Acuerdos de Paz

En apoyo del diálogo como vía a un mejor El Salvador para todos. De los embajadores de España, Francia y México

Publicamos este llamado que los embajadores nos hacen a los salvadoreños, como importante abono al debate. Lo vemos más como invitación al debate que como conclusión. ¿Qué se puede resolver mediante diálogo y acuerdos? ¿Y qué mejor se resuelve mediante elecciones, luego de un serio debate sobre las opciones que tenemos como país? Lo primero con el riesgo que se quede en lugares comunes; lo segundo con el peligro que los partidos no logren presentar proyectos claros, transparentes y viables.

Segunda Vuelta

Francisco Rabena, embajador de España; David Izzo, embajador de Francia; Francisco Javier Olavarría, embajador de México – 21 junio 2017 / EDH

Una vez más El Salvador se encuentra ante una oportunidad para reflexionar y decidir la mejor vía para encarar, como sociedad y país, un futuro más justo, próspero e inclusivo para todos sus ciudadanos. El 16 de enero de 1992, en México, los salvadoreños decidieron, a través de los representantes de dos sectores que se habían enfrentado en una lucha fratricida por 12 años, escoger la paz y las vías democráticas para hacer vales sus ideales y sus proyectos políticos. Hoy, 25 años después de esa histórica ocasión, la sociedad salvadoreña demanda a sus representantes y líderes, no solo políticos sino también económicos, sociales, de pensamiento y opinión, un nuevo esfuerzo y compromiso para enfrentar, juntos y con una nueva visión compartida, los retos que encaramos hoy.

Todos, especialmente los ciudadanos que los padecen diariamente, somos conscientes de cuáles son esos retos y del impacto negativo y agotador que tiene sobre la realidad salvadoreña y el futuro de nuestros conciudadanos. La gran mayoría de las familias salvadoreñas ha sufrido en su propio seno la violencia, el desarraigo, la falta de oportunidades que permitan a nuestros hijos salir adelante en esta vida y en su propio país sin tener que recurrir a la emigración o a la informalidad o, en el peor de los casos, caer en las redes de las estructuras pandilleriles. Es precisamente por esa conciencia generalizada ante las dificultades presentes que ha llegado el momento de volver a dar a El Salvador lo mejor y más generoso que cada uno de nosotros alberga en su interior. Ha llegado nuevamente la hora del diálogo y del compromiso histórico por el bien del país y sus hijos. Ha llegado la hora de volver a hacer realidad la letra de su Himno Nacional, para demostrar que 25 años después de Chapultepec, El Salvador toma un nuevo impulso para superar sus problemas actuales e históricos, pero, sobre todo, para sentar las bases de un nuevo proyecto que ilusione y en el que quepan todos sus ciudadanos, en el que cada uno pueda aspirar a desarrollarse personal y profesionalmente, en el que El Salvador sea el país al que todos aspiramos y que con el esfuerzo y compromiso común, pueda llegar a serlo.

Para conseguir este objetivo, demandado por la ciudadanía y necesario para el desarrollo nacional, El Salvador no está solo en su esfuerzo. Las Naciones Unidas, a través de Benito Andión, Representante del Secretario General, Sr. Antonio Guterres, representa el compromiso renovado de la comunidad internacional para que esta demanda de diálogo por un futuro más esperanzador y sólido para los salvadoreños, se materialice. Un compromiso que incluso transciende a El Salvador ya que una vez más el país está llamado a sentar un precedente positivo en el ámbito internacional, en este caso como primera experiencia de un nuevo concepto de diplomacia preventiva que la ONU podría poner en práctica en el futuro en otros países del mundo. Los Embajadores abajo firmantes, cuyos países jugaron un papel significativo en el Acuerdo de Paz, reiteramos el apoyo de nuestros países y autoridades con El Salvador y las Naciones Unidas para colaborar en que este empeño llegue, si así lo quieren los salvadoreños, a buen puerto. Nuestro compromiso se basa en la confianza en los salvadoreños, que son los dueños de su destino y los protagonistas de su presente, en nuestra convicción de que es posible y necesario el lanzar este proceso de diálogo y en la certeza de que el resultado del mismo solo puede traer un cambio positivo para la realidad y el futuro de los ciudadanos.

