MUD

La miseria del abstencionismo venezolano. De Fernando Mires

Revive el debate sobre participar o no en las elecciones presidenciales convocadas por Maduro. La MUD, la coordinadora de los partidos de oposición, no inscribió candidato. Pero ante el hecho que uno de sus dirigentes, el ex gobernador de Lara Henri Falcón, decidió postularse, y ante el creciente apoyo que esta candidatura tiene en la ciudadanía, los partidos opositores y sus líderes se ven ante la disyuntiva de apoyar a Falcón no llamar a no votar. En este debate interviene Fernando Mires, politólogo chileno de mucha incidencia en los sectores opositores de Venezuela. Y lo hace en TalCual, el periódico fundado por Teodoro Petkoff, quien fue el principal crítico de la decisión de la oposición de retirarse de las elecciones parlamentarias del 2005, dejando a Hugo Chávez una Asamblea Nacional sin oposición. El debate sobre esta estrategia abstencionista llevó poco después a la creación de la MUD y de una nueva estrategia que llevó a la oposición a Hugo Chávez en el referéndum sobre la constitución socialista, y en 2015 a ganar una mayoría aplastante en la Asamblea Nacional.

Segunda Vuelta

Fernando Mires, 6 abril 2018 / TalCual

La abstención es y será acompañante en todos los países donde tienen lugar elecciones. Más todavía hoy, cuando los “partidos históricos” –conservadores, liberales y socialistas– ya no son portadores de los ideales e intereses que llegaron a representar a lo largo del siglo XX. No obstante, cuando aparece uno de esos momentos en los cuales en un proceso electoral se juega el destino de una nación –elegir entre un candidato fascista y otro democrático, por ejemplo– las fuerzas políticas se tensan y la abstención tiende a disminuir. Lo hemos visto recientemente en las segundas vueltas de las elecciones europeas. Podríamos decir entonces que en situaciones de débil polarización la abstención aumenta y en situaciones de fuerte polarización (cuando las opciones no dejan lugar a ningún tercero) la abstención disminuye. No es el caso de Venezuela.

Venezuela parece ser una excepción a la regla. En pocos países del mundo existe una polarización política tan extrema como la que se da bajo el régimen de Maduro. Pero a la vez, en pocos la abstención juega un papel tan decisivo. Más todavía: a diferencia de la abstención marcada por el desinterés o desidia, la venezolana es militante. La dictadura lo sabe. Sabe también que en esa abstención reside una de las razones de su supervivencia y por eso mismo la fomenta y la impulsa.

Desde el comienzo del chavismo existe, se quiera o no, una sincronía objetiva entre el abstencionismo y el régimen. Esa es y ha sido la razón principal de la larga existencia del chavismo. El mismo Chávez fue hijo putativo de la abstención.

El abstencionismo venezolano es estructural. En su interior existe, como en toda estructura, un núcleo duro formado por ideólogos y militantes. Se trata de un patriciado sociocultural de remoto (y dudoso) pasado aristocrático. Para ese núcleo la política no es el lugar del compromiso ni de la negociación sino de los símbolos. El ideal de gobierno al que aspira podrá ser republicano, más nunca democrático. El pueblo es para ellos una masa a disposición de grandes líderes, carece de racionalidad y está destinado a seguir consignas luminosas.

El discurso autoritario y anti-electoral de María Corina Machado es prototípico. No las estrategias sino la pureza de la moral decidirán el curso de la historia. No los argumentos, sino el grito o la pose heroica serán decisivos. No los diálogos, no la polémica, no el debate y por lo mismo, no las elecciones, son para ellos los ejes de la política. De hecho desprecian a las elecciones porque como las minorías elitarias que son, desprecian a las mayorías. Esos sectores existen a lo largo y ancho de todo el continente, pero en Venezuela, de modo exacerbado.

El problema más grave es que, siendo los miembros de la abstención militante una extrema minoría, logran cada cierto tiempo ejercer hegemonía sobre todo el campo de la oposición. Se comprueba así una vez más que las ideas, costumbres y modas de los grupos socialmente (ojo: no económicamente) dominantes operan con efecto transmisor sobre todo el contexto social de una nación, hasta el punto que, algunos por arribismo, otros por sumisión, o como un simple reflejo, terminan sometidos a los dictados de esas minorías. Esos grupos hegemonizaron a la oposición hasta la capitulación electoral impulsada el año 2005. Pero a partir del 2006, con la candidatura de Rosales, el triunfo en el plebiscito del 2007, la campaña electoral de Capriles del 2013, y el magnífico triunfo del 6D en el 2015- la hegemonía antipolítica fue sustituida por una conducción política representada por los partidos de la MUD. Desde ese momento la oposición emprendió un curso políticamente ascendente y en medio de fragosas batallas electorales consagró sus cuatro puntos cardinales: electoral, constitucional, pacífica y democrática.

No obstante, los grupos elitarios unificados hoy en Soy Venezuela nunca se han dado por vencidos. De hecho intentaron retomar la conducción mediante la llamada Salida del 2014. Durante las luchas revocatorias del 2015, originariamente surgidas en defensa de la AN, hicieron desaparecer la alternativa electoral de la cual el revocatorio debía ser su impulsor. Las grandes movilizaciones del 2017, también surgidas en defensa de la AN –originariamente democrática y popular, masiva y festiva– fueron usurpadas por comandos juveniles luchando con escudos de cartón en contra de fuerzas entrenadas como bestias para el ejercicio de la represión. En todos esas situaciones Maduro logró imponer la línea militar –incluso a sangre y fuego– por sobre la línea política. En todas ellas, también, la línea insurreccional de la oposición abstencionista secundó –objetivamente- los propósitos del madurismo.

La historia de la oposición, desde 2006 hasta ahora, ha estado marcada por dos luchas. Una externa en contra del régimen y otra interna por la hegemonía y conducción. Durante el primer trimestre del 2018, el capitulacionismo abstencionista ha conquistado nuevamente la hegemonía y la conducción de la oposición. Precisamente en los momentos en los cuales el régimen ha llegado a sus puntos más bajos de aprobación, en medio de la crisis económica más catastrófica que haya padecido algún país latinoamericano, cuando había llegado la hora para aplicar el golpe electoral decisivo, el del jaque mate, la oposición ha retrocedido a los momentos más antipolíticos de su historia. ¿Cómo pudo llegarse a esta situación?

Mibelis Acevedo ha descrito en un magistral artículo como las fuerzas de la inercia (Thanatos) pueden lograr vencer a las de la existencia (Eros) De acuerdo a la metapsicología de Freud –quién explicó por qué hay seres humanos que no pueden alcanzar la felicidad y mucho menos el éxito cuando están a punto de lograrlo– ese parece ser un hecho evidente. Desde el punto de vista historiográfico, debemos, sin embargo, remitirnos a los antecedentes más cercanos. Ellos tuvieron lugar en las fracasadas conversaciones de República Dominicana cuando, como era de esperarse (repito, como era de esperarse) el régimen no aceptó las condiciones solicitadas por la MUD. La MUD se vio así enfrentada a dos alternativas: o no presentarse a elecciones (era precisamente la que buscaba Maduro) o presentarse levantado una candidatura única para denunciar ante la ciudadanía y el mundo los fraudes cometidos y por cometer.

¿Por qué la MUD eligió la alternativa más deseada por Maduro? Hay dos posibilidades. La primera, porque subordinó la política nacional a una mítica “comunidad internacional” representada por el Grupo de Lima que, en su intento por apoyar a la oposición, declaró que no iban a reconocer los resultados de las elecciones. La segunda – parece ser la más evidente- fue que los partidos de la MUD no estaban en condiciones de lograr consenso en torno a un candidato único. Pues si lo hubiera tenido –como clamó con insistencia Capriles– habrían asistido a Santo Domingo en nombre de una candidatura ya configurada. En ese sentido la declaración del Grupo de Lima no habría sido más que una coartada que permitió a la MUD disimular su falta de cohesión interna. Si esa fue la razón –y al parecer, esa fu– la MUD ha cometido un acto de enorme irresponsabilidad, a saber, el de subordinar la suerte de toda una nación a sus intereses partidarios.

