Venezuela

Discurso de Julio Borges en la entrega del Premio Sájarov

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, acompañado de Antonio Ledezma en representación de los presos políticos, recibieron el máximo reconocimiento que otorga la Unión Europea a los defensores de los derechos humanos.

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Antonio Ledezma y Julio Borges reciben el reconocimiento del Parlamento Europeo. Foto de Frederick Florin para AFP

Julio Borges, 13 diciembre 2017 / PRODAVINCI

prodavinciEl Parlamento Europeo concedió el Premio Sájarov para la Libertad de Conciencia a la oposición venezolana, en particular a la Asamblea Nacional (AN) y a los presos políticos de la lista del Foro Penal Venezolano, representados por Leopoldo López, Antonio Ledezma, Daniel Ceballos, Yon Goicoechea, Lorent Saleh, Alfredo Ramos y Andrea González.

Julio Borges, presidente de la AN, y Antonio Ledezma recogieron el Premio Sájarov este miércoles 13 de diciembre de 2017. Antonio Tajani, máxima autoridad de la cámara, dijo que se trata del reconocimiento más importante “que otorga la Unión Europea a aquellos que defienden los derechos humanos”. Añadió en su discurso que es la primera vez que una institución, la AN, gana este galardón.

“Como todos los Parlamentos del mundo, incluso el nuestro, es el símbolo de la democracia y de la diversidad de opinión. (…) Al otorgar este premio, defendemos las Constituciones, las instituciones, la separación de los poderes. Este es la base de la democracia. Así como la libertad de expresión. Hoy tenemos con nosotros representantes de algunos de los presos políticos. Saludo su presencia así como la de Antonio Ledezma sentado a mi lado. Pero no hay que olvidar a los demás. Según el Foro Penal son casi trescientos. Este Premio es igualmente para ellos”.

También advirtió que en el país “la situación de los derechos humanos se deteriora cada día más”.

Estas fueron las palabras del presidente del Parlamento venezolano al recibir el Premio:

“Señor Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo
Honorables miembros del Parlamento Europeo.
Respetables asistentes.
Pueblo de Venezuela.

Desde que unos navegantes llegaron a suelo americano hace siglos, Europa y Venezuela han tenido una relación de ida y vuelta.

Aunque algunos pretendan cambiar la historia, estamos hermanados desde entonces.

Hoy a los venezolanos nos toca agradecer que Europa, ustedes, nos han tendido una mano amiga en las que, sin duda, son las horas más oscuras de nuestra historia republicana. Es esa misma mano que los venezolanos ofrecimos en el siglo XX a miles de europeos que emigraron con las cicatrices de las guerras en sus almas y en sus cuerpos, entre ellos mis propios padres y abuelos.

Algunos han retornado a sus lugares de origen expulsados por los devastadores efectos del Socialismo del Siglo XXI que se ha pretendido instaurar en mi país y tristemente los jóvenes venezolanos también han dejado atrás su tierra, con la esperanza de encontrar en Europa y otros rincones del mundo el futuro y las oportunidades que el Gobierno les arrebató.

Ese viaje de ida y vuelta, esa historia común, nos ha traído hasta aquí. El Parlamento Europeo hoy reconoce la valiente e incansable lucha de los venezolanos al otorgarle el Premio Sájarov a la oposición democrática representada en la Asamblea Nacional, la cual tengo el honor de presidir, y a todos los presos políticos que hay en mi país, quisiera que hoy le diéramos un aplauso a quienes hoy nos acompañan aquí: Antonieta y Leopoldo López, padres de Leopoldo López; Antonio Ledezma, Patricia de Ceballos, esposa de Daniel Ceballos, además de los familiares y representantes de Lorent Saleh, Yon Goicoechea y Andrea González, y a todos nuestros exiliados.

Recibimos esta distinción con profundo agradecimiento. Lo acoge todo el país. Lo hace suyo Venezuela entera y unida. Es un reconocimiento para la madre que se priva de alimentos para salvar a sus hijos, para el niño que hurga en la basura intentando saciar el hambre, para el abuelo que muere de mengua por la escasez de medicamentos. Lo recibe también ese joven que hoy emigra desesperado en busca de oportunidades en otras latitudes, el maestro que vence la ceguera ideológica y se aferra a la tarea de formar hombres y mujeres libres. Lo reciben quienes luchan por los derechos humanos y los periodistas que se arriesgan para mostrar una realidad que pretende ser silenciada. Esta distinción también atraviesa los barrotes de los calabozos en los que están injustamente detenidos cerca de 350 presos políticos en las cárceles venezolanas. ¡Ellos y su lucha también están reconocidos aquí!

Pero de manera especial, el Premio Sájarov honra la memoria de los 157 venezolanos asesinados por la brutal represión gubernamental durante las protestas pacíficas que se realizaron durante más de 130 días continuos en 2017.

Cuando Andrei Sájarov fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 1975 no pudo recibirlo personalmente. Se encontraba a las afueras de un tribunal lituano esperando la injusta sentencia que marcaría la vida de su amigo, el científico Serghey Kovalyev. En el discurso de aceptación del Nobel que leyó su esposa estaban los nombres de un centenar de presos políticos y exiliados. Pidió disculpas por los que no recordó y aseguró que ‘cada nombre, mencionado o no, representa un destino humano duro y heroico, años de sufrimiento, años de lucha por la dignidad humana’. Son, sin duda, palabras que remueven hoy el alma de cada venezolano y resumen su persistente lucha durante los últimos años.

Estoy convencido que nuestro noble desafío no le es ajeno a Europa. A ustedes, honorables eurodiputados, no les resulta extraña la pelea que estamos dando contra la dominación y el miedo. En pleno siglo XXI los venezolanos resistimos y enfrentamos a un Estado totalitario, una segunda Cuba pero con las reservas de petróleo, gas y oro más grandes de occidente. Puedo asegurar que nosotros, al igual que ustedes hace décadas, estamos determinados a persistir y vencer esa perversa pretensión de colonizar la conciencia de cada venezolano.

El régimen que ha secuestrado la democracia en mi país instauró el hambre para administrar la miseria. Destruyó el sistema de salud para gestionar la muerte. Expropió miles de empresas para repartir pobreza. Adoctrinó las aulas para ofrecer ignorancia.

A diferencia de la socialdemocracia, el Socialismo del Siglo XXI es una versión renovada e igual de traumática que el socialismo real que ustedes padecieron durante décadas. Aunque está condenado al fracaso, se ha constituido en el mayor obstáculo para la paz, el progreso y los derechos humanos de los venezolanos.

La imposición de este sistema en nuestra nación ha causado destrucción y miseria sin precedentes. Tras haber vivido la mayor bonanza petrolera hace pocos años, la economía venezolana acaba de entrar a la infame lista de las que han padecido una hiperinflación: el alza promedio de los precios de los alimentos llegará al final de este mes a 2000%. Dicho de otra forma, en Venezuela basta que transcurran unas horas para registrar la inflación que los países europeos acumulan en todo un año. El hambre se instauró en los hogares: 75% de los venezolanos han bajado hasta 10 kilos en los últimos 12 meses y por si fuera poco 4 de cada 10 niños ya sufren algún grado desnutrición. La muerte también avanza: en las farmacias escasean 9 de cada 10 medicinas requeridas para enfermedades crónicas.

