Venezuela

Oposición y chavismo disidente en un mismo foro: ¿qué dijeron? Prodavinci

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MonitorProDaVinci, 6 agosto 2017 / PRODAVINCI

prodavinciEl domingo 6 de agosto de 2017, un día después de que la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) removió a Luisa Ortega Díaz del Ministerio Público venezolano, la Fiscal General dijo que desconoce la decisión y se mantendrá en el cargo, durante un foro organizado por la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, donde coincidieron por primera vez líderes opositores y exdirigentes chavistas.

En la primera alocución de Ortega después de que la ANC anunciara su destitución y nombrara al Defensor del Pueblo, Tarek William Saab, como su reemplazo temporal para reestructurar el Ministerio Público, la Fiscal señaló:

“No puede ser que la primera decisión de esta Asamblea, esta Constituyente presidencial, teniendo instrucciones del Ejecutivo cuando la Constitución dice que el poder constituido no le va a dar instrucciones a la Asamblea Constituyente, […] procedieron a remover, de manera ilegítima, a la Fiscal General. Yo desconozco esa remoción. Yo sigo siendo la Fiscal General de este país”.

En el foro “Encuentro en defensa de la Constitución”, Ortega compartió el estrado con el presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, el vicepresidente del Legislativo, Freddy Guevara, y el gobernador del estado Miranda, Henrique Capriles. En representación del chavismo descontento con la gestión del presidente Nicolás Maduro, asistieron el exministro del Interior, Justicia y Paz Miguel Rodríguez Torres, la exdefensora del Pueblo, María Gabriela Ramírez, los diputados Eustoquio Contreras y Germán Ferrer (esposo de la Fiscal), así como el analista político Nicmer Evans.

Tras asegurar que recibió llamadas de respaldo de gobiernos y fiscales de otros países, Ortega indicó:

“Estamos ante un poder de facto porque no es un gobierno. Aquí no hay gobierno. Los gobiernos, además de todo el concepto doctrinario y filosófico que existe, es para garantizar la felicidad al pueblo. Y aquí, quien está ocupando de manera ilegal el poder es la Asamblea Nacional Constituyente”.

Un contingente de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) rodeó el sábado 5 de agosto los accesos a la sede principal del Ministerio Público en el centro de Caracas e impidió el ingreso de Ortega a sus oficinas.

Al cerrar su intervención, la Fiscal General llamó a la oposición a que no permita que la ANC los expulse del Palacio Legislativo, tal como ofreció el sábado el líder oficialista Diosdado Cabello. Ortega afirmó que ve “con mucha preocupación el tema electoral” frente a los comicios regionales. “Si la oposición no participa, las elecciones van. Si participan no van. Alerta con eso”.

A finales de marzo, la Fiscal denunció la ruptura del orden constitucional después de que el Tribunal Supremos de Justicia (TSJ) publicó dos sentencias que desconocían las competencias de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, y se las delegaba a Maduro. Luego dijo que la convocatoria a la Constituyente era inconstitucional y ha criticado el enjuiciamiento de civiles en tribunales militares por manifestar contra el gobierno.

El TSJ inició un antejuicio de mérito contra la Fiscal. Le prohibió salir de Venezuela, congeló sus bienes y la inhabilitó para ocupar puestos en la administración pública.

Unidad frente a la Constituyente

Después de la Fiscal tomó la palabra Borges, quien dijo que “cada paso de avance de la Constituyente es un paso hacia el precipicio del gobierno y hacia su propio hundimiento”:

“No es que terminó con la Constituyente algo y ahorita comienza algo nuevo. […] Esta lucha que comenzó hace 130 días nunca tuvo como meta plantearse que el fin del mundo era la Constituyente o no. Estamos unidos en defensa de la Constitución, y lo más importante, de la necesidad de que todos los venezolanos cambien de una vez este gobierno a través de unas elecciones libres”.

El diputado Freddy Guevara, primer vicepresidente de la Asamblea Nacional, llamó “usurpador” a Saab por asumir el cargo de la Fiscal y cuestionó su capacidad para imponer decisiones desde la acción penal. “Si la Asamblea Constituyente reconoce como Fiscal a William Saab, la población reconoce a Luisa Ortega Díaz como Fiscal legítima”.

Por su parte, Henrique Capriles, dirigiéndose a los ponentes chavistas, dijo:

“No le tengamos miedo a sentarnos juntos, a sentarnos intercalados. No le tengamos miedo a la foto. No le tengamos miedo porque lo que está en juego es Venezuela”.

Seguidamente, el militar retirado y exministro de Interior, Justicia y Paz, Miguel Rodríguez Torres, se mostró solidario con Ortega y reconoció “su valentía en defensa de la Constitución”:

“No tenemos Tribunal, no tenemos Asamblea, no tenemos Presidente y no existe el pueblo. […] Tenemos un país, realmente, donde nadie sabe quién manda. Este es un país anarquizado y caotizado por la decisión de liderazgo político”.

El exministro consideró que el gobierno decidió “hacer de la política un campo de batalla militar”, donde “los venezolanos, por la razón política, nos convirtamos en dos ejércitos enfrentados”. Bajo estas condiciones, “Venezuela está inmersa en el concepto de Estado forajido […] Es un Estado que no tiene capacidad de cumplir el rol para el cual existe”.

On a Date While Venezuela Burns. De Carlos Hernández

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Barricades constructed by protesters who opposed the election last month for a new National Constituent Assembly in Caracas, Venezuela.

Carlos Hernández, 4 agosto 2017 / THE NEW YOTK TIMES

CIUDAD GUAYANA, Venezuela — It was 7 p.m., and the restaurant was empty. I was taking her to my favorite place in the city, informal but charming, with plastic tables and chairs outside, and sometimes live music. It has the best pizza.

NEW YORK TIMESI was nervous. I hadn’t been on a date in forever, and María, a student in electrical engineering, had a ponytail and red lipstick. What if I ran out of things to talk about? What do you talk about on a date when your country is collapsing? Outside that restaurant, outside that bubble I wanted to get into that night, people were dying in the streets fighting President Nicolás Maduro’s bloody authoritarianism.

I live in Ciudad Guayana, an industrial city in northeastern Venezuela. The opposition isn’t very strong here, and the turnout for local protests hasn’t been great. Most of the action that’s been making headlines happens in Caracas, the capital. But I’ve talked to people who carried the body of a protester killed by the police in a town nearby, and to a man who was tortured by the authorities.

I’ve had a tough time myself. Even young professionals like me have been going hungry, and my older brother almost died from an allergic reaction because we couldn’t find an injection to give him. So I’ve joined the marches to the courthouses, to demand respect for the Constitution, ask for the release of protesters who have been arrested and honor those who have died.

That Tuesday last week I needed a break, I needed that date. The following Sunday the government was going to hold a bogus referendum to create a constituent assembly, giving it unlimited power to change the Constitution. Things were only going to get worse.

“You’re the first ones to arrive. You’re almost opening the restaurant,” the owner said with a smile. “What would you like?”

He was sitting at one of the tables by himself, drinking a beer and checking his phone. His head was shaved. He wore a black T-shirt with the logo of the restaurant, the name “Portofino” in white letters with a long curly “P” that made the silhouette of a guitar. It had just stopped raining; the tables and the brick floor were wet. The street lamps there have never worked well, and the dim lighting, which might have been pleasant under other circumstances, brought out the drabness of the place. Reggae music played in the background.

“Would you like some beers? I’ve got Polar.”

“What else do you have?”

“That’s all I’ve got. The delivery truck didn’t come today.”

“Soft drinks?”

“No soft drinks.”

And certainly no pizza.

That Tuesday was the 116th day of protests since the government-controlled Supreme Court stripped the opposition-led National Assembly of its powers, and more than 100 people had since died in clashes between demonstrators and police forces or paramilitary groups.

The day before, the opposition had announced more protests. It called for a national strike starting Wednesday, and for barricading city streets throughout the country, for 48 hours. On Friday, there would be a massive protest in Caracas. After that, who knew what. Tuesday was a day for us to stock up on supplies and brace ourselves. A truce of sorts.

For a moment in the restaurant that evening, María and I weren’t sure whether to sit down at a table or just leave. There wasn’t much to do there, but it was truce day and a date.

The owner started talking about how difficult it was to keep the restaurant going. “People don’t feel safe enough to leave their homes,” he said.

I said that people didn’t go out because they didn’t have enough money, and before I knew it we were talking about how the country was falling apart, just what I hadn’t wanted to do that night. María and I sat down anyway: My brother, our ride, wasn’t answering his phone. The owner kept talking, complaining that the crisis was killing business. He said that because of several shootings, only two out of four bars were left on Caruachi Street. He called it “Tarantino Street.”

María doesn’t drink, but I asked for a beer, so that we hadn’t come for nothing.

