Venezuela

Por qué aspiro a la presidencia en Venezuela. De Henri Falcón

Henri Falcón, exgobernador de Lara y candidato a la presidencia de Venezuela, en una conferencia en la sede del Consejo Nacional Electoral en Caracas el 2 de marzo. Foto: Marco Bello/Reuters

Henri Falcón, 6 marzo 2018 / THE NEW YORK TIMES

CARACAS — La semana pasada, el 27 de febrero, registré mi candidatura a la presidencia de Venezuela. Aspiro a ser presidente porque creo que los venezolanos debemos tener la opción de escoger entre continuar con el desastroso gobierno de Nicolás Maduro o apoyar un camino de inclusión, progreso y justicia.

Algunos de mis compañeros de la coalición opositora de Venezuela, la Mesa de Unidad Democrática (MUD), decidieron no participar en el proceso al alegar que el abuso de poder del régimen de Maduro hace inviable unas elecciones libres y justas. Tienen razón en denunciar los abusos del gobierno: Nicolás Maduro persigue a los líderes de la oposición, suspendió partidos políticos, llenó las instituciones electorales con sus partidarios y usa descaradamente los recursos públicos en su campaña. Las elecciones presidenciales venezolanas sucederán en un campo de juego inclinado a favor del gobierno.

A quienes no quieren participar en estas elecciones les preocupa que nuestra participación legitime un proceso fraudulento. También temen que, como resultado de nuestra decisión, pueda decaer el apoyo internacional que hemos logrado.

Sus preocupaciones son legítimas, pero no deberían llevarnos a rendirnos y entregarle a Maduro seis años más en el poder. Optar por competir con reglas injustas no legitima esas reglas: lo que hace es manifestar nuestra firmeza en la defensa de nuestros derechos. Y si el régimen decide robarse esta elección, que cuente con que me encontrará en las calles, al lado del valiente pueblo venezolano, luchando para que se respeten los resultados.

Estoy en desacuerdo con la estrategia de abstenerse de participar en esta elección. Los boicots electorales casi nunca funcionan. En país tras país, las fuerzas de oposición que han decidido abandonar la competencia electoral han perdido terreno y han permitido que los gobernantes consoliden su control del poder. Un estudio minucioso del Instituto Brookings, que analiza 171 casos en el mundo, encontró que en 96 por ciento de ellos, los boicots electorales no llevaron a resultados positivos para los movimientos que los promovieron.

En cambio, cuando los movimientos de resistencia decidieron retar a los regímenes autoritarios en las urnas —desde Pinochet hasta Milošević— tuvieron muchas más oportunidades de generar cambios de régimen. Los gobiernos no ganan elecciones durante las hiperinflaciones, excepto en los casos —como el de Zimbabue en 2008— en los que la oposición ha cometido el error fatal de boicotear la votación.

Las encuestas de opinión muestran consistentemente que los venezolanos quieren votar en las próximas elecciones. En un estudio reciente del Atlantic Council, un instituto de investigación con sede en Washington, el 69 por ciento de los venezolanos —y 58 por ciento de los partidarios de la oposición— manifestaron que querían votar, aun en las condiciones electorales actuales. El 56 por ciento de los opositores advirtió que estaría dispuesto a votar incluso si la MUD hace un boicot.

Una mujer vota en las elecciones del 10 de diciembre de 2017, en Caracas. Credit Ariana Cubillos/Associated Press

Estoy de acuerdo en que las divisiones en la oposición le hacen daño a nuestra causa. Pero dado que la mayoría abrumadora de los venezolanos quiere votar, mi responsabilidad es mantenerme del lado de la gente, aun si ello implica romper con quienes quieren permanecer al margen de las elecciones. Continuaré dedicando mis esfuerzos a convencer a otros para que acompañen nuestra causa y ayuden a hacer más grande la avalancha de votos que sacará a Maduro del poder.

Durante sus seis años desastrosos en el poder, Maduro ha causado la contracción económica más profunda de la historia registrada de América Latina y la única hiperinflación en el mundo en la última década. Un trabajador que gana un salario mínimo hoy puede comprar solo una décima parte de los bienes y servicios que podía adquirir cuando Maduro llegó al poder. El 27 por ciento de los venezolanos comen menos de tres comidas diarias, en contraste con el 5 por ciento al inicio del gobierno de Maduro. Los venezolanos no pueden y no están dispuestos a tolerar seis años más de hambre, corrupción e incompetencia.

La prioridad de mi gobierno será asegurar que ningún niño venezolano se acueste sin haber comido. Buscaré ayuda internacional —incluyendo organismos bilaterales y multilaterales— para restablecer el abastecimiento de alimentos y medicinas. Crearé un programa de transferencias de efectivo condicionadas con el objetivo de erradicar el hambre. También liberaré inmediatamente a todos los presos políticos en el país, que han sido encerrados en las celdas del gobierno por el solo hecho de pensar distinto. Estas decisiones están relacionadas. Como demostró el premio nobel Amartya Sen, la democracia legítima es el mejor antídoto a las hambrunas. Los venezolanos quieren y merecen ser libres de la opresión y el hambre.

La situación oprobiosa que viven los venezolanos es el resultado de dos décadas de mal manejo de la economía. Mi país tiene las reservas petroleras más grandes del mundo y de 1998 a 2012 disfrutó de una enorme bonanza petrolera. Tristemente, el resultado de esta buena suerte fue malgastado y robado. Los venezolanos merecen que sus finanzas públicas sean administradas con honestidad, responsabilidad y sentido común. Nos asociaremos con el resto del mundo para construir una economía dinámica que pueda traer progreso equitativo y sostenible a su gente.

Hace décadas, nuestra nación era un lugar de refugio para las personas que huían de la opresión. En esta hora oscura, hemos contado con el apoyo de muchos vecinos y amigos alrededor del mundo que han apoyado nuestra lucha por la libertad. Hoy esa solidaridad es más importante que nunca para restaurar la democracia en el país.

Mi invitación a los venezolanos que se oponen al régimen autoritario de Maduro es que dejemos a un lado nuestras divisiones y nos unamos en torno a un proyecto común que haga de Venezuela un mejor país. Pero la reconciliación empieza con la justicia: las personas que han violado derechos humanos y han cometido actos de corrupción deben rendir cuentas.

Estoy orgulloso de haber nacido en el país que dio origen, en gran parte de América Latina, al movimiento de  independencia. Ahora nos enfrentamos a nuestro mayor desafío: la batalla en la que demostraremos que la fuerza de nuestros votos es más grande que la de las balas del gobierno.

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“Hay derrotas que pueden ser transformadas en victorias”: Fernando Mires

Para el historiador chileno Fernando Mires, cuyos análisis sobre la realidad venezolana no dejan a nadie indiferente, la idea de no participar en las elecciones presidenciales, bajo el alegato de que Maduro no va a cambiar las condiciones, sería como decir “yo no participo porque la dictadura no es democrática”.

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Fernando Mires

Elizabeth Araujo @elizaraujo, 28 febrero 2018 / TAL CUAL

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Residenciado desde hace varios años en Oldenburg, Alemania, en cuya universidad ejerce la docencia y la investigación, Fernando Mires (Santiago de Chile, 1943) forma parte del paisaje político venezolano, y no faltará quien lo haya imaginado bajando todas las mañanas por la avenida Luis Roche, en Altamira, para ir al trabajo y luego en las noches reunirse con los grupos opositores contra lo que sin tapujo él denomina la dictadura de Nicolás Maduro. Esta cercanía afectiva e intelectual con un país que aprecia y a veces le roba el sueño lo ha colocado no pocas veces en el ojo del huracán de las confrontaciones por redes sociales. Este diálogo, correspondido vía correo electrónico, intenta en cierto modo explicar su posición actual acerca de ese puzzle con piezas extraviadas que parece ser la oposición venezolana.

–Hace días publicó un tuit en el que prometía no disertar más sobre el tema venezolano, a disgusto de sus seguidores (@FernandoMiresOl) en Twitter –muchos más de quienes le adversan– y que se han nutrido de sus reflexiones políticas y filosóficas ¿Será que llegó Fernando Mires a la conclusión de que la crisis venezolana no tiene arreglo?