La tragedia es evidente y dolorosa. Solo la soberbia de quienes conciben el poder como una forma de dominación la han desconocido y subestimado, hasta el punto de cerrar las puertas a quienes generosamente nos han ofrecido alivio. ¡Hoy lo reitero: la apertura de la cooperación humanitaria de alimentos y medicinas es urgente! Es una exigencia que clama al cielo y que hemos presentando en todas las instancias nacionales e internacionales en las que hemos debatido y alertado sobre nuestra realidad.

Más temprano que tarde, la larga lucha por la dignidad referida por Sárajov dará sus frutos y nos permitirá reconquistar la libertad. Nos aferramos también a lo que decía Don Rómulo Gallegos, nuestro gran literato y expresidente: ‘El mal es temporal. La verdad y la justicia imperan siempre’.

Lejos de lo que desean quienes pretenden dominarnos no estamos llenos de odio y por ello comparto con ustedes lo que considero nuestro mayor triunfo: no guardamos rencor a quienes han hecho tanto daño. Casi a diario nos empujan para obligarnos a odiarlos, pero no lo han logrado, ni lo podrán hacer. Tampoco harán que perdamos la esperanza, o que dejemos de luchar por una Venezuela libre y democrática.

La situación de Venezuela es difícil. Nos urge concretar un cambio político hacia la democracia para enfrentar la terrible crisis humanitaria, que apenas he podido describir aquí y caminar de forma decidida y unidos hacia el progreso. Así lo manifestamos en el reciente encuentro que tuvimos con la delegación del Gobierno venezolano en República Dominicana y que se dio gracias a la intermediación y veeduría de varios cancilleres latinoamericanos.

No hemos dejado de levantar nuestra voz, pese al efecto distorsionador de la censura y la propaganda. Nos mantenemos firmes en todos los espacios y terrenos de lucha posibles. Por eso hemos acudimos a la comunidad internacional, a ustedes, al mundo libre, para invocar los principios de justicia social internacional y encontrar caminos que contribuyan con el rescate democrático en mi país. Por eso hemos luchado en las calles, ejerciendo nuestro derecho a la protesta pacífica.

En nuestra memoria aún están nítidas las imágenes de la brutal represión que las fuerzas de seguridad del Estado desplegaron en contra de ciudadanos desarmados, muchos de ellos jóvenes que apenas sobrepasaban los 20 años de edad. Las armas de la República enlutaron a 157 hogares venezolanos. Esas armas no deben usarse para resolver lo que podemos dirimir a través de la palabra y el voto, que es precisamente el vehículo para que millones de voces hablen en los sistemas democráticos”.

 

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Un grito. De Alberto Barrera Tyszka

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Fotografía de Helena Carpio.

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ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, NOVELISTA Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 29 octubre 2017 / PRODAVINCI

La mujer se asomó a la ventana. Tenía puesta una bata sencilla, sin mangas. Aunque no se le veían, podían adivinarse unas chancletas de plástico medio desencajadas debajo de sus pies. Su cabello se desordenaba apenas hasta el cuello. Su rostro estaba cruzado por una mueca que, con dificultad, contenía un alarido. Lo aguantó durante pocos segundos. La mujer se asomó a la ventana y lanzó un grito: ¡que se vayan todos a la mierda! Y sin que le faltara el aire prosiguió: ¡que se vayan todos al mismísimo carajo! ¡Son unos farsantes, unos sinvergüenzas, unos grandes coño e madres! Sus palabras se colaron entre las casas y las veredas, retumbaron en los escalones, siguieron sonando más allá, a lo lejos. Luego hubo un silencio tenso, irritado. Una rabia muda.

prodavinciEl desespero ya no necesitan nombres. Hay muchos destinos para la indignación en este tiempo, en este mapa ¿Cómo puede sentirse cualquier venezolano cuando ve cómo Maduro nombra a sus candidatos derrotados como “protectores” de los Estados donde fueron, democráticamente, rechazados? ¿Qué siente el ciudadano común cuando escucha a Henry Ramos Allup tratando de disfrazar sus maniobras, mintiendo, pretendiendo salirse por la tangente con juegos de palabras? Cualquiera siente exasperación. Siente dolor, humillación. Siente impotencia. La política se ha convertido en una ficción muy violenta.

¿Qué puede representar Tibisay Lucena para la mayoría de los habitantes de este país? La misma figura que obstaculizó e impidió cualquier evento electoral el año pasado es ahora quien, con idéntica serenidad y armonía, facilita y organiza de manera express unos comicios para el próximo mes de diciembre. En su actitud no solo hay engaño, la voluntad de intervenir a favor del poder los procesos electorales, sino también hay cinismo. El cinismo del fariseo que, cuando comete un delito, actúa como si estuviera ejecutando una virtud. El CNE no representa ni protege a la ciudadanía. El CNE ni siquiera ya se representa a sí mismo. Ha perdido cualquier majestad institucional. Es absurdo que, después de todo lo ocurrido, la oposición se plantee –tan siquiera- participar o no en una nueva elección. El fraude ya ha quedado expuesto, de manera evidente. El fraude ya es un modo de producción. Es la única suma que tiene el gobierno, la manera de contarnos y de someternos.

Hasta ahora, el principal elemento de la ANC ha sido, en la práctica, proponer la eliminación de la democracia protagónica y participativa de nuestra Constitución. El nuevo modelo del oficialismo es otro. Más opaco, más chantajista, más extorsionador. La acción contra Guanipa en Zulia es zarpazo salvaje en contra del poder del pueblo. En el fondo, el oficialismo, por iniciativa propia, se está encargando de decirle al mundo que este gobierno no es democrático porque –precisamente- suprime o pervierte los mecanismo democráticos para poder cambiarlo. Y, mientras esto sucede, mienten. Todo el tiempo. Siguen hundiéndose, y hundiendo al país, en un engaño sin límites, en una estafa suicida. Elvis Amoroso, hace pocos días, aseguró que si no existiera Dólar Today “los venezolanos comeríamos lomito todos los días”.

Esta semana leí dos artículos extraordinarios sobre este mismo tema. Un magnífico y puntual recuento del historial de mentiras oficialistas escrito por Sebastiana Barráez y un agudo texto donde José Rafael Herrera nos recuerda que, en la política, “decir la verdad es una cuestión absolutamente necesaria”. Es inevitable. La versión oficialista de la vida, además, se empeña en producir fantasías enloquecidas. Nunca antes un gobierno estuvo tan separado de las necesidades reales de la gente. La oposición está obligada a deslindarse. La oposición tiene el desafío de la transparencia. ¿Cuánto niños mueren por desnutrición este domingo en Venezuela?

Una mujer se asoma a la ventana y lanza un grito.

Venezuela: El reto es combinar realismo, audacia y unidad. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 octubre 2017 / EDH-OBSERVADORES

La oposición venezolana perdió las elecciones de gobernadores (en 17 de los 23 estados) por dos razones: por un descarado fraude efectuado por la autoridad electoral controlada por el partido chavista; y por la abstención de una parte de la oposición, que ya no cree en elecciones y anticipaba el fraude.