No hay en efecto ninguna contradicción entre participar en elecciones y solicitar y recibir apoyo externo. Todo lo contrario, sin elecciones, la comunidad internacional no tiene a nada que apoyar.

Lo cierto fue que al decidir no acudir a las elecciones, la MUD rompió con su línea electoral sin ofrecer ninguna otra alternativa. Los resultados de esa ruptura los tenemos a la vista. Después de la fundación de un Frente Amplio cuyo sentido solo podía ser actuar en el marco de una estrategia electoral, la oposición no electoral se encuentra paralizada, sin alternativa, librada a su propia anomia: una verdadera catástrofe. Para repetir una opinión ya vertida, entre las elecciones y la nada, la MUD eligió a la nada.

Desde el momento en que la MUD eligió a la inacción como política. aparecieron en Venezuela dos abstencionismos: el originario, representado por la señora Machado –quien, sin darse cuenta ha logrado hegemonizar al conjunto político opositor– y el de los más fieles seguidores de la MUD quienes sin argumentos atinan solo a repetir casi textualmente las palabras de la líder extremista. No se trata, claro está, que el propósito de la MUD haya sido convertir a sus seguidores en abstencionistas radicales. Pero sí fue la ausencia política de la MUD la razón que permitió que en los terrenos abandonados por ella penetrara el abstencionismo maricorinista.

La diferencia entre los dos abstencionismos es que el primero siempre ha sido abstencionista y el segundo lo será para siempre pues, si Maduro logra un triunfo el 20 de mayo, no habrá más elecciones en Venezuela. La semejanza entre los dos abstencionismos es que para ambos la candidatura de Falcón parece ser el enemigo principal y la dictadura de Maduro el enemigo secundario. La paradoja es que en estos momentos es Falcón y no la MUD quien representa la línea política de la MUD.

La MUD ha roto la línea electoral de la MUD,
y si sus representantes más esclarecidos no advierten
el peligro en cierne, la suerte está sellada, no solo para
MUD/FA sino para toda Venezuela. Esa es la tragedia.
Esa es, también, la miseria del abstencionismo venezolano

Votar es colaborar, dicen los machadistas. Votar es legitimar a la dictadura, repiten los abstencionistas de segunda hora. Votar no es elegir, dicen los primeros. Votar no es elegir, repiten los segundos (sin darse cuenta de que para elegir hay que votar) Hay que pasar a la desobediencia civil, gritan los primeros. Hay que pasar a la abstención activa (¡!) corean los segundos. Votaremos solo después de que caiga Maduro, arguyen los primeros. Si Maduro no nos da las condiciones (para que pierda Maduro) no votaremos, es la versión algo light de los segundos. La dictadura no cae con votos, plantean los primeros. Estas no son elecciones, sostienen los segundos. Solo una invasión puede salvarnos, dictaminan los primeros. Solo la comunidad internacional nos dará elecciones libres, es la versión de los segundos. Falcón es un títere de Maduro, señalan los primeros. Falcón consolida a Maduro, completan los segundos. Las diferencias entre los dos abstencionismos son cada vez más leves, más tenues, más próximas. Y eso es solo culpa de la MUD. Nada más que de la MUD.

Es importante repetir. Falcón no rompió con la MUD. Falcón solo rompió con una decisión intempestiva de la MUD. La MUD rompió con la línea política de la MUD. Falcón en cambio continúa la línea electoral de la MUD pues la MUD es electoral y no puede ser más que electoral. No sabe, no puede y no debe hacer otra cosa que participar en elecciones. La MUD es una coalición electoral y muy poco más.

La candidatura de Falcón y la MUD, sin embargo, se necesitan mutuamente. Falcón necesita a la MUD para lograr una mayoría y dar origen y forma a un gobierno de transición a la democracia. La MUD, a su vez, necesita de Falcón para que la saque del marasmo a que la condujo su aventurero viraje abstencionista. Eso lo saben los principales dirigentes de la MUD, aunque no lo digan. Eso lo sabe también la candidatura de Falcón.

Ha llegado la hora en la que los políticos democráticos de Venezuela deberán saltar sobre sus propias sombras. El muy lúcido Simón García lo ha dicho más claro que nadie. “El régimen está acelerando su mutación del autoritarismo al totalitarismo. Es una de las advertencias del Observatorio Electoral nacional: cada elección es más restrictiva que la anterior. El gobierno se prepara, con un paso hacia atrás y dos hacia adelante, para un período especial con relaciones comerciales restringidas y la liquidación absoluta de las formalidades democráticas. Mayo puede ser la última coyuntura electoral, antes de consolidar aquí el modelo comunista cubano: con el hambre sofocando la lucha por la libertad“.

Faltan cinco minutos para las 12.

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La oposición venezolana: entre las elecciones y la nada. De Fernando Mires

El politólogo y historiador chileno Fernando Mires, catedrático en la Universidad de Oldenburg en Alemania, es una de las voces muy escuchadas en el debate dentro de la oposición venezolana. Publicamos aquí su opinión crítica sobre la decisión de la Mesa de la Unidad Democrática de postular candidato a la elección presidencial de mayo 2018. La publica en TalCual, periódico fundado por Teodoro Petkoff, quien fue un ácido crítico de la decisión de la oposición de no participar en las elecciones legislativas del 2005.

Segunda Vuelta

Henri Falcon, el único opositor que se postuló como candidato a la presidencia en las elecciones de mayo 2018

Fernando Mires, 21 marzo 2018 / TalCual

¿Cuándo se jodió la oposición venezolana?

La pregunta de impronta vargallocista–si es verdad que se ha “jodido” la oposición- deberá ser materia de discusión historiográfica cuando llege el momento de ajustar causas y efectos, antecedentes y hechos. Pero para ese momento falta todavía.

Algunos dirán, la oposición “se jodió” cuando no supo capitalizar políticamente su gran triunfo del 6-D. Otros dirán, cuando las luchas por el R16 no fueron combinadas con el tema de las siguientes elecciones. Otros agregarán, cuando las grandes movilizaciones del 2017 nacidas en defensa de la AN y por la exigencia de elecciones regionales fueron sobrepasadas por grupos de insurrectos desarmados combatiendo con piedras en contra de un ejército profesional. ¿O fue cuándo la oposición regaló las elecciones regionales y municipales? Y así sucesivamente.

¿Cuándo se jodió la oposición venezolana? Esa es también una pregunta sobre “la causa”. Pero quienes hemos entendido la provocadora tesis de Hannah Arendt “las causas no existen”, sabemos que las causas no crean a los hechos sino los hechos a sus (supuestas) causas. Es en ese que sentido la “causa” como tal, no existe. Lo que existe son diversos momentos que, combinados unos con otros, pueden ser reconstruidos como parte de un proceso. Visto así, podríamos decir que la oposición venezolana ha optado por “joderse” a sí misma en diversos momentos de su historia. Pero en otros no lo ha hecho.

¿Cuándo ha tenido y cuándo no ha tenido éxito la oposición venezolana? La respuesta parece ser simple: todos los éxitos de la oposición –desde el plebiscito que derrotó a Chávez el 2007, pasando por la victoria electoral robada a Capriles el 2013, hasta llegar al grandioso 6-D del 2015, han sido electorales. Y los éxitos de la oposición han sido electorales porque la oposición es por naturaleza electoral. No puede, no sabe, y por lo mismo, no debe hacer otra cosa que, o acudir a las elecciones o luchar por las elecciones desde dentro de las elecciones, aún en las condiciones más fraudulentas -¿qué otra cosa cabe esperar de elecciones bajo una dictadura?-.

Sin elecciones no hay ruta, sin ruta no hay oposición. Pero hoy la oposición ha abandonado la ruta. La única que tiene. Hoy se encuentra otra vez frente a la misma disyuntiva de siempre: la de optar entre las elecciones y la nada.

Como ocurrió el nefasto año 2005, la oposición, aún siendo mayoritaria, ha decidido batirse en retirada. Sin embargo, como alternativa de segundo orden, como si fuera una “astucia de la historia”, ha aparecido en la escena pública la candidatura de Henri Falcón. El ex disidente chavista ha disentido de la MUD y con ello del resto de la oposición. Así, Falcón surge como la única alternativa electoral frente a Maduro.

