Cristina López

Lecciones mundialistas. De Cristina López

¿Lección? Si queremos un país mundialista necesitamos invertir en el desarrollo de toda la gente, no esperar que la suerte nos regale otro Mágico. No solo es fútbol: la cultura también importa.

9 julio 2018 / El Diario de Hoy

Lo bonito de la Copa Mundial de fútbol masculino es que tiene algo para todos. Para gente como yo, fácilmente descriptible como menos versada en la magia atlética del fútbol y eso de los jugadores y los equipos, lo bonito del Mundial es que solo pasa cada 4 años, por lo que poner en evidencia nuestra ignorancia absoluta con respecto a un tema del que todo el mundo parece saber muchísimo, no es algo que tengamos que hacer tan seguido. Para los amantes del deporte rey, el Mundial es la culminación de años de espera y el momento perfecto para gozar por un mes de los mejores exponentes alrededor del globo.

Sin embargo, analizar la Copa Mundial únicamente desde la perspectiva del fútbol es un tanto reduccionista, pues ignora una cantidad importante de lecciones que vale la pena aprender. Esto lo dijo mejor que yo alguien con mejor reputación en lo que a hablar de deportes se refiere, el salvadoreño Fernando Palomo, cuyo amor al deporte lo ha llevado a ser uno de los mejores comentaristas deportivos, en la actualidad trabajando para ESPN. Fernando Palomo no ve la Copa Mundial como “solo fútbol”. Precisamente porque es un momento histórico escaso (una vez cada cuatro años), al que la mayor parte de la población mundial tiene acceso a través de todo tipo de herramientas tecnológicas, y una reunión de países que expone similitudes y diferencias culturales, Palomo lo describe como “una exposición cultural con el fútbol como vehículo”.

Y hay varios ejemplos de estas exposiciones culturales, o “lecciones” que tanto los apasionados por el fútbol como los más bien indiferentes, deberíamos internalizar. Para los países en los que la responsabilidad individual podría inculcarse un tanto más, Alemania es un excelente ejemplo. El equipo pasó de coronarse campeón mundial a ser eliminado en fase de grupos y, sin embargo, no despidieron al entrenador. La responsabilidad individual implica no concentrar la culpa de un solo evento en una sola persona, sino admitir el rol que cada individuo tuvo en el resultado. Cuando el resultado es victoria, la responsabilidad individual se digiere fácil: todo el mundo quiere su pedacito de gloria, aparecer en la foto. Cuando el resultado es derrota (no solo en resultar eliminados de un Mundial, también aplica para calles sucias y llenas de basura) admitir que si cada persona mejorara su conducta individualmente, el resultado colectivo sería muchísimo mejor. Cuando se deja de culpar por los resultados colectivos a una sola persona, cada persona pone más de sí en busca de un mejor resultado.

Otra lección que le dio la vuelta al mundo fue la de Japón, que incluso después de sufrir el resultado más doloroso, perder de sorpresa al último minuto luego de mantener un 2-0 durante todo el juego, dedicaron tiempo a dar entrevistas, saludar a su público de aficionados (que son, al final del día, los constituyentes a quienes deben rendir cuentas) y luego de eso, bajaron al vestuario y lo dejaron nítido, incluyendo una nota de agradecimiento para el personal cuya responsabilidad habría sido lidiar con un vestuario sucio. Hacer más de lo esperado y perder con honor, son quizás algunas de las características que pueden explicar por qué Japón, como nación y sociedad, son un país desarrollado, conocido por sus calles limpias y por tener un ranking avanzado en la mayoría de índices que miden la facilidad para hacer negocios.

