Mes: diciembre 2018

La voz de Dios en estas tierras. De Alberto Barrera Tyszka

El papa Francisco pronunció su tradicional mensaje navideño en la Plaza de San Pedro, el 25 de diciembre de 2018. Foto Credit: Oficina de prensa del Vaticano/ EPA vía Shutterstock

30 diciembre 2018 / THE NEW YORK TIMES/esp.

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

CIUDAD DE MÉXICO — En su mensaje navideño de este año, el papa Francisco mencionó dos casos particularmente trágicos de nuestro continente: Nicaragua y Venezuela. Se refirió a ellos con sorprendente serenidad, evitando mojarse en la violencia que sacude a ambos países. Empuñó una retórica tan predecible como anodina, invocando un saludo que igual habría podido aparecer impreso en cualquier tarjeta navideña comercial: unión, paz, blablablá.

Desde la Plaza de San Pedro, el pontífice deseó “que este tiempo de bendición le permita a Venezuela encontrar de nuevo la concordia y que todos los miembros de la sociedad trabajen fraternalmente por el desarrollo del país, ayudando a los sectores más débiles de la población”. Al referirse al país centroamericano, decidió usar la imagen del pesebre y anheló que “delante del Niño Jesús, los habitantes de la querida Nicaragua se redescubran hermanos, para que no prevalezcan las divisiones y las discordias, sino que todos se esfuercen por favorecer la reconciliación y por construir juntos el futuro del país”.

Las reacciones no tardaron en aparecer. Las redes sociales se incendiaron rápidamente. No es fácil ser papa en tiempos de Twitter. Cuando Bergoglio dice “pío” replican millones de trinos en todos los cielos digitales del planeta. La revolución tecnológica y el flujo comunicacional también han democratizado la opinión pública y el debate religioso. ¿Qué intereses se esconden detrás de las palabras o del silencio del Vaticano frente a ciertos temas? ¿Por qué su mensaje es tan distinto al mensaje de los obispos perseguidos o acosados en Nicaragua o en Venezuela? ¿A quién deben escuchar los católicos? ¿En cual de estas dos Iglesias deben creer?

Hay quienes, desde un extremismo un tanto delirante, piensan que el papa Francisco es una ficha del comunismo internacional. Del otro lado, hay quienes lo justifican y apelan a su condición de jefe de Estado, a su rol diplomático en los conflictos internacionales. Ambos argumentos suponen que el rebaño es una masa devota y desinformada.

Bismark Martínez, quien murió meses después de ser herido durante una protesta en contra de Daniel Ortega en Nicaragua, fue enterrado en el cementerio de Masaya en septiembre de 2018. Credit Inti Ocón/Agence France-Presse — Getty Images

Analizado desde cualquier ángulo, el mensaje de Francisco habría podido funcionar de la misma forma y con puntual exactitud para referirse a cualquier otro país. A México, a Brasil, a Colombia, a Guatemala… Cualquier nación del continente cabe en los buenos deseos del Padre de la Iglesia. Y quizás ahí reside, justamente, una parte del problema. Porque Nicaragua y Venezuela padecen tragedias singulares, con gobiernos que han reprimido de manera abierta y salvaje a los ciudadanos que protestan y luchan por sus derechos. No se pueden generalizar los buenos deseos frente a países donde se asesina, se encarcela y se tortura a personas inocentes.

En ambos países, además, la jerarquía de la Iglesia católica se ha visto enfrentada, en algunos casos de manera directa y violenta con el gobierno y con los militares. El argumento de que ellos también son el Vaticano, de que ellos también son el papa, es tentador y atractivo, quizás funciona de cara a la institución pero es muy frágil de cara a las víctimas, a esa comunidad que supuestamente también es la Iglesia.

El mismo problema ha enfrentado Bergoglio con el tema de la pederastia. Cuando, este mes, un tribunal en Melbourne condena al cardenal George Pell por abuso sexual en contra de dos menores, de alguna manera establece también una línea de denuncia y de reclamo con el Vaticano y con el papa, quien aun a sabiendas de las acusaciones y del proceso judicial contra el cardenal australiano, lo nombró como miembro de su entorno cercano, en uno de los cargos más importantes de la curia romana. Está bien que el papa luego asegure que la Iglesia católica “nunca más encubrirá o subestimará” sus crímenes, sin embargo, el silencio anterior deja un vacío, una aterradora sensación de complicidad.

