Venezuela

¿Se sostendrá el gobierno de Maduro ante la nueva confrontación que se le avecina? De Juan Carlos Zapata

Un artículo que explica la crisis constitucional en Venezuela, a raíz de la toma de posesión de la presidencia de Nicolás Maduro, considerada ilegítima por la comunidad internacional y la oposición venezolana. Explica sobre todo la delicada situación del jovenen presidente de la Asamblea Nacional.

Jun Carlos Zapata,
periodista venezolano

14 enero 2019 / ALnavío

Lo que hay que preguntarse de entrada es si el gobierno de Nicolás Maduro se encuentra en mejores condiciones para salir airoso del reto que le ha planteado el presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó. A simple vista parece un gobierno consolidado que tiene al frente a una oposición sin fortalezas. Pero las apariencias engañan.

Desde que el 5 de enero se juramentó Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y el 10 de enero Nicolás Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia, las cartas están echadas. Los polos opuestos van a una nueva confrontación. Y tal vez sea el choque decisivo que conlleve a que Maduro y el chavismo se queden por años y décadas en el poder o que la oposición logre debilitar tanto al régimen que este no pueda sostenerse.

Ya se habla de desenlace. Ya se habla de un choque inevitable. Ya se habla de fuerzas que se mueven, y para muchos desconocidas. Por primera vez, he visto actores políticos y empresariales de envergadura desconcertados ante la línea lanzada por el joven presidente -35 años- del Parlamento venezolano. Porque algunos de estos actores le dijeron a Guaidó que hiciera lo contrario de lo que está haciendo y da la casualidad que sectores radicales de la oposición quieren que Guaidó haga también lo contrario de lo que está haciendo. Para estos últimos, Guaidó ya ha debido declararse Presidente de la República. El Gobierno también quiere esto para actuar, y en ese sentido la señal de este domingo de detenerlo por media hora. De modo que los extremos se tocan. Radicales y Gobierno coinciden.

Pero Guaidó tiene otro plan. Y él lo ha dicho. No hará lo que haya que hacer hasta que el pueblo lo acompañe, hasta que la Fuerza Armada lo acompañe, hasta que los sindicatos lo acompañen, hasta que el chavismo disidente también lo acompañe, hasta que los distintos sectores que todavía hacen vida en Venezuela lo acompañen. Por ahora cuenta con el decisivo apoyo de la comunidad internacional.

Quien mejor ha recogido la estrategia de Guaidó es el analista Jesús Seguías, presidente de la consultora Datincorp: “Pragmatismo de anciano en boca de un joven”. A 10 días de haber asumido el cargo, ha superado las expectativas iniciales. Ha terminado de convencer a quienes incluso se llevaron las manos a la cabeza al oírle el primer discurso en calidad de presidente del Parlamento, que es hoy por hoy el único poder legítimo de Venezuela. En 10 días ha ido sumando. En 10 días ha ido despejando una hoja de ruta. En 10 días ha celebrado varias reuniones y actos públicos, y cada vez con mayor asistencia. En 10 días ha logrado que el Gobierno cometa el error de detenerlo. Y hoy es noticia mundial.

Tal como estaba previsto, la juramentación de Maduro iba a producir reacciones. E iba a desencadenar fuerzas. Lo que nadie preveía son las expectativas. La activación de fuerzas que estaban dormidas y que ahora despiertan. El discurso de Guaidó llamando a la conciliación, y proponiendo una amnistía para militares no ha caído en saco roto. Porque además de lo que dice, es cómo lo dice Guaidó: sin estridencias, sin amenazas; sereno y pausado, que ya con ello marca un estilo diferente en un país que oyó por años los insultos y los gritos de Hugo Chávez y sigue escuchando los insultos y gritos de Maduro, pese a que uno hablaba de amor y paz y el otro repite paz y amor.

“Yo les hablo de amnistía, de perdón y de reconciliación. Los que tienen miedo son los que están en (el Palacio de) Miraflores porque son una cúpula de siete envilecidos ladrones que pretenden robarnos la esperanza, pero ya no van a poder frenar el ímpetu de la gente por un cambio para superar la pobreza y el hambre”. Eso dijo Guaidó luego de ser liberado, y es lo que según su versión, le dijo a sus captores. Después el Gobierno afirmó que el hecho respondió a una acción unilateral de un grupo de funcionarios, lo cual no es creíble. Y si fuera cierto, demuestra la situación interna en los cuerpos represivos. Hace poco, un grupo de policías de la misma policía política que detuvo a Guaidó, actuó contra la caravana presidencial, generando cualquier tipo de conjeturas.

¿Pero es más fuerte el gobierno de Maduro que hace 4 años cuando la oposición alcanzó el control de la Asamblea Nacional? ¿Es más fuerte luego con un Parlamento acusado de estar en desacato y al que le han arrebatado las competencias? ¿Es más fuerte pese a que el Alto Mando Militar le ha jurado lealtad? ¿Es más fuerte a pesar de que derrotó a la oposición en la calle, reprimiendo y matando jóvenes, gente del pueblo, y encarcelando y torturando dirigentes políticos? Veamos:

Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido
Guaidó tiene un plan distinto a los radicales y al Gobierno / Foto: @jguaido

-Es un Gobierno al que no reconocen los países más importantes de la comunidad internacional.

-Es un Presidente ilegítimo.

-Es un Gobierno enfrentado a todos los países vecinos.

-Es un Gobierno al que le queda un solo aliado en Sudamérica, Evo Morales.

-Es un Gobierno que cuenta con dos aliados incondicionales en la región, Cuba y Nicaragua.

-Es un Gobierno que no ha podido resolver la crisis económica. (Hoy anunciará nuevas medidas).

-Es un Gobierno desacreditado por haber originado un éxodo masivo de venezolanos.

-Es un Gobierno que ha coartado la libertad de prensa.

-Es un Gobierno que ha roto el hilo constitucional.

-Es un Gobierno que ya no vende esperanza.

-Es un Gobierno confrontado por fuerzas chavistas declaradas disidentes.

-Es un Gobierno que controla la Fuerza Armada, pero una Fuerza Armada con fisuras internas.

-Es un Gobierno que llevó al extremo la complicidad con la Fuerza Armada, lo cual incluye la corrupción.

-Es un Gobierno que destruyó PDVSA.

-Es un Gobierno que hizo lo que parecía imposible: tumbar la producción petrolera.

-Es un Gobierno que entró en default con los bonos de la deuda.

-Es un Gobierno cuyos aliados, Rusia y China, lo observan con cuidado, más en lo económico.

-Es un Gobierno sancionado, y sus principales dirigentes, sancionados, también.

-Es un Gobierno con problemas internos: no ha podido sacar el proyecto de Constitución que Maduro prometió.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con la Asamblea Nacional.

-Es un Gobierno que a pesar del terror no ha podido acabar con la protesta social.

-Es un Gobierno que no ha podido arrasar con el espíritu ni las fuerzas democráticas.

-Es un Gobierno que a pesar de haber derrotado a la oposición en la calle no logró celebrar elecciones masivas.

-Es un Gobierno cuya base de apoyo es fundamentalmente clientelar.

-Es un Gobierno partido en grupos, con unidad circunstancial.

-Es un Gobierno incapaz de vender un proyecto de país.

-Es un Gobierno que lanzó una Asamblea Constituyente y a la que al cabo de dos años ha desprestigiado.

-Es un Gobierno acosado por las denuncias de corrupción, una corrupción planetaria.

-Es un Gobierno de un país del que escapan magistrados del Tribunal Supremo y ex altos funcionarios.

-Es un Gobierno a cuyo presidente ni siquiera el Papa quiere recibir.

-Es un Gobierno aliado de los peores regímenes del mundo. -Es un Gobierno sin credibilidad para recomponer la institucionalidad. -Es un Gobierno sin voceros con credibilidad nacional e internacional.

El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú
El gobierno de Maduro está enfrentado a todos los países vecinos / Flickr: Cancillería Perú

-Una pregunta que es duda a la vez: ¿Se prestarán la Guardia Nacional y los cuerpos policiales a repetir la represión de 2017, 2016 y 2014?

De modo que Maduro no es más fuerte que hace 4 años. Tampoco es más fuerte que hace un año ni hace un mes. Pero eso no significa que ya está derrotado. Maduro ha sido un sobreviviente. Maduro ha sabido resistir. Sabe administrar la crueldad. Sabe administrar el chantaje y la presión hacia los suyos y el enemigo. Esta vez la cuantía de frentes abiertos supera el número de aliados, fortalezas y recursos. Con decir, que hasta el entorno inmediato tiene problemas que le generan cuadros de duda e incertidumbre, y de allí pueden surgir factores que le retiren el apoyo. Maduro tiene enfrente a un joven que no representa el pasado, y ni siquiera puede acusarlo de oligarca y burgués. Maduro mantiene un discurso militar mientras que Guaidó habla con el tono y el fondo del dirigente civil, y esto hoy es una fortaleza, luego de años de impronta militar. La política de Maduro ahora es lenta pues debe medir los pasos y las reacciones internas. Guaidó también va a un ritmo. Sin prisa pero sin pausa. Porque lo primero que se ha propuesto es el despertar de las fuerzas que se oponen al régimen. Y es convencer a los otros factores de la ruta. Y que la misma se recorra en unidad. En resumen, Guaidó está proponiendo que es posible el cambio, y que es posible la transición, y que una vez lograda, lo primero es la reconciliación, la amnistía y un pacto de país. Le está diciendo a Venezuela que la recuperación económica también es posible, y de allí la suma de apoyos internacionales, de países dispuestos a ayudar.


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Veinte años de estafa. De Henrique Capriles

Uno de los líderes de la opsición democrática venezolana, Henrique Capriles, hace balance de 20 años del régimen chavista. Capriles ha sido presidente de la Cámara de Diputados hasta su disolución por la Asamblea Constituyente de Hugo Chávez en 1999, alcalde de Baruta, gobernador del Estado de Miranda y candidato opositor a la presidencia.

