Elecciones

No renunciemos al futuro. De Carolina Ávalos

carolina avalosCarolina Ávalos, 14 febrero 2017 / EDH

Cesó la guerra infernal y fratricida. Sí, aquella que muchos no comprendimos del todo. La guerra contra las injusticias sociales, para rescatar de la miseria a cientos de miles de salvadoreños… pero a la vez aquella que por su misma fuerza y crueldad nos enterró, nos atemorizó y nos expulsó de nuestras tierras.

Desbordados con las expectativas de desarrollo en un país que había logrado la “paz”, un cuarto de siglo después los ciudadanos nos hemos desencantando del rumbo que ha tomado El Salvador. Los dos principales partidos políticos son producto, precisamente, de un país arrasado por la guerra, y pareciera que han llevado a cabo sus políticas inspiradas en una interpretación al revés de la famosa cita de Clausewitz: en El Salvador, la política ha sido, y sigue siendo, “la continuación de la guerra por otros medios”. Pero las instituciones del Estado no son para el arrendamiento de los partidos políticos; no “se alquilan” para los combates y beneficios partidarios.

diario hoyRecientes acontecimientos políticos y sociales nos permiten prever que esta corrupción de la política está en un punto de inflexión. Un ejemplo de ello han sido las respuestas de preocupación y rechazo total, por parte de la sociedad civil organizada y la población en general, a los ataques sistemáticos realizados por algunos políticos del Ejecutivo y el Legislativo contra la Sala de lo Constitucional (entre 2012 a 2016), que han llevado a una encrucijada entre la democracia y el oscurantismo. Pero no basta con las manifestaciones de rechazo, es necesario incrementar el poder de incidencia ciudadana directamente en los temas claves del país y que la voz de la ciudadanía sea decisiva en la conducción de la cosa pública.

La firma de la paz es un capítulo de nuestra historia reciente que se conmemoró y celebró con fervor. Inclusive en el discurso presidencial se les ofrece un par de líneas a todos aquellos que murieron durante la guerra: “permanece con nosotros el ejemplo y sacrificio de grandes salvadoreños y salvadoreñas que dieron su vida por un mejor futuro para El Salvador”. Más de 50 mil de ellos eran civiles —ni militares ni guerrilleros—, y no pidieron sacrificarse. Al contrario, se les arrebató la vida. Fueron víctimas de la guerra a quienes no se les ha hecho justicia.

Veinticinco años después, estamos viendo con terror y angustia cómo la cifra de asesinatos ha llegado a superar las cifras de víctimas civiles durante la guerra, y cómo las víctimas en esta etapa de “guerra social” son también olvidadas. Este terror, al igual que durante la guerra, está empujando a muchos a buscar su propio camino hacia el exilio, para que las balas no les alcancen a sus hijos, a sus madres, a su familia…

Todos los días vemos una o más noticias de asesinatos, en donde nuestros jóvenes son los protagonistas, sin reparar que estamos perdiendo a nuestro más valioso tesoro. Sí, todos somos responsables de ello, pero principalmente lo es el Estado, ya sea por negligencia e ignorancia, por ineficacia o ineficiencia, por las políticas erróneas o la omisión de ellas, por la prepotencia y la ceguera de muchos funcionarios al ostentar el poder y por la falta de entendimiento de la democracia.

Estoy convencida que podemos cambiar el rumbo de nuestro país, y me uno al llamado que muchos ciudadanos y columnistas hacen a los legisladores para que consideren las reformas legales necesarias para elecciones transparentes, y a la ciudadanía para la participación activa y protagónica en la vida política a través del voto, pero, sobre todo, a través de la participación organizada en proyectos ciudadanos que buscan incidir en la paz y en el desarrollo de toda la sociedad. Al final, el futuro de El Salvador está en las manos de los salvadoreños. No renunciemos a él.

