¿Protegen las armas? De Mario Vega

En nuestro país las personas que portan armas usualmente no son expertas en su uso, pero si lo fueran, ello no garantiza que no serán sorprendidos por un delincuente o que no vayan a perder la cabeza en una discusión con su mujer o con un vecino.

Mario Vega, pastor general de ELIM

Mario Vega, 2 junio 2017 / EDH

El Diario de Hoy informó hace unos días sobre la historia triste ocurrida en San Juan Talpa acerca de un niño de diez años que disparó contra su hermana de trece de manera accidental. Ambos encontraron una escopeta guardada detrás de un ropero, se pusieron a jugar con ella hasta que el niño terminó disparando contra su hermanita.

Lastimosamente, ese no fue el único caso. Unos meses antes, otro niño de tan solo un año de edad murió al manipular el arma de fuego de su padre en San Miguel.

A principios del año, otro niño de seis años se disparó a la cara cuando jugaba en casa de un vecino. El drama de los niños que mueren por accidentes con armas de fuego es bastante extenso. Las estadísticas así lo muestran: durante 2016, un menor de cuatro años de edad disparó contra una persona cada semana en los Estados Unidos.

Según el periódico USA Today, en los primeros seis meses de 2016, murió como promedio un menor de edad cada dos días por disparos accidentales con armas de fuego. Los menores de tres años son los que aparecen como las víctimas más probables en estos accidentes y son también los que más armas disparan de manera accidental.

Cuando leemos sobre esas tragedias el primer pensamiento que nos surge es el relacionado al descuido de los padres, los accidentes serían el producto de la imprudencia o negligencia de los adultos. La idea sería que una persona que sepa manejar bien su arma y fuera responsable estaría apto para usarla o llevarla a casa sin riesgo. Pero, los hechos indican lo inverso. Los policías son profesionales en el uso de armas de fuego y, sin embargo, los accidentes con armas que lastiman a terceros o a sí mismos son bastante comunes. En octubre de 2013 un agente del Cuerpo de Agentes Metropolitanos mató a su compañero al escapársele un tiro mientras limpiaba su arma. Incluso el archidefensor del uso de las armas Dick Cheney, mientras era vicepresidente de los Estados Unidos, hirió gravemente a un amigo durante una salida de caza.

En nuestro país las personas que portan armas usualmente no son expertas en su uso, pero si lo fueran, ello no garantiza que no serán sorprendidos por un delincuente o que no vayan a perder la cabeza en una discusión con su mujer o con un vecino.

Estas estadísticas y estas noticias deben ser tenidas muy en cuenta cuando populistamente se habla de entregar armas a la población para que se defienda de la delincuencia. El político explota irresponsablemente la frustración ciudadana en tanto que el ciudadano idealiza el tema de la defensa ignorando la impotencia a la que normalmente está condenada la víctima de una acción delincuencial, todo es una distorsión de la realidad que vuelve improbable un desenlace exitoso en una reacción armada.

El sociólogo y especialista en violencia urbana Gláucio Soares llega a la siguiente conclusión: “Necesitamos campañas para demostrar que las armas en casa matan mucha más gente dentro de la familia que entre los asaltantes. Usted compra un arma con la ilusión de que va a matar a un delincuente y descubre que su hijo de ocho años fue a jugar con esa arma y murió. ¿Entonces?”.

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