Mes: marzo 2019

Carta sobre el emperador, el papa y la coronación. De Paolo Luers

30 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

El 2 de diciembre del año 1804, Napoleón Bonaparte fue coronado emperador en la Catedral de Notre Dame de Paris. Supuestamente iba a coronarlo el papa Pio VII, a quien para este fin Napoleón lo mandó a traer desde Roma. El papa hizo caso a la orden de Napoleón, quien a esta altura ya tuvo bajo su poder a Italia, dejando solo al Estado Pontifico con cierta soberanía.

Lo que realmente quería Napoleón era humillar al papa, quien representaba la única institucionalidad que podía hacerle contrapeso a él como emperador. Luego de traerlo bajo amenaza a Paris, para supuestamente coronar al emperador, lo único que lo dejó hacer en Notre Dame fue bendecir al ‘revolucionario’ acto de auto coronación de Napoleón. Ni siquiera dejó al papa tocar la corona antes de ponérsela él mismo…

Luego de la coronación, Napoleón quiso obligar a Pio VII a quedarse en Francia, pero el papa había venido preparado: Había instruido a sus cardenales en Roma a declarar vacante el papado si no regresaba a Roma, y proceder a elegir otro Santo Padre. Napoleón lo dejó regresar a Roma, pero en 1808 mandó a sus tropas a ocupar al Estado Pontifico, y en 1809 decretó su anexión a Francia. Al papa Pio VII lo arrestaron y lo llevaron a Francia, donde permaneció rehén de Napoleón hasta el año 1814. Pero nunca se doblegó ante el hombre que por plebiscito había llegado a proclamarse y luego auto coronarse emperador.

Hoy ya no hablamos de coronación, sino de alternancia del poder, porque somos República. Hoy ya no le toca a la Iglesia Romana, como único contrapeso al poder del monarca, juramentar al nuevo jefe del Estado, sino al parlamento, que hoy en día es el contrapeso al poder del presidente. 

Pero sigue siendo importante quien controla los actos de traspaso de poder y puede llenarlos de significado o manipularlos. Parecen formalidades, pero tienen impacto en la manera como la ciudadanía percibe el poder y los contrapesos.

La fuerza simbólica de los actos relacionados al poder es importante: Pueden exhibir el poder total y arrogante – o el poder democrático, limitado y contrarrestado, dependiendo como se pongan en escena los eventos. De esto se trata el pleito sobre el traspaso del poder al presidente electo.

Unos quieren proyectar el 1 de junio la institucionalidad del estado administrando la alternancia democrática. Otros quieren proyectar una ruptura histórica – y la relación directa del gobernante con ‘el pueblo’, dejando al parlamente en la misma irrelevancia en la que dejó Napoleón al papa.

Si queremos, podemos aprender de la historia. Saludos,

La columna vertebral del desarrollo. De Manuel Hinds

Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

29 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La sociedad es un organismo muy complejo y su desarrollo requiere acciones en un gran número de dimensiones. Sin embargo, hay ciertos temas que son fundamentales en todas estas dimensiones, y acciones que si no se toman detienen todo el progreso. Para identificar cuáles son esos temas fundamentales es necesario tomar una perspectiva lejana, viendo el bosque para que los árboles individuales no distraigan la vista.

El bosque es bien simple. Lo podemos describir con dos hechos. El primero es que El Salvador crece muy poco para poder salir del subdesarrollo dentro del siguiente medio siglo. A la tasa promedio a la que hemos estamos creciendo desde que terminó la guerra en 1992 (que es un poquito mas alta que la del promedio de Latinoamérica), nos tardaríamos 55 años para alcanzar el ingreso por habitante que ahora tiene Uruguay, el país latinoamericano con mayor ingreso por habitante pero todavía no plenamente desarrollado.

