gobierno del FMLN

A diez años de “el cambio”. De Erika Saldaña

27 mayo 2019 / EL DIARIO DE HOY

Hace casi diez años el FMLN llegó a la Presidencia de la República. Arribó acompañado del gran interés que generó la primera alternancia de partido político en el poder en la época post Acuerdos de Paz; con la ilusión de más o menos 1,354,000 personas que les dieron el voto y con el beneficio de la duda de muchos otros con altas expectativas en el autodenominado “cambio”. La primera presidencia del FMLN abría la posibilidad de corregir los errores de los gobiernos de ARENA. Diez años han pasado de esa histórica fecha, el cambio no llegó.

Cuando el FMLN era oposición —rol que manejó con mucha destreza por veinte años— nunca faltaron las fuertes críticas hacia las decisiones de los gobiernos de ARENA en nombre del pueblo salvadoreño. De los miembros del partido, de los simpatizantes y de las organizaciones sindicales y gremiales afines a la izquierda. Una vez el FMLN llegó al poder y durante los diez años que han pasado, estas voces se enterraron en la negación o el miedo a discrepar de la organización que apoyaron durante la época de la derecha en el poder. Fueron incapaces de criticar las decisiones que en otros años habrían sido duramente escrutadas. Quizá porque temían ser tachados de traición o de tintes areneros, o porque siempre es más fácil ver la viga en el ojo ajeno que en el propio. O porque a algunos les convenía.

Para muchos simpatizantes de la izquierda era más importante mantener la consigna de “ARENA nunca más” a enfrentar los señalamientos de corrupción que se realizaban hacia los repentinamente acaudalados dirigentes de su partido. Siempre he creído que los principales llamados a criticar y exigir a los funcionarios en el poder son las personas que votaron por ellos; sin embargo, no es extraño escuchar decir a los simpatizantes de una organización política que el enemigo es el partido opuesto, aunque la más urgente de limpiar sea la casa propia. A la izquierda le hizo falta alzar la voz crítica dentro de ella, que habría generado cambios antes de convertirse en el gran perdedor de las elecciones de 2018 y 2019.

El FMLN-oposición criticó fuertemente el uso de la partida secreta de la Presidencia de la República que permitía los gastos discrecionales. Juzgó fuertemente temas como la Ley de Amnistía para la Consolidación de la Paz, las elecciones adelantadas por parte de asambleas dominadas por la derecha, la corrupción de la que se señalaba a los gobiernos de ARENA. La llegada de “el cambio” al poder suponía que se enderezaría el rumbo de estos asuntos tan criticados.

El FMLN-gobierno continuó con el uso de la partida secreta de la Presidencia, a pesar de que la Sala de lo Constitucional la declaró inconstitucional. Cuando también la Ley de Amnistía fue declarada inconstitucional, el presidente Sánchez Cerén criticó la decisión, acusando a los magistrados de no medir el impacto de sus decisiones.

En 2012, dio impulso a las dobles elecciones de funcionarios por una misma Asamblea Legislativa, al filo del fin de período, práctica de la derecha que tanto había criticado en el pasado. El FMLN-gobierno se ha hecho del ojo pacho con la corrupción de la que han sido señalados muchos de sus dirigentes.

Una izquierda renovada es un imperativo en El Salvador. Una izquierda coherente con la defensa del interés social, que trabaje por alcanzar la mayor igualdad posible para todos los ciudadanos y el progreso de los derechos de la clase trabajadora. Esta vez no pudo ser, pero ojalá los verdaderos simpatizantes de la izquierda algún día logren reivindicar los principios y las promesas con las que fue fundado su partido.

La finalización del TPS. ¿Qué podemos hacer? De Alberto Arene

Tanto a nivel nacional como internacional, la reacción del gobierno salvadoreño sorprendió tanto o más que la esperada noticia, al considerar un “logro” que los compatriotas tengan 18 meses adicionales de plazo, con un tono de victoria y auto-felicitación que contrasta con la gravedad de semejante decisión en un país como el nuestro inmerso en una nueva y profunda crisis histórica.

alberto arene-nuevoAlberto Arene, 11 enero 2018 / La Prensa Gráfica

La lamentable noticia del fin del estatus de protección temporal para casi 200 mil compatriotas en Estados Unidos era esperada por el compromiso antiinmigrante de la campaña electoral de Trump, por su antecedente inmediato en los casos haitiano y hondureño, y porque después de 16 años de “protección temporal” se volvió cuesta arriba persuadir a la administración Trump de prolongarlo nuevamente por causas adicionales a las originales que caducaron hace mucho tiempo.

