falta estructural de crecimiento de nuestra economía. En efecto, desde hace años la economía salvadoreña está atrapada en un crecimiento vegetativo que apenas ronda el 2 %. Como hemos dicho en otras ocasiones, se trata de una “economía pasmada”.

Mientras esa “pasmadencia” continúe, cualquier reforma fiscal no tendrá los frutos deseados, ni habrá suficientes inyecciones de inversión pública para reactivar la economía, ni lograremos buena calificación de riesgo para mejorar nuestro acceso al crédito internacional. Es fundamental dedicarle tiempo y energías para responder interrogantes como: ¿Por qué la economía no crece, y cuando crece no es sostenible? ¿Qué hacer para reactivar la economía y lograr una dinámica sólida y robusta? ¿Cómo hacer para que cuando la economía crezca se traduzca en procesos de desarrollo?

La ruta de las respuestas parte de la necesidad de contar con una estrategia de crecimiento y desarrollo, que permita animar la decaída economía, darle sostenibilidad, y mejorar la calidad de vida y bienestar de la población, especialmente de los más vulnerables y marginados. No es la intención acá analizar las causas de nuestro enclenque crecimiento y mal desarrollo. El espacio con que contamos acá tampoco lo permite. Pero podemos mencionar algunos “tips” al respecto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que las causas del bajo crecimiento económico son estructurales, y residen en su esquema de funcionamiento: desarticulación sectorial, territorial y empresarial, consumismo, baja propensión a la inversión, inversiones de poco valor agregado, excesiva dependencia de remesas, inestabilidad política permanente, debilidades institucionales, etcétera.

En segundo lugar, la reactivación demanda acciones de corto plazo: reestructuración de deuda y acceso a créditos en mejores condiciones (Banca Multilateral) para lograr una inyección sustantiva de inversión pública (big push), acuerdos políticos básicos, mejora de tramitología y aduanas, ingeniería financiera/constitución de fondos para expansión de crédito para vivienda, etcétera.

En tercer lugar, a medio/largo plazo es esencial contar con una apuesta productiva estratégica, la cual sea el eje vertebrador de las actividades empresariales, sectoriales y territoriales. Una puesta que defina qué queremos ser en los próximos años. A manera de ejemplo: ser una plataforma logística y de valor agregado de talante mundial. Puede ser esta u otra, pero lo importante es contar con una apuesta basada en un análisis serio de nuestras potencialidades y oportunidades, de tal forma que permita darle rumbo económico al país.

Finalmente, es estratégico saber traducir el crecimiento económico en desarrollo, ya que ni el crecimiento ni los mercados por sí mismos generan desarrollo. Los beneficios del crecimiento tienen que enfocarse a disminuir la inequidad y mala distribución de la riqueza, dar acceso amplio y de calidad a los servicios públicos, priorizar el combate a la pobreza, manejar amigable y sostenidamente el medio ambiente, mejorar el transporte público, elevar la cobertura y calidad de la educación y la salud, impulsar cambios culturales y la investigación científica, asegurar la seguridad ciudadana, combatir la corrupción e impunidad, fortalecer la institucionalidad democrática, etcétera.

Sobre el resurgimiento y prosperidad de El Salvador. De Alberto Arene

Enfrentar y superar semejante crisis histórica conduciendo al país a su resurgimiento y prosperidad constituye el desafío histórico de nuestro tiempo.

Alberto Arene, 29 junio 2017 / LPG

Lideramos el homicidio mundialmente, el menor crecimiento y competitividad de la región, el mayor endeudamiento e insostenibilidad de las finanzas públicas, y los mayores grados de división y polarización política sostenidas –Venezuela excluida– en el nuevo siglo, en el país más pequeño y de menores recursos de Latinoamérica. Enfrentar y superar semejante crisis histórica conduciendo al país a su resurgimiento y prosperidad constituye el desafío histórico de nuestro tiempo; tarea de estadistas y visionarios comprometidos con la transformación y el futuro, pero también de políticos capaces y honestos en la sociedad civil y el Estado.

El punto de partida es, por supuesto, un diagnóstico y caracterización de los principales problemas con los que concluiremos la segunda década del siglo XXI en un mundo que se transforma aceleradamente. Estos problemas constituyen, en su mayoría, manifestaciones de agotamientos estructurales de varias décadas con distancias que siguen creciendo respecto al mundo que se transforma aceleradamente con la revolución científico-tecnológica y las tecnologías de la información, particularmente.

Se trata de aprovechar las oportunidades del futuro que ya se hizo presente. Y esto es precisamente lo que dijo Francisco de Sola en su discurso de aceptación de Miembro Honorario de FUSADES 2017, que por su relevancia, citamos ampliamente. Después de referirse a Otto Von Bismarck (“La tarea del estadista es de captar el sonido de los pasos de Dios a través de la historia, ¡y de tratar de agarrarse de sus faldones al pasarle por frente!), dijo “¡DESPIERTEN! Se trata de “agarrarnos de los faldones” de esa evolución tecnológica que nos está pasando por frente con una rapidez asombrosa, y cambiando el mundo como hoy lo conocemos…”.

