Venezuela: Se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes. Comunicado de la oposición

logo-mud_nacima20150313_0082_1916 octubre 2017 / MUD

Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​ante​ ​el​ ​proceso​ ​electoral​ ​fraudulento​ ​consumado​ ​el día​ ​de​ ​ayer

El 15 de octubre se materializó un proceso electoral fraudulento sin precedentes en nuestra historia. Como Mesa de la Unidad Democrática asumimos la responsabilidad de desconocer los resultados, profundizar la lucha para que se respete la voluntad del pueblo expresada el 15-O y cambiar este corrupto sistema electoral para lograr el cambio de régimen y la vuelta a​ ​la​ ​democracia.

Desde el inicio de este proceso, denunciamos todas y cada una de las arbitrariedades que
violaron la ley y los derechos electorales de los venezolanos. A pesar de ello, asistimos a este proceso con la firme convicción que al régimen también debíamos enfrentarlo en este terreno para lograr, o bien continuar la conquista de nuevos espacios para la lucha democrática, o por el contrario mayor deslegitimación nacional e internacional de la dictadura​ ​como​ ​consecuencia​ ​de​ ​un​ ​proceso​ ​electoral​ ​amañado.

Lamentablemente, el régimen optó por la segunda opción. Asumió el camino del fraude, la violencia, irregularidad, manipulación, ventajismo, corrupción, trampa, extorsión, coacción y chantaje para torcer y desconocer la voluntad de nuestro pueblo. Nadie duda que las elecciones​ ​en​ ​Venezuela​ ​no​ ​son​ ​libres,​ ​justas​ ​ni​ ​transparentes.

Hasta este momento, hemos podido detectar y recopilar un gran número de irregularidades ocurridas antes y durante la elección, sin menoscabo de otras que podamos encontrar en el camino,​ ​que​ ​confirman​ ​nuestra​ ​posición.​ ​Algunas​ ​de​ ​ellas​ ​son:

1- Una población electoral de al menos 1.000.080 electores se les impidió u obstaculizó votar en centros históricamente favorables a la oposición, por máquinas dañadas, mesas que​ ​no​ ​abrieron​ ​o​ ​que​ ​tuvieron​ ​retrasos​ ​injustificados​ ​hasta​ ​altas​ ​horas​ ​de​ ​la​ ​noche.

2- Más de 700 mil venezolanos que fueron migrados de sus centros 48 horas antes de la elección​ ​e​ ​inclusive​ ​el​ ​mismo​ ​día​ ​de​ ​la​ ​elección.

3- Una población electoral de al menos 350.000 ciudadanos afectados por violencia e intimidación dentro y fuera de los centros electorales lo que impidió u obstaculizó el ejercicio libre​ ​al​ ​voto.

4- Al menos 90.537 votos nulos que debieron haber sido adjudicados a los candidatos de la oposición producto del impedimento de sustitución de candidatos ya retirados en fraude a la ley.

5- Coacción y chantaje a empleados públicos y beneficiarios de programas sociales obligándolos a votar con el acompañamiento de dirigentes del PSUV y a través del carnet
de​ ​la​ ​patria,​ ​lo​ ​que​ ​impide​ ​el​ ​ejercicio​ ​del​ ​voto​ ​libre.

6- Electores que ejercieron multiples votos e irrespetando el principio “un elector un voto”, facilitado​ ​por​ ​la​ ​ausencia​ ​de​ ​tinta​ ​indeleble​ ​por​ ​primera​ ​vez​ ​en​ ​nuestra​ ​historia.

7-​ ​Prórrogas​ ​irregulares​ ​luego​ ​de​ ​la​ ​hora​ ​del​ ​cierre​ ​legal.

8- Obstaculización de las auditorías del proceso de verificación ciudadana lo que impide
verificar​ ​la​ ​consistencia​ ​entre​ ​los​ ​votos​ ​emitidos​ ​y​ ​los​ ​resultados​ ​transmitidos.

9 Inconsistencia numérica de resultados electorales históricos así como con todos los estudios,​ ​encuestas​ ​y​ ​bocas​ ​de​ ​urnas​ ​realizadas.

Todo ello adicional a irregularidades anteriormente denunciadas que vale la pena volver a recordar y no acostumbrarnos a ellas: i. la persecución, encarcelamiento e inhabilitación de candidatos, ii. la ausencia de observación electoral nacional e internacional confiable y iii. el uso de recursos del estado para promover candidatos y movilizar votos para los candidatos del​ ​régimen.

Ante​ ​todo​ ​esto,​ ​la​ ​Mesa​ ​de​ ​la​ ​Unidad​ ​Democrática​ ​anuncia:

1. Convocamos al pueblo y al mundo a luchar por un nuevo sistema electoral y la convocatoria urgente de elecciones libres y transparentes. El pueblo de Venezuela debe elegir​ ​un​ ​nuevo​ ​Presidente,​ ​alcaldes​ ​y​ ​gobernadores​ ​bajo​ ​un​ ​sistema​ ​electoral​ ​confiable.

2. Declarar en emergencia a los equipos técnicos de la Unidad para que en un plazo perentorio presenten un informe exhaustivo del proceso en general y de las irregularidades particulares, en conocimiento de que las artimañas del Estado fueron diseñadas quirúrgicamente de acuerdo a la realidad concreta de cada región.

