Mundialista. De Cristian Villalta

Las sociedades se hartan de la corrupción. Para que esto ocurra ni siquiera se necesita de una población debidamente sensible.

24 junio 2018 / La Prensa Gráfica

Una de las principales deficiencias de nuestro proceso democrático es la pérdida de sex appeal de los partidos políticos. Mucho se ha teorizado al respecto en una decena de países latinoamericanos que sufrieron el denominador común de una clase dirigencial agotada y de falta de liderazgos civiles.

A esa erosión sobrevino en la mayoría de los casos o el síndrome de la tercera fuerza –tendencia que Elías Saca quiso convertir en su segundo caballo de Troya, afortunadamente sin éxito– o la tragedia de un caudillo populista.

Las sociedades se hartan de la corrupción. Para que esto ocurra ni siquiera se necesita de una población debidamente sensible, o de una crisis de los servicios básicos, o del colapso de algunas instituciones, de la pérdida del terreno constitucional en materia de libertades individuales o de la infiltración criminal en los cuerpos de seguridad. Basta con la información, por obra y gracia del periodismo y de su socialización a través de las redes personales.

En El Salvador, la Ley de Acceso a la Información abrió la puerta a pesquisas tanto civiles como oficiales que ahora tienen contra las cuerdas a una administración arenera y a otra del FMLN; fue merced a esas inquisiciones que se nos ha revelado la posibilidad de un saqueo sistemático del Estado de parte de una cleptocracia salvaje.

Como consecuencia y ante el riesgo de la irrelevancia, una posibilidad que solo contemplaron luego de sus respectivos desastres electorales, los dos partidos oficiales de este siglo emprendieron procesos de cambio, coronados a esta altura por la elección de candidatos presidenciales que tendrían en su confección comunicacional y en su visión del país más contenido de futuro que del pasado.

Ambos pugnan por remontar en las encuestas ante el exalcalde capitalino, que sería potencialmente el tercero en discordia, en un rifirrafe que hasta ahora se constriñe al fragor de las descalificaciones en las redes sociales.

El problema en un primer momento fue que en cada bando apenas distinguimos estrategia, no contenido; ahora, a esa resta hay que añadirle asuntos que comprometen los principios que los dos partidos tradicionales deberían defender con más vigor.

La piedra en el zapato de la facción más vetusta de la izquierda latinoamericana se llama Nicaragua. En su camino de reverenciado comandante sandinista y lobista de la insurgencia salvadoreña a dictadorzuelo criminal, Daniel Ortega siempre tuvo al FMLN como escudero. Su último detalle con los compitas fue asilarles a su Frankenstein en guayabera.

Pero es increíble que Hugo Martínez, el delfín de Óscar Ortiz, se resista a establecer una posición humanista, demócrata, siquiera cristiana respecto del naufragio nicaragüense. Por más histrionismo que ponga de su parte, los modos de Martínez son los del viejo FMLN.

Al otro lado, los palaciegos expusieron a Carlos Calleja. La designación de Carlos Reyes como jefe de fracción de ARENA no puede interpretarse sino como una decisión del nuevo mandamás del partido; los diputados esperaron a que se resolviera la interna para ocupar ese puesto.

Es cierto, Calleja no podía prever el ataque de fiebre futbolera de Reyes ni la frescura con la que decidió irse a Rusia cobrando salario como si nada. Pero un golpe en la mesa se da pidiendo cabezas, no redactando tuits.

Para ponerlo en clave mundialista: Partidos 2 – Candidatos 0.

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Incomodidades mundialistas. De Cristina López

Los funcionarios públicos de hoy, si quieren librarse del escrutinio y preservar el respeto de la opinión pública, también deben parecerlo con sus actos públicos y privados. Intachables. Y esto ya lo entendió Calleja. A ver si lo entiende el resto de su partido, que con pleno conocimiento de la investigación de probidad, no escatimó en nombrar a Reyes jefe de bancada.

