Cristina López

“Se te fue la juventud”. De Cristina López

Me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda.

Cristina LópezCristina López, 16 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Uno de los chistes formulaicos que circulan en el internet –también conocidos como memes– es aquel de “se te fue la juventud cuando…”, que menciona claros indicadores de que los años más potables han ido quedando atrás. Por supuesto, es diferente para cada generación. Pero fuera del chiste, realmente hay momentos que ensartan ese recordatorio pedante como daga al orgullo, como por ejemplo que el otro día, oyendo radio en el tráfico, el disc jokey — algún puberto sin escrúpulo alguno, sin duda — incluyó en una lista “del recuerdo” las canciones con las que yo crecí, las de Britney Spears, los Backstreet Boys, N’Sync y demás. Y me tuve que reír, pues en mi cabeza las canciones que irían en una lista “del recuerdo” son más bien las de ABBA, la Pequeña Compañía, Pimpinela y Pandora. Y con eso, las que se indignarían serían mis hermanas mayores, puesto que la lista sería diferente para ellas.

EDH logY si la música no es suficiente recordatorio, la evolución del lenguaje lo es, y de manera arrolladora. Nada me recuerda con más claridad que estoy más cerca de los cuarenta que de los dieciséis que tener una conversación con mi sobrina de 16 y preguntarle sobre su vida social y la de sus coetáneos. Resulta que hoy en día y bajo el sol que nos alumbra, la gente ya no “amarra” cuando quiere comenzar una relación romántica. Ahora la gente “se trae”. Ni siquiera intenté encontrarle sentido gramatical al asunto o preguntar qué objeto, si objeto alguno existe, es lo que “se trae” la gente, asumiendo que la frase completa es “se traen algo” y que ese algo es de carácter romántico. Claramente, sería alguien con verdadero dominio de los nuevos términos la verdadera autoridad en descifrar el nuevo curioso léxico y no yo.

Sin embargo, pese a los recordatorios del inexorable paso del tiempo, fuera de ser un indicador generacional y de contextos culturales, la edad es un mal indicador de la juventud. He conocido viejos jóvenes y jóvenes achacosos y cascarrabias. Tanto de lo que define la vejez es cansancio, apatía, desinterés por otras cosas que no sean los rituales ordinarios de la supervivencia personal — se reduce a veces tanto el círculo de lo que al individuo le importa que en esa existencia, socialmente les comenzamos a aceptar a nuestros viejitos sus “mañas” sin cuestionamiento alguno. Sin embargo, impresiona ver gente con más mañas que años. Es, en ese sentido, un mejor indicador de la juventud espiritual, más que los años o la música, la curiosidad intelectual, las ganas de reír, las sonrisas fáciles.

Se va volviendo viejo por dentro aquel al que le dejan de importar los demás y le deja de alegrar la felicidad ajena. Se entumecen las articulaciones emocionales y cerebrales cuando el mundo de lo que nos importa se reduce tanto, ¡tantísimo! que deja de importar la situación del país o las circunstancias de los más desfavorecidos. Por ilustrar con un ejemplo, uno de los “viejos” más jóvenes que conozco se llama Paolo Lüers y difícilmente llegará a viejo, porque dentro de su círculo de las cosas que le importan cabe tanto: una buena cerveza, un buen debate político, mantenerse en la vanguardia de las conversaciones en las redes sociales y saberlas manejar mucho más hábilmente que tanta gente de su generación, escribir sin parar, siendo una de las plumas más prolíficas del país, continuar interesado en entablar amistades intergeneracionales, viajar. De manera opuesta, me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda. A mí la edad no me asusta: cada año cumplido lo celebro con orgullo y si solo de mí dependiera, quisiera continuar haciéndolo por unas siete décadas más. ¡Pero qué miedo me daría volverme vieja!

@crislopezg

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La hipocresía liberal de Hollywood. De Cristina López

Harvey Weinstein la semana pasada tuvo que retirarse de su compañía ya que salieron a la luz años de escándalos en los que había usado su posición de poder para abusar y acosar sexualmente a varias mujeres.

Cristina LópezCristina López, 9 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Se acuerdan de Good Will Hunting, la película que lanzó al estrellato a dos bostonianos inseparables a finales de los Noventa y que trataba sobre un genio matemático tratando de encontrarle sentido a la vida? ¿Qué hay de Pulp Fiction, con la inolvidable escena de baile entre John Travolta y Uma Thurman? Se me vienen también a la memoria Shakespeare in love, The English Patient y otros éxitos noventeros que hicieron que muchos de nosotros nos enamoráramos del cine.

