Elecciones

Aprendamos de Honduras. De Erika Saldaña

Si los salvadoreños queremos agarrar lección de lo sucedido en Honduras, hay que tener en la mira el trabajo del Tribunal Supremo Electoral. Es necesario que se garantice un proceso transparente y sin manipulaciones.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 11 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

Honduras está en serios problemas. Hubo elecciones, pero no tienen presidente. La oposición cree que hay dictadura. Súmele que el pasado jueves los opositores desconocieron al Tribunal Supremo Electoral y han pedido que sea un tribunal internacional el que cuente las actas. La Organización de Estados Americanos enumeró una serie de más de diez irregularidades en el proceso y no descarta que la solución sea una nueva elección. Este el peor de los escenarios. El mecanismo de delegación de poder en la república carece de legitimidad y legalidad para una buena parte de la gente. Su gobierno actual perdió credibilidad.

EDH logLa crisis electoral hondureña es una suma de sucesivas irregularidades institucionales. A la raíz, la sospecha de que el presidente Juan Orlando Hernández manipuló la elección. Esto no se trata de si la izquierda es la víctima y la derecha la victimaria. En Venezuela, por ejemplo, la derecha dice ser la víctima de la izquierda. Aquí de lo que se trata es del respeto a la voluntad de los votantes y a la institucionalidad de una república democrática.

Las irregularidades vienen desde la inscripción de sus candidatos. Hernández se adjudica la candidatura del Partido Nacional con base en una sentencia de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, la cual declaró inaplicable la prohibición de reelección presidencial. Es decir, la Sala dijo que un artículo de la Constitución es inconstitucional. Esto es una contradicción en sí misma. Toda la Constitución por su naturaleza misma es constitucional; queda en duda entonces la legitimidad de una candidatura que surgió de una sentencia complicadísima, cuya interpretación buscó favorecer a un individuo más que a la misma lógica de la democracia.

La prohibición de reelección de gobernantes nace como rechazo a aquellos que políticamente se consideran imprescindibles al frente de un país. La alternabilidad en el ejercicio de la presidencia se establece como una “cláusula pétrea” (inmodificable) dentro de las constituciones, con lo cual el mismo sistema busca preservar su integridad contra personas que pretendan adueñarse de un Estado. Sin embargo, casos como el de Daniel Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia ponen sobre la mesa el riesgo de perpetuación en el poder que está surgiendo en diversos países latinoamericanos a través de sentencias constitucionales.

Por esto es importante la elección de Salas, Cortes o Tribunales Constitucionales. Deben nombrarse magistrados que defiendan la institucionalidad y el republicanismo. Los jueces deben defender la Constitución y los principios republicanos, no a personas, incluyendo a caudillos que solo buscan el poder. Además, debemos perder el temor a la alternancia en el poder de los gobernantes, tanto de personas como de partidos. Si un gobierno va a continuar que sea porque es el reconocimiento a sus resultados y a sus políticas de gobierno, no a manipulaciones a los procesos.

El rol del Tribunal Supremo Electoral también ha sido sumamente cuestionado en las elecciones hondureñas. En un proceso electoral poco transparente, los alegatos de fraude toman relevancia. La Misión de Observación Electoral de la OEA reportó irregularidades en el procesamiento de actas y demora en la publicación de datos, con lo cual no se puede tener certeza de los resultados; los bajones de energía eléctrica y los repentinos (y sustanciales) cambios en el conteo de votos no han dejado de ser un fantasma de corrupción en Latinoamérica.

Si los salvadoreños queremos agarrar lección de lo sucedido en Honduras, hay que tener en la mira el trabajo del Tribunal Supremo Electoral. Es necesario que se garantice un proceso transparente y sin manipulaciones. También los ciudadanos debemos comprender que ni la derecha ni la izquierda por sí mismas son una garantía de democracia. Si no existe respeto a las instituciones y a los procesos electorales, y el objetivo únicamente es mantener el poder, cualquier ideología nos puede llevar a regímenes con tintes autoritarios y en el peor de los casos a un caos. Tenemos dos elecciones pronto, abramos los ojos, no queremos fraude. Aprendamos de Honduras.

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Un informe revelador… De Luis Mario Rodríguez

En el caso hondureño se mezclaron la manipulación de la justicia constitucional para permitir la reelección del actual mandatario, la mediocre –o maliciosa– actuación del TSE, la posible injerencia extranjera de los antiguos socios “isleños y suramericanos” del expresidente “Mel” Zelaya, la indiferencia de la sociedad civil.

