Mario Vega

Las armas y la mitigación de la violencia. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 10 febrero 2017 / EDH

La mayor parte de los homicidios en El Salvador se perpetran con armas de fuego. Su incidencia es superior a la media mundial que, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), es de un 40 %. Ese porcentaje varía de un continente a otro. Por ejemplo, en Europa solamente el 25 % de los homicidios se consuma con armas de fuego, en tanto que en el continente americano sube al 66 %. Pero en el caso de El Salvador, de acuerdo a la PNC, da un salto para alcanzar el 83 %. Ese hecho debería ser suficiente para hacernos reflexionar sobre el papel esencial que debe jugar el control de las armas de fuego en la mitigación de la violencia. Las armas son una constante que camina al lado de las dinámicas violentas, pero que no siempre es tenida muy en cuenta.

diario hoyUn ejemplo de ello es el caso de Nicaragua que al hablar sobre su reducido índice de homicidios, pocas veces se menciona que entre los años de 2008 a 2013 la policía incautó más de 19,000 armas. Ese es, sin duda, un factor importante que ha hecho de Nicaragua el país menos violento del área.

Por su parte, El Salvador es el cuarto país de Latinoamérica con mayor circulación de armas solo detrás de México, Colombia y Brasil, que son los gigantes de la distribución y circulación de armas en la región. Peor aún, la cantidad de armas que circulan en esos países se ha mantenido estable o ha reducido; pero en El Salvador se duplicó en un solo año.

Nuestro país alcanzó, en 2012, el primer lugar en el mundo con la tasa más alta de tenencia de armas: 122 armas por cada 100,000 habitantes. Todo un escándalo si se tiene en cuenta que Estados Unidos, el país tradicional con mayor circulación de armas, apenas alcanzó un índice de 89 por cada 100,000 habitantes.

Frente a esos datos surge una pregunta lógica: ¿a mayor cantidad de armas hay más homicidios y más violencia? La respuesta con bastante seguridad es sí. Existe evidencia contundente que indica que efectivamente a mayor cantidad de armas, hay mayor número de asesinatos, ya sea que se hagan comparaciones entre países o entre ciudades.

Existen otras causas de la violencia pero la amplia disponibilidad de armas en nuestro país explica en parte por qué tenemos niveles inusuales de violencia.

Repetidas veces se ha mencionado que la violencia es un problema complejo que debe ser abordado de manera integral, acorde con ello, se debe desarrollar una estrategia efectiva para el control y reducción de armas en manos de civiles. Algunos componentes de esa estrategia deberían ser la declaratoria de vedas a la portación, esfuerzos policiales sistemáticos de ubicación e incautación, informar y sensibilizar a la población sobre los riesgos asociados a las armas, campañas de entrega voluntaria, reformas a la actual Ley de Armas que facilita la obtención de permisos de tenencia y portación.

Por supuesto que si se lograra reducir la circulación de armas habría nuevos métodos para cometer homicidios, pero está largamente probado que los otros métodos producen más heridos que bajas efectivas. Contrario a las armas de fuego que producen menos heridos pero más decesos. Si decimos no a las armas, estaremos diciendo no a la muerte.

