Carta a los partidos: Sinceridad. De Paolo Luers

18 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Solo con absoluta sinceridad van a superar la crisis. En el caso del Frente, ya es un poco tarde, porque ya está terminando su proceso interno. Y los que compitieron por dirigirlo no lo hicieron con la sinceridad debida: no dijeron con claridad lo que proponen hacer con su partido. Si hubieran sido sinceros, el FMLN hubiera tenido el lujo de tener un debate de altura y profundidad sobre su identidad de izquierda, así como lo hizo el Partido Socialista Obrero Español PSOE en el 1979, cuando decidió abandonar el programa marxista de revolución socialista y adoptar uno socialdemócrata de reforma democrática. Solo después de esta reformulación de su identidad, Felipe González acepto asumir liderar el partido. El partido socialista en vez dividirse se unificó y fortaleció, y no solo ganó el gobierno, se convirtió en el partido que marcó la transición democrática de España. El elemento clave para la unificación y el fortalecimiento fue la sinceridad que le permitió debatir y definir su identidad ideológica.

Oscar Ortiz puede haber ganado la secretaría general del Frente, pero no se ganó el mandato claro de convertirlo en un partido socialdemócrata. Ojalá que lo logre de todos modos y sin dividirlo…

¿Y la derecha?

ARENA, que se percibe en crisis al punto de paralizarse como el proverbial conejo ante los faroles del camión que lo va a aplastar, no logra ver que en verdad está ante una excepcional oportunidad de posicionarse para el futuro. Su adversario tradicional, el FMLN, no aprovechó la crisis para definir con claridad su identidad política. Su adversario nuevo, la coalición alrededor de presidente-líder (GANA, NI, CD), insiste en no tener ideología, efectivamente no tiene proyecto político, solo se reduce a un proyecto caudillista de poder, basado en la consecuente sujeción de la política al mercadeo y la propaganda.

Esto deja un vacío de contenidos, rumbo y liderazgo político que alguien tiene que llenar. Ojala que el partido emergente NUESTRO TIEMPO entienda que haciendo concesiones a moda de la antipolítica y antiideología no va abrirse espacio.

Ojala que ARENA también aproveche su crisis para clarificar su identidad y resurgir con un proyecto político claro y audaz, que tendría que tener dos ejes centrales: la defensa y el desarrollo de la institucionalidad democrática y las libertades de un sistema republicano de pesos y contrapesos; y la erradicación de la miseria económica y educacional, que es el principal freno para el desarrollo económico y social del país.

En ARENA ya no pueden darse el lujo de cultivar pleitos sin contenido político y movimientos alrededor de las ambiciones de personas. Las bases y los financistas deben obligar a los que quieren conducir el partido a que sostengan sus candidaturas en propuestas políticas claras. Solo si el partido conoce de fondo las diferencias políticas en su seno tendrá capacidad de administrarlas y unificarse.

En el mejor de los casos pueden surgir dos proyectos políticos, uno más liberal y el otro más conservador, pero ambos comprometidos con el pluralismo político y el desarrollo inclusivo, que compitan en un concurso permanente de desarrollar las mejores propuestas, pero en el fondo se complementan en la tarea de construir una nueva mayoría para defender y desarrollar la democracia.

Sin un debate sincero, los partidos no van a recuperar ni su unidad ni la confianza de la ciudadanía.

Saludos,

Populismo millennial: Nayib Bukele y sus dos insólitas semanas de gobierno por Twitter. De Darío Mizrahi

Se convirtió el 1° de junio en el mandatario más joven de la historia de El Salvador, con 37 años. Había ganado las elecciones prometiendo una regeneración de la política, pero ejerce el poder con una fórmula que combina las herramientas comunicacionales del siglo XXI con el caudillismo del siglo XX.

Nayib Bukele, el presidente que gobierna a través de Twitter
Nayib Bukele, el presidente que gobierna a través de Twitter

15 junio 2019 / INFOBAE

“Presidente de la República de El Salvador, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y Comandante General de las Fuerzas Armadas”. Así se presenta Nayib Bukele en Twitter, su despacho virtual. Allí toma, comunica y ejecuta sus decisiones.

No hace falta estudiar psicología para encontrar en esa acumulación de títulos y atribuciones una necesidad de demostrar autoridad. Todos los presidentes latinoamericanos son, al mismo tiempo, jefes de Estado y de Gobierno, y comandantes de sus fuerzas militares, pero ningún otro siente la necesidad de aclararlo. Se sabe que van de la mano del cargo.

“Voy a decir algo que hace mucho tiempo debió haber sido dicho: ahora el poder está en sus manos, en las manos de todos”, dijo Bukele el 1 de junio, después de jurar. Su primer tuit como mandatario en funciones fue una foto suya de espaldas a la cámara, con la banda presidencial puesta y un aire casi épico.

El perfil de Twitter de Nayib Bukele
El perfil de Twitter de Nayib Bukele

Esa misma noche estrenó una fórmula que repetiría hasta el cansancio: tuits que comienzan con “Se ordena…” y concluyen con alguna disposición. Lo que el Poder Ejecutivo hace habitualmente a través de decretos y resoluciones administrativas, sólo que por Twitter, sin pasar por ningún canal institucional.

“Se ordena a la @FUERZARMADASV (cuenta oficial de la Fuerza Armada de El Salvador) retirar de inmediato el nombre del Coronel Domingo Monterrosa, del Cuartel de la Tercera Brigada de Infantería, en San Miguel”, fue lo que publicó Bukele. Lo que vino después fue una larga serie de retuits a personas que lo felicitaban por su decisión.

