Acuerdos de Paz

Esta paz tan violenta. De Marlon Hernández-Anzora

Sin duda, los Acuerdos de Paz están agotados y no son los responsables de los problemas actuales.

marlon anzoraMarlon Hernández-Anzora, 21 enero 2018 / La Prensa Gráfica-Séptimo Sentido

“Peace is not everything. But without peace,
everything is nothing”. Willy Brandt

Es importante iniciar dejando claro que los Acuerdos de Paz cumplieron con la principal misión que tenían en su momento: acabar con el conflicto político armado.

Además, son el hito más importante en la historia republicana luego de la independencia. Pero también debe reconocerse que, muy a pesar de su importancia, no son valorados en su justa dimensión por buena parte de la población y de la juventud salvadoreña. Y eso por al menos dos razones importantes.

septimo sentidoLa primera es que nadie puede valorar lo que desconoce. La deuda con las nuevas generaciones para que conozcan y reflexionen sobre los períodos del preconflicto y del conflicto armado del siglo XX es altísima. Los más jóvenes difícilmente valorarán la importancia de las firmas que se estamparon en el Castillo de Chapultepec en enero de 1992 si desconocen sobre los horrores de la guerra y de la represión política del siglo pasado.

En otros países, los procesos históricos traumáticos, con espirales de violencia aguda, son estudiados y reenfocados desde la academia y la cultura constantemente. Aquí, por el contrario, quisimos hacer borrón y cuenta nueva bajo el mentiroso lema de “perdón y olvido”. Pero eso no funciona así. Hoy las élites que hicieron la guerra y firmaron la paz quisieran que la juventud valorara mejor su legado, pero se enfrentan con lo que cosecharon: su nula apuesta para que las siguientes generaciones conocieran la historia. Les dio miedo que conocieran y que, por tanto, cuestionaran su legado, así que hoy pagan el precio de que a buena parte de los jóvenes les importe poco o nada su gesta.

La segunda razón es por la violencia física, estructural y simbólica que la juventud salvadoreña enfrenta en su diario vivir. No les resulta muy coherente celebrar una paz que desconocen, en medio de una realidad en la que se juegan la vida diariamente, en la que no encuentran una institucionalidad en la cual confiar y en la que cotidianamente escuchan sobre supuestos enfrentamientos armados, con sus respectivos saldos mortíferos.

Los principales deudores de que, aparte de conseguir el cese de las armas en 1992, la sociedad salvadoreña no haya logrado pacificarse son los grandes actores de la posguerra: los partidos políticos, principalmente ARENA y el FMLN. Su primera gran equivocación fue la casi nula inversión social, con el respectivo anatema que se hizo sobre esta por parte de los gobierno de ARENA durante la década de los noventa. En Alemania, luego de la Segunda Guerra Mundial, no se dedicaron precisamente a reducir la inversión social. Por el contrario, el mismo Estados Unidos, a través del plan Marshall, invirtió muchísimos recursos para recuperar social y económicamente la Europa occidental.

Luego viene otra larga lista de errores que han forjado esta paz tan violenta. Uno de los principales ha sido la falta de largo plazo de las élites gobernantes durante la posguerra para abordar los problemas de violencia e inseguridad. En su camino de mediciones electoreras, entre manodurismos, treguas y antiterrorismos, las instituciones y las políticas de seguridad pública han comenzado a parecerse cada vez menos a las que los Acuerdos de Paz planteaban como modelo y van acercándose más a aquellas que pretendían superar.

Sin duda, los Acuerdos de Paz están agotados y no son los responsables de los problemas actuales. La gran pregunta es si los partidos y las élites que firmaron la paz y lideraron la posguerra aún son capaces de responder a los desafíos de la actualidad. La otra cara para responder dicha pregunta es la de quienes nacimos entre 1979 y 1992. ¿Tendrá esta generación el liderazgo suficiente para tomar la historia en sus manos y virar nuevamente hacia la paz o nos quedaremos viendo el celular mientras las aún regentes élites políticas siguen discutiendo un país que ya no existe?

