El patógeno de la violencia. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

28 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

James Gilligan, médico psiquiatra, fue llamado por el sistema de prisiones del estado de Massachusetts en busca de una solución para los altos índices de violencia y suicidios que se producían en la población interna. El doctor Gilligan se dedicó afanosamente a identificar la razón última de la violencia. Después de varios años de estudio identificó el patógeno y le llamó «humillación abrumadora».

Concluyó que la violencia es siempre un intento desesperado y riesgoso de ganar respeto, atención y reconocimiento hacia sí mismo o hacia el grupo con quien la persona se identifica. Su teoría es capaz de explicar todos los rangos de conductas violentas, desde las individuales (homicidios y suicidio) hasta las colectivas (guerra, terrorismo y genocidio) y permite desarrollar métodos prácticos de prevención de la violencia.

En palabras del Dr. Gilligan: «Toda violencia es un intento por reemplazar la humillación con autoestima”. Tal idea no solo es un presupuesto teórico sino que Gilligan tuvo la oportunidad de demostrarlo al cambiar el énfasis de castigar la violencia por prevenirla antes de que ocurra. Los resultados fueron fabulosos.

Durante los 25 años que duró su trabajo en las prisiones, los índices de violencia y suicidios se redujeron casi a cero. En los Estados Unidos el índice de reincidencia de los reos que cumplen su condena es del 65% en los siguientes tres años a su liberación. Con la aplicación de su método, el Dr. Gilligan logró reducir la reincidencia a un 1% en un período de 25 años. Sus logros extraordinarios le convirtieron en catedrático del Departamento de Psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard por 34 años.

En esa universidad llegó a convertirse en el director del Instituto de Leyes y Psiquiatría. Además ha trabajado como consultor y asesor de Tony Blair y de la Cámara de los Lores en el Reino Unido, del Tribunal Criminal Internacional de la ex Yugoslavia en La Haya, del Colegio Estadounidense de Abogados y de muchas legislaturas estatales, departamentos de sheriffs y comisionados policiales. Además es autor de una docena de libros en el tema de la violencia.

Actualmente el Dr. Gilligan se encuentra jubilado y vive al lado de su esposa Carol.
Sus estudios y sus libros demuestran cómo el enfoque de la civilización humana por tratar de corregir las acciones violentas con castigos severos es un camino incorrecto que perpetúa el problema.

De nuevo en sus palabras: «El castigo es el detonador de violencia más poderoso que hemos inventado». La afirmación de que mayor represión provoca mayor violencia no es una idea antojadiza sino un hecho que ha sido demostrado en todo lugar y en todo tiempo en que se haya aplicado.

Si el patógeno de la violencia es el sentimiento de humillación abrumadora, es obvio que un trato más severo y humillante profundizará aún más los sentimientos de inadecuación, derivando en nuevas y mayores expresiones violentas.

No ha ocurrido en la historia humana alguna ocasión en la que el uso de la fuerza haya resuelto algún tipo de violencia. Tampoco ha ocurrido en nuestro país. Pero las propuestas del Dr. Gilligan están saturadas de éxitos que demuestran la veracidad de sus enfoques.

Cuando el problema de la violencia se pretende resolver, debería hacerse desde un enfoque científico y probado; no desde la emotividad popular o el ganguerismo político. Por amor a Dios, ya hay demasiado dolor para continuar experimentando con la vida de los pobres.

Carta sobre la foto de Valeria. De Paolo Luers

27 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

La agencia de Aduana y Protección de Fronteras CBP es la encargada de arrestar y mantener detenidos a los migrantes que cruzan la frontera sin permiso, incluyendo los miles de menores de edad que tienen en campos de concentración.

Para hacer más eficiente el trabajo de esta agencia, el presidente Trump nombró como su nuevo jefe a un señor llamado Mark Morgan, quien se calificó para este cargo hablando de los niños detenidos en la frontera, en una entrevista con FOX NEWS, en los siguientes términos:

“I’ve looked at their eyes and I’ve said that is a soon-to-be MS-13 gang member. It’s unequivocal.”