EDH logLo que tienen todas estas películas en común es su productor ejecutivo (en otras palabras, el rol en el cine que hace posibles las películas, vía financiamiento), Harvey Weinstein. Weinstein, el multimillonario detrás de una productora enorme como Miramax, por años ha sido admirado por su buen ojo para escoger proyectos. En cuanto a filantropía, ha donado millones de dólares a causas liberales y políticos que, en teoría, apoyan causas progresistas que van desde el ambientalismo hasta la igualdad de género y el avance de las mujeres. Y es esto lo que ilustra la abismal hipocresía de Hollywood, puesto que Weinstein la semana pasada tuvo que retirarse de su compañía ya que salieron a la luz años de escándalos en los que había usado su posición de poder para abusar y acosar sexualmente a varias mujeres. Su excusa fue que en su época, “la manera de tratar a las mujeres era diferente”. En pocas palabras, en su época usar una posición de poder para abusar de una mujer era menos cuestionado.

Esto en el mismo Hollywood que en sus galas y eventos sermonea a la sociedad en todo tipo de temas. El mismo Hollywood que reaccionó nauseabundo y asqueado cuando salieron a la luz los comentarios asquerosos que Donald Trump, antes de volverse presidente de los Estados Unidos, hizo en un video sobre cómo trataba a las mujeres. La misma industria del cine cuyas estrellas marcharon en Washington DC en la marcha histórica por las mujeres a principios del año, tuvo por años entre los suyos, departió en fiestas y contribuyó a enriquecer a un conocido abusador como Weinstein. Los escándalos no son nuevos, eran un secreto a voces. Lo que es nuevo es la valentía que los periodistas del New York Times tuvieron al publicar por fin lo que tantas mujeres abusadas venían diciendo: que trabajar con Weinstein implicaba exponerse, física y mentalmente, a ser tratadas como meros objetos sexuales.

Y no es el único. Roman Polanski es un pedófilo confeso y continúa recibiendo premios. Tomó más de veinte mujeres denunciando sus abusos sexuales para lograr que Bill Cosby dejara de ser considerado una joya cultural intocable. Woody Allen sigue siendo celebrado muy a pesar de su horrorosa manera de tratar a las mujeres (esto sin entrar en detalles en cuanto a su vida marital). Claro, se argumenta que se puede separar al artista de su arte, y eso es otra discusión.

Sin embargo, lo que importa recalcar es la hipocresía de que la industria que ha solapado con silencio cómplice los abusos de hombres poderosos pretenda ser una influencia o un faro liberal cuando sus prácticas son tan antiliberales.

@crislopezg

Mirarnos de lejos. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 2 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

A veces la distancia desde la que vemos las cosas afecta poderosamente la impresión que de ellas tenemos. Es decir, cuando la distancia es corta es más fácil ignorar los males propios. Aplicado al país, esta distorsión en perspectiva –y sumada a eso, la poderosa fuerza de la costumbre– a veces consigue que persigamos prioridades erradas. Por ejemplo, a fuerza de costumbre y por el hecho de que lo vemos tan de cerca, la violencia estructural e inseguridad de la que padecemos da la apariencia de ser fija y permanente y por eso no faltan los desubicados que se enfocan en hacerle la guerra a la nomenclatura de nuestros accidentes geológicos y en vez de usar su influencia para resolver problemas reales.

EDH logY a ver, la distancia a veces tiene el efecto contrario y nos induce a otros a romantizar nuestra tierra. Desde lejos, cuando pienso en nuestro El Salvador, son los recuerdos cálidos los que saltan: los cielos despejados de octubre, la feria de diciembre y sus comidas y vestidos típicos frente a la Ceiba de Guadalupe, los tiempos en familia. No los índices de criminalidad, ni el PIB, ni lo mucho que nos han fallado nuestras autoridades. Los recuerdos melancólicos de El Salvador de postal no son representativos de El Salvador real. De vez en cuando es el dolor lo que ayuda a recordar esto, y fue precisamente dolor lo que sentí al leer la experiencia que, también desde lejos, tuvo mi amiga Leonor hace unos días.

