Carmen Aída Lazo

Voces de las mujeres salvadoreñas. De Carmen Aída Lazo

Carmen Aída Lazo, candidata a la vicepresidencia

27 noviembre 2018 / EL DIARIO DE HOY

En las últimas semanas he tenido el enorme gusto de conversar con cientos de mujeres a lo largo del país, quienes me han compartido sus aspiraciones, pero también sus historias de dolor; de igual forma me compartieron sus expectativas de los cambios que esperan en el siguiente Gobierno. Ha sido un ejercicio de mucho aprendizaje, mucha empatía y, sobre todo, mucha sororidad.

En estos talleres participaron profesoras, trabajadoras de la salud, madres solteras, profesionales, emprendedoras, amas de casa, pequeñas productoras agrícolas, artesanas, jóvenes estudiando bachillerato, pensionadas, etc. Todas con una historia de vida diferente, pero todas anhelando ver un mejor El Salvador para ellas, para sus hijos, para sus familias.

Yo les compartí a ellas algunos de los temas que, desde la Presidencia, Carlos Calleja y yo trabajaremos para brindar más oportunidades a la mujer salvadoreña; por ejemplo, las becas para que nuestras niñas y jóvenes puedan continuar sus estudios y nuestra apuesta por la infancia temprana, para que los niños tengan atención de calidad en los primeros años de su vida, y las madres que trabajan puedan dejar a sus hijos con la garantía que ellos serán bien cuidados. También conversamos de nuestro programa de vivienda digna, sobre todo para las madres solteras, quienes enfrentan enormes dificultades en el acceso a un hogar digno.

Hablamos de la necesidad de mejorar el sistema de salud, de emprendedurismo femenino y también discutimos un tema del que muchas veces no se habla pero que sufren en silencio miles de mujeres en nuestro país: la violencia contra la mujer. Conocí historias dolorosas que me hicieron consciente de la resiliencia de las mujeres salvadoreñas, pero también de la necesidad de combatir de frente este flagelo.

Yo les contaba a ellas que no sabía el nivel de agresividad que me esperaba al entrar en el mundo político y que si bien se trataba de violencia psicológica, y por ende no era comparable al sufrimiento que viven miles de mujeres en un país donde cada 10 horas una mujer es asesinada, seguía siendo violencia, sistemática y dolorosa. Al hablar del tema, varias me compartieron sus historias de violencia y me hicieron ver la necesidad de reforzar los mecanismos gubernamentales para que la mujer se sienta segura al denunciar, pues persiste mucha impunidad y —en muchos sentidos— sigue siendo un tema tabú. Hablamos de la necesidad de fortalecer el autoestima de nuestras niñas y jóvenes y de la necesidad de un enfoque integral en el abordaje de esta intolerable realidad. Ante todo, hablamos. Algo que para muchas se daba por primera vez.

Varias mujeres me dijeron que, pese a ser un tema doloroso, es un tema que hay que visibilizar, que hay que denunciar y que hay que enfrentar con valentía, pues ya no podemos permitir que lo sufran en silencio.

El tema de la violencia contra la mujer y, sobre todo, de las desigualdades estructurales que nos limitan, no es un tema que se deba electoralizar; es un tema que se debe tratar con absoluta seriedad. Pero eso demanda superar los prejuicios y el estigma que muchas veces nos inhibe a alzar nuestra voz. El derecho de la mujer de defender su propia dignidad no debe ni está sometido a su condición social o forma de pensar.

Mejorar las condiciones de vida de las niñas, jóvenes y mujeres fue una de mis motivaciones para haber ingresado a la política y representar la voz de todas esas mujeres que quieren oportunidades reales e inmediatas para superarse, autorrealizarse y sacar adelante a sus familias.

Las conversaciones que sigo sosteniendo con mujeres y jóvenes en todo el país me comprometen cada día más a trabajar por lograr el gran objetivo de brindar igualdad de condiciones a las mujeres salvadoreñas. No ha sido falta de talento lo que ha limitado el desarrollo de las mujeres en nuestro país, ha sido falta de acceso a oportunidades. Es por lo tanto un tema de justicia social al que daremos prioridad en nuestro Gobierno. Mi compromiso es ser esa voz que ponga el tema de mujer en aquellas mesas de decisión donde con demasiada frecuencia han estado ausentes.

Como bien sabemos las mujeres, el camino no será fácil, nada que valga la pena viene sin esfuerzo, pero como mujer aspirando a un cargo de liderazgo, trabajar este tema es mi deber.

P.D. Agradezco a todas esas mujeres que me han dado palabras de apoyo, que comparten sus anhelos conmigo. Gracias, me siento profundamente comprometida con todas ustedes y con nuestro país.


