Un nuevo compromiso para El Salvador. Una propuesta a ARENA que no ha sido aprovechada

El siguiente es un documento que por razones fuera del control de sus autores ha sido manejado con mucha secretividad. Fue elaborado, entre enero y marzo del 2010, por un grupo de intelectuales convocados por Roberto Murray Meza: Luis Mario Rodríguez, Federico Hernández Aguilar, Salvador Samayoa, Claudia Cristiani y Paolo Luers. Ninguno de los seis integrantes estaba ejerciendo militancia activa en ARENA en este momento, tres de ellos jamás la habían tenido; dos más bien previenen de militancia en la izquierda.
Los seis integrantes acordaron aceptar un reto político e intelectual difícil, pero fascinante: hacer al partido ARENA, en profunda crisis luego de la derrota electoral del 2009 y la subsiguiente separación de muchos de sus cuadros de dirección, una propuesta coherente de renovación de su ideario.
En largas sesiones de trabajo, con discusiones muy complejas y extremadamente enriquecedoras, se llegó a escribir, editar y consensuar un documento que fue entregado a Alfredo Cristiani, con el propósito de servir como punto de arranque e instrumento catalizador (obviamente no como resultado) para el necesario debate que tenía que impulsar ARENA entre sus militantes y con la sociedad salvadoreña.
Hasta la fecha, todos los autores del documento hemos respetado la confidencialidad del documento que entregamos a ARENA. Sin embargo, a la luz de la imperiosa necesidad que el debate interno de ARENA no se siga postergando, yo personalmente he tomado la decisión de publicar este documento. Este esfuerzo intelectual y político no puede cumplir su función si sigue en secreto y sin debate.
Muchos de los conceptos plasmados en este documento necesitarán actualización o corrección a la luz de los últimos 5 años. Pero en el fondo, mantiene vigencia. Que sirva para el debate, para la renovación, para el relevo y para la apertura de ARENA. Cualquier partido  que se renueva y se democratice es un aporte a la consolidación de la democracia del país.

(Paolo Luers/Siguiente Página)

Un nuevo compromiso para El Salvador

ARENA vivirá y será un Partido fuerte mientras mantenga su audacia, su capacidad de renovarse, su compromiso con el bienestar de los salvadoreños y su decisión de impulsar las reformas económicas y políticas que el país necesita.

Muchos piensan que la audacia más grande de ARENA fue haber asumido, en medio de la guerra, la defensa de la libertad pero el logro más audaz de ARENA fue otro: escuchar el clamor popular por la paz, terminar la guerra y encabezar la más profunda y democrática reforma de nuestro sistema político.

Esta es la audacia que ARENA debe recuperar ahora. Y debe hacerlo reconociendo que después de encabezar durante más de 20 años la defensa de las libertades democráticas, la reconstrucción nacional y las reformas que posibilitaron un progreso sin precedentes en la calidad de vida de millones de salvadoreños, ARENA ha perdido en los últimos años mucho de la audacia  de la capacidad de renovación que la convirtieron en la primera fuerza política del país.

Es la hora de recuperar el orgullo de los areneros por todo lo que han aportado a la Patria, a la paz, a la democracia, a las libertades y al crecimiento económico del país, pero también es hora de mostrar la capacidad autocrítica necesaria para reconocer y superar los errores del pasado.

Ante los peligros para la democracia, ARENA propone más democracia. Ante la crítica que el FMLN hace a la democracia representativa, proponiendo modelos autoritarios como los de Cuba y Venezuela, ARENA se compromete a reformar las instituciones democráticas para preservarlas y fortalecerlas.

La reforma es la mejor defensa que podemos hacer de nuestro sistema de libertades y contra las amenazas autoritarias de la ‘derecha populista’ y del ‘Socialismo del Siglo XXI’. Por eso, ARENA se declara como el Partido que defiende las libertades públicas y promueve las reformas democráticas.

DEMOCRACIA Y REFORMA POLÍTICA

Poco más de 20 años han pasado ya, desde que ARENA alcanzó por primera vez el poder ejecutivo, mediante un proceso electoral que, si bien se dio con la guerra como telón de fondo, fue reconocido como un proceso limpio y ejemplar.