24 junio 2018 / El Diario de Hoy

Mucho se ha comentado sobre la situación del diputado mundialista, pero no está de más resaltar lo obvio: ¡qué mala suerte la del pobre diputado Carlos Reyes! Imagínense si, como declaró Reyes en forma de justificación, “desde Niño” (la mayúscula arbitraria es de él) su sueño hubiera sido “poder ir a los mundiales” y de todas las posibles situaciones geográficas dentro de un estadio con capacidades masivas, encontrarse justo detrás de uno de los pocos mexicanos presentes con posibilidades reales de volver viral un video tipo selfie: un youtuber. En el video aparece en toda su gloria la cara diputadil de Reyes cumpliendo su sueño infantil, y la ciudadanía salvadoreña, como quien juega “buscando a Waldo” rápidamente se encargó de encontrarlo.

Si hubiera tenido mejor suerte, el diputado habría vuelto a la Asamblea, repartido los recuerditos rusos comprados y sin mayor pena ni gloria (pues tampoco se le conoce en su paso por la Asamblea por su ejemplar productividad legislativa o por personalmente impulsar legislación innovadora y transformativa), se habría reincorporado a sus labores tras haber gozado de la Copa Mundial masculina con pleno goce de sueldo. Fue hasta que las quejas de lo mal que se veía la situación fueron amplificadas por el candidato presidencial arenero Carlos Calleja que a regañadientes, Reyes pidió disculpas a “quiénes haya incomodado” y resignado, aceptó se le descontaran los días no devengados en su puesto de elección pública.

Tomando como base su disculpa, el diputado Reyes, además de mala suerte, parece también tener o poca perspicacia o poca maestría del significado común de las palabras. A ver: incomodidad es lo que uno siente cuando le toca el asiento de en medio en un avión abarrotado, o los nervios de encontrarse cara a cara con alguna persona que se intentaba evitar. Lo que sentimos quienes rechazamos la visión de Reyes disfrutando de Rusia 2018 no fue incomodidad: fue indignación y rabia.

Digo también, con base en su disculpa, que puede que le falte perspicacia a Reyes porque pareció no entender que no es su toma de vacaciones necesariamente el aspecto criticable. No hace falta ser abogado para saber que las vacaciones pagadas son un derecho laboral y que en su calidad de empleado, Reyes las tiene. Lo que vuelve su gira mundialista una crisis de relaciones públicas y un autogol político es el contexto personal del diputado. Reyes es uno de los 29 integrantes de la lista de funcionarios investigados por Probidad por sospecha de posible enriquecimiento ilícito.

Como recordatorio: en 3 años el patrimonio de Reyes creció de 850 mil dólares a más de millón y medio de dólares mientras servía en la Asamblea y gozaba de sueldo de diputado, un crecimiento que Reyes adjudicó a una presunta milagrosa plusvalía de sus propiedades. Por supuesto que aparecer en la lista de investigados por Probidad no condena a nadie y que como ciudadano a Reyes le asiste la presunción de inocencia. Pero a menos que Reyes viva debajo de una piedra, se habrá dado cuenta de que últimamente la paciencia de la población salvadoreña en lo que a manejo de fondos del estado y abuso de poder para enriquecimiento personal se refiere, está cortísima, por obra y gracia de varios exfuncionarios, varios de ellos miembros del mismo partido que Reyes.

La ciudadanía no va a tolerar más saqueos, por insignificantes que sean en comparación a los que se sospecha llevaron a cabo Saca y Funes. Lo que esto significa es que ya no es suficiente solamente ser honrado en lo más íntimo de sus corazones, los funcionarios públicos de hoy, si quieren librarse del escrutinio y preservar el respeto de la opinión pública, también deben parecerlo con sus actos públicos y privados. Intachables. Y esto ya lo entendió Calleja. A ver si lo entiende el resto de su partido, que con pleno conocimiento de la investigación de probidad, no escatimó en nombrar a Reyes jefe de bancada.

@crislopezg

Carta de despedida al CD: El taxi amarillo. De Paolo Luers

23 junio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Algunas muertes se dan rápidas, de golpe. Otras pasan por una larga agonía que afecta la dignidad, porque le erosiona la independencia – y por tanto la autoestima.

