Elecciones

¿Le da igual o le disgusta la política? Entonces, esto es para usted. De Guillermo Miranda Cuestas

guillermo miranda cuestasGuillermo Miranda Cuestas, 4 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Si usted está cansado de la política salvadoreña y cree que las cosas nunca cambiarán, hoy es cuando debe reconsiderar su postura. En este día inicia un largo ciclo electoral, en el que tanto la cantidad como la calidad de la participación ciudadana definirán aquellas decisiones que afectan su vida y las de sus seres más queridos. En los próximos 18 meses se elegirán 262 concejos municipales, 84 diputados, la presidencia  de la República, los magistrados que integrarán la Sala de lo Constitucional hasta julio de 2027 y el próximo Fiscal General. En otras palabras, este no es el momento de ser indiferente a la política; al contrario, es la hora de involucrarse, al menos, en las siguientes tres direcciones.

EDH logPrimero, la conversación debe ser diferente a la usual. Los problemas de la economía, la seguridad y la corrupción, entre otros, merecen propuestas astutas, coherentes y realistas. Por ejemplo, no se vale hablar de nuevos empleos si no se explica cómo se promoverá el emprendimiento y la innovación o cómo se integrará Centroamérica para competir en los mercados globales; no se vale prometer seguridad si se ignoran los pobres resultados del tristemente célebre “manodurismo”, o si se evita la tan necesaria discusión de cómo reinsertar a la vida productiva a personas que en el pasado delinquieron; no se vale enarbolar la bandera de la transparencia si se insiste en repartirse las instituciones contraloras, como la Corte Suprema de Justicia, entre cuotas partidarias, o si se protege a funcionarios con sobrados indicios de corrupción. En fin, no se vale hacer perder el tiempo de la gente con discursos vacíos, inconsistencias manifiestas, promesas inviables o medias verdades. Los medios de comunicación son actores claves en este sentido.

Segundo, todos deben hacer su parte para que el proceso electoral sea justo y equitativo. Las causas que originaron el desastre provocado en las elecciones de 2015 no solo continúan presentes en la actualidad, sino que se acompañan de dificultades adicionales. En esta ocasión, los ciudadanos tienen una oportunidad extraordinaria de contribuir en el cuido de urnas. Por su energía y disponibilidad, los estudiantes universitarios deben ser los primeros entusiastas en integrar las Juntas Receptoras de Voto. De igual forma, si las instituciones públicas, nacionales o locales, se dedican a hacer propaganda electoral o si las campañas reciben financiamiento ilícito de gobiernos extranjeros, la ciudadanía debe presionar al Tribunal Supremo Electoral para que este actúe de oficio como establece la ley.

Tercero, hay que ir a votar de forma válida e informada. No votar o votar nulo o en blanco -que para efectos prácticos son lo mismo- es sujetar la elección a votantes incondicionales que, en varios casos, tienen una ciega disciplina ya sea por clientelismo o por fanatismo. Por otra parte, votar de manera desinformada -es decir, sin conocer las trayectorias de los candidatos ni la viabilidad de sus propuestas- es premiar la deshonestidad y las emociones por sobre la verdad y la sensatez.

Su involucramiento no solo es importante, sino también necesario. Cada vez que se sienta indiferente, cansado o disgustado, como todos nos sentimos más de una vez a la semana con la política salvadoreña, recuerde: de su apatía sobrevive, muy cómodamente, esa política tradicional que tanto daño nos ha hecho. Anímese; involúcrese.

@guillermo_mc_

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Carta a todos los políticos: La verdad les hará creíbles. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 28 septiembre 2017 / MAS y EL DIARIO DE HOY

Parece que hay acuerdo sobre la reforma de pensiones. ¿Es la ideal? No. Es la posible y la necesaria.

Nunca las pensiones fueron el principal causante del déficit fiscal, siempre lo fue el exagerado aumento del gasto gubernamental. Por eso, la crisis fiscal va a continuar. Un poco aliviada por el arreglo de las pensiones, pero siempre habrá un déficit. Nos salvamos del impago, pero solamente del más inminente, el peligro sigue.

logos MAS y EDHCon el problema pensiones resuelto, hay que retomar las negociaciones fiscales que el gobierno abandonó. Ya estaban bastante avanzadas, entre gobierno, FMLN y ARENA, y con mediación de los organismos financieros internacionales. Ya había el diseño de un acuerdo integral, con una fórmula bien simple: calcular y sumar todo el déficit de los años 2017, 2018 y 2019; dividirlo en 3 partes iguales: uno para cubrirlo con reducción de gastos del Estado; otro cubrirlo con aumento de impuestos; y el restante cubrirlo con financiamiento del Fondo Monetario Internacional. De manera que en tres años el presupuesto estará equilibrado.

Sobre esta fórmula general hubo acuerdo. Pero como siempre, el diablo está en los detalles. ¿Dónde recortar el gasto? ¿A quién afectar y a quién no?¿Cómo aumentar los impuestos? ¿El IVA? Además, ¿cómo calendarizarlo, o sea en cada año, cuánto ahorrar, cuánto recaudar y cuánto prestar?

Técnicamente, matemáticamente, fiscalmente será fácil terminar este acuerdo. La traba es política. Antes de las elecciones, nadie quiere hablar de impuestos, mucho menos de aumentar el IVA. Y no viene una elección, vienen dos seguidas. El gobierno obviamente no quiere recortar subsidios o congelar salarios estatales en medio de una campaña electoral permanente.

Pero la solución no es postergable. No podemos esperar hasta que pasen las elecciones del 2019. Mientras pelean por el poder, se arruinaría el país que quieren gobernar. No pueden ir a dos campañas hablando de cualquier cosa, menos de decirle a la gente la verdad: Cualquiera que llegue a gobernar, necesita recortar gastos y aumentar impuestos.