Todos somos conscientes de las dificultades y obstáculos que este desafío implica, así como de la polarización de la vida política salvadoreña, las visiones a veces excluyentes del modelo de país que se persigue, o la proximidad de los procesos electorales de 2018 y 2019 que amenazan con asfixiar cualquier posibilidad de consenso. Sin embargo, no hay un Plan B ante un eventual fracaso del diálogo, el compromiso y la concertación. Si en esta ocasión no se está dispuesto a realizar sacrificios y concesiones por el bien común para lograr estos objetivos, el presente de los salvadoreños seguirá siendo el de enormes dificultades y su futuro podría estar desprovisto de esperanza. No deberíamos dejar que esto suceda.

Los tres embajadores son miembros del Grupo Gestor
para la Conmemoración del XXV Aniversario del Acuerdo de Paz

Anuncios

Chapultepec. De Cristian Villalta

El acuerdo de paz de 1992 perseguía el fin del conflicto armado, civilizar al Estado salvadoreño y la construcción de instituciones que garantizaran los derechos de la población en lugar de amenazarlos.

CRISTIAN VILLALTACristian Villalta, 29 enero 2017 / LPG

Al firmarlos, los hechores de la guerra sacrificaron muchas de sus expectativas; para que un mejor país fuera posible, era necesario que el país fuera posible.

Pero aquel contrato entre enemigos nunca supuso una tregua entre visiones opuestas sobre la naturaleza del Estado. Ese contraste filosófico fue el motor de nuestros primeros años de posguerra. La actual mediocridad de nuestra política se produce luego, tras la fatiga, ostracismo o muerte de los ideólogos naturales de ambas corrientes.

la prensa graficaAsí pues, los pecados de nuestra democracia no son consecuencia de 1992, sino un reclamo que los ciudadanos deben hacerle a la clase política contemporánea. Esta década puede o no terminar con la fractura de la relación de la sociedad civil con los partidos políticos; prefiero creer que ocurrirá, aunque no pronto, a manos de salvadoreños más inteligentes y nobles que los de ahora.

Si son inteligentes, esos ciudadanos entenderán que con aquellas firmas en el Castillo de Chapultepec ninguno de sus bisabuelos pretendía resolver los problemas de inequidad, desequilibrio y marginación que el Estado salvadoreño sufre desde su mismo diseño. Esa posibilidad, deseada por la subversión y temida por las fuerzas del orden y sus patrones, había desaparecido.

Si son nobles, asumirán su cuota de responsabilidad y emprenderán esa tarea: subvertir la lógica de nuestra nacionalidad. Me refiero a desechar la idea de que lo importante en El Salvador es el Estado e instalar en el centro de nuestra vida a la Nación. La nación es el colectivo, la suma de todos, la voluntad mayoritaria, una energía que se ha dilapidado mayoritariamente en el intento de sobrevivir, desenfocada por la polarización.

Aquellos de nuestros descendientes que lo entiendan volverán útil el acuerdo de paz.

Es que el acuerdo es una herramienta, no era el fin último. Creer que el acuerdo era la última página de nuestra historia es creer que el país que tenemos es un producto final. Solo gente muy egoísta o muy tonta puede aceptar esa noción. Es fácil reconocerlos: son los mismos que convirtieron la conmemoración de Chapultepec, hace algunos días, en un concierto de quejas y comentarios de barbería.

¿Por qué en otros países aún se nos considera un ejemplo, mientras intramuros lejos de ponderar la herencia de 1992 algunos de entre nosotros incluso desprecian lo acordado?