La noticia de un papa latinoamericano creó muchas expectativas. Cuando el humo blanco fue argentino, se produjo de manera instantánea una sensación de cambio. Era lo que necesitaba una institución asfixiada por su propio agotamiento, tanto en los argumentos como en las ceremonias; perseguida por las denuncias cada vez mayores y estridentes en contra de algunos de sus sacerdotes.

En abril de 2018, dos niñas venezolanas caminaban por las tiendas de un refugio temporal para migrantes en Boa Vista, Brasil. Credit Meridith Kohut para The New York Times

La llegada de Bergoglio al Vaticano casi parecía una perfecta operación de mercadotecnia. Proviene además del lugar del mundo donde el catolicismo tiene más audiencia pero también cada vez mayor competencia. El avance de las iglesias evangélicas en el continente es sin duda una amenaza para el Vaticano. Desde esta perspectiva, tratar de ignorar realidad, es un gran error. O un pecado, podría decir también un creyente.

Fue justamente Rosario Murillo una de las primeras en darle las gracias al papa Francisco por su mensaje navideño. Y el Vaticano se merece el espanto de ese agradecimiento. Porque eligió no ver y no decir. Porque, “delante del Niño Jesús”, el gobierno de Daniel Ortega detiene a periodistas y confisca medios de comunicación. Porque “los habitantes de la querida Nicaragua” huyen ahora de la represión oficial que ha dejado un saldo de 325 muertos y más de 400 detenidos y enjuiciados. Lo mismo pasa en el caso de Venezuela. Hablar de “concordia” o de “desarrollo” no solo es frívolo sino también cruel. Aunque el Vaticano decida no ver las noticias o no leer los informes de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), los refugiados siguen ahí. La fe no los desaparece.

El 5 de julio de este año, el papa Francisco escribió en su cuenta de Twitter: “¿Sabemos hacer silencio en el corazón para escuchar la voz de Dios?”. La promesa de cambio del catolicismo tal vez no tiene que venir desde arriba, desde la jerarquía. Puede surgir de las bases, del rebaño. Quizás es hora de que los católicos de América Latina emplacen a su pastor. Que le exijan que vea y que pronuncie lo que está pasando. Que se ponga del lado de las víctimas y no de los poderosos. Que le pidan que trate de escuchar la voz de Dios en estas tierras.

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Los escenarios políticos para el 2019. De Paolo Luers

31 diciembre 2018 / El DIARIO DE HOY

En todas las elecciones presidenciales de la postguerra, muchos tuvieron la percepción que estaba en juego todo: el carácter de la república, la democracia, la paz social, la viabilidad económica.

Pero no era así. Estos miedos alimentaban los discursos de campaña, pero nunca la base sobre la cual funcionaba la política. Por esto en el 2009 pudo haber una transición del poder sin sobresaltos, totalmente pacífica, y ampliamente aceptada por la sociedad y toda la clase política.

Se estaban enfrentando (y al final alternando en el poder) las dos fuerzas que juntos habían creado, con los Acuerdos de Paz y las correspondientes reformas constitucionales, el sistema democrático pluralista, con independencia de poderes y garantía de las libertades. Aunque ARENA y Frente tuvieron (y siguen teniendo) diferentes concepciones de cómo desarrollar este sistema, ambos en esencia estaban comprometidos a defenderlo. Y no solo los dos partidos de la polaridad política, sino toda la sociedad tuvo este consenso básico.

