Daniel Ortega

El delito de ser ciudadano . De Sergio Ramírez

El verdadero golpe de Estado en Nicaragua lo ha dado el Gobierno al suprimir los derechos y las libertades.

Sede del canal de televisión 100% Noticias. MAYNOR VALENZUELA AFP
Sergio Ramírez, novelista y columnista nicarguense, fue vicepresidente en el primer gobierno sandinista

27 diciembre 2018 / EL PAIS

Frente a la resistencia ciudadana en Nicaragua, el régimen ha insistido en crear una verdad alternativa paralela a la de los hechos reales: la invención de un golpe de Estado organizado por terroristas de profesión que actúan “movidos por el odio”. Esa es la historia que repiten los medios fieles al Gobierno, y que los fiscales y jueces utilizan para acusar y procesar a los ciudadanos. Cerca de 600 “golpistas” están en las cárceles.

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El demoledor informe presentado por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) viene a desmentir de manera rotunda esta verdad alternativa, al concluir que no existe ninguna evidencia que sustente el golpe de Estado.

Por el contrario, para el GIEI, el Estado de Nicaragua ha llevado a cabo conductas que de acuerdo con el derecho internacional deben considerarse crímenes de lesa humanidad, particularmente asesinatos, privación arbitraria de la libertad y el crimen de persecución”.

La insistente propaganda alrededor del golpe de Estado no va dirigida a la ciudadanía en general, sino a la clientela partidaria que rodea a la pareja presidencial, a fin de crear justificaciones y motivos “legítimos” a la represión que el informe desnuda y condena.

El Grupo de Expertos de la OEA desmonta claramente la falacia. A partir del 18 de abril de este año lo que se creó en Nicaragua fue un movimiento espontáneo, que creció y se multiplicó sin la dirección de nadie en particular, menos que tuviera una línea estratégica conspirativa.

“A partir de abril de este año lo que se creó fue un movimiento espontáneo, que creció y se multiplicó sin la dirección de nadie en particular”

Los golpes de Estado no se urden en las calles, entre estudiantes y pobladores de barrios, sino en la sombra; se preparan en los cuarteles, y se planean en secreto. No los ejecuta tampoco gente desarmada, muchachos que pelean con piedras y morteros caseros, y hasta con tiradoras de hule.

A estas alturas, queda claro que la verdad alternativa del golpe de Estado fue creada directamente en contra del concepto de ciudadanía. Hay una tachadura negra sobre la palabra ciudadano para oscurecerla, o borrarla.

Es un castigo impuesto desde el poder: si quienes salieron a protestar de manera masiva fueron los ciudadanos, en uso de las libertades públicas inherentes a su soberanía individual, libertad de movilización y libertad de expresión, para empezar, y fueron reprimidos por eso, los presos políticos han perdido también el derecho al debido proceso: detención dentro del término de ley, derecho a la defensa, a un juicio público, a jueces imparciales. El poder dicta que los golpistas y terroristas no tienen ningún derecho, lo que se puede leer como: los ciudadanos no tienen ningún derecho.

Las garantías constitucionales se encuentran suspendidas de hecho, y está prohibido manifestarse. Aún para las procesiones religiosas se exige permiso policial. Es obligatorio entregar los teléfonos móviles si son requeridos, y los mensajes en redes sociales que guardan son examinados o copiados, con lo que el derecho a la privacidad de la correspondencia ha quedado abolido.

Debido a la que bandera de Nicaragua se volvió un símbolo subversivo, porque el azul y el blanco son los colores de la resistencia ciudadana, está prohibido exhibirla o portarla, lo mismo que elevar globos con esos colores.

Está suspendido el derecho ciudadano de informar libremente y recibir información. Por eso fue asaltada la Redacción del periódico Confidencial y la de los programas de televisión Esta semana y Esta noche de Carlos Fernando Chamorro, y sus bienes y equipos confiscados. Por eso fueron asaltadas también las instalaciones de la televisión 100% Noticias y su director, Miguel Mora, apresado y puesto a la orden de los tribunales, por cometer “delitos impulsados por el odio como consecuencia de la provocación, apología e inducción al terrorismo”: El terrorismo de informar.

En las aduanas se retiene el papel y los insumos para los periódicos escritos, al estilo Venezuela, y los dos diarios del país, La Prensa y El Nuevo Diario, apenas tienen mes y medio de existencias para imprimir. Luego, les tocará desaparecer.

