Acuerdos de Paz

Salvador Samayoa: “Antes no se podía acceder al poder por medios democráticos”

El firmante del Acuerdo de Paz destaca los cambios al Órgano Judicial como eje central de la reforma.

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Entrevista a Salvador Samayoa, de Guillermo Miranda Cuestas, 13 diciembre 2017, El Diario de Hoy

 

EDH log¿Cómo fue valorada la Constitución de 1983 dentro de la guerrilla?
Para nosotros era una Constituyente y una Constitución contrainsurgente. El presidente era Roberto D’aubuisson, que en ese momento, al menos, era el anatema para la izquierda revolucionaria. Es una Constituyente en la que están excluidas las fuerzas de izquierda, solo participan ARENA, PCN y PDC.

¿Se plantearon otra Constitución?
Justamente por eso convertimos en un punto central de la negociación la reforma constitucional. Es que a la gente se le olvida, no sabe o son muy jóvenes, que hace poco tiempo, hasta 1964, el partido que ganaba las elecciones tenía todos los diputados de la Asamblea. Yo tenía 14 años de edad cuando por primera primera vez los partidos opositores obtuvieron diputaciones en una elección legislativa. ¡Ahora parece de la edad de las cavernas aquello, la incivilización total! Pues no, ¡es bien cerca! Pero aún así, en todos esos años en la Asamblea el partido de gobierno siempre tenía mayoría simple. Y por lo tanto lo que ahora nos quejamos tanto, con razón, de que haya un partido que quiera controlar totalmente los órganos del Estado, era la práctica habitual de los partidos de derecha. Por eso exigimos la reforma de la manera de elegir los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, que antes era un apéndice del Ejecutivo; el partido que ganaba las elecciones era el que elegía a los magistrados de la Corte y por lo tanto esos magistrados le respondían políticamente al partido de gobierno. Eso lo cambiamos en la reforma.

Igual con el Tribunal Electoral que entonces era el Consejo Central de Elecciones de tres miembros. Para todo efecto práctico, elegían solo a los suyos con la mayoría simple que le daba su poder en la Asamblea Legislativa. En las dos últimas Asambleas elegidas antes a la negociación, la de 1988 (vigente en ese momento) y la de 1991, la suma de los votos de ARENA, que en ese momento era un partido de extrema derecha, y PCN, el partido de los militares hasta esa fecha, les daba una mayoría simple bastante holgada para elegir a los tres miembros del CCE. Esta situación se podía reproducir en ulteriores elecciones. Nosotros cambiamos eso; que no fueran tres, que fueran cinco; que no se pudieran elegir por mayoría simple, sino por mayoría calificada. Eso fue lo que empezó a dar ciertas garantías de pluralismo.

¿No era la reforma a las Fuerzas Armadas lo central para el FMLN en la negociación?
No, no era el propósito central, era uno de los ejes importantes, por supuesto. La Fuerza Armada tenía todos los poderes menos el de hacer llover y quitar la lluvia. Incluso se convertía por Constitución en el garante de la democracia; por eso había tanto golpe de Estado, porque cuando a los militares se les ocurría que había un riesgo para la democracia daban golpe de Estado. Esas cosas las cambiamos; le quitamos los poderes hipertrofiados que tenía históricamente la Fuerza Armada en el país. Ahora se elige al fiscal por mayoría calificada y tiene funciones más fortalecidas, porque antes la que llevaba a su antojo la investigación penal era la Policía Nacional.

¿Eran estos los elementos que faltaban para que el FMLN aceptara entrar al sistema?
No solo se trata de las reformas de la Constitución. Por ejemplo en el Órgano Judicial pactamos también la reestructuración del Consejo Nacional de la Judicatura, la reforma de la Carrera Judicial… Fueron varias cosas las que se hicieron en ese sector. La seguridad pública se transformó totalmente. Esas reformas, el conjunto de ellas, varias con rango constitucional, son las que nos permitieron pensar que ahora habría un escenario en el que se podía considerar la lucha por métodos pacíficos y democráticos, porque antes simplemente no se podía acceder al poder por medios pacíficos y democráticos.

¿Cuenta la Constitución con mayor legitimidad en su pluralidad después del 91?
Sin duda, tiene mucha mayor legitimidad de pluralismo político que en toda la historia anterior del país, en el sentido que son más fuerzas políticas, y más diversas y plurales, las que han estado representadas para aprobar la Constitución.

