Mes: enero 2018

El vicio del “mientras tanto”. Columna Transversal de Paolo Luers

Nuestro problema es la ausencia de políticas de largo plazo. En vez de generarlas, buscamos soluciones temporales.

paolo3Paolo Luers, 28 enero 2018 / El Diario de Hoy

Las medidas de emergencia y las soluciones “mientras tanto” son legítimas y necesarias, porque las soluciones integrales y de fondo siempre cuestan tiempo largo, y “mientras tanto” hay que aliviar los problemas. Lo que no es legítimo es quedarse con las soluciones provisionales, de emergencia, y dejar de construir, paso por paso, las verdaderas soluciones.

EDH logEste es el problema detrás de la crisis del TPS. Como dice su nombre, el TPS fue una medida temporal concedida por Estados Unidas, a raíz de los terremotos del 2001 que dieron nuevo impulso a la emigración. Han pasado 17 años y de repente un presidente, que llegó a la Casa Blanca con un discurso antiinmigrantes, suspende este programa temporal. Asustados por el posible impacto que esto tendrá sobre la comunidad salvadoreña y sobre nuestro país, ahora comenzamos a discutir lo que debiéramos haber discutido en el 2002: ¿Cómo conseguir soluciones migratorias permanentes para los salvadoreños en Estados Unidos? ¿Cómo podemos hacer para poner a nuestro país en condiciones para integrar a los que quieren regresar? En 17 años los sucesivos gobiernos salvadoreños no han construido nada, absolutamente nada, para gradualmente resolver estos dos retos. No hemos tenido una política hacia Estados Unidos para facilitar la integración permanente de los migrantes que quieren quedar en este país, ni tampoco hemos construido las condiciones para repatriar e integrar a los que así lo desean o están siendo deportados. Nos hemos conformado con la solución temporal, el famoso TPS, hasta que se acabuche. Ahora la Casa Blanca nos dio un plazo de 18 meses para hacer lo que en 17 años ni siquiera hemos comenzado a hacer.

Otro ejemplo: las “medidas extraordinarias”, elemento principal de la estrategia de seguridad del actual gobierno. Fueron decretadas hace dos años, porque el gobierno ya no hallaba cómo enfrentar dentro del marco legal normal la ola de violencia e inseguridad provocada por sus propias decisiones. Aunque nadie lo quería llamar así, estas medidas constituyen un Estado de Excepción, que por definición tiene que ser temporal y extraordinario, exclusivamente para hacer frente a un Estado de Emergencia. Se suprimieron derechos garantizados en la Constitución, en tratados internacionales y en nuestras leyes, no todos y no a toda la población, pero al sistema carcelario, a la población interna, a sus familiares e incluso a sus defensores. Se suprimió incluso el derecho a la información pública a prohibir a la prensa el acceso a los penales.

Un Estado de Excepción de este tipo es legítimo para responder a una emergencia. Por esto se llama un “de excepción” o “medidas extraordinarias”. Pero no puede ser la regla. No puede ser permanente. Pero ahora, por segunda vez, el gobierno solicita que estas medidas extraordinarias temporales se prolonguen un años más. ¿Medidas temporales para 3 años? ¿Por qué? Porque el gobierno no ha aprovechado los dos años de disponer de facultades extraordinarias para construir soluciones permanentes que resuelvan el Estado de Emergencia para que ya no se tenga que aplicar un Estado de Excepción con supresión de derechos constitucionales. Es más, ya están diciendo voceros del FMLN y del gobierno que quieren que las medidas extraordinarias se vuelvan ordinarias y permanentes, cambiando el marco legal. Con esta solicitud se tiene que enfrentar la Asamblea Legislativa ahora, en medio de una campaña electoral.

Ojalá que la Asamblea tenga la dignidad y el valor de mandarlos al carajo. La incapacidad del gobierno de gobernar sin muletas de medidas extraordinarias no puede justificar que convirtamos el Estado de Excepción y la suspensión de derechos constitucionales en ley permanente.

Las mismas consideraciones se pueden hacer en otros temas, donde las medidas provisionales sustituyen las políticas que construyen soluciones permanentes. Por esto tenemos cada año prórrogas para no aplicar leyes aprobadas hace años: el seguro obligatorio para vehículos, la renovación de la flota del transporte público… Prórroga tras prórroga, pero mientras tanto no damos ningún paso para resolver la emergencia.

Cambiar esto será la prioridad #1 para los que salgan electos en estas elecciones legislativas y en la elección presidencial del 2019.