“Les he mirado a los ojos y he dicho: este es un futuro miembro de la MS-13. No hay dónde equivocarse”.

Este hombre, con estos criterios, es ahora el responsable de la suerte, de la salud, de la vida y del futuro de miles de niños arrestados en la frontera.

Mira a un niño centroamericano y ve a un futuro pandillero.

¿Qué hubiera visto este hombre al encontrarse con Valeria Ramírez, si ella no hubiera muerto en el intento de cruzar el río Bravo, sino hubiera llegado a uno de los centros de detención? Hubiera visto en la niña salvadoreña de 23 meses una futura pandillera, ladrona o prostituta. Como él mismo dijo: “It’s unequivocal,” sin lugar a equivocarse…

La foto de Valeria recorrió el mundo, salió en la portada del New York Times, y todos la asociamos con aquella otra foto, tomada en una playa de Grecia, de Aylan, el niño kurdo.

No voy a publicar las fotos otra vez. Ya todos las conocemos. A todos nos impactaron.

Existe una diferencia que hay que hacer: la familia de Aylan huyó de su país Siria porque está en guerra. La familia de Valeria no huyó de su país, sino buscó otro país para encontrar trabajo, oportunidades y seguridad. Pero ambas, violencia y falta de oportunidades, son razones válidas para migrar. Lo han sido en toda la historia de la humanidad…

Muchos critican que se está convirtiendo la foto de Valeria en un símbolo y que la usan para criticar a Trump y su política de convertir a los gobiernos de México y Centroamérica en cómplices del intento de bloquear y criminalizar la migración.

Pero esta foto ES un símbolo e igual que la de Aylan, cambiará el debate sobre migración. La foto de Aylan vino a dar fuerza a Angela Merkel y su política de abrir las fronteras de Alemania a los refugiados. La foto de Valeria va a dar fuerza a los millones de ciudadanos en Estados Unidos que van a exigir que se abran la frontera a los migrantes centroamericanos. Ambas fotos son símbolos y poderosos instrumentos políticos.

Saludos,

De sirenas y partidas secretas. De Carmen Aída Lazo

Carmen Aída Lazo, decana de Economía de la ESEN; excandidata a la vicepresidencia

25 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

La Odisea siempre ha sido uno de mis libros favoritos. En ella, Homero relata las aventuras de Ulises en su retorno a su hogar en Ítaca, después de la guerra de Troya.

Y sin lugar a dudas el relato más conocido de esta obra es el de Ulises y las sirenas. Cuando Ulises finalmente decide emprender su viaje hacia Ítaca, la diosa Circe habla con él y le advierte que se encontrará con las sirenas en su camino, quienes, con sus voces, hechizan a los hombres. Los hombres, embelesados, saltan de los barcos y mueren ahogados, por lo que Circe le recomienda atarse al mástil del barco para evitar sucumbir ante estas criaturas míticas.

Ulises así lo hace y además ordena a todos los hombres de la nave taparse los oídos con cera, Por último, les exige que no lo desaten, sin importar cuánto suplique. Gracias a estas precauciones, Ulises y su tripulación logran salir ilesos del encuentro con las sirenas.

Este relato ha sido sujeto de diferentes interpretaciones metafóricas a lo largo del tiempo, siendo una de ellas que, dada nuestra vulnerable naturaleza humana, muchas veces lo que más nos conviene es atarnos de manos y limitar voluntariamente nuestro libre albedrío, pues ello nos librará de cometer acciones que nos terminen afectando. Dado que las tentaciones estarán ahí, y que será en extremo difícil no sucumbir ante ellas, es mejor limitar anticipadamente nuestro accionar, en otras palabras, es mejor atarnos de pies y manos al mástil del barco.

Esta alegoría resulta particularmente pertinente para el caso de nuestro país, donde los sonados casos de corrupción han erosionado la confianza de la población en la clase política. Y porque tales casos de corrupción, -en los que se dilapidaron los recursos del Estado-, se podrían haber evitado si las posibilidades de sucumbir a las tentaciones se hubiesen minimizado oportunamente. Es decir, si quienes ostentan el poder actuasen como Ulises, atándose al mástil del barco.