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Luz. De Cristian Villalta

A efectos, prácticos lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

cristian villaltaCristian Villalta, 3 diciembre 2017 / La Prensa Gráfica

Estimado señor. Desde que usted se fue, mucho pasó. Y desde que usted se fue, poco cambió.

Como usted lo temía, hubo una guerra que enfrentó a hermano contra hermano. Como usted lo advirtió, el proceso popular hacia la justicia social era endeble y corría el riesgo de convertirse en mero ejercicio de la violencia.

Sobrevivimos a la guerra por tozudez, porque en el corazón de los nuestros a falta de sabiduría siempre hubo esperanza y porque la mayoría de salvadoreños se abraza de modo célebre a la vida porque es lo único que tienen, lo único que es suyo y no prestado.

LPGLógicamente, la índole de la variedad que usted reconocía como inherente a nuestra nacionalidad y a la fe cristiana fue atacada de modo virulento en esos años. La intolerancia que arrodilla y nubla el juicio de los salvadoreños del siglo XXI fue sembrada ferozmente en esa década.

Ya no es solo ejercicio sistemático de la fuerza como método de seguridad pública. Lo que le describo es natural intolerancia al que es distinto, un germen destructor que no purgamos ni después de los miles de muertos de aquella guerra. Usted aseveraba que la violencia es solo un fruto del crimen y que su modalidad mortal es pecado venga de donde venga. Sin embargo, ahora como antes nuestra sociedad matiza el asesinato. Es lo que aprendió desde 1932.

Por cierto, los militares ya no gobiernan. La idolatría a la institución armada efectivamente terminó aunque desde el poder civil se escuchan con insensata frecuencia apologías de la represión para justificar el aumento de la esfera de influjo militar. Se sorprendería al reconocer entre los rostros de esos apologistas a algunos de los jóvenes que denunciaban la represión paramilitar hace 40 años. Ellos gobiernan ahora.

Eso fue posible merced a unos acuerdos que aliviaron la carga de terror y sangre de la nación. Quizá fueron las semanas más honrosas de nuestra historia, con tantas personas de signo contrario, algunos de ellos enemigos todavía hoy, sometiendo intereses personales o sectarios al bien común, hasta que a unos y otros se les antojó amnistiarse de sus crímenes.

Desde entonces, el ejercicio político cambió, y en ese orden la rueda de la historia dio una vuelta de 180 grados hace algunos años, cuando un hombre que no estaba asociado al círculo tradicional del poder ganó la Presidencia de la República. Usted no le conoce; él a usted, tampoco.

Sí, hubo alternancia en el Gobierno; y lamentablemente, el rayo de salvación que usted esperó, del que tanto habló, no ha llegado. A efectos prácticos, lo sustancial —la marginalidad, la exclusión, el diseño alienado del Estado— no cambió, y la nación salvadoreña continúa defraudada y desilusionada.

Discúlpeme si sueno pesimista o malagradecido. El esfuerzo y la vida de tantas personas, la sangre de los mejores de dos generaciones no debe desperdiciarse. Y sí, acaso estemos a la puerta de una época fabulosa, pero antes necesitamos a un líder, uno al menos que se resista a mentirle a la nación, que no le venda odio ni división y que la invite a sacrificarse para garantizar un país que no verá. Uno que tenga algo de verdad… un poco de verdad es siempre un montón de luz, Monseñor.

Carta a los cibernautas: Cuidado con los “fake news”. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 18 noviembre 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

Queridos amigos:
Si ustedes son cibernautas que, igual que yo, todos los días navegan en Internet, en periódicos digitales de todo tipo, y en las redes sociales, ¡tengan cuidado! Igual que yo, se encuentran todos los días con lo que desde Donald Trump conocemos como “fake news”: noticias falsas o simplemente, mentiras. Normalmente para atacar a los que piensan diferente, y siempre para crear confusión y desconfianza.

logos MAS y EDHY este cáncer no es limitado a mentirosos patológicos como Trump. Se ha propagado en todo los países, y en todas las ideología. El ejemplo que presento aquí proviene de una ultraizquierda que arremete hasta contra los Acuerdos de Paz.

Una tal Ada Membreño, que se presenta en Facebook como “escritora”, publicó la foto de una reunión de la entonces Comandancia General del FMLN con Alfredo Cristiani, con el siguiente comentario: “Afuera los hermanos matándose, y estos en plena discusión de como comprarían y venderían la lucha revolucionaria.”

