Una dictadura, necios. De Javier Marías

Hay generaciones que no saben lo arriesgado que era levantar no ya un dedo, sino la voz, en España entre 1939 y 1975.

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Javier Marias, escritor español

Javier Marías, 25 febrero 2018 / El PAIS Semanal

Contaba Juan Cruz en un artículo que, en un intercambio tuitero con desconocidos (a qué prácticas arriesgadas se presta), alguien lo había conminado a callarse con esta admonición, o semejante: “Estás desautorizado, perteneces a una generación que permitió a Franco morir en la cama”. Que algún imbécil intervenga en estas discusiones ha de ser por fuerza la norma, pero Cruz añadía que se trataba de un argumento “frecuente” o con el que se había topado numerosas veces, y esto ya trasciende la anécdota, porque supone una criminal ignorancia de lo que es una dictadura. En parte puede entenderse: cuando yo era niño y joven, y oía relatar a mis padres las atrocidades de la Guerra, me sonaban, si no a ciencia-ficción, sí a lección de Historia, a cosa del pasado, a algo que ya no el paisocurría, por mucho que aún viviéramos bajo el látigo de quien había ganado esa Guerra y había cometido gran parte de las atrocidades. Pero sí lograba imaginarme la vida en aquellos tiempos, y los peligros que se corrían (por cualquier tontería, como ser lector de tal periódico o porque un vecino le tuviera a uno ojeriza y lo denunciara), y el pavor provocado por los bombardeos sobre Madrid, y el miedo a ser detenido y ejecutado arbitrariamente por llevar corbata o por ser maestro de escuela, según la zona en que uno estuviese. Me hacía, en suma, una idea cabal de lo que no era posible en ese periodo.

También hay frívolos “valerosos” que reprochan a los
españoles no haberse echado a la calle para parar
el golpe de Tejero el 23-F, olvidando que los golpistas
utilizaron las armas y que había tanques en algunas calles.

Tal vez los que pertenecemos a la generación de Cruz no hayamos sabido transmitir adecuadamente lo que era vivir bajo una dictadura. Hay ya varias que sólo han conocido la democracia y que sólo conciben la existencia bajo este sistema. Creen que en cualquier época las cosas eran parecidas a como son ahora. Que se podía protestar, que las manifestaciones y las huelgas eran un derecho, que se podía criticar a los políticos; creen, de hecho, que había políticos y partidos, cuando éstos estaban prohibidos; que había libertad de expresión y de opinión, cuando existía una censura férrea y previa, que no sólo impedía ver la luz a cualquier escrito mínimamente crítico con el franquismo (qué digo crítico, tibio), sino que al autor le acarreaba prisión y al medio que pretendiera publicarlo el cierre; ignoran que en la primera postguerra, años cuarenta y en parte cincuenta, se fusiló a mansalva, con juicios de farsa y hasta sin juicio, y que eso instaló en la población un terror que, en diferentes grados, duró hasta la muerte de Franco (el cual terminó su mandato con unos cuantos fusilamientos, para que no se olvidara que eso estaba siempre en su mano); que había que llevar cuidado con lo que se hablaba en un café, porque al lado podía haber un “social” escuchando o un empedernido franquista que avisara a comisaría. También ignoran que, pese a ese terror arraigado, Franco sufrió varios atentados, ocultados, claro está, por la prensa. Que mucha gente resistió y padeció largas condenas de cárcel o destierro por sus actividades ilegales, y que “ilegal” y “subversivo” era cuanto no supusiera sumisión y loas al Caudillo. O ser homosexual, por ejemplo.Tampoco saben que, una vez hechas las purgas de “rojos” y de disidentes (entre los que se contaban hasta democristianos), la mayoría de los españoles se hicieron enfervorizadamente franquistas. Se creen el cuento de hadas de la actual izquierda ilusa o falsaria de que la instauración de la democracia fue obra del “pueblo”, cuando el “pueblo”, con excepciones, estaba entregado a la dictadura y la vitoreaba, lo mismo en Madrid que en Cataluña o Euskadi. De no haber sido por el Rey Juan Carlos y por Suárez y Carrillo, es posible que esa dictadura hubiera pervivido alguna década más, con el beneplácito de muchísimos compatriotas. Estas generaciones que se permiten mandar callar a Juan Cruz no saben lo temerario y arriesgado que era levantar no ya un dedo, sino la voz, entre 1939 y 1975. Que, si alguien caía en desgracia y tenía la suerte de no acabar entre rejas, se veía privado de ganarse el sustento. A médicos, arquitectos, abogados, profesores, ingenieros, se les prohibió ejercer sus profesiones, entrar en la Universidad, escribir en la prensa, tener una consulta. Hubo muchos obligados a trabajar bajo pseudónimo o clandestinamente, gente proscrita y condenada a la miseria o a la prostitución, qué remedio.