De las organizaciones de la sociedad civil que promueven la libertad de expresión, los derechos humanos, la democracia, las encuestas de opinión, y hasta la defensa de la naturaleza, nueve han sido ilegalizadas, obligadas a cerrar por decreto y sus bienes también confiscados.

Entonces, el verdadero golpe de Estado se ha dado contra los ciudadanos, contra su condición de personas libres. Sus derechos han sido suprimidos. Se les discrimina, y se les anula. Esos derechos solo existen para quienes están en las filas del régimen y son parte del aparato de poder, y disfrutan, además, de un derecho exclusivo: el de la impunidad.

Nicaragua: La ideología de las balas. De Alberto Barrera Tyszka

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

15 julio 2018 / THE NEW YORK TIMES

CIUDAD DE MÉXICO — Hace cuarenta años conocí a Daniel Ortega. En aquel tiempo, él era unos de los líderes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que intentaba derrocar al dictador Anastasio Somoza. Se encontraba de gira por Venezuela, buscando solidaridad con la rebelión en Nicaragua. Un grupo de jóvenes, en la ciudad de Barquisimeto, pasamos todo un día tratando de conseguir fondos, repartiendo volantes, informando en calles y autobuses, sobre lo que estaba ocurriendo en el hermano país de Centroamérica. Al final de la tarde, juntamos todo el dinero obtenido y preparamos un acto de masas, en una céntrica avenida, para recibir y escuchar al comandante Ortega.

Pero no hubo masas. Éramos, si acaso, unas 70 personas. Tampoco el logro económico fue espectacular. No teníamos millones de bolívares que entregar. El comandante Ortega llegó al lugar y nos miró con cierta piedad, nos saludó amablemente y, luego, nos dijo que en tiempos de guerra las ideas no importaban demasiado. Que tal vez él estaba ideológicamente más de acuerdo con nosotros que con el entonces presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez. Pero que, el día anterior, Pérez le había dado una enorme cantidad de dinero. Que la prioridad era tener armas, municiones, uniformes y botas. La revolución vendría luego.

Cuatro décadas después, el balance de esta lógica es trágico. La revolución llegó en 1979, con todas sus ilusiones y sus limitaciones, logró sobrevivir al sabotaje del gobierno de Ronald Reagan, pero no logró sobrevivir a la democracia. En 1990 el Frente Sandinista perdió las elecciones. Ahí, según afirma Sergio Ramírez, escritor magistral que ha sido también protagonista político y testigo de excepción en todo este largo proceso, comenzó “la gran debacle”. Estaban preparados para dirigir la revolución, no para entregar el poder. Se hundieron en la corrupción y, después, les costó demasiado retomar su fuerza política. Su regreso al gobierno, en 2006, probablemente ya escondía una clara certeza: no correr otra vez el riesgo de los votos, suspender definitivamente la posibilidad de la alternancia.

Ramírez es el mejor cronista que puede tener el sandinismo. Ha vivido y ha escrito desde las turbulencias. Conoció y relató la épica lucha en contra de la dictadura militar de Somoza y, ahora, también conoce y relata el nuevo heroísmo popular que sacude a Nicaragua. No debe ser fácil, después de todo este tiempo, escuchar en las calles consignas que afirman que Ortega y Somoza “son la misma cosa”. La represión salvaje con la que el gobierno ataca las protestas ha activado, internamente en Nicaragua, una memoria que todavía la comunidad internacional no parece ponderar en su justa urgencia.

Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la represión del gobierno de Daniel Ortega había dejado 264 muertos en 86 días de protestas. Este sábado dos jóvenes fueron asesinados por fuerzas para paramilitares que abrieron fuego durante más de 12 horas contra una iglesia de Managua donde se encontraba refugiado un grupo de estudiantes. Aunque se estima que son más, 266 es una cifra aterradora. En cualquier parte del mundo. En Estados Unidos o en Tailandia, con o sin Mundial de fútbol. Desde las masacres perpetradas por el somocismo, Nicaragua no vivía una tragedia de este tipo. Carlos Fernando Chamorro, director de El Confidencial, uno de los pocos medios independientes y confiables que quedan en el país, ha puesto sobre la mesa una pregunta crucial: ¿Hasta dónde llega la lealtad de los miembros del Frente Sandinista, de los funcionarios y trabajadores del Estado, de los policías y militares con la pareja Ortega-Murillo? ¿Cuál es el límite?