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El problema: la foto es auténtica, pero todo lo demás es mentira. La reunión se dio, pero no en la casa de Cristiani, sino en una oficina de Naciones Unidas en San Salvador. Y no tuvo lugar en 1987, en medio de la guerra, sino en 1992, luego de los Acuerdos de Paz. Y no era para traicionar a nadie, sino para garantizar el cumplimiento de los Acuerdos de Paz y del cese al fuego.

Pero las mentiras tienen tierra fértil en este país: hay suficientes resentidos e imbéciles que se las creen. Inmediatamente aparecieron docenas de comentarios absurdos: “Los traidores del pueblo”; “repartiéndose el pastel”; etc., etc…

El Internet es una maravilla, pero ojo: también para los que quieren envenenar el pozo del cual todos bebemos. Por esto digo: Cuidadito con los memes, las mentiras, los “fake news”.

Saludos,

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Carta a los que no quieren entender nuestra historia. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 14 noviembre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

No tenía intención de volver a escribir sobre los padres jesuitas. No me gustan los rituales conmemorativos. Pero de repente, hablando de otra cosa, surgió una discusión en Twitter.

Empezó con un tuit que encontré: “Vistos en perspectiva, los logros tras de la guerra civil de los 80 fueron magros y el dolor mucho.”

A estas expresiones de pesimismo e ignorancia, casi siempre trato de responder con argumentos. En este caso, escribí: “Desmilitarización; libertad de expresión, organización y elección; pluralismo político… ¿magros?”

logos MAS y EDHMe contestó uno de los dirigentes del Movimiento 300: “A excepción de la militarización (por motivos obvios), para 1989 ya había todo eso.”

Mi respuesta: “¿Está seguro? Entonces, ¿la bomba en Fenastras no tuvo nada que ver con libertad sindical; y la muerte de los jesuitas nada con libertad de expresión?”

Su respuesta: Lo de los jesuitas, libertad de expresión? Vamos que se q sos mas inteligente..”

Entonces, sí es necesario seguir hablando de la muerte de los jesuitas.

Incluso gente progresista dentro de la derecha no logran desprenderse del mitos que a los jesuitas los mataron por que estaban detrás de la ofensiva guerrillera del 1989. Por tanto no logran entender que la guerra y los Acuerdos de Paz tuvieron que ver con la conquista de la libertad.

En vez de decirlo con otras palabras, cito de una “Carta a Ignacio Ellacuría” que publiqué hacer tres años, el 14 de noviembre del 2014.

“Te mataron por la misma razón que asesinaron a Antonio Rodríguez Porth: Para abortar el proceso de paz. Ambos se volvieron peligrosos para los enemigos de la búsqueda de una solución negociada al conflicto. Estos enemigos los hubo en ambos bandos. Los que dentro de la insurgencia vieron con preocupación que con Alfredo Cristiani había llegado al poder un hombre que tenía la autoridad y la visión de abrir dentro de la derecha espacio a la idea de una salida sin vencedores ni vencidos. Por esto mataron al cerebro detrás de esta visión del nuevo presidente: su Ministro de la Presidencia y más cercano asesor, Rodríguez Porth.”

“Usted comenzó a convertirse en el puente entre los sensatos de ambas partes. Esto -y la incidencia que esto podría tener sobre las decisiones del presidente Cristiani- lo convirtió en un peligro para los enemigos de las negociaciones dentro de la Fuerza Armada.”

“Muy pocos en el ejército se creyeron la paja que usted y sus hermanos jesuitas estaban detrás de la ofensiva insurgente. Esto era el pretexto. Los que ordenaron este crimen no querían eliminar a colaboradores de la guerrilla sino a uno de los pocos puentes que quedaba funcionando entre los que, dentro del FMLN y dentro de la derecha, querían en serio avanzar hacia una solución negociada.”

“Por esto es ridículo pensar que Alfredo Cristiani haya ordenado o consentido la muerte de los jesuitas. Fue una operación contra Cristiani, para debilitarlo.”

Claro que los asesinatos de los jesuitas -y también de Rodríguez Porth- fueron ataques a la libertad de pensamiento y de expresión. Claro que para lograr la paz y la democracia, los Acuerdos del 1992 tuvieron que centrarse en garantizar esta libertad. Claro que hoy tenemos que seguir construyendo sobre este logro.