Anuncios

Escapando de la realidad. De Manuel Hinds

Lo que se está jugando en las elecciones de 2018 y de 2019 es precisamente la sobrevivencia de la democracia que fue el objetivo de los Acuerdos de Paz. El que diga que este objetivo ya se cumplió vive en otro planeta.

manuel hindsManuel Hinds, 19 enro 2018 / El Diario de Hoy

Predecible y tristemente, el aniversario de los Acuerdos de Paz ha reciclado la fantasía de que todos los problemas del país pueden resolverse, o podrían haberse resuelto, con unos acuerdos que fueran, o hubieran sido, más amplios y más detallados que los que se hicieron. Era predecible porque todos los años se dice lo mismo, y es triste porque el decirlo es un síntoma del escape que nuestra sociedad está teniendo hacia un mundo de fantasía, en el que el objetivo es decir cosas, no cambiar la realidad.

EDH logLa idea de corregir todos los problemas con acuerdos nacionales ignora la diferencia entre los problemas políticos y la manera en la que estos se resuelven. Lo que los Acuerdos de Paz buscaron fue lo segundo: establecer un sistema que transformara los inevitables conflictos políticos en decisiones nacionales a través de una institucionalización democrática. Este sistema debía de sustituir los otros dos que habíamos usado para dirimir conflictos: las dictaduras y la guerra.

Este tipo de arreglo puede ser sacralizado en una constitución para ser respetado permanentemente. Es como las reglas del fútbol. Pero sería imposible lograr un consenso nacional permanente sobre los conflictos mismos, sobre los resultados de los partidos que con esas reglas se van a jugar. La institucionalidad democrática es para normar cómo se tomarán esas decisiones en medio de diferencias de opiniones, no para imponer una uniformidad de opiniones políticas.

Pero, además, no se puede decir que los objetivos de los Acuerdos ya han sido logrados. Los más esenciales de estos, la formación de una democracia basada en instituciones fuertes y durables, está bajo ataque. El FMLN dice abiertamente que busca el poder absoluto para instalar una tiranía como la instalada por la Revolución Rusa, quiere eliminar la propiedad privada para concentrar todo el poder económico y político en sus cúpulas y para lograr estos objetivos ha tratado por todos los medios de destruir la independencia de la Sala de lo Constitucional y otras instituciones básicas en la democracia.

Estos hechos contradicen la idea de que los objetivos de los Acuerdos ya fueron logrados. De hecho, lo que se está jugando en las elecciones de 2018 y de 2019 es precisamente la sobrevivencia de la democracia que fue el objetivo de los Acuerdos de Paz. El que diga que este objetivo ya se cumplió vive en otro planeta.

Pero esta no es la única fantasía que está brindando una oportunidad para que la sociedad se escape de sus problemas. Hemos llegado más lejos. Pasmosamente, en vez de involucrarse en el terrible problema de la criminalidad, en vez de exigir al menos diagnósticos del problema y estrategias para resolverlo, la sociedad urbana decidió envolverse en una campaña de decirse unos a otros “Somos Paz”, en la más sorprendente negación del problema espantoso que vive el país y nuestra sociedad.

Esto parece un intento de hipnotizarnos mutuamente para creer que de verdad El Salvador es Paz, creyendo que si lo decimos, por algún proceso mágico, se hará realidad. Pero para los ciudadanos que están viviendo el peor infierno de violencia en el mundo entero esto solo puede sonar como las palabras de un loco que ha perdido ya todo contacto con el mundo real. La campaña es bien intencionada, pero no hace nada para arreglar el problema. Peor aun, como en el caso de los Acuerdos de Paz, el decir “Somos Paz” se convierte en algo muy negativo porque niega el problema y deja a la sociedad civil con una sensación de que ya hizo algo para resolver el problema (el mismo que está negando) y quita urgencia y motivación para realmente enfrentarlo.

Ojalá que la sociedad vuelva a la realidad y busque soluciones que funcionen para defender los objetivos de los Acuerdos de Paz en contra de los ataques del FMLN y para enfrentar el terrible azote de la criminalidad. Ojalá que la cordura vuelva al país y se abandonen los mundos de fantasía. Si no, en unos años, nos diremos unos a otros “Somos Libertad, Paz y Desarrollo” mientras el país se hunde cada vez más en una tiranía comunista, con cada vez más violencia, y con cada vez más pobreza.

