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Carta para entender la disyuntiva venezolana: ¿Votar o abstenerse? De Paolo Luers

8 mayo 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Henri Falcón desafía al régimen de Maduro, que con una elección sin igualdad de condiciones quiere perpetuarse en el poder. Al mismo tiempo desafía a la dirigencia opositora, que llama a la abstención para boicotear estas elecciones por no cumplir con estándares democráticos.

Su argumento: Es absurdo esperar que en una dictadura haya elecciones libres, democráticas, sin abusos estatales y fraude. Por esto se llama dictadura. Pero cuando el 80% de la población rechaza al régimen gobernante, y el régimen convoca elecciones para revestirse de legitimidad, la oposición debe usarlas para poner a la dictadura en un dilema: o reconocer su derrota electoral, o hacer un fraude tan obvio que le resta lo poquito que le quedaba de legitimidad. La oposición gana aunque no gane.

Es incomprensible que los líderes de la Mesa de la Unidad Democrática MUD, luego de haber actuado exitosamente bajo esta lógica en el 2015, conquistando el control de la Asamblea Nacional, ahora abandonó esta estrategia y llama a la abstención. Acusan a Henri Falcón de haber roto la unidad con su postulación, cuando ellos abandonaron lo que fue la esencia del pacto unitario: recuperar la institucionalidad y la libertad, haciendo uso de todas las luchas pacíficas posibles.

Henri Falcón se postuló, porque la MUD no fue capaz de nombrar a un candidato unitario. Ahora, en la recta final hacia las elecciones del 20 de mayo, las bases de los partidos opositores comienzan a unirse a él para desafiar a la dictadura. No entiendo por qué líderes como Leopoldo López y Henrique Capriles no rompen su silencio para llamar al voto. A Leopoldo, quien en su arresto domiciliario tiene serias restricciones para ejercer sus derechos de libre expresión, no le pueden prohibir llamar al voto en unas elecciones convocadas por el gobierno. Y Capriles, a quien el gobierno arbitrariamente inhabilitó como candidato, debe apoyar la estrategia electoral que él mismo ha defendido durante años. Con ambos llamando al voto, la situación cambiaría a favor de Falcón.

¿Quién es Henri Falcón? ¿Qué representa que apoyarlo sea tan difícil para los demás líderes de la oposición?

El pecado de Falcón es que fue chavista. Siendo gobernador de Lara por el partido oficial, Falcón renunció al chavismo en febrero del 2010 e hizo públicas sus críticas a Hugo Chávez: la centralización total del poder, la falta de institucionalidad, la corrupción, la burocracia ineficiente. Se unió a la opositora Mesa de Unidad Democrática, convirtiéndose en uno de los aliados más importantes de Henrique Capriles en su candidatura presidencial del 2012. Atrajo a esta campaña votos de sectores disidentes del chavismo.

En 2013 fue reelecto gobernador de Lara, uno de tres opositores que lograron derrotar al chavismo y ganar gobernaciones. Su pasado lo convierte en adversario de los sectores de derecha de la oposición, que ahora predican la abstención para evitar que se consolide su liderazgo. Pero al mismo tiempo lo convierte en un candidato peligroso para Maduro, porque puede atraer el voto de los sectores populares sobre los cuales el chavismo perdió el control. Si se suman los votos de la oposición representada en la MUD, Falcón llegaría a una mayoría difícil de ocultar por un fraude.

Si el abstencionismo se mantiene, facilita a Maduro otros 6 años en el poder, y la legitimidad que ya había perdido. Espero que escojan bien los venezolanos opositores.

Saludos,

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Venezuela: En pro y en contra de la abstención.
De Fernando Mires y Alberto Barrera Tyszka

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Venezuela: En pro y en contra de la abstención. De Fernando Mires y Alberto Barrera Tyszka

Las elecciones presidenciales, convocadas por el régimen de Maduro y cuestionadas por la comunidad internacional y la opositora Mesa de Unidad Democrática MUD, tendrán lugar el 20 de mayo. Dentro y fuera de Venezuela hay un fuerte debate sobre abstenerse o votar masivamente por el candidato Henri Falcón, quien se postuló desatendiendo la decisión de la MUD, y cuya candidatura está agarrando fuerza.

Representativos para todas las posiciones publicadas, voy a reproducir aquí solamente las de dos intelectuales que considero de los intelectualmente más honestos que suelen opinar sobre Venezuela. El escritor, guionista y columnista venezolano Alberto Barrera Tyszka, en pro de la abstención; y el politólogo chileno Fernando Mires, quien tiene mucha influencia en el debate de la oposición venezolana. Mires defiende la participación en las elecciones.

El próximo martes voy a publicar en El Diario de Hoy y en este blog la posición mía a favor de una votación masiva por Henri Falcón.

Paolo Luers

FALCÓN, EL CANDIDATO. De Fernando Mires

30 abril 2018 / TalCual

La candidatura de Henri Falcón no nació de la nada. Surgió como consecuencia de la decisión de la MUD de no presentar candidatura presidencial después del fracaso del diálogo de Santo Domingo. Decisión tomada como respuesta a la premeditada –repetimos: premeditada– intransigencia de los dialogantes enviados por Maduro.

Después del fracaso del diálogo fueron abiertas a la MUD dos opciones. La primera: la de “pelear peleando”, es decir, la de levantar una candidatura que denunciara ante el mundo la ausencia de condiciones electorales, desatando un masivo movimiento político en contra del régimen. La segunda: la de seguir el juego del oficialismo, cediendo el paso para que este venciera en las elecciones.