Cuestionar esto significa abrir espacio a la anti-política – y a los populistas (de izquierda y derecha) que en este vacío hablan de “refundar la república”, en vez de defender la república que conquistada. Saludos,

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En apoyo del diálogo como vía a un mejor El Salvador para todos. De los embajadores de España, Francia y México

Publicamos este llamado que los embajadores nos hacen a los salvadoreños, como importante abono al debate. Lo vemos más como invitación al debate que como conclusión. ¿Qué se puede resolver mediante diálogo y acuerdos? ¿Y qué mejor se resuelve mediante elecciones, luego de un serio debate sobre las opciones que tenemos como país? Lo primero con el riesgo que se quede en lugares comunes; lo segundo con el peligro que los partidos no logren presentar proyectos claros, transparentes y viables.

Segunda Vuelta

Francisco Rabena, embajador de España; David Izzo, embajador de Francia; Francisco Javier Olavarría, embajador de México – 21 junio 2017 / EDH

Una vez más El Salvador se encuentra ante una oportunidad para reflexionar y decidir la mejor vía para encarar, como sociedad y país, un futuro más justo, próspero e inclusivo para todos sus ciudadanos. El 16 de enero de 1992, en México, los salvadoreños decidieron, a través de los representantes de dos sectores que se habían enfrentado en una lucha fratricida por 12 años, escoger la paz y las vías democráticas para hacer vales sus ideales y sus proyectos políticos. Hoy, 25 años después de esa histórica ocasión, la sociedad salvadoreña demanda a sus representantes y líderes, no solo políticos sino también económicos, sociales, de pensamiento y opinión, un nuevo esfuerzo y compromiso para enfrentar, juntos y con una nueva visión compartida, los retos que encaramos hoy.

Todos, especialmente los ciudadanos que los padecen diariamente, somos conscientes de cuáles son esos retos y del impacto negativo y agotador que tiene sobre la realidad salvadoreña y el futuro de nuestros conciudadanos. La gran mayoría de las familias salvadoreñas ha sufrido en su propio seno la violencia, el desarraigo, la falta de oportunidades que permitan a nuestros hijos salir adelante en esta vida y en su propio país sin tener que recurrir a la emigración o a la informalidad o, en el peor de los casos, caer en las redes de las estructuras pandilleriles. Es precisamente por esa conciencia generalizada ante las dificultades presentes que ha llegado el momento de volver a dar a El Salvador lo mejor y más generoso que cada uno de nosotros alberga en su interior. Ha llegado nuevamente la hora del diálogo y del compromiso histórico por el bien del país y sus hijos. Ha llegado la hora de volver a hacer realidad la letra de su Himno Nacional, para demostrar que 25 años después de Chapultepec, El Salvador toma un nuevo impulso para superar sus problemas actuales e históricos, pero, sobre todo, para sentar las bases de un nuevo proyecto que ilusione y en el que quepan todos sus ciudadanos, en el que cada uno pueda aspirar a desarrollarse personal y profesionalmente, en el que El Salvador sea el país al que todos aspiramos y que con el esfuerzo y compromiso común, pueda llegar a serlo.

Para conseguir este objetivo, demandado por la ciudadanía y necesario para el desarrollo nacional, El Salvador no está solo en su esfuerzo. Las Naciones Unidas, a través de Benito Andión, Representante del Secretario General, Sr. Antonio Guterres, representa el compromiso renovado de la comunidad internacional para que esta demanda de diálogo por un futuro más esperanzador y sólido para los salvadoreños, se materialice. Un compromiso que incluso transciende a El Salvador ya que una vez más el país está llamado a sentar un precedente positivo en el ámbito internacional, en este caso como primera experiencia de un nuevo concepto de diplomacia preventiva que la ONU podría poner en práctica en el futuro en otros países del mundo. Los Embajadores abajo firmantes, cuyos países jugaron un papel significativo en el Acuerdo de Paz, reiteramos el apoyo de nuestros países y autoridades con El Salvador y las Naciones Unidas para colaborar en que este empeño llegue, si así lo quieren los salvadoreños, a buen puerto. Nuestro compromiso se basa en la confianza en los salvadoreños, que son los dueños de su destino y los protagonistas de su presente, en nuestra convicción de que es posible y necesario el lanzar este proceso de diálogo y en la certeza de que el resultado del mismo solo puede traer un cambio positivo para la realidad y el futuro de los ciudadanos.