De estas muertes es la de Cambio Democrático.

Nació como Convergencia Democrática, en 1988, como confluencia de los socialcristianos de Rubén Zamora y los socialdemócratas de Guillermo Manuel Ungo en una sola fuerza de la izquierda democrática, reformista, y humanista. La idea: hacer contrapeso a la izquierda ortodoxa del FMLN, en una dialéctica de competencia y complemento. Este propósito nunca lo logró cumplir, siempre quedaba en la sombra de su permanente aliado FMLN; siempre en peligro de perder su identidad y su alma. Tan así que luego de su máximo éxito, en 1997, cuando logró convertir a uno de sus líderes, el Dr. Héctor Silva, en alcalde de San Salvador, rápido su socio grande FMLN se lo apropió. Ya en el 2000, Héctor Silva corrió y ganó como candidato del FMLN…

En 1999 La Convergencia se convirtió en el CDU (Centro Democrático Unido) y como tal sufrió su primera muerte en 2004, luego de no lograr el mínimo de votos requeridos. Fue suspendido como partido. Algunos de sus dirigentes lo refundaron como Cambio Democrático. Hubo largas gestiones para reunir bajo un mismo techo a todos los grupos de tendencia socialdemócrata. Todas fracasaron. Así que la única manera de mantenerse vivo fue continuar bajo la sombra del FMLN, participando en múltiples coaliciones para diputaciones y alcaldías. Comenzó la agonía…

Hasta que en el 2009, para sobrevivir, el CD hizo alianza con Mauricio Funes. Este se aprovechó del prestigio personal de los personajes históricos del CD: Rubén Zamora, Héctor Dada y Héctor Silva. El apoyo de ellos le dio a Funes la credibilidad que necesitaba para sumar medio millón de votos al voto duro del FMLN. La participación en el gobierno de Funes le dio al CD oxígeno – y una cuota del poder muy encima de su caudal de voto. Pero también tuvo su costo: Entrando al esquema populista y corrupto de Funes, el CD terminó perdiendo su principal capital, el prestigio y la honorabilidad representada por sus fundadores: Ungo, Zamora, Dada y Silva. Estar cerca del poder, pero sin capacidad de corregirlo cuando se vuelve corrupto, pero resultó ser una victoria pírrica.

Al final de la era Funes, el CD quedó en una agonía aun peor: No listos para morir, ya sin electores, sin identidad, sin dirigentes solventes, pero siempre con cierta utilidad para el FMLN. El vacío de liderazgo lo llenaron personajes de dudosa reputación. Hasta que Héctor Dada y Juan José Martell hicieron otro intento de rescatarlo. Ya moribundo, pero todavía no dispuesto a morir. Así el CD llegó al 2018, con menos de 20 mil votos en todo el país. Y con un agravante: Ahora también su socio FMLN está en franco declive. Ya no habrá vida debajo de su sombra.

Pero apareció un palo nuevo para arrimarse: Bukele, un candidato sin partido que le permita llegar a la presidencia. Tiene popularidad, está en campaña permanente, tiene éxito como encantador de desencantados – pero necesita un partido legalmente constituido como vehículo para llegar al poder: un partido taxi.
Ahora Bukele y el CD anunciaron que Bukele se inscribirá como candidato presidencial del CD. Ya negociaron que será ratificado en las primarias obligatorias y luego su movimiento Nuevas Ideas se sumará. Lo llaman coalición. Pero coaliciones son alianzas electorales entre partidos para sumar votos. El CD no tiene votos. Tampoco tiene capital político o moral – lo empeño ya varias veces. Lo único que Bukele adquiere es un vehículo matriculado, por más destartalado que sea. Es lo único que necesita.

Un partido nacido con grandes propósitos políticos y morales, reducido a la matrícula electoral que puede ofrecer a un político que predica la anti política. Hablan de “coincidencias programáticas”, cuando ni uno ni el otro tiene programa. El CD va a dejar de existir, será absorbido por este movimiento amorfo que tiene una sola finalidad: llevar a su fundador al poder.

A todos que siempre creímos en la necesidad de una izquierda democrática, esta muerte tan indigna duele.