Carta a los que menosprecian los Acuerdos de Paz. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 18 enero 2018  / MAS! y El Diario de Hoy

En innumerables cartas y columnas cuestioné la militarización, la impunidad y los abusos de poder que desde hace años estamos observando en la Policía Nacional Civil. Y aunque por esto me caigan reproches y amenazas, lo seguiré haciendo.

Pero me asusta la cantidad de voces que en ocasión del reciente aniversario de los Acuerdos de Paz sostienen que esta refundación de la República del 1992 no haya servido para nada. Me asusta ver a una intelectual (y además amiga) escribir que “las calles siguen militarizadas, los pobres siguen muriendo impunemente en manos del estado, la OIE sigue persiguiendo a periodistas, etc. Lo que hubo fue un Acuerdo Político / Tregua que enquistó la impunidad. Que lo celebren los firmantes.”

logos MAS y EDHA los que durante las décadas de los 70 y 80 estaban demasiado jóvenes -y a los que fingen amnesia- hay que decirles: La militarización de la seguridad pública de ahora no es lo mismo que el Estado dominado por militares que tuvimos antes de los Acuerdos de Paz. La PNC, con todo su abuso de poder, no es lo mismo que la Guardia Nacional o Policía de Hacienda abolidos por los Acuerdos de Paz. El GRP, con todas sus desviaciones y corrupciones, no es lo mismo que el Batallón Atlacatl, que cometió masacres como la de El Mozote y asesinatos políticos como los de los padres jesuitas. La hostilidad del FMLN de hoy a la independencia de la Sala no es lo mismo que los asesinatos y secuestros de los comandos urbanos guerrilleros. El espionaje y las intimidaciones, que hoy sufren políticos, empresarios y periodistas por parte de la OIE y la Inteligencia Policial dirigidas por cuadros del FMLN, no es lo mismo que los asesinatos a periodistas, los atentados a medios de comunicación que cometieron ambos bandos en la guerra, o los secuestros a manos de guerrilleros y las desapariciones a manos de escuadrones que marcaron las décadas de los 70 y 80. Hay que ser muy ignorante o muy ideologizado para no ver las diferencias.

Quisiera que existiera una máquina de tiempo que transportara de regreso a estos tiempos de represión, activar guerrillero y guerra a los que ahora dicen que los Acuerdos de Paz solo fueron un arreglo de cúpulas sin beneficios para los ciudadanos.

Es cierto que no logramos la paz duradera, y esto nos obliga a poner su construcción a la cabeza de nuestras prioridades. Pero no la vamos a lograr nunca si menospreciamos lo que se logró en 1992: la erradicación de la violencia política, es decir: de la violencia organizada por el Estado y partidos políticos para preservar el poder o alcanzarlo; la apertura del sistema político al pluralismo; la irrestricta libertad de expresión y de organización.

Tenemos cualquier tipo de violencia: violencia de pandillas, violencia extralegal de la PNC, violencia intrafamiliar, violencia de género – pero a diferencia de países vecinos como Honduras, México y Guatemala no tenemos violencia política, ni electoral, ni asesinatos de periodistas. Tenemos políticos presos, pero no tenemos presos políticos. Tenemos gobernantes que expresan abiertamente su menosprecio a la libertad de prensa y la independencia del poder judicial, pero desde 1992 tenemos un consenso social muy sólido, que no permite que un gobierno cierre medios de comunicación o sustituya magistrados incómodos.

Estos avances no cayeron del cielo. Son resultados de la solución política consensuada que encontramos para terminar la guerra. Solo preservando, consolidando y defendiendo estos logros históricos podremos avanzar hacia la paz social que falta construir.