Todos somos conscientes de las dificultades y obstáculos que este desafío implica, así como de la polarización de la vida política salvadoreña, las visiones a veces excluyentes del modelo de país que se persigue, o la proximidad de los procesos electorales de 2018 y 2019 que amenazan con asfixiar cualquier posibilidad de consenso. Sin embargo, no hay un Plan B ante un eventual fracaso del diálogo, el compromiso y la concertación. Si en esta ocasión no se está dispuesto a realizar sacrificios y concesiones por el bien común para lograr estos objetivos, el presente de los salvadoreños seguirá siendo el de enormes dificultades y su futuro podría estar desprovisto de esperanza. No deberíamos dejar que esto suceda.

Los tres embajadores son miembros del Grupo Gestor
para la Conmemoración del XXV Aniversario del Acuerdo de Paz

Chapultepec. De Cristian Villalta

El acuerdo de paz de 1992 perseguía el fin del conflicto armado, civilizar al Estado salvadoreño y la construcción de instituciones que garantizaran los derechos de la población en lugar de amenazarlos.

CRISTIAN VILLALTACristian Villalta, 29 enero 2017 / LPG

Al firmarlos, los hechores de la guerra sacrificaron muchas de sus expectativas; para que un mejor país fuera posible, era necesario que el país fuera posible.

Pero aquel contrato entre enemigos nunca supuso una tregua entre visiones opuestas sobre la naturaleza del Estado. Ese contraste filosófico fue el motor de nuestros primeros años de posguerra. La actual mediocridad de nuestra política se produce luego, tras la fatiga, ostracismo o muerte de los ideólogos naturales de ambas corrientes.

la prensa graficaAsí pues, los pecados de nuestra democracia no son consecuencia de 1992, sino un reclamo que los ciudadanos deben hacerle a la clase política contemporánea. Esta década puede o no terminar con la fractura de la relación de la sociedad civil con los partidos políticos; prefiero creer que ocurrirá, aunque no pronto, a manos de salvadoreños más inteligentes y nobles que los de ahora.

Si son inteligentes, esos ciudadanos entenderán que con aquellas firmas en el Castillo de Chapultepec ninguno de sus bisabuelos pretendía resolver los problemas de inequidad, desequilibrio y marginación que el Estado salvadoreño sufre desde su mismo diseño. Esa posibilidad, deseada por la subversión y temida por las fuerzas del orden y sus patrones, había desaparecido.

Si son nobles, asumirán su cuota de responsabilidad y emprenderán esa tarea: subvertir la lógica de nuestra nacionalidad. Me refiero a desechar la idea de que lo importante en El Salvador es el Estado e instalar en el centro de nuestra vida a la Nación. La nación es el colectivo, la suma de todos, la voluntad mayoritaria, una energía que se ha dilapidado mayoritariamente en el intento de sobrevivir, desenfocada por la polarización.

Aquellos de nuestros descendientes que lo entiendan volverán útil el acuerdo de paz.

Es que el acuerdo es una herramienta, no era el fin último. Creer que el acuerdo era la última página de nuestra historia es creer que el país que tenemos es un producto final. Solo gente muy egoísta o muy tonta puede aceptar esa noción. Es fácil reconocerlos: son los mismos que convirtieron la conmemoración de Chapultepec, hace algunos días, en un concierto de quejas y comentarios de barbería.

¿Por qué en otros países aún se nos considera un ejemplo, mientras intramuros lejos de ponderar la herencia de 1992 algunos de entre nosotros incluso desprecian lo acordado?

Inaudito pero cierto, expresiones relativizando la importancia del cese al fuego se multiplicaron alrededor del 16 de enero, como si toda la sangre derramada, la juventud inmolada, el talento exiliado, todas las familias destruidas no merecieran el mínimo respeto.

Varias generaciones de salvadoreños vivimos con una cicatriz en el alma por aquellos hechos. Tal denominador común ha servido de muy poco en la práctica, pues en lugar de hermanarnos y de comprometernos, continuamos en el ejercicio de la intolerancia, y no podemos ahorrarnos esa mezquindad ni siquiera al recordar a nuestros muertos.

Aprecio la oportunidad de decir lo que pienso, de vivir en una democracia ciertamente pálida, de pensar que otro país es posible; sólo lo será si enseñamos a nuestros hijos a amar a su nación, que son sus compatriotas; a saber que el Estado es perfectible y nunca será suficiente; que a los que piensan distinto se les escucha; y que nuestra paz, la de ahora o la de mañana, se ha construido sobre miles de víctimas que merecen respeto.