@cavalosb

Francia: “La única soberanía posible es la europea”, Emmanuel Macron

El exministro estrella y candidato a la presidencia francesa asegura que la división entre izquierda y derecha está obsoleta

Entrevista de Carlos Yárnoz, 14 enero 2017 / EL PAIS

el paisEmmanuel Macron (Amiens, 1977) ha pasado en medio año de ministro de Economía en el Gobierno socialista a ser el principal rival de la izquierda en las elecciones presidenciales de primavera. Al frente de su movimiento En Marche!—E.M., sus iniciales—, este francotirador de la política francesa aumenta su tirón electoral en paralelo al deterioro del clásico sistema de partidos en el que nunca ha militado. Europeísta cuando no está de moda serlo, las encuestas le sitúan en tercera posición, tras el derechista François Fillon y la ultraderechista Marine Le Pen. En esta entrevista con cinco corresponsales afirma que la división real no es entre la izquierda y la derecha, sino entre “la apertura y el inmovilismo”. Con argumentos similares atrae a sus mítines a muchos más seguidores que sus adversarios.

Emmanuel Macron, en la Universidad Humboldt de Berlín, el pasado martes. OLIVER WEIKEN EFE

Emmanuel Macron, en la Universidad Humboldt de Berlín, el pasado martes. OLIVER WEIKEN EFE

Pregunta. Usted dice no ser ni de izquierdas ni de derechas.

Respuesta. Mi movimiento es una amplia coalición de socialdemócratas, liberales, centristas, ecologistas y, sobre todo, de ciudadanos que nunca han tenido un compromiso político.

P. Y que la división izquierda-derecha está ya obsoleta.

R. Los partidos están anclados en una división que no se corresponde con la realidad. La verdadera división está entre progresistas y conservadores, entre la apertura y el inmovilismo. Derecha e izquierda están fragmentadas entre proeuropeos y antieuropeos, por ejemplo. O sobre la reforma laboral, la mundialización…

P. Para usted, Europa no es el problema, sino la solución.

R. Absolutamente. Nuestros países se enfrentan al riesgo terrorista, al desafío migratorio… Esos asuntos de seguridad van a reestructurar el mundo, a la vez que Estados Unidos deja de jugar el papel de gran protector en nuestros teatros de operaciones. Solo Europa puede aportar esa seguridad. Frente a las nuevas incertidumbres y amenazas terroristas, la auténtica soberanía es europea.

P. ¿Qué entiende usted por soberanía europea?

R. El error que nuestros dirigentes políticos han cometido durante 10 ó 15 años ha consistido en dejar el término “soberanía” a los nacionalistas. La única soberanía posible se construye a nivel europeo. Nuestra capacidad de responder a los desafíos de seguridad, a los desafíos climáticos, es europea. Y también nuestra capacidad para favorecer el crecimiento.

P. Los populistas prometen el repliegue, la marcha atrás.

R. Marine Le Pen miente cuando dice a la gente: “Vamos a cerrar las fronteras de Europa; estaremos protegidos de los riesgos de la mundialización”. Muy bonito. Francia ya no produce televisores, no produce smartphones… ¿Dejamos de importarlos y renunciamos a nuestras exportaciones porque a su vez nuestros vecinos cerrarán sus mercados? ¿Somos rivales creíbles frente a China si actuamos solos? Seremos incapaces.

P. La opinión pública está conmocionada al ver que el terrorista de Berlín atravesó toda Europa pasando por cuatro países hasta llegar a Italia.

R. Por supuesto. Es un problema de cooperación insuficiente entre los Estados. Si avanzamos en la vía de los nacionalistas, eso será diez veces peor: no habrá ninguna cooperación.

“La verdadera división está entre
progresistas y conservadores”

P. ¿Qué soluciones propone?

R. Estoy a favor de una política de asilo que sea a la vez más humana y más eficaz. Hoy, la principal ruta de los migrantes es la de Libia. Se hace atravesar el Mediterráneo a gentes que mueren en el camino mientras que se podrían gestionar las demandas de asilo en los países de origen o en los de tránsito.

