Venezuela

“Venezuela clama por una esperanza”: Pedro Nikken

El experto en Derechos Humanos Pedro Nikken es venezolano, pero no es un desconocido en El Salvador. En 1991/92 fue asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas Pérez de Cuellar para el proceso de paz en El Salvador. Luego ejerció como Relator de Naciones Unidas para Derechos Humanos de El Salvador. Aquí sus opiniones sobre las opciones de salida politica del conflicto venezolano.

Segunda Vuelta

Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Entrevista de Hugo Prieto, 11 junio 2017 / PRODAVINCI

Quizás no valga la pena insistir en una salida negociada al conflicto que vivimos en Venezuela. Pareciera que la suerte está echada, que nos encaminamos a un desenlace, pero no a un arreglo. Son muchas las cosas que juegan en contra, la escalada en las calles, las violaciones a los Derechos Humanos y, especialmente, el atentado del presidente Maduro en contra de la Constitución, son obstáculos formidables. Difíciles, sino imposibles de superar.

Si hay algo que anotar, sería lo siguiente: Lo que ocurre nos los buscamos nosotros mismos. La anomia, la violencia desenfrenada, la desinstitucionalización, el vaciamiento de la república. Esta hora oscura que lo ensombrece todo. Digamos, que ya tenemos suficientes razones para sentir vergüenza. ¿Ahora qué? ¿Vamos al baño de sangre? ¿A la guerra civil? ¿No es suficiente? ¿Nadie va a decir basta? Aquí hay unas claves y una visión de un venezolano que tuvo el privilegio de asistir, y de alguna manera participar, en el milagro político que significó el arreglo en El Salvador. Pedro Nikken, quien además es abogado y experto en Derechos Humanos.

¿Cómo caracteriza la situación política actual?

En este momento, estamos viviendo el paroxismo de la polarización. No necesariamente porque haya penetrado a la totalidad del país, pero sí creo que la furia política está hoy mucho más presente que lo que estaba hace un año. Esa furia ha venido in crescendo a partir de las elecciones legislativas de 2015. A raíz del resultado del 6-D, el gobierno se percató de que había perdido la mayoría popular y necesitaba, por todos los medios, gobernar sin Asamblea, lo que no había hecho nunca en los últimos 20 años y, además, ingeniárselas para seguir en el poder sin tener la mayoría. Eso dio pie a una mayor distorsión de las instituciones. La Asamblea Nacional, por ejemplo, fue ignorada y desapareció violando a todas luces la Constitución y cualquier sentido de organización del Estado. Las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional vienen a consagrar lo que ya se estaba haciendo. Creo que no tienen mucho sentido. Supongo que se hicieron para lavarse la cara ante hipotéticos inversionistas internacionales y aprobar, por vía del TSJ, los créditos que se estuviese solicitando. Digamos, esa fue la gota que derramó el vaso. Yo digo siempre que cuando eso ocurre, no hay que ponerle mucha atención a la gota sino al vaso, ¿No? La gota puede ser cualquier cosa, como lo fue el aumento de la gasolina en febrero del 98. Entonces, se ha creado un movimiento de protesta, de rebelión, invocando el art. 350 de la Constitución. No dudo que el derecho a la rebelión exista, pero ese derecho sólo se materializa si la rebelión triunfa. No es problema jurídico sino de hecho.

Más allá de un problema jurídico o político, la rebelión es una expresión de fuerza. Sencilla y llanamente es la expresión más primitiva de la política.

Dentro de las distintas explicaciones que hay para los Derechos Humanos, la que me parece a mí más interesante es la que los caracteriza como la herramienta que descubrió el hombre para luchar contra la opresión. La historia de la humanidad es una lucha continua contra la opresión, y es desde esa lucha que se han abierto grandes senderos históricos. Allí están la revolución francesa, la revolución mexicana, la revolución rusa. Fueron todas grandes luchas contra la opresión, pero también momentos en los que florecieron los Derechos Humanos. Por eso cualquier fórmula de gobierno que entrañe una forma de opresión está condenada al fracaso y a suscitar violencia.

En diciembre de 2016 la sociedad venezolana estaba postrada por el fracaso, por el robo, del referéndum revocatorio. La sensación era que esto se acabó. Pero la gota que rebasó el vaso (las decisiones 155 y 156 del TSJ), plantea una interrogante. ¿Por qué el gobierno cometió ese error? Pudiera ser, tal como lo señala, por el tema financiero. Lo cierto es que el chavismo no había cometido una equivocación tan gruesa, ¿Cuál es su interpretación?

Es un autogol, según le he oído a algunos amigos cercanos al gobierno. Claro, aquí no gana el que mete más goles, sino el que encaja más autogoles. Yo creo que en parte obedece a que los asesores jurídicos del gobierno son muy limitados en su creatividad. Lo digo porque es una cosa totalmente burda, que no puede resistir el análisis de nadie ni podía ser defendida de ninguna manera. Por eso suscitó la reacción que suscitó. A lo mejor es muy ingenuo lo que voy a decir, muy simplista, pero en ciertos sectores de la izquierda comunista, el derecho es visto como una frivolidad pequeño burguesa y teniendo un TSJ que puede decir lo que es legal y lo que no lo es, basta con que los magistrados se pronuncien para que eso quede “legalizado”. Resulta que eso no es así, no es verdad, porque existen otro tipo de análisis, existe el fraude a la ley, por ejemplo, existen figuras jurídicas y políticas que desnudan una situación de esta naturaleza. Yo creo que en parte es una consecuencia del desprecio que hay por el derecho en algunas élites chavistas.

Dirigentes de la oposición afirman que esto no tiene nada que ver con la polarización, y sustentan su opinión diciendo que el 80% de los venezolanos no expresa ninguna favorabilidad por el gobierno de Nicolás Maduro. Este país, por tanto no se “divide en dos partes iguales”. La oposición tiene la mayoría en la calle, pero no tiene los resortes del poder. ¿Cuándo usted habla de polarización cómo lo contextualiza con estos señalamientos?

Primero. Hay que ser muy cuidadosos con el juego de mayorías y minorías, que son necesariamente fluctuantes. Segundo. En la hipótesis que fuera 80 a 20, que no sé si es demasiado optimista por parte de la oposición, de todas maneras son dos polos. ¿O es que el 20% de la población venezolana es despreciable? En tercer lugar, uno de los problemas que el chavismo tuvo desde su origen es considerar que la mayoría era título de legitimidad para hacer cualquier cosa. Resulta que eso no es verdad. Hay cosas, entre otras, la dignidad de la persona, la tolerancia, el derecho a existir de cada uno y de cada grupo que están fuera del ámbito de las mayorías. Chávez, al calificar de escuálidos y con desprecio a quienes se le oponían, sembró una semilla fatídica. Esa semilla no puede permanecer enterrada, especialmente si las cosas cambian. Si estamos frente a dos grupos, uno de los cuales tiene que imponerse sobre el otro estamos perdidos. Eso sería disparate histórico, es un disparate político, un disparate moral y también un disparate jurídico. Tenemos que encontrar una forma de romper la polarización haciendo balances y encontrando puntos de convergencia. Pareciera que no existieran, claro, las voces que se escuchan vienen de los extremos.

Sistemáticamente ignoramos esa advertencia. No se avizoran cambios, a pesar de la profundidad de la crisis y de que la realidad política es muy distinta.