Segunda Página

Hwnrique Capriles, ex gobernador de Miranda

Diciembre 2018 / HENRIQUE CAPRILES

Esta semana se cumplieron dos décadas de una de las más lamentables farsas políticas en la historia de América Latina: el inicio de una supuesta “revolución” que prometió justicia social, pero que en veinte años sólo ha conseguido convertir la vida de los ciudadanos en un infierno, marcado por el hambre, la corrupción y la muerte. Nuestra amada Venezuela es en 2018 el país más pobre de toda la región.

Cuando Hugo Chávez Frías llegó al Poder, luego de las elecciones de diciembre de 1998, en Venezuela se inició un proceso, premeditado y alevoso, cuyo objetivo inicial fue fracturar a la sociedad en dos sectores polarizados que instalaron en el país una confrontación infértil y el caldo de cultivo para las desgracias que hoy vivimos los venezolanos.

Al comprender que sólo dividiéndonos sería posible instalar en Venezuela su tipo de gobierno, la Democracia venezolana fue herida de muerte. Y así comenzaron la instalación de un modelo político autoritario y corrupto, el secuestro de las instituciones y la quiebra del aparato productivo de la Nación por acciones que van desde las expropiaciones y los controles de precios y de cambio, hasta una serie de políticas públicas ideadas para quebrar a la inversión privada y hacer al pueblo cada vez más dependiente del gobierno.

Aun así, para muchos debe mantenerse viva una pregunta que los hechos han ido respondiendo: ¿cómo fue que logró instalarse en Venezuela un proyecto tan vil e ineficaz a la vez?

Y para responderla hay que echar mano de la historia y hacerse cargo de aquello que, desde el liderazgo opositor, quizás no hayamos sabido leer, responder ni aprovechar.

Tal como recuerda en un trabajo publicado la profesora Margarita López Maya, el chavismo apareció en medio de un hartazgo del pueblo en cuanto a la corrupción de las élites y sucesos significativos, como El Caracazo o las dos intentonas violentas de golpe de Estado en 1992. Si a eso le sumamos la fiereza con la que la antipolítica se apoderó de todos los discursos posibles, incluso en los políticos de aquella vieja guardia que alguna vez enfrentó la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez, la llegada al Poder de Hugo Chávez se convirtió en un riesgo inminente, en una amenaza cumplida, en un mal augurio.

Y aunque muchos advertimos que el peligro de la instalación de un gobierno no creyente de las reglas democráticas estaba latente en un proyecto como el propuesto por el entonces candidato Chávez, muchos hicieron oídos sordos y se dedicaron a emborracharse de carisma con el presunto outsider de este cuento.

Los partidos no resistieron la embestida. La democracia había sido lacerada. Había que hacer algo.

Ante la fragmentación de la sociedad, surgimos una nueva generación de políticos empeñados en no cometer los errores del pasado. Así le dimos forma a proyectos que terminaron transformándose en partidos políticos de un nuevo siglo y en una nueva manera de entender la política como un compromiso con la idea de estar al servicio del Pueblo.

Sin embargo, mientras esto sucedía en las filas de la naciente oposición, el oficialismo hacía uso de un lenguaje simplista, demagogo, que insistía en dividir a la sociedad con premisas fundadas en el odio, el revanchismo, la frustración.

Aprovechando que estábamos peleando entre nosotros, Hugo Chávez logró que su partido empezara a crecer gobierno adentro. Se tratara del MBR-200, del MVR o del hipertrofiado PSUV, Chávez se encargó de hacerle creer a su militancia que era él quien encarnaba al Estado y que sus antojos y caprichos estaban justificados en ese revanchismo peligroso y malsano que confunde la justicia con la venganza.

Después de los sucesos de abril de 2002, creo que el oficialismo tuvo que reconocer que aquel disfraz de políticos alternativos con el cual tapaban su verdad ya no les servía.

Quizás Venezuela fue el único país petrolero al cual la época de la bonanza, con un barril de petróleo que durante años rondó los cien dólares, le trajo más malas noticias que buenas. La cantidad de dinero que entró en Venezuela por concepto del petróleo patrocinó una de las cleptocracias más sinvergüenzas del mundo.

Robaron. Hoy siguen robando, pero en aquel momento robaron sin piedad. Robaron mucho. Robaron a manos llenas. Y mientras sus equivocaciones iban conduciendo al pueblo hacia el hambre, la enfermedad, la muerte, decidieron no rectificar.

Hugo Chávez y su petrochequera seguían por el mundo comprando complicidades. Regalaron nuestro petróleo, empeñaron nuestro futuro e hicieron los peores negocios que Venezuela ha hecho en su historia comercial. Los mismos negocios que hoy tienen a nuestro país hipotecado a China y Rusia.

Su supuesto “carisma” pretendió comprar el apoyo de naciones que incluso habían sido diezmadas y torturadas por totalitarismos militares, disfrazando su autoritarismo de generosidad continental. Un capricho petrolero que le salió irresponsablemente caro al país, pero bastante barato a Cuba, a China y en especial a Petrocaribe.

Y así, entre un capricho y otro, el oficialismo convirtió al Banco Central de Venezuela en el alcahuete de PDVSA, contaminó instancias como el Tribunal Supremo de Justicia o el Consejo Nacional Electoral y llenó el mapa de violencia, dándole a sus colegas militares un poder casi infinito en cuanto al monopolio de la violencia, pero sin olvidar que también era necesario armar su propio aparato parapolicial y así llenar los barrios y las zonas populares de armas a favor de un proyecto político.

Aun así llegó 2007, el año en que aquel hombre que se creía indestructible y que supuestamente estaba en contra del estatus quo perdió los estribos. El problema de creerse invencible es que nunca estás preparado para la derrota. Y aquel año, como dice el adagio, la verdad nos hizo libres.

Y entonces el proyecto político se reconoció en su esencia: lo único importante era mantenerse en el Poder, bien fuera a punta de real o a punta de pistola.

El pensamiento único fue, poco a poco, cercando a quienes menos tienen. Y en los barrios, en el campo, en la pobreza, el ciudadano se iba convirtiendo en un sujeto dependiente de los mismos caprichos que destrozaron a la democracia y la separación de poderes.

No hubo más alternancia. No hubo pluralidad. No hubo tolerancia.

La violencia y la corrupción son las únicas constantes en su proyecto de país.

Y en 2012 y en 2014 y en 2017 y hoy en día reprimen y amenazan a las fuerzas opositoras y democráticas desde donde hemos decidido defender a una mayoría verdadera.

La muerte de Hugo Chávez y el relevo de Nicolás Maduro, en unas condiciones de facto que todos en el país conocemos, terminó de poner en evidencia que la supuesta “revolución” no fue sino una farsa, ideada para que un grupito se enriqueciera, mientras el resto no sabe qué comerá mañana y el déficit fiscal sigue creciendo, convirtiéndonos en uno de los dos únicos casos de hiperinflación en lo que va del siglo.

La supuesta “revolución” pasó de tener un amplio respaldo en las urnas electorales de 1998 a ser una tiranía que tiene miedo de medirse en unas elecciones libres y que, además, hoy es responsable del mayor éxodo de venezolanos en nuestra historia desde la Independencia.

Una revolución convertida en una vergüenza política irreparable.

Han ejercido el Poder durante dos décadas y no son responsables sino de muertes y desgracias. Hagan el repaso y se darán cuenta: no existe ni siquiera un programa social, una obra de insfraestructura, una política pública o algún plan de gobierno del cual puedan sentirse orgullosos.

Tanto es así que se han dedicado a amenazar, perseguir, encarcelar e incluso asesinar a los líderes políticos que no nos callamos y que nos mantenemos del lado del Pueblo, acompañándolo en sus desgracias y buscando juntos las soluciones posibles y la conquista de la Libertad y la Democracia.

Aun así, muchos seguimos aquí. Trabajamos como nunca para no repetir errores. Nos ha tocado asumir las equivocaciones, rectificar, hacernos cargo. Y lo hacemos porque tenemos un compromiso real con quienes han puesto el pecho en nombre de una lucha común.

A pesar del blackout en los medios, a pesar de las amenazas y la violencia, seguimos aquí convencidos de que pronto seremos gobierno. Y sobretodo lograr que ese cambio por el que tanto hemos soñado los venezolanos se convierta en una vigorosa realidad.

Y para entender esto es importante asumir que el contexto ha cambiado: ya no hay un líder carismático comprando consciencias con una petrochequera, porque incluso fueron capaces de quebrar a la mayor petrolera estatal del continente por su afán de robar y destrozar el aparato productivo.

Ha sido difícil poner en evidencia global las características autoritarias que el gobierno venezolano ha impuesto durante estos veinte años. En algún momento el dinero ayudó a distraer las consciencias. Sin embargo, ya el costo político es demasiado alto: ninguno de los cómplices de siempre está dispuesto a seguir siendo asociado con Nicolás Maduro, mucho menos cuando casi todos han perdido el Poder.

Nicolás Maduro ha decidido ejercer el peor rol y con eso marcará la debacle de los vestigios de credibilidad política que todavía algún distraído podría adjudicarle al chavismo gobernante. Y no porque el 10 de enero sea una fecha mágica, sino porque decidieron mantenerse en el Poder a como diera lugar, sin importarles si eso significaba asfixiar al pueblo y matarlo de hambre, con tal de no soltar los privilegios.

Son veinte años que deben servirnos como aprendizaje político.

Son veinte años que deben servirnos como una lección contra la antipolítica, la fascinación por los outsiders y los vendedores de humo.

Son veinte años de una dolorosa farsa que cuando tenga que hacer su inventario conseguirá muchas más vergüenzas y crueldades que obras y conquistas.

No permitamos que vuelva a instalarse el espejismo de la antipolítica como una opción. Trabajemos juntos y asumamos la necesidad de convertir estos veinte años en algo que no deberá repetirse nunca más. Es nuevamente hora de rescatar la democracia y nos corresponde blindarla contra el revanchismo, el falso populismo y la demagogia. Si cumplimos con ese objetivo, si asumimos la responsabilidad y entendemos que sólo entre todos podremos reparar el inmenso daño que han hecho en estas dos décadas, nada impedirá el progreso de nuestra Venezuela.