3. Convocamos a una reunión de emergencia a nuestros 23 candidatos y sus equipos técnicos para continuar la acción política de respuesta.

4. Exigimos una auditoría total, cuantitativa y cualitativa, que no sea impuesta por el ente comicial, de todo el proceso electoral con verificación internacional confiable. Se trata de un proceso total que no se puede limitar únicamente a comparar el contenido de las cajas con las actas. Estamos ante un proceso de grandes dimensiones y de múltiples variables que requiere la más rigurosa e independiente investigación para determinar la verdad sobre el sistema electoral venezolano. Sólo así podremos reconocer lo que haya que reconocer y exigir​ ​las​ ​repeticiones​ ​donde​ ​haya​ ​que​ ​realizarlas.

5. No asistiremos a ningún proceso de exploración, conversación o negociación hasta tanto no se hayan aceptado las auditorias y cambios que requieren la pulcritud inherente al ejercicio los derechos políticos de los venezolanos.

6. Solicitamos el respaldo de los pueblos, parlamentos y gobiernos del mundo para lograr
estos objetivos así como la mayor condena, presión y sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro. Enviaremos una delegación a reunirse con los gobiernos democráticos para explicar la naturaleza de las irregularidades electorales, y las exigencias y propuestas para​ ​superarlas.

7. Haremos una evaluación profunda de las políticas y estructuras desarrolladas por la Unidad con el propósito de identificar oportunidades de mejora, cambio o reforzamiento
orientadas a servir mejor a los intereses del pueblo de Venezuela. Hacemos un llamado a
todos los sectores y liderazgos de la sociedad democrática, que estén dentro o fuera de la MUD,​ ​para​ ​la​ ​discusión,​ ​reflexión​ ​y​ ​unificación​ ​de​ ​estrategias​ ​para​ ​alcanzar​ ​la​ ​libertad.

8. Convocamos a todos los sectores sociales y políticos del país para la activación y movilización de la sociedad venezolana a luchar por las demandas y derechos del pueblo. Lograr una auditoría total del sistema electoral, un nuevo sistema electoral y la convocatoria de elecciones libres y justas sólo podrá realizarse con la participación de todo el pueblo y el respaldo​ ​de​ ​la​ ​comunidad​ ​internacional.

Reiteramos nuestro reconocimiento al bravo pueblo de Venezuela que salió a votar a pesar de todos los obstáculos, a los miles de testigos y voluntarios que colaboraron en esta lucha y​ ​a​ ​todos​ ​los​ ​que​ ​durante​ ​meses​ ​han​ ​luchado​ ​en​ ​las​ ​calles​ ​para​ ​conquistar​ ​la​ ​libertad.

Somos mayoría, la dictadura cada día se deslegitima más y cada día aumenta más el rechazo​ ​popular​ ​y​ ​la​ ​condena​ ​mundial​ ​contra​ ​este​ ​régimen​ ​hambreador.

Por el pueblo que sufre, por nuestro mártires, por nuestros presos y perseguidos políticos y por todo lo que hemos sacrificio para llegar hasta acá, estamos obligados a mantenernos de pie​ ​y​ ​continuar​ ​la​ ​lucha​ ​hasta​ ​lograr​ ​el​ ​cambio​ ​y​ ​la​ ​libertad.

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Otra carta a los trabajadores de Salud: Hablemos de prioridades. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 17 octubre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados amigos:
La carta que publiqué el sábado pasado sobre mi experiencia en el hospital Rosales ha tenido un inesperado impacto. Docenas de personas – profesionales de salud como pacientes-, me mandaron mensajes, me hablaron por teléfono, publicaron comentarios en las redes sociales, y me abordaron en el Rosales o incluso en centros comerciales –agradeciendo mis palabras agradecimiento a los ángeles que en medio del caos compensan las deficiencias y carencias.

logos MAS y EDHEsto me lleva a retomar el tema. Sólo escribí lo que vi, lo que experimenté y sentí en las salas de emergencia y en todo el Rosales. Aunque no conozco todos los hospitales del sistema público, a raíz de todo lo que me comentaron en los últimos días, me atrevo a hacer mis palabras de reconocimiento y admiración extensivas a todo el gremio. Tengo amigos que sirven de doctores, internos o enfermeras en el Bloom, en Zacamil, en el MQ del Seguro Social – y todos su reacción a mi carta fue contarme de sus lugares de trabajo.

Sólo mencioné de paso que “no entiendo porqué el Estado no tiene dinero para dar al Rosales todos los recursos que necesita y porqué el Estado regatea a los médicos y enfermeras su escalafón.” La verdad es que sí lo entiendo. Nuestros gobierno, no sólo el actual, nunca han definido con coherencia las prioridades de su gasto. Me parece bien que se estén ampliando las redes de puestos de salud en las zonas rurales. Pero no al costo de dejar en la miseria a los hospitales. Aparte de las carencias materiales, lo más grave es que el trabajo de los profesionales de Salud está siendo subvalorado. Igual que el trabajo de profesores y policías. Tienen salarios mediocres y condiciones de trabajo lamentables los que nos administran los tres servicios más importantes del Estado. Toda la discusión cínica sobre los escalafones, en la cual toda la clase política parece estar de acuerdo que cumplirlos sería una carga demasiado alta para el Estado, demuestra que tenemos mal las prioridades.

