Somos un periódico, hemos cumplido con nuestra obligación. Editorial de El Mundo

el mundoEditorial, 5 diciembre 2016 / EL MUNDO

El director de EL MUNDO recibió hace 10 días un auto judicial en el que se le prohibía publicar cualquier información relativa a documentos supuestamente hackeados hace meses a la sociedad Senn Ferrero Asociados. El auto tenía un fundamento jurídico que no negamos, como tampoco tenemos dudas sobre las buenas intenciones del juez que lo dictó.

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Pero hay tres hechos muy relevantes que el magistrado no podía conocer. El primero es que lo que Senn Ferrero intentaba proteger no es la intimidad de sus clientes, sino sus propias prácticas que consisten en asesorar a presuntos evasores fiscales como Ronaldo, Mourinho y otras figuras del mundo del fútbol. Todo indica que esta empresa ha puesto sus conocimientos al servicio de una vasta trama de elusión fiscal. Tales comportamientos no deberían quedar impunes, pero, en cualquier caso, son inmorales e injustificables. Por eso, Senn Ferrero tenía interés en que no se publicaran esos secretos.

Hay que subrayar que nuestro periódico, a instancias de Der Spiegel, que cumplía una obligación legal, envió un cuestionario a Senn Ferrero, que, en lugar de responder y dar explicaciones, se fue al juzgado para intentar amordazarnos.

El segundo hecho relevante es que el juez no conocía que la exclusiva que preparaba nuestro periódico era la revelación de que estrellas del fútbol como Cristiano Ronaldo y otros jugadores de gran notoriedad pública eran los beneficiarios de una presunta red de fraude a gran escala, basada en la utilización de sociedades en paraísos fiscales. Que el delantero blanco diga ahora que está al corriente de sus pagos es una tomadura de pelo.

Y el tercero de los hechos relevantes es que nuestro periódico no podía revelar ningún secreto porque, a las nueve de la noche del viernes pasado, una decena de medios europeos colgaba en sus webs la misma información que aquí no era posible hacer pública. Si EL MUNDO no hubiera difundido nada, el resultado habría sido idéntico porque Der Spiegel o el Sunday Times, nuestros socios en el consorcio, tienen además ediciones que llegan a millones de lectores.

Todo ello es innecesario de argumentar porque lo único relevante en este asunto es que nuestro periódico está amparado por la jurisprudencia para dar a conocer informaciones relevantes y de interés público, lo que prima sobre una posible vulneración de la privacidad. De no haber publicado esta investigación que ha durado siete meses, y en la que han participado 60 periodistas de 12 países, habríamos sido encubridores de una trama delictiva.

Hay un precedente de libro que nos ampara: el caso Falciani. La Audiencia Nacional denegó su extradición y los datos sustraídos a la banca suiza fueron utilizados por Hacienda para perseguir a los defraudadores. De aplicar la lógica del auto judicial, el magistrado debería incriminar al secretario de Estado de Hacienda que se aprovechó de datos robados para actuar contra los evasores.

Hay otros motivos para defender que este auto no puede ser aplicado. Pero baste decir que sería un escándalo que el juez castigara al director de este periódico por cumplir con su obligación y que los delitos cometidos quedaran impunes. Contra quienes tiene que actuar la Justicia es contra personas que presumiblemente han evadido decenas de millones de euros durante un largo periodo de tiempo.

Esto es también muy sustancial porque no es tolerable que en unos momentos de grave crisis social, en un contexto en el que las arcas públicas no pueden atender necesidades básicas, un grupo de deportistas millonarios monte una compleja ingeniería para no pagar sus impuestos. Y resulta también incomprensible que una minoría fanática les justifique y les ampare en contra de la actuación de Hacienda y de los tribunales, como ha sucedido con el caso Messi.