El futuro es nuestro. Y es indetenible. ¡No lo olvidemos!

¡Que Dios bendiga a Venezuela!


Frente Amplio Venezuela Libre hace público su manifiesto

El Congreso Venezuela Libre, en el Aula Magna de a Universidad Central de Venezuela, inaugurado por Luis Ugalde s.j., exrector de la Universidad Católica Andrés Bello.

Luego de divisiones y derrotas en los últimos dos años, la oposición democratica de Venezuela se está redefiniendo, ampliando y adoptando un nuevo lenguaje. El “Frente Amplio Venezuela Libre”, luego de meses de consultas en todo el país, presentó el 26 de noviembre su Manifiesto Venezuela Libre.

Segunda Vuelta

26 noviembre 2018 / Frente Amplio Venezuela Libre

Somos el Congreso Venezuela Libre. El encuentro de una gran cantidad de sectores sociales y políticos, de las fuerzas democráticas de todo el país, convocados por el Frente Amplio para intercambiar propuestas y coordinar acciones. Representamos una nueva forma de organización del país democrático. Resueltamente decididos a construir una instancia de encuentro social y político a través de la cual pondremos en marcha el cambio político definitivo en nuestro país. El país nos demanda construir una Unidad Superior, y no descansaremos en este esfuerzo.
Nuestros objetivos son transparentes y democráticos: accionar todas nuestras decisiones desde el consenso que resulta del debate eficaz y oportuno, organizar las fuerzas democráticas que componen a la sociedad venezolana, plantear las líneas estratégicas de la lucha por el cambio definitivo en la política nacional y, sobre la base de estas orientaciones, ser la voz que cuente la historia verdadera del proceso que estamos llevando adelante.
Así, a partir de las propuestas e ideas esenciales del Congreso Nacional Venezuela Libre, resultado de los exitosos Congresos Regionales, hacemos de conocimiento público el siguiente Manifiesto:

I. Este Congreso marca el inicio de una etapa de reunificación de todas las fuerzas democráticas dispuestas a enfrentar a la dictadura para superar la crisis humanitaria que azota a los venezolanos, permitir que todos vivamos en condiciones dignas del ser humano, conquistar la libertad y, en lo adelante, evitar que el populismo y el autoritarismo la pongan en riesgo.

II. Definimos el 10 de enero de 2019 como una fecha que representa un hito histórico en esta etapa oscura de la vida nacional. Ese día vence el periodo presidencial vigente. Con ello desaparece por completo cualquier vestigio de legitimidad de un dictador totalitario que por la vía de los hechos ya carecía de ella, razón por la cual, a partir del 10 de enero, ocurriría una usurpación continuada del poder presidencial, pues quien pretende ejercerlo lo haría sin la legitimidad de origen que solo da la voluntad del pueblo.

III. Por ello, nos organizamos desde ahora en instancias tácticas, estratégicas y logísticas para darle cauce al creciente malestar social del pueblo venezolano, víctima de una terrible crisis humanitaria y de un brutal proceso de empobrecimiento generalizado, a través de la protesta pacífica de calle que aumente la presión sobre la dictadura y haga cesar la usurpación.

IV. El Frente Amplio Venezuela Libre se compromete a construir las bases de un Acuerdo Nacional que defina las reglas de una transición ordenada e inmediata y que garantice la plena vigencia de la Constitución de 1999 como instrumento jurídico- constitucional que unifica el sentimiento de la mayoría del pueblo venezolano. En este sentido, reconocemos a la Asamblea Nacional como la única institución con legitimidad democrática y responsabilidad institucional para garantizar y conducir la transición.

V. Junto a las reglas para una transición ordenada e inmediata, el Frente Amplio Venezuela Libre se compromete a presentar un Plan de Políticas Públicas para ser ejecutado en el momento de la reconstrucción nacional. Serán diez las prioridades de este Plan de Gobierno en Consenso:

  1. Atención de la emergencia humanitaria compleja en materia de salud y alimentación, con énfasis en nuestra población más vulnerable.
  2. Cambio del modelo político, económico y social.
  3. Atención inmediata a la crisis económica. Detener la hemorragia causada por la hiperinflación y recuperar el poder adquisitivo de la población.
  4. Recuperación de los servicios públicos para hacerlos eficientes y sostenibles.
  5. Reestructuración de las instituciones y lucha frontal contra la corrupción, que incluya la recuperación de activos provenientes de ella.
  6. Respeto a los derechos laborales, a fin de garantizar el acceso de todos al trabajo, a un salario digno y a la posibilidad de crecer económica y socialmente en progreso y en paz.
  7. Reforma integral del sistema de seguridad ciudadana, que incluya no sólo la reducción drástica de los índices de criminalidad que desangran a nuestro pueblo sino también la recuperación de territorios tomados por grupos irregulares, y respeto de los Derechos humanos de todos por igual.
  8. Compromiso pleno con la educación masiva y de calidad de los venezolanos, para que sin importar lugar de nacimiento o situación social, todos tengamos la posibilidad de desarrollar nuestro potencial como seres humanos.
  9. Compromiso con el restablecimiento de la dignidad de nuestra Fuerza Armada Nacional, con la mejora en las condiciones de vida y de servicio de sus integrantes, todo lo cual pasa por el respeto estricto a su naturaleza y funciones, descritos de manera clara en el artículo 328 de nuestra Constitución Nacional.
  10. Reconciliación nacional y justicia, y desmontaje del lenguaje y prácticas de odio que dividen y explotan a los venezolanos.

VI. El Frente Amplio Venezuela Libre se ofrece como el lugar de encuentro nacional para coordinar la Protesta Social y la Defensa de la Democracia, que tendrán como fin último la transición democrática.

VII. El Frente Amplio Venezuela Libre anima a la comunidad internacional a continuar reconociendo las luchas democráticas del pueblo venezolano, y a intensificar la presión y las acciones que contribuyan con la salida de la dictadura. La dictadura venezolana es una amenaza para todos los pueblos libres del mundo, y en especial de nuestra América.

VIII. El nuestro es un compromiso con la construcción de una estructura organizativa funcional y efectiva, que haga posible reforzar la necesaria organización ciudadana y la acción de nuestros objetivos en cada uno de los rincones del país. Para ello hacemos un llamado al trabajo conjunto con otras organizaciones ciudadanas y populares. La Unidad Superior es nuestro norte.

IX. Convocamos a toda la ciudadanía a defender la Constitución, y de manera especial a los hombres y las mujeres de la Fuerza Armada Nacional a asumir su responsabilidad con el inmediato restablecimiento del orden constitucional. La dictadura es un peligro para todos los venezolanos, tanto civiles como militares. La represión es contra todos por igual y se da en las calles y dentro de los cuarteles también. Necesitamos rescatar el espíritu cívico de unidad del 23 de enero de 1958.

X. Los hijos e hijas de esta tierra llamada Venezuela, hoy le decimos al mundo, a nuestros hermanos de otras latitudes y pueblos, que estamos decididos a ser plenamente libres. Gritamos a todos los vientos que NO habrá dictador alguno que pueda contener la fuerza y la férrea determinación del pueblo de Venezuela en la lucha por su libertad, su soberanía, su felicidad, su prosperidad, y por una sociedad democrática e inclusiva.

Todos somos hijos, hermanos o hermanas, padres o madres, somos el PUEBLO DE VENEZUELA, y podemos encontrarnos en la Constitución vigente. Somos el país con el que soñamos ser y por el cual luchamos: un país de oportunidades, un país de igualdad, de acceso a bienes y servicios públicos, donde se respeten TODOS los derechos de TODOS, incluyendo a quienes disienten de nuestras ideas.


Lorent Saleh, preso y torturado cuatro años por el chavismo: “Buscaban anular todos mis sentidos”

Fotos: ANTONIO HEREDIA

Entrevista de CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO a Lorent Saleh, 28 octubre 2018 / El MUNDO

Hijo único de una humilde costurera soltera de origen palestino, a los 20 años se convirtió en activista por los Derechos Humanos en su país, Venezuela. El chavismo lo encarceló y torturó cuatro años, hasta que el pasado 12 de octubre aceptó trasladarlo a España. En 2017 fue distinguido con el Premio Sajarov. Esta es la primera entrevista que concede a un periódico ya como un hombre libre.

Pregunta.- Ha estado cuatro años preso en Venezuela. Más de la mitad, en un lugar siniestramente llamado La Tumba. ¿Qué es La Tumba?

Respuesta.- La Tumba es un centro de tortura. Está ubicado cinco pisos bajo tierra, en un edificio del centro de Caracas llamado Plaza Venezuela, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Es un laboratorio creado para la aplicación de un tipo muy particular de torturas. Un lugar sofisticado, moderno.

P.- ¿Moderno?

R.- Muy moderno. La gente no lo sabe. Sólo ha visto imágenes de El Helicoide, el otro gran centro de tortura del régimen chavista.

P.- Un lugar sórdido.

R.- El Helicoide es lo criollo, el garrote, la costilla rota, el bate. Es la secuela de la decadencia de lo que una vez fue la cuarta República venezolana. El edificio es viejo y su interior es sórdido, sí. Plaza Venezuela es distinto. La institución es la misma, pero la estética y los métodos son diferentes. La Tumba es la tecnología y la tortura psicológica. Todo brilla. Todo es limpio y blanco. El silencio es absoluto; la soledad es completa. Parece un manicomio futurista. El Helicoide es el hacinamiento, el mal olor, las cucarachas y las ratas. La Tumba son los espejos, las cámaras, las paredes blancas. Se huele perfectamente el tufo extranjero.

P.- ¿Cubano?

R.- Ruso-cubano. No es Venezuela. El venezolano rompe costillas. No te saca la sangre antes de un interrogatorio para debilitarte. No te expone a la tortura blanca.