La oposición se encuentra tri-vidida: a un lado del triángulo, los inmaculados que jamás votarán mientras exista dictadura, al otro los que quieren votar pero no lo harán bajo las condiciones impuestas por la dictadura (y que la dictadura, por supuesto, no cambiará) y en el tercer lado, los que votarán por el doble disidente Falcón. ¿Cómo llegó la MUD a encerrarse a sí misma en este laberinto? Reconstruyamos:

Para no hundirnos en las causas más profundas de la historia universal, partamos de los antecedentes más cercanos. Y el más cercano de todos se encuentra en las negociaciones que tuvieron lugar en la República Dominicana. Allí, como es sabido, el tema central fue el de las elecciones. En especial, la fecha y las condiciones electorales. Como también es sabido, los representantes de la MUD lograron ganar una batalla simbólica pues fue la dictadura y no la MUD la que dio la patada final a la mesa.

La MUD se encontró así frente a dos alternativas. La primera: no ir a las elecciones si Maduro no cambiaba las condiciones. La segunda: ir a las elecciones a luchar por mejores condiciones, con posibilidades de perder pero también de denunciar públicamente el fraude convirtiendo a la campaña electoral en un movimiento democrático con fuerte reconocimiento internacional.

¿Por qué la MUD eligió la primera alternativa? Los argumentos no pueden ser más incoherentes. Aducir que votar significa legitimar a la dictadura es un absurdo pues por definición toda dictadura es ilegítima. ¿Acoplarse a las declaraciones de una mítica “comunidad internacional” cuyos miembros -Grupo de Lima, por ejemplo- no se reúnen más de una vez al mes? Eso habría significado, además, delegar la conducción política a terceros. ¿No concurrir porque los únicos líderes de renombre se encuentran presos o inhabilitados? Puede ser. Pero para nadie es un misterio que dentro de los partidos de la MUD hay muchas personas -entre ellos el propio Falcón- en condiciones de ejercer liderazgo. ¿O no saber ponerse de acuerdo en torno a un nombre porque había muchos nombres? Imposible responder a esa pregunta. La respuesta solo la conocen esos nombres. Lo cierto es que, al no aceptar participar en las elecciones –tan fraudulentas como todas las habidas bajo Maduro- la MUD, no Falcón, se apartó de su camino. La MUD y no Falcón se apartó de su historia.

No fue Falcón, fue la MUD la que rompió con su línea política. Más todavía, Falcón va como candidato en representación de la línea política de la MUD mientras la MUD representa –aunque sea momentáneamente- la línea del abstencionismo radical, la de los puristas e inmaculados, la de los que conciben a la política como una simple suma de actos testimoniales, la de los que sueñan con la invasión marciana. ¿Y el golpe? Mientras no suceda un golpe no hay golpe. Ninguna línea política puede ser trazada sobre la base de hipótesis.

Falcón no ha traicionado a la línea política de la MUD porque, aparte de la línea electoral, la MUD no ha tenido jamás otra línea política. El recién formado Frente Amplio es una gran institución, pero no puede sustituir a una línea política. Puede sí llegar a ser un poderoso instrumento electoral en función de una línea política. Sin participación electoral, ese Frente Amplio está destinado a constituirse en una organización simbólica, o en un lugar donde se reúnen entre sí los dirigentes y activistas de una oposición desconectada del mundo. Pues sin elecciones la línea política de la MUD es nada y a la nada no se puede seguir, simplemente porque es nada.

De modo paradojal, el mejor representante de la línea política de la MUD es en estos momentos el propio Falcón. Pues Falcón, dicho en breve, hizo lo que debe hacer un político cuando no acata una decisión errada: disintió. Y si disentir en un ejército es una falta grave, en una organización política es, en determinados momentos, una obligación. La unidad por la unidad no es un sacramento político. Sin disenso no hay política. Y si la unidad disintió de su línea, Falcón disintió de la unidad.

Por cierto, la apuesta de Falcón es altamente riesgosa. Gracias a ella se expone al descrédito. La enorme suma de agravios, infundios y calumnias hacia su persona no solo provienen de la fracción inmaculada del maricorinismo. La intolerancia y el fanatismo son, evidentemente, parte de la herencia cultural de América Latina. Pero por otro lado, parece estar claro que Falcón ha abierto un nuevo espacio político de acción. Como pocos dentro de la unidad opositora, Falcón está en condiciones de interpelar a diversos sectores del chavismo descontento. Él probablemente sabe que su biografía –tan criticada por muchos– puede llegar a ser un plus para cuando llegue el momento de la necesaria transición. Más todavía, Falcón parece entender que su campaña electoral podría ser, aún perdiendo, el inicio de esa transición. Quizás esa es la razón por la cual los principales dirigentes de los partidos de la MUD se han abstenido de atacar a Falcón. El mismo Falcón, a su vez, siempre se ha dirigido de modo afectuoso hacia “sus hermanos” (sic). Algunos de sus “hermanos”, como hacen los pielesrojas, ya le están enviando señales de humo. Puede ser incluso que parte de la estrategia de Falcón tenga contemplada la posibilidad de obtener la adhesión de por lo menos algunos partidos o miembros de la MUD. Ciertos formadores de opinión –y no precisamente los menos inteligentes- ya le han dado su abierto apoyo.

Desde el punto de vista de la lógica de la razón pura, una alianza entre la candidatura de Falcón y la, o parte de, la MUD, es decir, una alianza hecha sobre la base de acuerdos mutuamente establecidos (entre ellos la supresión de la Constituyente en el caso de un triunfo electoral) aparece como la alternativa más racional. Pero para que eso suceda será necesario que los partidos de la MUD salten por sobre sus propias sombras. La otra alternativa es la nada.

Escribimos -nótese- la palabra nada en sentido literal. Pues, ténganlo por seguro: si nuevamente el abstencionismo logra triunfar, no habrá más elecciones en Venezuela. Ni legítimas ni fraudulentas

No sería primera vez en la historia que políticos incapaces de ceder a su vanidad lleven a sus pueblos a la inmolación colectiva. Sigmund Freud descubrió que el impulso hacia la muerte (Thanatos) logra, bajo determinadas condiciones, imponer su hegemonía sobre los seres vivos. Entre ellos hay algunos casos históricos de los cuales no quiero ni siquiera acordarme.

El primer día del Frente Amplio Venezuela Libre

Fotografía de Federico Parra para AFP

Yorman Guerrero, 8 marzo 2018 / PRODAVINCI

Jonny Montoya tiene 1.483 días esperando justicia. Es hermano de “Juancho” Montoya, el colectivo asesinado el 12 de febrero de 2014, el primer día de cuatro meses de protestas contra el gobierno de Nicolás Maduro. Cuatro años después, desde la tarima del Teatro de Chacao, el jueves 8 de marzo, dijo que era momento de perdonar y pedir perdón:

“Es difícil sentarme con una exdefensora (del Pueblo) que no me defendió. Yo, a Gabriela (Ramírez), la exdefensora, la perdono por no haber hecho su trabajo cuando tenía que hacerlo (…). Le quiero pedir perdón al (vicepresidente) de Fedecámaras (Ricardo Cusanno). (…) Mi hermano en vida les puso una bomba en El Bosque. Desafortunadamente murió un amigo mío”.

Los asistentes se miraron asombrados. Montoya habló durante la presentación del Frente Amplio Venezuela Libre, una iniciativa de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y organizaciones sociales, definida como una “plataforma unitaria para lograr el cambio político en Venezuela”.

El telón rojo del teatro se abrió a las 11:23 de la mañana. La distribución de las sillas sobre la tarima dijo mucho: una diputada transgénero sentada al lado de un cura; un chavista detractor de Nicolás Maduro al lado de una dirigente universitaria opositora; un padre católico en la misma fila que un pastor evangélico; el presidente de un partido político cuyos gobernadores se juramentaron ante la Asamblea Nacional Constituyente sentado junto a otro político que lo condenó por hacerlo.