Hay una solución: Que todos digan la verdad, por amarga que sea, y juntos asuman el costo político de decir la verdad y hacer lo correcto. Y si no todos, por lo menos los que dicen que vienen para componer al país…

Las elecciones no las va a ganar quien trate de engañar a la gente, sino quien tenga el valor de decir la verdad y se atreve a hacer lo necesario. Saludos,

44298-firma-paolo

 

“Furor del hot”. De Ricardo Avelar

¡Hagamos preguntas difíciles! ¡Incomodemos a los candidatos! ¡Cuestionemos cualquier punto que parezca no tener sentido y contrastemos los discursos con la realidad!

ric avelarRicardo Avelar, 13 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Hace pocas semanas, un medio de comunicación local publicó sobre la actividad de un precandidato presidencial en una playa cercana. El titular del artículo desafortunadamente hacía referencia a que el personaje en cuestión generó “furor del hot”.

EDH logSin ánimo de hacer más leña del árbol caído (pues la peculiar nota y su tristemente célebre titular ya recibieron fuertes críticas), es propio reflexionar sobre el rol que los medios de comunicación estamos jugando en esta campaña electoral, de cara a las legislativas y municipales de 2018 y de cara a las presidenciales del año siguiente, y preguntarnos qué tratamiento deberíamos dar a los candidatos, a sus mensajes y a los partidos políticos en esta ajetreada etapa.

La campaña ya está en todo su furor. Ya están los aspirantes a diferentes cargos públicos repartiendo dulces, abrazos, discursos y promesas por cada lugar al que visitan. Y en cada una de sus apariciones buscan asegurar algún espacio en las páginas de los periódicos o tiempo de aire en radio y televisión.

Creo que mal haríamos como medios, periodistas y editores, si limitamos nuestra cobertura a un simple recuento de apariciones públicas, únicamente describiendo los hechos sin ahondar al menos un poco en su significado y su posible impacto, o sin aprovechar para hacer preguntas de peso a quienes buscan los votos.

También considero que una responsabilidad de la prensa, además de contar qué pasó, es traer luz sobre temas opacos. A veces esto se manifiesta en investigaciones que descubren escándalos en el erario y a veces en explicarle a las audiencias los rincones menos conocidos del poder. Ayudar a ilustrar las dinámicas internas de los partidos políticos, sus posibles pugnas por el poder, alianzas y financistas debería ser una aspiración prioritaria, especialmente en época de campaña, pues ayuda a predecir cómo se comportará alguien si accede al poder.

No debemos dejar que el “furor del hot” de la campaña electoral, la urgencia que provoca la elevada cantidad de eventos y el ruido proselitista nos atormenten e impidan ver nuestra misión principal, que no es sugerirle a las audiencias una u otra opción en particular, sino presentar con sentido crítico –pero sin malas intenciones– las propuestas de todos los aspirantes, sin privilegio a banderas partidarias y con total transparencia.

Hacerlo no solo beneficia a nuestros consumidores, que están más empoderados e informados y eventualmente podrán tomar una mejor decisión si eligen acudir a las urnas. También beneficia la credibilidad y el prestigio de nuestras marcas. Además, equivale a apropiarnos de nuestro papel en una democracia: el fiscalizar las políticas públicas y la oferta de estas.

Humildemente sugiero que repensemos qué papel queremos jugar y nos distanciemos de una cobertura simplista, meramente fáctica y hasta panfletaria o “farandulesca” en ocasiones. ¡Hagamos preguntas difíciles! ¡Incomodemos a los candidatos! ¡Cuestionemos cualquier punto que parezca no tener sentido y contrastemos los discursos con la realidad!

El periodista no está llamado a hacer amigos dentro de la política, sino a ser un muro de contención del entusiasmo basado en lo irreal. Si no jugamos nuestro rol, desprotegemos a las audiencias y dejamos vulnerables a nuestros medios. Bastará un clic para que un lector inconforme encuentre un análisis más sesudo en otro sitio y al perder la credibilidad, pasaremos de un “furor del hot” a un tibio desprecio. Y sí, nos lo habremos ganado.

Finalmente, estimados candidatos, no esperen benevolencia ni excesiva indulgencia en la prensa. Fiscalizar su cobertura, cuidar qué se publica y pretender decirle a un medio por dónde orientar sus notas o cada cuánto revela una pobreza de mensaje y una conducta levemente antidemocrática.

Advierto todo esto con el fin de tener un 2018 y un 2019 menos dolorosos e insoportables. Y si se puede, más dignos.

@docAvelar

Venezuela, hoy. De Mario Vargas Llosa

No hay precedentes en la historia de América Latina de un país al que la demagogia estatista y colectivista de un Gobierno haya destruido económica y socialmente.

MARIO VARGAS LLOSA

Mario Vargas Llosa, premio nobel de literatura

Mario Vargas Llosa, 27 agosto 2017 / EL PAIS

El portavoz del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y alcalde de Valladolid, Óscar Puente, declaró hace unos días que, a su juicio, hay en España “un sobredimensionamiento” de lo que ocurre en Venezuela, porque cuando un país vive el drama que experimenta la nación bolivariana aquello no es sólo culpa de un Gobierno sino “responsabilidad colectiva de los venezolanos”.

Semejante afirmación demuestra una total ignorancia de la tragedia que vive Venezuela o un fanatismo ideológico cuadriculado. Hace falta más de un individuo para deshonrar a un partido, desde luego, habiendo socialistas que, con Felipe González a la cabeza, han demostrado una solidaridad tan activa con los demócratas venezolanos que, pese a los asesinatos, las torturas y la represión enloquecida desatada por Maduro y su pandilla, han impedido hasta ahora el paisque el régimen convierta a ese país en una segunda Cuba. Pero que haya en España socialistas capaces de deformar de manera tan extrema la realidad venezolana sin que sean reprobados por la dirección, delata la inquietante deriva de un partido que contribuyó de manera tan decisiva a la democratización de España luego de la Transición.

