Libertad de Prensa

Asuntos irrenunciables en una república. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

29 ABRIL 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hay asuntos que son irrenunciables en una república, como el derecho a la libertad de expresión y la pluralidad de pensamiento. Todavía no conocemos muchos de los detalles del gobierno del presidente electo Nayib Bukele, por ejemplo su gabinete, planes de trabajo y medidas inmediatas para tratar los problemas que ya existen en el país. Pero sí vamos conociendo su hipersensibilidad a la crítica, lo cual resulta preocupante.

En el ámbito político y en el manejo de la cosa pública, lo primero que salta a la luz ante una acción de cualquier persona son las críticas. Estas podrán ser fundadas o carecer de todo sentido, pero bajo el abrigo de la libertad de expresión toda persona tiene derecho a manifestar lo que piensa siempre que no le haga daños a los demás.

En un plano más estructurado, la libertad de expresión y la crítica funcionan como un mecanismo de control de las decisiones que toman las personas que ostentan el poder político. Poner en duda una medida no solo es un acto personal de libertad de la persona que lo hace, también funciona como una alerta para poner los ojos en una decisión que podría ir en contra de la Constitución y las leyes.

Es por eso que los funcionarios del Estado están sometidos al escrutinio público y deberían estar abiertos a la crítica; al final sus decisiones nos afectan a todos y su palabra no puede tomarse como verdad absoluta. Los funcionarios y líderes políticos son humanos y se pueden equivocar. La idea de la crítica también debe ser corregir la toma de malas decisiones que afectan el ámbito público.

Por ello, resultan preocupantes las reacciones del presidente electo ante las críticas a su aun no iniciado gobierno. Bukele manifestó que él también tiene derecho a criticar a los medios de comunicación, “porque la libertad de expresión no es solo para periodistas o plumas pagadas, sino para todos. Y esa palabra: ‘todos’, incluye al presidente”. Tiene razón si habla como ciudadano, pero con el título de presidente de la república esto se percibe como una confrontación por las críticas que se le realizan. Si de verdad quiere respetar la libertad de expresión, debería ser más tolerante y abierto a la crítica.

Otra de las manifestaciones que resultan preocupantes es la intención de lograr el poder absoluto mediante las elecciones de 2021. Ni siquiera ha empezado el periodo presidencial ni han hecho el intento de entablar diálogos entre los distintos poderes del Estado, pero ya existen voces enfocadas en obtener poderes absolutos en las elecciones.

Promover su partido político y movimiento no está mal. Pero es erróneo hacer creer o pensar que la única vía para poder hacer un buen gobierno es que Nuevas Ideas obtenga la mayoría de diputados en la Asamblea Legislativa en 2021. El trabajo debería empezar el 1 de junio de 2019, pues los problemas del país a ser resueltos existen desde hace décadas y para ello se necesita madurez política inmediata de quienes toman decisiones, además de un consenso de todas las instituciones estatales sobre la manera en que debe abordarse las dificultades. Urge el diálogo.

Estoy lejos de defender la manera en que partidos políticos como ARENA, FMLN, PCN y PDC se han manejado durante décadas. Pero no se puede perder de vista que darle el poder político absoluto a una persona o movimiento tampoco es la solución, sobre todo cuando sus credenciales democráticas aún están en dudas; el descontento debería abrirnos a la oportunidad de crear nuevas opciones y obligar a los partidos existentes a cambiar. Estos últimos tienen una gran responsabilidad: cambian o ustedes serán cómplices de la decadencia de nuestra democracia.

Assange y la libertad de prensa. De Cristina López

15 abril 2019 / EL DIARIO DE HOY

No me simpatiza Julian Assange. No sé si es por su actitud de patán petulante, o por los repetidos rumores reportados en varios medios de comunicación de que el Gobierno del Ecuador tuvo que enviarle repetidas peticiones escritas de que por favor cumpliera con un mínimo de hábitos higiénicos mientras se encontraba refugiado en la embajada de dicho país en Londres. No sé si son las cifras (cerca de 6 millones de dólares) que según el Ecuador le costó al gobierno tenerlo de mal agradecido huésped por obra y gracia de los caprichos de Rafael Correa. O será el aspecto pálido y grasiento, de estatua de cera a dos pelos de derretirse por completo. O quizás el hecho de que se escurrió de ser llevado a la justicia en Suecia por las acusaciones de abuso sexual en su contra. Quizá sea una combinación de todo.