Saludos,

En abril 2015, ya publiqué un ‘Obituario para Cambio Democrático’

Las verdaderas coaliciones. De Manuel Hinds

En vez de formar coaliciones entre partidos, los partidos que quieran aumentar sus votos deberían de buscar formar coaliciones de ciudadanos que los apoyen, incluyendo a los que han ido dejando de votar.

22 junio 2018 / El Diario de Hoy

Prácticamente todos los partidos políticos se han declarado abiertos a la posibilidad de crear coaliciones con otros partidos para las elecciones presidenciales de 2019. Aunque puede haber otras motivaciones para hacerlo, la idea detrás de esas coaliciones sería aumentar el caudal de votos en dichas elecciones.

En el caso de El Salvador llama la atención que los partidos políticos estén tratando de unirse para aumentar sus votos cuando el problema principal de ellos no es que se estén quitando votos entre ellos mismos sino que la población les ha estado quitando votos a todos juntos. Es decir, en nuestro caso, los partidos crearían coaliciones para sumar sus participaciones de un total de votos que se está encogiendo. En vez de formar coaliciones entre partidos, los partidos que quieran aumentar sus votos deberían de buscar formar coaliciones de ciudadanos que los apoyen, incluyendo a los que han ido dejando de votar. Ese es el lago donde hay más pescados, y donde el número de pescados está creciendo más rápidamente.

Pero, ¿por qué no hacer las dos cosas si en el peor de los casos lo que podría pasar es que la coalición no sume los votos? La respuesta es que, en nuestro caso, las coaliciones pueden resultar en menos votos que los que un partido solo podría ganar. Es decir, si el primer partido tiene 100 votantes y el segundo 25, puede suceder que su coalición gane solo 75, con lo que el partido mayor habría perdido un porcentaje alto de votos. ¿Cómo puede pasar esto, y a quiénes les puede pasar?

En el caso de El Salvador puede pasar porque los votantes se han ido decepcionando de los partidos políticos y dejando de votar por cualquiera de ellos porque los consideran corruptos, ineficientes o anticuados, motivados no por la mejoría de sus votantes sino por la mejoría de los miembros de sus cúpulas de poder. Toda acción que haga que más gente piense que esto es así, logra que se decepcionen más votantes y dejen de votar. Una de estas acciones puede darse cuando un partido político hace una coalición con un partido que la población considera que es más corrupto o ineficiente, y que pertenece a la vieja manera de hacer política. En estos casos, las coaliciones pueden reducir el número total de votantes de los partidos que tienen mejor prestigio sin aumentar el número de votos de los asociados en sus coaliciones.

Es decir, los partidos que tienen mejor prestigio, o los que lo están aumentando, son las potenciales víctimas de esta reducción de votos por decepción. En los momentos actuales, esto identifica claramente a ARENA, que, con mucho esfuerzo, ha ido institucionalizándose y ha ido mejorando muy sustancialmente en términos de candidatos y de procedimientos. Los avances de ARENA han sido muy superiores a los que han logrado otros partidos, que se han quedado en el estilo de política que ha ido decepcionando a muchos votantes. Eso le está dando ventaja a ARENA para atraer de regreso a muchos de los que se han ido yendo al campo de los que no votan.

En este momento, hacer coaliciones con esos partidos niega las reformas que han llevado a ARENA adonde está ahora, y niega la ventaja que eso le pueda dar para atraer a sus viejos partidarios ahora decepcionados. Pero aun, puede decepcionar a muchos que se han quedado y que ven las reformas con creciente esperanza. Este efecto puede ser muy grave especialmente porque ARENA está todavía luchando internamente para ir profundizando su reforma. Si está teniendo problemas con la eliminación de las herencias de su propio pasado, ¿cómo puede insertar en su propio terreno herencias peores de partidos en donde esas herencias todavía son la corriente principal de su presente?

