Paolo Luers

¿Otras elecciones fallidas? Columna Transversal de Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 11 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

Recuerdo, como si hubiera sido ayer, la jornada caótica del 1 de marzo 2015, en la cual serví de secretario de una Junta Receptora de Votos. La jornada comenzó a las 3 de la madrugada y terminó a las 7 de la mañana siguiente. 27 horas. En el día, durante la votación, todo iba bien. El caos comenzó cuando iniciamos el conteo. El Tribunal Supremo Electoral no había creado las mínimas condiciones para un conteo correcto, rápido y confiable. Las “mesas” electorales no tenían a mesas, nos hicieron trabajar sobre pupitres de niños, donde ni siquiera cabían los formularios por llenar. Las actas estaban compuestas por papel químico, con 12 copias, de las cuales más de la mitad salieron ilegibles. Ni siquiera había suficientes sillas. Los vigilantes de los partidos tuvieron que turnarse los asientos o sentarse en el piso.

EDH logLa mayoría de los miembros de las JRV no tenía la suficiente instrucción y los pocos que entendieron cómo contabilizar las marcas por cara y los votos cruzados perdieron horas explicándoles a los demás y enfrentando la desconfianza de los que nunca lo entendieron.

Todos nos acordamos de las consecuencias: No sólo el conteo se alargó hasta la mañana del lunes, sino luego, en el escrutinio final del TSE, cientos de actas resultaron incompletas o incongruentes, miles de votos mal asignados o no contabilizados. Pasamos semanas hasta que recibimos el resultado final y pocos salieron convencidos de que eran correctos.

Desde estas elecciones fracasadas han pasado dos años y medio, pero poco o nada han hecho la Asamblea y el Tribunal para evitar que el caos y el fracaso se repitan. Igual que la Asamblea anterior, la actual no cumplió su responsabilidad de legislar sobre la aplicación del voto cruzado. Las reglas las sigue definiendo el Tribunal Electoral –el mismo que mostró nula capacidad de organizar las últimas elecciones y el escrutinio final de manera transparente, rápida y confiable. En marzo 2015 hubo un consenso de que el magistrado presidente Julio Olivo tenía que ser sustituido: por incapacidad, arrogancia, y parcialidad. El señor continúa al mando del Tribunal y dando declaraciones incoherentes.

Ahora, luego de 29 meses perdidos, nos damos cuenta de que la mayor parte de los problemas que hicieron fracasar las elecciones del 2015 aún no están resueltos: hay falta de financiamiento, por culpa no sólo del gobierno sino también de la Asamblea que aprobó el presupuesto; faltando 6 meses y medio a las elecciones de marzo de 2018, nadie sabe qué tipo de tecnología se va a adquirir para optimizar el conteo en las mesas y luego transmitir y procesar los datos. Lo más probable es que el conteo otra vez se hará de forma manual.

Y se agregó un problema adicional: la Sala sentenció que los miembros de las 10 mil Juntas Receptoras ya no serán seleccionados y entrenados por los partidos, sino que tendrán que ser ciudadanos no afiliados. Nadie sabe de dónde van a salir y cómo los van a entrenar y motivar. Otra vez: la Asamblea tuvo suficiente tiempo para legislar al respecto, pero nuevamente dejó al Tribunal definir las reglas y los mecanismos.

Con la insuficiencia de presupuesto electoral es casi inevitable que las condiciones físicas en las mesas serán igual de insuficientes (para no decir infrahumanas).

La única manera de garantizar un conteo rápido y confiable sería dotar cada mesa con una computadora, adecuadamente programa, que generaría las actas, en vez de llenar a mano infinidad de formularios, luego apuntar los votos haciendo rayas en pizarras y sumarlas con calculadoras. Es poco probable que se dispondrá de las computadoras, de los programas y de gente entrenada para manejarlos. El TSE habla de la compra de escáneres, para digitalizar las actas y luego transmitirlas. Pero escáneres son tecnología del siglo pasado que no ayuda en nada a las juntas a contabilizar los votos y las marcas por cara.

La manera más adecuada de reclutar y entrenar a los decenas de miles de miembros de la Juntas Receptoras hubiera sido mediante convenios con las universidades, pero para esto a Asamblea hubiera tenido que emitir un decreto. Lo más probable es que no habrá suficientes voluntarios y que los sorteos entre ciudadanos resultarán en juntas receptoras que sin la motivación suficiente para este trabajo maratónico -y que muchos de ellos, otra vez, no tendrán la preparación idónea.