La Leo es parcialmente responsable de mi título universitario, pues de no haber sido por sus generosos jalones cada mañana, llegar a la clase de las 7 a.m. en la ESEN habría sido mucho más complicado. Durante los últimos años de universidad compartí con la Leo sesiones de desvelo en grupos de estudio y aflicciones por exámenes para los que se nos “olvidaba” estudiar. No siempre coincidíamos (quizás ahora tenemos más en común que antes) en cuanto a ideas políticas, pero sí en el acuerdo de que El Salvador de nuestros sueños es más justo, más seguro y más igual. Porque conozco su compromiso sé que pondrá el postgrado que acaba de terminar en Oxford, Inglaterra, al servicio de nuestro país y Latino América. A continuación, transcribo sin editar parte la experiencia que acaba de vivir la Leo y que ella compartió en una de sus cuentas en las redes sociales. Espero que invite a reflexionar sobre la manera en que la perspectiva que tenemos afecta nuestra percepción de lo que significa vivir en El Salvador:

“Hoy, mientras desayunaba en un hotel en Estocolmo, conocí a Reinaldo, un refugiado político cubano que escapó del régimen castrista hace doce años. Me contó su historia y luego me preguntó de dónde era. “De El Salvador”, le dije. Su cara cambió y e immediatamente me dijo: “¡Uf! Cuánto siento por Uds. ¡Horrendo lo que se vive en tu país!”. La reacción me resultó extraña: un cubano exiliado -con todo y lo que eso significa- horrorizado por lo que pasa en mi país. Pero antes de que yo siquiera respondiera algo, siguió diciendo:

“Digo, régimen es régimen, pero que en un lugar sea una hazaña que un joven llegue a sus treinta años… ¡eso no tiene nombre!”. Pensé en cada elección en El Salvador –las pasadas y las que se vienen– y los interminables pleitos patéticos en Twitter que no pasan de eslóganes desfasados, de fantasmas imperialistas o “el coco comunista”. “¡TEMAN! ¡TEMAN! ¡NOS QUIEREN CONVERTIR EN CUBA!” – Qué absurdo, si ya somos ese infierno que horroriza hasta a un cubano exiliado…”.

@crislopezg

¡Qué envidia los chapines! De Cristina López

Una de las lecciones que podemos aprender de los guatemaltecos es que la corrupción no desaparece solo porque se instauren comisiones internacionales en su contra.

Cristina LópezCristina López, 25 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Qué envidia dan los chapines, la verdad. Aunque padecen de uno de los mismos males que ha plagado a tantas sociedades latinoamericanas, o sea, gobernantes que han usado el servicio público para enriquecerse, han respondido de maneras más valientes. El 20 de septiembre llenaron las calles con más de 205 mil ciudadanos (según cifras del movimiento Justicia Ya) que con un paro nacional buscaban demostrar su descontento con la corrupción de las autoridades y exigir reformas al sistema.

EDH logY no es poco lo que la sociedad civil guatemalteca ha logrado hasta ahora: hace 2 años, en 2015, la presión ciudadana fue uno de los factores más importantes para lograr la renuncia del entonces presidente, Otto Pérez Molina. Lo verdaderamente envidiable es que han logrado trascender de la polarización y los colores partidarios, y en las calles y plazas, los colores que predominaban eran los de la bandera chapina. Tanto en la capital como en el interior del país, el clamor ciudadano se dejó oír a una sola voz, trascendiendo (quizás no totalmente, pero algo) las divisiones habituales entre campo y ciudad. En pocas palabras, lo que los chapines están protestando es lo mismo que podríamos protestarles a nuestros propios gobernantes: que se han aprovechado del poder para enriquecerse.

Específico al caso chapín, lo que muchos activistas exigen actualmente es una reforma a su legislación electoral y de partidos políticos para evitar la financiación con dinero oscuro y la protección de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) que tantos frutos les ha rendido y a la que tanto le teme su presidente, Jimmy Morales. Tanto así que su discurso frente a las Naciones Unidas solo vino a confirmar sus intenciones de debilitar las instituciones instauradas para exigirle cuentas y proteger el Estado de Derecho.

Las protestas no son solo en contra de la corrupción de Morales, sino también en contra de los legisladores que continúan protegiéndolo y se niegan a quitarle el fuero.