–Creo que en ese punto se produjo un malentendido. Yo escribí simplemente “Adiós Venezuela”. Lo que quise dar a entender fue que Venezuela se encontraba frente al abismo. Como usted bien sabe yo me pronuncié a favor de la participación en las elecciones, no con el objetivo de ir a competir deportivamente, sino mediante la inscripción de un candidato-líder que hiciera de portavoz frente a los fraudes, que oficiara de nexo entre la presión internacional y la política interior y que fuera apoyado por los principales líderes de la oposición. De esta manera la oposición no renunciaría a la ruta electoral y a la vez podría estar en condiciones de desatar un movimiento democrático. La MUD decidió, como es sabido, no participar en aras de una “abstención activa”. En otras palabras: la oposición venezolana fue llevada por Maduro, pero también por ella misma, a una situación sin salida. Por eso escribí “Adiós Venezuela”. Pero mi interés persiste. Entre otras cosas, por la enorme gravitación que tienen los sucesos venezolanos sobre el resto del continente.

–¿Cuáles son, a su juicio, los factores que obstaculizan una salida democrática en Venezuela?

–Son dos. El primero es el ejército, las FAN. Estamos frente a una dictadura militar con fachada civil. Hay más militares ocupando puestos públicos que los que hubo durante la dictadura del general Pinochet en Chile. Eso lleva a deducir que toda alternativa democrática pasa por la división del ejército. Pero esa alternativa no se va a dar nunca si el ejército no es políticamente presionado. De ahí la importancia de no abandonar la lucha electoral aún a sabiendas de que se va a la derrota. Hay derrotas que pueden ser transformadas en victorias. No debemos olvidar que un gobierno que se impone mediante fraudes termina deslegitimando a todo el aparato del Estado del cual el ejército es su eje principal. Hoy, sin embargo, Maduro puede ganar elecciones sin necesidad de cometer fraude. No hay motivos para suponer entonces que dentro del ejército se producirán grandes grietas. Para que se produzcan es necesario que los militares sean conscientes de que “así no podemos seguir”. Y hoy, como están dadas las cosas, pueden seguir. La segunda razón tiene que ver con la formación dentro de la oposición de un abstencionismo políticamente organizado, fracción que privilegia el enfrentamiento callejero sin poseer, como se ha visto, ningún poder convocador de masas. Pese a ser minoritaria, esa fracción cuenta con recursos materiales y con importantes vinculaciones internacionales.

–¿Cómo calificaría usted la situación actual de la oposición venezolana?

–Catastrófica. Hasta hace poco la oposición estaba dividida en dos segmentos: los abstencionistas y los electoralistas. Hoy hay tres segmentos: los abstencionistas número uno, los abstencionistas número dos y los electoralistas. La diferencia entre los dos abstencionismos es que los del número uno son y serán siempre abstencionistas. Lo fueron incluso en las elecciones del 6D. Los del abstencionismo número dos son abstencionistas coyunturales. Se declaran partidarios de votar, pero no bajo las condiciones fijadas por el régimen. El problema es que no parecen darse cuenta de que el gobierno de Maduro es una dictadura y que, por lo mismo, siempre las condiciones las fijará el régimen. Y de eso se trata precisamente cuando se lucha contra una dictadura: la de actuar bajo condiciones que “dicta” un régimen. No participar porque Maduro no va a cambiar las condiciones es como decir, yo no participo porque la dictadura no es democrática. Un absurdo. El tercer segmento, el electoral, fue mayoritario y hegemónico dentro de la oposición. Hoy no es ni mayoritario ni hegemónico. Ha caído en las trampas de Maduro y ha cedido a las presiones ejercidas por la llamada “oposición a la oposición”.

–¿Coincide usted con algunos opositores de que la MUD parece no contar con una estrategia efectiva para consolidar su contacto con el venezolano de a pie?

–Nunca la MUD va a tener una sola estrategia porque la MUD no es el PSUV. La MUD es una mesa coordinadora de partidos políticos cuyas estrategias son diferentes entre sí. Si alguna vez desarrolla una estrategia común, será como resultado de largos acomodos internos. En cambio el PSUV sí puede desarrollar una estrategia acorde con cada situación. Esa estrategia es hoy una sola: mantenerse en el poder a cualquier precio, aunque sea asesinando. Pero si es difícil que la MUD desarrolle una sola estrategia, sí puede mantener algo más eficaz que una estrategia: una ruta sostenida y persistente. Esa ruta había sido definida por sus llamados cuatro puntos cardinales: pacífica, constitucional, democrática y electoral. Hoy, al no concurrir a las elecciones fraudulentas y así cuestionar en la propia calle al régimen durante una intensa campaña electoral, la MUD ha perdido la ruta. Ha abandonado la lucha electoral sin definir ninguna otra.

–A veces da la impresión de que –puertas afuera– los temas de la migración masiva y los cuestionamientos de mandatarios latinoamericanos y de la UE, no hacen mella en Maduro ¿Será que en verdad no le afectan esos temas o trata de disimular tal imagen exterior?

–A Maduro le hacen tanta mella como al tirano Al Asad de Siria. La oposición internacional a la tiranía de Al Asad es diez veces superior a la ejercida en contra de Maduro. La migración siria es mucho mayor. Pero Al Asad está dispuesto a incendiar toda Siria antes de ceder un milímetro de su poder. Maduro y su grupo, también. El vil asesinato cometido a Oscar Pérez fue un aviso. Yo creo que la posición de la llamada “comunidad internacional”, siendo importante, ha sido magnificada por gran parte de la oposición venezolana. Pero la “comunidad internacional” no puede hacer más que actuar de acuerdo a principios universales. Y eso es mucho. Y se le agradece. Por lo demás es falso que Maduro esté aislado del mundo. El pasado lunes 26 de febrero vimos en todos los periódicos que el jefe fáctico del estado venezolano, el general Padrino López, apareció en Rusia junto a Putin. Evidentemente, Padrino no fue a veranear a Rusia.

 –Ubicado usted –hipotéticamente hablando– en el lado de quienes desaconsejan participar en estas presidenciales ¿cuál sería el argumento con mayor fuerza para convencer a los venezolanos de no participar?

–El argumento más recurrente es que si se acude a las elecciones se legitima el fraude y con ello a la dictadura. El problema es que nadie puede reclamar fraude si no se acude y, por lo mismo, la dictadura, con la abstención, se legitima más que antes. Eso es precisamente lo que quiere Maduro: ganar sin, o con una muy débil oposición, y así no verse obligado a cometer fraude. La mesa la tiene servida.

–Y si esta disyuntiva lo sorprendiera a usted en la otra acera ¿cuáles son las razones para participar a toda costa?

–Convertir las elecciones, desde “dentro” de ellas, en un gran movimiento de protesta pública nacional. Pero eso ya no se dio.

–¿Cómo calificaría usted la gestión del expresidente español Rodríguez Zapatero como interlocutor de una mesa de negociación que fracasó?

–Para mí, dicho con toda sus letras -y pese al enorme respeto que me merece la historia del PSOE- el expresidente de España, Rodríguez Zapatero, llegó a ser –antes, durante, y después del diálogo– un funcionario al servicio de los intereses de una de las más horribles dictaduras sudamericanas de los últimos tiempos.

–¿Ha habido momentos en que haya acariciado la posibilidad de una intervención extranjera o de EEUU en Venezuela para salir de una vez de esta crisis, cada vez más insostenible?

–Nunca. Y por tres razones. La primera, porque la vida me enseñó a no confundir los deseos con la realidad. La segunda, porque hasta ahora no hay un solo indicio. La tercera, porque solo puede venir de los EE UU, nación que ya no está en condiciones de abrir varios frentes a la vez. Con Kim Jong Un, con Putin, con Asad y con la teocracia persa, tiene más que suficiente. Naturalmente, si aparecen indicios, cambiará mi opinión. Pero ahora yo no puedo opinar sobre lo inexistente.

–En tanto que filósofo ¿cómo califica usted el comportamiento, no pocas veces de enfrentamiento, entre actores de la oposición venezolana en mitad de esta crisis?