Y a pesar de mi desdén contra el tipo y de lo incómodo que se siente escribir en su defensa, en nombre de la libertad, del acceso a la información y de la rendición de cuentas, espero que no sea castigado por haber expuesto secretos gubernamentales. Por el momento, la justicia estadounidense está luchando a brazo partido porque se logre una extradición rápida, para poder procesarlo por su participación en publicar información gubernamental secreta. Se le acusa específicamente de violentar una ley contra el Abuso y Fraude Computacional y de haber conspirado con una ex-analista de inteligencia militar, ayudándole a violentar una contraseña del Departamento de Defensa estadounidense, clasificada como confidencial.

Quienes quieren procesarlo consideran que a Assange no le protege la libertad de prensa, pues en teoría no era periodista. Se consideraba a sí mismo un “hacktivista”, la combinación de un hacker y un activista. Quienes quieren que los secretos del gobierno permanezcan herméticos y libres de que una ciudadanía crítica exija rendición de cuentas, consideran que al hackear esa contraseña Assange abandonó la zona de la libertad de expresión, entrando en la de pura criminalidad.

Y, sin embargo, como dijo la columnista del Washington Post Margaret Sullivan, a Assange se le está acusando con términos que hacen parecer mucho de lo que hacen los mejores periodistas del mundo como conspiración criminal. Es perfectamente normal (y de hecho, éticamente correcto) que los periodistas tengan interés en ocultar sus fuentes y protegerlas con anonimato, sobre todo cuando divulgar la información que han hecho del conocimiento del periodista podría acarrearles consecuencias negativas. No es extraño que el gobierno estadounidense esté empeñado en procesar a Assange: juega a su favor que sea un personaje tan impopular, puesto que como dijo el director de la Fundación para la Libertad de Prensa Trevor Timm, “cuando los gobiernos tratan de restringir el acceso a la prensa, de la manera que sea, la inclinación no es ir tras la persona más popular”,

La intención de la justicia estadounidense es clara. Están buscando desincentivar a los futuros Assanges de publicar información auténtica que el gobierno quiere mantener en secreto. La historia ha enseñado la corrupción que se destapa cuando se publica la información que los gobiernos no quieren que veamos. Desde los archivos del Pentágono que revelaron la corrupción detrás de la guerra de Vietnam hasta el escándalo de Watergate que le costó la presidencia a Nixon, varios episodios históricos demuestran que en situaciones de secretismo, la luz y transparencia es el mejor desinfectante. Para evitar crear un precedente en el que se lo que se criminaliza es incomodar al gobierno, lo mejor sería que no procesaran a Assange.

@crislopezg

Luis Carlos. De Ricardo Avelar

13 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Espero, con todo mi corazón, que cuando usted lea estas líneas, ya estén desactualizadas.

La tarde del lunes, el régimen criminal de Nicolás Maduro detuvo al periodista y defensor de derechos humanos Luis Carlos Díaz. Durante unas horas lo mantuvieron desaparecido, presuntamente en una sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia, y luego allanaron su casa.

En el allanamiento, según relata el sindicato de trabajadores de prensa, Luis Carlos admitió que había sido golpeado. Ahí le fueron robadas computadoras, discos duros, celulares y hasta dinero. La espuria, estúpida y absurda acusación del régimen es que el periodista ha participado en el boicot al sistema eléctrico del país sudamericano, tras largas horas de apagones en los últimos días.

Estas son excusas de un régimen más desesperado por detener el flujo de información sobre sus constantes abusos que fijado en atender las causas y las horribles consecuencias de su ineptitud y su corrupción.

Mientras escribo estas líneas, Luis Carlos permanece capturado, pero espero desde el fondo de mi corazón que cuando usted lo lea tengamos noticias diferentes. Que él esté de vuelta en las calles de su amada Caracas, la cual se ha rehusado a abandonar pese a tener múltiples oportunidades de hacerlo. Espero, honestamente, que cuando esto aparezca publicado, Luis Carlos esté de regreso en su trinchera favorita, la de mantener a los venezolanos y al mundo informados y conectados con una realidad horrible, que solo se puede vencer si se empieza por difundir.

A veces conversamos con Luis Carlos a título personal, principalmente para saber qué está sucediendo en su país. Sin embargo, fue en febrero de 2017 cuando tuvimos la última plática formal que salió publicada en las páginas de este medio. En ese momento, selló la conversación con palabras lapidaria: “El venezolano está desnutrido de información”.