Inaudito pero cierto, expresiones relativizando la importancia del cese al fuego se multiplicaron alrededor del 16 de enero, como si toda la sangre derramada, la juventud inmolada, el talento exiliado, todas las familias destruidas no merecieran el mínimo respeto.

Varias generaciones de salvadoreños vivimos con una cicatriz en el alma por aquellos hechos. Tal denominador común ha servido de muy poco en la práctica, pues en lugar de hermanarnos y de comprometernos, continuamos en el ejercicio de la intolerancia, y no podemos ahorrarnos esa mezquindad ni siquiera al recordar a nuestros muertos.

Aprecio la oportunidad de decir lo que pienso, de vivir en una democracia ciertamente pálida, de pensar que otro país es posible; sólo lo será si enseñamos a nuestros hijos a amar a su nación, que son sus compatriotas; a saber que el Estado es perfectible y nunca será suficiente; que a los que piensan distinto se les escucha; y que nuestra paz, la de ahora o la de mañana, se ha construido sobre miles de víctimas que merecen respeto.

¡Qué fea está la reconciliación! De Ricardo Avelar

c2qzjswwgaak7b9-jpg_large
Ya pasaron las fotografías, los fuegos artificiales y las cancioncillas del evento y es momento de señalar al “elefante en la habitación” y discutir lo obvio, lo que todos estamos pensando: ¡La reconciliación luce genuinamente fea!

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 18 enero 2017 / EDH

Esta semana, El Salvador conmemora el vigésimo quinto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz y, siendo justos, hay bastante que celebrar.

El fin de las abusos a los derechos humanos por parte de ambos bandos, el cese de reclutamiento de menores para nutrir el campo de batalla, la no interferencia de los militares en la política y la capacidad de disentir sin miedo a la desaparición física son solo algunos de los beneficios que nos trajo el proceso que cerró el conflicto.

Sin embargo, una vez firmada la paz, vino un nuevo y generalmente más tortuoso camino: el de la reconciliación entre todas las fuerzas vivas del país.

diario hoyEn ese marco, el pasado domingo 15 de enero el Gobierno inauguró el Monumento a la Reconciliación, entre grandilocuentes referencias a la paz y llamados al diálogo y a cerrar heridas que tras un cuarto de siglo permanecen latentes.

Ya pasaron las fotografías, los fuegos artificiales y las cancioncillas del evento y es momento de señalar al “elefante en la habitación” y discutir lo obvio, lo que todos estamos pensando: ¡La reconciliación luce genuinamente fea!

Y no me refiero exclusivamente al monumento, aunque debemos ser francos y hacerle saber a los responsables que además de estar ubicado en un sitio inconveniente, la estatua principal del complejo es tosca y nos provoca desde risa hasta algo de vergüenza.

No obstante, seríamos afortunados si el desacierto urbanístico fuera el principal de nuestros problemas en el país. La paz aún tiene grandes deudas.

En todos los actos, por ejemplo, se ha hablado del diálogo y la concertación, pero habrá que preguntarnos cuánto pasará antes que el presidente y el partido de gobierno vuelvan a insultar y denigrar a funcionarios que ejercen control de los actos políticos o cuánto pasará antes que ARENA se muestre inflexible y caprichosa en algunas de sus posturas. O sea, cuánto falta para reanudar el juego de niños en el que se ha convertido la búsqueda de acuerdos políticos.

Otro punto celebrado es el final de la violencia sistemática como la respuesta primordial del Estado. Sin embargo, esta celebración se da mientras hay ejecuciones y abusos de autoridad que se disfrazan de “enfrentamientos”, los cuales lejos de solucionar la inseguridad con políticas integrales, extienden el miedo y el manodurismo. Asimismo, mientras se habla de sensatez, un legislador propone penas excesivas para el aborto, buscando demagógicamente el aplauso de un sector particular pero obviando que es una problemática más compleja y que no solo se resuelve con el duro -pero desigual- mazo de la justicia.

