Carta a Mauricio Interiano: Puedes hacer historia. De Paolo Luers

Paolo Luers, 25 septiembre 2016 / EDH

paolo luers caricaturaEstimado Mauricio:
Primero de todo, felicidades por el cargo que hoy estás asumiendo como nuevo líder de la oposición. Es un gran reto, y una gran oportunidad.

Segundo, espero que no me tomés mal que haya expresado, en una de mis cartas, mi apoyo a Edwin Zamora y no a vos. Como bien sabés, me hubiera encantado poder apoyar a una fórmula integrada de renovación Mauricio/Edwin o Edwin/Mauricio…

diario hoy¿Cuáles son las enormes expectativas que te esperan?: continuar empujando el proceso de renovación de tu partido, para que cuando un nuevo gobierno asuma en el 2019, lo haga con el mejor equipo ejecutivo del país – y con una visión aterrizada de cómo salir de todas las crisis heredadas por tres gobiernos incompetentes. Porque si no avanza en su renovación programática y en la apertura hacía la sociedad civil crítica, ARENA posiblemente podrá ganar las elecciones del 2018 y del 2019, pero solo administrará las mismas crisis. Es decir, ganar es la parte más chiche, ya que ‘el cambio’ de Funes y el FMLN ya fracasó.

Lo peor que nos podría pasar es un nuevo gobierno de ARENA con las viejas recetas recicladas. ARENA no puede echar al FMLN toda la culpa de las múltiples crisis que sufre el país y que bloquea su desarrollo. Sus dos gobiernos tienen mucha responsabilidad, pero ARENA también ha sido parte del esquema que hundió al país en institucionalidad débil, corrupción, marginación de territorios y sectores, y la consiguiente crisis de violencia. Reciclar viejas políticas deficientes significaría nunca romper los círculos viciosos. ARENA no puede cometer este error: El próximo gobierno tiene que reinventar el país.

Para asegurar que ARENA adquiera esta capacidad, vos enfrentás un reto que comparo con la de un nuevo coach que llaman a revitalizar a un club de fútbol agotado. ¿Qué hace este coach? Rediseñar la estrategia futbolística, y en el camino hacer una obra de arte: encontrar para cada uno de los jugadores el lugar donde se siente cómodo, donde desarrolla a plenitud sus capacidades, y donde deja de pelear con sus compañeros. Y si en esta reestructuración se da cuenta que le faltan jugadores claves, tiene que saber cómo reclutarlos e integrarlos al equipo. Igual, algunos tendrán que salir…

Así más o menos han descrito su misión los grandes entrenadores, como Klopp, Guardiola, o Tuchel. Para lograrlo, siempre se ofrecen dos métodos: Uno es el autoritario, convirtiéndose en dictador, que ordena a cada uno lo que tiene que hacer y cómo; pero esto puede funcionar a corto plazo, pero luego siempre fracasa. El otro método es el difícil, pero exitoso: liberar el potencial de cada uno de los jugadores, y componer de todos los egos un equipo, donde cada uno detecta como brillar, pero en función de un propósito común: ganar, jugar bien.

Y ojo, Mauricio: En esta tarea, el exceso de democracia es igual de dañino que el exceso de autoritarismo. En ningún club, la asamblea general de jugadores ha construido victorias.

Estoy convencido que vos has sido electo exactamente para ser este tipo de coach. Hoy te toca asumir este papel, y rápido; dejar de ser un jugador más y convertirte en un líder, libre de los amarres hasta de los que te han llevado al cargo; trascender las divisiones y tendencias. Siempre van a existir, pero habrá un coach encima de ellas.

Una de tus tareas principales será generar y garantizar los espacios para que entren los jugadores que se necesitará para componer el equipo para ganar y gobernar. El partido necesitará un candidato presidencial que (a mi criterio) no surgirá entre los actuales jugadores. Surgirá en algún punto de intersección entre política y sociedad civil. La oposición que se prepara para gobernar necesita con urgencia un ‘gabinete de sombra’, que integre a las mejores mentes del país, estén o no afiliados al partido, para sostener el debate con la sociedad, construir soluciones y darles caras visibles. El partido necesita seguir con la revitalización de su fracción legislativa, en vez de seguir reciclando liderazgos tradicionales. La próxima fracción tiene que ser de lujo – y representativa de las expectativas que la sociedad civil tiene de la nueva ARENA que va a gobernar a partir del 2019.

