periodismo

Una oda al periodismo. De Cristina López

En nuestro país, hay tanto que le debemos al periodismo, y a los que, entregados al ejercicio de su vocación, se desvelan en horarios complicados, sacrificando tiempo familiar o mejor paga.

Cristina LópezCristina López, 27 noviembre 2017 / El Diario de Hoy

Para mí, la pasión por el periodismo empezó tempranísimo. No tengo claro si fue culpa de Clark Kent y su cabina telefónica, o de April O’Neal, la audaz reportera neoyorquina cuyas investigaciones la convierten en la mejor amiga humana de las tortugas ninja. Definitivamente, Tintín tuvo mucho que ver: el periodista belga de los cómics de Herge, cuya edad biológicamente indescifrable le permitió por años aventuras que incluían desde llegar a la Luna hasta visitar el fondo del mar, perpetuamente acompañado por su perro Milú.

EDH logSin embargo, ya puesta a decidir qué quería hacer con mi vida, lo del periodismo me dio miedo. No el ejercicio de la profesión, sino la posibilidad de conseguir un empleo teniendo la pluma y la investigación como únicas credenciales. Hice entonces lo que hacemos tantos cobardes con inclinación por las humanidades y estudié derecho, resignada a ver el periodismo de lejos, leyéndolo en vez de escribiéndolo, pero no por eso admirándolo menos. Porque uno de los roles más importantes del periodismo es contarle las costillas al poder, y una de las manifestaciones más obvias del poder se ejerce a través de las políticas públicas, estudié (otra vez cobardemente) políticas públicas: no para ser periodista, sino para entender mejor lo que sale del periodismo.

Sí, por cobardía: porque requiere un grado admirable de valentía ser periodista en los tiempos que estamos viviendo. No solo por el factor de empleo, que siempre es importante y que se ha vuelto un reto en este nuevo mundo globalizado donde la publicidad y las subscripciones ya no pagan los recibos para los medios. Más bien porque para reportar las cosas que importan, el periodista de la actualidad, y específicamente el que ejerce en Latino América, se enfrenta a diario a monstruos espeluznantes: desde las violentas estructuras criminales, a quienes la verdad y la transparencia aterra, hasta estados hostiles, que no quieren que reportes de la realidad pongan en riesgo el ejercicio del poder, así como estructuras informales de poder, anquilosadas en su status quo y aferradas a la manera de ser de las cosas, incomodadas cuando el periodismo cuestiona si la manera de ser de las cosas es también la manera en la que las cosas deberían ser. A veces, preguntar estas cosas pone la vida del periodista en riesgo. A veces, el peligro más benigno es el de equivocarse. Pero no existe el ejercicio del periodismo sin riesgo.

En nuestro país, hay tanto que le debemos al periodismo, y a los que, entregados al ejercicio de su vocación, se desvelan en horarios complicados, sacrificando tiempo familiar o mejor paga.

Y, sin embargo, también falta tanto más: más autocrítica y debate abierto cuando hay errores (como lo que vimos recientemente por parte de los periodistas de El Faro). Hace falta cuestionarse más las maneras en las que los modelos de negocio, tan dependientes de la publicidad, afectan la cobertura imparcial e independiente cuando los sujetos a quienes hay que cubrir son también anunciantes.

Hace falta inculcar más apreciación por parte de las audiencias a los medios, ese que quienes ambicionan el poder político quieren combatir, matando al mensajero cuando no les gusta el mensaje, al grado ridículo de producir sus propias “noticias”, que no son más que propaganda digital, un Photoshop brillante de la realidad diseñado para mantener el poder. Pero esta apreciación es ganada y se va perdiendo cuando los medios se vuelven fábricas de titulares que buscan clicks, o meros portavoces de terceros. Hace falta emprender cierta alfabetización periodística, que permita a las audiencias separar la chatarra de lo nutritivo. Esto no pueden hacerlo solo los periodistas y los medios, ni nosotros, los columnistas (ojo, que no somos periodistas: es triste que cada semana toque aclarar la diferencia a ferocísimos críticos).

También le toca a la sociedad civil, que debe recordar que para combatir los retos más grandes que el país enfrenta, desde abusos de poder, corrupción, desigualdades en general, el periodismo es nuestro mejor aliado.