Manifestantes en Nicaragua subieron a una estatua del boxeador Alexis Arguello en una protesta masiva llamada “Juntos somos un volcán” en contra del presidente Daniel Ortega, el 12 de julio de 2018 en Managua. Credit Rodrigo Sura/EPA, vía Shutterstock

El gobierno de Nicaragua parece seguir el mismo guion que definió el comportamiento de Nicolás Maduro ante las protestas en Venezuela: descalifica las manifestaciones populares, las tilda de “golpistas” y “terroristas”, las masacra con brutalidad y sin pudor. Su retórica también cumple con el mismo libreto. Ortega reprime invocando la paz. Tampoco en eso se diferencia demasiado del feroz autoritarismo militar del siglo XX.

“Mi gobierno garantiza el orden, la paz y la estabilidad social, pese que a fuerzas extrañas propician el desorden y atentan contra la tranquilidad y el bienestar”.

¿Quién dijo esta frase? ¿Anastasio Somoza o Daniel Ortega? Tal vez ahora es difícil distinguirlo. Fue Somoza, pero ya tampoco importa demasiado. Sus balas tienen la misma ideología. Ambos decidieron asesinar con tal de mantenerse en el poder.

Gilles Deleuze sostenía que la ideología era una “engañifa”. Que era necesario analizar más bien las formas como se organiza y se administra el poder. Mientras la democracia les fue útil, los nuevos caudillos latinoamericanos fueron demócratas. Cuando dejó de funcionar fácilmente a su favor, volvieron al pragmatismo militar de siempre: armas, municiones, uniformes y botas. Lo demás siempre es secundario. Lo demás es la libertad y la alternancia.

Daniel Ortega ya no representa ninguna revolución. Todo lo contrario: solo repite lo peor del pasado que él mismo combatió. Daniel Ortega representa la resurrección del somozismo. Y ahora, nuevamente, la revolución está en las calles. Aun a pesar de la feroz represión, la gente continúa protestando, desafiando al dictador. ¿Hasta cuándo podrán mantenerse así? Al igual que cuarenta años antes, como ocurrió también con Somoza, la comunidad internacional —con todas sus dificultades y con toda su diversidad— debe arrinconar al dictador, presionarlo, obligarlo a aceptar y a practicar lo que tanto teme: la democracia.

Carta a Daniel Ortega: Estos disparos le van por la culata. De Paolo Luers

Roma, 2 junio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

“Comandante”:
Pongo entre comillas el título que usted ostenta tan pomposamente. Hace muchos años, usted fue Comandante y se ganó el respeto de muchos en todo el mundo, incluyendo el mío.

Hoy ya no es comandante, sino el capo de una mafia que extorsiona a todo un país, compra voluntades y corrompe a su partido, militares y empresarios. Y los únicos que queda comandando son bandas de matones.

Cuando usted dio la orden de abrir el fuego a los jóvenes manifestantes, tendría que haber sabido que firmó su sentencia de muerte política. ¿Cómo no saberlo un hombre que fue protagonista de una insurrección que tuvo como punto de partida la orden que dio Somoza de asesinar al periodista opositor Pedro Fernando Chamorro?

¿Cómo no saberlo un hombre que estuvo muy cerca de nuestra historia salvadoreña, que tomó un dramático viraje un día 30 de julio de 1975, cuando los militares en el poder dieron la orden, así como usted lo dio el 19 de abril de 2018 (y lo mantiene hasta el día de hoy), de disparar a matar a estudiantes opositores? En El Salvador fue una de las fechas claves que hicieron al país deslizarse a la guerra civil – y al desaparecimiento de los gobiernos militares. En Nicaragua hoy está pasando exactamente lo mismo.

Le voy a contar de otra fecha fatal, en la cual un acto irracional de represión impulsó a cientos de miles de estudiantes a la rebelión. Algo que pasó hace 51 años en Berlín Occidental. El 2 de junio de 1967, vino a Berlín, en visita del Estado, el Shah de Persia (hoy Irán), Mohammad Reza Pahlavi – como Somoza un tirano de estos que en Washington consideraban “un hijo de p…, pero nuestro hijo de p…”

El gobierno alemán, que tenía ambiciosos planes de cooperación económica con la emergente potencia petrolera Irán, le permitió viajar a Alemania acompañado de cientos de agentes de seguridad e inteligencia, y de un contingente de matones ‘civiles’.