–Lo de filósofo es un elogio. Si lo soy es solo por vocación. Por profesión soy historiador. Como filósofo debería analizar cada acontecimiento como un fenómeno “en sí”. Como historiador, en cambio, debo inscribirlos en el marco de un proceso. Y el proceso venezolano me muestra una suma de actos fallidos de parte de la oposición. Desde la incapacidad por unir revocatorio con elecciones regionales, siguiendo por la precaria conducción de las movilizaciones del 2017 (nacidas en defensa de la Constitución, de las elecciones y de la AN, y terminadas en confrontaciones de muchachos con escudos de cartón en contra de un ejército armado hasta los dientes), por las elecciones regionales a las que acudió sin entusiasmo ni mística, por la capitulación electoral en las municipales, hasta llegar a la “abstención activa” de las presidenciales sin que nadie sepa todavía con qué se come eso. Después de tantos yerros, lo menos que puede esperarse son enfrentamientos entre los actores de la oposición.

–¿En verdad avizora esperanzas de que los venezolanos pondrán fin a la pesadilla chavista, o viviremos eternamente en esta espiral de crisis, aún después de que Maduro haya abandonado el poder?

–Siempre lo he dicho, y ahora lo voy a decir como el filósofo que no soy: La historia no transcurre de acuerdo a programas sino de acuerdo a incidencias y accidencias imposibles de predecir. La de Maduro, como toda dictadura, representa la muerte del alma ciudadana. Pero creo que al final la vida se impondrá sobre la muerte. Si no creyera eso, jamás habría escrito una línea sobre Venezuela.

Leopoldo López: ‘Si me censuro, la dictadura me derrota’. The New York Times

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Leopoldo López Credit Diana López para The New York Times

Tras meses de silencio, el dirigente político venezolano en arresto domiciliario habló en exclusiva con The New York Times sobre el futuro político del país, su experiencia y sus aprendizajes en la prisión militar y su esperanza de una salida a la crisis.

Carta a Zapatero. De Laureano Márquez

En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

El expresidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero. Foto: Juanjo Martín EFE

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Laureano Márquez, humorista, columnista y politólogo venezolano

Laureano Márquez, 22 febrero 2018 / EL PAIS

Señor Rodríguez Zapatero:
En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder. Leo —sin asombro alguno— que el Consejo Nacional Electoral le propone a usted como coordinador de una misión de observación para las elecciones presidenciales del próximo mes de abril. Si acepta, la tendrá usted fácil, porque salvo que el candidato se haga fraude a sí mismo, no habrá mucho más que observar.

el paisMe gustaría proponerle otra misión de observación: véngase un día, de incógnito, como quien no quiere la cosa y observe lo que está sucediendo en los hospitales de Venezuela con la gran cantidad de niños que pierden la vida al nacer.También están los que mueren de desnutrición o por comer una variedad de yuca— lo más barato que hay —que llaman amarga y que envenena; niños que empiezan a ser abandonados por algunos padres porque tienen que escoger, como en “La decisión de Sofía” (no la reina, sino la película de Pakula protagonizada por Meryl Streep), a qué hijo salvar. Es una dolorosa tragedia. Sería bueno que observara lo que está sucediendo con los medicamentos, porque mucha gente está perdiendo la vida por no tener medicinas esenciales para sus tratamientos. Debería observar el estado de los hospitales que, como el Clínico Universitario, han dejado de hacer cirugías porque no tienen cómo.

Tendría que observar el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia, para que vea la cantidad de venezolanos que abandonan el país. No tiene que volar tanto para ello, en Madrid mismo puede usted notarlo, camine por las calles y pregunte. Pregúnteles a tantos venezolanos cómo y por qué llegaron hasta allá. Se habla de que cerca del 10% de la población ha emigrado, como luego del año 39 por allá. Observe, señor Rodríguez Zapatero, las aulas de las universidades nacionales, el sueldo de nuestros profesores no sobrepasa los tres o cuatro dólares mensuales. Profesores que pierden peso y muchos que se van, alumnos que no pueden llegar a las aulas porque no hay manera de transportarse o de comer. Venga y observe en las calles lo que sucede en torno a las bolsas de basura, los anaqueles de los supermercados. Observe la morgue y la cantidad de muertos por violencia que ingresan cada día.

Hay demasiado dolor, señor Zapatero, solo que nuestros guernicas no explotan, son silenciosos e invisibles para el que no los quiera ver.

Si usted hiciera una observación profunda de Venezuela, una observación que le permita toparse con esta catastrófica situación que se nos viene encima y cuya gravedad exponencial se percibe a diario en la angustia de la gente que no sabe qué hacer, quizá comprendería por qué la oposición luego de dos décadas (¡medio Franco, para que se entienda mejor!) no puede suscribir acuerdos con quien no está dispuesto a respetar ninguna norma, ningún principio ni palabra empeñada. ¿Me dirá usted qué sentido puede tener firmar un acuerdo, si mientras las partes discuten garantías de transparencia electoral —lo que prueba que no existen—, una de ellas convoca unilateralmente a elecciones? Anhelamos con urgencia unas elecciones, sin duda, pero de verdad, que estén planteadas para que se exprese la voluntad popular y no —justamente— para lo contrario, para desconocerla. Señor Rodríguez Zapatero, que este régimen lo promueva como observador electoral imparcial debería decirle a usted mucho acerca de cómo se le percibe, pero también acerca de cómo se le percibirá luego del 22 de abril. El mundo entero, la Comunidad Europea, Canadá, Estados Unidos, nuestros hermanos latinoamericanos —a excepción de su buen amigo Evo Morales— han denunciado estas elecciones. ¿Cree usted que todos se han confabulado en la maldad cuando unánimemente condenan lo que aquí sucede? Solo le invito —respetuosamente— a que medite en ello. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros con sus acciones y con aquello que cohonesta o no, está construyendo su propia memoria histórica.

La disyuntiva venezolana: ¿Participar o no en elecciones sin garantías institucionales? Un debate urgente

Ha fracasado el intento de negociación sobre las condiciones institucionales mínimas para una elección presidencial en Venezuela. Vea la documentación publicada en Segunda Vuelta. A pesar de esto, Maduro convocó estas elecciones para el 22 de abril 2018.

En las filas de la oposición venezolana y entre analistas se discute si en estas condiciones conviene participar en las elecciones o mejor boicotearlas. Segunda Vuelta va a publicar los aportes más sustanciales a este debate. Comenzamos hoy con una columna del escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka publicada en el New York Times; otra del influyente politólogo chileno Fernando Mires en su blog Polis; y una tercera del constitucionalista José Ignacio Hernández, publicada en Prodavinci.

Segunda Vuelta

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Nicolás Maduro y Tibisay Lucena, presidenta chavista del Consejo Nacional Electora, convocan elecciones presidenciales para el 22 de abril 2018, sin acuerdo con la oposición y la comunidad internacional sobre las garantías institucionales para una elección libre

 

El fracaso del diálogo en Venezuela: un paso más hacia el abismo. De Alberto Barrera Tyszka

 

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LAS OPCIONES DE LA OPOSICIÓN VENEZOLANA. De Fernando Mires

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Fernando Mires, politólogo chileno radicado en Alemania

Fernando Mires, 11 febrero 2018 / POLIS

Para comenzar, un poco de orden.

Primero: las negociaciones que tuvieron lugar en la República Dominicana no fueron convocadas por la oposición venezolana. No podría haberlo hecho. La oposición asistió debido a la presión internacional, sobre todo la que provino del Grupo de Lima. Bajo esas condiciones, la oposición organizada no podía sino asistir. Quien quiera criticar a la oposición por haber asistido a la RD debe en primer lugar criticar al Grupo de Lima.

Segundo: la mayoría de los gobiernos latinoamericanos presionó a favor del diálogo-negociación por una razón elemental: ellos no podían adjudicar al gobierno de Maduro el carácter de una dictadura sin obtener las verificaciones formales pertinentes. Entre ellas, la más decisiva: elecciones libres.

Tercero: todas las demandas de la oposición fueron estrictamente constitucionales.

polis.pngCuarto: desde el momento en que Maduro ordenó patear la mesa adelantando las elecciones presidenciales y negándose a otorgar las mínimas garantías constitucionales, la mayoría de los gobiernos latinoamericanos obtuvo la carta de verificación que necesitaba para constatar que la de Maduro es, inapelablemente, una dictadura. No otra fue la razón por la cual el Grupo de Lima emitió un comunicado en el cual desconocía la legalidad de las elecciones en los términos planteados por el régimen.