Nuestros compañeros del consorcio han manifestado su incredulidad ante el hecho de que un juez pueda actuar contra el periódico, máxime tras el gran impacto de la noticia en todo el continente. Dicen que resulta imposible en una democracia de Europa. Pero, desgraciadamente, no lo es. Confiamos en que la Justicia actúe con equidad y castigue no al que denuncia el delito sino al que lo ha cometido.

Vea: Football Leaks

Memorias de la Cuba de Castro. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 5 diciembre 2016 / EDH

Cuando se trata de la Cuba de Castro, tengo opiniones superfuertes. Viscerales, casi, en carne viva. Todo porque en 2013, durante un período de idealismo arrogante, fui en una ingenua misión con una amiga mexicana a La Habana, con las mejores intenciones de llevarle tecnología (cámaras y memorias usb usadas) y compartir mejores prácticas en temas de organización cívica con un grupo de disidentes jóvenes, la gente más valiente que he conocido.

diario hoyPensábamos, “el régimen está debilitado, no pueden ser tan [inserte adjetivo calificativo sinónimo con el horror, la paranoia y el autoritarismo]”. Nos equivocamos, y por mucho. En esos diez días la policía estatal nos siguió a todas partes, nos consta que nuestras conversaciones estaban intervenidas y nos amenazó un hombre diciendo que él se encargaría de que hiciéramos turismo, si a eso habíamos llegado, según nuestra visa. Se autodenominaba “El Doctor” y nos acosó por teléfono y dejándonos notas en nuestro hotel, a pesar de que nunca le habíamos dicho dónde estábamos quedándonos. Todo por demostrar que podían encontrarnos si querían. Todas nuestras reuniones tenían que ser en secreto, rápidas y a murmullos. Juntarnos por fin con los disidentes, después de intentos abortados por el peligro en que los ponía recibir nuestra ayuda, fue como una versión de The Amazing Race, pero con consecuencias reales, recorriendo toda La Habana de arriba a abajo, en coco taxis, buses y a pie, cambiando de ruta y de destino a última hora y sospechando de todo y de todos, mintiendo por teléfono y cara a cara. Inventándonos excusas y nombres falsos.

Sentimos, al final, que nuestra ayuda había sido totalmente insignificante, dada la proporción de los males padecidos por esta gente de mi edad, dado su encarcelamiento en la isla. Todos soñando con el día en que podrían escapar. Mientras tanto, los turistas ajenos y despistados tomaban sus fotos, romantizando la pobreza y alabando la preservación del bonito filtro rústico de Instagram con sus carros antiguos y edificios ruinosos, tratando con todas sus fuerzas de ignorar a los niños rogando por algo de comer o a las mujeres pidiendo tampones y toallas sanitarias, “lo que tengas chica, cualquier cosa me sirve”. Siendo parte y fortaleciendo, sin querer, el espantoso apartheid monetario que causa la diferencia entre el peso cubano y el CUC del turista (peso cubano convertible, en paridad con el dólar).

Por eso me es difícil tolerar argumentos de «por el otro lado» sobre Fidel Castro. «Pero la tasa de alfabetización es altísima» Sí, pero solo se puede leer lo que aprueba el régimen, no existe la libertad de prensa y el internet está controlado y censurado. «Pero toda la gente tiene acceso a educación superior» ¿De qué sirve ser bioquímico en un lugar donde el único empleo disponible es de taxista? Es como tener un carro de Fórmula 1 en un lugar sin pistas. «Pero, ¡el sistema de salud universal!» No es universal, los miembros del régimen y el círculo de amigos de los Castro (incluido Sánchez Cerén) reciben un cuidado de calidad bastante distinto a al que recibe el cubano de a pie. Para ellos, no hay medicina disponible, los hospitales se están cayendo a pedazos y no son diferentes que el resto del mundo en desarrollo. Por cada historia de éxito sobre los logros de la medicina cubana hay miles más de tragedia y muerte. «Pero todo el mundo es igual». Igualmente pobre, sí. Los Castro y su círculo no, ellos son muy ricos. «Pero la gente LGBT es tratada con respeto». Solo después de décadas de persecución y asesinato impune se les reconoció el mismo nivel de dignidad que a cualquiera, todo por conseguir la alabanza y publicidad de la comunidad internacional, usándolos para desinfectar la imagen del régimen ante los organismos multilaterales.

