Maduro

VENEZUELA: La tiranía institucional. De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 12 febreror 2017 / PRODAVINCI

La sigla oculta al verdugo.

Esas letras, tan exactas como impersonales, pueden ser un espejismo. Pueden servir para que no veas el rostro del agresor, para que no sepas quién te roba, para que no conozcas el nombre de tu violador. La sigla oculta al verdugo y legitima su crimen.

El tránsito del poder se expresa en el lenguaje. El nombre del Presidente también se ha devaluado. El mismo se ha encargado de restarle valor a sus propias palabras. Nicolás Maduro pierde día a día su significado. Pierde el sentido pero también pierde la voz. Ya no suena como antes. Es un Presidente que se ha dedicado a ser cada vez menos. Ha renunciado a sí mismo, a su posibilidad de ser Nicolás Maduro. Ha ido relegando sus funciones, sus deberes. Primero en los militares, ahora en Tareck El Aissami. Su nombre no tiene la misma fuerza. Ya no asusta a nadie. Tampoco convence a nadie. Nicolás Maduro: dos palabras que parecen estar desvaneciéndose. Cada vez con más frecuencia, están asociadas a una praxis insólita, absurda. ¿Qué se puede pensar de un Presidente que se ocupa de un animar un programa musical por la radio, mientras su país padece la inflación más alta del planeta?

prodavinciEl nombre de Nicolás Maduro se ha gastado muy rápidamente. Ya ni siquiera funciona bien a la hora de denominar a un dictador. Es tan chambón que no calza demasiado bien con ese título. Ya se presta más al chiste que al miedo. La casta que nos gobierna parece haberse quedado, provisionalmente, sin un eje en el lenguaje, sin un nombre único, claro. ¿Quién manda? En realidad, no lo sabemos. ¿Quién nos somete? ¿Quién destruye a la democracia y despoja a los ciudadanos de cualquier experiencia de poder? Aparentemente, nadie. Solo una sigla. Te ese jota.

Letras que no dicen nada y que lo dicen todo. La sigla es supuestamente aséptica. Independiente, inmaculado, incuestionable. Actúa con la solemnidad del orden para destruir el orden. Su eficacia reside en la pureza de su violencia. Ni siquiera tiene rostro. Peor aún: es el rostro de la justicia. Esa es su máscara. Este martes 7 de febrero, en la apertura del año judicial, así habló la sigla: “La gestión judicial es una construcción colectiva en la que magistrados y jueces dan su aporte ordinario y extraordinario para lograr las metas y objetivos planteados con templanza y mística para servir de la mejor manera a nuestra nación”. Es una voz llena de palabras huecas. Ni siquiera hacen ruido. Es el vacío.

Y, sin embargo, durante todo el año 2016, el TSJ se dedicó a rechazar, cancelar, suspender o prohibir, la democracia, el ejercicio del poder decretado por el pueblo en las últimas elecciones. “En un año —según asegura el abogado Gustavo Linares Benzo— se anularon más leyes que en 200 años”. La sala Constitucional se ha transformado en una banda de sicarios judiciales. Reciben instrucciones del gobierno y ejecutan de inmediato acciones en contra de cualquier propuesta que no haya sido aprobada por la élite oficial. Hay que vencer el espejismo de las siglas para no olvidar a los verdugos. Detrás de la sigla hay funcionarios concretos, nombres que se están prestando para esta masacre. Los escribo: Gladys Gutiérrez, Arcadio de Jesús Delgado, Carmen Zuleta de Merchán, Juan José Mendoza, Calixto Ortega, Luis Damiani, Lourdes Benicia Suárez. Los leo. Los pronuncio. Los repito. No quiero olvidarlos. Hay otra historia distinta a la historia oficial, un relato que no es el relato de los poderosos. Hay también una historia ciudadana, popular, que se tiene que seguir contando, que no puede olvidar a los infames y traidores de este tiempo.

El periodista Eugenio Martínez, especialista de alto calibre en la investigación y análisis del sistema y de los procesos electorales en el país, explica la compleja y perversa relación de sentencias y acciones entre el TSJ y el CNE para ir minando la alternativa de electoral y la existencia de los partidos políticos en el país. Es la danza macabra de las siglas. La tiranía institucional que permite un control del poder aun sin liderazgo. Chávez vive, la mafia sigue.

La naturaleza institucional de la dictadura tiene que estar, de entrada, en cualquier escenario de negociación. El punto de partida está corrompido. La sigla no es legítima. La sigla es la expresión más clara de la violencia de los privilegiados en contra de la mayoría de los venezolanos. Si no hay un nuevo Tribunal Supremo de Justicia, no hay diálogo posible. No hay futuro. No hay país.

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Algunas ideas revolucionarias para el uso del liqui liqui. De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 5 febrero 2017 / PRODAVINCI

Hay quienes piensan que se trata de un error del Nicolás Maduro. Hay quienes, incluso, creen que es una frivolidad, una muestra de amaneramiento ideológico; quienes dicen que resulta inaceptable que —en el contexto de esta cruenta guerra en contra del imperialismo— el Presidente Obrero se haya puesto de lo más fashion y haya decretado que el 2017 es “el año de la recuperación del liqui liqui”. Están confundidos. Se equivocan. Nuevamente lo subestiman. Nicolás Maduro es un adelantado. Él siempre va más allá. Mientras nosotros estamos ocupados en la banalidad de la inflación y de la escasez, él avanza hacia otro lado. Mientras nosotros tratamos de entender y digerir las estadísticas y los presupuestos, él lee atentamente los patrones de Carolina Herrera y de Ángel Sánchez. Nosotros estamos en el presente y Maduro ya está en el horizonte, diseñando la utopía, trabajando por el glamour bolivariano.

prodavinciPero no hay que olvidar que esa utopía comienza hoy. Que los sueños se construyen poco a poco y desde ya. Por eso es que, valientemente, el Compañero Presidente ha lanzado ahora esta propuesta luminosa: a partir de ahora el liqui liqui es nuestra “vestimenta nacional”. Para evitar suspicacias, malos entendidos, o acciones de sabotaje de la derecha, creo que es necesario empezar a proponer usos revolucionarios de este traje. Es imprescindible —chavistamente hablando— definir con claridad la función de este atuendo dentro de la perspectiva del proceso que estamos viviendo. El liqui liqui debe ser nuestra metáfora: como todavía no llega el hombre nuevo, tengamos por lo menos ya un traje nuevo.