Bukele hizo que fuera su esposa quien le tomó el juramento como nuevo Presidente de El Salvador el 1 de junio de 2019 (REUTERS/Jose Cabezas)
Bukele hizo que fuera su esposa quien le tomó el juramento como nuevo Presidente de El Salvador el 1 de junio de 2019 (REUTERS/Jose Cabezas)

En los primeros días de su gobierno se ha instalado una política del espectáculo que, al exponer situaciones del pasado reciente enfrentadas con la ética y posiblemente con la ley, somete también de forma indistinta e irresponsable el honor y dignidad de muchas personas a una especie de escarnio público. Se trata de un debut en el ejercicio del poder presidencial que no sólo exhibe un alto nivel de arbitrariedad, sino que también riñe con la institucionalidad y el respeto a legalidad del país”, dijo a Infobae el filósofo Carlos G. Ramos, investigador académico de la FLACSO en El Salvador.

Casi todas las resoluciones de los días siguientes apuntaron en la misma dirección: separar de su cargo a funcionarios vinculados con el gobierno anterior, del FMLN. Por ejemplo, el 5 de junio tuiteó: “Se le ordena a la Ministra de Relaciones Exteriores @CancillerAleHT, remover de su cargo en la Dirección General de Desarrollo Social, a Dolores Iveth Sánchez, hija del ex Presidente Sánchez Cerén. No contrate reemplazo, pase su salario de $2,645.64 a ahorro institucional”. Esta dinámica lleva a los ministros a tener que responder por el mismo medio. “Su orden será cumplida de inmediato Presidente”, contestó la canciller Alexandra Hill Tinoco.

Se trata de un debut en el ejercicio del poder presidencial que no sólo exhibe un alto nivel de arbitrariedad, sino que también riñe con la institucionalidad y el respeto a legalidad del país

“Esto tiene la intencionalidad de terminar de hundir al FMLN, con vistas a los próximos procesos electorales. Por otra parte, bajo el pretexto de combatir el nepotismo, lo cual no se cuestiona, se han suprimido varias secretarías de la presidencia y se han cometido violaciones a los derechos laborales de cientos de empleados públicos, la mayoría sin militar en un partido político, al despedirlos sin el debido proceso que ordena la ley. Lo llamativo es que hasta ahora no ha enfilado sus críticas y despidos hacia ex funcionarios de ARENA, lo cual es congruente con el aparente viraje hacia la derecha que está tomando su gobierno, como puede apreciarse en la composición de su gabinete, así como en las acciones que está realizando”, explicó Héctor Samour, profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad Centroamericana de San Salvador, en diálogo con Infobae.

Las desviaciones sobre el normal funcionamiento de una democracia institucionalizada son múltiples. Por un lado, el despido de un funcionario debería seguir un determinado procedimiento para ser válido y no ser una completa arbitrariedad. Hasta tal punto prima el desorden en el método Bukele que en más de una oportunidad se ha equivocado.

“Se le ordena al presidente de CEL, @wdgranadino, remover de su cargo a José Roberto Peña, encargado de energías renovables, hermano de Lorena Peña”, escribió en otra ocasión. Pero la ex diputada del FMLN lo desmintió. “Todos mis hermanos fueron asesinados por la dictadura militar. ¡Respete! ¡Y deje de mentir!”, replicó.

Por otro lado, detrás de estos tuits asoma la idea de construir una imagen de Bukele como un mandatario omnipresente y superpoderoso. Que por eso se permite también hacer cosas insólitas. “Se les ordena a todos darle like y así ser el Presidente de Twitter”, publicó el 7 de junio, citando un tuit de la revista Aquí Lo Miré. “Oficialmente soy el Presidente más cool del mundo”, había tuiteado una hora antes, compartiendo un video del youtuber Jacobo Wong. Y luego llegó al absurdo de escribirles a sus seguidores “se les ordena que vayan a dormir“.

“La consecuencia política de esta forma de gobernar —continuó Samour— es que se fomente el autoritarismo, la transgresión de las leyes y la vulneración del Estado de derecho, sobre todo en un contexto en el que los otros órganos del Estado aparentemente no hacen el suficiente contrapeso al Ejecutivo, y los principales partidos de oposición están sumidos en una profunda crisis de identidad”.

El uso de las redes sociales como vía de comunicación preferencial es compartido por mandatarios de todo el mundo. Pero hasta Donald Trump y Jair Bolsonaro, que son quienes las emplean de modo más extremo, conceden entrevistas y conferencias de prensa de tanto en tanto. Bukele, que no debatió con sus rivales durante la campaña electoral, aún no se ha dejado entrevistar desde que asumió y en su única rueda de prensa apenas aceptó dos preguntas.

Está tratando de diferenciarse de sus predecesores usando una estrategia mediática que le funciona muy bien. Se siente cómodo en las redes sociales, y es consciente de que su campaña digital ha jugado un papel muy importante en el crecimiento de su proyecto político, que es Nuevas Ideas. Creo que en este momento busca mandar un mensaje contundente de su poder como presidente, y dejar claro que va a cumplir sus promesas de campaña de sacar a los acusados de corrupción del gobierno. Pero, a pesar del impacto de sus tuitazos, Bukele y su equipo saben de las limitaciones de una estrategia puramente mediática. Temo que su campaña para diferenciarse dañe a largo plazo la reputación de instituciones que tanto le ha costado al país construir desde la guerra civil”, dijo a Infobae Sofía Martínez, consultora independiente en temas de violencia, migraciones y corrupción en Centroamérica.