ARENA está trabajando en coaligar sectores de la población que, sin pertenecer al partido, están de acuerdo con su evolución hacia un partido moderno, con visión al futuro. Estas son las coaliciones que ARENA necesita, las que le pueden traer votos, ideas y personas que pueden ayudar a hacer mejor a nuestro país. Las otras coaliciones hay que verlas con un lente doble: los votos que pueden traer, y los votos que pueden hacer perder.

Carta a los anti imperialistas y los nacionalistas: No sean cobarde. De Paolo Luers

21 junio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Trump está tomando de rehenes a miles de niños centroamericanos, para negociar el rescate con el Congreso. Lo quiere cobrar en forma de leyes migratorias más restrictivas y fondos para su muro. Los tiene en jaulas, luego de separarlos de sus padres, en condiciones inaceptables, que su propia esposa y la del ex presidente republicano George W. Bush califican de inhumas e incompatibles con los valores norteamericanos. Igual crítica hace el senador John McCain, veterano líder de la derecha de Estados Unidos…

Buena parte de estos niños enjaulados en campos de internamiento improvisados y lejos de sus padres son salvadoreños. Todo esto no pasa por accidente o por abuso de poder de unos agentes migratorios, sino es política declarada del gobierno de Trump.

Uno pensaría que cualquier gobierno, ante un atropello tan sistemático a sus niños, llamaría a la embajadora de Estados Unidos para que explique como su gobierno piensa resolver esta crisis humanitaria – y para mandar a su presidente la enérgica condena de parte del Estado salvadoreño.

Nada de esto está pasando. El gobierno de Sánchez Cerén publicó un comunicado aguado, ni siquiera dirigido al gobierno de Estados Unidos, que no expresa condena, sino ‘preocupación’… Que irónico que a la hora que de verdad se requiere patriotismo, los anti imperialistas del FMLN resultan cobardes. Son anti imperialistas de cafetín y de actos electorales, más no a la hora de ponerle el pecho a Trump.

¿Y nuestra derecha tan declaradamente nacionalista? Aquí la declaración de su candidato presidencial: “Me duele profundamente escuchar el sufrimiento de hijos de compatriotas, pasando por este trauma. Nuestro gobierno debe actuar, fortaleciendo las relaciones con EE.UU. para trabajar juntos en encontrar una solución”.  

Resulta que a la hora de enfrentar políticas de Estados Unidos que violan nuestro interés nacional, nuestros ‘nacionalistas’ son tan tigres de papel que los anti imperialistas de izquierda. Me imagino que el mayor D’Aubuisson, quien nunca tuvo empacho de pararse ante Washington, diría a sus herederos lo mismo que Schafick Handal diría a sus suyos: “¡No sean cobardes!”

Yo no soy ni anti imperialista ni nacionalista. Siempre tuve la certeza que ambos son posturas populistas, invocando al pueblo – unos con criterios de clase, otros de identidad étnica. Los verdaderos patriotas son gente que tienen principios válidos sin consideraciones de identidades artificiales de etnia, raza, clase, o dependencias geopolíticas o ideológicas. El verdadero patriotismo tiene que expresarse siempre cuando sea quien sea pisotea los derechos humanos de nuestra gente. No puede haber un patriotismo anti cubano que se calla cuando Trump pisotea los derechos de nuestros migrantes – ni tampoco un patriotismo anti gringo que se calla ante las atrocidades de los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Por supuesto que hay que usar la diplomacia frente a Estados Unidos, como propone el gobierno salvadoreño, pero luego de hablarle claro a Trump. Por supuesto que hay que “fortalecer las relaciones con Estados Unidos”, como propone Calleja, pero Trump no es Estados Unidos, y la mayoría de la sociedad norteamericana condena sus abusos racistas.

Si el gobierno de los anti imperialistas no tiene el valor para citar a la embajadora y mandar mensajes claros a Trump, necesitamos que este vacío lo llenen la oposición y la sociedad civil. No pueden citar a la embajadora, pero sí pueden hablarle. Si ARENA ante el atropello a nuestros niños no toma posiciones firmes, mejor dejen de llamarse nacionalistas. De paso sea dicho: Nayib Bukele convenientemente se olvidó de su papel de redentor del pueblo y no dice nada…

Saludos,

Posdata:
Ayer anunció la Casa Blanca que Trump firmó un decreto presidencial para suspender la política de separar a los niños sus padres. Retrocedió ante la presión interna de la sociedad norteamericana, a pesar de la actitud cobarde de los gobiernos de los países de origen de los niños internados.