El sistema de partidos también es una herencia de la paz y ha logrado trasladar la confrontación armada al plano institucional. Sin embargo, de los idearios se ha pasado a la mera conveniencia y a la práctica de ambos partidos mayoritarios de resolver con prebendas a los “partidos bisagras” lo que no pueden dirimir con un diálogo constructivo.

Y gran parte de la ciudadanía, que adquirió la libertad de opinar y disentir, tiende a avalar toda respuesta violenta y desproporcionada, e incluso ve con buenos ojos que se le limiten garantías para solucionar problemas, como si los poderes públicos no tuvieran la tendencia natural a abusar de sus funciones. Vale advertir, como dijo la famosa senadora Padme, que “así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso” de quienes no temen darle más poderes al Estado.

En fin, no reconocer el logro de los Acuerdos de Paz sería ingrato e irresponsable, pero querer ignorar que la reconciliación tiene una cara fea puede ser devastador.

Ojalá rectifiquemos como país. Que los partidos abandonen la mezquindad de buscar solo sus intereses con réditos exclusivos a inmediato plazo. Ojalá la ciudadanía asuma su rol de vigilante del poder. Ojalá los medios denunciemos con audacia y sin sesgos los abusos. Ojalá la comunidad internacional tenga siempre un sentido crítico al analizar lo que nuestro gobierno hace.

Si es así, la única cara fea de la reconciliación será ese armatoste verdoso que dejaron ahí.

@docAvelar

Carta al próximo presidente de la República: Que sea valiente. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 17 enero 2017 / EDH

Estimado XX:
No sabemos quién asumirá la presidencia en el año 2019. Pero luego de escuchar el discurso del actual presidente en la celebración del 25 aniversario de los Acuerdos de Paz sabemos que urge que sea una mujer o un hombre con visión, con audacia y con coraje.

Ayer en la feria escuchamos a un presidente que no posee estos valores. Habló de diálogo, negociación y paz, pero no dio ningún indicio que quiere hacer uso de estos instrumentos para resolver el conflicto actual, el cual sólo durante los 31 meses de su gobierno ha costado 14,359 muertos.

diario hoyEl próximo presidente no tendrá que empezar de cero, ya existe el antecedente histórico, aunque no lo entendió el actual presidente: el antecedente de un presidente electo en 1998, en medio de un conflicto sangriento, anunciando cómo iba a ponerle fin. Y cumplió…

El país necesita un presidente capaz de pronunciar palabras como las de Alfredo Cristiani quien el 1 de junio del 1989 sorprendió a propios y ajenos. Aquí le reproduzco la parte esencial de este histórico discurso. Ojo: cambié 5 palabras.

Tenemos la obligación histórica de terminar con esa guerra, y lo haremos por los medios que la misma democracia provee.

La Constitución le ordena al Presidente de la República procurar la armonía social en el país. Cumpliremos escrupulosamente ese  mandato, buscando entendimientos legales y políticos con todos los sectores. Las pandillas son uno de esos sectores, y buscaremos de inmediato entrar en contacto con ellos, no para plantearles propuestas a fin de que ellos hagan contra-propuestas, y continuar un juego sin fin, que sólo sirve de ejercicio propagandístico.

Estamos dispuestos a trabajar, desde el primer día de nuestro  Gobierno, en la búsqueda de la Paz, cuidando de no vulnerar de ninguna manera el marco Constitucional, y conforme a los lineamientos siguientes:

Analizar los mecanismos prácticos que puedan ser los más factibles para impulsar un diálogo permanente, serio y reservado con las pandillas: es decir, principiar, como es lo lógico, por el aspecto funcional, que tendrán que ser acordado debidamente por ambas partes.