P. ¿Es partidario de una nueva alianza con Alemania como nuevo motor europeo?

R. Lo que yo quiero es un eje franco-alemán ambicioso, pero hace falta que la confianza se restablezca. No se deben hacer unilateralmente las cosas. Es necesario que Francia asuma sus responsabilidades sobre el plan económico y presupuestario y acometa las reformas. Es una condición previa. Después, Alemania nos debe acompañar con más inversiones y un relanzamiento de la zona euro.

P. Es usted el único candidato favorable a un acuerdo con Alemania. Los otros proponen plantarle cara.

R. Todos lo han hecho o dijeron que lo harían desde hace veinte años. La táctica de Francia ha consistido en retrasar sus compromisos de déficit a cambio de reformas que no llegan. Hemos perdido nuestra credibilidad. Pretender plantar cara, presionar a Alemania y no respetar nuestros compromisos… Eso no funciona.

“Es necesario que Francia asuma
sus responsabilidades y acometa las reformas”

P. ¿Por qué no participa en las primarias de la izquierda?

R. Las primarias son una aberración. Son máquinas de matar las ideas y de impedir gobernar. Lo que ha debilitado el mandato de François Hollande son las primarias de 2011, que no pusieron fin a las ambigüedades. Lo que va a debilitar hoy a François Fillon son las primarias de la derecha. Las ha ganado sobre la base del antisarkozismo con gentes que no comulgan con sus ideas y, si gana, no podrá gobernar.

P. Aquilino Morelle, un exconsejero de Hollande, dice que éste apoyará su candidatura porque usted es su hijo espiritual.

R. Respeto a Hollande. En el plano institucional y en el personal. Pero yo no soy su hijo espiritual. Lo que hago es profundamente contrario a su ADN político. Él cree en la supremacía de los partidos y del Partido Socialista, algo que fue nuestro gran desacuerdo estratégico. Él quedará para la historia como el presidente que ha puesto en marcha la transformación económica e ideológica de Francia, pero no llegó hasta el final.

Historia de un billete. De Alberto Barrera Tyszka

historia-de-un-billete

Alberto-Barrera-Tyszka-640Alberto Barrera Tyszka, 18 diciembre 2016 / PRODAVINCI

El billete está apretado en la mano de una señora. La señora se encuentra en una larga cola. La cola empieza en la puerta del banco y se extiende por varias calles. En las calles todos los negocios han cerrado. Los comerciantes temen que pase algo. Pero en realidad no pasa nada. Alguna gente rezonga, otros mastican sus melancolías. Dentro de la vitrina de una tienda de electrodomésticos hay varios televisores encendidos. En uno de ellos, un noticiero repite las imágenes de la canciller protestando en Argentina. La señora mira y se pregunta ¿cuánto valdrá el collar que lleva Delcy Rodríguez guindando en el cuello?, ¿pesará mucho? Si Delcy Rodríguez estuviera en esa cola, ¿se pondría también ese collar?

prodavinciLa señora tiene sed y mal humor. Aprieta el billete de 100 en su mano como si fuera un mantra. En su bolso guarda muchos rollos con billetes iguales, ajustados con ligas de goma. Son el ahorro familiar de casi un año. Empezaron en febrero, cuando ella y su marido escucharon al doctor diciendo que el quirófano era irremediable. Una operación de próstata los puso a juntar billetes —luchando contra la inflación y la escasez— hasta lograr alcanzar la cifra necesaria. Pero antes, como siempre, llegó “El destructor”. Nicolás Maduro, con todos sus súper poderes económicos, lo hizo de nuevo. Ahora pulverizó los ahorros del pueblo. Dejó a todo el mundo sin billete.

La señora está cansada. Ya lleva horas ahí. Llegó desde muy temprano a la cola. El rostro de Bolívar, tatuado sobre el papel que tiene en su mano, se ha ido asfixiando poco a poco. Todo está detenido y, sin embargo, todo se está cayendo. Es una sensación tan extraña. La vida de pronto parece un accidente sin final. La esperanza va muy despacio. Aquí solo es veloz el deterioro.