Carta a dos funcionarios que deberían ser sustituidos. De Paolo Luers

19 juio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

John Anthony Cruz Quijano:
“¡¡¡NORMAN QUIJANO…PRIVATIZA TU ANO!!!” fue uno de los gritos en la manifestación de la UES que llegó a la Asamblea Legislativa para protestar contra la supuesta privatización del agua y para tirar piedras y quebrar los vidrios de esta institución y joderle el brazo a un periodista (irónicamente de un medio de su propio partido).

Usted como subdirector del Instituto Nacional de Juventud, Injuve, una institución de la Presidencia, publicó esta misma patanada el 16 de junio, luego de participar en esa marcha y el desmadre que se armó frete a la Asamblea.

Dos horas después, reaccionando a las críticas que le hicieron por un comportamiento inaceptable para un funcionario de la Presidencia de la República, usted comentó en Facebook: “El derecho a la libre expresión me cobija. Un pueblo entero lo ha gritado este día en las calles, yo únicamente lo escribí.” No, señor, una cosa es que este insulto lo griten manifestantes anónimos y otra que lo publique un funcionario nombrado por el presidente.

Vaya, podría decir uno, es el calor de una batalla callejera… Pero no, señor: Para empezar, ¿qué hace un funcionario de la presidencia en una batalla callejera? Claro que tiene derecho a manifestarse, aunque no en horas laborales. Y si lo hace, como funcionario tiene la obligación de calmar los ánimos, si la marcha se vuelve violenta y las consigas insultantes. Pero usted hizo lo contrario, justificó la violencia e hizo suya la frase insultante. Pero el colmo, al lloverle críticas, publicó un meme alusivo al presidente de la Asamblea que dice así: “Y la próxima vez vaya a privatizar a su abuela”.

Esto ya no es al calor del combate, es cálculo político. Un cálculo político que no cabe en Casa Presidencial. O sea, si usted no renuncia a su cargo, el presidente debe sustituirlo.

Diputado Carlos Reyes:
A todos nos encanta el fútbol. También los viajes. Pero seguimos el Mundial de Rusia en la tele. No así usted, usted se toma la libertad de ver el Mundial en vivo, en Rusia.

Porque usted es diputado. Y no solo diputado, es jefe de fracción de ARENA y miembro del COENA. Usted piensa que es poderoso e intocable, porque Norman Quijano y Carlos Calleja le deben, tan fiel que usted les fue para conseguir que sean electos, uno presidente de la Asamblea, el otro candidato presidencial.

Pero así no es la cosa. Desde que lo pusieron de jefe de fracción fue claro que era un error, y que no lo consultaron con el candidato. Él y su partido no van a acarrear con este error que les puede costar caro. Ya no, ahora que resulta que usted en medio de importantes debates legislativos se fue a Moscú a ver el Mundial. Mucho menos luego de que se hizo público que anda en Rusia CON goce de sueldo. Quien lo hizo público fue Norman Quijano. O sea, ya no lo va a proteger. Tampoco Carlos Calleja, quien tuiteó: “Comparto la indignación de los salvadoreños de que en tiempos tan difíciles un diputado se tome vacaciones para ir al mundial. Le corresponde a Carlos Reyes explicar sus acciones.”

Así que al solo regresar de Rusia, firme su carta de renuncia como jefe de fracción. Su partido se lo va a agradecer.

No espero que me hagan caso a mi. Ni a la decencia que obviamente no tienen. Háganlo por sus partidos. Ahórrenles la molestia de tener que despedirlos.