A una primera manifestación contra el Sha, frente a la alcaldía de Berlín Occidental, solo llegamos unos 5 mil estudiantes, incluyendo muchos exiliados iraníes. Las autoridades alemanas permitieron que cientos de matones de la guardia pretoriana del Sha, armados de pistolas y palos de madera, atacaran a los manifestantes, y golpearon brutalmente a los estudiantes iraníes, ante los ojos pasivos de los antimotines. No hubo muertos, pero suficientes indignados y encachimbados, para que de manera improvisada se convocara una segunda manifestación frente a la Ópera que esa noche iba a visitar el Sha junto con el presidente alemán. Los 5 mil manifestantes se multiplicaron por 10.

Esta manifestación no autorizada fue brutalmente reprimida, y terminó con un estudiante, Benno Ohnesorg, ejecutado con un tiro a la cabeza por un oficial de la policía de Berlín, ante de cientos de estudiantes que estábamos a la par de él. Esto nos cambió la vida a cientos de miles. Esa noche comenzó lo que luego se hizo conocer como la rebelión del 68, el movimiento anti-autoritario. A partir de esta noche entre los estudiantes comenzó la peligrosa discusión sobre el uso de violencia: primero contra cosas, luego contra personas…
Y de este 2 de junio tomó su nombre una de las organizaciones armadas que poco después surgieron en Alemania, con consecuencias fatales.

La represión de opositores, sobre todo de estudiantes idealistas, tiene graves consecuencias, normalmente para los cobardes que la ordenan para salvar su poder. Usted está a punto de aprender esta lección, que ha olvidado en su transformación de comandante de una insurrección a jefe de mafia.

El huesped. De Ricardo Avelar

30 mayo 2018 / El Diario de Hoy

Después de unos problemas en casa, se marchó. Casi de puntillas, evitando ser visto y escuchado. Así llegó donde su amigo, quien sin cuestionar sus motivos le abrió las puertas. Así se convirtió en el Huésped.

El Huésped se mudó a un nuevo vecindario. No tan diferente al suyo, pero con algunas peculiaridades.

Con el tiempo, el Huésped fue notando el recelo de sus vecinos y es que en barrios como estos las noticias corren rápido y quienes le rodeaban empezaron a preguntarse por qué, de un día para otro, este personaje había aparecido en sus vidas. Y no apareció silencioso ni sutil. Su entrada se dio con pompa, pues su amigo el Anfitrión le ofreció todas las facilidades posibles y se aseguró que el respaldo a la presencia del nuevo elemento se notara. No había necesidad de esparcir rumores. El vecindario completo sabía casi a ciencia cierta de dónde venía el Huésped y por qué se mudó.

Pese a que el barrio miraba con molestia al nuevo inquilino y algunos de los locales le cuestionaban su presencia si lo cruzaban en el supermercado o sus constantes viajes al autolavado, tenían otros problemas que afrontar y es que este nuevo vecindario vivió siempre una tensa calma.

Una de las razones que despertó las sospechas y el recelo de los vecinos fue, precisamente, que el Anfitrión del Huésped era el líder de la directiva de este barrio. Como tal, tenía el poder de tomar decisiones que afectaban a todos y en la mayoría de ocasiones, poco le importaba lo que quisieran sus pares. Se rumoraba que había hecho trampas con el dinero de los condóminos para agrandar su riqueza. Contrató un aparato de guardias que vigilaba constantemente a los vecinos y disuadía cualquier crítica a su gestión al frente del barrio. Acosaba a los vecindarios aledaños, tenía tratos oscuros con otras comunas más lejanas cuyos liderazgos eran cuestionables y en una ocasión mandó a redecorar los parques de su localidad con unos armatostes horrendos que simulaban ser árboles. Y es que además de principios cuestionables, el anfitrión tenía mal gusto. Ante todo esto, por cierto, el Huésped guardó silencio porque no se muerde la mano que te da asil… residencia temporal, perdón.

Un día, el vaso de la paciencia de los vecinos se derramó. Desde hacía tiempo, los miembros de esta localidad ahorraban parte de sus ingresos en un esquema controlado por la Directiva. Y cuando esta última quiso hacer cambios, el descontento se hizo notar rápidamente. Los condóminos rápidamente demandaron cambios del líder de esta directiva y este, lejos de escuchar, hizo que sus guardias silenciaran las protestas.

