Acuerdos de Paz

¿Qué es la posguerra? De Rubén Zamora

27 febrero 2019 / LA PRENSA GRAFICA

La proclama del presidente electo, Sr. Bukele, de que su triunfo electoral significa “el cierre de la página de la posguerra”, plantea la pregunta inicial de qué entendemos por posguerra. Una definición simple sería responder diciendo que es el periodo que sigue a la guerra, es decir de 1992 a este año; sin embargo, si profundizamos y buscamos una explicación más sustantiva, nos podemos contestar que se trata de un quiebre en la vida nacional generado por un evento particular que marca importantes desarrollos a partir de su dinámica. Uno de ellos fue el 15 de septiembre de 1821, con la declaratoria de independencia de España que dio origen a nuestra época republicana; en nuestro caso el quiebre de la posguerra está determinado por la firma de los Acuerdos de Paz, pues ese es el acto político que estableció un nuevo marco para la vida política del país; por consiguiente, los Acuerdos son la guía para determinar si es una página que debe ser pasada para empezar a escribir una nueva de nuestra historia.

El hecho de un triunfo electoral de un nuevo partido no necesariamente constituye una “nueva época” a no ser que este signifique un cambio sustancial en el ejercicio del poder; es inherente a la democracia representativa la alternancia del gobierno; y esto no siempre significa un cambio de época, así, el cambio de los regímenes del PCN y el ascenso al gobierno de la Democracia Cristiana no se considera un cambio de época, de igual manera el cambio de los 20 años de gobiernos de ARENA a los 10 del FMLN parecía, por la historia y trayectoria de este último, como un cambio de época, en la práctica simplemente se trató de la alternancia gubernamental y no de una nueva época; hoy estamos frente al fenómeno de la alternancia y la declaración del nuevo presidente al proclamar que su triunfo electoral es una nueva época es una declaración retórica, que no es la primera vez que escuchamos frente a un cambio de gobernante, incluso cuando son del mismo partido, tendrá que ser su desempeño el que lo confirme.

El carácter epocal que se atribuye el presidente electo es difícil de discernir, precisamente porque no está claro ni definido cuál será el proyecto de trabajo del nuevo gobierno, hasta ahora el discurso oficial ha tenido un carácter más bien negativo: una condena de todo lo que se ha hecho y la promesa de hacer las cosas de diferente manera y muy poco en términos positivos, con iniciativas que más bien parecen improvisadas, como el aeropuerto internacional de La Unión, el ferrocarril centroamericano y el plan de Gobierno Cuscatlán que transcribe una variedad de propuestas y párrafos de documentos públicos, que hacen difícil, por un lado vislumbrar la coherencia del nuevo gobierno y por el otro descubrir las “nuevas ideas”.

Al igual que como hacemos con nuestra independencia, reconociéndola y señalando sus deficiencias y limitaciones, si el gobierno Bukele pretende iniciar una nueva época debe partir de los Acuerdos de Paz, en primer lugar no solo definiendo su aceptación de los aspectos positivos que la implementación de los Acuerdos han traído a nuestra democracia sino comprometiéndose a su profundización democrática: como son los casos de los avances en institucionalización de la desmilitarización de la política, la separación de Órganos Fundamentales del gobierno, el control constitucional por parte de la Sala de lo Constitucional, la libertad de prensa, el respeto a los derechos humanos, el acceso ciudadano a la información del gobierno, solo para citar algunos de ellos, la nueva época no puede ser un retroceso ni un estancamiento en la construcción de la democracia, porque si algo no podemos permitirnos es el retroceso al pasado en estos campos.