El segundo hecho es que la única manera de subir la tasa de crecimiento de la economía (y generar desarrollo) es educando al pueblo para que puedan producir bienes y servicios más sofisticados y así generar más valor agregado en la producción, obteniendo más ingresos. Esto, que siempre ha sido cierto, lo es mucho más aún en la economía del conocimiento que está capturando al mundo entero. Esto es cierto aún para los países con recursos naturales porque dichos recursos no se pueden explotar sin conocimiento; es más cierto aún para un país como el nuestro que no los tiene.

Por supuesto, no se puede educar bien a un pueblo que no tiene salud ni seguridad. Está comprobado además que la formación del individuo para que pueda desarrollar la innovación y la creatividad que son esenciales para generar tasas altas de desarrollo el conocimiento debe estimularse muy tempranamente en los niños, y que deben acompañarse de cuidados de salud que van mucho más allá que los que ahora reciben. El cerebro humano se abre a aprender ciertas cosas básicas a edades muy tempranas y luego se cierra en estas dimensiones. Los que aprendieron a usar estas habilidades en esos años pueden progresar a estadios más altos que los que no lo lograron hacer. La falta de atención a la educación y la salud en esos años condena a la mayor parte de los salvadoreños a quedarse permanentemente atrás en su vida. Además, proveyendo esta atención se previenen muchas enfermedades en los adultos, que luego sale más caro tratar que lo que hubiera costado prevenir.

Tercero, no sería ni justo ni práctico concentrar toda la inversión en las generaciones futuras por lo que también hay que hacer un esfuerzo muy grande para mejorar la educación y la salud de los adultos, con el mismo objetivo de mejorar sus habilidades para mejorar su valor agregado. La revolución tecnológica actual da muchos mecanismos para facilitar esta educación, y todos deben ser ocupados. En casos como el del software, se ha observado que muchos individuos que podrían acceder a nuevas actividades y aumentar enormemente sus ingresos no lo hacen porque no se les imagina que lo pueden hacer. Esto pasa especialmente con las mujeres. Hay que hacer un esfuerzo en este sentido también, empoderando al pueblo no para que pelee con otros sectores sino para que se de cuenta de que puede lograr su propio desarrollo.

A todo esto que estamos hablando —la educación, la salud, la seguridad, el empoderamiento— la gente la llama “las políticas sociales”, como si fueran un adjunto a otras políticas, quizás más serias e importantes. Sin duda que hay algunas políticas económicas que deben implementarse para volver al país atractivo para la inversión y para posibilitar la inversión pública, pero las “políticas sociales” no son adjuntas a éstas, sino la columna vertebral del desarrollo del país. Son lo más importante que tenemos que hacer y merecen las prioridades más altas.

Lo son por dos razones. Primero, porque el tener educación, salud y seguridad es lo que es el desarrollo. Estas actividades son fines en sí mismas. Segundo, porque sin ellas no vamos a crecer económicamente y nunca alcanzaremos el desarrollo pleno de nuestra sociedad. Es decir, son fines y medios para el desarrollo. Debemos darles primera prioridad desde ya, desde este minuto y todos debemos colaborar para su éxito.

Las cicatrices del “Correísmo”. De Luis Mario Rodríguez

Recuperar la institucionalidad y ordenar el funcionamiento del Estado después de una década de desarreglos democráticos es muy complicado. Esa es precisamente la tarea de los ecuatorianos en este momento.

28 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

El Siglo XXI está siendo testigo de peligrosas embestidas a los sistemas políticos. Se han promovido nuevas constituciones, reformas a las vigentes y recursos ante los máximos tribunales de justicia para interpretar la ley fundamental al antojo de los presidentes de turno. La finalidad, en casi todos los casos, fue la de allanar la reelección presidencial indefinida, el uso de las consultas populares como forma de evadir a los partidos representados en los congresos, la toma de las instituciones de control político y el debilitamiento del sistema de partidos.

La trama también incluye a los sistemas electorales. Con el propósito de hacerse con el poder, algunos mandatarios han promovido cambios a su conveniencia. En Nicaragua se fijó en 35% el porcentaje de votos para ganar la presidencia siempre y cuando la diferencia entre el primero y el segundo lugar fuera mayor a cinco puntos. Luego se eliminó este último requisito.