Más allá de que los discursos sean moderados o no, en las calles se está produciendo una batallas tremendas, ¿Cómo consecuencia de qué? Ah,  la Guardia Nacional reprime de tal manera que invita a una contraofensiva. Así se produce una escalada sobre la cual, en algún momento, nadie va a tener el control. Vimos al ministro Padrino López requerirle a la Guardia Nacional moderación, que se atengan a la ley en la represión, lo cual demuestra que ellos también están perdiendo el control. Yo no estoy muy seguro de que la oposición tenga el control de estos muchachos a quienes llaman escuderos, cada uno de ellos me parece un institutos autónomos, pueden estar insuflados de una gran valentía, de una gran pasión, pero nosotros no vamos a resolver esto a fuerza de adrenalina.

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Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Venezuela, en términos económicos, políticos e institucionales, está totalmente desmadrada, creo que no hay otro término. Pero pareciera que eso no es relevante. Lo que realmente importa es cuál de las dos fuerzas se impone. ¿Cuál es su visión?

Primero. El que una fuerza se imponga totalmente sobre la otra no es una solución, es un desenlace. Si el presidente Maduro logra imponer su constituyente a trocha y mocha, transforma el Estado y destituye a todo el mundo y crea un Estado comunal, va a abrir otro frente de resistencia frente a ese Estado comunal. Va a sumar más gente en contra. Si, en cambio, la oposición pretende aplastar al chavismo e inicia una cacería de brujas y lanza un gobierno de arbitrariedad, pues empieza otro problema, la resistencia del chavismo o del madurismo. Pero en todo caso, no será nada despreciable lo que va a ocurrir. Esa idea de que una fuerza puede aplastar a otra es una ilusión, es la ilusión del combatiente, del autoritarismo. Quizás eso pueda valer en una guerra internacional como cuando aplastaron a la Alemania Nazi.

O en una guerra civil como la de España.

Sí pero con qué resultado. Una dictadura interminable. Como dijo Antonio Machado. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Eso es lo que nos espera, si una de las dos Venezuelas se impone sobre la otra. Tenemos que darnos cuenta de que esta es la casa de todo el mundo. Es verdad que tenemos casi 20 años desacostumbrados a esa idea, donde a muchos de los que nos hemos opuesto al régimen, con distintas tonalidades, nos han hecho saber que no somos prácticamente venezolanos, que somos apátridas, que somos gente de segundo. Eso no lo vamos a resolver volteando la tortilla. La mayoría no es título de legitimidad para hacer cualquier cosa. Para eso está el estado de derecho, cuyas reglas fijan los límites del poder. Y eso no lo pueden romper las mayorías. Por ejemplo, los casos de amnistías aprobadas por referéndum, como ocurrió en Uruguay. Garantizaron la impunidad de una serie de asesinos con un referéndum ¿Qué pasó? Siguió la lucha y al final, tanto la Corte Suprema de Justicia de Uruguay como la CIDH declararon la nulidad de ese referéndum y hubo que volver a empezar. Entonces, el régimen de mayorías no es blindado cuando es injusto.

La oposición ha reiterado tantas veces los motivos que la llevaron a la calle: el reconocimiento de la AN, la apertura del canal humanitario (alimentos y medicinas), la liberación de los presos políticos y el cronograma electoral. Se produjo esta reunión en la cárcel de Ramo Verde y se habló de la oferta a Leopoldo López de casa por cárcel. Quizás era el punto de partida de una negociación, pero todo esto terminó siendo una suerte de globo de ensayo y no hay conexión ninguna.

Creo, finalmente, que el gobierno armó todo este lío, con errores, con abusos, con ambas cosas; y debería dar un paso muy claro para subsanarlo. Creo también que el gobierno, no sé si conscientemente, pareciera que sí, trató de usar la ronda anterior de negociaciones para crear problemas dentro de la oposición y para usarla como una tribuna, cuyo objetivo era demostrar que estaban dispuestos a negociar y además,  le estamos ganando a la oposición. Al final de cada ronda, Jorge Rodríguez, que es un hombre muy inteligente, muy elocuente, daba una demostración de cómo el gobierno se había “impuesto” a la oposición, lo cual, con el debido respeto, me parece una verdadera tontería. La negociación es exactamente algo donde ninguna de las partes le gana a la otra, sino que las dos salen de acuerdo. Si lo presentas así, estás matando el proceso. Y yo creo que ese fue uno de los grandes errores.

No hemos visto “el paso claro” del cual usted habla. No hemos visto nada de nada.

No, todo lo contrario. La convocatoria a esto que Maduro llama una constituyente es agravar la crisis. Es echarle gasolina al fuego. Sin embargo, sin saber lo que allí pasó, el hecho de que dos personas de tan alta jerarquía dentro del oficialismo hayan ido a visitar a Leopoldo López a mí me parece que es un buen signo, algunas cosas se pueden hacer, algunas cosas pueden moverse. Pero yo no quisiera especular sobre lo que ocurrió allí. Sin embargo, es un buen signo.

Cualquiera de los polos que demuestre la mínima disposición, diría incluso, la mínima racionalidad, ese es condenado inmediatamente, pasa al tribunal disciplinario, al ostracismo, al gulag. ¿Cómo se puede abordar un conflicto, si cualquier aproximación es inmediatamente descalificada?

Hay que hacer varias cosas, creo yo. La primera. Hay que ponerse muy imaginativo. La historia de la política y de la diplomacia está llena de negociaciones imposibles. Sin embargo, se abren. Un caso paradigmático es la guerra de Vietnam. O el paso que dio el Rey Enrique IV de Navarra que dijo París bien vale una misa y se convirtió al catolicismo con tal de llegar a la corona de Francia. Hay cosas que parecen muy raras y muy difíciles, pero que terminan resultando posibles. Yo he tenido la suerte de ver algunas. Las negociaciones de paz en El Salvador para mí fueron un ejemplo de milagro político. Había gente de lado y lado que no quería un acuerdo, pero había un núcleo al que yo le di un nombre, las fuerzas del bien, de lado y lado, que efectivamente estaban presionando para que se llegara a un acuerdo. Se dieron posiciones muy flexibles en un escenario muy difícil. Por ejemplo, en la mesa estaba el rector de una universidad, cuyo padre había sido secuestrado por la guerrilla y del otro lado estaba la guerrillera responsable del secuestro. Ahí si hay polarización de verdad y rabias acumuladas. Pero se entendieron.

Aquí estamos esperando a que el milagro ocurra en las calles. Que la batalla de un giro inesperado a favor de la oposición. Un milagro ante la mirada de todo el mundo.

Yo creo que todavía hay espacio para la imaginación y para la creatividad. Efectivamente, la oposición ha tomado las calles y debe seguir en ellas, porque no le han dejado otra alternativa, todos los espacios se han cerrado. El gobierno ha cerrado todo, la Asamblea, los tribunales, el CNE, saboteó y no se tomó en serio el proceso de negociación con el arbitrio del Santo Padre y de los ex presidentes. Entonces, alguien tiene que surgir. No sé cómo podría arrancar una nueva ronda de negociación, pero tendría que ser de una manera distinta.

En Venezuela, exiliados chilenos de diversos partidos políticos, se reunieron en la Colonia Tovar para fijar una estrategia frente a Pinochet, la llamada Concertación en su fase germinal. Está el tema de El Salvador, que además tuvo un episodio culminante en Ciudad de México. ¿Cómo es que nosotros no tenemos imaginación política? ¿Cómo es que estamos empantanados en esta interminable crisis?