Francisco de Sola

Efectivamente, y continuó afirmando: “Cuando más gente tiene acceso a información, a contacto con otras gentes, hay disrupción: los Estados se ven forzados a apertura y transparencia, las fronteras como las conocemos se derrumban, los trabajos que nos dan seguridad se disgregan, las ventajas comparativas que nos dieron de comer desaparecen, todas las reglas de la convivencia tambalean. Y la velocidad del cambio es lo que preocupa. Lo sensato no es abandonarnos en pánico, más bien es de enfocar en que las tecnología de información, al forzar que sean más eficientes los procesos, a la vez empodera nuevos modelos de negocios, nuevos productos y nuevas plataformas de crecimiento… Los sabios de hoy nos insisten que en la historia mundial, las sociedades que son abiertas a los flujos de información, de finanzas, de cultura, de comercio y de educación, y las que aprenden de todo esto son las que saldrán adelante”.

Dos son las ventajas competitivas que tenemos, nuestra ubicación geográfica y nuestra gente, pero tenemos que hacer la tarea que no hemos hecho en ambas. Si bien es fundamental crear confianza y certidumbre para favorecer la inversión privada y el crecimiento, necesitamos apalancarnos y sacar provecho de ambas, impulsando sostenidamente la transformación productiva, fomentando el desarrollo logístico y productivo-exportador, el cluster de servicios aeronáuticos, la industria exportadora de bienes y de servicios diversos con niveles crecientes de tecnología y comercialización digital, la agro-industria azucarera, cafetalera y del cacao con mayores grados de diversificación, productividad y valor agregado. Así transformaríamos la economía, crearíamos más y mejores empleos y nos insertaríamos a la economía regional y mundial de manera competitiva.

Por eso afirma de Sola: “América es un gran continente donde hemos sido estratégicamente colocados por el destino en el centro, entre norte y sur y entre los grandes Océanos Pacífico y Atlántico. Esa es una de nuestras grandes riquezas. La otra gran riqueza, también excepcional, es la pirámide poblacional de la región, donde la edad media se estima en 27 años. ¡En esas dos riquezas está nuestro futuro: una ubicación ideal para conectividad, con una población joven que ya absorbe la tecnología moderna de comunicación! Hoy día nos definimos por fronteras físicas, legales y comerciales, por preceptos y culturas que nos impiden pensar en grande, como demandan los retos del siglo XXI”.

La transformación productiva y exportadora anclada en la conectividad digital, logística, productiva y exportadora desde una perspectiva centroamericana e internacional debe constituir el eje vertebrador de la estrategia de resurgimiento y prosperidad: “Un tema toral de infraestructura es concentrar exportaciones en grandes y eficientes puertos fortalecidos y nutridos por servicios y manufacturas en su derredor. Se fomentaría que las poblaciones se muevan en libertad dentro de la región, con visión de logística y productividad. Concentraríamos inversiones y proyectos de desarrollo en territorios idóneos, según ventaja comparativa, en vez de replicarlos en cada país. Se crearían núcleos de innovación en ciudades abiertas a la atracción de talento, capital y la conectividad que es el tuétano de la evolución tecnológica. Las grandes eficiencias que vienen de pensar, gestionar y construir a escala mayor cambiarían la región completamente, en educación, en salud, en producción agrícola, en administración del Estado, y muchos otros campos, y nos apuntarían a competitividad progresiva y multiplicadora, en un nuevo esfuerzo visionario para vencer la pobreza y escalar a otro nivel de desarrollo”.

Vaya desafío el que tenemos. Para visionarios y estadistas, y políticos capaces y honestos.

“Necesitamos crear un país de oportunidades”: Fernando Poma

El empresario salvadoreño Fernando Poma afirma que un buen liderazgo es necesario para que en El Salvador haya un mayor crecimiento económico y mejores condiciones de vida para todos.

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Entrevista de Mariana Bellosos a Fernando Poma, 16 enero 2017 / LPG

la prensa graficaFernando Poma es el vicepresidente de Real Hotels & Resorts, una compañía con inversiones en Centro y Sudamérica. También forma parte de la familia Poma, propietaria del grupo del mismo nombre, reconocida por su presencia en diferentes rubros económicos, principalmente en el área de bienes raíces. Forma parte de una nueva generación de empresarios que ve con más esperanza el futuro del país, sin dejar de señalar los aspectos que, a su juicio, requieren atención inmediata para que la paz, firmada hace 25 años, sea algo palpable. Los esfuerzos para el crecimiento económico, seguridad jurídica y ciudadana, generación de empleo y desarrollo más inclusivo deben apuntar, en su opinión, a que El Salvador sea un país del que la gente no quiera irse, sino más bien, al que aspire llegar.

A 25 años de la firma de los Acuerdos de Paz, ¿cree que el país va en el rumbo correcto?

Mi papá dice con frecuencia que los factores más importantes para el éxito de una organización son visión y gente. Con visión se refiere a dirección estratégica, a saber dónde enfocar los recursos. Con gente se refiere a tener las personas más capaces para hacer el trabajo requerido por la visión.

Generalmente, la mejor gente es aquella que además de capacidad, energía e integridad tiene experiencia amplia en el rubro específico que se requiere trabajar para poder lograr la visión. La visión se decide en un par de días, con modificaciones leves en el camino, pero la gente ejecuta los otros 350 días del año.