Al pensar en la crisis que vive su país, es inevitable imaginar la miseria que viven. Hay vídeos de jóvenes que corren detrás de camiones de basura buscando un poco de comida. Hay escasez de medicinas y, según nos dijo hace unos días la líder opositora María Corina Machado, niños están muriendo de enfermedades que se erradicaron hace décadas en el resto del continente.

Pero no solo eso les afecta. El régimen también los tiene en la oscuridad. Mientras cientos de miles de valientes se enfrentaban a la bota represiva del chavismo en las calles de Caracas en 2017, por ejemplo, las televisoras estatales mostraban a Maduro bailando salsa y celebrando los inexistentes triunfos de su estructura de corruptos y achichincles.

Lo que Luis Carlos nos dijo en 2017 sigue vigente. Venezuela muere de hambre de información. Son personas como él las que hacen un esfuerzo titánico por vencer los cercos de propaganda y represión, y por esta misión de concientizar a un pueblo y motivarlo a resistir, han pagado un precio.

Conozco a Luis Carlos y sé que cuando esté de vuelta en su querida cabina de radio o preparando un guión con su esposa, la también periodista Naky Soto, seguirá con la frente en alto. Él tiene una mente inquieta y seguirá aportando su granito de arena en el derrumbe de la dictadura que empobrece y desangra a Venezuela.

Cuando Maduro y sus secuaces estén fuera del poder, Luis Carlos podrá hacer suyas las palabras del valiente periodista ecuatoriano Juan Montalvo, quien al motivar la caída de un dictador en su país en 1875, dijo con orgullo: “Mi pluma lo mató”. En este caso, su micrófono.

Gracias Luis Carlos por defender la libertad y la dignidad de Venezuela y mantenerla informada y conectada. Pronto recobrarás tu libertad. Espero, de corazón, que eso suceda antes que esto salga publicado y parte de esta columna esté desactualizada.

@docAvelar

Proteger el periodismo es proteger la democracia. De Cristina López

4 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

No hay cosa que les de más miedo a los tiranos que la verdad bien contada. De lo anterior es evidencia el más reciente desastre internacional desatado por los caprichos autoritarios de Nicolás Maduro. Había accedido a una entrevista la semana pasada con Jorge Ramos, tratando de limpiar el nefasto rol que su gobierno ha tenido en poner a millones de venezolanos en la espantosa posición de tener que decidir entre buscar otro país o morir de hambre.

Ramos es, en este momento, uno de los periodistas más famosos del mundo —no solo porque sus reportajes alcanzan a millones de latinoamericanos a través de Univisión (incluyendo a la audiencia hispanohablante de Estados Unidos, que no es poca cosa), sino porque uno de sus talentos incluye hablarle a los poderosos en la cara, sin miedo ni medias tintas, obligándolos a explicar sus acciones y rendir cuentas.

Esta característica le costó a Ramos un par de horas de libertad y la pérdida de todo el material periodístico que su equipo había recogido en su visita a Venezuela. A Maduro no le pareció que Ramos le enseñara, en su cara, la consecuencia de sus políticas de corrupción y hambre, porque, según lo reportó posteriormente Ramos, inmediatamente después de que el periodista le enseñara a Maduro un video en un iPad que mostraba un grupo de venezolanos registrando un camión de la basura para encontrar su siguiente tiempo de comida, Maduro se comportó como el tirano estereotípico que es. No solo Ramos no logró sacarle a Maduro el comentario que buscaba, haber tenido la osadía y atrevimiento de hacer su trabajo como se debe le costó su libertad por un par de horas y la consecuente expulsión de Venezuela.

Algunos medios estadounidenses señalaron que el hecho de que Ramos cuente con nacionalidad estadounidense pudo haber influido en su pronta liberación y expulsión. Algo de verdad hay en ese análisis, simplemente porque los periodistas venezolanos que como Ramos han intentado hacer su trabajo, han tenido peor suerte. Según la revista de periodismo de la Universidad de Columbia en Nueva York, por lo menos 60 medios de comunicación privados en Venezuela han cerrado como resultado directo del chavismo. Una de las primeras acciones de Hugo Chávez para cimentar el autoritarismo que continúa permeando ahora fue la de cerrar Radio Caracas Televisión y sustituirla con TVes, un canal que maneja el pro-chavista Winston Vallenilla.