Lo paradójico es que con un estilo millennial, que ofrece un contraste casi absoluto con los políticos tradicionales, está reproduciendo una forma personalista y verticalista de ejercer el poder, propia de los viejos caudillos políticos latinoamericanos.

“El liderazgo del actual presidente —dijo Ramos— tiene mucho de nuevo en sus medios para comunicar, en los códigos de lenguaje de su laxa narrativa política, en los eslóganes simples que acompañan su marca personal y en la forma de hacer política del espectáculo. Pero tiene también mucho de viejo en lo carente de argumentos de su discurso, en la comodidad con que asume el culto a su personalidad, en la poca competencia para dialogar y convivir con la crítica y con los críticos, en su constante descalificación de los adversarios y, especialmente, en lo que parece ser una escasa preocupación por el cumplimiento escrupuloso de la ley”.

Entre la expectativa de cambio y el temor a una regresión

Un estudio mundial de la firma Consulta Mitofsky informó esta semana que Bukele es el presidente más popular de América, con un 71% de aprobación. No llama la atención. Su estrategia de comunicación directa y permanente lo muestra como un mandatario que trabaja las 24 horas, que exige resultados inmediatos a sus ministros y que combate “a los corruptos”, como pretende demostrar con sus despidos masivos a funcionarios del gobierno anterior.

La estrategia del uso del Twitter por parte del Presidente busca dotar de un halo de efectividad y capacidad ejecutiva a su gestión —dijo Samour—, al dar órdenes directamente a sus ministros y a otros funcionarios, que responden inmediatamente por el mismo medio, obedeciendo sin objetar. Son instrucciones a veces solicitándoles una acción para resolver un problema específico de una comunidad, o a veces para pedirles que diseñen un plan para resolver problemas más complejos, como, por ejemplo, un plan de reforestación para todo el país, en un plazo de 10 días. El efecto que persigue es mostrar que está gobernando con rapidez para resolver los problemas y mantener así las altas cotas de popularidad”.

La consecuencia política de esta forma de gobernar es que se fomente el autoritarismo, la transgresión de las leyes y la vulneración del Estado de derecho

La opinión pública salvadoreña estaba hastiada de un bipartidismo estéril, con un partido conservador como ARENA, incapaz ofrecer estabilidad económica y seguridad, y una fuerza de izquierda como el FMLN, que no cumplió sus promesas de mayor bienestar e igualdad. La demanda por un cambio era generalizada y Bukele es un emergente de eso. No necesitó hacer grandes promesas para ganar. Le bastó —y le basta por ahora— con mostrarse muy diferente de lo que había.

“La modernización jurídica institucional diseñada en los 90 para dar soporte al régimen democrático no necesariamente tuvo un correlato en la transformación de la cultura política, ni de las élites ni de la población. Sobreviven vestigios autoritarios, que conviven y disputan cuotas de poder con los actores y dinámicas democratizadoras. Por otro lado, la corrupción y la oscuridad en el actuar de los partidos políticos y los funcionarios de gobierno han conducido a que amplios sectores sociales estén predispuestos a aceptar formas de autoritarismo, arbitrariedades personalistas y populismos del signo que sean, para menguar el hartazgo con la política y con los políticos que produjeron la guerra de los 80 y el post conflicto de los 90″, sostuvo Ramos.

El problema es que sin un plan de gobierno consistente, y sin la capacidad de gestión para llevarlo a cabo, será difícil que Bukele pueda hacer frente a los innumerables desafíos que tiene por delante. El Salvador tiene la mayor tasa de homicidios del mundo, un Estado con serias debilidades, una economía muy precaria y millones de personas en la más absoluta pobreza, un combo que lleva a miles a emigrar todos los años.

El Presidente tiene bastante experiencia en el mundo del marketing, pero no tanta en el de la administración pública. Hasta 2011 era un joven empresario que estaba al frente de la compañía publicitaria que heredó de su padre. En 2012 se presentó a sus primeras elecciones y ganó la alcaldía de Nuevo Cuscatlán, un municipio que no llega a los 8.000 habitantes. Lo curioso es que, a pesar de mostrarse como el rostro de la renovación, lo hizo como candidato del FMLN.

En 2015 volvió a ser postulante del partido, pero para un cargo de mayor envergadura, la alcaldía de la capital del país, San Salvador. Entonces empezaron a verse algunos rasgos controversiales de su liderazgo. El FMLN lo acusó de ser autoritario y lo echó del partido luego de que Xochilt Marchelli, síndica de San Salvador, lo denunciara por violencia física y verbal durante una sesión del consejo capitalino. “Me dijo ‘sos una maldita traidora, bruja’, y me arrojó una manzana”, aseguró Marchelli.

Trató de crear su propio partido con la aspiración de competir por la presidencia en 2019. Pero, como no llegaba a cumplir con los plazos legales, anotó su postulación en la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), un desprendimiento de ARENA muy cuestionado por la falta de transparencia de muchos de sus dirigentes, como el ex presidente Elías Antonio Saca (2004 — 2009), que fue arrestado en 2016 por corrupción.

“Cuando fue alcalde de San Salvador y miembro del FMLN —dijo Martínez—, vimos a un Bukele carismático, joven, dispuesto a apostar por nuevas formas de hacer política y de enfrentar el principal problema del país, que es la violencia de las pandillas. A la vez, el Bukele que conocemos hasta ahora es alguien muy mediático, polémico, y sin mucho interés por lograr consensos. Todas esas son cualidades que a priori no tendrían por qué ser negativas para un líder joven como él. La clave está en la medida en que las utilice en su papel como presidente. El tiempo nos dará la respuesta”.