Tener personal bien formado y dignamente pagado en las escuelas, los hospitales y la policía es mucho más prioritario que pasos de desnivel, subsidios, y todo este inflado aparato gubernamental, el cual no produce servicios a la población y tampoco diseña políticas públicas adecuadas.

Les recomiendo que como gremio articulen con toda claridad lo que exigen de los futuros diputados y de los que quieren ser presidentes: una radical redefinición de prioridades en el gasto público.

Saludos y gracias,

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“Se te fue la juventud”. De Cristina López

Me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda.

Cristina LópezCristina López, 16 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Uno de los chistes formulaicos que circulan en el internet –también conocidos como memes– es aquel de “se te fue la juventud cuando…”, que menciona claros indicadores de que los años más potables han ido quedando atrás. Por supuesto, es diferente para cada generación. Pero fuera del chiste, realmente hay momentos que ensartan ese recordatorio pedante como daga al orgullo, como por ejemplo que el otro día, oyendo radio en el tráfico, el disc jokey — algún puberto sin escrúpulo alguno, sin duda — incluyó en una lista “del recuerdo” las canciones con las que yo crecí, las de Britney Spears, los Backstreet Boys, N’Sync y demás. Y me tuve que reír, pues en mi cabeza las canciones que irían en una lista “del recuerdo” son más bien las de ABBA, la Pequeña Compañía, Pimpinela y Pandora. Y con eso, las que se indignarían serían mis hermanas mayores, puesto que la lista sería diferente para ellas.

EDH logY si la música no es suficiente recordatorio, la evolución del lenguaje lo es, y de manera arrolladora. Nada me recuerda con más claridad que estoy más cerca de los cuarenta que de los dieciséis que tener una conversación con mi sobrina de 16 y preguntarle sobre su vida social y la de sus coetáneos. Resulta que hoy en día y bajo el sol que nos alumbra, la gente ya no “amarra” cuando quiere comenzar una relación romántica. Ahora la gente “se trae”. Ni siquiera intenté encontrarle sentido gramatical al asunto o preguntar qué objeto, si objeto alguno existe, es lo que “se trae” la gente, asumiendo que la frase completa es “se traen algo” y que ese algo es de carácter romántico. Claramente, sería alguien con verdadero dominio de los nuevos términos la verdadera autoridad en descifrar el nuevo curioso léxico y no yo.

Sin embargo, pese a los recordatorios del inexorable paso del tiempo, fuera de ser un indicador generacional y de contextos culturales, la edad es un mal indicador de la juventud. He conocido viejos jóvenes y jóvenes achacosos y cascarrabias. Tanto de lo que define la vejez es cansancio, apatía, desinterés por otras cosas que no sean los rituales ordinarios de la supervivencia personal — se reduce a veces tanto el círculo de lo que al individuo le importa que en esa existencia, socialmente les comenzamos a aceptar a nuestros viejitos sus “mañas” sin cuestionamiento alguno. Sin embargo, impresiona ver gente con más mañas que años. Es, en ese sentido, un mejor indicador de la juventud espiritual, más que los años o la música, la curiosidad intelectual, las ganas de reír, las sonrisas fáciles.

Se va volviendo viejo por dentro aquel al que le dejan de importar los demás y le deja de alegrar la felicidad ajena. Se entumecen las articulaciones emocionales y cerebrales cuando el mundo de lo que nos importa se reduce tanto, ¡tantísimo! que deja de importar la situación del país o las circunstancias de los más desfavorecidos. Por ilustrar con un ejemplo, uno de los “viejos” más jóvenes que conozco se llama Paolo Lüers y difícilmente llegará a viejo, porque dentro de su círculo de las cosas que le importan cabe tanto: una buena cerveza, un buen debate político, mantenerse en la vanguardia de las conversaciones en las redes sociales y saberlas manejar mucho más hábilmente que tanta gente de su generación, escribir sin parar, siendo una de las plumas más prolíficas del país, continuar interesado en entablar amistades intergeneracionales, viajar. De manera opuesta, me desanima ver a tantos jóvenes viejos, repitiendo slogans políticos de antaño, con la desidia de un desahuciado esperando que sean otros los que hagan, los que mejoren, los que cambien todo aquello en su entorno que les molesta o incomoda. A mí la edad no me asusta: cada año cumplido lo celebro con orgullo y si solo de mí dependiera, quisiera continuar haciéndolo por unas siete décadas más. ¡Pero qué miedo me daría volverme vieja!

@crislopezg

La izquierda salvadoreña en crisis. De Erika Saldaña

Ninguno de estos dos bandos de la izquierda es capaz de ver la viga que tienen en el ojo, ya que ni las acciones del FMLN ni las del alcalde han aportado nada al desarrollo democrático del país.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 16 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Las últimas semanas hemos vivido una historia digna de ser hecha telenovela política. El alcalde de San Salvador, quien en algún momento fue considerado parte de la renovación del FMLN, fue expulsado del partido a raíz de un incidente de maltrato a la síndica municipal. El estira y encoge de Nayib Bukele con su expartido no es nada nuevo y cada quien reparte la culpa de la ruptura de acuerdo a sus intereses o simpatías.