Constituir una Comisión de Dialogo, por parte nuestra con personalidades democráticas de amplio reconocimiento  nacional y que inspiren plena confianza por su honorabilidad y capacidad, las cuales desempeñarán una función eminentemente patriótica. Esta Comisión entrará en contacto con las personas que designen las pandillas, a fin de que se constituya un organismo de trabajo que estudie, según el programa previamente acordado por ambas partes, los puntos necesarios para lograr la incorporación de todos los sectores del país a la vida pacífica y a los mecanismos de la democracia representativa.

Realizar, por parte del Gobierno, todas las etapas de este proceso en constante consulta  con las fuerzas políticas legalmente establecidas.

No estamos pidiendo la rendición de nadie, pero tampoco podemos aceptar que la armonía social se base en la violación de la Ley. Nosotros hemos jurado cumplir la Constitución y las Leyes de la República, y eso haremos. El Diálogo con todos los sectores debe hacerse dentro del marco de la Ley, y el que tengamos con las pandillas no tiene por qué ser una excepción.

Nosotros, en este momento, al asumir la dignidad de la más alta magistratura de la Nación, no somos enemigos de nadie: ofrecemos a todos nuestra buena voluntad, para hallar soluciones que beneficien al pueblo, que es ante quien respondemos; y estamos dispuestos a actuar en función del futuro, porque las tareas que nos esperan después de esta etapa de violencia serán enormes, y en ellas la responsabilidad tiene que ser compartida por todos.

Esta buena voluntad, que es sincera, no  debe ser confundida con la debilidad. Nosotros somos fuertes, porque tenemos principios firmes, que no han cambiado ni cambiarán en lo fundamental. Tenemos la fuerza de los que luchan por la libertad, dentro de la democracia; y somos fuertes también porque cumplimos y haremos cumplir el imperio de la Ley. Nuestro pueblo necesita seguridad y se la daremos, aplicando la Ley, no simplemente la fuerza (…)

El proceso del Diálogo, sobre todo con las pandillas, no será fácil ni sencillo, pero estamos dispuestos a iniciarlo de inmediato. Nuestro pueblo y el mundo serán testigos de nuestro proceder…

Depende de todos nosotros que en el 2019 asuma el poder una mujer o un hombre con esta claridad y valentía, para terminar con la pusilanimidad y cobardía que el actual gobierno demuestra frente al problema principal del país.

Saludos,

44298-firma-paolo

Posdata: Pusilánime = Falta de ánimo y valor para tomar decisiones o afrontar situaciones comprometidas (RAE)

Lea el discurso del 1 de junio de 1989 en este sitio: http://luiseduardoaguilarvasquez.blogspot.com/2014/05/discurso-de-toma-de-posesion-alfredo.html

Los nuevos acuerdos de país. De Erika Saldaña

El problema actual es que no se ha hecho nada para construir las bases de un debate público decente sobre los temas fundamentales de la nación.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 16 enero 2017 / EDH

Hoy se conmemora el XXV aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz, fecha que trae mucha nostalgia a El Salvador, en la cual se puso fin al conflicto armado y se marcaba el inicio de una época de reconstrucción y esperanza para el país. La firma de la paz en Chapultepec cerró un ciclo de doce años que dejó cerca de ochenta mil muertes (en promedio, alrededor de seis mil cada año), miles de desplazados internos y comunidades sumidas en la destrucción y pobreza. Con los recuerdos de una época difícil tendemos a sentarnos a hacer el recuento de lo alcanzado a la fecha y a enumerar las deudas pendientes que tenemos como sociedad.

diario hoyEn la época de la posguerra, la sociedad salvadoreña ha sido cuna de una de las tasas de homicidios más altas a nivel mundial (cien muertes violentas por cada cien mil habitantes, superando la barrera de las seis mil por año); además, ha sido víctima de la corrupción de diversos funcionarios desde los años noventa, la cual poco a poco sale a la luz y está encontrando castigo en el sistema judicial. Estas situaciones, aunadas al déficit de representación percibido por la ciudadanía salvadoreña, la pobreza, la falta de educación y las precarias condiciones del sistema de salud, han sumido al país en una crisis social y política. Todos los problemas antes citados se ven agravados por la escasa intención de acercamiento o diálogo entre los dos partidos políticos mayoritarios, sobre casi cualquier tema que se les ponga sobre la mesa.