Y es que la falta de transparencia en el manejo de las finanzas del Estado, la opacidad en el uso de los recursos públicos, actúan como esas tentaciones, como esos cantos de sirena, que estimulan los abusos en el ejercicio del poder. Nuestra historia reciente ha demostrado contundentemente, que, en la medida que existan fondos públicos que no estén sujetos a una adecuada rendición de cuentas o al escrutinio público, los funcionarios se verán tentados a hacer un uso inadecuado de dichos recursos.
Es por ello que la transparencia y la rendición de cuentas en el uso de los fondos del Estado actúa como un poderoso antídoto para evitar tales tentaciones. Es la forma de atarse al mástil de quienes ostentan el poder. Y es lo que todos debemos exigir.

El fortalecimiento de la transparencia en el manejo de las finanzas públicas exige una agenda con múltiples acciones, con un compromiso político real y con un genuino involucramiento de los diferentes actores de la sociedad civil. Es mucho lo que aún se puede hacer en El Salvador. De hecho, el International Budget Partnership -que clasifica a los países de acuerdo a la transparencia en su presupuesto-, ubica a El Salvador entre los países con nivel de transparencia insuficiente.

Ciertamente se han dedicado foros completos a discutir y tratar de trazar esa agenda, pero cierro esta columna comentando una acción puntual, concreta, de exclusiva responsabilidad del poder Ejecutivo y que, de realizarse, contribuiría al tan necesario fortalecimiento de la transparencia.

Esta acción es reducir, a su mínima expresión, la partida de gastos reservados en el Presupuesto General del Estado 2020. La principal característica de la partida de gastos reservados -conocida popularmente como partida secreta- ha sido la opacidad y discrecionalidad con la que se ha manejado desde la Presidencia de la República. Esto puede y debe cambiar, y está en manos del Órgano Ejecutivo el hacerlo.

El presupuesto del Organismo de Inteligencia del Estado asciende a más de 30 millones de dólares y se clasifica como gasto reservado. A manera de referencia, la Superintendencia de Competencia -que vela por el buen funcionamiento de los mercados- cuenta con un presupuesto anual de $2.7 millones, Fosalud, con cerca de $39 millones, el Hospital Nacional Benjamín Bloom: $34 millones. Un presupuesto anual de $30 millones para la OIE es excesivamente alto en un país con las demandas sociales que tiene El Salvador.

Es cierto además que muchos países tienen partidas de Gastos Reservados, pero también es cierto que muchos de ellos cuentan con mucha mayor claridad sobre la definición de tales gastos y mejores mecanismos de fiscalización y auditoría de su ejecución. Además de definir con precisión qué se considera gasto reservado, es importante explicitar las prohibiciones. Así, por ejemplo, de ninguna manera los gastos reservados deben ser usados para el pago de sobresueldos u otra forma de compensación a servidores públicos, y deben ser auditados por la Corte de Cuentas de la República. Y en caso la información sea clasificada como reservada, deberá hacerse pública una vez venza el plazo de dicha reserva.

En definitiva, ningún gasto del Estado debe estar exento de un mecanismo de fiscalización y control. Ninguno. Es posible y necesario que el presupuesto que mandará el Gobierno a la Asamblea en septiembre de este año contemple una reducción sustancial de los gastos reservados, y que se emprenda un esfuerzo serio por definir y fiscalizar tales fondos.

Mayor transparencia es central para brindar mejores bienes y servicios a la población, y para combatir la corrupción. La transparencia ayuda a blindar a los gobernantes de las tentaciones en el poder. La reducción y control de los gastos reservados es una acción factible en la dirección correcta.

Carta a una amiga que ama al país: No nos hagamos ilusiones. De Paolo Luers

25 junio 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Muy estimada amiga:

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras que citaste del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado bien intencionado que honra al expresidente Obama, pero lastimosamente no fue realista.