“We recently hired a comedian from Valencia and had to cancel the show,” the owner said, referring to a city a 12-hour drive away. “He couldn’t come because the streets were blocked.”

“If this continues, I’m closing up and going to Puerto Rico. I’ve got family there.”

That morning I’d gone out to buy whatever I could find. The supermarket was full of people doing the same thing. But food shortages are not as bad today as they were a year ago: Many Venezuelans have become too poor to even shop. I got rice, wheat flour, bananas, yuccas and potatoes. I saw several people carrying just two or three kilograms of rice in their arms — their groceries for the apocalypse, and they didn’t need a cart. They will have run out of that by now.

By 8 p.m. we were ready to leave the restaurant. The owner charged me half price for the beer: He didn’t have change. Another cash crisis.

Outside, businesses were closing, the streets were emptying out. María and I decided to go to the main shopping mall: With any luck we’d find a place that wasn’t about to go broke. It was almost deserted, but we were able to catch the last movie screening of the day, “Wonder Woman.” We had two hours and 20 minutes of not thinking about three-digit inflation, mass emigration and people feeding on garbage. But that bubble burst as soon as we walked out: Children were waiting around, begging for money to buy food.

María and I never got to eat that night, but we agreed to meet again.

Last Sunday, the vote for the constituent assembly was held. It was a horrible day, the worst, I think, since the protests started in March. Between 10 and 16 deaths, and many other casualties, were reported throughout the country. I found out about them mostly through WhatsApp, listening to voice messages left by frightened people, with the sounds of detonations in the background. That day, several people were shot and wounded in Ciudad Guayana, my city, the quiet city.

Nicolás Maduro tries to make thugocracy permanent in Venezuela: The Economist

An unpopular regime’s attempt to impose dictatorship could end bloodily.

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29 julio 2017 / THE ECONOMIST

the economistIT COULD almost be a piece of contemporary art, rather than a tool of political struggle. Overlooked by a mango tree heavy with blushing fruit, a rope is strung across Avenida Sucre as it climbs through a comfortable middle-class area towards the forested slopes of Monte Ávila overlooking Caracas. Arranged beneath it are two distressed wooden beams, two pallets placed vertically, a wheel hub, a rusting metal housing for an electric transformer and several tree branches. They form a flimsy barricade watched over by a couple of dozen local residents.

Why are they blockading their own street? “Because we want this government to go,” explained María Antonieta Viso, the owner of a catering firm. They were taking part in a 24-hour “civic strike” on July 20th, called by the opposition coalition, Democratic Unity (MUD, from its initials in Spanish). Down the hill, across innumerable such roadblocks, the sting of tear gas signalled clashes between demonstrators and the National Guard, a militarised police force. The strike, repeated this week, was part of “Zero Hour”—a campaign of civil disobedience aimed at blocking a plan by Nicolás Maduro, Venezuela’s president, to install a constituent assembly with absolute powers.

Mr Maduro claims that the assembly is the “only way to achieve peace”, to provide Venezuelans with social welfare and to defend the country against what he claims is an “economic war” launched by America (though he provides no evidence of this). “What they are trying to do is to install the Cuban model in this country,” retorts Ms Viso. “We will all be screwed even if we take to the streets. There won’t be private property, my business will go to the state.” The long battle over power and policy in Venezuela that began when Hugo Chávez was elected president in 1998 has reached a critical point. Both government and opposition believe that they are fighting for survival against a backdrop of a failing economy, rising hunger and anarchy.

Chávez, a former army officer, proclaimed a “Bolivarian revolution”, named for Simón Bolívar, South America’s Venezuelan-born independence hero. He, too, summoned a constituent assembly, which drew up a new constitution and which he used to take control of the judiciary and the electoral authority. For much of his 14 years in power he had the support of most Venezuelans, thanks partly to his charismatic claim to represent a downtrodden majority and to the flaws of an opposition identified with an uncaring elite. But above all the soaring price of oil gave him an unprecedented windfall, some of which he showered on social programmes in the long-neglected ranchos (shantytowns). A consumption boom, magnified by an overvalued currency, kept the middle class quiescent. He governed at first through a broad coalition of army officers, far-left politicians and intellectuals.

Angered by opposition attempts to unseat him and influenced by Fidel Castro, Chávez pushed Venezuela towards state socialism after 2007. Economic distortions accumulated, along with corruption and debt. Before he died of cancer in 2013, Chávez chose Mr Maduro, a former bus driver and pro-Cuban activist, as his successor.

From Chávez to Maduro

Mr Maduro, however, lacks Chávez’s political skills and popular support. And he has had to grapple with the plunge in the oil price. Years of controls and the takeover of more than 1,500 private businesses and many farms mean that Venezuela now produces little except oil, and imports almost everything else. The government is desperate to avoid defaulting on its debt, since that would lead to creditors seizing oil shipments and assets abroad.

Rather than reform the economy, Mr Maduro has simply squeezed it, applying a tourniquet to imports (see chart 1). The government has no clear strategy for external financing, and the fiscal deficit, mainly financed by printing money, is out of control, says Efraín Velázquez, the president of the National Economic Council, a quasi-official body. The result: “you can’t have growth and will have a lot of inflation.” Between 2013 and the end of this year, GDP will have contracted by more than 35% (see chart 2). What this means for most Venezuelans is penury.

Near Plaza Pérez Bonalde, a leafy enclave in the gritty district of Catia in western Caracas, 100 or so people, mainly women, queue up outside a bakery. They hope to get a ration of eight bread rolls for the subsidised price of 1,200 bolívares (less than $0.15 at the black-market exchange rate). “At least it’s something, because everything else is so expensive now,” says Sol Ciré, a mother of two. She is unemployed, having lost her job at a defunct government hypermarket. Her fate stems from a change of government strategy.

Generalised price controls had generated widespread shortages and embarrassingly long queues. Instead, the government has put the army in charge of a subsidised food-distribution system, known as CLAP and modelled on Cuba’s ration book. Up to 30% of families get this dole of staple products regularly, reckons Asdrúbal Oliveros of Ecoanalítica, an economic consultancy. They are chosen not according to need but according to their political importance to the government.

On the breadline

At the same time, the government has relaxed price controls (bread is an exception). In Catia’s main market, which spills into the surrounding streets, food is abundant, but pricey. A chicken costs 7,600 bolívares and bananas 1,200 a kilo. Most people don’t have dollars to change on the black market: they must live on the minimum wage of 250,000 bolívares. The result is that four out of five households were poor last year, their income insufficient to cover basic needs, according to a survey by three universities. Medicines remain scarce. Walk down many streets in Caracas and you may be approached by a beggar.

All this has taken a heavy toll on the government’s support. Mr Maduro won only 50.6% of the vote in a presidential election in 2013, a result questioned by his opponent, Henrique Capriles. In a parliamentary election in December 2015 the opposition won a two-thirds majority—enough to censure ministers and change the constitution.

In the government’s eyes, the opposition is bent on overthrowing an elected president—the aim of protests in 2014, after which Leopoldo López, an opposition leader, was jailed on trumped-up charges. In response, it has resorted to legal chicanery. If Chávez often violated the letter of his own constitution, Mr Maduro tore it up.

Before the new parliament took over, the government used the old one to preserve its control of the supreme court by replacing justices due to retire. The court then unseated three legislators, eliminating the opposition’s two-thirds majority. Mr Maduro has ruled by decree. The tame electoral tribunal quashed an opposition attempt to trigger a referendum to recall the president—a device Chávez put in the constitution. It postponed regional elections due to take place last December.

In March the court issued decrees stripping the parliament of all powers. That seemed to be because foreign investors take more seriously than the government a constitutional provision under which only the parliament can approve foreign loans. Although partially withdrawn, the decrees were the trigger for a confrontation that continues. They opened up fractures in chavismo—notably the public opposition of Luisa Ortega, the attorney-general since 2007 (who had jailed Mr López). Mr Maduro’s announcement on May 1st that he would convene the constituent assembly intensified both trends.

Chávez’s constitution was drawn up by a democratically elected constituent assembly, convoked by referendum. Mr Maduro is following a script from Mussolini. He has called the assembly by decree. It will have a “citizen, worker, communal and peasant-farmer” character, he said. What this means is that 181 members will be chosen by government-controlled “sectoral” groups such as students, fishermen and unions. Another 364 members will be directly elected, but in gerrymandered fashion: each of Venezuela’s 340 municipalities will choose one. Small towns are under the government’s thumb; cities, where the opposition is a majority, will get only one extra representative.

Datanálisis, a reliable pollster, finds that two-thirds of respondents reject the constituent assembly, more than 80% think it unnecessary to change the constitution and only 23% approve of Mr Maduro. At just two weeks’ notice, on July 16th almost 7.5m Venezuelans turned out for an unofficial plebiscite organised by the opposition. Almost all of them voted to reject the assembly, to call on the army to defend the constitution and for a presidential election by next year (when one is due).