@crislopezg

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Los sospechosos de siempre y nuestros prejuicios. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 noviembre 2017 / EDH-OBSERVADORES

Las cosas no siempre son tan fáciles como parecen. Inmediatamente después del lamentable asalto a un restaurante en la Escalón, en la noche del viernes pasado, circularon reportes en las redes culpando a los pandilleros de Las Palmas.

La policía, el día siguiente, hizo un operativo grande en Las Palmas, y también el domingo y el lunes hubo investigadores de la PNC y de la FGR en la colonia.

observadorEl periódico digital “El Salvador Times” se atrevió incluso a dar nombres: “Según fuentes de este periódico, los responsables del robo masivo son pandilleros de la 18 Revolucionarios que operan en la comunidad Las Palmas. Esta persona recordó que ‘la mayor parte de la colonia Escalón es dominada por ese grupo’. Entre los delincuentes que se señala como responsables del atraco ocurrido la noche del viernes están los alias ‘Chato’, ‘Tun’, ‘Catracho’, “Calín’, ‘Yipi’ y ‘Coquito’; ‘el Chato’ sería el cabecilla” .

Hice mi propia investigación, para ver si se trata otra vez de la vieja estigmatización de esta colonia, o si hay indicios de que desde ahí se planificó y ejecutó este asalto.

En su operativo masivo en Las Palmas, el sábado 18, la PNC no encontró ningún indicio que vinculara a los pandilleros de la 18 Revolucionarios de Las Palmas con el asalto. Solo fue detenido un muchacho que se negó a desbloquear su celular. Al rato fue liberado.

El lunes fue nuevamente detenido y lo siguen interrogando. En su operatividad en Las Palmas, en tres días la PNC no ha encontrado ningún objeto robado en el restaurante. No me explico de cuáles “fuentes” está hablando El Salvador Times. Todas las fuentes que he consultado en Las Palmas coinciden que no hubo ningún movimiento extraño en la noche del viernes; que nadie está vendiendo celulares en la colonia; y que el único detenido no tiene antecedentes de ningún tipo y no es pandillero. Lo conozco como uno de los promotores de deporte de la colonia. Y ni la PNC ni la Fiscalía han publicado información que vincule a la colonia Las Palmas con el asalto del viernes. Ni siquiera a la pandilla de esta colonia, y tampoco al muchacho que detuvieron.

Otro periodista dijo que le consta que en Las Palmas se están vendiendo celulares robados durante el asalto. Tampoco para esto la PNC ha encontrado elementos de confirmación. Los periodistas que se prestan a difundir estas informaciones, sin ofrecer elementos de prueba, tendrían que explicar en qué “fuentes” basan sus afirmaciones. Por ejemplo la afirmación de una “fuente” de que “la mayor parte de la colonia Escalón es dominada por ese grupo (pandilla 18 Revolucionarios de Las Palmas)”.

Yo he manejado durante 10 años un restaurante en la Escalón y fui cofundador de la Asociación La Escalón. Es absurdo afirmar que la colonia Escalón, con sus cientos de negocios (centros comerciales, edificios de oficinas, hoteles y restaurantes) esté “dominada” por una pandilla. Que hay cierta presencia de pandillas en esta colonia, como en casi todos los lugares de la ciudad y del país, es ampliamente conocido. Pero presentar la colonia Escalón como un territorio bajo control de una pandilla es una irresponsabilidad que demuestra que no estamos hablando de medios serios.

La Escalón es una de las zonas más seguras de la ciudad, y el lamentable asalto que pasó el viernes pasado, es la excepción que confirma la regla. Que estas cosas pueden pasar incluso en la Escalón o en San Benito, no es culpa de las comunidades precarias que conviven con esta zona afluente y pujante. Es resultado de la situación general del país, y de la ausencia de una política de seguridad coherente. Es más, la relación entre la zona residencial y de negocios Escalón/San Benito y las comunidades vecinas, incluyendo Las Palmas, se ha mejorado considerablemente a partir de la labor social de la Asociación La Escalón, las gestiones de la Corporación Zona Rosa, fundaciones como Fundemas y Glasswing, intervenciones de la Casa Tomada del Centro Cultural Español y del apoyo de la AID a los proyectos de inclusión social.

No tiene sentido culpar a estas comunidades de todo lo malo que lamentablemente puede pasar en estas colonias. Por el contrario, hay que superar la estigmatización de las comunidades, haciéndolas partícipe del desarrollo social y económico.