Elecciones en dictaduras -y nadie duda a esta altura que el régimen de Maduro es una dictadura- sólo se pueden ganar obteniendo una mayoría tan grande que los mejores mecanismos del fraude no alcanzan. Así ganó en 1988 el NO opositor el plebiscito sobre la permanencia en el poder de Pinochet. Así salió Uruguay de la dictadura, con plebiscitos y elecciones con participación opositora tan fuerte la cual el régimen no podía compensar con fraudes. Y así logró la oposición venezolana en 2015 elegir una Asamblea Nacional con mayoría opositora de dos tercios.

observadorEn 2015 la oposición venezolana estaba más unida que nunca. Pero luego, al ver que ni las masivas protestas ciudadanas en las calles podían defender la Asamblea Nacional electa contra los golpes de Estado del gobierno y su Corte Suprema, que le restaban todas sus facultades constitucionales, en el movimiento opositor se generó una controversia: participar o no en las elecciones de gobernadores. La mayoría de los liderazgos y partidos de la Mesa de la Unidad Democrática llegaron a la conclusión de que luego de exigir durante meses que el régimen convocara estas elecciones, no podían darles la espalda cuando al fin fueron convocadas. Pero otra parte del liderazgo llamó abiertamente al abstencionismo, con varios argumentos: primero que Maduro iba a orquestar fraude; segundo, que ir a elecciones iba a “enfriar la calle”, o sea las masivas protestas exigiendo “la salida” de Maduro y del chavismo. Irónicamente, estas movilizaciones, luego de meses en las calles y luego de más de 100 muertos y centenares de detenidos, ya se habían “enfriado” de todos modos.

La MUD organizó sus primarias, postuló candidatos, e hizo campaña. Pero incluso entre los que habían tomado la decisión correcta de que un movimiento democrático tiene que usar siempre las elecciones para enfrentarse a la dictadura, hubo muchos que estaban en esta campaña con la cabeza, pero no con el corazón. El resultado: La oposición no logró movilizar a todas sus bases, a toda esta mayoría absoluta de venezolanos hartos de la corrupción, de la escasez, y de la represión. Aun así la oposición alcanzó mayorías en 16 estados, según las encuestas de boca de urna y cálculos de expertos, pero no mayorías tan aplastantes que vuelvan inútiles los mecanismos de fraude. Sólo en 5 estados el gobierno se vio obligado a reconocer el triunfo de candidatos opositores.

La oposición venezolana tendrá que resolver este serio problema interno, que obviamente corresponde a un problema de ánimo de la gente que está cansada de la represión, de las marchas, de la crisis de abastecimiento… y de elecciones. Porque al final van a tener que salir de la dictadura y de la crisis con elecciones. Sólo muy pocas figuras dentro de la oposición -los más derechistas- apuestan a una salida que no sea electora: una insurrección, una intervención externa, o un golpe de Estado. Estas tres “salidas” no son realistas, y tampoco son deseables ni aceptables, no sólo por el alto costo de vidas y sufrimiento que significarían, sino también porque solamente una salida política, pacífica y electoralmente legitimada generará las condiciones para la reconstrucción de la economía, del sistema democrático y del dañado tejido social del país.

La oposición -y la sociedad en general- necesitan iniciar de inmediato un debate franco y realista sobre cómo recomponer la unidad frente a la dictadura, y como alcanzar una salida política al la crisis. Las condiciones están dadas: El régimen no tiene mayoría popular ni posibilidades de recuperarla; la comunidad internacional está unida en exigir una transición democrática y comienza a aplicar sanciones al gobierno de Maduro que profundizarán su declive. Lo único que falta es una estrategia compartida por toda la oposición política y social, que sea a la vez audaz y realista – y la capacidad de comunicarla a los venezolanos y la comunidad internacional.

El reto es combinar realismo, audacia y unidad. Así como cuando todos unidos ganaron las elecciones en 2015. Y como cuando todos juntos salieron a la calle en 2016 y pusieron a temblar al régimen.

 

 

 

Venezuela: Se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes. Comunicado de la oposición

logo-mud_nacima20150313_0082_1916 octubre 2017 / MUD

Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​ante​ ​el​ ​proceso​ ​electoral​ ​fraudulento​ ​consumado​ ​el día​ ​de​ ​ayer

El 15 de octubre se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia. Como Mesa de la Unidad Democrática asumimos la responsabilidad de desconocer los resultados, profundizar la lucha para que se respete la voluntad del pueblo expresada el 15-O y cambiar este corrupto sistema electoral para lograr el cambio de régimen y la vuelta a​ ​la​ ​democracia.

Desde el inicio de este proceso, denunciamos todas y cada una de las arbitrariedades que
violaron la ley y los derechos electorales de los venezolanos. A pesar de ello, asistimos a este proceso con la firme convicción que al régimen también debíamos enfrentarlo en este terreno para lograr, o bien continuar la conquista de nuevos espacios para la lucha democrática, o por el contrario mayor deslegitimación nacional e internacional de la dictadura​ ​como​ ​consecuencia​ ​de​ ​un​ ​proceso​ ​electoral​ ​amañado.

Lamentablemente, el régimen optó por la segunda opción. Asumió el camino del fraude, la violencia, irregularidad, manipulación, ventajismo, corrupción, trampa, extorsión, coacción y chantaje para torcer y desconocer la voluntad de nuestro pueblo. Nadie duda que las elecciones​ ​en​ ​Venezuela​ ​no​ ​son​ ​libres,​ ​justas​ ​ni​ ​transparentes.

Hasta este momento, hemos podido detectar y recopilar un gran número de irregularidades ocurridas antes y durante la elección, sin menoscabo de otras que podamos encontrar en el camino,​ ​que​ ​confirman​ ​nuestra​ ​posición.​ ​Algunas​ ​de​ ​ellas​ ​son:

1- Una población electoral de al menos 1.000.080 electores se les impidió u obstaculizó votar en centros históricamente favorables a la oposición, por máquinas dañadas, mesas que​ ​no​ ​abrieron​ ​o​ ​que​ ​tuvieron​ ​retrasos​ ​injustificados​ ​hasta​ ​altas​ ​horas​ ​de​ ​la​ ​noche.

2- Más de 700 mil venezolanos que fueron migrados de sus centros 48 horas antes de la elección​ ​e​ ​inclusive​ ​el​ ​mismo​ ​día​ ​de​ ​la​ ​elección.

3- Una población electoral de al menos 350.000 ciudadanos afectados por violencia e intimidación dentro y fuera de los centros electorales lo que impidió u obstaculizó el ejercicio libre​ ​al​ ​voto.

4- Al menos 90.537 votos nulos que debieron haber sido adjudicados a los candidatos de la oposición producto del impedimento de sustitución de candidatos ya retirados en fraude a la ley.

5- Coacción y chantaje a empleados públicos y beneficiarios de programas sociales obligándolos a votar con el acompañamiento de dirigentes del PSUV y a través del carnet
de​ ​la​ ​patria,​ ​lo​ ​que​ ​impide​ ​el​ ​ejercicio​ ​del​ ​voto​ ​libre.