Few doubt that the assembly will be a puppet-body and the vote on July 30th, which the opposition will boycott, will be inflated. The government counts on the 4.5m people who are employed in the public sector or in communal bodies. Those who fail to turn out risk losing not just their job but their CLAP food rations. Additional pressure to vote in chavista neighbourhoods comes from the colectivos—regime-sponsored armed thugs on motorbikes. Officials have said the assembly will not only write a new constitution but will assume supreme power, sacking Ms Ortega and replacing the parliament, whose building it will occupy. It will give Mr Maduro a slightly larger figleaf than the supreme court for a dictatorship of the minority.

Yet the president will find it hard to make this stick. “How do you govern the country with 75% against you?” asks Mr Capriles. “I think he’s trapped.” For the past four months the opposition has held almost daily protests. These have a ritual quality. To prevent demonstrators reaching the city centre, or blocking the main motorway through Caracas, the National Guard fires volleys of tear gas, buckshot—and occasionally bullets. Younger radicals, known as the “Resistance”, press forward, throwing stones from behind makeshift shields. Similar scenes take place across the country. Looting is commonplace. In these clashes, over 100 people have died. More than 400 protesters are now prisoners, including several opposition politicians. After the parliament named 33 justices to a rival supreme court on July 21st, the government arrested three of them.

Resistance isn’t futile

Mr Maduro has more worries. The first is his own side. Chavista strongholds are wavering. In the bread queue in Catia, several people say they are against the assembly. The opposition managed to set up voting stations for its plebiscite there: at one, a woman died when a colectivo fired on voters. “Some people have left us and gone over to the other side,” admits a local official. “But it’s very difficult for a chavista to support the opposition,” she adds. Chávez is still viewed favourably by 53% of Venezuelans, according to Datanálisis.

Rather, a new movement of “critical” or “democratic” chavistas, including Ms Ortega, several former ministers and recently retired generals, has publicly called for the scrapping of the assembly and the upholding of the constitution. When they held a press conference at a modest hotel on July 21st, some 300 regime supporters outside tried to drown them out with loud music and chants of “traitors”.

Then there is the army. The regime has co-opted it, turning it into a faction-ridden, politicised and top-heavy moneymaking operation, with more than 2,000 generals (where 200 used to suffice). Mr Maduro has given them control over food imports and distribution, ports and airports, a bank and the mining industry. Many generals have grown rich by buying dollars at the lowest official exchange rate of $1=10 bolívares, intended for food imports, and selling them at the black market rate of 9,000. Others smuggle petrol or drugs.

Murmuring in the ranks

An “undercurrent of muttering” among junior officers is checked by a network of political commissars and snoops installed by Chávez, says José Machillanda, of Simón Bolívar University in Caracas. At the top, several thousand Cuban security personnel guard Mr Maduro and the 30-40 leaders who form the regime’s core.

But the assembly has tested the army’s loyalty to Mr Maduro. He twice reshuffled senior ranks in the past two months. Caracas is alive with rumours of an impending pronunciamento, in which the army withdraws its support for the regime.

Another acute threat to Mr Maduro is the economy. The rot has spread to the oil industry, Venezuela’s mainstay. According to OPEC, since 2015 the country’s oil output has fallen by 400,000 barrels per day (or around 17%). This is the long-term price of Chávez’s decision to turn PDVSA, the once efficient state oil company, into an arm of the welfare state.

Foreign-exchange reserves hover around $10bn, according to the Central Bank. Economists expect the government to make $3.5bn in debt payments due in the autumn, but it will struggle to find the $8.5bn it needs to avoid default next year. China, a big paymaster, is reluctant to lend more. Russia may be Mr Maduro’s best hope, but it worries about getting entangled in possible American sanctions against Venezuela.

The fourth problem Mr Maduro faces is that the region has become less friendly to him. Chávez enjoyed the solidarity of other left-wing governments in Latin America. Many are no longer there, or have distanced themselves. Venezuela has been suspended from Mercosur, a trade group; it could be expelled if the assembly goes ahead, says Argentina’s foreign minister. The regime showed that it cares about its standing in the region by the big diplomatic effort it made in June to prevent its suspension from the Organisation of American States.

Many in Caracas assumed that Mr Maduro intended the assembly as a bargaining chip, to be withdrawn in return for concessions by the opposition. If so, he may be trapped by the forces of radicalisation he has unleashed. Diosdado Cabello, a retired army officer who is his chief rival within the regime, appears to see the assembly as his route to power. Back down now, and Mr Maduro risks losing face among his hard-core supporters.

Venezuela thus stands at a junction. One road involves a negotiation that might either fix a calendar for a free and fair election, or that might see Mr Maduro and other regime leaders depart. The opposition is mistrustful after talks brokered by the Vatican and José Luis Rodríguez Zapatero, a former Spanish prime minister, broke down last year when it quickly became clear that the government was not prepared to restore constitutional rule. Mr Zapatero was a conduit for a move that saw Mr López transferred from prison to house arrest this month. He is in Caracas again this week.

The city hums with rumours of a new mediation effort led by a shifting kaleidoscope of foreign governments. But conditions do not yet seem ripe. “The government sees the cost of leaving power as very high, that they would be destroyed and persecuted,” reckons Luis Vicente León of Datanálisis. The opposition is suspicious, too. “To return to political negotiations we have to have real signs that the government is prepared to change,” observes Freddy Guevara, the deputy leader of Mr López’s party.

Can anyone stop Mr Maduro?

That probably requires a military pronunciamento. But the army “looks at the opposition and doesn’t see any guarantees that they would be able to run the country”, says a foreign diplomat. The MUD has worked well as an electoral coalition, and its plebiscite was impressive. It has published a programme for a government of national unity. But, crucially, it lacks an agreed leader with a mandate to negotiate. “The opposition is stuck together with chewing gum,” says Mr León.

Anomie and anarchy

Barring a negotiation, the other route looks bleak. There is a growing sense of anomie and anarchy. On the opposition side, there is desperation in the self-barricading of its own neighbourhoods, an action which does little to hurt the government. Social media have been vital in undermining the regime’s control of information. But they also spread rumours and undermine moderation. Middle-class caraqueños are reading books on non-violent resistance. But on the streets many protesters express mistrust for the MUD. The “Resistance” is well-organised and trained. It would not be hard for it to take up arms.

For its part, the chavista block is splintering. The National Guard now raids properties in chavista areas at night, because they are being fired on by disgruntled residents. “There’s a growing attitude of ‘don’t mess with me’,” says Mr Machillanda.

Mr Maduro and his core of civilian leftists admire Cuba but they do not command a disciplined revolutionary state, capable of imposing its will across Venezuela’s vast territory. The 100 or so dead in the protests are fewer than are killed each weekend in lawless poor neighbourhoods. The “Bolivarian revolution” has created a state run by rival mafias and undermined from within by corruption.

“They could try to Cubanise the country,” says Mr Capriles. “But whether Venezuelans accept that is another matter.” Given the intensity of Venezuela’s confrontation, it has suffered remarkably little political violence. Sadly, that may now change. If Mr Maduro shuts down all hope of political change, it may take many more deaths to break the deadlock.

This article appeared in the Briefing section of the print edition under the headline “The mess tropical Marxism makes”

El “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad”

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El miércoles 19 de julio de 2017, el diputado Henry Ramos Allup leyó en nombre de la Mesa de la Unidad Democrática el “Compromiso unitario para la gobernabilidad”, en el cual se mencionan los objetivos principales que tendrá el próximo gobierno “de unión y reconstrucción nacional” que propone instalar la coalición opositora.

Mesa de Unidad Democrática, 19 julio 2017 / PRODAVINCI

logo-mud_nacima20150313_0082_19Cuando un país se decide a cambiar, no hay fuerza que pueda detenerlo. Por tanto, el cambio político en Venezuela no sólo es indetenible sino inminente. La Unidad Democrática, como representación política organizada de los demócratas venezolanos, ante la certeza de la proximidad de un cambio en la dirección del país, ha llegado a un compromiso unitario para facilitar la gobernabilidad, la eficiencia y la estabilidad del venidero gobierno de Unidad y Reconstrucción nacional, sobre las siguientes bases:

Objetivos del próximo gobierno: La Justicia Social como prioridad

1.1 El modelo político que nos gobierna ha convertido al pueblo de Venezuela en objeto de una ideología y no en sujeto de su propia transformación positiva. Desde la Unidad, todas nuestras acciones y políticas, tanto desde el gobierno como en la lucha para prodavincialcanzarlo, tendrán a los venezolanos más desfavorecidos y vulnerables como objetivo central. Para ello, procuraremos acciones específicas para superar todas las penurias que por culpa de este gobierno y sus políticas nos ha tocado vivir, y nos comprometemos en hacer todos los esfuerzos para alcanzar la dirección del Estado, con el único propósito de encausar desde allí un verdadero gobierno comprometido con los venezolanos más pobres.