P.- ¿Qué es la tortura blanca?

Lorent Saleh hace una larga pausa mientras mira de reojo hacia su madre, que está sentada a unos metros, junto a la ventana. Espera que ella abandone la habitación. Luego se sienta en una silla, con las manos cogidas a la espalda.

R.- ¿Diría usted que estoy siendo torturado?

P.- No…

R.- A mí me tomaron una foto así. Cualquiera hubiera dicho: “No está tan mal Lorent”. ¿Pero qué pasa a las 12 horas de estar en esta posición, con las manos esposadas y una intensa luz blanca en la cara? ¿Y a las 24? ¿Y a la semana? Extenuado. Destruido. Haciéndome todo encima. Los mecanismos de protección y garantías de los derechos humanos han evolucionado en los últimos 70 años, pero menos que los métodos de tortura.

Lorent se pone de pie. Levanta un brazo a la altura del hombro y lo coloca sobre una estantería, como si lo tuviera atado.

R.- Esposado así. Soportando chorros de agua sobre el cuerpo cada hora. La luz blanca, siempre blanca… Luego la corriente eléctrica… Los golpes. Te rodean las muñecas de tirro -papel periódico con cinta adhesiva- para que las esposas no dejen marca. Lo mismo en la cabeza. Y esto en mi caso. Se cuidaban de no dejar huella. Buscaban métodos alternativos a la violencia a palos, porque no les convenía. A otros presos directamente les rompían las costillas y los dejaban morir.

P.- Lo trasladaron a La Tumba desde Colombia. El ex presidente Santos afirmó en una entrevista a El Mundo que la suya había sido una extradición legal.

R.- Juan Manuel Santos, Nobel de la Paz, me secuestró y me entregó en un pacto con Maduro.

P.- ¿Por qué?

R.- Primero, porque yo llevaba tiempo denunciando su complicidad con la dictadura. El proyecto personal de Santos -el acuerdo con las FARC y el premio Nobel- chocaba con la causa de la democracia en Venezuela. Santos necesitaba complacer a Maduro, que además lo tenía bajo chantaje a través de la guerrilla. Las FARC, el ELN y los grupos narcoterroristas con los que Santos buscaba un acuerdo forman parte del régimen venezolano. Maduro tenía la capacidad de tumbar el proceso de paz. En segundo lugar, yo llevaba tiempo trabajando en Colombia sobre un asunto incómodo para Santos en ese momento: la ocultación de víctimas de las FARC. Durante el proceso de paz, nadie hablaba de los asesinados, los secuestrados, los desaparecidos. Mi ONG, sí. Las dos cosas se sumaron y Santos me entregó. No fue una extradición ni una deportación. Nunca hubo orden de captura de un tribunal venezolano ni una solicitud de Interpol. Nunca me presentaron ante un tribunal en Colombia. Nunca compareció un fiscal. No me permitieron defenderme. Santos me secuestró y me entregó a sabiendas de lo que me pasaría.

P.- Lo llevaron a La Tumba.

R.- Cuando llegué me desnudaron. Me fotografiaron. Me raparon. Me pusieron un traje color caqui. Y empezamos a cruzar puertas. Gruesas. Blindadas. Hasta llegar a una sala cubierta de espejos y cámaras. Todo estaba limpio, impoluto. Sentí el poder. Absoluto. Totalitario. Atravesamos dos pasillos estrechos. Puertas y más puertas. De pronto oí un rugido, como de una turbina. La descompresión. Y luego otra puerta. La abrieron. Y entramos. Parecía el cuarto de refrigeración de un matadero. Había sólo siete calabozos. Todos vacíos. Me metieron en uno y cerraron las rejas. Miré a mi alrededor. La celda era pequeña, de dos metros por tres. Había una cámara en el techo, que seguía todos mis movimientos. Un timbre. Un colchón sobre una lámina de cemento. Y dos potes, uno para beber agua y otro para orinar. Y pensé: Uhhhhh…

P.- Uh…

R.- La sensación de haber sido aplastado por el Estado en su mayor expresión de violencia y terror. Literal y figuradamente. Escuché el ruido del Metro sobre mi cabeza. Pensé en toda esa gente, esos viajeros más o menos despreocupados. Me dije a mí mismo: “Ninguno de ellos sabe que yo estoy aquí, debajo, enterrado en un sarcófago blanco”. Y también: “Jamás saldré vivo de este agujero”. En un lugar así, ni siquiera hace falta que te pongan un dedo encima. Tú deseas que te golpeen.

P.- ¿Deseaba que le golpearan?

R.- Espere. Necesito terminar la descripción. El frío. Glacial. Lo utilizan para encogerte. Para que no puedas moverte. Para reducirte a una lámina de piel. Para jibarizarte. Para que sepas que el individuo, tú, no vales nada. Por más que te hayas preparado para algo así, y los activistas venezolanos en Derechos Humanos estamos preparados, te hundes. Yo empecé a llorar.

P.- ¿Cómo sobrevive un hombre en esas condiciones dos años?

Lorent Saleh levanta una pierna y golpea el zapato contra el suelo, dos, tres, cuatro veces.

R.- Esto es lo que hacen: pisarte, pisarte, pisarte. Pero no matarte. Eso es lo peor. No te matan. Te dejan ahí para poder levantar el zapato y mirarte y reírse. ¿Me explico?

P.- Sí, por eso con más motivo le pregunto: ¿cómo sobrevivió?

R.- Mi madre dice que me robaron cuatro años de vida. Yo creo que no. Ni me los robaron ni los perdí. El tiempo no se detuvo. Yo entré en la cárcel con 26 años y salí con 30. Lo que aprendí no me lo quita nadie.

P.- ¿Qué aprendió?

R.- El poder de la contemplación. El valor de lo esencial que parece invisible. Los periodistas y los políticos quisieran que yo hablara de otras cosas. Pero para mí esto es lo fundamental. ¿Cuánto vale el color verde? ¿Y el azul? Yo estuve en un sarcófago blanco, como un ciego, meses y meses. ¿Y cuánto vale la conciencia del tiempo? No es que yo no supiera si era de día o de noche. Es que no sabía si había dormido una hora o diez. ¿Y qué valor tiene un espejo? Cuando no te ves la cara durante mucho tiempo te olvidas de cómo eres. La primera vez que me vi en un espejo tuve un ‘shock’. Me palpé, susurré… “Éste soy yo”. El cielo no es cualquier cosa. El sol, la luna, la lluvia, las estrellas… tampoco. Unos zapatos. Una silla. Yo peleé tanto, como un loco, para conseguir cosas que a cualquiera le parecerían irrelevantes. Hice una huelga de hambre de 18 días para que me dieran un reloj. La Defensora ¡del Pueblo! me decía: “¿Dónde está escrito que un reloj es un derecho humano? ¿Dónde dice que debamos dejarle una mesita?”.

P.- Algunas cosas consiguió.

R.- Sí, aunque luego me las quitaban. Me gusta leer y escribir. Octavio Paz y Borges son mis autores favoritos. Recuerdo cuando por fin me dieron un lápiz. Gastado. Como un tapón. Y una hojita. ¡No quería que se acabara nunca! Escribía con letra diminuta. La giraba. Buscaba rinconcitos blancos donde seguir escribiendo. El valor de las cosas… Fui sometido a una técnica de aislamiento celular. Su objetivo es anular, uno a uno, todos los sentidos del preso, hasta que ya no sabe si está vivo o muerto. ¿Y sabe usted cuál es la única forma de averiguarlo? El dolor. Por eso quieres que te golpeen. Y por eso te golpeas a ti mismo. Contra el suelo. Contra los barrotes. Contra lo que sea. Buscando la sangre. Porque solo la sangre y el dolor te reafirman en que sigues existiendo.

P.- Usted intentó suicidarse.

Lorent Saleh se arremanga la camisa y estira el brazo izquierdo. Dos gruesas cicatrices cruzan sus venas.

R.- Lo intenté cuatro veces. Pero ahí entró en juego algo distinto. Llevaba más de un año en La Tumba. Sabía que el régimen no iba a soltarme y que yo no iba a ceder. Y tomé una decisión: mis carceleros ya no dormirían tranquilos; no verían relajadamente la televisión mientras yo estuviera ahí. Y así lo anuncié: “Yo estoy dispuesto a matarme. Y si me mato ustedes van a ir presos. Y a sus jefes les dará igual. Los sacrificarán como insectos”. No era un: “¡Oh, ah, quiero morirme!”. Al contrario. Era mi último recurso. Como una huelga de hambre, pero más fuerte. Porque ellos debían saber que iba en serio. Mis intentos de suicidio fueron una forma de desafío a la dictadura.

P.- Se cortó las venas.

R.- La primera vez intenté guindarme.

P.- ¿Guindarse?

R.- Sí, colgarme. Con una sábana. Pero me vieron a través de la cámara. Entonces tuve que diseñar otra estrategia. Al baño siempre debía ir acompañado de un funcionario. Cuando por fin permitieron que me afeitara empecé a simular el mayor sometimiento. Para que cogieran confianza conmigo y bajaran mínimamente la vigilancia. Y así me fui llevando a mi celda trocitos de cuchilla de afeitar. Hasta que un día, de madrugada… A partir de entonces, un funcionario tuvo que dormir en mi celda cada noche. Con un ojo medio abierto, aterrado. Una noche intenté colgarme de las rejas. Mi carcelero se despertó y se abalanzó sobre mí para salvarme ¡y salvarse! Otro día, volviendo del baño, le cerré la puerta en la cara. Le dije: “Estoy cansado. Se acabó”. Y me volví a rajar. A los dictadores hay que desafiarlos. Para que sepan que no son dioses. Que también pueden sangrar y llorar y sufrir. Y que sus abusos tienen un coste, no sólo para los demás. Ésa es la verdadera resistencia: el desafío.

P.- ¿En su caso, cuál era el objetivo concreto de las torturas?