Ninguno de estos dos bandos de la izquierda es capaz de ver la viga que tienen en el ojo, ya que ni las acciones del FMLN ni las del alcalde han aportado nada al desarrollo democrático del país. Ambas partes distan de ser los estadistas que manifiestan en su retórica, ni representan a una izquierda verdaderamente preocupada por la reivindicación de los derechos sociales, la disminución de la desigualdad y la justicia social.

EDH logEl FMLN se presenta antes sus simpatizantes como los verdaderos representantes del pueblo que sufre las desigualdades de la sociedad, que lucha contra el capitalismo por sus derechos. Pero no han pasado de ser el partido verticalista y autoritario que no permite ningún tipo de crítica y disidencia a su trabajo. El FMLN niega cualquier posibilidad de autocrítica que permita separarse de lo que tanto ha criticado desde los Acuerdos de Paz.

Quizá el peor fallo que ha tenido el FMLN como estructura es la incapacidad de la militancia de enfrentar, criticar y exigir a la cúpula que se comporte a la medida de las necesidades del país, sino que se han mantenido pasivos ante una cúpula ensimismada en defender los intereses de sus pocos miembros. Las personas que dan su voto de confianza a un partido político son los primeros obligados a exigirles cuentas a sus dirigentes, pero pareciera que la militancia de la izquierda se conforma con recibir indicaciones sobre cómo pensar y asistencialismos mínimos con el afán de mantenerlos dependientes del partido.

Por su parte, el alcalde Nayib Bukele ha dado muestras de ser igual a lo que reprocha, una persona intolerante a la crítica y poco democrático, lo cual se refleja en su enfrentamiento continuo hacía todo aquel que no le aplaude sus acciones; el alcalde es alguien quien no reconoce el valor de la pluralidad de medios de comunicación, no entiende que aunque no comulguen con sus ideas tienen derecho a expresarse y existir.

Además, basta ver las apariciones públicas y sus conflictos en redes sociales para darnos cuenta que Nayib Bukele es una persona de carácter explosivo, narcisista, quien vive en la burbuja creada por publicaciones a la medida; cualquiera puede aplaudir y maravillarse con una foto de algunos sectores de la capital, pero nadie le toma foto al día a día del caos en que se ha convertido San Salvador. Una personalidad con estas características se aleja mucho del líder democrático que dice ser; en El Salvador no necesitamos la reencarnación del expresidente Funes, quien tanto colaboró en el esparcimiento de odio en la sociedad.

Está claro que el FMLN se quería deshacer de Nayib Bukele y aprovechó la mínima oportunidad para hacerlo; nadie dijo nada de las acusaciones de nepotismo al interior de la Alcaldía de San Salvador, ni los cuestionados contratos realizados durante su gestión. Tienen en sus filas a funcionarios señalados por enriquecimiento ilícito, corrupción, nexos con el narcotráfico, entre otras, a quienes defienden públicamente; a estas personas en ningún momento se ha insinuado llevarlos ante el Tribunal de Ética del partido. Y también está claro que Nayib Bukele únicamente quiso aprovecharse del caudal político del partido.

A todos los ciudadanos nos debería interesar la existencia de partidos políticos fuertes, transparentes y democráticos, los cuales agrupen a personas que reflejen dotes de estadistas. Eso no pasa ni con el FMLN ni con el alcalde Nayib Bukele. La única tranquilidad del FMLN es que si ellos lo están haciendo mal, la oposición no está haciendo nada para ser mínimamente superior. Es hora de que nos preocupemos por dignificar la política partidaria (de cualquier ideología) y elevar su perfil, exigiéndoles que se preocupen por los asuntos del país, ofrezcan soluciones bien estructuradas y trabajen por implementarlas de la mejor manera. Lo demás es puro show político.

“Along will come a wolf in sheep’s clothing’: Margaret Atwood

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Margaret Atwood, escritora canadiense recibe el Premio de Paz en la Feria de Libros 2017 de Frankfurt

Along will come a wolf in sheep’s clothing, or even a wolf in wolf’s clothing, and that wolf will say: Rabbits, you need a strong leader, and I am just the one for the job. I will cause the perfect future world to appear as if by magic, and ice cream will grow on trees. But first we will have to get rid of civil society – it is too soft, it is degenerate –– and we will have to abandon the accepted norms of behaviour that allow us to walk down the street without sticking knives into each other all the time.”

ma_klein_sw1.jpg.2042514The Peace Prize of the German Book Trade, Acceptance Speech by Margaret Atwood, 16 octubre 2017 / FRIEDENSPREIS

It is a great honour as well as a joy to be here with you today, and to have been given this very highly regarded award – the Friedenspreis des Deutschen Buchhandels. I am conscious that I am joining a long list of supremely talented and accomplished and indeed brave international writers, stretching all the way back to 1950. It’s an especial honour because booksellers are, by their very natures, attentive readers – they are therefore among the Dear Readers for whom every writer is writing – the Dear Reader who will find the bottle with the message in it that you, the writer, have thrown into the ocean of words and stories, and will open it, and will read the message, and will think it actually means something. For a writer from a recently colonial country such as Canada – a country where writing, and the arts in general, were not taken seriously until the past few decades—it is almost incredible to me to be receiving this acclaimed honour at your hands.