Cualquier banda bien organizada del país, vinculada o no a pandillas, puede armar un operativo criminal como el asalto a un restaurante, en cualquier parte de la capital. Mi restaurante fue asaltado tres veces en los 20 años que lo manejamos, dos veces cuando funcionaba en la colonia San Luis y una vez en la Escalón -y dos veces fue comprobable que los autores eran policías. No digo que esto fue el caso en el asalto del viernes, pero tampoco me digan, sin pruebas, que los culpables viven en las comunidades vecinas.

“Furor del hot”. De Ricardo Avelar

¡Hagamos preguntas difíciles! ¡Incomodemos a los candidatos! ¡Cuestionemos cualquier punto que parezca no tener sentido y contrastemos los discursos con la realidad!

ric avelarRicardo Avelar, 13 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Hace pocas semanas, un medio de comunicación local publicó sobre la actividad de un precandidato presidencial en una playa cercana. El titular del artículo desafortunadamente hacía referencia a que el personaje en cuestión generó “furor del hot”.

EDH logSin ánimo de hacer más leña del árbol caído (pues la peculiar nota y su tristemente célebre titular ya recibieron fuertes críticas), es propio reflexionar sobre el rol que los medios de comunicación estamos jugando en esta campaña electoral, de cara a las legislativas y municipales de 2018 y de cara a las presidenciales del año siguiente, y preguntarnos qué tratamiento deberíamos dar a los candidatos, a sus mensajes y a los partidos políticos en esta ajetreada etapa.

La campaña ya está en todo su furor. Ya están los aspirantes a diferentes cargos públicos repartiendo dulces, abrazos, discursos y promesas por cada lugar al que visitan. Y en cada una de sus apariciones buscan asegurar algún espacio en las páginas de los periódicos o tiempo de aire en radio y televisión.

Creo que mal haríamos como medios, periodistas y editores, si limitamos nuestra cobertura a un simple recuento de apariciones públicas, únicamente describiendo los hechos sin ahondar al menos un poco en su significado y su posible impacto, o sin aprovechar para hacer preguntas de peso a quienes buscan los votos.

También considero que una responsabilidad de la prensa, además de contar qué pasó, es traer luz sobre temas opacos. A veces esto se manifiesta en investigaciones que descubren escándalos en el erario y a veces en explicarle a las audiencias los rincones menos conocidos del poder. Ayudar a ilustrar las dinámicas internas de los partidos políticos, sus posibles pugnas por el poder, alianzas y financistas debería ser una aspiración prioritaria, especialmente en época de campaña, pues ayuda a predecir cómo se comportará alguien si accede al poder.

No debemos dejar que el “furor del hot” de la campaña electoral, la urgencia que provoca la elevada cantidad de eventos y el ruido proselitista nos atormenten e impidan ver nuestra misión principal, que no es sugerirle a las audiencias una u otra opción en particular, sino presentar con sentido crítico –pero sin malas intenciones– las propuestas de todos los aspirantes, sin privilegio a banderas partidarias y con total transparencia.

Hacerlo no solo beneficia a nuestros consumidores, que están más empoderados e informados y eventualmente podrán tomar una mejor decisión si eligen acudir a las urnas. También beneficia la credibilidad y el prestigio de nuestras marcas. Además, equivale a apropiarnos de nuestro papel en una democracia: el fiscalizar las políticas públicas y la oferta de estas.

Humildemente sugiero que repensemos qué papel queremos jugar y nos distanciemos de una cobertura simplista, meramente fáctica y hasta panfletaria o “farandulesca” en ocasiones. ¡Hagamos preguntas difíciles! ¡Incomodemos a los candidatos! ¡Cuestionemos cualquier punto que parezca no tener sentido y contrastemos los discursos con la realidad!

El periodista no está llamado a hacer amigos dentro de la política, sino a ser un muro de contención del entusiasmo basado en lo irreal. Si no jugamos nuestro rol, desprotegemos a las audiencias y dejamos vulnerables a nuestros medios. Bastará un clic para que un lector inconforme encuentre un análisis más sesudo en otro sitio y al perder la credibilidad, pasaremos de un “furor del hot” a un tibio desprecio. Y sí, nos lo habremos ganado.