Sin embargo, aunque los números de fallecidos sean similares, los desacuerdos tengan la misma división ideológica como base y sintamos que estamos más divididos que nunca como sociedad, es arriesgado afirmar que volvimos al mismo punto de los ochentas y que hoy estamos igual o peor que en la época de la guerra. Después de veinticinco años las condiciones de la sociedad salvadoreña han cambiado y las dificultades a las que nos enfrentamos son distintas.

El problema principal hoy en día es la incapacidad de reconocer el valor y la opinión del otro, lo cual se refleja desde la intolerancia en las calles entre ciudadanos, hasta el permanente enfrentamiento verbal entre funcionarios. Las reiteradas y poco espaciadas elecciones de cargos populares han fijado en el diario vivir de la ciudadanía una discusión permanente y escueta entre las fuerzas políticas principales en el país, siguiendo el pensamiento arraigado en el ámbito político salvadoreño de actuar en términos electorales, con miras siempre a la siguiente elección. Es así que los políticos en El Salvador han basado sus acciones en la emoción de mantener la atención de las masas y no en la razón en la toma de sus decisiones.

Aunque existan diferentes ideologías y desacuerdos en la política salvadoreña, el problema actual es que no se ha hecho nada para construir las bases de un debate público decente sobre los temas fundamentales de la nación, tales como políticas educativas, salud, seguridad pública, pensiones, entre otras cuestiones que afectan al país. No existe una cultura política de respeto a las opiniones y propuestas del adversario, y las acciones se toman siempre en clave electoral. La realidad que vivimos hoy es muy distinta a la que sufrieron nuestros padres en el desarrollo y fin del conflicto armado.

A los Acuerdos de Paz hay que darles el valor que se merecen. Lograr el cese al fuego, una salida negociada de manera pacífica y la implementación de una nueva institucionalidad en temas de defensa, seguridad, sistema judicial y electoral, son algunos de los grandes logros posconflicto. Hay que tener en cuenta que las distintas generaciones hemos enfrentado los problemas propios de cada época; unos tuvieron que iniciar la lucha por sus ideales, otros sobrevivir a una guerra cruel, otros buscar la forma de terminar el conflicto, otros reconstruir un país después de la guerra e impulsar el desarrollo económico, otros superar los desastres naturales y muchos estamos hoy aquí intentando recuperar la institucionalidad resquebrajada.

A las distintas generaciones de ciudadanos que conformamos la sociedad salvadoreña se nos han presentado retos distintos. El único punto en común entre los verdaderos ciudadanos de las distintas épocas ha sido la intención de dejar a las nuevas generaciones un país mejor. Asumamos el reto como sociedad y construyamos nuevos acuerdos de país.

Ya basta con tanto discurso. Columna transversal de Paolo Luers

Es tiempo de que discutamos los errores que en la posguerra se han cometido –y hagámonos cargo de corregirlos. Y esto no es seguir discutiendo sobre el espíritu de Chapultepec.

paolo3Paolo Luers, 13 enero 2017 / EDH

Ya no aguanto escuchar y leer todos los días los sermones sobre los Acuerdos de Paz. Y eso que soy ferviente defensor de la solución negociada al conflicto, de los acuerdos como tales, y de su contribución a la democracia y el pluralismo en El Salvador.