Screen Shot 2017-10-15 at 12.34.46 PMWhen this prize was begun in 1950 – surely as a gesture of hope in a world so recently torn apart by the most lethal war in history – I myself was only ten years old, and knew nothing about booksellers, and not much about writing, although I had done some of it. But I had given up my writing ambitions, having abandoned my second novel in midstream at the age of seven. It was literally midstream: the heroine was an ant, and she was on a raft, floating off to an adventure that never materialized. This often happens to novel writers: the beginning, so promising. Then the middle, so daunting or perhaps even boring. And even more so when one’s hero is an insect, though this is a problem that Kafka managed to overcome.

By the age of ten, I wanted to be a painter, or, even better, a fashion designer. I was fond of drawing sophisticated women in elbow-length gloves, with cigarette holders. I had never seen such a person, but I had seen pictures of them. Such is the enchanting influence of art.

But after a few unsatisfactory encounters with an oil-painting set, and some complex adventures with a sewing machine – in other words, after reality had replaced fantasy – by the age of sixteen I was pursuing the path of science – like my older brother, Dr. Harold Atwood, the neurophysiologist, who is here in this audience today. Odd though it may seem, I intended to become a botanist. Plants were silent and easy to observe, and did not bleed when you cut them up, unlike frogs, so I felt easy in my conscience about it. If that had happened, I would be cloning your glow-in-the-dark potatoes right now. But then I suddenly morphed into a writer, and began scribbling furiously. I don’t know why that happened, but it did, and fantasy once more took first place in my life.

Being Canadian, I cannot take personal credit for my appearance on your excellent list. Canadians shy away from taking personal credit. If told we have won something, we look behind us to see who was really meant, since it surely could not have been us. Nor can I take any credit for being an activist, which I am often labeled as being. I am not a real activist – a real activist would view her writing as a conduit for her activism – for her important Cause, whatever it is – and that has not been the case with me. It’s true that you can’t write novels without looking at the world, and that when you look at the world you will wonder what’s going on, and then try to describe it; I think a lot of writing is an attempt to figure why people do what they do. Human behaviour, both saintly and demonic, is a constant amazement to me. But when you write down an account of human behaviour, that account may look a lot like activism, since language has an inherent moral dimension, and so do stories. The reader will make moral judgments, even if the writer claims only to be bearing witness. What may seem like activism on my part is usually a kind of blundering puzzlement. Why DOES the emperor have no clothes, and why is it so often considered bad manners to blurt it out?

So, after thanking you very much for all the nice things you have said about me, I will ascribe this happy moment to luck and to the stars, and to the collusion of my admittedly strange work – especially my strange dystopian work – with the admittedly strange historical moment we are living through.

What is this strange historical moment? It is one of those times when the ground – which only a little while ago seemed steady enough, with seedtime following harvest, and birthdays succeeding one another, and so on – that ground shifts beneath our feet, and mighty winds blow, and we are no longer sure of where we are. Also, we are no longer sure of who we are. Whose face is that in the mirror? Why are we growing fangs? Just yesterday we were filled with such goodwill and hope. But now?

The United States is experiencing such a moment. After the 2016 election, young people in that country said to me, “This is the very worst thing that has ever happened;” to which I replied, both “No, actually it’s been worse,” and also, “No it isn’t; not yet.” Britain is also having a difficult time of things right now, with much weeping and gnashing of teeth. And – in a less drastic way, but still – in view of its recent election – so is Germany. You thought that crypt was locked, but someone had the key, and has opened the forbidden chamber, and what will come creeping or howling forth?  Sorry to be so Gothic, but there is cause for alarm on many fronts.

Every country, like every person, has a noble self – the self it would like to believe it is – and an everyday self – the good-enough self that gets it through the mundane weeks and months when everything is going on as expected – and then a hidden self, much less virtuous, that may burst out at moments of threat and rage, and do unspeakable things.

But what causes these times of threat and rage – or what is causing them now? You will have heard many theories about that, and you will doubtless hear many more. It is climate change, some will say: floods, droughts, fires, and hurricanes affect growing conditions, and then there are food shortages, and then there is social unrest, and then there are wars, and then there are refugees, and then there is the fear of refugees, because will there be enough to share?

It is financial imbalance, others will say: too few rich people control too much of the world’s wealth, and they are sitting on it like dragons, and causing large financial disparities and resentments, and then there will be social unrest, and wars, or revolutions, and so forth. No, say others: it is the modern world: it is automation and robots, it is technology, it is the Internet, it is the manipulation of news and opinion that is being done by an opportunistic few for their own advantage: the army of Internet trolls and astroturfers, for instance, who took such pains to influence the German election, and, it seems, the similar Russian efforts in the United States via Facebook. But why are we surprised? The Internet is a human tool, like all others: axes, guns, trains, bicycles, cars, telephones, radios, films, you name it – and like every human tool it has a good side, a bad side, and a stupid side that produces effects that were at first not anticipated.