Finalmente, estimados candidatos, no esperen benevolencia ni excesiva indulgencia en la prensa. Fiscalizar su cobertura, cuidar qué se publica y pretender decirle a un medio por dónde orientar sus notas o cada cuánto revela una pobreza de mensaje y una conducta levemente antidemocrática.

Advierto todo esto con el fin de tener un 2018 y un 2019 menos dolorosos e insoportables. Y si se puede, más dignos.

@docAvelar

10 años de Columna Transversal en El Diario de Hoy. De Paolo Luers

Diez años de contribuir a la transformación de El Diario de Hoy en líder del periodismo de opinión. Aquí reproduzco la primera columna que marcó el rumbo para 10 años de crítica política.

paolo3Paolo Luers, 8 septiembre 2017 / EL DIARIO DE HOY

Este aniversario me llena de orgullo: el 29 de agosto de 2007 salió mi primera columna en El Diario de Hoy: Una advertencia al presidente Saca. Ocho meses más tarde, inauguré, junto con 4 destacados colegas, el Observador Político, con el mismo tema: “Un llamado de atención a ARENA”. Y en enero 2009 salió la primera de las 1331 cartas, esta vez EDH logdedicada a la entonces alcaldesa Violeta Menjívar. La segunda le tocó a Rodrigo Ávila, entonces candidato presidencial. Diez años de contribuir al la transformación de El Diario de Hoy en líder del periodismo de opinión. Aquí reproduzco la primera columna que marcó el rumbo para 10 años de crítica política:

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A Tony Saca le queda poco tiempo

Paolo Lüers, miércoles, 29 de agosto de 2007, El Diario de Hoy

Toda mi vida de periodista he trabajado para que los medios sean plurales. ¿Cómo, entonces, rechazar la oferta de El Diario de Hoy de publicar mi columna? Además, si tuviera la opción de escoger entre escribir para un periódico de derecha o de izquierda –alternativa que aquí no existe, porque no existe periódico de izquierda–, como izquierdoso que soy escogiera el periódico de derecha. Aburre “predicar a los convencidos”.

Defraudaré a quienes esperan que me convierta en otro encargado de asuntos anticomunistas en El Diario de Hoy, o que para este Diario escriba una versión “lite” de mi columna. Haré lo que he sido invitado a hacer: exactamente lo mismo que hice en tres años de Columna Transversal.

A Tony Saca le queda poco tiempo para renunciar a la presidencia de su partido y dejar libre el camino para que ARENA escoja a su fórmula presidencial sin ataduras al liderazgo actual. Si espera demasiado, si se aferra al control del aparato partidario, lo sacarán de cualquier manera y saldrá golpeado. Los que asesoran a Saca no han entendido que ARENA no es un simple partido que sirve para ejecutar las políticas de sus afiliados. ARENA es más bien la empresa de mercadeo político-electoral donde uno se afilia y suda la camiseta para ejecutar las políticas emanadas de las concertaciones dentro del poder económico del país y entre este y otros poderes, sean ellos Washington o la oposición política interna. Así como los integrantes de la junta de accionistas de una compañía cuidan celosamente que los directores que han puesto a dirigir la empresa no se escapen de su control, así la junta de accionistas de El Salvador S.A. de C.V., la empresa popularmente conocida como ARENA.

Quienes desde Casa Presidencial insisten en escoger al próximo inquilino, olvidándose de que la casa no es suya y que el poder político, por definición, es transitorio y prestado, no tanto en el Estado (porque todavía no funciona la alternabilidad entre partidos), pero definitivamente en ARENA (donde internamente sí funciona la alternabilidad), ponen en peligro su propia sobrevivencia política.

A Tony Saca le queda poco tiempo para limpiar su casa antes de que otros se encarguen de hacerlo. Las renuncias, primero de su ministro de Hacienda, Guillermo López Suárez, y ahora de Eduardo Zablah, su jefe de gabinete, ponen el dedo en una llaga que, aunque en público nadie lo dice, todos saben que se llama corrupción. Ya David Gutiérrez tuvo que irse porque otros, no el presidente, golpearon la mesa y amenazaron exponer el robo en el MOP. Eduardo Zablah, el hombre más importante del gabinete de Saca, golpeó la mesa, varias veces. Sin embargo, se tuvo que ir él mismo, no los señalados. Igual suerte ya había corrido Guillermo López. En los dos casos, el presidente no respaldó a los hombres que hicieron funcionar su gobierno, sino a los que lo están corrompiendo.