Los diputados, en su esfuerzo de proteger a Morales y protegerse de potenciales investigaciones por corrupción, intentaron pasar reformas legislativas diseñadas para que líderes de partidos políticos puedan evitar las consecuencias penales de violentar leyes de financiamiento electoral. Fue su Corte Constitucional la que tuvo que intervenir y obligarlos a corregir la plana, puesto que el espíritu de las reformas claramente era evitar la justicia y esto violentaba el Estado de Derecho.

La reacción de la sociedad civil ha sido también protestar las acciones de los diputados, llegando al punto que varios negocios les han negado sus servicios. Aunque ha habido críticas de que negar servicios comerciales por razones políticas raya en la violencia a los derechos civiles, hay que recordar que ser corrupto no es una condición natural inevitable, sino un ejercicio que se decide libremente y que acarrea terribles consecuencias sociales y erosiona el estado de derecho. No será hasta que los corruptos sufran consecuencias reales por sus actos –tanto legales como sociales– que la corrupción comenzará a menguar.

Una de las lecciones que podemos aprender de los guatemaltecos es que la corrupción no desaparece solo porque se instauren comisiones internacionales en su contra. Parte del problema está en la cultura de tolerancia y en la indiferencia. Los gobernantes deberían abstenerse de la corrupción no solo porque lo prohíben las leyes, sino porque deberían temerle a la sociedad civil cuando esta se organiza y protesta. En nuestro país, que existan políticos corruptos pone en evidencia que no nos tienen miedo. ¡Qué envidia da Guatemala!

@crislopezg.

Próceres modernos. De Cristina López

No se tiene en ese momento duda alguna de que “todos, todos” quieren a la Patria, como dice la canción. Se vive aún en la tierna ignorancia de que muchos, con plena conciencia de sus actos, a la Patria la quieren nadita y se enriquecen a su costa perpetuando un sistema de corrupción.

Cristina LópezCristina López, 18 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Me acuerdo como si no hubieran pasado dos décadas y media. En el patio del kínder, debajo del palo de mango a cuyos pies se instalaba según la época, altar de Día de la Cruz o telón de fondo para “actos”, varias docenas de minipersonas uniformadas. Las niñas de overol y falda, los niños con pantalones cortos. La mayoría con las rodillas raspadas. En bloques con más desorden que orden, cada quien sujetando entre las manitas (probablemente) pegajosas, una varita de bambú con una bandera hecha de plástico de bolsa. Ondeándola casi con violencia se cantaba con total desentonación aquello de “con dos franjas azules y en medio una muy blanca, se forma la Bandera, símbolo de mi Patria”.

EDH logPor alguna razón se me ha quedado grabado el momento, pero al llegar a la segunda estrofa el corito desentonado se entusiasmaba cual concierto de rock en su momento de clímax, de manera que la parte de “todos, todos debemos quererla mucho mucho y los salvadoreños, le rendiremos culto” se cantaba con total euforia y convencimiento. Convencimiento de la unanimidad del sentimiento, porque si la canción decía “todos”, pues claro que todos, minipersonas y adultos completos, seguramente querían “mucho, mucho” a la Patria también.

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Décadas después me río de la ingenuidad del asunto y agradezco la paciencia de las pobres “misses” que toleraban las vocecitas desgalilladas en plena euforia patriótica. Ingenuidad, porque a los cuatro o cinco años el concepto de Patria es reductible a dos franjas azules con una muy blanca al centro, y el concepto de patriotismo, a la fuerza con la que se ondea la banderita o el volumen con el que se entona la canción. No se tiene en ese momento duda alguna de que “todos, todos” quieren a la Patria, como dice la canción. Se vive aún en la tierna ignorancia de que muchos, con plena conciencia de sus actos, a la Patria la quieren nadita y se enriquecen a su costa perpetuando un sistema de corrupción, tanto desde instituciones gubernamentales como desde corporaciones clientelistas.

Cuando se aprende de nuestros Próceres por primera vez, con la típica imagen de los cromos de librería, se entiende poco de las razones que movieron a ese grupo de padres narizones y un par de señores bigotudos a dedicarle tiempo a la causa independentista. Cuando hablamos ahora de Los Próceres normalmente nos referimos al bulevar más que a las figuras históricas que nos heredaron la responsabilidad por el terruño. Más de una vez me he preguntado, en ese tráfico de Los Próceres y usualmente de ida o vuelta del aeropuerto, si lo que tenemos es lo que soñaron nuestros Fundadores y si, de vernos en la actualidad, se hubieran animado de todas maneras a dar “el Primer Grito”.