Among those tools is possibly the very first uniquely human tool: our narrative capability, enabled by complex grammar. What an advantage stories must once have given us – allowing us to pass along essential knowledge so you didn’t have to find our everything for yourself by trial and error. Wolves communicate, but they do not tell the story of Little Red Riding Hood.

Stories, too, can have a good side, and bad side, and a third side that produces unanticipated effects. As a writer of stories I am supposed to say how necessary they are, how they help us understand one another, how they build empathy, and so forth – and that is true. But because I am a writer of stories, I am also aware of their ambiguities and dangers. Let us just say that stories are powerful. They can change the way people think and feel – for better or for worse.

So what is the story we are telling ourselves about this present moment and its tribulations? Whatever the cause of the change we are living through, it is the kind of moment when the rabbits in the meadow perk up their ears, because a predator has entered the scene.

Along will come a wolf in sheep’s clothing, or even a wolf in wolf’s clothing, and that wolf will say: Rabbits, you need a strong leader, and I am just the one for the job. I will cause the perfect future world to appear as if by magic, and ice cream will grow on trees. But first we will have to get rid of civil society – it is too soft, it is degenerate –– and we will have to abandon the accepted norms of behaviour that allow us to walk down the street without sticking knives into each other all the time. And then we will have to get rid of Those people. Only then will the perfect society appear!

Those people vary from place to place and from time to time. Maybe they are witches, or lepers, both of whom were blamed for the Black Death. Maybe they are Huguenots, in eighteenth century France. Maybe they are Mennonites. (But why Mennonites? I asked a Mennonite friend. You seem so harmless! We were pacifists, he answered. In a continent at war, we set a bad example.)

Anyway, the wolf says:  Do as I say and all will be well. Defy me, and snarl snarl, gobble gobble, you will be crunched into tiny bits.

The rabbits freeze, because they are confused and terrified, and by the time they figure out that the wolf does not in fact mean them well but has arranged everything only for the benefit of the wolves, it is too late.

Yes, we know, you will say. We’ve read the folktales. We’ve read the science fictions. We’ve been warned, often. But that, somehow, does not always stop this tale from being enacted in human societies, many times over.

Here I must apologize to the wolves. I used your name, dear wolves, only as a metaphor. Please don’t swarm me on social media, with messages such as: You Privileged Human Idiot! What do you know about the inner lives of wolves, you anthropocentric élitist snob? Have you ever had your paw caught in a trap? If it weren’t for us wolves you’d be over-run by deer and rabbits, and then what?

Point taken. And I realize that you wolves are kind at heart, at least to other wolves, or at least to wolves of your own pack. I have experienced your polyphonic music, and find it haunting. Perhaps I should have used dinosaurs; but they would have been less well understood and possibly not as entertaining. That is always a consideration, for storytellers. We are a devious lot, and given to frivolous decision-making.

*

This little fable I have concocted comes from my deep past – from the time when I was a young child growing up in the northern Canadian wilderness, far from villages and towns and cities, but quite close to rabbits and wolves. Up there, when it was raining, there were three forms of activity: writing, drawing, and reading. Among the books I read was the collected, unexpurgated Grimm’s Fairy Tales – complete with the pecked-out eyes and the red-hot shoes. My parents had got it by mail order, and when they saw what was inside it, they worried that this book might warp their children. It probably did warp me. It must have warped me in the direction of being a writer, for without Grimm’s Fairy Tales – so crafty, so compelling, so complicated, so frightening, so many-layered, but with notes of hope at the ends of the stories that are heartbreaking, because so unlikely – how could I ever have written – you know I am going to say this – how could I ever have written The Handmaid’s Tale?

The cover of the first United States edition is suggestive. There are the two Handmaids, in their red garments, resembling two Red Riding Hoods with their baskets over their arms. There behind them is a high brick wall – like THE wall, the famous Berlin wall. And there are the shadows of the two women cast on the wall – and these shadows are the shadows of wolves.

I began writing that novel in West Berlin, in the year 1984 – yes, George Orwell was looking over my shoulder – on a rented German typewriter. The Wall was all around us. On the other side of it was East Berlin, and also Czechoslovakia, and also Poland – all of which I visited at that time. I remember what people said to me, and what they did not say. I remember the meaningful pauses. I remember the sense that I myself had to be careful of what I said, because I might unwittingly endanger someone. All of that made its way into my book.

This book was published in 1985 in Canada, and in 1986 in Britain and the United States. Although my rule for it was that I could put nothing into it that human beings had not done, somewhere, at some time, it was regarded by some critics with disbelief. Too feminist, yes, with all its talk of controlling women and their never-ending bodies, but also too far-fetched. It could never happen there – not in the United States – because then, during the Cold War, wasn’t the United States viewed as a power for good? Didn’t it stand for democracy, liberty, and freedom – however imperfectly enacted on the ground? Confronted by closed systems such as the Soviet Union, America was open. Confronted by top-down tyrannies, America promised the dream of opportunity, based on merit. Even though America had some very sinister history to overcome – weren’t those the ideals? Yes. They were.