La verdad es que Venezuela fue, por 40 años (1959 a 1999), una democracia ejemplar y un país muy próspero al que inmigrantes de todo el mundo acudían en busca de trabajo y que, tanto los Gobiernos “adecos” como “copeyanos”, dieron una batalla sin cuartel contra las dictaduras que prosperaban en el resto de América Latina. El presidente Rómulo Betancourt intentó convencer a los Gobiernos democráticos del continente para que rompieran relaciones diplomáticas y comerciales y sometieran a un boicot sistemático a todas las tiranías militares y populistas a fin de acelerar su caída. No fue respaldado, pero, décadas después, su iniciativa acaba de ser reivindicada por la Declaración de Lima, en la que, invitados por el Perú, todos los grandes países de  América Latina —Brasil, Argentina, México, Colombia, Chile, Uruguay y cinco países más de la región— además de Estados Unidos, Canadá, Italia y Alemania, han decidido aislar a la dictadura de Maduro y no reconocer las decisiones de la espuria Asamblea Constituyente con la que el régimen trata de reemplazar a la legítima Asamblea Nacional donde la oposición detenta la mayoría de los escaños.

El portavoz socialista no parece haberse enterado tampoco de que las Naciones Unidas han denunciado, a través de su Alto Comisionado para los Derechos Humanos, las torturas a las que la dictadura venezolana somete a los opositores desde hace varios meses, que incluyen descargas eléctricas, palizas sistemáticas, horas colgados de las muñecas o los tobillos, asfixia con gases, violaciones con palos de escoba, detenciones arbitrarias e invasión y destrozos de las viviendas de los sospechosos de colaborar con la oposición. Más de 5.000 personas han sido detenidas sin ser llevadas a los tribunales, las fuerzas de seguridad han asesinado a medio centenar en las últimas manifestaciones y las bandas de malhechores del régimen, llamadas los colectivos, a 27.

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FERNANDO VICENTE

El asedio sistemático a los adversarios de la dictadura se extiende a sus familias, que pierden su trabajo, son discriminadas en los racionamientos y víctimas de expropiaciones. Y la corrupción del Gobierno alcanza extremos de vértigo, como acaba de denunciar la fiscal Luisa Ortega en Brasil, revelando, entre otros horrores, que el segundo hombre del chavismo, Diosdado Cabello, recibió 100 millones de dólares de soborno de Odebrecht a través de una compañía española.

Pero, probablemente, con toda la crueldad que denotan las violaciones a los derechos humanos y el saqueo del patrimonio nacional por los jerarcas del régimen, nada de aquello sea tan terrible como el empobrecimiento vertiginoso que la política económica de Chávez y su heredero ha acarreado al pueblo venezolano. Uno de los países más ricos del mundo, que debería tener los niveles de vida de Suecia o Suiza, padece hoy día los índices de supervivencia de las más empobrecidas naciones africanas: la pobreza afecta al 83% de la población, sufre la inflación más alta del mundo —este año alcanzará el 720%— y un PIB que según el Fondo Monetario Internacional cae 7,4%. Sólo se libran del hambre y la escasez de todo —empezando por las medicinas y las divisas y terminando por el papel higiénico— el puñado de privilegiados de la nomenclatura —buen número de generales entre ellos, comprados asociándolos a las grandes operaciones del narcotráfico— que pueden adquirir alimentos, medicinas, repuestos, ropa, a precios de oro, en el mercado negro. La gente común y corriente, entre tanto, ve caer sus niveles de vida día a día.

¿A cuántos cientos de miles de venezolanos han obligado a emigrar las fechorías económicas y sociales del régimen? Es difícil averiguarlo con exactitud, pero los cálculos hablan de por lo menos dos millones de personas que, agobiadas por la inseguridad, la pobreza, el terror, el hambre y la perspectiva de un empeoramiento de la crisis, se han desparramado por el mundo en busca de mejores condiciones de vida, o, cuando menos, un poco más de libertad. No hay precedentes en la historia de América Latina de un país al que la demagogia estatista y colectivista haya destruido económica y socialmente como ha ocurrido en Venezuela. Lo extraordinario es que la política de destruir las empresas privadas, agigantando el sector público de manera elefantiásica, y poniendo cada vez más trabas a la inversión extranjera, se llevara a cabo cuando todo el mundo socialista, de la desaparecida URSS a China, de Vietnam a Cuba, comenzaba a dar marcha atrás, luego del fracaso de la socialización forzada de la economía. ¿Qué idea pasó por la cabeza de semejantes ignorantes? La utopía del paraíso socialista, una fabulación que, pese a los desmentidos que le inflige la realidad, siempre vuelve a levantar la cabeza y a seducir a masas ingenuas, que, pronto, serán las primeras víctimas de ese error.

Es verdad que la Venezuela de la democracia contra la que se rebeló el comandante Chávez había sido víctima de la corrupción —un juego de niños comparada a la de ahora— y que, en la abundancia de recursos de aquellos años, los de la Venezuela saudí, surgieron fortunas ilícitas a la sombra del poder. Pero aquello tenía compostura dentro de la legalidad democrática y los electores podían castigar a los gobernantes corruptos mediante unas elecciones, que entonces eran libres. Ahora ya no lo son, sino manipuladas por un régimen que, en las últimas, por ejemplo, se inventó un millón de votos más de los que tuvo, según la propia compañía contratada para verificar los comicios. Pese a ello, la oposición ha inscrito candidatos para las elecciones regionales de gobernadores convocadas por Maduro. ¿Hay alguna posibilidad de que sean unos comicios de verdad, donde gane el más votado? Yo creo que no y, por supuesto, me gustaría equivocarme. Pero, después de la grotesca patraña de la “elección” de la Asamblea Constituyente y de la defenestración manu militari de la fiscal general Luisa Ortega Díaz, ahora en el exilio, ¿alguien cree a Maduro capaz de dejarse derrotar en las urnas? Él ha hecho todos los últimos embelecos electorales, quitándose la careta y mostrando la verdadera condición dictatorial del régimen, precisamente porque sabe que tiene en contra a la mayoría del país y que él y sus compinches tendrían un exilio muy difícil, por sus robos cuantiosos y su estrecha vinculación con el narcotráfico. En la triste situación a la que ha llegado Venezuela es poco menos que imposible —a menos de una fractura traumática del propio régimen— que recupere la democracia de manera pacífica, a través de unas elecciones limpias.