Si vos conducís al partido en esta dirección, vas a generar no solo simpatía, sino apoyos decididos en sectores que ahora más bien expresan frustración con el sistema partidario, incluyendo ARENA.

En este sentido, te el mejor de los éxitos,

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El editorial del New York Times que endosa a Hillary Clinton

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NEW YORK TIMESEditorial Board, 25 septiembre 2016 / THE NEW YORK TIMES

In any normal election year, we’d compare the two presidential candidates side by side on the issues. But this is not a normal election year. A comparison like that would be an empty exercise in a race where one candidate — our choice, Hillary Clinton — has a record of service and a raft of pragmatic ideas, and the other, Donald Trump, discloses nothing concrete about himself or his plans while promising the moon and offering the stars on layaway. (We will explain in a subsequent editorial why we believe Mr. Trump to be the worst nominee put forward by a major party in modern American history.)

But this endorsement would also be an empty exercise if it merely affirmed the choice of Clinton supporters. We’re aiming instead to persuade those of you who are hesitating to vote for Mrs. Clinton — because you are reluctant to vote for a Democrat, or for another Clinton, or for a candidate who might appear, on the surface, not to offer change from an establishment that seems indifferent and a political system that seems broken.

Running down the other guy won’t suffice to make that argument. The best case for Hillary Clinton cannot be, and is not, that she isn’t Donald Trump.

The best case is, instead, about the challenges this country faces, and Mrs. Clinton’s capacity to rise to them.

The next president will take office with bigoted, tribalist movements and their leaders on the march. In the Middle East and across Asia, in Russia and Eastern Europe, even in Britain and the United States, war, terrorism and the pressures of globalization are eroding democratic values, fraying alliances and challenging the ideals of tolerance and charity.

The 2016 campaign has brought to the surface the despair and rage of poor and middle-class Americans who say their government has done little to ease the burdens that recession, technological change, foreign competition and war have heaped on their families.

Over 40 years in public life, Hillary Clinton has studied these forces and weighed responses to these problems. Our endorsement is rooted in respect for her intellect, experience, toughness and courage over a career of almost continuous public service, often as the first or only woman in the arena.

Mrs. Clinton’s work has been defined more by incremental successes than by moments of transformational change. As a candidate, she has struggled to step back from a pointillist collection of policy proposals to reveal the full pattern of her record. That is a weakness of her campaign, and a perplexing one, for the pattern is clear. It shows a determined leader intent on creating opportunity for struggling Americans at a time of economic upheaval and on ensuring that the United States remains a force for good in an often brutal world.
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Similarly, Mrs. Clinton’s occasional missteps, combined with attacks on her trustworthiness, have distorted perceptions of her character. She is one of the most tenacious politicians of her generation, whose willingness to study and correct course is rare in an age of unyielding partisanship. As first lady, she rebounded from professional setbacks and personal trials with astounding resilience. Over eight years in the Senate and four as secretary of state, she built a reputation for grit and bipartisan collaboration. She displayed a command of policy and diplomatic nuance and an ability to listen to constituents and colleagues that are all too exceptional in Washington.

Mrs. Clinton’s record of service to children, women and families has spanned her adult life. One of her boldest acts as first lady was her 1995 speech in Beijing declaring that women’s rights are human rights. After a failed attempt to overhaul the nation’s health care system, she threw her support behind legislation to establish the Children’s Health Insurance Program, which now covers more than eight million lower-income young people. This year, she rallied mothers of gun-violence victims to join her in demanding comprehensive background checks for gun buyers and tighter reins on gun sales.

After opposing driver’s licenses for undocumented immigrants during the 2008 campaign, she now vows to push for comprehensive immigration legislation as president and to use executive power to protect law-abiding undocumented people from deportation and cruel detention. Some may dismiss her shift as opportunistic, but we credit her for arriving at the right position.

Mrs. Clinton and her team have produced detailed proposals on crime, policing and race relations, debt-free college and small-business incentives, climate change and affordable broadband. Most of these proposals would benefit from further elaboration on how to pay for them, beyond taxing the wealthiest Americans. They would also depend on passage by Congress.