El regateo de Donald Trump. De Mario Vega

1440521658953Mario Vega, 13 enero 2017 / EDH

Usualmente existe una diferencia entre las promesas de campaña de un candidato y lo que la realidad política le permite hacer una vez elegido. El caso de Donald Trump no será la excepción. Es un hecho que su promesa más repetida, la de construir un muro fronterizo que pague México, no se hará realidad. Al menos no con el dramatismo que lo anunció durante la campaña electoral. De hecho, Trump ha ido moderando sus ofertas en la medida que se acerca el día de su toma de posesión como nuevo presidente de los Estados Unidos. De una promesa inicial de deportar a diez millones de indocumentados pasó a hablar de tres millones. Luego, moderó también su discurso en el tema de los “soñadores”, que son los jóvenes que llegaron niños a los Estados Unidos de manera indocumentada y que ahora, muchos de ellos, son muy buenos estudiantes o tienen diario hoyexcelentes trabajos. Durante su campaña ofreció acabar con los decretos en materia migratoria promulgados por el presidente Obama, entre ellos el Plan de Acción Diferida, que beneficia a 750,000 “soñadores”. No obstante, en una entrevista concedida a la revista Time, ya no habló más de terminar con el Plan sino que manifestó que buscaría una manera de “hacer que la gente esté feliz y orgullosa”. Su giro en el tema hizo que incluso sus seguidores del Partido Republicano se sintieran contrariados.

En el regateo con quienes le apoyaron, Trump no puede bajar sus ofertas a cero. De todo lo dicho, algo tendrá que cumplir. Tal vez por eso fue que en la misma entrevista aseguró que deportará a los salvadoreños que son miembros de pandillas diciendo: “Son ilegales. Y llegó su fin”. De la promesa inicial de deportar a diez millones y luego pasar a los tres millones, no sería extraño que terminara deportando al estimado de cinco mil miembros de pandillas del área de Nueva York de los cuales ahora habla. Políticamente, le resulta mucho más viable deportar a cinco mil personas ligadas a delitos que a 750,000 “soñadores” que por su esfuerzo despiertan simpatías. El problema es que aquellos miembros de pandillas serán deportados a nuestro país. Si expulsar a cinco mil personas es nada para la población de los Estados Unidos, para El Salvador la llegada de esa cantidad de miembros de pandillas activos sería catastrófico. No solamente por el incremento directo del número de militantes de pandillas sino también por las disputas por liderazgos que pudieran provocar. Esas disputas se traducirían en un incremento de la violencia y podrían segar muchas vidas de inocentes. El efecto sería terrible para nuestra sociedad.

Esa situación, bastante probable, tomará sin prevención a un Estado que ha demostrado ya bastantes dificultades en el manejo de la violencia y que no le vemos tomar ninguna providencia en relación al anuncio del futuro presidente estadounidense. Una inyección de miles de nuevos miembros de pandillas, terminaría por colapsar los muy limitados recursos que actualmente se asignan para la prevención de la violencia. Ante esa posibilidad, las iglesias deben aceptar el desafío inevitable que para ellas significa. Todavía las pandillas conservan la puerta abierta para aquellos jóvenes que por medio de la conversión sincera desean cambiar su estilo de vida. Eso coloca a las iglesias en la posición inexcusable de extender sus manos de misericordia para quienes erraron el camino y cayeron en el torbellino de la violencia. Si las iglesias no lo hacen, nadie lo hará y las consecuencias las pagaremos todos.

¿Quiénes mataron a William? De Mario Vega

Los hechores dejaron al lado una nota que decía: “Una rata menos, atentamente grupo de exterminio”

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 29 diciembre 2016 / EDH

William Amaya nació en una comunidad de marginados en San Salvador. Al igual que otros jóvenes, vio en las pandillas la manera de alcanzar significado social, la oportunidad de ser. Se tatuó el cuello con los símbolos de su pandilla y se dedicó a vivir del delito. Tiempo después, en Iglesia Elim tomamos la decisión de intervenir la comunidad donde él vivía y en 2011 William tuvo una experiencia de conversión al evangelio. La pandilla respetó su decisión y le dieron de baja. Pero un joven que vive en una comunidad marginada, con antecedentes penales y tatuado no tiene muchas oportunidades en una sociedad tan vengativa como la salvadoreña. Eso lo entendemos muy bien en la iglesia y, consecuentemente, nuestro programa de intervención va más allá de la simple evangelización con palabras. Sucedió que William tenía habilidad para el canto, era un buen rapero. La iglesia le apoyó para que grabara su primer volumen que, de manera muy significativa, lo tituló “De las tinieblas a la luz”. Luego, William se dedicó a cantar en actividades de iglesias en donde ofrecía sus discos compactos caseros por pequeñas cantidades que le ayudaban a cubrir los gastos de su hogar.