Bukele acaba de cumplir 15 días en el poder, así que es demasiado pronto para emitir juicios definitivos. La voracidad y la discrecionalidad con las que está actuando preocupan a quienes conocen los peligros de un Poder Ejecutivo desbocado en sociedades de instituciones frágiles. Pero aún está a tiempo de moderarse y de probar que realmente busca consolidar la democracia.

Bukele prometió depurar la política salvadoreña, pero sus primeros días como presidente estuvieron repletos de controversias (REUTERS/Jose Cabezas)
Bukele prometió depurar la política salvadoreña, pero sus primeros días como presidente estuvieron repletos de controversias (REUTERS/Jose Cabezas)

“El nuevo presidente de El Salvador se encuentra ante una excepcional oportunidad de transformar la dinámica política del país y de refrescar las maneras de encarar los graves problemas que hay. Su particular forma de relacionarse con la población puede contribuir positivamente en este sentido. Sin embargo, fortalecer y consolidar nuevos escenarios de desarrollo social y democrático es un desafío que exigirá, más temprano que tarde, que se abra a múltiples frecuencias de diálogo social y a concertaciones nacionales y regionales que le permitan hacer la diferencia. Antes de que su actual tendencia a un estilo autocrático lleve a hacer de este gobierno una forma de autoritarismo de generación 3.0″, concluyó Ramos.

Los trucos tuiteros de Nayib Bukele. De Nelson Rauda en EL PAIS

Atrae como a moscas la miel un presidente de 37 años que tuitea a su casi millón de seguidores la desaparición de una secretaría, el despido de un funcionario o que él es el “presidente más cool” del mundo. Aunque Twitter apenas llega a los salvadoreños.

El presidente de El Salvador, Nayib Bukele.
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele. J. Cabezas REUTERS

15 JUNIO 2019 / EL PAIS

La distracción es indispensable en el espectáculo de un mago. Te hace ver fijamente una carta en su mano cuando la verdadera acción sucede en otro lugar. Nayib Bukele, gran showman, ha iniciado su gestión como presidente de El Salvador con esa táctica. Y la carta que usa para captar la atención de todos es su cuenta de Twitter.

El 1 de junio, cuando se terminaba de limpiar la plaza tras su toma de posesión, Bukele ordenó cambiar el nombre de una brigada militar bautizada en honor a un criminal de guerra. La decisión fue aplaudida por organizaciones de derechos humanos y rápidamente cumplida por el Ejército. Al siguiente día, el 2 de junio, circuló un vídeo de soldados despintando el nombre del coronel Domingo Monterrosa del cuartel de San Miguel. La rapidez de Bukele permitió apuntar dedos: la exguerrilla del FMLN, Gobierno en los 10 años anteriores, no pudo (o no quiso) borrar el nombre del coronel, para no chocar con los militares, alegando, incluso, miedo de un golpe de Estado. Lo que el FMLN no hizo en una década, Bukele lo hizo en un tuit.

Aquello fue solo el comienzo. El mismo domingo 2 de junio, Bukele disolvió, todo a través de mensajitos en la red social, cinco secretarías de la presidencia. Esa orden de menos de 280 caracteres eliminará unas 600 plazas del Gobierno y en teoría ahorrará cerca de 15 millones de dólares en salarios el próximo año. Bukele recurrió de nuevo a Twitter para hacer espectaculares destituciones con nombre y apellido, además de cargo y salario. Decenas de funcionarios fueron despedidos por su parentesco con exfuncionarios del FMLN. Bukele pretendió establecer una narrativa: todos los despidos son cuota del partido que se va del poder dejando lleno de parientes el aparato del Estado. Eso no era cierto para todos. Pero, al menos en redes, el truco funcionó. La multitud dijo “me gusta”.

Tras un par de días de despidos a lo Donald Trump en El Aprendiz, el presidente volvió tendencia las palabras “se le ordena”. Sus ministros parecían competir por quién le contestaba con el tuit más inmediato y el tono más señorial: “sí, mi presidente”, “ahorita mismo presidente”, “su orden será ejecutada”. Bukele le encontró humor a la situación y se desató: ordenó, por ejemplo, a su secretario privado comprar una cafetera con el sobrante del salario de una plaza eliminada y, acto seguido, le ordenó comprar pan dulce con su propio salario.

Y no paró: ordenó a un youtuber que se bañara, a otro que hiciera mejores vídeos. Se autonombró “el presidente más cool del mundo”. El 9 de junio, pasada la medianoche, tuiteó “DRACARYS”, el comando que Daenerys Targaryen usaba para ordenar a sus dragones que abrieran fuego en la serie Juego de Tronos. Bukele no añadió ningún contexto, aunque días antes alguien había hecho un montaje de un tuit de Bukele con esa palabra. Estos primeros días de presidencia, los memes se confunden con la realidad.

Solo el 10.7 % de la población mayor de 18 años tiene Twitter en El Salvador, según la encuestadora LPG Datos. 36.9 % de los salvadoreños dijo a la encuestadora de la Universidad Centroamericana (UCA) que las redes sociales eran lo que más utilizaron para informarse en la campaña presidencial, solo por detrás de la televisión. Sin embargo, apenas un 3.6 % de esos encuestados mencionaron Twitter como la que más utilizaron, cuando más del 90 % dijo que era Facebook.

Pese al uso limitado, la información que se produce en Twitter circula fuera de lo digital, en otros medios de comunicación, pero también en la cotidianidad. Una empresa de gaseosas sacó anuncios en buses retomando la frase: “se le ordena a los salvadoreños disfrutar lo nuestro”. En la app de mensajería WhatsApp circulan calcomanías de Bukele con la fórmula “se le ordena” y frases como: “pagarme el almuerzo”, “invitarme a unas cervezas” y otras de contenido sexual.