También hay frívolos “valerosos” que reprochan a los españoles no haberse echado a la calle para parar el golpe de Tejero el 23-F, olvidando que los golpistas utilizaron las armas y que había tanques en algunas calles. Cuando hay tanques nadie se mueve, y lo sensato es no hacerlo, porque aplastan. Hoy las protestas tienen a menudo un componente festivo (la prueba es que no las hay sin su insoportable “batucada”), y quienes participan en ellas se creen que nunca ha habido más que lo que ellos conocen. Reprocharles a una o dos generaciones que Franco muriera en la cama es como reprocharles a los alemanes que Hitler cayera a manos de extranjeros o a los rusos que Stalin tuviera un fin apacible. Hay que ser tolerante con la ignorancia, salvo cuando ésta es deliberada. Entonces se llama “necedad”, según la brillante y antigua (retirada) definición de María Moliner de “necio”: “Ignorante de lo que podía o debía saber”.

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Carta a Zapatero. De Laureano Márquez

En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero.

El expresidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero. Foto: Juanjo Martín EFE

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Laureano Márquez, humorista, columnista y politólogo venezolano

Laureano Márquez, 22 febrero 2018 / EL PAIS

Señor Rodríguez Zapatero:
En Venezuela ya es difícil que algo cause extrañeza. Nuestra realidad ha alcanzado unos niveles de surrealismo, que cualquier cosa puede suceder. Leo —sin asombro alguno— que el Consejo Nacional Electoral le propone a usted como coordinador de una misión de observación para las elecciones presidenciales del próximo mes de abril. Si acepta, la tendrá usted fácil, porque salvo que el candidato se haga fraude a sí mismo, no habrá mucho más que observar.

el paisMe gustaría proponerle otra misión de observación: véngase un día, de incógnito, como quien no quiere la cosa y observe lo que está sucediendo en los hospitales de Venezuela con la gran cantidad de niños que pierden la vida al nacer.También están los que mueren de desnutrición o por comer una variedad de yuca— lo más barato que hay —que llaman amarga y que envenena; niños que empiezan a ser abandonados por algunos padres porque tienen que escoger, como en “La decisión de Sofía” (no la reina, sino la película de Pakula protagonizada por Meryl Streep), a qué hijo salvar. Es una dolorosa tragedia. Sería bueno que observara lo que está sucediendo con los medicamentos, porque mucha gente está perdiendo la vida por no tener medicinas esenciales para sus tratamientos. Debería observar el estado de los hospitales que, como el Clínico Universitario, han dejado de hacer cirugías porque no tienen cómo.

Tendría que observar el paso fronterizo entre Venezuela y Colombia, para que vea la cantidad de venezolanos que abandonan el país. No tiene que volar tanto para ello, en Madrid mismo puede usted notarlo, camine por las calles y pregunte. Pregúnteles a tantos venezolanos cómo y por qué llegaron hasta allá. Se habla de que cerca del 10% de la población ha emigrado, como luego del año 39 por allá. Observe, señor Rodríguez Zapatero, las aulas de las universidades nacionales, el sueldo de nuestros profesores no sobrepasa los tres o cuatro dólares mensuales. Profesores que pierden peso y muchos que se van, alumnos que no pueden llegar a las aulas porque no hay manera de transportarse o de comer. Venga y observe en las calles lo que sucede en torno a las bolsas de basura, los anaqueles de los supermercados. Observe la morgue y la cantidad de muertos por violencia que ingresan cada día.

Hay demasiado dolor, señor Zapatero, solo que nuestros guernicas no explotan, son silenciosos e invisibles para el que no los quiera ver.