Luis Mario RodríguezLuis Mario Rodríguez, 7 diciembre 2017 / El Diario de Hoy

La Organización de los Estados Americanos (OEA) envió a 82 observadores de 25 nacionalidades a las recientes elecciones hondureñas. En su informe preliminar la OEA señaló que los partidos hicieron traslado masivo de electores, situación que permite inducir la voluntad de las personas, compra de votos en tres departamentos, violación de la secretividad del sufragio en ciertos centros de votación y publicidad ilegal de las encuestas de “boca de urna” con anticipación al plazo que establece la ley; estos datos pueden divulgarse hasta dos horas después del cierre de las votaciones. Se vivió incertidumbre, falta de transparencia y vacío de información por parte de la autoridad electoral. Hubo problemas de coordinación logística y altos niveles de improvisación.

EDH logLa misión de Observación Electoral (MOE/OEA) también indicó que Juan Orlando Hernández y Salvador Nasralla incumplieron el pacto “Declaración por la Democracia Hondureña”. Se trató de una iniciativa del organismo hemisférico para mitigar las ansiedades de los competidores y las primeras manifestaciones de violencia entre los simpatizantes de sus respectivas agrupaciones políticas.

El informe reveló que hubo transporte de maletas electorales sin custodia, que fueron abiertas sin respetar protocolo alguno y que algunas se recibieron incompletas y en otras faltaba el acta de resultados. La OEA advirtió además que el sistema de procesamiento de actas quedó detenido por diez horas. Este aspecto es relevante porque desde un inicio la contratación de la tecnología estuvo envuelta en fuertes controversias. Resulta que la empresa a la que se le adjudicó este servicio se sustituyó 30 días antes de la elección por “sospechas de su cercanía con el partido de gobierno”. Sobre este punto la MOE/OEA recomendó que es necesario determinar y contratar al proveedor que hará la transmisión, procesamiento y divulgación de resultados con suficiente antelación y que los respectivos simulacros deben realizarse oportunamente.

La falta de independencia de la autoridad electoral y el cuestionamiento a la composición partidista de esta instancia fue otra de las graves objeciones de los observadores internacionales. Asimismo se delató la compra de credenciales en la integración de las mesas de votación y la deficiente capacitación de sus miembros a cargo de los partidos políticos. El registro electoral se sumó a la lista de reparos. Se criticó que mantiene a fallecidos como votantes activos y a personas que emigran, porque no se registran en el exterior y permanecen en el censo electoral. La misión propuso contar con un sistema de depuración y actualización permanente para mantener vigentes los registros.

En su declaración final la MOE/OEA expresó que “el estrecho margen de resultados, así como las irregularidades, errores y problemas sistémicos no permiten a la misión tener certeza sobre los resultados”. Entre otras sugerencias se planteó verificar 5,174 actas que no fueron transmitidas la noche de la elección, otorgar un plazo razonable para que los partidos interpusieran las impugnaciones de resultados debido al retraso que sufrió tanto el escrutinio ordinario como el especial, verificar la integridad del sistema de escrutinio y divulgación electoral, y esperar a que en un plazo de 30 días el TSE emita la declaratoria oficial del ganador del proceso. Igualmente censuró enérgicamente la pérdida de vidas como consecuencia del recelo y las sospechas que generó la pasividad del organismo electoral.

En el caso hondureño se mezclaron la manipulación de la justicia constitucional para permitir la reelección del actual mandatario, la mediocre –o maliciosa– actuación del TSE, la posible injerencia extranjera de los antiguos socios “isleños y suramericanos” del expresidente “Mel” Zelaya, la indiferencia de la sociedad civil ante la manipulación de la institucionalidad, y la baja participación electoral, apenas un 58 % del padrón. Un factor adicional, propio de su sistema electoral, es que no existe la segunda vuelta presidencial, mecanismo que habría permitido una competencia entre los dos candidatos más votados por no alcanzar ninguno de ellos el 50 % más uno de los votos.

Varias de las circunstancias ocurridas en Honduras, si no es que la mayoría de ellas, se aplican, salvando las diferencias, a lo ocurrido en 2015 durante las elecciones legislativas y municipales salvadoreñas. El árbitro electoral debe evitar que los procesos de 2018 y 2019 se transformen en una catástrofe que derive en una severa crisis política.