Una de las primeras propuestas es que la camisa del liqui liqui sea de lona y que, en las costuras interiores traiga cosidas varias pequeñas arandelas. La idea es simple pero eficaz. Se trata del modelo “liqui liqui silla”. Funciona como un quita y pon muy útil a la hora de hacer cualquier patriótica cola. Pongamos que usted se encuentra en una de esas divertidas y fabulosas filas de gente, esperando algunas horitas, para poder comprar harina, jabón en polvo, o una medicina. Usted viene preparado y simplemente quita la camisa de liqui liqui, la voltea y la convierte en una fabulosa mini hamaca, tamaño fundillo. Puede sostenerse con un pequeña estructura de metal. Puede también usar las mangas para colgarla por ejemplo de una reja. Es un sistema de descanso autogestionario ideal, muy recomendable en tramos largos como los de los pasaportes o los carnets de la patria.

Otra alternativa, un poco más extrema pero enmarcada en la misma situación, es el modelo “liqui liqui loco”. Es una idea audaz y desenfrenada. Consiste en diseñar la parte interna del traje como una camisa de fuerza. De esta manera, al voltear la vestimenta y calzársela, las mangas funcionarán como bandas sujetadoras que amarran y someten al cuerpo. Se recomienda que el modelo sea siempre blanco y con botones gruesos. Puede ser muy útil a la hora de sortear colas y conseguir atención inmediata en las emergencias de los hospitales y centros de atención. Este modelo también viene acompañado de un gorrito y de un bozal, ambos con el mismo diseño.

Otra idea es trabajar una línea de producción amplia de liqui liquis de camuflaje. Se trata de una gama variada y extensa de distintas posibilidades de estampados, acordes con las diversas situaciones de nuestra cotidianidad. Los ejemplos son muchos: el liqui liqui verde olivo (para tratar de hacerse pasar por oficial militar, puede venir con o sin medallas); el “Tricolor” (ideal para actos públicos); el liqui liqui con cachucha (para disfrazarse de líder opositor en infiltrarse en el enemigo); el “Gobernador” (que incluye una corona, imitación de la vieja realeza europea); el “TSJ” (que está hecho con hojillas de afeitar: corta y destruye todo lo que toca); el liqui liqui “Trino Mora” (que viene sin mangas); el llamado “El Preventivo” (que trae estampada una mancha de sangre y un orificio de bala, para hacer creer a los malandros que llegaron tarde, que unas cuadras antes ya te robaron)… Las opciones son infinitas. Podrían usarse, también, como medios de comunicación, desarrollando activamente mensajes por todo el territorio: ¿se imaginan un liqui liqui rojo que tenga estampada la frase: “yo no hablo mal del gobierno”?

Pero sin lugar a dudas la línea estrella de este proyecto es el modelo “El Oligarca”. Se trata de un liqui liqui especial para altos funcionarios: está blindado. En su forro interno trae una fina combinación de acero, estaño y vejiga de chivo, que lo hace sólido pero flexible, perfectamente manejable. Su peso permite todo tipo de movimientos y su resistencia está garantizada. Se confecciona en el exterior y es totalmente exclusivo. Es un modelo élite para la élite.

Porque, obviamente, a partir de este año, todos los funcionarios públicos deben comenzar a usar liqui liquis. Podría establecerse un modelo estándar, unicolor pero con diferentes tonalidades, para marcar las distintas jerarquías, y con una pequeña insignia en el costado izquierdo, a la altura del corazón, donde venga cosido el nombre y el cargo de cada empleado. Si el cargo es muy largo, la insignia podría seguir en línea recta hacia la manga izquierda del liqui liqui. No es broma. Nuestro Estado Bolivariano tiene cargos de altísima responsabilidad que, algunas veces, necesitan más de dos palabras para designar cabalmente todas sus tareas. Un ejemplo perfecto apareció hace pocos días en la Gaceta Oficial. Se trata del compañero Nicolás Ernesto Maduro Guerra. Su insignia tendría que decir: “Nicolás Maduro II. Director General de la Dirección General de Delegaciones e Instrucciones Presidenciales de la Vicepresidencia de la República”. ¡Eso no es cualquier cosa, coño! ¡Es una insignia que va del pecho al codo, por lo menos! ¡Para eso también debe servir un revolucionario liqui liqui!

Yo supongo que esta misma semana, dada la importancia del tema, el propio Presidente nombrará entonces un nuevo Estado Mayor para la producción y uso del liqui liqui. Si no, al menos, creará alguna Vicepresidencia de la Liquiliquirería. Es lo que corresponde. Esa es la realidad que atiende el gobierno. Es lo único que ve. Lo demás no existe.

Un día después de que Maduro anunciara su proyecto textil, falleció una niña en un hospital en la ciudad de San Félix. Tenía 7 meses y estaba desnutrida. Por eso murió. No es la primera infante que, debido a esa misma causa, pierde la vida en lo que va de año en el Estado Bolívar. El cadáver de esa niña es la demostración más trágica y contundente de que los 25 años del 4 de Febrero son una estafa. Derrocharon miles de millones de dólares para dejar al pueblo peor que antes.