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Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

Porque resulta que Trump no quiere lo mejor para su pueblo, sino que busca promover las causas de la xenofobia, el racismo – y que su lema ‘Make America Great Again’ se traduce a ‘Make White America Great Again’. Resulta que Trump no promueve ‘un sentido de unidad e inclusión’, sino la división y exclusión. Resulta que Trump no  entiende lo que significan la palabra respeto…

Hoy, en el tercer año de la presidencia de Trump, Obama ya no diría lo mismo. Tuvo que reconocer que ante un gobierno de este tipo resulta ilusorio apelar a la unidad, al respeto a las instituciones y a cualquier tipo de respeto. Lo que hay que hacer es fortalecer la institucionalidad y los contrapesos, incluyendo la oposición, para evitar que pueda avanzar su agenda antidemocrática – y para asegurar que en las próximas elecciones se produzca un cambio.

Entonces, la noble frase de Obama sobre ‘el sentido de unidad’ no nos sirve de punto de partida para una reflexión sobre la situación actual de nuestro país – y sobre cómo relacionarse con el gobierno de Bukele los que no somos parte de su proyecto de poder. Vale la pena estudiar Estados Unidos y Trump, pero para aprender cómo hacer oposición y contención a un presidente que ha logrado movilizar una porción tal vez no mayoritaria, pero sí grande y sólida de la población alrededor de consignas simplistas, populistas y divisionistas.

¿Cómo atreverse a ejercer crítica, oposición y contención a un gobierno que tiene ventaja de popularidad, porque no tiene ningún asco a lo simple, lo falso y lo demagógico – mientras que la oposición no sabe cómo comunicar verdades más complejas y mensajes contra la corriente?

¿Cómo lograr esto cuando todos los instrumentos necesarios para hacerlo se encuentran en crisis de identidad y liderazgo: los partidos políticos, la academia, los organizaciones de la sociedad civil, el parlamento, los medios de comunicación? Todos. Y cuando muchos de estos instrumentos de contrapeso son tan fáciles de extorsionar por la presión popular que el recién electo presidente sabe movilizar contra cualquier intento de someter su poder a reglas institucionales y legales.

Sólo cuando estos instrumentos se hayan logrado liberar de su actual parálisis y recuperen su capacidad de jugar su papel en el sistema de pesos y contrapesos, puede convertirse en oposición propositiva y constructiva. Para ser oposición constructiva, primero hay que establecerse como oposición. Esto es válido para partidos como para intelectuales o líderes de la sociedad civil. Si no, veremos más del espectáculo embarazoso que ya comienza a presentarse diariamente: que cada uno por separado y debajo de la mesa, desde su debilidad y su miedo de perder importancia, busca arreglarse con el nuevo poder.

Concertación digna sólo será posible desde posiciones de fuerza y unidad. Es imposible imaginarse una unidad nacional sin antes haber llegado a una claridad de criterios, prioridades y propósitos, tanto en el campo gubernamental como en el campo opositor. Sólo entonces se podrá concertar a favor del país. Sin dar este paso, sin transparencia sobre los propósitos de los diferentes actores (gubernamentales, opositores, ciudadanas y gremiales) no puede haber concertación, solo pactos oscuros y sumisiones.

Entiendo tu interés manifiesto de que el país avance. Está bien decir: ‘Unamos esfuerzos por el país’ – pero antes de unir esfuerzos hay que tener fuerza. No es un gobierno ni un presidente que nos van a unir. Vamos a unirnos para tener la fuerza de concertar con el gobierno por el bien del país. Y para ejercer oposición donde no hay intento de imposición y chantaje.

Saludos,

Uniendo esfuerzos. De Erika Saldaña

24 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

“Todos queremos lo mejor para este pueblo. Eso es lo que necesita el país: un sentido de unidad, un sentido de inclusión, un respeto por nuestras instituciones, nuestro modo de vida, el estado de derecho y el respeto mutuo”. Estas fueron las palabras del expresidente de los Estados Unidos de América, Barack Obama, después de la elección de Donald Trump en 2016. Fue un llamado a la unidad del país luego de que su partido perdiera la elección presidencial. Y estas son palabras que también deberíamos hacer propias para El Salvador.