Es el mundo al revés: A los que andan filosofando sobre la responsabilidad histórica de aprovechar el aniversario de los Acuerdos de Paz para concertar mínimo un “Acuerdo de Nación”, si no es un “Segundo Acuerdo de Paz”, nadie los lee, nadie les para bola, pero tampoco nadie los regaña. Se hacen pasar como sabios, y los medios los dejan pasar. Editoriales, homilías, secciones especiales, entrevistas… A pesar de que aburrir en exceso y difundir ilusiones son pecados punibles. En cambio, a los pocos que proponen discutir problemas bien concretos y soluciones aterrizadas, pero sin tanta paja, los descalifican. La propuesta que articulé en mi carta de este jueves, diario hoydonde propongo ponerse de acuerdo sobre 3 medidas y seguir peleando y haciendo campaña electoral sobre todo lo demás, inmediatamente recibió críticas – y más de lo usual. Uno me escribió en Facebook: “Lo que necesitamos es superar la polarización, no una pinche reforma de educación o transformación de barrios”. Para citar una de las críticas decentes. Otro me escribió: “Se nota que vos nunca estuviste de acuerdo con la paz, querías seguir destruyendo el país”. Bueno, me imagino que esta columna se va a ganar más de estos comentarios…

En una reunión social con amigos, yo dije esta frase con la cual inicio esta nota: “Ya no aguanto toda esta paja sobre los Acuerdos y los 25 años, y todavía faltan 10 días hasta el 16…”. Fue como si hubiera dejado ir un ventoso en misa. Parece que esto no se dice. Se aguanta los sermones – y se calla.

Y ahora vino Hugo Martínez a la Asamblea para solicitar que por decreto todo el país siga todo el año 2017 hablando de los Acuerdos. Extrañamente acompañado de Óscar Santamaría, quien normalmente es un hombre sensato, aparte de arenero, y no tendría que tener interés en que el gobierno nos tenga adormecidos por aburrimiento y respeto por los sabios durante todo el “Año de la Paz 2017”.

Nuevamente algunos van a pensar que yo digo esto, porque estoy en contra de los Acuerdos de Paz. Les cuento que estuve a favor de ellos antes, durante y después de las negociaciones que llevaron en 1992 al fin del conflicto. Fui a campamentos guerrilleros para explicar el sentido de la solución política, por que había mucha incomprensión y resistencia. En Alemania, en concentraciones de los amigos de la revolución salvadoreña, aguanté tomates y huevos que me tiraron cuando argumenté a favor de negociar el fin del conflicto armado y el inicio de la democracia pluralista. Traidor, me dijeron. Me excomulgaron. Luego defendí los acuerdos contra los ideólogos de derecha no pensante, la cual sobraba aquí en El Salvador: No se tragaron la amnistía para los comandantes. Son los mismos que hoy la están reclamando cuando otros imbéciles quieren echar presos a los militares.

No, mi punto no es este. No tiene que ver con los Acuerdos de Paz. Tiene que ver con el mismo argumento que dijo Salvador Samayoa: Es tiempo de que discutamos los errores que en la postguerra se han cometido – y hagámonos cargo de corregirlos. Y esto no es seguir discutiendo sobre el espíritu de Chapultepec. Tampoco es construir castillos de naipes sobre nuevos acuerdos de paz, como si los partidos que los firmarían estarían en guerra y matándose mutuamente. Si quieren hacer acuerdos de paz, habrá que negociar con las pandillas, pero esto tampoco nadie se atreve ni siquiera mencionarlo.

Hacernos cargo de corregir las negligencias de la posguerra es discutir de las prioridades y corregirle la plana al FMLN que ya tiene 7 años de gobernar sin prioridades. Y también a ARENA, que se niega a definir prioridades, porque siempre un catálogo claro de prioridades despierta resistencia de muchos sectores. Si para financiar la explosión educativa que necesitamos hay que reducir los subsidios a un mínimo, cientos de miles de personas malacostumbradas por el populismo van a brincar.

Por esto insisto: No creo que ARENA y FMLN juntos puedan componer el mundo. A lo mejor saldrá un mundo mediocre que nadie quiere. Pero sí pueden asumir juntos algunas medidas necesarias y no populares, para que el país siga siendo viable.