El 2017 no es el año del liqui liqui. Es el año del hambre. La revolución solo es una pasarela.

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Los abandonados. De Alberto Barrera Tyszka. Y entrevista a Julio Borges

EL DIPUTADO JULIO BORGES, ASUMIENDO LA PRESIDENCIA DE LA ASAMBLEA NACIONAL

EL DIPUTADO JULIO BORGES, ASUMIENDO LA PRESIDENCIA DE LA ASAMBLEA NACIONAL

Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 7 enero 2017 / PRODAVINCI

Yo le he puesto cabeza. Se lo juro, diputado Borges.  Y me he colocado enfrente y detrás de la frase, la he mirado por arriba y por abajo, la he pronunciado de mil maneras, pero nada. Nada de nada, diputado. No la entiendo. No me suena. No sé cómo hacer para que su propuesta se relacione con nuestra realidad.  Déjeme ponerle un ejemplo: cuando usted, desde el podio de la Asamblea Nacional, decía que el parlamento iba a aprobar el abandono del cargo por parte de Nicolás Maduro, casi nadie en este país lo estaba viendo o escuchando. En todas las radios y en todos los televisores se repetía la imagen de Nicolás Maduro repitiendo una cadena del día anterior.  Él estaba ahí. Absurdamente presente. Imponiéndose. Maduro seguía en su lugar y a usted nadie lo estaba escuchando denunciar que Maduro había abandonado su lugar.  No sé si me explico.

prodavinciDéjeme decirle que también lo he escuchado en alguna entrevista, insistiendo en el punto y tratando de explicarlo mejor.  Pero quedé igual. Peor aún: dudé de mi, sentí un parpadeo feroz en la autoestima. Luego comencé a pensar que quizás era un problema de contexto.  Que se estaba produciendo entre usted y nosotros un chisporroteo discursivo.  Es como si todo el país estuviera hablando del precio de las cebollas y usted, de pronto, empezara a hablarnos de Justiniano y del origen del derecho romano.  Ahí hay un cortocircuito, una pelea de luces y chasquidos que termina en un vacío.

Tratar de demostrar que Nicolás Maduro ha abandonado su cargo puede ser un ejercicio retórico interesante, pero es un ejercicio audaz de la imaginación.  Hay que tener mucho pensamiento abstracto para encontrarle rápida coherencia a esa propuesta.  Yo sospecho que a la mayoría de los venezolanos la experiencia nos dice otra cosa. La mayoría, más bien, sentimos que Nicolás Maduro lleva meses aferrado desesperadamente a su cargo.  Más aún: sentimos que no le importa destruir al país con tal de permanecer ahí, así, en su cargo.  Se ha vuelto más autoritario y cínico. Ha utilizado sin pudor las instituciones del Estado. Ha abusado de su poder. Ha mentido como nadie… todo, precisamente, para no abandonar ni un segundo la Presidencia de la República.  Por eso impidió a toda costa el Referendo Revocatorio. Por eso el Poder Electoral terminó delatando su servidumbre en una pequeña nota de prensa. Por eso cobardemente se improvisaron juicios express en contra de la MUD.  Para no correr ni siquiera el riesgo. Para prohibir la democracia de cualquier manera.

Hace un año, diputado Borges, cuando la oposición tomó posesión del Parlamento, nos ofrecieron concentrar su acción política en la salida de Maduro de Miraflores. Y fracasaron. Las explicaciones dan para un largo debate. Las especulaciones dan para un maratón de disputas. Esta semana, al asumir la Presidencia de la AN, usted ha vuelto a poner en el centro de su programa la salida de Maduro.  Por supuesto que tiene otras propuestas pero su centro, su primera convocatoria, su urgencia, apunta nuevamente hacia lo mismo.  Y rápidamente, el escenario político quedó atrapado otra vez en el mismo forcejeo inútil.  Usted anuncia que el parlamento declarará el abandono del cargo y Maduro –al mismo tiempo- celebra su obesidad en cadena nacional diciendo “estoy kilúo”.  Al día siguiente, el oficialismo vuelve a introducir una demanda para que el Tribunal Supremo de Justicia impida el trabajo de la AN; mientras la Fuerza Armada nos muestra nuevamente su sometimiento al partido de gobierno.  Es una historia que ya conocemos. En menos de 10 días, el 2017 se parece peligrosamente al 2016.

Lo peor de todo, diputado, y perdóneme la desesperanza, es la inquietante sensación de que la élite política –sin importar bandos o ideologías- está cada vez más aislada. Que vive pendiente de sus intereses y de sus proyectos, de sus cupos y de sus cuotas de poder, muy lejos del país real, abandonado, devorado por la simple y brutal economía.

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Julio Borges: “El reto es convertir la bomba social en un hito democrático”. De Hugo Prieto

Julio Borges retratado por Iñaki Zugasti

Julio Borges retratado por Iñaki Zugasti

hugo-prietoHugo Prieto, 8 enero 2017 / PRODAVINCI

Venezuela es una pequeña torre de Babel. Cada quien habla un lenguaje diferente, lo que impide cualquier entendimiento político. Pero este no es el problema, sino el síntoma de una institucionalidad hecha trizas, hecha escombros. También en la política estamos viviendo momentos de sobrevivencia. Así como hay una cola del pan, también hay una cola de la política.

prodavinciJulio Borges, dirigente de Primero Justicia y presidente en funciones de la Asamblea Nacional, disecciona, como método forense, las claves de su discurso y de los problemas que enfrenta la oposición. La unidad tiene pendiente un balance de lo que ocurrió en 2016, “un corte de cuenta”, como lo llama Borges. De lo contrario, será muy difícil replantearle al país una estrategia política coherente, creíble, que convierta el drama social en una herramienta para restablecer la constitucionalidad y la vigencia del voto en Venezuela.