But that was then. Now, some thirty-odd years later, this book has returned, because suddenly it no longer seems like a far-fetched dystopian fantasy. It has become too real. Red-clad figures are appearing in state legislatures in silent protest at the laws being enacted there, largely by men, to control women. Their aim seems to be to push back the clock, to the nineteenth century if possible. What sort of world do these legislators want to live in? They want a very unequal one: so much is clear. An unequal one in which they themselves will have more power, and other people will have less. If you put the ants in charge of the picnic, the ants will rearrange the picnic for themselves: there will be no people, only egg sandwiches and cookies. The ants at least know what sort of a world they want to live in, and they are very frank about it. Ants are not hypocritical.

The citizens of every country must ask themselves the same question: what sort of world do they want to live in? Being of a Plutonian and sinister cast of mind, I would reduce that sentence to:  Do they want to live? Because, drawing back from our human picture – drawing back so that the borders between countries disappear, and the earth becomes a blue marble in space, with much more water on it than land – it is evident that our fate as a species will be determined by whether or not we kill the oceans. If the oceans die, so will we – at least 60 percent of our oxygen comes from marine algaes.

But I will try not to depress you too much. There is hope, there is hope: brilliant minds are already at work on such problems. But meanwhile, what is an artist to do? Why make art at all, in such disturbing times? What is art, anyway? Why should we be bothered with it? What is it for? Learning, teaching, expressing ourselves, describing reality, entertaining us, enacting truth, celebrating, or even denouncing and cursing?  There’s no general answer. Human beings have engaged in the arts – music, visual imagery, dramatic performances – including rituals – and language arts, including tale telling – ever since they have been recognizably human. Children respond to language and music before they themselves can speak: those capabilities seem to be built in. The art we make is specific to the culture that makes it – to its location, to its driving energy system, to its climate and food sources, and to the beliefs connected with all of these. But we have never not made art.

For a great many centuries, art was made in the service of the rulers – the kings, the emperors, the popes, the dukes, and such. But ever since romantic and post-romantic times there has been a different expectation of the artist. Surely she or he should speak truth to power, tell the stories that have been suppressed, give voices to the voiceless. And many writers have done that; it has frequently gotten them into trouble, and sometimes it has got them shot. But create they must. They have written in secret, they have smuggled their manuscripts out of unsafe places at risk to their lives. They have arrived from afar, like the messenger in the Book of Job, fainting from exhaustion, to say: I only am escaped alone to tell thee.

To tell thee. To tell thee, Dear Reader, singular. A book is a voice in your ear; the message is – while you are reading it – is for you alone. Reading a book is surely the most intimate experience we can have of the inside of another human being’s mind. Writer, book, and reader – in this triangle, the book is the messenger. And all three are part of one act of creation, as the composer, the player of the symphony, and the listener are all participants in it. The reader is the musician of the book.

As for the writer, his or her part is done when the book goes out into the world; it is the book that will then live or die, and what happens to the writer is at that point immaterial, from the point of view of the book.

Any award winner in the arts is the temporary representative of all the practitioners of that art, and of the community that allows that art to exist – those who have gone before, those from whom we ourselves have learned, those who have died before they were recognized, those who have had to struggle against racial discrimination to find their writing voice, those who have been killed for their political views, and those who have managed to live through periods of oppression and censorship and silencing. Then there are those who never became writers at all because they were not given the possibility – such as the many North American and Australian and New Zealand story-bearers and oral poets from indigenous cultures of the past and even the present. Doors are opening for such voices all around the world; but other doors are being closed. We need to pay attention to that.

So to my teachers, both dead and alive, by whom I mean the very many writers in my life and library; my readers, into whose hands I have entrusted my stories; to all my publishers, who have not considered my work a waste of paper, and who have taken a chance on me; to my agents, companions on this journey; and to all those friends and professionals who have helped and supported me over the years, including my family, both immediate and extended, my mother, a wonderful reader-aloud – thank you for those gifts you have given me.

A gift should be returned or passed on – it should pass from hand to hand, like a book. Let us hope for a world in which such gifts remain possible. Let us not close the doors or silence the voices. One day I will be walking along a beach, or inside a bookstore, and I will find a bottle, or a book, and I will open it, and I will read the message to me from you – yes, you out there, a young writer who perhaps has just been published. And I will say: Yes. I can hear you. I can hear your story. I can hear your voice.

Thank you all, very much, again.

 

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“The Knife-thrower’s Precision”. The laudatory speech for Margaret Atwood by Eva Menasse

Representaciones paralelas. De Máriam M-Bascuñán

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 Vecinos de Girona aplauden y alzan los puños ante la manifestación de Puigdemont de que “Cataluña se ha ganado el derecho a ser un Estado independiente”. Foto: Toni Ferragut

Hace tiempo que abandonamos el ilusionismo de las apariencias para entrar en la pura suplantación de lo real.