Quinto: el del Grupo de Lima no fue un llamado a la oposición venezolana a no votar. Pues una cosa es la posición jurídica de los gobiernos y otra, la política de la oposición. Esta última está determinada por las relaciones concretas que se presentan en un plano político nacional.

Sexto: Habiendo fracasaso el diálogo, la oposición deberá determinar el curso de su futuro político. Ese curso se puede resumir en una pregunta: ¿Participar o no en las elecciones presidenciales convocadas por la dictadura?

NO PARTICIPAR

Después del fracaso de las negociaciones, no participar luce como opción lógica. Dicha opción se basa en el hecho de que al no aceptar las propuestas de la oposición, el régimen ha cerrado la vía electoral. Las que pretende realizar el 22 de abril no serán elecciones en el exacto sentido del término sino un simple acto de confirmación del poder dictatorial.

Para los partidarios de la no-participación, en elecciones bajo condiciones determinadas por la parcialidad del CNE, con cientos de presos políticos, con líderes inhabilitados, con miles y miles de exiliados a los que se ha arrebatado el derecho a voto, con puntos rojos establecidos para conducir el proceso electoral, con todos los medios a disposición del dictador, todo eso y mucho más, significaría contribuir a la legitimación del poder dictatorial.

Como repiten los defensores de la tesis de la no-participación, acudir a las elecciones significaría llevar a la ciudadanía al matadero, contribuiría a una derrota no solo electoral sino, además, moral. Una derrota de la cual la oposición no podría recuperarse jamás.

Participar, aducen, significaría reconocer de hecho a la Asamblea Constituyente, organismo supra-constitucional elegido en una de las elecciones más fraudulentas de las cuales se tiene noticia. Significaría, además, no reconocer el plebiscito del 2017.

Y, no por último, agregan, significaría oponerse a la propia comunidad internacional. Más aún, debilitaría notablemente las sanciones en contra del régimen. ¿Cómo sancionar a un gobierno que no solo permite elecciones sino, además, cuenta con la participación electoral de la propia oposición? La pregunta es lógica, y debe ser tomada en cuenta.

Creo que de modo correcto he expuesto las principales posiciones de los no-participacionistas.

OBJECIONES A LA OPCIÓN DE NO-PARTICIPAR

Las objeciones a la opción de no-participar parten del supuesto de que no siempre lo que es lógicamente formal es políticamente lo más adecuado. No participar en las elecciones llevaría a los defensores de esta opción a entregar toda iniciativa a la dictadura, o lo que es peor, a regalar la elección sin oponer nada en contra. Opción que parte de una situación real: más del 70% de la ciudadanía está definitivamente en contra de Maduro. ¿Cómo desperdiciar ese enorme capital electoral?

De acuerdo a la opción participativa, no la participación sino la no-participación -al hacer aparecer a la oposición como un conglomerado anti-electoral- contribuiría a legitimar a la dictadura.

La dictadura no quiere elecciones. Convocar a elecciones no es un regalo a la oposición, pero sí una concesión -formal pero concesión al fin- a la opinión pública internacional. Lo que en fin necesita la dictadura, si no impedir las elecciones, es devaluarlas. La no-participación contribuiría fuertemente a esa devaluación, argumentan los defensores de la opción participativa.

El argumento del reconocimiento de la AC dictatorial –agregan los de la opción participativa- sería en este caso redundante pues no solo la AC es anti-constitucional. La dictadura, al ser dictadura, también lo es. Sin embargo, en todas las elecciones en las que ha participado la oposición ha reconocido a la dictadura. Luego, participar no es bajo estas condiciones un tema jurídico. Es antes que nada un tema político.

Frente al argumento de que al participar quedarían inhabilitadas las acciones de la llamada comunidad internacional, la opción participativa opina lo contrario. La decisión del grupo de Lima, al desconocer las elecciones solo puede ser verificada en caso de fraude. Sin participación de la mayoría opositora, la dictadura no necesita del fraude. Luego, declarar fraudulentas a las elecciones no puede ser interpretado directamente como un llamado directo a no participar. La oposición ha participado en muchas elecciones fraudulentas. En cierto modo, todas las llevadas a cabo durante Maduro han sido fraudulentas, incluso las del 6-D.

Sin lugar a dudas los catorce firmantes del grupo de Lima más el apoyo activo de los EE UU y de la UE constituyen una oposición internacional poderosa. Pero eso no significa que la dictadura está aislada en el mundo. Además de contar con el apoyo de por lo menos tres naciones latinoamericanas y con la neutralidad de otras dos, la dictadura forma parte de “otra” comunidad internacional de carácter supracontinental: una verdadera internacional de dictaduras hegemonizadas por la Rusia de Putin.

El apoyo de la comunidad democrática a la oposición es por cierto, insustituible. Puede llegar a ser decisivo, pero por sí solo no es determinante. Ni el más imponente apoyo internacional puede sustituir el rol de la oposición venezolana.

Por supuesto, los defensores de la no-participación señalan que su opción no es un llamado a los ciudadanos a quedarse en casa. Todo lo contrario: hablan de una no-participación activa. El problema es que las formas de activación no-electoral no las ha definido nadie. Parece ser difícil que acciones políticas no-electorales puedan llevar a cabo manifestaciones más multitudinarias que las activadas por una campaña electoral bien organizada.  Es por eso que, quienes defienden la opción participativa, aducen que la realización de elecciones y las convocatorias de masas no son excluyentes sino incluyentes. Más aún si se tiene en cuenta que los defensores de la opción no-participativa no cuentan con mucha capacidad de convocación. Y aún en el caso de que la tuvieran, las demostraciones quedarían en manos de grupos militantes y estudiantiles, y sus resultados no serían distintos a los de las grandes demostraciones del 2017. Panorama no muy alentador.

Hay por último un argumento pragmático que habla a favor de la opción participativa, y es el siguiente: la opción no-participativa, para tener éxito, debe ser perfecta. Perfecta quiere decir: absoluta, unánime y total. Bastaría que un solo partido de la unidad se descuelgue de esa opción para que fracase de inmediato. Y es sabido que la unidad opositora no es monolítica, ni homogénea ni, mucho menos, disciplinada. Una sola candidatura de un partido opositor a Maduro bastaría para conferir a las elecciones un carácter legal y legítimo.

¿HAY OTRAS ALTERNATIVAS?

Alternativas intermedias a participar o no participar no hay. La no-participación, aunque la llamemos activa, lleva definitivamente a la derrota electoral. La participación en cambio, entraría aparentemente en contradicción con la propios postulados de la oposición en la RD. Al haber rechazado la oposición a las condiciones electorales propuestas por la dictadura en la RD y luego llamar a votar, sería visto –aunque no fuera así- como un acto de incoherencia. La abstención –alentada con furia por el abstencionismo militante- crecería en forma gigantesca y el fenómeno de las elecciones regionales -donde la oposición, siendo absoluta mayoría, al acudir dividida, sin mística ni entusiasmo, fue derrotada- sería nuevamente reiterada.

¿Significa que la oposición está condenada a dividirse en dos partes irreconciliables? Esa sola posibilidad lleva a repensar más intensamente el problema. Pues el hecho de que no haya alternativas intermedias no significa que no existan alternativas distintas. Una de ellas – ha sido sugerida en las redes- es la de una participación electoral no tradicional. 

Bajo el concepto de participación electoral no tradicional entendemos la de acudir a las elecciones no para competir sino para sentar presencia política nacional. O lo que es igual: hacer de las elecciones un fin en sí y no solo un medio para la conquista del poder.

Una posibilidad de participación electoral no tradicional en otros países ha sido llamar a votar por el candidato Cero, es decir, participar con el voto nulo o en blanco. De este modo la mayoría de la ciudadanía participa, vota y al mismo tiempo convierte a la elección en un rotundo NO a la dictadura
El voto nulo tiene, sin embargo, un inconveniente. Una oposición sin rostro es como una ópera sin tenor.

La del candidato Cero o Nulo – si no técnicamente imposible, muy difícil de ser aplicada  en Venezuela- implica una participación puramente negativa. Con un simple NO, Maduro tendría todo el espacio para decir y proponer lo que quiera, sin contradictor que lo desmienta o lo acuse. De ahí que la posibilidad de llevar un candidato único no para competir ni para ganar –lo que no quiere decir para perder: no-tradicional no significa simbólico-  sino para denunciar los crímenes cometidos por la dictadura, las múltiples violaciones a los derechos humanos, el hambre y la miseria inducida por el régimen, y tantas otras cosas, no debe ni puede ser deshechada.