Anuncios

Mi ingreso en la política, en mis propias palabras. De Carmen Aída Lazo

No esperen de mí ser una figura simbólica u ornamental, por el contrario, mi intención es asumir un papel proactivo y representativo de las aspiraciones de la ciudadanía.

Carmen Aida Lazo, economista y candidata a la vicepresidencia

30 julio 2018 / El Diario de Hoy

Mi vida dio un giro de 180 grados hace unos días, a partir de mi decisión de aceptar entrar a la política para postularme a la Vicepresidencia de la República en las próximas elecciones presidenciales.

La avalancha de comentarios, interpretaciones y preguntas en las redes sociales y en los medios, no se hizo esperar, y me parece normal, pues claramente soy un personaje nuevo: soy alguien sin pasado político, y eso no es común, por lo que es natural que la noticia despierte todo tipo de reacciones.

Es por ello que he decidido expresar mis motivos y hacerlo en mis propias palabras. Hay amigos que me dicen que no vale la pena escribir este tipo de artículos, pues muy pocas personas los leen. Me dicen que una campaña se basa en emociones, no en racionalidad. Creo que se equivocan; muchas personas en este país se toman el tiempo de analizar perfiles y propuestas, y a partir de ello forman su opinión. Yo deseo ir presentando mis posturas y propuestas en este tipo de formato, comenzando por este primer artículo del porqué de mi ingreso a la política.

Ingreso a la política no buscando popularidad, pero sí buscando incidencia, incidencia para hacer cambios que beneficien a la gran mayoría de salvadoreños. Entro porque estoy convencida de que es mucho lo que se puede hacer desde el poder Ejecutivo al cual aspiro llegar. Porque sé que hay un amplio margen para mejorar la calidad de las políticas públicas en beneficio de la población, y porque me siento capaz de aportar en ese ámbito desde mi experiencia y formación.

Entro a la política porque cuatro partidos políticos, a quienes todos criticamos, han mostrado apertura a un perfil como el mío, proveniente de la sociedad civil. Porque cuando a uno se le presenta la oportunidad de contribuir a la renovación de la política, uno en realidad tiene dos opciones: decir que no, y seguir en la comodidad de la crítica pasiva y la descalificación desde las redes sociales; o decir que sí, lanzarse, aceptar el reto y la oportunidad de hacer cambios desde dentro del sistema. Yo opté por lo segundo, claramente consciente del enorme sacrificio para mi familia que ello implica, y también de las críticas y ataques que esta decisión provocará.

“Ingreso a la política no buscando popularidad, pero sí
buscando incidencia, incidencia para hacer cambios que
beneficien a la gran mayoría de salvadoreños”

Agradezco a los partidos que han aceptado mi origen ciudadano y mis posiciones independientes. Sé que para ellos no ha sido fácil, y lo tomo como una muestra importante de madurez y apertura. Sé que los partidos aceptarán que siga siendo crítica de su actuar, como lo he venido siendo hasta ahora.

Ingreso a la política porque comparto la visión de Carlos Calleja de que el país necesita unirse para avanzar. Con Carlos somos buenos amigos desde hace algunos años y compartimos una visión de un país unido. Creo que eso se logra en la medida en que tendamos puentes entre diferentes sectores y visiones. Yo quiero ayudar a tender esos puentes, a reducir la polarización, a promover un debate basado en ideas, donde cada propuesta sea valorada en función de su propio mérito, y no sea juzgada en función de quién la presenta.

Entro a la política por mis alumnos, y por los jóvenes, para contribuir a contrarrestar su escepticismo en torno a la política; y porque me entusiasma mucho trabajar para que encuentren más oportunidades. Como profesora he tenido el privilegio de conocer cientos de jóvenes, de ver la diferencia que marca en sus vidas el acceso a educación de calidad. Yo misma he llegado hasta donde estoy por haber tenido acceso a oportunidades, y deseo que miles de jóvenes también las tengan.

Entro a la política por las niñas y mujeres de este país, porque para el empoderamiento de ellas es importante que vean a más mujeres aspirando y accediendo a posiciones de poder. Quiero además que ellas vean que podemos ejercer posiciones de liderazgo sin renunciar a nuestra esencia, siendo empáticas y adoptando una actitud de servicio, que es la que debe asumir cada funcionario público.

Sé que no saldré ilesa de mi ingreso a la política, pues los costos personales son altísimos; pero pueden estar seguros que ingresé para marcar la diferencia, con un auténtico interés por contribuir al desarrollo de nuestro país, compartiendo la visión de unidad y meritocracia de Carlos. No esperen de mí ser una figura simbólica u ornamental, por el contrario, mi intención es asumir un papel proactivo y representativo de las aspiraciones de la ciudadanía.

De mi parte, estoy lista para luchar.