En segundo lugar, la “nueva época” debe mirar críticamente los vacíos y debilidades de los Acuerdos de Paz para asumir su solución, y a este respecto es indispensable acometer en un esfuerzo nacional las ausencias de fondo que tienen nuestros Acuerdos de Paz que se concentraron en resolver la exclusión política y dejaron para el futuro el abordaje de la exclusión económico-social; esta es una tarea que solo muy superficial y coyunturalmente se ha enfrentado en los últimos 25 años y que requiere de un esfuerzo no solo gubernamental sino nacional para enfrentarla; ambas están en la raíz de la problemática nacional que se expresan en el estancamiento de la economía, la inseguridad, del descontento social, así como de las incapacidades del Estado de resolverlos.

En tercer lugar, entrar a una nueva etapa requiere que gobierno y sociedad civil enfrenten las áreas políticas que los Acuerdos de Paz no abordaron, la reforma del Órgano Legislativo y de los partidos políticos; ambos indispensables en la democracia representativa y ambos nunca abordados por los Acuerdos y ahora son el caso más evidente de la crisis política que el país vive; las elecciones recién pasadas claramente expresaron el descontento y rechazo a los partidos tradicionales, así como al desempeño del órgano legislativo. Su actual institucionalidad y gobernanza generan un bloqueo para enfrentar los problemas que señalábamos en párrafos anteriores.

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¿Pos-posguerra? De Paolo Luers

Carta sobre los que se niegan a defender los Acuerdos de Paz. De Paolo Luers

17 enero 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Escribo estas líneas el 16 de enero 2019, aniversario de la firma de los Acuerdos de Paz. Para mi, este año no se trata de una simple celebración de un evento que no solo puso fin a la guerra civil, sino que abrió la puerta a la construcción de la democracia pluralista. Este año, más que en cualquier otro de los 27 años que han pasado desde este evento histórico, se trata de unirse para defender lo que a partir de este acuerdo de nación logramos.

Nayib Bukele concentra su campaña en la denuncia que todos los demás se están uniendo para bloquearle a él el acceso a la presidencia. Por tanto, según él quedaría confirmada su tesis de que FMLN y ARENA son lo mismo. Lo que no entiende es que estos dos partidos se están uniendo para defender lo que juntos en Chapultepeque asumieron como responsabilidad de construir y defender: la nueva República fundada en 1992, basada en los Derechos Humanos, separación de poderes, pluralismo, libertad de expresión, institucionalidad democrática.

Su tesis es falsa. El hecho que ahora el Frente y ARENA se unan para defender lo construido a partir del acuerdo de nación del 1992, no significa que sean lo mismo, ni borra sus marcadas diferencias ideológicas y de materia de políticas públicas. Igual que el hecho que garantizaron una alternancia pacífica e institucional en el 2009 no significa que hayan hecho cómplices. Ahora se unen por responsabilidad histórica compartida, porque de repente surgió una fuerza que desconoce lo construido a partir de los Acuerdos del 1992, lo desprecia y lo amenaza con desmontar: Nayib Bukele con su movimiento Nuevas Ideas.

¿Se han fijado en lo que dice el spot de TV que vemos a cada rato de Bukele? Habla de “30 años de promesas falsas”.  ¿Por qué habla de 30 años? ¿A que se refiere? ¿Qué pasó hace 30 años? ¿Cuál fue la promesa que se dio hace 30 años?

Hace 30 años arrancó en serio el proceso de paz. Luego de años de promesas falsas de diálogo, en el 1989 al fin comenzó la negociación real para desmontar la guerra. Esta fue la promesa de hace 30 años. Esta es la promesa que Bukele denuncia como falsa. Por esto él y Ulloa dicen que la tarea de refundar la República, con una nueva constitución, todavía está pendiente – y les tocará a ellos.

Para ellos los Acuerdos de Paz, firmadas hace 27 años, no fueron un acuerdo de nación, sino un arreglo entre dos partidos: FMLN y ARENA. Para ellos, lo que se aplicó y construyó a partir del 1992, no fue la voluntad de la sociedad expresada en un acuerdo nacional, sino la repartición del poder entre dos partidos. Por tanto, desconocen lo construido. Por esto, hablan con tanta ligereza de que Bukele, si fuera electo presidente, marchara con el ejército y la policía a Asamblea Legislativa para que deje de sabotear su proyecto político. Por esto, tiene tanto desprecio a instituciones como la fiscalía y los medios de comunicación y su independencia.