@paololuers

“Cosas buenas pueden pasar. Los hechos corroboran el progreso”: Steven Pinker

La periodista y política española Cayetana Álvarez de Toledo presenta al pensador Steven Pinker. Una fascinante conversación sobre ilustración, optimismo, progresso, nacionalismo, populismo, y periodismo.

Segunda Vuelta

Steven Pinker

Steven Pinker, psicólogo, lingüista y escritor canadiense

Hay una demanda real para un periodismo constructivo y de calidad. Evidentemente, no puedes decir: “Oye, te voy a contar buenas noticias”. Pero hay otro criterio que sí funciona y que es propio del periodismo: la rendición de cuentas. Si quieres que los poderosos rindan cuentas no puedes señalar sólo lo malo, porque eso les permite decir: como nada tiene remedio, da igual lo que hagamos. En cambio, si señalas las políticas que sí funcionan, entonces puedes denunciar con credibilidad todo aquello que va mal. Es tácticamente inteligente y además refleja mejor la realidad. Y la realidad es que el mundo no deja de progresar.

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO, periodista y historiadora española, ex miembro del Partido Popular

CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO, 23 octubre 2017 / ELMUNDO.ES

“¿Me da tres minutos para arreglar mi habitación? No vaya a ser que me haya dejado un calcetín tirado por ahí”. Espero en un pasillo de un hotel de Londres. Fuera diluvia, claro. De pronto: “¡Todo listo!” Habla un hombre sonriente, melena rizada blanca, entre Camarón abuelo y un angelito. Es uno de los más grandes intelectuales de nuestra época y va rumbo a Bruselas, invitado por Euromind. Cada uno de sus libros es un big bang y en febrero sale el próximo, un alegato en defensa del progreso y la razón.