That means that, to enact her agenda, Mrs. Clinton would need to find common ground with a destabilized Republican Party, whose unifying goal in Congress would be to discredit her. Despite her political scars, she has shown an unusual capacity to reach across the aisle.

When Mrs. Clinton was sworn in as a senator from New York in 2001, Republican leaders warned their caucus not to do anything that might make her look good. Yet as a member of the Senate Armed Services Committee, she earned the respect of Republicans like Senator John McCain with her determination to master intricate military matters.

Her most lasting achievements as a senator include a federal fund for long-term health monitoring of 9/11 first responders, an expansion of military benefits to cover reservists and the National Guard, and a law requiring drug companies to improve the safety of their medications for children.

Below the radar, she fought for money for farmers, hospitals, small businesses and environmental projects. Her vote in favor of the Iraq war is a black mark, but to her credit, she has explained her thinking rather than trying to rewrite that history.

As secretary of state, Mrs. Clinton was charged with repairing American credibility after eight years of the Bush administration’s unilateralism. She bears a share of the responsibility for the Obama administration’s foreign-policy failings, notably in Libya. But her achievements are substantial. She led efforts to strengthen sanctions against Iran, which eventually pushed it to the table for talks over its nuclear program, and in 2012, she helped negotiate a cease-fire between Israel and Hamas.

Mrs. Clinton led efforts to renew diplomatic relations with Myanmar, persuading its junta to adopt political reforms. She helped promote the Trans-Pacific Partnership, an important trade counterweight to China and a key component of the Obama administration’s pivot to Asia. Her election-year reversal on that pact has confused some of her supporters, but her underlying commitment to bolstering trade along with workers’ rights is not in doubt. Mrs. Clinton’s attempt to reset relations with Russia, though far from successful, was a sensible effort to improve interactions with a rivalrous nuclear power.

Mrs. Clinton has shown herself to be a realist who believes America cannot simply withdraw behind oceans and walls, but must engage confidently in the world to protect its interests and be true to its values, which include helping others escape poverty and oppression.

Mrs. Clinton’s husband, Bill Clinton, governed during what now looks like an optimistic and even gentle era. The end of the Cold War and the advance of technology and trade appeared to be awakening the world’s possibilities rather than its demons. Many in the news media, and in the country, and in that administration, were distracted by the scandal du jour — Mr. Clinton’s impeachment — during the very period in which a terrorist threat was growing. We are now living in a world darkened by the realization of that threat and its many consequences.

Mrs. Clinton’s service spans both eras, and she has learned hard lessons from the three presidents she has studied up close. She has also made her own share of mistakes. She has evinced a lamentable penchant for secrecy and made a poor decision to rely on a private email server while at the State Department. That decision deserved scrutiny, and it’s had it. Now, considered alongside the real challenges that will occupy the next president, that email server, which has consumed so much of this campaign, looks like a matter for the help desk. And, viewed against those challenges, Mr. Trump shrinks to his true small-screen, reality-show proportions, as we’ll argue in detail on Monday.

Through war and recession, Americans born since 9/11 have had to grow up fast, and they deserve a grown-up president. A lifetime’s commitment to solving problems in the real world qualifies Hillary Clinton for this job, and the country should put her to work.

Maduro hace trampas. Editorial de El País

El retraso injustificado del referéndum revocatorio blinda al chavismo.

Nicolás Maduro durante una rueda de prensa en la cumbre de los países no alienados celebrada en Isla Margarita. RONALDO SCHEMIDT AFP

Nicolás Maduro durante una rueda de prensa en la cumbre de los países no alienados celebrada en Isla Margarita. RONALDO SCHEMIDT AFP

Editorial, 24 septiembre 2016 / EL PAIS

el paisEl régimen venezolano está demostrando por la vía de los hechos su nula disposición a encontrar una salida dialogada a la gravísima parálisis institucional que golpea a Venezuela y que está generando una profunda fractura social de consecuencias imprevisibles.

La decisión de celebrar —en el caso de que finalmente pueda organizarse— el referéndum revocatorio sobre la figura de Nicolás Maduro más allá del 10 de enero del año que viene supone que, sea cual sea el resultado, el chavismo seguirá en el poder por los menos hasta 2019. Se trata de un auténtico fraude de ley: las instancias administrativas controladas por el oficialismo venezolano han demorado injustificadamente todas y cada una de las fases previstas en la legislación —creada, por cierto, por el propio Hugo Chávez— para evitar que en el caso de que Maduro pierda el referéndum, el chavismo no tenga más remedio que aceptar la voluntad popular y abandone el poder.