Este consenso se ha roto con el surgimiento de una fuerza meramente populista. El populismo no es nada nuevo en El Salvador, no lo inventó Nayib Bukele. Tanto la derecha y la izquierda tuvieron sus delirios populistas, con sus presidentes Tony Saca y Mauricio Funes. Lo nuevo es que ahora surgió una fuerza que en forma y fondo es nada más que populista, sin ninguna limitación por parte de una definición ideológica. Por esto resultó tan fácil fusionar Nuevas Ideas con GANA. Surgió una fuerza anti-política que declara que quiere cambiar el sistema partidario – y que busca modificar el sistema republicano de pesos y contrapesos. Bukele y Ulloa hablan de transitar a una “Segunda República”, mediante una Constituyente. Hablan de una gobernabilidad que no reside en mayorías legislativas y acuerdos entre partidos, sino de en la relación entre “el líder” y “su pueblo”.

La primera interrogante para el 2019: ¿Prevalecerá el consenso de defender la República fundada en los Acuerdos de Paz, con una polarización partidaria dentro del mismo sistema político – o esta polarización será sustituida por una entre “el sistema” y una fuerza anti-sistema?

Tendremos para el 2019 dos escenarios: O asumirá el poder Carlos Calleja, con apoyo de ARENA, PCN y PDC – o Nayib Bukele, con apoyo de Nuevas Ideas y GANA. Dibujemos estos escenarios.

Un gobierno de Calleja tendrá bastante posibilidades de crear mejoras en los principales problemas de país, aunque esto dependerá del apoyo que encuentre en la sociedad para los cambios necesarios y contra las resistencias incluso en sus propios partidos.

  • Gobernabilidad sólida en la Asamblea Legislativa para arrancar con las iniciativas legislativas necesarias (y posiblemente no populares);
  • Un gobierno más eficiente y transparente;
    Un gobierno que redefina las prioridades del Estado, abandonando la práctica clientelista de los últimos tres gobiernos;
  • Un boom de inversión, debido a inversiones retenidas en los últimos años y una mejor relación entre gobierno y sector privado;
  • Menos peligro para la estabilidad institucional, mas seguridad jurídica; más predictibilidad para los inversionistas;
  • Voluntad de enfrentar el problema de seguridad con inversión social sostenida y focalizada, en vez de apostar a una guerra interminable contra las pandillas.

En cambio, con un gobierno de Bukele enfrentaríamos el peligro que varios de los principales problemas del país se agraven:

  • Tensa relación gobierno-sector privado;
  • Poca capacidad administrativa y de ejecución;
  • Prioridad de gastos de carácter clientelista y en proyectos de impacto mediático;
  • Incertidumbre sobre las políticas de seguridad, ya que Bukele evade este tema.
  • Falta de gobernabilidad en el Legislativo, con el peligro de resolver este vacío con medidas que atenten contra la separación de poderes.

Para prevenir los riesgos que plantea este segundo escenario del 2019, es fundamental que se haga desde ya, aprovechando la correlación de fuerzas en la Asamblea, todo lo posible para fortalecer la institucionalidad:

  • Tener una fiscalía general fuerte e independiente;
  • No sabemos si la nueva Sala responde a este criterio. Hay que presionar desde la ciudadanía;
  • Fortalecer la capacidad de incidencia de la Sociedad Civil y sus articulaciones gremiales, sociales y académicas;
  • Avanzar decididamente en la renovación de los partidos, en especial FMLN y ARENA, moviéndolos al centro, democratizándolos, recuperando la confianza ciudadana;
  • Robustecer la libertad de expresión y la independencia y la capacidad de incidencia de los medios de comunicación.

Todo esto es esencial, gane quien gane. También Calleja necesitará una ciudadanía activa e instituciones fuertes, para facilitar que realmente pueda formar un gobierno que no corresponda a intereses particulares y partidarios.

Entonces, las otras interrogantes para el 2019 son:

¿Logra el FMLN parar su declive, posicionarse como una propuesta válida de izquierda, deshacerse de sus tendencias populistas, y ejercer su rol de oposición y correctivo ante el gobierno que salga electo?

¿Logra ARENA aprovechar los nuevos aires aportados por sus nuevas figuras Carlos Calleja, Javier Simán y Carmen Aída Lazo para hacer irreversible su renovación, independientemente si le toca gobernar o ejercer la oposición y la defensa de la institucionalidad?