En su discurso caracteriza al gobierno de Nicolás Maduro como una dictadura, ¿coincidencia discursiva con el ala radical de la oposición (Vente Venezuela, Voluntad Popular y Alianza Bravo Pueblo) ¿Además de la coincidencia discursiva hay una coincidencia política?
Siempre he pensado que sobre el diagnóstico de la enfermedad que estamos viviendo como venezolanos, nadie difiere en la unidad democrática. Todo el mundo ve, claramente, la enfermedad. Donde ha habido matices ha sido en la praxis, en el accionar político. Y lo que diferencia esta etapa de otras anteriores es un tema fundamental, que nunca había estado presente. Me refiero a la negación, por parte del gobierno de Nicolás Maduro, del derecho al voto y a las elecciones. Nosotros siempre hemos sido —y hoy más que nunca— defensores del voto, porque sólo el voto pone en manos de todo el mundo la solución a los problemas del país. Esa tiene que ser la palabra sagrada. Pero nunca antes, incluso desde que Maduro está en el poder, había una decisión como la hay ahora de que en Venezuela no hay elecciones indefinidamente. Y eso tiene una historia. Es decir, no es nuevo. Aquí 14 millones de venezolanos votaron en las elecciones parlamentarias del 6-D y el gobierno nunca reconoció ese triunfo; debió realizarse la elección de gobernadores y no se hizo, se activó el referéndum revocatorio, al que sólo le faltaba un solo paso (la recolección del 20% de firmas) y también se lo robaron. Ahora, más que nunca, queda claro que el gobierno pasó del autoritarismo a la dictadura. Y queda, igualmente claro, que la lucha es por el restablecimiento del voto y de la Constitución.

Puede ser políticamente correcto hablar de ciertos “matices” alrededor del diagnóstico de lo que estamos viviendo, pero digamos que esos “matices”, que —en mi opinión— no son más que contradicciones llevaron a una serie de errores a lo largo de 2016. Esos errores se están pagando y muy caro. La pregunta es si ustedes van a coincidir en una estrategia que minimice los errores y optimices los logros, lo que se pueda alcanzar.
Se han cometido errores y la sabiduría está en reconocerlos y admitirlos. Pero lo que se ha vivido en el último año ha sido un naufragio. Desde el mismo momento en que se ganó la Asamblea con tanta fuerza y el gobierno desconoció ese triunfo extraordinario. O desde el momento en que el referéndum ganaba velocidad para realizarse y el gobierno, simplemente, se lo robó, así como se robó la elección de gobernadores. Esos tres choques lo que produce es que el país entero y la propia oposición queden como aturdidos, como cuando recibes un gran golpe en la cabeza y no sabes bien qué estás oyendo y dónde estás parado. Pero lo que nos corresponde actualmente es entender que esos caminos constitucionales y formales, el gobierno los clausuró y, por lo tanto, para que nosotros logremos darle vigencia nuevamente a la Constitución, no sólo en el plano político, sino también  en lo social y en lo económico, obligatoriamente toca, primero, no creer en soluciones mágicas y segundo entender que el país entero tiene que ponerse a derribar esas murallas y esos obstáculos, que en este momento impiden que tengamos libertad y democracia y que tengamos hasta lo más básico, que es una economía que funcione.

Detrás de esos errores estuvieron las posiciones políticas y las aspiraciones individuales de los líderes de la oposición, lo que a su vez contribuyó a que esos errores se precipitaran. Ante la situación que caracterizó en su discurso, ¿esas apetencias, esos cálculos, esas agendas se van a dejar de lado o, por el contrario, van a seguir gravitando, pero ahora de una manera subrepticia?
Yo sí creo, lo digo honestamente, que ha habido un aprendizaje, ¿En qué sentido? Después del triunfo del 6-D, la sensación era que había un cambio inminente en el país. Y eso despierta, como es natural y sano, que surjan diferentes opciones frente a la posibilidad de un cambio de gobierno. El error está en que de lo sano —opciones, alternativas, debate—, se pasa a otro momento que es calcular, condicionar y canibalizarse. Eso ya no es sano. Sobre esto último yo sí creo que hay un aprendizaje: El desgastarnos en ese canibalismo interno al final no lleva a ningún lado y es el mejor favor que se le hace al gobierno. Pero también esa experiencia deja un saldo positivo, porque una de las cosas buenas de la oposición es que tenemos a muchos líderes diferentes.

¿No cree que la MUD le debe al país una explicación de esos errores, sobre las propuestas que se hicieron —“en seis meses vamos a sacar a Maduro”, “vamos a Miraflores”—, todo eso que fracasó en 2016? ¿No cabe incluso una manifestación pública de contrición?
Sí hay que hacerlo y soy de los que piensa que se va hacer. Y fui de los que trabajé durante todo el mes de diciembre, tratando de que nosotros no comenzáramos este año, 2017, sin que eso se hiciera. Estuve volcado todos los días tratando de recomponer el rompecabezas para que nosotros pudiéramos partir de ese balance, de ese corte de cuenta, de ese verdadero mea culpa, que deje en claro que hubo un aprendizaje y, a partir de allí, y sólo a partir de allí, plantearle a Venezuela cuál puede ser el nuevo camino político.