LPGTanto a nivel nacional como internacional, la reacción del gobierno salvadoreño sorprendió tanto o más que la esperada noticia, al considerar un “logro” que los compatriotas tengan 18 meses adicionales de plazo, con un tono de victoria y auto-felicitación que contrasta con la gravedad de semejante decisión en un país como el nuestro inmerso en una nueva y profunda crisis histórica. Más allá del intento de administrar de la mejor manera el “control de daños” en una coyuntura electoral decisiva de 24 meses consecutivos de duración, dicha prolongación es lo “menos peor” que podía suceder, debiendo aprovecharse al máximo para impulsar como nación una estrategia de dos carriles, uno en Estados Unidos de naturaleza política, y otro en El Salvador de naturaleza económica, empresarial y social.

El primer carril debe acompañar y apoyar a aquellos de nuestros compatriotas que sean elegibles y puedan acogerse a un nuevo estatus migratorio correspondiente a la legislación vigente, debiendo además coadyuvar a unas reformas de ley en el Congreso que, eventualmente, le permita a nuestra gente acogerse y evitar ser deportados.

El segundo carril debe apoyar y contribuir a abrirles oportunidades económicas y sociales a los retornados, creando condiciones para la seguridad jurídica de las propiedades que ya poseen en nuestro país y las que puedan adquirir, facilitando y eliminando impuestos directos e indirectos al retorno de su dinero, vehículos, menage y haberes diversos, facilitándoles la creación de empresas y negocios diversos, su incorporación al seguro social y el financiamiento del Fondo Social para la Vivienda para la adquisición o ampliación de viviendas.

Complementariamente, FUSADES, ANEP y sus diferentes gremiales empresariales, y el Consejo Nacional de la Pequeña y Mediana Empresa, en consulta con diversos empresarios salvadoreños en Estados Unidos, deberán intercambiar y diseñar un plan que potencie la inversión privada de los compatriotas que retornen con capacidades económicas y empresariales en diversos rubros y negocios de la economía nacional. Asimismo, podría estructurarse un fondo de inversión público-privado que capte recursos de los salvadoreños en el exterior que quieran invertir en su país para financiar proyectos diversos de infraestructura, logística, energía y otros que aseguren un retorno competitivo y seguro a su inversión, contribuyendo a la transformación económica nacional.

El gobierno, los principales dirigentes políticos y los principales líderes empresariales del país deberán retomar con mayor prioridad y urgencia nacional el proceso que conduzca a una nueva visión compartida del desarrollo de mediano y largo plazo, y acuerdos nacionales para viabilizarla y ejecutarla. Se trata del impulso de un nuevo modelo de desarrollo, más productivo, exportador y sustentable que se inserte competitiva y exitosamente a la economía internacional. Solo así comenzaremos a arreglar las cuentas pendientes con un modelo de crecimiento económico disminuido perfectamente diseñado para el éxodo sostenido de nuestra población.

Lea sobre el mismo tema:
Carta sobre migración y globalización.
De Paolo Luers

Manipulación infame. De Federico Hernández Aguilar

Jugar con fósforos al lado de un enorme tanque de gasolina es lo que el gobierno de El Salvador viene haciendo desde hace dos años. Para resolver su grave déficit fiscal (el tanque de gasolina), nuestras autoridades han optado por manipular una cajita de fósforos que se llama “politiquería”. Y así, en el afán de quemar a sus adversarios, no advierten que están a punto de incendiar al país entero.

Federico Hernández Aguilar, 20 abril 2017 / LPG

Lo que se nos quiere vender como excusa, en torno a los impagos que se han venido produciendo desde el 7 de abril, es que las obligaciones con las pensiones de los trabajadores necesitaban de la aprobación de una mayoría calificada en la Asamblea Legislativa, alegando que no se disponía de la “asignación presupuestaria indispensable” de acuerdo con la reforma a la Ley del Fideicomiso de Obligaciones Previsionales (FOP), misma que desde noviembre del año pasado tiene suspendidos sus efectos por una medida cautelar de la Sala de lo Constitucional.