Con idioteces del CONATEL (la agencia gubernamental de Venezuela que regula los medios de comunicación y sus contenidos) cerraron 34 estaciones de radio en 2009 alegando “procedimientos legales” sin mayor explicación. Lo que vino después fue VTV, el brazo propagandístico del régimen que continúa pintando la crisis como un ataque de imperialismo americano en contra de la soberanía bolivariana. Los periódicos de mayor circulación fueron comprados por aliados internacionales del régimen, y Globovisión, por un par de individuos con procesos judiciales abiertos por corrupción y lavado de dinero. La recesión económica se está comiendo a los demás medios pequeños, mientras que el órgano judicial arremetió con demandas y procedimientos contra los periodistas independientes hasta obligar a varios al exilio.

Muchas cosas contribuyeron a que el chavismo continúe perdurando a pesar de estar en quiebra, de no contar con apoyo internacional y de depender de la corrupción para mantenerse en el poder, y una de ellas sin duda alguna fue la falta de una prensa fuerte, independiente y con dientes. La efectividad del chavismo fue que dejaron sin micrófono a aquellos con la capacidad de contarle a un electorado crítico las razones por las que el emperador tenía años de estar desnudo.

El autoritarismo no tiene ideología. Uno de sus antídotos es el periodismo de calidad. Ese que cuenta las historias importantes sin filtrar con base en quién afectan o benefician. Si podemos aprender algo de Venezuela, que sea lo siguiente: un electorado crítico hace bien en volverse escéptico de los gobernantes que arremeten contra los medios.

@crislopezg

Carta al hombre que mandó a decomisar sus propias palabras. De Paolo Luers

28 febrero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Nicolás Maduro:
Mucho se ha dicho sobre su encuentro con Jorge Ramos, quien vino a Mirafores a entrevistarle, y quien a media entrevista se vio detenido y despojado de sus equipos y grabaciones. 

Muchos han comentado este incidente en el contexto de la libertad de prensa – y es correcto: el caso Jorge Ramos ilustra que esta libertad básica no tiene vigencia bajo su régimen. Sin embargo, esto ya lo sabíamos desde hace años. Todos conocemos la represión que sufren los periodistas venezolanos. No solo pueden terminar detenidos por 2 horas, como Ramos, sino por meses o años. No solo pueden perder sus cámaras, como Univisión, sino sus empresas, sus frecuencias, y hasta su vida. Entonces, el caso Ramos no agrega nada sustancialmente nuevo al tema de la libertad de prensa en Venezuela…

Pero el caso tiene otra connotación, que sí vale la pena resaltar. Jorge Ramos dijo en sus primeras declaraciones luego de su regreso a Estados Unidos: “Nos han robado nuestro trabajo”, refiriéndose a las grabaciones decomisadas por usted.

Lo absurdo es que usted mandó a decomisar su propia entrevista, sus propias palabras. Al darse cuenta que con sus declaraciones respuestas se estaba haciendo el hazmerreír ante todo el mundo, usted interrumpió la entrevista y ordenó que decomisaran su propias palabras.

Es la perfecta parábola de su situación. Luego de callar la prensa nacional independiente, las radios y los canales de televisión independientes; luego de restringir al máximo la labor de los corresponsales extranjeros (a este servidor que firma esta carta le pusieron en una lista negra prohibiéndole la entrada a Venezuela), usted se ve obligado a invitar a su Palacio Miraflores a algunos medios internacionales – obligado por la profunda crisis en que usted se ve: con el desafío que representa Juan Guiadó; con el aislamiento internacional; con la crisis humanitaria. Entonces, usted decide llamar a Jorge Ramos y usar sus cámaras y micrófonos para dirigirse al mundo.

Solo que Jorge Ramos no se presta a lavarles la cara a los poderosos. Pregunte a Donald Trump cómo le fue con Ramos. No lo mandó a arrestar, porque en Estados Unidos no se puede, pero sí lo expulsó de la Casa Blanca – lo que al fin resultó que tampoco se puede…

Ramos hizo su entrevista como la ética profesional manda: Explíquenos la falta de medicina. Explíquenos el hambre en Venezuela. Explíquenos porque no deja entrar comida y medicina a país. Explíquenos los presos políticos…

Y usted se da cuenta que ya no hay explicaciones, que todo lo que usted dice lo compromete, lo enreda, lo expone como un presidente todopoderoso pero impotente, con todo el poder militar, pero sin poder resolver nada. Y cuando se da cuenta, decide mandar a decomisar las pruebas, o sea sus propias palabras.