Estamos todavía enfrascados en episodios de desconfianza que a veces parecen hasta infantiles. Si usted quiere llegar realmente a un entendimiento, vamos a sentarnos a ver en qué consiste. Voy a decir algo que a estas alturas no creo que sea una indiscreción. En El Salvador establecí una buena relación con las dos partes. Un día le pregunté a un comandante guerrillero. ¿Qué los movió  a ustedes a esto? Me dijo. Había entre nosotros una discusión sobre el destino de la lucha armada y un día, el rector de la Universidad de los jesuitas, el padre Eyacuria, nos convocó a requerirnos que dejáramos la lucha armada, transcurrieron meses discutiendo eso, la estrategia alternativa, cómo nos podíamos convertirnos en una referencia política y cómo iba a ser la estrategia de negociación. De ahí en adelante, todo lo hicimos de acuerdo a esa hoja de ruta. Eyacuria nos reunió y se fue. Pero nos obligó a discutir. Aquí, por el contrario, hay un punto en el que creo que estamos fallando. Pareciera que la oposición no tiene tiempo para sentarse a discutir. Están tan capturados por la calle, por la lucha política de todos los días, que no hay un cerebro común elaborando lo que se debe hacer. Por ejemplo, no sé si todos los puntos que ha presentado la oposición, sin duda todos justos, tengan la misma jerarquía. ¿Qué es primero? ¿El canal humanitario o la liberación de los presos? ¿El respeto a la Asamblea o el cronograma electoral?

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Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Si no hay una jerarquización, por decir lo menos, no hay una claridad en los objetivos que se están buscando. Esa falla de origen no se la pueden atribuir al chavismo.

Aquí hay un problema. Se ha perdido el foco de lo que debería ser esencial. En cierta forma, ya puede haber pasado el tiempo, por el atentado de Maduro a la Constitución. Lo que debió plantearse, no como objetivo de negociación, sino como hoja de ruta es cómo garantizar que la Constitución del 99 se aplique, se cumpla, de aquí a las elecciones de 2018, en forma congruente con su texto y con su espíritu. Que haya elecciones regionales. Que Maduro gobierne hasta el final de su mandato. Ahora parece que todo se centra en unas elecciones anticipadas. Ese puede ser su deseo. Pero eso no es lo que dice la Constitución. Entonces, hay que calarse a Maduro hasta que culmine su mandato presidencial. Entonces sí, asegurarse, como objetivo de la negociación, que a partir de las elecciones de 2018, cualquiera sea el resultado, haya una transición hacia otra cosa, con un pacto de gobernabilidad, que se asegure la garantía de que se van a respetar los resultados electorales y que, de perder el chavismo en las urnas, no va a haber una cacería de brujas. Esos tendrían que ser los objetivos de una negociación para darle estabilidad a este país.

Quizás lo que está diciendo podría traerle todo tipo de descalificaciones. ¿Está consciente de eso? Seguramente, saldrá alguien a pedir juicio popular.

¿Qué me importa? Yo creo que si la lucha no tiene otro objetivo que tumbar al gobierno, no habrá sino un desenlace muy sangriento. El gobierno no se va a dejar tumbar y si lo tumban, no te digo yo en qué se van a traducir los linchamientos. Un país no se puede construir sobre la base del odio y del miedo desatado. A mí no me importa decirlo todas las veces que tenga que decirlo. Tiene que haber alguien que lo diga. Yo no dirijo a nadie, a duras penas me dirijo a mí mismo.

Vamos a dejar de lado ciertas pretensiones, vamos a poner el pie en la dura realidad que estamos viviendo. Si no hay esa negociación, si no hay esa aproximación, yo diría que la calle no va a resolver este problema. ¿Usted qué piensa?

Pienso lo mismo, eso es una prueba de fuerza que puedes ganar o perder. Pero independientemente del resultado, no resuelves el problema. El problema está en convertir a Venezuela en un país y no en el desmadre que hay, no en la inopia en la que estamos. Y no vamos a construir un país con un desenlace de una pelea de barrio. Esto tiene que resolverse de otra forma. De lo contrario vamos a una catástrofe. A una intervención militar que será muy costosa para todo el mundo. O a una guerra civil o a una situación de anarquía total, pero a nada que se le parezca a un país coherente. Es más, ¿Qué pasaría si Maduro y El Aissami aparecen en televisión está noche y dicen renunciamos? ¿Va a haber unas primarias en la oposición para saber quién va a ser el presidente? ¿Qué plan de gobierno se va a seguir? ¿Cuáles son los primeros pasos que dará ese nuevo gobierno, aparte de liberar los precios y restablecer la Asamblea, en concreto para gobernar a Venezuela? ¿Qué es lo que se va a hacer? Venezuela necesita, clama, por una esperanza. Una esperanza no se crea a carajazos. La rebelión es un derecho, pero tienes que tener la alternativa clara.

Este es un reclamo persistente, un punto dilemático, crucial, que sigue pendiente. Una causa del desespero y la frustración.

En la oposición no se ha articulado la opción política, ¿Cómo se arma un gobierno que rescate al país? ¿Cuál va a ser la política económica de urgencia? ¿De dónde se van a obtener los recursos extraordinarios para sostenerlo? ¿Cómo se va a resolver el problema del hambre y la escasez a través de la cooperación internacional? ¿Cómo se va a reestructurar la justicia sin incurrir en los mismos vicios que potenció el chavismo? ¿Cómo se va a armar el Estado y cuál es la visión de estadista que hay? Yo no veo esa visión de la transición. Nadie la dice. Y eso me parece que es suficientemente significativo.

Uno no ve la visión que tuvo Ernesto Cedillo para restarle poder al PRI dentro del PRI. O la imaginación que tuvo Fernando Henrique Cardoso en Brasil para superar la larga dictadura que ensombreció a ese país. Ni nada parecido a los acuerdos de la Concertación en Chile.

Se tragaron el sapo crudo de tener a Augusto Pinochet como comandante general del Ejército y luego como senador vitalicio.

Aquí todos hablan de la fuerza que se tiene que imponer a la otra. Ojalá sea esta misma noche, pero nadie habla de los sapos que tienen que tragarse.

Así es. Eso a mí me inquieta mucho, pero creo que no es imposible de armar, si pudiera aparecer una mediación fuerte y muy discreta, para que no se coman vivo a nadie sin que haya un resultado. Pero yo sí creo que es perfectamente posible idear un paquete de soluciones que comprenda un gobierno de transición, pero que sea digerible para el madurismo y más para el chavismo. No es imposible, pero hay que aguzar la imaginación, hay que inventar cosas. La historia del arreglo en el Salvador es una historia de esta inventando e imaginando todos los días. La primera comisión de la verdad, por ejemplo, salió de allí. Se utilizaron distintas fórmulas para lograr la reforma constitucional, en discusiones que duraron cinco semanas en Ciudad de México. Reforma que aprobó la Asamblea saliente y luego la entrante, en menos de una semana.

Usted es experto en materia de Derechos Humanos. A los manifestantes se les está abriendo juicio en tribunales militares. ¿Nadie sabe cuál es el estatus legal de esos detenidos? ¿En qué punto estamos?

En una ruptura completa. Primero. La vigencia del estado de derecho es una condición en sí misma para que los Derechos Humanos puedan existir y materializarse, algo similar podría decirse de la democracia y de la autodeterminación o de la justicia social. Segundo. La cooptación de la justicia por parte del gobierno y su partidización. Tercero. Si la Fiscal General se muestra crítica frente al camino legal que está siguiendo el gobierno, con la aprobación del TSJ, inmediatamente pierde la confianza y no es ella quien lleva la acusación penal, tal vez no se anima a acusar, porque considera que no se ha cometido un delito, pero entonces se acude a la justicia militar. Por amor de Dios. Recordarás la frase de Clemenceau después del juicio a Dreyfus. Es que la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

¿De verdad el gobierno tiene una intención de negociar y resolver este conflicto políticamente?