Si usted hiciera una observación profunda de Venezuela, una observación que le permita toparse con esta catastrófica situación que se nos viene encima y cuya gravedad exponencial se percibe a diario en la angustia de la gente que no sabe qué hacer, quizá comprendería por qué la oposición luego de dos décadas (¡medio Franco, para que se entienda mejor!) no puede suscribir acuerdos con quien no está dispuesto a respetar ninguna norma, ningún principio ni palabra empeñada. ¿Me dirá usted qué sentido puede tener firmar un acuerdo, si mientras las partes discuten garantías de transparencia electoral —lo que prueba que no existen—, una de ellas convoca unilateralmente a elecciones? Anhelamos con urgencia unas elecciones, sin duda, pero de verdad, que estén planteadas para que se exprese la voluntad popular y no —justamente— para lo contrario, para desconocerla. Señor Rodríguez Zapatero, que este régimen lo promueva como observador electoral imparcial debería decirle a usted mucho acerca de cómo se le percibe, pero también acerca de cómo se le percibirá luego del 22 de abril. El mundo entero, la Comunidad Europea, Canadá, Estados Unidos, nuestros hermanos latinoamericanos —a excepción de su buen amigo Evo Morales— han denunciado estas elecciones. ¿Cree usted que todos se han confabulado en la maldad cuando unánimemente condenan lo que aquí sucede? Solo le invito —respetuosamente— a que medite en ello. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros con sus acciones y con aquello que cohonesta o no, está construyendo su propia memoria histórica.

El nuevo opio del pueblo. De Máriam M-Bascuñán

Con las ‘fake’ no se busca sustituir los hechos por mentiras, sino mermar el juicio con el que tomamos una posición respecto al mundo.

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Máriam M-Bascuñán, catedrática de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid

Máriam M-Bascuñán, 24 febrero 2018 / EL PAIS

Falsear deliberadamente los hechos no es distintivo de nuestra época. Su uso es tan viejo como los arcana imperii, concebidos como medios legítimos de ocultación de la “verdad” con un fin político. Y es algo que no conviene banalizar, pues como sostuvo Rafael del Águila, “la excepción señala el límite; y el límite está ahí aunque la excepción no aparezca”. Sin embargo, esta conciencia de un límite ha desaparecido, y con ella la reflexión sobre los efectos de la mentira en nuestra percepción del mundo y la democracia.

Lo anticipó Orwell en su distopía 1984 cuando Winston y Julia, sus protagonistas, hablan sobre las falsificaciones del régimen y el primero descubre que ella no se escandaliza: “Era como si no reparase en el abismo que se abría a sus pies cuando las mentiras se convertían en verdades”. De la pura violación sistemática de los hechos, dice el autor, acabamos desdeñando la magnitud del problema y abandonamos el interés por los acontecimientos públicos.

el paisAlgo así sucede con las fake news. Con 2.000 millones de usuarios, Facebook es la red social más popular del mundo, y solo en EE UU un 66% lo utiliza para consumir noticias. Abrazamos un mecanismo de información rehén de la lógica del negocio digital, pensada para lucrarse con nuestros datos, pero también para embobarnos durante el mayor tiempo posible. Es normal: a pesar del enternecedor compromiso con la verdad de Zuckerberg, él sabe que a más clics más dinero. Por eso las redes son el coladero perfecto para la propaganda política, viralizada gracias a las cámaras de eco selladas por algoritmos.

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No se busca sustituir los hechos por mentiras, sino mermar el juicio con el que tomamos una posición respecto al mundo y debilitar la convicción de que la palabra veraz sostiene la relación pública. Cuando la farsa sistemática ocupa el centro de nuestra convivencia, aumenta el poder de los embusteros y disminuye el de quienes saben que, para cambiar cosas, tienen que convencer a una ciudadanía crecientemente incrédula. El nuevo poder reside en esa opacidad que nos pretende digitalmente analfabetos, incapaces de identificar la procedencia de los bulos o a qué intereses obedecen: las fake son el nuevo opio del pueblo.

@MariamMartinezB

Carta a la oposición: Trump ataca a todo el país, no al gobierno. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 24 febrero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados amigos:
Esta semana, Donald publicó en Twitter lo siguiente: “Nuestros grandiosos agentes de ICE y de las Patrullas de Frontera remueven miles de miembros de la MS13, pero estos asesinos regresan desde El Salvador, atravesando México como si fueran agua. El Salvador solo agarra nuestro dinero, y México nos tiene que ayudar más con este problema. ¡Necesitamos el muro!”