Rafaela Requesens, presidenta de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad Central de Venezuela (UCV), leyó un manifiesto suscrito por partidos políticos opositores y organizaciones sociales para pedir a las Fuerzas Armadas que se comprometan con la democracia, así como para apoyar otras iniciativas regionales y locales de organización, exigir la apertura de un canal humanitario de alimentos y medicinas, y agradecer a los países y líderes de diversas religiones que han sido solidaridarios con la situación de Venezuela. “No a la falsa elección del 20 de mayo y sí a la elección presidencial libre, justa y transparente en 2018, sin represión, presos políticos, exiliados ni inhabilitados”.

Mientras Requesens hablaba, una mujer del público conversaba con otra: “Yo vine en modo de exploración, de testigo, para que no me lo cuenten. Pero también vengo sin expectativas, sin esperar que salga algo concreto de aquí”.

En representación de la Iglesia Católica habló el padre José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello. Dijo que el frente no era para llamar a la abstención, sino para cambiar las condiciones electorales. Aseguró que están abiertos a otras iniciativas. Tres intervenciones después fue el turno de Alí Gómez, quien fue presentado como miembro del chavismo democrático; celebró la reunión de los partidos políticos y admitió que a él lo habían enseñado a odiar y despreciar a los opositores. Tras su declaración se escuchó desde el público un grito: “¡Te enseñó tu papá Chávez!”.

Henrique Capriles Radonski y Lilian Tintori durante la presentación del Frente Amplio Venezuela Libre / Forografía de Federico Parra para AFP Henrique Capriles Radonski y Lilian Tintori durante la presentación del Frente Amplio Venezuela Libre / Forografía de Federico Parra para AFP

Un muchacho con franela de libertador y bandera en mano que se identificó como miembro de la resistencia, irrumpió en el escenario y dijo que aunque no lo habían invitado quería hablar. Tomó el micrófono e improvisó un discurso: “Aplaudo la unión, pero este régimen no saldrá con métodos clásicos y modernos”. La moderadora del evento lo interrumpió y le pidió que se bajara. El público gritó exigiendo que lo dejaran hablar y lo hizo. Dijo que la cuestión no era si se iba a comicio alguno o no, sino la elección de la cárcel donde Maduro pasaría el resto de sus días.

La presentación del Frente Amplio continuó con la intervención de Ramón Guillermo Aveledo, quien fue secretario ejecutivo de la MUD hasta julio de 2014 y esta vez volvía a hablar en nombre de los partidos políticos. “Tenemos que derrotar a la politiquería (…) Asumo hoy el encargo de los partidos de la MUD. En su nombre, la tarea es lograr el cambio. A esta iniciativa, nuestra satisfacción, nuestra solidaridad y nuestro compromiso sincero”.

El cierre estuvo a cargo de Víctor Márquez, presidente de la Asociación de Profesores de la UCV, quien explicó que esta plataforma busca canalizar las demandas de la sociedad a través de una estructura organizativa donde prevalezca la paridad entre los sectores. Dijo que no reconocerán el proceso electoral del 20 mayo y que pedirán a la comunidad internacional no hacerlo. El público aplaudió.

Convocaron una movilización para el lunes 12 de marzo hasta la Organización de Naciones Unidas en Caracas para pedirles que no participen como observadores en las elecciones presidenciales, así como una protesta nacional el 17 de marzo para exigir condiciones electorales justas.

El himno nacional marcó el final del acto a las 12:40. Mientras el público abandonaba la sala, los periodistas entrevistaron a los políticos que quedaron en la tarima. Henry Ramos Allup contó que le pidió a Henri Falcón que no se postulara con esas condiciones electorales. “Yo respeto las decisiones de los demás, pero creo que esa inscripción debilitó la posición que manteníamos frente al gobierno de pedir un proceso electoral justo”.

Fuera del teatro, simpatizantes opositores se hacían selfies con los políticos. A 50 metros de ellos, en una esquina contigua al Centro Cultural Chacao, tres hombres encapuchados cargaban sus armas largas. Vestían uniformes negros del SEBIN.

 

Venezuela: El reto es combinar realismo, audacia y unidad. De Paolo Luers

paolo3Paolo Luers, 22 octubre 2017 / EDH-OBSERVADORES

La oposición venezolana perdió las elecciones de gobernadores (en 17 de los 23 estados) por dos razones: por un descarado fraude efectuado por la autoridad electoral controlada por el partido chavista; y por la abstención de una parte de la oposición, que ya no cree en elecciones y anticipaba el fraude.

Elecciones en dictaduras -y nadie duda a esta altura que el régimen de Maduro es una dictadura- sólo se pueden ganar obteniendo una mayoría tan grande que los mejores mecanismos del fraude no alcanzan. Así ganó en 1988 el NO opositor el plebiscito sobre la permanencia en el poder de Pinochet. Así salió Uruguay de la dictadura, con plebiscitos y elecciones con participación opositora tan fuerte la cual el régimen no podía compensar con fraudes. Y así logró la oposición venezolana en 2015 elegir una Asamblea Nacional con mayoría opositora de dos tercios.

observadorEn 2015 la oposición venezolana estaba más unida que nunca. Pero luego, al ver que ni las masivas protestas ciudadanas en las calles podían defender la Asamblea Nacional electa contra los golpes de Estado del gobierno y su Corte Suprema, que le restaban todas sus facultades constitucionales, en el movimiento opositor se generó una controversia: participar o no en las elecciones de gobernadores. La mayoría de los liderazgos y partidos de la Mesa de la Unidad Democrática llegaron a la conclusión de que luego de exigir durante meses que el régimen convocara estas elecciones, no podían darles la espalda cuando al fin fueron convocadas. Pero otra parte del liderazgo llamó abiertamente al abstencionismo, con varios argumentos: primero que Maduro iba a orquestar fraude; segundo, que ir a elecciones iba a “enfriar la calle”, o sea las masivas protestas exigiendo “la salida” de Maduro y del chavismo. Irónicamente, estas movilizaciones, luego de meses en las calles y luego de más de 100 muertos y centenares de detenidos, ya se habían “enfriado” de todos modos.

La MUD organizó sus primarias, postuló candidatos, e hizo campaña. Pero incluso entre los que habían tomado la decisión correcta de que un movimiento democrático tiene que usar siempre las elecciones para enfrentarse a la dictadura, hubo muchos que estaban en esta campaña con la cabeza, pero no con el corazón. El resultado: La oposición no logró movilizar a todas sus bases, a toda esta mayoría absoluta de venezolanos hartos de la corrupción, de la escasez, y de la represión. Aun así la oposición alcanzó mayorías en 16 estados, según las encuestas de boca de urna y cálculos de expertos, pero no mayorías tan aplastantes que vuelvan inútiles los mecanismos de fraude. Sólo en 5 estados el gobierno se vio obligado a reconocer el triunfo de candidatos opositores.

La oposición venezolana tendrá que resolver este serio problema interno, que obviamente corresponde a un problema de ánimo de la gente que está cansada de la represión, de las marchas, de la crisis de abastecimiento… y de elecciones. Porque al final van a tener que salir de la dictadura y de la crisis con elecciones. Sólo muy pocas figuras dentro de la oposición -los más derechistas- apuestan a una salida que no sea electora: una insurrección, una intervención externa, o un golpe de Estado. Estas tres “salidas” no son realistas, y tampoco son deseables ni aceptables, no sólo por el alto costo de vidas y sufrimiento que significarían, sino también porque solamente una salida política, pacífica y electoralmente legitimada generará las condiciones para la reconstrucción de la economía, del sistema democrático y del dañado tejido social del país.

La oposición -y la sociedad en general- necesitan iniciar de inmediato un debate franco y realista sobre cómo recomponer la unidad frente a la dictadura, y como alcanzar una salida política al la crisis. Las condiciones están dadas: El régimen no tiene mayoría popular ni posibilidades de recuperarla; la comunidad internacional está unida en exigir una transición democrática y comienza a aplicar sanciones al gobierno de Maduro que profundizarán su declive. Lo único que falta es una estrategia compartida por toda la oposición política y social, que sea a la vez audaz y realista – y la capacidad de comunicarla a los venezolanos y la comunidad internacional.