Quiero pensar que sí. Que cuando soñaban y pensaban en el futuro –difícilmente se emprenden causas como la independentista a menos que se tenga una enorme capacidad de soñar — pensaban en las generaciones que veníamos después. Que lo que sea que fuere que los impulsaba (más allá del cinismo y de los obvios intereses políticos y económicos del momento, el patriotismo idealista que desgalilla a niños de kínder), lo sentirían también otros hombres y mujeres, y como ellos, arriesgarían lo propio, lo mezquino y lo pequeño, para conquistar lo común, lo significante y lo trascendente. Ojalá, décadas después, las minipersonas que ondeábamos banderitas plásticas y cantábamos con fervor desentonado, no les estemos fallando.

@crislopezg

Progresista de Photoshop. De Cristina López

Al alcalde la chumpa de progresista le ha quedado grande, demostrando que no es la respuesta (en caso de que la población independiente anduviera buscando algún vehículo que pudiera avanzar causas que a la derecha no le interesan).

Cristina LópezCristina López, 11 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Hablando de política con amigos estadounidenses, alguien me preguntaba sobre el alcalde de San Salvador. Una publicación internacional había hablado de él de manera sumamente positiva, relatando su innovador acercamiento no solo hacia la política, sino también en el campo de las políticas públicas. Notaban su calidad de “outsider” y su juventud. Lo de “outsider” importaba, puesto que su vehículo para llegar al poder ha sido la izquierda paleolítica del FMLN, la que todavía está cantando “Cajas de Cartón” y apoyando los crímenes de la dictadura venezolana mientras en nuestro país el Estado hace el ojo pacho ante ejecuciones sumarias.

EDH logLo que dije en ese momento –y lo he visto confirmado en las noticias de la semana pasada– es que yo el marketing del innovador outsider no me lo creía tanto. Que los méritos del joven alcalde estaban en el área de la publicidad y el marketing, porque había logrado alterar percepciones sin hacerle cambio alguno a la realidad. Sus críticas a su propio partido han demostrado ser ladridos, no mordidas, porque hasta el momento continúa siendo su vehículo electoral. Sus pleitos públicos con los dirigentes del Frente ni siquiera son por temas de política pública: son berrinches de colonia, en los que Lorena Peña lanza la primera pedrada en un tweet sobre drogas, dirigido a nadie en particular, y el alcalde, ejemplificando el significado del viejo dicho de que “al que le quede el saco que se lo ponga,” se puso el saco tres veces contestándole directamente a la diputada (y en esto tiene toda la razón) reclamándole lo fácil que se han acostumbrado los dirigentes del Frente al dinero.

El alcalde pudo haber ejercido un cambio positivo en su partido empujándolo a que se haga responsable de impulsar la agenda nacional en temas que tradicionalmente abraza la izquierda, pero en los que un sector independiente de la población estaría de acuerdo, como la igualdad de género, los derechos de los trabajadores, la lucha contra el acoso y el abuso sexual, la despenalización de las drogas o la justicia penitenciaria. Sin embargo, ha hecho más ruido, por ejemplo, regalando Snickers que luchando por las mujeres.

Una vez le preguntaron al alcalde sobre los líderes que lo inspiraban y entre ellos mencionó a Barack Obama, el primer presidente afroamericano en Estados Unidos. En ese momento, pensé que quizás en él se escondía alguna viabilidad para el FMLN de modernizar su política. De dejar atrás la Guerra Fría que, como papalotas enamoradas de un foco, continúan frecuentando. Pero el momento duró poco, porque desde la municipalidad capitalina, el alcalde joven no ha abrazado de manera contundente ninguna causa progresista o liberal. Alguno que otro tweet al respecto, sí que lo tiene. Pero parecer es más fácil que hacer.

En la cara de las circunstancias, al alcalde la chumpa de progresista le ha quedado grande, demostrando que no es la respuesta (en caso de que la población independiente anduviera buscando algún vehículo que pudiera avanzar causas que a la derecha no le interesan). En la cara de las circunstancias, a la hora de actuar de manera decisiva en favor de los derechos de la mujer y demostrar una política de cero tolerancia al acoso sexual, el alcalde progre no estuvo a la altura del momento. Si lo reportado es cierto, y su estilo de liderazgo incluye matonería, abusos de poder, irrespeto a sus colegas y berrinches arbitrarios cuando las cosas no salen como quiere, las “nuevas ideas” y el progresismo moderno que vendió el alcalde joven para distanciarse del vehículo político obsoleto que lo llevó al poder, no son más que Photoshop,

@crislopezg

 

Impresiones personales tras una visita exprés. De Cristina López

Quienes hablan de unirse, porque eso de la unión suena bonito y azucarado, deben darse cuenta de que de nada sirven ni sus tests de pureza ni sus opiniones progresivas a menos que tengamos un gobierno que funciona para lo que debería: servir a la ciudadanía.