Para habilitar la figura de la reelección, Ortega dispuso que la Corte Suprema de Justicia —lacayos del régimen— se pronunciara a favor de esa petición. En Honduras y Bolivia se recurrió a la misma estrategia. Juan Orlando Hernández fue habilitado como candidato y continúa al frente del Ejecutivo. Evo Morales, después de perder el referéndum para la reelección presidencial, obtuvo el favor del Tribunal Constitucional Plurinacional, servil a sus intereses, y ahora busca el tercer período que lo mantendría en el puesto hasta el 2025.

La otra maniobra ha consistido en manipular los organismos electorales. Esta táctica les permite a los autoritarios manosear la inscripción de las candidaturas, viciar el trazo de las circunscripciones electorales y el número de cargos que se disputarán en cada una de ellas, denegar la presencia de observadores internacionales, omitir la investigación cuando hay incumplimientos de la normativa electoral y desistir de la imposición de sanciones cuando los infractores son los que compiten con la bandera del partido oficial.

Los impulsores de estas medidas han obtenido sus cargos por el voto popular. De hecho se quedan en las sillas presidenciales por el respaldo de sus seguidores en las urnas. Sin embargo, compiten en elecciones donde la equidad está alterada, en las que el ventajismo oficial les facilita el camino, donde los tribunales electorales no son imparciales y en los que las condiciones están dadas para que su partido gane.

Luego vienen las limitaciones a los derechos fundamentales. Se restringe la libertad de expresión, se acosa a los medios y a los periodistas, se intimida a los opositores, en algunos lugares se les encarcela, se utiliza a la autoridad pública para reprimir, se tuerce la justicia, se persigue a los líderes gremiales, del sector privado y de los sindicatos, y se hace todo por desgastar a los partidos políticos mientras que se ensalza a los movimientos populares que terminan siendo grupos de fachada al servicio del oficialismo.

Recuperar la institucionalidad y ordenar el funcionamiento del Estado después de una década de desarreglos democráticos es muy complicado. Esa es precisamente la tarea de los ecuatorianos en este momento. El pasado 24 de marzo Ecuador celebró las primeras elecciones seccionales (prefectos, alcaldes, concejos urbanos y rurales y vocales de las juntas parroquiales) después de diez años de gobierno de Rafael Correa. En 2017, Lenin Moreno, actual gobernante, ahora enemigo acérrimo del expresidente Correa, terminó con una etapa que aflojó por completo los cimientos del republicanismo.

Una de las manifestaciones de ese decaimiento institucional fue la creación, en 2008, del “Consejo de Participación Ciudadana y Control Social” (CPCCS) que tiene a su cargo la organización de los procesos para el nombramiento de los titulares de la Fiscalía General, el Consejo Nacional Electoral, el Contralor General del Estado y el Tribunal Contencioso Electoral. También nombra al Defensor del Pueblo. El Consejo es una “supraautoridad” que mal utilizada sirve para secuestrar al Estado; ese fue el uso que le dio Correa. En 2018 los ecuatorianos decidieron destituir a los integrantes del CPCCS, nombrar autoridades provisionales y elegir a los nuevos consejeros por votación popular. Esta elección también tuvo lugar el domingo alrededor de una campaña de voto nulo.

Las cicatrices del “Correísmo” están profundamente arraigadas en los ecuatorianos. Debieron lidiar diez años con la censura, con el odio de clases y con la desinstitucionalización para comenzar a restablecer su confianza en el Estado de Derecho. Correa sigue vivo políticamente —su movimiento ganó consejerías en las elecciones del domingo— pero los ciudadanos ahora son menos influenciables y más sensibles para rechazar los discursos populistas.

Carta sobre el traspaso de mando: ¿transparente u hostil? De Paolo Luers

28 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Parece que todo lo que el presidente electo haga y publique hay que someterlo a un estudio exhaustivo de realidad y mentira.