Para El Salvador era de suma importancia que la guerrilla depusiera las armas y se integrara al sistema político fundamentado en la democracia representativa. Pero estábamos conscientes que nuestro modelo político necesitaba una reforma y un verdadero proceso de democratización, porque se había convertido en un modelo excluyente, fundamentado por décadas en la fuerza de las armas y en la restricción de las libertades públicas, una de las principales causas que originaron el enfrentamiento armado.

Si bien es cierto que ya en 1983 habíamos iniciado nuestra participación en ese proceso de reforma, a través de la nueva Constitución Política, y que, producto de las elecciones de 1984, un civil había sido electo presidente, esta reforma no era completa y, aunado a la corrupción imperante en aquel primer gobierno civil, de facto, continuaba el predominio del poder militar.

Para lograr la paz, había que profundizar el proceso de reforma de nuestro sistema político. Ese fue el objetivo del proceso de negociación auspiciado por las Naciones Unidas: lograr la paz, mediante el inicio de la más profunda reforma política que haya ocurrido en nuestra historia. Se trataba de re fundar la nación, en base al consenso, sobre el reconocimiento del derecho de todos a participar en la construcción de la misma. ARENA asumió este reto con audacia, a pesar de grandes riesgos, empecinadas resistencias  muy arraigadas desconfianzas.

El segundo gran desafío para ARENA era el cumplimiento de los Acuerdos de Paz: la creación de nuevas instituciones, la reducción de la Fuerza Armada y subordinación al poder civil, la reforma de las instituciones de seguridad pública, y la reconstrucción y recuperación de la economía.

Pusimos fin a la guerra y creamos un sistema plural, al cual la izquierda se pudo insertar sin restricciones. Desde entonces, ARENA y el FMLN han venido librando una batalla política, en la cual dos visiones del mundo totalmente diferentes se han sometido al escrutinio de la voluntad popular. En cuatro ocasiones los salvadoreños votaron mayoritariamente por ARENA, lo cual produjo el más largo período de estabilidad democrática, paz y progreso de la historia del país.

DESARROLLO ECONÓMICO Y DETERIORO INSTITUCIONAL

En este período de estabilidad, bajo la responsabilidad de ARENA y, a pesar del boicot permanente del FMLN, se produjo una ampliación sin precedentes de las capas medias urbanas; se redujo la pobreza; se ordenaron las finanzas públicas; se mejoró significativamente la infraestructura; aumentó la oferta y mejoró la calidad de los servicios públicos, sobre todo las carreteras y caminos, y los servicios de salud y educación; hasta el punto de traducir su impacto en un considerable incremento del índice de desarrollo humano.

Esos logros son innegables.  Están a la vista de todos. Pero también se cometieron muchos errores. Hubo aspectos sociales del crecimiento económico a los que no se les dio la debida importancia. Uno de estos aspectos fue la desprotección del ciudadano ante instituciones y conglomerados empresariales que abusaron del régimen de libertades, castigando sistemáticamente a las familias de menores ingresos con injustos contratos de servicios, comisiones voraces y cobros indebidos.

Además de la tolerancia del gobierno a los abusos empresariales, también contribuyó al sentimiento de frustración e indignación ciudadana el descuido de las instituciones del Estado y su evidente utilización al servicio de los que detentaban el poder. Este comportamiento, muy pronunciado en los últimos años, afectó gravemente la cultura de la legalidad hasta situar al país ante el riesgo de infiltración del crimen organizado en sectores decisivos de los tres Órganos del Estado.

Ante tal situación, mucha gente comenzó a creer que ya era hora de un cambio en el gobierno, y este fue, sin duda, uno de los factores determinantes de nuestra derrota electoral.

DERROTA ELECTORAL

Una derrota electoral no es una tragedia. No es, por sí misma, factor de división, motivo de vergüenza o desmoralización. Todos los partidos ganan y pierden elecciones. De eso se trata, precisamente, el juego político democrático. Los partidos pueden perder la confianza o la preferencia de los electores por razones de índole diversa.

Las derrotas preocupantes, vergonzosas o desmoralizantes son las que se producen por cualquier forma o modalidad de autoritarismo o de corrupción, tanto en la dirección interna del Partido como en el ejercicio del poder gubernamental. ARENA no perdió ante el planteamiento del adversario. Perdió por el desempeño de sus propios dirigentes y por la desmotivación que ellos produjeron en amplios sectores de su base social.