Un candidato-líder tendría más efecto, incluso sobre la opinión pública mundial, que un candidato Cero. Un candidato-líder, aún perdiendo la elección- entregaría un claro testimonio de la realidad venezolana, no entraría en contradicción ni con la historia de la oposición –que ha sido y será una historia electoral- ni con la comunidad internacional. Un candidato que, si no de todos, sería el de la gran mayoría.

Naturalmente también hay problemas frente a la posibilidad de una candidatura no tradicional. Los candidatos carismáticos, unitarios y con formato político (con otro formato no sirven) no se venden en las farmacias. No obstante, sin necesidad de dar nombres, todos sabemos que en Venezuela hay personas honorables e idóneas que podrían jugar perfectamente el papel asignado.

Después de todo: no hay peor batalla que la que no se da, ni peor política que la que no se hace.

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Sobre las elecciones presidenciales ordenadas por la “ANC”. De José Ignacio Hernández

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José Ignacio Hernández, catedrático de derecho constitucional venezolano

José Ignacio Hernández, 23 enero 2018 / PRODAVINCI

La llamada “asamblea nacional constituyente” (“ANC”), aprobó un “Decreto que convoca a proceso electoral para la escogencia de la Presidencia de la República en el primer cuatrimestre de 2018”. Para poder analizar las implicaciones de este anuncio, debemos primero esclarecer cuál fue la decisión que adoptó la “ANC”.

Técnicamente no podemos hablar de “adelanto” de las elecciones presidenciales, pues a decir verdad, ninguna norma de nuestro ordenamiento jurídico precisa cuándo deben convocarse las elecciones presidenciales. La única fecha que está definida es el 10 de enero de 2019, día en el cual comenzará un nuevo período presidencial (artículo 231 constitucional). Luego, las elecciones deberán realizarse en cualquier momento antes de esa fecha.

prodavinciSin embargo, los principios de seguridad jurídica y transparencia aconsejan que la convocatoria a elecciones se realice con suficiente antelación a los fines de poder definir adecuadamente sus reglas, las cuales, de acuerdo con el artículo 298 de la Constitución, no pueden ser modificadas al menos seis meses antes de la elección.

Junto a ello, hay que recordar que la ANC carece de competencias para convocar a elecciones y para intervenir en el sistema electoral. Primero, porque la ANC es un órgano ilegítimo y fraudulento que, en tal virtud, no puede asumir ninguna función pública. Segundo, porque la convocatoria a elecciones es una competencia exclusiva del Poder Electoral (artículo 293 de la Constitución). Aun cuando en realidad, será el CNE quien formalmente convoque y organice las elecciones presidenciales.

Con lo cual, con esta decisión, la ANC intervino ilegítimamente en el sistema electoral y propició la fijación de las elecciones presidenciales en violación a los principios de transparencia y seguridad jurídica.

La ausencia de condiciones de integridad electoral

La decisión de la ANC de convocar a elecciones presidenciales se adoptó, además, en un contexto en el cual no existen en Venezuela condiciones de integridad electoral.

El concepto de “integridad electoral” ha venido siendo estudiado recientemente a los fines de describir las condiciones mínimas que debe respetar toda elección a los fines de garantizar la libre expresión de los electores, y en consecuencia, la solución pacífica y electoral de crisis políticas. A tal fin, se considera que las condiciones electorales abarcan todo el sistema, así como las fases previas, concomitantes y posteriores a la elección.

Tomando en cuenta los estándares generalmente empleados para medir la integridad electoral, podemos concluir que en Venezuela no existen condiciones de integridad electoral que permitan la realización de elecciones libres y transparentes. Basta con referir, por los momentos, a los principales indicios que soportan esta conclusión.

El CNE no es una instancia imparcial pues todos sus integrantes fueron fraudulentamente designados por la Sala Constitucional. Además, en su actuación, el CNE ha demostrado una clara parcialización a favor del Gobierno: los retrasos en el referendo revocatorio presidencial no guardan relación con la eficiencia mostrada en la organización de la ilegítima elección de la ANC.

Luego, el registro electoral no es transparente, en parte, por la propia actitud presente en el CNE. Basta con recordar el reciente episodio del cambio arbitrario de centros de votación para comprobar cómo el registro electoral no es una base de datos cierta y confiable.

Tampoco hay libre participación política. A la lista de líderes políticos inhabilitados o encarcelados, debe ahora agregársele la ilegítima decisión de la ANC de ilegalizar los partidos políticos que decidieron no participar en las elecciones municipales. Al fijar las elecciones para abril, además, la ANC obstaculizó que esos partidos pudieran cumplir a tiempo con el nuevo trámite de renovación de nómina de militantes.

No hay mecanismos transparentes de revisión. Por el contrario, el Tribunal Supremo de Justicia ha demostrado, con sus decisiones, una clara parcialidad a favor del Gobierno. El mejor ejemplo sigue siendo la decisión de la Sala Electoral de “suspender” a los diputados de Amazonas, en un juicio que más de dos años después no ha concluido.

Pero actualmente, el elemento más determinante es la ANC, que ha demostrado su disposición de intervenir ilegítimamente en las elecciones, incluso, para desconocer resultados electorales, como sucedió con el Gobernador electo del estado Zulia, Juan Pablo Guanipa.

La decisión de la ANC de convocar elecciones presidenciales para abril de 2018, demuestra que en Venezuela no existen condiciones de integridad electoral y que, en especial, mientras la ANC siga existiendo, no será posible realizar elecciones libres y transparentes en Venezuela.

Precisamente, parte de las negociaciones entre la oposición y el gobierno realizadas en República Dominicana se orientan a obtener condiciones básicas de integridad electoral, algo que por ahora no se ha logrado. Además, al fijar la fecha de las elecciones en abril, la ANC redujo drásticamente el tiempo para que esas negociaciones logren algo que hoy luce complejo: rescatar las condiciones de integridad electoral en Venezuela.

¿Participar o no participar?

Que en Venezuela no existan condiciones de integridad electoral no implica, necesariamente, que la única opción adecuada bajo la Constitución sea no participar en las elecciones. En efecto, la ausencia de condiciones de integridad electoral lo único que implica es que las elecciones, por sí solas, no garantizan un cambio constitucional en Venezuela. Sin embargo, ello no es suficiente para eliminar, absolutamente, la pertinencia constitucional de participar en las elecciones presidenciales.

Esta discusión se ha visto empañada por algunos malentendidos. Así, desde un punto de vista constitucional, no es cierto que participar en las elecciones presidenciales sea suficiente para “legitimar” la ANC, como ya expliqué en Prodavinci. En realidad, nada ni nadie puede legitimar a ese órgano.

De otro lado, hay algunas evidencias que apuntan a que las elecciones en regímenes autoritarios pueden desencadenar un cambio político, si y solo si se ejerce suficiente presión sobre el régimen. Para ello, hay que tomar en cuenta que Venezuela ya no puede ser considerada como un “autoritarismo competitivo”, o sea, como un régimen autocrático que permite ciertas elecciones bajo condiciones razonables de libertad. Por el contrario, Venezuela –luego de la ANC- es un régimen autoritario no competitivo, tanto más si se trata de una elección presidencial.

En virtud de lo anterior, la participación en las elecciones debe ser valorada no en función de la probabilidad de que se admita la libre expresión ciudadana, sino en función de la probabilidad de que esas elecciones, y el fraude que las rodea, puedan propiciar un cambio político y constitucional. Bajo esta perspectiva, participar en las elecciones presidenciales podría ser una condición necesaria –pero no suficiente– para promover un cambio constitucional y político en Venezuela.

El diálogo venezolano y su fracaso, Zapatero, y las elecciones. Una documentación

dóLas negociaciones entre gobierno y oposición de Venezuela en Santo Domingo han fracasado. El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero había presentado un borrador, el cual no fue aceptado por la oposición, que presentó por escrito sus posiciones y correcciones. La delegación del gobierno se negó a discutir este documento y abandonó Santo Domingo. El gobierno venezolano convocó unilaterlamente elecciones presidenciales para el 22 de abril 2018, sin ningún acuerdo sobre las condiciones, sin habilitar a los partidos y candidatos de la oposición, sin restructuración del Consejo Nacional Electoral, sin liberar a los presos políticos. Luego de esto, Zapatero mandó una carta a la oposición exigiendo que firme el documento por él presentado, sin ni siquiera mencionar los puntos alternativos presentados por la oposición.