R.- Que denunciara a Antonio Ledezma, María Corina Machado, Leopoldo López o Álvaro Uribe. Con Uribe tenían una obsesión. Y yo era la pieza que les faltaba en su delirante narrativa: Colombia, los paramilitares, la oposición venezolana, los gringos. Algo parecido le ocurrió a Joshua Holt, un mormón americano con el que coincidí en El Helicoide. Lo detuvieron simplemente por ser catire -rubio- de ojos azules. El enemigo yanqui… Reforzaba su relato.

P.- Después de dos años y medio en La Tumba, fue trasladado al Helicoide.

R.- El cambio fue difícil. Yo estaba acostumbrado al silencio y a la soledad. El Helicoide era ruido, mugre, hacinamiento, depravación. Presos políticos y opositores se mezclaban con presuntos corruptos y 200 presos comunes. Me enfermé.

P.- ¿Cómo es El Helicoide?

R.- El Helicoide es la pura expresión del Estado mafioso. Ahí reina la extorsión, sobre todo económica. A niveles que nadie es capaz de imaginar. Hay presos que han llegado a pagar 200.000 dólares a cambio de una celda un poco mejor. Sus familias se han endeudado, y sus hijos y sus nietos. Y luego están los corruptos, reales y presuntos. El SEBIN sabe que Fulano tiene dinero. Le montan un expediente simulando un hecho punible, igual que a los presos políticos. Lo secuestran. Lo encierran. Lo torturan. La familia de Fulano no tiene adónde denunciar, claro, porque es la propia policía la que lo tiene secuestrado. Y entonces le dicen: “Venga, Fulano, paga tanto”. Y Fulano paga.

P.- Y ellos lo llaman “lucha contra la corrupción”.

R.- Es la peor corrupción. Y es endémica. Para el Gobierno tiene dos ventajas. En plena ruina económica, le permite pagar a los funcionarios esbirros. Y al mismo tiempo garantiza que le serán férreamente leales. Si cualquiera de estos funcionarios decidiese un día hacer lo correcto, bastaría recordarle su historial para que volviera volando al redil criminal. Así funciona el sistema de terror en Venezuela. Y por eso yo no podía demostrar la más mínima debilidad.

P.- ¿Otros sí lo hicieron?

R.- Yo he visto a hombres arrodillarse para que les golpearan. Y lo peor -lo más terrible y estremecedor-, he visto a hombres no hacer nada frente al sufrimiento de otros hombres. He visto presos colgados tres días de una reja. Crucificados. Y a otros presos pasar a su lado, como si nada. He visto a reclusos prestarse para maltratar a otros reclusos, creyendo que así evitarían ellos ser maltratados. Y eso no sucedía, claro. También era maltratados. Y más todavía. Porque nadie, ni sus carceleros ni sus compañeros, confiaba ya en ellos. Es tan enfermo, tan trágico: ver al ser humano en su estado más elemental y miserable. Como el judío que lleva a otro judío al horno. Eso ha conseguido el chavismo, la deshumanización más abyecta.

P.- No sé qué decir.

R.- Déjeme que lo diga yo. Unos se acostumbran a golpear, someter, torturar. Pero lo peor es que otros se acostumbran a ser golpeados, sometidos, torturados. Es como el elefante bebé, al que atan de una cadenita con un clavo al suelo. Y el elefante crece y se hace inmenso, pero sigue ahí, encadenado. Porque no sabe que le sobra fuerza para romper la cadena con un solo movimiento. El ser humano es así. Es el animal más doméstico. En El Helicoide tratan a los presos peor que a los perros y la mayoría lo soporta.

P.- ¿Usted nunca se sometió?

R.- Sí. Una vez callé. Y fue el peor día de mi estancia en la cárcel. De mi vida. Una mañana desperté escuchando el llanto de un hombre rogando clemencia. Y luego un golpe seco. Y otro. Y al mismo tiempo la risa del torturador. Me fui hacia los barrotes de mi celda. Nadie decía nada. Sentí asco. Empecé a llamar al funcionario, temblando de miedo. Y el funcionario apareció. Con una naturalidad absoluta. Llevaba la gota de sudor en la frente. Jadeaba. Tenía una sonrisa en la cara. Me preguntó, amable: “¿Cómo estás, Lorent? ¿Qué necesitas?” Y me hundí. La gota, su respiración agitada de tanto golpear, y esa sonrisa… Era un funcionario al que yo había creído incapaz de hacer algo así, distinto a los demás. ¿Cómo podía ser tan cruel con otro hombre y tan amable conmigo? ¿Cómo digerir eso? No supe qué decirle. Regresé al fondo de mi celda, como un perro. Esa noche tuvieron que doparme. Había destruido el calabozo. Me había dado golpes contra las paredes. Lo había roto todo. Nunca más callé. Pero no me perdono haber callado ese día. Fue una traición. A ese hombre. A mí mismo. A mi causa.

P.- También aprendió.

R.- Muchas veces, para justificarse, los funcionarios decían: “Éstos a los que golpeamos son presos comunes, delincuentes”. Y aunque lo fueran, ¿qué? Como si el hecho de que una persona sea un criminal te diera a ti el derecho a dejar de ser humano. Ahora bien: ¿torturar es de humanos? Piénselo… Yo creía que no lo era. Pero quizá estaba equivocado. El hombre no es un buen salvaje. Rousseau se equivocó. El socialismo y el comunismo también, claro. Por cierto, ¿por qué el nazismo está prohibido y el comunismo, no? ¿Lo ha pensado alguna vez?

P.- Muchas veces… Usted protagonizó el motín de El Helicoide.

R.- Sí, sé que las imágenes tuvieron un impacto mundial. El motín se veía venir. Fue la acumulación de muchos factores: las extorsiones, las torturas, el secuestro de menores de edad… Muchachos de 16 años hacinados en una celda. Yo no lo podía soportar. Y El Helicoide explotó. Y se demostró lo que le comentaba hace un momento, con la metáfora del elefante. El ser humano tiene una fuerza impresionante, sólo que no lo sabe. Nosotros volamos todas las rejas de ese maldito lugar. Tomamos todas las cámaras de seguridad. Yo destrocé los tres candados de mi celda con mis propias manos. Los funcionarios vieron eso y huyeron. Ese día descubrieron que ellos también sangran, aunque no sufrieron un rasguño. Ese día se dieron cuenta de que ahí había hombres, no insectos. Lo mismo ocurre con la sociedad.

P.- Después del motín, tres grupos de presos fueron liberados. Usted no.

R.- Yo tuve que asumir el castigo del motín y fue sumamente duro. Vi cómo eran liberados todos mis compañeros, activistas y presos políticos. Dos personas que se despiden a través de las rejas, el calor humano dividido por el frío del acero. No es fácil, no. Cuando sueltas la mano y te quedas solo… Te agarras la cabeza, esperas el latigazo del huracán y al mismo tiempo piensas: ¿por qué él sí y yo no, cuando tengo más derecho, cuando llevo más tiempo? Y te sientes un miserable por pensarlo. Y llegas a la conclusión de que Dios no existe o que no le importa. Y entiendes que sólo hay una salida para soportar lo que viene: asesinar cualquier esperanza de salir en libertad.

P.- ¿Cómo lo hizo?

R.- Renunciando a todo. A lo más importante, incluso al amor a la familia. Yo soy liberal, de derechas y católico. Pero en esos momentos hubo dos cosas que me ayudaron especialmente. Estudié el budismo como forma de desprendimiento. Y empecé a leer los discursos de Pepe Mujica [el ex presidente de Uruguay]. Mandela es la referencia universal de cualquier preso, pero su tiempo y circunstancias me son ajenas. Mujica, en cambio, estuvo 13 años preso en una cárcel llamada precisamente La Tumba. Y leer sus textos era como leer mi mente. Sobre todo una frase suya, que hago mía: “Descubrí qué tan duro grita la hormiga”. Es decir, el valor de la contemplación. De la concentración en los detalles más ínfimos como forma de supervivencia.

P.- A usted lo liberaron pocos días después de la sospechosa muerte del concejal Fernando Albán, que cayó del décimo piso de Plaza Venezuela. ¿Cree usted que lo mataron?

R.- Sospecho que lo lanzaron ya muerto, aunque lo mismo daría si se hubiera tirado él. También sería una víctima directa de la dictadura. Yo estuve en ese mismo piso 10, junto a esa misma ventana, y conozco la desesperación que podría llevar a un hombre a saltar.

P.- ¿Por qué ha sido liberado?

R.- Se ha especulado mucho sobre los motivos. Hasta se ha dicho que fue gracias al ex presidente Zapatero. Es falso. Zapatero no tuvo nada que ver con mi liberación. Yo soy libre por un cúmulo de factores. El primero, la lucha de mi madre. Luego, la presión de los periodistas, cuando ni siquiera los políticos querían hablar de mi caso. El trabajo de mis abogados. El apoyo del Parlamento Europeo, que el año pasado me concedió el Premio Sajarov. El debilitamiento del propio régimen. Y la ayuda de muchos países, incluida España.

P.- No guarda rencor.

R.- No. La necesidad de venganza es otra forma de servidumbre. Además, mi celda no está vacía. En las cárceles chavistas aún quedan muchas personas inocentes por las que debemos luchar y fuera, un país entero por reconstruir.

P.- ¿Cómo?

R.- Los venezolanos se sienten derrotados. Yo no voy a decirles, como hacen algunos: “Ya estamos cerca del final, falta poco”. Ni falta poco ni será fácil. Es y será difícil. Y, además, tiene que serlo. De pequeños nos decían que las cosas que valen la pena no se consiguen sin esfuerzo y sacrificio. Y esto por lo que estamos luchando vale la pena. De hecho, es lo más valioso que tenemos. Es la democracia y es la libertad.

P.- ¿Qué es Venezuela hoy?

R.- Un Estado terrorista. Definitivamente. El régimen de Maduro se sostiene mediante el pánico, la violencia y el hambre. El hambre no es la mera consecuencia de un mal gobierno. Es una estrategia, y de las más efectivas, de sometimiento. El régimen tiene que subyugar a los venezolanos porque ya es incapaz de convencerles. ¿Cómo lo hace? Aprovechándose de su nobleza y profunda vocación democrática. Así se lo comenté al presidente Sánchez.