En ese sentido, la derrota electoral sufrida por ARENA debe motivar una profunda reflexión porque conlleva un juicio popular sobre el desempeño del Partido en el poder, pero también porque el partido ganador, el FMLN, aún y cuando llevó a un candidato fuera de sus filas, sigue siendo un partido marxista y simpatizante del antidemocrático proyecto bolivariano que impulsa desde Caracas Hugo Chávez.

LA CRISIS QUE ESTAMOS SUPERANDO

La crisis de ARENA no comenzó con la derrota electoral, sino con la derrota de la democracia interna en años anteriores. Tampoco la crisis se agudizó con la salida del Partido del grupo que antes dominaba. Por el contrario, ahí empezó el proceso de superación de la crisis.

Hay dos axiomas en política: el poder desgasta y el poder corrompe. Precisamente por ello es que existen pesos y contrapesos en un sistema democrático. Por ello es necesaria la rendición de cuentas. Durante el largo ejercicio del poder ARENA perdió mucho de su mística y ética de los primeros años, no combatió con suficiente fuerza escandalosos hechos de corrupción, y no hizo lo suficiente en otros temas importantes, como la profundización de la reforma política iniciada en 1992 y el fortalecimiento de la institucionalidad.

La mancha en la conducción del Partido

En el último quinquenio, ARENA llegó a un importante punto de inflexión: los dirigentes pasaron por encima de los mecanismos básicos de democracia interna en los que se asentaba la cohesión y la renovación permanente del partido.  Este desvío de la tradición y de las buenas costumbres marcó una etapa de decadencia y de posterior derrota electoral. En ese período, la gestión del Partido y del gobierno se saturó de lemas publicitarios orientados a promocionar la falsa imagen de una ‘derecha popular’ para favorecer el continuismo de los dirigentes y justificar la total exclusión de sectores sociales y cuadros históricos del Partido.

El desastroso manejo del proceso interno para seleccionar al candidato a la presidencia de la República terminó siendo el detonante final del proceso de desmoralización y descomposición que las estructuras del Partido ya venían sufriendo.

El grupo que manejó ARENA lo entregó quebrado, con deudas millonarias, desmoralizado y con quintas columnas encargadas de minar el poder territorial del Partido con el cáncer de las intrigas y la compra de voluntades. La primera gran acción política de ese grupo, que por cinco años tomó el Partido, fue intentar dividir a la derecha, argumentando una falsa dicotomía entre ‘derecha popular’ y ‘derecha elitista’, mientras el verdadero conflicto se desarrollaba entre una derecha con ética y una derecha corrupta, entre sectores históricos genuinamente democráticos y sectores oportunistas.

Sin embargo, debemos reconocer que todos los areneros tuvimos la responsabilidad de lo ocurrido en los últimos cinco años. Porque todos permitimos que un individuo y su grupo manejaran a su antojo el Partido y el Estado. Cometimos el error de caer en el chantaje frecuentemente utilizado por populistas de derecha cuando se ven amenazados por sus antípodas de izquierda: “los comunistas o yo, ustedes eligen”. Por temor de perder aceptamos tolerar toda clase de violaciones a los estatutos del Partido, la corrupción, el caudillismo. Al final, de todas formas perdimos las elecciones y además estuvimos a punto de perder el alma del Partido.

La mancha en la conducción del gobierno

El último gobierno de ARENA fue dominado por un grupo de amigos y compadres, que no rendían cuentas a nadie y que manejaron a su antojo las cuestiones de estado y del Partido. ARENA tiene que reconocer la escandalosa corrupción ocurrida en los últimos cinco años y el envilecimiento de las instituciones del país mediante la compra de voluntades.

Y a pesar de todo, hicimos cosas buenas

No todo fue malo en el último gobierno de ARENA. Hubo gestiones importantes como la obtención de fondos de la “Cuenta del Milenio” para el desarrollo de la zona norte, el inicio del programa “Red Solidaria”, la creación de la Defensoría del Consumidor y de la Superintendencia de Competencia, el impulso de políticas sectoriales, particularmente en el rubro agropecuario, además de algún nivel de mejoría en servicios como FOSALUD.