En el país, la discusión entre ciudadanos casi siempre se centra puramente en el aspecto de visión o ideología y no en la capacidad del equipo elegido, como que si la ideología elegida fuese a ser implementada a la perfección. Sabemos, por experiencia, que ese no es el caso. Además, con frecuencia, elegimos la visión equivocada, buscando un cambio, sea el que sea. Es evidente, por ejemplo, que aspirar al modelo de un país como Venezuela, con decrecimiento económico de 8 %, inflación del 480 % y desempleo del 17 %, no es lógico.

En lo que no nos enfocamos suficiente es en el factor gente. Esto es especialmente importante al darnos cuenta de que aun con distintas ideologías, siempre hay espacios comunes, en nuestro país, empleo y seguridad son ejemplos. Y en estos espacios comunes que son los ejes principales de cualquier gobierno en nuestro país, no consideramos suficientemente la idoneidad del equipo de gente que se requiere para lograr esos objetivos. Esperamos con frecuencia que personas con experiencia en un área logren ser exitosas en algo no relacionado.

Un colaborador en una estación de radio o televisión o una persona que ha dedicado su vida a luchar en una guerra civil, por ejemplo, no puede volver el país competitivo para atraer inversión y cientos de miles de empleos. No es, necesariamente, que no quiera. Es que no sabe cómo. Nunca ha previamente generado un puesto de trabajo.

¿Qué es lo que necesitamos, entonces?

Necesitamos crear un país de oportunidades. Necesitamos poner las bases para aspirar a ser algún día primer mundo, un país donde las personas no quieran emigrar sino inmigrar. Para eso requerimos crecimiento económico sostenible y los mecanismos para que el beneficio le llegue a todo ciudadano, sobre todo a personas de escasos recursos. Necesitamos convertirnos en el país más atractivo para la inversión en relación con otros países con los que competimos. Requerimos generar confianza. Y para todo esto, necesitamos líderes que tengan la visión correcta y amplia experiencia en lo que se requiere, y capacidad para formar el mejor equipo de gente.

¿Cuál sería el mejor modelo de gobierno?

Un gobierno democrático basado en el concepto de libertad. Es un sistema de gobierno pequeño, enfocado en servir y no en ser servido. Este modelo está compuesto de representantes electos del pueblo; son los ciudadanos los que mantienen la supremacía y, periódicamente, votan para mantener o cambiar a sus representantes. Este tipo de gobierno aspira a reducir el gasto público, logrando contar con más recursos para inversión en programas sociales, infraestructura y otras iniciativas importantes. En la historia, se ha comprobado que este tipo de modelo democrático ha sido el de mayor éxito. Esto es evidente y podemos observarlo en casos comparativos como los de Alemania del Este y Alemania del Oeste, así como el de Corea del Norte y Corea del Sur. Además, ha sido representado por la inevitable apertura de la ex Unión Soviética durante la Guerra Fría. Es impresionante ver cuántos cubanos han arriesgado sus vidas en balsas artesanales rumbo a Estados Unidos. No he logrado encontrar datos sobre el caso inverso: ciudadanos de Estados Unidos arriesgando sus vidas para llegar a Cuba para vivir allí de manera ilegal.

¿Cuál cree que es su responsabilidad como empresario para aportar a la mejoría de la situación del país?

Como grupo empresarial, nuestra prioridad siempre ha sido El Salvador y nuestro deseo es seguir creciendo en este país. Es donde nacimos y donde vivimos. Tratamos de ser empleadores muy responsables y cuidamos a nuestra gente. Sin embargo, dado que tenemos un enfoque estratégico bien definido en cuatro divisiones operativas, y no siempre hay oportunidades de crecimiento en estos rubros de negocios, hemos crecido fuera de las fronteras, más en las últimas dos décadas.

Actualmente, desarrollamos y operamos proyectos en 10 países. A través de esta experiencia, hoy en día comprendemos qué factores hacen un país más o menos atractivo para la inversión que otro. Esto no es un entendimiento puramente teórico sino experiencial. Vemos cómo estos factores impactan las empresas y, con base en muchos de ellos, decidimos invertir en un lugar versus otro.

Como empresarios, además de seguir aportando a nuestro país a través de nuestras empresas y organizaciones sin fines de lucro, podemos transmitir al gobierno cuáles son las políticas y leyes que necesitan tener para volver el país más competitivo para generar mayor inversión y con eso, mayor empleo y recaudación fiscal. Como dije anteriormente, lo más importante es la generación de oportunidades y eso se logra a través de la inversión. Para esto, la voluntad gubernamental es necesaria.

Habla sobre competitividad, leyes, y enfocar distintas áreas, todo para generar oportunidades. ¿Cuál debe ser la fórmula?

Como país aspiremos a ser competitivos y comprendamos que la inversión no tiene fronteras, que realizarla en un país específico es relativamente similar a hacerlo en otro. Si realmente deseamos crecer y generar los beneficios y oportunidades que ello conlleva, debemos poder contestar preguntas como las siguientes: ¿Por qué va a venir alguien a invertir en este país versus hacerlo en otros de Centro y Suramérica? ¿Qué nos diferencia de los demás de manera positiva? ¿Son nuestras leyes más competitivas? ¿Estamos creando un ambiente donde se encuentran oportunidades rentables? ¿Estamos promoviendo la confianza, la certeza y la predictibilidad requerida? ¿Ha establecido el gobierno un rumbo claro y definido para el país? ¿Lo ha comunicado adecuadamente a todos sus ciudadanos? ¿Estamos trabajando para “despartidizar” nuestras instituciones, fortalecer nuestro Estado de derecho y asegurar que se cumplan las leyes? ¿Tenemos la cultura adecuada, una cultura que promueve la rendición de cuentas, rechaza la corrupción y la falta de transparencia, y que exige que nuestros representantes en el gobierno tomen decisiones con integridad, capacidad y un verdadero compromiso de servir? ¿Contamos con los mecanismos que nos da la democracia para que personas que no cumplan adecuadamente sus funciones puedan ser reemplazadas por los ciudadanos a quienes representan? Y finalmente, ¿tenemos una cultura que celebra el éxito? Todo esto requiere de verdadera voluntad política.