1.2 En consecuencia, la Unidad Democrática acuerda que lo primero en la agenda del próximo gobierno es la aplicación de un Plan de Atención Inmediata a la Crisis Humanitaria, con énfasis en alimentación (abastecimiento y precios) y salud (medicamentos y atención) y a la necesidad de dar respuestas concretas al legítimo descontento popular, con apropiado sentido de urgencia y prioridad.

1.3 Igualmente, se procederá de inmediato a la aplicación de un Plan efectivo, profesional y contundente de ataque al grave problema de la inseguridad, la violencia y la delincuencia desatadas, que incluya la depuración y saneamiento de los cuerpos policiales, incluida la Guardia Nacional Bolivariana, la justa remuneración y equipamiento de sus efectivos, el desarme y desarticulación de los grupos paramilitares que han sido armados por el actual Régimen, y la atención sistemática a los factores que se han identificado como causantes y reforzadores de la violencia que hoy enluta a miles de familias en nuestro país.

1.4 El compromiso para superar la pobreza (principal problema de la agenda nacional), será asumido como lineamiento permanente y estratégico por los próximos gobiernos de la Unidad Democrática, y nuestra política económica y sectorial nunca abandonará este objetivo superior. Nunca más se sacrificará al pueblo, como lo ha hecho este Régimen, por principios o metas distintas al de su propio bienestar.

Nos comprometemos con la Unidad

2.1. Se asume la Unidad de las fuerzas políticas democráticas como indispensable y como condición necesaria tanto para el logro del cambio político como para la viabilidad, estabilidad y gobernabilidad de los próximos gobiernos.

2.2. El liderazgo democrático se compromete a reforzar a la Unidad Democrática como plataforma válida e instancia de conducción y coordinación política, junto a los partidos que la conforman, así como con un Gran Frente Social donde estarán presentes todos los sectores del país, incluso los que hoy adversan la necesidad de cambio, siempre y cuando lo hayan hecho en el marco de la ley, el respeto de los derechos humanos y el resguardo del patrimonio de la Nación y su Estado.

El próximo Gobierno: nos comprometemos con un Programa Común de Unidad Nacional.

3.1. La dirección política democrática ratifica su estrategia única y medular seguida hasta ahora para lograr el cambio político: civil, constitucional, democrática, electoral y pacífica.

3.2. Logrado el cambio y superado el actual Régimen, el liderazgo democrático asume el compromiso de asegurar la gobernabilidad mediante la conformación de un Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional, amplio, pluralista e incluyente.

3.3. Entendiendo que sólo con políticas concertadas y acordadas con todos los sectores de la vida nacional será posible salir de la crisis y garantizar la gobernabilidad democrática, iniciaremos con urgencia y sin dilaciones, una amplia consulta nacional sobre las bases o lineamientos mínimos del Plan de Gobierno de Unidad Nacional.

3.4. Ese Plan incluye la definición consensuada de un Programa Común que distingue las siguientes etapas: (a) Una primera etapa que atienda la emergencia social; (b) Una segunda fase de estabilización del país bajo el criterio de un nuevo modelo social y económico que procure el progreso nacional; y (c) finalmente, la ejecución de las reformas necesarias para que el país entre en la modernidad y disponga de la base material y espiritual para alcanzar su auténtico bienestar.

3.5. Para el logro de estos tres objetivos, el próximo gobierno de unidad nacional se entenderá a sí mismo como el gobierno de una amplia convergencia de intereses, que formarán una gran coalición social y política, única forma posible de viabilizar las medidas y políticas públicas necesarias para relanzar a Venezuela al destino que todos nos merecemos.

El próximo Gobierno: nos comprometemos con la conformación de un Gobierno unitario, amplio, plural y eficiente

4.1 En la composición del próximo Gobierno, estarán representadas las organizaciones políticas nacionales que forman parte de la Unidad Democrática y los sectores independientes de la sociedad venezolana. Vamos a gobernar con los mejores, los más capacitados y con quienes hayan demostrado mayor vocación de servicio, mayor sensibilidad social y un profundo patriotismo que ponga por encima el interés de la República y sus ciudadanos más humildes, sin discriminación por su ideología u origen partidista.

4.2. Nos comprometemos a que ninguna de las organizaciones políticas que forman parte de la Unidad Democrática aspira ni acepta hegemonía en el Gabinete Ejecutivo del próximo Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela.

4.3. El candidato (a) de la Unidad para asumir la Presidencia de la República en el próximo gobierno, será escogido a través del método de elecciones primarias nacionales.

4.4. El próximo Presidente de la República, quien encabezará el Gobierno Unitario de Rescate y Reconstrucción de Venezuela, renuncia a su derecho a la reelección inmediata.

4.5. Es una decisión de la Unidad Democrática convocar a colaborar con el próximo gobierno a todos aquellos funcionarios actuales o exfuncionarios que en función de sus capacidades y talentos, contribuyan con la superación pacífica y constitucional de la actual dictadura y colaboren con la reconciliación y reconstrucción del país.

4.6. El próximo Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela será de naturaleza civil, como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Desde este imperativo constitucional y democrático, nos comprometemos firmemente con la recuperación del prestigio, independencia e institucionalidad de la Fuerza Armada Nacional, garante de la soberanía e instrumento neutral al servicio de todos los venezolanos, y diseñar conjuntamente con ella los mejores mecanismos para actualizar su capacidad de apresto, garantizar el bienestar de la familia militar más vulnerable, e incorporar a la FAN al proceso de rescate y reconstrucción nacional que nos compromete a todos como sociedad.

4.7. Nos comprometemos a cumplir y hacer respetar el artículo 328 de nuestra Constitución Nacional, que señala de manera taxativa el carácter y funciones de la Fuerza Armada Nacional Venezolana. Asumimos la angustia de la mayoría de los oficiales militares que saben que su institución ha sido deshonrada por los apetitos económicos y de poder de una minoría corrupta y desalmada, hasta el extremo de manchar con sangre de venezolanos, insignias militares que una vez fueron motivo de honra y orgullo. Nuestro compromiso es que nunca más la Fuerza Armada Nacional será utilizada y humillada en beneficio de una parcialidad política y de los intereses particulares de una camarilla corrupta que no les importa ni el futuro ni la reputación de la institución militar con tal de proteger sus beneficios. Nuestro objetivo es lograr una Fuerza Armada unida, fuerte, constitucional, querida y respetada por todo el país.

4.8. Para el correcto funcionamiento del Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela, al momento de su instalación los titulares de los poderes públicos que hayan sido escogidos de manera legal y constitucional, les será debidamente respetado el tiempo que les corresponda seguir en funciones y serán convocados, como el resto de los ciudadanos, a contribuir con la noble tarea de reconstrucción nacional. Por su parte, aquellos titulares de los poderes públicos que hayan cometido graves violaciones o delitos contra los venezolanos o contra la Constitución en el ejercicio de sus cargos, o que de manera demostrada hayan obstaculizado de manera ilegal el derecho ciudadano a expresarse libremente en elecciones, la Asamblea Nacional procederá a iniciar su proceso de destitución y nombramiento de sus reemplazantes.

Nos comprometemos con el respeto y cooperación con todas las autoridades regionales y municipales electas, sin distingo de su militancia partidista u orientación política.

5.1. En respeto por la descentralización política prevista en la Constitución, y entendiendo que la gestión pública es eficiente y transparente si las decisiones de los gobiernos regionales y locales se corresponden con los mandatos democráticos del pueblo, nos comprometemos a respetar la permanencia de los funcionarios públicos al servicio del Estado en los distintos niveles de gobierno y en sus respectivos cargos, salvo aquellos casos en que hayan incurrido en delitos o en los que demostradamente obstaculizaron el derecho de los venezolanos a las elecciones y a la democracia.

5.2. El gobierno de Unidad Nacional se compromete a trabajar con todas las instancias y niveles de gobierno, independientemente del partido o ideología que profesen, en el marco del principio de cooperación que debe existir entre los poderes.

5.3. Nos comprometemos, así mismo, al reconocimiento de las instancias locales de representación y participación comunitaria y de acción social, que se incorporen al proyecto de reconstrucción nacional.

5.4. La Unidad Democrática, en el ejercicio del próximo gobierno, reitera su compromiso sagrado de respetar a quienes piensen políticamente distinto, pues esto constituye la base de pluralidad necesaria en toda democracia. A diferencia de lo que es práctica habitual de esta dictadura, nunca habrá algún tipo de retaliación, discriminación ni mucho menos persecución contra quienes simpaticen o militen en organizaciones políticas distintas a las que conformarán el próximo gobierno de Unidad nacional, y le serán respetados todos sus derechos políticos establecidos en la Constitución.