¿En qué tipo de fuerza se va a convertir la alianza que respalda a Bukele? Todo indica que no va a perdurar, gane o pierda las elecciones presidenciales. En ambos casos, habrá una competencia férrea entre GANA y Nuevas Ideas sobre quién de los dos se convertirá en el 2021 en la verdadera tercera fuerza en la Asamblea y en los gobiernos locales.

Este artículo es parte de la Edición Especial
de fin de año de EL DIARIO DE HOY

Negacionismo. De Jorge Correa Sutil

“La causa de los derechos humanos no ha necesitado de muletas penales para hacer su exitosa marcha. Con ellas corre el peligro de empezar a cojear”.

JORGE CORREA SUTIL, político y ex magistrado chileno

29 diciembre 2018 / EL MERCURIO

La comisión de Derechos Humanos de la Cámara ha aprobado un proyecto que sanciona con pena de presidio y multa al que “justificare, aprobare o negare las violaciones a los derechos humanos” consignadas en el Informe Rettig y en otros textos posteriores.

Tuve el privilegio de trabajar en dicho informe. Lo hice en una época en la que la negación, la abierta aprobación o la justificación de esas violaciones eran dominantes en el debate público. La burla había sido una de sus formas recientes: nosotros respetamos los derechos humanos, pero los humanoides no tienen derechos, sostenía un miembro de la Junta. Pinochet las justificaba como parte de una guerra.

Tiempo antes, el representante de Chile ante Naciones Unidas negaba que los detenidos desaparecidos hubieran tenido existencia. Antes, el presidente de la Corte Suprema, en solemne discurso, atribuía las versiones a “malos chilenos”, afirmando que “en cuanto a torturas y otras atrocidades, puedo afirmar que aquí no existen paredones ni cortinas de hierro, y cualquier afirmación en contrario se debe a una prensa proselitista de ideas que no pudieron ni podrán prosperar en nuestra patria.”

En la Comisión Rettig conocimos el dolor provocado por el negacionismo. Estos son algunos de los testimonios consignados en su informe: “Me dijo que le trajera almuerzo a mi marido. Me fui, le preparé arroz con huevo frito. Cuando llegué de vuelta a la comisaría, riéndose me dijo: señora usted está loca, aquí no hay detenidos”. “A mi madre, cuando se casó de nuevo, la molestaron diciéndole que cómo había hecho eso si su marido estaba vivo”. “Recibí esta carta, que le traigo, del comandante del regimiento; en ella me dice que si mi marido no vuelve a pesar de haber sido puesto en libertad, yo debo revisar en conciencia si seríamos una buena pareja y si no se habrá ido con otra. Ahora apareció su cuerpo en la fosa.”

El negacionismo de entonces, un componente esencial de la política represiva, causó mucho dolor. El de hoy cae como limón sobre esa herida.

Con los años, me parece que la principal tarea de aquella comisión fue la de hacer frente al negacionismo. Aylwin sabía que sin verdad, sin repudio social, la democracia que nacía sería feble y los derechos humanos no serían valorados. No había posibilidad entonces de justicia, ni la habría habido mientras buena parte del país, por estrategia, por ignorancia, por comodidad o por dolor de mirarse en ese feo espejo se hubiera mantenido en el negacionismo.

El lenguaje cambió: las burlas ya no existen. Nadie se anima a negar los específicos hechos que primero la Vicaría, luego las comisiones y, finalmente, los jueces han relatado. La relativización es más bien escasa, privada y genérica. El repudio al negacionismo es alto, como experimentó el exministro Rojas. El avance se ha erigido sobre la rigurosidad de aquellos relatos. La valorización de políticas económicas o sociales del régimen militar no es negacionismo.

¿Debe ahora reforzarse esa lucha con sanciones penales?

Si así ocurriera, como lo propone ese proyecto, lo que ha sido una victoria cultural limpia, correría el riesgo de quedar empañada al verse acompañada de la amenaza penal para quienes la rebatieran. Los negacionistas podrán mañana decir que así, con cárcel para los desafiantes, cualquiera gana los debates públicos; que los documentados relatos eran tan febles que necesitaron de la amenaza de la fuerza para seguir sosteniéndose. No. El trabajo investigativo que ha logrado documentar las violaciones ha logrado sus triunfos merced al rigor y sin esas muletas.