Cristina LópezCristina López, 4septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Cinco días, una visita exprés, no son suficientes para establecer a fondo la situación de ningún lugar, por supuesto que no. Para hacerse una idea realista del estado de la economía, la seguridad ciudadana, el mejor lugar para irse a tomar un café, se necesita, más que visitar, estar. Y es poco lo que se logra estar en solo cinco días. Sin embargo, para establecer el estado anímico de un lugar no se necesitan más que un par de conversaciones y en los cinco días que estuve recientemente en San Salvador, ante la vigilancia permanente de nuestro soberbio volcán, las tuve. Obviamente, ni la muestra es representativa ni pretendo extrapolar conclusiones científicas de lo que solo son impresiones personales, alcanzativas, si se quiere, de mi país y mi gente.

EDH logPlatiqué con amigos y familia, taxistas, meseros, guardias de seguridad, agentes de aduana; con fanáticos de la política y con perpetuos indiferentes; con gente que lee los periódicos y mira los programas de opinión religiosamente y con gente que, a mucha honra, solo lee Twitter y memes de Whatsapp. Me sorprendió que, cual guión ensayado, la mayoría de las conversaciones que sostuve tenían el mismo tono: hartazgo. Del tráfico, de la inseguridad, de la evidente incapacidad de las autoridades y la sobreabundancia de corrupción. Hartazgo, que n desesperanza; para muchos, el estado de las cosas solo significa que hay oportunidades para crecer.

Varias (quizás la mayoría) de las conversaciones empezaban con un tema, pero inexplicablemente terminaban en política, como adicción insalubre. En varias se manifestó la necesidad cursi y azucarada de “que la gente se tiene que unir” y apoyar la candidatura de “quien sea” con tal de sacar al FMLN del poder, por su demostrada ineptitud, por ser iguales o peores, en términos de corrupción y falta de transparencia, que los gobiernos de ARENA que criticaron en el pasado. Cualquiera pensaría que la evidente incapacidad del Frente y su obcecado apoyo a las violaciones a los derechos humanos que a diario ejecuta la dictadura venezolana sería una ventaja para ARENA, y sin embargo, su imagen está tan desgastada que son outsiders de su política partidista los únicos que por el momento tienen la posibilidad de convertirse en sus candidatos presidenciales.

Y claro que lo de “unirse” importa, pero cuando se habla de unirse, así, en abstracto, pocas veces se habla de las implicaciones reales. Siempre se tira la idea de unión apasionadamente pero a nivel superficial, sin reconocer lo que de verdad implica. Significa que aquellos que exigen tests de pureza en temas como el aborto, matrimonios del mismo sexo, o legalización de las drogas, tendrán que admitir en su bando a quienes, como ellos, comparten la opinión de que el FMLN no debería seguir en el poder, pero que a diferencia de ellos, creen que hay espacio para el debate en los temas mencionados. Significa que estos últimos tendrán que hablar con menos condescendencia de quienes tienen opiniones más conservadoras. Significa que para quien sea que termine de candidato, el primer test de liderazgo será lograr convencer a estos dos bandos — que no se toleran entre sí y que tienen en común que contestan con un no rotundo cuando yo les preguntaba si se unirían con alguien que pensara diferente — de que lo apoyen, y el segundo, explicar por qué votar por su candidatura será distinto que volver a elegir al FMLN o a la corrupción y sobresueldos de los gobiernos de ARENA. Significa que quienes hablan de unirse, porque eso de la unión suena bonito y azucarado, deben darse cuenta de que de nada sirven ni sus tests de pureza ni sus opiniones progresivas a menos que tengamos un gobierno que funciona para lo que debería: servir a la ciudadanía. Y eso hay que ganarlo de manera convincente en las próximas elecciones, o continuaremos debatiendo hasta el cansancio a los márgenes de la política otros cinco años más. Entendiendo eso, a ver si todavía les gusta eso de “unirse”.

@crislopezg