Si Gobierno y la Asamblea no garantizan, de manera inmediata, el presupuesto adecuado para las elecciones; si el TSE no adquiere la tecnología adecuada (que por cierto le fue ofrecida); y si no se diseña un mecanismo adecuado para reclutar y entrenar al ejército que necesitan las mesas, está programada otra elección caótica sin confiabilidad en los resultados. La primera vez puede haber sido por accidente e incapacidad, la segunda vez huele a diseño de fraude.

 

Adiós a Chamba Ruano, un alcalde de calle. De Paolo Luers

Salvador Ruano

paolo_luers-obsPaolo Luers, 31 julio 2017 / EDH-Observador

Alcalde que no te encontrás en la calle, no sirve. Alcalde que tenés que buscar en su despacho para hablarle de un problema, no sirve. Chamba Ruano fue uno de estos alcaldes que pateaba la calle. Su muerte deja un gran vacío en Ilopango. Sobre todo en las comunidades afectadas por marginación y violencia.

Conocí a Chamba el 22 de enero del 2013, cuando me invitaron de testigo a la firma del “Pacto Municipal de No Violencia” enfrente de la alcaldía de Ilopango. Fue el primero de 11 actos de este tipo, en 11 municipios del país, gobernados por alcaldes de diferentes partidos. Chamba fue el primer alcalde que tuvo el valor de observadorpararse en plaza pública para dar la mano, y luego el micrófono, a los líderes de la MS13 y del Barrio 18 en su municipio. La plaza estaba repleta de ciudadanos, reporteros, pandilleros, policías del CAM y de la PNC. También estaban presentes el ministro de Justicia y Seguridad, David Munguía Payés, monseñor Fabio Colindres, el pastor David Rivas, empresarios y líderes comunitarios. Entre todos ellos y los pandilleros se firmó el compromiso de erradicar en Ilopango la violencia y las extorsiones, pero también la exclusión social. Se firmó un pacto para construir la paz social y para abrir oportunidades para todos. El gobierno se comprometió a aportar los recursos para este reto que asumió Ilopango.

A pesar de que el gobierno nunca cumplió su palabra, Chamba sí cumplió la suya. Se convirtió en mediador, se metió en las comunidades para hacer realidad el compromiso con la no violencia. No se quedó solamente retando a los pandilleros de cumplir su palabra, sino que les ofreció sus buenos oficios para poder cumplir. Estuve con Chamba en discusiones con los pandilleros de las comunidades, hablando con ellos con firmeza, retándolos, regañándoles, pero también ayudándoles a buscar formas no violentas de resolver conflictos. Muchos veces lo amenazaron, pero comenzaron a respetar su valentía y su compromiso con las comunidades.

Ilopango comenzó a cambiar. El diálogo y la mediación comenzaron a desplazar el uso de la violencia para resolver conflictos entre pandillas rivales y las comunidades que controlaban, entre ellos y las autoridades municipales y policiales. El ejemplo más contundente es Apulo: las pandillas siguen existiendo, pero han dejado a aterrorizar y extorsionar a los vecinos y comerciantes – y el turismo volvió a reactivarse en el Lago de Ilopango.

Muchos de estos logros se han mantenido a pesar de la indiferencia del gobierno de Funes y de la hostilidad del gobierno de Salvador Sánchez Cerón, con su decisión de sustituir la guerra contra la violencia por una nueva guerra violenta contra las pandillas. Gracias a las confianzas que ha creado Chamba Ruano, se ha logrado evitar que la nueva ola de violencia, desencadenada en 2015/16 en todo el país, convirtiera Ilopango de nuevo en uno de los municipios más violentos del país.

Muchos, incluso en su propio partido ARENA, han criticado a Ruano por su papel protagónico en el intento de sustituir la violencia por caminos de diálogo, inclusión y mediación. Contrincantes fuera y dentro de su partido trataron de desbancarlo, pero la gente de Ilopango lo siguieron apoyando. Ganó con gran mayoría las elecciones primarias de ARENA por la candidatura a alcalde, y sin duda se hubiera reelegido en marzo del 2018. En múltiples visitas a varias comunidades de Ilopango, algunas con Chamba otras sin él, pude constatar que este alcalde de barrio, de calle, de permanente discusión con su gente era un líder casi sin competencia en su municipio. El hecho que armara pleitos con la cúpula de ARENA, obviamente le hizo daño en el partido, pero en Ilopango le ganó más apoyo y credibilidad.