Es fácil perderse en la vorágine informativa. Muchos medios de comunicación internacionales y famosos opinadores de redes sociales están deslumbrados por la forma. Los atrae como a moscas la miel un presidente de 37 años que tuitea a su casi millón de seguidores la desaparición de una secretaría, el despido de un funcionario o que él es el “presidente más cool” del mundo. El truco funciona. Aunque Twitter apenas llega a los salvadoreños, el debate público dominante sobre uno de los países más homicidas del mundo es acerca de lo que ahí se escribe. El ritmo frenético del presidente en sus redes marca agenda.

Twitter ha sido su carta de distracción mientras se asientan él y los suyos en el Gobierno. Twitter ha sido un truco efectista mientras no empiece a cumplir las promesas del ambicioso plan de trabajo que ofreció en campaña. Y aunque solo van un par de semanas, Bukele ya empezó a incumplir algunas de esas promesas.

“Los corruptos han iniciado una campaña de miedo dirigida a los empleados públicos”, escribió Bukele el 9 de febrero, seis días después de ganar la elección. “Todo lo contrario: los empleados públicos por fin tendrán estabilidad, recibirán aumentos y promociones por mérito, no por ‘conectes’ partidarios. Y dejarán de ser acosados por no apoyar al FMLN”. El sistema judicial salvadoreño ya revisa si el proceso seguido para decenas de casos de despidos fue legal. Bukele, por ejemplo, anunció el despido del inexistente hermano de una líder efemelenista. Los hermanos de ella fueron asesinados en la guerra. Pero el tuit fue ampliamente celebrado. La fiesta de la forma, el desprecio por el fondo. El presidente ya advirtió a los jueces que revisan los despidos para “que se pongan del lado del pueblo”. Sin embargo, Bukele tiene en su Gabinete a 14 personas de su círculo de confianza, entre parientes (su hermano es su principal asesor y un tío es secretario de comercio), exempleados de sus empresas y amigos cercanos. Pero eso no es tendencia en la red del pajarito.

Previo a asumir la presidencia, Bukele guardó como secreto estatal los nombres de su equipo de trabajo y marcó el tono nombrando a seis mujeres al hilo. “Por primera vez en la historia de nuestro país tendremos un Gabinete paritario, de igual número de mujeres que de hombres”, prometió Bukele en su discurso de toma de posesión. Para el 12 de junio, ese porcentaje era de 76% hombres y 24% mujeres.

En su plan de Gobierno, Bukele dijo que “la problemática de los grupos criminales no puede ser tratada exclusivamente desde una óptica de combate a la delincuencia”. Pero ante una oleada de ataques contra policías, cuatro asesinatos en cinco días, el presidente insinuó que buscará medidas más severas, tal como lo hicieron todos los gobiernos anteriores. “Acaban de lesionar a otro agente de la PNC en Santa Ana. Dos impactos en el abdomen. Lastimosamente nos arrinconan y solo nos dejan con una opción. Y no es una tregua”, dijo Bukele en un país donde los cuerpos de seguridad han perpetrado varias ejecuciones extrajudiciales en los últimos años, algunas de ellas difundidas justamente por Twitter.

Los primeros nombramientos en la Policía Nacional Civil anticipan la continuidad de la política represiva que El Salvador ha implementado en los últimos cinco años, una que convirtió al país en el más homicida del mundo en 2015.

El recién nombrado director de la Policía es cuestionado por su compromiso con derechos humanos. Era el jefe de Áreas Especializadas de la institución cuando una agente fue raptada y asesinada por uno de sus compañeros en la fiesta navideña de uno de esos grupos élite. El asesino huyó gracias a la complicidad de sus compañeros. El subdirector de la Policía, el mismo del Gobierno anterior, estuvo detenido años atrás y fue procesado por colaborar con un grupo de ejecución extrajudicial: la “Sombra Negra”.

Tres días antes de la elección, Bukele prometió —en Twitter, cómo no— que ningún diputado tendría “cuotas” en su Gobierno. La Asamblea Legislativa es el órgano de Estado más desprestigiado en el país. Pero ya nombró en su Gabinete a dos diputados de Gana, el partido con que llegó a la Presidencia, y del que forman parte varios acusados de corrupción. Además, nombró como viceministro de Obras Públicas a uno de los fundadores de ese partido, y a dos exfuncionarios del presidente Antonio Saca, condenado tras haber confesado un desfalco de casi 300 millones de dólares.

Para un presidente que es tan comunicativo en redes -solo este jueves 13 de junio publicó 45 tuits-, destaca su silencio sobre el acuerdo migratorio entre México y Estados Unidos, que endurecerá el camino que transitan cientos de migrantes salvadoreños (y hondureños y guatemaltecos) todos los días. Todo lo contrario: Bukele reclamó a Forbes México por afirmar en un tuit que él había criticado ese pacto. Bukele ha comparado a El Salvador con “un hijo drogadicto que necesita ayuda de su padre Estados Unidos” y ha evitado en su política exterior cualquier crítica a la gestión Trump. Desde que está en el cargo, lo único que Bukele ha dicho al presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, es que le cede su lugar como presidente mejor evaluado de América, porque ha aprendido mucho de él.

La lentitud normal de la entrada de un nuevo gobierno está siendo opacada por la frenética actividad del presidente en Twitter. Y eso como estrategia comunicacional y de campaña funciona bien. Pero no basta para administrar a un país.