Ha habido bastante discusión sobre el tema impositivo. ¿Cuál, en su opinión, sería una política correcta en esta área?
Un gobierno debe poder subsistir a largo plazo, y pagar sus gastos y deuda, con los ingresos que recauda. El modelo impositivo debe ser creado de tal manera que logre un balance entre una recaudación adecuada y la promoción de un ambiente atractivo para el fomento del crecimiento económico. Es cuando se carece de este crecimiento y además, la recaudación fiscal no alcanza para cubrir los gastos del Estado (déficit fiscal), que entramos en el peor de los mundos. En esos momentos, el gobierno tiene tres opciones: subir impuestos, haciendo el país menos competitivo y estancando aún más su economía; incrementar la deuda pública; o entrar en un proceso real de austeridad. De estas tres opciones, la única que no agrava el problema es la última, un plan de reducción de gastos y de búsqueda de mayor eficiencia. Sorprendentemente, muchos gobiernos hacen precisamente lo contrario.
Es una peligrosa miopía creer que el crecimiento económico se genera, no a través de mayor competitividad, sino simplemente elevando el gasto corriente del país. Esto, más bien, agudiza nuestro problema financiero y limita los excedentes de fondos necesarios para inversión en iniciativas productivas o en programas sociales.
Entonces, según usted, el primer paso es promover el crecimiento económico sostenible.
El beneficio tiene que llegarle a todo ciudadano. Yo no creo en la teoría del rebalse. Esta teoría, de manera simple, apunta a que si hay crecimiento económico, eso eventualmente le llegará a los que están marginados de los frutos del desarrollo. Esto no es cierto y se puede observar en muchos países donde el crecimiento ha tardado décadas en afectar positivamente a muchos segmentos de la población. Necesitamos programas sociales, infraestructura, mayores oportunidades y mecanismos, para que el crecimiento económico impulse un verdadero e incluyente desarrollo económico-social.
¿Cuáles diría que son las instituciones que mejor funcionan en el país?

Prefiero no mencionar ejemplos específicos, pero sí decir que las únicas que funcionan son las que están haciendo su trabajo de manera independiente de tintes partidarios. Necesitamos instituciones independientes al servicio de solamente los ciudadanos del país. De eso depende, en gran medida, nuestra frágil democracia.

El sistema de justicia debe funcionar bien, regirse exclusivamente por leyes y su aplicación debe ser pareja para todos, sin preferencias. En países realmente exitosos, el criminal paga sus penas, pero es inocente hasta haber sido comprobado culpable. No hay excepciones a la regla. Habiendo dicho eso, en países exitosos, la justicia se aplica con base en pruebas e investigaciones serias, nunca con base en especulaciones o chismes.

Usted forma parte de una nueva generación de empresarios. ¿Cuáles deberían ser, desde su perspectiva, los temas de la nueva agenda de país?

Falta establecer un rumbo de país consensuado entre los actores políticos, académicos y económicos del país; un verdadero acuerdo de nación que permita que El Salvador avance, sin ideologías que lo entorpezcan y que ponga como única meta el desarrollo económico y social de todos los salvadoreños. Dicho acuerdo debería incluir: visión de país, políticas y leyes que fomenten la inversión, fortalecimiento institucional y democrático, política integral en materia de seguridad, educación de calidad. Orden en las finanzas del Estado.

El país firmó la paz armada, pero no se ha logrado concretar la paz social, que va mucho más allá. La polarización y confrontación constante entre actores políticos, y medidas poco transparentes (como la “partidización” de instituciones), no han permitido que se dicten las medidas necesarias para avanzar en el desarrollo económico y social que tanto anhelamos.

Death of the caudillo: Fidel Castro was a voice from Latin America’s difficult past. De Manuel Hinds

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manuel-hindsManuel Hinds, 26 noviembre 2016 / QUARTZ

The death of Fidel Castro provides a good occasion to discuss the reasons why Latin America has lagged so much in its development, obliterating the high expectations that the region manages to generate from time to time. It went through one of these cycles quite recently.

screen-shot-2016-11-27-at-12-13-14-pmJust a few years ago, highfalutin economists and commentators, observing that many Latin America countries were growing faster than developed countries, rushed to say that they were finally developing and would become “the engines of global growth,” only to see, a few years later, that the growth was not the result of any domestic policy or development but just the result of a boom of commodity prices—the low-value-added products that represent most of the region’s exports.

The region generated similarly high expectations at the time of its independence two centuries ago. It had enormous reserves of natural resources and its strong cultural connection with Europe promised a common economic development. All over the subcontinent, wars of independence were fought. The new states were based on the liberal British ideas of democratic constitutional rule. Their institutions were modeled after the constitution of the United States and the French Declaration of the Rights of Man and of the Citizen. Different from Europe, Latin America was not burdened with the weight of absolutist kings and a formal aristocracy. It seemed to be the world of the future.