Esto es lo que pasó en Miraflores entre usted y Jorge Ramos. Es la muestra que usted ya no tiene nada que hacer en Venezuela. Game over. Perdió. Váyase ya.

Adiós,

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Jorge Ramos:
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El dictador de Venezuela se gana su título. De Jorge Ramos

Jorge Ramos llegó al Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Caracas, el martes 26 de febrero después de que se ordenó su deportación del país.
Credit Carlos Garcia Rawlins/Reuters

27 febrero 2019 / THE NEW YORK TIMES

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Fui deportado de Venezuela el martes 26 de febrero después de una entrevista tirante con Nicolás Maduro, el mandatario del país. En medio de nuestra conversación se levantó y se fue, y sus agentes de seguridad confiscaron nuestras cámaras, las tarjetas de memoria con la grabación y nuestros celulares. Sí, Maduro se robó la entrevista para que nadie pudiera verla.

Conseguimos la entrevista a la vieja usanza: llamamos por teléfono y la pedimos. Un productor de Univisión —la cadena de televisión en la que trabajo desde 1984— contactó a Jorge Rodríguez, ministro para la Comunicación y la Información de Venezuela, y le preguntó si Maduro estaba dispuesto a darnos una entrevista. El líder dijo: “Vengan a Caracas”. Y así lo hicimos, con documentos oficiales que nos permitían la entrada al país.

La entrevista comenzó con tres horas de retraso el lunes 25 de febrero por la tarde, en el Palacio de Miraflores. Unos minutos antes, Maduro había terminado de hablar con el periodista de ABC News Tom Llamas, y parecía estar de buen humor. La ayuda humanitaria que la oposición —con el respaldo de una alianza internacional— había intentado cruzar a Venezuela a través de las fronteras con Colombia y Brasil había sido detenida, así que Maduro se sentía fortalecido. Se suponía que iba a ser un buen día.

Pero no lo fue. La primera pregunta que le hice a Maduro fue si debía llamarlo “presidente” o “dictador”, como le dicen muchos venezolanos. Lo confronté sobre las violaciones a los derechos humanos, los casos de tortura que han sido registrados por Human Rights Watch y sobre la existencia de prisioneros políticos. Cuestioné su aseveración de que había ganado las elecciones presidenciales de 2013 y de 2018 sin fraude y, lo más importante, sus afirmaciones de que Venezuela no atraviesa una crisis humanitaria. Fue en ese momento cuando saqué mi iPad.

El periodista Jorge Ramos muestra un video de tres venezolanos que comen de la basura. Es la grabación que Ramos le enseñó al presidente Nicolás Maduro durante su entrevista, el 25 de febrero de 2019 en Caracas. Credit Carlos Garcia Rawlins/Reuters

El día anterior había grabado con mi celular a tres hombres jóvenes que buscaban comida en un camión de basura en un barrio pobre que se encuentra a minutos del palacio presidencial. Le enseñé esas imágenes a Maduro. Cada segundo del video contradecía su relato oficial de una Venezuela próspera y progresista después de veinte años de Revolución bolivariana. En ese instante, Maduro explotó.

Cuando la entrevista llevaba aproximadamente diecisiete minutos, Maduro se levantó, intentó bloquear las imágenes de mi tableta de manera absurda y anunció que la conversación se había terminado. “Eso es lo que hacen los dictadores”, le dije.

Unos segundos después de que Maduro se marchara, el ministro Rodríguez me dijo que el gobierno no había autorizado esa entrevista y enseguida ordenó a los agentes de seguridad que nos confiscaran las cuatro cámaras y todo nuestro equipo de producción, además de las tarjetas de memoria en las que se había grabado la conversación.

Alguien gritó que me sacaran de inmediato del palacio presidencial, pero en vez de eso dos miembros de la seguridad del gobierno me llevaron a un cuarto pequeño en donde me ordenaron que les diera mi celular y la contraseña. Estaban preocupados de que hubiera grabado el audio de la entrevista y no querían ninguna filtración. Pero me rehusé a hacerlo.