No basta, sobre todo, ante un país que promedió nueve homicidios diarios en junio, una cifra que se ha mantenido en lo que va del año; un país en el que solo cuatro de cada 10 de los que empiezan la educación se gradúan de secundaria; un país donde más de 500,000 hogares viven bajo la línea de la pobreza. Entre 2020 y 2021, Bukele necesitará la aprobación de unos 250 millones de dólares en deuda externa. Para ello, requerirá 56 votos en la Asamblea Legislativa, y por ahora sus aliados no suman más de 11. Ante todo eso no hay respuestas, ya que el presidente solo ha dado un par de conferencias de prensa. Sabemos que se considera el “más cool”, pero no cuál será su política de seguridad.

Sus trucos en Twitter le compran tiempo. Son efectistas. Falta ver si son efectivos. Para que en cinco años El Salvador sea el país que Bukele visionó y ofertó, puede que haga falta magia de verdad.

EL PAÍS y EL FARO se unen para ampliar la cobertura y conversación sobre Centroamérica. Cada 15 días, el sábado, un periodista de EL FARO aportará su mirada en EL PAÍS a través de análisis sobre la región, que afronta una de sus etapas más agitadas.

Carta a los empresarios: El modelo nicaragüense. De Paolo Luers

15 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados amigos:

Todos estamos contentos con la salida del FMLN del poder. Pasaron los peligros de un gobierno que apostaba más al crecimiento del Estado que al crecimiento productivo.

Entiendo que ustedes celebran que ya no tendrán un gobierno hostil a la empresa privada, amenazándola con impuestos y multas, acosándola con impuestos y regulaciones.

Parece que vienen mejores tiempos para los negocios. ¿Pero qué tiempos vienen para la democracia?

¿En serio piensan que se han desvanecido los riesgos para las libertades, para la institucionalidad republicana, para la independencia de los poderes del Estado, para el funcionamiento adecuado de los contrapesos al poder?

El FMLN, luego de 10 años en el poder ejecutivo, entregó el poder sin reparos, y un país con muchas deficiencias en los servicios públicos de salud, educación y seguridad, pero con independencia de poderes, con libertad sindical y empresarial, con respeto a la libertad de prensa, con más transparencia y más juicios contra la corrupción que cuando llegó al gobierno. Y esto no es debido a la vocación democrática del FMLN, sino a una ciudadanía, un empresariado y unos medios de comunicación que estaban conscientes de los riesgos y vigilantes de la institucionalidad. Y el FMLN lo aceptó. Ha gobernado mal, con impacto negativo sobre la seguridad ciudadana y la economía, pero no ha hecho transitar al país al autoritarismo.

Quien piensa que hoy, solo porque el FMLN está derrotado, ya no necesitamos que la ciudadanía, los sectores productivos y los medios mantengan esta vigilancia, está muy equivocado.

Acordémonos de Nicaragua…

Daniel Ortega dijo a los empresarios nicaragüenses: No tengo ningún problema que sigan haciendo negocios. Concéntrense en hacer plata y tendrán mi apoyo. Sólo les voy a exigir una cosa: Dejen de meterse en política. Vamos a estar bien todos…

Todos sabemos qué pasó: Los empresarios nicaragüenses hicieron plata, el país creció más que el resto de Centroamérica – y dejaron la política a Ortega. Primero la política partidaria, dejaron sola la oposición. Pero no solo esto: No dijeron nada cuando Ortega violó la Constitución tomando control de la corte, del tribunal electoral, de la fiscalía. No se metieron en política cuando Ortega hizo legal su reelección. Tampoco cuando impuso control partidario sobre el ejército y la policía. Ya cuando despertaron en un país sin democracia, sin partidos de oposición, sin libertad de prensa, el país entró en una crisis social y política que hizo daño a ambos: al régimen político de Ortega y al crecimiento económica y las ganancias de la empresa privada.

Aquí en El Salvador se rumora de reuniones donde a los empresarios están tratando de vender uno pacto parecido: Ustedes harán buenos negocios, porque nosotros derrotamos al FMLN y sus políticas anti empresa privada. Harán buena plata, porque nosotros los vamos a apoyar – pero con una condición: Dejen de meterse en política. No rescaten ni armen partidos de oposición. Dejen que ARENA se muera o que nosotros recojamos sus restos. Confíennos, somos pro empresa, somos quienes derrotamos al enemigo común, el FMLN, la izquierda – cosa que ARENA no era capaz de hacer…

De alguna manera se entiende que esto de ‘dejar la política al presidente’ incluye dejar pasar transformaciones en la relación entre el ejecutivo, la asamblea y el poder judicial. Aunque de esto mejor no se habla…

Algunos temen que incluye dejar pasar limitaciones a las libertades de prensa y sindicales. Y algunos tienen toda la buena intención de inmediatamente actuar cuando se atente contra la constitucionalidad y las libertades. La pregunta es: Una vez que funciona el pacto y da buenos resultados económicos, ¿habrá voluntad y capacidad de actuar?

Pregunten a sus homólogos en Managua. Saludos,

Lo que nos permite cambiar. De Manuel Hinds

14 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

El Salvador está viviendo una nueva etapa política en su historia, la cuarta en apenas cuarenta años. De los regímenes militares que dominaron la mitad del siglo XX hemos pasado por tres nuevas etapas que, aunque han sido marcadas por cambios en los partidos políticos o líderes personales que han llegado al poder, han sido realmente determinadas por cambios en las preferencias del electorado, que han podido elegir a los gobernantes que quiere.