diario hoyNo obstante su transformación, seguía siendo detenido arbitrariamente por las fuerzas del orden. A pesar de que la Ley de Rehabilitación y Reinserción de Miembros de Pandillas fue prometida en 2010, hasta el presente, los jóvenes que son rehabilitados por el evangelio no tienen garantía legal alguna en contra de los abusos. Fue así como en 2012, al igual que en otras ocasiones, fue capturado sin orden judicial a criterio de un oficial de turno y encarcelado por 14 meses en “detención administrativa”. La iglesia le colocó un abogado y, al no presentarse una acusación que no fuera su apariencia, fue dejado en libertad. Pensando en que un trabajo formal podría ayudarle a evitar las capturas arbitrarias, le enviamos a la empresa League, en donde, al igual que otros jóvenes rehabilitados, fue recibido con trabajo formal. Pero, el atravesar la ciudad para ir a trabajar se convirtió en un problema para su seguridad. Fue así que le apoyamos para que se hiciera de una motocicleta de segunda.

William se mantuvo trabajando por espacio de tres años, levantándose muy de mañana. De acuerdo a su costumbre, el lunes 19 de diciembre salió de su casa a las cinco de la mañana. Lo siguiente que se supo es que su cuerpo fue encontrado en la colonia Las Flores, de Soyapango, atado de manos y con cuatro tiros. Los hechores dejaron al lado una nota que decía: “Una rata menos, atentamente grupo de exterminio”. ¿Quiénes mataron a William? La vox populi sabe quiénes son los integrantes de los grupos de exterminio. Pero también pudiera ser que la nota solo tuviera el propósito de confundir. Lo que sí sabemos es que William no era una rata, tampoco era un miembro de pandillas. Era un joven trabajador de 26 años que deja en la orfandad a sus dos hijos de 6 y 3 años. Ese fue el regalo de fin de año que sus niños recibieron de parte de una sociedad excluyente e irreflexiva. Una sociedad que se reputa como cristiana, pero que no asimila la posibilidad de que una persona tenga una segunda oportunidad.

Perseguidos por causa de la justicia. De Mario Vega

El ataque no desalentará a estos pastores valientes que han decido ser fieles testigos del Señor justo y hacen suya la bienaventuranza de quienes son perseguidos por causa de la justicia.

SEl pastor Mario Vega asegura que recibió amenazas entre enero y febrero de este año, por medio de la cuenta en Facebook Héroe Azul El Salvador. | Foto por EDH/ Archivo

Mario Vega, pastor de ELIM

Mario Vega, 22 diciembre 2016 / EDH

En 1998 un grupo de abogados cristianos hondureños se reunió con el propósito de reflexionar sobre las implicaciones de la vida cristiana.

Llegaron a la conclusión que quedarse pasivos ante la realidad hondureña sería negar la fe. Desde sus profesiones decidieron convertirse en una voz profética que llegara a la sociedad con el reclamo divino de justicia. Su involucramiento en la solución de los problemas sociales nació de un reconocimiento del ser humano como un ser con pasado, presente y futuro; un pasado que Dios puede perdonar, un presente que los cristianos deben ayudar a mejorar, y un futuro eterno que Dios tiene asegurado. Fue así que se organizaron en la Asociación para una Sociedad más Justa. Parte directiva del movimiento son los pastores Alberto Solórzano y Jorge Machado. Desde entonces, se han enfocado en la investigación y monitoreo del desempeño del sistema gubernamental de justicia, regularización de tierras y uso de los fondos públicos.

diario hoySus investigaciones en los sistemas de salud y educación impulsaron a la ciudadanía a presentar muchas denuncias. A la vez, se produjo la necesidad de brindar asesoría legal a las víctimas o testigos para investigar, documentar y presentar las denuncias ante las instancias correspondientes y darles seguimiento hasta obtener resoluciones. Como resultado de ese trabajo trece funcionarios de gobierno han sido procesados judicialmente incluyendo a un exministro de Salud.