Bukele y sus seguidores en Nuevas Ideas, Cambio Democrático y GANA no se sienten comprometidos con los Acuerdos de Paz y con lo que a partir de ellos hemos construido en el país. No se sienten parte de este acuerdo nacional, y no lo van a defender.

Lo logrado en 27 años es deficiente. Pero nosotros tenemos que decidir si lo queremos mejorar – o si queremos permitir que lo destruyen para sustituirlo con recetas populistas que siempre llevan al autoritarismo.

Celebrando este mes el aniversario de los Acuerdos de Paz, el próximo mes hagamos lo nuestro para defenderlos.

Saludos,

Carta al Frente: Feliz cumpleaños, aunque nadie lo celebra. De Paolo Luers

11 octubre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados compañeros:
Hoy hace 38 años se fundó el Frente. ¿Por qué nadie lo celebra? Veo en las redes sociales un comunicado del FMLN que habla de batallas pasadas y por venir; veo una foto de 10 personeros vestidos de rojo levantando el puño en un cementerio en homenaje a “héroes, heroínas y mártires”…

Esto no es celebrar. Esto no es rescatar la esencia de este día histórico hace 38 años. La esencia no son las batallas ni los muertos, sino la capacidad de construir unidad sobre la diversidad. El Frente que fundaron un 10 de octubre de 1980 resultó tan fuerte por la diversidad y autonomía de sus integrantes.

¿Por qué el FMLN, cuando se convirtió en partido, fue paulatinamente abandonando su carácter plural, sustituyendo la unidad basada en diversidad por una unidad doctrinaria e impuesta?

¿Por qué el FMLN pone en el centro de su historia sus batallas y sus muertos – y no su más grande logro histórico: la construcción de la paz y del pluralismo por la vía del diálogo y la concertación?
Si el FMLN hubiera apostado consecuentemente a este legado en los últimos 20 años, hoy no se vería ante el peligro de ser desplazado por seudo-líderes que profesan una melcocha de ideas antisistema.

Pero nunca es tarde. El Frente, a pesar de los errores cometidos como oposición y sobre todo como gobierno, de hecho nunca dejó de ser parte y pilar de este “sistema”, que ahora está siendo cuestionado y atacado por un nuevo populismo desbordado y demagógico. Hoy es cuando el Frente debe tener el valor de asumirlo. Es el sistema democrático, pluralista y constitucional que nunca hubiera podido establecerse en El Salvador sin el Frente.

Claro, para que el Frente asuma sin ambigüedades y con credibilidad esta defensa, sería necesario una revisión autocrítica de su actuación como parte de este sistema, primero como signatarios de los Acuerdos de Paz, luego como oposición política y finalmente como gobierno. Muchos en el partido entienden que ellos mismos promovieron actitudes antisistema y populistas – y que sin esto no hubiera surgido con tanta fuerza el peligro que ahora amenaza con desplazarlos.

Bukele y sus apóstoles atacan al Frente sin misericordia, precisamente por que es parte del sistema de la postguerra. El Frente tiene dos opciones: o asume con orgullo y decisión la defensa y la reforma de este sistema que, por muy imperfecto que sea en cuanto a inclusión social, ha dado al país libertad de expresión, desmilitarización, pluralismo, alternancia en el poder, institucionalidad. O competir con Bukele en el campo de la antipolítica y la erosión del sistema republicano. Tengo entendido que lanzando a Hugo Martínez como candidato, el Frente ha optado por lo primero – solo falta un paso decisivo: asumirlo sin ambigüedad.