La pregunta viene a cuento porque las encuestas señalan que el costo político para la MUD fue considerable. También hay que considerar el creciente número de venezolanos que canceló el tema de la política. Aquí están reapareciendo todos los factores de la antipolítica. La tentación del outsider. Los que sugieren la candidatura de un empresario. El revanchismo. Qué bueno que fracasó la MUD, porque nos llegó el turno a nosotros.
Yo creo que el problema va mucho más allá de lo que encierra ese planteamiento. En la medida en que la unidad pueda entender bien lo que fue el año 2016, hacer un balance honesto y sincero de lo que ocurrió ese año, replantearse lo que fueron esos errores y a partir de allí, tal como lo señalé anteriormente, relanzar lo que es su visión y su ruta es que puede otra vez reconectarse y liderar al país. Ahora, el problema, no menos grave, es pensar que estamos en un escenario similar al 92, como se vivió con Chávez. De que se podían fabricar opciones anti políticas o anti sistema. El problema, y quiero insistir en esto, es que en Venezuela no hay un tablero para el juego político, no hay un piso donde se puedan librar peleas artificiales. Por eso digo que el problema va mucho más allá. Estamos en un momento de una enorme gravedad, que se describe o se define, simplemente, como un país donde ya no hay Constitución, a la Constitución le pusieron un candado y Nicolás Maduro hace lo que le da la gana fuera de la Constitución. Y por eso la primera tarea no es pensar en quién va a ser el candidato presidencial o no, o quién tiene necesidad de figurar en este momento, sino en crear un gran movimiento de unidad nacional que permita que el país haga valer, como lo ha hecho en otras épocas, su fuerza para imponer su derecho a votar. Ese es el gran drama que tiene Venezuela en este momento.

Ciertamente, el problema es mucho más profundo y debería haber consonancia entre los planteamientos que hace en su discurso y lo que cabría hacer políticamente. Allí se habla de dictadura por todo el cañón, por ejemplo, y ya sabemos que las dictaduras no concilian, no dialogan, no respetan derechos constitucionales, simplemente ejercen el poder de la forma más descarnada y arbitraria posible. ¿Cómo sobreponerse al gobierno dictatorial de Nicolás Maduro?
Si lo queremos ver con ejemplos propios, de nuestra realidad, y no con experiencias lejanas, ahí encontramos que la historia venezolana ha sido la resistencia contra el poder. Desde la independencia hasta el día de hoy. Ha sido una lucha larga, difícil, enorme, donde ha habido episodios tan duros como los que estamos viviendo actualmente. Yo quise hacer una gran referencia al 23 de enero, por el significado que tiene esa fecha, pero a veces los que detentan el poder se ciegan, se convierten en esos gigantes de pies de barro y lo que parece en un momento dado todopoderoso, que lo controla todo, en cuestión de segundos se deshace y se impone la realidad y la fuerza de la gente. Incluso en los momentos más difíciles de Venezuela, no ya el 23 de enero sino en la época de Gómez, el movimiento estudiantil del año 28, el mismo movimiento de los oficiales de ese mismo año, donde estaba involucrado el hijo de (Eleazar) López Contreras. Es decir, aquí hay un ADN de libertad, presente en los venezolanos, que incluso en estos 17 años de poder, no lo han podido doblegar. La resistencia no es de unos meses, sino de 17 años, en los que no han podido doblarle la espalda al país.

¿Usted le apuesta a esa dosis de ADN libertario? ¿Le merece toda su confianza?
Tengo toda la confianza, porque lo ha demostrado una y otra vez: ese ADN es muy claro. Si Hugo Chávez no pudo, en casi 13 años, convertir a este país en la fotocopia cubana que él quiso, y el país resistió —y resistieron los medios, los periodistas, los estudiantes, las fuerzas políticas y el pueblo—, mucho menos va a poder Nicolás Maduro.

Una parte esencial de su discurso está dedicada a la Fuerza Armada, digamos, al partido armado. Sin embargo, el presidente Maduro se anticipó, porque en la remodelación del gabinete designó a más militares en funciones de gobierno. Uno podría pensar que el partido armado va a seguir apoyando a Nicolás Maduro y a la dictadura que se está instaurando en el país.
Si esa mirada se hiciera a 32.000 pies de altura, desde un avión que pasara por encima de Venezuela, tú pudieras llegar a la conclusión, quizás porque no hay una ruptura sino una inercia, una postración, de que los venezolanos están apoyando a Nicolás Maduro. Pero esa conclusión es errada. Y si esa mirada la trasladamos a la Fuerza Armada, también sería una equivocación. Yo estoy seguro de que en la Fuerza Armada, su inmensa mayoría sufre lo mismo que sufre el pueblo venezolano, en términos de carestía, de injusticia, de corrupción, de arbitrariedades, hay un anhelo de cambio, tal como lo hay en el resto del país. Me atrevo a decir que es un espejo. Pero lo que no podemos hacer es incurrir en generalizaciones. Y saber, cuando nos toque hoy, mañana o pasado mañana, ser gobierno, que quienes hayan cometido ese horror de haber llevado a la Fuerza Armada a delitos tan graves como el narcotráfico y la violación a los Derechos Humanos, caso por caso, lo van a pagar, pero repito, sería un grave error hacer generalizaciones. Creo que están tan secuestrados y sujetos a la manipulación política, y al intento de convertirlos en un partido militar, que ellos mismos lo rechazan. Más bien, como lo dije en mi discurso, la invitación es a una nueva relación entre el pueblo y la Fuerza Armada, donde ella cumpla un papel distinto en el desarrollo, en la soberanía y en la modernización del país, sin estar sujeta a manipulaciones para que se convierta en el partido verde, en el partido militar.