¿Qué es un pinkeriano?
¿Un pinkeriano?
Sí, un pinkeriano.
Ah. Humm… Pues una persona que suscribe alguna de mis teorías.
¿Pero cuáles? Defínase. ¡Y defíname!
Pues… Acabo de recibir un paper en el que me califican como un liberal hobbesbiano. Pero aún no lo he leído, ¡así que no sé qué quiere decir exactamente! Digamos que soy un defensor de los valores de la Ilustración: la razón, la ciencia, el progreso y el humanismo.
¿Es un optimista condicional?
Soy un optirealista, término acuñado por el psicólogo Jacques Lecomte. Y un posibilista, como lo entiende Hans Rosling. Yo no profetizo. No digo: cosas buenas van a pasar. Digo: cosas buenas pueden pasar. Y lo digo porque los hechos corroboran el progreso. Por supuesto, pueden suceder desgracias que no anticipamos. Pero los seres humanos tenemos recursos para sobreponernos a ellas. Y lo más probable es que los utilicemos. Es el tema de mi nuevo libro Enlightenment now: The case for reason, science, humanism and progress, que se publicará en febrero. Precisamente hoy me han llegado los primeros ejemplares. ¿Le envío uno?
Sí, por favor. ¿Y en qué se distingue del libro de Matt Ridley, The rational optimist?
El núcleo se solapa con el de Matt. Pero yo me centro en las ideas que han hecho posible el progreso, que identifico claramente con las ideas de la Ilustración. También analizo las fuerzas que niegan el progreso: el nacionalismo, el populismo, la religión, la hostilidad de los intelectuales hacia las ciencias… Y amenazas existenciales, como el terrorismo.
Es su libro más político.
No es un manifiesto ni de izquierdas ni de derechas. Pero sí aborda asuntos políticos.
Parece un manifiesto contra el populismo.
Lo es.
Dice que los valores de la Ilustración necesitan una defensa comprometida, militante. ¿Quiénes son sus principales enemigos?
Para empezar el populismo autoritario, del que un particular líder americano es un moderno avatar.
¿Pero entonces es un libro contra Trump?
Unos me decían: “No puedes escribir sobre el progreso y sus amenazas sin hablar de Trump”. Otros: “Tu libro será leído durante décadas. Trump es un bache. No pierdas el tiempo”. Creo que el libro mantiene el equilibrio.
Pero la cuestión no es tanto Trump como que Trump tiene votantes. Estamos en Londres. La mayoría de los británicos decidió abandonar la UE, que con todos sus defectos es un espacio de progreso, convivencia y razón.
Sí, la irracionalidad tiene votantes y a veces son mayoría. Pero fíjese en la edad de los votantes de Trump, Brexit y los partidos populistas europeos de los últimos 15 años. La curva es clara: los jóvenes son mucho menos pro-populistas que los viejos. Y, frente a lo comunmente aceptado, la mayoría de la gente conserva las mismas opiniones políticas a lo largo de la vida. De forma que el futuro no será populista. El populismo decaerá a medida que los jóvenes de hoy se hagan mayores y los mayores abandonan este mundo.
¿Pero qué hacemos hoy? ¿Cómo logramos que los jóvenes voten y voten opciones racionales y no populistas?
Yo no soy un estratega político. Lo que hago es ofrecer los datos objetivos y, por tanto, los argumentos para defender un orden de democracia, ley y libertad. Las instituciones democráticas liberales han sido determinantes en el impresionante progreso de la condición humana. Y esto no se dice lo suficiente. La cultura política e intelectual lo oculta.
¿Por qué?
Porque los progresistas detestan el progreso. Hoy lo que define la percepción del mundo son los titulares y las anécdotas en lugar de los datos y las tendencias. Y además hay una equiparación absurda entre el pesimismo y la sofisticación. Los pesimistas son considerados más serios y moralmente superiores. Tienen prestigio intelectual.
¿Por qué?
Lo explicó un escritor económico americano: un pesimista parece que quiere ayudarte; un optimista, venderte algo. A los optimistas nos llaman ingenuos, panglosianos o directamente portavoces de la Cámara de Comercio o de Silicon Valley.
¿Y el pesimismo tiene una base biológica?
En parte, sí. La naturaleza humana tiene un sesgo negativo. Somos especialmente sensibles a la pérdida. Nos interesan más las noticias malas que las buenas. Nos afectan más las críticas de lo que nos animan los elogios. Existen más palabras negativas que positivas. Estamos pendientes de lo que pueda ir mal.
Pero el pesimismo también tiene fundamentos empíricos.
La Segunda Ley de la Termodinámica: una cosa puede ir mal de muchas maneras y bien de pocas. Esto da una oportunidad a los demagogos. Dicen: “Todo va mal, el sistema no tiene remedio, y como no tiene remedio vamos a destruirlo o a drenarlo, y como da igual a quién votes, vótame a mí”. Pero yo insisto en la responsabilidad de las élites intelectuales. Éstas compiten por influencia y autoridad moral. Y nada otorga más prestigio que señalar desde fuera del poder todo lo que el poder hace mal. El intelectual siempre se siente superior al político, el economista o el funcionario.
Es una explicación un poco cínica.
Lo parece. Hay otro factor que contribuye al pesimismo colectivo: la ilusión cognitiva. Las cosas malas suelen ocurrir de golpe: un atentado, por ejemplo. En cambio, las cosas buenas, como el aumento de la esperanza de vida o el descenso en la criminalidad, se producen lentamente, porcentaje a porcentaje.