Maduro ya ha dado sobradas muestras de que una cosa es defender al pueblo en las soflamas lanzadas en sus alocuciones y otra bien diferente es acatar el mandato popular. Mientras a lo primero siempre está dispuesto, a lo segundo se niega sistemáticamente. El desprecio y el ninguneo con que el mandatario venezolano y sus colaboradores tratan a la Asamblea Nacional Venezolana —es decir, a la representación legítima de la soberanía elegida en las urnas— no es solamente una cuestión de falta de la más elemental cortesía política, sino que constituye un inexcusable ataque contra el normal funcionamiento de una democracia. El poder Ejecutivo no puede gobernar a golpe de decreto como si el Legislativo no existiera. Eso es algo que sucede en las dictaduras, e incluso muchas de estas guardan mínimamente las formas.

Pero además, en el caso del revocatorio, hay elementos que constituyen una verdadera burla tanto a la ley como a quienes legítimamente abogan por la consulta. Los tres días de plazo otorgados a la oposición para volver a obtener un número necesario de firmas —el 20% del censo electoral total, alcanzando además el 20% del censo de cada una de las provincias— con un horario hábil absolutamente ridículo (de ocho de la mañana a doce del mediodía y de una a cuatro de la tarde) y un número totalmente insuficiente de máquinas verificadoras de identidad suponen que miles de personas se quedarán sin poder rubricar la demanda convocatoria aunque quieran hacerlo. De esto son perfectamente conscientes Maduro y el Consejo Nacional Electoral controlado por el chavismo. Las encuestas señalan que unos 10 millones de venezolanos están dispuestos a votar por la destitución del mandatario, que recibiría el apoyo de unos tres millones de sus correligionarios.

Llegados a este punto, sería deseable que la mediación internacional, como la apadrinada hasta ahora por UNASUR con figuras como Ernesto Samper, Martín Torrijos y José Luis Rodríguez Zapatero, u otras, lograra que el régimen liberara a los presos políticos y permitiera la celebración en tiempo y forma del revocatorio, evitando así el callejón sin salida al que la frustración política y la carestía económica están conduciendo al país.

Justo en la orilla. De Federico Hernández Aguilar

Hace un par de años, cuando se advertía el pronunciado declive en que estaban cayendo las finanzas públicas, la estrategia del gobierno era negar que las cosas estuvieran tan mal.

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 23 septiembre 2016 / LPG
El presidente de la República hasta llegó a emplear el calificativo de “agoreros de la desesperanza” refiriéndose a los líderes empresariales que llamaban la atención sobre aspectos tan cruciales como el incontrolable aumento de la deuda, el creciente déficit fiscal, la ausencia de planes de austeridad y la presentación anual de leyes de presupuesto con evidentes omisiones y sobrestimaciones.

la prensa graficaEn aquel momento la negación hacia afuera sustituyó las necesarias acciones hacia adentro. Poco o nada se hizo para impedir que el país siguiera dando pasos de suicida hacia el abismo. Hoy ya estamos frente a él y nuestras autoridades quieren que nadie pregunte por qué llegamos hasta aquí. Pretenden que nos creamos el cuento de que los culpables de un potencial “default” son la Sala de lo Constitucional o la oposición política, pero se olvidan que la primera e indelegable responsabilidad de manejar correctamente las finanzas estatales ha sido suya desde el año 2009.

Ahora sí, por supuesto, se reconoce la amenaza del impago. Hoy se demandan soluciones con la actitud perentoria de los maquinistas imprudentes, porque el tren está a punto de descarrilar y se necesita la fuerza conjunta de todos los pasajeros para manipular el freno. Ya el camino fácil de desmentir a los críticos se volvió intransitable, así que se opta por criticar la dura realidad y por exigir a los demás que se comprometan a cambiarla. Pero, ¿y el compromiso de cambiar los patrones de conducta financiera que nos han metido en este lío? ¿Por qué no se escucha fuerte y clara esa oferta desde el oficialismo, pero traduciéndola en obligaciones serias y medibles, de modo que erradiquemos de una buena vez las causas –y no solo los efectos– de nuestra crisis fiscal?