Para evitar cualquier malentendido: Mucho de lo dicho en esta carta hay que reclamarlo también a ARENA, que también debería asumir con orgullo como su logro histórico no la lucha férrea contra la izquierda, sino su decisión y capacidad de abrir el sistema cerrado del autoritarismo para crear un sociedad abierta y pluralista con plena inclusión de la izquierda. Todavía hay muchos en ARENA y sus liderazgos que siguen buscando el derrumbe del FMLN, sin darse cuenta que se estaría derrumbando uno de los pilares del sistema democrático y pluralista.

Ambos partidos tienen que entender que son competidores y adversarios, que representan dos visiones de cómo reformar el sistema, pero que los enemigos que ponen en peligro lo logrado y lo que falta hacer son otros.


Saludos los miles de excombatientes del Frente,

 

Esta paz tan violenta. De Marlon Hernández-Anzora

Sin duda, los Acuerdos de Paz están agotados y no son los responsables de los problemas actuales.

marlon anzoraMarlon Hernández-Anzora, 21 enero 2018 / La Prensa Gráfica-Séptimo Sentido

“Peace is not everything. But without peace,
everything is nothing”. Willy Brandt

Es importante iniciar dejando claro que los Acuerdos de Paz cumplieron con la principal misión que tenían en su momento: acabar con el conflicto político armado.

Además, son el hito más importante en la historia republicana luego de la independencia. Pero también debe reconocerse que, muy a pesar de su importancia, no son valorados en su justa dimensión por buena parte de la población y de la juventud salvadoreña. Y eso por al menos dos razones importantes.

septimo sentidoLa primera es que nadie puede valorar lo que desconoce. La deuda con las nuevas generaciones para que conozcan y reflexionen sobre los períodos del preconflicto y del conflicto armado del siglo XX es altísima. Los más jóvenes difícilmente valorarán la importancia de las firmas que se estamparon en el Castillo de Chapultepec en enero de 1992 si desconocen sobre los horrores de la guerra y de la represión política del siglo pasado.

En otros países, los procesos históricos traumáticos, con espirales de violencia aguda, son estudiados y reenfocados desde la academia y la cultura constantemente. Aquí, por el contrario, quisimos hacer borrón y cuenta nueva bajo el mentiroso lema de “perdón y olvido”. Pero eso no funciona así. Hoy las élites que hicieron la guerra y firmaron la paz quisieran que la juventud valorara mejor su legado, pero se enfrentan con lo que cosecharon: su nula apuesta para que las siguientes generaciones conocieran la historia. Les dio miedo que conocieran y que, por tanto, cuestionaran su legado, así que hoy pagan el precio de que a buena parte de los jóvenes les importe poco o nada su gesta.

La segunda razón es por la violencia física, estructural y simbólica que la juventud salvadoreña enfrenta en su diario vivir. No les resulta muy coherente celebrar una paz que desconocen, en medio de una realidad en la que se juegan la vida diariamente, en la que no encuentran una institucionalidad en la cual confiar y en la que cotidianamente escuchan sobre supuestos enfrentamientos armados, con sus respectivos saldos mortíferos.

Los principales deudores de que, aparte de conseguir el cese de las armas en 1992, la sociedad salvadoreña no haya logrado pacificarse son los grandes actores de la posguerra: los partidos políticos, principalmente ARENA y el FMLN. Su primera gran equivocación fue la casi nula inversión social, con el respectivo anatema que se hizo sobre esta por parte de los gobierno de ARENA durante la década de los noventa. En Alemania, luego de la Segunda Guerra Mundial, no se dedicaron precisamente a reducir la inversión social. Por el contrario, el mismo Estados Unidos, a través del plan Marshall, invirtió muchísimos recursos para recuperar social y económicamente la Europa occidental.

Luego viene otra larga lista de errores que han forjado esta paz tan violenta. Uno de los principales ha sido la falta de largo plazo de las élites gobernantes durante la posguerra para abordar los problemas de violencia e inseguridad. En su camino de mediciones electoreras, entre manodurismos, treguas y antiterrorismos, las instituciones y las políticas de seguridad pública han comenzado a parecerse cada vez menos a las que los Acuerdos de Paz planteaban como modelo y van acercándose más a aquellas que pretendían superar.