Algunos ilusos piensan que esto es un ataque del presidente de Estados Unidos, de derecha, a nuestro gobierno de izquierda. Falso: Es un ataque a nuestro país. No vayan a pensar que Trump quiere denunciar al gobierno del FMLN para ayudar a ARENA en la recta final de las elecciones. Le vale el FMLN. Le vale ARENA. Le vale El Salvador.

logos MAS y EDHY le valen nuestras elecciones. Lo único que le interesa es distraer del serio problema que enfrenta a raíz de la última masacre en una escuela en Florida, y de la espontánea movilización de los estudiantes en todo el país exigiendo prohibir la venta y portación de armas de guerra. Trump acaba de enfrentar en la Casa Blanca a los sobrevivientes y los padres de víctimas de la masacre de Parkland, y sus reclamos amenazan con desarmar su discurso que repite y repite que la inseguridad y violencia en Estados Unidos es resultado de la migración.

Para Trump, el tema de la violencia, que siempre lo vincula a la pandilla MS13 para vincularlo con los migrantes, no es un problema ideológico. No tiene nada que ver con izquierda o derecha. Es piedra angular de su agenda racista llamada ‘America First’.

Screen Shot 2018-02-23 at 3.21.02 PM.pngTodo lo que dice en su tuit es mentira. Las pandillas no son el principal problema de seguridad de Estados Unidos. Estados Unidos no ha deportado miles de pandilleros de la MS13. Tampoco hay miles de pandilleros entrando vía México a Estados Unidos. No es cierto que los migrantes centroamericanos pasan por México “como si fueran agua”, sino ellos sufren sistemáticamente todo tipo de obstáculos, vejámenes y represiones en México. Y si dice que “El Salvador solo agarra nuestro dinero”, quiere presionar a nuestro gobierno a ponerse al servicio de su objetivo principal: parar la migración. Exige a los países de Centroamérica y México que se conviertan en guardianes de la frontera sur de Estados Unidos. Exige que esta tarea sea la absoluta prioridad de nuestras políticas de Seguridad, no buscar cómo resolver la violencia en nuestros barrios sin permitir que nuestra policía no se convierta en violadora de los Derechos Humanos.

Esta exigencia de Estados Unidos, con la amenaza de cortar sus programas financieros y de desarrollo, es un vil chantaje. Es un desafío al país entero, no al gobierno de turno. Igual que en el caso del TPS y del DACA, es responsabilidad compartida del gobierno, de la oposición y de toda la sociedad salvadoreña de enfrentar este chantaje, ir a Estados Unidos y hacer lobby para que Donald Trump no se salga con la suya.

Hay muchos en Estados Unidos, incluyendo en su propio partido Republicano, quienes no están de acuerdo con estas políticas de chantaje y ofensa de Trump contra los migrantes y contra sus países de origen.

Usar los exabruptos de Trump como munición en la campaña electoral sería un grave error.

Saludos,

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El cambio en el corazón. De Manuel Hinds

Manuel Hinds-05Manuel Hinds, 3 febrero 2018 / El Diario de Hoy

Hay un tema que se repite continuamente en todo tipo de narrativas, desde los mitos ancestrales que se han convertido en las bases de todas las culturas hasta los cuentos, las novelas y las obras de teatro que dan forma específica a estas culturas. El tema es la disyuntiva entre crecimiento y fracaso que las sociedades y las personas tienen que confrontar continuamente a lo largo de sus vidas. Las sociedades crecen y se desarrollan cuando enfrentan dificultades y las vencen. Así, pues, el proceso del desarrollo está siempre asociado con una narrativa de luchas, fracasos y triunfos. Esta narrativa es la que forma los mitos, los cuentos y las novelas… y la historia.