Tuve discusiones conflictivas a acaloradas con Chamba, chocando con su terquedad, tratando de moldearlo, enojándome porque no se dejaba. Muchas veces resolvimos estas discusiones con unos tragos, abrazándonos al final. Nunca me tomó mal la crítica, ni yo a él sus ataques de locura.

Su repentina muerte me impactó mucho, porque las andanzas conjuntas y riesgosas forjan amistad. Fui al velorio en Ilopango. Docenas de personas desconocidas me agradecieron por haber sido amigo de Chamba Ruano cuando otros lo atacaron. Para ellos, Chamba ha sido un alcalde que se pudo equivocar, cometer errores, echarse demasiado tragos, armas demasiados pleitos – pero a quien respetan porque nunca los traicionó. Esta gente no quiere tener líderes impecables, políticos streamline, con discursos pulidos y políticamente correctos. Quieren líderes de carne y hueso que dicen lo que piensan y hacen lo que dicen.

Racionalidad y ética. Columna Transversal de Paolo Luers

El único antídoto al populismo es la racionalidad. Muchos en este país se sienten frustrados de la política que no resuelve los problemas de país y ni siquiera define las prioridades de los problemas a resolver; muchos han perdido la confianza en los políticos, la tolerancia con el mal gobierno del FMLN y la paciencia con la oposición.

paolo3Paolo Luers, 28 julio 2017 / EDH

Esta frustración tiene dos escapes: uno es la antipolítica que ofrece el populismo, predicado por “líderes” que ofrecen apartar los partidos y los complicados mecanismos de una institucionalidad que funciona, pero no para establecer mejores instituciones, sino para constituir una relación directa y apasionada entre un ‘líder’ y ‘el pueblo’; la otra salida es introducir racionalidad a la política, o más bien, racionalidad y ética.

EDH logNos predican como loros que hay que “despolarizar” la política. Y esto lo repite un coro de loros. Pero nuestro problema no es la polarización, ni la confrontación, sino la falta de confrontación transparente entre proyectos de políticos, propuestas de políticas públicas, definiciones de las prioridades, proyectos de solución a las crisis de seguridad, de educación y de crecimiento. No se trata de despolarizar, sino de definir de manera racional los polos, de desapasionar la política, de hacerla racional, discutible, transparentando con toda claridad las opciones. Tenemos un exceso de pleito – y un déficit de debate.

Los discursos populistas abundan. Se han apoderado de la izquierda, desplazando su acumulación histórica de análisis y pensamiento críticos. Se manifiestan, de manera aún más desenfrenada, en la supuesta “nueva izquierda”, personificada en la figura mesiánica de Nayib Bukele, que tiene muchos vasos comunicantes con la supuesta “nueva derecha”, fundada por Tony Saca, su engendro GANA y su “teórico” cantinflesco Walter Araujo. Pero ARENA, luego de rendirse ante el populismo de Saca, tampoco se ha liberado de esta tentación. En vez de apostar consecuentemente al antídoto del populismo, la racionalidad, sigue jugando con la tentación de enfrentar al populismo de sus adversarios con otro propio. De repente se perfila una batalla entre “nueva visión” de Carlos Callejas contra las “nuevas ideas” de Bukele; o “el país primero” contra “el pueblo primero”…

Pero sería absurdo que empresarios, si deciden meterse en política ante las deficiencias de la clase política, lo hicieran adoptando otra versión del clásico discurso de los políticos que esconden con demagogia su incapacidad de generar y gestionar soluciones y prioridades. O tienen la capacidad de introducir racionalidad a la política, o mejor no se metan. Necesitamos su capacidad de ejecutar, pero no nuevos gurús.

Lo mismo hay que decir a la emergente clase media profesional, que se está aglutinando en movimientos ciudadanos, y que está a un paso de meterse en política, sea a corto plazo con candidaturas no partidarias, sea a mediano plazo construyendo un partido centrista. Es preocupante que en este contingente de la nueva política, que debería ser la reserva moral y racional del país, también se escuchan discursos populistas. Hay quienes convierten la crítica a la corrupción en una cruzada, con peligro de terminar en una cacería de brujas. De repente la justa y necesaria crítica a la política establecida se convierte en discurso contra “la clase política”, muy parecido al discurso del populismo de izquierda que se declara en guerra contra “la casta política” y “los partidos del sistema”.