De 1931 a 1982 fuimos gobernados por los militares, que escogían entre ellos los que iban a ser presidentes y luego llevaban a cabo elecciones populares que ellos manipulaban para legitimar a su escogido. Con la excepción del general Maximiliano Hernández Martínez, que fue presidente de 1931 a 1944, no tuvimos caudillos personales en ese período, pero sí tuvimos una casta que manejaba los hilos del poder. En esa época era impensable que alguien que no fuera militar o escogido por ellos pudiera llegar a la Presidencia de la República.

El proceso que llevó al final de esta dominación de esta casta comenzó con la promulgación de la Constitución de 1983, las elecciones libres de 1984 que llevaron a la presidencia de José Napoleón Duarte, y el comienzo, en su régimen, de la vigencia de los derechos fundamentales —las elecciones libres, la independencia de poderes, las libertades de pensamiento y de prensa, entre otros— que, apoyados en las libertades económicas, evitaron que la rigidez de las viejas capturas del poder se repitieran.

Como resultado, el país, que había visto sólo militares en las décadas de 1931 a 1983, ha tenido en los siguientes 36 años un presidente demócrata cristiano, cuatro de ARENA, dos del FMLN y uno de GANA, en tres períodos muy marcadamente diferentes el uno del otro, con transiciones en las que nadie ha dudado que van a realizarse —en marcado contraste con Honduras y con Nicaragua y con otros países de América Latina en donde hay presidentes que se eternizan.

Este gran cambio, este aumento en la adaptabilidad del régimen político, de uno que no cambió en 51 años a uno que ha cambiado tres veces en 36, no se debe a ninguna persona en particular. Tampoco se debe a una relajación del poder del imperio de la ley.

Muy al contrario. La flexibilidad ha aumentado porque el país ha establecido el imperio del Derecho, manteniendo la integridad de las instituciones democráticas sin cambiarlas.

La fuerza y continuidad de esas instituciones es lo que ha proveído el marco por el cual distintas tendencias y distintas generaciones han podido acceder al poder, cambiándole el rumbo al país de acuerdo con las preferencias políticas del pueblo.

En las luchas políticas siempre hay gente que cree que las instituciones no son vehículos de progreso sino de atraso, que deben apartarse para que el líder del momento haga todo lo que quiera y mejore al país rápida y efectivamente. Pero eso es lo que los países atrasados hacen y por eso se mantienen atrasados. En su momento hubo muchos que creyeron que era bueno destruir instituciones para que Ortega mandara sin obstáculos, y lo mismo con Chávez y con tantos líderes que han introducido una rigidez fatal en sus países. Muchos de los que hoy sufren la rígida tiranía de Ortega, que reprime a la juventud y no deja cambiar a Nicaragua para que se adapte a los nuevos tiempos, fueron un día jóvenes que creyeron que había que darle todo el poder al mismo Ortega, matando las instituciones que dan estabilidad democrática a los países. Si los entusiastas de los militares hubieran logrado hacer esto, o los de ARENA, o los del FMLN, ahora estaríamos atrasados décadas en nuestro desarrollo político. Estaríamos capturados en un país que no podría cambiar.

Esta lección debe ser recordada por el pueblo: que su libertad para cambiar, que se ha manifestado tan claramente tres veces en menos de cuatro décadas, y para hablar, y para defender sus derechos, proviene no de una persona sino de las instituciones del país. Éstas deben fortalecerse para que el país se mantenga libre y pueda prosperar.

Esto es lo principal que hay que cuidar y fortalecer, en este y los siguientes períodos presidenciales.

Carta al presidente: Tiene que jurarle a los ciudadanos su lealtad a la Constitución, no ellos su lealtad a usted. De Paolo Luers

13 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Señor presidente:

La gente no le debe ningún juramento de lealtad a ninguna persona. Tampoco los ciudadanos uniformados. Ellos deben juramentar lealtad a la Constitución, lo que implica que aceptan estar supeditados al poder civil. Deben lealtad al presidente de la República, no a la persona, no a ningún partido, no a ningún proyecto político. Explícitamente la Constitución se los prohíbe.

Usted alteró el protocolo en dos actos de gran importancia simbólica, con el fin de invertir la relación entre gobernante y gobernados. El 1 de junio usted tuvo que jurar, ante la Asamblea y la nación, defender la Constitución. Lo hizo, pero inmediatamente después usted volteó la mesa y procedió a juramentar a los ciudadanos presentes en la plaza: “Juramos trabajar todos para sacar nuestro país adelante, defender lo conquistado el 3 de febrero, juramos que cambiaremos nuestro país contra todo obstáculo, contra todo enemigo, contra toda barrera, nadie se interpondrá”.

Es un juramento partidario. Aquí el líder de un movimiento político está juramentando a sus militantes y seguidores a defender su victoria electoral del 3 de febrero. El líder de un partido tiene derecho a juramentar a sus militantes y llamarlos a defender la victoria de su partido sobre sus adversarios, pero no en un acto de Estado.

El 11 de junio, a usted le tocó otro acto protocolario de mucho peso simbólico: recibir el bastón de mando de la Fuerza Armada. Simboliza la subordinación de la fuerza militar al poder civil. Y otra vez, al tomar la palabra ante los 2 mil soldados y oficiales presentes, usted alteró el protocolo e introdujo un juramento que no está previsto ni en nuestro sistema constitucional ni en el orden militar. Los soldados están debidamente juramentados ante la bandera y ante la patria. Están comprometidos a ser leales a la Constitución y al poder civil, sea quien sea que lo asuma por medios constitucionales. No hace falta que hagan un juramento especial a cada presidente, mucho menos a su persona y su proyecto político. Tampoco en contra de los enemigos del señor presiente y su partido…

Usted se inventó el siguiente juramento: “Como su comandante general les doy una orden y les pido que hagan un juramento: ‘Juran defender a nuestra patria de las amenazas externas e internas, de los enemigos internos y externos y llevar a nuestra Fuerza Armada a ser más gloriosa de lo que siempre ha sido. Juran cumplir las órdenes de su comandante general y juran ser leales y tener disciplina, honor hacia este servidor y hacia nuestra patria’”.