En este mismo plano general de beneficios a la población puede situarse la política de subsidios del último gobierno. Aunque tuvo errores importantes de focalización y puso en riesgo la estabilidad macroeconómica, fue una expresión de la sensibilidad social característica en los gobiernos de ARENA, ya que el subsidio a servicios esenciales como el agua, la energía eléctrica, el transporte y el gas propano, alivió en gran medida la situación de las familias más pobres. Pero eso era lo menos que se podía esperar de un cuarto gobierno de ARENA, que ya no tenía que lidiar con la guerra, la reconstrucción y la recuperación económica.

MIRAR HACIA DELANTE

No es suficiente reconocer los errores. Hay que crear los mecanismos necesarios para que no se repitan. Debemos construir y fortalecer la democracia interna de nuestro Partido. Debemos fortalecernos como derecha democrática frente a la derecha populista y debemos fortalecernos como derecha con ética frente a la derecha corrupta. Este es el verdadero contenido de la renovación actual de ARENA.

ARENA debe salir lo más rápido posible de la situación negativa en la que se vio inmerso el Partido en los últimos meses. El primer paso es entender que los problemas no comenzaron con la derrota electoral, sino con el deterioro de la democracia interna años antes. Por tanto, para salir adelante, ARENA tiene que regresar a sus raíces y principios de alianza, republicanismo y pluralidad interna.

Debemos mirar hacia delante. Los que siempre han querido destruir el sistema democrático están envalentonados y hablan ya de cambiar los artículos pétreos de la Constitución y promueven la ‘democracia directa’ y plebiscitaria, siguiendo fielmente el guión escrito en Venezuela.

Hay mucho trabajo por hacer. El Partido no puede perder un solo día más en un debate estéril con los oportunistas. Hay que echar mano ya a la renovación y el fortalecimiento, no sólo del Partido, sino de la oposición democrática en su conjunto.

ARENA debe renovar su forma de relacionarse con la gente, modernizar su estilo de trabajo, recuperar la mística, y abrir las puertas a todos aquellos patriotas identificados con la democracia representativa como único sistema que garantiza las libertades y el desarrollo económico.

ARENA, UN PARTIDO LIBERAL

ARENA es un partido liberal en el sentido más clásico de la palabra, no como una ideología cerrada, sino como una forma de ver y vivir la vida. Confiamos en la libertad. Ponemos por encima de todo a la persona humana y su dignidad. Ponemos al Estado en función de las personas y no las personas en función de un todopoderoso Estado.

Apostamos por el imperio de la ley y por la libertad económica. La historia ha demostrado que donde más dinámica y libre es la economía, es donde hay menos pobres. Sólo los individuos libres son capaces de desarrollar plenamente sus facultades creativas y esforzarse por alcanzar su propio bienestar. En ese esfuerzo toda la sociedad sale beneficiada. El Estado debe garantizar la equiparación de oportunidades y debe ocuparse de aquellos que no pueden valerse por si mismos.

Si los que estamos dispuestos a defender y desarrollar el sistema democrático y la economía social de mercado nos unimos, construyendo un Partido con auténtica democracia y pluralidad interna, podemos llevar nuevamente a El Salvador al sendero de la sensatez, el crecimiento y el desarrollo humano.

Declarar ARENA un partido liberal no significa que abandonamos nuestras raíces históricas. El liberalismo siempre ha sido la motivación que sustenta su lucha por las libertades y en contra del autoritarismo en cualquiera de sus manifestaciones. ARENA seguirá siendo Republicano, porque seguirá dispuesto a defender el sistema de democracia representativa. ARENA seguirá siendo Nacionalista, porque siempre pondrá el interés de la nación y de la Patria encima de cualquier forma de interés particular. Y ARENA sigue siendo Alianza porque está constituida por diversos sectores que son expresión de todos los componentes de la sociedad y que tienen participación y representación orgánica en las estructuras del Partido. Esto hará funcionar a plenitud el pluralismo interno y aspira a la unidad basada en el respeto a nuestra diversidad y el interés común de la nación.