P.- ¿Qué le dijo?

R.- Le dije: “Mire, presidente: yo vengo de la línea más radical de la oposición y jamás se ha valorado como opción la lucha armada. Si se hubiese planteado, la mitad de los líderes chavistas estarían bajo tierra. Millones de venezolanos han preferido incluso el exilio antes que la confrontación. El pueblo es pacífico. El que sí es terrorista es el Gobierno”.

P.- ¿Y qué le contestó?

R.- Me dijo que también lo entiende así.

P.- ¿Y le pidió usted algo concreto?

R.- Le insistí en la importancia de las sanciones. Es falso que las sanciones perjudiquen a la gente, como ha dicho Zapatero. Al revés. El pueblo agradece que se castigue a sus torturadores. Pero, además, veamos las cosas más allá de Venezuela y sus víctimas. ¿Cómo no vamos a sancionar a criminales de este calibre? ¿Qué mensaje estaríamos trasladando al mundo? Que a máxima crueldad, máxima impunidad. También le hice al presidente Sánchez otra reflexión: no es la oposición venezolana la que debe exigir la rendición del régimen. Deben hacerlo España y las demás democracias del mundo. Son ustedes los que tienen que decir: “Hasta aquí. Ya no más. Basta”.

“Si Maduro gana, habrá sido con trampas”: Francisco Rodríguez, jefe del prográma económico de Henri Falcón

El economista confía en que los votos harán posible la transición política en Venezuela. Se afinca en la propuesta de la dolarización para conjurar la hiperinflación.

   

Francisco Rodriguez junto a Henri Falcón.

Francisco Rodriguez junto a Henri Falcón. REUTERS

Alonso Moleiro, escritor y periodista venezolano

Entrevista de Alonso Moleiro, 18 mayo 2018 / EL PAIS

Formado en los Estados Unidos, economista jefe de la firma Torino Capital, conocido en el mundo de las finanzas internacionales, Francisco Rodríguez ha mantenido con el chavismo, durante años, una paradójica relación intermitente desde la discrepancia. Fue asesor parlamentario durante los primeros años de Hugo Chávez, y pudo encontrar algunas coincidencias con sus dirigentes mientras este movimiento no pisara el acelerador de la radicalización, en un tiempo que ahora luce totalmente remoto.

Francisco Rodríguez es hijo de Gumersindo Rodríguez, el economista que llevó adelante el programa económico ejecutado por Carlos Andrés Pérez en su primer gobierno, en los años 70, conocido como “La Gran Venezuela” tiempo en el cual el país era la estrella económica de América Latina.

Los observadores lo tienen como un “keynesiano”, persuadido del papel del Estado en el crecimiento económico; conocedor de los mercados financieros y una persona de indudable calificación profesional.

Pregunta. Los factores involucrados en el proceso venezolano consideran casi imposible que Henri Falcón derrote a Nicolás Maduro, en virtud del control institucional que tiene el chavismo del país.

Repuesta. Mi visión es distinta. Hay muchos analistas que no le quieren asignar una probabilidad de victoria a Henri Falcón. A mí me parece curioso; en el de 2012 todas las encuestas reportaban una desventaja de Henrique Capriles Radonski respecto a Chávez y sin embargo muchos observadores estaban emocionados ante una posibilidad de victoria más bien remota. Ahora vemos lo contrario, pero en cierto sentido es lo mismo: las encuestas están viendo ganador a Henri Falcón, y hay gente empeñada en ignorarlas. Es cierto que Maduro diseñó una elección en la cual tenga la mayor probabilidad de ganar. Maduro adelanta la elección luego de haber escamoteado las elecciones de gobernadores y sabía que podía producir discrepancias. Una parte de la oposición ha caído en ese juego. La opinión internacional sobre Venezuela responde a lo que piensan ciertas élites. Ellos quieren que la abstención se imponga porque piensan que así pueden deslegitimar al gobierno. No quiero criticarlos, pero sí me parece imposible eludir la conclusión de que prefieren ver ganar a Maduro si con ello logran imponer su punto de vista.

P. El Consejo Nacional Electoral ya demostró de lo que es capaz en materia de fraudes con las elecciones de la Constituyente

R. Es cierto, pero la oposición no participó en esas elecciones, no tenía testigos. Una cosa es perder, y la otra ganar y que te arrebaten la victoria. ¿Dónde estaría pecando de ingenuo? ¿En pensar que Maduro no hará fraude? Esa es una pregunta políticamente muchísimo más compleja. Nosotros lo que pensamos es que, si eso pasa, el país debe movilizarse para hacer respetar el resultado. Pero no es que pensamos que eso no puede ocurrir. Lo que creemos es que participar en las elecciones es un camino con mucho más posibilidades de llevar a un cambio de régimen político que abstenerse.

P. ¿Cómo interpreta el crecimiento inesperado de Javier Bertucci?

R. Bertucci le ha restado respaldo a Henri Falcón. Falcón estaría ahora con una ventaja de más de 20 puntos sobre Maduro de no ser por Javier Bertucci. Nosotros procuramos acordar con él; fue totalmente imposible. Pienso que hay buenas razones para sospechar que Bertucci le hace deliberadamente el juego al gobierno.

P. ¿Cuáles serían las primeras decisiones que tomaría si Falcón gana?

R. Hay que trabajar en la estabilización para derrotar la hiperinflación. Realinear las expectativas en torno a la estabilidad de precios, hacer un compromiso creíble de no imprimir dinero y consolidar la impresión de que tendrás déficits fiscales bajos. En el contexto venezolano, la política que te puede garantizar el éxito contra la hiperinflación es la dolarización. Por eso es que la hemos planteado como argumento central. Necesitas, rápido, conseguir financiamiento, ir a los organismos multilaterales, presentarles un programa económico que sea solvente, para que presten dinero, reestructurar la deuda externa, aceptar financiamientos bilaterales con otros países. PDVSA tiene que reprofesionalizarse, despolitizarse. Buscar nuevas modalidades para fomentar la inversión privada. Que haya confianza en la inversión, con contratos de estabilidad jurídica. Se trata de que el país pueda explotar las grandes reservas petroleras que tiene. Para eso están los mercados de capitales, no creo que haya mayor problema con eso. Nuestro planteamiento está totalmente enmarcado dentro de lo que contempla la Constitución de 1999.

P. ¿Piensa que esa transición, que todos ven imposible, se puede concretar?

R. Claro que sí. Si no, no estaría aquí.

P. ¿Qué pasaría si el chavismo gana sin necesidad de hacer trampas?

R. El chavismo está haciendo trampas ya. Estas han sido unas elecciones tramposas. Y en las últimas dos semanas, ante la evidencia de que están perdiendo en las encuestas, los delitos electorales han escalado. Aquí hay en marcha un proceso de compra de votos, de seguimiento del voto, con la instalación del Punto Rojo y la obligación a la militancia de escanear el carne de la patria luego de votar, junto a ofrecimientos explícitos para sellar el compromiso. El hecho de que estemos participando en la elección no lo niega. No creo que suceda, pero si Maduro gana, habrá sido con trampas. ¿Qué pasaría con Venezuela? Más deterioro económico y político. Un agravamiento de la crisis humanitaria, y con el chavismo produciendo un entorno constitucional donde se consolide una verdadera dictadura, en el cual el papel del voto popular sea muy restringido.

Carta para entender la disyuntiva venezolana: ¿Votar o abstenerse? De Paolo Luers

8 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Henri Falcón desafía al régimen de Maduro, que con una elección sin igualdad de condiciones quiere perpetuarse en el poder. Al mismo tiempo desafía a la dirigencia opositora, que llama a la abstención para boicotear estas elecciones por no cumplir con estándares democráticos.

Su argumento: Es absurdo esperar que en una dictadura haya elecciones libres, democráticas, sin abusos estatales y fraude. Por esto se llama dictadura. Pero cuando el 80% de la población rechaza al régimen gobernante, y el régimen convoca elecciones para revestirse de legitimidad, la oposición debe usarlas para poner a la dictadura en un dilema: o reconocer su derrota electoral, o hacer un fraude tan obvio que le resta lo poquito que le quedaba de legitimidad. La oposición gana aunque no gane.

Es incomprensible que los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática MUD, luego de haber actuado exitosamente bajo esta lógica en el 2015, conquistando el control de la Asamblea Nacional, ahora abandonó esta estrategia y llama a la abstención. Acusan a Henri Falcón de haber roto la unidad con su postulación, cuando ellos abandonaron lo que fue la esencia del pacto unitario: recuperar la institucionalidad y la libertad, haciendo uso de todas las luchas pacíficas posibles.

Henri Falcón se postuló, porque la MUD no fue capaz de nombrar a un candidato unitario. Ahora, en la recta final hacia las elecciones del 20 de mayo, las bases de los partidos opositores comienzan a unirse a él para desafiar a la dictadura. No entiendo por qué líderes como Leopoldo López y Henrique Capriles no rompen su silencio para llamar al voto. A Leopoldo, quien en su arresto domiciliario tiene serias restricciones para ejercer sus derechos de libre expresión, no le pueden prohibir llamar al voto en unas elecciones convocadas por el gobierno. Y Capriles, a quien el gobierno arbitrariamente inhabilitó como candidato, debe apoyar la estrategia electoral que él mismo ha defendido durante años. Con ambos llamando al voto, la situación cambiaría a favor de Falcón.

¿Quién es Henri Falcón? ¿Qué representa que apoyarlo sea tan difícil para los demás líderes de la oposición?

El pecado de Falcón es que fue chavista. Siendo gobernador de Lara por el partido oficial, Falcón renunció al chavismo en febrero del 2010 e hizo públicas sus críticas a Hugo Chávez: la centralización total del poder, la falta de institucionalidad, la corrupción, la burocracia ineficiente. Se unió a la opositora Mesa de Unidad Democrática, convirtiéndose en uno de los aliados más importantes de Henrique Capriles en su candidatura presidencial del 2012. Atrajo a esta campaña votos de sectores disidentes del chavismo.