Detrás de cada billete de 100 puede haber una historia. La del señor que viajó desde Valencia a Caracas para cambiar 2 mil ochocientos bolívares. La de los abastos arrasados en el Estado Bolívar. La de los muchos billetes danzando sobre el aire, en una coreografía jamás vista en nuestro país. La historia de aquellos que trataron de contar la historia de un billete, como la radio Fe y Alegría de Guasdualito, y terminaron siendo allanados y censurados por la policía. Era un operativo de “rutina”, dijeron. Detrás de cada billete de 100 puede haber una historia, muchos relatos de un pueblo defendiéndose y resistiendo ante la opresión del Estado, ante el saqueo y la violencia oficial.

Por supuesto que, como siempre, el gobierno actúa para salvarnos. Por eso nos humilla. Porque quiere protegernos. La culpa siempre es de otros. Siguiendo el Método Maduro, cualquier gobierno del planeta podría legitimar la represión y justificar su permanencia eterna en el poder. Los responsables del todo el caos que vivimos son el imperialismo, la derecha y las mafias bachaqueras. El Presidente se monta en un tarima y empuña el sable de Bolívar, un sable —dice— que jamás se ha presentado así, que por primera vez aparece en este día. Es un espectáculo nunca visto. De la Batalla de Carabobo a la Chapuza de los billetes de a 100.

Unas horas más tarde, la parafernalia heroica se ha desvanecido y el gobierno anuncia que la vaina no es tan radical, que las mafias no son tan mafias ni el sable es tan sable. Que hay prórroga. Que vamos a darnos un recreo en mitad de esta guerra a muerte. Que todo lo que dijimos y vivimos esta semana es un chiste. Que da igual. Que es mentira.

Es mentira la cola. Es mentira la angustia. Son mentiras los kilómetros recorridos y las horas de espera. Son mentira también los billetes perdidos, cambiados, depositados de cualquier forma y sin respaldo claro. Nadie entiende nada, nadie explica nada, todo da lo mismo. El gobierno pretende resolver realidades complejas con consignas cada vez más simples.

La señora mira el billete arrugado. Está sobre la mesa de su sala. Junto a la bolsa que tiene todos los otros billetes que, algún día, quizás sean una operación de próstata. Es de noche y tiene ganas de llorar. No es fácil vivir en un país donde cualquier dolor es inútil. Extenuada, cierra los ojos y trata de imaginar el futuro más cercano. Piensa en los nuevos billetes, por ejemplo. Imagina, de pronto, un billete nuevo, resplandeciente, tendido en esa misma mesa, frente a ella. ¿Qué haría? ¿Qué historia podría vivir con ese nuevo billete?

De pronto, tiene una idea. Es una imagen que se acerca, que surge desesperada del ansia de estos días. Se ve a ella misma tomando una pluma y escribiendo sobre ese nuevo papel dos palabras. Tan solo dos palabras: elecciones ya.

prodavinci

Crónicas de un funeral electoral. De Carlos Fernando Chamorro

El 6 de noviembre pasará a la historia como un día triste del cual no hay nada que celebrar porque no gana nadie en el país cuando falla la democracia.

Carlos Fernando Chamorro, periodista y opositor nicaragense. Ex-director de Barricada, el órgano oficial de los sandinistas en los años 80. Hijo de Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa asesinado en 1978 por los somozistas, y de Violeta Chamorro, ex-presidenta de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro, periodista y opositor nicaragense. Ex-director de Barricada, el órgano oficial de los sandinistas en los años 80. Hijo de Pedro Joaquín Chamorro, editor de La Prensa asesinado en 1978 por los somozistas, y de Violeta Chamorro, ex-presidenta de Nicaragua

Carlos Fernando Chamorro, 15 noviembre 2016 / EDH

Lejos de ser una “fiesta cívica”, la farsa electoral transformó las elecciones del pasado 6 de noviembre en un funeral electoral donde se enterró la democracia en Nicaragua, la que radica en la credibilidad del sistema representativo y la alternabilidad en el poder público.