The extent of the expectations that the new republics raised at the time can be appreciated in the following paragraph, written by two Swiss physicians who visited Paraguay in 1819 and were forced by its sinister dictator, Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia to remain in the country until 1825:

At no remote era, perhaps, the republics of South America may expect to enjoy a high degree of prosperity, and be enabled to exercise a salutary influence over the governments of Europe…Hence, then, the importance of Paraguay is not to be estimated by its present condition, so much as by that higher state to which it will, in all probability, ultimately arrive…Once settled, it will go on progressing by freedom of trade, and the progress of civilization…When the population of South America shall experience that natural growth, which has been hitherto hindered by vicious institutions; and when its foreign connections shall be multiplied—then will this province [Paraguay] attain fresh importance, becoming, in consequence of the convenience of its rivers (the Parana, the Paraguay and the Vermejo), the centre of commerce with Matogrosso and Upper Peru [Bolivia]. All these advantages will give to Paraguay a leading rank amongst the rising states of South America—. May they, in their turn, be taught from the experience of their misfortunes, to appreciate the fruits of Dictatorships and Presidencies for life!

Messrs. Rengger and Longchamps would be surprised to learn that almost two hundred years after their trip, free trade is not yet a reality in Latin America and that the region has not yet learned from the experience of its misfortunes to appreciate how bitter are the fruits of dictatorships and presidencies for life. They would be disappointed to find that in the early 21st century people would be ruminating over the death of a president for life who was as creepy as those they saw in the early nineteenth century.

 There is no equivalent to Bangalore in the entire subcontinent. The long-term economic performance has been quite disappointing, too. The period of independence coincided with the Industrial Revolution, which radically changed the entire world. Latin America was left behind in terms of industrialization by Europe, the United States and Japan in the nineteenth century and by the Asian Tigers in the twentieth. Throughout these two centuries, Latin America has not been able to create an advanced industrial society. No Latin American industrial company has been able to compete globally against companies from developed countries in complex, industrial products in the way Korean, Singaporean and Indian companies are doing. No Latin American university has become a world class institution of learning and research. Naturally, Latin America lags the world in terms of innovation and knowledge, the ultimate sources of wealth. There is no equivalent to Bangalore in the entire subcontinent.

This situation has not changed in the recent past. From 1980 to 2009, while other emerging countries like China and India began to accelerate their transformation, the region’s production by inhabitant declined from 38.8% to 28.8% of the average of the rich OECD countries. Rather than closing, the gap with the developed countries was widening at the end of the twentieth century.

 Fidel Castro was not the revolutionary that he pretended to be. More than anything, while European and other now developed countries grew into societies governed under the rule of law, which provides the long-term security that people need to invest in the long term, Latin America remained subject to the vagaries of arbitrary caudillos, who toppled previous caudillos promising instant development and riches for everybody, only to become as rigid and exploitative as their predecessors, waiting uneasily for their death or the next coup that another caudillo would stage to dethrone them. They destroyed in the process any resemblance of institutional integrity that could have existed in their countries. Rather than the rule of law, they installed and maintained the rule by arbitrary, chaotic personal decisions. The preference for these kinds of rulers is what has deterred the development of Latin America in all the dimensions of progress.

Fidel Castro was not the revolutionary that he pretended to be. A revolutionary in Latin America would be someone who would terminate with the arbitrariness that has stifled the region’s development and would establish the rule of law. Arbitrariness was the mark of Castro’s regime. He piloted his country by the seat of his pants. Rather than revolutionary, he was the embodiment of the traditional caudillo, or leader. He was a voice from the past.

Castro was not a Marxist, either. For him, Marxism was just an instrument to get power, not an objective or a guide. He created a tropical dictatorship tied to the will of one single individual that was totally different from what Marx envisioned as the dictatorship of the proletariat in the Northern fringes of Europe. Any ideological linchpin would have done for his rule—communism, fascism or the doctrine of the divine right of the kings—as long as it justified the rule for life of one single dictator over the entire society.

 Castro was not a Marxist, either. For him, Marxism was just an instrument to get power. The conduct of the economy is one of the areas in which his chaotic decision-making, typical of the caudillos, was evident. The servile way in which his arbitrary decisions were implemented, without any institutional control, evidenced the archaism of the Castro regime.

The caudillo

Right after the Revolution, Castro decided that he wanted to reduce Cuba’s dependence on sugar exports by diversifying agriculture and industrializing the country. He was no longer interested in sugar because he was going to produce cars by the mid-1960s. He ordered entire factories of different products from Eastern Europe. The machinery was never installed; it rusted in the ports while the existing industries nosedived after they were nationalized. At the same time, sugar had become a bad word for the bureaucracy. The area under its cultivation went down by 25%, nine sugar mills were dismantled and the rest of them were neglected.

The decline in sugar exports and the expenditures in the industrial machinery that was never used generated a balance of payments crisis. Castro reversed his priorities and decided to put all his efforts on increasing the production of the very sugar he had neglected.