En 2013 fue reelecto gobernador de Lara, uno de tres opositores que lograron derrotar al chavismo y ganar gobernaciones. Su pasado lo convierte en adversario de los sectores de derecha de la oposición, que ahora predican la abstención para evitar que se consolide su liderazgo. Pero al mismo tiempo lo convierte en un candidato peligroso para Maduro, porque puede atraer el voto de los sectores populares sobre los cuales el chavismo perdió el control. Si se suman los votos de la oposición representada en la MUD, Falcón llegaría a una mayoría difícil de ocultar por un fraude.

Si el abstencionismo se mantiene, facilita a Maduro otros 6 años en el poder, y la legitimidad que ya había perdido. Espero que escojan bien los venezolanos opositores.

Saludos,

Lea también:
Venezuela: En pro y en contra de la abstención.
De Fernando Mires y Alberto Barrera Tyszka

Venezuela: En pro y en contra de la abstención. De Fernando Mires y Alberto Barrera Tyszka

Las elecciones presidenciales, convocadas por el régimen de Maduro y cuestionadas por la comunidad internacional y la opositora Mesa de Unidad Democrática MUD, tendrán lugar el 20 de mayo. Dentro y fuera de Venezuela hay un fuerte debate sobre abstenerse o votar masivamente por el candidato Henri Falcón, quien se postuló desatendiendo la decisión de la MUD, y cuya candidatura está agarrando fuerza.

Representativos para todas las posiciones publicadas, voy a reproducir aquí solamente las de dos intelectuales que considero de los intelectualmente más honestos que suelen opinar sobre Venezuela. El escritor, guionista y columnista venezolano Alberto Barrera Tyszka, en pro de la abstención; y el politólogo chileno Fernando Mires, quien tiene mucha influencia en el debate de la oposición venezolana. Mires defiende la participación en las elecciones.

El próximo martes voy a publicar en El Diario de Hoy y en este blog la posición mía a favor de una votación masiva por Henri Falcón.

Paolo Luers

FALCÓN, EL CANDIDATO. De Fernando Mires

30 abril 2018 / TalCual

La candidatura de Henri Falcón no nació de la nada. Surgió como consecuencia de la decisión de la MUD de no presentar candidatura presidencial después del fracaso del diálogo de Santo Domingo. Decisión tomada como respuesta a la premeditada –repetimos: premeditada– intransigencia de los dialogantes enviados por Maduro.

Después del fracaso del diálogo fueron abiertas a la MUD dos opciones. La primera: la de “pelear peleando”, es decir, la de levantar una candidatura que denunciara ante el mundo la ausencia de condiciones electorales, desatando un masivo movimiento político en contra del régimen. La segunda: la de seguir el juego del oficialismo, cediendo el paso para que este venciera en las elecciones.

1.- El error más grande de la historia de la MUD

La dictadura demostró tener un conocimiento exacto de la MUD. Sabía que no tenía candidato y que –dadas las rivalidades entre los partidos del G4– iba a ser difícil que lo tuviera, por lo menos a corto plazo. Ese fue sin duda el primer error que llevaría a la MUD a cometer el segundo, el más grande de su historia: no levantar candidatura frente a un gobierno que había alcanzado sus puntos más bajos de aprobación. La no-existencia de condiciones electorales mínimas, en lugar de convertirse en una consigna de participación, se convertiría así en un llamado a la apatía, a la resignación, a la nada. La única candidatura de la MUD es hoy la señora abstención lo que para una asociación electoral –la MUD es eso– significa una (auto) condena a muerte.

Para disimular su monumental error, los dirigentes de la MUD adujeron que el llamado a la abstención seguía la orientación de una supuesta Comunidad Internacional, vale decir, de un conjunto de gobiernos dispares entre sí, cuya preocupación fundamental dista de ser Venezuela, como demostró la Cumbre de Lima. Votar es legitimar a la dictadura ante el mundo, fue la consigna central. Un absurdo: una dictadura no puede ser legitimada con nada porque una dictadura es una dictadura. No existen dictaduras legítimas. Pero aún suponiendo que esa, por la MUD fetichizada “comunidad”, hubiera tenido el poder que le supuso la MUD (ni en la OEA posee mayoría ejecutiva) ese poder habría sido inútil pues con la abstención ya no tenía a qué ni a quién apoyar.

Sin elecciones la MUD es como un sistema solar sin sol, un montón de meteoritos perdidos en la noche de la anti-política. Ni siquiera la creación del Frente Amplio (la MUD más organizaciones pro-MUD) que en condiciones electorales habría sido un poderoso instrumento de lucha, pudo interceptar la crónica del fracaso anunciado. Fracaso, porque la MUD al retirarse de las elecciones, se retiró de su ruta, rompió con su única línea y no supo levantar otra.

¿Extraña que bajo esas condiciones los abstencionistas de la primera hora –los anti– electoralistas crónicos, los del “maduroveteya”, los de “en dictadura no se vota”, los del “dimite-pues” – hubieran llenado el espacio vacío que dejó la MUD imponiendo consignas que hoy repiten los neo-abstencionistas como si fueran de su autoría? ¿Extraña que abstencionistas y abstencioneros cierren filas para bloquear la alternativa que hoy representa el candidato Henri Falcón? ¿Extraña al fin que la candidatura de Falcón se convirtiera en el blanco de los más viles ataques, injurias e infamias que es posible imaginar?

En Venezuela no existe un falconismo, como sí hubo un chavismo, un madurismo y de algún modo, un caprilismo. Pero sí existe una ideología anti-Falcón cuyas connotaciones son brutales tanto en las redes como en la prensa. La ideología anti-Falcón ha llegado a ser la de la impotencia política, la de los que ven en Falcón lo que ellos no supieron (y tal vez quisieron) hacer, la alternativa que los denuncia y acusa, el hecho objetivo que no les permitirá posar como víctimas inocentes y, por eso, el chivo expiatorio de tantas frustraciones. De lo que no se han dado cuenta es que, mientras más atacan al candidato, más significado adquiere la candidatura. En el hecho -aunque Falcón no se lo hubiera propuesto- lo han convertido en el representante de una doble protesta. En contra de la dictadura y en contra de una oposición donde abnegados y respetables políticos conviven con burócratas sin ideas, con tácticos sin estrategia, con aventureros de ocasión. Ha llegado quizás la hora de desmontar la ideología anti-Falcón.

2.- Seis afirmaciones falsas en contra de Falcón

No valdrá la pena detenerse en las difamaciones que acompañan a la ideología anti-Falcón. Afirmar por ejemplo que Falcón es el candidato de Maduro sin presentar la menor prueba, es una frase que solo delata la miseria mental de quienes la emiten. Sin embargo, si subimos un poco el nivel discutitivo podemos encontrar algunas afirmaciones que a primera vista podrían poseer cierta verosimilitud.

La primera se refiere a la supuesta traición de Falcón al no acatar la decisión de la MUD. De más está decir que el concepto de traición pertenece a los estamentos militares, a las mafias, a las cofradías conjuradas, pero no a la vida política. Falcón, en el peor de los casos, desobedeció a una directiva. Pero la política no está basada en relaciones de obediencia. Nadie puede estar sometido a una dirección que ha tomado el camino errado. Más aún, Falcón – es importante subrayarlo – ni siquiera rompió con la línea política de la MUD. La MUD en cambio sí rompió con su línea política al asumir la alternativa abstencionista bajo el pretexto de obligar al gobierno ( y ¿con qué?) a crear las condiciones electorales óptimas. Falcón representa -si así se puede decir- la ortodoxia de la MUD. Las declaraciones programáticas de Falcón no se diferencian un solo centímetro de las que fueron de la MUD.

La segunda afirmación, una variante de la primera, señala que Falcón dividió a la MUD. Cualquiera que la escucha podría imaginar que la MUD había sido siempre monolítica. Pero no es un misterio para nadie que la historia de la MUD es la historia de sus divisiones. La MUD solo ha marchado (relativamente) unida en períodos electorales. Por eso, al abandonar la ruta electoral, la MUD se separó de sí misma. Por lo demás, la unidad por la unidad solo existe en las relaciones amorosas. La unidad política, en cambio, solo se puede dar en torno a objetivos concretos. Si estos objetivos no aparecen, o si han sido borrados del mapa, la unidad no se justifica.

La tercera afirmación apunta al hecho real de que Falcón perdió su gobernación en Lara. Cierto, Falcón perdió como muchos perdieron en unas elecciones en las cuales después del aplastamiento militar de las protestas del 2017, la MUD acudió desmembrada, sin entusiasmo, resignada. Lo que no se puede obviar es que la carrera de todos los políticos está marcada por victorias y derrotas. El político siempre ganador no ha nacido todavía. Más aún: la carrera política de Falcón, a diferencia de otros políticos, está signada por muchas victorias y una sola derrota. Cabe añadir que ninguna elección es igual a otra. Hasta un Abraham Lincoln perdió en dos elecciones antes de vencer en las presidenciales.

La cuarta afirmación, quizás la más recurrente, es la de los que acusan a Falcón de haber sido chavista. Dicha afirmación parte de la premisa de que los candidatos deben dar pruebas de virginidad política antes de postularse. Olvidan que la dimensión de la política es el “ahora y aquí” y no el pasado, sobre todo si ya es lejano, como el de Falcón. Olvidan, además, lo que fue el chavismo antes de que degenerara en madurismo: Uno de los más multitudinarios y poderosos movimientos sociales de la historia latinoamericana cuyo influjo traspasó las fronteras venezolanas. El mismo Luis Almagro fue un furibundo chavista, aún durante Maduro, tres años después de la ruptura de Falcón con Chávez. Es posible entonces comprender las razones por las cuales tantas personas -entre ellas destacados académicos venezolanos- se dejaron atraer por el embrujo del chavismo. Después de todo, el mismo Falcón lo dijo: “Si dejé de ser chavista en los momentos de gloria del chavismo, no lo voy a ser ahora, en el momento de su declive”. Lo que Falcón, ni como chavista ni como no-chavista ha sido, en cambio, es un político extremista. Y eso no lo perdonan los extremistas de lado y lado. Falcón como Capriles es un político de centro. Hay, quiérase o no, una línea de continuidad entre la candidatura de Capriles y la de Falcón. Y Capriles lo sabe.