Los dos temas –entregar la dirección del partido y limpiar la casa– están entrelazados. Alrededor del presidente hay quienes necesitan que el próximo jefe de partido y gobierno sea chero de ellos para armarse de inmunidad contra investigaciones y acciones legales.

Tony Saca, si quiere salvar su presidencia, su nombre y su futura influencia, tiene que actuar rápido y decidido, abriendo espacio a la democracia interna en su partido y limpiando su casa. Tiene que decidirse de ser él quien golpee la mesa antes de que lo hagan otros y posiblemente la volteen.

Todo esto hubieran tenido que decirle al presidente los empresarios en aquella cena en la casa de uno de ellos. Lastimosamente, no lo hicieron.
No en la cara, por lo menos.

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Como todos sabemos, Tony Saca no me hizo caso. No hizo caso a los muchos que estaban preocupados por su afán de preservar el poder. ARENA entró en su más profunda crisis, perdió el poder y todavía no ha logrado recuperar la confianza de la ciudadanía. Este tema nos va a acompañar en muchas columnas más.

No hemos aprendido de El Salvador de los 80. De Cristina López

Con la misma facilidad con la que en la actualidad las células policiales de exterminio montan “enfrentamientos” que no hubo y escenas criminales ficticias, mañana pueden acusarle a usted de ser pandillero, sin prueba alguna.

Cristina LópezCristina López, 28 aogosto 2017 / EL DIARIO DE HOY

Escuadrones de la muerte a sueldo del Estado. Presunción de culpabilidad para un grupo entero de la población. Impunidad absoluta. Resulta que este escenario, tan propio de El Salvador de los Ochenta con sus escuadrones de la muerte y sus ejecuciones sumarias, es también propio de El Salvador de hoy, de ayer y de El Salvador del futuro a menos que le exijamos al gobierno que tome responsabilidad del asunto.

EDH logUn reportaje de la Revista Factum reveló la existencia y modus operandi de células dentro de la estructura de la FES ( la fuerza especial de la PNC encargada de lidiar con la criminalidad de las pandillas) que no solo operan al margen de la ley, sino que lo hacen de maneras cínicamente públicas difundiendo en las redes sociales sus “hazañas” de exterminio de pandilleros, azuzados por el apoyo de quienes se han dejado deshumanizar tanto que ven en sus actos heroísmo y no cobardía.

Factum describe con lujo de detalles las pruebas obtenidas, muestra evidencia de lo que por mucho tiempo solo eran sospechas, dejando claro que para ciertos agentes policiales los derechos constitucionales como el debido proceso, la presunción de inocencia y el derecho a la vida son meramente opcionales.

Lo más desgarrador del reportaje de Factum no solo fueron los hechos descubiertos, sino una parte importante de las reacciones en las redes sociales. Es alarmante la cantidad de personas que acusaron a los periodistas de Factum de estar defendiendo pandilleros, y con su reportaje, de estar atacando a los pobres policías exponiéndose para mantener la ley y el orden. Como si los derechos constitucionales fueran algo relativo, que solo nos aplica a algunos. Como si las democracias modernas y las repúblicas operaran con base en el rudimentario principio del “ojo por ojo, diente por diente”. Como si las mismas circunstancias que hicieron atroz el conflicto armado de los Ochenta ahora permitieran relativismos.

Como si denunciar el abuso policial implicara “defender” el crimen. Como si fuera imposible analizar realidades complejas en las que más de una cosa puede ser cierta al mismo tiempo: que los crímenes de las pandillas son un flagelo que hace dificilísima la vida para la ciudadanía, y que la policía, precisamente debido a que ejecutan el monopolio de la fuerza, no debería operar como clica pandilleril.

Si los actos de las pandillas son horrorosos e ilegales, ¿cómo se puede argumentar que los mismos actos son válidos cuando los perpetran sujetos uniformados y pagados con fondos estatales?

Excusar la brutalidad policial y la violación de la ley en que las pandillas “se han ganado” un trato inhumano es un arma de doble filo, pues esta erosión del Estado de Derecho y de los derechos procesales individuales nos afecta a todos, pandilleros o no. Con la misma facilidad con la que en la actualidad las células policiales de exterminio montan “enfrentamientos” que no hubo y escenas criminales ficticias, mañana pueden acusarle a usted de ser pandillero, sin prueba alguna e ignorando absolutamente el derecho constitucional de la presunción de inocencia. Dirán que era una rata más.

