Mario Vega

Reprobados en derechos humanos. De Mario Vega

Deberíamos comprender que algo grave está ocurriendo con las fuerzas de seguridad y que, en lugar de resolver un problema de violencia, lo estamos convirtiendo en dos.

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 24 marzo 2017 / EDH

El Departamento de Estado de los Estados Unidos dio a conocer recientemente su informe sobre los derechos humanos de 2016. En relación a El Salvador, el informe recopila informaciones que reflejan el poco aprecio que a la vida humana se le da en nuestro país. El informe habla tanto del irrespeto a los derechos humanos que hacen los miembros de pandillas como los miembros de las fuerzas de seguridad. En relación a los primeros, el informe dice: “Los principales problemas de derechos humanos se derivan de la extorsión generalizada y otros delitos en comunidades pobres de todo el país”. Más adelante añaden: “Cada pandilla tiene su propio territorio controlado. Los miembros de las pandillas no permiten que las personas que viven en una zona controlada por otra pandilla entren en su territorio, incluso cuando viajan en transporte público. Las pandillas obligan a las personas a presentar tarjetas de identificación (que contienen sus direcciones) para determinar adónde viven. Si los miembros de una pandilla descubren que una persona vive en el territorio de una pandilla rival, esa persona podría ser asesinada, golpeada o impedida de entrar en el territorio”.

En relación a las fuerzas de seguridad, el informe afirma: “Durante el año no hubo informes verificados de que el gobierno o sus agentes hubieran cometido asesinatos por motivos políticos. Sin embargo, hubo reportes de involucramiento de las fuerzas de seguridad en asesinatos ilegales. A partir de octubre, el Fiscal General estaba investigando 53 posibles casos de ejecuciones extrajudiciales. Uno ocurrió en 2013, ninguno en 2014, 11 en 2015 y 41 en 2016. La Fiscalía anunció también la formación de un Grupo Especial contra la Impunidad, dedicado a investigar este tipo de delitos. Hasta marzo, la Procuraduría para la defensa de los Derechos Humanos (PDDH) había recibido 12 denuncias de presuntos asesinatos ilegales cometidos por agentes de seguridad, militares y otros funcionarios públicos, y encontró pruebas sustanciales en dos casos. En septiembre, la PDDH declaró que tenía conocimiento de aproximadamente 50 casos de posibles ejecuciones extrajudiciales. De enero a julio, la Oficina de la Inspectoría General de la Policía Nacional Civil (PNC) informó que 12 oficiales de la PNC fueron acusados de homicidio. Todos, menos uno de los presuntos homicidios, fueron cometidos mientras los oficiales acusados estaban de servicio”.

Cuando se habla de violaciones a los derechos humanos las personas se inclinan a reconocer como tales los cometidos por las pandillas, en tanto que los cometidos por las fuerzas de seguridad se consideran como justificados, a pesar que los niveles de crueldad y arbitrariedad utilizados son similares. Por la misma razón, se acusa sin mayor reflexión de aliados o de miembros de pandillas a las personas, organizaciones e iglesias que señalan los abusos de las autoridades. Esta vez, el señalamiento lo hace el Departamento de Estado de los Estados Unidos, del cual nadie sensato afirmará ser un aliado de las pandillas. Más bien, deberíamos comprender que algo grave está ocurriendo con las fuerzas de seguridad y que, en lugar de resolver un problema de violencia lo estamos convirtiendo en dos. En la medida que la población resulta víctima de uno u otro bando, la desesperanza aumenta y eso es muy peligroso para el país. No podemos darnos el lujo de perder la esperanza, estamos aún a tiempo para reaccionar.

Escuelas abiertas para la paz. De Mario Vega

Mario Vega, 10 marzo 2017 / EDH

El programa de escuelas abiertas se considera uno de las más pertinentes y efectivos para la prevención de la violencia en Latinoamérica. El mismo ha sido implementado en México, Guatemala, Brasil, Argentina y Uruguay. Aunque cada uno de esos países posee condicionantes diferentes de la violencia, el método ha resultado ser muy exitoso en todos ellos.