Y ya. No hay rescatables. Al revolucionario heroico que botó a Batista lo sustituyó un dictador sangriento, obsesionado con el poder y paranoico, dispuesto a extender su control obsesivo sobre otros territorios de Latino América. El resto es puro marketing sentimentaloide, propaganda sin filtro. Y creérselo sin una gota de escepticismo sano o sin darle peso a las voces de quienes se han ido huyendo o han visto los horrores, sería entregarle a Castro una última victoria inmerecida. ¡Que viva Cuba libre!

@crislopezg

Uso arbitrario de dinero público. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 5 diciembre 2016 / EDH

En El Salvador ya pocas cosas sorprenden. Ver el cinismo con el que algunos funcionarios se desenvuelven ya no nos extraña y que estén involucrados en hechos controversiales es el pan nuestro de cada día. Sin embargo, el veintinueve de noviembre del dos mil dieciséis se juntaron tantas situaciones cuestionables, relacionadas con la mala administración de fondos estatales y con la corrupción, que un ciudadano decente no puede ocultar el asco que genera observar que estamos rodeados de personas que (por acción u omisión) han afectado los intereses de El Salvador. Ahora ya no solo lo suponemos y elucubramos la probabilidad que existan estas situaciones tan cuestionadas; si alguien era escéptico, ese día lo pudo ver y escuchar con sus sentidos.

diario hoyEn el caso del exfiscal general, dejemos a un lado por un momento la desconfianza que pueda generar la fuente que filtró un video donde se observa que recibe un paquete; es realmente preocupante ver a la persona que tuvo a cargo la defensa de los intereses del Estado recibiendo lo que parece ser un fajo de dinero. ¿A cambio de qué lo recibió? ¿Era una práctica habitual? ¿De quienes más lo recibió? Estas son algunas preguntas que el Fiscal debería estarle haciendo al exfiscal, y ojalá este último preste toda la colaboración de revelar a todos los involucrados.
Pasemos al caso de la exministra de Salud. Para desgracia del Gobierno y “suerte” de los ciudadanos, la exministra reveló algunos indicios de la mal llamada figura de los “sobresueldos”; afirmó haber recibido “complementos” como parte del indigno (?) salario de los ministros, y que estos se recibían en efectivo firmando un recibo. Es necesario poner sobre la mesa la investigación de esta práctica en todas las administraciones gubernamentales y la eliminación de la misma a partir de hoy.

Algunas personas justifican la entrega de dinero público fuera de la ley  como mecanismo para compensar el salario de los funcionarios estatales, al considerar que el dinero que reciben como salario no corresponde al cargo y responsabilidad asignada; sin embargo, es innegable que esta práctica fue realizada de manera arbitraria, sin ningún respaldo legal que la justifique y con todo el oscurantismo que merece ser reprochado. La entrega de “complementos” también es muy probable que haya sido realizada para comprar voluntades, mantener silencios y hasta sobornar a funcionarios en la toma de decisiones; esto es corrupción y tiene que ser investigada en todos los niveles de la administración pública.

Ahora bien, el tema de los indignos (?) salarios asignados a los funcionarios no solo pasa por transparentar las asignaciones presupuestarias y modificar la Ley de Salarios. El salario de un funcionario público no puede ir solamente aparejado al título que se le ha concedido; ese nombramiento debe realizarse con base en la necesidad de que alguien haga un trabajo específico de manera permanente, debe ser supervisado y evaluado para establecer si el trabajo es equivalente a la remuneración recibida.