El motor de arranque de los movimientos ciudadanos decididos a meterse en política es la genuina y justificada frustración con la impunidad y la poca voluntad de los partidos y de la institucionalidad del país de enfrentarlas. La ruptura con un orden establecido de corrupción siempre arranca con la frustración y la indignación, incluso el resentimiento, pero ellas no pueden ser la base para una “nueva política”. Tiene que someter las emociones y pasiones a un proceso de análisis que genere racionalidad.

La oposición -ni ARENA, ni mucho menos los nuevos actores ciudadanos que se están articulando- no deben caer en la tentación de recoger y articular el resentimiento de la gente. No se puede construir una alternativa política sobre resentimientos, sino solamente sobre propuestas y soluciones racionales. Y racional, para definirlo bien en este contexto, incluye hablar con franqueza de las medidas impopulares y de los sacrificios colectivos necesarios para enfrentar y solucionar los problemas no resueltos del país.

A los “renovadores” dentro y fuera de ARENA les toca una tarea histórica compartida: introducir racionalidad a la política. Y ética, que en última instancia es lo mismo. Porque los discursos populistas se visten de un enorme ímpetu moral (o moralista), pero la ética, para ser válida, está basada en racionalidad.

Columna Transversal: Pensar fuera de la caja. De Paolo Luers

Es lógico que ahora está surgiendo con fuerza el debate sobre candidaturas no partidarias. Lo que siempre parecía una opción quijotesca para gente excéntrica, en este contexto puede convertirse en la opción sensata y necesaria.

paolo3Paolo Luers, 14 julio 2017 / EDH

Si ARENA decide no apostar a la apertura, habrá que pensar en una alternativa. Parece que esta decisión ya está tomada y consumada. El momento de la apertura como estrategia para construir una nueva mayoría en el país ya pasó, ya se perdió. Se hubiera tenido que producir en el proceso interno de selección de candidatos para alcaldes y diputados, ampliando la oferta electoral del partido con candidatos que pueden bajar y tal vez borrar esta barrera que existe entre ARENA y los sectores que necesita atraer para desplazar al FMLN.

EDH logEsta oportunidad no se aprovechó – no por accidente o por actuaciones torpes de algunos dirigentes, sino por diseño del actual liderazgo partidario. El resultado: El partido les tiró la puerta en la cara a quienes estaban dispuestos a arriesgarse con ARENA, confiando en las promesas de renovación. Y en consecuencia, renunciaron a su reelección los únicos dos diputados que habían apostado a este acercamiento con la sociedad civil. El partido se auto-amputó una pierna, por que no aguantó la picazón del hongo de pie…

Aunque esto ya parece no tener solución dentro de ARENA, subsiste la necesidad de construir una mayoría social y electoral capaz de sostener un proyecto político de regeneración del país y sus políticas públicas. Sigue siendo una prioridad ineludible para todos. Entonces, si la apertura de ARENA está descartada, hay que buscar otra forma. Y hay que buscar esta otra forma de manera responsable y con cabeza fría. Ya estuvo el berrinche, es hora de estrategia.

Por esto es lógico que ahora está surgiendo con fuerza el debate sobre candidaturas no partidarias. Lo que siempre parecía una opción quijotesca para gente excéntrica, en este contexto puede convertirse en la opción sensata y necesaria. Existe una mayoría social que no acepta que el FMLN se prolongue en el poder, erosionando la institucionalidad democrática y la factibilidad económica y social del país, pero que tampoco conecta con ARENA, y mucho menos ahora. Los únicos que podrían movilizar estos sectores de la sociedad, para evitar que caigan en las tentaciones de la anti-política o en apatía, por el momento son candidaturas no partidarias. Pero pueden adquirir sentido estratégico sólo bajo condiciones que ahora urge discutir friamente:

  • No pueden ser iniciativas individuales, sino tienen que tener el respaldo de un movimiento ciudadano que les dé representatividad y mandato; además será la única forma de superar los obstáculos legales puestos por el sistema partidario actual para evitar que haya diputados no partidarios;
  • Este movimiento hay que construirlo con claridad de propósito. El primero es: aportar a construir una mayoría nueva más allá del FMLN y sus aliados; para esto hay que tener claridad que ARENA tiene que ser parte de esta mayoría a construir. Yo sé que a muchos no les gusta esta idea.
  • El segundo propósito: usar las candidaturas no partidarias del 2008 y la intervención activa en las elecciones presidenciales para construir una nueva fuerza partidaria que en el 2021 puede competir y cambiar el mapa político.