Claro, esto de ver el fútbol más allá del deporte y entender que es más bien la manifestación de una serie de características culturales y económicas cambiantes no necesariamente es nuevo. El economista Stefan Szymanski y el periodista Simon Kuper vienen haciéndolo por años con el estudio que publican cada cierto tiempo, llamado Soccernomics, y que usa factores como la economía, la geografía y la política interna de un país para explicar sus resultados futbolísticos en un mundial. Según ellos, los mejores futbolistas no son necesariamente los que han crecido en condiciones de pobreza (aunque las leyendas urbanas siempre han sido que son estos los jugadores con más “hambre” por ganar), sino los de países desarrollados, con educación de calidad y niveles de vida dignos. Los países prósperos generan equipos donde la mayoría de jugadores son talentosos, los países en desarrollo generan equipos en que las estrellas son la excepción y no la regla. ¿Lección? Si queremos un país mundialista necesitamos invertir en el desarrollo de toda la gente, no esperar que la suerte nos regale otro Mágico. No solo es fútbol: la cultura también importa.

@crislopezg

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El cáncer populista llega a México. De Cristina López

Como lo describió el periodista mexicano Enrique Acevedo en una columna en el Washington Post, el electorado se siente traicionado de que las elites políticas de siempre hayan demostrado incapacidad o desinterés en hacer algo por los 50 millones de mexicanos que viven bajo la línea de pobreza.

1 julio 2018 / El Diario de Hoy

Se le hizo a AMLO. En este caso, todo indica que para Andrés Manuel López Obrador, el candidato mexicano que promueve el nacionalismo populista, la tercera será la vencida. Se ha lanzado a la presidencia tres veces, y ha perdido las primeras dos. Sin embargo, todas las encuestas apuntan a que resultará victorioso en las elecciones de este domingo. Cualquiera pensaría, equivocadamente, que por haber sido candidato tantas veces, los mexicanos tienen más que clarísimo el plan de gobierno de AMLO. La realidad de las cosas, sin embargo, es que nadie sabe exactamente qué esperar de la plataforma política de AMLO porque como lo describieron dos analistas políticos en la revista Global Americans, sus propuestas “son una colección de nociones con pocos detalles y abundancia de contradicciones”.

Entre estas contradicciones se incluye la de buscar la autosuficiencia energética, cuando el país acaba de abrir la industria petrolera a la inversión extranjera. También quiere la autosuficiencia agrícola, cosa que sería perfecta si no implicara el encarecimiento de producir dentro de México muchos productos que simplemente sale más barato importar. Ha cuestionado el valor de tener una corte suprema de justicia, una postura que hace que la comparación de AMLO con Hugo Chávez no suene tan descabellada.

Su nacionalismo suena muchísimo como el de Donald Trump: sentimentalismo xenofóbico con implicaciones de políticas públicas que afectarían las relaciones diplomáticas de México con su mayor socio comercial, Estados Unidos. También como Trump, AMLO basa muchas de sus promesas en su narcisismo mesiánico: solo él es la solución y el remedio a los fallos que han debilitado tanto las instituciones y el estado de derecho en México. Como con Trump, existe un importante segmento de la población a quienes les es indiferente que la plataforma de AMLO sea vaga, poco concreta, o imposible de implementar, pues su culto a la personalidad ha sido la gasolina de su candidatura.

¿Qué cambió entonces AMLO para que después de haber sido rechazado dos veces el electorado ahora quiera darle una oportunidad? Nada. El cambio se dio en el electorado, que no solo es más joven, también está más harto que nunca. Hartazgo de la clase política y de los partidos tradicionales que han buscado resultados diferentes haciendo la misma cosa. Hartazgo de que no hay quien rinda cuentas del nivel de corrupción y delincuencia que continúan en aumento, y que incluyen un estado que a pesar de haber jugado un rol en la muerte de 43 estudiantes desaparecidos y asesinados en Ayotzinapa, goza de total impunidad.

Como lo describió el periodista mexicano Enrique Acevedo en una columna en el Washington Post, el electorado se siente traicionado de que las elites políticas de siempre hayan demostrado incapacidad o desinterés en hacer algo por los 50 millones de mexicanos que viven bajo la línea de pobreza. Y no es que la población esté prestando oídos sordos a las advertencias de analistas y comentaristas políticos que ven en una potencial administración de AMLO el equivalente a tirar a México a un abismo, simplemente la población considera que México ya está en ese abismo, como producto de décadas de administraciones corruptas, y que hay poco que perder en tratar lo desconocido.

