gabinete bukele

Sin rumbo, sin experiencia y sin oposición. De Joaquín Samayoa

4 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY-Observadores

En la vida cotidiana de los salvadoreños, no se siente el cambio de gobierno. Cada quien se ocupa de lo suyo como ha venido haciéndolo en los últimos meses. Solo los funcionarios que salen y los que entran tienen que hacer un esfuerzo grande de adaptación a su nueva realidad. Así suele ser, porque las instituciones garantizan estabilidad y continuidad. Así suele ser, hasta que en alguna dimensión ocurre algún cambio notable e impactante.

Las dudas que hayamos albergado en nuestra mente acerca del nuevo gobierno no se despejaron durante el fin de semana recién pasado. Los nuevos funcionarios son desconocidos para la mayoría de salvadoreños, no solo porque son nuevos en la política sino porque nunca han sobresalido en ningún aspecto. Aun los que tenemos el hábito de observar de cerca los acontecimientos políticos, conocemos solo a unos pocos de ellos. Entre esos pocos, solo unos pocos nos dan esperanza; la mayoría nos dejan indiferentes o nos confirman nuestros peores temores. No son los mismos de siempre, pero no por eso son mejores, más honestos, más competentes.

Por otra parte, el discurso inaugural del presidente tampoco nos permite saber a qué atenernos. Tuvo el mérito de no ser agresivo. Tuvo el mérito de proyectar al nuevo presidente en una perspectiva más personal, más humana. Tuvo el mérito de intentar levantar los ánimos de la población, la esperanza de que podemos construir un país mucho mejor.
Pero más allá de eso, seguimos sin tener idea de cuál es la visión del presidente, cuál es el rumbo que tendrá el país en los próximos cinco años, cuáles son las estrategias y acciones que, por novedosas y bien pensadas, ofrecen buenas posibilidades de resolver los principales problemas y satisfacer las grandes expectativas que se han levantado en la población.

Tuvo cuatro meses el presidente Bukele para afinar su visión y definir sus prioridades globales y sectoriales. Tal vez ha hecho avances en esa dirección, pero si es ése el caso, no hemos podido enterarnos al escuchar sus primeros discursos. De momento al menos, lo que vemos es un gobierno que empieza a caminar sin rumbo claro; un equipo entre mediocre y malo, con la excepción de algunas carteras, como Educación, Relaciones Exteriores, Desarrollo Local, Economía y Hacienda. Tal vez mejora o tal vez empeora con la designación de los viceministros, la cual sigue pendiente incomprensiblemente.

A los peligros de un gobierno sin rumbo, conducido en algunas áreas críticas por personas sin experiencia pertinente y sin la debida formación, se añade un factor negativo que probará ser muy determinante y no precisamente para bien. Los partidos que fueron dominantes durante tres décadas culminaron su proceso de deterioro hasta casi desaparecer por completo del mapa político. Con 7 y 5 por ciento de popularidad respectivamente según encuesta reciente de LPG-Datos, ARENA y FMLN se han vuelto irrelevantes. PCN, PDC y el propio GANA están ya en el suelo.

Han transcurrido ya más de 15 meses desde las elecciones para diputados y alcaldes, en las que podía verse ya claramente el deplorable futuro que les esperaba a ARENA y FMLN si no entendían que debían iniciar un proceso lúcido, valiente y genuino de renovación. Pero ellos no lo vieron así. Continuaron haciendo todo lo contrario de lo que debían haber hecho para recuperar su legitimidad ante la mirada impaciente de la población.

¿No entendieron? Muy bien, dijo el pueblo. Ahora se lo vamos a explicar a golpes. Y sucedió la aparatosa derrota del pasado 3 de febrero. Pero lamentablemente sigue faltando inteligencia y sigue sobrando apego al poder. Las cúpulas de ambos partidos simple y sencillamente no se quieren apartar, no se dan cuenta de que ellos y sus abundantes parásitos son la causa principal de que sus partidos se encuentren postrados y sin futuro.

La consecuencia inmediata ya se está haciendo sentir. Las lealtades de los diputados electos por el pueblo el año pasado ya no son para sus respectivos partidos, ni están orientadas por principios y valores; empiezan a convertirse en mercancías disponibles al mejor postor, empiezan a sentirse irresistiblemente atraídos por el único polo de poder político que actualmente existe en El Salvador.

Carta sobre el nuevo gabinete: cheros y súbditos y algunas excepciones. De Paolo Luers

4 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados ciudadanos:

En este gabinete hay de todo. Me imagino que todos encontraremos en la lista de ministros, secretarios y otros altos funcionarios a algunos que nos caen bien, otros que nos caen mal y muchos que ni huelen ni hieden, porque no han hecho nada que nos permita calificarlos.

Ojo: el hecho de que una persona nos caiga bien no significa, por nada, que será buena para conducir un ministerio. Y al revés: alguien que me cae mal puede ser un excelente funcionario. Los servidores públicos no son para caernos bien.

Por ejemplo: María Chichilco me cae muy bien, pero no estoy seguro si hará un buen papel en el nuevo ministerio. Y Suecy Callejas, para mi gusto es demasiado activista de Nuevas Ideas e incondicional o incluso sumisa a su líder presidente, pero pienso que puede hacer un excelente trabajo en Cultura.