Si el primer propósito exige disposición de alianza con ARENA, el segundo requiere de disposición de competir contra ARENA.

En esta dialéctica tienen que saber moverse quienes acepten el reto de las candidaturas independientes. No se trata de meter a un par de iluminados a la Asamblea, sino de construir una tercera fuerza. Los llamados a emprender esta aventura son los que están fuera de ARENA, pero quienes quieren renovar la política y, sobre todo, desplazar al FMLN antes de que arruine el país. A los renovadores dentro de ARENA, en especial a mis amigos Juan Valiente y Johnny Wright, recomiendo no participar en este proyecto. En ARENA queda mucho por hacer, porque sin una fuerte ala renovadora dentro del partido no funcionará ninguna alianza amplia.

Dentro de este movimiento que se convertiría gradualmente en partido deben tener cabida todos que han entendido que para defender el sistema republicano y construir un país de oportunidades hay que evitar que el FMLN siga gobernando, pero que también hay que evitar que ARENA sea la única opción.

Los militantes y dirigentes de ARENA no deberían ver esto como amenaza, sino como la tal vez incómoda pero indispensable oportunidad de llegar a lo que se necesita: una nueva mayoría para regenerar el país. Una nueva fuerza céntrica será muy incómoda para ARENA, porque actuará como permanente correctivo y reto. Pero será indispensable porque será su complemento.

Los primeros en entender esto deberían ser Javier Simán y Carlos Callejas. Ellos saben que sólo con ARENA (y mucho menos con una ARENA sin apertura) sus proyectos políticos no tendrán sustento.

Carta a los areneros: ¿Ven que tenía razón? De Federico Hernández Aguilar

Solo la típica ofuscación antirreligiosa puede llevar a alguien a concluir, leyendo con sesgo mi columna anterior, que la alternativa al relativismo kelseniano sea el clericalismo de Estado. Jamás he propuesto eso y estaría profundamente en contra de quien así lo planteara.

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 8 julio 2017 / EDH

La asombrosa carta que Paolo Lüers me dedicó el pasado 6 de julio no solo confirma todo lo que les dije sobre él, sino que demuestra dos cosas interesantes alrededor de las controversias de orden moral: que los dogmas laicos propuestos por el relativismo son tan peligrosos como el fanatismo religioso —los extremos, ya lo sabemos, terminan juntándose— y que es imposible llegar a acuerdos básicos en estos temas espinosos si no existe una mínima honestidad intelectual.

EDH logLa carta de Paolo es decepcionante, y lo es en los dos aspectos mencionados arriba. Por un lado, exuda más prejuicios de los que su autor sería capaz de reconocer; por otro, apunta a una lectura deficiente y selectiva de la primera carta que dirigí a ustedes.

Solo la típica ofuscación antirreligiosa puede llevar a alguien a concluir, leyendo con sesgo mi columna anterior, que la alternativa al relativismo kelseniano sea el clericalismo de Estado. Jamás he propuesto eso y estaría profundamente en contra de quien así lo planteara. Que Paolo no tenga claro a estas alturas con quién está tratando me resulta inconcebible. (Remito al lector a una columna mía titulada “Verdad, libertad, dignidad”, publicada hace dos años en este mismo espacio de opinión).

Pero lo peor de inventarse una controversia falsa es cuando se quiere ubicar a la gente en un extremo u otro de ella, con el deshonesto propósito de favorecer artificiosamente la propia postura. Si Paolo, al traer a cuento la admiración que Rodolfo González profesa a Kelsen, lo que busca insinuarnos es que el magistrado constitucionalista abraza el relativismo, mucho me temo que quien ha perdido todos los papeles es Paolo. Casi ninguna de las resoluciones emanadas de la Sala de lo Constitucional en los últimos ocho años habría sido firmada por Rodolfo si él fuera un relativista convencido.