EDH logTípicamente, en estas narrativas, las personas (o las sociedades) enfrentan un reto que amenaza su capacidad de crecer y hasta su existencia. La sociedad genera una respuesta, que puede ser exitosa o perdedora. Los protagonistas siempre tienen oportunidades de redimirse después de haber tomado una ruta perdedora, pero el costo para la sociedad se vuelve peor mientras más tiempo se mantiene esta ruta negativa. En los mitos y las narrativas épicas, y en las ficciones exitosas, los protagonistas tardan tiempo en darse cuenta de que han tomado un camino equivocado, y cuando se dan cuenta y tratan de enderezarlo, se encuentran con que rectificar el rumbo requiere reconocer errores profundos y realizar transformaciones internas también profundas. Esto es muy difícil de hacer.

En el caso de El Salvador, es claro que hemos caído por el lado equivocado, y desde hace mucho tiempo. Un país que tenía un rumbo definido de progreso, reconocido internacionalmente, tomó de pronto un mal rumbo que nos ha llevado a la triste situación actual. ¿Qué fue lo qué pasó y cuándo?

Los errores que descarrilan países nunca son materiales, no se deben a la selección de alguna tecnología inapropiada o a haber hecho un proyecto innecesario, problemas que pueden resolverse fácilmente. Los errores fatales como los de El Salvador tienen que ver con el comportamiento ético de las personas. Resolverlos requiere lo que en el idioma inglés se expresa tan claramente como cambios en el corazón de ellas.

El error fatal que nos tiró por la ruta equivocada fue el haber escogido el camino del odio de clases. El error fue fatal desde todo punto de vista. El odio fue promovido como una solución a problemas materiales pero sus efectos materiales fueron catastróficos. El desarrollo no se da automáticamente, necesita de unidad de propósito en la sociedad, y el odio de clases no solo destruye esta unidad de propósito sino que disloca a la sociedad en millones de odios personales. Estos odios llevaron a guerra con sus ochenta mi muertos y luego al estancamiento porque un porcentaje minoritario pero sustancial de la población considera que la satisfacción de los odios debe tener prioridad sobre el desarrollo del país.

Los que promovieron el odio también pretendieron justificarlo en términos espirituales, tratando de convertir en religión de odio a la religión que revolucionó el mundo hace veinte siglos por estar basada en el amor. Los resultados en esta dimensión espiritual han sido también catastróficos. El odio, cuando se siembra, brota en todas las direcciones, y nadie puede negar que el que se manifiesta todos los días en los crímenes de las maras está íntimamente relacionada con el que se sembró para matar a los ricos y a los que no creían en el odio mismo.

Ningún argumento filosófico puede negar que en el fondo de ambas violencias hay un principio común: la idea de que hay personas que merecen ser asesinadas por pertenecer a ciertos grupos, clases sociales o maras. Lo único que varía entre los crímenes cometidos por el odio de clases y los cometidos por el odio entre maras, o por el desprecio a los que no son de ninguna mara, es el motivo que supuestamente legitima el crimen. Esto va contra el cristianismo, contra el desarrollo social, económico político, y contra todo lo que es civilizado.

Esto es lo que hay que abandonar, lo qué hay que reconocer que fue un error y revertir con toda la energía que la sociedad pueda reunir. Los que llaman al odio pueden predicar lo que quieran, pero el pueblo debe dejarlos hablar solos. Ya han hecho demasiado daño.

Carta a los precandidatos de ARENA: No al aborto. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 22 febrero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Comienzan a escucharse voces que proponen mejor abortar la contienda por la candidatura presidencial de ARENA y en vez de esto negociar una fórmula conjunta entre Carlos Calleja y Javier Simán. Y esto, cuando estamos cerca del 5 de marzo (un día después de las elecciones de diputados y alcaldes), cuando al fin puede comenzar en serio esta contienda por el futuro de ARENA.

En política no hay que descartar nada. Posiblemente tenga sentido que al final los precandidatos se pongan de acuerdo y vayan juntos a la carrera por la presidencia. Pero no antes de medirse en unas primarias. El pacto no puede sustituir la elección libre de los militantes. Y sobre todo, ningún pacto debe abortar el debate interno, que al fin va a arrancar en marzo.

logos MAS y EDHLos que plantean que Calleja y Simán, en vez de medirse en primarias, deberían negociar un pacto, obviamente se asustan de la idea de que habrá un debate serio y abierto sobre la manera en que ARENA tiene que hacer política para recuperar la confianza de una mayoría de salvadoreños. Porque este debate, que ya se vislumbra, necesariamente será crítico y autocrítico, y por tanto incómodo para los que no quieren que este partido cambie y se renueve.