El debate en Venezuela: ¿Ir o no a elecciones en una dictadura?

Nuevamente entre los opositores hay un fuerte debate sobre participar o no en las elecciones de gobernadores convocadas para final de este año. No es por primera vez: las elecciones parlamentarias de 2005 los partidos de la oposción decidieron boicotear, dejando al chavismo el control total del Estado. Luego la oposicn camb de estrategia y consiguió, en 2015, la mayoría calificada en la Asamblea. Sin embargo, el gobierno y el Tribunal de Justicia, controlado por el chavismo, desconocieron la autoridad de la Asamblea Nacional. Para deshacerse del parlamento, Maduro convocó a un proceso constituyente, que por la oposición y la mayoría de países democráticos fue considerado como una ruptura constitucional. 

En esta nueva situación que ha cambiado el carácter del régimen chavista, la oposición venezolano tiene que decidir si tiene sentido participar en elecciones. La Mesa de Unidad democrática decidió inscribir candidatos, pero partes de la oposición llaman a boicotear estas elecciones. Documentamos aquí parte de este debate.

Segunda Vuelta

Trece razones para votar. De Fernando Mires

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Fernando Mires, 18 agosto 2017 / TALCUAL

En Venezuela, antes de cada elección, surge la misma controversia. Los argumentos son, si no iguales, parecidos. Al final se impone la razón y la mayoría de la oposición vota. Si la oposición gana, todos festejan el triunfo. Esta vez, en cambio, hay algunas variantes. Las anunciadas elecciones regionales que deberían haberse realizado un año atrás, están por venir. Tendrán lugar después de las grandes demostraciones de masas en defensa de la Constitución, iniciadas en abril del 2017. Los ánimos están enervados y no es para menos: el régimen ha asesinado a muchos seres humanos. Casi todos, jóvenes.

talcual.pngLa dictadura, ya abiertamente declarada, ha impuesto mediante el fraude más grosero conocido en toda la historia electoral latinoamericana, una asamblea constituyente, fascista y cubana a la vez. El ambiente es propicio para todo tipo de aventuras antipolíticas, y también hay razones que lo explican: la lógica de la fuerza representada en una mafia de poder en alianza con los altos mandos del ejército se ha impuesto por sobre la voluntad de la inmensa mayoría. Bajo estas condiciones ha crecido en el seno de la oposición un abstencionismo políticamente anómico pero a la vez militante; muy destructivo con respecto a la única organización política de oposición que existe en Venezuela: la MUD.

Frente a las amenazas que provienen del régimen y de los divisionistas, los sectores democráticos de la oposición intentan defender los pocos espacios que restan. Como una contribución solidaria a la lucha que ellos libran en condiciones tan adversas, he redactado trece puntos que, en mi opinión, son razones que deben tenerse en cuenta para participar en las elecciones regionales de 2017. Siempre y cuando tengan lugar. Pues bajo una dictadura ejercida por personajes sin principios, seres brutales al servicio de sus propias ansias de poder, todo puede ser posible.

  1. Las elecciones regionales están pautadas en la Constitución. Desconocerlas o renunciar a participar es seguir a la pauta de la dictadura -la que como toda dictadura es antielectoral-. Es faltar a la letra y al espíritu de la Constitución. Es romper con la línea histórica de la oposición. Línea que ha sido definida por sus principales líderes y suscrita por la gran mayoría de sus partidos como pacífica, democrática, constitucional y electoral. La Constitución es la guía, es el programa y es la ruta de la oposición. Sin la Constitución la oposición no existiría. Todo lo que es la oposición se lo debe a la Constitución. La decisión divisionista, derrotista y abstencionista de una parte de la oposición liderada por el grupo VENTE, es anticonstitucional y por lo mismo hace el juego a los planes de la dictadura.
  2. Entre oposición y Constitución hay una relación simbiótica. Todo voto a favor de la oposición es un voto a favor de la Constitución. Por esa misma razón, todo voto a favor de la Constitución es un voto en contra de la constituyente cubana. La principal contradicción política de las próximas regionales deberá ser  -siempre y cuando los partidos y candidatos entiendan la esencia del problema-: o Constitución o constituyente. Agitar esa contradicción es más importante que el número de gobernaciones que puedan ser ganadas. Las elecciones, en ese sentido, no son solo un fin sino, además, un medio de agitación política a favor de la Constitución. Convertir a las regionales en un movimiento democrático, popular y constitucionalista es la gran tarea política del momento.
  3. El 16/J la mayoría del pueblo venezolano votó (simbólicamente) en contra de la constituyente, no en contra de las elecciones. Y la razón es elemental: la constituyente fue inventada para evitar las elecciones, sobre todo las regionales, destinadas a privar a la dictadura de todos sus poderes locales. Luego, al votar en contra de la constituyente, los venezolanos votaron a favor de la reivindicación del sufragio universal. Los puntos 2 y 3 tampoco auspician el abstencionismo. Por eso, los que hablan del mandato del 16/J, tergiversan su sentido, tanto en su letra como en su intención. Aparte del rechazo terminante a la constituyente, no hay, en ninguno de los tres puntos del 16/J, un mandato explícito a favor de la abstención electoral.
  4. La Unidad al ir a las elecciones regionales no interrumpe, más bien confirma su continuidad política. La MUD siempre ha sido electoral. Nació y se configuró como una asociación electoral. Que, obligada por las circunstancias, hubiera debido asumir otras funciones, es otro tema. Lo importante es que la MUD ha continuado la línea trazada el año 2007 cuando defendió la Constitución en contra del propio Chávez. Sus más grandes éxitos han sido electorales. Electoral fue el triunfo que robaron a Capriles en las presidenciales del 2013. Electoral fue el grandioso triunfo del 6D. Electorales son las alcaldías y gobernaciones arrancadas a la dictadura. Electorales fueron las grandes manifestaciones por el RR16. La defensa de la AN, elegida electoralmente, fue el punto de partida de las grandes movilizaciones que llevaron a Maduro a imponer la constituyente cubana. Electorales por último fueron las jornadas que llevaron a votar el 16/J en contra de la constituyente. No hay ningún motivo para que la MUD se aparte de la vía electoral, la única que conoce. Romper la vía electoral es romper la oposición. Quienes lo hacen están por cierto en su derecho. Pero para ejercerlo deben presentar una línea política diferente. Y hasta ahora, definitivamente, no la tienen. Son como los perros hortelanos de la política: no hacen ni dejan hacer.
  5. Al plantearse en contra de las elecciones, sin ofrecer ninguna otra alternativa, los abstencionistas solo piensan en dos posibilidades: o en una invasión o en un golpe militar. En cualquiera de los dos casos la oposición no tiene ningún papel que jugar. De este modo los abstencionistas no solo exigen la abstención. Además, buscan eliminar a la oposición, sobre todo a la MUD,  como sujeto político, condenándola a servir de coro de acciones en las cuales ella no tiene ningún poder de decisión.
  6. Las elecciones se encuentran en perfecta continuidad con las protestas iniciadas en abril del 2017. No hay ningún objetivo surgido durante las protestas del 2017 que no pueda ser revivido durante las campañas electorales que –eventualmente- tendrán lugar. Protestas sin vía electoral al chocar permanentemente con la soldadesca están condenadas a la derrota. Las elecciones, en cambio, abren un nuevo cauce. Mientras las protestas tenían lugar solo en centros urbanos, allí donde hay universidades, las elecciones pueden llevar la protesta hasta los últimos rincones, ampliando el espacio de participación pública. Las elecciones regionales son en ese sentido más radicales que las elecciones presidenciales. Más allá de los resultados, de los fraudes, y de la posibilidad de que sean eliminadas por el régimen, las elecciones permiten abrir un nuevo espacio de confrontación política.