Lo que ningún comunicado del Ministerio de Hacienda nos confiesa es que la administración Sánchez Cerén ha tenido entonces cinco meses para diseñar alternativas constitucionales a su polémica reforma a la Ley FOP, no solo respetando a la Corte Suprema de Justicia sino liderando las negociaciones políticas que le permitieran cumplir con sus pagos. En lugar de eso, el gobierno ha estado –por casi medio año– intercambiando epítetos con el principal partido opositor, que con razón se ha negado a aceptar que la única solución viable sea endeudar más a los salvadoreños o seguir ahorcándolos con impuestos.

Amén de este infantil berrinche, los diputados oficialistas y sus adláteres aprobaron un presupuesto que incluía el monto “simbólico” de mil dólares para enfrentar los vencimientos de los Certificados de Inversión Previsional, a sabiendas que se requerían más de $200 millones. Y por si lo anterior fuera poco, el Ministerio de Hacienda quiere que creamos algo absurdo: que justo en la plenaria extraordinaria antes de las vacaciones de Semana Santa, bordeando el impago, 56 diputados iban a hacerse presentes en el Salón Azul para votar por una reforma a la Ley del Presupuesto que nadie había presentado. ¡Por favor!

Nuestro gobierno nos ha mentido con descaro y pretende continuar. No admite los errores que comete, pero endilga responsabilidades a diestra y siniestra. Habla de dialogar y de buscar consensos, pero el lenguaje hostil de algunos de sus voceros desmiente tal voluntad conciliadora. Se ha dado el lujo de contar con recursos que jamás soñaron administraciones anteriores, pero es la actual gestión, paradójicamente, la que nos está llevando al default.

El jueguito peligroso ha terminado por chamuscar la imagen de El Salvador, que siempre fue apreciado internacionalmente como país que sabía tomarse en serio sus compromisos. Gobiernos responsables con el bienestar de sus ciudadanos no manipulan la caja de los cerillos tan cerca del combustible. Ahora estamos a un paso de perder la credibilidad que por muchos años fuimos construyendo, a fuerza de disciplina y manejos más sensatos de las finanzas públicas. ¿Y quién es capaz de predecir el tiempo que nos llevará recuperar la percepción positiva que alguna vez gozamos?

En política es posible excusar la torpeza, incluso cuando sus causas son coyunturales; pero los cálculos politiqueros que provocan descalabros económicos son, además de inexcusables, abiertamente infames. Lo que los salvadoreños podríamos sufrir por culpa de quienes llevan las riendas de la nación es inédito, difícil de pronosticar. No existen precedentes para los efectos que nos traerán degradaciones que nunca debimos tener en el mercado internacional. Y una vez desatado el incendio, ¿quién cree que nuestro gobierno sabrá enfrentarlo?

Con los agiotistas. De Manuel Hinds

El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado.

manuel hindsManuel Hinds, 24 febrero 2017 / EDH

El gobierno publicó ayer como un grandioso logro la venta de $600 millones en bonos con vencimiento en 2029 a una tasa de interés de 8.625 por ciento. Como razón adicional de orgullo el gobierno indicó que había recibido ofertas cinco veces más altas que la cantidad que se quería colocar (recibió ofertas que sumaban $3,359 millones entre todos los potenciales compradores cuando solo se estaban ofreciendo $600 millones). El tono de triunfo es totalmente inapropiado porque la tasa de interés es horriblemente alta, el equivalente para un gobierno de tomar prestado dinero de agiotistas. También es inapropiado presumir que les habían ofrecido mucho más dinero que el que querían porque eso lo único que indica es que el gobierno estaba ofreciendo tasas de interés demasiado altas, tan altas que diario hoyatrajo tantas abejas al panal. Es bien fácil atraer miles de compradores si usted ofrece algo muy barato, y peor si lo vende a un precio que deja a muchos compradores con ganas de comprar. Usted beneficiaría a los que compraron a costa del estado salvadoreño ya que los compradores podrían darse la vuelta y vender los bonos a mayores precios de los que le pagaron a usted, para una ganancia instantánea. El gobierno debería de aclarar si hubo ventas inmediatamente después de que el gobierno vendió, y a qué precios.