Es absolutamente improcedente, por otro lado, obviar las consecuencias dramáticas que para la economía salvadoreña podría tener un “default”. Solo pensemos en el ajuste inmediato que el gobierno tendría que hacer para reducir drásticamente su presupuesto: recortes de personal, adopción de nuevas políticas salariales, impago generalizado a proveedores del Estado… Y mientras tanto, nuestras fuentes externas de financiamiento se cerrarían, el acceso a los mercados internacionales nos quedaría vedado y el perfil crediticio del país llegaría a su punto histórico más bajo. Según estimaciones de FUSADES, nuestra economía podría experimentar un retroceso de 40 años, haciendo que para cada empleado salvadoreño aumentara hasta en un 20 % el riesgo de perder su fuente de ingresos.

Duro. Durísimo. Nadie debería permitirse el lujo de minimizar los efectos devastadores que para El Salvador tendría un “default”. Y más que nadie deben tenerlo presente el FMLN y ARENA, a quienes los electores dimos la cuota de representación parlamentaria suficiente para negociar acuerdos sustanciales y de gran calado. Los ajustes que no se hicieron hace dos años, desde luego, hoy tienen un costo mayor, pero también los entendimientos han dejado de ser opcionales.

ARENA tiene la obligación histórica de renunciar a los cálculos electorales, y el FMLN debe renunciar al simplismo de exigir dinero para resolver sus problemas de caja. La oposición se equivoca si cree conveniente exhibirse como el tuerto que puede gobernar en tierra de ciegos. Y el oficialismo comete un grave error si sigue considerando que la falaz repartición de culpas es un discurso inteligente.

A pocos meses de la celebración del primer cuarto de siglo de aquellos Acuerdos de Paz de 1992, urge llegar al gran acuerdo nacional que nos aleje del abismo.

La Sala, los Acuerdos de Paz y las Naciones Unidas. De Manuel Hinds

Manuel-Hinds-VIB-11Manuel Hinds, 23 septiembre 2016 / EDH

Pareciera que estamos viviendo en un mundo totalmente surrealista. Mientras el FMLN y su gobierno se dedican a atacar a la Sala de lo Constitucional, con el clarísimo objetivo de violar uno de los objetivos primordiales de los Acuerdos de Paz, el de asegurar para el país el Imperio de la Ley, las Naciones Unidas los apoya en lograr un objetivo claramente espurio, el de firmar unos nuevos acuerdos de paz. Desde hace unos meses, la institución internacional ha estado usando su prestigio, ligado en gran parte al éxito en la firma de los Acuerdos de 1992, para tratar de reclutar gente para apoyar esa nueva firma.

diario hoyLa idea de que necesitamos unos nuevos acuerdos de paz es, por supuesto, peregrina. El alimentar esta idea da la impresión de que los graves problemas que está pasando el país, tales como el desenfreno fiscal, la cada vez peor calidad de los servicios públicos, la falta de inversión y similares, se deben, no a la incompetencia del gobierno sino a la falta de nuevos acuerdos que permitan al gobierno funcionar eficientemente. Es una manera poco sutil de culpar todo en la oposición, y dejar al gobierno libre para hacer lo que quiera.

Pero la idea es peor que eso. El gobierno no ha dicho qué cosas quiere negociar en esos acuerdos de paz, pero ya menciona algunos temas. Primordial entre estos está la reforma al sistema judicial, que el gobierno propone de una manera que simula mucha inocencia pero que claramente se orienta a lograr quita su independencia a la Corte Suprema de Justicia, y en especial a la Sala de los Constitucional.

Los señores de las Naciones Unidas pueden fingir enorme sorpresa cuando se les dice que la subversión del orden constitucional es uno de los objetivos que el gobierno está buscando con esos nuevos acuerdos. Pero no les va fingirla, porque todo el mundo sabe que los gobiernos del FMLN, incluyendo muy prominentemente este, han luchado por años para someter a la Sala de lo Constitucional al poder del ejecutivo y del partido mismo. Lo han hecho de mil maneras, desde tratar de dar a un tribunal centroamericano autoridad por encima de la Sala, hasta invadir con una turba las instalaciones de la Sala habiendo roto los candados de las puertas,  hasta nombrar ilegalmente presidente de la Sala a un activista político, hasta amenazar físicamente la integridad de los magistrados en sus viajes por el país, hasta la agitación continua del Presidente de la República en discursos de plaza pública contra la Sala. No es un misterio para nadie que lo que ahora quieren es cambiar la forma de votar en la Sala (un nuevo 743), o la forma en la que los magistrados son electos, o cualquier otro detalle para anular la Sala o politizarla a su favor.