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La semana pasada tuve la oportunidad de compartir un almuerzo organizado por la embajadora de los Estados Unidos Jean Manes en su residencia, en el que mujeres líderes de este país intercambiaron ideas y visiones con la primera dama de la república y las ministras de Turismo, Educación, Salud, Cultura y Desarrollo Local. El llamado durante la reunión fue el mismo hecho por el expresidente Obama. La embajadora pronunció un breve mensaje que luego fue difundido en su cuenta de Twitter: “El momento de este país es hoy. Tenemos que dar un paso adelante y empujar desde donde estamos. Seamos audaces, seamos valientes, no vacilemos, no nos detengamos. Nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros países nos necesitan”. El Salvador necesita a todos sus buenos ciudadanos.

Durante décadas, los partidos †††políticos que ganaron una elección empujaron esfuerzos hacia decisiones específicas sin considerar la opinión de quienes fueron adversarios o de quienes no pensaban de manera similar. No ha existido la suficiente madurez política de tener en cuenta lo que piensan las minorías. Eso ha profundizado la polarización y el resentimiento entre distintos sectores de la sociedad. Todas estas asperezas existentes son las que hay que limar, centrando esfuerzos en sacar adelante un país dañado por la pobreza, exclusión y corrupción. Esto es posible hacerlo sin perder el pensamiento propio y el sentido crítico propio.

El llamado a unir esfuerzos por el país no se traduce una sumisión y aceptación a ciegas de las decisiones que provengan del Órgano Ejecutivo. La invocación a la unidad significa que todos los involucrados en las decisiones de país deben tener la madurez política de participar en un diálogo horizontal para la toma de decisiones. Significa que los ciudadanos comprometidos con El Salvador debemos unir esfuerzos y apoyar las buenas propuestas que provengan del Ejecutivo. Y también, que la presidencia y sus ministros deben escuchar las observaciones y críticas orientadas a tomar mejores decisiones o corregir errores. La idea principal debe ser siempre resolver de manera civilizada los problemas del país.

En El Salvador necesitamos mucha civilidad. Civilidad cuando convivimos en nuestras colonias y comunidades; civilidad en las calles y en el tráfico; civilidad en el trato con nuestros compañeros de trabajo y con los usuarios de los servicios. Y también, civilidad en el ámbito político, donde los oponentes partidarios o los distintos pensamientos ideológicos no deben tratarse como si fueran enemigos. El fin último de todos los involucrados en política debería ser el progreso del país y el bienestar de la población. Lo único distinto es el camino a seguir, no la finalidad que todos buscamos.

Hoy es un buen momento para compartir el mensaje de la embajadora Manes a todos los ciudadanos que queremos a nuestro país: hay que unir esfuerzos por El Salvador. Debemos dejar a un lado las diferencias políticas que nos han separado desde hace décadas y trabajar, cada quien desde su trinchera personal, en hacer avanzar el desarrollo de nuestro país. Las diferencias no deben ser más ruidosas que el deseo de mejora de todos los ciudadanos. Cuando se trata de nuestro país, todos estamos en el mismo equipo.

Las noches oscuras del alma. De Cristina López

24 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

Se ha ido volviendo cada vez más difícil, en estas eras de autobiografías digitales filtradas y versiones Photoshop de la realidad, hablar de lo que pasa en los momentos que no compartimos. A través de la ventana digital enseñamos al mundo nuestras sonrisas más llenas de dientes, nuestros días más soleados, nuestros mejores atuendos, los días de triunfo personal y éxito profesional. Y no tiene nada de malo. Nuestras audiencias hacen lo mismo y disfrutamos de su contenido digital de la misma manera que esperamos disfruten del nuestro.