La idea es bastante simple, pues consiste en abrir las escuelas los sábados y domingos para ofrecer a los jóvenes y sus familias actividades culturales, deportivas, artísticas, recreativas y de formación profesional. El resultado es que se empodera a los jóvenes, se fortalece el tejido comunitario y se potencia el rol de la escuela para la reducción de los índices de violencia, construyendo una cultura de paz.

En una sociedad como la salvadoreña, en la cual se estigmatiza a los jóvenes, el programa resulta vital para articular las relaciones dinámicas que son claves en el plano local: los jóvenes, las escuelas y las comunidades. El enlazar la escuela a la comunidad permite enriquecer los procesos pedagógicos utilizando la riqueza del entorno, cosa que normalmente no se logra porque las escuelas suelen funcionar en total autonomía de sus localidades.

Esa es una de las razones por las que los propios jóvenes destruyen la infraestructura escolar, con la que no se sienten identificados. El programa se construye sobre la base de reconocer la falta de espacios e iniciativas para el deporte, la cultura y la recreación como un factor de riesgo que asociado a otros genera expresiones violentas.

En la misma línea, el programa sostiene la convicción de que la educación no es un proceso exclusivo de la escuela, sino que se extiende a diversas esferas sociales, por lo cual se puede enseñar y aprender a través del juego y de los esfuerzos de actores diversos como las familias, la comunidad, los medios de comunicación, las iglesias, la empresa privada, etc.

Por todo lo dicho, la iniciativa de escuelas abiertas es una acción fundamental del Plan El Salvador Seguro que se pretende establecer y mantener en los primeros 26 municipios priorizados. Para ello se necesita de una asignación de 11.1 millones de dólares para  2017.

Con esa inversión, se podrá atender a un estimado de 20,000 jóvenes en el programa, un total de 148,000 estudiantes serán beneficiados por las mejoras en infraestructura y se estiman varias docenas de miles de maestros, padres y madres recibiendo apoyo psicológico.

Para esa inversión no se necesita establecer un nuevo impuesto, pues la recaudación de la Contribución Especial para la Seguridad ha colectado los recursos suficientes para la puesta en marcha del programa. El retraso que se tiene ahora es la reorientación de los recursos que se ha propuesto en la Asamblea Legislativa y que sugiere invertir mucho más en balas que en programas de educación como el de las escuelas abiertas.

Eso, a pesar de que la distribución actual del fondo se encuentra ya desbalanceada, asignando un 61 % a la represión y solo un 39 % a la prevención; rompiendo con ello el marco conceptual que inspiró el Plan y que produjo la adhesión de las diversas expresiones sociales representadas en el Consejo Nacional de Seguridad.

Que Dios ilumine a nuestros legisladores para que comprendan las razones que asisten al Consejo de Seguridad cuando solicita fondos para el programa de escuelas abiertas como método probado de prevención de la violencia.

Los cristianos blancos frente al racismo. De Mario Vega

Los cristianos inmigrantes que han representado una revitalización para el cristianismo estadounidense pueden jugar nuevamente un papel catalizador desde su posición minoritaria y marginal. 

vegaMario Vega, 24 febrero 2017 / EDH

El presidente de los Estados Unidos dijo: “Estoy convencido de que la actual invasión de mano de obra china […] es perniciosa y debería ser atajada”. Pero no lo dijo el actual presidente aunque así lo parezca sino que Rutherford Hayes quien gobernó entre 1877 y 1881. Sus palabras tenían connotaciones racistas ya que a punto y seguido agregó: “Nuestra experiencia con las razas más débiles –negros e indios, por ejemplo– es una buena muestra de ello”.