  7. Las elecciones no legitiman al régimen pues el régimen es anti-electoral. Las elecciones solo legitiman a las elecciones. Por eso cabe esperar que la dictadura hará todo lo posible por torpedear, boicotear y, si todo eso no resulta, postergar o incluso eliminar a las elecciones. Si se da ese caso, como es probable que ocurra, no la oposición sino la dictadura habrá perdido legitimidad; si es que le queda algo.
  8. Las elecciones tampoco legitiman al CNE. Todo lo contrario, permiten derrotar al CNE como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Por eso quienes arguyen que no irán a las elecciones después del monstruoso fraude del 30/J sacan mal las cuentas. Pues ese CNE no es fraudulento desde el 30/J. Lo ha sido siempre. Incluso, el mayor fraude electoral de su historia no lo cometió el 30/J – en el hecho, una elección interna del PSUV- sino el 14 de abril de 2013 cuando Tibisay Lucena -al negarse a mostrar los cuadernos electorales- reconoció, objetivamente, haber robado las elecciones presidenciales. La oposición aprendió la lección: cuando la votación se convierte en un aluvión y cuando las mesas son vigiladas una por una, el fraude puede ser derrotado. Mesa vigilada es mesa ganada.
  9. La monstruosidad del fraude del 30/J cumplió dos objetivos: el primero:  inventar millones de votos para imponer a la constituyente cubana. El segundo: advertir a la oposición de este modo: “nosotros somos tramposos, no tiene sentido que ustedes vayan a las elecciones pues con nuestros fraudes los volveremos a derrotar”. Imposibilitada de ganar las elecciones, la dictadura ha decidido envilecerlas, desmoralizando a la ciudadanía y dividiendo a la oposición en electoralistas y anti-electoralistas. De este modo, si la oposición no acude a votar, la dictadura hará elecciones adjudicándose un triunfo electoral sobre la oposición “anti-electoral”. El problema más grave es que una parte de la oposición –ignoramos su magnitud- ya ha pisado la trampa. Esa parte ha olvidado el principio más elemental de la política: “nunca hagas lo que tu enemigo quiere que tú hagas”.
  10. No el 30/J sino el 6/D debe ser el parámetro electoral de la oposición. El 30/J solo demostró los límites que es capaz de traspasar la dictadura cuando la oposición está ausente. El 6/D demostró en cambio lo que puede llegar a alcanzar la oposición cuando participa activamente en las elecciones. Si en las regionales no lo hace, tendrá lugar un segundo 30/J. Que nadie tenga dudas. Los responsables serán los abstencionistas. Nadie más.
  11. La participación electoral bajo dictaduras está avalada por la experiencia de una gran cantidad de movimientos democráticos que han usado todos los espacios para acelerar la caída de los tiranos. No se trata por cierto de reeditar la discusión bizantina acerca de “la dictadura no sale con votos” o a la inversa: “solo con votos sale la dictadura”. Se trata solo de tener presente dos hechos objetivos: El primero dice que siempre los movimientos democráticos han puesto a las elecciones en el primer reglón de la lista de exigencias. El segundo dice que hasta ahora no se conoce ningún caso en la historia en el cual una dictadura haya sido derrotada mediante la abstención electoral.
  12. La mantención de una línea constitucional  y por lo mismo electoral ha sido la principal razón que explica por qué la oposición ha concitado en su torno un gran apoyo internacional. Si los asesinatos de tantas personas lograron sensibilizar a la opinión pública mundial no fue por la innegable tragedia del hecho –en Siria son asesinados grandes cantidades de seres humanos día a día y la indignación internacional es muy débil- sino porque quienes cayeron en Venezuela lo hicieron luchando por uno de los sacramentos de la política moderna: el sufragio universal, inscrito en la Constitución de 1999 y negada por la constituyente de la dictadura. Si la oposición decidiera no participar en futuras elecciones, aún  argumentando trampas y fraudes, el impacto sobre esa opinión mundial sería más negativo que positivo y, sin duda, la dictadura sabría como manipular a su favor esa situación.