Con esto, usted introduce dos elementos nuevos contrarios a la cultura republicana que el país adoptó con los Acuerdos de Paz: la lealtad y obediencia a una persona específica, sustituyendo la lealtad a la Constitución y al principio constitucional de la subordinación de la fuerza militar a la fuerza civil. Y el otro elemento nuevo: la defensa contra los ‘enemigos internos’ como deber de la Fuerza Armada.

Cuidado, presidente, la Fuerza Armada sólo puede actuar contra ‘enemigos internos’ con autorización excepcional del presidente, ratificada por la Asamblea. Tiene prohibido intervenir en conflictos internos de carácter social o político. Se puso este candado constitucional para jamás regresar a los tiempos de la Fuerza Armada rompiendo huelgas, reprimiendo manifestaciones, deteniendo o matando a opositores, metida en política, en seguridad pública y en todo.

Usted tiene la obsesión de señalar ‘enemigos internos’. Aparecen en el juramento que hizo al ‘pueblo’ y en el otro que hizo a los soldados. Enemigos y obstáculos. Ambos los señala cuando habla de la Asamblea, de los partidos, de los medios de comunicación. Bueno, cada uno escoge sus enemigos y sus batallas. Pero son enemigos y batallas suyos, ciudadano Bukele y líder de Nuevas Ideas. No son batallas de la presidencia y no los puede imponer a los policías, soldados y ciudadanos. Saludos,

Carta a los ciudadanos que gozan del circo romano ‘cool’ . De Paolo Luers

11 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Todos detestamos el nepotismo – o sea, la maña de los gobernantes de emplear a sus familiares, cheros, empleados, socios en su gobierno. Unos lo hacen para darles a ellos salarios que fuera del gobierno nunca podían alcanzar. Así es el caso del gobierno anterior, como ahora se está revelando con la campaña Se ordena. Otros gobernantes lo hacen para consolidar su control en el aparato del poder, porque no confían a quién no sea miembro o dependiente de su clan.

Ambas formas de nepotismo son dañinos, son una forma de corrupción, y hay que desmontarlas.

El presidente Bukele está haciendo lo posible (y lo ética y jurídicamente imposible) para crear la impresión que está desmontando del nepotismo. Pero hay dos peros:

  1. PERO resulta que sólo está cambiando una forma del nepotismo por otra. No tengo espacio en esta carta para documentarlo, pero les recomiendo revisarlo en la mejor reseña hecha del nuevo gobierno, publicada en El Faro bajo en título “Amigos, socios y parientes en el nuevo Gobierno”. Se publicó el 2 de junio, y los nombramientos posteriores confirmaron la tendencia…
  2. PERO la forma que el presidente adoptó para limpiar el aparato gubernamental de familiares de dirigentes y altos funcionarios del FMLN es violatoria a al debido proceso que ordenan la ley y los procedimientos administrativos. Además es violatoria a la decencia. Aparte de que es un estilo autoritario y humillante, tanto para sus ministros como los que quieren despedir, provocará una ola de juicios que el gobierno va a perder. (Ojo: estoy de acuerdo que es necesario la limpieza de nepotismo, pero con debido proceso y sin convertirse en un espectáculo de linchamiento público.)

No es que el presidente y sus asesores no sepan que este proceder está al margen del orden legal. Su problema no es la ignorancia, sino la soberbia. Quieren mostrar que ahora tenemos un presidente que para responder a las ‘demandas del pueblo’ no se deja detener por pendejadas legalistas o burocráticas, o sea por las reglas que los de siempre han definido. Violan las normas legales adredemente. Y lo hacen no solo para que sus seguidores les aplauden, sino sobre todo para que todos nos acostumbremos a que las reglas institucionales ya no valen cuando un presidente esté respondiendo a demandas populares.

Y la violación calculada de la institucionalidad tiene a la vez otra finalidad: amaestrar a sus ministros y otros funcionarios. Quieren que de una sola vez sepan que tienen que obedecer órdenes, aunque no estén convencidos que correspondan a la legalidad y la lógica de prioridades, con la cual juraron administrar sus carteras.

Este método egocéntrico, mediático y autoritario de gobernar se muestra igual en la forma en que el presidente se mete en la micro gestión de su ministra de Desarrollo Local, moviendo los hilos para que en 72 se lance el proyecto de un puente sobre el Torola. (Ojo: Aplaudo el esfuerzo de María Chichilco de construir el puente, pero critico la forma como el aparato de propaganda presidencial se mete encima de sus intenciones auténticas.)

En el caso de Seguridad Pública, quieren crear la impresión que el presidente esta coordinando vía tuits los operativos policiales contra los asesinos de policías. El hecho que para mayor drama inventaron  absurdos informes de inteligencia sobre el FMLN financiando a cop killers, otra violación calculada de la ley – y de la lógica, porque nunca en la historia la relación entre las pandillas y el FMLN ha sido más tensa y violente que ahora.

No les importa, porque a corto plazo todas estas violaciones calculadas a la ley, a la decencia, a la lógica y a la verdad tienen el impacto propagandístico deseado. Pero más allá del corto plazo y del cálculo mediático, el daño para la institucionalidad será inmenso. Gocen del circo que da el presidente más cool del mundo, pero no se duerman, ciudadanos. Saludos,