@crislopezg

Incomodidades mundialistas. De Cristina López

Los funcionarios públicos de hoy, si quieren librarse del escrutinio y preservar el respeto de la opinión pública, también deben parecerlo con sus actos públicos y privados. Intachables. Y esto ya lo entendió Calleja. A ver si lo entiende el resto de su partido, que con pleno conocimiento de la investigación de probidad, no escatimó en nombrar a Reyes jefe de bancada.

24 junio 2018 / El Diario de Hoy

Mucho se ha comentado sobre la situación del diputado mundialista, pero no está de más resaltar lo obvio: ¡qué mala suerte la del pobre diputado Carlos Reyes! Imagínense si, como declaró Reyes en forma de justificación, “desde Niño” (la mayúscula arbitraria es de él) su sueño hubiera sido “poder ir a los mundiales” y de todas las posibles situaciones geográficas dentro de un estadio con capacidades masivas, encontrarse justo detrás de uno de los pocos mexicanos presentes con posibilidades reales de volver viral un video tipo selfie: un youtuber. En el video aparece en toda su gloria la cara diputadil de Reyes cumpliendo su sueño infantil, y la ciudadanía salvadoreña, como quien juega “buscando a Waldo” rápidamente se encargó de encontrarlo.

Si hubiera tenido mejor suerte, el diputado habría vuelto a la Asamblea, repartido los recuerditos rusos comprados y sin mayor pena ni gloria (pues tampoco se le conoce en su paso por la Asamblea por su ejemplar productividad legislativa o por personalmente impulsar legislación innovadora y transformativa), se habría reincorporado a sus labores tras haber gozado de la Copa Mundial masculina con pleno goce de sueldo. Fue hasta que las quejas de lo mal que se veía la situación fueron amplificadas por el candidato presidencial arenero Carlos Calleja que a regañadientes, Reyes pidió disculpas a “quiénes haya incomodado” y resignado, aceptó se le descontaran los días no devengados en su puesto de elección pública.

Tomando como base su disculpa, el diputado Reyes, además de mala suerte, parece también tener o poca perspicacia o poca maestría del significado común de las palabras. A ver: incomodidad es lo que uno siente cuando le toca el asiento de en medio en un avión abarrotado, o los nervios de encontrarse cara a cara con alguna persona que se intentaba evitar. Lo que sentimos quienes rechazamos la visión de Reyes disfrutando de Rusia 2018 no fue incomodidad: fue indignación y rabia.

Digo también, con base en su disculpa, que puede que le falte perspicacia a Reyes porque pareció no entender que no es su toma de vacaciones necesariamente el aspecto criticable. No hace falta ser abogado para saber que las vacaciones pagadas son un derecho laboral y que en su calidad de empleado, Reyes las tiene. Lo que vuelve su gira mundialista una crisis de relaciones públicas y un autogol político es el contexto personal del diputado. Reyes es uno de los 29 integrantes de la lista de funcionarios investigados por Probidad por sospecha de posible enriquecimiento ilícito.

Como recordatorio: en 3 años el patrimonio de Reyes creció de 850 mil dólares a más de millón y medio de dólares mientras servía en la Asamblea y gozaba de sueldo de diputado, un crecimiento que Reyes adjudicó a una presunta milagrosa plusvalía de sus propiedades. Por supuesto que aparecer en la lista de investigados por Probidad no condena a nadie y que como ciudadano a Reyes le asiste la presunción de inocencia. Pero a menos que Reyes viva debajo de una piedra, se habrá dado cuenta de que últimamente la paciencia de la población salvadoreña en lo que a manejo de fondos del estado y abuso de poder para enriquecimiento personal se refiere, está cortísima, por obra y gracia de varios exfuncionarios, varios de ellos miembros del mismo partido que Reyes.

La ciudadanía no va a tolerar más saqueos, por insignificantes que sean en comparación a los que se sospecha llevaron a cabo Saca y Funes. Lo que esto significa es que ya no es suficiente solamente ser honrado en lo más íntimo de sus corazones, los funcionarios públicos de hoy, si quieren librarse del escrutinio y preservar el respeto de la opinión pública, también deben parecerlo con sus actos públicos y privados. Intachables. Y esto ya lo entendió Calleja. A ver si lo entiende el resto de su partido, que con pleno conocimiento de la investigación de probidad, no escatimó en nombrar a Reyes jefe de bancada.