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Comunicado de la Secretaría General de la OEA respecto a las recientes elecciones presidenciales en Honduras

6 de diciembre de 2017 / OEA

Screen Shot 2017-12-06 at 10.32.47 PM.pngLa Misión de Observación Electoral (MOE) de la OEA para las elecciones en Honduras ha informado a la Secretaría General de la OEA sobre la falta de garantías y transparencia, así como el cúmulo de irregularidades, errores y problemas sistémicos que han rodeado este proceso electoral, en su etapa previa, jornada electoral y etapa postelectoral, que como corolario no permiten a esa Misión tener certeza sobre los resultados.

Por otra parte, resulta claro que no es posible, sin un proceso exhaustivo y minucioso de verificación que determine la existencia o no de un fraude electoral -como ha denunciado parte de la oposición- restituir la confianza de la población en el proceso.

Esta desconfianza y polarización han generado episodios insostenibles de violencia. Resultan irresponsables e incompatibles con la democracia los llamados públicos al amotinamiento e insurrección militar realizados en el contexto postelectoral.

Con igual fuerza, la Secretaría General de la OEA deplora los extemporáneos llamados a la violencia y a la utilización de fusiles de asalto en poder de particulares por parte de líderes partidarios.

La Secretaría General de la OEA condena, asimismo, las muertes acaecidas y exige la inmediata investigación de los hechos, al tiempo que expresa sus condolencias y se solidariza con el dolor de las familias de las víctimas.

La suspensión de los derechos constitucionales relacionados al Decreto del 1 de Diciembre de 2017 emitido por el Gobierno de Honduras se justifican según la Carta Magna citada en el decreto considerado en situaciones extremas, tales como “la invasión del territorio nacional, la perturbación grave de la paz, de epidemia o de cualquier otra calamidad general”. Por ello, la Secretaría General de la OEA considera desproporcionada la aplicación de estas medidas frente a las manifestaciones que tuvieron lugar tras las ya denunciadas irregularidades del acto electoral llevado a cabo el 26 de noviembre de 2017, y solicita el inmediato levantamiento de las mismas.

El proceso electoral es por excelencia la manifestación de la expresión popular, y la democracia no puede ni debe ser menoscabada por irregularidades graves, represión y muertes.

Es imprescindible que se den garantías suficientes para que la violencia sea detenida inmediatamente.

Mirando hacia adelante, el informe de la MOE ha exigido una serie de acciones con el fin de restablecer la confianza, generar certidumbre y dar garantías.

Por ello,  hacemos nuestras las recomendaciones y conclusiones contenidas en el informe preliminar de la MOE. Dichas conclusiones han determinado, con base a criterios técnicos derivados de estándares internacionales, las etapas necesarias a completar.

Lleváremos adelante todos los pasos señalados y brindaremos el imprescindible seguimiento.

El candidato presidencial Juan Orlando Hernández Alvarado ha admitido las conclusiones y recomendaciones del informe de la MOE, y ha manifestado su compromiso de someter al escrutinio técnico con acompañamiento de los observadores internacionales los resultados de las elecciones.

Lamentablemente, pese al sustento técnico y de base científica de las recomendaciones de la MOE, no ha sido posible llegar a un acuerdo firmado.

La Secretaría General de la OEA reitera que el proceso electoral en la República de Honduras no ha concluido, por cuanto resta para ello la implementación completa de las recomendaciones que siguen a continuación:

  • El cotejo de las 1.006 actas que fueron sometidas a escrutinio especial con las originales recibidas, para ver si son parte de aquellas que fueron transmitidas online o parte de aquellas que fueron procesadas una vez llegaron al Centro de Acopio Nacional Electoral, ubicado en las instalaciones del INFOP.
  • La verificación de las 5.174 actas del Tribunal Supremo Electoral (TSE) que no fueron transmitidas la noche de la elección, realizando un recuento de votos de las actas que presenten inconsistencias.
  • La revisión de la participación en la votación de los departamentos de Lempira, Intibucá y la Paz, tomando el 100% de las Mesas Electorales Receptoras (MERs) de cada uno de los departamentos.
  • El establecimiento de una etapa razonable para la presentación de impugnaciones. Debido a los retrasos en los escrutinios ordinario y especial, se exhorta al Tribunal Supremo Electoral a ser flexible en la recepción de estas impugnaciones y a resolverlas con todas las garantías procesales, de forma individualizada tras un cuidadoso análisis debidamente fundado y motivado.
  • La publicación de los listados de los miembros de las MERs de los departamentos de Atlántida, Colón, Cortés, Francisco Morazán y Yoro.
  • La verificación de la integridad del Sistema Integrado de Escrutinio y Divulgación Electoral (SIEDE) y de sus componentes.