Publicamos aquí dos análisis publicados en Prodavinci, el borrador presentado por Zapatero, , su carta a la oposición, y el documento presentado por la oposición.

Segunda Vuelta

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Eugenio Hernández, 7 febrero 2018 / PRODAVINCI

El gobierno y la oposición discutieron al menos tres propuestas en República Dominicana:

  1. Una presentada por los cancilleres en diciembre de 2017.
  2. Un documento promovido por el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.
  3. El último intento de acuerdo discutido la noche del martes 6 de febrero.

¿Cuál era la propuesta de los cancilleres?

prodavinciLa propuesta inicial de los cancilleres se remonta al 2 de diciembre de 2017. El ministro de Información y Comunicación, Jorge Rodríguez, mostró una parte de esa propuesta en una rueda de prensa. Tres puntos básicos la dominaban:

En el caso de las sanciones contra Venezuela se acordaba crear una comisión mixta que iniciaría gestiones ante la comunidad internacional para que fuesen revisadas y suprimidas.

En el tema de las elecciones se proponía realizar los comicios en el segundo semestre de 2018. Para lograr estos comicios se proponía la integración de un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) con cinco rectores, dos nombrados por el gobierno, dos por la oposición y uno de común acuerdo. Este nuevo organismo comicial convocaría las elecciones con al menos seis meses de anticipación.

Esta propuesta hacía énfasis en garantizar el voto de los venezolanos en el exterior y a flexibilizar los procesos de inscripción en el Registro Electoral (RE), para permitir que los ciudadanos se inscribieran con solo presentar su cédula de identidad, aunque estuviese vencida.

La propuesta comprometía al gobierno y al CNE a evitar que el Plan República interfiriera con el trabajo en las mesas de votación.

Para garantizar la normalización institucional se proponía levantar el desacato a la Asamblea Nacional, al resolver la impugnación a la elección de los diputados de Amazonas.

Los cancilleres proponían crear una comisión de enlace entre la Asamblea Nacional (con poderes restablecidos) y la Asamblea Nacional Constituyente para “negociar un acuerdo político que precise el mandato y la temporalidad de la ANC”.

Adicionalmente se pactaba crear un Grupo Económico y Social que debía trabajar para garantizar el acceso a medicinas y comida a través de las “diversas vías existentes, supresión de los bloqueos financieros y obtención de líneas de financiamiento”.

Se creaba una Comisión de la Verdad, integrada por tres representantes del gobierno y tres de la oposición, limitada a 4 meses de funcionamiento. El Gobierno se comprometía a instar a las autoridades competentes para lograr “liberaciones inmediatas en aras de la convivencia y reconciliación”.

En esta propuesta no estaba definida la forma de hacerle seguimiento a los acuerdos.

¿Qué proponía Rodríguez Zapatero?

La falta de acuerdo sobre el documento de los cancilleres dio pie a la discusión de la propuesta de acuerdo presentada por el exjefe del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero. Los seis puntos básicos de esta propuesta eran:

  1. En cuanto a la soberanía y las sanciones indicaba que el gobierno y la oposición acordaban “trabajar conjuntamente” para que se revisaran y suprimieran “las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”. En este sentido la principal propuesta giraba en torno a la creación de una comisión bilateral “para las oportunas gestiones en la comunidad internacional”.
  2. El segundo punto estaba referido a las elecciones. Aunque el acuerdo no incluía la fecha de los comicios, la propuesta sugería que debían designarse dos rectoras para sustituir a Tania D’ Amelio y Socorro Hernández, el método de selección sería el acuerdo entre las partes. En relación con la observación internacional, la propuesta se limitaba a indicar que la partes solicitarían al Secretario General de las Naciones Unidas conformar “una delegación de acompañamiento y observación electoral”. Se acordaba reinstaurar los centros de votación cerrados en 2017, sortear a los miembros de mesa, y fijar un período mínimo de actualización del RE entre el 8 y 15 de febrero. Este  acuerdo comprometía al CNE a realizar las auditorías ejecutadas para los comicios presidenciales de 2012 y la elección parlamentaria de 2015.
  3. La conformación de una comisión política entre la Asamblea Nacional y la Asamblea Nacional Constituyente que garantizara la coexistencia institucional.
  4. En relación con la situación económica y social, el acuerdo propuesto sugería la creación de una comisión que analizara y presentara propuestas “constructivas para abordar la situación económica de Venezuela”. Esta comisión debía trabajar por la “supresión de los bloqueos financieros y la obtención de líneas de financiamiento”.
  5. El último punto de esta propuesta era la creación de una Comisión de la Verdad integrada por tres representantes de la oposición, una ONG “de larga trayectoria en la promoción y defensa de los DDHH”. Esta comisión debía trabajar según las decisiones tomadas por la Constituyente el 23 de diciembre de 2017.
  6. Este acuerdo debía ser monitoreado por una comisión de seguimiento integrada por los cancilleres que han participado en el proceso de negociación, el gobierno de República Dominicana y el exjefe del Gobierno Español.

¿Cuál fue la última versión de la propuesta de Zapatero?

En la noche del martes 6 de febrero se discutió una nueva versión de la propuesta de Rodríguez Zapatero. Se llamó “Acuerdo de Convivencia Democrática por Venezuela”.

Constaba de seis puntos básicos, muy similares a los atribuidos a Rodríguez Zapatero, que buscaban “la afirmación de la soberanía nacional, la estabilidad democrática, la gobernabilidad, el pleno respeto de los derechos humanos, las garantías en los procesos electorales, la cooperación ante las coyunturas económico-sociales existentes, afirmar el estado de derecho constitucional, el desarrollo pleno de los derechos políticos y el compromiso por el respeto democrático, el rechazo absoluto a la violencia como instrumento político y una política de reconciliación, como fundamento para la convivencia democrática nacional”.

La gran diferencia con la versión anterior fue la inclusión del punto sobre el reclamo del Esequibo.

Según esta propuesta, gobierno y oposición acordaban “trabajar conjuntamente para que se revisen y supriman las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”. Para este fin se crearía “una comisión bilateral para las oportunas gestiones en la comunidad internacional. La comisión comenzará a funcionar en un plazo de 48 horas”. Adicionalmente las partes acordaban ratificar “los legítimos derechos de Venezuela sobre el territorio de la Guayana Esequiba”, a la vez que rechazaban “la inexplicable recomendación del Secretario General de la ONU que pretende desviar la aplicación de los medios políticos sucesivos ordenados por el Acuerdo de Ginebra, y dejar la resolución de esta controversia a una peligrosa inercia, desaprovechando la virtud jurídica y pacífica que ofrece este tratado internacional vigente, en armonía con los postulados de paz a los que se debe las Naciones Unidas”.

¿Cuál fue la última propuesta de la oposición?

El documento alternativo presentado por la oposición indicaba en su primer punto que el gobierno y oposición acordaban “trabajar conjuntamente, en la medida que el Gobierno avance en el otorgamiento de garantías democráticas en Venezuela, para que se revisen y supriman las sanciones unilaterales contra el país, que bloquean capacidades financieras para atender necesidades básicas del pueblo venezolano”.

En el tema electoral no se fijaba de antemano la fecha de las elecciones. Sin embargo, se precisaba cómo debería funcionar la observación electoral. La oposición propuso que se acordara la creación de una misión de observación electoral internacional “dirigida por la ONU e integrada adicionalmente por representantes de diversas organizaciones internacionales, los países acompañantes de este acuerdo y cualquier otro país u organización acordado por las partes”. Adicionalmente se indicaba que el cronograma electoral se iniciaría “con la instalación de la Observación Internacional. Se acuerda que esta misión de observación tenga todas las posibilidades de participar en todas las etapas e instancias del proceso electoral. El Gobierno acuerda enviar, en un plazo no mayor a 48 horas, la carta de invitación para la misión de observación al Secretario General de Naciones Unidas”.