¡Qué fea está la reconciliación! De Ricardo Avelar

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Ya pasaron las fotografías, los fuegos artificiales y las cancioncillas del evento y es momento de señalar al “elefante en la habitación” y discutir lo obvio, lo que todos estamos pensando: ¡La reconciliación luce genuinamente fea!

ricardo avelar.jpgRicardo Avelar, 18 enero 2017 / EDH

Esta semana, El Salvador conmemora el vigésimo quinto aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz y, siendo justos, hay bastante que celebrar.

El fin de las abusos a los derechos humanos por parte de ambos bandos, el cese de reclutamiento de menores para nutrir el campo de batalla, la no interferencia de los militares en la política y la capacidad de disentir sin miedo a la desaparición física son solo algunos de los beneficios que nos trajo el proceso que cerró el conflicto.

Sin embargo, una vez firmada la paz, vino un nuevo y generalmente más tortuoso camino: el de la reconciliación entre todas las fuerzas vivas del país.

diario hoyEn ese marco, el pasado domingo 15 de enero el Gobierno inauguró el Monumento a la Reconciliación, entre grandilocuentes referencias a la paz y llamados al diálogo y a cerrar heridas que tras un cuarto de siglo permanecen latentes.

Ya pasaron las fotografías, los fuegos artificiales y las cancioncillas del evento y es momento de señalar al “elefante en la habitación” y discutir lo obvio, lo que todos estamos pensando: ¡La reconciliación luce genuinamente fea!

Y no me refiero exclusivamente al monumento, aunque debemos ser francos y hacerle saber a los responsables que además de estar ubicado en un sitio inconveniente, la estatua principal del complejo es tosca y nos provoca desde risa hasta algo de vergüenza.

No obstante, seríamos afortunados si el desacierto urbanístico fuera el principal de nuestros problemas en el país. La paz aún tiene grandes deudas.

En todos los actos, por ejemplo, se ha hablado del diálogo y la concertación, pero habrá que preguntarnos cuánto pasará antes que el presidente y el partido de gobierno vuelvan a insultar y denigrar a funcionarios que ejercen control de los actos políticos o cuánto pasará antes que ARENA se muestre inflexible y caprichosa en algunas de sus posturas. O sea, cuánto falta para reanudar el juego de niños en el que se ha convertido la búsqueda de acuerdos políticos.

Otro punto celebrado es el final de la violencia sistemática como la respuesta primordial del Estado. Sin embargo, esta celebración se da mientras hay ejecuciones y abusos de autoridad que se disfrazan de “enfrentamientos”, los cuales lejos de solucionar la inseguridad con políticas integrales, extienden el miedo y el manodurismo. Asimismo, mientras se habla de sensatez, un legislador propone penas excesivas para el aborto, buscando demagógicamente el aplauso de un sector particular pero obviando que es una problemática más compleja y que no solo se resuelve con el duro -pero desigual- mazo de la justicia.

El sistema de partidos también es una herencia de la paz y ha logrado trasladar la confrontación armada al plano institucional. Sin embargo, de los idearios se ha pasado a la mera conveniencia y a la práctica de ambos partidos mayoritarios de resolver con prebendas a los “partidos bisagras” lo que no pueden dirimir con un diálogo constructivo.

Y gran parte de la ciudadanía, que adquirió la libertad de opinar y disentir, tiende a avalar toda respuesta violenta y desproporcionada, e incluso ve con buenos ojos que se le limiten garantías para solucionar problemas, como si los poderes públicos no tuvieran la tendencia natural a abusar de sus funciones. Vale advertir, como dijo la famosa senadora Padme, que “así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso” de quienes no temen darle más poderes al Estado.

En fin, no reconocer el logro de los Acuerdos de Paz sería ingrato e irresponsable, pero querer ignorar que la reconciliación tiene una cara fea puede ser devastador.

Ojalá rectifiquemos como país. Que los partidos abandonen la mezquindad de buscar solo sus intereses con réditos exclusivos a inmediato plazo. Ojalá la ciudadanía asuma su rol de vigilante del poder. Ojalá los medios denunciemos con audacia y sin sesgos los abusos. Ojalá la comunidad internacional tenga siempre un sentido crítico al analizar lo que nuestro gobierno hace.

Si es así, la única cara fea de la reconciliación será ese armatoste verdoso que dejaron ahí.

@docAvelar