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Máriam M-Bascuñán, politóloga, Universidad Autónoma de Madrid

Máriam M-Bascuñán, 14 octubre 2017 / EL PAIS

La distinción entre lo real y lo aparente es tan vieja como el propio Platón, aunque fue Maquiavelo quien fijó su conexión con el poder al hablarnos del ilusionismo político. El florentino consideró el arte de jugar con la apariencia una técnica política más, pues las personas, al cabo, nos dejamos guiar antes por la ilusión que por lo real. Al final, lo importante es la apariencia: no cómo son las cosas, sino cómo las percibimos. La obsesión griega por buscar la verdad cedería paso al afán del político por generar apariencias que terminarían instalándose como verdad.

el paisLas nuevas derivas nos inclinan a pensar que ya no nos movemos en esa distinción, pues hace tiempo que abandonamos el ilusionismo de las apariencias para entrar en la pura suplantación de lo real. Se fabrican mundos ficticios, representaciones políticas meramente teatrales que incluso se contradicen performativamente. ¿Cómo si no explicar la DUI de Puigdemont en su doble versión hard-soft? La interpretación de esa imago producía dos versiones distintas de la misma realidad con serias implicaciones sobre la capacidad cognitiva de los ciudadanos, pues puede terminar haciéndonos insensibles a la contradicción.

Hoy sabemos que esa escenificación se refuerza en las redes, que no asistimos únicamente a la realidad de un actor, Puigdemont, y su solemne discurso: el impacto se magnifica activamente a través de su representación paralela en el ciberespacio. La suplantación no sólo se produce en el mundo real, sino en la cautiva simulación grupal del enjambre virtual. De esta forma, el simulacro sigue; lejos de desvelarse, se profundiza en nuestras comunidades virtuales.

Parece que gobernar ya no es hablar, sino escenificar una performance cuanto más espectacular mejor, aunque el canto de Els segadors y la mirada solemne suspendida en el horizonte rocen el folklore de sainete. Porque sin comunicación política no hay gobierno, y aquella no consiste en teatralizar sino en explicar, trazar un rumbo, rendir cuentas y, lo más importante, incrementar el dominio de los ciudadanos sobre sus vidas. Justo lo contrario de lo que nos pasa.

@MariamMartinezB

Carta a los médicos y las enfermeras del Rosales: Son los ángeles del infierno. De Paolo Luers

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paolo luers caricaturaPaolo Luers, 14 octubre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Estimados profesionales de salud:
Pasé dos días y una noche en Emergencia del Hospital Rosales, acompañando a nuestro tío de 89 años, en muy mal estado. Las primeras impresiones eran un shock. Esto me parecía una terminal de buses con camas. Una multitud de gente esperando atención, 6 o 8 camas ambulantes en cubículos para 4. Los familiares deambulando por todos lados. Cantidades de gabachas blancas corriendo de una cama a la otra, calmando a los pacientes desesperados, dando instrucciones a las enfermeras, explicando a los familiares. Igual cantidad de gabachas azules sacando muestras, poniendo sueros, limpiando pacientes…

logos MAS y EDHEnfermeros abriéndose espacio para mover a pacientes en sus camas rodantes. Manadas de bichas y bichos internos rodeando a los médicos, que les explican cada caso, o ayudando a las enfermeras. Un bicho pasando horas bombeando aire, porque no hay ventilador de respiración. Y con la otra mano sobándole la cabeza al paciente. ¡Horas!

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A la par nuestra una pareja de uniformados con fusiles (!) custodiando a un reo con grilletes y esposas. En las sillas o en el piso, gente comiendo pupusas…

Llevamos al tío al baño, y salimos huyendo por la suciedad y el mal olor.

Uno piensa: Por Dios, ¿adónde estamos metidos? Este es el famoso Rosales. Es un infierno.

Pero al rato la percepción cambia. Cambia en cuánto entrás en contacto con los médicos, internos, enfermeras; cuando ves la calma, la paciencia, el cansancio en sus ojos, su profesionalidad, el cariño que muestran con los pacientes y familiares angustiados; cuando ves que esta actitud contagia a todos; cuando te das cuenta que ya pasaste horas en este caos y nadie se pelea, más bien todos se dan ánimo mutuamente. De repente te das cuenta que en este infierno hay muchos ángeles, y que están haciendo milagros a pesar de las carencias.

De repente estás agarrando la mano de un señor desconocido, que está solo y sufre de a saber qué dolores. Vas buscando a la doctora y ella viene corriendo y te dice: Gracias por preocuparse. Calma al hombre, se va, y te deja una sonrisa a medianoche.

Nunca he visto en este país tantas sonrisas como en esta noche, en Emergencia del Rosales. Sonrisas cansadas, pero honestas, de pacientes, familiares, médicos, enfermeras.

Por más que pasás en este caos, te das cuenta que tu familiar está bien atendido. Que aquí lo van a cuidar – y si tiene cura, lo van a curar

A los dos días, con el tío ya internado, salgo del Rosales tranquilo, convencido que no lo dejamos en ningún infierno, sino en un hospital profesional, con profesionales de primera línea. Las condiciones físicas son lamentables, hay muchas carencias, tienen veces más pacientes que deberían atender – pero los ángeles que habitan este infierno van a dar todo – y un poquito más.

No entiendo porqué el Estado no tiene dinero para dar al Rosales todos los recursos que necesita para la multitad de gente que atiende diariamente. No entiendo porque el Estado regatea a los médicos y enfermeras su escalafón.

Esta carta es un homenaje a ellos. Saludos,

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