Es triste que esto sea aún materia de debate, pero los derechos humanos no son algo que se “merece”, sino algo que se goza por el hecho de ser persona. No son de aplicación relativa. En teoría, constituyen la razón de ser de nuestro Estado según nuestra Constitución. En el momento en que el miedo y rabia que nos han causado el asedio constante de la criminalidad nos lleva a relativizar los principios de nuestra Constitución, cuya tendencia pro-vida ensalzamos en otro tipo de debates, no somos mejores que los criminales que decimos rechazar.

@crislopezg

Civil. De Christian Villalta

La noción de los abusos de autoridad en aras de la seguridad pública ha sido fácil de digerir por la ciudadanía.

CRISTIAN VILLALTA

Christian Villalta, director de El Gráfico

Christian Villalta, 27 agosto 2017 / LA PRENSA GRAFICA

Mucho del mejor periodismo que hay en el país valientemente ha denunciado ejecuciones, intimidación y violaciones al debido proceso; nadie se ha sorprendido. Las reacciones a esa terrible verdad sobre nuestra Policía oscilan entre una disimulada indignación y un nada disimulado entusiasmo.

Esa apatía sobre el tema, y ni qué decir de la fruición con la que muchos compatriotas leen sobre las ejecuciones y los vejámenes es mérito comunicacional del Estado, que a través de sus sucesivos administradores vendió a la violencia como panacea para la violencia.

LPGLos funcionarios, desde Francisco Flores hasta Sánchez Cerén, fueron construyendo esa narrativa en cámara lenta, y en la medida que la realidad fue arrojando más agentes y soldados asesinados, el discurso se fue simplificando, admitiendo menos palabras, hasta reducir conceptos como hábeas corpus, presunción de inocencia o término de la detención a meros eufemismos.

Si en nuestro país aún quedan demócratas, este curso de la historia no puede considerarse sino una derrota. Apenas un cuarto de siglo después del informe de la Comisión de la Verdad, que estableció con meridiana precisión el rol jugado por los cuerpos de seguridad en la instalación del terror como política del régimen militar, no se percibe en nuestra sociedad una preocupación por la garantía irrestricta a los derechos humanos.

Todo el siglo pasado, generaciones de salvadoreños nos resignamos a un modo de vida al margen de los principios del Estado de derecho. Los acuerdos de paz marcan el reconocimiento nacional de ese estatus natural como uno anómalo y perverso, y la necesidad de reandar la historia. Y en ese proceso se decide acabar con el dominio militar y crear una Policía que no se pareciera en nada a “la Policía”.

Por eso es que de los ocho códigos de conducta de los agentes establecidos como obligatorios en la Ley Orgánica de la Policía Nacional Civil, dos tienen que ver con el respeto a los detenidos y la prohibición de la tortura. Por eso, en el acto mismo de su fundación, se le ordena actuar “con estricto apego a los derechos humanos”.

Hace 10 meses, el vicepresidente de la República, cuyas declaraciones en materia de seguridad nunca deben tomarse a la ligera toda vez que es el “kingpin” anticrimen de esta administración, decía al hablar de las Fuerzas Especializadas de El Salvador: “Ojalá, primero Dios, y por el bien de la patria, en un futuro no se cuestione la estrategia, porque si no hacemos lo que tenemos que hacer ahora con el apoyo del país de seguro habremos comprometido el futuro de nuestros hijos y nietos”.

Como él, muchos otros funcionarios aluden a unos deberes crípticos, a “hacer lo que hay que hacer”, a una tarea que se asume con pesadumbre. Es una manera hipócrita de referirse a la militarización de la seguridad pública y al debilitamiento de las garantías constitucionales al que los ciudadanos estamos expuestos cuando las fuerzas élite entran al campo de acción.

Los familiares del personal de seguridad asesinado en cumplimiento de su deber merecen todo nuestro respeto y solidaridad, así como un acompañamiento del Estado que vaya más allá de los dobleces del Dios, Unión, Libertad. Mas la reflexión a la que los salvadoreños estamos obligados hoy no es solo a que estamos perdiendo policías como efectivos de una guerra no declarada; estamos perdiendo a la Policía.