La tentación de invitar a los militares, no a la mesa de negociación, como lo hizo Henrique Capriles, sino a que diriman este conflicto, a que se conviertan en el último elector, podría plantear el escenario de lo que hizo Pinochet en Chile. <Señores, la Fuerza Armada toma el gobierno y envía a los políticos a unas largas vacaciones>. Creo que Venezuela está corriendo ese riesgo. Los militares podrían decir, <¿por qué vamos a acompañar a Maduro en este sistema fracasado, y también, por qué vamos a renunciar a los privilegios que nos ha dado, por qué no agarramos el coroto?>
Fíjate que mi planteamiento es muy distinto y lo digo muy claro. Mi planteamiento no es ni a la rebelión ni al golpe de Estado, sino a que los militares venezolanos, que votan y que históricamente han cumplido un papel crucial en la construcción de la República, entiendan, como decía Andrés Eloy Blanco, que ellos también son guardianes de la Constitución. Más bien el llamado es a que la Fuerza Armada ayude a que los derechos que establece la Constitución, hoy secuestrada, se cumplan y, fundamentalmente, el voto. Eso para mí es lo más importante. Llamar a los militares para que sean los salvadores de la patria, no lo quiere nadie, ni siquiera ellos mismos. Aquí lo que estamos diciendo es a que el árbitro final, el verdadero sujeto histórico que dirima este conflicto, tiene que ser, obligatoriamente, el pueblo venezolano, porque mi gran angustia y también lo dije en el discurso, es que yo siento que Nicolás Maduro tomó la decisión de que en Venezuela no habrá más elecciones. El gobierno va a hacer todo lo posible para que no haya elecciones de gobernadores y alcaldes. Y así como no hubo referéndum, que no haya ningún tipo de consulta popular. Ahí es donde está el nudo más importante que tiene el país entero, incluyendo a la Fuerza Armada.

Maduro ha dicho, de manera reiterada, que la propia Asamblea Nacional se “auto disolvió”. Y ya sabemos que el TJS podría emitir una sentencia en ese sentido.
Sí, pero toma cuenta una cosa muy importante: Nosotros tenemos que ver que el único poder que fue electo por 14 millones de venezolanos, en los años recientes, fue la Asamblea Nacional. No la eligió ni Nicolás Maduro ni un puñito de magistrados. De manera que el desafío nuestro, como líderes, es hacer valer la voluntad de ese pueblo que está por encima de Maduro, por encima de ese TSJ y que, ejerciendo su derecho constitucional, masivamente votó por esa Asamblea. Ese es, realmente, el tablero en el cual estamos ahora.

Advierto una contradicción en su discurso, por un lado habla de pensamiento mágico y por otro lado habla de un país rico, que —en mi opinión— podría ser parte de ese pensamiento mágico, porque si algo ha demostrado la historia del siglo XX, es que los venezolanos, al menos, no supimos que hacer con la riqueza petrolera. No es que seamos un país rico, es que no sabemos qué hacer con la riqueza del país.
Lo que yo quise subrayar en esa visión no es simplemente el país que espera que caiga el maná del cielo, sino la inmensa contradicción de que este país, que realmente tiene las mayores reservas de oro, de gas, de petróleo, de minerales del mundo entero, su pueblo está comiendo basura en la calle y, quizás, esa es la demostración de que no es un país rico. Pero si es la demostración de un gobierno rico y de un pueblo pobre. Se calcula que de cada 100 venezolanos ocho hurgan en la basura buscando comida. Obviamente, no somos un país rico. Eso no es un lugar común, no es una excepción, se está convirtiendo en la regla. Aquí realmente el país fue saqueado y todo se convirtió en un enorme sistema de corrupción que ha dejado a los más pobres más empobrecidos, más desamparados, sin ningún tipo de protección. A eso es lo que apunta mi visión en el discurso.

Veamos un poco lo que pasó en Ciudad Bolívar. Por una parte, uno no le encuentra explicación lógica a esta medida que tomó el gobierno (la eliminación del billete de 100, sin tener a mano el nuevo cono monetario), después de los puntos, digamos, que se anotó con el resultado de la mesa de diálogo. Sin embargo, esa medida fue tan improvisada y resultó tan perversa, que esos puntos se esfumaron. Y por la otra, vimos el preámbulo de lo que sin ninguna duda es la bomba social que hay en Venezuela. Hubo una reacción tardía de los militares, aunque el gobernador de Bolívar es un militar (Francisco Rangel Gómez). Lo cierto es que el caos social está a la vuelta de la esquina. ¿Cómo convertir en malestar de la población en una poderosa herramienta política?
Hay varias cosas allí. En primer lugar, ese episodio habla de un gobierno que lo único que le interesa es la política y aferrarse al poder. Que toma medidas en otros temas, con una improvisación, con una indiferencia, en la cual no le importa si eso vale la vida de la gente, el hambre de la gente o las navidades de la gente. De ahí la soberbia que termina volviendo ciegos a los que se creen todopoderosos y se llevan más de unas sorpresa histórica que nunca se imaginaron.  Maduro debería tener en cuenta lo que ha sido esa realidad histórica. En segundo lugar, para nosotros, los dirigentes políticos, entender que los problemas del país están allí y que nosotros, en la actualidad, tenemos que salirnos del tablero gobierno oposición, para ir al único tablero, que es pueblo unido, pueblo único, pueblo sufriente, pueblo doliente, versus Maduro y su sistema de pobreza. Esto no es un problema de un gobierno luchando contra la oposición. El tablero es otro, es el pueblo venezolano, en su totalidad, que está sometido a un nivel de indignidad, de sometimiento, de subordinación y casi que de esclavitud en lo más básico, en su comida, en su trabajo, en su día a día, que aquí el único tablero es pueblo versus Maduro. Y ahí los dirigentes políticos tenemos que entender que no hay solución política, si nosotros no transformamos la grave crisis social en una propuesta que desencadene una solución a la crisis del país. En ese sentido, la pregunta es muy lógica. No es que lo social va por un lado y lo político por el otro. Si nosotros no logramos ser los intérpretes de esa crisis social y transformarla en una crisis política que nos lleve al voto, no estamos haciendo las cosas bien. En segundo lugar, si nos quedamos esperando que se produzca un estallido social para que haya un cambio político, también estamos equivocados. Nuestro deber es darle cauce a esa energía que está allí para que no termine siendo un volcán, sino la expresión de una ciudadanía, que quiere cambio. Ese es el reto. Convertir una bomba social en un hito democrático.