He was distracted, however, by a dalliance with the dairy industry. He became wildly enthusiastic about it in spite of the fact, which many experts explained to him, that Cuba did not have any competitive advantage in dairy products. The best cattle breeds could not be adapted to the Cuban tropical climate, and the cows lost energy and died early without reaching their production potential. All the people around him understood this. He, however, wanted to increase the supply of milk in the country. Foreigners explained to him that he should concentrate in beef production, which could be competitive in Cuba, and use the beef revenues to import all the dairy products he wished. To Castro, however, this was counter-revolutionary thinking.

Castro kept on doing failed experiments with cattle, spoke for hours on television about cows, mummified one of them and put it on display as a hero of the revolution. The servile functionaries he had created let other sectors decay as they concentrated their attention on the imaginary dairy products that would flow in such abundance that Cuba would export milk to the Netherlands.

Then the declining exports turned his attention back to sugar. In 1965 he set an objective: to produce 10 million tons of sugar by 1970. However, by 1969, four years into the program, Cuba was producing just 4.5 million tons. As the 1969-1970 agricultural year progressed, Castro became increasingly obsessed with the target he had set. He forced people working in other productive activities to drop these and rush to help in the sugar harvest. Other resources were diverted for the same purpose until the rest of the economy starved. He even postponed the celebrations of Christmas and the New Year to July 1970 to avoid any interruption of the titanic effort. The goal was not achieved. The harvest was only 8.5 million tons.

But the main problem was that the production of everything else collapsed as a result of Castro’s obsessive drive. Cuba never recovered from this disruption, neither in the sugar industry nor in the rest of the economy. By 1991-93 the production of sugar had fallen to 6.2 million tons, and it fell further to just 3.8 million tons in 2000-02. It fell by almost 40% in just ten years. Cuba’s world share went down from 23% to 8% of the sugar exports markets. The value of sugar exports went down from $3.959 billion to $511 million during the period.

Castro blamed the remains of capitalism that still existed in Cuba for his failure. In 1968, in the midst of his drive to increase sugar production, he launched the Great Revolutionary Offensive to remove these leftovers. He closed all the private shops, forcing people to go to the dismal official shops, where empty spaces were overwhelmingly larger than those occupied by a few, bad-quality products. Alleging that 95% of private hot-dog vendors were profiteers and counter-revolutionaries, he abolished them. By the 1970s, the economy had collapsed. Like the production of sugar, it never recovered.

All this had severe consequences for the consumption of the population. The ratio of the Cuban GDP per inhabitant to that of the major eight Latin American economies fell from about 70% to about 30% under Fidel’s watch, from 1959 to 1995. Just during his mad drive to produce 10 million tons of sugar it fell from 53% to 44%.

Poverty, dependence and revolution

Cuba was able to survive economically only because Castro sold his services as a revolutionary to the Soviet Union in exchange for huge subsidies. He kept alive the revolutionary flame and the hatred against the United States in Latin America and elsewhere, and sent soldiers to fight in Angola in support of the Soviet Union’s objectives in the area. The Soviet Union transferred the subsidies in various ways, including the purchase of sugar at inflated prices and the provision of enormous quantities of oil at very low prices, some of which Cuba re-exported for gain.

The dependence on the Soviet Union for survival is evident. The Soviet subsidies led to an increase in GDP per inhabitant in the 1970s and 1980s. Yet, when the Soviet Union collapsed in the early 1990s, the GDP per inhabitant fell by 40% in absolute terms. As a percent of the average of the eight major Latin American economies, it fell from 54% to 30%. This, 30% of the income per capita of the eight major Latin American countries, is the true level of the Cuban economy, without subsidies from other countries. It had been 70% when Fidel took power.

The economy recovered in the 2000s because Cuba found another government that purchased its revolutionary services—Venezuela. Now, however, Venezuela has collapsed as well, and Cuba is left to its own dwindling devices again.

Castro managed the multiple collapses of production and consumption in his typical style. When he celebrated the tenth anniversary of the Revolution in January 1969 with one of his long speeches, he asked the crowd whether they would agree with a reduction in their already low sugar rations. They duly said, Yes! Then, eighteen months later, in July 1970, when he announced that it was not just sugar that was in short supply but also many other basic products, including dairy, he offered to resign. The crowd shouted, No! When the Soviet Union collapsed, he told the multitudes that Cuba would have to reduce its consumption ever further in order to continue fighting for socialism. He waited for the applause, and it unfailingly came.

He pretended to believe that these crowds, which he obviously controlled, represented the people. He pretended that they were so representative that he abolished all political parties in Cuba just days after the revolution, saying that thrusting people into politics so soon after their liberation would be a crime because politicians were opportunistic and hypocritical. Parties were never allowed again. Elections, which he said would be held within fifteen months after the Revolution, were postponed until the Revolution was complete, which never happened.

To control the crowds and the population in general he set up in 1960 the Committees for the Defense o the Revolution in every village and in every city block, to keep watch on their neighbors. In time, 80% of the population formed part of these committees. In the 1960s, between 7,000 and 15,000 people were killed and at least 30,000 people were held as political prisoners.

The sad legacy

There is no doubt that there are many people in the world that would want to do what Fidel Castro did—playing with an entire country as children play with little soldiers, putting them to the task of industrializing the country, and after failing, putting them to breed cows, and after that failed, cultivating and harvesting sugar, and after all these failures, telling them that they should accept lower rations of food and all other essentials. The extraordinary thing is that people did not question him, that they obeyed like cattle, that there was no institutional setting that would stop the madman’s destruction of the country. Hitler, Lenin, Stalin, Mao and other totalitarian leaders could not have done that.