Si las irregularidades existentes fueran de tal entidad que hicieran imposible que este proceso brinde certeza y seguridad en el recuento, la Misión se reserva el derecho de realizar las recomendaciones adicionales que considere pertinentes sobre cualquier aspecto del mismo, sin descartar inclusive la posibilidad de recomendar un nuevo llamado a elecciones con garantías de que corrijan todas las debilidades identificadas que dieron lugar a las irregularidades graves que se detectasen.

La Secretaría General de la OEA no dejará solos a los hondureños y reafirma su máxima vocación para contribuir a resolver las diferencias en torno al proceso electoral. Por ello, la MOE se mantiene para continuar su apoyo técnico-político.

Referencia: C-090/17

 

Hay que aprender de Honduras. De Cristina López

Nos urge invertir en un Tribunal Supremo Electoral en el que podamos confiar, con tecnología transparente y un método de escrutinio electoral accesible a la población, y observable por entes internacionales independientes.

Cristina LópezCristina López, 4 diciembre 2017 / El Diario de HOY

Las fotografías de las calles hondureñas en los últimos días le ponen los pelos de punta a cualquiera. Por motivos personales me ha costado dejar de pensar en Honduras y, por lo tanto, de dolerme de su crisis en carne propia: tengo un hermano catracho. Por razones de trabajo se mudó a San Pedro Sula hace más de una década y con el tiempo su amor por las baleadas, la Hache y la gente por la que trabaja lo hicieron hondureño de corazón primero y después de papeles y nacionalidad.

EDH logMás de algún salvadoreño habrá comentado que los fuegos, las menciones de toque de queda, la militarización de las calles y, en general, la incertidumbre que se respira en el país vecino son un recordatorio escalofriante de nuestra Década de los Ochenta. ¡Pero en los Ochenta estábamos en guerra! La crisis que están viviendo actualmente los hondureños es en plena paz y podría argumentarse que se vive en el contexto de uno de los actos más simbólicamente democráticos: elecciones libres y el traspaso (o no, dependiendo de los resultados) pacífico del poder, en armoniosa cooperación y transparencia de las instituciones electorales establecidas para ese propósito. Cuando uno de estos elementos falta, y si se mezcla con males comunes de nuestras tierras como discursos populistas y demagógicos, autoritarismos, reverencia al militarismo, inequidades económicas y falta de acceso a la educación, hay suficientes ingredientes para terminar en la receta perfecta para el caos.

Ninguno de los candidatos que se disputan los resultados de la reciente elección presidencial ha demostrado (al momento de entrega de esta columna) un liderazgo comprometido a la preservación de las instituciones democráticas. El candidato oficialista, Juan Orlando Hernández, ha desaparecido y delegado en sus ministros las declaraciones públicas y llamados a la paz. Se rumorea que ha salido del país. De manera irresponsable y socavando la (ya de por sí faltante) credibilidad del tribunal electoral, se declaró ganador antes de que el tribunal mostrara evidencia de su triunfo con un conteo transparente y aprobado por observadores independientes. La sangre que corra como producto del Estado de Excepción declarado será su responsabilidad, en su calidad de comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Por el otro lado, Salvador Nasralla, su contrincante con más votos, ha levantado suficientes dudas al respecto de su capacidad de respetar el Estado de Derecho y las instituciones democráticas al hacer llamados concretos a sus seguidores a establecer caos y miedo, de no favorecerle los resultados.

También ha demostrado poco respeto por la comunidad internacional al ignorar su compromiso previo de respetar los resultados, con independencia de su favorabilidad. Y en su defensa, ha habido suficientes irregularidades en el conteo y una falta de transparencia que levantaría las sospechas del más ingenuo.