No se puede congratular a Daniel Ortega por haber destruido  poco a poco, golpe a golpe, la confianza del pueblo nicaragüense en el proceso electoral representativo, transparente y libre que es la base fundamental de la paz y la convivencia pacífica. La apatía no es presea democrática, sino la participación.

Diga lo que digan las cifras de abstención que da el Consejo Supremo electoral, para los ojos de cualquier observador internacional este es un proceso fallido porque hubo una abstención que ronda entre el 70 % y el 80 %, lo cual es fácilmente comprobable con la evidencia gráfica de miles de reporteros ciudadanos que con sus celulares tomaron fotos de unas inexistentes filas de votación, las que en 1990 y otras elecciones subsiguientes, le daban la vuelta a la manzana.

Solo en Corea del Norte una mentira tan grande puede ser asimilada como verdad por el control totalitario que existe sobre la ciudadanía y los medios de comunicación.

La farsa electoral se convirtió en un verdadero plebiscito: ganó el NO a la farsa electoral, lo que equivale a decir que ganó el SI a elecciones libres, transparentes y con observación nacional e internacional.

diario hoyNo se puede congratular Ortega ni Doña Rosario de haber erosionado poco a poco la confianza del pueblo nicaragüense que su voto realmente cuenta, que su voto elige, porque tarde o temprano  deberán corregir el camino andado y revertir el rumbo que lleva el país, que inexorablemente nos lleva a la confrontación.

Podrán celebrar ahora el autoengaño, pero es una victoria pírrica ya que el poder escogió a sus adversarios. Es como al boxeador que le ponen contrincantes “de paquete” por temor a que sorpresivamente aparezca uno que lo pueda derrotar, como ocurrió con este mismo boxeador en la contienda de 1990.

Los resultados son tan inverosímiles como los de Corea del Norte, excepto que allá no tienen empacho en adjudicarle el 100 % de los votos a Kim Jon-un y donde abstenerse, o votar “No” es considerado como un acto de traición a la patria.

Aquí aún se permite el voto por los otros candidatos de la farsa para darle más credibilidad y no se castiga la abstención como  una traición, así que aún estamos mucho más avanzados democráticamente hablando, que Corea del Norte.

El periodista Jan Martínez Ahrens del prestigioso diario español El País, resume el “triunfo” de Ortega en el primer párrafo de su nota del lunes 7 noviembre de la siguiente manera:

“No han hecho falta mítines, ni debates, ni tan siquiera campaña. El triunfo electoral de Daniel Ortega era tan previsible como su candidatura. Ilegalizada la única oposición real, barridos los observadores internacionales, controlados todos los resortes del poder, era imposible que el antiguo comandante sandinista perdiese los comicios de este domingo. El desenlace estaba escrito de antemano e incluso ese masivo 72 % que le han otorgado las urnas, importaba poco. Lo grave, lo vital, lo único, era su continuidad. Y ese objetivo se ha logrado. Aunque a un alto coste”.

El periodista español casi acierta justamente, porque de acuerdo al conteo final del Consejo Supremo Electoral, Ortega obtuvo el 72.5 % de los votos, e increíblemente los magistrados vieron participar al 68.2% de la población, algo que va en contra de todos los que tuvieron ojos para ver y cámaras para comprobar la raquítica afluencia ciudadana en las JRV.

A los partidos “opositores” les asignaron un 27.5 % de esa invisible montaña de votos por lo que tendrán alguna representación en el parlamento, pero mucho menos que el 40% que les otorgó Somoza al Partido Conservador zancudo de Agüero por participar en la farsa electoral de 1974 en que, también sin sorpresas, resultó reelecto.

El 6 de noviembre pasará a la historia como un día triste del cual no hay nada que celebrar porque no gana nadie en el país cuando falla la democracia y se pierde la confianza en el voto para elegir.

