El TSE es supremo, falta que se lo crea. De Erika Saladaña

Siempre he pensado que el TSE no se ha creído la parte final del artículo 208 de la Constitución, que lo cataloga como “la autoridad máxima en materia electoral”; no se ha adjudicado el calificativo de “supremo”. Asumir este rol implica que tanto en lo administrativo como en lo jurisdiccional el TSE sabe lo que hace y ejerce liderazgo. Pero otra ha sido la historia.

erika saldaña

Erika Saldaña, colaboradora de la Sala de lo Constitucional

Erika Saladaña, 29 enero 2018 / El Diario de Hoy

Hay instituciones que deberían creerse un poco más el rol que les toca desempeñar. Tienen asignadas funciones trascendentales para el desarrollo del país, pero van a paso de tortuga o se conforman con ser simples pasapapeles. Tenemos una Corte de Cuentas prácticamente invisible en la fiscalización de la ejecución del presupuesto general de la nación, un Tribunal de Ética dormido, y así podemos ir analizando cada institución.

La campaña política indudablemente nos hace pensar en el rol del Tribunal Supremo Electoral (TSE). La última elección de diputados para la Asamblea Legislativa, concejos y Parlamento Centroamericano dejó a la vista la vulnerabilidad del máximo tribunal en temas electorales. Se dieron incidentes preocupantes y hasta vergonzosos, los cuales en un país civilizado obligarían a las cabezas de la institución a renunciar. Pero estamos en El Salvador.

EDH logEl conteo de votos duró alrededor de 72 días; difícil echarle totalmente la culpa al voto cruzado cuando solo el 7 % a nivel nacional hizo uso de esta forma de votación. En las Juntas Receptoras de Votos se anularon indebidamente más de 20,000 votos, lo cual quedó evidenciado con el recuento ordenado por la Sala de lo Constitucional para el departamento de San Salvador. Hubo demasiados casos de inconsistencias en las actas, se dieron lamentables desastres técnicos como la falla total del sistema de transmisión de datos y hasta la perdida de la fibra óptica.

Siempre he pensado que el TSE no se ha creído la parte final del artículo 208 de la Constitución, que lo cataloga como “la autoridad máxima en materia electoral”; no se ha adjudicado el calificativo de “supremo”. Asumir este rol implica que tanto en lo administrativo como en lo jurisdiccional el TSE sabe lo que hace y ejerce liderazgo. Pero otra ha sido la historia. En el proceso electoral pasado el TSE fungió como simple observador de los partidos políticos. Estos hicieron lo que quisieron el día de la elección y en el conteo de votos. Se supone que es el TSE quien tiene las reglas claras y debería ejercer el rol de árbitro imparcial, brindar apoyo técnico y estar listo para resolver los incidentes. Pero no. Fue un tribunal prácticamente de adorno.

Una labor más activa del TSE no solo se debería limitar al momento de las elecciones, sino desde el principio del proceso electoral. Pareciera que el TSE no establece ningún filtro para la inscripción de candidatos, obviando por completo que -en el caso de los diputados- estos deben cumplir con los requisitos de notoria honradez e instrucción; además, desatendiendo las prohibiciones para ser candidatos que establece el artículo 127 de la Constitución.

Un ejemplo de lo anterior: el actual Viceministro de Inversión Extranjera, José Luis Merino, se limitó a presentar un “permiso sin goce de sueldo” para ser inscrito en la lista del FMLN, a pesar que la Constitución establece que no podrán ser candidatos a diputados los viceministros de Estado. Avalar dicho permiso sin considerar el fondo de las incompatibilidades establecidas en la Constitución es una interpretación demasiado básica y sin fundamento. Primero, es exageradamente inocente pensar que el hecho de no recibir sueldo lo libera de la incompatibilidad; segundo, existe un acto deliberado de mantener el resto de prerrogativas que van con el cargo, como el fuero, teniendo en cuenta que hay senadores en Estados Unidos pidiendo que se investigue al viceministro por vínculos con el narcotráfico.

Un TSE más activo y acucioso habría dado más análisis a este tema y no conformarse con recibir un permiso sin goce de sueldo. Y como ese ejemplo quizá encontremos a personas con antecedentes penales y policiales activos, con juicios pendientes en distintas instancias jurisdiccionales, entre otras situaciones cuestionables, mientras el TSE se limita a no decir nada e inscribirlos.

Ojalá que el TSE se atreva a asumir el rol que constitucionalmente le corresponde, teniendo en cuenta que todavía falta la ejecución de dos elecciones y más de un año de camino. Ya suficiente tenemos en un país con problemas políticos, sociales y económicos, como para sumarle la desconfianza al ente encargado de supervisar el conteo de votos. Urge que el Tribunal Electoral se crea que es Supremo.

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