La Unidad Democrática seguirá funcionando para asistir al gobierno de Unidad Nacional como una gran base social y política organizada, soporte de su trascendental tarea de reconstrucción nacional, y colaborará con el gobierno, en cuanto instancia plural y representativa de las organizaciones políticas democráticas, con el ánimo de mantener y actualizar los acuerdos y consensos sociales nacionales para todos los gobiernos de coalición y unidad que el país necesite para alcanzar su máxima aspiración: el logro de la justicia social, la libertad individual y el pleno ejercicio de la democracia política y social que es consustancial con los deseos de todos los venezolanos.

Por último hacemos un llamado a todos los venezolanos de buena voluntad, de espíritu democrático y comprometidos con el desarrollo del país, para que se adhieran a este Compromiso Unitario para la gobernabilidad, el cual constituye una guía para la transformación democrática del país y la forma de asegurar el progreso y el bienestar para todos los venezolanos, sin excepción.”

Caracas, 19 de julio de 2017

Leopoldo López está en casa pero la tiranía continúa. De José Miguel Vivanco

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Leopoldo López saluda a sus seguidores luego de ser trasladado desde una prisión militar cerca de Caracas a su casa, donde permanecerá bajo arresto domiciliario por motivos de salud, según informó el Tribunal Supremo de Justicia. Credit Federico Parra/Agence France-Presse — Getty Images

JOSE MIGUEL VIVANCO

José Miguel Vivanco es director para las Américas de Human Rights Watch.

José Miguel Vivanco, 9 julio 2017 / THE NEW YORK TIMES

WASHINGTON – El 8 de julio, el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro trasladó a su preso político más prominente, Leopoldo López, hasta su casa a las 4:00 de la madrugada. El Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Maduro, explicó, en un párrafo, que le concedía arresto domiciliario a López como “medida humanitaria” debido a su “situación de salud”. También mencionó “irregularidades sobre la distribución del expediente a un Tribunal de Ejecución”.

NEW YORK TIMESSin dudas, la excarcelación de López es una muy buena noticia para su familia. Su esposa, Lilian Tintori, así como sus hijos, padres y hermanas, han sufrido por más de tres años al ver que López era procesado por motivos políticos y condenado a casi 14 años de cárcel, todo con base en cargos falsos y evidencia fabricada, según me dijo el propio fiscal del caso. Durante su detención en la cárcel militar de Ramo Verde, López fue sometido a largos períodos de aislamiento y sus familiares han padecido muchísimas humillaciones y abusos. En los últimos 90 días, a López le negaron cualquier contacto con sus abogados.

La excarcelación también representa un gran triunfo para los miles de manifestantes que han salido a las calles a diario desde fines de marzo para expresar su rechazo frente a las tácticas antidemocráticas del gobierno, y para el número creciente de líderes latinoamericanos que piden la liberación de los presos políticos y el cese inmediato de la represión.

Dado que López es el preso político más conocido de Venezuela, es altamente probable que el gobierno quiera vender su “liberación” como prueba de que la situación del país está mejorando, que las críticas internacionales son injustificadas y que los reclamos de los manifestantes son ilegítimos.

Esa pretensión no podría estar más alejada de la realidad.

López está en su casa, pero no está libre. Está sujeto a arresto domiciliario. En la misma situación se encuentra el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, que cumple arresto domiciliario desde hace más de dos años. A otro alcalde, Daniel Ceballos, que también fue encarcelado por motivos políticos, se le concedió arresto domiciliario por un año, pero luego lo pusieron nuevamente detrás de las rejas. Otros líderes políticos, como el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, han sido inhabilitados arbitrariamente para postularse a cargos públicos por varios años.

El 5 de julio, día de la independencia en Venezuela, hubo un choque entre parlamentarios y grupos paramilitares partidarios del gobierno de Maduro, que buscaban invadir la Asamblea Nacional. Credit Fernando Llano/Associated Press

En Venezuela, hay más de 400 presos políticos, según datos del Foro Penal Venezolano, organización sin fines de lucro que representa legalmente a detenidos. Más de 350 civiles han sido juzgados en tribunales militares, una práctica propia de las dictaduras latinoamericanas de la década de 1970 que viola flagrantemente el derecho venezolano y el internacional. Muchas de estas personas están alojadas en prisiones militares, cárceles de máxima seguridad o sedes de los servicios de inteligencia en condiciones de reclusión crueles y degradantes.

A su vez, las fuerzas de seguridad, en complicidad con grupos armados partidarios del gobierno conocidos como “colectivos”, siguen reprimiendo brutalmente las manifestaciones contra el gobierno. Desde inicios de abril, más de 90 personas han sido asesinadas, más de 1.500 resultaron heridas y más de 3.000 han sido detenidas con motivo de las manifestaciones. Los altos mandos venezolanos deben responder por las violaciones de derechos humanos generalizadas y graves cometidas por sus subordinados, incluidos casos de torturas.

El presidente Nicolás Maduro saluda a simpatizantes chavistas durante una manifestación con empleados de Petróleos de Venezuela, el 8 de julio de 2017 Credit Reuters

A fines de junio, el presidente Maduro declaró que su gobierno jamás se rendiría ante sus opositores y que una futura derrota política terminaría en violencia. “Lo que no se pudo con los votos”, advirtió, “lo haríamos con las armas”.

Hace apenas unos días, el gobierno venezolano permitió que hampones armados irrumpieran en la Asamblea Nacional y golpearan a legisladores de oposición a plena luz del día. Esta agresión fue coordinada entre colectivos y miembros de la Guardia Nacional, según surge de grabaciones de audio que se difundieron el 7 de julio.

Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

La crisis actual en Venezuela no es un conflicto entre dos ideologías o grupos políticos. Es una confrontación entre un régimen cívico-militar represivo que viola los derechos fundamentales de su pueblo e ignora descaradamente las garantías democráticas más elementales, y millones de venezolanos que se oponen a esta tiranía, incluidos muchos que antes apoyaban al gobierno.

La excarcelación de López es una señal de enorme debilidad de un régimen cada vez más aislado por la presión en las calles e internacional. Incluso la Fiscala General Luisa Ortega Díaz, quien antes apañaba al gobierno, ha criticado abiertamente a Maduro y la represión. Otro signo de la descomposición es que Ortega, justamente por sus críticas, hoy enfrenta un inminente proceso de destitución.

El arresto domiciliario de López es una notable concesión del gobierno venezolano. Pero es, muy probablemente, un repliegue táctico hecho con la intención de apaciguar las críticas y bajar la presión interna e internacional. Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

Es hora de que México, Brasil, Argentina, Canadá y Estados Unidos exijan que el gobierno de Maduro autorice la visita de una misión de países representativos de la región, acompañada de miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para evaluar la situación in situ. Esta iniciativa podría darse dentro del marco de la OEA o fuera de ella si no se cuentan con los votos suficientes para autorizarla. La misión debería, específicamente, solicitar reunirse con todos los actores relevantes, incluyendo a los presos políticos, y notificarle al gobierno que las violaciones de derechos humanos no quedarán impunes. Un mensaje claro de estos países advirtiendo que los responsables de abusos deberán rendir cuentas por sus actos podría disuadir a policías y militares de que continúe la espiral de violencia, o que incluso se incremente.

“Un innegable triunfo del pueblo venezolano”: Sobre el regreso a su casa de Leopoldo López

El sábado 8 de julio, el dirigente opositor Leopoldo López arribó a su casa luego de que el Tribunal Supremo de Justicia le otorgara una medida cautelar de arresto domicialiario. La Mesa de la Unidad Democrática emitió un comunicado en el que celebran la medida y sostienen que fue “producto de la combinada presión nacional e internacional”. Asimismo, convocan a una “concentración masiva” para el domingo 9 de julio “por los 100 días de lucha y resistencia del Bravo pueblo venezolano”. A continuación reproducimos el comunicado.

8 julio 2017 / PRODAVINCI

Uno de los líderes fundamentales de la Unidad Democrática, nuestro hermano Leopoldo López, recibió el día de hoy una medida sustitutiva de libertad, y colocado en la condición de arresto domiciliario.

Leopoldo, quién nunca cometió delito alguno y estuvo injustamente encarcelado en una prisión militar por más de tres años, donde sufrió tratos crueles, inhumanos y degradantes, puede hoy al menos, sin recobrar su libertad plena, reencontrarse con su familia.

Para la Unidad Democrática, más que una concesión del régimen, la medida adoptada es el resultado de la insistente presión de calle que han ejercido los venezolanos desde hace ya 100 días, y de la solidaridad internacional para con nuestra lucha. En este sentido, y aunque parcial e incompleta, esto constituye un innegable triunfo del pueblo venezolano.