Si con la justificación de una cruzada antipandillas aceptamos que los agentes actúen al margen de la ley habremos perdido todos, y la Policía Nacional Civil lo habrá perdido todo.

 

Carta a los periodistas: Zanahoria y garrote. De Paolo Luers

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Paolo Luers, 1 agosto 2017 / MAS! y EDH

Colegas:
Escribo estas líneas el Día del Periodista – el día que un montón de enemigos de la libertad de expresión nos felicitan con mensajes hipócritas. Con excepción del día de rendición de cuentas del gobierno ante la Asamblea, el 31 de julio es el día que más mentira se difunde. Hasta los funcionarios oficiales encargados de la mentira, como Marcos Rodríguez y Eugenio Chicas, nos felicitan, cuando el resto del año tratan de impedir, manipular, amedrentar -y a veces comprometer con dádivas- el ejercicio libre del periodismo.

EDH logNo lo he visto todavía, pero estoy seguro que el empresario publicista encargado de comunicaciones de ARENA está preparando un comunicado cursi sobre la libertad de expresión, la misma que se dedica a limitar dentro de su partido.

Los dueños del poder siempre nos quieren amedrentar a los periodistas para que nos supeditemos a sus diseños. A veces tratando de comprarnos, a veces amenazándonos. Con zanahoria y garrote se domestica al burro.

masLamentablemente, en nuestra profesión sigue habiendo burros. Cada vez menos, por suerte. Oficialmente ha desaparecido la práctica de las mentas, los tradicionales sobresueldos que en Casa Presidencial y otras oficinas (no solo del gobierno) pagaban a periodistas, editores y entrevistadores. ¿Ha desaparecido de verdad esta práctica? ¿Y los que estaban en planilla de Tony Saca y Mauricio Funes, se auto purificaron?

Año con año, las universidades gradúan mucho más comunicadores que los medios profesionales pueden absorber. Entonces, aceptan trabajos en oficinas estatales, algunas abiertamente opuestas incluso a la más flexible interpretación de ética y profesionalismo del periodismo, como Transparencia Activa, Radio Nacional, TV de El Salvador, AvancES; otros en las docenas de equipos de fake news disfrazados de medios digitales, montados por partidos, por la Alcaldía de San Salvador, por Casa Presidencial y por algunos empresarios que quieren limpiar sus negocios y nombres…

Los que aceptan estos empleos, tienen que saber que su trabajo nada tiene que ver con periodismo. Por supuesto que la libertad de expresión es válida para ellos, incluso cuando la abusen para manipular, desinformar y difamar – pero que no traten de pasar por periodistas. No son nuestros colegas, son tóxicos para nuestra profesión.

Los periodistas tenemos un compromiso con la ética profesional. Como cualquier profesional, tenemos el derecho de equivocarnos, pero nunca de vendernos a intereses ajenos a nuestra profesión. Esto incluso nos obliga a luchar, dentro de los medios que nos emplean, por nuestra independencia y contra la censura.

¿Estamos seguros que dentro de nuestro gremio -entre los reporteros, editores, columnistas, directores de medios, entrevistadores- han desaparecido la corrupción, la censura, la autocensura, las lealtades falsas con poderes externos (y opuestos) al periodismo? Yo no estoy seguro.

¿Estamos seguros que en nuestros medios podemos ejercer el periodismo crítico e investigativo, sea quien sea el afectado, y sin que nos inhiban las relaciones económicas o políticas que tenga con el medio? Tampoco estoy tan seguro.

Podemos afirmar con orgullo que el periodismo salvadoreño ha avanzado. Hay más pluralismo, más periodismo investigativo, más espacio para crítica y debate que nunca.
Pero no hay razones para bajar la guardia. Todavía la frontera entre periodismo y comunicación oficial es difusa, y hay puertas giratorias entre ambos. Además, es fácil tener medios críticos teniendo gobiernos tan desastrosos como nos están tocando ahora, y que además no son socios naturales de los empresarios mediáticos. La prueba de profesionalidad, la ética, el coraje y la independencia la enfrentaremos con el cambio de gobierno en el 2019. Ahí veremos de qué estamos hechos los periodistas.

Con todos estos peros: ¡Feliz Día del Periodista!

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