Creo que hay dos tendencias, una abierta a la negociación y otra que ha resuelto que el final de esto va a ser operático. O ganamos y vencemos o morimos con las botas puestas. Una solemne tontería, porque finalmente, si el chavismo nació con la pretensión de quedarse, si opta por ese camino está condenado a extinguirse. Sea porque lo derroten de una vez o porque triunfe y se extinga a posteriori, porque sería un perfecto desastre. Entonces, es no tener perspectivas políticas, no de perder el poder, sino de volver a conquistarlo si lo pierden. Ese es el defecto de estrategia por parte del gobierno. Seguramente habrá quien cometió delitos graves, pero no creo que eso sea todo el gobierno y mucho menos todo el chavismo. ¿No decían ellos No volverán? Y ahí tenían a Henry Ramos, presidente de la Asamblea e incluso con aspiraciones de poder.

Vea una entrevista que Paolo Luers le hizo
a Pedro Nikken en Caracas en junio 2010:
“Está en peligro el concepto mismo de República”

La crisis venezolana en punto muerto. De Francisco Suniaga

Manifestantes durante una protesta de médicos contra el gobierno de Nicolás Maduro en Caracas, el 22 de mayo de 2017 Credit Luis Robayo/Agence France-Presse — Getty Images

Francisco Suniaga es un escritor venezolano. Es autor de la novela “La otra isla” y su obra más reciente es “Adiós Miss Venezuela”.

, 24 mayo 2017 / THE NEW YORK TIMES

NUEVA YORK — La crisis venezolana es larga, total y tan profunda que el adjetivo “abisal” le hace justicia. Una crisis de estas dimensiones obedece a diversos factores y son muchos los nombres de los responsables. El mayor, por las decisiones que ha tomado en los momentos dilemáticos de este prolongado proceso, es Nicolás Maduro, el presidente que escogió convertirse en dictador.

A partir de diciembre de 2015, cuando perdió de forma contundente las elecciones legislativas, Maduro se ha inclinado invariablemente por la opción no democrática ante cualquier disyuntiva importante. Pocos días después de proclamada la Asamblea Nacional (AN), comenzó a asediarla para evitar que tomara la iniciativa de convocar a un referendo revocatorio con el fin de removerlo del poder. Para ello, inhabilitó a través del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) a todos los diputados del estado Amazonas, eliminando la mayoría calificada que la oposición había ganado en las urnas.

Luego, cuando las fuerzas opositoras buscaron el referendo por la vía popular, con el 20 por ciento de las firmas de los electores, el gobierno de Maduro estableció un engorroso procedimiento no previsto en la ley, con la idea de abortarlo. La oposición, sin embargo, superó todas las barreras burocráticas y logró mantener viva la solicitud. Entonces, entre tolerar o no que los electores decidieran su suerte, Nicolás Maduro optó por cancelar el proceso a través de unos jueces penales de provincia.

Empujado por la presión en la calle, Maduro propuso un diálogo que contó con los buenos oficios de varios expresidentes de países amigos, el apoyo de la Organización de los Estados Americanos y un enviado del Vaticano. Las demandas de la oposición eran y siguen siendo un mantra: libertad de los presos políticos, cronograma electoral, abrir canales para ayuda humanitaria y reconocimiento de la AN. Tales demandas, según demuestra la carta enviada al gobierno por el representante del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, fueron convenidas por el chavismo en la mesa. Nicolás Maduro desconoció los acuerdos y cerró la posibilidad de una salida democrática y electoral.

A fines de marzo, el TSJ decidió liquidar de manera definitiva a la Asamblea Nacional y la dejó sin potestades legislativas. Técnicamente, fue un golpe de Estado. El tsunami que se levantó en contra de tales decisiones —que incluyó a la fiscal general de la república, Luisa Ortega, hasta ese momento ficha del chavismo— fue de tal magnitud que un par de días más tarde, a solicitud expresa de Maduro en cadena nacional de radio y televisión, el TSJ echó atrás sus decisiones. Esa “rectificación” no hizo sino alimentar la protesta porque demostró de forma grotesca el sometimiento del máximo cuerpo judicial a las directrices del presidente.

Atrapado ya de manera irreversible en el dilema del tirano, Maduro decidió apagar el incendio con gasolina convocando a una Asamblea Nacional Constituyente. Con ella pretende saltarse el requisito de un referendo establecido en la propia Constitución para su convocatoria y, de paso, liquidar el principio de la universalidad del voto.

Elecciones, pero no libres ni universales, esa es la oferta de Maduro. Ya el Consejo Nacional Electoral estableció que para finales del mes de julio se escogerán a los constituyentistas y las elecciones regionales finalmente se celebrarán el próximo 10 de diciembre, aunque la oposición continúa con las movilizaciones de calle.

La conclusión es clara: entre ser un demócrata o un dictador, Maduro ha escogido lo segundo. A diario lo ratifica con la represión más brutal de la historia moderna del país. Según cifras del Foro Penal Venezolano, una organización no gubernamental, en más de 50 días de protestas han fallecido 41 personas en las manifestaciones, además murieron 18 ciudadanos más en los saqueos y las barricadas. El foro ha registrado 2728 arrestos durante las protestas, de los cuales 1156 personas aún se encuentran detenidas. De esa cifra, 338 ciudadanos han sido presentados ante los tribunales militares que han privado de libertad a 175.

Las calles de los sectores con protestas más fuertes han sido asaltadas por bandas de motorizados armados y apoyados por el gobierno. Estos criminales han asesinado, saqueado comercios, destruido propiedades y atacado directamente a hogares. Paralelamente, la Guardia Nacional Bolivariana  actúa como un ejército de ocupación que reprime con saña e incluso protege a las huestes motorizadas.

La protesta continúa pero la crisis pareciera estar en un punto muerto. ¿Qué va a pasar? Nadie lo sabe. En lo interno, la protesta callejera y la situación económica son factores que presionan al gobierno de manera sustantiva.

Las manifestaciones de la oposición han sido enormes, valientes y fervorosas. Pero convertirlas en una rebelión popular que obligue una salida de Maduro demanda un grado superior de organización y movilización. En principio para mantenerlas dentro de parámetros pacíficos, a pesar de la violencia ejercida por guardias y paramilitares, y también para lograr una base popular más amplia. ¿Cuánto tiempo más pueden mantenerse? Prosiguen tras casi dos meses de su inicio. Cuentan con un aliado fundamental para ello: la situación económica del país signada por el hambre y las enfermedades, y sin políticas creíbles que puedan aliviarlas. Mientras esa situación se mantenga, habrá gente protestando en la calle.

Los militares tienen un papel crucial en este contexto. El llamado que hacen millones de ciudadanos en las calles a que se sumen a quienes defienden la Constitución, algún efecto ha de tener. Sin embargo, por lo pronto se han mantenido formados disciplinadamente detrás de sus mandos. Son el único factor interno que, con amplio respaldo popular, puede inclinar la balanza y abrir una salida a la crisis.

Así las cosas, destrancar el juego en Venezuela depende en gran medida de una acción internacional seria que promueva, con las debidas garantías para los actores gubernamentales, una salida electoral y una transición pacífica. La solución debe construirse con fineza política para no abrirle posibilidades a una interminable anarquía o una guerra civil.

Nada fácil porque, salvo que se organice un intento de negociación a través del secretario general de la ONU, António Guterres, no se percibe ninguna otra posibilidad en el horizonte que pueda convencer a las partes.