1.- El error más grande de la historia de la MUD

La dictadura demostró tener un conocimiento exacto de la MUD. Sabía que no tenía candidato y que –dadas las rivalidades entre los partidos del G4– iba a ser difícil que lo tuviera, por lo menos a corto plazo. Ese fue sin duda el primer error que llevaría a la MUD a cometer el segundo, el más grande de su historia: no levantar candidatura frente a un gobierno que había alcanzado sus puntos más bajos de aprobación. La no-existencia de condiciones electorales mínimas, en lugar de convertirse en una consigna de participación, se convertiría así en un llamado a la apatía, a la resignación, a la nada. La única candidatura de la MUD es hoy la señora abstención lo que para una asociación electoral –la MUD es eso– significa una (auto) condena a muerte.

Para disimular su monumental error, los dirigentes de la MUD adujeron que el llamado a la abstención seguía la orientación de una supuesta Comunidad Internacional, vale decir, de un conjunto de gobiernos dispares entre sí, cuya preocupación fundamental dista de ser Venezuela, como demostró la Cumbre de Lima. Votar es legitimar a la dictadura ante el mundo, fue la consigna central. Un absurdo: una dictadura no puede ser legitimada con nada porque una dictadura es una dictadura. No existen dictaduras legítimas. Pero aún suponiendo que esa, por la MUD fetichizada “comunidad”, hubiera tenido el poder que le supuso la MUD (ni en la OEA posee mayoría ejecutiva) ese poder habría sido inútil pues con la abstención ya no tenía a qué ni a quién apoyar.

Sin elecciones la MUD es como un sistema solar sin sol, un montón de meteoritos perdidos en la noche de la anti-política. Ni siquiera la creación del Frente Amplio (la MUD más organizaciones pro-MUD) que en condiciones electorales habría sido un poderoso instrumento de lucha, pudo interceptar la crónica del fracaso anunciado. Fracaso, porque la MUD al retirarse de las elecciones, se retiró de su ruta, rompió con su única línea y no supo levantar otra.

¿Extraña que bajo esas condiciones los abstencionistas de la primera hora –los anti– electoralistas crónicos, los del “maduroveteya”, los de “en dictadura no se vota”, los del “dimite-pues” – hubieran llenado el espacio vacío que dejó la MUD imponiendo consignas que hoy repiten los neo-abstencionistas como si fueran de su autoría? ¿Extraña que abstencionistas y abstencioneros cierren filas para bloquear la alternativa que hoy representa el candidato Henri Falcón? ¿Extraña al fin que la candidatura de Falcón se convirtiera en el blanco de los más viles ataques, injurias e infamias que es posible imaginar?

En Venezuela no existe un falconismo, como sí hubo un chavismo, un madurismo y de algún modo, un caprilismo. Pero sí existe una ideología anti-Falcón cuyas connotaciones son brutales tanto en las redes como en la prensa. La ideología anti-Falcón ha llegado a ser la de la impotencia política, la de los que ven en Falcón lo que ellos no supieron (y tal vez quisieron) hacer, la alternativa que los denuncia y acusa, el hecho objetivo que no les permitirá posar como víctimas inocentes y, por eso, el chivo expiatorio de tantas frustraciones. De lo que no se han dado cuenta es que, mientras más atacan al candidato, más significado adquiere la candidatura. En el hecho -aunque Falcón no se lo hubiera propuesto- lo han convertido en el representante de una doble protesta. En contra de la dictadura y en contra de una oposición donde abnegados y respetables políticos conviven con burócratas sin ideas, con tácticos sin estrategia, con aventureros de ocasión. Ha llegado quizás la hora de desmontar la ideología anti-Falcón.

2.- Seis afirmaciones falsas en contra de Falcón

No valdrá la pena detenerse en las difamaciones que acompañan a la ideología anti-Falcón. Afirmar por ejemplo que Falcón es el candidato de Maduro sin presentar la menor prueba, es una frase que solo delata la miseria mental de quienes la emiten. Sin embargo, si subimos un poco el nivel discutitivo podemos encontrar algunas afirmaciones que a primera vista podrían poseer cierta verosimilitud.

La primera se refiere a la supuesta traición de Falcón al no acatar la decisión de la MUD. De más está decir que el concepto de traición pertenece a los estamentos militares, a las mafias, a las cofradías conjuradas, pero no a la vida política. Falcón, en el peor de los casos, desobedeció a una directiva. Pero la política no está basada en relaciones de obediencia. Nadie puede estar sometido a una dirección que ha tomado el camino errado. Más aún, Falcón – es importante subrayarlo – ni siquiera rompió con la línea política de la MUD. La MUD en cambio sí rompió con su línea política al asumir la alternativa abstencionista bajo el pretexto de obligar al gobierno ( y ¿con qué?) a crear las condiciones electorales óptimas. Falcón representa -si así se puede decir- la ortodoxia de la MUD. Las declaraciones programáticas de Falcón no se diferencian un solo centímetro de las que fueron de la MUD.