@crislopezg

No hay defensa para el expresidente. De Cristina López

Podríamos llenar varias columnas, con la infinidad de injusticias que derivan de su soberbia, falta de honradez y abuso de poder. Da asco. Ese asco es lo que hace dificilísimo tenerle siquiera lástima.

18 junio 2018 / El Diario de Hoy

Hace un par de años les hice a mis lectores sin querer una prueba de lectura comprensiva al escribir una columna sobre el presidente Funes titulada “en defensa del expresidente”. Un medio digital había publicado unas fotos del exmandatario rodeado de amistades, licores y humo de puros en un centro nocturno en Miami, Florida. Básicamente, las fotos eran el tristísimo cliché de alguien viviendo la estereotipada vida de la canción de Bacilos “el primer millón”, que casi biográficamente decía, “dejémoslo todo y vámonos para Mayami” en el instante en el que alguien hace crecer su fortuna. Recibí una inundación de críticas por parte de un número significativo de personas que no pasó de leer el titular, ofendidas por lo que pensaban era una defensa de lo indefendible.

Quienes leyeron más allá del titular se dieron cuenta de que la columna no era una defensa: ¡qué va! Era más bien un recordatorio de lo vacía que tenía que sentirse la vida de quien, después de 5 años en el servicio público, no tuviera más que mediocridad como legado. De lo mal que seguramente dormía a sabiendas de que los Johnny Walkers, los spas y las parrandas las pagó la corrupción. De lo doloroso que seguramente debía de haber sido para alguien con el desproporcionado ego de Funes ver que sus pares (exmandatarios de otros países latinoamericanos) eran invitados a dar conferencias internacionales y recibían ofertas de cátedras académicas en prestigiosas universidades, mientras él se veía relegado a la patética irrelevancia de limitarse a echar diatribas desde Twitter o de conducir un show de radio con bajísimo nivel de producción. (Funes dedicó varios minutos de ese programa a insultarme personalmente después de esa columna. Por lo visto, leyó más allá del titular).

En mi columna en ese 2015 que ahora parece lejano, decía: “Ténganle lástima”, porque las fotos de Miami se volverían un mal recuerdo en cuanto nuestro Ministerio Público subiera los estándares en lo que se espera del manejo de fondos por parte de nuestros gobernantes.

Aparentemente, el momento que con optimismo pero sin mucha convicción evoqué en esa columna, finalmente llegó y ahora confirmamos la evidencia que aquellas fotos demostraban a gritos. Que el estilo de vida, los relojes y las parrandas las pagamos nosotros. Que las compras de lujo incluyen pares de zapatos cuyo precio equivale a varios salarios mínimos salvadoreños. Que, como reportó Héctor Silva en Inside Crime la semana pasada, eran bolsas de basura repletas de efectivo el origen de semejante estilo de vida, legítimamente dándole el apropiado nombre de “saqueo público”. Que compró armas, ropa, se hospedó en hoteles cinco estrellas, todo pasándole la cuenta al contribuyente salvadoreño y a la cooperación internacional.

A ver, que no es envidia de los lujos lo que motiva condenar —por lo menos desde la opinión pública, mientras la justicia hace lo suyo— a Funes. Que gocen los que tienen mientras lo han ganado de manera honrada: así hay tantos salvadoreños, tanto en el país como en el exterior, que a base de partirse la espalda un día tras otro, con un poco de suerte, prudencia y excelente olfato para los negocios, gozan con total tranquilidad de los lujos que pueden pagarse tras haber convertido en mucho lo poco.