La quinta afirmación nos dice que Falcón fue militar, alcanzando el grado de sargento y por ello vinculado al ejército. Algo difícil de entender. Falcón abandonó las filas militares hace ya mucho tiempo con el título de “maestro técnico de tercera”. Lo que callan sus enemigos es que la posterior formación profesional de Falcón (es abogado) supera lejos a la media de los políticos venezolanos, incluyendo a ex-candidatos presidenciales. Después de haber obtenido su título realizó post-grados en Ciencias Políticas y Derecho Laboral. Innegable por lo tanto es que Falcón ha sido un hombre de esfuerzo y trabajo. Sin embargo, la chusma tuitera lo sigue llamando “el sargento”. Lo que no puede ocultar con esa denominación es el intento por discriminar socialmente a Falcón. El candidato, efectivamente, no pertenece a los altos círculos de la post-oligarquía capitalina, blanca y adinerada. No se educó en colegios exquisitos, no asistió a fiestas de gala, ni pertenece a la cultura del jet-set. Detrás de la denominación de “el sargento” se esconde el clasismo de un sector social con ínfulas aristocráticas, secundado por arribistas de medio pelo a quienes Falcón les parece un candidato sin “glamour”. Pero quizás por eso mismo Falcón tiene “llegada” en sectores donde los políticos de la (supuesta) “clase alta” nunca podrán aparecer.

La sexta afirmación se refiere al hecho de que Falcón no congrega multitudes. También es cierto. Como ya se dijo, el falconismo no existe. Lo que existe es una candidatura política de un candidato sin poses mesiánicas. Algo tal vez raro en Venezuela. No así en la mayoría de los países latinoamericanos. Ni Piñera, ni Macri, ni Kuczinski- Pizarro, ni Temer, ni Moreno, ni tantos más, son líderes de multitudes orgásmicas. El tiempo de las grandes muchedumbres va quedando atrás. En Europa ya no hay líderes de masas. En América Latina los hay cada vez menos. Falcón no es una excepción. Más bien parece confirmar una regla

3.- 20-M

Las elecciones del 20-M serán decisivas. Derrotar a los dos principales aliados de Maduro: el abstencionismo y el fraude, es el gran desafío de los electores venezolanos. Si el abstencionismo logra imponerse, vencerá el fraude. Quizás por primera vez en su historia los opositores venezolanos serán llamados a votar no con el corazón sino con la mente. Pues la alternativa Falcón no representa un futuro luminoso, no porta consigo la promesa de una nueva sociedad y mucho menos la de un mundo feliz. Por el contrario, el propio Falcón ha ofrecido su candidatura para presidir una futura transición la que, como toda transición, deberá ser pactada. Lo único claro es que si Falcón es derrotado, la dictadura logrará mantenerse por mucho tiempo más. Y eso no lo merece el pueblo venezolano. La candidatura de Falcón es la única posibilidad que tiene ese pueblo para comenzar a salir, al fin, de la larga noche dictatorial.

 

La rebelión de los votantes. de Alberto Barrera Tyszka

 

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

6 mayo 2018 / El New York Times

CIUDAD DE MÉXICO — Durante todos estos años, siempre pensé que la única salida al conflicto de mi país era el voto. Sigo pensando así. Y justo por esa razón, creo que el próximo 20 de mayo los venezolanos debemos abstenernos.

Para la mayoría de la población, dentro y fuera del país, la situación es alarmante. Hemos llegado a un límite casi inimaginable en términos de hiperinflación, de deterioro en la calidad de vida, de violación de los derechos humanos y de control y represión oficial. El país frívolo que exportaba reinas de concursos de belleza se ha convertido en el país trágico que exporta pobres desesperados. Todo esto, bajo la mirada de un gobierno que sigue empeñado en negar la realidad, que prefiere destruir la nación que negociar.

En un artículo indignante, publicado hace pocos días en El País, Nicolás Maduro ofreció una muestra de cómo continuamente intenta legitimarse. “Nuestra democracia es distinta a todas”, afirma al comienzo del texto. “Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos”.

En realidad, su gobierno es un espejo perfecto de lo que denuncia. El chavismo se ha convertido en una élite que lleva veinte años concentrando poder. Controla el petróleo y la moneda, maneja a su antojo las instituciones y los tribunales, ha transformado a las Fuerzas Armadas en su ejército privado. Detiene, encarcela, tortura y hasta ejecuta adversarios sin respetar las leyes, sin dar explicaciones. Ha privatizado casi todos los espacios de la vida pública, ha organizado el hambre como un negocio político rentable. Una élite que necesita y desea, el próximo 20 de mayo, ganar algún tipo de legitimidad.

A medida que se acerca el día de las elecciones, aumentan la tensión y el debate sobre votar o no votar en el país. Quienes promueven la teoría de que es necesario votar dan por descontado que la abstención es una resignación inútil, un abandono de la lucha o una manera algo espuria de resistir. Uno de los éxitos del chavismo ha sido distribuir en la sociedad venezolana la idea de que el disentimiento es sospechoso, que siempre puede acercarse peligrosamente a la ilegalidad. La ambigua conjetura de que el llamado a no votar esconde en el fondo un ánimo conspirador le resulta muy conveniente al gobierno.

Dos supuestos sostienen la propuesta de participar en las elecciones: creer, primero, que de manera repentina una indetenible marea de votos le dará un triunfo incuestionable al candidato de la oposición, Henri Falcón, y, después, en segundo término, confiar que el gobierno y sus instituciones aceptarán y reconocerán esa victoria. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que alguna de estas dos cosas pueda ocurrir.

La candidatura Falcón no depende de la política, sino de la fe. No es un problema que tenga que ver, ni siquiera, con el candidato. No hay que discutir sus cualidades o deficiencias. El problema está en el sistema. No es nueva la ilusión de un sorpresivo tsunami electoral, más aun en un contexto de crisis total como el que vive el país. Por eso mismo, la campaña oficial se ha centrado en obtener ganancias del clientelismo a través del llamado Carnet de la Patria, que permite al gobierno canjear votos por comida. La élite chavista ha diseñado una arquitectura electoral que carnetiza la pobreza y transforma la elección en un chantaje.

Supongamos, de todos modos, que la hipótesis se transforma en realidad y que una avalancha de votos hace irremediable un triunfo de la oposición. Supongamos, también, que el gobierno reconoce su derrota: ¿qué sigue? Henri Falcón debe esperar hasta enero de 2019 para que el presidente entregue el gobierno.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no
hay otra alternativa, es absurdo. Estamos denunciando
que las elecciones son un artificio, que la democracia
en Venezuela es una trampa.

Las enseñanzas de lo ocurrido el 2015 deberían ser útiles. Tras la victoria de la oposición, los parlamentarios salientes aprovecharon los pocos días que les quedaban para dar un golpe de Estado y asegurar su control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia. A esto, además, hay que sumarle la existencia de una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la que todavía le queda por lo menos un año de ejercicio, constituida como un poder absoluto, capaz de —por ejemplo— redefinir y limitar a su antojo el papel y las funciones de la presidencia.

Esto implica que aun perdiendo las elecciones, la élite chavista retendrá el poder en su sentido amplio, incluyendo la posibilidad de despojar de facultades a la presidencia. En el supuesto negado de que Henri Falcón ganara, solo obtendría una silla hueca, un adorno y no un cargo, una representación del vacío. Todo esto hace que la elección del 20 de mayo sea un fraude anunciado.

La dirección política de la oposición tiene muchas debilidades y ha cometido bastantes errores. Sin embargo, en este momento tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el Frente Amplio están siendo leales con la mayoría que, de distintas maneras, intenta resistir ante el gobierno.

El llamado a la abstención es coherente con lo ocurrido tras las elecciones de octubre del año pasado, cuando Juan Pablo Guanipa ganó la gobernatura en el estado de Zulia y Andrés Velásquez en Bolívar. ¿Qué pasó? Al primero, trataron de someterlo a través de la ANC. La élite canceló el triunfo de los votantes e impuso nuevas elecciones. Al segundo, todavía hoy, el Consejo Nacional Electoral no le ofrece respuestas ante sus contundentes denuncias de fraude. Estos son ejemplos recientes y brutales.

Las elecciones en Venezuela están diseñadas como una estafa perfecta. El gobierno elige a todos los candidatos, establece las reglas de juego, no permite auditorías ni ningún tipo de observación independiente, extorsiona a los votantes con comida y medicinas, mientras la población menos necesitada se debate moralmente entre votar o no votar.

Es una maniobra que apuesta, además, a enfrentar a la crítica internacional. El gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales. Basta recordar una reciente entrevista con Jorge Rodríguez. El ministro de Comunicación y jefe de campaña de Maduro descartó la existencia de la crisis humanitaria usando como argumento el resultado de las últimas elecciones. Para eso necesita el gobierno que los venezolanos participen en las presidenciales.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. No estamos decidiendo entre votar o tomar las armas. Eso es parte de la trampa. Es lo que también ha propuesto Maduro. No estamos decidiendo entre votar o apoyar una invasión. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Pero es necesario que la dirigencia política de la oposición llene de sentido —simbólico y práctico— la abstención, que la convierta en un verdadero acto político. Hay muchas posibilidades e iniciativas de inventar acciones de todo tipo, dentro y fuera del país, para el 20 de mayo. No se trata de una resignación pasiva. La abstención no tiene por qué ser una renuncia. También puede ser un gran acto de rebeldía.

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¿Votar o abstenerse? De Paolo Luers