En El Salvador hemos visto que existe una gran facilidad para crear viceministerios, secretarías, gerencias, direcciones, etc., y que estos cargos sean ocupados por personas que probablemente su único mérito sea pertenecer a un color partidario. Si nos conformamos solo con que se transparente el salario que recibirá un funcionario, sin considerar su aptitud para ocupar el cargo, corremos el riesgo que solamente conozcamos el gran cheque que se lleva una persona que no brinda resultados concretos para el país. Esto nos lleva, otra vez, a la necesidad de exigir que las personas más preparadas y con suficiente mérito sean las que pertenezcan al servicio público.

Por último, una fundación creada y presidida por la esposa del actual presidente de la Asamblea Legislativa recibió más de medio millón de dólares para su gestión. Una situación cuestionable desde una perspectiva ética, dado el claro conflicto de intereses entre quien pertenece a la Junta Directiva que asigna ese dinero y quien lo recibe; pero también es reprochable desde la óptica de la administración de fondos públicos, la cual es arbitraria y se está realizando en fines que no encuentran justificación en un país quebrado.

La olla del uso arbitrario de dinero público está destapada y huele mal; todas las instituciones estatales tienen que idear la forma de limpiarla.

El Estado es mío. De Héctor E. Schamis

Conflictos de interés en la presidencia de Trump.

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Hector-SchamisHéctor E. Schamis, 4 diciembre 2016 / EL PAIS

Fue su primer acto de política exterior. Apenas días después de la elección Trump se reunió con Shinzo Abe, el primer ministro de Japón. La foto dio la vuelta al mundo en minutos, por el encuentro en sí mismo y por los demás participantes. Es que allí también estaban la hija y el yerno del presidente electo, en una reunión de Estado.

La disculpa anterior de Ivanka Trump, por haberse aprovechado de una entrevista en el programa 60 Minutes para promocionar su línea de joyas, había dado que hablar a los analistas políticos. Su presencia en una reunión con un jefe de gobierno extranjero pues fue una invitación para los abogados constitucionalistas. Instaló el problema del conflicto de interés en la agenda de la transición.

el paisEn la agenda de todos menos en la Trump, esto es. Ocurre que el presidente electo no parece estar dispuesto a observar la tradición de vender sus activos antes de asumir, ni tampoco colocarlos en un blind trust, fideicomiso con directiva desconocida. Por el contrario, ha manifestado que continuará ejerciendo control accionario de sus compañías, las cuales serán administradas por sus hijos. Sospechas de una presidencia “con fines de lucro”.

Pero es más que dinero. La intersección de sus intereses con el Estado presenta anomalías sin precedentes. Trump tiene negocios en países extranjeros y en muchos casos con financiamiento originado en el exterior. El Banco de China y el Deutsche Bank, por ejemplo, están entre sus acreedores. La pregunta obvia es de qué manera afectaría ello la política comercial—en el caso del primero dadas las controversias arancelarias—o la política fiscal y monetaria—en el caso del Deutsche Bank dado que, con problemas, hace tiempo que se habla de un salvataje internacional.

También podría verse afectada la política exterior en sentido estricto. Hay una Trump Tower en Bakú, Azerbaiyán, nación gobernada por la tácita dinastía Aliyev. Trump elogia a otros autócratas de Asia Central con frecuencia, recientemente a Nazarbayev de Kazakhstan. La pregunta es acerca de las posibles sanciones, tema históricamente central en la política exterior del país, habiendo un objetivo comercial por parte del presidente. Sería un colosal conflicto de interés.

“Han perimido los conceptos clásicos para definir la política exterior.
Habrá que olvidar todos los ‘ismos’ de las relaciones
internacionales, será solo incertidumbre y volatilidad”

Agréguese la conmoción causada en Beijing por la conversación telefónica entre Trump y la presidente de Taiwán, según algunos por el mero objetivo de acelerar un proyecto inmobiliario de gran escala en el aeropuerto de Taipei-Taoyuan. Con ello también se revierte la política fijada por Nixon (y Kissinger) en 1972—y continuada por todos los gobiernos posteriores—que reconoce a Beijing como el único gobierno chino.