La segunda afirmación, una variante de la primera, señala que Falcón dividió a la MUD. Cualquiera que la escucha podría imaginar que la MUD había sido siempre monolítica. Pero no es un misterio para nadie que la historia de la MUD es la historia de sus divisiones. La MUD solo ha marchado (relativamente) unida en períodos electorales. Por eso, al abandonar la ruta electoral, la MUD se separó de sí misma. Por lo demás, la unidad por la unidad solo existe en las relaciones amorosas. La unidad política, en cambio, solo se puede dar en torno a objetivos concretos. Si estos objetivos no aparecen, o si han sido borrados del mapa, la unidad no se justifica.

La tercera afirmación apunta al hecho real de que Falcón perdió su gobernación en Lara. Cierto, Falcón perdió como muchos perdieron en unas elecciones en las cuales después del aplastamiento militar de las protestas del 2017, la MUD acudió desmembrada, sin entusiasmo, resignada. Lo que no se puede obviar es que la carrera de todos los políticos está marcada por victorias y derrotas. El político siempre ganador no ha nacido todavía. Más aún: la carrera política de Falcón, a diferencia de otros políticos, está signada por muchas victorias y una sola derrota. Cabe añadir que ninguna elección es igual a otra. Hasta un Abraham Lincoln perdió en dos elecciones antes de vencer en las presidenciales.

La cuarta afirmación, quizás la más recurrente, es la de los que acusan a Falcón de haber sido chavista. Dicha afirmación parte de la premisa de que los candidatos deben dar pruebas de virginidad política antes de postularse. Olvidan que la dimensión de la política es el “ahora y aquí” y no el pasado, sobre todo si ya es lejano, como el de Falcón. Olvidan, además, lo que fue el chavismo antes de que degenerara en madurismo: Uno de los más multitudinarios y poderosos movimientos sociales de la historia latinoamericana cuyo influjo traspasó las fronteras venezolanas. El mismo Luis Almagro fue un furibundo chavista, aún durante Maduro, tres años después de la ruptura de Falcón con Chávez. Es posible entonces comprender las razones por las cuales tantas personas -entre ellas destacados académicos venezolanos- se dejaron atraer por el embrujo del chavismo. Después de todo, el mismo Falcón lo dijo: “Si dejé de ser chavista en los momentos de gloria del chavismo, no lo voy a ser ahora, en el momento de su declive”. Lo que Falcón, ni como chavista ni como no-chavista ha sido, en cambio, es un político extremista. Y eso no lo perdonan los extremistas de lado y lado. Falcón como Capriles es un político de centro. Hay, quiérase o no, una línea de continuidad entre la candidatura de Capriles y la de Falcón. Y Capriles lo sabe.

La quinta afirmación nos dice que Falcón fue militar, alcanzando el grado de sargento y por ello vinculado al ejército. Algo difícil de entender. Falcón abandonó las filas militares hace ya mucho tiempo con el título de “maestro técnico de tercera”. Lo que callan sus enemigos es que la posterior formación profesional de Falcón (es abogado) supera lejos a la media de los políticos venezolanos, incluyendo a ex-candidatos presidenciales. Después de haber obtenido su título realizó post-grados en Ciencias Políticas y Derecho Laboral. Innegable por lo tanto es que Falcón ha sido un hombre de esfuerzo y trabajo. Sin embargo, la chusma tuitera lo sigue llamando “el sargento”. Lo que no puede ocultar con esa denominación es el intento por discriminar socialmente a Falcón. El candidato, efectivamente, no pertenece a los altos círculos de la post-oligarquía capitalina, blanca y adinerada. No se educó en colegios exquisitos, no asistió a fiestas de gala, ni pertenece a la cultura del jet-set. Detrás de la denominación de “el sargento” se esconde el clasismo de un sector social con ínfulas aristocráticas, secundado por arribistas de medio pelo a quienes Falcón les parece un candidato sin “glamour”. Pero quizás por eso mismo Falcón tiene “llegada” en sectores donde los políticos de la (supuesta) “clase alta” nunca podrán aparecer.

La sexta afirmación se refiere al hecho de que Falcón no congrega multitudes. También es cierto. Como ya se dijo, el falconismo no existe. Lo que existe es una candidatura política de un candidato sin poses mesiánicas. Algo tal vez raro en Venezuela. No así en la mayoría de los países latinoamericanos. Ni Piñera, ni Macri, ni Kuczinski- Pizarro, ni Temer, ni Moreno, ni tantos más, son líderes de multitudes orgásmicas. El tiempo de las grandes muchedumbres va quedando atrás. En Europa ya no hay líderes de masas. En América Latina los hay cada vez menos. Falcón no es una excepción. Más bien parece confirmar una regla

3.- 20-M

Las elecciones del 20-M serán decisivas. Derrotar a los dos principales aliados de Maduro: el abstencionismo y el fraude, es el gran desafío de los electores venezolanos. Si el abstencionismo logra imponerse, vencerá el fraude. Quizás por primera vez en su historia los opositores venezolanos serán llamados a votar no con el corazón sino con la mente. Pues la alternativa Falcón no representa un futuro luminoso, no porta consigo la promesa de una nueva sociedad y mucho menos la de un mundo feliz. Por el contrario, el propio Falcón ha ofrecido su candidatura para presidir una futura transición la que, como toda transición, deberá ser pactada. Lo único claro es que si Falcón es derrotado, la dictadura logrará mantenerse por mucho tiempo más. Y eso no lo merece el pueblo venezolano. La candidatura de Falcón es la única posibilidad que tiene ese pueblo para comenzar a salir, al fin, de la larga noche dictatorial.