Saludos,

44298-firma-paolo

 

Carta a los frustrados, impacientes e ilusos: No necesitamos rupturas, sino mejores políticas. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 16 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Hoy celebramos otro aniversario de los Acuerdos de Paz. Más bien, este año nadie lo celebra. Además hay un clima político, en el cual predominan el escepticismo y la frustración. Cuando la anti-política levanta la cabeza, ya no parece sexy un hecho como la solución política a un conflicto armado. Cuando la demagogia populista contamina el discurso político, ya no entusiasma una fecha, en la cual hace 26 años la racionalidad se impuso sobre los resentimientos y emociones de la guerra.

logos MAS y EDHEn España pasa algo parecido: Surgió con fuerza un movimiento populista que se arroga descalificar “el régimen del 78” y “la transición”, o sea la histórica refundación de la democracia luego de la dictadura. Cuando a raíz de la crisis catalana se comienza a discutir en serio una reforma constitucional para reforzar las autonomías, el partido PODEMOS de Pablo Iglesias exige un nuevo proceso constituyente.

Aquí Nayib Bukele trata de imitar a Pablo Iglesias, apostando también a la anti-política y un discurso anti-sistema, que niega la vigencia de lo que se ha logrado con los Acuerdos de Paz. Por lo menos el primer impulso le sale fácil, solo está recogiendo a los frustrados que se aburren de la tan poca sexy política en un país que ha entrado en la normalidad, con todos sus logros y defectos.

Los ilusos de las “Nuevas Ideas” no están solos. En el FMLN hay muchos que, luego de que este partido logró la alternabilidad y asumió la responsabilidad de gobernar, se enredaron en la permanente contradicción entre el discurso revolucionario y la política reformista, que su cúpula ejerce desde el poder. Por esto a Bukele le sale fácil recoger a los frustrados entre las bases del FMLN.

Pero hay otros que fomentan esta nueva búsqueda de emociones y rupturas en la política, precisamente cuando necesitamos más racionalidad para consolidar lo caminado desde los Acuerdos de Paz. Un intelectual socialdemócrata como Alberto Arene abre todos los domingos su programa de televisión “Focos” (por demás, bastante bueno) diciendo con cara de tragedia: “La post guerra está agotada…” Y Rubén Zamora sentencia con tono igualmente grave que “los Acuerdos de Paz fallaron al transformar el sistema de partidos políticos.” Aunque ambas son afirmaciones vacías, sí abonan a la percepción irracional que algo está mal con nuestro sistema político y que necesitamos una nueva transformación, cuando lo que necesitamos es que se haga mejor política.

Sumemos a esto que Carlos Calleja, quien en su carrera por la candidatura presidencial de ARENA, lejos de exponer soluciones concretas y reformas necesarias, centra su discurso en el slogan “Nueva Visión”, igualmente vacío que “Nuevas Ideas”. Ambos conceptos no apelan a soluciones racionales, sino al estado emocional de la gente que busca ilusiones, o sea algún tipo de ruptura con este sistema político aburrido de pasos pequeños y presuntamente agotado.

Ante todo esto, insisto en más y mejor política,
más racionalidad, y menos discursos vacíos.

Saludos,

44298-firma-paolo

Salvador Samayoa: “Antes no se podía acceder al poder por medios democráticos”

El firmante del Acuerdo de Paz destaca los cambios al Órgano Judicial como eje central de la reforma.

Salvador-Samayoa1

Entrevista a Salvador Samayoa, de Guillermo Miranda Cuestas, 13 diciembre 2017, El Diario de Hoy

 

EDH log¿Cómo fue valorada la Constitución de 1983 dentro de la guerrilla?
Para nosotros era una Constituyente y una Constitución contrainsurgente. El presidente era Roberto D’aubuisson, que en ese momento, al menos, era el anatema para la izquierda revolucionaria. Es una Constituyente en la que están excluidas las fuerzas de izquierda, solo participan ARENA, PCN y PDC.