Este triunfo parcial debe ser para todos un estímulo para no sólo continuar sino intensificar la lucha democrática y pacífica que hemos venido sosteniendo, y que tendrá una nueva dimensión a partir del próximo domingo 16, en lo que va a ser el histórico Proceso Nacional de Decisión Soberana.

Este triunfo también es un impulso para continuar la batalla por la liberación de miles de venezolanos que permanecen detenidos por el único delito de pensar distinto. Por ellos y para ellos, nuestra lucha no se detiene, se refuerza.

Finalmente, esperamos que esta medida adoptada por el gobierno hacia Leopoldo, producto de la combinada presión nacional e internacional, pueda ser el inicio de un proceso de rectificación que conduzca a lo que toda Venezuela quiere, que es la búsqueda urgente y pacífica de un camino para la construccion de una solución politica a la tragedia que todos vivimos.

Su primer mensaje al llegar a la casa:
“Esto es un paso hacia la libertad. No tengo resentimiento alguno y tampoco voluntad alguna para claudicar en mi lucha. Mantengo firme mi oposición hacia el régimen y firme mi condición de luchar por una verdadera paz, cambio y libertad. (…) Si mantener mi convicción de lucha por la libertad significa correr el riesgo de volver a una celda en Ramo Verde, estoy más que dispuesto a asumirlo.
Hoy estoy preso en mi casa, pero también está así el pueblo de Venezuela. Lo que me mantuvo firme en los días más duros era saber que por más sufrimiento por el que yo pasaba, no era nada comparado con el de nuestro pueblo. Por lo tanto, hermanos y hermanas, les reitero mi compromiso de luchar hasta conquistar la libertad”.

 

En esa necesaria construccion, queremos agradecer a personalidades y países amigos de la comunidad internacional, quienes han mostrado reiteradamente su preocupación y solidaridad para con nuestro país, y les pedimos ser vigilantes y participantes activos de los acontecimientos por venir.

Desde la Unidad Democrática envíamos nuestro abrazo de solidaridad y afecto a Leopoldo, a Lilian, a sus hijos, su familia, y a nuestros hermanos de Voluntad Popular.

Y al pueblo venezolano, nuestro mensaje de perseverancia y resistencia. Estamos comprometidos, hasta con nuestras vidas, en la tarea historica, difícil pero hermosa, de rescatar nuestro país para comenzar a construir, entre todos, una Venezuela de futuro, con paz, libertad, justicia y bienestar para todos.

Aprovechamos para invitar a todos mañana domingo 9 a la concentración masiva en la Av. Francisco de Miranda en la ciudad de Caracas, así como en las capitales de estados de todo el país, por los 100 días de lucha y resistencia del Bravo pueblo venezolano.

Mesa de la Unidad Democrática 

8/7/2017 2:31pm

“Venezuela clama por una esperanza”: Pedro Nikken

El experto en Derechos Humanos Pedro Nikken es venezolano, pero no es un desconocido en El Salvador. En 1991/92 fue asesor especial del Secretario General de Naciones Unidas Pérez de Cuellar para el proceso de paz en El Salvador. Luego ejerció como Relator de Naciones Unidas para Derechos Humanos de El Salvador. Aquí sus opiniones sobre las opciones de salida politica del conflicto venezolano.

Segunda Vuelta

Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Entrevista de Hugo Prieto, 11 junio 2017 / PRODAVINCI

Quizás no valga la pena insistir en una salida negociada al conflicto que vivimos en Venezuela. Pareciera que la suerte está echada, que nos encaminamos a un desenlace, pero no a un arreglo. Son muchas las cosas que juegan en contra, la escalada en las calles, las violaciones a los Derechos Humanos y, especialmente, el atentado del presidente Maduro en contra de la Constitución, son obstáculos formidables. Difíciles, sino imposibles de superar.

Si hay algo que anotar, sería lo siguiente: Lo que ocurre nos los buscamos nosotros mismos. La anomia, la violencia desenfrenada, la desinstitucionalización, el vaciamiento de la república. Esta hora oscura que lo ensombrece todo. Digamos, que ya tenemos suficientes razones para sentir vergüenza. ¿Ahora qué? ¿Vamos al baño de sangre? ¿A la guerra civil? ¿No es suficiente? ¿Nadie va a decir basta? Aquí hay unas claves y una visión de un venezolano que tuvo el privilegio de asistir, y de alguna manera participar, en el milagro político que significó el arreglo en El Salvador. Pedro Nikken, quien además es abogado y experto en Derechos Humanos.

¿Cómo caracteriza la situación política actual?

En este momento, estamos viviendo el paroxismo de la polarización. No necesariamente porque haya penetrado a la totalidad del país, pero sí creo que la furia política está hoy mucho más presente que lo que estaba hace un año. Esa furia ha venido in crescendo a partir de las elecciones legislativas de 2015. A raíz del resultado del 6-D, el gobierno se percató de que había perdido la mayoría popular y necesitaba, por todos los medios, gobernar sin Asamblea, lo que no había hecho nunca en los últimos 20 años y, además, ingeniárselas para seguir en el poder sin tener la mayoría. Eso dio pie a una mayor distorsión de las instituciones. La Asamblea Nacional, por ejemplo, fue ignorada y desapareció violando a todas luces la Constitución y cualquier sentido de organización del Estado. Las sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional vienen a consagrar lo que ya se estaba haciendo. Creo que no tienen mucho sentido. Supongo que se hicieron para lavarse la cara ante hipotéticos inversionistas internacionales y aprobar, por vía del TSJ, los créditos que se estuviese solicitando. Digamos, esa fue la gota que derramó el vaso. Yo digo siempre que cuando eso ocurre, no hay que ponerle mucha atención a la gota sino al vaso, ¿No? La gota puede ser cualquier cosa, como lo fue el aumento de la gasolina en febrero del 98. Entonces, se ha creado un movimiento de protesta, de rebelión, invocando el art. 350 de la Constitución. No dudo que el derecho a la rebelión exista, pero ese derecho sólo se materializa si la rebelión triunfa. No es problema jurídico sino de hecho.

Más allá de un problema jurídico o político, la rebelión es una expresión de fuerza. Sencilla y llanamente es la expresión más primitiva de la política.

Dentro de las distintas explicaciones que hay para los Derechos Humanos, la que me parece a mí más interesante es la que los caracteriza como la herramienta que descubrió el hombre para luchar contra la opresión. La historia de la humanidad es una lucha continua contra la opresión, y es desde esa lucha que se han abierto grandes senderos históricos. Allí están la revolución francesa, la revolución mexicana, la revolución rusa. Fueron todas grandes luchas contra la opresión, pero también momentos en los que florecieron los Derechos Humanos. Por eso cualquier fórmula de gobierno que entrañe una forma de opresión está condenada al fracaso y a suscitar violencia.

En diciembre de 2016 la sociedad venezolana estaba postrada por el fracaso, por el robo, del referéndum revocatorio. La sensación era que esto se acabó. Pero la gota que rebasó el vaso (las decisiones 155 y 156 del TSJ), plantea una interrogante. ¿Por qué el gobierno cometió ese error? Pudiera ser, tal como lo señala, por el tema financiero. Lo cierto es que el chavismo no había cometido una equivocación tan gruesa, ¿Cuál es su interpretación?

Es un autogol, según le he oído a algunos amigos cercanos al gobierno. Claro, aquí no gana el que mete más goles, sino el que encaja más autogoles. Yo creo que en parte obedece a que los asesores jurídicos del gobierno son muy limitados en su creatividad. Lo digo porque es una cosa totalmente burda, que no puede resistir el análisis de nadie ni podía ser defendida de ninguna manera. Por eso suscitó la reacción que suscitó. A lo mejor es muy ingenuo lo que voy a decir, muy simplista, pero en ciertos sectores de la izquierda comunista, el derecho es visto como una frivolidad pequeño burguesa y teniendo un TSJ que puede decir lo que es legal y lo que no lo es, basta con que los magistrados se pronuncien para que eso quede “legalizado”. Resulta que eso no es así, no es verdad, porque existen otro tipo de análisis, existe el fraude a la ley, por ejemplo, existen figuras jurídicas y políticas que desnudan una situación de esta naturaleza. Yo creo que en parte es una consecuencia del desprecio que hay por el derecho en algunas élites chavistas.

Dirigentes de la oposición afirman que esto no tiene nada que ver con la polarización, y sustentan su opinión diciendo que el 80% de los venezolanos no expresa ninguna favorabilidad por el gobierno de Nicolás Maduro. Este país, por tanto no se “divide en dos partes iguales”. La oposición tiene la mayoría en la calle, pero no tiene los resortes del poder. ¿Cuándo usted habla de polarización cómo lo contextualiza con estos señalamientos?