 

La rebelión de los votantes. de Alberto Barrera Tyszka

 

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

6 mayo 2018 / El New York Times

CIUDAD DE MÉXICO — Durante todos estos años, siempre pensé que la única salida al conflicto de mi país era el voto. Sigo pensando así. Y justo por esa razón, creo que el próximo 20 de mayo los venezolanos debemos abstenernos.

Para la mayoría de la población, dentro y fuera del país, la situación es alarmante. Hemos llegado a un límite casi inimaginable en términos de hiperinflación, de deterioro en la calidad de vida, de violación de los derechos humanos y de control y represión oficial. El país frívolo que exportaba reinas de concursos de belleza se ha convertido en el país trágico que exporta pobres desesperados. Todo esto, bajo la mirada de un gobierno que sigue empeñado en negar la realidad, que prefiere destruir la nación que negociar.

En un artículo indignante, publicado hace pocos días en El País, Nicolás Maduro ofreció una muestra de cómo continuamente intenta legitimarse. “Nuestra democracia es distinta a todas”, afirma al comienzo del texto. “Porque todas las demás —en prácticamente todos los países del mundo— son democracias formadas por y para las élites. Son democracias donde lo justo es lo que le conviene a unos pocos”.

En realidad, su gobierno es un espejo perfecto de lo que denuncia. El chavismo se ha convertido en una élite que lleva veinte años concentrando poder. Controla el petróleo y la moneda, maneja a su antojo las instituciones y los tribunales, ha transformado a las Fuerzas Armadas en su ejército privado. Detiene, encarcela, tortura y hasta ejecuta adversarios sin respetar las leyes, sin dar explicaciones. Ha privatizado casi todos los espacios de la vida pública, ha organizado el hambre como un negocio político rentable. Una élite que necesita y desea, el próximo 20 de mayo, ganar algún tipo de legitimidad.

A medida que se acerca el día de las elecciones, aumentan la tensión y el debate sobre votar o no votar en el país. Quienes promueven la teoría de que es necesario votar dan por descontado que la abstención es una resignación inútil, un abandono de la lucha o una manera algo espuria de resistir. Uno de los éxitos del chavismo ha sido distribuir en la sociedad venezolana la idea de que el disentimiento es sospechoso, que siempre puede acercarse peligrosamente a la ilegalidad. La ambigua conjetura de que el llamado a no votar esconde en el fondo un ánimo conspirador le resulta muy conveniente al gobierno.

Dos supuestos sostienen la propuesta de participar en las elecciones: creer, primero, que de manera repentina una indetenible marea de votos le dará un triunfo incuestionable al candidato de la oposición, Henri Falcón, y, después, en segundo término, confiar que el gobierno y sus instituciones aceptarán y reconocerán esa victoria. No hay, sin embargo, ninguna garantía de que alguna de estas dos cosas pueda ocurrir.

La candidatura Falcón no depende de la política, sino de la fe. No es un problema que tenga que ver, ni siquiera, con el candidato. No hay que discutir sus cualidades o deficiencias. El problema está en el sistema. No es nueva la ilusión de un sorpresivo tsunami electoral, más aun en un contexto de crisis total como el que vive el país. Por eso mismo, la campaña oficial se ha centrado en obtener ganancias del clientelismo a través del llamado Carnet de la Patria, que permite al gobierno canjear votos por comida. La élite chavista ha diseñado una arquitectura electoral que carnetiza la pobreza y transforma la elección en un chantaje.

Supongamos, de todos modos, que la hipótesis se transforma en realidad y que una avalancha de votos hace irremediable un triunfo de la oposición. Supongamos, también, que el gobierno reconoce su derrota: ¿qué sigue? Henri Falcón debe esperar hasta enero de 2019 para que el presidente entregue el gobierno.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no
hay otra alternativa, es absurdo. Estamos denunciando
que las elecciones son un artificio, que la democracia
en Venezuela es una trampa.

Las enseñanzas de lo ocurrido el 2015 deberían ser útiles. Tras la victoria de la oposición, los parlamentarios salientes aprovecharon los pocos días que les quedaban para dar un golpe de Estado y asegurar su control absoluto del Tribunal Supremo de Justicia. A esto, además, hay que sumarle la existencia de una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente (ANC), a la que todavía le queda por lo menos un año de ejercicio, constituida como un poder absoluto, capaz de —por ejemplo— redefinir y limitar a su antojo el papel y las funciones de la presidencia.

Esto implica que aun perdiendo las elecciones, la élite chavista retendrá el poder en su sentido amplio, incluyendo la posibilidad de despojar de facultades a la presidencia. En el supuesto negado de que Henri Falcón ganara, solo obtendría una silla hueca, un adorno y no un cargo, una representación del vacío. Todo esto hace que la elección del 20 de mayo sea un fraude anunciado.

La dirección política de la oposición tiene muchas debilidades y ha cometido bastantes errores. Sin embargo, en este momento tanto la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) como el Frente Amplio están siendo leales con la mayoría que, de distintas maneras, intenta resistir ante el gobierno.

El llamado a la abstención es coherente con lo ocurrido tras las elecciones de octubre del año pasado, cuando Juan Pablo Guanipa ganó la gobernatura en el estado de Zulia y Andrés Velásquez en Bolívar. ¿Qué pasó? Al primero, trataron de someterlo a través de la ANC. La élite canceló el triunfo de los votantes e impuso nuevas elecciones. Al segundo, todavía hoy, el Consejo Nacional Electoral no le ofrece respuestas ante sus contundentes denuncias de fraude. Estos son ejemplos recientes y brutales.