6- Electores que ejercieron multiples votos e irrespetando el principio “un elector un voto”, facilitado​ ​por​ ​la​ ​ausencia​ ​de​ ​tinta​ ​indeleble​ ​por​ ​primera​ ​vez​ ​en​ ​nuestra​ ​historia.

7-​ ​Prórrogas​ ​irregulares​ ​luego​ ​de​ ​la​ ​hora​ ​del​ ​cierre​ ​legal.

8- Obstaculización de las auditorías del proceso de verificación ciudadana lo que impide
verificar​ ​la​ ​consistencia​ ​entre​ ​los​ ​votos​ ​emitidos​ ​y​ ​los​ ​resultados​ ​transmitidos.

9 Inconsistencia numérica de resultados electorales históricos así como con todos los estudios,​ ​encuestas​ ​y​ ​bocas​ ​de​ ​urnas​ ​realizadas.

Todo ello adicional a irregularidades anteriormente denunciadas que vale la pena volver a recordar y no acostumbrarnos a ellas: i. la persecución, encarcelamiento e inhabilitación de candidatos, ii. la ausencia de observación electoral nacional e internacional confiable y iii. el uso de recursos del estado para promover candidatos y movilizar votos para los candidatos del​ ​régimen.

Ante​ ​todo​ ​esto,​ ​la​ ​Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​anuncia:

1. Convocamos al pueblo y al mundo a luchar por un nuevo sistema electoral y la convocatoria urgente de elecciones libres y transparentes. El pueblo de Venezuela debe elegir​ ​un​ ​nuevo​ ​Presidente,​ ​alcaldes​ ​y​ ​gobernadores​ ​bajo​ ​un​ ​sistema​ ​electoral​ ​confiable.

2. Declarar en emergencia a los equipos técnicos de la Unidad para que en un plazo perentorio presenten un informe exhaustivo del proceso en general y de las irregularidades particulares, en conocimiento de que las artimañas del Estado fueron diseñadas quirúrgicamente de acuerdo a la realidad concreta de cada región.

3. Convocamos a una reunión de emergencia a nuestros 23 candidatos y sus equipos técnicos para continuar la acción política de respuesta.

4. Exigimos una auditoría total, cuantitativa y cualitativa, que no sea impuesta por el ente comicial, de todo el proceso electoral con verificación internacional confiable. Se trata de un proceso total que no se puede limitar únicamente a comparar el contenido de las cajas con las actas. Estamos ante un proceso de grandes dimensiones y de múltiples variables que requiere la más rigurosa e independiente investigación para determinar la verdad sobre el sistema electoral venezolano. Sólo así podremos reconocer lo que haya que reconocer y exigir​ ​las​ ​repeticiones​ ​donde​ ​haya​ ​que​ ​realizarlas.

5. No asistiremos a ningún proceso de exploración, conversación o negociación hasta tanto no se hayan aceptado las auditorias y cambios que requieren la pulcritud inherente al ejercicio los derechos políticos de los venezolanos.

6. Solicitamos el respaldo de los pueblos, parlamentos y gobiernos del mundo para lograr
estos objetivos así como la mayor condena, presión y sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro. Enviaremos una delegación a reunirse con los gobiernos democráticos para explicar la naturaleza de las irregularidades electorales, y las exigencias y propuestas para​ ​superarlas.

7. Haremos una evaluación profunda de las políticas y estructuras desarrolladas por la Unidad con el propósito de identificar oportunidades de mejora, cambio o reforzamiento
orientadas a servir mejor a los intereses del pueblo de Venezuela. Hacemos un llamado a
todos los sectores y liderazgos de la sociedad democrática, que estén dentro o fuera de la MUD,​ ​para​ ​la​ ​discusión,​ ​reflexión​ ​y​ ​unificación​ ​de​ ​estrategias​ ​para​ ​alcanzar​ ​la​ ​libertad.

8. Convocamos a todos los sectores sociales y políticos del país para la activación y movilización de la sociedad venezolana a luchar por las demandas y derechos del pueblo. Lograr una auditoría total del sistema electoral, un nuevo sistema electoral y la convocatoria de elecciones libres y justas sólo podrá realizarse con la participación de todo el pueblo y el respaldo​ ​de​ ​la​ ​comunidad​ ​internacional.

Reiteramos nuestro reconocimiento al bravo pueblo de Venezuela que salió a votar a pesar de todos los obstáculos, a los miles de testigos y voluntarios que colaboraron en esta lucha y​ ​a​ ​todos​ ​los​ ​que​ ​durante​ ​meses​ ​han​ ​luchado​ ​en​ ​las​ ​calles​ ​para​ ​conquistar​ ​la​ ​libertad.

Somos mayoría, la dictadura cada día se deslegitima más y cada día aumenta más el rechazo​ ​popular​ ​y​ ​la​ ​condena​ ​mundial​ ​contra​ ​este​ ​régimen​ ​hambreador.

Por el pueblo que sufre, por nuestro mártires, por nuestros presos y perseguidos políticos y por todo lo que hemos sacrificio para llegar hasta acá, estamos obligados a mantenernos de pie​ ​y​ ​continuar​ ​la​ ​lucha​ ​hasta​ ​lograr​ ​el​ ​cambio​ ​y​ ​la​ ​libertad.

El debate en Venezuela: ¿Ir o no a elecciones en una dictadura?

Nuevamente entre los opositores hay un fuerte debate sobre participar o no en las elecciones de gobernadores convocadas para final de este año. No es por primera vez: las elecciones parlamentarias de 2005 los partidos de la oposción decidieron boicotear, dejando al chavismo el control total del Estado. Luego la oposicn camb de estrategia y consiguió, en 2015, la mayoría calificada en la Asamblea. Sin embargo, el gobierno y el Tribunal de Justicia, controlado por el chavismo, desconocieron la autoridad de la Asamblea Nacional. Para deshacerse del parlamento, Maduro convocó a un proceso constituyente, que por la oposición y la mayoría de países democráticos fue considerado como una ruptura constitucional. 

En esta nueva situación que ha cambiado el carácter del régimen chavista, la oposición venezolano tiene que decidir si tiene sentido participar en elecciones. La Mesa de Unidad democrática decidió inscribir candidatos, pero partes de la oposición llaman a boicotear estas elecciones. Documentamos aquí parte de este debate.

Segunda Vuelta

Trece razones para votar. De Fernando Mires

fernando mires

Fernando Mires, 18 agosto 2017 / TALCUAL

En Venezuela, antes de cada elección, surge la misma controversia. Los argumentos son, si no iguales, parecidos. Al final se impone la razón y la mayoría de la oposición vota. Si la oposición gana, todos festejan el triunfo. Esta vez, en cambio, hay algunas variantes. Las anunciadas elecciones regionales que deberían haberse realizado un año atrás, están por venir. Tendrán lugar después de las grandes demostraciones de masas en defensa de la Constitución, iniciadas en abril del 2017. Los ánimos están enervados y no es para menos: el régimen ha asesinado a muchos seres humanos. Casi todos, jóvenes.

talcual.pngLa dictadura, ya abiertamente declarada, ha impuesto mediante el fraude más grosero conocido en toda la historia electoral latinoamericana, una asamblea constituyente, fascista y cubana a la vez. El ambiente es propicio para todo tipo de aventuras antipolíticas, y también hay razones que lo explican: la lógica de la fuerza representada en una mafia de poder en alianza con los altos mandos del ejército se ha impuesto por sobre la voluntad de la inmensa mayoría. Bajo estas condiciones ha crecido en el seno de la oposición un abstencionismo políticamente anómico pero a la vez militante; muy destructivo con respecto a la única organización política de oposición que existe en Venezuela: la MUD.