Por lo tanto, ante los ojos impotentes de la comunidad internacional que no tiene más mecanismos para estabilizar la democracia que hacer débiles llamados a la paz, Honduras sangra y se quema. Desde lejos, es fácil tomar posturas perezosas: desde una condena generalizada a quienes protestan como vándalos violentos, como si no hubiera habido antes de esto una olla de presión social en la que la falta de educación y confianza en las instituciones democráticas, sumada a la frustración por la corrupción y al discurso populista creando el caldo de cultivo para esta crisis, así como el también idiota extremo de decir que la empresa privada se merece los vandalismos, como si no hubiera detrás de esas empresas víctimas de carne y hueso (que en su mayoría no son los millonarios acomodados que la gente se imagina cuando se minimiza la destrucción de la propiedad privada) y a quienes la crisis les costará el modus vivendi de sus familias.

Ambos extremos son incorrectos como análisis de la situación. En lo que es fácil coincidir con independencia de la postura es que hay lecciones para aprender y aplicar en nuestro país con base en lo que está pasando en Honduras. La primera es que nos urge invertir en un Tribunal Supremo Electoral en el que podamos confiar, con tecnología transparente y un método de escrutinio electoral accesible a la población, y observable por entes internacionales independientes. Y la segunda, que el discurso populista no siempre entrega la revolución pacífica que promete. También incita, manipula y emplea a otros a que hagan la violencia en su nombre. Y de eso solo la educación nos protege…

@crislopezg

Carta a los que quieren sacar conclusiones de la crisis hondureña. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 2 diciembre 2017 / MAS! y El Diario de Hoy

A la derecha, la izquierda y los bukelianos:
A los hondureños les tocó escoger entre la peste y el cólera: entre un presidente autoritario de derecha que manipuló a institucionalidad de su país para satisfacer su afán personal de reelección; y un populista sin ideología, quien sirve de fachada para un ex presidente, quien también coqueteó con la reelección. Dos versiones de populismo, de diferentes colores, pero con la misma tendencia autoritaria e igual menosprecio al orden constitucional.

Aprovechando el pecado del Partido Nacional de romper con la Constitución y volver a postular a Juan Orlando Hernández, Mel Zelaya y Salvador Nasralla lograron convertir la elección presidencial en un referéndum sobre la reelección. Que ironía, viendo la trayectoria de Mel Zelaya…

logos MAS y EDHSin este pecado, postulando como candidato al alcalde de Tegucigalpa, la derecha se hubiera ahorrado la crisis que ahora resulta de la manipulación, primero de la Constitución y luego del proceso electoral. Hubieran ganado limpiamente contra esta fatal coalición de oportunistas y adeptos al chavismo. Nunca sabremos si hubo fraude o no, pero todo el proceso anterior fue tan fraudulento y la actuación del Tribunal Electoral tan poco transparente que de todos modos el segundo mandato de Hernández comienza sin legitimidad. Otro resultado de la mala actuación de la derecha gobernante: una oposición antidemocrática consolidada y legitimada. Cosa que Mel Zelaya y Nasralla nunca hubieran logrado por sus propias pistolas…

No es extraño que tanto el FMLN como Bukele apoyen a esta coalición hondureña. El FMLN, solidario con su aliado tradicional Mel Zelaya, Bukele, identificándose con la figura de Salvador Nasralla, el outsider que logró traducir su popularidad como figura de la farándula en capital político-electoral – al punto que la izquierda sin opción de poder aceptara llevarlo como candidato. Esta siempre ha sido la idea de Bukele, su plan A. Pero no le funcionó, porque el FMLN, luego de su amarga experiencia con Mauricio Funes, no aceptó servirle a otro oportunista de vehículo al poder. Entonces, Bukele tuvo que recurrir al Plan B: romper con el FMLN y probar suerte como independiente con discurso anti partido.

Nasralla también cometió este error, pero en las presidencial anteriores. Se lanzó de independiente contra todos los partidos, incluyendo el de Mel Zelaya. Fracasó, pero aprendió la lección: Se ofreció como figura independiente para llegar al poder juntos. Exactamente lo que Bukele quería hacer con el FMLN.

Si el alcalde analizara bien las lecciones de Honduras, donde su alter ego casi llegó a la meta, se daría cuenta que el éxito de Nasralla no valida el plan B que él adoptó, sino el plan A que abandonó. Figuras como Nasralla y Bukele, Funes y Saca pueden servir como aliado de un partido, pero no sustituirlo.

Todas las fuerzas en El Salvador pueden sacar lecciones del drama hondureño.