Pero también a veces se vuelve fácil como audiencia pensar que la vida de los demás es sólo sonrisas llenas de dientes, días soleados, atuendos excelentes, triunfos y éxitos. Porque hay momentos, los que podrían describirse como “las noches oscuras del alma”, que no compartimos con el mundo. Quizás porque a través del rectángulo de nuestra ventana digital tan expertamente curada no caben las profundidades y complejidades de nuestro cerebro, tan parecido al de todo el mundo, pero tan único y específico en lo que a niveles y balances químicos se refiere. Donde una pluralidad de químicos influyendo incesantemente por dentro y por fuera de nuestras células nerviosas causan millones y miles de millones de reacciones químicas que terminan explicando nuestras percepciones, humores, y la manera en la que experimentamos la realidad. La vida, pues. O quizás porque a veces pensamos que como los trapos sucios que se lavan en casa, es de pésimos modales andar aireando lo íntimo y nos guardamos lo más oscuro, enterrándolo dentro por para que si

Pero ignorarlas no hace que desaparezcan. Y la acumulación de noches oscuras puede dañar irreversiblemente el alma hasta perder las ganas. Este junio se cumplió un año desde que la leyenda culinaria que era Anthony Bourdain decidió quitarse la vida. Bourdain era de todo: chef, reportero, aventurero, escritor. Fue su libro “Kitchen Confidential” lo que me convirtió en fanática del periodismo culinario y como tantos, su muerte me causó impresión. Nadie, más allá de su médico personal podrá con certeza decir si a Bourdain las noches oscuras del alma fueron lo que al final le empujaron a la decisión más triste y drástica de todas. Pero sabemos lo que Bourdain compartía con el mundo, a través de su propia autobiografía digital llena de aventuras internacionales y periodismo culinario. Y sabemos, porque algo de eso había compartido también, que incluso con esa vida que hasta él consideraba bendecida, a Bourdain la falta de salud mental le hacía sufrir muchísimo. Tim Carman, periodista culinario para Washington Post, compartió en una columna la semana pasada que fue el suicidio de Bourdain lo que lo motivó a él a compartir con sus audiencias y personas cercanas el diagnóstico de su propia depresión.

Cuenta Carman que Bourdain en un episodio de su serie de CNN “Partes Desconocidas” en el que visitó Argentina, compartió su experiencia con las espirales de depresión que duraban para él a veces días, diciendo “Nadie me va a extender sus simpatías, francamente. Tengo el mejor trabajo del mundo”. Su muerte prematura es evidencia de que ni el talento, ni la fortuna, ni el éxito profesional protegen de los tentáculos poderosísimos de la depresión. El sentimiento de desesperanza puede volverse a veces tan pesado que recuerda a los efectos que en las series de Harry Potter, tenían los dementores sobre quienes se encontraban a sus alrededores: la sensación de que no se volverá a ser feliz nunca. Me diagnosticaron depresión hace unos años y he tenido más de una noche oscura. La ayuda profesional y a veces medicamentos, nos sirven a quienes padecemos de este mal tan común pero tan poco discutido a que salga el sol otra vez. Pero como cualquier carga, es sólo cuando se comparte que se vuelve menos pesada. En honor a la memoria de Anthony Bourdain, ojalá que hagamos de la depresión menos un huésped silencioso del cerebro y más una condición común para la que existe ayuda.

@crislopezg

Amnistías cazabobos. Columna Transversal de Paolo Luers

23 junio 2019 / EL DIARIO DE HOY

El 15 de enero 2019, la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una Ley de Amnistía para facilitar la transición pacífica del país a la democracia. Es una amnistía general, por una parte a todos los opositores condenados, perseguidos, o exilados por causas políticas, Por otra parte, se promete inmunidad a todos los militares y funcionarios gubernamentales y judiciales responsables de violaciones a los Derechos Humanos y de crímenes relacionados a la represión del gobierno contra la oposición y sus seguidores, con una sola condición: la inmunidad se concede a quienes faciliten la transición democrática y contribuyan al restablecimiento del orden constitucional. Esta amnistía favorecería a militares, policías, fiscales, jueces, agentes del servicio secreto y paramilitares que han cometido arrestos arbitrarios, torturas, desapariciones y hasta homicidios, siempre y cuando decidan ponerse del lado de la transición democrática. Hasta el mismo Nicolás Maduro se podría acoger a esta amnistía con solo que emita la orden de cesar la represión y abandone la presidencia.