Frente a las amenazas que provienen del régimen y de los divisionistas, los sectores democráticos de la oposición intentan defender los pocos espacios que restan. Como una contribución solidaria a la lucha que ellos libran en condiciones tan adversas, he redactado trece puntos que, en mi opinión, son razones que deben tenerse en cuenta para participar en las elecciones regionales de 2017. Siempre y cuando tengan lugar. Pues bajo una dictadura ejercida por personajes sin principios, seres brutales al servicio de sus propias ansias de poder, todo puede ser posible.

  1. Las elecciones regionales están pautadas en la Constitución. Desconocerlas o renunciar a participar es seguir a la pauta de la dictadura -la que como toda dictadura es antielectoral-. Es faltar a la letra y al espíritu de la Constitución. Es romper con la línea histórica de la oposición. Línea que ha sido definida por sus principales líderes y suscrita por la gran mayoría de sus partidos como pacífica, democrática, constitucional y electoral. La Constitución es la guía, es el programa y es la ruta de la oposición. Sin la Constitución la oposición no existiría. Todo lo que es la oposición se lo debe a la Constitución. La decisión divisionista, derrotista y abstencionista de una parte de la oposición liderada por el grupo VENTE, es anticonstitucional y por lo mismo hace el juego a los planes de la dictadura.
  2. Entre oposición y Constitución hay una relación simbiótica. Todo voto a favor de la oposición es un voto a favor de la Constitución. Por esa misma razón, todo voto a favor de la Constitución es un voto en contra de la constituyente cubana. La principal contradicción política de las próximas regionales deberá ser  -siempre y cuando los partidos y candidatos entiendan la esencia del problema-: o Constitución o constituyente. Agitar esa contradicción es más importante que el número de gobernaciones que puedan ser ganadas. Las elecciones, en ese sentido, no son solo un fin sino, además, un medio de agitación política a favor de la Constitución. Convertir a las regionales en un movimiento democrático, popular y constitucionalista es la gran tarea política del momento.
  3. El 16/J la mayoría del pueblo venezolano votó (simbólicamente) en contra de la constituyente, no en contra de las elecciones. Y la razón es elemental: la constituyente fue inventada para evitar las elecciones, sobre todo las regionales, destinadas a privar a la dictadura de todos sus poderes locales. Luego, al votar en contra de la constituyente, los venezolanos votaron a favor de la reivindicación del sufragio universal. Los puntos 2 y 3 tampoco auspician el abstencionismo. Por eso, los que hablan del mandato del 16/J, tergiversan su sentido, tanto en su letra como en su intención. Aparte del rechazo terminante a la constituyente, no hay, en ninguno de los tres puntos del 16/J, un mandato explícito a favor de la abstención electoral.
  4. La Unidad al ir a las elecciones regionales no interrumpe, más bien confirma su continuidad política. La MUD siempre ha sido electoral. Nació y se configuró como una asociación electoral. Que, obligada por las circunstancias, hubiera debido asumir otras funciones, es otro tema. Lo importante es que la MUD ha continuado la línea trazada el año 2007 cuando defendió la Constitución en contra del propio Chávez. Sus más grandes éxitos han sido electorales. Electoral fue el triunfo que robaron a Capriles en las presidenciales del 2013. Electoral fue el grandioso triunfo del 6D. Electorales son las alcaldías y gobernaciones arrancadas a la dictadura. Electorales fueron las grandes manifestaciones por el RR16. La defensa de la AN, elegida electoralmente, fue el punto de partida de las grandes movilizaciones que llevaron a Maduro a imponer la constituyente cubana. Electorales por último fueron las jornadas que llevaron a votar el 16/J en contra de la constituyente. No hay ningún motivo para que la MUD se aparte de la vía electoral, la única que conoce. Romper la vía electoral es romper la oposición. Quienes lo hacen están por cierto en su derecho. Pero para ejercerlo deben presentar una línea política diferente. Y hasta ahora, definitivamente, no la tienen. Son como los perros hortelanos de la política: no hacen ni dejan hacer.
  5. Al plantearse en contra de las elecciones, sin ofrecer ninguna otra alternativa, los abstencionistas solo piensan en dos posibilidades: o en una invasión o en un golpe militar. En cualquiera de los dos casos la oposición no tiene ningún papel que jugar. De este modo los abstencionistas no solo exigen la abstención. Además, buscan eliminar a la oposición, sobre todo a la MUD,  como sujeto político, condenándola a servir de coro de acciones en las cuales ella no tiene ningún poder de decisión.
  6. Las elecciones se encuentran en perfecta continuidad con las protestas iniciadas en abril del 2017. No hay ningún objetivo surgido durante las protestas del 2017 que no pueda ser revivido durante las campañas electorales que –eventualmente- tendrán lugar. Protestas sin vía electoral al chocar permanentemente con la soldadesca están condenadas a la derrota. Las elecciones, en cambio, abren un nuevo cauce. Mientras las protestas tenían lugar solo en centros urbanos, allí donde hay universidades, las elecciones pueden llevar la protesta hasta los últimos rincones, ampliando el espacio de participación pública. Las elecciones regionales son en ese sentido más radicales que las elecciones presidenciales. Más allá de los resultados, de los fraudes, y de la posibilidad de que sean eliminadas por el régimen, las elecciones permiten abrir un nuevo espacio de confrontación política.