Por otra parte, se daba un plazo de 2 días para la designación de los nuevos rectores del CNE. Se incluía en el proyecto de acuerdo que “en la búsqueda de garantizar un ente electoral con garantías de transparencia e imparcialidad, se acuerda la designación, a través del TSJ, en un plazo no mayor a las 48 horas, de los dos rectores designados en fecha 13 de diciembre de 2016 por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Los rectores a designar serán fruto del consenso de los firmantes de este acuerdo”.

La propuesta electoral de la oposición contenía 13 exigencias o compromisos básicos. Entre los más llamativos estaban:

1) A la fecha de la convocatoria de las elecciones los centros nacionales de votación serían reinstaurados a sus lugares originales y debía procederse a la mayor difusión pública posible para conocimiento de los electores.

2) Se realizarían todas las auditorías técnicas a la plataforma tecnológica y a los cuadernos de votación, con los estándares establecidos, no inferiores a los utilizados en las elecciones del 7 de octubre de 2012 y del 6 de diciembre de 2015.

3) Se acordaba incluir explícitamente en el cronograma electoral, el sorteo de los miembros de mesa que prestaran servicio electoral en la elección presidencial, además de la adecuada notificación de los mismos, entrenamiento y acreditación a través del Poder Electoral. Se acordaba garantizar que, en los procesos de instalación y constitución de mesas electorales, se cumpliera estrictamente con lo establecido en las leyes relacionadas con la incorporación de los miembros de mesa.

4) Ambas partes acordaban la inclusión en el cronograma electoral del proceso de apertura y actualización del RE, tanto dentro como fuera del país, de manera de garantizar el ejercicio del derecho del voto a todos los venezolanos. Se debía garantizar la debida publicidad de este proceso, a través de campañas institucionales del CNE. Este proceso de actualización del RE deberá tener una duración mínima de 15 días continuos.

5) En el interior del país se garantizaría el despliegue de 1.500 puntos de actualización como mínimo, distribuidos en todas las parroquias del país. En el extranjero debía garantizarse el funcionamiento de los puntos de actualización electoral en cada sede consular. Ambas partes acordaban la ubicación de puntos de actualización adicionales, ya fuese por indisponibilidad de la sede consular, o por elevada densidad en la presencia de venezolanos en determinada localidad.

6) Las partes acordaban la legalización inmediata, en un plazo de 48 horas, de los partidos Mesa de la Unidad Democrática, Voluntad Popular y Primero Justicia y la habilitación de Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski.

7) Ambas partes acordaban, en función de garantizar equilibrio en la estructura del CNE de cara a las elecciones presidenciales, la presencia de ambas partes en cada comisión de trabajo del CNE, como lo son la COPAFI, la JNE y la Comisión de RE. Igualmente se acordaba la designación equilibrada de directores principales y adjuntos en cada oficina regional del CNE, en un plazo de una semana luego de la firma del presente acuerdo.

8) Ambas partes acordaban la designación equilibrada de coordinadores de Centro de Votación, en cada centro de votación del país, en el plazo de una semana a la firma de este acuerdo.

9) Ambas partes acordaban, en función de preservar inalienable el derecho al voto sin presiones externas, la prohibición de proselitismo político y de acción gubernamental alrededor de los centros de votación el día de la elección, así como de la utilización de medios de identificación y votación distintos a los establecidos en la ley.

10) Ambas partes acordaban el uso de la tinta indeleble como identificación del votante en la mesa electoral.

11) Ambas partes acordaban la prohibición estricta del voto asistido en todas las mesas de votación. Solo será permitido en los casos establecidos en la ley y con el voto favorable de los miembros de la mesa electoral.

12) En el seno de la Comisión de Seguimiento y Verificación del Acuerdo se constituiría un grupo de alto nivel que atendería los asuntos que se presentasen y atendería el buen desarrollo del proceso electoral. Esta comisión estaría integrada por un representante del gobierno, un representante de la oposición y un representante de la mesa de facilitación.

13) Las partes se comprometían a reconocer el resultado de los comicios presidenciales del año 2018, independientemente de los mismos, siempre y cuando se cumplan todas las garantías establecidas en las leyes y en el presente acuerdo.

En la propuesta de la oposición se establecía que ambas partes acordaban “levantar, en un plazo no mayor a 15 días, el desacato judicial que pesa sobre la Asamblea Nacional con el objeto de que recupere sus funciones constitucionales, se convierta en una institución que permita el diálogo social y la reforma económica y social de Venezuela, y coadyuve en el proceso de atención urgente en cuanto a las necesidades del pueblo venezolano. Gobierno y Oposición acuerdan crear una comisión política, en un plazo no mayor de 15 días, que garantice el desarrollo pleno de las instituciones constitucionales”.

¿Qué se proponía sobre la emergencia económica y social?

En la propuesta de la oposición se establecía que ambas partes acordaban “conformar con carácter inmediato una comisión para el estudio, análisis y formulación de propuestas constructivas para abordar la situación económica de Venezuela”. Por otra parte indicaban que esta comisión estaría “abierta al trabajo y a las propuestas de los diferentes sectores sociales y podrá solicitar la colaboración de expertos. De manera prioritaria la comisión propondrá medidas para promover el acceso de bienes y servicios a la población, con énfasis en alimentos y medicinas, a través de diversas vías existentes, como la promoción decidida a la producción nacional, supresión de bloqueos financieros, obtención de líneas de financiamiento ante los diversos organismos y entidades internacionales o países dispuestos a cooperar, y en general, cualquier otra vía que pueda contribuir a tal fin”.

Esta comisión se constituiría en los primeros siete días consecutivos a la firma del acuerdo.

 

 

La (verdadera) carta de Zapatero. De Willy McKey

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Willy McKey, 8 febrero 2018 / PRODAVINCI

Momento 1: “Muy señor mío”.

prodavinciEl eje central del análisis de cualquier carta reside en su destinatario. En este caso, las palabras van medidas por el mismo rasero, sin importar a quien vayan dirigidas. Así es como el remitente ha decidido renunciar a la enorme posibilidad diplomática que ofrece toda carta: hablarle individualmente al otro, persuadirlo a partir de sus intereses e incitarlo mediante incentivos singulares. No ha sido así: las mismas palabras para todos, los mismos argumentos para todos, la misma carta para todos. Una carta calcada y encabezada con un apelativo distante y la pesada carga del pronombre posesivo. De aquí en adelante, cualesquiera que sean los destinatarios, lo mejor será sospechar de cuanto venga luego.

DVfos5YV4AA5_JXY lo que viene luego es sólo posible desde la asfixia: una oración eterna, inacabada e in finita que adquiere forma de párrafo imposible.

Aire caliente y retórica memoriosa.

La mitad de la carta está vacía, pero irremediablemente conduce hacia un exhorto.

Momento 2: “Tras un esfuerzo ingente de diálogo, auspiciado en los últimos meses por el esfuerzo ejemplar del presidente y el canciller de República Dominicana, con el acompañamiento de un grupo de países amigos, se culminó en un consenso básico”.

Aquel receso indefinido del diálogo comenzó cuando la comisión oficialista decidió levantarse de la mesa y volver a casa, sin revisar las modificaciones propuestas por la oposición al documento presentado por Zapatero bajo el título de Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela.

Aun así, a sabiendas de que la comisión oficialista ya había vuelto a casa para rendir cuentas a Miraflores, Zapatero decide emitir su carta a quienes horas antes habían decidido señalar correcciones posibles en un documento ajeno, con el apetito de lograr algún acuerdo.

El facilitador no le escribe a quienes abandonaron la negociación para que reconsideren la contraoferta opositora, sino a quienes mantuvieron los pies debajo de la mesa hasta el último momento, exhortándolos a firmar algo que no cumple con sus expectativas.

Momento 3: “Un gran acuerdo, que supone una esperanza real y valiente para Venezuela, concretado en un documento presentado a las partes que da respuesta a los planteamientos esenciales discutidos durante meses”

Hemos dicho que el documento presentado por Zapatero lleva el capcioso título de Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela. Por un momento, pensemos las bondades de este título desde las comunicaciones.

El título de este documento lo convierte en una herramienta útil para el aparato comunicacional del gobierno, que incluso funciona mejor cuando no ha sido firmado. Nadie puede quedar bien parado cuando se diga que se opuso a firmar un acuerdo para la convivencia democrática, ¿cierto? Dentro de la lógica del facilitador Zapatero, era mejor para la coalición opositora firmar un (mal) acuerdo antes que mantener sus exigencias.