Veamos: El martes 26 de marzo, Nayib Bukele publicó en Twitter la siguiente denuncia:

“Este día, Cancillería le comunicó a nuestros delegados para el acto de la Toma de Posesión del 1 de junio, que por orden de Casa Presidencial, se suspende toda reunión de coordinación, obviamente por nuestras recientes críticas al gobierno. De continuar esta decisión, sería la primera vez que en la historia moderna del país, que no habría acto de Traspaso de Mando. Ni ARENA trató así al FMLN.”

Si esto ya era tabaco fuerte, su acólito Walter Araujo elevó el tema a crisis nacional que pone al país al borde de la insurrección, con esta publicación en Twitter:

“INAUDITO, si ellos no hacen el traspaso de mando, sería un Golpe de Estado directo, violando la alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia. Si eso se da, no queda más que el pueblo, disuelva la Asamblea Legislativa golpista, usando todos los recursos a su mano. Advertidos.”

¿Cuáles son los hechos detrás de todo este drama? Son totalmente diferentes – y no explican el drama que arman Bukele y Araujo.

18 febrero 2019:
El canciller Carlos Castaneda dirige una carta al Nayib Bukele, informándolo que por ley tiene la responsabilidad de constituir una “Comisión Coordinadora para el Traspaso de Mando Presidencial 2019-2024”, y solicita al presidente electo a nombra a sus representantes en esta entidad.

17 marzo 2019
Mandada esta carta, durante 1 mes no pasa nada. Es hasta el 17 de marzo que Bukele contesta al canciller y nombra a sus delegados: Marcela Rodríguez y Sofía Medina. La última fue gente de comunicaciones de Bukele en la alcaldía de San Salvador y una de as acusadas en el caso “Troll-Center”.

19 marzo 2019:
A solo recibir esta respuesta, cancillería emitió, el 19 de marzo, un acuerdo ejecutivo, formalizando la Comisión Coordinadora, incluyendo a las dos representantes del presidente electo.

21 marzo 2019:
La primera reunión de esta “Comisión Coordinadora para el Traspaso del Mando Presidencial” tuvo lugar en cancillería, el 21 de marzo. Según fuentes del gobierno, fue una sesión informativa, para ver todos os detalles a atender. Se acordó convocar la próxima reunión para el martes 2 de abril. Esta convocatoria nunca fue suspendida, confirma Roberto Lorenzana desde Casa Presidencial.

26 marzo 2019:
El martes 26, de la nada, salió Nayib Bukele con su denuncia que el gobierno no quería realizar el acto de traspaso – y Walter Araujo con su denuncia que no quieren entregar el poder, y por tanto había que preparar la insurrección. ¡Qué manera de anunciar su retiro de una comisión!

¿Así nos van a tener los próximos 5 años, inventando una crisis tras otra: fraudes electorales, golpes de estado, conspiraciones – y llamando al “pueblo” a disolver la Asamblea, el Tribunal Electoral, la Corte Suprema o a sustituir al fiscal general?

En todo esto, tampoco el presidente electo ha nombrado su equipo de transición para recibir los ministerios y autónomas. Parece que no están interesados en una alternancia coordinada y transparente, sino más bien planificando una transición accidentada.

Saludos,

Epílogo

27 marzo 2019, 10.17pm

Epílogo 2

28 marzo 2019, 8.02am

Carta a los tuiteros y facebuqueros: Paremos a las ‘turbas digitales’. De Paolo Luers

26 marzo 2019 / MAS! y EL DIARIO DE HOY

Todos deberían leer la columna titulada “No nos van a callar”, publicada por Erika Saldaña el lunes 25 de marzo en El Diario de Hoy. De su propia experiencia explica el fenómeno de las “turbas digitales” que en las redes sociales atacan a cualquiera que se atreve a expresar crítica pública al líder de Nuevas Ideas y presiente electo Nayib Bukele.