En todo caso, la tasa de interés es altísima. En este momento el rendimiento de los bonos a 10 años del Tesoro de Estados Unidos es de 2.41 por ciento, lo cual indica que El Salvador pagará aproximadamente 6.2 por ciento más que la que paga Estados Unidos y 4.8 por ciento más que lo que pagaría México. Compararnos con México no es fuera de orden porque por varios años tuvimos grado de inversión, una calificación de riesgo mucho mejor que ese país (mientras mejor es la calificación de riesgo menor es la tasa de interés).

Ahora calcule usted cuánto pagaremos en estos bonos y cuánto hubiéramos pagado si todavía tuviéramos la calificación que teníamos en los años noventas.

Estos bonos nos van a costar en intereses, por año, $600,000,000 X 8.625 por ciento = $51,750,000. Multiplique esto por 12 años y le dará $621,000,000. Es decir que por $600 millones de deuda, pagaremos en capital e intereses $1,221,000,000 (si, mil doscientos veintiún millones de dólares). Si fuéramos todavía comparables con México, pagaríamos en intereses solo $22,800,000. En los 12 años pagaríamos $263,600,00 en intereses, que al sumarlos a los $600,000,000 de deuda, llegamos a $873,600,000 de pago total. Esto es $347,400,000 menos que lo que tendremos que pagar ahora.

Piense ahora en lo que se podría hacer con esa diferencia, y piense lo que se podría hacer con la cantidad total que el gobierno tendrá que pagar por esos bonos, mil doscientos veintiún millones, y recuerde que el gobierno no hace nada visible con las enormes cantidades de dinero que gasta.

Estas cifras deberían de hacer pensar a los salvadoreños, que, con gran liviandad piensan que tener grado de inversión (una calificación muy buena que solo Chile y El Salvador tenían en los finales de los años noventas) no es importante. El manejo eficiente de las finanzas públicas es clave porque ahorra enormes cantidades de dinero en comparación con los intereses que tiene que pagar un estado manirroto y mal manejado. Allí, en esos $347,400,000 que tendremos que pagar de más van 347 escuelas de un millón de dólares cada una, o 347 unidades de salud del mismo precio, o casi 700 becas de $100,000 cada una para estudiar posgrados en universidades de primera en Estados Unidos o en Europa. ¿Cuántas universidades se podrían equipar con $347 millones?

En este momento los altísimos intereses que estaremos pagando solo afectan este préstamo. Pero marcan el camino que el país seguirá si el gobierno no ajusta su manejo fiscal y hasta la manera en la que habla. Si este ajuste no se da, cada vez que se tome un préstamo se pagará una tasa así de alta o mayor, con lo que poco a poco la tasa promedio que se paga sobre la deuda va a ir aumentando hasta asfixiar al país.

Ese será el gran logro de los gobiernos del FMLN.

Otra carta a los alcaldes: Les están tomando el pelo. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 2 febrero 2017 / EDH

Estimados amigos:
En el derecho penal y en el trato psicológico a vicios existe la figura del reincidente. Hay una regla que aplica tanto al delincuente como al alcohólico reincidente: No hay que creerle cuando dice que va a mejorar.

Así es el gobierno del FMLN: como un delincuente, drogadicto o alcohólico, que cada vez jura que nunca más va a caer en las viejas tentaciones – pero ya sabe que es paja. Y por supuesto, recae.

diario hoyLo peor que se puede hacer con los reincidentes es consentirlos. Hay que exigirles cumplimiento, obligarles a rendir cuentas, y castigarlos cada vez que reinciden.

El gobierno del profesor Salvador Sánchez Cerén es caso clásico de reincidente. Tiene todos los síntomas de los vicios, las mentiras, las promesas rotas y las ofensas del reincidente. El 16 de diciembre del año pasado, Casa Presidencial, en su sitio WEB oficial, citó al presidente de la República: “Entre miércoles y jueves vamos a cancelar el FODES a todas las alcaldías de octubre, noviembre y diciembre.” Estaba hablando de miércoles 20 y jueves 21 de diciembre. Si el presidente no hubiera mentido (o hecho falsas promesas, que lo mismo), las alcaldías hubieran podido pagar antes de navidad aguinaldo y el salario de diciembre.