Las elecciones en Venezuela están diseñadas como una estafa perfecta. El gobierno elige a todos los candidatos, establece las reglas de juego, no permite auditorías ni ningún tipo de observación independiente, extorsiona a los votantes con comida y medicinas, mientras la población menos necesitada se debate moralmente entre votar o no votar.

Es una maniobra que apuesta, además, a enfrentar a la crítica internacional. El gobierno necesita una alta participación electoral para poder descalificar a todos los países que se han sumado al desconocimiento de los resultados electorales. Basta recordar una reciente entrevista con Jorge Rodríguez. El ministro de Comunicación y jefe de campaña de Maduro descartó la existencia de la crisis humanitaria usando como argumento el resultado de las últimas elecciones. Para eso necesita el gobierno que los venezolanos participen en las presidenciales.

Llamar a votar porque no hay más remedio, porque no hay otra alternativa, es absurdo. No estamos decidiendo entre votar o tomar las armas. Eso es parte de la trampa. Es lo que también ha propuesto Maduro. No estamos decidiendo entre votar o apoyar una invasión. Estamos denunciando que las elecciones son un artificio, que la democracia en Venezuela es una trampa.

Pero es necesario que la dirigencia política de la oposición llene de sentido —simbólico y práctico— la abstención, que la convierta en un verdadero acto político. Hay muchas posibilidades e iniciativas de inventar acciones de todo tipo, dentro y fuera del país, para el 20 de mayo. No se trata de una resignación pasiva. La abstención no tiene por qué ser una renuncia. También puede ser un gran acto de rebeldía.

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¿Hay algo que podamos hacer los ciudadanos? De Joaquín Samayoa

Joaquin-Samayoa-05Joaquín Samayoa, 16 febrero 2018 / EDH-Observadores

Conforme se acerca el día de las elecciones para alcaldes y diputados, el ruido político ha ido subiendo volumen en las redes sociales. Pero ese nivel de interés y preocupación puede ser un espejismo. La actividad en redes sociales es intensa, pero se concentra en un segmento sociodemográfico relativamente pequeño. El grueso de la gente no está poniendo mucha atención o no se manifiesta. En otras palabras, poca gente haciendo mucha bulla.

Históricamente las elecciones municipales y legislativas suscitan poco interés y bajos niveles de votación. ¿Por qué? Una explicación obvia es el desconocimiento que el ciudadano común tiene del funcionamiento de las instituciones públicas y, por consiguiente, de su impacto real en la calidad de vida de la población.

observadorPero no creo que eso sea todo. Cualquiera sea la idea del bien y del mal que la gente tenga en lo concerniente a la realidad política, económica y social, el manejo de realidades complejas no se les da muy bien a la mayoría de personas, a no ser que tengan sus mentes bien formadas. Es mucho más fácil simplificar las cosas, atribuyendo todas las culpas, méritos y responsabilidades a una sola persona o a un partido político. Por eso las elecciones presidenciales suelen suscitar mayor interés y niveles más altos de votación. Por eso mismo tienen tanto pegue los líderes populistas en un contexto de desencanto con los partidos y el sistema político.

En su interior, la Asamblea Legislativa es un poder difuso, repartido entre varios partidos y muchas personas; cambiante según las coyunturas y los intereses personales y sectarios. Eso también resulta difícil de comprender para la mayoría de ciudadanos, quienes suelen liberarse de su responsabilidad y del esfuerzo que debieran hacer para estar bien informados, apegándose a juicios sintéticos erróneos. Prefieren pensar que todos los diputados son la misma mica con distinta cola. Todos ignorantes, todos corruptos, todos perezosos, todos charlatanes, todos bien alineados a las cúpulas de sus respectivos partidos. Da igual, nada va a cambiar, no vale la pena votar.

Por si esos condicionamientos mentales no fueran suficientes para alimentar la apatía, la gente se da cuenta de que el desempeño de la mayoría de diputados ha dejado mucho que desear. La Asamblea Legislativa tiene bastante merecido el enorme descrédito que se detecta en todas las encuestas de opinión. En la encuesta más reciente de la UCA, 6 de cada 10 entrevistados opinan que los diputados de ARENA y el FMLN (preguntas separadas) trabajan para sus respectivos partidos, más que para solucionar los grandes problemas de nuestra sociedad.

Todo eso abona al escepticismo de los ciudadanos de cara a las elecciones del 4 de marzo, sobre todo porque, elección tras elección, la selección de candidatos que hacen los partidos no ofrece muchos asideros a la esperanza de un verdadero cambio. Nos la ponen realmente difícil. Aun teniendo la opción de voto por rostro y voto cruzado, nos cuesta encontrar cartas a las que podamos apostar con alguna convicción y entusiasmo.
En lo que concierne a ideas, la oferta electoral legislativa también es paupérrima. Solo frases propagandísticas vacías y promesas extremadamente vagas, que no marcan diferencias entre los partidos ni entre los candidatos de un mismo partido. Algo parecido puede decirse sobre el discurso de los candidatos a alcalde, con algunas pocas excepciones, como el caso de Antiguo Cuscatlán, donde ha surgido un candidato joven de oposición que probablemente logre desafiar, por fin, el reinado casi teocrático de doña Milagro Navas.