¿Quién podría oponerse a algo con un nombre tan bonito como Acuerdo para la Convivencia Democrática por Venezuela? Pues, al parecer, sólo alguien que lo haya leído por completo.

Momento 4. “De manera inesperada para mí, el documento no fue suscrito por la representación de la oposición”

La voz de la carta miente. No Zapatero, sino la representación que la carta hace de Zapatero y de su papel como mediador. Zapatero, más bien, sabe lo que dice.

Nunca pudo haber sido inesperado para el facilitador que la oposición no firmara el acuerdo porque en ninguna de las declaraciones públicas de los voceros, en especial las de Julio Borges, se dejó ver algo distinto a que no habría acuerdo hasta que todo estuviera acordado.

Y el innegable síntoma de que una de las partes se levante de la mesa sin atender las modificaciones al acuerdo que plantearía la otra parte de la negociación agrieta la frágil estructura argumentativa del expresidente español. Y en esa medida, la carta miente: el documento no fue suscrito porque estaba siendo revisado. Y aquí aparece otro elemento merecedor de suspicacias, en las palabras públicas de Danilo Medina: “La oposición no entendió que estaba obligada a firmar ese acuerdo el día de ayer y pidió tiempo para ver el documento”.

Una negociación en la que está prohibido revisar los acuerdos es víctima letal de la dictadura de lo inmóvil y pierde todo sentido.

Momento 5. “No valoro las circunstancias y los motivos, pero mi deber es defender la verdad”

Éste es el momento donde la retórica juega en contra del remitente. Tras todas las articulaciones que hace, ¿cómo es posible saber cuál es la verdad, sin antes valorar circunstancias y motivos?

La única manera posible es hacerlo desde la miopía de quien cree que sólo una de las partes tiene derecho a posicionar su verdad. Y ése es un lugar de enunciación que compromete la figura de cualquier facilitador, poniéndolo de inmediato del lado de una de las partes.

Si fuera necesaria una compilación, el facilitador ha decidido ignorar que una de las partes decidió obviar la contraoferta de la otra, exhortar a quienes se mantuvieron en la negociación a firmar un acuerdo contrario a sus intereses y desatender las opiniones emitidas sobre las condiciones del acuerdo mientras finge sorpresa.

Momento 6. “Le pido, pensando en la paz y en la democracia, que su organización suscriba formalmente el acuerdo que le remito, una vez que el gobierno se ha comprometido a respetar escrupulosamente lo acordado”

Este exhorto frontal es, quizás, el más opaco de todos los momentos que componen la última carta del facilitador Zapatero. En el lenguaje del envite, es jugarse el resto: ya no le interesan las versiones posibles, las correcciones, la igualdad de derechos de las partes. Ni siquiera que ya uno de los lados de la negociación abandonó la mesa está en Caracas, robándose una fecha que fue pensada en conjunto siempre que se cumplieran otras condiciones. Ni siquiera que el anuncio de esa fecha demostrara de manera fehaciente que el Consejo Nacional Electoral no decide de manera autónoma, sino que espera la orden directa de quienes eran la cara del gobierno apenas unos instantes antes de esta carta. Ni siquiera que ese mismo gobierno que, según él,  se había comprometido a cumplir escrupulosamente lo acordado ya estaba de nuevo en su palacio, con los restos de la mesa en las manos como excusas para su nueva falta de escrúpulos electorera.

Momento 7. “Espero su respuesta favorable”

No espera Zapatero la posibilidad de una negativa. No le da cabida a un desacuerdo más, a otra negociación, a un no por respuesta. Su única expectativa es no-dialogante, casi muda: un sí refrendado por la firma de un alguien que represente algo. Lo que sea. Alguna parte que se ponga a su favor, así sea producto del tedio.

Y en medio de este delirio, Zapatero se confiesa de un lado de la mesa.

Zapatero es la transcripción de una voz que se vanagloria de sí misma, con la única intención de que le crean esta última jugada. Pero el lugar de enunciación de Zapatero ya no es el de un mediador o de un facilitador. Exhorta y no aconseja. Obliga. Y mientras obliga, finge sorpresa. Atenta contra sus verdades aparentes e intenta venderse a sí mismo como alguien neutral, al mismo tiempo que envía la carta en todas direcciones, con el propósito de fracturar.

Porque esta carta pretende que desde la miriada opositora aparezca otra voz que pacte con su performance y firme.

Es su última carta: la verdadera.

 

EL BORRADOR DE ZAPATERO QUE A OPOSICION NO VA A FIRMAR

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EL DOCUMENTO DE LA OPOSICION

 

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Sangre. De Leonardo Padrón

LEONARDO PAdron

Leonardo Padrón, escritor venezolando

Leonardo Padrón, 18 enero 2018 / CARAOTA DIGITAL

Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez.

Screen Shot 2018-01-21 at 10.21.10 AM.pngNo se puede juzgar al que no sintió verosimilitud en sus acciones ni aplaudir al que siempre tuvo la certeza de su autenticidad. La dictadura de Nicolás Maduro nos ha educado para no creer en nosotros mismos. Los prejuicios, dudas y recelos están a la orden del día. Por supuesto, nadie cree en la revolución ni en el paraíso terrenal del que alardea en sus cadenas. Pero ya tampoco se cree en los líderes de la oposición y menos en sus partidos políticos. No se cree en la institución del voto. No se cree ni siquiera en la esperanza. Hay motivos de sobra para tanta incredulidad, sin duda. Y ese es un triunfo de la revolución que debemos comenzar a desmantelar.

Algún aprendizaje debe haber con lo ocurrido. Debemos apelar a una profunda reflexión colectiva. El chavismo ha logrado despertar el lado oscuro de la sociedad venezolana. El odio está de fiesta en el país. Neutralizados los medios de comunicación, las redes sociales se han convertido en la única ventana de información. A su vez, las redes han permitido que todo el mundo se convierta en reportero de la realidad y han democratizado la opinión a dimensiones planetarias. Eso tiene sus ventajas y, obviamente, sus bemoles. Lamentablemente, muchas veces se opina como quien dispara un arma desde la cintura. Sin la más mínima pausa reflexiva. Sin aquilatar las ideas. Sin esperar que los hechos destilen su propia sintaxis. Hay un ansia enfermiza por ser el primero en opinar. Por pegarla del techo con una frase que pulverice las redes y gane muchos “likes” y “Rts”. A eso se le debe agregar –una vez más- el eficaz trabajo comunicacional del régimen, experto en sembrar matrices de opinión confusas, que enrarecen donde les conviene, que enturbian el ánimo y dislocan nuestra lectura de los hechos. Ya ningún evento es visto desde un nicho de mínima objetividad. En la multitud de tuits que cada noticia genera, los juicios más radicales, los más escandalosos o hirientes, ganan el rating de la comarca 2.0. Y si alguna figura pública escribe un desatino, inmediatamente se activa el paredón de fusilamiento. No importa que haya expresado un pensamiento que habitaba la mente de no pocos venezolanos. No importa que haya sido una figura amada por la sociedad. En un chasquido pasará a ser vapuleado sin misericordia. Es parte de la fiesta del odio. En las redes también sangra el país.

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Oscar Pérez poco antes de su ejecución. Foto publicada por él en su cuenta Instagram durante el asalto a la casa donde se refugiaba

El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura.

Los que nunca creyeron en Oscar Pérez lo hicieron porque ciertos hechos les parecían inverosímiles. Pero ahí está la nuez del problema. Va siendo hora de asumir que desde hace 19 años -en Venezuela- la realidad se volvió extraña, anormal, delirante, sobreactuada. Desde entonces, nada nos debe extrañar. Pero son muchas las cosas que nos deben preocupar como sociedad. Para salir del lodazal donde estamos, debemos exigirnos a nosotros mismos una revisión profunda, debemos domesticar el odio que nos han inoculado luego de tanta humillación y agravio. Canalizarlo, procesarlo, convertirlo en una forma de redención.

El país hoy es sangre. Sangre derramada. Y esa larga mancha de odio que se ha expandido en el mapa nos ha atrapado. Ya basta. No podemos más. Es suficiente. No nos cabe más dolor.

Reportaje del sepelio de Oscar Pérez