El racismo siempre ha estado implícito en la vida y política estadounidenses pero en 2016 se hizo explícito con la elección de Donald Trump.
La retórica que generalmente es encubierta fue vergonzosamente abierta durante la campaña electoral y las elecciones que dejaron en claro que el uso que un candidato haga de la intolerancia racial no le descalifica en la conciencia de los cristianos blancos.

diario hoy¿Cómo es posible que un candidato xenófobo sea apoyado por cristianos profesantes? La respuesta es que el racismo ha estado tan envuelto en la cultura estadounidense que las personas tienden a naturalizarlo. Los cristianos blancos han apoyado mayoritariamente a Trump porque les parece que hace algunas cosas buenas como su supuesto fomento de los valores tradicionales familiares, el rechazo al patrocinio de los abortos y otros elementos frente a los que sus órdenes ejecutivas que amenazan a inmigrantes y refugiados se consideran aceptables.

No tan malas, a pesar del escándalo humanitario que representan. Parece ser que solamente el estadounidense blanco es el que no percibe el retroceso que representa su política amenazante y su retórica de odio contra otras razas, etnias y religiones. Lo peor de todo es que entre esos partidarios se encuentran los cristianos blancos que deberían poseer estándares éticos insobornables. Esos estándares fueron modelados por Jesús quien siempre se colocó al lado de los débiles, los marginados, los forasteros, los migrantes y los enfermos.

Existe el peligro de perder de vista el sentido de lo humano por cuidar de las formas religiosas. Olvidar que no fue hecho el hombre por causa del sábado sino el sábado por causa del hombre.

El desafío de Jesús sigue siendo el mismo en todos los tiempos, la necesidad de conversión frente a un sistema que se muestra inhumano e insensible. El claro peligro del pensamiento de Trump para la equidad y la salud humana también puede ser aprovechado como una gran oportunidad para enfrentar el racismo a un nivel más profundo y honesto de lo que los estadounidenses jamás hayan hecho.

Esta vez sería el producto de una reflexión sincera que pudiera sanar para siempre las heridas que el pasado de desigualdad ha inculcado. Se trataría de una conversión de la conciencia blanca que iría aún más allá de lo que logró la Ley sobre Derechos Civiles de 1964. De eso hay algunos signos de esperanza a partir de la renovación del activismo y la resistencia que la elección presidencial y sus secuelas han desencadenado, incluyendo y especialmente entre las personas de fe.

Los siguientes pasos deberían privilegiar la reflexión dentro de las iglesias y las comunidades. Los cristianos inmigrantes que han representado una revitalización para el cristianismo estadounidense pueden jugar nuevamente un papel catalizador desde su posición minoritaria y marginal. Una vez más Dios puede valerse del débil para aleccionar al fuerte.

*Pastor general iglesia Elim

Las armas y la mitigación de la violencia. De Mario Vega

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 10 febrero 2017 / EDH

La mayor parte de los homicidios en El Salvador se perpetran con armas de fuego. Su incidencia es superior a la media mundial que, de acuerdo con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), es de un 40 %. Ese porcentaje varía de un continente a otro. Por ejemplo, en Europa solamente el 25 % de los homicidios se consuma con armas de fuego, en tanto que en el continente americano sube al 66 %. Pero en el caso de El Salvador, de acuerdo a la PNC, da un salto para alcanzar el 83 %. Ese hecho debería ser suficiente para hacernos reflexionar sobre el papel esencial que debe jugar el control de las armas de fuego en la mitigación de la violencia. Las armas son una constante que camina al lado de las dinámicas violentas, pero que no siempre es tenida muy en cuenta.

diario hoyUn ejemplo de ello es el caso de Nicaragua que al hablar sobre su reducido índice de homicidios, pocas veces se menciona que entre los años de 2008 a 2013 la policía incautó más de 19,000 armas. Ese es, sin duda, un factor importante que ha hecho de Nicaragua el país menos violento del área.

Por su parte, El Salvador es el cuarto país de Latinoamérica con mayor circulación de armas solo detrás de México, Colombia y Brasil, que son los gigantes de la distribución y circulación de armas en la región. Peor aún, la cantidad de armas que circulan en esos países se ha mantenido estable o ha reducido; pero en El Salvador se duplicó en un solo año.