Lo que vuelve el caso de Funes y sus secuaces especialmente vergonzoso y desgarrador para nuestro país es pensar en el costo de oportunidad. Costo de oportunidad es el término económico que describe la mejor alternativa que no se eligió con el mismo valor: es decir, lo que hubiéramos podido comprar con la misma plata cuando compramos cualquier cosa. En esta afrenta a la Patria, el desarrollo y la gente de El Salvador, el costo de oportunidad de la vida de estrella de Hollywood de Ada Mitchell Guzmán son inversiones en nuestra infraestructura hospitalaria. El costo de oportunidad de los zapatos, relojes y armas de Funes son las reparaciones estructurales que urgen en tantas escuelas. El costo de oportunidad de sus parrandas en Miami es nuestra seguridad pública. Y así podríamos llenar varias columnas, con la infinidad de injusticias que derivan de su soberbia, falta de honradez y abuso de poder. Da asco. Ese asco es lo que hace dificilísimo tenerle siquiera lástima.

@crislopezg

Naturaleza que mata. De Cristina López

Desaprovechar esta oportunidad para tener conversaciones serias sobre planes y estrategias para mejor lidiar en el futuro con tragedias ambientales de este tipo sería imperdonable. Es una obligación moral para con las poblaciones más vulnerables…

11 junio 2018 / El Diario de Hoy

Siempre lo he dicho: la relación que en Latino América tenemos con la naturaleza es bastante diferente a la que tienen otras culturas. Se lo explico a la gente en Estados Unidos cuando les cuento que gran parte de nuestra Oración a la Bandera Salvadoreña es en realidad una oda a nuestra naturaleza: los soberbios volcanes, los apacibles lagos, los cielos de púrpura y oro.

Y, sin embargo, la relación con la naturaleza tenemos quienes crecimos en regiones al Sur es diferente a la que tienen otras culturas, principalmente porque en nuestros lares la naturaleza es una fuerza viva: una entidad que tememos y reverenciamos casi en partes iguales. Nuestra tierra está viva, y como lo describía Rómulo Gallegos en su novela Doña Bárbara, es voraz y salvaje, permanentemente dinámica y puede al mismo tiempo ser tan generosa como puede ser cruel. En nuestros parajes le tememos porque sabemos que tiene la capacidad de bailar bajo nuestros pies y tragarse edificios enteros en cosa de segundos atemorizantes que medimos en la escala de Richter. Es como si en nuestros parajes la naturaleza no conoce la templanza y hace y deshace con el volumen al máximo: si llueve, inunda. Los apacibles lagos esconden secretos de embudos sin fondo que devoran muelles y lanchas.

Y los soberbios volcanes, en toda su soberbia, devastan vidas y ciudades. Como para recordarnos que son poderosos gigantes dormidos. Y es en ese contexto en el que nos movemos, existimos, construimos ciudades, echamos raíces y creamos nuevas generaciones. Olvidamos la voracidad y fuerza viva de la naturaleza con la que coexistimos bajo nuestro propio riesgo. Ignoramos el cambio climático en nuestras decisiones personales y nuestras políticas públicas como si no tuviera impactos fuertísimos, incluso letales, en nuestra vulnerabilísima existencia, cual reses votando por el carnicero para presidente. En nuestra región las políticas públicas y las decisiones gubernamentales, si realmente se diseñan poniendo al individuo al centro, no pueden ignorar el contexto ambiental en el que vivimos. No pueden olvidar que la naturaleza, cuando amenaza, no ensaya, ni amaga, ni hace bluffing.

Fue esto lo que dolorosamente recordamos en el contexto de que en nuestro país vecino el Volcán de Fuego decidió hacerle honor a su nombre. A pesar de los avisos de actividad volcánica, las autoridades decidieron no actuar y aquellos que podrían haberse salvado con una evacuación efectiva y eficiente se quedaron en casa. La cuenta de muertos continúa en aumento y el impacto para las poblaciones que ya de por sí eran económicamente vulnerables tendrá consecuencias permanentes. La solidaridad con Guatemala en estos momentos de crisis es indispensable, pero desaprovechar esta oportunidad para tener conversaciones serias sobre planes y estrategias para mejor lidiar en el futuro con tragedias ambientales de este tipo sería imperdonable. Es una obligación moral para con las poblaciones más vulnerables, que no tienen el lujo de mudarse a zonas fuera de rutas de peligro, o que no cuentan con la educación adecuada para la internalización de riesgos ambientales. Si bien los riesgos de coexistir con la naturaleza viva que hace de nuestros países verdaderos paraísos son inevitables, la capacidad de diseñar estrategias de resiliencia está enteramente en nuestras manos.