Sin duda, los Acuerdos de Paz están agotados y no son los responsables de los problemas actuales. La gran pregunta es si los partidos y las élites que firmaron la paz y lideraron la posguerra aún son capaces de responder a los desafíos de la actualidad. La otra cara para responder dicha pregunta es la de quienes nacimos entre 1979 y 1992. ¿Tendrá esta generación el liderazgo suficiente para tomar la historia en sus manos y virar nuevamente hacia la paz o nos quedaremos viendo el celular mientras las aún regentes élites políticas siguen discutiendo un país que ya no existe?

Escapando de la realidad. De Manuel Hinds

Lo que se está jugando en las elecciones de 2018 y de 2019 es precisamente la sobrevivencia de la democracia que fue el objetivo de los Acuerdos de Paz. El que diga que este objetivo ya se cumplió vive en otro planeta.

manuel hindsManuel Hinds, 19 enro 2018 / El Diario de Hoy

Predecible y tristemente, el aniversario de los Acuerdos de Paz ha reciclado la fantasía de que todos los problemas del país pueden resolverse, o podrían haberse resuelto, con unos acuerdos que fueran, o hubieran sido, más amplios y más detallados que los que se hicieron. Era predecible porque todos los años se dice lo mismo, y es triste porque el decirlo es un síntoma del escape que nuestra sociedad está teniendo hacia un mundo de fantasía, en el que el objetivo es decir cosas, no cambiar la realidad.

EDH logLa idea de corregir todos los problemas con acuerdos nacionales ignora la diferencia entre los problemas políticos y la manera en la que estos se resuelven. Lo que los Acuerdos de Paz buscaron fue lo segundo: establecer un sistema que transformara los inevitables conflictos políticos en decisiones nacionales a través de una institucionalización democrática. Este sistema debía de sustituir los otros dos que habíamos usado para dirimir conflictos: las dictaduras y la guerra.

Este tipo de arreglo puede ser sacralizado en una constitución para ser respetado permanentemente. Es como las reglas del fútbol. Pero sería imposible lograr un consenso nacional permanente sobre los conflictos mismos, sobre los resultados de los partidos que con esas reglas se van a jugar. La institucionalidad democrática es para normar cómo se tomarán esas decisiones en medio de diferencias de opiniones, no para imponer una uniformidad de opiniones políticas.

Pero, además, no se puede decir que los objetivos de los Acuerdos ya han sido logrados. Los más esenciales de estos, la formación de una democracia basada en instituciones fuertes y durables, está bajo ataque. El FMLN dice abiertamente que busca el poder absoluto para instalar una tiranía como la instalada por la Revolución Rusa, quiere eliminar la propiedad privada para concentrar todo el poder económico y político en sus cúpulas y para lograr estos objetivos ha tratado por todos los medios de destruir la independencia de la Sala de lo Constitucional y otras instituciones básicas en la democracia.

Estos hechos contradicen la idea de que los objetivos de los Acuerdos ya fueron logrados. De hecho, lo que se está jugando en las elecciones de 2018 y de 2019 es precisamente la sobrevivencia de la democracia que fue el objetivo de los Acuerdos de Paz. El que diga que este objetivo ya se cumplió vive en otro planeta.

Pero esta no es la única fantasía que está brindando una oportunidad para que la sociedad se escape de sus problemas. Hemos llegado más lejos. Pasmosamente, en vez de involucrarse en el terrible problema de la criminalidad, en vez de exigir al menos diagnósticos del problema y estrategias para resolverlo, la sociedad urbana decidió envolverse en una campaña de decirse unos a otros “Somos Paz”, en la más sorprendente negación del problema espantoso que vive el país y nuestra sociedad.