Así estamos, a solo poco más de dos semanas del evento electoral. Las perspectivas son aún más sombrías si introducimos en la ecuación el sinfín de dudas sobre la capacidad del TSE para superar los muchos y graves errores que plagaron el último proceso electoral.

Como se puede apreciar en los párrafos anteriores, la apatía tiene explicaciones. Pero de ahí a sacar la conclusión de que no merece la pena votar hay un gran trecho. Eso pareciera ser la conclusión más lógica. También la conclusión más conveniente para los que se cansan rápido o se frustran por perder algunas batallas, sin terminar de entender que la construcción de la democracia es un proceso lento, trabajoso y lleno de tropiezos.
En buena medida, las cosas son como ahora son porque los ciudadanos lo hemos permitido cada vez que nos abstenemos de participar; cada vez que no les exigimos a los políticos y a los funcionarios; cada vez que nos amparamos en una lealtad irracional a ideologías y nos dejamos manipular por la propaganda; cada vez que decimos que todos son iguales y, de esa forma, justificamos quedarnos al margen de la historia.

En las próximas elecciones se juega mucho para el futuro de nuestro país y de nuestras familias. No da igual que unos u otros terminen controlando el poder legislativo. Muchas cosas seguirán sin resolverse en cualquier escenario de correlación de fuerzas, pero las más fundamentales para que sobreviva el régimen democrático dependen de pequeñas diferencias en la cantidad de diputados que logre cada partido. Y esas pequeñas cantidades dependen de unos pocos cientos o miles de votos, el tuyo entre ellos.

Carta a los que no saben por quién votar: #VotemosPues, aunque sea por un solo candidato que vale la pena. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 3 febrero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados ciudadanos:
¿No les gusta la política así como está? A mi tampoco. Hay muchas razones para disgustarse: corrupción, despilfarro, falta de iniciativas audaces…

Cada uno traduce este disgusto en diferentes actitudes: Unos apuestan a profetas de la anti política, quienes predican que todo el sistema político y sus partidos son sucios – para sustituirlos por liderazgos personales. Muchos (a veces los mismos) apuestan a no votar o anular su voto, en señal de protesta, y algunos convierten esta actitud en campaña: ¡Esperen al mesías, ya vendrá a esta tierra, y mientras tanto no voten por nadie! Y otros simplemente recaen en indiferencia…

logos MAS y EDHTodos ellos ignoran lo obvio: Para cambiar la política, hay que cambiar y sustituir a los malos políticos. Para hacer esto, hay que hacer uso del voto selectivo. En vez de votar por banderas, hay que votar por cara, castigando a los corruptos e ineptos, y votar solamente por los pocos candidatos que nos dan razones para confiarles.

Pero los que hacen campaña contra el voto no tienen ningún interés en que la política mejore. Quieren que la crisis de credibilidad de los partidos se prolongue y profundice – preparando el terreno para la triunfal llegada del mesías que nos salvará.

Para contrarrestar esto, algunos jóvenes han lanzado una campaña bajo el lema #VotemosPues. No está dirigida a los que quieren boicotear las elecciones a los indecisos, para que no se dejen confundir de los falsos profetas.

Claro que cada ciudadano tiene el derecho de no votar o de anular su papeleta. Incluso tiene derecho de hacer llamados a no votar o para anular su voto. Es parte de nuestra libertad de expresión, que todos tenemos que proteger. Pero a quienes hacen estos llamados, sobre todo cuando son funcionarios públicos, y aun más cuando son funcionarios de elección popular como el alcalde Bukele, hay que cobrar un alto costo político por su intento de boicotear el voto. Bukele tiene derecho de hacerlo, y nosotros tenemos derecho de castigarlo, una vez que se presente nuevamente a elecciones.

Es falso que no hay alternativas. La alternativa racional es hacer uso del voto por cara, y también del voto cruzado, apoyando a los mejores candidatos y castigando a los peores. Los que son de izquierda que no hagan caso al llamado del FMLN de votar por bandera, sino que escojan entre los candidatos de izquierda a los mejores, eliminando a los dinosaurios. Los que son de derecha, que hagan lo mismo: Identifiquen en el listado de diputados de ARENA, PCN y PDC a los que demuestran que están dispuestos a luchar por la renovación de sus propios partidos y de la política en general. Pueden ser pocos, pero estos pocos tienen que llegar a la Asamblea.

Los que son del centro y no encuentran partido que los represente, que busquen entre los candidatos de derecha e izquierda a los pocos que pueden producir la apertura hacia el centro, rompiendo barreras clasistas o ideológicas.

A mi me toca votar en San Salvador, y entre los 196 candidatos que me piden el voto, ya he identificado a 5 (de 3 partidos diferentes) que puedo apoyar. A ver si otros me convencen antes del 4 de marzo, con propuestas y compromisos claros y audaces.

Así hay que votar, aunque se para un solo candidato. #VotemosPues.

Saludos,

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Venezuela: El reto es combinar realismo, audacia y unidad. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 octubre 2017 / EDH-OBSERVADORES

La oposición venezolana perdió las elecciones de gobernadores (en 17 de los 23 estados) por dos razones: por un descarado fraude efectuado por la autoridad electoral controlada por el partido chavista; y por la abstención de una parte de la oposición, que ya no cree en elecciones y anticipaba el fraude.