Nuestro país alcanzó, en 2012, el primer lugar en el mundo con la tasa más alta de tenencia de armas: 122 armas por cada 100,000 habitantes. Todo un escándalo si se tiene en cuenta que Estados Unidos, el país tradicional con mayor circulación de armas, apenas alcanzó un índice de 89 por cada 100,000 habitantes.

Frente a esos datos surge una pregunta lógica: ¿a mayor cantidad de armas hay más homicidios y más violencia? La respuesta con bastante seguridad es sí. Existe evidencia contundente que indica que efectivamente a mayor cantidad de armas, hay mayor número de asesinatos, ya sea que se hagan comparaciones entre países o entre ciudades.

Existen otras causas de la violencia pero la amplia disponibilidad de armas en nuestro país explica en parte por qué tenemos niveles inusuales de violencia.

Repetidas veces se ha mencionado que la violencia es un problema complejo que debe ser abordado de manera integral, acorde con ello, se debe desarrollar una estrategia efectiva para el control y reducción de armas en manos de civiles. Algunos componentes de esa estrategia deberían ser la declaratoria de vedas a la portación, esfuerzos policiales sistemáticos de ubicación e incautación, informar y sensibilizar a la población sobre los riesgos asociados a las armas, campañas de entrega voluntaria, reformas a la actual Ley de Armas que facilita la obtención de permisos de tenencia y portación.

Por supuesto que si se lograra reducir la circulación de armas habría nuevos métodos para cometer homicidios, pero está largamente probado que los otros métodos producen más heridos que bajas efectivas. Contrario a las armas de fuego que producen menos heridos pero más decesos. Si decimos no a las armas, estaremos diciendo no a la muerte.

El regateo de Donald Trump. De Mario Vega

1440521658953Mario Vega, 13 enero 2017 / EDH

Usualmente existe una diferencia entre las promesas de campaña de un candidato y lo que la realidad política le permite hacer una vez elegido. El caso de Donald Trump no será la excepción. Es un hecho que su promesa más repetida, la de construir un muro fronterizo que pague México, no se hará realidad. Al menos no con el dramatismo que lo anunció durante la campaña electoral. De hecho, Trump ha ido moderando sus ofertas en la medida que se acerca el día de su toma de posesión como nuevo presidente de los Estados Unidos. De una promesa inicial de deportar a diez millones de indocumentados pasó a hablar de tres millones. Luego, moderó también su discurso en el tema de los “soñadores”, que son los jóvenes que llegaron niños a los Estados Unidos de manera indocumentada y que ahora, muchos de ellos, son muy buenos estudiantes o tienen diario hoyexcelentes trabajos. Durante su campaña ofreció acabar con los decretos en materia migratoria promulgados por el presidente Obama, entre ellos el Plan de Acción Diferida, que beneficia a 750,000 “soñadores”. No obstante, en una entrevista concedida a la revista Time, ya no habló más de terminar con el Plan sino que manifestó que buscaría una manera de “hacer que la gente esté feliz y orgullosa”. Su giro en el tema hizo que incluso sus seguidores del Partido Republicano se sintieran contrariados.

En el regateo con quienes le apoyaron, Trump no puede bajar sus ofertas a cero. De todo lo dicho, algo tendrá que cumplir. Tal vez por eso fue que en la misma entrevista aseguró que deportará a los salvadoreños que son miembros de pandillas diciendo: “Son ilegales. Y llegó su fin”. De la promesa inicial de deportar a diez millones y luego pasar a los tres millones, no sería extraño que terminara deportando al estimado de cinco mil miembros de pandillas del área de Nueva York de los cuales ahora habla. Políticamente, le resulta mucho más viable deportar a cinco mil personas ligadas a delitos que a 750,000 “soñadores” que por su esfuerzo despiertan simpatías. El problema es que aquellos miembros de pandillas serán deportados a nuestro país. Si expulsar a cinco mil personas es nada para la población de los Estados Unidos, para El Salvador la llegada de esa cantidad de miembros de pandillas activos sería catastrófico. No solamente por el incremento directo del número de militantes de pandillas sino también por las disputas por liderazgos que pudieran provocar. Esas disputas se traducirían en un incremento de la violencia y podrían segar muchas vidas de inocentes. El efecto sería terrible para nuestra sociedad.