Cuando los más jóvenes del vecindario salieron a quejarse pues les estaban robando el prospecto de un futuro digno, se encontraron con fuerza bruta. Aquellos que se dedicaban a llevar las noticias de lo que sucedía a todos los rincones del barrio también fueron reprimidos. La lista de amigos del líder empezó a derrumbarse, a medida se evidenciaban sus prácticas poco transparentes y la barbarie de su mandato. Y un día, hasta tumbaron los armatostes horribles con los que había decorado los parques.

En medio del caos, hubo alguien que inicialmente guardó silencio y luego, cínicamente, salió en defensa de la descarada directiva: el Huésped. Y es que el Huésped no es tonto. Sabe que el regreso a su antiguo barrio lo pone en riesgo. Sabe que la gente sabe muchas cosas. Sabe, también, que permanecer donde cómodamente le hospedan requiere complicidad y defensa, requiere hacer apologías cínicas de cosas que antes, cuando más joven, solía criticar.

El Huésped confirma con su defensa a la directiva que ni aquí ni allá fue un tipo confiable. Por lo contrario, deja entrever el tipo de amigos de los que se rodea. Amigos sin escrúpulos, que odian ser cuestionados, que no titubean antes de callar a quienes les hacen preguntas, que no sienten pena por reprimir.

Y no, no se espera que el Huésped cambie. Por el contrario, seguirá defendiendo a su Anfitrión. El problema es que el Anfitrión ya no puede garantizar su pertenencia, pues el barrio ha despertado y muchos lo quieren fuera. Y sin él al mando, el Huésped está en riesgo de volver a casa, donde algunos le esperan ansioso (para llevarlo a la justicia).

@docAvelar

Nicaragua: la crisis y el fin de la dictadura casi perfecta. De Alberto Arene

3 mayo 2018 / La Prensa Gráfica

Durante una década hasta hace dos semanas, el control del poder por la pareja presidencial Ortega-Murillo era total: los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, la casi totalidad de las alcaldías y concejos municipales, buena parte de los medios de comunicación social, las principales organizaciones sociales y gremiales, las organizaciones juveniles en las universidades, la estrecha alianza con la gran empresa privada, la progresiva debilidad e irrelevancia de la oposición, más de $4 mil millones de recursos concesionarios de Venezuela usados por Ortega a su antojo, y crecimiento económico promedio de 4 % anual, además de la complicidad de Washington que hasta el final de la Administración Obama comenzó a cambiar con la aprobación del Nica Act por el Congreso.

Once años después de que Ortega regresó a la presidencia por tercera vez –después de liderar la junta de gobierno de 1979-1984 y ejercer la presidencia de 1984 a 1990– una reforma confiscatoria del corrompido y descapitalizado sistema de pensiones encendió la chispa de la gente, saliendo a flote la indignación y la rabia contenida y acumulada de tanta gente.

La dictadura fue casi perfecta hasta hace dos semanas que la juventud se reveló, la represión se desató, la sangre de decenas de jóvenes se derramó, el pueblo se indignó, la Iglesia católica se solidarizó, los grandes empresarios retrocedieron sumándose, la comunidad internacional se despertó y todo desde entonces cambió.

Después de una década de violaciones constitucionales y destrucción de las instituciones, elecciones sin ninguna transparencia, corrupción generalizada liderada desde la presidencia, justicia amañada, impunidad generalizada, violación de derechos humanos, todo bajo la concentración total del poder de una nueva dinastía familiar que controlando el Poder Legislativo y Judicial cedió la soberanía territorial a una empresa china para construir un canal interoceánico. De aquí surgió un movimiento campesino y ciudadano opuesto al canal que se une a grupos ambientalistas también opuestos a la actividad extractiva minera y al deterioro medioambiental cuya última manifestación fue la desidia del gobierno frente al incendio de la reserva en Indio Maíz. Finalmente, el pueblo se hartó, cayendo la chispa en un mar repleto de gasolina.

Por eso entendemos la afirmación de Edmundo Jarquín, excandidato presidencial y uno de los principales líderes de la oposición a Ortega cuando afirmó: “Aquí se han juntado todos los agravios: La estabilidad autoritaria con crecimiento económico que ha sido el rasgo fundamental del régimen de Ortega durante un poco más de 11 años ha llegado a su fin por la culminación de agravios que él ha venido imponiendo a la población nicaragüense en diferentes campos, económico, social y político. Hasta el momento la gente aceptaba por temor o indiferencia la situación de construcción cada vez más férrea de un régimen autoritario” (EDH, 1.5.2018).

El ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero, se reunió ayer con Edmundo Jarquín, afirmando al término del encuentro: “Nosotros estamos preocupados por lo que está ocurriendo, lamentamos profundamente las muertes que se produjeron, los heridos que se han generado durante las protestas en contra del gobierno de Daniel Ortega y reiteramos el llamado a las autoridades de Nicaragua a ser extraordinariamente prudentes con el manejo de sus fuerzas de seguridad frente a quienes protestan hoy contra ese gobierno”.

El próximo 14 de mayo en México se reunirá el Grupo de Lima en México, previéndose se aborde la crisis nicaragüense, mientras crece la expectativa que estos países podrían llevar el tema de la crisis de Nicaragua a la OEA. El fin de la dictadura casi perfecta ha comenzado.

La insurrección de los estudiantes. De Pedro Joaquín Chamorro

Pedro Joaquín Chamorro, ex diputado nicaraguense, hijo del periodista asesinado Pedro Joaquín Chamorro y de la ex presidente Violeta Barrios

27 abril 2018 / El Diario de Hoy

Nicaragua ha vivido seis días de una verdadera insurrección popular iniciada por jóvenes estudiantes auto convocados a una protesta pacífica, que al ser reprimida con violencia tanto por los grupos de choque paramilitares, como por la propia Policía Nacional ha resultado en al menos 28 jóvenes asesinados con fusiles de guerra cargados con balas de verdad.

En unas pocas horas, el panorama político ha cambiado radicalmente y tal como lo expresó un amigo: “el país vive ahora una oleada democratizadora cuyo impulso vital lo ha puesto la sangre de los jóvenes asesinados”.

Daniel Ortega ha cruzado muchas rayas rojas en tan poco tiempo durante estos álgidos días, comenzando el pasado 19 de abril, pero la más importante es haber disparado contra su pueblo, tal como lo hizo Somoza.

A manera de comparación histórica: la masacre estudiantil del 23 de julio de 1959 que perpetró la guardia somocista en León contra una marcha de jóvenes de la UNAM que se dirigía a protestar al comando local, dejó como saldo fatal cuatro estudiantes asesinados y 60 heridos.

En contraste, a la noche del lunes 23, se contabilizaban 28 jóvenes asesinados con certeros balazos en la cabeza, en el corazón o en el tórax, entre ellos figura un periodista de Bluefields asesinado en cámara. Sin contar los cientos de heridos de menor o mayor consideración, como el infortunado joven que perdió un ojo a consecuencia de una bala de goma.

Enardecida la juventud, y llena de una energía inspiradora, ha hecho ondear la bandera azul y blanco de Nicaragua donde antes estaban los megarrótulos de culto a la personalidad de la pareja presidencial, en algunas alcaldías bajaron la bandera partidaria y han dejado ondeando únicamente la azul y blanco, y en un gesto de simbolismo profundo, reemplazaron en el cuello de la estatua de Sandino en Niquinohomo, la bandera rojinegra del partido sandinista, colocando en su lugar la que cobija a todos los nicaragüenses.

También han quemado y botado estrepitosamente varios inmensos árboles de lata que han sido el símbolo esotérico y fachadista del actual gobierno, que plagan los cuatro puntos cardinales de la capital. Jamás imaginé verlos caer al suelo, como el caballo de “Tacho”, o quemados, como los árboles de Indio Maíz.

En esta insurrección cívica que aún no termina. Hemos observado escenas que jamás se han visto ni en las películas, como la población civil en actitud verdaderamente cristiana y solidaria, devolviendo a los supermercados “Palí” el botín que los vándalos, ante la vista y paciencia de la Policía, se habían llevado a sus casas.

El pueblo nicaragüense ha dado al mundo una muestra de civismo que nos enorgullece a todos y estos jóvenes estudiantes, que un día parecieron apáticos o hipnotizados, le han dado a la nación un ejemplo que cambiará nuestra historia para bien.

Gracias a la tecnología moderna, toda persona con un teléfono celular es hoy un reportero; por ello todo ha quedado documentado en videos y compartido miles de veces por medio de WhatsApp, una aplicación elemental para la comunicación masiva en estas situaciones, cuando el régimen controla la gran mayoría de las comunicaciones y ha ordenado el cierre de la señal de medios independientes como “100 % Noticias”, un medio con el que me solidarizo totalmente, así como la incendiada “Radio Darío” de León.