Elecciones en dictaduras -y nadie duda a esta altura que el régimen de Maduro es una dictadura- sólo se pueden ganar obteniendo una mayoría tan grande que los mejores mecanismos del fraude no alcanzan. Así ganó en 1988 el NO opositor el plebiscito sobre la permanencia en el poder de Pinochet. Así salió Uruguay de la dictadura, con plebiscitos y elecciones con participación opositora tan fuerte la cual el régimen no podía compensar con fraudes. Y así logró la oposición venezolana en 2015 elegir una Asamblea Nacional con mayoría opositora de dos tercios.

observadorEn 2015 la oposición venezolana estaba más unida que nunca. Pero luego, al ver que ni las masivas protestas ciudadanas en las calles podían defender la Asamblea Nacional electa contra los golpes de Estado del gobierno y su Corte Suprema, que le restaban todas sus facultades constitucionales, en el movimiento opositor se generó una controversia: participar o no en las elecciones de gobernadores. La mayoría de los liderazgos y partidos de la Mesa de la Unidad Democrática llegaron a la conclusión de que luego de exigir durante meses que el régimen convocara estas elecciones, no podían darles la espalda cuando al fin fueron convocadas. Pero otra parte del liderazgo llamó abiertamente al abstencionismo, con varios argumentos: primero que Maduro iba a orquestar fraude; segundo, que ir a elecciones iba a “enfriar la calle”, o sea las masivas protestas exigiendo “la salida” de Maduro y del chavismo. Irónicamente, estas movilizaciones, luego de meses en las calles y luego de más de 100 muertos y centenares de detenidos, ya se habían “enfriado” de todos modos.

La MUD organizó sus primarias, postuló candidatos, e hizo campaña. Pero incluso entre los que habían tomado la decisión correcta de que un movimiento democrático tiene que usar siempre las elecciones para enfrentarse a la dictadura, hubo muchos que estaban en esta campaña con la cabeza, pero no con el corazón. El resultado: La oposición no logró movilizar a todas sus bases, a toda esta mayoría absoluta de venezolanos hartos de la corrupción, de la escasez, y de la represión. Aun así la oposición alcanzó mayorías en 16 estados, según las encuestas de boca de urna y cálculos de expertos, pero no mayorías tan aplastantes que vuelvan inútiles los mecanismos de fraude. Sólo en 5 estados el gobierno se vio obligado a reconocer el triunfo de candidatos opositores.

La oposición venezolana tendrá que resolver este serio problema interno, que obviamente corresponde a un problema de ánimo de la gente que está cansada de la represión, de las marchas, de la crisis de abastecimiento… y de elecciones. Porque al final van a tener que salir de la dictadura y de la crisis con elecciones. Sólo muy pocas figuras dentro de la oposición -los más derechistas- apuestan a una salida que no sea electora: una insurrección, una intervención externa, o un golpe de Estado. Estas tres “salidas” no son realistas, y tampoco son deseables ni aceptables, no sólo por el alto costo de vidas y sufrimiento que significarían, sino también porque solamente una salida política, pacífica y electoralmente legitimada generará las condiciones para la reconstrucción de la economía, del sistema democrático y del dañado tejido social del país.

La oposición -y la sociedad en general- necesitan iniciar de inmediato un debate franco y realista sobre cómo recomponer la unidad frente a la dictadura, y como alcanzar una salida política al la crisis. Las condiciones están dadas: El régimen no tiene mayoría popular ni posibilidades de recuperarla; la comunidad internacional está unida en exigir una transición democrática y comienza a aplicar sanciones al gobierno de Maduro que profundizarán su declive. Lo único que falta es una estrategia compartida por toda la oposición política y social, que sea a la vez audaz y realista – y la capacidad de comunicarla a los venezolanos y la comunidad internacional.

El reto es combinar realismo, audacia y unidad. Así como cuando todos unidos ganaron las elecciones en 2015. Y como cuando todos juntos salieron a la calle en 2016 y pusieron a temblar al régimen.

 

 

 

La confusión del mercado y la política. De Manuel Hinds

Los que no votan dejan la decisión a los que son de los partidos políticos, que son contra los que quieren protestar. Es la manera más absurda de protestar.

manuel hindsManuel Hinds, 6 octubre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Hay una posición muy común en nuestra población que se caracteriza por el desprecio total a los partidos políticos y por la decisión de no votar por ninguno en las elecciones de diputados, alcaldes y presidente. La gente que adopta esta posición la anuncia con más o menos estas palabras: “yo no voto porque no veo una oferta que realmente me atraiga y no participaré en política dando mi voto hasta que reciba una satisfactoria”. En otra variación de estas declaraciones, los que las hacen anuncian que ellos no quieren ni saber de la política porque es sucia. Cerca del 47 por ciento de los ciudadanos está tomando estas posiciones y otras similares.

EDH logLas personas que las toman son vistas como muy inteligentes, como de mucho carácter y especialmente muy modernas. Es posible que la posición sea inteligente. Pero no lo parece. No se notó la inteligencia, por ejemplo, en el caso de los jóvenes ingleses que decidieron no votar en el referéndum del Brexit, sólo para encontrarse con que los que sí votaron habían decidido sacarlos de la Unión Europea, algo que ellos no querían.