El reto es combinar realismo, audacia y unidad. Así como cuando todos unidos ganaron las elecciones en 2015. Y como cuando todos juntos salieron a la calle en 2016 y pusieron a temblar al régimen.

 

 

 

El debate en Venezuela: ¿Ir o no a elecciones en una dictadura?

Nuevamente entre los opositores hay un fuerte debate sobre participar o no en las elecciones de gobernadores convocadas para final de este año. No es por primera vez: las elecciones parlamentarias de 2005 los partidos de la oposción decidieron boicotear, dejando al chavismo el control total del Estado. Luego la oposicn camb de estrategia y consiguió, en 2015, la mayoría calificada en la Asamblea. Sin embargo, el gobierno y el Tribunal de Justicia, controlado por el chavismo, desconocieron la autoridad de la Asamblea Nacional. Para deshacerse del parlamento, Maduro convocó a un proceso constituyente, que por la oposición y la mayoría de países democráticos fue considerado como una ruptura constitucional. 

En esta nueva situación que ha cambiado el carácter del régimen chavista, la oposición venezolano tiene que decidir si tiene sentido participar en elecciones. La Mesa de Unidad democrática decidió inscribir candidatos, pero partes de la oposición llaman a boicotear estas elecciones. Documentamos aquí parte de este debate.

Segunda Vuelta

Trece razones para votar. De Fernando Mires

fernando mires

Fernando Mires, 18 agosto 2017 / TALCUAL

En Venezuela, antes de cada elección, surge la misma controversia. Los argumentos son, si no iguales, parecidos. Al final se impone la razón y la mayoría de la oposición vota. Si la oposición gana, todos festejan el triunfo. Esta vez, en cambio, hay algunas variantes. Las anunciadas elecciones regionales que deberían haberse realizado un año atrás, están por venir. Tendrán lugar después de las grandes demostraciones de masas en defensa de la Constitución, iniciadas en abril del 2017. Los ánimos están enervados y no es para menos: el régimen ha asesinado a muchos seres humanos. Casi todos, jóvenes.

talcual.pngLa dictadura, ya abiertamente declarada, ha impuesto mediante el fraude más grosero conocido en toda la historia electoral latinoamericana, una asamblea constituyente, fascista y cubana a la vez. El ambiente es propicio para todo tipo de aventuras antipolíticas, y también hay razones que lo explican: la lógica de la fuerza representada en una mafia de poder en alianza con los altos mandos del ejército se ha impuesto por sobre la voluntad de la inmensa mayoría. Bajo estas condiciones ha crecido en el seno de la oposición un abstencionismo políticamente anómico pero a la vez militante; muy destructivo con respecto a la única organización política de oposición que existe en Venezuela: la MUD.

Frente a las amenazas que provienen del régimen y de los divisionistas, los sectores democráticos de la oposición intentan defender los pocos espacios que restan. Como una contribución solidaria a la lucha que ellos libran en condiciones tan adversas, he redactado trece puntos que, en mi opinión, son razones que deben tenerse en cuenta para participar en las elecciones regionales de 2017. Siempre y cuando tengan lugar. Pues bajo una dictadura ejercida por personajes sin principios, seres brutales al servicio de sus propias ansias de poder, todo puede ser posible.

  1. Las elecciones regionales están pautadas en la Constitución. Desconocerlas o renunciar a participar es seguir a la pauta de la dictadura -la que como toda dictadura es antielectoral-. Es faltar a la letra y al espíritu de la Constitución. Es romper con la línea histórica de la oposición. Línea que ha sido definida por sus principales líderes y suscrita por la gran mayoría de sus partidos como pacífica, democrática, constitucional y electoral. La Constitución es la guía, es el programa y es la ruta de la oposición. Sin la Constitución la oposición no existiría. Todo lo que es la oposición se lo debe a la Constitución. La decisión divisionista, derrotista y abstencionista de una parte de la oposición liderada por el grupo VENTE, es anticonstitucional y por lo mismo hace el juego a los planes de la dictadura.
  2. Entre oposición y Constitución hay una relación simbiótica. Todo voto a favor de la oposición es un voto a favor de la Constitución. Por esa misma razón, todo voto a favor de la Constitución es un voto en contra de la constituyente cubana. La principal contradicción política de las próximas regionales deberá ser  -siempre y cuando los partidos y candidatos entiendan la esencia del problema-: o Constitución o constituyente. Agitar esa contradicción es más importante que el número de gobernaciones que puedan ser ganadas. Las elecciones, en ese sentido, no son solo un fin sino, además, un medio de agitación política a favor de la Constitución. Convertir a las regionales en un movimiento democrático, popular y constitucionalista es la gran tarea política del momento.
  3. El 16/J la mayoría del pueblo venezolano votó (simbólicamente) en contra de la constituyente, no en contra de las elecciones. Y la razón es elemental: la constituyente fue inventada para evitar las elecciones, sobre todo las regionales, destinadas a privar a la dictadura de todos sus poderes locales. Luego, al votar en contra de la constituyente, los venezolanos votaron a favor de la reivindicación del sufragio universal. Los puntos 2 y 3 tampoco auspician el abstencionismo. Por eso, los que hablan del mandato del 16/J, tergiversan su sentido, tanto en su letra como en su intención. Aparte del rechazo terminante a la constituyente, no hay, en ninguno de los tres puntos del 16/J, un mandato explícito a favor de la abstención electoral.
  4. La Unidad al ir a las elecciones regionales no interrumpe, más bien confirma su continuidad política. La MUD siempre ha sido electoral. Nació y se configuró como una asociación electoral. Que, obligada por las circunstancias, hubiera debido asumir otras funciones, es otro tema. Lo importante es que la MUD ha continuado la línea trazada el año 2007 cuando defendió la Constitución en contra del propio Chávez. Sus más grandes éxitos han sido electorales. Electoral fue el triunfo que robaron a Capriles en las presidenciales del 2013. Electoral fue el grandioso triunfo del 6D. Electorales son las alcaldías y gobernaciones arrancadas a la dictadura. Electorales fueron las grandes manifestaciones por el RR16. La defensa de la AN, elegida electoralmente, fue el punto de partida de las grandes movilizaciones que llevaron a Maduro a imponer la constituyente cubana. Electorales por último fueron las jornadas que llevaron a votar el 16/J en contra de la constituyente. No hay ningún motivo para que la MUD se aparte de la vía electoral, la única que conoce. Romper la vía electoral es romper la oposición. Quienes lo hacen están por cierto en su derecho. Pero para ejercerlo deben presentar una línea política diferente. Y hasta ahora, definitivamente, no la tienen. Son como los perros hortelanos de la política: no hacen ni dejan hacer.
  5. Al plantearse en contra de las elecciones, sin ofrecer ninguna otra alternativa, los abstencionistas solo piensan en dos posibilidades: o en una invasión o en un golpe militar. En cualquiera de los dos casos la oposición no tiene ningún papel que jugar. De este modo los abstencionistas no solo exigen la abstención. Además, buscan eliminar a la oposición, sobre todo a la MUD,  como sujeto político, condenándola a servir de coro de acciones en las cuales ella no tiene ningún poder de decisión.
  6. Las elecciones se encuentran en perfecta continuidad con las protestas iniciadas en abril del 2017. No hay ningún objetivo surgido durante las protestas del 2017 que no pueda ser revivido durante las campañas electorales que –eventualmente- tendrán lugar. Protestas sin vía electoral al chocar permanentemente con la soldadesca están condenadas a la derrota. Las elecciones, en cambio, abren un nuevo cauce. Mientras las protestas tenían lugar solo en centros urbanos, allí donde hay universidades, las elecciones pueden llevar la protesta hasta los últimos rincones, ampliando el espacio de participación pública. Las elecciones regionales son en ese sentido más radicales que las elecciones presidenciales. Más allá de los resultados, de los fraudes, y de la posibilidad de que sean eliminadas por el régimen, las elecciones permiten abrir un nuevo espacio de confrontación política.