En abril de 2016 impulsaron un proceso de monitoreo y documentación de casos de corrupción al interior de la Policía Nacional Hondureña. Fruto de ese impulso fue la creación, por parte del Estado, de la Comisión Especial para el Proceso de Depuración de la Policía Nacional. Los pastores Alberto Solórzano y Jorge Machado fueron llamados para ser parte de la misma. Hasta el presente, la Comisión ha logrado la suspensión de 419 policías, muchos de ellos oficiales, por su involucramiento en casos documentados de corrupción. La reacción era de esperarse y las amenazas a muerte comenzaron a llegar.

En junio los pastores recibieron una amenaza escrita que decía “Va a pagar duro” junto a la imagen de una persona asesinada al interior de un vehículo. Esas amenazas pasaron a los hechos el pasado 15 de diciembre cuando el pastor Jorge Machado y su esposa volvían a casa después de una reunión en la que se había informado de la suspensión de otros catorce policías más implicados en actos de corrupción.

Desde una camioneta negra fueron atacados a tiros pero el pastor Machado y su esposa resultaron ilesos, no así sus custodios, uno de los cuales falleció y otro se encuentra gravemente herido.

Los hechos responden a una lógica muy elemental que apunta a que el ataque fue una represalia de grupos de policías violentos y corruptos que se ven amenazados por los esfuerzos de estos cristianos evangélicos que contribuyen a que el sistema gubernamental funcione y sea más justo para los más vulnerables. Para ellos, buscar la justicia es obedecer a Dios quien a través del profeta ordenó “guardar el derecho y hacer justicia” (Isaías 56:1). El ataque no desalentará a estos pastores valientes que han decido ser fieles testigos del Señor justo y hacen suya la bienaventuranza de quienes son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos, tal como lo dijo Jesús de Nazaret.

¿Migrantes o refugiados? De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 9 diciembre 2016 / EDH

En el vocabulario de los medios de comunicación y de los políticos encontramos que para referirse a la diáspora salvadoreña se usan con bastante frecuencia términos cuyos sentidos no han sido razonados debidamente. Ejemplo de ello es la confusión o similitud que se hace entre los términos “refugiado” y “migrante”. Esa confusión afecta a las dos poblaciones y hace más difícil proteger sus derechos. Las personas refugiadas son las que no pueden regresar a su país porque corren un peligro real de sufrir graves violaciones de derechos humanos. Tal es el caso de los niños y jóvenes que, bajo la amenaza de las violencias, se ven en la necesidad de salir del país y cruzar fronteras irregularmente en busca de seguridad. La situación en su sitio de residencia es tan amenazante e intolerable que prefieren correr el riesgo de un viaje también peligroso pero que, al menos, les provee la esperanza de preservar sus vidas. Por su parte, las personas migrantes son las que se desplazan de su lugar de vivienda principalmente para mejorar sus condiciones de vida. Salen en busca de trabajo, para formarse o para hacer negocios. Mientras que un refugiado no puede volver a su hogar de manera segura, un migrante sí puede hacerlo aunque las condiciones económicas en su país de origen continúen sin despegar.

diario hoyEl Estatuto de los Refugiados y su protocolo establecen que las personas refugiadas deben recibir por parte de los Estados la seguridad de no ser devueltas a los peligros de los que huyeron; además, acceso a procedimientos de asilo justos y eficaces; y también, medidas que garanticen que en el país de asilo se respetarán sus derechos humanos. Los Estados de destino tienen la responsabilidad primordial de brindar dicha protección y sus representantes deben explicar esa obligación a la población local. Si una persona refugiada es calificada como migrante será sometida a los procesos migratorios regulares, los cuales, pueden desembocar en la deportación a la situación de amenaza grave de la cual huyó. Eso ocurre con los salvadoreños que huyen de las violencias en nuestro país y que son catalogados, por razones políticas o por ignorancia, como migrantes cuando en realidad se trata de auténticos refugiados. Con ello, se les violentan las prerrogativas que les otorga el derecho internacional.