Primero. Hay que ser muy cuidadosos con el juego de mayorías y minorías, que son necesariamente fluctuantes. Segundo. En la hipótesis que fuera 80 a 20, que no sé si es demasiado optimista por parte de la oposición, de todas maneras son dos polos. ¿O es que el 20% de la población venezolana es despreciable? En tercer lugar, uno de los problemas que el chavismo tuvo desde su origen es considerar que la mayoría era título de legitimidad para hacer cualquier cosa. Resulta que eso no es verdad. Hay cosas, entre otras, la dignidad de la persona, la tolerancia, el derecho a existir de cada uno y de cada grupo que están fuera del ámbito de las mayorías. Chávez, al calificar de escuálidos y con desprecio a quienes se le oponían, sembró una semilla fatídica. Esa semilla no puede permanecer enterrada, especialmente si las cosas cambian. Si estamos frente a dos grupos, uno de los cuales tiene que imponerse sobre el otro estamos perdidos. Eso sería disparate histórico, es un disparate político, un disparate moral y también un disparate jurídico. Tenemos que encontrar una forma de romper la polarización haciendo balances y encontrando puntos de convergencia. Pareciera que no existieran, claro, las voces que se escuchan vienen de los extremos.

Sistemáticamente ignoramos esa advertencia. No se avizoran cambios, a pesar de la profundidad de la crisis y de que la realidad política es muy distinta.

Más allá de que los discursos sean moderados o no, en las calles se está produciendo una batallas tremendas, ¿Cómo consecuencia de qué? Ah,  la Guardia Nacional reprime de tal manera que invita a una contraofensiva. Así se produce una escalada sobre la cual, en algún momento, nadie va a tener el control. Vimos al ministro Padrino López requerirle a la Guardia Nacional moderación, que se atengan a la ley en la represión, lo cual demuestra que ellos también están perdiendo el control. Yo no estoy muy seguro de que la oposición tenga el control de estos muchachos a quienes llaman escuderos, cada uno de ellos me parece un institutos autónomos, pueden estar insuflados de una gran valentía, de una gran pasión, pero nosotros no vamos a resolver esto a fuerza de adrenalina.

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Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Venezuela, en términos económicos, políticos e institucionales, está totalmente desmadrada, creo que no hay otro término. Pero pareciera que eso no es relevante. Lo que realmente importa es cuál de las dos fuerzas se impone. ¿Cuál es su visión?

Primero. El que una fuerza se imponga totalmente sobre la otra no es una solución, es un desenlace. Si el presidente Maduro logra imponer su constituyente a trocha y mocha, transforma el Estado y destituye a todo el mundo y crea un Estado comunal, va a abrir otro frente de resistencia frente a ese Estado comunal. Va a sumar más gente en contra. Si, en cambio, la oposición pretende aplastar al chavismo e inicia una cacería de brujas y lanza un gobierno de arbitrariedad, pues empieza otro problema, la resistencia del chavismo o del madurismo. Pero en todo caso, no será nada despreciable lo que va a ocurrir. Esa idea de que una fuerza puede aplastar a otra es una ilusión, es la ilusión del combatiente, del autoritarismo. Quizás eso pueda valer en una guerra internacional como cuando aplastaron a la Alemania Nazi.

O en una guerra civil como la de España.

Sí pero con qué resultado. Una dictadura interminable. Como dijo Antonio Machado. Españolito que vienes al mundo te guarde Dios. Una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Eso es lo que nos espera, si una de las dos Venezuelas se impone sobre la otra. Tenemos que darnos cuenta de que esta es la casa de todo el mundo. Es verdad que tenemos casi 20 años desacostumbrados a esa idea, donde a muchos de los que nos hemos opuesto al régimen, con distintas tonalidades, nos han hecho saber que no somos prácticamente venezolanos, que somos apátridas, que somos gente de segundo. Eso no lo vamos a resolver volteando la tortilla. La mayoría no es título de legitimidad para hacer cualquier cosa. Para eso está el estado de derecho, cuyas reglas fijan los límites del poder. Y eso no lo pueden romper las mayorías. Por ejemplo, los casos de amnistías aprobadas por referéndum, como ocurrió en Uruguay. Garantizaron la impunidad de una serie de asesinos con un referéndum ¿Qué pasó? Siguió la lucha y al final, tanto la Corte Suprema de Justicia de Uruguay como la CIDH declararon la nulidad de ese referéndum y hubo que volver a empezar. Entonces, el régimen de mayorías no es blindado cuando es injusto.

La oposición ha reiterado tantas veces los motivos que la llevaron a la calle: el reconocimiento de la AN, la apertura del canal humanitario (alimentos y medicinas), la liberación de los presos políticos y el cronograma electoral. Se produjo esta reunión en la cárcel de Ramo Verde y se habló de la oferta a Leopoldo López de casa por cárcel. Quizás era el punto de partida de una negociación, pero todo esto terminó siendo una suerte de globo de ensayo y no hay conexión ninguna.

Creo, finalmente, que el gobierno armó todo este lío, con errores, con abusos, con ambas cosas; y debería dar un paso muy claro para subsanarlo. Creo también que el gobierno, no sé si conscientemente, pareciera que sí, trató de usar la ronda anterior de negociaciones para crear problemas dentro de la oposición y para usarla como una tribuna, cuyo objetivo era demostrar que estaban dispuestos a negociar y además,  le estamos ganando a la oposición. Al final de cada ronda, Jorge Rodríguez, que es un hombre muy inteligente, muy elocuente, daba una demostración de cómo el gobierno se había “impuesto” a la oposición, lo cual, con el debido respeto, me parece una verdadera tontería. La negociación es exactamente algo donde ninguna de las partes le gana a la otra, sino que las dos salen de acuerdo. Si lo presentas así, estás matando el proceso. Y yo creo que ese fue uno de los grandes errores.

No hemos visto “el paso claro” del cual usted habla. No hemos visto nada de nada.

No, todo lo contrario. La convocatoria a esto que Maduro llama una constituyente es agravar la crisis. Es echarle gasolina al fuego. Sin embargo, sin saber lo que allí pasó, el hecho de que dos personas de tan alta jerarquía dentro del oficialismo hayan ido a visitar a Leopoldo López a mí me parece que es un buen signo, algunas cosas se pueden hacer, algunas cosas pueden moverse. Pero yo no quisiera especular sobre lo que ocurrió allí. Sin embargo, es un buen signo.

Cualquiera de los polos que demuestre la mínima disposición, diría incluso, la mínima racionalidad, ese es condenado inmediatamente, pasa al tribunal disciplinario, al ostracismo, al gulag. ¿Cómo se puede abordar un conflicto, si cualquier aproximación es inmediatamente descalificada?

Hay que hacer varias cosas, creo yo. La primera. Hay que ponerse muy imaginativo. La historia de la política y de la diplomacia está llena de negociaciones imposibles. Sin embargo, se abren. Un caso paradigmático es la guerra de Vietnam. O el paso que dio el Rey Enrique IV de Navarra que dijo París bien vale una misa y se convirtió al catolicismo con tal de llegar a la corona de Francia. Hay cosas que parecen muy raras y muy difíciles, pero que terminan resultando posibles. Yo he tenido la suerte de ver algunas. Las negociaciones de paz en El Salvador para mí fueron un ejemplo de milagro político. Había gente de lado y lado que no quería un acuerdo, pero había un núcleo al que yo le di un nombre, las fuerzas del bien, de lado y lado, que efectivamente estaban presionando para que se llegara a un acuerdo. Se dieron posiciones muy flexibles en un escenario muy difícil. Por ejemplo, en la mesa estaba el rector de una universidad, cuyo padre había sido secuestrado por la guerrilla y del otro lado estaba la guerrillera responsable del secuestro. Ahí si hay polarización de verdad y rabias acumuladas. Pero se entendieron.

Aquí estamos esperando a que el milagro ocurra en las calles. Que la batalla de un giro inesperado a favor de la oposición. Un milagro ante la mirada de todo el mundo.

Yo creo que todavía hay espacio para la imaginación y para la creatividad. Efectivamente, la oposición ha tomado las calles y debe seguir en ellas, porque no le han dejado otra alternativa, todos los espacios se han cerrado. El gobierno ha cerrado todo, la Asamblea, los tribunales, el CNE, saboteó y no se tomó en serio el proceso de negociación con el arbitrio del Santo Padre y de los ex presidentes. Entonces, alguien tiene que surgir. No sé cómo podría arrancar una nueva ronda de negociación, pero tendría que ser de una manera distinta.

En Venezuela, exiliados chilenos de diversos partidos políticos, se reunieron en la Colonia Tovar para fijar una estrategia frente a Pinochet, la llamada Concertación en su fase germinal. Está el tema de El Salvador, que además tuvo un episodio culminante en Ciudad de México. ¿Cómo es que nosotros no tenemos imaginación política? ¿Cómo es que estamos empantanados en esta interminable crisis?