Hay quienes piensan que el debate hace daño al partido, que lo divide y debilita. Y hay otros que insisten que este debate, múltiples veces postergado, es la condición para que ARENA pueda construir una nueva mayoría, más allá de sus nichos conservadores.

Estas dos visiones están en juego en esta contienda, no simplemente dos personas que quieren optar por la presidencia. Y es importante que se den el debate y la libre contienda para que las bases del partido tengan capacidad y criterios de decidir, no solo por uno de los precandidatos, sino por un proyecto político; no solo para ganar elecciones, sino para instalar un gobierno capaz de sacar al país adelante. Una vez que esto se haya decidido, en unas primarias democráticas y luego de un debate de altura, habrá tiempo para pactos, alianzas y acuerdos para unificar al partido alrededor del candidato y del concepto que ganaron el apoyo mayoritario.

En estos asuntos no solo es importante el resultado, sino igualmente cómo se llegó al resultado. Este proceso, bien hecho, hace crecer un partido. Mal hecho, lo corrompe.

Los únicos que pueden tener miedo a una contienda y un debate abierto son quienes tienen algo que perder. O sea, quienes están acostumbrados a ejercer poder, influencia y control que no provienen de procesos democráticos, sino de pactos tradicionales, jerarquías fácticas y relaciones poco transparentes.

Todos los demás (militantes, activistas, dirigentes locales, alcaldes, diputados), que no sean parte de estas estructuras fácticas del poder, no tienen nada que perder – pero mucho que ganar, porque en este proceso se construyen credibilidad, legitimidad, claridad de propósitos…

Además tomen en cuenta: La contienda interna en ARENA, si es abierta y de sustancia, pone a ustedes en un terreno, donde sus adversarios no pueden competir. El FMLN ya decidió que sus primarias serán nada más la ratificación de la decisión de la cúpula, que ya escogió a su candidato Gerson Martínez. Y Nayib Bukele, el otro que va a disputar la presidencia, simplemente está construyendo un partido alrededor de su persona y sus ambiciones personales.

Así que, ustedes van bien, no hagan caso a los que quieren abortar este proceso. Saludos,

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Un ensayo de debate. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 febrero 2018 / EDH-Observadores

Be careful what you wish for, you may get it.
Cuidado con lo que pides, puede ser que lo consigas.

Siempre he exigido debates electorales. El domingo por la noche me cumplieron mi deseo y me quedé decepcionado. Todo sonaba bien: un debate con los secretarios generales de los 5 partidos representados en la Asamblea, convocado por Canal 33, La Prensa Gráfica, Focos y la Universidad Tecnológica.

observadorPrimera frustración: Estaba programado para las 7pm, pero comenzó 15 minutos tarde. Y cuando comenzó, hubo un montón de fallas técnicas. Más bien, las hubo durante todo el programa. Un debate con relevancia nacional necesita un equipo de producción profesional, del cual Canal 33 obviamente no dispone. También necesita un equipo profesional de conductores.

Me alegré cuando vi a Karen Fernández en el set: cara nueva, presentadora de Focos, una mujer crítica y muy segura. Vaya, pensé, están rompiendo el molde. Pero lastimosamente solo la dejaron presentar a Mauricio Loucel, para que diera un discurso (demasiado largo) sobre la importancia del evento. Luego tomó control un trío de moderadores, presidido por Alberto Arene (quien en vez de preguntas suele hacer discursos), Diana Verónica Ramos, del 33, y Edward Gutiérrez, periodista de la Prensa Gráfica. Bueno, es relativo lo del control. Hablemos de esto después.

Segunda decepción: Tres de los secretarios generales no aparecieron. Los moderadores anunciaron que tanto Andrés Rovira, de GANA; Medardo González, del FMLN, y Mauricio Interiano, de ARENA, no pudieron asistir por tener “otros compromisos”. Uno se pregunta: ¿qué compromisos pueden tener un domingo por la noche, que les impidan representar a sus partidos en este debate? Al rato apareció un tuit del FMLN diciendo que “en vista que ARENA no envió a su presidente al debate, la CP del FMLN decidió participar con el compañero Roger Blandino Nerio…”. O sea, Medardo sí tenía tiempo, pero no asistió por consideraciones protocolarias.