Un momento después, mi colega María Martínez —una de las mejores productoras del país— fue llevada a la misma habitación en la que estaba yo. Para frustración de los agentes de seguridad, María se las arregló para hacer una llamada fugaz al presidente de Univisión News, Daniel Coronell, quien a su vez le advirtió al Departamento de Estado de Estados Unidos y anunció a muchos medios de comunicación lo que estaba pasando. Después me enteré de que el resto de nuestro equipo —cinco empleados de Univisión—, fue conducido a la sala de prensa y luego los sacaron y subieron a un camión del gobierno.

Alguien apagó las luces en nuestra pequeña habitación y entonces un grupo de agentes entró y me quitaron a la fuerza mi celular y mi mochila. Revisaron con furia mis pertenencias. Me palparon de pies a cabeza. María pasó por la misma experiencia humillante con una oficial. Pregunté si estábamos detenidos. Dijeron que no, pero aún así no nos dejaron salir de la habitación.

Finalmente nos dijeron a María y a mí que nos uniéramos con nuestros colegas en el camión. Dijeron que querían llevarnos a nuestro hotel, pero, de nuevo, nos rehusamos. En ese momento estábamos preocupados por nuestra seguridad y la posibilidad de que fuéramos llevados a un centro de detención o a algún lugar aún más turbio.

Cuando nos estaban llevando a la calle, Rodríguez reapareció y nos increpó para reclamarnos sobre la entrevista y el modo en el que la condujimos. Le respondí que nuestro trabajo es hacer preguntas y que nos estaban robando la grabación de la entrevista y nuestro equipo. Para entonces, nos dimos cuenta después, ya se habían publicado las primeras noticias de nuestra detención en las redes sociales. Ya no podían mantener el secreto. Eran aproximadamente las 21:30, dos horas después de que había terminado la conversación con Maduro.

Nuestro conductor, quien había estado esperando todo ese tiempo en uno de los costados de la calle, apareció de manera repentina. A esa altura, las mismas personas que nos habían detenido querían que nos marcháramos. Pronto. Y así lo hicimos.

Nos subimos a nuestro coche y nos volvimos al hotel. Algunos miembros de la agencia de inteligencia venezolana acordonaron el hotel para que no nos escapáramos. Unas horas después, un funcionario de migración nos informó que al día siguiente por la mañana seríamos expulsados del país. Aproximadamente a la 1:00, una persona que se presentó como “capitán” —uno de los hombres que me habían detenido en el palacio presidencial— vino a mi hotel para devolverme el celular en una bolsa de plástico. Todo su contenido había sido borrado completamente. Asumo que antes de hacerlo hackearon todo lo que pudieron.

El lunes vivimos solo una pequeña prueba del acoso y abuso que los periodistas venezolanos han padecido por años. En nuestro equipo hay dos venezolanos —el corresponsal Francisco Urreiztieta y el camarógrafo Édgar Trujillo—, quienes habrían enfrentado riesgos terribles si se quedaban en su país. Por fortuna, todos regresamos a salvo a Miami, en Estados Unidos. Pero nuestras cámaras y grabaciones de la entrevista se quedaron en Venezuela, al igual que todos los celulares de mis compañeros.

¿A qué le teme Maduro? Debería permitir que el mundo vea la entrevista. Si no lo hace, solo habrá probado que se está comportando precisamente como un dictador.

Lea también:
Carta al hombre que mandó a
decomisar sus propias palabras.

De Paolo Luers

Jorge Ramos es periodista.
Es conductor de los programas “Noticiero Univision” y “Al Punto”

Periodismo independiente desde el exilio. De Carlos Fernando Chamorro

Carlos Fernando Chamorro da declaraciones afuera de las oficinas de
Confidenciall.ni y Esta Semana, ocupadas por a policía

20 enero 2019 / CONFIDENCIAL.NI

Hay que defender los últimos espacios de libertad de prensa, que es la primera de las libertades, y libertad de expresión, amenazadas por la dictadura.


Este lunes se cumple un mes del cierre de 100% Noticias y del encarcelamiento de los colegas Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau, quienes están acusados por presuntos delitos criminales, por ejercer el periodismo bajo altos estándares de independencia y profesionalismo. También se cumplen más de cinco semanas del asalto ilegal por parte de la Policía Nacional contra la redacción de CONFIDENCIAL y Esta Semana y la toma de nuestras instalaciones, que hasta este momento se mantienen confiscadas por las vías de hecho.