Pero el gobierno no cumplió: transfirieron los fondos al ISDEM hasta el 28 de diciembre, de manera que llegó a las alcaldías en enero. Y no pagó, como ha prometido, todo lo adeudado, sino solamente los correspondiente a octubre y noviembre.

Luego el gobierno, mediante su ministro de Haciendo, se comprometió a pagar lo más tarde el 16 de enero el FODES de diciembre. Ahora estamos en febrero, y ninguna alcaldía ha visto ningún centavo de los 22 millones de dólares.

El problema de ustedes es que no entienden que el gobierno es como un delincuente drogadicto reincidente. Muchos de ustedes, sobre todo los alcaldes del FMLN, le siguen creyendo. El reincidente ya cuenta con esto, es su forma de operar. Ustedes, si no le ponen paro, permiten que se convierte en delincuente sistemático. Esto es exactamente lo que está pasando, y en parte tienen la culpa. Hasta ARENA ha caído en esta trampa – hasta que se cansaron y se levantaron de la ‘mesa de diálogo’ que en Casa Presidencial han instalado para darles paja con acuerdos que nunca piensan cumplir…

No les tengo que explicar a ustedes que estos 22 millones mensuales del FODES no son regalos del gobierno. Es la parte de la recaudación mensual de impuestos que por ley corresponde a los municipios. El gobierno los está gastando en otras cosas, sin que nadie realmente entiende, en qué, y esto de entrada es ilegal. Por esto estamos hablando de delincuentes reincidentes.

Es mentira que ustedes no pueden hacer nada. Juntas las alcaldías tienen mucho más poder político que el gobierno. El gobierno no resistiría una movilización fuerte y permanente de las alcaldías y sus bases sociales. No en un año preelectoral. Dejen de consentir los vicios, las mentiras y las actuaciones ilegales del gobierno.

Saludos,

44298-firma-paolo

Diabetes fiscal. De Manuel Hinds

Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legítimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos.

manuel hindsManuel Hinds, 28 enero 2017 / EDH

El gobierno quiere que creamos que el problema fiscal del país es que no puede pa-gar sus deudas porque sus ingresos son más bajos que sus egresos. El equivalente médico de esta enfermedad sería inanición. Los síntomas serían ver a un gobierno adelgazado, esquelético. Su cura sería reducir el uso de energía o aumentar la comida. Pero la enfermedad fiscal del gobierno de El Salvador no es inanición. Lo que tiene el gobierno es diabetes fiscal—una enfermedad en la que la persona come mucho, puede engordar enormemente, pero se está muriendo de hambre porque los alimentos no se usan para que sus células puedan trabajar. La enfermedad se come la energía que entra al cuerpo y deja sin comida a las células que la comida debería alimentar. Esto es lo que pasa en el país. El gobierno cada vez cobra más impuestos, y diario hoycada vez dedica menos de estos (y de los préstamos que logra conseguir) a pagar los servicios públicos que el gobierno debería de proveer. Como un diabético mal cuidado, el gobierno se engorda mientras que los servicios públicos y las actividades legitimas del gobierno tienen cada vez tienen menos recursos. La diabetes, médica y fiscal, engorda al paciente pero causa inanición en sus células.

Las radiografías del gobierno muestran un enorme gordo en sus ingresos, y un pobre esquelético muriéndose de hambre en las funciones que debería de estar cumpliendo. El remedio no es darle más de comer al diabético. Hacerlo es altamente contraproducente, porque el darle más comida acelera el proceso por el cual los que reciben la comida se las quitan a las células del cuerpo. Si el gobierno consigue más dinero, su gordura aumentará pero sus actividades legítimas caerán cada vez más en la inanición.