Fue una de las primeras iniciativas de Juan Guidó, quien como presidente de la Asamblea Nacional recién había asumido transitoriamente la presidencia de la República, luego de que el parlamento había declarado vacante el cargo, ya que no reconoció la reelección de Nicolás Maduro efectuada en 2018.

A partir de la juramentación de Juan Guaidó, el 10 de enero 2019, existen en Venezuela dos gobiernos: el simbólico de Guaidó, apoyado por la Asamblea Nacional, la gran mayoría de los venezolanos y por muchos gobiernos latinoamericanos; el otro es el gobierno de facto de Maduro, apoyado por las Fuerzas Armadas, la policía, la Guardia Nacional y el servicio secreto SEBIN y su capacidad y voluntad de reprimir las manifestaciones de los movimientos opositores.

Guaidó asumió el reto de la presidencia transitoria sabiendo que la única forma de lograr la transición pacífica a la democracia era que la facilitara parte del aparato de poder gubernamental, partidario, jurídico y sobre todo militar del régimen. Guaidó y los legisladores, quienes aprobaron una amnistía general para facilitar la transición, tenían plena consciencia que estaban incluyendo en la amnistía a personas que habían cometido graves crímenes. Lo incluyeron con la convicción de que era necesario y justificado sacrificar la aplicación de la justicia si de esta manera podrían evitar masacres, liberar a todos los presos políticos, facilitar el regreso de los exilados políticos, conseguir el cese a la represión y abrir espacio para una transición democrática mediante elecciones libres.

En estos días de enero 2019, con el presidente de la Asamblea asumiendo la conducción de la transición democrática, con docenas de gobiernos del mundo desconociendo la presidencia de Maduro, con la oposición uniéndose detrás de la Asamblea Nacional y su presidente Guaidó, con los primeros dirigentes del chavismo separándose de Maduro y apoyando la transición, la amnistía tuvo un respaldo total: en la Asamblea, en el movimiento opositor, entre las organizaciones de Derechos Humanos, en la comunidad internacional. Si de esta manera se podría conseguir que militares que antes habían sido el sostén del régimen de Maduro podían ponerse del bando de la oposición o irse al exilio; y si de esta manera los máximos dirigentes del chavismo, incluyendo Maduro, podían negociar el abandono del poder y del país, todos estaban dispuestos de apoyar esta amnistía.

Ya sabemos que el plan no prosperó. Sólo unos pocos funcionarios y militares se pusieron del lado de la transición democrática. La Fuerza Armada no se dividió y quedó leal al régimen. Maduro se mantuvo en el poder. Tampoco ha tenido el valor de arrestar o matar a Juan Guaidó, quien sigue presidiendo la Asamblea y actuando como “presidente encargado” de la transición democrática. La oferta de la amnistía se mantiene…

Me pregunto: ¿Y si en enero 2019 o después el régimen chavista hubiera colapsado, si los militares hubieran abandonado a Maduro y aceptado la amnistía, si de esta forma se hubiera abierto la puerta para una transición pacífica a la democracia en Venezuela? Una vez restablecido el orden constitucional, una vez desarmado el aparato de represión, una vez instalada nuevamente una justicia independiente, ¿cuánto tiempo se hubieran tardado ciertos defensores de los Derechos Humanos para levantar el grito al cielo, exigiendo que se hagan juicios a los responsables de la represión?

Suele pasar cuando el polvo se ha asentado, cuando ya no hoy represión, cuando hacer uso de la libertad de expresión ya no es peligroso. Una amnistía puede tener toda la lógica dentro de una situación histórica tensa, cuando para todos la meta prioritaria, en coma de todas las demás, es conseguir la paz, la libertad, el cese de guerra y persecución. Y años más tarde, cuando los peligros han sido superados, hay quienes cambian las prioridades y exigen, en nombre de la justicia, cambiar la historia y abolir las amnistías.

Pero insisto: la historia no se puede reescribir. Mucho menos escogiendo las partes que ya no nos gustan. Tampoco se puede dar amnistías cazabobos.