¿Se plantearon otra Constitución?
Justamente por eso convertimos en un punto central de la negociación la reforma constitucional. Es que a la gente se le olvida, no sabe o son muy jóvenes, que hace poco tiempo, hasta 1964, el partido que ganaba las elecciones tenía todos los diputados de la Asamblea. Yo tenía 14 años de edad cuando por primera primera vez los partidos opositores obtuvieron diputaciones en una elección legislativa. ¡Ahora parece de la edad de las cavernas aquello, la incivilización total! Pues no, ¡es bien cerca! Pero aún así, en todos esos años en la Asamblea el partido de gobierno siempre tenía mayoría simple. Y por lo tanto lo que ahora nos quejamos tanto, con razón, de que haya un partido que quiera controlar totalmente los órganos del Estado, era la práctica habitual de los partidos de derecha. Por eso exigimos la reforma de la manera de elegir los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que antes era un apéndice del Ejecutivo; el partido que ganaba las elecciones era el que elegía a los magistrados de la Corte y por lo tanto esos magistrados le respondían políticamente al partido de gobierno. Eso lo cambiamos en la reforma.

Igual con el Tribunal Electoral que entonces era el Consejo Central de Elecciones de tres miembros. Para todo efecto práctico, elegían solo a los suyos con la mayoría simple que le daba su poder en la Asamblea Legislativa. En las dos últimas Asambleas elegidas antes a la negociación, la de 1988 (vigente en ese momento) y la de 1991, la suma de los votos de ARENA, que en ese momento era un partido de extrema derecha, y PCN, el partido de los militares hasta esa fecha, les daba una mayoría simple bastante holgada para elegir a los tres miembros del CCE. Esta situación se podía reproducir en ulteriores elecciones. Nosotros cambiamos eso; que no fueran tres, que fueran cinco; que no se pudieran elegir por mayoría simple, sino por mayoría calificada. Eso fue lo que empezó a dar ciertas garantías de pluralismo.

¿No era la reforma a las Fuerzas Armadas lo central para el FMLN en la negociación?
No, no era el propósito central, era uno de los ejes importantes, por supuesto. La Fuerza Armada tenía todos los poderes menos el de hacer llover y quitar la lluvia. Incluso se convertía por Constitución en el garante de la democracia; por eso había tanto golpe de Estado, porque cuando a los militares se les ocurría que había un riesgo para la democracia daban golpe de Estado. Esas cosas las cambiamos; le quitamos los poderes hipertrofiados que tenía históricamente la Fuerza Armada en el país. Ahora se elige al fiscal por mayoría calificada y tiene funciones más fortalecidas, porque antes la que llevaba a su antojo la investigación penal era la Policía Nacional.

¿Eran estos los elementos que faltaban para que el FMLN aceptara entrar al sistema?
No solo se trata de las reformas de la Constitución. Por ejemplo en el Órgano Judicial pactamos también la reestructuración del Consejo Nacional de la Judicatura, la reforma de la Carrera Judicial… Fueron varias cosas las que se hicieron en ese sector. La seguridad pública se transformó totalmente. Esas reformas, el conjunto de ellas, varias con rango constitucional, son las que nos permitieron pensar que ahora habría un escenario en el que se podía considerar la lucha por métodos pacíficos y democráticos, porque antes simplemente no se podía acceder al poder por medios pacíficos y democráticos.

¿Cuenta la Constitución con mayor legitimidad en su pluralidad después del 91?
Sin duda, tiene mucha mayor legitimidad de pluralismo político que en toda la historia anterior del país, en el sentido que son más fuerzas políticas, y más diversas y plurales, las que han estado representadas para aprobar la Constitución.

Luz. De Cristian Villalta

A efectos, prácticos lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

cristian villaltaCristian Villalta, 3 diciembre 2017 / La Prensa Gráfica

Estimado señor. Desde que usted se fue, mucho pasó. Y desde que usted se fue, poco cambió.

Como usted lo temía, hubo una guerra que enfrentó a hermano contra hermano. Como usted lo advirtió, el proceso popular hacia la justicia social era endeble y corría el riesgo de convertirse en mero ejercicio de la violencia.

Sobrevivimos a la guerra por tozudez, porque en el corazón de los nuestros a falta de sabiduría siempre hubo esperanza y porque la mayoría de salvadoreños se abraza de modo célebre a la vida porque es lo único que tienen, lo único que es suyo y no prestado.

LPGLógicamente, la índole de la variedad que usted reconocía como inherente a nuestra nacionalidad y a la fe cristiana fue atacada de modo virulento en esos años. La intolerancia que arrodilla y nubla el juicio de los salvadoreños del siglo XXI fue sembrada ferozmente en esa década.