ARENA no es un Partido conservador, porque está comprometido con la reforma como instrumento mediante el cual las sociedades se adaptan a nuevas realidades y necesidades. ARENA es el Partido que promoverá la reforma política, institucional y social como mecanismo para oponerse a los que quieren obviar nuestro legítimo derecho a la libertad, cambiar el sistema democrático representativo que es nuestra garantía para la defensa de la pluralidad y sustituir nuestra economía social de mercado por cualquier alternativa que lleve a más pobreza y miseria.

TAREAS Y COMPROMISOS

RECUPERAR LA VITALIDAD Y LA MÍSTICA

La primera exigencia del momento actual es sacudirnos la modorra, recuperar la vitalidad, el entusiasmo, la mística, el compromiso y, sobre todo, la disponibilidad para trabajar por el fortalecimiento del Partido en todos los niveles, en todos los sectores, en todo el territorio nacional. Si los cuadros y los militantes no ofrecen su tiempo, su capacidad y su esfuerzo, no podremos salir adelante. A los dirigentes les corresponde incentivar la participación y canalizar la energía, pero la energía debe desatarse en las bases, especialmente entre los jóvenes, para volver a ser un Partido rebosante de vitalidad.

Ya pasó la hora de los lamentos. Ya pasó el momento en que algunos se sentaron a esperar, a ver cómo se resolvía  la pugna interna del Partido. Es hora de trabajar. El que tenga críticas que las haga, pero con ánimo constructivo, con lealtad y ganando con su trabajo el derecho de hacerlas.

RECUPERAR LA UNIDAD DEL PARTIDO

Debemos recuperar la vida partidaria institucionalizando internamente la democracia y el pluralismo. Sólo así podemos poner fin al divisionismo en nuestras filas y a la escandalosa compra de voluntades en las estructuras territoriales. Por eso decimos: El antídoto a la erosión de la democracia es más democracia. El antídoto al divisionismo es regresar al principio de nuestros fundadores: la alianza de sectores que no es más ni menos que el pluralismo interno.

DEFENDER LA DEMOCRACIA Y EL SISTEMA DE LIBERTADES

Nuestro Partido debe construir una alianza nacional para defender la Constitución de la República como garante de la democracia representativa y el sistema de libertades. Para esto, ARENA debe abrirse hacia todas las fuerzas democráticas, incluyendo las del centro y las de la izquierda democrática, como democratacristianos, socialcristianos, y socialdemócratas.

ARENA debe luchar y lograr que todos los partidos políticos y fuerzas vivas de la nación se comprometan de una vez por todas a respetar el sistema de libertades, la Constitución, el sistema democrático y el Estado de Derecho. Sobre estas bases firmes e innegociables, los partidos debemos continuar profundizando la reforma política que iniciamos en 1992 con los Acuerdos de Paz para hacer de nuestro país una nación cada vez más justa, más libre y más próspera.

Nuestro Partido está llamado a impulsar y liderar ese esfuerzo. Para ello es clave que un bloque democrático liderado por ARENA logre la victoria electoral en las elecciones parlamentarias del 2012 y en las presidenciales del 2014. Sólo de esa manera se abrirá la posibilidad de que nuestros adversarios, hoy en el poder, pasen a la oposición nuevamente y se vean obligados a revisar a fondo sus dogmas marxistas y renunciar a sus ilusiones totalitarias.

REGRESAR A LA CONTIENDA ELECTORAL

ARENA debe afinar las estrategias para las próximas batallas electorales, lo que implica dos tareas paralelas: comenzar de inmediato un trabajo territorial intenso para fortalecer a nuestro Partido y, al mismo tiempo, sentar las bases para alianzas amplias y fuertes con todas las fuerzas dispuestas a defender nuestro sistema republicano de democracia representativa y nuestra sistema de economía social de mercado.

Para ambas tareas debemos abrir los espacios a los nuevos liderazgos que garantizarán que nuestro Partido sea unido, plural y capaz de asumir su rol de motor de las reformas políticas y sociales que necesita el país.

En política, los grandes retos y el trabajo concreto constituyen el verdadero crisol en el que se depuran las ideas y se forja el carácter y el valor de los dirigentes y de los militantes. ARENA debe plantearse desde ahora, sin vacilación, el reto de ganar las  elecciones de 2012. Este desafío será determinante para recuperar la vitalidad y la unidad del partido.