Muchos ven con desconfianza a un sindicalista Rolando Castro en Trabajo, mientras que yo pienso que si alguien puede corregir los abusos que este ministerio ha cometido a favor de sindicatos que son instrumentos partidarios es Rolando Castro.

Este gabinete es una mezcolanza rara. Hay elementos positivos y otros negativos muy cerca unos de otros. Por ejemplo: me parece que María Luisa Hayem Brevé, la ministra de Economía, es una profesional con excelentes credenciales para el cargo. Pero de repente uno se topa con el preocupante hecho que su hermano, Manuel Ernesto Aguilar, fue nombrado jefe de la poderosa SIGET, que supervisa al sector energético y de comunicaciones. Bueno, no es ella la que nombra al su hermano, pero uno esperaría que no permita que el residente lo haga. Esta sombra de nepotismo que se vuelve aún más oscura cuando no hay indicio de que el hermano tenga credenciales profesionales para el cargo. Bueno, pero sí tiene el mérito de haber puesto a su pasquín digital EL BLOG en función de la campaña de Bukele…

No hay congruencia en este gabinete. A la par de profesionales calificados como las ministras de Turismo y de Educación estarán sentados gente cuestionada y reciclada como William Granadino, a quien sus amigos en ALBA colocaron en la dirección de PROESA en el gobierno de Funes –además de otros que son empleados de las empresas familiares del presidente, como el gerente de Yamaha convertido en jefe del MOP…

El caso de la CEL es grave: un hombre de la trayectoria de Granadino al frente de la política energética y el poder financiero del monstruo CEL/INE/GEO es la señal más preocupante que ha mandado el presidente Bukele en el proceso de formación de su gobierno. Es la señal de que las políticas energéticas erróneas de Saca, Funes y el FMLN no se van a corregir…

¿Y qué podemos esperar de la combinación entre un veterano jefe policial como nuevo director de la PNC, un arquitecto de mano dura y luego de la guerra entre batallones élite y pandillas, con un ministro de Justicia y Seguridad que no sabe ni lo básico, ni de justicia ni de seguridad?

EL FARO publicó una excelente reseña (“Amigos, socios y parientes”), que pinta, con mucho detalle y la necesaria malicia, la imagen preocupante de un gabinete que es una mezcla de cheros y súbditos partidarios del presidente -con algunas excepciones que tendrán que mostrar que en este gobierno y bajo este presidente hay espacio para un trabajo profesional y para funcionarios con criterio propio.

Repito: no me preocupa el hecho de que muchos de los nombrados me caen mal a mí o a ustedes, esto no es problema del gobierno, sino la falta de criterios de selección y la participación de muchos personajes que nunca deberían estar en un gabinete –y esto sí será un grave problema para este gobierno y, por tanto, para el país.
Solo espero que todos nos mantengamos vigilantes y críticos, aun cuando esto signifique ir contra la corriente. Pero las corrientes no son eternas.

Saludos,

Lo que esperamos de Bukele. De Erika Saldaña

3 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Cada cinco años, el primer día de junio se convierte en una fecha histórica para El Salvador. El artículo 154 de la Constitución señala que ese es el día para el inicio y fin del periodo presidencial. El 1 de junio de 2019 pasará a la historia como el día en que finalizaron dos gobiernos consecutivos del FMLN. Y el día en el que, formalmente, se le puso fin al bipartidismo compartido entre ARENA y FMLN por los últimos treinta años. Lejos de si compartimos simpatías por Nayib Bukele o no, ojalá al nuevo gobierno le vaya bien. Nos conviene a todos los salvadoreños.

Ya quedaron atrás los veinte años de los gobiernos de ARENA, donde existieron ciertos avances de un país que iba saliendo de una guerra civil de más de diez años y de épocas anteriores de mucha inestabilidad; pero ese desarrollo se vio manchado por los graves actos de corrupción, defensa de intereses sectoriales privilegiados y olvido de las personas más necesitadas.

También quedan atrás diez años de gobiernos del FMLN, que nos dejaron claro que un país no se cae cuando se da una alternancia en el poder. Dejaron el mal sabor de boca de un primer gobierno de Mauricio Funes hiper confrontativo con las instituciones y los medios de comunicación; y un segundo gobierno totalmente ausente de los problemas de la ciudadanía de Salvador Sánchez Cerén. También queda la decepción de una estructura partidaria que lejos de empujar el cambio que tanto exigían cuando eran oposición, se acomodaron a los mecanismos de corrupción montadas por los gobiernos de ARENA.

Hoy es turno de “las nuevas ideas”. Una plataforma política que se autoproclamó sin ideología y que sin duda pone fin a la época posguerra. El 2019 se dio una elección presidencial en la que la ciudadanía decidió dejar atrás la política partidaria tanto de derecha como de izquierda, las cuales no le brindaron resultados durante treinta años. La población salvadoreña se cansó y los partidos tradicionales ya no la pueden seguir asustando con “el petate del muerto” del capitalismo o del comunismo. Es tiempo de renovar los discursos y aspiraciones políticas para una población que ha cambiado.