 

Carta a mis amigos en Estados Unidos: ¿Por qué ganó un populista? De Paolo Luers

img-20161111-wa0000

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 10 noviembre 2016 / EDH

Estimados amigos:
¿Qué diablos pasó para que ustedes ayer amanecieran con lo impensable: un presidente Donald Trump? Este hombre, que tan merecidamente se ganó el desprecio y rechazo de la mayoría de las mujeres, la mayoría de los afroamericanos y latinos, y la mayoría de los mejor educados del país, ganó las elecciones. ¿Cómo es posible? Revisando las redes sociales veo que muchos de ustedes se están haciendo las mismas preguntas.

Revisando los primeros análisis, la culpa directa la tienen los hombres blancos, que viven en ciudades con menos de 50 mil habitantes o en zonas rurales; que además nunca terminaron el college y que además son evangélicos o católicos creyentes y tienen más de 45 años. Este es el perfil del votante que llevó al poder a Trump.

diario hoyMuchos analistas superficiales (o interesados) incluyen en este perfil a los trabajadores y los desempleados, pero las cifras demuestran otra verdad: Entre los que ganan menos de 50 mil dólares al año, una gran mayoría ha votado demócrata, como siempre. Y entre los que ganan más de 100 mil al año, una clara mayoría ha votado por Trump. Es mentira el análisis que están vendiéndoles que la culpa la tienen los trabajadores, y que el tema que hizo ganar a Trump es la economía y los jobs.

Lo que algunos llaman la ‘Trump Revolution’, no es una revolución social, como la quieren vender. Mentira. ¿Cómo va a haber una revolución social encabezada por un especulador multimillonario? Es una ‘revolución’ cultural, más bien una contrarrevolución para revertir los avances de una sociedad liberal, tolerante y abierta: derechos de mujeres; derechos civiles de afroamericanos, minorías raciales y migrantes; conquistas sociales como el seguro médico para todos. Los motores principales de esta contrarrevolución no son la pobreza y el desempleo, sino el racismo, el nacionalismo, el machismo, la mentalidad autoritaria,  y el profundo miedo a las transformaciones que desembocan en una sociedad donde un afroamericano o una mujer pueden ser líderes de la nación. Lo que llevó al poder a Trump fue una coalición oportunista de todas estas corrientes que apostaron a él, porque no aguantan la idea de que luego de un negro asuma la presidencia una mujer.

Culpa del triunfo de Trump también tienen el 29 % de latinos que votaron por Trump, pensando que los van a aceptar como ciudadanos legítimos si se desmarcan de los migrantes nuevos, contentos que ya son los últimos en el ‘food chain’ y en la cadena de discriminación. Es el rechazo de los últimos que entraron al barco contra los náufragos…

Pero del desastre que ahora espera a Estados Unidos con un presidente populista y autoritario también tienen culpa las elites liberales (e incluso de izquierda) que movilizaron contra Trump pero sin entusiasmo por su propia candidata. A estas elites liberales hay que preguntar: Si no lograron apoyar de todo corazón a Hillary, ¿por qué diablos no postularon a alguien que puede defender y continuar con credibilidad y pasión contagiosa las reformas y el avance de los derechos civiles?

Y por supuesto tiene culpa la elite republicana, que no pudo esconder su menosprecio por Trump, pero que no hicieron nada para abortar su ascenso a la candidatura y ahora a la presidencia. Pensaron -y siguen pensando- que podrán instrumentalizarlo, cada uno por sus propios fines, unos contra el aborto, otros contra Obamacare, otros contra la globalización y el libre comercio, otros contra la integración racial y de migrantes y otros contra el feminismo. También los industriales y los conservadores alemanes pensaron que podían instrumentalizar a Hitler…

¿Qué hacer ahora? Esto lo tienen que contestar -no sólo en discurso, sino en la práctica- ustedes, mis amigos. Les deseo mucha sabiduría y muchas valentía. Saludos, su amigo

44298-firma-paolo

Aspectos básicos de las elecciones en los Estados Unidos. De Erika Saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saldaña, 7 noviembre 2016 / EDH

Las elecciones de Estados Unidos han inundado las noticias en los últimos días. No es para menos. Los resultados de esta carrera electoral tendrán influencia en temas que nos importan a los salvadoreños y a la comunidad latina en general; las ideas del nuevo presidente tendrán influencia en asuntos como la política exterior, inmigración, cooperación económica, entre otros.