  7. Las elecciones no legitiman al régimen pues el régimen es anti-electoral. Las elecciones solo legitiman a las elecciones. Por eso cabe esperar que la dictadura hará todo lo posible por torpedear, boicotear y, si todo eso no resulta, postergar o incluso eliminar a las elecciones. Si se da ese caso, como es probable que ocurra, no la oposición sino la dictadura habrá perdido legitimidad; si es que le queda algo.
  8. Las elecciones tampoco legitiman al CNE. Todo lo contrario, permiten derrotar al CNE como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Por eso quienes arguyen que no irán a las elecciones después del monstruoso fraude del 30/J sacan mal las cuentas. Pues ese CNE no es fraudulento desde el 30/J. Lo ha sido siempre. Incluso, el mayor fraude electoral de su historia no lo cometió el 30/J – en el hecho, una elección interna del PSUV- sino el 14 de abril de 2013 cuando Tibisay Lucena -al negarse a mostrar los cuadernos electorales- reconoció, objetivamente, haber robado las elecciones presidenciales. La oposición aprendió la lección: cuando la votación se convierte en un aluvión y cuando las mesas son vigiladas una por una, el fraude puede ser derrotado. Mesa vigilada es mesa ganada.
  9. La monstruosidad del fraude del 30/J cumplió dos objetivos: el primero:  inventar millones de votos para imponer a la constituyente cubana. El segundo: advertir a la oposición de este modo: “nosotros somos tramposos, no tiene sentido que ustedes vayan a las elecciones pues con nuestros fraudes los volveremos a derrotar”. Imposibilitada de ganar las elecciones, la dictadura ha decidido envilecerlas, desmoralizando a la ciudadanía y dividiendo a la oposición en electoralistas y anti-electoralistas. De este modo, si la oposición no acude a votar, la dictadura hará elecciones adjudicándose un triunfo electoral sobre la oposición “anti-electoral”. El problema más grave es que una parte de la oposición –ignoramos su magnitud- ya ha pisado la trampa. Esa parte ha olvidado el principio más elemental de la política: “nunca hagas lo que tu enemigo quiere que tú hagas”.
  10. No el 30/J sino el 6/D debe ser el parámetro electoral de la oposición. El 30/J solo demostró los límites que es capaz de traspasar la dictadura cuando la oposición está ausente. El 6/D demostró en cambio lo que puede llegar a alcanzar la oposición cuando participa activamente en las elecciones. Si en las regionales no lo hace, tendrá lugar un segundo 30/J. Que nadie tenga dudas. Los responsables serán los abstencionistas. Nadie más.
  11. La participación electoral bajo dictaduras está avalada por la experiencia de una gran cantidad de movimientos democráticos que han usado todos los espacios para acelerar la caída de los tiranos. No se trata por cierto de reeditar la discusión bizantina acerca de “la dictadura no sale con votos” o a la inversa: “solo con votos sale la dictadura”. Se trata solo de tener presente dos hechos objetivos: El primero dice que siempre los movimientos democráticos han puesto a las elecciones en el primer reglón de la lista de exigencias. El segundo dice que hasta ahora no se conoce ningún caso en la historia en el cual una dictadura haya sido derrotada mediante la abstención electoral.
  12. La mantención de una línea constitucional  y por lo mismo electoral ha sido la principal razón que explica por qué la oposición ha concitado en su torno un gran apoyo internacional. Si los asesinatos de tantas personas lograron sensibilizar a la opinión pública mundial no fue por la innegable tragedia del hecho –en Siria son asesinados grandes cantidades de seres humanos día a día y la indignación internacional es muy débil- sino porque quienes cayeron en Venezuela lo hicieron luchando por uno de los sacramentos de la política moderna: el sufragio universal, inscrito en la Constitución de 1999 y negada por la constituyente de la dictadura. Si la oposición decidiera no participar en futuras elecciones, aún  argumentando trampas y fraudes, el impacto sobre esa opinión mundial sería más negativo que positivo y, sin duda, la dictadura sabría como manipular a su favor esa situación.

13. Hay por último una razón en la cual están contenidas todas las demás. Una razón que condiciona a toda otra razón, o –para decirlo con el vocabulario de Freud- una razón sobredeterminante. Esa es la razón ciudadana. Significa, según esa razón, que cuando uno vota no lo hace solo para cumplir un objetivo, o por motivos tácticos o estratégicos, o porque voy a perder o ganar. Uno vota simplemente porque es un deber hacerlo. Que otros van a robar mi voto no me exime del cumplimiento de mi deber. Nadie puede dejarse determinar por la maldad de los otros. El hecho de que Maduro y su mafia sean unos hijos de puta, es problema de ellos, y alguna vez lo pagarán. Pero cuando uno vota, también vota para y por sí mismo. El voto es la dignidad del ciudadano.

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Convencemos pero no vencemos. DE Gisela Kozak Rovero

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Gisela Kozak Rovero, 24 agosto 2017 /  PRODAVINCI

I

Oír a Ramón Muchacho, alcalde depuesto del Municipio Chacao en el exilio, declarar a la cadena televisiva CNN que hoy es imposible una salida democrática en Venezuela no hace más que subrayar lo que firmes partidarios de la unidad opositora, como quien esto escribe, hemos observado con alarma desde que ganamos las elecciones parlamentarias prodavincidel 2015. Aunque alcanzamos la mayoría de las diputaciones no pudimos defender tal mayoría ni convertirla en poder efectivo en la ruta para sacar por los votos al gobierno que hoy en día compite con los más tiránicos del planeta. La MUD, siendo poco más que una plataforma electoral, convenció al mundo de la naturaleza no democrática del régimen porque se mantuvo en la ruta electoral, movilizó a millones de personas en la búsqueda de la salida menos traumática posible y logró arrebatarle votos al chavismo. Se trata de una obra titánica, pero lamentablemente no ha logrado ese milagro político que es convertir las condiciones actuales, tan desfavorables a la tiranía desde una perspectiva racional, en la oportunidad propicia para hacerse con el poder: la MUD convence pero no vence. Quienes están fuera de la MUD, como ahora VENTE, el partido de María Corina Machado, tampoco. No tienen la fuerza para hacerlo.

II

¿Por qué no logramos vencer?, nos preguntamos los opositores de a pie. ¿Será que el diagnóstico de la enfermedad no encuentra el remedio adecuado? María Corina Machado, muy denostada en estos momentos, hace el diagnóstico correcto aunque hasta hora no ofrece el remedio capaz de articular las voluntades opositoras: en Venezuela se ha conformado un régimen totalitario, una secta alimentada de narcotráfico, petróleo y corrupción que jura estar dispuesta a salvar a la patria de las garras del imperialismo, al pueblo de los desmanes de la burguesía y a la oposición de sí misma a través de su reducción a mera comparsa del régimen. Este lenguaje dramático y ampuloso es propio de estas sectas persuadidas de su papel redentor en el mundo: son fanáticos sedientos de poder que no paran de trabajar y maquinar en ningún momento. Se parecen a los matones del ejército islámico, capaces de los peores crímenes pero rebosantes de intenciones megalómanas que involucran el destino mismo de la humanidad. La perdurabilidad de semejante proyecto podría ser puesta seriamente en duda por las circunstancias internacionales, la crisis económica y las divisiones dentro del oficialismo, pero ciertamente hay tiranías que han continuado largo tiempo en situaciones muy adversas, sobre todo si Rusia y China están detrás.

III

Analistas reconocidos como Américo Martín, Ángel Oropeza, Elías Pino, Fernando Mires y Colette Capriles insisten en que quienes tenemos dudas sobre continuar en la lucha electoral no entendemos que es el único camino posible dada la naturaleza misma de la MUD, una coalición democrática y desarmada cuyas mayores virtudes residen en definirse de este modo, sobre todo de cara al mundo. Las noticias de los periódicos internacionales sobre Venezuela subrayan, en cambio, que el régimen se consolida en su vocación tiránica. Poco se gana con señalar severamente como divisionistas y servidores inconscientes del chavismo a quienes pensamos que poner esperanzas en elecciones, después de lo ocurrido con la Asamblea Nacional, es equivalente a abrir una tienda todos los días en la que nadie compra: no perdamos la disciplina para que la vida tenga sentido. Puede que la oposición se empeñe en asistir a las elecciones regionales a falta de algo mejor que hacer —la resistencia clandestina requiere un esfuerzo, dinero y tiempo que no puede medirse con facilidad—, pero me imagino que nuestros aliados internacionales no deben entender muy bien lo que ocurre. Es evidente que la correlación de poder actual en el país no sufrirá modificaciones por unas elecciones que el gobierno no perderá porque hará lo mismo que hizo con el referéndum revocatorio y la Asamblea Nacional: evitar la victoria o desconocerla. El razonamiento de que así se moviliza a la gente y se anima al desanimado contempla a las personas como extras de televisión o de cine: se les convoca para cumplir con una ficción de ejercicio democrático que no servirá para darle un vuelco a la situación. Repito, hasta el 2015 fui firme partidaria de luchar por ganar las elecciones, pero al ganarlas y no poder defenderlas era evidente que tal forma de lucha ya no tiene sentido.

