Acuerdo de Paris

Adentro y afuera del muro. De Mario Vega

Afuera del muro quedan los que sufren las consecuencias de las políticas erradas mientras que adentro quedan los que hacen nuevos negocios.

Mario Vega, 16 junio 2017 / EDH

Los Estados Unidos producen el 36 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta, solamente detrás de China. Por ello, se comprende el revuelo mundial que ha causado la decisión del presidente Donald Trump de retirar a su país del acuerdo tomado en París por la Conferencia Cumbre sobre el Clima y que, estableció normas para regular la emisión de esos gases. Al retirar a su país, Trump deja también de lado las advertencias de la Agencia Meteorológica de las Naciones Unidas que advierte que si Estados Unidos no respeta el acuerdo no se podrá detener el calentamiento del planeta, lo cual provocará más tormentas e inundaciones, más sequías, escasez de agua, reducción de las cosechas de alimentos, nuevos conflictos y migraciones masivas. Todo eso no parece importarle al presidente estadounidense, quien argumenta que el acuerdo de París afecta negativamente el desarrollo económico y el aumento del empleo en su país. Desde hace mucho es sabido que el deseo de hacer dinero milita en contra de la naturaleza. A mayor ambición mayor daño al ecosistema.

Usualmente, quienes pagan las consecuencias son los pueblos vulnerables que no poseen grandes presupuestos para hacer frente a las inundaciones y tampoco fondos para paliar el hambre provocada por las sequías. Las tragedias humanas están fuera del campo de interés del presidente estadounidense, lo cual es concordante con su política de construcción de muros. Éstos separan al mundo de afuera del mundo de adentro. Afuera del muro quedan los que sufren las consecuencias de las políticas erradas mientras que adentro quedan los que hacen nuevos negocios. El muro sirve tanto para impedir que de los de afuera entren como para que los de adentro miren a los de afuera. Los efectos han comenzado a experimentarse en el Triángulo Norte de Centroamérica. Tal como El Diario de Hoy informó a principios de mes, la laguna de Atescatempa ha desaparecido en Guatemala y, eso, solamente es el principio de los efectos que el cambio climático provocará en nuestros países. Como cristianos, debemos rechazar firmemente los valores anticristianos que se expresan en la indiferencia hacia los más pobres y vulnerables, como también en el manifiesto egoísmo de cerrarse a las necesidades de los demás en busca del interés propio. El calentamiento global es consecuencia del uso desmedido de los recursos naturales y lo menos que como cristianos podemos hacer, es apoyar todo esfuerzo por adoptar un estilo de vida personal y comunitario que demuestre verdadero cuidado de la creación. Hay mucho que los cristianos podemos hacer por cambiar el rumbo de las cosas.

Trump es de las personas que, intencionalmente o por desconocimiento, niegan las innumerables evidencias científicas que atestiguan el calentamiento del planeta. Las Naciones Unidas afirman que si los Estados Unidos no respeta el acuerdo de París, en 30 años la temperatura del planeta aumentará en 0.3 grados centígrados. Visto en el termómetro, eso parece ser nada. Pero en términos ecológicos representa el inevitable aumento de los niveles de los océanos que, entre otras cosas, dejará sumergido el complejo hotelero Mar-a-Lago, propiedad de Trump, hacia el año 2060. Lastimosamente, él ya no estará para verlo. Pero sus descendientes pagarán los costos de la egolatría de su padre. La naturaleza siempre las cobra y eso no hay muro que lo pueda detener.

Cuatro claves para entender el pacto de París sobre el cambio climático

El acuerdo trata de limitar el aumento de temperatura y crear un sistema de financiación de 100.000 millones de dólares al año.