¿Qué compromisos pueden tener un domingo por la noche
los secretarios generales de tres partidos, que les
impidan representar a sus partidos en este debate?

Entonces, aparecieron Roger Blandino Nerio (por cierto el único en uniforme de pinta y pega del FMLN) y Carolina Ramírez, vicepresidenta de Campaña de ARENA. Por GANA apareció Gallegos, pero esto parece normal, porque es quien manda en GANA. A la par de ellos, los secretarios generales Rodolfo Parker, del PDC, y Meme Rodríguez, del PCN. Es una imperdonable falta de respeto a la ciudadanía que Interiano y Medardo se hayan corrido de este debate. Mandaron figuras de la segunda fila a las cuales luego pueden desautorizar si meten la pata… Y la metieron, por cierto.

Tercera decepción: montaron el debate en una sala llena de barras partidarias, vestidas de los colores de su partido – la del FMLN, encabezada por Nidia Díaz, incluso con banderitas rojas. Una imagen vergonzosa. Esto mata cualquier debate.

La mecánica que habían diseñado los organizadores era precisamente esto: mecánica. Cuatro temas generales, con 2 minutos para cada uno de los panelistas. Luego una repregunta a cada uno, con derecho a 1 minuto para responder. Muy mecánico. Ninguna interacción entre los partidos. Esto puede medio funcionar cuando los moderadores son muy buenos, precisos y acuciosos en sus repreguntas. O sea, cuando los periodistas no les permitan a los panelistas evadir las preguntas o decir incongruencias. Lo que casi todos hicieron, y los moderadores no reaccionaron, con la excepción de un corto intercambio de Diana Verónica con Blandino Nerio. Hicieron su segunda pregunta, y aunque la respuesta quedó insuficiente, evasiva o muy torpe, así quedó y pasaron al siguiente tema. Nadie topó a nadie. Ni los periodistas, ni los otros panelistas. No hubo debate. El formato escogido tiene como resultado que las respuestas son monólogos preparados, declaraciones de cajón. Los panelistas pudieron decir impunemente cualquier cosa, sin ningún riesgo de ser expuestos.

Los panelistas pudieron decir impunemente cualquier cosa,
sin ningún riesgo de ser expuestos.

A Blandino Nerio le permitieron decir que tanto la reactivación de la economía como la recuperación de la paz social van bien bajo los gobiernos del FMLN. Gallegos pudo decir que necesitamos la pena de muerte y medidas extraordinarias para siempre y que los derechos humanos solo son para gente honesta. Carolina Ramírez (y también Nerio) pudieron decir que sus partidos son ejemplos de renovación, apertura y relieve generacional. Concertación Nacional pudo manifestar que siempre ha sido partidario de una Corte de Cuentas independiente y que no se hace cargo de los chanchullos de Conciliación Nacional. Y nadie les cobró el costo político por estos atrevimientos. Simplemente el formato y la inseguridad de los moderadores no lo permitieron.

Si un extraterrestre hubiera visto este debate, tendría que haber llegado a la conclusión de que el único partido sensato es el PDC, debido a la manera en que Rodolfo Parker sabe hablar el lenguaje políticamente correcto. A la par de él, todos los otros parecían principiantes en política y debate. Carolina Ramírez ni siquiera desmintió, cuando Diana Verónica le hizo una pregunta sobre seguridad, asumiendo que ARENA ya se comprometió a apoyar la prórroga de las medidas extraordinarias, y que incluso está dispuesto a convertirlas en ley permanente. Significa que el COENA ni siquiera ha discutido este problema. Que vean luego el Chato Vargas y Rodrigo Ávila qué hacen en la Comisión de Seguridad…

Hay que cambiar la mecánica.

Fue un primer paso, tomémoslo como ensayo general. Hay que cambiar la mecánica, apostar a un verdadero debate con interacción directa entre los participantes. Hay que conformar un grupo de moderadores profesionales, sin tentación de sermonear ni miedo a provocar. Hay que eliminar las barras partidarias. Y hay que garantizar una producción de televisión que tal vez sobrepasa las posibilidades del canal 33. Y hay que retar a los partidos a que acepten un debate real. Quien se atreve, gana.