Confundir a las personas refugiadas con las migrantes puede provocar graves consecuencias para la vida y la seguridad de ambos grupos. El refugiado necesita protección internacional y debe poder acceder a ella; por su parte, el migrante también necesita que le sean respetados los derechos humanos y no ser tratado injustamente. En la actualidad la migración salvadoreña incluye tanto a personas refugiadas como personas migrantes. Es difícil determinar cuál es la proporción de cada grupo. Pero, lo que sí es verdad es que ambos necesitan que se les protejan sus derechos humanos. Esta debería ser una preocupación para los miembros de iglesias que deseen llevar su fe más allá del discurso. Por bastante tiempo se ha lamentado la pérdida de los valores familiares; pero, mientras las familias continúen siendo rotas por el desconocimiento general de los derechos, no se estará haciendo nada por resolver el mal. Un paso sencillo e inicial es el de comprender las diferencias entre ambos grupos, las cuales determinan la conciencia que debemos tener sobre sus distintas circunstancias y los derechos que les asiste en cada condición.

La prevención eficaz. De Mario Vega

La represión puede frenar la violencia homicida durante un tiempo; pero, luego, brota de nuevo y con más fuerza. El año 2016 es una clara ilustración de ello. 

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 15 octubre 2016 / EDH

El presente año se encamina a convertirse en el más violento de la última década con la sola excepción de 2015. Eso ocurre a pesar de la puesta en acción de las medidas extraordinarias de represión. Repetidas veces se ha insistido en que no se puede mitigar la violencia solamente con represión, especialmente cuando ésta se basa en el uso de la fuerza que escala hasta el nivel del abuso. La represión puede frenar la violencia homicida durante un tiempo; pero, luego, brota de nuevo y con más fuerza. El año 2016 es una clara ilustración de lo mencionado.

diario hoyCon esto, no se quiere decir que se deba ser blandengue con el delito. Lo que se quiere decir es que a una represión eficaz se la debe acompañar con una prevención igualmente eficaz. La impaciencia popular del salvadoreño le hace pensar que el uso de la fuerza bruta resolverá el problema de la violencia, pero los hechos vienen demostrando repetidamente que los resultados que se obtienen son los opuestos.

Pero, igualmente podría preguntarse por qué las medidas de prevención no parecen dar resultado. La respuesta es que no a todo lo que se le llama prevención en realidad lo es. Para que pueda hablarse con propiedad de prevención la intervención debe tener al menos las siguientes características: focalización, integralidad, simultaneidad y persistencia. La focalización se vuelve necesaria en un país sin recursos como lo es El Salvador. Se deben concentrar los esfuerzos en puntos específicos de alta incidencia de hechos violentos y de conjugación de factores de riesgo, entre ellos, el de la exclusión como el más importante. La focalización también demanda la articulación de esfuerzos estatales y ciudadanos a manera de evitar la replicación de acciones.

Por su parte, la integralidad habla de la necesidad de atender a todos los factores de riesgo de la violencia. Si solamente se atiende a unos factores descuidando los demás, no se tendrán resultados que satisfagan. Está bien construir canchas deportivas e iluminarlas, pero ello no mitigará la violencia. Se deberá, además, construir mecanismos de resolución de conflictos, veda de armas, procesos de reconciliación, prevención de embarazos precoces, reducción de la deserción escolar, atención médica preventiva y curativa, apertura de oportunidades de superación y trabajo, participación comunitaria, acciones de saneamiento ambiental, fortalecimiento de valores espirituales, prevención del abuso y violencia doméstica, etc.