Protesta en París a favor de limitar el aumento de temperatura a 1,5 ºC / Chesnot (Getty Images) (ATLAS)

Protesta en París a favor de limitar el aumento de temperatura a 1,5 ºC / Chesnot (Getty Images) (ATLAS)

Manuel Planelles/Paris, 12 diciembre 2015 / EL PAIS

el paisEl texto final del acuerdo de París, que aún debe ser ratificado por los 195 países reunidos en la capital francesa, tiene como objetivo principal conseguir que el aumento de la temperatura media del planeta a final de siglo por el cambio climático se quede “muy por debajo” de los dos grados con respecto a los niveles preindustriales. También se apunta a que se deben hacer esfuerzos para que “no supere los 1,5”. Se busca además aumentar la capacidad de los países de adaptarse al cambio climático, siempre teniendo en cuenta la “seguridad alimentaria”. Por último, se aboga por conseguir que los “flujos financieros” caminen hacia una economía baja en emisiones de gases de efecto invernadero.

Metas

Para lograr el objetivo de que el aumento de la temperatura media a finales de siglo se quede entre los 1,5 y 2 grados se establece que todos los países deberán alcanzar un techo en sus emisiones de gases de efecto invernadero “lo antes posible”. Los países desarrollados deberán hacerlo los primeros. Los que no lo son tendrán más tiempo, aunque no se fija un año concreto. De lo que sí se habla es que, en la segunda mitad de este siglo, se deberá llegar a un “equilibrio” entre las emisiones y la capacidad de absorber esos gases, principalmente el dióxido de carbono. Este último punto abre la puerta de forma clara a los mecanismos de secuestro y almacenamiento de carbono, una vía que defienden los países petroleros para no cortar ya con los combustibles fósiles.

Mitigación

El principal instrumento sobre el que se construye el acuerdo son las llamadas “contribuciones” nacionales. De momento, 186 de los 195 países que negocian ya han presentado planes de reducción de sus emisiones. Cuando se analizan en conjunto, estos programas de reducción de emisiones dan como resultado un incremento de la temperatura a final de siglo de cerca de tres grados. Por eso, el acuerdo establece que las contribuciones se revisarán cada cinco años al alza. El primer análisis se realizará en 2018 y la primera actualización al alza en 2020, cuando entraría en vigor el acuerdo de París. A los países desarrollados se les exige que reduzcan sus emisiones en sus contribuciones nacionales. A los que no lo son, se les insta a que las limiten o las reduzcan en función de sus capacidades.

Otro de los instrumentos clave del acuerdo es la creación de inventarios para poder hacer un buen seguimiento de los programas nacionales de reducción. Se perfilan tres categorías: los desarrollados, que deberán dar completa información, los emergentes, que tendrán una menor exigencia, y los más pobres, que tendrán el nivel mínimo de obligaciones.

Vinculación

El ministro de Exteriores de Francia, Laurent Fabius, ha remachado que el acuerdo será vinculante. Lo que no serán legalmente vinculante son los objetivos de reducción de emisiones de cada país. Este punto se ha tenido que incluir para evitar que Estados Unidos, el segundo mayor emisor mundial, no se quede fuera del pacto, ya que tendría problemas para ratificarlo en su país si se le imponen desde fuera metas concretas de reducción de emisiones.

Sin embargo, en el texto propuesto por Francia se señala que cada país firmante “deberá  preparar, comunicar y mantener las contribuciones nacionales”. Y “deberá”  poner en marcha “medidas domésticas” de mitigación para cumplir con los objetivos nacionales que se haya fijado en su contribución.

Financiación

Para que los países con menos recursos puedan adaptarse a los efectos del cambio climático y para que puedan reducir también sus emisiones se establece la obligación de que exista ayuda internacional. Los países desarrollados son los que deben movilizar los fondos. Otros Estados podrán aportar también, pero de forma “voluntaria”. El compromiso es lograr hasta 2025 que se movilicen 100.000 millones de dólares anuales, aunque se fija una revisión al alza para antes de ese año. El texto presentado consta de dos partes, el acuerdo y la decisión. La cifra de 100.000 millones se recoge en la decisión, que se puede revisar cada año.

Además, en el documento se incluye la creación de un organismo internacional nuevo dedicado a las “pérdidas y daños”; es decir, para compensar a los Estados que se verán más afectados por las consecuencias del cambio climático. El desarrollo de este nuevo órgano quedará para más adelante. Por último, el acuerdo también incluye la creación de mecanismos de mercado de emisiones de gases de efecto invernadero.

Texto íntegro del acuerdo de la cumbre de París