“Tus planteamientos son contrarios a nuestro orden constitucional”, me ha dicho Paolo en otro arrebato de obnubilación. Curioso que me lo diga alguien que quiere reformas a la Carta Magna que no están respaldadas por ninguna encuesta seria. Abro, sin embargo, nuestra Constitución, leo sus primeras páginas y me topo con el preámbulo del decreto que la sanciona y proclama, el número 38. Nada. Repaso los artículos que hablan de la “persona humana”, y lo mismo. ¿Tendrá idea mi amigo de lo absurdo que es afirmar lo que ha afirmado sobre mis planteamientos?

Paolo Lüers dice preferir “que los valores, las verdades y las leyes sean relativas, dependiendo de la voluntad ciudadana, que a su vez es resultado de transformaciones sociales, económicas y culturales”.

He aquí un encadenamiento de presuposiciones optimistas que ningún proceso histórico en el mundo corrobora (y menos el de su natal Alemania, por cierto, que de la tolerante República de Weimar pasó a la implantación del nazismo en menos de 20 años).

Pero veamos cómo funcionaría, aplicado a un ejemplo, este conjunto de dogmas laicos. En los Estados Unidos de la primera mitad del siglo XIX la esclavitud de la población negra era moralmente aceptada por la mayoría. Lincoln hizo posible que la opinión pública norteamericana empezara a reconocer la existencia de una verdad moral distinta. ¿Alguna vez fueron ciertas ambas perspectivas morales, excluyentes entre sí? No, por supuesto. Siguiendo a Paolo, empero, la esclavitud tendría que ser moralmente objetivada como “buena” si una nueva mayoría en Estados Unidos lo decidiera así.

Pero, ojo: Si quienes son relativistas alegaran que el fin de la esclavitud es un evidente “signo de evolución”, entonces habrían dejado de ser relativistas, porque tomarían por cierta e incuestionable una verdad moral que ya estaba allí.

Ustedes en ARENA, por tanto, no tienen por qué dar crédito a quienes se rehúsan a tomar consciencia de lo insostenible de sus opiniones. De mi parte les tengo, eso sí, una tercera carta, porque creo que los altercados que se han producido en su partido recientemente debieron manejarse de otra manera.

La carta de Paolo Luers que originó el debate:
Carta a los areneros: Aprendan de Angela Merkel

La primera respuesta de Federico Hernández Aguilar:
Carta a los arenero: cuidado con los “consejos” de Paolo

La segunda carta de Paolo Luers:
Carta a Federico Hernández Aguilar: Me declaro culpable

La columna de Joaquín Samayoa:
ARENA persiste en ignorar a Darwin

 

Carta a los areneros: cuidado con los “consejos” de Paolo. De Federico Hernández Aguilar

Siguiendo, pues, el “consejo” de Paolo, ustedes tendrían que depositar en el voto mayoritario (praxis política) un criterio de decisión despojado de verdades o valores que le precedan, otorgando así al poder de turno (el apoyo mayoritario en una encuesta o la sumatoria coyuntural en el congreso) una fuente muy dudosa de valor y verdad moral.

Federico Hernández Aguilar, 5 junio 2017 / EDH

Paolo Lüers, lo he dicho más de una vez, es un columnista que vale la pena leer. Aunque no siempre coincido con sus planteamientos, reconozco que su estilo provocador consigue animar el debate público como muy pocos colegas articulistas lo hacen. Y eso es una ganancia para nuestra sociedad desde cualquier punto de vista.

Dicho lo anterior, sin embargo, y precisamente porque se trata de un columnista cuya lectura suele ser provechosa, Paolo es al mismo tiempo alguien a quien debe saberse refutar a tiempo, también desde el libre ejercicio de la opinión. Esa aguda tendencia a justificar el relativismo filosófico y moral, por ejemplo, es una característica suya que en algunas ocasiones he creído necesario adversar. Su inocultable desprecio contra las creencias religiosas ajenas, por otra parte, constituyen un rasgo de su personalidad que debe señalarse como contradictorio, porque está lejos —muy, muy lejos— de esa hermosa tolerancia que, en otras materias menos espinosas, él suele defender con tanto vigor y acierto.