  7. Las elecciones no legitiman al régimen pues el régimen es anti-electoral. Las elecciones solo legitiman a las elecciones. Por eso cabe esperar que la dictadura hará todo lo posible por torpedear, boicotear y, si todo eso no resulta, postergar o incluso eliminar a las elecciones. Si se da ese caso, como es probable que ocurra, no la oposición sino la dictadura habrá perdido legitimidad; si es que le queda algo.
  8. Las elecciones tampoco legitiman al CNE. Todo lo contrario, permiten derrotar al CNE como ya ha ocurrido en otras ocasiones. Por eso quienes arguyen que no irán a las elecciones después del monstruoso fraude del 30/J sacan mal las cuentas. Pues ese CNE no es fraudulento desde el 30/J. Lo ha sido siempre. Incluso, el mayor fraude electoral de su historia no lo cometió el 30/J – en el hecho, una elección interna del PSUV- sino el 14 de abril de 2013 cuando Tibisay Lucena -al negarse a mostrar los cuadernos electorales- reconoció, objetivamente, haber robado las elecciones presidenciales. La oposición aprendió la lección: cuando la votación se convierte en un aluvión y cuando las mesas son vigiladas una por una, el fraude puede ser derrotado. Mesa vigilada es mesa ganada.
  9. La monstruosidad del fraude del 30/J cumplió dos objetivos: el primero:  inventar millones de votos para imponer a la constituyente cubana. El segundo: advertir a la oposición de este modo: “nosotros somos tramposos, no tiene sentido que ustedes vayan a las elecciones pues con nuestros fraudes los volveremos a derrotar”. Imposibilitada de ganar las elecciones, la dictadura ha decidido envilecerlas, desmoralizando a la ciudadanía y dividiendo a la oposición en electoralistas y anti-electoralistas. De este modo, si la oposición no acude a votar, la dictadura hará elecciones adjudicándose un triunfo electoral sobre la oposición “anti-electoral”. El problema más grave es que una parte de la oposición –ignoramos su magnitud- ya ha pisado la trampa. Esa parte ha olvidado el principio más elemental de la política: “nunca hagas lo que tu enemigo quiere que tú hagas”.
  10. No el 30/J sino el 6/D debe ser el parámetro electoral de la oposición. El 30/J solo demostró los límites que es capaz de traspasar la dictadura cuando la oposición está ausente. El 6/D demostró en cambio lo que puede llegar a alcanzar la oposición cuando participa activamente en las elecciones. Si en las regionales no lo hace, tendrá lugar un segundo 30/J. Que nadie tenga dudas. Los responsables serán los abstencionistas. Nadie más.
  11. La participación electoral bajo dictaduras está avalada por la experiencia de una gran cantidad de movimientos democráticos que han usado todos los espacios para acelerar la caída de los tiranos. No se trata por cierto de reeditar la discusión bizantina acerca de “la dictadura no sale con votos” o a la inversa: “solo con votos sale la dictadura”. Se trata solo de tener presente dos hechos objetivos: El primero dice que siempre los movimientos democráticos han puesto a las elecciones en el primer reglón de la lista de exigencias. El segundo dice que hasta ahora no se conoce ningún caso en la historia en el cual una dictadura haya sido derrotada mediante la abstención electoral.
  12. La mantención de una línea constitucional  y por lo mismo electoral ha sido la principal razón que explica por qué la oposición ha concitado en su torno un gran apoyo internacional. Si los asesinatos de tantas personas lograron sensibilizar a la opinión pública mundial no fue por la innegable tragedia del hecho –en Siria son asesinados grandes cantidades de seres humanos día a día y la indignación internacional es muy débil- sino porque quienes cayeron en Venezuela lo hicieron luchando por uno de los sacramentos de la política moderna: el sufragio universal, inscrito en la Constitución de 1999 y negada por la constituyente de la dictadura. Si la oposición decidiera no participar en futuras elecciones, aún  argumentando trampas y fraudes, el impacto sobre esa opinión mundial sería más negativo que positivo y, sin duda, la dictadura sabría como manipular a su favor esa situación.

13. Hay por último una razón en la cual están contenidas todas las demás. Una razón que condiciona a toda otra razón, o –para decirlo con el vocabulario de Freud- una razón sobredeterminante. Esa es la razón ciudadana. Significa, según esa razón, que cuando uno vota no lo hace solo para cumplir un objetivo, o por motivos tácticos o estratégicos, o porque voy a perder o ganar. Uno vota simplemente porque es un deber hacerlo. Que otros van a robar mi voto no me exime del cumplimiento de mi deber. Nadie puede dejarse determinar por la maldad de los otros. El hecho de que Maduro y su mafia sean unos hijos de puta, es problema de ellos, y alguna vez lo pagarán. Pero cuando uno vota, también vota para y por sí mismo. El voto es la dignidad del ciudadano.

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Convencemos pero no vencemos. DE Gisela Kozak Rovero

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Gisela Kozak Rovero, 24 agosto 2017 /  PRODAVINCI

I

Oír a Ramón Muchacho, alcalde depuesto del Municipio Chacao en el exilio, declarar a la cadena televisiva CNN que hoy es imposible una salida democrática en Venezuela no hace más que subrayar lo que firmes partidarios de la unidad opositora, como quien esto escribe, hemos observado con alarma desde que ganamos las elecciones parlamentarias prodavincidel 2015. Aunque alcanzamos la mayoría de las diputaciones no pudimos defender tal mayoría ni convertirla en poder efectivo en la ruta para sacar por los votos al gobierno que hoy en día compite con los más tiránicos del planeta. La MUD, siendo poco más que una plataforma electoral, convenció al mundo de la naturaleza no democrática del régimen porque se mantuvo en la ruta electoral, movilizó a millones de personas en la búsqueda de la salida menos traumática posible y logró arrebatarle votos al chavismo. Se trata de una obra titánica, pero lamentablemente no ha logrado ese milagro político que es convertir las condiciones actuales, tan desfavorables a la tiranía desde una perspectiva racional, en la oportunidad propicia para hacerse con el poder: la MUD convence pero no vence. Quienes están fuera de la MUD, como ahora VENTE, el partido de María Corina Machado, tampoco. No tienen la fuerza para hacerlo.

II

¿Por qué no logramos vencer?, nos preguntamos los opositores de a pie. ¿Será que el diagnóstico de la enfermedad no encuentra el remedio adecuado? María Corina Machado, muy denostada en estos momentos, hace el diagnóstico correcto aunque hasta hora no ofrece el remedio capaz de articular las voluntades opositoras: en Venezuela se ha conformado un régimen totalitario, una secta alimentada de narcotráfico, petróleo y corrupción que jura estar dispuesta a salvar a la patria de las garras del imperialismo, al pueblo de los desmanes de la burguesía y a la oposición de sí misma a través de su reducción a mera comparsa del régimen. Este lenguaje dramático y ampuloso es propio de estas sectas persuadidas de su papel redentor en el mundo: son fanáticos sedientos de poder que no paran de trabajar y maquinar en ningún momento. Se parecen a los matones del ejército islámico, capaces de los peores crímenes pero rebosantes de intenciones megalómanas que involucran el destino mismo de la humanidad. La perdurabilidad de semejante proyecto podría ser puesta seriamente en duda por las circunstancias internacionales, la crisis económica y las divisiones dentro del oficialismo, pero ciertamente hay tiranías que han continuado largo tiempo en situaciones muy adversas, sobre todo si Rusia y China están detrás.