FORTALECER LAS  CAPACIDADES DE LOS MUNICIPIOS

Debemos fortalecer las municipalidades en su institucionalidad y en su capacidad de responder a las necesidades de la población. Sólo así podremos contrarrestar la estrategia del FMLN de establecer desde los diferentes ministerios gubernamentales ‘comités populares’ o ‘comités de barrio o cantón’ controlados por el partido comunista, que solo sirven de base para la llamada ‘democracia directa’. Esta no es otra cosa que un aparato territorial de control político a través del cual se sostendrá la represión política que indudablemente impondrán si completan su asalto al poder.

DETENER EL SECUESTRO DE LAS INSTITUCIONES DEL ESTADO

Debemos ejercer un papel vigilante ante la estrategia del FMLN de tomar control de las instituciones del Estado –como la Policía Nacional Civil, los sistemas de salud y educación, el Ministerio de Gobernación, la Dirección de Protección Civil y otras entidades públicas– con el fin de establecer un poder partidario paralelo al del gobierno actual y al de cualquier futuro gobierno que no sirva incondicionalmente a sus intereses.

RECUPERAR LA CONFIANZA EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO

Las constantes amenazas y los falsos análisis que hace el FMLN en contra del sistema democrático para desprestigiarlo y justificar la construcción de un Estado totalitario y represivo, encuentran eco en todos los que no perciben mejoras en su calidad de vida. Sin embargo, si bien es cierto que existen carencias importantes que no han sido resueltas, debemos afirmar con mucha convicción que la dificultad para superarlas no es atribuible al sistema democrático, sino a nuestra falta de voluntad para mejorarlo y utilizarlo adecuadamente.

En ese sentido, debemos tener la claridad política necesaria para reconocer que, a pesar de ser todavía imperfecto y susceptible de manipulación, no nos hemos equivocado de sistema y que este ha dado frutos innegables a nuestro país. La tarea pendiente no es sustituirlo por otro, sino retomar el camino de su construcción y fortalecimiento a través de la reforma política permanente y visionaria, para hacerlo cada vez más efectivo y más justo. Así podremos validar nuestro compromiso de ser el Partido que defiende las libertades públicas y promueve las reformas democráticas.

Habiendo aprendido las lecciones de su paso por el gobierno y por la oposición, ARENA deberá centrar su mensaje a la nación en la erradicación de la delincuencia criminal; la erradicación de los factores económicos y sociales que producen inseguridad; el combate frontal y ejemplar contra la corrupción en las estructuras del Estado; el repudio a los  pactos oscuros que permiten que grupos de interés se apoderen de instituciones del Estado; la prohibición del uso de fondos discrecionales sin su debida rendición de cuentas por parte de la presidencia de la República; la transparencia sin excusas de la gestión gubernamental; y la realización de una reforma electoral profunda que dé a los ciudadanos el pleno derecho de elegir a los diputados de su preferencia en vez de ratificar planillas partidarias.

Para lograr estos objetivos, ARENA debe proponer una Asamblea Legislativa y un gobierno con los mejores hombres y mujeres de El Salvador, pero de verdad, no como el presidente de los rojos, que hizo una promesa parecida y terminó nombrando el peor gabinete de gobierno de la historia de El Salvador. ARENA debe asegurar un gobierno que devuelva en obras de beneficio los impuestos que pagan los salvadoreños. Los salvadoreños no pueden seguir pagando triples impuestos por su  seguridad: al  Estado, a los servicios privados de seguridad, y a los delincuentes.

Los servicios de salud del Estado deben buscar la excelencia y dejar de ser el coto de organizaciones políticas disfrazadas de gremios y sindicatos. Las calles, avenidas y carreteras del país deben mantenerse en perfecto estado. En su próximo gobierno ARENA debe completar totalmente la electrificación del país y hacer las inversiones para proveer la seguridad energética que necesita el desarrollo nacional. La calidad y la distribución del agua potable deben mejorar y la educación de muy buena calidad debe estar realmente disponible para todos los salvadoreños.

Sobre todo, el Estado debe crear un clima propicio para que el capital nacional y externo invierta en El Salvador creando puestos de trabajo. Para ello, el Estado debe garantizar a los inversionistas transparencia, seguridad pública, seguridad jurídica y políticas públicas claras y previsibles.