Certainly, they threw their countries into terrible disasters, but they could not have survived without showing some successes: Hitler had the increase in production during the Great Depression of the 1930s and the initial military victories in the 1940s; Stalin had the industrialization of the Soviet Union in one decade and the defeat of the Nazi invasion; Mao had the consolidation of a state in a previously chaotic territory.

 Latin Americans keep on believing their promises after so much retrogression and repression. Fidel Castro was able to fail continuously and still he lasted longer in power than any of them, showing only one achievement: an improvement of the health indicators of the population, which, even if better than those of most of Latin America, are not comparable to those of the developed countries. Such achievement was not worth the terrible sacrifice of freedom, individual rights, economic progress and dignity that he extracted from the Cubans. Cuba’s health indicators are similar to those of Costa Rica, a democracy that has not destroyed its economy and the morale of its people to attain them.

Overall, when looking at the way Fidel Castro destroyed the Cuban people, stayed in power for so many decades, then delegating his power to his brother, one can only remember the obscurantist regimes of Dr. Francia and his colleagues of two hundred years ago.

Messrs. Rengger and Longchamps, the two Swiss physicians who were kidnapped by Dr. Francia would be very disappointed, not because politicians like Francia and Castro have survived through two centuries in Latin America, but because, sadly, Latin Americans keep on believing their promises after so much retrogression and repression.

Even sadder is the nature of Castro’s messages, which he mainly focused not on improving the fate of the Cuban people (how could he if their living conditions went down almost continuously?) but on hating others—the United States, the Cubans living in the United States, the capitalists, the counterrevolutionaries that he saw around every corner. He survived not by injecting hope but by injecting hatred.

His behavior reminds of Big Brother in George Orwell’s novel 1984, who instituted the Two-Minutes-Hate program every day to keep the population in a state of feverish hatred. “A Party member is expected to have no private emotions and no respites from enthusiasm. He is supposed to live in a continuous frenzy of hatred of foreign enemies and internal traitors, triumph over victories, and self-abasement before the power and wisdom of the Party.” Nothing positive, everything negative.

One day Cubans will wake up to understand that for 55 years they wasted their lives, surrendering their freedom, their economic wellbeing and their dignity for the sake of giving satisfaction to the dark hatreds and hubris of yet another Latin American caudillo. And they will find that the hatred that Castro injected in them is the main obstacle to their progress.

It is a very sad legacy.

La crisis de El Salvador: reflexionemos juntos. De Carolina Ávalos

carolina avalosCarolina Ávalos, 8 noviembre 2016 / EDH

A más de dos mil 400 metros de altura desde Machu Picchu, la “Montaña Vieja” en el santuario histórico y patrimonio de la humanidad, hago una reflexión para mi querido país.

Machu Picchu es una de las nuevas maravillas del mundo moderno. Construido antes del siglo XV, es una ciudad majestuosa, que devela la impresionante organización de la sociedad Inca y su sorprendente conocimiento de arquitectura e ingeniería. En Machu Picchu, además, pueden sentirse los más de seis siglos de historia humana que ha logrado rozarla. Es un lugar que llena de mucha tranquilidad y que ayuda a meditar sobre los temas tan complejos que nos envuelven diariamente en nuestras sociedades hoy en día.

diario hoy¿Qué lección aprendí aquí? Que al final somos nosotros mismos, los seres humanos, los que le damos forma a la sociedad que queremos y erigimos. Es en la búsqueda de ese legado que diseñamos cómo también debemos y podemos transformarla.

La sociedad salvadoreña enfrenta problemas tan complejos que pareciera que pasará más de medio siglo para ver un cambio sustancial hacia su modernidad y democracia plena. Las decisiones políticas y de los gobernantes se tienen que dar bajo criterios de un conocimiento íntegro de la realidad, del buen manejo de los recursos disponibles en nuestra sociedad (naturales, culturales, sociales, financieros, físicos) y bajo los principios democráticos.

La situación actual de El Salvador en todos los ámbitos del desarrollo se explica en gran parte por el manejo inapropiado y poco eficaz de la cosa pública. Por otra parte, contamos con un sector privado que funciona en un entorno con muchas deficiencias, a saber: inseguridad jurídica; baja competitividad; y en un mercado de trabajo muy fragmentado, con un alto nivel de informalidad. Además, en el país contamos con una sociedad civil todavía débil, pero cada vez más organizada, activa y participativa. A pesar de su limitada organización, es evidente que la ciudadanía salvadoreña demanda mayor transparencia, y se ha vuelto intolerante ante la corrupción y la impunidad.

¿Qué decisiones deberían adoptar nuestros gobernantes para llevar El Salvador hacia el futuro?

En primer lugar, nuestros gobernantes deben apostar, de verdad, por nuestro recurso más importante: nuestros ciudadanos, que siguen en una parte considerable, olvidados, enfrentándose a la alternativa de la mera subsistencia y la migración. Mientras carezcamos de servicios públicos de una mínima calidad la política oficial hacia ese sector  será “pura paja”.