13. Hay por último una razón en la cual están contenidas todas las demás. Una razón que condiciona a toda otra razón, o –para decirlo con el vocabulario de Freud- una razón sobredeterminante. Esa es la razón ciudadana. Significa, según esa razón, que cuando uno vota no lo hace solo para cumplir un objetivo, o por motivos tácticos o estratégicos, o porque voy a perder o ganar. Uno vota simplemente porque es un deber hacerlo. Que otros van a robar mi voto no me exime del cumplimiento de mi deber. Nadie puede dejarse determinar por la maldad de los otros. El hecho de que Maduro y su mafia sean unos hijos de puta, es problema de ellos, y alguna vez lo pagarán. Pero cuando uno vota, también vota para y por sí mismo. El voto es la dignidad del ciudadano.

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Convencemos pero no vencemos. DE Gisela Kozak Rovero

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Gisela Kozak Rovero, 24 agosto 2017 /  PRODAVINCI

I

Oír a Ramón Muchacho, alcalde depuesto del Municipio Chacao en el exilio, declarar a la cadena televisiva CNN que hoy es imposible una salida democrática en Venezuela no hace más que subrayar lo que firmes partidarios de la unidad opositora, como quien esto escribe, hemos observado con alarma desde que ganamos las elecciones parlamentarias prodavincidel 2015. Aunque alcanzamos la mayoría de las diputaciones no pudimos defender tal mayoría ni convertirla en poder efectivo en la ruta para sacar por los votos al gobierno que hoy en día compite con los más tiránicos del planeta. La MUD, siendo poco más que una plataforma electoral, convenció al mundo de la naturaleza no democrática del régimen porque se mantuvo en la ruta electoral, movilizó a millones de personas en la búsqueda de la salida menos traumática posible y logró arrebatarle votos al chavismo. Se trata de una obra titánica, pero lamentablemente no ha logrado ese milagro político que es convertir las condiciones actuales, tan desfavorables a la tiranía desde una perspectiva racional, en la oportunidad propicia para hacerse con el poder: la MUD convence pero no vence. Quienes están fuera de la MUD, como ahora VENTE, el partido de María Corina Machado, tampoco. No tienen la fuerza para hacerlo.

II

¿Por qué no logramos vencer?, nos preguntamos los opositores de a pie. ¿Será que el diagnóstico de la enfermedad no encuentra el remedio adecuado? María Corina Machado, muy denostada en estos momentos, hace el diagnóstico correcto aunque hasta hora no ofrece el remedio capaz de articular las voluntades opositoras: en Venezuela se ha conformado un régimen totalitario, una secta alimentada de narcotráfico, petróleo y corrupción que jura estar dispuesta a salvar a la patria de las garras del imperialismo, al pueblo de los desmanes de la burguesía y a la oposición de sí misma a través de su reducción a mera comparsa del régimen. Este lenguaje dramático y ampuloso es propio de estas sectas persuadidas de su papel redentor en el mundo: son fanáticos sedientos de poder que no paran de trabajar y maquinar en ningún momento. Se parecen a los matones del ejército islámico, capaces de los peores crímenes pero rebosantes de intenciones megalómanas que involucran el destino mismo de la humanidad. La perdurabilidad de semejante proyecto podría ser puesta seriamente en duda por las circunstancias internacionales, la crisis económica y las divisiones dentro del oficialismo, pero ciertamente hay tiranías que han continuado largo tiempo en situaciones muy adversas, sobre todo si Rusia y China están detrás.

III

Analistas reconocidos como Américo Martín, Ángel Oropeza, Elías Pino, Fernando Mires y Colette Capriles insisten en que quienes tenemos dudas sobre continuar en la lucha electoral no entendemos que es el único camino posible dada la naturaleza misma de la MUD, una coalición democrática y desarmada cuyas mayores virtudes residen en definirse de este modo, sobre todo de cara al mundo. Las noticias de los periódicos internacionales sobre Venezuela subrayan, en cambio, que el régimen se consolida en su vocación tiránica. Poco se gana con señalar severamente como divisionistas y servidores inconscientes del chavismo a quienes pensamos que poner esperanzas en elecciones, después de lo ocurrido con la Asamblea Nacional, es equivalente a abrir una tienda todos los días en la que nadie compra: no perdamos la disciplina para que la vida tenga sentido. Puede que la oposición se empeñe en asistir a las elecciones regionales a falta de algo mejor que hacer —la resistencia clandestina requiere un esfuerzo, dinero y tiempo que no puede medirse con facilidad—, pero me imagino que nuestros aliados internacionales no deben entender muy bien lo que ocurre. Es evidente que la correlación de poder actual en el país no sufrirá modificaciones por unas elecciones que el gobierno no perderá porque hará lo mismo que hizo con el referéndum revocatorio y la Asamblea Nacional: evitar la victoria o desconocerla. El razonamiento de que así se moviliza a la gente y se anima al desanimado contempla a las personas como extras de televisión o de cine: se les convoca para cumplir con una ficción de ejercicio democrático que no servirá para darle un vuelco a la situación. Repito, hasta el 2015 fui firme partidaria de luchar por ganar las elecciones, pero al ganarlas y no poder defenderlas era evidente que tal forma de lucha ya no tiene sentido.