¿Cómo pueden las Naciones Unidas apoyar los deseos de un gobierno que está tratando muy explícitamente de desbancar el Imperio de la Ley que enmarcaron los originales Acuerdos de Paz? Este es un tema que las Naciones Unidas mismas deberían de investigar, si por búsquedas de imaginarias glorias burocráticas, el deseo de cubrirse con el manto de los originales firmantes de la paz, hay personas en la administración de la institución que están dispuestas a apañar la eliminación del régimen del derecho en El Salvador.

En esta investigación, las Naciones Unidas debe preguntarse también por qué ahora se habla de unos nuevos acuerdos de “paz”. ¿Es que El Salvador está en guerra? ¿O es que los funcionarios de la institución no se han dado cuenta de que el país cuenta con una Constitución Política que determina como es que los acuerdos políticos deben hacerse en el país, y que hay una Asamblea Legislativa, con diputados electos libremente, que es la que emite las leyes, y que si se quieren hacer cambios constitucionales afectando, por ejemplo, la independencia de la Rama Judicial, hay procedimientos establecidos que no mencionan a las Naciones Unidas ni a sus funcionarios?

El país es soberano, y tiene sus instituciones, y si se quieren hacer cambios, deben ser a través de ellos, no originados ni cocinados por burócratas internacionales con un afán indebido de quedar bien con el gobierno actual del país.

La Némesis del FMLN. De Joaquín Samayoa

Joaquin SamayoaJoaquín Samayoa, 22 septiembre 2016 / EDH-Observadores

En la mitología griega, la diosa Némesis castigaba a los que desobedecían a aquellos que tenían la potestad de mandarlos. En la emergente cultura democrática salvadoreña, esa misión la ha venido realizando la Sala de lo Constitucional de la CSJ frente a cualquier sujeto político que pretenda desobedecer o ignorar los mandatos y regulaciones establecidos en la Constitución de la República de El Salvador.

observadorLa Sala realmente no castiga, pero sí obliga a todos por igual a someterse a las normas constitucionales. Eso le ha resultado sumamente inconveniente y molesto a un partido que está empeñado en conseguir el poder absoluto, reduciendo a una mera formalidad la separación de los tres poderes del Estado y anulando cualquier obstáculo jurídico a sus pretensiones antidemocráticas.

Para mala fortuna del FMLN, sus dos gobiernos han debido operar bajo la lupa de una Sala de lo Constitucional integrada mayoritariamente por juristas verdaderamente comprometidos con su misión, personas rectas que no se doblegan ante presiones políticas y no ocupan sus cargos para obtener ventajas personales ni para conseguir la simpatía o aprobación de nadie.

La elección de estos altos funcionarios judiciales no fue muy diferente de cualquier otra elección de segundo grado, sometida a los cálculos y apuestas de los partidos políticos que siempre han buscado asegurarse la posibilidad de manipular y someter a los funcionarios que eligen. Pero en esa ocasión, para buena fortuna de la institucionalidad democrática de nuestro país, se equivocaron.

Al momento de constituir la nueva Sala de lo Constitucional en 2009, uno de sus cinco magistrados se conservaba del grupo anterior y se consideraba suficientemente dócil. Dos de los nuevos candidatos habían mostrado consistentemente afinidad con corrientes políticas de izquierda. El FMLN pensó que, con tres de cinco, el control de la Sala era pan comido. ARENA, por su parte, no podía ponerse moños de doncella, porque la fuerza del bloque de derecha en la Asamblea había sido socavada por el transfuguismo. Aceptó a Florentín Meléndez y a Sidney Blanco como un mal menor, frente a otros candidatos de izquierda más radical.

No pasó mucho tiempo para que los cuatro nuevos magistrados, haciendo a un lado las inclinaciones ideológicas que pudieran tener, se constituyeran en un equipo de trabajo muy cohesionado. Pronto llegaron las primeras sorpresas. En vez de engavetar demandas, como era lo habitual, empezaron a trabajar duro para resolver las que iban presentándose y también las que llevaban años sin resolverse.