@crislopezg

Autoritarismo chic. De Cristina López

4 junio 2018 / El Diario de Hoy

Hay memorias o sentimientos que por más que pase el tiempo, no se borran del disco duro de los recuerdos, sobre todo las que dejan huellas. Otras memorias, productos de otras nuevas experiencias, más recientes, más brillantes y más felices, aunque van tapando y distrayendo de las memorias traumáticas, no las borran. Solo descansan encima de las otras, de manera superficial. Lo único que toma es un estímulo mal puesto que a modo de gatillo, hace que se desborde uno en emociones desproporcionadas al momento presente, propias más bien de los recuerdos pasados.

Me tardé en darme cuenta de que varios de esos gatillos para mí están en las idioteces más impensables, por ejemplo que en las paredes de un apartamento ordinario compartido por un grupo de profesionales jóvenes en Washington, DC, que han abierto amigablemente las puertas de su casa para festejar el principio del verano, se encuentre con total prominencia y sin ironía alguna, un poster de Hugo Chávez. O que en calles estadounidenses donde existen pocos hambrientos haya quienes desfilen con camisetas del Che Guevara, cuyo legado antidemocrático y sangriento ha dejado a tantos con hambre.

Claro, la imagen del Che es algo que el capitalismo ha explotado paradójicamente por años. Más de algún ingenuo bien intencionado se ha abrazado a ella con ideales de cambio y de progreso que nadie racional rechazaría. Solo alguno que otro psicópata la usaría abanderando genuinamente la supresión de libertades en Cuba, o realmente defendiendo brutales tiranías. No creo que lo que esos profesionales jóvenes de DC, increíblemente capaces en trabajos con salarios no vistos en sus pares venezolanos, realmente querían honrar en su pared la desgracia que ha sido Hugo Chávez en Venezuela. No, jamás van a hacer líneas en supermercado alguno como pasa en tantas aceras en Caracas, o saldrán a las calles a ser masacrados por querer democracia como en Nicaragua. Esos, los hechos reales que han servido de base para la película de color rosa del autoritarismo chic que les gusta, son muy cruentos y escabrosos para andarlos llevando en camiseta.

A la hora de hablar de Cuba prefieren La Habana de Instagram, con sus carros antiguos, sus puros humeantes, sus bares Hemingwayanos y sus playas de mentiras. Si van, no pasan del Malecón o de las calles de La Habana Vieja, donde abundan los momentos fotográficos y es fácil ignorar las lágrimas y la sangre que ha sido derramada. No cuesta tanto ignorar que las fotos que subirán a sus redes sociales (hashtag revolución) jamás las verán sus pares cubanos por tener tan precario el acceso a Internet. O que para los venezolanos promedio, eso de visitar otros países e intercambiar culturas se podría volver un exotismo inalcanzable a menos que se tengan recursos de sobra o conectes políticos.

Y pienso estas cosas con rabia y en silencio, tratando de llevar la fiesta en paz para no volverme el ave de mal agüero que no ha olvidado una visita a Cuba que contó con escrutinio y persecución desproporcionada por parte del gobierno solo porque el propósito eran proyectos de solidaridad con los disidentes. Y con rabia también pienso en el gobierno de mi propio país y en su pleitesía absurda a los regímenes de Venezuela y Cuba, mientras convenientemente se ignora a su gente, y en su asqueroso silencio cómplice con las atrocidades que están pasando en Nicaragua. Y luego me acuerdo de que, en el extremo opuesto, también hay idiotas que tienen en la pared a Pinochet, o quienes en El Salvador veneran a militares con legados sangrientos solo porque la sangre era de “piricuacos”. Y luego del recuerdo de que de la idiotez de intentar volver “cool” al autoritarismo ninguna ideología tiene el monopolio, no me queda más que irme de la fiesta y llevar mi mal humor a otro lado, sintiéndome culpable por no haber tenido la valentía de decir algo.