IV

Es necesario poner en cuestión los tantos lugares comunes que gente por demás respetable e inteligente han puesto a circular en el mundo político nacional. Es mentira que todas los gobiernos autoritarios salen con votos: unos cuantos han salido a tiros como fue el caso de Pol Pot en Camboya, Hitler en Alemania, Somoza en Nicaragua y Batista en Cuba; Pinochet salió porque el alto mando militar chileno no lo respaldó en su intento de desconocer la voluntad popular, en cambio Maduro no ha caído porque para las Fuerzas Armadas el clamor ciudadano no tiene ninguna importancia; Ceaucescu en Rumania fue ajusticiado; Noriega en Panamá salió de la presidencia por una invasión norteamericana, solución que no tiene respaldo en la región ni en la MUD tanto por pruritos sobre la soberanía nacional como por el temor, justificado, de una Siria en Suramérica. En cuanto a los ejemplos de Sudáfrica, Polonia y la Unión Soviética, en Venezuela no existen líderes oficialistas en el pináculo del poder que propicien la transición como fueron Jaruzelski, De Klerk y Gorbachov, respectivamente. Aunque la división en el seno del oficialismo es evidente, no alcanza todavía a posiciones clave que puedan inclinar la balanza a favor de la transición democrática. Por último, la MUD no ha podido paralizar la administración pública, los servicios y las empresas básicas como sí logró hacerlo el sindicato Solidaridad en Polonia; de hecho la rebelión popular del primer semestre de este año se agotó en medio de la represión y el sinsentido de seguir participando en protestas que aunque hundieron al gobierno internacionalmente no evitaron la paralización de la Asamblea Nacional Tiránica.

V

La MUD corre el peligro de volverse inocua, pero puede eludirlo si sabe aprovechar dos de sus fortalezas: el apoyo popular y el justo temor de las democracias de la región de darle alas a los totalitarios de sus propios países. Es la hora de los líderes con visión histórica, no de las recetas de autoayuda de los bienintencionados, de los analistas que juraron por su madre que habría referéndum revocatorio y de los políticos que tratan de justificarse en victorias que no significan poder real. Si bien la unidad opositora es indispensable, la misma no puede reducirse a la MUD y a la estrategia electoral; si hubiese militares, civiles y políticos de la MUD con una misma hoja de ruta alternativa a unas elecciones que no significan el poder tal vez valdría la pena planteárselo. En lugar de regalar esperanza toca insuflar valentía, la cual no está por cierto asociada a ese derroche de testosterona que es Oscar Pérez, el ex-CICPC amante del cine, ni tampoco a esos militares con lenguaje evangélico que se creen la mano de dios y no hacen alianzas con políticos. Las escaramuzas de los militares imbuidos de un patriotismo bobo es una de las tantas miasmas del pantano ideológico del chavismo.

La valentía es contradecir y lanzarse al abismo cuando es necesario; es tener también cabeza fría y cálculo político e intelectual, el arma que nos queda cuando no sabemos qué camino tomar para salir de nuestra tragedia lo más pronto posible. Solo una muy fuerte presión externa hará ceder al gobierno por medio de sanciones que le impidan los apoyos económicos y militares que necesita; solos no podemos lograr que la oligarquía roja negocie su salida del poder y una transición democrática. Tristemente, el destino de Venezuela no depende solo de su gente, pero no por cuenta del imperialismo yankee, como piensan la izquierda ciega o la izquierda autoritaria que todavía cree en el madurismo, sino por culpa de una tiranía que pretende convertirnos en espectros de ciudadanos.

Oposición y chavismo disidente en un mismo foro: ¿qué dijeron? Prodavinci

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MonitorProDaVinci, 6 agosto 2017 / PRODAVINCI

prodavinciEl domingo 6 de agosto de 2017, un día después de que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) removió a Luisa Ortega Díaz del Ministerio Público venezolano, la Fiscal General dijo que desconoce la decisión y se mantendrá en el cargo, durante un foro organizado por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, donde coincidieron por primera vez líderes opositores y exdirigentes chavistas.

En la primera alocución de Ortega después de que la ANC anunciara su destitución y nombrara al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, como su reemplazo temporal para reestructurar el Ministerio Público, la Fiscal señaló:

“No puede ser que la primera decisión de esta Asamblea, esta Constituyente presidencial, teniendo instrucciones del Ejecutivo cuando la Constitución dice que el poder constituido no le va a dar instrucciones a la Asamblea Constituyente, […] procedieron a remover, de manera ilegítima, a la Fiscal General. Yo desconozco esa remoción. Yo sigo siendo la Fiscal General de este país”.

En el foro “Encuentro en defensa de la Constitución”, Ortega compartió el estrado con el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, el vicepresidente del Legislativo, Freddy Guevara, y el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles. En representación del chavismo descontento con la gestión del presidente Nicolás Maduro, asistieron el exministro del Interior, Justicia y Paz Miguel Rodríguez Torres, la exdefensora del Pueblo, María Gabriela Ramírez, los diputados Eustoquio Contreras y Germán Ferrer (esposo de la Fiscal), así como el analista político Nicmer Evans.

Tras asegurar que recibió llamadas de respaldo de gobiernos y fiscales de otros países, Ortega indicó:

“Estamos ante un poder de facto porque no es un gobierno. Aquí no hay gobierno. Los gobiernos, además de todo el concepto doctrinario y filosófico que existe, es para garantizar la felicidad al pueblo. Y aquí, quien está ocupando de manera ilegal el poder es la Asamblea Nacional Constituyente”.

Un contingente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) rodeó el sábado 5 de agosto los accesos a la sede principal del Ministerio Público en el centro de Caracas e impidió el ingreso de Ortega a sus oficinas.

Al cerrar su intervención, la Fiscal General llamó a la oposición a que no permita que la ANC los expulse del Palacio Legislativo, tal como ofreció el sábado el líder oficialista Diosdado Cabello. Ortega afirmó que ve “con mucha preocupación el tema electoral” frente a los comicios regionales. “Si la oposición no participa, las elecciones van. Si participan no van. Alerta con eso”.

A finales de marzo, la Fiscal denunció la ruptura del orden constitucional después de que el Tribunal Supremos de Justicia (TSJ) publicó dos sentencias que desconocían las competencias de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, y se las delegaba a Maduro. Luego dijo que la convocatoria a la Constituyente era inconstitucional y ha criticado el enjuiciamiento de civiles en tribunales militares por manifestar contra el gobierno.