Desde que se desató esta nueva escalada de represión contra la prensa independiente, he mantenido nuestro compromiso de seguir haciendo periodismo para mantener vivos estos últimos espacios de libertad y pensamiento crítico bajo la dictadura. Y a pesar del robo masivo de nuestros equipos y la persecución contra nuestros periodistas, no hemos dejado transmitir una sola edición de Esta Semana en televisión, y hemos mantenido en línea el sitio web de CONFIDENCIAL y la revista impresa semanal, con las noticias, el análisis, y la opinión sobre la crisis nacional, como un testimonio de ese compromiso sagrado con la libertad de prensa y la libertad de expresión.

Hemos recurrido a todos los mecanismos legales para hacer valer nuestro reclamo de justicia: al derecho de petición e información ante la Policía, donde nos respondieron con la agresión física; a la denuncia de robo ante el Ministerio Público para que investiguen un acto delincuencial ejecutado por la misma Policía; y al recurso de amparo contemplado en la Constitución, ante la Corte Suprema de Justicia, para que ordene el cese de la ocupación de nuestra redacción y la devolución de lo robado. Sin embargo, no solamente no ha habido una respuesta correctiva de parte de las autoridades, o incluso algún intento por explicar o justificar esta toma manu militari, sino que por el contrario, más bien se han agravado las amenazas que apuntan hacia la criminalización de mi labor profesional.

Ante estas amenazas extremas, me he visto obligado a adoptar la dolorosa decisión de salir al exilio para resguardar mi integridad física y mi libertad, y sobre todo para poder seguir ejerciendo el periodismo independiente desde Costa Rica, donde me encuentro en este momento.

Agradezco a las autoridades costarricenses y al Gobierno del presidente Carlos Alvarado por la acogida que nos han brindado a mi esposa y a mi persona, igual que a decenas de miles de nicaraguenses que llegamos a esta nación, cobijada por una arraigada tradición de libertad y valores democráticos, para seguir luchando por la verdad, la justicia y la libertad de Nicaragua.

Desde Costa Rica, continuaré ejerciendo mi labor como periodista en CONFIDENCIAL, Esta Semana y Esta Noche, investigando y denunciando los crímenes, la corrupción y la impunidad, y documentando la crisis terminal de esta dictadura. Tengo la convicción de que vienen días mejores para Nicaragua, y es imperativo mantener abiertos todos los espacios de libertad de expresión, para seguir construyendo la esperanza de una nueva República, como la soñó mi padre, Pedro Joaquín Chamorro. Una república democrática con justicia social, basada en profundas reformas institucionales, que esta vez hagan irreversible la garantía de que nunca más se impondrá una dictadura. Una democracia sin apellidos, para acabar desde la raíz con el germen de la dictadura, el caudillismo, y el autoritarismo.

Por ello convocamos a todas las fuerzas vivas del país a defender la libertad de prensa, como la primera todas las libertades. Demandamos la libertad de los colegas Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau, y la liberación de todos los presos políticos. Y demandamos también el cese de la persecución contra la prensa independiente, contra mis compañeros de CONFIDENCIAL, Esta Semana y Esta Noche, y contra los medios y periodistas de 100% Noticias, Canal 12, Canal 10, La Prensa, El Nuevo Diario, Diario Hoy, Radio Corporación, Articulo 66Nicaragua Investiga, Boletín Ecológico, Radio Universidad, Radio Darío, las emisoras y canales locales de cable de los departamentos del país, y más de 50  periodistas que se encuentran en el exilio.

Llamamos a los ciudadanos a seguir rechazando la censura y la autocensura a través de las redes sociales, y a los empresarios, pequeños, medianos y grandes, a apoyar a la prensa independiente, que en los momentos más crudos de la persecución, sigue escribiendo las páginas mas hermosas del periodismo nacional.

Como consecuencia del asalto a nuestra redacción, el robo masivo de nuestros equipos y la persecución contra nuestros periodistas, estamos obligados a reorganizar nuestro trabajo en el área audiovisual, de manera que a partir de la próxima semana reduciremos la edición diaria de Esta Noche a una edición semanal de sesenta minutos los días miércoles, y continuaremos como siempre con la edición de Esta Semana los domingos a las 8:00 de la noche. Mientras tanto, seguiremos editando la revista semanal, y la información diaria y el análisis de actualidad en nuestro sitio web confidencial.com.ni, en la revista niu.com.ni y en el canal de video en Youtube Confidencial Nica.

Muchas gracias a toda nuestra audiencia, por su confianza en nuestra labor profesional y por su solidaridad.