Esto parece un intento de hipnotizarnos mutuamente para creer que de verdad El Salvador es Paz, creyendo que si lo decimos, por algún proceso mágico, se hará realidad. Pero para los ciudadanos que están viviendo el peor infierno de violencia en el mundo entero esto solo puede sonar como las palabras de un loco que ha perdido ya todo contacto con el mundo real. La campaña es bien intencionada, pero no hace nada para arreglar el problema. Peor aun, como en el caso de los Acuerdos de Paz, el decir “Somos Paz” se convierte en algo muy negativo porque niega el problema y deja a la sociedad civil con una sensación de que ya hizo algo para resolver el problema (el mismo que está negando) y quita urgencia y motivación para realmente enfrentarlo.

Ojalá que la sociedad vuelva a la realidad y busque soluciones que funcionen para defender los objetivos de los Acuerdos de Paz en contra de los ataques del FMLN y para enfrentar el terrible azote de la criminalidad. Ojalá que la cordura vuelva al país y se abandonen los mundos de fantasía. Si no, en unos años, nos diremos unos a otros “Somos Libertad, Paz y Desarrollo” mientras el país se hunde cada vez más en una tiranía comunista, con cada vez más violencia, y con cada vez más pobreza.

Carta a los que menosprecian los Acuerdos de Paz. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 18 enero 2018  / MAS! y El Diario de Hoy

En innumerables cartas y columnas cuestioné la militarización, la impunidad y los abusos de poder que desde hace años estamos observando en la Policía Nacional Civil. Y aunque por esto me caigan reproches y amenazas, lo seguiré haciendo.

Pero me asusta la cantidad de voces que en ocasión del reciente aniversario de los Acuerdos de Paz sostienen que esta refundación de la República del 1992 no haya servido para nada. Me asusta ver a una intelectual (y además amiga) escribir que “las calles siguen militarizadas, los pobres siguen muriendo impunemente en manos del estado, la OIE sigue persiguiendo a periodistas, etc. Lo que hubo fue un Acuerdo Político / Tregua que enquistó la impunidad. Que lo celebren los firmantes.”

logos MAS y EDHA los que durante las décadas de los 70 y 80 estaban demasiado jóvenes -y a los que fingen amnesia- hay que decirles: La militarización de la seguridad pública de ahora no es lo mismo que el Estado dominado por militares que tuvimos antes de los Acuerdos de Paz. La PNC, con todo su abuso de poder, no es lo mismo que la Guardia Nacional o Policía de Hacienda abolidos por los Acuerdos de Paz. El GRP, con todas sus desviaciones y corrupciones, no es lo mismo que el Batallón Atlacatl, que cometió masacres como la de El Mozote y asesinatos políticos como los de los padres jesuitas. La hostilidad del FMLN de hoy a la independencia de la Sala no es lo mismo que los asesinatos y secuestros de los comandos urbanos guerrilleros. El espionaje y las intimidaciones, que hoy sufren políticos, empresarios y periodistas por parte de la OIE y la Inteligencia Policial dirigidas por cuadros del FMLN, no es lo mismo que los asesinatos a periodistas, los atentados a medios de comunicación que cometieron ambos bandos en la guerra, o los secuestros a manos de guerrilleros y las desapariciones a manos de escuadrones que marcaron las décadas de los 70 y 80. Hay que ser muy ignorante o muy ideologizado para no ver las diferencias.

Quisiera que existiera una máquina de tiempo que transportara de regreso a estos tiempos de represión, activar guerrillero y guerra a los que ahora dicen que los Acuerdos de Paz solo fueron un arreglo de cúpulas sin beneficios para los ciudadanos.

Es cierto que no logramos la paz duradera, y esto nos obliga a poner su construcción a la cabeza de nuestras prioridades. Pero no la vamos a lograr nunca si menospreciamos lo que se logró en 1992: la erradicación de la violencia política, es decir: de la violencia organizada por el Estado y partidos políticos para preservar el poder o alcanzarlo; la apertura del sistema político al pluralismo; la irrestricta libertad de expresión y de organización.