El candidato republicano, el empresario Donald Trump, ha estado rodeado de polémica durante casi toda la carrera hacia La Casa Blanca; comentarios despectivos hacia grupos históricamente marginados (latinos, mujeres y discapacitados) han movilizado a estos sectores a votar y están haciendo bajar los índices de abstención electoral en la votación adelantada en estados fronterizos como Arizona, donde la población latina ha aumentado su participación.

diario hoyPor su parte, Hillary Clinton también se ha visto envuelta en polémicas relacionadas con una investigación federal sobre el uso incorrecto de su correo electrónico personal durante el ejercicio de su cargo en el gobierno de Barack Obama. Además, su matrimonio con el expresidente Bill Clinton, su amplia carrera política como senadora y secretaria de Estado, ha dejado como legado muchos detractores.

Las elecciones en los Estados Unidos no se ganan considerando cual candidato obtiene la mayor cantidad de votos de la ciudadanía, como sí sucede en El Salvador (quien tiene más votos gana la presidencia). Lo anterior se debe al sistema adoptado por la Constitución de ese país, la cual establece al federalismo como la forma de organización y gobierno de los Estados Unidos. Hay 50 Estados que gozan de autonomía en su organización y reglas de funcionamiento, con la única limitante de la prohibición de las monarquías como gobiernos locales.

Para la votación existen distintas reglas en cada estado. Por ejemplo, en Oregón y Colorado únicamente se puede votar enviando la boleta por correo postal; en California, Arizona, Florida y Oklahoma, entre otros, es válido votar de manera adelantada al día oficial de las elecciones; y en estados como Nueva York, Alabama y Kentucky debe acudirse a las urnas el 8 de noviembre. Contrario a la mayoría de países latinoamericanos, donde las elecciones se realizan en domingo para facilitar la asistencia, en los Estados Unidos se realiza en día de semana y las actividades laborales se ejecutan de manera regular.

La elecciones en los Estados Unidos las gana el candidato que obtenga la mayor cantidad de los 538 votos electorales en disputa; cada Estado tiene un número de votos electorales igual al número de representantes que posee en el Congreso, más dos votos por sus escaños en el Senado. Quien obtiene 269 votos electorales o más gana la presidencia del país.

Según una publicación del periódico estadounidense The New York Times, los Estados “swing” que podrían definir las elecciones son Virginia, Minnesota, Nuevo Hampshire, Pennsylvania, Colorado, Michigan, Wisconsin, Carolina del Norte, Nevada, Florida, Arizona, Iowa, Georgia, Ohio y Missouri. Se les denomina “swing” en relación a la posibilidad de inclinarse tanto del lado de los demócratas como del lado de los republicanos; a dichos Estados les pertenecen 193 votos electorales.

Esta elección es importante para los estadounidenses no solo por la dirección que el Gobierno federal tomará, sino también debido a que el nuevo presidente estará habilitado para proponer al Senado al sustituto del juez Antonine Scalia en la Corte Suprema. Además, teniendo en cuenta la edad promedio de retiro de los magistrados de esta Corte, es probable que en los próximos 4 años sea necesario nominar a 3 candidatos más, por lo que podría cambiar la conformación y pensamiento de esta importante institución.

Al ser una de las grandes potencias mundiales, la elección del presidente de los Estados Unidos tendrá gran impacto no solo en ese país, sino también en sus relaciones políticas, económicas y migratorias con el resto del mundo. Hay alrededor de 57 millones de latinos viviendo ahí, que representan el 17 % del total de la población; de estos, 27.3 millones están habilitados para votar y se espera una participación de 13.1 millones.  Esta elección es importante para El Salvador teniendo en cuenta los casi dos millones de compatriotas que han emigrado a ese país, quienes se han convertido en unos de los pilares de la economía salvadoreña a base de remesas.