Levanto mi vos. De Gustavo Duhamel

“We must stop ignoring the just cry of the people suffocated by an intolerable crisis,” Gustavo Dudamel, the music director of the Los Angeles Philharmonic, said of his native Venezuela. Credit Hiroyuki Ito for The New York Times

Gustavo Duhamel, 4 mayo 2017 / FACEBOOK
Mi vida entera la he dedicado a la música y al arte como forma de transformar las sociedades. Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis. Históricamente el pueblo venezolano ha sido un pueblo luchador pero jamás violento.
Para que la democracia sea sana debe haber respeto y entendimiento verdadero. La democracia no puede estar construida a la medida de un gobierno particular porque dejaría de ser democracia. El ejercicio democrático implica escuchar la voz de la mayoría, como baluarte último de la verdad social. Ninguna ideología puede ir más allá del bien común. La política se debe hacer desde la consciencia y en el más absoluto respeto a la constitucionalidad, adaptándose a una sociedad joven que, como la venezolana, tiene el derecho a reinventarse y rehacerse en el sano e inobjetable contrapeso democrático.

Armando Cañizales Carrillo, músico de la Orquesta Sinfonica Simón Bolivar, de la cual Gustavo Duhamel fue director. El estudiante murio de un disparo en una manifestacion contra el gobierno de Maduro.

Los venezolanos están desesperados por su derecho inalienable al bienestar y a la satisfacción de sus más básicas necesidades. Las únicas armas que se le puede entregar a un pueblo son las herramientas para forjar su porvenir: instrumentos musicales, pinceles, libros; en fin, los más altos valores del espíritu humano: el bien, la verdad y la belleza.
Hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente. Debemos a nuestros jóvenes un mundo esperanzador, un país en el que se pueda caminar libremente en el disentimiento, en el respeto, en la tolerancia, en el diálogo y en el que los sueños tengan cabida para construir la Venezuela que todos anhelamos.
Es el momento de escuchar a la gente: Ya basta. Gustavo Dudamel

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Gustavo Dudamel, durante el concierto de Año Nuevo con la Orquesta Filarmónica de Viena. Credit Ronald Zak/Associated Press

Gustavo Dudamel condena la represión en Venezuela: ‘Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado’

, 4 MAYO 2017 / THE NEW YORK TIMES

El director Gustavo Dudamel, una de las máxima estrellas de la música clásica en el mundo, parece haber respondido a la presión de muchos venezolanos y ha condenado por primera vez la actuación del gobierno de Nicolás Maduro durante la crisis que sufre su país.

El jueves Dudamel escribió en su perfil de Facebook: “Levanto mi voz en contra de la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis”.

Este pronunciamiento sucedió un día después del fallecimiento del joven Armando Cañizales Carrillo, un músico de la Orquesta Sinfónica Juvenil José Francisco del Castillo, quien se encontraba en una protesta en la autopista Francisco Fajardo de Caracas cuando recibió un balazo.

Hasta el momento las protestas, que ahora entran en su segundo mes, han dejado al menos 35 muertos, centenares de heridos y más de un millar de detenidos, reporta Associated Press.

“Hago un llamado urgente al Presidente de la República y al gobierno nacional a que se rectifique y escuche la voz del pueblo venezolano. Los tiempos no pueden estar marcados por la sangre de nuestra gente”, sostuvo Dudamel en su declaración.

El pronunciamiento del famoso músico venezolano, que también es el director musical de la Filarmónica de Los Angeles, ha provocado diversas reacciones entre el mundo político venezolano. Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional y dirigente del partido opositor Voluntad Popular, escribió en Twitter: “Venezuela entera necesitaba que uno de sus hijos más talentosos tomara esta posición. Que tu voz levante conciencias en el régimen, Gustavo”.

De igual manera, Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, quien se encuentra preso, saludó las palabras del director: “Dudamel coloca batuta dónde esperábamos que lo haría por su patria. Gustavo Dudamel este es tu mejor concierto”.

Estudiantes de la Universidad Central de Venezuela se enfrentan con la policía durante una protesta, en Caracas el 4 de mayo de 2017. Credit Federico Parra/Agence France-Presse – Getty Images

El director fue muy criticado en las redes sociales por un breve video que el 25 de abril publicó en su cuenta de Twitter: “Llamo a los líderes encontrar las vías necesarias para salir de esta crisis que aqueja a Venezuela, principalmente, dejar a un lado los egos e ideologías para escuchar a la gente”. Aunque expresaba su preocupación por los sucesos de Venezuela, muchos pensaron que su pronunciamiento de ese momento no era suficiente.

El impacto que Dudamel ha tenido en el selecto cenáculo de la dirección de orquesta, es comparable a la presencia avasalladora de leyendas como Bernstein y Toscanini. Los asiduos a la Filarmónica de Los Ángeles, de la que Dudamel es director musical desde 2009, suelen exclamar con alborozo: “It´s amazing, it´s the Dudamel´s Experience”.

El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, una obra social y cultural del Estado venezolano con más de 40 años de experiencia, es un exitoso método de enseñanza musical que favorece la integración de jóvenes de bajos recursos en Venezuela y ha inspirado el establecimiento de proyectos similares en más de 60 países del mundo.

A pesar de la gran labor social de El Sistema, su cercanía con el gobierno ha hecho que muchos se pregunten si esa institución, la orquesta nacional y el mismo Dudamel funcionan como una especie de órgano propagandístico de un gobierno que ha sumido a ese país en una de las crisis más grave de su historia.

Dudamel ha dicho que su principal preocupación es la perpetuación de El Sistema. En 2015 escribió un artículo de opinión en Los Angeles Times en el que explicaba que tomar partido en el conflicto de su país podría politizar El Sistema, y eso sería una amenaza para la institución. “Para quienes creen que he permanecido en silencio demasiado tiempo, les digo: No confundan mi falta de postura política con falta de compasión o ideales”, escribió en 2015.

Su disensión pública es un duro golpe para la imagen del gobierno de Maduro, que se ufana de las actuaciones de Dudamel durante algunos actos públicos. Aunque siempre ha existido una gran especulación sobre la posición política del músico, no queda duda de su condena por los recientes sucesos que afectan a su país: “Los venezolanos están desesperados por su derecho inalienable al bienestar y a la satisfacción de sus más básicas necesidades”, escribe. “Es el momento de escuchar a la gente: Ya basta”.

Frenar a Maduro. Editorial El País

La comunidad internacional debe actuar contra el régimen venezolano.

 

Editorial, 3 mayo 2017 / EL PAIS

En lugar de liberar a los presos políticos, convocar elecciones presidenciales y dar así una salida democrática a la crisis institucional que vive Venezuela, el presidente Nicolás Maduro ha decidido dinamitar el orden constitucional de su país. Fracasado su empeño en despojar de sus poderes a la Asamblea Nacional, Maduro quiere ahora dotarse de una legalidad a su medida en la que no quepa ninguna oposición a su régimen.

Con su amenaza de ruptura definitiva con el orden constitucional vigente, Maduro coloca a Venezuela ante la disyuntiva más dramática de las últimas décadas. Usando su habitual lenguaje incendiario, el mandatario venezolano plantea a los ciudadanos que la alternativa a sus planes es la confrontación. Su apelación —criticada incluso desde el chavismo— a entes sin fundamento jurídico alguno como “los poderes originarios” y la delirante definición de un proyecto constituyente en el que participarían 500 “representantes de la comunidad” que nadie sabe cómo se elegirían (aunque sí a quién servirían) dibujan a un presidente decidido a convertir a su país en una dictadura con él al frente.

La soberanía popular de Venezuela está representada de forma legítima por la Asamblea Nacional, elegida democráticamente en diciembre de 2015 y en la que la oposición tiene una mayoría incontestable. Maduro ha tratado por todos los medios —legales e ilegales— de privarla de su derecho y obligación de legislar. Su mandato no puede ser anulado con el pretexto de convocar un proceso constituyente. Y la Constitución venezolana —impulsada por el propio Hugo Chávez— no puede ser anulada por la mera voluntad de un gobernante acorralado, incapaz de lidiar con la crisis económica y sin ningún diálogo con la oposición.