IV

Es necesario poner en cuestión los tantos lugares comunes que gente por demás respetable e inteligente han puesto a circular en el mundo político nacional. Es mentira que todas los gobiernos autoritarios salen con votos: unos cuantos han salido a tiros como fue el caso de Pol Pot en Camboya, Hitler en Alemania, Somoza en Nicaragua y Batista en Cuba; Pinochet salió porque el alto mando militar chileno no lo respaldó en su intento de desconocer la voluntad popular, en cambio Maduro no ha caído porque para las Fuerzas Armadas el clamor ciudadano no tiene ninguna importancia; Ceaucescu en Rumania fue ajusticiado; Noriega en Panamá salió de la presidencia por una invasión norteamericana, solución que no tiene respaldo en la región ni en la MUD tanto por pruritos sobre la soberanía nacional como por el temor, justificado, de una Siria en Suramérica. En cuanto a los ejemplos de Sudáfrica, Polonia y la Unión Soviética, en Venezuela no existen líderes oficialistas en el pináculo del poder que propicien la transición como fueron Jaruzelski, De Klerk y Gorbachov, respectivamente. Aunque la división en el seno del oficialismo es evidente, no alcanza todavía a posiciones clave que puedan inclinar la balanza a favor de la transición democrática. Por último, la MUD no ha podido paralizar la administración pública, los servicios y las empresas básicas como sí logró hacerlo el sindicato Solidaridad en Polonia; de hecho la rebelión popular del primer semestre de este año se agotó en medio de la represión y el sinsentido de seguir participando en protestas que aunque hundieron al gobierno internacionalmente no evitaron la paralización de la Asamblea Nacional Tiránica.

V

La MUD corre el peligro de volverse inocua, pero puede eludirlo si sabe aprovechar dos de sus fortalezas: el apoyo popular y el justo temor de las democracias de la región de darle alas a los totalitarios de sus propios países. Es la hora de los líderes con visión histórica, no de las recetas de autoayuda de los bienintencionados, de los analistas que juraron por su madre que habría referéndum revocatorio y de los políticos que tratan de justificarse en victorias que no significan poder real. Si bien la unidad opositora es indispensable, la misma no puede reducirse a la MUD y a la estrategia electoral; si hubiese militares, civiles y políticos de la MUD con una misma hoja de ruta alternativa a unas elecciones que no significan el poder tal vez valdría la pena planteárselo. En lugar de regalar esperanza toca insuflar valentía, la cual no está por cierto asociada a ese derroche de testosterona que es Oscar Pérez, el ex-CICPC amante del cine, ni tampoco a esos militares con lenguaje evangélico que se creen la mano de dios y no hacen alianzas con políticos. Las escaramuzas de los militares imbuidos de un patriotismo bobo es una de las tantas miasmas del pantano ideológico del chavismo.

La valentía es contradecir y lanzarse al abismo cuando es necesario; es tener también cabeza fría y cálculo político e intelectual, el arma que nos queda cuando no sabemos qué camino tomar para salir de nuestra tragedia lo más pronto posible. Solo una muy fuerte presión externa hará ceder al gobierno por medio de sanciones que le impidan los apoyos económicos y militares que necesita; solos no podemos lograr que la oligarquía roja negocie su salida del poder y una transición democrática. Tristemente, el destino de Venezuela no depende solo de su gente, pero no por cuenta del imperialismo yankee, como piensan la izquierda ciega o la izquierda autoritaria que todavía cree en el madurismo, sino por culpa de una tiranía que pretende convertirnos en espectros de ciudadanos.

Negociaron con pandillas. De Erika Saldaña

Es saludable que inicie un debate serio sobre este tema. Con énfasis en serio. Ojala que no se limite a enmarcar el problema de los pactos electorales con pandillas en el contexto de la tregua, sino donde verdaderamente pertenece: las políticas de Seguridad post tregua del FMLN y la ausencia de alternativas por parte de ARENA.

Paolo Luers

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 14 agosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

El FMLN y ARENA habrían negociado con las pandillas a cambio de incentivar o intimidar las votaciones presidenciales de 2014. A los dos partidos políticos mayoritarios de El Salvador poco les importó el historial criminal de estos grupos, los fines para los cuales podrían utilizar el dinero recibido en sus negociaciones, ni las consecuencias que el fortalecimiento de estos grupos tendría en la vida de muchos salvadoreños. A estos partidos políticos únicamente les interesó mantener o recuperar el poder.

EDH logEmpecemos por lo incomprensible. ¿A quién en su sano juicio se le ocurre que es válido sentarse a negociar aspectos políticos del país, como una votación, con grupos que se encuentran fuera de la ley? Las pandillas son ese fenómeno social cuya raíz no hemos comprendido a cabalidad. Probablemente son producto de la desigualdad, violencia y falta de oportunidades, pero eso no excluye el hecho que son grupos de personas que han cometido graves delitos contra la sociedad y cuya reinserción o aceptación no puede ocurrir fuera de los parámetros que dibuja la ley.

Cuando en 2016 se dieron a conocer audios y videos publicados por el periódico digital El Faro, en el que aparecían funcionarios de ambos partidos mayoritarios intentando hacer acuerdos con los jefes de las principales pandillas, a los partidos no les tocó más que aceptar esas reuniones; eso sí, aduciendo otro tipo de motivos y tratando de justificar cualquier rastro de ilegitimidad. ARENA manifestó que sus reuniones se realizaron con el fin de que las pandillas permitieran una votación libre en los territorios controlados y cesaran el acoso a votantes en la segunda vuelta presidencial de 2014; mientras que el FMLN expresó que las reuniones del Ministro de Gobernación con pandilleros respondían a un apoyo económico para renovar los documentos únicos de identidad y programas de microcrédito.

Los partidos políticos han desgastado tanto su credibilidad en El Salvador, que ya pocos (o solo su voto duro) creen en las justificaciones que otorgan. Aunque manifiesten que sus propósitos eran distintos a incidir en las elecciones de 2014, no hay nada que justifique que negociaron con pandillas. Si su intención era detener acciones ilegítimas, su deber era acudir a las instancias correspondientes a denunciar y hacer públicos los hechos, no sentarse a ofrecer beneficios a pandilleros.