Yo recibo este tipo de ataques diariamente: insultos, mentiras, amenazas. Amenazas de expatriarme, amenazas de muerte, amenazas a mi familia. Siempre he preferido no tomar en serio estos ataques. Siempre he dicho: Para mucha gente frustrada, las redes sociales son una válvula de escape para deshacerse de sus agresiones reprimidas. La gente que nos insulta o amenaza en Twitter, ya no nos va a tirar piedras o balas…

Sigo convencido que para mucha gente, la violencia digital funciona como terapia. Pero solo funciona para individuos. Si la violencia digital es organizada, colectiva y dirigida, ya no sirve como válvula de escape para prevenir violencia real. Por esto es correcto el término que Erika Saldaña usó en su columna: “Turbas digitales”. Ella no fue victima de la agresión de unos locos, sino de un ataque organizado y dirigido. Y así como lo vimos en la violencia en la manifestación contra la Ley de Agua, en estos casos la violencia digital la violencia digital va a la calle, la verbal se hace real. Cuando estamos ante “turbas”, la violencia digital promueve, convoca y prepara la violencia callejera y real contra personas o propiedades.

El fenómeno de las “turbas” se hizo famoso en Centroamérica  mucho antes de que existieran las redes sociales: las “turbas divinas”, que los sandinistas echaron encima a sus adversarios en Nicaragua para controlar sindicatos, universidades, barrios. Hoy estas “turbas” sandinistas las vemos en televisión: grupos civiles armados hasta los dientes, convertidos en escuadrones de la muerte, protegidos por la policía, reprimiendo a estudiantes. En la Venezuela de Maduro se llaman “colectivos” y con total impunidad atacan y asesinan a opositores.

Aquí en El Salvador tuvimos la “Brigada Limón”, encabezada por Mario Belloso, que operaba como grupo de choque del FMLN y sus alcaldías, sobre todo para reprimir protestas de sindicatos municipales. Cuando Mario Belloso, aprovechando una manifestación en frente de la UES, sacó un fusil para matar a sangre fría a dos agentes policiales, la conmoción social fue tan grande en todo el país y en todos los sectores que el FMLN tuvo que desarticular, de una vez por todo, esta su propia versión de las “turbas”.

Fue una muestra que la violencia política no ha tenido espacio en El Salvador desde los Acuerdos de Paz. Y no hay que permitir que esto cambie.

Siempre hemos tenido violencia verbal en las redes. Los partidos y gobiernos han tratado de montarse encima de este fenómeno y dirigirlo contra sus críticos y adversarios. Pero antes de la entrada en escena de Nuevas Ideas, esto había sido un fenómeno marginal, sin mucho impacto. Pero ellos sí han logrado armar en serio y en grande sus “turbas digitales”, y dirigirlos eficientemente – que es la parte más complicada en este tipo de campañas. A veces parecen todos sincronizadas, siguiendo señales y mensajes de algunas cuentas claves, como las de Ernesto Sanabria (@-Brozo)  y Walter Araujo – otras veces operan de forma descentralizada, como “guerrilla cibernética”, como células, por iniciativa propia.

Más importante que el tuit original de Walter Araujo, que da la
señal de ataque, son todas las respuestas e en el hilo

Una vez que la violencia digital tiene este grado de organización, ya no se trata de individuos frustrados deshaciéndose de sus agresiones. Se trata de operaciones intencionales y planificadas de dar muerte civil, intimidar y destruir a adversarios o críticos. Y ya no hay ninguna garantía que la violencia se quede limitada al espacio cibernético. Por lo contrario, en cualquier momento puede traspasarse a la calle, a la realidad, y volverse criminal – sea por ordenes superiores, sea por la inercia propia de una “guerrilla cibernética” o “turba digital”.

Todavía podemos parar las “turbas digitales”, así como entre todos logramos parar a la “Brigada Limón”.