Esa situación, bastante probable, tomará sin prevención a un Estado que ha demostrado ya bastantes dificultades en el manejo de la violencia y que no le vemos tomar ninguna providencia en relación al anuncio del futuro presidente estadounidense. Una inyección de miles de nuevos miembros de pandillas, terminaría por colapsar los muy limitados recursos que actualmente se asignan para la prevención de la violencia. Ante esa posibilidad, las iglesias deben aceptar el desafío inevitable que para ellas significa. Todavía las pandillas conservan la puerta abierta para aquellos jóvenes que por medio de la conversión sincera desean cambiar su estilo de vida. Eso coloca a las iglesias en la posición inexcusable de extender sus manos de misericordia para quienes erraron el camino y cayeron en el torbellino de la violencia. Si las iglesias no lo hacen, nadie lo hará y las consecuencias las pagaremos todos.

¿Quiénes mataron a William? De Mario Vega

Los hechores dejaron al lado una nota que decía: “Una rata menos, atentamente grupo de exterminio”

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 29 diciembre 2016 / EDH

William Amaya nació en una comunidad de marginados en San Salvador. Al igual que otros jóvenes, vio en las pandillas la manera de alcanzar significado social, la oportunidad de ser. Se tatuó el cuello con los símbolos de su pandilla y se dedicó a vivir del delito. Tiempo después, en Iglesia Elim tomamos la decisión de intervenir la comunidad donde él vivía y en 2011 William tuvo una experiencia de conversión al evangelio. La pandilla respetó su decisión y le dieron de baja. Pero un joven que vive en una comunidad marginada, con antecedentes penales y tatuado no tiene muchas oportunidades en una sociedad tan vengativa como la salvadoreña. Eso lo entendemos muy bien en la iglesia y, consecuentemente, nuestro programa de intervención va más allá de la simple evangelización con palabras. Sucedió que William tenía habilidad para el canto, era un buen rapero. La iglesia le apoyó para que grabara su primer volumen que, de manera muy significativa, lo tituló “De las tinieblas a la luz”. Luego, William se dedicó a cantar en actividades de iglesias en donde ofrecía sus discos compactos caseros por pequeñas cantidades que le ayudaban a cubrir los gastos de su hogar.

diario hoyNo obstante su transformación, seguía siendo detenido arbitrariamente por las fuerzas del orden. A pesar de que la Ley de Rehabilitación y Reinserción de Miembros de Pandillas fue prometida en 2010, hasta el presente, los jóvenes que son rehabilitados por el evangelio no tienen garantía legal alguna en contra de los abusos. Fue así como en 2012, al igual que en otras ocasiones, fue capturado sin orden judicial a criterio de un oficial de turno y encarcelado por 14 meses en “detención administrativa”. La iglesia le colocó un abogado y, al no presentarse una acusación que no fuera su apariencia, fue dejado en libertad. Pensando en que un trabajo formal podría ayudarle a evitar las capturas arbitrarias, le enviamos a la empresa League, en donde, al igual que otros jóvenes rehabilitados, fue recibido con trabajo formal. Pero, el atravesar la ciudad para ir a trabajar se convirtió en un problema para su seguridad. Fue así que le apoyamos para que se hiciera de una motocicleta de segunda.

William se mantuvo trabajando por espacio de tres años, levantándose muy de mañana. De acuerdo a su costumbre, el lunes 19 de diciembre salió de su casa a las cinco de la mañana. Lo siguiente que se supo es que su cuerpo fue encontrado en la colonia Las Flores, de Soyapango, atado de manos y con cuatro tiros. Los hechores dejaron al lado una nota que decía: “Una rata menos, atentamente grupo de exterminio”. ¿Quiénes mataron a William? La vox populi sabe quiénes son los integrantes de los grupos de exterminio. Pero también pudiera ser que la nota solo tuviera el propósito de confundir. Lo que sí sabemos es que William no era una rata, tampoco era un miembro de pandillas. Era un joven trabajador de 26 años que deja en la orfandad a sus dos hijos de 6 y 3 años. Ese fue el regalo de fin de año que sus niños recibieron de parte de una sociedad excluyente e irreflexiva. Una sociedad que se reputa como cristiana, pero que no asimila la posibilidad de que una persona tenga una segunda oportunidad.