Durante más de un año, Maduro ha dejado escapar oportunidades que no solo hubieran supuesto una buena solución para Venezuela, sino que incluso le hubieran permitido salir airoso de la situación. Ha despreciado los llamamientos, intermediaciones y buenos oficios de personalidades, organizaciones y Estados que se han ofrecido a colaborar en la consecución de un acuerdo con esa mayoría de venezolanos a los que él pretende dejar al margen de la ley. Incluso ha despreciado e ignorado la tremenda penuria de su pueblo mediante el recurso a inconsistentes promesas imposibles de cumplir.

Ni la comunidad latinoamericana ni la europea pueden consentir que Maduro y sus colaboradores acaben con la Constitución, la Asamblea y, por tanto, con la democracia y las libertades de los venezolanos. Tanto la OEA como la Unión Europea deberían advertir al régimen venezolano de las serias consecuencias (incluyendo la posibilidad de imponer sanciones, como la prohibición de viajar y la congelación de activos en el extranjero) a las que se exponen sus dirigentes si deciden seguir por ese camino. Y España, como puente y representante de los valores democráticos que hermanan a ambos continentes, debería implicarse a fondo en la supervivencia de la democracia en Venezuela.

La respuesta del presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges:

 

Los colectivos venezolanos, las bandas de civiles armados que atacan a los manifestantes y defienden a Maduro. The NYT

Cientos de miles de manifestantes han tomado las calles de Caracas y otras ciudades exigiendo que se realicen elecciones en Venezuela. Credit Foto: Meridith Kohut para The New York Times

y , 22 abril 2017 / THE NEW YORK TIMES

CARACAS, Venezuela — Los motociclistas llegaron con un estruendo; eran una falange de chaquetas rojas con ropa oscura. Algunos llevaban los rostros cubiertos mientras aceleraban los motores ante los manifestantes. Arrojaron bombas de gases lacrimógenos para dispersar a la multitud y, según los testigos, luego sacaron las pistolas y dispararon.

Carlos Moreno, de 17 años, cayó al suelo y un charco de sangre se formó alrededor de su cabeza. “Se le estaba saliendo la materia cerebral”, recordó Carlos Julio Rojas, un líder comunitario que presenció el tiroteo sucedido en Caracas el miércoles pasado.

Quienes estaban en la protesta dicen que los hombres uniformados que dispararon contra Moreno no pertenecían a las fuerzas de seguridad del gobierno. Eran miembros de bandas armadas que se han convertido en agentes clave para el presidente Nicolás Maduro, quien intenta sofocar las crecientes protestas contra su gobierno.

Esos grupos, que reciben el nombre de colectivos, forman parte del escenario político venezolano desde hace mucho tiempo, pues fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, se trata de civiles con entrenamiento policial que han sido armados por las autoridades.

Los colectivos controlan un vasto territorio del país y en algunos casos se financian por medio de actos delictivos como la extorsión, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El gobierno tolera sus actividades a cambio de lealtad.

Actualmente parece que desempeñan un papel importante en la represión de la disidencia.

Cientos de miles de manifestantes han tomado las calles de Caracas y otras ciudades exigiendo que se celebren elecciones. Las protestas se han intensificado debido a la crisis económica que ha generado una gran escasez de productos básicos como alimentos y medicinas —así como una reciente resolución del Tribunal Supremo de Justicia con la cual intentó asumir las funciones de la Asamblea Nacional— lo que ha contribuido a la desestabilización del país y se han convertido en la amenaza más grande para el gobierno actual desde el golpe de Estado que en 2002 destituyó, por unas pocas horas, a Hugo Chávez.

Maduro ha respondido desplegando efectivos de la guardia nacional armados con cañones de agua, balas de goma y perdigones para dispersar a las multitudes. Pero diversos expertos y testigos aseguran que, junto a las fuerzas de seguridad, también actúan los colectivos que se dedican a una intimidación más brutal y, en muchos casos, mortal.

“Esos son los verdaderos grupos paramilitares de Venezuela”, dijo Roberto Briceño-León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, un grupo académico que monitorea los actos delictivos en el país.

Los colectivos se han convertido en agentes represores a medida que han disminuido los ingresos del gobierno venezolano a causa de la creciente deuda externa y la caída de los precios del petróleo. Según muchos venezolanos, los colectivos aparecen en casi cualquier protesta en la que el gobierno perciba que los ciudadanos se pasan de la línea, desde los rutinarios conflictos laborales con sindicatos hasta las manifestaciones estudiantiles.

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Durante las recientes confrontaciones en Caracas, los efectivos policiales han perseguido a los manifestantes, lanzado gases lacrimógenos y disparado balas de goma. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Eladio Mata, un dirigente sindical del sector salud, dice que el año pasado los miembros de un colectivo le dispararon cuando se estancaron las negociaciones en el Hospital Universitario de Caracas.

Mata cuenta que cuando llegó a la puerta principal del hospital se encontró con varios hombres que le impidieron salir. Él cree que fueron llamados por la directiva del hospital. Los miembros del personal intentaron ayudarlo a salir, pero un miembro del colectivo le disparó en la espalda. Luego tuvo que ser arrastrado a una sala de operaciones para una cirugía de emergencia.

“En este país está prohibido disentir”, dijo Mata.

Oscar Noya, un investigador de enfermedades infecciosas tropicales, dijo que su laboratorio ha sido objeto de actos vandálicos en unas 30 ocasiones, perpetrados por miembros de los colectivos que destruyen sus equipos y se llevan los cables eléctricos.

Noya cree que ordenaron vandalizar su sitio de trabajo porque suele publicar información sobre epidemias de enfermedades infecciosas que el gobierno no informa, particularmente la propagación de la malaria.

También comentó que las autoridades han guardado silencio ante sus repetidas denuncias, por lo que cree que los colectivos han “alcanzado un nivel de impunidad total”.

“Si la revolución pierde la presidencia mañana,
los colectivos inmediatamente se convertirán
en una guerrilla urbana”.
Fermín Mármol, criminólogo

Los expertos dicen que los colectivos se originaron en los primeros días del gobierno de Chávez, quien originalmente los concibió como organizaciones sociales que le ayudaran a instaurar su visión de una revolución socialista que transformara los barrios pobres de Venezuela. Muchos tenían sus propios nombres, banderas y uniformes. Finalmente, el gobierno les impartió entrenamiento de armas y seguridad, para desplegarlos como un grupo de milicias.

A medida que los grupos se hicieron más poderosos, ejercieron su propia influencia, sobre todo respecto al control de actividades del crimen organizado como el tráfico de drogas en los barrios de Caracas.

Su poder llegó a ser tal que, en 2014, algunos tuvieron violentos enfrentamientos con la policía como parte de un esfuerzo por expulsar a un ministro del Interior y Justicia que trató de frenarlos. Más recientemente, otros miembros de colectivos han librado mortales reyertas con soldados durante el despliegue de operaciones militares que buscan contener el crimen organizado.

Según Fermín Mármol, un criminólogo de la caraqueña Universidad Santa María, esos grupos controlan el 10 por ciento de los pueblos y ciudades de Venezuela. Mármol explicó que la profunda inclinación ideológica de los colectivos significa que defenderán a Maduro a toda costa.

“Si la revolución pierde la presidencia mañana, los colectivos inmediatamente se convertirán en una guerrilla urbana”, dijo el experto.

Paramédicos evacuan a un manifestante que resultó herido durante los enfrentamientos con policías. Credit Meridith Kohut para The New York Times

Las bandas de colectivos han sido acusadas de ataques contra periodistas que cubren sus actividades en las calles. Sin embargo, en algunas entrevistas, sus líderes han negado cualquier vinculación con actividades criminales y dijeron que se dedicaban a defender la revolución.