Para lograr todo ello, los salvadoreños debemos lograr un pacto fiscal basado en la transparencia, la eficiencia en la gestión gubernamental, la rendición de cuentas y la disposición de todos los sectores a financiar el desarrollo del país. Esta reforma fiscal tiene que simplificar el sistema tributario para hacer posible su aplicación a los sectores actualmente informales de la economía.

SUPERAR LA POLARIZACIÓN, PROMOVER EL DIALOGO Y BUSCAR EL CONSENSO

ARENA debe buscar el dialogo permanente con toda la sociedad, incluyendo sus adversarios políticos, para buscar los entendimientos que sean necesarios a fin de mejorar la calidad de vida de todos los salvadoreños. Una vez puesto a prueba el sistema con la alternancia en el poder, ya no habrá espacios para la protesta violenta, las acciones ilegales y el vandalismo como forma de expresión y extorsión política.

ARENA no ha sido ni debe ser nunca un partido miope o mezquino. Cuando ha sido necesario, ha asumido con vigor la confrontación política, y lo seguirá haciendo cada vez que sea necesaria la defensa de valores y principios inclaudicables. Pero nuestro Partido entiende la política como una negociación permanente con todas las fuerzas vivas, en la que siempre tiene que haber concesiones de todos, sin que por ello se sacrifique en lo más mínimo el sistema de libertades, la democracia y el Estado de Derecho.

ERRADICAR LA POBREZA

ARENA reafirma su compromiso con la erradicación de la pobreza como mandato primordial del Estado, de los partidos políticos y de todos los miembros de la sociedad. No podemos hablar de desarrollo ni de justicia si no erradicamos la pobreza. Debemos comenzar por la pobreza económica, pero no podemos dejar a un lado las otras dimensiones de la pobreza. La pobreza económica no podrá superarse de forma sostenida si no erradicamos su principal sustento: la marginación.

Nadie puede negar que el único sistema que ha comprobado ser eficaz y eficiente para la creación de riqueza, es aquel que se desarrolla en un marco de libertad económica. ARENA no debe vacilar en la defensa de este marco. Así mismo, ARENA debe contribuir de forma permanente al mejoramiento y democratización de las condiciones jurídicas y sociales que hacen su funcionamiento posible. El desarrollo económico requiere que todos podamos apelar a la seguridad jurídica contra las arbitrariedades, los abusos y la corrupción. También requiere que dispongamos de seguridad física. La erradicación de la pobreza no puede disociarse del combate a la delincuencia común y el crimen organizado.

A la derecha se le reconoce siempre su eficacia en la creación de riqueza, pero se le acusa de no poner el mismo empeño en la superación de la pobreza. Esta acusación no es del todo cierta, pero cuando el río suena es porque lleva piedras. Ahora nos corresponde asumir el combate a la pobreza con la misma responsabilidad y seriedad con que asumimos la creación de riqueza. El día que aprendamos a hacer bien las dos cosas seremos invencibles y el pueblo no se detendrá ni un instante a escuchar mentiras y  promesas de falsos redentores.

DEFENDER AL CIUDADANO

ARENA entiende que en las sociedades modernas no solo el Estado y sus instituciones pueden cometer abusos contra los ciudadanos. Si no hay claras políticas públicas de regulación y supervisión, los individuos y grupos empresariales, tanto los grandes como los  pequeños, también pueden caer en la tentación de abusar de las personas más indefensas. Para evitar estos abusos, y siendo consecuentes con nuestro principio que reconoce al ser humano como objetivo primordial de cualquier sociedad; ARENA defenderá, implementará y hará efectivos los mecanismos que, respetando el Estado de Derecho y la libertad económica, garanticen la protección de los ciudadanos contra los abusos de cualquier índole.

Y nos referimos con exactitud a abusos de cualquier índole, porque no se trata solo de los que sufrimos como consumidores. Sufrimos abusos y vejaciones intolerables también como vecinos, como transeúntes y como peatones. ¿A quién no le ha instalado un pequeño o gran empresario, porque le da su santa y real gana, un taller o un camión en la entrada de su colonia, sin importarle en lo más mínimo el perjuicio a los vecinos? Y sufrimos también abusos como ciudadanos que deben gozar de todos los derechos que prescribe la ley, comenzando por el derecho a que no nos roben y no nos mientan los funcionarios y los empleados públicos.