Carta a los partidos: No pierdan el tiempo discutiendo planes de nación abstractos. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 12 enero 2017 / EDH

Todo el mundo habla de la necesidad de un ‘Plan de Nación’ o incluso de una ‘segunda generación de los Acuerdos de Paz’. El gobierno incluso pidió a Naciones Unidos mediar como si existiera una guerra civil entre los partidos políticos. Pero estos propósitos grandilocuentes no son realistas y sólo causan distracción de lo necesario y posible: un acuerdo sobre medidas mínimas e impostergables para sacar al país de la paralización.

diario hoy¿Cómo podría ser este acuerdo, y en qué tendría que focalizar? Aquí un borrador.

En el año que el país cumple 25 de haber alcanzado los acuerdos históricos para terminar la guerra fratricida y para establecer el pluralismo democrático, y consientes que a nuestro país lo aquejan nuevos problemas, sobre todo de inseguridad ciudadana y falta de un crecimiento económico que nos permita hacer las inversiones necesarias en educación, salud e inclusión social, los partidos políticos salvadoreños hemos acordado unas medidas mínimas y concretas, y nos comprometemos de implementarlas, sea desde el Ejecutivo o del Legislativo.

Las medidas acordadas las hemos consultado con todo el espectro de organizaciones gremiales, sindicales y académicas, pero en especial con los jóvenes, en audiencias públicas en colegios y universidades. Es el futuro de ellos que estamos decidiendo hoy.

Los partidos nos comprometemos a poner en el centro de las políticas públicas:

• La educación: durante los próximos 5 años el presupuesto para educación se aumentará cada año por un 10 % para llegar a un presupuesto de 1,500 millones de dólares.

• La educación universitaria: hacer Asocios Públicos-Privados con universidades de primer nivel de países desarrollados, para crear 5 universidades nuevas, con énfasis en tecnología y ciencias aplicadas.

• Transformación de barrios y comunidades precarias: infraestructura, vivienda, escuelas de tiempo completo, centros de salud, centros de formación vocacional, creación de empleo. Para financiar esto, todas las subvenciones se reducen a un mínimo de 20 %, sólo para familias de extrema pobreza, y el resto se invierte en la transformación de barrios. Además, los gastos de Obras Públicas, Educación, Salud, FISDL y todos los programas sociales se focalizan durante 5 años en las comunidades y los barrios a transformar. De manera inmediata, a todas las escuelas en estos territorios se duplica el presupuesto para pasar a educación de tiempo completo, contratar sicólogos, profesores adicionales, entrenadores de deportes, trabajadores sociales, y para modernizar y completar sus infraestructuras escolares y deportivas.

Definiendo estas tres prioridades para la política pública, el problema principal del país (de seguridad, delincuencia y pandillas) se volverá manejable, porque se disminuyen la tensión social, la marginación y la falta de perspectiva y opciones para los jóvenes, que están a la base de la crisis de seguridad pública. En vez de apostar prioritariamente a la represión, y en vez de inventar medidas artificiales y dispersas de prevención, el país atacará los problemas de inseguridad desde sus raíces.

Estas tres medidas nos comprometemos a implementar, independientemente de los resultados de las próximas elecciones. Conjuntamente gestionaremos fondos adicionales de cooperación para estos fines. Sobre todo lo demás (responsabilidad fiscal, endeudamiento, reforma de pensiones, impuestos, reforma electoral, etc.) nos comprometemos a seguir dialogando y, si es necesario, peleando para llegar a decisiones que dependerán de la correlación de fuerzas que se va a establecer en las elecciones del 2018 y 2019.

Firman: ARENA y el FMLN y quien quiera adherirse.

Dejemos de filosofar sobre los Acuerdos de Paz. Hagamos algo concreto. ¿Este plan de prioridades no les parece realista? Bueno, señores, expliquen esto a la ciudadanía, sobre todo a los jóvenes, empezando con sus propios hijos o nietos.

Suerte con esta discusión. Saludos,

44298-firma-paolo