Tampoco quisiera ver a ningún negacionista señalando ser un preso de conciencia. Victimizar a quienes adoptan un discurso que, en lo básico, ya ha sido derrotado, puede ser una pésima estrategia.

No sé si, en épocas de noticias falsas, la verdad tiene su hora; pero sí sé que la libertad de expresión ha mostrado suficientes virtudes como para poder seguir confiando en ella.

Joder a Paco Flores. Columna Transversal de Paolo Luers

30 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

Escuché los ‘audios presidenciales’ que publicó la revista digital ‘Factum’. Lo que se presencia ahí, tiene algo insuperablemente cómico. Algo tan cínico que raya en lo absurdo. Algo tan absurdo que da risa.

Hay que ubicarse en el tiempo y en el contexto. La grabación refleja una reunión celebrada el 11 de octubre del 2013. Los participantes son: Mauricio Funes, entonces presidente de la República, acompañado por su capo ‘Mecafé’; y Tony Saca, su antecesor en Casa Presidencial, acompañado por su capo-primo Herbert y por su incondicional César Funes. A esta altura del partido, Tony Saca ya se había robado decenas de millones de dólares de fondos públicos. Cuanto realmente robó nunca lo vamos a saber. Según la acusación del fiscal Douglas Meléndez, se quedó con la totalidad de la partida reservada de CAPRES, unos 300 millones. Pero como esto obviamente fue paja mediática y por tanto no lo pudo comprobar, Meléndez aceptó un juicio abreviado, así que nunca se estableció cuál fue la porción que de hecho se apropió Saca. Cuando los presidentes se juntaron para tomar whisky y conspirar, buena parte de este dinero ya estaba invertido: en sus empresas, en su mansión – y en su partido GANA.

Por su parte Funes, con 4 años en CAPRES, posiblemente ya había superado las cifras de Saca. Según Douglas Meléndez, cuando Funes entregó el poder en junio del 2014, había malversado unos 350 millones, y nadie sabe que porcentaje te quedó a él, a Vanda, a la Michy y a sus hijos…

Entonces, aquel 11 de octubre del 2013 están sentados dos dones tomando whisky. Ambos perfectamente sabían que el otro se había robado una fortuna – pero de esto, entre caballeros, no se habla. Hablaron sobre como joder a otro ex presidente, Paco Flores, y como convencer a la ciudadanía que este su enemigo común se había quedado con 10 millones de dólares que el gobierno de Taiwán había mandado con cheques a su nombre. Obviamente, los ahí reunidos, ladrones todos, no se dieron paja mutuamente hablando de ética, moral y corrupción, tampoco de los víctimas del terremoto supuestamente defraudados por Flores. No, las lágrimas de cocodrilo quedaron reservados para los discursos públicos de Funes. Entre ladrones no se habla así, así que se concentraron en discutir cómo involucrar a un periodista corrupto, a un fiscal corrompible, a un fiscal general amigo y a un ministro de Seguridad inescrupuloso (Ricardo Perdomo). Todo con un solo fin: joder a Paco Flores – y por tanto a ARENA, faltando cinco meses a las elecciones. Aunque no lo mencionaron, se trató de facilitar que don Tony podía regresar al poder y seguir robando. Punto. Una cosa sumamente práctica, que tiene que ver con sobornos, con amenazas, con tráfico de información falsa – no con pendejadas nobles como justicia o verdad.

Ahí reside lo cómico de estas conversaciones, lo cínico y lo absurdo. El triángulo conspirativo entre dos presidentes anteriormente enfrentados ideológicamente, pero unidos en la corrupción y el odio a Paco Flores; y el tercero, ausente pero siempre presente: el todopoderoso Fiscal General Luis Martínez.