A pesar de sus ataques contra los disidentes, para algunos venezolanos de los sectores más pobres los colectivos se han convertido en una fuente de orden aceptada por la gente.

Haide Lira, de 58 años, es una asistente administrativa que vive cerca del barrio de clase trabajadora La Vega y dijo que los enfrentamientos entre manifestantes y los colectivos han sorprendido a los vecinos. Ella simpatiza cada vez menos con quienes protestan. “Así no se presiona a un gobierno”, opinó.

Sobre los colectivos, comentó: “Ellos ponen orden donde hay desorden. Es cierto, son civiles armados, pero ¿qué se puedes hacer en este mundo que está al revés?”.

Pero los ataques contra los manifestantes han traumatizado a muchos, como es el caso de Rojas, el líder comunitario que fue testigo de la muerte de Carlos Moreno. Cuenta que los manifestantes intentaron salvar a Carlos; subieron su cuerpo a una motocicleta para que llegara rápido a un hospital, donde fue declarado muerto.

Algunos trataron de perseguir a los agresores, pero fueron refrenados por otros que les dijeron que sería inútil. Rojas trabaja con políticos de la oposición y explicó que se había acostumbrado a los ataques, que durante mucho tiempo han formado parte de su trabajo como activista.

“Atacan a sus vecinos cuando están en las filas para alimentos y son identificados como miembros de la oposición, atacan a los dueños de tiendas cobrándole extorsiones y atacan a los panaderos quitándole parte de su producción para venderla en el mercado negro”, contó. “No son verdaderos colectivos, o actores políticos. Son criminales”.

¿Qué sucedió en la marcha del 19 Abril? MonitorProDaVinci

Fotografía de Gabriel Mendez

Fotografía de Gabriel Mendez

19 abril 2017 /Monitoreo PRODAVINCI

El 19 de abril de 2017 hacia las 10:00 de la mañana, los manifestantes opositores comenzaron a reunirse en los distintos puntos de concentración a nivel nacional. En la ciudad de Caracas, se concentraron en 26 puntos, 19 de estos se activaron.

En paralelo, el oficialismo reunió un amplio contingente de seguidores en la avenida Bolívar. Desde muy temprano se divisaron inmensas colas de autobuses en los que se transportaba a los asistentes de un evento que sería cubierto por todas las televisoras oficiales, mientras se producía el acostumbrado silencio de la mayoritaria marcha opositora.

Desde los distintos puntos de concentración, los manifestantes convocados por la Unidad se dirigieron hacia la autopista Francisco Fajardo, arteria vial de la ciudad que debe atravesarse para llegar hasta la Defensoría del Pueblo.

Muertes reportadas y balance de heridos

Al inicio de la manifestación, a la altura de San Bernardino en la plaza La Estrella, uno de los puntos de concentración, un joven de 17 años identificado como Carlos José Moreno recibió disparo en la cabeza. Fue trasladado al Hospital de Clínicas Caracas, pero falleció en el quirófano.

Un grupo de manifestantes se tomó de las manos y entonó el Himno Nacional en el lugar donde Carlos José Moreno recibió el disparo. #19Abr de 2017. Fotografía de Indira Rojas

La periodista Annie Duarte reportó en VivoPlay que otra persona fue asesinada durante las movilizaciones del 19 de abril. Paola Ramírez, de 23 años de edad, se encontraba en la plaza Las Palomas de San Cristóbal, cercana a la sede de la Defensoría del Pueblo, donde la manifestación fue reprimida. Presuntamente los causantes del disparo serían grupos de encapuchados que se trasladaban en moto por la ciudad.

Ambos asesinatos fueron confirmados por el Defensor del Pueblo Tarek William Saab a través de su cuenta personal en Twitter. Y agregó:

A las 5:00 de la tarde, el alcalde del municipio Chacao, Ramón Muchacho, informó que en Salud Chacao ingresaron 57 personas provenientes de las manifestaciones: 33 por traumatismos, 10 por asfixia y 14 por desmayos/problemas de tensión.

Jornada de protestas

A partir del mediodía, la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) procedió a reprimir a la marcha opositora que se trasladaba por la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Bello Monte, para impedir el paso hacia la Defensoría del Pueblo. El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles Radonski, denunció que en esa arteria vial hubo una “fuerte represión” y el alcalde del Hatillo, David Smolansky, informó que la acción forzó a varios manifestantes a atravesar el río Guaire para escapar de los gases.

Fotografía de Leo Álvarez

Fotografía de Leo Álvarez

La organización Un Mundo Sin Mordaza reportó también “una fuerte represión” a esa altura de la vía por parte de oficiales de la GNB, que dispersaron a los manifestantes con bombas lacrimógenas.

A las 12:06 del mediodía, el diputado José Manuel Olivares denunció que la GNB estaba reprimiendo a la altura de El Paraíso. También cuestionó “que otros puedan manifestar y nosotros no”, refiriéndose a la movilización convocada por representantes del Gobierno para este 19 de abril. El primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara, sañaló a través de su cuenta de Twitter que los cuerpos de seguridad estaban reprimiendo en el Puente 9 de Diciembre, ubicado en El Paraíso.

A las 2:20 de la tarde, Lilian Tintori, esposa del líder opositor Leopoldo López, denunció a través de su cuenta de Twitter que se encontraban atrapados en la avenida José Antonio Páez de El Paraíso y que los manifestantes no podían salir de la zona debido a la represión con bombas lacrimógenas hacia ambos extremos de la movilización.

El diputado a la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró a VivoPlay que fue informado de que en el oeste de Caracas había un alto despliegue de funcionarios policiales que evitaban el avance hacia el sitio la Defensoría. Mencionó que los manifestantes del este de Caracas se habían desplazado con normalidad. El diputado, quien se encontraba en Los Cedros, estaba en espera de otras marchas del este de la ciudad para avanzar por la avenida Libertador hacia la Defensoría del Pueblo. Ramos Allup dijo que el despliegue de las fuerzas del orden público era “brutal, inusitado, desproporcionado para reprimir a ciudadanos pacíficos”.

El diputado aprovechó para enviar un mensaje al presidente Nicolás Maduro y al alto mando militar:

“No nos van a amedrentar ni nos van a disminuir ni van a liquidar nuestra capacidad de lucha porque tenemos la razón. Podrán tirar bombas, perdigones, disparos, podrán utilizar a la Guardia Nacional, a la Policía Nacional, a los colectivos violentos, que es hampa común armada con armas del ejército venezolano […] Podrán armar a la milicia que es un ejército irregular, no previsto como componente en la Constitución, y darle quinientos mil fusiles. Pese a toda esta tragedia, pese a todo este delito continuado del delincuente Nicolás Maduro y su alto mando militar que también delinque permanentemente, no van a disminuir la capacidad de lucha del pueblo venezolano porque tenemos la razón y así lo percibe la mayoría del pueblo venezolano, así lo percibe algo que es muy importante en estos momentos que es la Comunidad Internacional. El gobierno de Maduro se encuentra completamente aislado, porque no tiene el fervor popular en Venezuela y completamente aislado de la comunidad internacional que ve con horror como día a día aumenta la represión por parte de este gobierno”.

En la mañana del miércoles, la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, publicó en su cuenta de Twitter un comunicado en nombre del Ministerio Público exhortando a los dirigentes políticos a tomar decisiones con ponderación y sindéresis, reconociendo que es un derecho constitucional convocar manifestaciones pacíficas y que es deber de los organismos de seguridad del estado garantizar el ejercicio del derecho a manifestar bajo estricto apego a los derechos humanos.