Saludos,

44298-firma-paolo

Al lado del camino. De Ricardo Avelar

Si alguien decide estar al lado del camino, podrá creer —como lo decía la canción que lleva precisamente ese nombre— que es “más entretenido y más barato”. Pero no. Con esa apatía solo se contribuye a un país más injusto.

ricardo avelarRicardo Avelar, 24 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Como muchos países de la región, en el marco del fin de la Guerra Fría, El Salvador inició un importante proceso que poco a poco ha permitido que una democracia electoral sustituya las décadas de autoritarismo.

Pese a que nominalmente los salvadoreños podían acudir a las urnas con normalidad, el fantasma del fraude, la represión a las fuerzas opositoras y los dados cargados hacia el oficialismo volvían las elecciones meros formalismos y fachadas democráticas.

EDH logDurante los últimos 28 años es innegable el avance en construcción de instituciones y la renovada confianza en algunos procesos democráticos. Sin embargo, parece que nos estamos estancando y, peor aún, que hay retrocesos en apariencia mínimos pero significativos. Y no me refiero a que un partido u otro quiera cooptar el poder, pues en ese respecto tanto ARENA como el FMLN en diferentes momentos han vuelto “lo público” material de capital político —y económico a veces— para su partido.

Los retrocesos que me preocupan tienen que ver más con la aceptación de la democracia y la promoción de derechos humanos en el país.

Por un lado, la falta de efectividad en la implementación de políticas públicas para reducir los principales problemas del país generan una idea de que la democracia y sus procesos no son suficientes o incluso son muy lentos para las urgentes necesidades de gran parte de la población, como lo evidencian las últimas mediciones de Latinobarómetro, por ejemplo.

Si bien el problema está bien identificado (la falta de soluciones), no son la democracia y sus instituciones sus causantes per se. La falta de transparencia, la perenne corrupción, la idoneidad en asignar cargos técnicos y el nepotismo facilitan el desvío de fondos públicos y el funcionamiento a medias del Estado. Todas estas son áreas de profundización democrática y no sustitutos, como algunos, motivados por la desafección y el desencanto, quisieran creer.

Por otro lado, el respeto a los derechos humanos en el país es una deuda pendiente. En una entrevista publicada por este medio, un connotado miembro del Cuerpo Diplomático expresa algunas de esas preocupaciones con elocuencia.

Las salidas no institucionales al fenómeno de violencia —que facilitan grupos de externinio y promueven más odio en la sociedad— así como una pobre discusión sobre formas de promover una sociedad más inclusiva, los derechos sexuales de las mujeres y derechos de la comunidad LGBT+ nos hacen reflexionar sobre lo limitados que son los frutos de la democracia en el país.

El marco más básico de la democracia salvadoreña existe, pero es endeble y limitado. Si no lo robustecemos con mayor institucionalidad y políticas orientadas a atender con mayor énfasis a quienes han sido sujetos de exclusión sistemática estamos en riesgo de volver a una ficción de bienestar y a una mera sustitución de élites políticas de cuando en cuando.

En este sentido, tenemos dos opciones: o nos involucramos o permanecemos al lado del camino. Si nos involucramos, hagámoslo bien, promovamos discusiones en temas espinosos, cuestionemos a quienes pretenden liderarnos y no bajemos nunca nuestros estándares. Básicamente, no dejar de joder pero tampoco de proponer.

Si, por otro lado, alguien decide estar al lado del camino, podrá creer —como lo decía la canción que lleva precisamente ese nombre— que es “más entretenido y más barato”. Pero no. Con esa apatía solo se contribuye a un país más injusto, donde los olvidados se alejan más de los frutos de la democracia y donde las élites políticas duermen cómoda e impunemente pues sus pecados nunca serán expuestos.

Se nos ha dicho por mucho tiempo el cuento de la polarización y nos hemos situado como víctimas de las posiciones mezquinas de los principales partidos. Pero el seguirlos votando ciegamente, y el optar por el lado de farándula y no el contenido de la política y sus aspirantes nos vuelven también victimarios.

El Salvador inició una era importante de democratización cuando algunos grupos se sentaron a pactar una salida pacífica a los problemas del momento. E hicieron bien. Sin embargo, las tribulaciones del presente son más complejas y requieren más manos a la obra y más mentes discutiendo.