Tenemos cualquier tipo de violencia: violencia de pandillas, violencia extralegal de la PNC, violencia intrafamiliar, violencia de género – pero a diferencia de países vecinos como Honduras, México y Guatemala no tenemos violencia política, ni electoral, ni asesinatos de periodistas. Tenemos políticos presos, pero no tenemos presos políticos. Tenemos gobernantes que expresan abiertamente su menosprecio a la libertad de prensa y la independencia del poder judicial, pero desde 1992 tenemos un consenso social muy sólido, que no permite que un gobierno cierre medios de comunicación o sustituya magistrados incómodos.

Estos avances no cayeron del cielo. Son resultados de la solución política consensuada que encontramos para terminar la guerra. Solo preservando, consolidando y defendiendo estos logros históricos podremos avanzar hacia la paz social que falta construir.

Saludos,

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Carta a los frustrados, impacientes e ilusos: No necesitamos rupturas, sino mejores políticas. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 16 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Hoy celebramos otro aniversario de los Acuerdos de Paz. Más bien, este año nadie lo celebra. Además hay un clima político, en el cual predominan el escepticismo y la frustración. Cuando la anti-política levanta la cabeza, ya no parece sexy un hecho como la solución política a un conflicto armado. Cuando la demagogia populista contamina el discurso político, ya no entusiasma una fecha, en la cual hace 26 años la racionalidad se impuso sobre los resentimientos y emociones de la guerra.

logos MAS y EDHEn España pasa algo parecido: Surgió con fuerza un movimiento populista que se arroga descalificar “el régimen del 78” y “la transición”, o sea la histórica refundación de la democracia luego de la dictadura. Cuando a raíz de la crisis catalana se comienza a discutir en serio una reforma constitucional para reforzar las autonomías, el partido PODEMOS de Pablo Iglesias exige un nuevo proceso constituyente.

Aquí Nayib Bukele trata de imitar a Pablo Iglesias, apostando también a la anti-política y un discurso anti-sistema, que niega la vigencia de lo que se ha logrado con los Acuerdos de Paz. Por lo menos el primer impulso le sale fácil, solo está recogiendo a los frustrados que se aburren de la tan poca sexy política en un país que ha entrado en la normalidad, con todos sus logros y defectos.

Los ilusos de las “Nuevas Ideas” no están solos. En el FMLN hay muchos que, luego de que este partido logró la alternabilidad y asumió la responsabilidad de gobernar, se enredaron en la permanente contradicción entre el discurso revolucionario y la política reformista, que su cúpula ejerce desde el poder. Por esto a Bukele le sale fácil recoger a los frustrados entre las bases del FMLN.

Pero hay otros que fomentan esta nueva búsqueda de emociones y rupturas en la política, precisamente cuando necesitamos más racionalidad para consolidar lo caminado desde los Acuerdos de Paz. Un intelectual socialdemócrata como Alberto Arene abre todos los domingos su programa de televisión “Focos” (por demás, bastante bueno) diciendo con cara de tragedia: “La post guerra está agotada…” Y Rubén Zamora sentencia con tono igualmente grave que “los Acuerdos de Paz fallaron al transformar el sistema de partidos políticos.” Aunque ambas son afirmaciones vacías, sí abonan a la percepción irracional que algo está mal con nuestro sistema político y que necesitamos una nueva transformación, cuando lo que necesitamos es que se haga mejor política.

Sumemos a esto que Carlos Calleja, quien en su carrera por la candidatura presidencial de ARENA, lejos de exponer soluciones concretas y reformas necesarias, centra su discurso en el slogan “Nueva Visión”, igualmente vacío que “Nuevas Ideas”. Ambos conceptos no apelan a soluciones racionales, sino al estado emocional de la gente que busca ilusiones, o sea algún tipo de ruptura con este sistema político aburrido de pasos pequeños y presuntamente agotado.

Ante todo esto, insisto en más y mejor política,
más racionalidad, y menos discursos vacíos.

Saludos,

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