A los políticos no les importó que estos grupos han robado, matado, violado e intimidado a muchas personas; el único fin que ARENA y el FMLN habrían tenido en la cabeza era conseguir ganar las elecciones y con estas negociaciones dejaron claro que estaban dispuestos a pagar cualquier precio, dinero y vidas de salvadoreños. Usaron a grupos que depredan a la sociedad para ganar unas elecciones. Es algo vil. Despreciable.

Por otro lado, con este tipo de negociaciones queda expuesta la incapacidad de los actuales partidos políticos de ganar una elección con base en propuestas y trabajo. A ARENA y el FMLN les salía más fácil lograr que las personas votaran o dejaran de votar por la fuerza, a las alternativas naturales en un país civilizado: presentar planes de gobierno con propuestas decentes y que los ciudadanos fueran los que evaluaran esas propuestas en las urnas. No tienen ni la mínima capacidad de gobernar de manera decente, por lo que se tuvieron que auxiliar de los métodos más bajeros que existen.

ARENA y el FMLN atentaron directamente con el sistema político y contra la democracia misma. Si las elecciones libres son un presupuesto necesario para la existencia de un Estado constitucional de Derecho, el solo intento de alterar la voluntad popular a través de compra de votos o de la intimidación a ciudadanos libres para que no asistieran a las urnas, los vuelve culpables de atentar contra la esencia del sistema republicano.

Los partidos políticos ya se encontraban inmersos en una crisis por culpa de su misma ineptitud para dirigir los temas trascendentales para la ciudadanía; estas negociaciones con grupos criminales los siguen llevando camino al abismo. El posible resquebrajamiento del sistema de partidos políticos será culpa de la desconfianza que ellos mismos han sembrado con acciones reprochables como estas. O cambian su forma de hacer política, o la historia recordará a estas legislaturas y gobiernos como los únicos responsables de la total decadencia de El Salvador.

¿Padres de la Patria responsables? De Erika Saldaña

Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 17 julio 2017 / EDH

El salvadoreño siempre ha tenido la fama de trabajador. Somos esas personas que nos levantamos con los primeros rayos del sol y durante el día hacemos nuestro mejor esfuerzo para que las labores terminen de la mejor manera. Los salvadoreños honrados procuramos llegar a tiempo a las labores diarias, estar atentos en las reuniones, brindar resultados a los jefes, enfocarnos en lo importante y sacar lo más pronto posible lo urgente. Pero en la Asamblea Legislativa los diputados hacen todo lo contrario.

Si como dice el artículo 121 de la Constitución, la función primordial de los diputados es legislar, pareciera que en El Salvador su trabajo principal es echarle la culpa a los otros partidos de los nulos avances del país, levantar la mano según les ordene la dirigencia y no su conciencia o entendimiento; muchos se dedican a elaborar teorías de la conspiración, echarle zancadilla a cualquier avance en temas importantes, negociar a puerta cerrada y buscar como desgastar leyes que empiezan a funcionar como la Ley de Extinción de Dominio y Ley de Enriquecimiento Ilícito. Pareciera que, al darse cuenta de que algo funciona, su labor es desmantelar la poca institucionalidad que nos va quedando en entidades como la Sección de Probidad o la Fiscalía General de la República.

En El Salvador hay diputados que llegan a la Asamblea al finalizar la plenaria o que se aparecen una vez cada seis meses; otros están en su curul haciendo dibujitos mientras el presidente de la República habla o prefieren salir a fumar mientras se realiza la votación de propuestas importantes; hay 51 diputados que tenían mejores cosas que hacer que estar a las 9 a.m. escuchando y cuestionando el informe anual del Ministro de Hacienda y del resto del gabinete. Algunos tienen tan escasa participación como legisladores que nunca los hemos escuchado hablar o no sabíamos que eran diputados electos.

Y mientras ellos se dedican a hacer casi nada, el país sigue sin alcanzar ningún tipo de acuerdo trascendental para lograr aplacar la crisis fiscal que nos ha tenido en vilo desde hace varios meses. Seguimos sin una reforma de pensiones integral, discutida de manera consciente y consensuada por la mayoría de sectores de la población. Seguimos sin contar con un mecanismo objetivo y transparente para la elección de funcionarios, por lo que no resultaría extraño que sean ciertos los rumores según los cuales las reformas a extinción de dominio y pensiones se negocian a cambio de la elección de Corte de Cuentas de la República.

Es una vergüenza, falta de consideración e irrespeto a la población, que los diputados piensen que el cargo público que se les ha encomendado es una especie de prerrogativa o título nobiliario y no un genuino trabajo por el cual reciben un salario y tienen que presentar resultados. Causa indignación que anden casa por casa ofreciendo trabajar por el país y defender los derechos de los ciudadanos, mientras que a la hora de demostrar su compromiso todas esas promesas y palabras se las lleva el viento.

Esta época electoral es el tiempo perfecto para cuestionar a los diputados sobre qué han hecho por el país y cuáles son sus planes si buscan ser electos en 2018. No bastan las frases adornadas con las típicas “voy a trabajar por el país” o “voy a defender sus derechos”. Como ciudadanía tenemos que educarnos y aprender a exigir resultados de los que son nuestros representantes en la Asamblea Legislativa.

Los políticos responden a incentivos y probablemente el temor al elector sea lo único que los haga darse cuenta y reaccionar en su falta de visión y liderazgo; no existen propuestas legislativas integrales en muchos temas y hay una grave ausencia de resultados en aspectos que nos interesan a todos los salvadoreños. Hoy más que nunca hay que exigir a los diputados una verdadera representación, pues no es posible que se acuerden de la ciudadanía únicamente para pedirnos el voto. Si los diputados son los que toman las decisiones al interior de la Asamblea, tengan claro que nosotros, los ciudadanos, las tomamos en las urnas.