No era la única vez que se puso a funcionar este triángulo mafioso para joder a un adversario. Igual los mismos tres conspiraron para hundir a don Billy Sol y los otros acusados en el caso CEL-ENEL. Con el mismo cinismo: todos los conspiradores sabían perfectamente quienes habían convertido la CEL y a Geotérmica en hoyos negros de la corrupción: primero Saca, luego Funes, usando los mimos operadores. Con el caso CEL-ENEL querían matar dos pájaros con un tiro: desacreditar a Billy Sol, Paco Flores y ARENA – y a la vez levantar una cortina de humo para esconder su propia administración fraudulenta en la CEL. 

Hoy Tony Saca y Luis Martínez conviven en Mariona. Tal vez todavía andan discutiendo porqué no les funcionó su jugada contra don Billy. Bueno, la segunda jugada sí les funcionó. No lograron condenar a Paco Flores, pero sí matarlo. Tampoco Saca logró regresar a poder, pero por o menos lograron que llegara Sánchez Cerén.

En resumen, los ex presidentes nos obsequiaron una ópera bufa surrealista, y el que debe estar riéndose a carcajadas es Paco Flores, apreciando desde donde esté las piruetas que dio la vida a los tres señores que lo querían joder…

Escuche los ‘audios presidenciales”:
Versión resumida
Versión completa

Lea la nota de Factum:
Funes y Saca planifican operación ilegal

Levantando el techo del crecimiento. De Manuel Hinds

28 diciembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

El Gobierno de Estados Unidos ha anunciado la asignación de más de $5,000 millones al Triángulo Norte para levantar de una manera permanente la capacidad de crecimiento de las tres economías, de tal manera que se desincentiven las migraciones ilegales a ese país. El efecto que esta enorme cantidad puede tener en el desarrollo de estos países puede terminar siendo totalmente nulo o totalmente exitoso, dependiendo de las prioridades que guíen su asignación. Dos elefantes blancos ahora pesando sobre la economía del país —el Puerto de La Unión y la carretera del Norte— proporcionan ejemplos tristes de cómo buenas intenciones de la cooperación externa pueden resultar en fracasos monumentales.

El Puerto costó más de $200 millones que en una parte hay que pagar al Gobierno de Japón mientras que en la otra parte ya se pagó en los costos de contrapartida que tuvo que poner el gobierno durante la construcción. Hasta el momento, el Puerto no ha generado un solo dólar para pagar estos costos. El gobierno salvadoreño está ahora tratando de venderlo o darlo en concesión a China en un trato que probablemente va a salir más caro que tenerlo sin uso, como ha estado ya por varios años. La carretera del Norte, que se esperaba contra toda esperanza que desencadenara el desarrollo del norte del país, no ha logrado nada de eso y se ha convertido en una carretera que nadie usa, pero que hay que mantener. Ningún posible emigrante ha sido detenido en su emigración por estos proyectos.

Con todo y que fueron fracasos, estos proyectos no han sido los más inútiles de los últimos años. Hay muchos proyectos que han fondeado el subsidio del consumo y no han dejado nada de beneficio a los que los recibieron. El costo de estos subsidios es gigantesco, excediendo los $2,000 en un período presidencial (equivalente a construir diez puertos de la Unión). Con esta cantidad podría cambiarse el destino del país. Sin embargo, este costo gigantesco no deja nada duradero a sus beneficiarios o al país y ni siquiera se sabe qué fue lo que subsidiaron, ya que el subsidio de un producto no necesariamente se traduce en mayor consumo de ese producto sino en liberar fondos que el beneficiario iba a usar para comprar dicho producto y permitirle así poder comprar otro, como ir al cine.

Estos fondos deberían asignarse a actividades que puedan aumentar permanentemente nuestra capacidad de desarrollarnos, levantando el techo que restringe nuestra tasa de crecimiento —y que lo dejen levantado de allí en adelante—. Esto solo puede lograrse invirtiendo en capital humano, cuyas deficiencias actuales son el obstáculo más grande para crecer en el mundo de la economía del conocimiento. Hay dos proyectos que pueden causar ese salto de calidad que nos permitiría acceder al desarrollo. El primero sería invertir en la generación que está naciendo ahora para que gocen de una salud y una educación consistente con la de un país en franco desarrollo. Este esfuerzo en crear una primera generación desarrollada es factible y nos llevaría en dos o tres décadas al desarrollo sostenible. Esta estrategia, sugerida por la oficina local de Unicef, sería similar a la seguida por los países nórdicos y los países más exitosos de Asia.