Los retos que enfrentará el nuevo gobierno son difíciles, pero fueron asumidos desde el momento que se decidió presentar la candidatura presidencial. Ahora la responsabilidad y la culpa ya no pueden ser únicamente achacadas a los gobiernos pasados. Debe asumirse el reto de mejorar las torceduras en el menor tiempo posible, para luego tener el suficiente tiempo de desarrollar planes que mejoren la calidad de vida de todos los salvadoreños.

Muchos esperamos que en los próximos meses se logre consensuar en el ámbito político un plan de acción prioritario para atender los problemas más inmediatos de la ciudadanía. Que este plan entre los órganos del Estado sea transparente y público, e incluya un pacto de no agresión que ya no hunda más al país en la confrontación.

Si el gobierno tiene buenas y viables iniciativas, éstas deben ser apoyadas e impulsadas por el resto de instituciones. Si los distintos órganos del Estado, instituciones y ciudadanía tienen una crítica hacia los planes gubernamentales, están deben ser escuchadas. Solo con la suficiente madurez política de aceptar aciertos y errores es que el país saldrá del estancamiento.

Lo que esperamos de Bukele es que el discurso no solo se quede en palabras bonitas sino se transformen en acciones concretas y efectivas. Que se respeten los principios propios de una democracia como la libertad de expresión, la separación de poderes y el respeto a las instituciones. Ojalá los próximos cinco años no pasen en vano y el 1 de junio de 2019 haya sido el inicio de un verdadero cambio.

El fin del “buen vivir”. De Cristina López

3 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

El sábado se nos acabó el “Buen Vivir”. Por lo menos en lo que a la propaganda estatal respecta, porque el buen vivir de verdad, ese que se relaciona más con aquel dicho de “lo comido y lo bailado” que con el sloganismo de copy-paste del socialismo del Siglo 21, ese no lo quita nadie. Y merecida o no, si algo le heredó a punta de incompetencias y memes el “Buen Vivir” a la nueva administración es la enorme ventaja de la pobreza de expectativas.

La tendencia humana de analizar la realidad de manera relativa, es decir, interpretar hechos presentes usando el pasado inmediato como punto de comparación, favorecerá innegablemente a la administración de Nuevas Ideas. En el sentido de que el estándar de calidad ha quedado tan bajo después de la administración de Salvador Sánchez Cerén, que hasta lo poco (¡por mínimo que sea!) en materia de políticas públicas parecerá mucho en comparación. Y de este efecto deberíamos cuidarnos como ciudadanos participativos con ideales democráticos. Conformarnos con poco debería preocuparnos cuando son tantos los temas de país en los que urge el desarrollo y es vital una ciudadanía exigente y participativa para que audite y exija rendiciones de cuentas.

Y como ciudadanía tenemos complicado el tema de la rendición de cuentas. Nuestro nuevo presidente tiene un récord de antagonismo con la prensa y poca tolerancia a la crítica mediática. Aparte, invirtió tiempo y dinero en crear una estructura de medios de propaganda ensordecedora y en crear una burbuja de aislamiento en la que, para sus simpatizantes, solo existe una realidad de photoshop en la que el nuevo presidente no merece crítica alguna, pues sus constantes ataques a la prensa han buscado restar legitimidad y nublar con desconfianza cualquier reportaje que no le pinte en su mejor ángulo. Su tendencia a caracterizar a quienes le critican como enemigos de los intereses de El Salvador, en pocas palabras, busca anular la buena fe de quien, como cualquier salvadoreño, solo aspira por un país mejor.

Y claro que no la tiene fácil el gobierno entrante. No la habrían tenido más fácil los candidatos que perdieron en la última elección presidencial. La inseguridad y criminalidad que carcomen a la sociedad son la mayor deuda que nuestros gobernantes tienen con la población salvadoreña. Tampoco es menor lo mucho que falta por avanzar en mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, para volver la educación una verdadera herramienta de movilidad social y no una simple consecuencia de las capacidades económicas. Las soluciones, por supuesto, no llegarán de la noche a la mañana, ni llegarán solo porque cambiamos de administración. La omnipresencia y protagonismo del nuevo presidente vuelven fácil perder de vista que al final, el órgano ejecutivo es sólo uno más entre los tres que como república, tenemos para garantizar el cumplimiento de nuestra Constitución. Las soluciones para los grandes problemas de nuestra nación no vendrán de decretos ejecutivos, sino de políticas públicas con visión de largo plazo, que trasciendan períodos presidenciales y surjan de coaliciones y consensos.

Lo problemático es que sabemos muy poco sobre los específicos que Nuevas Ideas implementará para corregir el rumbo, y cabe preguntarse cuán efectiva será la administración entrante en traducir su artificial campaña de mercadeo en políticas públicas sustanciales. Por el momento, la nueva administración merece lo mismo que cualquier otra: la justa aplicación del beneficio de la duda, pero limitada por el escepticismo de sentido común derivado de las irregularidades, demagogias, nepotismos, juegos sucios y matonerías que el presidente entrante usó para llegar adonde está.

@crislopezg