Usted es dirigente de Primero Justicia y actualmente es el presidente de la Asamblea Nacional, no le voy a preguntar cuál es la agenda, cuáles son las estaciones del recorrido que nos va a llevar al hito democrático, pero sí le voy a preguntar cuándo se va a reunir la Mesa de la Unidad Democrática para definir cuáles son los pasos a seguir. No todos,  porque guerra avisada no mata a soldado, para que alrededor de ese punto no escuchemos la posición de Julio Borges, de Freddy Guevara o de María Corina Machado, sino la posición consensuada de la unidad democrática.
Puedo decirte con suficiente moral, que Henrique (Capriles) y yo, estuvimos todo el mes de diciembre convocando la necesidad de hacer la reflexión, durara lo que durara esa reunión, para la toma de decisiones, de replanteamiento de las cosas, de mea culpa, y fueron muy parciales. Un día hubo una falta y al siguiente otra. Pero le dedicamos todo el mes de diciembre a amasar esa realidad. Ahora, que se activa la Asamblea, yo no me atrevo, entre otras cosas, porque me llevé tantos fiascos, de ponerle un día. Pero si te puedo decir que esa preocupación que planteabas, de entender bien, de explicar bien, qué pasó, que errores hubo, que no se hizo, que sí se hizo, para que con esa visión clara, le puedas replantear la estrategia política al país, debería estar decidida y expuesta en cuestión de días.

¿De días? ¿No debió haber sido, digamos, la salutación del año 2017?
Te confieso que la presión que pusimos nosotros es que antes del 20 de diciembre, antes de Navidad, pudiéramos hacer ese corte de cuenta, y plantearle los resultados al país, luego lo propusimos para el 31 y actualmente estamos en este proceso. Pero la parte importante y positiva de este relato es que yo creo que hay una comprensión de los errores y de los aciertos y que a pesar de que pudieran parecer visiones contradictorias, tal como lo sugeriste, se comparte a plenitud el diagnóstico y lo que nos toca es amasar eso en una visión compartida.

Va a ser muy difícil que la gente asuma los sacrificios que la situación plantea, si esa unidad de criterios no está expuesta con la coherencia y con la claridad que hace falta.
Absolutamente. Si no la gente va a creer que se trata de una campaña electoral, de nuevas promesas, sin que haya una reflexión.

Sin que haya verdadera disposición a enfrentar el gobierno dictatorial de Maduro en otros términos.
Exactamente.

 

La política suspendida. De Alberto Barrera Tyszka

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Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 11 diciembre 2016 / PRODAVINCI

Hace un año, en estas fechas, aun estábamos celebrando. Habían pasado ya varios días del arrollador triunfo de la oposición en las elecciones parlamentarias y, todavía, se sentía en el aire un ánimo de cohetes. El ansia de cambio se había hecho mayoría. La esperanza se había mudado de lugar. Parece mentira que, doce meses más tarde, estemos aquí, otra vez, con menos ilusiones y con mucha más pobreza, represión y autoritarismo, sin nada que festejar.

La dirigencia opositora –más dividida de lo que pensábamos- le apostó a convertir la salida de Maduro en una nueva fantasía nacional, en la solución de todos los problemas. Se confió, pensó que el oficialismo respetaría las reglas del juego, y supuso que ya el escenario estaba preparado y dispuesto para un cambio. Que el Referendo Revocatorio era casi una cortesía natural, una forma de darle chance al Presidente de bajarse de la historia.

prodavinciDel otro lado, la dirigencia oficialista le apostó a violar la Constitución e impedir de mil maneras la democracia participativa y protagónica. Despojó a la nueva Asamblea de toda legitimidad y comenzó a sabotearla sin ningún pudor. El resultado ha sido catastrófico. Para ambos. Y también para el país, por supuesto. Mientras la crisis económica avanza, devorando de manera brutal y vertiginosa a la mayoría de la población, los actores políticos permanecen paralizados, engarzados en retóricas inútiles que solo los desgastan, los presentan muy lejos de la realidad. Con otras emergencias. Con otras prioridades.

La MUD parece ahora un conjunto desigual, errático. Es un coro donde cada quien dice una cosa distinta, donde a veces importan más las estrategias personales que las urgencias del país, donde ya hasta se acusan unos a otros (sin la necesaria contundencia de los nombres) de soborno o de traición, donde todo lo que se comunica resulta confuso, ambiguo, poco claro… Los errores de la dirigencia opositora no hacen más democrático al gobierno. Tampoco lo hacen más eficiente o menos corrupto. Pero le dan oxígeno. Y el oficialismo sabe administrar el caos. Tiene los recursos y el cinismo necesario para hacerlo. La defensa de sus privilegios les garantiza un sentido de la unidad más sólido. Viniendo de una derrota electoral y con un nivel bajísimo de aprobación, ha terminado el año logrando lo impensable: volver a suspender el sentido de alternabilidad en la sociedad venezolana. Minar el poder, el rigor y la legitimidad de las elecciones.