Saludos,

El agua es de todos. De Erika Saldaña

El hecho de que sea manejada o vigilada por privados no significa que será privatizada ni que su administración será más eficiente; si es administrada primordialmente por el representantes estatales tampoco significa que todos tendremos agua o que su administración seguirá siendo deficiente. Metámonos en el debate, nos interesa a todos. Eso sí, el punto de partida es que el agua es de todos y no debe ser privatizada.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

18 junio 2018 / El Diario de Hoy

Del agua es sobre lo que ha se ha hablado esta semana. Se han intensificado los debates sobre el tema en entrevistas de televisión, radio, foros universitarios y redes sociales. Por un lado, sectores como la Conferencia Episcopal, la UCA y el partido FMLN han denunciando un posible intento de privatización del agua; por otra parte, la ANEP y el partido ARENA han dicho que no se pretende una privatización, sino la creación de mayor eficiencia en la distribución del agua y que la administración no responda a intereses políticos.

Hablemos claro. En el proyecto de ley que se está estudiando en la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea Legislativa no existe ningún apartado que se refiera a la privatización del agua. Pero también seamos claros en otra cuestión: la conformación de la autoridad que administrará el recurso hídrico —según el proyecto— no deja de ser curiosa y cuestionable.

El artículo 14 establece que la junta directiva de la Autoridad Hídrica estará conformada por un miembro nombrado por la Presidencia de la República, dos por la Corporación de Municipalidades (Comures, gremial privada de municipalidades) y dos por la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP, que aglutina a gremiales de la empresa privada). Entre algunas de sus facultades se encuentran la aprobación de permisos y tasas por el uso de recursos hídricos, la aprobación de la normativa técnica que desarrollará la ley, entre otras.

Aunque la intención no sea una privatización, la desconfianza de muchos es razonable. Cuando hablamos de un bien tan público, importante y de interés social como el agua y metemos en la ecuación a sectores privados cuya defensa (legítima) son los intereses de sus representados, surge la duda sobre a qué intereses responderá la Junta Directiva de la Autoridad Hídrica.

¿Responderá a la colectividad o a necesidades de algunos grupos interesados? La misma desconfianza y cuestionamiento surgiría si la representación fuera predominantemente pública. La defensa de los intereses privados es una cuestión legítima y necesaria, pero cuando se trata de un bien tan trascendental y escaso como el agua, lo que debe privar es el bien común. Nada tan básico como el agua. El agua es vida y es de todos.

Hay varios puntos que no están en discusión respecto al agua. Primero, se trata de uno de los bienes más importantes sobre la Tierra para cualquier forma de vida. Su ausencia afecta por igual a toda la especie humana y, por ello, no se le deba dar un manejo partidario o sectorial al tema. De ningún color o ideología. Segundo, se trata de un bien de interés público y social.

Tercero, existe la urgente necesidad de volver mucho más eficiente el uso del agua en El Salvador. Anda no ha podido hacerlo. Según el Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo del Recurso Hídrico, ya existen muchos países padeciendo condiciones generalizadas de escasez de agua. Ciudad del Cabo en Sudáfrica y la Ciudad de México enfrentan el problema y podrían sumarse ciudades como Sao Paulo, El Cairo, Tokio, Londres, entre otras. En El Salvador existen colonias y comunidades enteras que no tienen conexión de agua o si las tienen, la falta de agua dura semanas.

Nos encontramos frente a una oportunidad de una discusión seria y razonable sobre el manejo que le estamos dando al agua en El Salvador. La Asamblea Legislativa debería procurar la mayor transparencia posible, así como una primordial difusión del contenido de la ley y profundización de tema con todos aquellos sectores que tengan algo que aportar.

Más que si la mayoría de representación es pública o privada, hay que preocuparse por que las sillas en la Autoridad Hídrica sean ocupadas por gente que sabe lo que está haciendo y esto sea en favor de toda la sociedad. La defensa de intereses partidarios o sectoriales debe quedar fuera de la discusión en el tema del agua.

El hecho de que sea manejada o vigilada por privados no significa que será privatizada ni que su administración será más eficiente; si es administrada primordialmente por el representantes estatales tampoco significa que todos tendremos agua o que su administración seguirá siendo deficiente. Metámonos en el debate, nos interesa a todos. Eso sí, el punto de partida es que el agua es de todos y no debe ser privatizada.