Han perimido, tal vez, los conceptos clásicos para definir la nueva política exterior. Habrá que olvidar todos los “ismos” del debate en relaciones internacionales: realismo, internacionalismo, multilateralismo o unilateralismo. Será solo incertidumbre y volatilidad.

Hay más. En Washington DC, en línea recta y equidistante entre la Casa Blanca y el Congreso se encuentra el Trump International Hotel. Funciona en el viejo edificio de correos, propiedad del gobierno federal arrendada a tal efecto. Si no desinvierte, el presidente será locatario y locador al mismo tiempo.

Pero si el encuentro entre la familia Trump y Abe tuvo importancia por el tema, el lugar del mismo también dice mucho. Las fotos, tomadas por el cuerpo diplomático japonés y divulgadas por el equipo de relaciones publicas del primer ministro, muestran la escena en la renombrada Trump Tower de la Quinta Avenida. En el majestuoso triplex el decorado habla por sí mismo, y habla de historia y de política.

Consultando la adecuada bibliografía, me informo que el penthouse de Trump está decorado en estilo Luis XIV. De ahí los pisos y columnas de mármol, las arañas gigantes, esculturas imponentes y murales en el techo. El oro 24 kilates recorta desde desde las molduras hasta las bandejas y los vasos. El mobiliario es lujoso en extremo, predominando el color marfil en los tapizados de los sillones. Un verdadero Versalles en las nubes, a propósito de Luis XIV quien lo construyó en el apogeo del absolutismo monárquico francés.

Pero tampoco hay que exagerar la analogía. Trump solo parece compartir con Luis XIV una inclinación por el mercantilismo de Colbert, según se desprende de su capacidad para persuadir a la firma Carrier de continuar operando en el estado de Indiana. Lo demás son solo contrastes. Luis XIV, el Rey Sol, es conocido por aquella frase que resume el período absolutista: l’État c’est moi. Trump no diría más que l’État est mien.

@hectorschamis

Epidemia de terror urbano. De Jan Martínez Ahrens

el paisLa tasa de criminalidad crece en las ciudades de América Latina, pese al dinamismo que ha experimentado la región. Drogas, armas y falta de expectativas forman parte de la ecuación.

Policías mexicanos junto a un cadáver en Acapulco, la ciudad con una de las tasas más altas de homicidios. PEDRO PARDO (AFP)

Policías mexicanos junto a un cadáver en Acapulco, la ciudad con una de las tasas más altas de homicidios. PEDRO PARDO (AFP)

1350855123_238085_1350890494_fotograma_2Jan Martínez Ahrens, 4 diciembre 2016 / EL PAIS

El culatazo dio en la ventanilla del Jeep Cherokee gris. “¡Abre o mueres!”. Dos ojos rojos le miraban. El conductor tenía que decidir. Estaba en el corazón burgués de la Ciudad de México. Había peatones a menos de dos metros, coches por delante y por detrás, y un atracador de 26 años a pocos centímetros de su cara empuñando una pistola. La duda duró menos que el miedo. El conductor bajó la ventanilla e inmediatamente pasó a formar parte de un variopinto grupo al que ese día también pertenecían un padre desvalijado cuando paseaba con sus hijos, una extranjera de pelo dorado raptada y violada, cuatro estudiantes torturados y una decena de campesinos baleados. Un día como tantos otros en México en que se denunciaron 45.000 delitos y quedaron en la sombra otros 400.000. Un día en que, una vez más, creció esa masa informe y terrible que igual roba, viola o mata y a la que se define como inseguridad.

El concepto es débil y difuso. Se sabe que la inseguridad prolifera en las ciudades y que se dispara con el tráfico de drogas. A partir de ahí, es imprevisible. Muta rápidamente y se adapta a casi cualquier ambiente. Hubo un tiempo en que se vinculó a la pobreza. Hace mucho que esta teoría quedó alicorta. Demasiado lineal. La miseria no es causa suficiente. Y a veces ni siquiera necesaria. América Latina es un buen ejemplo para entenderlo.