Las primeras sentencias que elaboró la Sala perturbaron a todos los partidos políticos, perjudicando más directamente al PCN y al PDC, que junto al grupo que hoy es GANA se habían aliado con el FMLN bajo la consigna “Todos contra ARENA”. Sin embargo, algunas de esas sentencias también les resultaron molestas a los empresarios de los grandes medios tradicionales de comunicación social, con lo cual se daba una clara indicación de que la Sala sería igualmente acuciosa en todos los puntos del espectro ideológico.

La partidocracia no tardó en reaccionar y, desde entonces, no han cesado los intentos de desacreditar y reducirle poder a la Sala de lo Constitucional, comenzando con el infame decreto 743 que tuvo que ser prontamente derogado. En lo sucesivo y en distintos momentos, todos los partidos de oposición se han ido desligando de la estrategia que buscaba neutralizar el poder de la Sala. Sin embargo, al FMLN ese grupo de indomables magistrados se le ha vuelto una verdadera obsesión y lo ataca cada vez con mayor frecuencia y virulencia.

Siendo la esencial función de la Sala el control constitucional del ejercicio del poder, no es extraño que sea el FMLN el partido que se siente más perjudicado por la potestad que tiene la Sala para invalidar leyes y actos de gobierno. Ya que el FMLN ha estado a cargo del poder Ejecutivo y ha dominado la correlación de fuerzas todos estos años en la Asamblea Legislativa, es lógico que haya sido ese partido el que más ha incurrido en actos reñidos con los preceptos constitucionales.

Eso puede haber dado la falsa impresión, explotada demagógicamente por el FMLN, de que los magistrados de la Sala favorecen a ARENA o a la derecha. Irónicamente, es el FMLN el que le ha dado un rol tan prominente a la Sala, ya que esta instancia judicial no puede actuar por propia iniciativa, sino únicamente en respuesta a demandas de amparo o inconstitucionalidad, que no habrían sido tantas si el FMLN hubiera hecho un intento honesto por legislar y conducir el gobierno sin atropellar las normas constitucionales.

Estoy convencido de que estos mismos magistrados que les provocan tantas agruras al presidente Sánchez Cerén y a otros altos dirigentes del FMLN, igual le habrían contado las costillas a ARENA si este partido hubiera sido responsable de actuaciones contrarias a la Constitución. La acusación de que la Sala favorece a ARENA es totalmente infundada. Los desacuerdos que muchos tenemos con algunas de esas sentencias no tienen nada que ver con sesgos políticos o ideológicos, sino con corrientes de pensamiento jurídico.

Tampoco tiene fundamento el alegato de que la Sala se atribuye funciones que competen a otros poderes. Nunca la Sala ha pretendido legislar; únicamente da las pautas necesarias para que las enmiendas que por su mandato haga la Asamblea a las leyes no estén reñidas con la Constitución.

Finalmente, la acusación de que la Sala es parte de una conspiración para derrocar al gobierno del FMLN es tan absurda que no merece comentarios. Ese es el caballito de batalla del partido oficial para invalidar cualquier cuestionamiento que se haga a la gestión de su gobierno y a las actuaciones de sus cuadros en otras instancias del aparato estatal. Mucho más fácil para ellos y mucho más beneficioso para el país sería que reconozcan y enmienden sus errores y que renuncien, de una buena vez, a tener el control absoluto del Estado.

Si el FMLN sigue empecinado en su curso de acción y en su discurso obsoleto, se distanciará cada vez más de la gente y la Sala de lo Constitucional seguirá siendo su Némesis, al menos hasta el 2018.