En segundo lugar, nuestros gobernantes deben implementar políticas realistas y eficaces de desarrollo económico, que generen puestos de trabajo digno y riqueza nacional. ¿De qué sirve “soñar” con plataformas logísticas regionales o con desarrollos turísticos, si nuestros gobiernos no han logrado hasta hoy poner las bases y generar los acuerdos para convertirlas en realidad?

Tercero, nuestros gobernantes deben superar definitivamente la mentalidad de confrontación, heredada de la guerra, y que sigue tan presente en nuestra vida política, mediática y social. Creo que no es exagerado decir, y lo digo con tristeza, que el principal enemigo para el desarrollo de El Salvador en todos los ámbitos, en los últimos 25 años, hemos sido nosotros mismos.

Nos acercamos al XXV aniversario de los Acuerdos de Paz  en medio de una crisis política sin precedentes desde 1992. La ciudadanía exige cambios importantes en nuestra vida política, y los exige ya. Hay dirigentes y representantes de la sociedad que podrían ser parte de la solución de esta crisis, otros, por desgracia para los ciudadanos y vergüenza para ellos, seguirán siendo parte del problema.

@cavalosb

Memoria histórica y desarrollo…. De Luis Mario Rodríguez

Luis Mario Rodríguez, director del Departamento de Estudios Políticos de FUSADES

Luis Mario Rodríguez, director del Departamento de Estudios Políticos de FUSADES

Luis Mario Rodríguez, 11 febrero 2016 / EDH

Al empecinamiento del gobierno por reformar el sistema de pensiones de manera inconsulta se agrega ahora su interpretación legal para la captura de los militares vinculados al “caso jesuitas” sin importar que varios de ellos ya fueron juzgados y amnistiados y para otros ya prescribió la acción penal. Hace solo dos semanas la administración Sánchez Cerén debió enfrentarse a un grupo de agentes de la Policía Nacional Civil quienes descontentos reclamaban el pago del bono ofrecido meses atrás por el presidente de la República. Por otra parte continúa la ola de homicidios y aumenta el descontento de los ciudadanos por la falta de seguridad. El mandatario dialoga con los empresarios en el Asocio para el Crecimiento, en la Alianza por la Prosperidad y en el Fomilenio II y al mismo tiempo los ignora cuando decide impulsar iniciativas que polarizan al país y debilitan el sentimiento de reconciliación nacional.

Ciertamente la dinámica política local responde a una democracia en transición. Se trata de un proceso inconcluso en el que diario hoylas fuerzas políticas aún compiten por controlar a las instituciones públicas. Cuando a esa realidad se suma la intención de boicotear cualquier posibilidad de acercamiento entre aquellas y los actores empresariales y sociales, se diluye precipitadamente la oportunidad de resolver los grandes problemas por la vía de la concertación.

La alternativa para algunos, en perjuicio de la población, es la manipulación de la verdad, la guerra mediática, o peor aún, el manejo fraudulento de la institucionalidad. Este tipo de estrategias atrincheran en sus propias ideas a quienes sostienen posturas diferentes y amenaza con pervertir el Estado de Derecho. El enrarecimiento del clima político también nos distrae de continuar por la ruta del desarrollo. La vorágine de acusaciones y contraacusaciones de los liderazgos políticos impide que sobre la mesa del Ejecutivo y del Legislativo se traten aspectos esenciales como la profesionalización del sector público, la reforma electoral, la reducción de trámites, la modernización de los puertos y aeropuertos, la reconstrucción de la infraestructura educativa y la calidad de la educación básica así como la mejora de los servicios de salud pública, entre otros aspectos.

No cabe duda que reivindicar “la memoria histórica” es trascendental para toda Nación, principalmente para aquellas que vivieron una dictadura como la española o la chilena. Resarcir el daño moral y el sufrimiento causado a los familiares de las víctimas por los que atentaron en contra de la libertad y la vida de inocentes, olvidándose por completo de los derechos humanos, no puede desatenderse tan fácilmente. Sin embargo, en los dos casos señalados, la historia nos muestra que las respectivas sociedades le apostaron en primer lugar al desarrollo económico y social y luego decidieron exigir el reparo simbólico para quienes fueron martirizados por el abuso del poder.

La Ley de Memoria Histórica española fue aprobada en 2007, varias décadas después de aquellos sucesos en los que muchos padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura y cuando la modernidad, el crecimiento económico y el adelanto tecnológico habían hecho de ese país uno de los principales bastiones de la Unión Europea. Por su parte los chilenos inauguraron en 2010, bajo el mandato de Michelle Bachelet, el “Museo de la Memoria y los Derechos Humanos”, decisión que para algunos significó una concreta determinación de afrontar los abusos que se perpetraron en la “era pinochetista”. Pero esta resolución aconteció con treinta años de distancia y una vez que Chile alcanzó uno de los promedios más altos de América Latina en los índices de calidad de vida, desarrollo humano, globalización y PIB per cápita.

Hacer lo contrario, esto es, querer restituir la dignidad de las víctimas de un conflicto armado sin antes haber resuelto el subdesarrollo, la pobreza y sin ni siquiera contar con instituciones sólidas en las que lamentablemente la suerte, y no la ley, es la que permite que arriben personas probas, diligentes y honorables para dirigirlas, significa retrasar el progreso y condenar a la gente a vivir bajo la sombra del crimen, de la miseria, del resentimiento y del caos. Caminar sobre los senderos recorridos en otras latitudes sería muy recomendable.