En resumen, que el único “al lado del camino” que disfrutemos sea la canción de Fito Páez.

@docAvelar

Pese a todo, habrá que votar. De Federico Hernández Aguilar

Pese a la enorme displicencia del TSE y de los partidos políticos, lo que queda es pedirle a la ciudadanía que no premie tanta mediocridad con su ausencia en las próximas elecciones. Por el contrario, hoy es cuando más sentido tiene acudir a las urnas.

IXVT_federicoFederico Hernández Aguilar, 15 noviembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Como era previsible, estamos a menos de cuatro meses de las cruciales elecciones de 2018 y todavía es incierto que las Juntas Receptoras de Votos vayan a tener el acompañamiento tecnológico indispensable para hacer su trabajo con agilidad y transparencia. Tampoco sabemos con qué herramientas contaremos para la transmisión de los resultados. De hecho, a menos que suceda algo extraordinario, los problemas que llevaron al caos de 2015 no solo estarán lejos de haberse corregido, sino que se habrán complejizado a niveles tanto o más inmanejables.

EDH logDesde finales del año pasado se pidió al TSE que apresurara los trámites para adquirir los dispositivos que, ya se sabía, iban a necesitarse en las mesas. Pero los magistrados se enfrascaron en la excusa de una donación de escáneres coreanos y se tardaron casi un año en lanzar la licitación destinada a garantizar la adecuada tecnología. A resultas de este asombroso, inexplicable y exasperante tortuguismo, todo, absolutamente todo puede pasar en marzo próximo, menos que tengamos unos comicios sin incidentes.

¿Por qué se permitió que las cosas llegaran a este deplorable estado? ¿Qué razones hubo detrás de la increíble pasividad de los principales partidos de oposición, que dejaron al TSE obrar a su antojo? Aparte de FUSADES, la Cámara de Comercio, Aliados por la Democracia y DECIDE, ¿quiénes más debieron ser enérgicos en la denuncia de todas las anomalías que se han venido registrando de cara a las elecciones que vienen?

Demasiadas preguntas que nadie querrá contestar en estos momentos, pero a las que irremediablemente habrá que volver el 5 de marzo de 2018, cuando los medios de comunicación empiecen a dar cuenta de lo ocurrido en la jornada electoral del día anterior. Porque lo previsible hoy es que el proceso de conteo de votos tendrá complicaciones innecesarias, un porcentaje respetable de Juntas Receptoras no podrá lidiar con las operaciones aritméticas y el TSE se verá imposibilitado de ofrecer resultados confiables en las horas siguientes al cierre de los centros de votación.

Todo lo anterior, claro está, pudo haberse evitado. Incluso si por un giro milagroso llegáramos a tener dispositivos en cada mesa receptora y la transmisión de resultados fuera impecable, seguiría siendo poco justificable el hecho que compañías coreanas resultaran favorecidas con una porción del “pastel” electoral sin haberse sometido a licitación, o que ofertas tecnológicas modernas —que nos hubieran ahorrado el uso de escáneres o la “maquila” de datos en el CNPRE— no se tomaran en cuenta para preparar unas elecciones tan complejas. La cojera, pues, con la que nos dirigimos a marzo de 2018 no va a desaparecer, y luego del evento habrá que hacer una investigación exhaustiva de todo lo ocurrido.

Pese a la enorme displicencia del TSE y de los partidos políticos, lo que queda es pedirle a la ciudadanía que no premie tanta mediocridad con su ausencia en las próximas elecciones. Por el contrario, hoy es cuando más sentido tiene acudir a las urnas, porque únicamente los votantes que cumplen con su deber pueden luego exigir a las autoridades que respeten y hagan valer su decisión soberana.

Decía Adolfo Suárez que ninguna elección resuelve por sí misma problema alguno, pero constituye el paso previo y necesario para que las soluciones aparezcan. Quienes renuncian a ejercer el sufragio no quedan excluidos, por supuesto, de ejercer la demanda de buen gobierno que cualquier ciudadano hace a toda autoridad constituida; el dilema es que el peso moral de esa demanda ya ha sido puesto en manos de otros.

Encogerse de hombros ante la decisión de consolidar su papel protagónico en una democracia ha sido, es y será siempre un pésimo negocio para los pueblos. Ni los malos liderazgos políticos ni los comportamientos sospechosos de los funcionarios electorales disculpan a nadie de su responsabilidad histórica. Votar es el mejor punto de partida con que cuenta el ciudadano para hacer valer sus derechos. La indiferencia solo produce gobiernos frívolos o despóticos.