Saludos,

Políticas de teatro. De Cristina López

Este tipo de acoso es parte del show: es para que la audiencia en general tome nota de los costos que acarrea criticar al presidente electo, buscando silenciar a aquellos con menos tolerancia a la toxicidad propia de este tipo de maniobras.

25 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Imagínense por un momento estar en los zapatos de la persona encargada de manejar la cuenta de Twitter oficial de la Policía Nacional Civil el miércoles de la semana pasada. Imagínese, mientras la persona hacía su trabajo, ver que el presidente electo desde al alcance masivo de su propia cuenta de Twitter decide exigirle a al cuerpo policial que libere a dos detenidos. Obviamente, es poco lo que puede hacer al respecto de las exigencias del presidente electo la persona con el rol de “community manager”. Y obviamente, esto es algo que sabe el presidente electo.

Pero eso no importaba. El punto no era abogar por los detenidos (que a mi parecer, fueron víctimas de una detención fue autoritaria y la libertad de expresión incluye la libertad de protestar, pero no es ese el tema de esta columna). El punto de la demanda era el show: parecer que abogaba por los detenidos mientras le tiraba carne roja a su base de seguidores. Difícilmente se le escapa al presidente electo que twitearle a la cuenta del Ministerio Público tiene el mismo efecto para fines prácticos y legales que pagar una deuda con dinero de Monopoly.

Pero el show debía continuar, e inmediatamente, como ballet coreografiado entraron en acción el tipo de mecanismos que anuncian el nivel de desinformación y propaganda que podemos esperar de los próximos cinco años de gobierno: los titulares luminosos de “medios” sin historial o legado de cubrir periodismo del de verdad, presentando al presidente electo como paladín de los derechos humanos (sin aclarar la falta de consecuencia jurídica de que un ciudadano sin la autoridad de darle una orden a la Policía Nacional Civil le envíe un tweet con una orden y con un límite de tiempo para cumplirla), mientras sus seguidores y fanáticos comenzaban a llenar las redes sociales de alabanzas y halagos.

La peor parte de esta rutina vino del rol que juegan los más tóxicos elementos del discurso político salvadoreño, y que se abalanzaron a insultar a las voces racionales que simplemente, señalaban lo obvio: que si había ilegalidad en las capturas, los mecanismos para la liberación de los detenidos no están en Twitter, sino en las autoridades competentes y que por bien intencionado que fuera el tweet del presidente electo y por apasionado que fuera el clamor de sus seguidores, ningún mecanismo legal había sido activado. Por decir algo así, a Erika Saldaña (columnista de este periódico, presidenta del Centro de Estudios Jurídicos y abogada con casi una década de experiencia constitucional desde la Corte Suprema de Justicia) la atacaron vulgarmente los fans del presidente electo, incluido el ex-diputado Walter Araujo, cuyos aportes al discurso político no estarían fuera de lugar en la sección de sol general en el Estadio Cuscatlán.

Este tipo de acoso es parte del show: es para que la audiencia en general tome nota de los costos que acarrea criticar al presidente electo, buscando silenciar a aquellos con menos tolerancia a la toxicidad propia de este tipo de maniobras. No es difícil imaginar que desafortunadamente, cada uno de los elementos de este show se van a repetir constantemente durante la próxima administración, pues al presidente electo le ha sido valiosísimo durante su carrera política, incluyendo administraciones municipales y campañas.

@crislopezg

No nos van a callar. De Erika Saldaña

Ninguna persona tiene derecho a callar a otra.

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

25 marzo 2019 / EL DIARIO DE HOY

La semana pasada, mediante la red social Twitter, cuestioné al presidente electo Nayib Bukele sobre la orden de liberar a dos personas detenidas por la PNC en los disturbios que se dieron en la marcha contra la privatización del agua. Parafraseando mi comentario fue: “Es presidente electo, no presidente que ya está gobernando. Si las capturas son ilegales o no, que lo determinen las autoridades competentes y vigentes”. Hasta ahí. Ninguna ofensa, comentario despectivo y un cuestionamiento razonable en una república democrática. Inmediatamente cayeron las turbas digitales con descalificaciones e insultos.