La simultaneidad se refiere a la necesidad de abordar esos factores en conjunto. Si los factores de riesgo se tratan uno a uno se puede ir agotando la efectividad de esa intervención antes de comenzar la siguiente. Pero, si existe una acción bastante coordinada que atienda a los diferentes factores, las nuevas generaciones se educarán en un ambiente diferente que les puede ofrecer nuevas perspectivas de vida.

Finalmente, la persistencia es necesaria dado el carácter de la prevención. En una palabra, prevenir la violencia consiste en educar a una nueva generación en una cultura de paz. ¿Cuánto tiempo lleva educar una nueva generación? Todos esos años son los que se necesitan para comenzar a ver resultados. Por la misma razón, la prevención no puede consistir en actos o acciones aisladas en el tiempo. Deben ser constantes que se implementen persistentemente a lo largo de años respondiendo a políticas públicas muy bien definidas. Prevenir la violencia no es más que gobernar bien.

 

La represión eficaz. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 30 septiembre 2016 / EDH

Hace un par de décadas, con el incremento de la violencia homicida, nació el debate sobre las posibles soluciones. Pronto, las posiciones se definieron entre prevención y represión. La opción de los gobernantes fue siempre a favor de la represión, por el rédito electoral que tales medidas podrían granjearles frente a una población culturalmente acostumbrada y estimulada a buscar las soluciones en la agresividad y el contragolpe. Así, las posiciones políticas también se alinearon frente a ese condicionamiento electoral. La izquierda, que entonces era oposición, defendió la prevención de la violencia como el camino correcto frente a las campañas electorales de mano dura y súper mano dura de la derecha. Pero al producirse la alternancia en el ejecutivo, la izquierda pasó a adoptar la represión como elemento primordial de su manejo de la violencia, ejecutando un rol mucho más real que el publicitario de los gobiernos de derecha.

diario hoyEn el proceso, la prevención fue perdiendo el estigma partidario que le habían endosado y fue siendo reconocida como un elemento fundamental para la mitigación consistente de la violencia. Paradójicamente, en la práctica, el Estado continúa invirtiendo principalmente en el tema de la represión. La verdad es que estos dos aspectos no son excluyentes sino más bien complementarios. Mas como complementarios debería existir, al menos, cierta equidad en la voluntad y asignación de recursos para cada área. De igual manera, resulta importante definir el perfil de lo que sería una represión eficaz. La misma tendría que ver más con el uso de la inteligencia que con el uso de la fuerza. La persecución del delito debería poseer como base esencial la investigación científica. Pero, para ello, se precisa de científicos criminólogos. Un buen punto de partida para la construcción de una estrategia represiva eficiente debería ser la fundación de una escuela criminológica que forme investigadores en un país donde no existe esa opción como carrera universitaria.

La inteligencia investigativa debe ser acompañada de un cuerpo policial que sea respetuoso de la legalidad y los derechos humanos. El poder coercitivo del Estado tiene como finalidad establecer el respeto a la ley. No se puede establecer el respeto a la ley rompiendo la ley. La pedagogía del abuso envía el mensaje que la ley es descartable y vuelve a recomendar el uso de la violencia como panacea para los males. Para que exista una represión eficaz también se necesita de un sistema de justicia probo y legítimo. Eso implica la eliminación de la corrupción judicial y la formación permanente de los encargados. Además, la represión también implica un sistema penal auténticamente rehabilitador.
Que permita al transgresor su inserción social; que le eduque y le oriente, que elimine las causas en su individualidad que le llevaron a delinquir y que le proporcione las herramientas para desarrollar una vida productiva después de cumplida la pena. Es decir, hacer del sistema penal una institución de inserción en lugar de universidad del crimen. El montaje de una represión estatal eficaz demanda inversión. Pero, de no hacerse, el problema de la violencia solo se trasladará al futuro, haciendo cada vez más cara la cura.