@crislopezg

El populismo de la fe. De Cristina López

27 mayo 2018 / El Diario de Hoy

El jueves pasado, los diputados electos el 4 de marzo llevaron a cabo la primera sesión plenaria ordinaria. Lo que hizo ruido y dio material para discutir no fueron necesariamente los pensados dictámenes ni el elevado nivel de debate parlamentario, sino el hecho de que la plenaria contó también con la visita de la imagen de la Virgen de Fátima. El departamento de comunicaciones de la Asamblea se encargó de publicitar la devoción del diputado Norman Quijano, que en su calidad de presidente de la Asamblea le dio la bienvenida a la imagen y a sus custodios y participó en la procesión y eucaristía. No estuve ahí, pero en redes sociales sobraban las fotos.

Inmediatamente se desató el debate y uno de los argumentos más repetidos y válidos fue el que cuestionaba la celebración de un acto religioso dentro de un órgano gubernamental perteneciente a un Estado laico democrático. Debates así hacen que me entre la nostalgia por los años universitarios y las clases de Teoría del Estado y Derecho Constitucional, con los cuadernos y códigos manchados de plumón. A ver, no les falta razón a los fervientes propulsores del republicanismo laicista en el sentido que, si bien nuestra Constitución no dice específicamente que el Estado es laico, lo manifiesta de manera clara e implícita a lo largo del texto y lo refuerza con legislación secundaria. Aparte, lo confirmó una sentencia judicial en 2008. Y cuando la Constitución declara que la soberanía del Estado deviene del pueblo y regula las garantías ciudadanas hace al electorado el ente mandante y no a iglesia alguna.

La visita de la imagen de la Virgen a la Asamblea no violentó necesariamente esta laicidad desde el punto de vista legal. Lo que sí constituyó, en mi opinión particular, fue una manifestación más del populismo religioso con el que nuestros gobernantes explotan las creencias y fervor de gran parte del electorado. Y es una estrategia tan vieja como el hambre en nuestro país, porque se sirve de que por lo menos desde el punto de vista cultural, El Salvador ha sido históricamente eminentemente católico. Es a sabiendas de eso que muchos candidatos, incluso algunos que no se persignan desde su primera comunión, hacen de la misa una parada clave en sus giras proselitistas, siempre acompañados de las cámaras.

Y de la explotación de la fe con fines proselitistas no tiene el monopolio ninguno de los partidos. En un acto de descaradísimo cinismo fue nuestro expresidente efemelenista, el asilado, el que abusó de la imagen del Beato Monseñor Romero para hacer campaña. A la hora de gobernar, ni a la hora de parrandear en Miami, en poco se veía la influencia romerista. Pero es que esa no era la intención, claramente.

En un par de años, si las tendencias se mantienen, esta estrategia política probablemente cambiará y no será la Virgen la que visite ni serán las misas lo que exploten los políticos, sino más bien los cultos evangélicos. Datos de 2017 demostraron que en El Salvador, la población evangélica va en aumento, al igual que la población no creyente. Según La Prensa Gráfica, “el 45 % … dice profesar la religión católica, mientras que el 35 % asegura ser de religión evangélica. El 17 % dijo no tener ninguna preferencia religiosa, mientras que el 2 % dijo que opta por una religión diferente a las mencionadas anteriormente”.

El tema no es necesariamente si llevando a la Virgen o no, representan a cabalidad las creencias de la población. Lo problemático es el proselitismo implícito y la explotación de los signos religiosos en el ámbito legislativo. El asqueroso propósito al final, y dispensen el cinismo, es disfrazar de devoto y moral decisiones gubernamentales que tienen consecuencias profundamente injustas para tantos individuos que siguen mereciendo representación legislativa y protección estatal, con independencia de la fe que profesen o de si se congregan o no. Lo ideal, para no incurrir en el irrespeto de explotar símbolos que son sagrados para tantos salvadoreños y evitar disfrazar de sacro lo injusto, es darle a cada cosa su lugar. A la Asamblea que vayan a trabajar por el país. Y a venerar en lo privado, a pesar de que sea menos atractivo para tantos políticos, pues en lo privado no hay fotos.

@crislopezg