III

Analistas reconocidos como Américo Martín, Ángel Oropeza, Elías Pino, Fernando Mires y Colette Capriles insisten en que quienes tenemos dudas sobre continuar en la lucha electoral no entendemos que es el único camino posible dada la naturaleza misma de la MUD, una coalición democrática y desarmada cuyas mayores virtudes residen en definirse de este modo, sobre todo de cara al mundo. Las noticias de los periódicos internacionales sobre Venezuela subrayan, en cambio, que el régimen se consolida en su vocación tiránica. Poco se gana con señalar severamente como divisionistas y servidores inconscientes del chavismo a quienes pensamos que poner esperanzas en elecciones, después de lo ocurrido con la Asamblea Nacional, es equivalente a abrir una tienda todos los días en la que nadie compra: no perdamos la disciplina para que la vida tenga sentido. Puede que la oposición se empeñe en asistir a las elecciones regionales a falta de algo mejor que hacer —la resistencia clandestina requiere un esfuerzo, dinero y tiempo que no puede medirse con facilidad—, pero me imagino que nuestros aliados internacionales no deben entender muy bien lo que ocurre. Es evidente que la correlación de poder actual en el país no sufrirá modificaciones por unas elecciones que el gobierno no perderá porque hará lo mismo que hizo con el referéndum revocatorio y la Asamblea Nacional: evitar la victoria o desconocerla. El razonamiento de que así se moviliza a la gente y se anima al desanimado contempla a las personas como extras de televisión o de cine: se les convoca para cumplir con una ficción de ejercicio democrático que no servirá para darle un vuelco a la situación. Repito, hasta el 2015 fui firme partidaria de luchar por ganar las elecciones, pero al ganarlas y no poder defenderlas era evidente que tal forma de lucha ya no tiene sentido.

IV

Es necesario poner en cuestión los tantos lugares comunes que gente por demás respetable e inteligente han puesto a circular en el mundo político nacional. Es mentira que todas los gobiernos autoritarios salen con votos: unos cuantos han salido a tiros como fue el caso de Pol Pot en Camboya, Hitler en Alemania, Somoza en Nicaragua y Batista en Cuba; Pinochet salió porque el alto mando militar chileno no lo respaldó en su intento de desconocer la voluntad popular, en cambio Maduro no ha caído porque para las Fuerzas Armadas el clamor ciudadano no tiene ninguna importancia; Ceaucescu en Rumania fue ajusticiado; Noriega en Panamá salió de la presidencia por una invasión norteamericana, solución que no tiene respaldo en la región ni en la MUD tanto por pruritos sobre la soberanía nacional como por el temor, justificado, de una Siria en Suramérica. En cuanto a los ejemplos de Sudáfrica, Polonia y la Unión Soviética, en Venezuela no existen líderes oficialistas en el pináculo del poder que propicien la transición como fueron Jaruzelski, De Klerk y Gorbachov, respectivamente. Aunque la división en el seno del oficialismo es evidente, no alcanza todavía a posiciones clave que puedan inclinar la balanza a favor de la transición democrática. Por último, la MUD no ha podido paralizar la administración pública, los servicios y las empresas básicas como sí logró hacerlo el sindicato Solidaridad en Polonia; de hecho la rebelión popular del primer semestre de este año se agotó en medio de la represión y el sinsentido de seguir participando en protestas que aunque hundieron al gobierno internacionalmente no evitaron la paralización de la Asamblea Nacional Tiránica.

V

La MUD corre el peligro de volverse inocua, pero puede eludirlo si sabe aprovechar dos de sus fortalezas: el apoyo popular y el justo temor de las democracias de la región de darle alas a los totalitarios de sus propios países. Es la hora de los líderes con visión histórica, no de las recetas de autoayuda de los bienintencionados, de los analistas que juraron por su madre que habría referéndum revocatorio y de los políticos que tratan de justificarse en victorias que no significan poder real. Si bien la unidad opositora es indispensable, la misma no puede reducirse a la MUD y a la estrategia electoral; si hubiese militares, civiles y políticos de la MUD con una misma hoja de ruta alternativa a unas elecciones que no significan el poder tal vez valdría la pena planteárselo. En lugar de regalar esperanza toca insuflar valentía, la cual no está por cierto asociada a ese derroche de testosterona que es Oscar Pérez, el ex-CICPC amante del cine, ni tampoco a esos militares con lenguaje evangélico que se creen la mano de dios y no hacen alianzas con políticos. Las escaramuzas de los militares imbuidos de un patriotismo bobo es una de las tantas miasmas del pantano ideológico del chavismo.

La valentía es contradecir y lanzarse al abismo cuando es necesario; es tener también cabeza fría y cálculo político e intelectual, el arma que nos queda cuando no sabemos qué camino tomar para salir de nuestra tragedia lo más pronto posible. Solo una muy fuerte presión externa hará ceder al gobierno por medio de sanciones que le impidan los apoyos económicos y militares que necesita; solos no podemos lograr que la oligarquía roja negocie su salida del poder y una transición democrática. Tristemente, el destino de Venezuela no depende solo de su gente, pero no por cuenta del imperialismo yankee, como piensan la izquierda ciega o la izquierda autoritaria que todavía cree en el madurismo, sino por culpa de una tiranía que pretende convertirnos en espectros de ciudadanos.

El “Compromiso Unitario para la Gobernabilidad”

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El miércoles 19 de julio de 2017, el diputado Henry Ramos Allup leyó en nombre de la Mesa de la Unidad Democrática el “Compromiso unitario para la gobernabilidad”, en el cual se mencionan los objetivos principales que tendrá el próximo gobierno “de unión y reconstrucción nacional” que propone instalar la coalición opositora.

Mesa de Unidad Democrática, 19 julio 2017 / PRODAVINCI

logo-mud_nacima20150313_0082_19Cuando un país se decide a cambiar, no hay fuerza que pueda detenerlo. Por tanto, el cambio político en Venezuela no sólo es indetenible sino inminente. La Unidad Democrática, como representación política organizada de los demócratas venezolanos, ante la certeza de la proximidad de un cambio en la dirección del país, ha llegado a un compromiso unitario para facilitar la gobernabilidad, la eficiencia y la estabilidad del venidero gobierno de Unidad y Reconstrucción nacional, sobre las siguientes bases:

Objetivos del próximo gobierno: La Justicia Social como prioridad

1.1 El modelo político que nos gobierna ha convertido al pueblo de Venezuela en objeto de una ideología y no en sujeto de su propia transformación positiva. Desde la Unidad, todas nuestras acciones y políticas, tanto desde el gobierno como en la lucha para prodavincialcanzarlo, tendrán a los venezolanos más desfavorecidos y vulnerables como objetivo central. Para ello, procuraremos acciones específicas para superar todas las penurias que por culpa de este gobierno y sus políticas nos ha tocado vivir, y nos comprometemos en hacer todos los esfuerzos para alcanzar la dirección del Estado, con el único propósito de encausar desde allí un verdadero gobierno comprometido con los venezolanos más pobres.

1.2 En consecuencia, la Unidad Democrática acuerda que lo primero en la agenda del próximo gobierno es la aplicación de un Plan de Atención Inmediata a la Crisis Humanitaria, con énfasis en alimentación (abastecimiento y precios) y salud (medicamentos y atención) y a la necesidad de dar respuestas concretas al legítimo descontento popular, con apropiado sentido de urgencia y prioridad.

1.3 Igualmente, se procederá de inmediato a la aplicación de un Plan efectivo, profesional y contundente de ataque al grave problema de la inseguridad, la violencia y la delincuencia desatadas, que incluya la depuración y saneamiento de los cuerpos policiales, incluida la Guardia Nacional Bolivariana, la justa remuneración y equipamiento de sus efectivos, el desarme y desarticulación de los grupos paramilitares que han sido armados por el actual Régimen, y la atención sistemática a los factores que se han identificado como causantes y reforzadores de la violencia que hoy enluta a miles de familias en nuestro país.

1.4 El compromiso para superar la pobreza (principal problema de la agenda nacional), será asumido como lineamiento permanente y estratégico por los próximos gobiernos de la Unidad Democrática, y nuestra política económica y sectorial nunca abandonará este objetivo superior. Nunca más se sacrificará al pueblo, como lo ha hecho este Régimen, por principios o metas distintas al de su propio bienestar.

Nos comprometemos con la Unidad

2.1. Se asume la Unidad de las fuerzas políticas democráticas como indispensable y como condición necesaria tanto para el logro del cambio político como para la viabilidad, estabilidad y gobernabilidad de los próximos gobiernos.