Por supuesto, el gobierno clama, cuando pide más y más dinero, que se queda sin efectivo porque, siendo un gobierno de izquierda, está gastando mucho en servicios sociales para los pobres. Hay gente que les cree: los que no viven en este mundo, los que no se dan cuenta de cómo los servicios sociales se han deteriorado, los que no se detienen a pensar que no es posible que este gobierno ha recibido más recursos que cualquier otro gobierno y ha llevado al estado a una situación paupérrima, los que no se dan cuenta de que el gobierno del FMLN ha logrado que le aprueben un presupuesto que no contiene todos los gastos que tendrá que cubrir en 2017 porque si los incluyera se vuelve obvio que el presupuesto está desfinanciado.

Pero los que se tragan la peregrina idea de que el gobierno se ha metido en problemas fiscales porque gasta mucho en ayudar a los pobres deberían de reaccionar viendo como, en medio de la crisis espantosa por la que pasan los hospitales públicos porque no reciben dinero suficiente ni para los medicamentos más esenciales, el gobierno del FMLN les ha recortado 17 millones en el nuevo presupuesto, diciendo que en realidad no les hará falta, implicando que no los necesitan. Pero al mismo tiempo el gobierno gasta 50 millones en extravagantes seguros de salud privados cuyas primas cuestan, en todo el gobierno, cerca de 50 millones de dólares que, si fueran invertidos en los hospitales públicos, harían una gran diferencia para la población del país. Que el FMLN hace esto muy conscientemente lo demuestran las declaraciones de una de sus líderes en la Asamblea, que llena de indignación dijo que ella y sus colegas no podrían ir a clínicas públicas o del Seguro Social porque son muy inferiores a las del sector privado. ¡Claro! ¡Si día a día ellos mismos le quitan dinero a los servicios públicos! Este es un claro caso de diabetes fiscal, en la que las glóbulos que deberían de llevar la glucosa a las células del cuerpo se quedan con ella y la usan para su propio beneficio.

Igual pasa en educación, en donde las escuelas reciben cada vez menos dinero.. Pero, grandes como son estos casos, ni siquiera comienzan a explicar a dónde se va tanto dinero que el gobierno recibe y sigue recibiendo de los ciudadanos mie

Sigue la pregunta,¿dónde está el dinero? De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 24 diciembre 2016 / EDH-Observadores

El gobierno se comporta como si fuera un deudor que de repente se quedó sin dinero porque sus ingresos cayeron de pronto o porque los gastos se le incrementaron también de repente. Esta semana pagó solo una parte del Fodes que les debía a las alcaldías, cubriendo solo octubre y noviembre con 60 de los $90 millones que debía hasta diciembre. Esto lo hizo solo ante la tremenda presión a la que lo sometieron los alcaldes y después de haber causado gran daño a los gobiernos locales. El gobierno aceptó hace algunas semanas que debe más de $160 millones a sus proveedores, y que no les puede pagar $200 más a los bancos. Además no está pagando el escalafón de los trabajadores de salud.

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observadorEstas no son las únicas obligaciones que el gobierno no está pagando. Uno lee cada día que la policía no puede pagar sus alquileres, que las escuelas no están recibiendo lo que deberían según el presupuesto, que los hospitales no tienen medicinas, que no hay dinero para dar mantenimiento a las carreteras, etc., etc., etc., y uno piensa, ¿cómo fue que el gobierno se quedó tan de repente sin dinero? ¿Cómo fue que el dinero alcanzaba el año pasado para pagar todo y de pronto no solo no alcanzó para algún pedacito del presupuesto, sino para tantos rubros que ahora no son pagados?

¿Será que el gobierno ha gastado más? Como se aprecia en la gráfica adjunta, no sustancialmente. De enero a octubre, el gobierno gastó solo $46 millones más que en 2015. ¿Será que los ingresos se le cayeron? No, tampoco. Los ingresos de 2016 a octubre fueron de $4,572 millones, que son $324 millones más que en 2015. Es decir, tuvo ingresos $324 millones mayores y $46 millones más en gastos, para una ventaja de $278 millones. ¿Y por qué entonces no alcanza para pagar a los bancos, el FODES, a los proveedores, etc., que antes sí se pagaban?

El dinero se ha desembolsado, de eso no hay duda. Pero si no se ha usado en pagar tantas cosas que no se han pagado, ¿hacia dónde se fue?, ¿dónde está el dinero?