El TSJ inició un antejuicio de mérito contra la Fiscal. Le prohibió salir de Venezuela, congeló sus bienes y la inhabilitó para ocupar puestos en la administración pública.

Unidad frente a la Constituyente

Después de la Fiscal tomó la palabra Borges, quien dijo que “cada paso de avance de la Constituyente es un paso hacia el precipicio del gobierno y hacia su propio hundimiento”:

“No es que terminó con la Constituyente algo y ahorita comienza algo nuevo. […] Esta lucha que comenzó hace 130 días nunca tuvo como meta plantearse que el fin del mundo era la Constituyente o no. Estamos unidos en defensa de la Constitución, y lo más importante, de la necesidad de que todos los venezolanos cambien de una vez este gobierno a través de unas elecciones libres”.

El diputado Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, llamó “usurpador” a Saab por asumir el cargo de la Fiscal y cuestionó su capacidad para imponer decisiones desde la acción penal. “Si la Asamblea Constituyente reconoce como Fiscal a William Saab, la población reconoce a Luisa Ortega Díaz como Fiscal legítima”.

Por su parte, Henrique Capriles, dirigiéndose a los ponentes chavistas, dijo:

“No le tengamos miedo a sentarnos juntos, a sentarnos intercalados. No le tengamos miedo a la foto. No le tengamos miedo porque lo que está en juego es Venezuela”.

Seguidamente, el militar retirado y exministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, se mostró solidario con Ortega y reconoció “su valentía en defensa de la Constitución”:

“No tenemos Tribunal, no tenemos Asamblea, no tenemos Presidente y no existe el pueblo. […] Tenemos un país, realmente, donde nadie sabe quién manda. Este es un país anarquizado y caotizado por la decisión de liderazgo político”.

El exministro consideró que el gobierno decidió “hacer de la política un campo de batalla militar”, donde “los venezolanos, por la razón política, nos convirtamos en dos ejércitos enfrentados”. Bajo estas condiciones, “Venezuela está inmersa en el concepto de Estado forajido […] Es un Estado que no tiene capacidad de cumplir el rol para el cual existe”.

On a Date While Venezuela Burns. De Carlos Hernández

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Barricades constructed by protesters who opposed the election last month for a new National Constituent Assembly in Caracas, Venezuela.

Carlos Hernández, 4 agosto 2017 / THE NEW YOTK TIMES

CIUDAD GUAYANA, Venezuela — It was 7 p.m., and the restaurant was empty. I was taking her to my favorite place in the city, informal but charming, with plastic tables and chairs outside, and sometimes live music. It has the best pizza.

NEW YORK TIMESI was nervous. I hadn’t been on a date in forever, and María, a student in electrical engineering, had a ponytail and red lipstick. What if I ran out of things to talk about? What do you talk about on a date when your country is collapsing? Outside that restaurant, outside that bubble I wanted to get into that night, people were dying in the streets fighting President Nicolás Maduro’s bloody authoritarianism.

I live in Ciudad Guayana, an industrial city in northeastern Venezuela. The opposition isn’t very strong here, and the turnout for local protests hasn’t been great. Most of the action that’s been making headlines happens in Caracas, the capital. But I’ve talked to people who carried the body of a protester killed by the police in a town nearby, and to a man who was tortured by the authorities.

I’ve had a tough time myself. Even young professionals like me have been going hungry, and my older brother almost died from an allergic reaction because we couldn’t find an injection to give him. So I’ve joined the marches to the courthouses, to demand respect for the Constitution, ask for the release of protesters who have been arrested and honor those who have died.

That Tuesday last week I needed a break, I needed that date. The following Sunday the government was going to hold a bogus referendum to create a constituent assembly, giving it unlimited power to change the Constitution. Things were only going to get worse.

“You’re the first ones to arrive. You’re almost opening the restaurant,” the owner said with a smile. “What would you like?”

He was sitting at one of the tables by himself, drinking a beer and checking his phone. His head was shaved. He wore a black T-shirt with the logo of the restaurant, the name “Portofino” in white letters with a long curly “P” that made the silhouette of a guitar. It had just stopped raining; the tables and the brick floor were wet. The street lamps there have never worked well, and the dim lighting, which might have been pleasant under other circumstances, brought out the drabness of the place. Reggae music played in the background.

“Would you like some beers? I’ve got Polar.”

“What else do you have?”

“That’s all I’ve got. The delivery truck didn’t come today.”

“Soft drinks?”

“No soft drinks.”

And certainly no pizza.

That Tuesday was the 116th day of protests since the government-controlled Supreme Court stripped the opposition-led National Assembly of its powers, and more than 100 people had since died in clashes between demonstrators and police forces or paramilitary groups.

The day before, the opposition had announced more protests. It called for a national strike starting Wednesday, and for barricading city streets throughout the country, for 48 hours. On Friday, there would be a massive protest in Caracas. After that, who knew what. Tuesday was a day for us to stock up on supplies and brace ourselves. A truce of sorts.

For a moment in the restaurant that evening, María and I weren’t sure whether to sit down at a table or just leave. There wasn’t much to do there, but it was truce day and a date.

The owner started talking about how difficult it was to keep the restaurant going. “People don’t feel safe enough to leave their homes,” he said.

I said that people didn’t go out because they didn’t have enough money, and before I knew it we were talking about how the country was falling apart, just what I hadn’t wanted to do that night. María and I sat down anyway: My brother, our ride, wasn’t answering his phone. The owner kept talking, complaining that the crisis was killing business. He said that because of several shootings, only two out of four bars were left on Caruachi Street. He called it “Tarantino Street.”

María doesn’t drink, but I asked for a beer, so that we hadn’t come for nothing.

“We recently hired a comedian from Valencia and had to cancel the show,” the owner said, referring to a city a 12-hour drive away. “He couldn’t come because the streets were blocked.”

“If this continues, I’m closing up and going to Puerto Rico. I’ve got family there.”

That morning I’d gone out to buy whatever I could find. The supermarket was full of people doing the same thing. But food shortages are not as bad today as they were a year ago: Many Venezuelans have become too poor to even shop. I got rice, wheat flour, bananas, yuccas and potatoes. I saw several people carrying just two or three kilograms of rice in their arms — their groceries for the apocalypse, and they didn’t need a cart. They will have run out of that by now.

By 8 p.m. we were ready to leave the restaurant. The owner charged me half price for the beer: He didn’t have change. Another cash crisis.

Outside, businesses were closing, the streets were emptying out. María and I decided to go to the main shopping mall: With any luck we’d find a place that wasn’t about to go broke. It was almost deserted, but we were able to catch the last movie screening of the day, “Wonder Woman.” We had two hours and 20 minutes of not thinking about three-digit inflation, mass emigration and people feeding on garbage. But that bubble burst as soon as we walked out: Children were waiting around, begging for money to buy food.

María and I never got to eat that night, but we agreed to meet again.

Last Sunday, the vote for the constituent assembly was held. It was a horrible day, the worst, I think, since the protests started in March. Between 10 and 16 deaths, and many other casualties, were reported throughout the country. I found out about them mostly through WhatsApp, listening to voice messages left by frightened people, with the sounds of detonations in the background. That day, several people were shot and wounded in Ciudad Guayana, my city, the quiet city.