Uno de los principios fundamentales en cualquier república democrática es la libertad de expresión. A través de ella somos capaces de difundir nuestros pensamientos, críticas y posiciones sobre cualquier tema. Para que seamos capaces de decir lo que queramos han caído imperios, monarquías y dictaduras en todas las latitudes; todos somos iguales y tenemos los mismos derechos. No importa si hay miles de personas cansadas de la opinión de una. Esa una tiene derecho a expresar lo que piensa libremente, esté equivocada o no.

Los que ejercemos nuestro derecho a la libertad de expresión en una red social nos sometemos voluntariamente a los dimes y diretes que se generan ante la diversidad de puntos de vista. Como opinión propia, acertada o no, todas son válidas y todos tenemos derecho a exponerlas. Sin embargo, los intentos de callar o pretender hostigar a alguien por su opinión diferente no caben en una república democrática. Callar es normalizar algo inaceptable.
La respuesta que más ha llamado la atención al comentario que hice de Bukele fue la de uno de los aliados más cercanos del presidente electo, el señor Walter Araujo; literalmente manifestó: “Usted ya cierre su trompa, estamos hartos como pueblo de sus intromisiones políticas. Defensora de privatizadores y arenazis. ¡Metida! Mejor póngase a trabajar”. No es la primera vez que trata de deslegitimar a alguien por pensar distinto a él, a Bukele y a los seguidores de Nuevas Ideas.

En las redes sociales se está construyendo una verdad inapelable, que es la que diga Nayib Bukele y sus simpatizantes. Ir en sentido contrario a ello activa las turbas digitales, los acosos selectivos y produce una avalancha de insultos, desacreditaciones y bullying. Utilizan cualquier cosa para armar una guerra psicológica contra el que tenga una opinión distinta y se atreva a emitirla; amenazan con “sacar trapos al sol”, que en muchas ocasiones no es más que hacer públicas cuestiones reservadas al ámbito personal de cada quien. Hay que señalar que estas estructuras digitales y su forma de operar no son exclusivas de los simpatizantes del presidente electo, también las hemos visto en afines a ARENA y FMLN.

El título de presidente electo no lo convierte en una persona infalible y exenta de cualquier crítica. Aquí vivimos en una república democrática donde todos tenemos derechos, no en una monarquía con un rey entronizado. Si el presidente electo accedió a entrar en la cancha política, él y sus simpatizantes deben estar claros que estará sometido al escrutinio público los cinco años de su presidencia.

En El Salvador hay leyes e instituciones que respetar, y eso nos incluye a todos, ciudadanos y funcionarios. Aunque Nayib Bukele sea el presidente electo, no puede dar órdenes cuando aún no está en funciones; no puede pasar por encima de la autoridad de la PNC y solo con base en sus apreciaciones personales.

Existe una regulación legal sobre las maneras de proceder y un preestablecimiento de las instituciones competentes que se pueden involucrar y determinar si las detenciones fueron legales o no. Sus palabras fueron para liberar a dos estudiantes involucrados en disturbios; mañana puede ser para lo contrario. Este es el riesgo de salirse de las facultades que la Constitución y las leyes otorgan a cada funcionario. Las instituciones están ahí para reducir el margen de arbitrariedad de quienes ostentan el poder. Esa es mi opinión y si alguien no está de acuerdo debatamos sin insultos, sin deslegitimar a una persona por cualquier cosa y sin pretender callarla.

La separación de poderes plasmada en la Constitución es una garantía que esta república no se convertirá en una dictadura o una monarquía. No podemos volver a las épocas donde el presidente era quien elegía funcionarios a su antojo, manejaba instituciones y dirigía todos los poderes del Estado. Así no funciona una república y el presidente electo y sus simpatizantes deberían tenerlo claro.