Apuntes electorales desde USA. De Cristina López

Cristina LópezCristina López, 7 noviembre 2016 / EDH

Mañana se termina, después de más de un año de campaña electoral sin tregua, la temporada electoral más extraña de la historia de los Estados Unidos hasta ahora. Extraña, porque no existen parámetros para juzgarla en comparación a las elecciones anteriores. Principalmente, porque en gran medida la tecnología que ha marcado los momentos más importantes de la campaña antes o no existía, o no tenía la credibilidad como para ser tomada seriamente por la prensa ni el electorado.

diario hoyPrimero, la candidatura de Donald Trump difícilmente habría sido posible sin la existencia de los ejércitos de troles de redes sociales que se encargaron de empantanarle el camino en las primarias a candidatos con mucha mayor experiencia, respetabilidad, credibilidad, y quien ha oído a Trump hablar en más de un discurso, coincidiría que mayor inteligencia. A punta de noticia falsa, medias verdades y otros rumores que se dispersaron como virus en las redes sociales, le fue fácil a Trump reclutar a los rincones más oscuros del internet y convertir a la “derecha alternativa” (el apodo con el que están intentando purificar al movimiento racista del supremacismo blanco) en un brazo útil. Fue también con estas redes que Trump instauró una narrativa de descrédito a la prensa (a toda, tanto la conservadora, como la de izquierda, como la menos ideologizada), tachando cualquier reporte que no fuera adulador como falso.

Además del descrédito de los medios tradicionales, a Trump le apañaron los, por darles algún nombre, medios “ficticios”, es decir, cuentas inventadas en redes sociales y páginas web fantasma, encargadas de producir a gran escala “noticias” a todas luces falsas, que cobraban viralidad al ser compartidas y diseminadas por troles y, eventualmente, inocentes crédulos queriendo ver confirmados prejuicios existentes acerca de la oposición. Un sistema de apoyo cibernético no tan diferente al del alcalde de San Salvador, que retuitea noticias aduladoras de medios que nadie conoce. Quizás la diferencia es que en USA estas fuerzas existían antes de Trump y a pesar de él, no por su iniciativa, ya que no es tan astuto. En justicia, también la izquierda se ha visto beneficiada por las noticias falsas, pero la candidata demócrata no tiene idea de cómo manejar las redes sociales, a diferencia de su contrincante, cuya tendencia de publicar sin filtro cualquier tipo de pensamientos en su cuenta personal a cualquier hora hizo de Twitter una principal herramienta de campaña.

La narrativa de desacreditar a los medios, aunque no es nueva (los políticos salvadoreños la han usado también, atacando al mensajero cuando no están de acuerdo con el mensaje), fue crucial para que Trump lograra, sin mayor consecuencia, mentir con descaro una tras otra vez sin costo político alguno a pesar de los “detectores de mentiras” y chequeo de veracidad de datos instaurados por los medios. Cuando probaban que Trump mentía, sus seguidores estaban predispuestos a no creerles, con independencia de las pruebas que presentaran.

La otra explosión la causó WikiLeaks, hackeando — según reportes de inteligencia estadounidense, producto de la iniciativa rusa con influencia directa del Kremlin —  las cuentas personales de correo de los cooperadores más cercanos a Hillary Clinton y publicando todos sus contenidos. Confirmaron lo que la opinión pública siempre ha sospechado y criticado en los Clinton: una operación cerrada, calculadora, paranoica, con doble moral y duplicidad de opiniones, aterrorizada del escrutinio y alérgica a la transparencia, males que la permanente búsqueda y cercanía con el poder no solo no combaten sino que exacerban. Las posiciones frente a políticas públicas poco importaron en esta campaña, por lo menos, es lo que demuestran las encuestas. Ninguna posición específica ayudó a ninguno de los dos candidatos a jalar votos de la oposición, sólo a conservar los que ya se tenían a base de lealtades y borreguismos ideológicos. Al final, lo que mañana definirá las elecciones de la que se presume como “la democracia más ejemplar mundo”, es a cuál de los candidatos detesta menos el electorado de los poquísimos estados realmente en juego.

@crislopezg