Ya no es solo ejercicio sistemático de la fuerza como método de seguridad pública. Lo que le describo es natural intolerancia al que es distinto, un germen destructor que no purgamos ni después de los miles de muertos de aquella guerra. Usted aseveraba que la violencia es solo un fruto del crimen y que su modalidad mortal es pecado venga de donde venga. Sin embargo, ahora como antes nuestra sociedad matiza el asesinato. Es lo que aprendió desde 1932.

Por cierto, los militares ya no gobiernan. La idolatría a la institución armada efectivamente terminó aunque desde el poder civil se escuchan con insensata frecuencia apologías de la represión para justificar el aumento de la esfera de influjo militar. Se sorprendería al reconocer entre los rostros de esos apologistas a algunos de los jóvenes que denunciaban la represión paramilitar hace 40 años. Ellos gobiernan ahora.

Eso fue posible merced a unos acuerdos que aliviaron la carga de terror y sangre de la nación. Quizá fueron las semanas más honrosas de nuestra historia, con tantas personas de signo contrario, algunos de ellos enemigos todavía hoy, sometiendo intereses personales o sectarios al bien común, hasta que a unos y otros se les antojó amnistiarse de sus crímenes.

Desde entonces, el ejercicio político cambió, y en ese orden la rueda de la historia dio una vuelta de 180 grados hace algunos años, cuando un hombre que no estaba asociado al círculo tradicional del poder ganó la Presidencia de la República. Usted no le conoce; él a usted, tampoco.

Sí, hubo alternancia en el Gobierno; y lamentablemente, el rayo de salvación que usted esperó, del que tanto habló, no ha llegado. A efectos prácticos, lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

Discúlpeme si sueno pesimista o malagradecido. El esfuerzo y la vida de tantas personas, la sangre de los mejores de dos generaciones no debe desperdiciarse. Y sí, acaso estemos a la puerta de una época fabulosa, pero antes necesitamos a un líder, uno al menos que se resista a mentirle a la nación, que no le venda odio ni división y que la invite a sacrificarse para garantizar un país que no verá. Uno que tenga algo de verdad… un poco de verdad es siempre un montón de luz, Monseñor.

Carta a los cibernautas: Cuidado con los “fake news”. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 18 noviembre 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

Queridos amigos:
Si ustedes son cibernautas que, igual que yo, todos los días navegan en Internet, en periódicos digitales de todo tipo, y en las redes sociales, ¡tengan cuidado! Igual que yo, se encuentran todos los días con lo que desde Donald Trump conocemos como “fake news”: noticias falsas o simplemente, mentiras. Normalmente para atacar a los que piensan diferente, y siempre para crear confusión y desconfianza.

logos MAS y EDHY este cáncer no es limitado a mentirosos patológicos como Trump. Se ha propagado en todo los países, y en todas las ideología. El ejemplo que presento aquí proviene de una ultraizquierda que arremete hasta contra los Acuerdos de Paz.

Una tal Ada Membreño, que se presenta en Facebook como “escritora”, publicó la foto de una reunión de la entonces Comandancia General del FMLN con Alfredo Cristiani, con el siguiente comentario: “Afuera los hermanos matándose, y estos en plena discusión de como comprarían y venderían la lucha revolucionaria.”

CG-cristiani

El problema: la foto es auténtica, pero todo lo demás es mentira. La reunión se dio, pero no en la casa de Cristiani, sino en una oficina de Naciones Unidas en San Salvador. Y no tuvo lugar en 1987, en medio de la guerra, sino en 1992, luego de los Acuerdos de Paz. Y no era para traicionar a nadie, sino para garantizar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz y del cese al fuego.

Pero las mentiras tienen tierra fértil en este país: hay suficientes resentidos e imbéciles que se las creen. Inmediatamente aparecieron docenas de comentarios absurdos: “Los traidores del pueblo”; “repartiéndose el pastel”; etc., etc…

El Internet es una maravilla, pero ojo: también para los que quieren envenenar el pozo del cual todos bebemos. Por esto digo: Cuidadito con los memes, las mentiras, los “fake news”.

Saludos,

44298-firma-paolo