Este proyecto debería complementarse con un plan de inversión en la educación de adultos en instituciones de primer mundo para que nuestra población actual pueda integrarse a la economía del conocimiento. Esto no implica educar físicos especializados en cohetes, sino personas que puedan acceder al conocimiento para enriquecer la producción en todas las actividades corrientes en nuestro país— en la agricultura, la industria y los servicios. Como Edward C. Prescott, Premio Nobel de Economía, lo ha demostrado fehacientemente, las diferencias en la productividad del trabajo, que son el origen de las diferencias en la riqueza de las naciones, dependen del uso correcto de conocimiento libremente obtenible en nuestro mundo conectado. Con estos dos proyectos cubriríamos el corto y el largo plazo de una verdadera estrategia de desarrollo. Si logramos que nuestra población aprenda a usar el conocimiento en la producción entraremos al proceso del desarrollo, y la gente preferirá quedarse a vivir aquí en vez de irse a países desarrollados.

Carta a los bichos: ¿Quién los va a detener? De Paolo Luers

29 diciembre 2018 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados ‘Jóvenes talentos’:
Hoy conocí a uno de ustedes: hijo del vigilante de mi pasaje; 17 años, viviendo en un cantón en la cima de la Cordillera del Bálsamo; entrando al último año de bachillerato y al tercer año del ‘Programa Academias Especiales Sabatinas Experimentales’ de la Universidad Matías Delgado, popularmente conocido como ‘Jóvenes Talentos’.

Me dejó impresionado por su autoestima, su determinación de superar obstáculos (tiene muchos…), su humor, su humildad…

Repito lo que escribí en una carta recién publicada: ¿Quién dice que en este país no hay futuro? Este bicho tiene futuro. Es el futuro. Va a romper, ya está rompiendo las barreras que en su familia y en su cantón han impedido que los jóvenes, aunque sean talentosos y ambiciosos, lleguen a trascender la ignorancia, la mediocridad y la pobreza.

Ha tenido suerte que un profesor detectó sus talentos y lo convenció para aplicar al programa de la Matías. Pero, ¿cuántos profesores de nuestras escuelas rurales saben de la existencia de estos programas en la Matías o en la Universidad de El Salvador, y de cómo acceder a ellos? ¿Cuántos profesores saben detectar a los talentos entre la masa de adolescentes que tienen en frente? ¿Cuántos jóvenes tienen la suerte de tener padres que apoyan la ambición de sus hijos a trascender la vida de sus abuelos, tíos y padres? ¿Y cuántos jóvenes talentos caben en los pocos programas diseñados para fomentarlos y levarlos a las carreras académicas y profesionales adecuadas?

Una vez que los jóvenes talentos entran a estos programas, sean de las universidades o de iniciativas como ‘Supérate’ y otros que promueven empresas y ONGs, su camino al éxito académico y profesional está abierto. Terminan becados en las universidades y entran con ventajas al mercado laboral.

Sus historias de éxito todavía son la excepción. Esto es lo que hay que cambiar.

Recomiendo a quien salga electo de presidente a potenciar esta vía aún extraordinaria para romper barreras de pobreza y marginación. Hay que establecer estos programas para jóvenes talentos en todas las universidades y todas las regiones. Hay que desplegar en todos los institutos nacionales a profesores especializados en detectar y fomentar talentos, y que sean los enlaces con los programas especiales en las universidades y otras instituciones.

Costará dinero, pero poco. Y será buena inversión, con impactos medibles. Con una razonable inversión, se podría multiplicar los casos, ahora aún excepcionales, de jóvenes de zonas pobres que logren acceder a estudios superiores y carreras profesionales hasta ahora reservadas para pocos. Los efectos, tanto para la meta de inclusión social como para el desarrollo tecnológico del país, serán visibles y medibles en pocos años.