Estamos todavía enfrascados en episodios de desconfianza que a veces parecen hasta infantiles. Si usted quiere llegar realmente a un entendimiento, vamos a sentarnos a ver en qué consiste. Voy a decir algo que a estas alturas no creo que sea una indiscreción. En El Salvador establecí una buena relación con las dos partes. Un día le pregunté a un comandante guerrillero. ¿Qué los movió  a ustedes a esto? Me dijo. Había entre nosotros una discusión sobre el destino de la lucha armada y un día, el rector de la Universidad de los jesuitas, el padre Eyacuria, nos convocó a requerirnos que dejáramos la lucha armada, transcurrieron meses discutiendo eso, la estrategia alternativa, cómo nos podíamos convertirnos en una referencia política y cómo iba a ser la estrategia de negociación. De ahí en adelante, todo lo hicimos de acuerdo a esa hoja de ruta. Eyacuria nos reunió y se fue. Pero nos obligó a discutir. Aquí, por el contrario, hay un punto en el que creo que estamos fallando. Pareciera que la oposición no tiene tiempo para sentarse a discutir. Están tan capturados por la calle, por la lucha política de todos los días, que no hay un cerebro común elaborando lo que se debe hacer. Por ejemplo, no sé si todos los puntos que ha presentado la oposición, sin duda todos justos, tengan la misma jerarquía. ¿Qué es primero? ¿El canal humanitario o la liberación de los presos? ¿El respeto a la Asamblea o el cronograma electoral?

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Pedro Nikken retratado por Roberto Mata

Si no hay una jerarquización, por decir lo menos, no hay una claridad en los objetivos que se están buscando. Esa falla de origen no se la pueden atribuir al chavismo.

Aquí hay un problema. Se ha perdido el foco de lo que debería ser esencial. En cierta forma, ya puede haber pasado el tiempo, por el atentado de Maduro a la Constitución. Lo que debió plantearse, no como objetivo de negociación, sino como hoja de ruta es cómo garantizar que la Constitución del 99 se aplique, se cumpla, de aquí a las elecciones de 2018, en forma congruente con su texto y con su espíritu. Que haya elecciones regionales. Que Maduro gobierne hasta el final de su mandato. Ahora parece que todo se centra en unas elecciones anticipadas. Ese puede ser su deseo. Pero eso no es lo que dice la Constitución. Entonces, hay que calarse a Maduro hasta que culmine su mandato presidencial. Entonces sí, asegurarse, como objetivo de la negociación, que a partir de las elecciones de 2018, cualquiera sea el resultado, haya una transición hacia otra cosa, con un pacto de gobernabilidad, que se asegure la garantía de que se van a respetar los resultados electorales y que, de perder el chavismo en las urnas, no va a haber una cacería de brujas. Esos tendrían que ser los objetivos de una negociación para darle estabilidad a este país.

Quizás lo que está diciendo podría traerle todo tipo de descalificaciones. ¿Está consciente de eso? Seguramente, saldrá alguien a pedir juicio popular.

¿Qué me importa? Yo creo que si la lucha no tiene otro objetivo que tumbar al gobierno, no habrá sino un desenlace muy sangriento. El gobierno no se va a dejar tumbar y si lo tumban, no te digo yo en qué se van a traducir los linchamientos. Un país no se puede construir sobre la base del odio y del miedo desatado. A mí no me importa decirlo todas las veces que tenga que decirlo. Tiene que haber alguien que lo diga. Yo no dirijo a nadie, a duras penas me dirijo a mí mismo.

Vamos a dejar de lado ciertas pretensiones, vamos a poner el pie en la dura realidad que estamos viviendo. Si no hay esa negociación, si no hay esa aproximación, yo diría que la calle no va a resolver este problema. ¿Usted qué piensa?

Pienso lo mismo, eso es una prueba de fuerza que puedes ganar o perder. Pero independientemente del resultado, no resuelves el problema. El problema está en convertir a Venezuela en un país y no en el desmadre que hay, no en la inopia en la que estamos. Y no vamos a construir un país con un desenlace de una pelea de barrio. Esto tiene que resolverse de otra forma. De lo contrario vamos a una catástrofe. A una intervención militar que será muy costosa para todo el mundo. O a una guerra civil o a una situación de anarquía total, pero a nada que se le parezca a un país coherente. Es más, ¿Qué pasaría si Maduro y El Aissami aparecen en televisión está noche y dicen renunciamos? ¿Va a haber unas primarias en la oposición para saber quién va a ser el presidente? ¿Qué plan de gobierno se va a seguir? ¿Cuáles son los primeros pasos que dará ese nuevo gobierno, aparte de liberar los precios y restablecer la Asamblea, en concreto para gobernar a Venezuela? ¿Qué es lo que se va a hacer? Venezuela necesita, clama, por una esperanza. Una esperanza no se crea a carajazos. La rebelión es un derecho, pero tienes que tener la alternativa clara.

Este es un reclamo persistente, un punto dilemático, crucial, que sigue pendiente. Una causa del desespero y la frustración.

En la oposición no se ha articulado la opción política, ¿Cómo se arma un gobierno que rescate al país? ¿Cuál va a ser la política económica de urgencia? ¿De dónde se van a obtener los recursos extraordinarios para sostenerlo? ¿Cómo se va a resolver el problema del hambre y la escasez a través de la cooperación internacional? ¿Cómo se va a reestructurar la justicia sin incurrir en los mismos vicios que potenció el chavismo? ¿Cómo se va a armar el Estado y cuál es la visión de estadista que hay? Yo no veo esa visión de la transición. Nadie la dice. Y eso me parece que es suficientemente significativo.

Uno no ve la visión que tuvo Ernesto Cedillo para restarle poder al PRI dentro del PRI. O la imaginación que tuvo Fernando Henrique Cardoso en Brasil para superar la larga dictadura que ensombreció a ese país. Ni nada parecido a los acuerdos de la Concertación en Chile.

Se tragaron el sapo crudo de tener a Augusto Pinochet como comandante general del Ejército y luego como senador vitalicio.

Aquí todos hablan de la fuerza que se tiene que imponer a la otra. Ojalá sea esta misma noche, pero nadie habla de los sapos que tienen que tragarse.

Así es. Eso a mí me inquieta mucho, pero creo que no es imposible de armar, si pudiera aparecer una mediación fuerte y muy discreta, para que no se coman vivo a nadie sin que haya un resultado. Pero yo sí creo que es perfectamente posible idear un paquete de soluciones que comprenda un gobierno de transición, pero que sea digerible para el madurismo y más para el chavismo. No es imposible, pero hay que aguzar la imaginación, hay que inventar cosas. La historia del arreglo en el Salvador es una historia de esta inventando e imaginando todos los días. La primera comisión de la verdad, por ejemplo, salió de allí. Se utilizaron distintas fórmulas para lograr la reforma constitucional, en discusiones que duraron cinco semanas en Ciudad de México. Reforma que aprobó la Asamblea saliente y luego la entrante, en menos de una semana.

Usted es experto en materia de Derechos Humanos. A los manifestantes se les está abriendo juicio en tribunales militares. ¿Nadie sabe cuál es el estatus legal de esos detenidos? ¿En qué punto estamos?

En una ruptura completa. Primero. La vigencia del estado de derecho es una condición en sí misma para que los Derechos Humanos puedan existir y materializarse, algo similar podría decirse de la democracia y de la autodeterminación o de la justicia social. Segundo. La cooptación de la justicia por parte del gobierno y su partidización. Tercero. Si la Fiscal General se muestra crítica frente al camino legal que está siguiendo el gobierno, con la aprobación del TSJ, inmediatamente pierde la confianza y no es ella quien lleva la acusación penal, tal vez no se anima a acusar, porque considera que no se ha cometido un delito, pero entonces se acude a la justicia militar. Por amor de Dios. Recordarás la frase de Clemenceau después del juicio a Dreyfus. Es que la justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.

¿De verdad el gobierno tiene una intención de negociar y resolver este conflicto políticamente?

Creo que hay dos tendencias, una abierta a la negociación y otra que ha resuelto que el final de esto va a ser operático. O ganamos y vencemos o morimos con las botas puestas. Una solemne tontería, porque finalmente, si el chavismo nació con la pretensión de quedarse, si opta por ese camino está condenado a extinguirse. Sea porque lo derroten de una vez o porque triunfe y se extinga a posteriori, porque sería un perfecto desastre. Entonces, es no tener perspectivas políticas, no de perder el poder, sino de volver a conquistarlo si lo pierden. Ese es el defecto de estrategia por parte del gobierno. Seguramente habrá quien cometió delitos graves, pero no creo que eso sea todo el gobierno y mucho menos todo el chavismo. ¿No decían ellos No volverán? Y ahí tenían a Henry Ramos, presidente de la Asamblea e incluso con aspiraciones de poder.

Vea una entrevista que Paolo Luers le hizo
a Pedro Nikken en Caracas en junio 2010:
“Está en peligro el concepto mismo de República”