2.2. El liderazgo democrático se compromete a reforzar a la Unidad Democrática como plataforma válida e instancia de conducción y coordinación política, junto a los partidos que la conforman, así como con un Gran Frente Social donde estarán presentes todos los sectores del país, incluso los que hoy adversan la necesidad de cambio, siempre y cuando lo hayan hecho en el marco de la ley, el respeto de los derechos humanos y el resguardo del patrimonio de la Nación y su Estado.

El próximo Gobierno: nos comprometemos con un Programa Común de Unidad Nacional.

3.1. La dirección política democrática ratifica su estrategia única y medular seguida hasta ahora para lograr el cambio político: civil, constitucional, democrática, electoral y pacífica.

3.2. Logrado el cambio y superado el actual Régimen, el liderazgo democrático asume el compromiso de asegurar la gobernabilidad mediante la conformación de un Gobierno de Unidad y Reconstrucción Nacional, amplio, pluralista e incluyente.

3.3. Entendiendo que sólo con políticas concertadas y acordadas con todos los sectores de la vida nacional será posible salir de la crisis y garantizar la gobernabilidad democrática, iniciaremos con urgencia y sin dilaciones, una amplia consulta nacional sobre las bases o lineamientos mínimos del Plan de Gobierno de Unidad Nacional.

3.4. Ese Plan incluye la definición consensuada de un Programa Común que distingue las siguientes etapas: (a) Una primera etapa que atienda la emergencia social; (b) Una segunda fase de estabilización del país bajo el criterio de un nuevo modelo social y económico que procure el progreso nacional; y (c) finalmente, la ejecución de las reformas necesarias para que el país entre en la modernidad y disponga de la base material y espiritual para alcanzar su auténtico bienestar.

3.5. Para el logro de estos tres objetivos, el próximo gobierno de unidad nacional se entenderá a sí mismo como el gobierno de una amplia convergencia de intereses, que formarán una gran coalición social y política, única forma posible de viabilizar las medidas y políticas públicas necesarias para relanzar a Venezuela al destino que todos nos merecemos.

El próximo Gobierno: nos comprometemos con la conformación de un Gobierno unitario, amplio, plural y eficiente

4.1 En la composición del próximo Gobierno, estarán representadas las organizaciones políticas nacionales que forman parte de la Unidad Democrática y los sectores independientes de la sociedad venezolana. Vamos a gobernar con los mejores, los más capacitados y con quienes hayan demostrado mayor vocación de servicio, mayor sensibilidad social y un profundo patriotismo que ponga por encima el interés de la República y sus ciudadanos más humildes, sin discriminación por su ideología u origen partidista.

4.2. Nos comprometemos a que ninguna de las organizaciones políticas que forman parte de la Unidad Democrática aspira ni acepta hegemonía en el Gabinete Ejecutivo del próximo Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela.

4.3. El candidato (a) de la Unidad para asumir la Presidencia de la República en el próximo gobierno, será escogido a través del método de elecciones primarias nacionales.

4.4. El próximo Presidente de la República, quien encabezará el Gobierno Unitario de Rescate y Reconstrucción de Venezuela, renuncia a su derecho a la reelección inmediata.

4.5. Es una decisión de la Unidad Democrática convocar a colaborar con el próximo gobierno a todos aquellos funcionarios actuales o exfuncionarios que en función de sus capacidades y talentos, contribuyan con la superación pacífica y constitucional de la actual dictadura y colaboren con la reconciliación y reconstrucción del país.

4.6. El próximo Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela será de naturaleza civil, como lo establece la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Desde este imperativo constitucional y democrático, nos comprometemos firmemente con la recuperación del prestigio, independencia e institucionalidad de la Fuerza Armada Nacional, garante de la soberanía e instrumento neutral al servicio de todos los venezolanos, y diseñar conjuntamente con ella los mejores mecanismos para actualizar su capacidad de apresto, garantizar el bienestar de la familia militar más vulnerable, e incorporar a la FAN al proceso de rescate y reconstrucción nacional que nos compromete a todos como sociedad.

4.7. Nos comprometemos a cumplir y hacer respetar el artículo 328 de nuestra Constitución Nacional, que señala de manera taxativa el carácter y funciones de la Fuerza Armada Nacional Venezolana. Asumimos la angustia de la mayoría de los oficiales militares que saben que su institución ha sido deshonrada por los apetitos económicos y de poder de una minoría corrupta y desalmada, hasta el extremo de manchar con sangre de venezolanos, insignias militares que una vez fueron motivo de honra y orgullo. Nuestro compromiso es que nunca más la Fuerza Armada Nacional será utilizada y humillada en beneficio de una parcialidad política y de los intereses particulares de una camarilla corrupta que no les importa ni el futuro ni la reputación de la institución militar con tal de proteger sus beneficios. Nuestro objetivo es lograr una Fuerza Armada unida, fuerte, constitucional, querida y respetada por todo el país.

4.8. Para el correcto funcionamiento del Gobierno de Unidad y Reconstrucción de Venezuela, al momento de su instalación los titulares de los poderes públicos que hayan sido escogidos de manera legal y constitucional, les será debidamente respetado el tiempo que les corresponda seguir en funciones y serán convocados, como el resto de los ciudadanos, a contribuir con la noble tarea de reconstrucción nacional. Por su parte, aquellos titulares de los poderes públicos que hayan cometido graves violaciones o delitos contra los venezolanos o contra la Constitución en el ejercicio de sus cargos, o que de manera demostrada hayan obstaculizado de manera ilegal el derecho ciudadano a expresarse libremente en elecciones, la Asamblea Nacional procederá a iniciar su proceso de destitución y nombramiento de sus reemplazantes.

Nos comprometemos con el respeto y cooperación con todas las autoridades regionales y municipales electas, sin distingo de su militancia partidista u orientación política.

5.1. En respeto por la descentralización política prevista en la Constitución, y entendiendo que la gestión pública es eficiente y transparente si las decisiones de los gobiernos regionales y locales se corresponden con los mandatos democráticos del pueblo, nos comprometemos a respetar la permanencia de los funcionarios públicos al servicio del Estado en los distintos niveles de gobierno y en sus respectivos cargos, salvo aquellos casos en que hayan incurrido en delitos o en los que demostradamente obstaculizaron el derecho de los venezolanos a las elecciones y a la democracia.

5.2. El gobierno de Unidad Nacional se compromete a trabajar con todas las instancias y niveles de gobierno, independientemente del partido o ideología que profesen, en el marco del principio de cooperación que debe existir entre los poderes.

5.3. Nos comprometemos, así mismo, al reconocimiento de las instancias locales de representación y participación comunitaria y de acción social, que se incorporen al proyecto de reconstrucción nacional.

5.4. La Unidad Democrática, en el ejercicio del próximo gobierno, reitera su compromiso sagrado de respetar a quienes piensen políticamente distinto, pues esto constituye la base de pluralidad necesaria en toda democracia. A diferencia de lo que es práctica habitual de esta dictadura, nunca habrá algún tipo de retaliación, discriminación ni mucho menos persecución contra quienes simpaticen o militen en organizaciones políticas distintas a las que conformarán el próximo gobierno de Unidad nacional, y le serán respetados todos sus derechos políticos establecidos en la Constitución.

La Unidad Democrática seguirá funcionando para asistir al gobierno de Unidad Nacional como una gran base social y política organizada, soporte de su trascendental tarea de reconstrucción nacional, y colaborará con el gobierno, en cuanto instancia plural y representativa de las organizaciones políticas democráticas, con el ánimo de mantener y actualizar los acuerdos y consensos sociales nacionales para todos los gobiernos de coalición y unidad que el país necesite para alcanzar su máxima aspiración: el logro de la justicia social, la libertad individual y el pleno ejercicio de la democracia política y social que es consustancial con los deseos de todos los venezolanos.

Por último hacemos un llamado a todos los venezolanos de buena voluntad, de espíritu democrático y comprometidos con el desarrollo del país, para que se adhieran a este Compromiso Unitario para la gobernabilidad, el cual constituye una guía para la transformación democrática del país y la forma de asegurar el progreso y el bienestar para todos los venezolanos, sin excepción.”

Caracas, 19 de julio de 2017