El pasado 1 de julio, Paolo les escribió a ustedes para invitarles a acompañarle en una peligrosa mezcla de libertad y conciencia humanas, arquetípica de la corriente positivista de las ciencias jurídicas impulsada en su día por Hans Kelsen (1881-1973). Efectivamente, la visión kelseniana del poder atribuye al órgano legislativo un grado especial de legitimidad nacido de la democracia representativa, entendiendo que los valores objetivados por el legislador equivalen teóricamente a los valores de las mayorías representadas. De esta manera, como analiza a Kelsen un punzante jurista salvadoreño, Aldo F. Álvarez, “una norma jurídica es válida no por ser justa, sino exclusivamente por haber sido puesta por una autoridad dotada de competencia normativa (el legislador)”.

Para ver qué tan riesgoso es creer en estos postulados, cabe aquí recordar que Kelsen llegó a proponer a Poncio Pilato, el célebre procurador romano bíblico, como un “modelo de demócrata”, puesto que no esperó la respuesta de Cristo a su interrogante “¿Qué es la verdad?” y más bien corrió a preguntar a la muchedumbre apiñada en su patio qué debía hacer con aquel reo injustamente acusado. (Algo muy parecido a lo que Ángela Merkel, con el acrítico aplauso de Paolo Lüers, acaba de hacer en Alemania con el tema de los matrimonios entre personas homosexuales).

Siguiendo, pues, el “consejo” de Paolo, que sería el de aplicar al pie de la letra la lógica kelseniana —también digamos “merkeliana”—, ustedes tendrían que depositar en el voto mayoritario (praxis política) un criterio de decisión despojado de verdades o valores que le precedan, otorgando así al poder de turno (el apoyo mayoritario en una encuesta o la sumatoria coyuntural en el congreso) una fuente muy dudosa de valor y verdad moral.

Kelsen no admite ninguna fuente de verdad o de bien anterior a la que estipula la democracia en su concreción formal. De hecho —como Paolo suele hacer, creo que sin darse cuenta—, afirma prescindir de verdades o bienes estables por considerarlos propios del “absolutismo filosófico”, al que pretende contraponer la aspiración democrática (que, dicho sea de paso, no viene a ser sino otra forma de absolutismo, quizá más dañina y perdurable que la otra, porque pretende fundamentarse en la libertad humana).

Debido a esa paradoja entre la libertad más absoluta y la urgencia de prescindir de valores absolutos —tan sospechosos de “metafísica irracional” según el prejuicio positivista—, Cristo muere, en definitiva, “legalmente asesinado”. Hoy mismo, también con todas las de la ley, en otras partes del mundo “civilizado” están siendo asesinados millones de embriones humanos y las legislaciones “reivindicativas” son usadas para coartar las libertades de los ciudadanos no alineados.

Mi amigo Paolo Lüers es un aguerrido provocador y sus sugerencias suelen ser dignas de tomarse en cuenta. Pero él no es ningún filósofo del derecho ni un experto en moralidad humana. Por el contrario, gracias a “consejos” bienintencionados como los suyos, se están cometiendo graves injusticias en nuestro planeta.

Lea la carta de Paolo a la cual se refiere esta nota

Urge un líder. De Paolo Luers

Paolo Luers, 2 julio 2017 / EDH-Observadores

LOS MESIAS

Lo que menos necesita nuestro país es otro líder iluminado por una visión. Con los mesías hemos navegado de una crisis a otro desastre: Napoleón Duarte, quien en los años ochenta hizo la guerra a los insurgentes, pero al mismo tiempo a la empresa privada, iluminado por su sentido de misión – y quien se terminó vendiendo a Ronald Reagan para mantenerse en el poder; Tony Saca, quien como presidente inventó la derecha social – y quien ahora se encuentra preso, acusado de haberse robado 240 millones de dólares; Mauricio Funes, quien en 2009 sedujo a la clase media a que le llevara al poder, con la promesa de transformar la izquierda – pero luego sus seguidores se dieron cuenta que lo que se entronizó en el poder era la izquierda ortodoxa y que Funes sólo fue un caballo de Troya. Luego se fugó a Nicaragua.

Está más que satisfecha nuestra cuota de políticos que llegan al poder como mesías, predicando unir al país para luego dejarlo más dividido y desilusionado. Terminan defraudando a su clientela junto con los incapaces y corruptos abonando al desencanto en la política. Irónicamente, en este desencanto nacen los siguientes mesías

LOS LÍDERES

Lo que necesitamos es lo contrario: gobernantes que sepan analizar fríamente la realidad; administradores eficientes capaces de optimizar recursos y definir prioridades; líderes que se atrevan a decir a los ciudadanos verdades impopulares en vez de crearles ilusiones, y que prioricen el trabajo en equipo sobre el liderazgo personal.