Perseguidos por causa de la justicia. De Mario Vega

El ataque no desalentará a estos pastores valientes que han decido ser fieles testigos del Señor justo y hacen suya la bienaventuranza de quienes son perseguidos por causa de la justicia.

SEl pastor Mario Vega asegura que recibió amenazas entre enero y febrero de este año, por medio de la cuenta en Facebook Héroe Azul El Salvador. | Foto por EDH/ Archivo

Mario Vega, pastor de ELIM

Mario Vega, 22 diciembre 2016 / EDH

En 1998 un grupo de abogados cristianos hondureños se reunió con el propósito de reflexionar sobre las implicaciones de la vida cristiana.

Llegaron a la conclusión que quedarse pasivos ante la realidad hondureña sería negar la fe. Desde sus profesiones decidieron convertirse en una voz profética que llegara a la sociedad con el reclamo divino de justicia. Su involucramiento en la solución de los problemas sociales nació de un reconocimiento del ser humano como un ser con pasado, presente y futuro; un pasado que Dios puede perdonar, un presente que los cristianos deben ayudar a mejorar, y un futuro eterno que Dios tiene asegurado. Fue así que se organizaron en la Asociación para una Sociedad más Justa. Parte directiva del movimiento son los pastores Alberto Solórzano y Jorge Machado. Desde entonces, se han enfocado en la investigación y monitoreo del desempeño del sistema gubernamental de justicia, regularización de tierras y uso de los fondos públicos.

diario hoySus investigaciones en los sistemas de salud y educación impulsaron a la ciudadanía a presentar muchas denuncias. A la vez, se produjo la necesidad de brindar asesoría legal a las víctimas o testigos para investigar, documentar y presentar las denuncias ante las instancias correspondientes y darles seguimiento hasta obtener resoluciones. Como resultado de ese trabajo trece funcionarios de gobierno han sido procesados judicialmente incluyendo a un exministro de Salud.

En abril de 2016 impulsaron un proceso de monitoreo y documentación de casos de corrupción al interior de la Policía Nacional Hondureña. Fruto de ese impulso fue la creación, por parte del Estado, de la Comisión Especial para el Proceso de Depuración de la Policía Nacional. Los pastores Alberto Solórzano y Jorge Machado fueron llamados para ser parte de la misma. Hasta el presente, la Comisión ha logrado la suspensión de 419 policías, muchos de ellos oficiales, por su involucramiento en casos documentados de corrupción. La reacción era de esperarse y las amenazas a muerte comenzaron a llegar.

En junio los pastores recibieron una amenaza escrita que decía “Va a pagar duro” junto a la imagen de una persona asesinada al interior de un vehículo. Esas amenazas pasaron a los hechos el pasado 15 de diciembre cuando el pastor Jorge Machado y su esposa volvían a casa después de una reunión en la que se había informado de la suspensión de otros catorce policías más implicados en actos de corrupción.

Desde una camioneta negra fueron atacados a tiros pero el pastor Machado y su esposa resultaron ilesos, no así sus custodios, uno de los cuales falleció y otro se encuentra gravemente herido.

Los hechos responden a una lógica muy elemental que apunta a que el ataque fue una represalia de grupos de policías violentos y corruptos que se ven amenazados por los esfuerzos de estos cristianos evangélicos que contribuyen a que el sistema gubernamental funcione y sea más justo para los más vulnerables. Para ellos, buscar la justicia es obedecer a Dios quien a través del profeta ordenó “guardar el derecho y hacer justicia” (Isaías 56:1). El ataque no desalentará a estos pastores valientes que han decido ser fieles testigos del Señor justo y hacen suya la bienaventuranza de quienes son perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos, tal como lo dijo Jesús de Nazaret.