Animo a todos los jóvenes que sienten que tienen la capacidad de romper las barreras que han mantenido a sus familias atrapadas en el círculo vicioso de pobreza e ignorancia a buscar las instituciones que les pueden abrir camino. Y a los profesores a empujarlos. Una vez que ustedes superen los primeros obstáculos, ¿quién los va a detener?

Saludos y feliz año,

Vea la Carta a los pesimistas y llorones: ¿Quién dice que este país no tiene futuro?

Las élites contra Bukele. De Florent Zemmouche

27 diciembre 2018 / LA PRENSA GRAFICA

Y Bukele contra las élites. La reciprocidad funciona y es, en este caso, absoluta. Es el gran blanco de la campaña del candidato de GANA: contra “los mismos de siempre”. Es decir, contra las élites actuales. Y me atrevo a pensar que se trata de todos los tipos de élite, política, económica y cultural, aunque, por supuesto, existen excepciones.

Fácil es nombrar algunos miembros de la élite salvadoreña que apoyan abiertamente a Bukele; elementos que a primera vista parecen debilitar la dualidad Bukele contra las élites. Pero no es el caso aquí por varias razones. Los individuos con algún poder simbólico que respaldan al candidato de GANA lo hacen por puras motivaciones personales; son personas que también hubieran perfectamente podido no solo oponerse sino que hacerle la guerra a Bukele. Agentes como Gallegos o Araujo son ejemplos de ello. Alianzas políticas de circunstancias. Chanchullos que obedecen solo a intereses egoístas. Son parte de alguna élite y apoyan a Bukele quien, precisamente, quiere luchar y destituir a las élites.

No es la única contradicción; la paradoja llega a su paroxismo con solo constatar que Bukele mismo hace parte de la élite salvadoreña. Como toda campaña manipuladora, el que la lleva a cabo hace él mismo parte de los blancos y enemigos designados. Bukele quiere derrotar a «los mismos de siempre», remplazar nuestra clase política cuando él es un miembro notable de ella desde hace unos años ya. Miembro notable significa: mismas técnicas de siempre, cuanto más sucias mejor (la corrupción nunca está lejos), y el mismo deseo de siempre: el poder, como fin en sí mismo.

Nunca como medio. Bukele hace parte de lo que quiere cambiar. Un médico llamaría aquello esquizofrenia. Algunos lo llaman populismo. Yo lo llamo manipulación. Y el análisis médico y el mío se reúnen en al menos un punto: es peligroso.

Por tanto, la oposición inicial entre Bukele y las élites, como muchas dualidades, funciona como una dialéctica. Cada lado se nutre del otro. Es más, uno no es nada sin el otro, se impone una suerte de interdependencia de la cual, claro está, Bukele es más dependiente. Las élites le sirven más a Bukele que este a ellas; son para él su razón de ser candidato, y talvez, hasta su razón de ser a secas. Por ahora, su estrategia funciona. Si observamos la situación, a grandes rasgos, las élites critican y se oponen a Bukele mientras que el movimiento de apoyo es real, no solo opera en la neblina de las redes sociales; bulle, se menea y se expande en gran parte de la población, o de lo que conviene nombrar mejor, el pueblo. ¿Hasta cuándo funcionará? No lo sé, sin duda hasta las elecciones, por lo cual, si tal es el caso, habrá cumplido con su objetivo.

Lo que Bukele ha puesto en pie, aquella línea de campaña, exenta de ideología, ideas, programas e incluso, de política, es una trampa ladina de la que él siempre saldrá incólume y victorioso. Solo acepta recibir halagos de sus fans, ninguna crítica. La crítica, él decide que viene necesariamente de la élite, y por tanto, es para él y todos sus seguidores, ilegítima y sobre todo, errónea. “Miren, la élite no me quiere, me critica, muestra que me temen y que no soy como ellos”; su victimización permanente. Por ello hay que criticarlo adelantando, mostrando y denunciando su reacción, siempre la misma, que imposibilita todo debate, la que se concentra en la forma y nunca en el fondo. Eso es Bukele, mucha forma; ningún fondo.

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