Las lecciones no aprendidas de Venezuela. De Manuel Hinds

En El Salvador tenemos que entender cómo es que este divisionismo emerge en circunstancias como las de Venezuela y El Salvador, en donde una minoría quiere imponer una tiranía sobre una mayoría que no la quiere.

manuel hindsManuel Hinds, 27 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

El repudio del pueblo venezolano al régimen del Socialismo del Siglo XXI ha sido demostrado muchas veces, tanto en las urnas como en las calles. Las razones por las que el pueblo se ha volteado contra los socialistas del Siglo XXI son obvias: con sus políticas tiránicas, ellos le han quitado a los venezolanos la libertad, la justicia, la seguridad, los bienestares materiales y hasta la comida. Siendo un país increíblemente rico en recursos naturales, la pobreza lo está asolando de tal manera que mucha gente no tiene qué comer, o para lograr comer tiene que dedicar su día entero a hacer colas enormes para conseguir alimentos. Más EDH logaún, la Constitución vigente les otorga a los opositores el poder de quitar al presidente Maduro con un referéndum revocatorio, que la oposición trató de volver realidad pero que Maduro frustró con la pura fuerza bruta. Es decir, como dicen los marxistas, las condiciones subjetivas y objetivas para que haya un cambio de régimen están dadas. Sin embargo, el socialismo del Siglo XXI sigue reinando en Venezuela, y cada vez con más fuerza.

Sin duda que el gobierno se ha mantenido en el poder en gran parte por su decisión de no acatar la Constitución ni las leyes, apoyado por el abuso de la violencia. El irrespeto a las instituciones y a la vida humana, la bravuconería y las balas mismas han jugado un papel clave en la tragedia venezolana. Pero los socialistas del Siglo XXI no hubieran podido hacer esto sin el divisionismo en la derecha.

Tanto Chávez como Maduro han sido extremadamente hábiles en saber poner trampas para dividir a la oposición democrática, que cayó muchas veces en dichas trampas, fragmentándose de tal manera que le entregó el poder a los socialistas del Siglo XXI. Ahora, el poder de éstos es formidable y Venezuela está en la peor situación que haya jamás estado algún país latinoamericano con la excepción de Cuba. No se ve que pueda salir de este problema y quitarse de encima a los que los oprimen, a pesar de que la mayor parte de ellos quisiera verlos saliendo del poder. Llegaron a esta situación por su divisionismo, y ahora se están dividiendo otra vez, en medio de una crisis de la que muy probablemente no van a salir.

En El Salvador tenemos que entender cómo es que este divisionismo emerge en circunstancias como las de Venezuela y El Salvador, en donde una minoría quiere imponer una tiranía sobre una mayoría que no la quiere. Hay dos lecciones que hay que aprender. Primero, que la amenaza de dividir es un arma que algunos líderes políticos usan para imponerse sobre sus rivales dentro del mismo partido político o dentro de la misma orientación ideológica. Es un chantaje. “Si no soy yo el que mando, hago que perdamos todos”. No fortalece en la lucha contra el verdadero enemigo, sólo debilita.

Segundo, que el divisionismo es un arma asimétrica. Es naturalmente útil al que siente que va a perder, que dice “si pierdo, divido al partido”. El que siente que va a ganar no tiene nada que ganar y, al contrario, sólo tiene qué perder si el partido se divide. El daño que se le haría a ARENA si esto pasa sería terrible: se le regalaría el gobierno al FMLN.

Es una posición destructiva. No importaría si la toma una sola persona. Lo que es trágico es cuando otros la siguen y realmente dividen al partido. Los que se sientan inclinados a tomar esta posición en medio de luchas interpartidarias deben recordar que si amenazan con hacerlo, o lo hacen, están poniendo en peligro al país entero, que puede perder la única oportunidad de regresar a la democracia que podemos tener en el futuro. Se estarían prestando al juego de un narcisismo terrible que dice “mejor nos hacemos comunistas que un rival mío llegue a la presidencia”. La diferencia para el país entre los candidatos de ARENA está lejísimos de la diferencia entre cualquiera de ellos y el FMLN. Poner en riesgo el país de esta manera sería terrible e inexcusable.