Columna transversal: Habló Pino y se acabó la locura. De Paolo Luers

paolo_luers-obsPaolo Luers, 23 septiembre 2016 / EDH

El FMLN ha desatado una campaña, pidiendo la renuncia del magistrado Belarmino Jaime de la Sala de lo Constitucional, por presunta evasión de impuestos. En un comunicado, el abogado José Eduardo “Pino” Cáceres, rechaza estas acusaciones contra una empresa, en la cual él forma parte de la Junta Directiva, pero no el magistrado Belarmino Jaime.

diario hoyIrónicamente, Pino es hermano del ministro de Hacienda, Carlos Cáceres. Pero esto no es lo que lo define. Lo define su lucha contra la corrupción. Pino Cáceres es el exjefe de la Sección Probidad de la Corte Suprema de Justicia quien en 2005, para investigar las declaraciones patrimoniales de Francisco Flores, pidió a los bancos información sobre cuentas y transacciones de los ex-funcionarios. La Corte Suprema de Justicia, presidida por el magistrado Agustín García Calderón, tomó la decisión de quitar a la Sección Probidad el derecho de pedir información bancaria. Con esto quedó sin dientes la Sección Probidad – hasta que el año pasado la actual Corte Suprema le volvió a dar a su Sección Probidad las facultades necesarias para investigar las declaraciones patrimoniales de los funcionarios y ex funcionarios, para buscar indicios de enriquecimiento ilícito. En consecuencia, ahora la justicia está viendo los casos de Mauricio Funes, Vanda Pignato, Toni Saca, Leonel Flores y otros.

Pino Cáceres renunció a su cargo, en mayo del año 2006. El Centro de Estudios Jurídicos CEJ escribió entonces:

“En el país no hay intención de combatir la corrupción. La semana pasada nos enteramos cómo la petición hecha por el Dr. René Fortín Magaña a la Fiscalía General de la República para que solicitara la nulidad de la increíble resolución de la Corte Suprema de Justicia que nulificó las funciones de la Sección de Probidad fue declarada sin lugar por el nuevo fiscal general en uno de sus primeros actos. ¿Cómo podemos creer en la voluntad del Gobierno si vemos que la corrupción realmente no se persigue?

Aún hay signos de esperanza en este país. La semana pasada también vimos un dignísimo acto protagonizado por un funcionario público de este país, con la pública renuncia del Dr. José Eduardo Cáceres, jefe de la Sección de Probidad, ante la resolución del fiscal que, con la resolución de la Corte, destruye toda posibilidad de combatir la corrupción a través de la oficina que presidía. Nuestras felicitaciones y nuestro agradecimiento a un funcionario salvadoreño bueno y patriota. ¡Pino Cáceres ha hecho patria!”

Cito todo esto para que quede claro quien es el hombre que ante la campaña del FMLN contra el magistrado Belarmino Jaime decidió tomar la palabra para defenderlo y expresar su disgusto con el FMLN.

El comunicado de Pino Cáceres ya es ampliamente conocido, no tengo que citarlo aquí. Rechaza las acusaciones falsas contra el magistrado Jaime; acusa al ministerio de Hacienda de fuga y manipulación de datos confidenciales; y acusa al presidente de la República de complicidad. Pero hay una frase en el comunicado de Pino que tal vez muchos no lo entendieron: “Todavía existen jueces en Berlin”. Para explicarlo, cito una columna de Antonio García-Pablos publicada en EL PAIS:

Cuenta la leyenda Federico II de Prusia, molesto porque un molino cercano a su palacio Sans Souci afeaba el paisaje, envió a un edecán a que lo comprara por el doble de su valor, para luego demolerlo.

Al regresar el emisario real con la oferta rechazada, el rey Federico II de Prusia se dirigió al molinero, duplicando la oferta anterior. Y como este volviera a declinar la oferta de su majestad, Federico II de Prusia se retiró advirtiéndole solemnemente que si al finalizar el día no aceptaba, por fin, lo prometido, perdería todo, pues a la mañana siguiente firmaría un decreto expropiando el molino sin compensación alguna. Al anochecer el molinero se presentó en el palacio y entregó a Federico II una orden judicial que prohibía a la Corona expropiar y demoler un molino solo por capricho personal. Concluida la lectura de la resolución judicial, y ante el asombro de todos, Federico el Grande levantó la mirada y declaró: “Me alegra comprobar que todavía hay jueces en Berlín”. El “juez de Berlín” representa, en el mundo del Derecho, la independencia judicial frente a la arbitrariedad y el despotismo; la primacía absoluta de la ley, expresión de la soberanía popular, y la garantía de igualdad de todos los ciudadanos ante ella, exigencias ambas inseparables del Estado de derecho.

¿Será que el gobierno de El Salvador ni siquiera cumple con los estándares de derecho ya aceptados por un monarca absolutista como Federico el Grande de Prusia?