Final de la jornada

El gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles, en rueda de prensa y en representación de la Unidad, hizo un balance al final de la jornada. Luego de repudiar la represión de que fue objeto la movilización convocada indicó que este jueves 20 de abril de 2017 se realizaría otra movilización que partirá desde los mismos puntos de concentración establecidos para este 19 de abril.

“Plan Zamora, pues sí, mañana a la misma hora (…) Convocamos a todo el pueblo venezolano a movilizarse el día de mañana. Hoy salimos todos, mañana tenemos que salir más personas. […] en los mismos puntos a la misma hora. Frente al Plan Zamora, la Constitución. Frente al salvajismo y la represión, más Constitución, frente al salvajismo y la represión, más democracia”

Capriles se refirió a la movilización de este miércoles en todo el país, en la que dos personas perdieron la vida:

“Millones de venezolanos, en toda Venezuela, salieron a defender la Constitución. Ya van dos personas el día de hoy que fueron asesinadas. A esto hay que sumarle los seis venezolanos, todos con nombre y apellidos. No es un número. Tienen familia […] No hay ninguna justificación para que se derrame una gota de sangre en este país cuando los venezolanos tienen derecho a un futuro distinto que el presente que nosotros tenemos. Nosotros queremos condenar la represión, condenar la violencia”.

Sobre este tema, también agregó:

“No solamente que tendrá que haber justicia en nuestro país, sino que su lucha no quedará en vano. Aquí […] todos los venezolanos estamos apuntados, pero es momento de resistir para poder avanzar, es momento de sacar, de convertir la indignación en fortaleza”.

Pueblo sin miedo. De Henrique Capriles

Henrique Capriles, gobernador de Miranda y ex candidato presidencial de la opositora MUD

Henrique Capriles, 16 abril 2017 / POLIS

En los últimos años Venezuela ha dado pasos agigantados hacia la pobreza, gracias a la incapacidad de Nicolás Maduro para tomar decisiones acordes a la realidad del país. Pero a la ineptitud de este señor se le suman otros factores.
Hace tiempo que el régimen de Nicolás Maduro no es capaz de sostener la estabilidad social y política dentro del marco de respeto al orden jurídico establecido, es decir, perdió su capacidad de gobernar.
Intenta aferrarse al poder sólo por la vía de la represión desmedida, pero a medida que despliega su arsenal de armas, incluso algunas vencidas y otras con efectos no conocidos, se deslegitima cada día más y acelera su salida del poder.
La protesta es uno de los derechos humanos fundamentales y el gobierno sigue quebrantando esa garantía. Que las protestas sean reprimidas y hayan sido atacadas por grupos armados civiles, son demostraciones inequívocas de las graves violaciones cometidas contra quienes nos manifestamos contra el quebrantamiento del orden constitucional.
Mientras en el país cada vez son más contados los alimentos y las medicinas brillan por su ausencia, el narco gobierno pretende intimidar a un pueblo que sale a la calle a exigir sus derechos, con una represión sin precedentes, pero que no ha hecho mella en las ganas de los manifestantes de seguir exigiendo la restitución del hilo constitucional.
Ya existe el cálculo. En unas horas de movilización, las fuerzas de seguridad del Estado pueden llegar a lanzar hasta 300 artefactos lacrimógenos. Lo que podría representar un gasto entre 2.700 y 14.000 dólares, que equivaldría entre 1,9 millones y 10 millones de bolívares calculado a dólar Simadi (Bs. 717). Esto, tomando en cuenta que cada artefacto puede costar en el mercado estadounidense entre 8,99 hasta 46 dólares.
Imagínense cuántos alimentos y cuántas medicinas podrían traerse con 10 millones de bolívares que el gobierno gasta en una sola tarde para no permitir que los venezolanos se expresen. Multipliquen esos 10 millones de bolívares por cada tarde en la que los venezolanos han salido a tomar las calles con el único fin de las que las instituciones del Estado nos escuchen y se respeten nuestros derechos.
Las prioridades del gobierno siempre han estado al revés, pero en la situación en la que vivimos, en la que las mismas personas que dieron su confianza a quienes hoy están en el poder también padecen y pasan por el trago amargo de acostarse sin comer, la actitud de la cúpula corrupta sobrepasa lo irracional.
Es por eso que hoy hay un pueblo movilizado, con peticiones genuinas en la calle. En Venezuela se dio un Golpe de Estado y eso no cambia borrando unas líneas a una sentencia, el autogolpe continúa, no fueron devueltas las competencias al Parlamento, ya que las aclaratorias fueron sobre medidas cautelares  y tienen carácter temporal, por eso decimos que el autogolpe sigue y estamos llamados a derrotarlo.
No existe norma jurídica que establezca que el TSJ pueda suspender el funcionamiento de un poder público por el incumplimiento de una decisión y la figura de desacato se fija a personas naturales que se rebelan, previa realización de procedimientos penales a solicitud del Ministerio Público.
También por órdenes de Maduro, uno de sus títeres nos impuso una inhabilitación para intentar sacarnos de la contienda política. Las supuestas faltas por las que se dicta la inhabilitación no afectaron el patrimonio público, pero además todas las acciones señaladas están apegadas a la Ley, y durante la apertura y transcurso del procedimiento, las pruebas de la defensa fueron negadas. Es evidente que es una medida montada por retaliación, que, además de ser desproporcional, ya que por una multa de 10 dólares se me impone una inhabilitación de 15 años (la máxima de la Ley Orgánica de la Contraloría de la República); también es inconstitucional porque el Contralor se otorga la función de decidir quién puede o no optar a cargos públicos sin pasar por tener una sentencia firme.
Todo forma parte del mismo paquete del autogolpe de un régimen que sabe que por los votos no se mantendrá en el poder. La mayoría de este tipo de regímenes terminan divorciados de la democracia, porque entienden a ésta, no como un proceso negociado con el fin de incluir y servir a todos, sino como una batalla absoluta entre la voluntad del pueblo y quien se oponga a ella.
Sabemos que el gobierno juega sucio y se le metió en la cabeza escoger la oposición que a ellos les convenga para realizar una contienda electoral, por eso, hoy más que nunca, todos los venezolanos, estemos o no investidos de autoridad, estamos llamados a ejercer nuestra ciudadanía para restablecer el hilo constitucional, tal como lo contempla nuestra Constitución Nacional en el artículo 333, porque esta no es una lucha de un solo hombre, sino de todos los venezolanos.
Los venezolanos estamos en la calle porque queremos recuperar el hilo constitucional, queremos que se respeten las competencias de la Asamblea Nacional, electa por 14 millones de venezolanos; queremos que se convoque a elecciones libres y se establezca un cronograma electoral, nuestra Constitución es muy clara en cuanto a los tiempos; queremos que se libere a los presos políticos y no haya inhabilitaciones, porque en ambos casos violenta los derechos políticos que tenemos como venezolanos; y por último, pero no menos importante, queremos que se abra el canal humanitario para que lleguen a nuestro país los alimentos y medicinas que tanto necesita nuestro pueblo.
Nuestra arma es la Constitución, es nuestro camino a un destino distinto, a un horizonte de oportunidades, a una nueva Venezuela.
Sigamos adelante en la calle, exigiendo lo que por derecho nos corresponde. Nos han quitado tanto, que hasta nos quitaron el miedo. Sigamos adelante, que el sol viene alumbrando con fuerza. Nos vemos en las calles de toda Venezuela el próximo 19 de abril, es hora de parir una nueva independencia para nuestra patria, la independencia frente a la corrupción y la dictadura que hoy impera.

¡Qué Dios bendiga a nuestra Venezuela!