El área registra una de las mayores tasas delictivas del mundo. Más de un millón de asesinatos entre 2000 y 2010. En 11 de sus 18 países, los homicidios tienen estatus de epidemia, es decir, superan los 10 casos por cada 100.000 habitantes. Hay ciudades como Caracas, Acapulco, San Pedro Sula o San Salvador donde este índice es 10 veces mayor. Ahí no se trata de una epidemia, sino de puro terror.

Pero en este territorio no todo ha ido mal. Por el contrario, Latinoamérica experimentó en la década pasada uno de los mayores desarrollos económicos de su historia. El desempleo descendió de forma sostenida, 70 millones de ciudadanos salieron de la pobreza y el crecimiento agregado fue del 4,2% anual. Un sueño para cualquier economista. No para un policía. Con la bonanza, la criminalidad también aumentó. Homicidios y robos alcanzaron tasas delirantes. La bienintencionada correlación (menos pobreza-menos delito) encalló. La inseguridad demostró tener una genética más compleja. Detrás del delito latían fuerzas poco estudiadas.

La paradoja, devastadora para las charlas de café centroeuropeas, ha sido analizada con detenimiento por el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD). En un informe referencial, publicado en 2014, se constató que la singularidad se mueve en aguas profundas. Ni siquiera hay una relación estrecha entre ingreso y crimen. Honduras y El Salvador presentan las tasas de homicidio más altas, pero sufren la misma pobreza que Bolivia y Paraguay, con los menores índices de homicidios de la región.

Otro tanto sucede con la desigualdad y el desempleo. Su reducción en la década prodigiosa no trajo consigo, según los expertos de la ONU, un descenso de las muertes y los robos. “Tomadas por separado, la pobreza, la desigualdad de ingresos y el desempleo no parecen explicar satisfactoriamente los niveles de inseguridad en la región. Por el contrario, el crimen ha aumentado en un contexto regional de crecimiento dinámico y de mejoras notables en indicadores sociales. Entender esta particularidad requiere aceptar que la violencia y el crimen no tienen explicaciones simples”, señala el informe del PNUD.

Derribados los tópicos, emerge como posible factor causal algo profundamente enraizado en América: las grandes organizaciones criminales, especialmente las dedicadas al narcotráfico. Su capacidad de corrupción, su penetración en los aparatos estatales y su letalidad las convierten en un candidato explicativo de primer orden. Pero nuevamente la inseguridad se escapa a reduccionismos. “El narcotráfico dinamiza el delito, pero no es el origen, su desaparición no cambiaría radicalmente el panorama, siempre habría mercados ilícitos, negocios sucios, diversificación criminal. Legalizar la droga no es la varita mágica”, afirma Gema Santamaría Balmaceda, profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México y asesora principal del informe del PNUD.

Visto así, el narco es más una consecuencia que una causa. Hay un caldo de cultivo previo, cuyo origen es multifactorial y, por tanto, difuso. Como cualquier concepto débil, la inseguridad vive en continua transformación y es poroso al cambio social. Influyen factores como las expectativas sociales, la calidad del empleo, los entornos urbanos masificados y, desde luego, las drogas y las armas.

“La franja rescatada de la pobreza no ha entrado
en la clase media. Tiene un pie dentro y otro fuera.
Al menor vendaval puede volver al pozo”

“No hay una evidencia fuerte de correlación entre la pobreza y la desigualdad con el delito, pero sí que hemos advertido la importancia cardinal que tiene el crecimiento de la sociedad de consumo. Se forman enormes mercados ilegales de coches, teléfonos, comida, animales… sostenidos por altísimas demandas que paradójicamente responden a una mejora de los ingresos de las clases medias bajas”, explica Marcelo Bergman, director del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia de la Universidad Tres de Febrero, en Argentina.