ARENA no debe confundir los intereses de algunas empresas con el desarrollo económico del país. El desarrollo económico debe sustentarse siempre en la libertad creativa de los individuos y reconocemos que el impacto del esfuerzo de las empresas y empresarios que las lideran sostienen la creación de la riqueza nacional, pero el desarrollo económico también debe sustentarse siempre en la dignidad y derechos de todos los ciudadanos. Así como lucharemos contra el chantaje político, así también lucharemos contra el chantaje económico.

ARENA, UN PARTIDO VERDE

El desarrollo ecológicamente sostenible es una deuda que ARENA tiene con la nación. Luego de haber entendido y comprobado plenamente que tanto los modelos del capitalismo salvaje como los modelos socialistas sólo arruinan y dañan de manera profunda el medio ambiente, ARENA establecerá un claro compromiso con la recuperación y protección de nuestros recursos naturales. El quinquenio que marque el regreso de ARENA al poder deberá ser el de la descontaminación de la mayoría de nuestros ríos y lagos, la recuperación de nuestros bosques y la limpieza de nuestro aire. Esto no se logra con discursos, sino con inversiones estratégicas. Ello será de alta prioridad para el nuevo gobierno de ARENA.

En muchos países han surgido partidos verdes, debido a que los partidos tradicionales no han reaccionado a los retos ecológicos. En El Salvador, ARENA acepta este reto y se convertirá en el partido verde que sepa conciliar economía y ecología, desarrollo y defensa del medio ambiente.

LA ÉTICA EN LA POLÍTICA

ARENA asume un renovado compromiso con la ética como elemento central de su renovación y fortalecimiento. La ética no sólo como compromiso de trabajar apegados a la ley, sino como compromiso de ir más allá de lo que exige la ley. Todas las leyes son susceptibles de interpretación y pueden ser manipuladas para justificar actos que son cuestionables, aunque sean legales Por eso debemos aspirar más alto. Este compromiso no sólo obliga a ARENA a trabajar por una sociedad en la que impera la ley, y por un Estado que la hace valer sin excepciones. Este compromiso nos obliga a actuar en nuestra vida privada y en nuestra vida pública con apego a valores y a rigurosos criterios de honestidad, responsabilidad, justicia, solidaridad, transparencia y decencia, más allá de lo que la ley prohíbe o permite.

En este sentido, como una consecuencia de nuestro compromiso con la ética, hablamos y nos comprometemos con la democratización y con el ejercicio del pluralismo al interior de nuestras filas, pero también nos comprometemos con la rendición de cuentas, no solo ante nosotros mismos sino ante la sociedad entera.

En igual sentido hablamos y nos comprometemos con la defensa de los ciudadanos contra los abusos de cualquier tipo y a cualquier nivel; con la protección del medio ambiente; con el combate a la delincuencia y, sobre todo, con la lucha contra la corrupción en todas sus formas y manifestaciones. ARENA debe colaborar de manera permanente en la construcción de una cultura de legalidad, que empieza con el respeto a las leyes de tránsito y llega hasta el rompimiento con la impunidad de políticos y empresarios que se alían con el crimen común y organizado. La ética, como la ley, o es para todos igual o pierde vigencia.

MANOS A LA OBRA

Anclados firmemente en estos principios y compromisos, ahora ARENA tiene que terminar la tarea de renovar y fortalecer el partido. A partir de ahí, ¡manos a la obra de asumir nuestro rol de defensa de nuestro sistema democrático y de la economía social de mercado!

Si esta defensa requiere que asumamos nuestro papel de oposición, ARENA sabrá luchar. Si esta defensa requiere que asumamos nuestro papel de construir gobernabilidad, ARENA sabrá negociar y concertar.

Pero nuestra tarea a largo plazo no sólo es defender el sistema, sino mejorarlo a través de reformas políticas y mediante la construcción de estabilidad y crecimiento. Para esto es indispensable que, junto con las alianzas que sepamos construir, ganemos las siguientes elecciones y volvamos a asumir el compromiso de conducir el país.

(Escrito en marzo 2010)
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