Se lo he oído decir: “Nunca hay un jueves de marzo que merezca un gran titular”.
Así es. Esto se vincula con un rasgo de la naturaleza humana descubierto por Daniel Kahneman y Amos Tversky: la disponibilidad heurística. Los humanos valoramos el riesgo en función de recuerdos que nos vienen fácilmente a la mente. Recordamos las imágenes de los años 70, de niños africanos con sus barrigas hinchadas. Pero no tenemos imágenes de un niño africano desayunando, yendo al colegio, regresando a casa, un día tras otro. Lo mismo ocurre con el terrorismo. Las imágenes distorsionan nuestra percepción de la amenaza.
Su libro aborda la desigualdad, asunto especialmente querido por los populistas. Entiendo que discrepa de las tesis de Piketty.
Sí, yo creo que la desigualdad no es un elemento determinante del bienestar. Lo que es determinante es la pobreza. La cuestión no es si todos tenemos lo mismo, sino si todos tenemos lo suficiente. Siempre puedes lograr que una sociedad sea más igualitaria quemando la riqueza de la mitad más rica de la población. Pero eso no convierte a la otra mitad en más próspera. Históricamente, las fuerzas más eficaces en la generación de igualdad económica han sido las guerras, las epidemias, el colapso del Estado y las revoluciones violentas.
Pero la Historia es materia de olvido.
Siempre he puesto el énfasis en las ciencias. Pero ahora también lo hago en la Historia. La gente olvida los horribles hechos del pasado. Hay que recordar de dónde venimos. Y no me refiero a siglos atrás. Los índices de terrorismo en Europa occidental eran mucho mayores en los años 70 y 80 que ahora. E incluyo los ataques del ISIS. Hay que recordar los pubs de Cardiff arrasados por el IRA. Los cien asesinatos anuales de ETA. Ahora hay atentados del ISIS, pero matan a menos personas que entonces. Lo mismo ocurre con las guerras.
¿Y cuál es la explicación del estado de malestar de la juventud? ¿Es la cara b del estado del bienestar?
En parte. En mi libro reproduzco un monólogo del comediante americano Louis C.K., en el que dice: “¿Te quejas de que tu avión se ha retrasado 40 minutos? ¿Lo calificas como el peor día de tu vida? ¿Y luego qué ocurrió? ¿Te pusiste a volar por el aire como un pájaro? ¿Estabas sentado en medio del cielo, como un dios griego? ¿Y luego qué? ¿Tu avión aterrizó suavemente gracias a unas ruedas que ni siquiera sabes cómo se inflaron?” Damos por hecho las comodidades de presente como si fueran inevitables. No lo son.
Todo parte, entonces, de una incomprensión básica del estado natural de las cosas.
Por eso empiezo el libro con un capítulo que se titula: Entro, Evo, Info. Entropía, Evolución, Información. El estado natural del universo es que la cosas se caigan a pedazos. No podemos esperar facilidades, suficiente comida, casas cómodas. Al contrario: miseria y caos. Tampoco la misión de la evolución es convertirnos en hombres y mujeres felices. Lo natural es una lucha entre organismos: unos queremos comernos a otros; otros quieren evitar ser comidos, y los terceros -las enfermedades- quieren matarnos a todos. Lo increíble es que hayamos logrado prosperar mediante la aplicación acumulada del ingenio humano. Pero la gente quiere creer que la riqueza y la felicidad son el estado natural de las cosas. Y cuando no las obtienen buscan culpables.
Como los niños.
Exactamente. Es un impulso infantil.
Usted describe un mundo adulto, del que se deriva una política adulta. Si no hay culpables, el responsable soy yo: mis genes, mis dones, mis decisiones. Este concepto de responsabilidad no está de moda.
No lo había formulado así. Pero el concepto de política adulta me gusta y coincide con el texto fundacional de la Ilustración –¿Qué es la Ilustración?– en el que Kant escribió: “La Ilustración es la emergencia del hombre de su autoimpuesta inmadurez”.
Ha dicho que el progreso no es inevitable. ¿Por qué? El conocimiento es acumulativo.
Puede haber horribles retrocesos: guerras, epidemias como el Sida… El progreso no es una ley del universo. Pero cuanto mejor entendamos el universo mejor equipados estaremos para procurar el bien de la humanidad. Esa gran frase de Chéjov: «El hombre será mejor cuando le enseñes cómo es». La ciencia, la razón y el humanismo no nos vienen dados de fábrica. Pero están sus semillas. Tenemos la capacidad para la simpatía y la compasión. Por defecto, sólo las extendemos al círculo de familiares y amigos. Una de las innovaciones de la Ilustración fue precisamente coger esa nuez de simpatía y extenderla a toda la humanidad.
Esta simpatía restringida se exhibe ante un atentado o accidente. Inmediatamente pensamos: ¿ha muerto uno de los míos? Y luego: ¿ha muerto un español? En su caso, un canadiense, supongo. Es el llamado “kilómetro sentimental”..
Kilómetro sentimental! Formidable. Sucede con el debate sobre una posible guerra en la península coreana. Incluso sin un ataque nuclear, podrían morir millones de personas. “¡Incluyendo a 40.000 americanos!”, dicen.
Describe usted una sociedad con dos capas. Unos expertos que toman decisiones racionales en aras del bien común, frente a una sociedad parcialmente arrastrada por sus pasiones. ¿No es una visión maniquea, injusta?