Yo tengo la sospecha de que esta posición es el resultado de confundir los procesos de mercado con la política. Mucha de la gente que toma estas posiciones no se da cuenta de que votar no es lo mismo que comprar un vino fino. Cuando alguien toma la posición de no comprar ningún vino porque no hay ninguno que le gusta, castiga a los fabricantes de vino, que dejan de ganar dinero al perder un cliente. Esto, sin embargo, no es lo que sucede con los partidos políticos. Cuando son dos, por ejemplo, pueden vivir muy felizmente si sólo votan tres personas en el país. El que gana puede ser tan malo que sólo consigue dos votos, pero como el otro consigue sólo uno, gana el poder y todos sus beneficios. El que recibe sólo uno se convierte en la oposición, que también tiene poder y beneficios.

Es decir, si lo que les preocupa a los abstencionistas es que los políticos actuales sigan siendo gobierno y oposición, con abstenerse no logran nada. De hecho, al no meterse en política se les hace un favor porque los deja más solos para hacer lo que quieran. No se demuestra mucha inteligencia aquí.

Otra diferencia con la compra de vinos es que mientras que la decisión de no comprarlo es siempre temporal porque uno puede cambiar de opinión en cualquier momento, la decisión de no votar puede llevar a una situación irreversible, como sucedió con el Brexit y como, en una situación infinitamente peor, ha sucedido en Venezuela. Meterse en esta situación tampoco parece inteligente.

Hay todavía otra diferencia entre no votar y no comprar una botella de vino. Los que no votan no dejan la decisión en personas que representan el promedio del país porque los que votan tienden a ser los que están más politizados y pertenecen a un partido. Entonces, los que no votan dejan la decisión a los que son de los partidos políticos, que son contra los que quieren protestar. Es la manera más absurda de protestar.

Estas ideas suenan todavía menos inteligentes cuando uno realiza que las personas que las abrigan tienen años de guiarse por ellas, y por todos esos años no han realizado que ellas mismas podrían haber cambiado la situación y participar en partidos que hagan mejores ofertas a la ciudadanía.

Esto desmiente todas las razones para presentar la intención de no votar como una acción inteligente. Es una acción en la que la que más pierde es la persona que deja de votar.

Carta a los 48.3% que se declaran “neutrales”: Zafarse no se vale. De Paolo Luers

 

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 9 septiembre 2017 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Neutral no se vale. Solo una minoría (30.8%) se ha pronunciado en favor del gobierno del FMLN, su presidente, sus funcionarios y sus políticas. Esto denota la última encuesta de LPG-Datos. Esto es el mayor rechazo que ha sufrido un gobierno en El Salvador desde que votamos libremente a nuestros gobernantes. Casi 80% dicen no estar de acuerdo con el rumbo por el cual el gobierno del FMLN lleva a país.

logos MAS y EDHEsto es un grito por cambio: cambio del rumbo, cambio de políticas, cambio de presidente, cambio de partido. Cambio de incapaces por personas preparadas. Cambio de ideólogos por profesionales. Cambio de improvisación por prioridades claras. Cambio de propaganda por información. Cambio de populismo por realismo…

Pero solamente 42% dicen que están decididos a votar en las elecciones del 2018, cuando nos toca renovar la Asamblea Legislativa. Y a la pregunta qué opción partidaria prefieren, casi la mitad (48.3%) se declaran “neutrales”.

A ustedes, los supuestamente “neutrales” y los que todavía dudan si van a hacer uso de su voto, va este mensaje: Los neutrales y los que se abstienen de opinar y votar son impotentes y no cambian nada. Cuando se trata del futuro del país, neutral no se vale.

Claro, el problema es que ustedes tampoco creen mucho en la alternativa, o sea en ARENA, que es el único partido que puede desplazar al mal gobierno del FMLN del poder. Les voy a decir algo: Yo comparto esta duda. Tampoco me convence mucho ARENA.

Sin embargo, en vez de mantenernos neutrales, lo que tenemos que hacer es presionar a ARENA para que nos escuche y cambie. Hay que criticar y presionar a ARENA. A diferencia del FMLN, donde nadie escucha, en ARENA hay personas dispuestas a escuchar y cambiar la maneras conservadora que su partido hace política. La buena noticia es que las hay incluso entre los precandidatos a la presidencia. Andan por todos lados queriendo escuchar lo que ustedes esperan de ellos. Confróntenlos con sus exigencias y críticas.

Personas que quieren cambiar ARENA también hay entre los candidatos a diputados. Si ustedes hacen uso del voto por cara y solamente votan por los que luchan por más apertura y renovación en ARENA (y en la política en general), tienen el poder de producir los cambios que ARENA necesita para convertirse en opción de poder en el 2019.

No les estoy pidiendo que se pongan el chaleco tricolor, ni que canten este himno obsoleto que todavía no se atreven a cambiar. Yo tampoco lo haré. Les estoy solicitando que dejen de ser neutrales, que se metan, que exijan, que critiquen que presionen, que se hagan escuchar.

Ustedes mismos se han pronunciado en las encuestas que quieren un cambio. Entonces, empujen para que este cambio valga la pena. Por que el cambio que predicó Mauricio Funes en el 2009 no valió la pena, ya sabemos adónde nos ha llevado. Obliguen a la oposición a ponerse las pilas, que apuesten a políticas nuevas que incluyan a todos, que pongan un candidato presidencial confiable, capaz, honesto y abierto a las demandas de ustedes.

Ustedes tienen mucho más poder que se imaginan, siempre cuando dejen de ser “neutrales” y se metan. Usen este poder. Saludos,

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