Después de haber decretado públicamente que estábamos en una dictadura, después de que la palabra dictadura se instaló con fuerza en el país, el final de este 2016 está marcado por una instancia donde todas las palabras, cada día, parecen deshacerse. La famosa mesa de diálogo ha convertido el diálogo en algo anodino, burocrático, etéreo. Casi podría ser una escena escolar: un cura italiano llama a los muchachos peleones de la clase y los encierra en un salón, obligándolos a conversar. Ninguno de los dos dice nada concreto. Se acusan, se excusan. Manotean. Se amenazan mutuamente. Pero nada más. Mientras, afuera, el colegio se derrumba.

La mesa de diálogo ocurre en otro lado, tiene otros calendarios, otras palabras. Y ya solo contagia confusión. Solo produce distancia. Entre el llamado a Rebelión después del 20 de octubre y la declaración de los líderes de oposición esta semana, hay un desastroso y prolongado coitus interruptus. La sensación que queda, después de todo, tampoco le conviene al gobierno. Ha sido obligado a negociar. Y aunque el oficialismo haya logrado momentáneamente congelar la protesta, no ha podido congelar la crisis. La mesa de diálogo ha terminado transmitiendo una imagen que los afecta a ambos: se trata de un espacio privado, donde los dirigentes supuestamente hablan, sin que eso tenga ninguna eficacia, sin que esté necesariamente conectado con lo que en verdad ocurre en el país.

La política parece, entonces, estar suspendida en un limbo. Mientras, las angustias de la mayoría de la gente siguen sueltas, desordenadas, en la calle. Calentando la calle.

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Carta a la Unidad Democrática. De Leopoldo López

Desde la cárcel militar de Ramo Verde, donde cumple 1000 días de preso político, Leopoldo López hace un llamado a toda la oposición democática de Venezuela para recobrar la unidad.

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Leopoldo López, 12 diciembre 2016 / DIARIO DE LEOPOLDO LOPEZ

Luego del secuestro del referendo revocatorio mediante una gavilla institucional liderada por Nicolás Maduro, que representó la suspensión indefinida del derecho al voto popular violando el sagrado articulo 5 de la Constitución y del incumplimiento del régimen en la mesa de diálogo, la mayoría de los partidos de la Unidad y amplísimos sectores del país democrático, hemos propuesto la necesidad de retomar el rumbo y reorganizar y ampliar la Unidad con el propósito de lograr el objetivo que nos une: lograr el cambio político, salir de la crisis y conquistar la democracia mediante el ejercicio de la soberanía y el voto popular. Hermanos, desde acá les digo, miremos hacia adelante. El error no fue el diálogo, al cual como demócratas siempre hemos estado abiertos; fue hacerlo sin condiciones. Fue llevarlo a cabo abandonando la agenda con la cual nos comprometimos con nuestro pueblo. Fue llevarlo adelante abandonando la movilización popular. Es momento de responsabilidad. El 90% de los venezolanos clama por un cambio y ese debe ser nuestro único foco.

Teniendo este objetivo como prioridad, de manera humilde, propongo a los venezolanos la siguiente ruta de acción política:

1.- Asumir el deber de todos de colaborar con el restablecimiento de la vigencia Constitucional (Art. 333)

2.- Retomar el juicio político, debatir y aprobar el abandono del cargo de Nicolás Maduro por incumplimiento de la Constitución (Art. 233). No tengamos dudas, la Asamblea Nacional tiene toda la legitimidad otorgada por voto popular para hacer el juicio político a Maduro y declarar su abandono del cargo. Nuestro pueblo confió no una simple mayoría, confió los 2/3 de su composición a la oposición, en un claro mandato de cambio político. Hay que ejercer esa mayoría, tomar decisiones y convocar a nuestro pueblo a respaldarlas y hacerlas respetar en las calles.

3.- Designar desde la Asamblea Nacional a los rectores del CNE con cargos vencidos (Art. 296)

4.- Una vez constituido un CNE legítimo y democrático, convocar referéndum popular (Art. 71) para refrendar o rechazar la decisión de la Asamblea Nacional.

5.- Amparado en el Art. 70 convocar asambleas de ciudadanos para debatir Plan de Emergencia Nacional a ser sometido también al referéndum popular.

6.- La fecha para la consulta para el referéndum popular deberá ser la más conveniente y la más unitaria.

7.- Amparado en el Art. 68 organizar manifestaciones pacíficas en defensa de la soberanía del voto popular.

8.- Sobre la organización de la MUD, debemos ampliar el horizonte de la Unidad, proponemos que pasemos de la mesa de la unidad al movimiento de unidad democrática. Le propongo a la Unidad que antes que finalice el 2016 se de un debate amplio y se apruebe una ruta de acción unitaria para la defensa de la soberanía y el voto popular.

El cambio es urgente y debe ser nuestro único compromiso y agenda. Por último desde donde me encuentro quiero compartir una inquietud. Sería un error y se debe tener cuidado con plantear las elecciones regionales como la gran promesa de cambio para los venezolanos. A las elecciones regionales debemos ir, si. Debemos ganar, si, pero esa no puede ser la prioridad de la agenda de cambio. Las prioridad es cambiar un sistema. A quienes aspiran legítimamente les digo: solo cambiando el sistema dictatorial, los gobernadores y alcaldes podrán cumplirle a nuestro pueblo de forma cabal.

Mi llamado es a retomar la agenda con la cual nos comprometimos, ejecutarla con estricta disciplina y más unidos que nunca. En estos momentos les digo con el corazón, llénense de fuerza, de fe, de optimismo, estrategia y disciplina. Tenemos la obligación política y moral de conducir a nuestro pueblo hacia el cambio que tanto aspira.

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Leopoldo López
Preso de Conciencia
Cárcel Militar de Ramo Verde