Estas nuevas tipologías, agrupadas en el denominado “delito aspiracional”, representan uno de los fenómenos más disruptivos. Y su explicación no es sencilla. Los estudios muestran que la franja social rescatada de la pobreza durante la década áurea no ha entrado directamente en la clase media, sino que tiene un pie dentro y otro fuera. Al menor vendaval puede volver al pozo. Forma el llamado “grupo vulnerable” y es la clase más numerosa de Latinoamérica: un 38% de población. Sus empleos son de escasa calidad, viven expuestos a la informalidad económica y su movilidad social es mínima. El desarrollo económico, por tanto, no ha creado una barrera fuerte frente al delito. Justo al revés. Las ansias de consumo se han disparado, pero no los medios para satisfacerlas. El problema no es la pobreza, sino la falta de expectativas. “Las personas en situación de pobreza no son necesariamente las que delinquen, sino que lo hacen quienes tienen aspiraciones para alcanzar las metas prescritas por la sociedad (ropa de marca o celulares de última generación), pero que tienen desventajas para materializarlas con malos empleos y sueldos bajos”, señala el informe del PNUD.

Junto a la insatisfacción social, otro detonante silencioso es el entorno. No hay zona más urbanizada del mundo que Latinoamérica. El 80% de la población vive en ciudades. En la periferia de la capital de México, una megaurbe de 23 millones de habitantes, lo explica, colonias como Desarrollo Urbano Quetzalcóatl (68.000 habitantes) no tienen una sola biblioteca, pero sí 450 establecimientos de venta de alcohol. El barrio, con el 70% de desempleo juvenil, tiene el dudoso honor de ser el que más presos aporta a las cárceles del Distrito Federal.

Es en espacios así donde bulle la sopa prebiótica de la violencia. Mundos sin memoria de mejoras, con empleos de ínfima calidad y derrotas por doquier. Todo listo para el último ingrediente: el tráfico de drogas. “El narcotráfico exacerba hasta la caricatura los ideales consumistas de la sociedad en que vivimos: coches, mujeres y armas”, explica Andreas Schedler, profesor del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y autor de En la niebla de la guerra: Los ciudadanos ante la violencia criminal organizada.

En los arrabales, el narco actúa como ascensor social. Ofrece lo que el sistema niega. Pero exige el uso de armas. Y a nadie se le escapa el impacto que tiene un balazo. Un solo asalto con revólver causa miedo; decenas de miles, terror social. En América Latina, entre un tercio y la mitad de los robos son perpetrados con armas de fuego. Una media que sube al 78% en el caso de los homicidios. En Brasil, Chile o Argentina más del 60% de los presos reconocen que tuvieron su primera arma de fuego antes de los 18 años. Eso es la inseguridad.

Frente a esta marea, las barreras de contención son pocas. A veces, esto no se entiende en Europa y EE UU. La policía, las fiscalías, el Estado son en grandes zonas de América Latina entes ineficaces, inexistentes o están penetrados por el narco. No totalmente, pero sí lo suficiente como para que no tengan efectos disuasorios.

La solución requerirá tiempo. A su alrededor se acumulan grandes palabras: educación, redistribución, enfoques integrales. “No hay bala de plata y depende de si los países tienen una tasa alta o baja de criminalidad, pero desde luego la inversión social y reducir la impunidad ayudan”, indica el profesor Marcelo Bergman. “Hay que cuidarse del populismo penal, la mano dura y la tolerancia cero. Quien promete remedios a corto plazo no es creíble. Pero tampoco hay que resignarse: el esfuerzo social colectivo puede lograr resultados drásticos en 5 o 10 años”, explica Schedler.

Y mientras se avanza, el crimen sigue ahí. Lo saben bien los más ricos. En Latinoamérica ya hay un 50% más de vigilantes privados que agentes de policía. La vida tranquila sólo existe dentro de la burbuja. El lobo anda por las calles. Cualquiera puede ser la próxima víctima. Da igual ir en un buen coche o por una calle respetable. La violencia puede llamar a su ventana. Un culatazo, dos ojos enrojecidos y usted tendrá que decidir. Bajar o no bajar el cristal.

Football Leaks