Así como está el país luego de tres presidencias erráticas de corte populista, nos urge un gobernante que sea más CEO (director ejecutivo) que líder visionario, carismático y mediático.

El país necesita un presidente que dé a la gente la verdad, no ilusiones y certezas ideológicas. En un país tan polarizado como el nuestro, las visiones nunca logran unificar la sociedad, por lo contrario, profundizan sus divisiones.

Necesitamos gobernantes que no se presenten como personificación de cualquiera de las visiones ideológicas del espectro político-partidario, sino como líderes que sepan asegurarse el respaldo de su partido, pero a la vez tengan capacidad y voluntad de trascenderlo y representar el amplio espectro al centro de la sociedad que se siente defraudada por los partidos.

LOS OUTSIDERS

Por tanto parece casi indispensable que los candidatos a la presidencia surjan desde afuera de los partidos. Ambos, ARENA y el FMLN, van a terminar llegando a esta conclusión. Pero ser outsider no es suficiente. Tienen que proyectar con credibilidad que no formarán un gobierno de partido, sino un equipo de profesionales con criterio de independencia.

En el caso del FMLN esto es casi imposible. Va contra su ADN. Además el único vestido de outsider disponible para el Frente es Bukele, o sea otro Caballo de Troya con discurso de independencia, pero en el fondo incluso más ideológico y populista que su partido. Para actuar independiente del partido se necesita tener sustancia.

El FMLN tuvo su oportunidad histórica con Héctor Silva, pero decidió no aprovecharla, porque sabía que su independencia era real y no compatible con un partido centralista. Schafik Handal dijo en esta ocasión: “Prefiero que perdamos las elecciones pero conservemos la identidad como partido revolucionario. Si llevamos a Héctor, peligroso que gane y nos transforme en un partido socialdemócrata…”

En el caso de ARENA, una de las principales capacidades del candidato tiene que ser saber construir una alianza ciudadana amplia que incluya todos los sectores y corrientes que quieren que el FMLN salga del gobierno. Tiene que tener la capacidad de atraer a sectores que el partido no puede atraer; por su pasado, por su incapacidad de renovarse, por su corte conservador.

LOS PROFESIONALES

Se necesita a un candidato que desde el inicio de la campaña (incluso de la campaña interna) tenga capacidad y valor de definir prioridades: identificar los principales problemas y sus soluciones, incluyendo los sacrificios que esto exige. Esto requiere de una gran capacidad de comunicación.

Urge un presidente capaz de convencer a las mejores mentes del país a trabajar en su equipo de gobierno, garantizándoles que pueden trabajar libres de presiones partidarias e ideológicas. Tiene que reclutar para su gabinete a las personas que cuesta convencerlos meterse en política, y quienes felizmente regresarán a sus carreras profesionales o empresariales una vez termine su mandato.

Urge un presidente que realmente entienda que la independencia de las instituciones, la transparencia y la rendición de cuentas que son esenciales para la democracia, aunque choquen con intereses de preservación de poder de los gobernantes y partidos.

Urge un gobernante quien, independientemente de sus convicciones religiosas personales, esté comprometido con el carácter laico del Estado; que priorice la libertad sobre sus propias convicciones. Sólo así podrá proteger la libertad de todos.

QUE LOS CANDIDATOS DEFINAN
QUÉ TIPO DE LÍDER QUIEREN SER

Urge un líder que esté dispuesto de tomar decisiones impopulares, incluso en su propio partido. Alguien que no descarta una solución por el costo político que puede significar para el partido o para el sector económico del que proviene. Esto es un asunto de carácter, pero también (o incluso más) de haber construido desde el principio de su candidatura una correlación de fuerzas que le permita actuar con independencia.

Dirían que este candidato hay que mandarlo hacer en Ilobasco. No lo creo. Los que se apuntan como candidatos tienen que saber en qué tipo de líder se tienen que convertir; qué rol quieren jugar; y quiénes sepan elegir a quien escuchar: ¿a los mercaderes de ilusiones o quienes los retamos a analizar y pensar