Dies Irae para Daniel Ortega y Rosario Murillo. De Giaconda Belli

Giaconda Belli, poeta y novelista nicaraguanse

25 abril 2018 / Confidencial

No lo esperábamos tan contundente pero el Día de la Ira llegó para nuestros gobernantes el 19 de abril.

De un golpe cayeron con sonido de vidrios rotos las encuestas, las afirmaciones, las creencias de que gobernaban con el apoyo y aprobación de la mayoría. De una vez se vinieron al suelo las pretensiones de que podían salirse con la suya violando las leyes, destruyendo la Constitución, inventando un sistema de país a su imagen y semejanza.

La arrogancia con que han venido ignorando las críticas de tantos, la impunidad con que actuaron para aterrorizar a pacíficos manifestantes y evitar que el pueblo se manifestara en las calles, la violencia que creían poder desatar sin pagar ningún precio, les pasó la cuenta.

Podrán seguir repitiendo el discurso del amor, alegando que quieren el diálogo, atribuyéndose la defensa de la familia, atreviéndose a llamarse revolucionarios, acusando a quienes los adversan de “derechistas” o de ser instrumentos de la CIA, pero después del 19 de abril, su discurso ha quedado vacío. Las mentiras de ese discurso que por once años han intentado hacernos creer, han quedado en evidencia ante todo el pueblo. No se puede tapar el sol, ni el 23 de abril, con un dedo.

Esa ficción de “pueblo presidente” que nos decían éramos mientras nos ignoraban, ha salido de su estado de callada condena para convertirse en una realidad y demandarlos a voces por su mal gobierno, sus arbitrariedades, su falta de ética, los fraudes electorales, el apañamiento de delincuentes, la malversación de las leyes, la entrega de nuestras tierras, la venta de nuestra soberanía, el descuido de nuestros recursos, la arrogancia de su opacidad informativa, de su negativa a ser transparentes en los asuntos del estado, la desconfianza hacia sus propios ministros que han tratado como peleles, el abuso de los empleados estatales para obligarlos a rotondear bajo amenaza de despedir a quienes no sean sumisos y aduladores, el crimen de haber hecho retroceder un avance tan esencial como la apoliticidad del Ejército y la Policía, insistiendo en doblegar a sus jefes, en malearlos, en obligarlos a deponer sus propios códigos militares y en someterse, no al pueblo presidente, sino a una pareja autoritaria y ciega a la realidad.

La sangre de los que lucharon por un país libre: los que cayeron en la lucha contra Somoza y los que han caído en estos once años y sobre todo en esta semana valiente, ha vuelto a revivir en esta nueva generación de nicaragüenses dispuestos a recuperar el sueño de una Patria Libre. No en vano existieron hombres y mujeres generosos y ejemplares que quisieron iluminar la oscuridad. Sus fantasmas están con nosotros, su legado está con nosotros. Sandino vive.

El Dies Irae es el día del juicio, es la hora del juicio. Daniel Ortega y Rosario Murillo han sido juzgados como gobernantes: no son lo que queremos para nuestro país. Se les dio la oportunidad, pero no fueron dignos: los acabó la ambición, los cegó el mesianismo, la arrogancia de sus propias interpretaciones.

Los nicaragüenses ahora estamos ante un problema: se habla de diálogo. Se dice que es lo más civilizado; pero ¿cómo dialogar a estas alturas? La desconfianza hacia Daniel y Rosario es insuperable. Ya mostraron ampliamente su vocación totalitaria. ¿Cómo creer que tendrán la tolerancia y el espíritu democrático, la ética y la transparencia que debe tener un buen gobierno? ¿Qué diálogo puede haber con ellos cuando no creemos en su disposición de acatar verdaderamente la voluntad del pueblo? ¿Quién será el garante de que se cumplirá lo que se acuerde cuando hemos visto a Daniel Ortega ignorar los acuerdos y compromisos que firmó para llegar al poder?

La solución de este problema es una: el Presidente y su esposa deben tener a valentía para darse cuenta de que se les terminó su tiempo.

El pueblo presidente les pide que renuncien. Deben renunciar. Sin que muera nadie más, sin obligar a los nicaragüenses a volver a las calles, deben renunciar. Fracasaron, se sobrepasaron. Humildemente, acéptenlo y renuncien.

Es la única salida decente y digna que les queda.