Tiene que haber una hipocresía benigna. El Gobierno tiene que estar dirigido por expertos y al mismo tiempo ser capaz de responder a los intereses de los ciudadanos. Los votantes deben sentir que ellos guían la política, aunque lo hagan otros por delegación. En todo caso, antes de abandonar toda esperanza y decir que las masas son irracionales y punto, hay que fijarse en una circunstancia. Existe un proceso, que aún no entendemos bien, en el que los argumentos racionales de las élites devienen mainstream. Son asumidas por todos. Un ejemplo es la criminalización de la homosexualidad o el propio matrimonio gay. Ha dejado de ser un asunto polémico. Lo mismo ocurrió con la segregación racial. O con el derecho de las mujeres a trabajar fuera de casa. Es un proceso viral, que afecta a toda la población. Y una gran esperanza para el progreso.
¿La xenofobia es una tara natural?
Sí, el hombre es por naturaleza xenófobo. En Estados Unidos, sin embargo, el auge xenófobo contra el que tantos alertaban como consecuencia de los ataques islamistas no se ha producido. No sé en Europa.
En España lo que hay es xenofobia contra los étnica, jurídica y culturalmente iguales.
¿Catalanes contra castellanos?
Nacionalistas catalanes contra el resto de españoles, incluidos los catalanes no nacionalistas. En su libro usted señala al nacionalismo como uno de los enemigos de la democracia liberal y del progreso. Sin embargo, el 1 de octubre escribió un tuit elogiando un artículo publicado en The Atlantic. Decía: «España debe aprender de Canadá: los referéndums reducen la tensión. El separatismo está muerto sin violencia». Compara el referéndum legal de Quebec con el ilegal de Cataluña. Y sobre todo ignora que el referéndum catalán ataca los derechos de los 48 millones de españoles a decidir sus fronteras, su ciudadanía, su futuro.
¡Esto debería enseñarme a no disparar tuits sin educarme a fondo sobre la materia! Estaba respondiendo desde la inquietud ante la detención de personas por actividades no violentas. Esto choca con el principio de libertad de expresión. Y tiende a generar más oposición, por comparación con las políticas más blandas y pacientes. Pero yo me opuse a la independencia de Quebec y desde luego me opongo al tipo de nacionalismo que cree que el Estado es un avatar de un alma étnica, religiosa, lingüística o racial, y que un grupo étnico sólo puede prosperar si tiene su propio Estado-nación. El mundo tiene más de 5.000 grupos étnicos o culturales, y no todos pueden tener estados. Además, la gente se mueve y se mezcla, así que no hay nada como un estado étnicamente homogéneo salvo que haya una limpieza étnica violenta. Un estado debe basarse en un contrato social entre personas que ocupan un territorio, no en una identidad étnica. Esa idea es el gran regalo de los Estados Unidos al mundo. Estados multiétnicos son la regla, no la excepción.
La crisis de Cataluña ejemplifica la tesis de su libro sobre el vínculo entre los valores de la Ilustración y el progreso. En los últimos días más de 800 empresas se han marchado, empujadas por la tensión social y la inseguridad jurídica generadas por el separatismo.
Algo similar ocurrió en Quebec en los años 70. Empresas se fueron en masa. Yo también me marché. Mi generación se marchó. Yo fui al colegio en Montreal y nuestra reunión de ex alumnos fue en Toronto. Por otra parte, no sé cuál será el futuro de Cataluña, pero en Quebec sufrimos algo de terrorismo a principios de los 70, un muerto, pero luego nada. La gente se irrita. Hay tensión. Malos sentimientos. Pero por oposición a las guerras secesionistas o el terrorismo, al final Quebec fue bastante civilizado. De momento no hay terrorismo en Cataluña…
Lo hubo, brevemente, a finales de los 70. En todo caso, el separatismo es violento por definición. Violenta la convivencia, la razón y, en el caso catalán, también la ley. Sin embargo, a ojos del resto del mundo, a veces logra parecer racional. Esto también tiene que ver con su libro. Le daré un ejemplo: el Estado español tuvo que usar su fuerza legítima para evitar el referéndum ilegal catalán. The Guardian y otros medios han reconocido que muchas de las imágenes publicadas de la presunta represión policial eran falsas. Pero ya era tarde. Líderes e intelectuales de medio mundo criticaron a España por su presunto autoritarismo. ¿Cómo se defiende la democracia en tiempos posmodernos, tan hipersensibles a la imagen y tan vulnerables a la mentira?
Esto es un asunto agónico en el corazón del propio concepto del Estado, y no hay una respuesta definitiva ni algorítmica. Desde luego la verdad está por encima de todo lo demás. Y tanto la prensa como los gobiernos deben estar sometidos a los más altos estándares de objetividad y exactitud. Por otra parte, el Estado debe utilizar la menor violencia posible, salvo para prevenir una violencia o un daño mayor. En mi opinión, esto es casi una definición de la democracia. Dónde trazar la línea, cuando la propia democracia está amenazada, es un problema extraordinariamente difícil. La violencia del Estado debe ser el último recurso. Aunque a veces uno tiene que usar el último recurso.
¿Y cómo se combate el nacionalismo? ¿Cómo se convence a millones de ciudadanos de que vuelvan a la razón? ¿Cómo se les explica que vivimos en la época más próspera y libre de cuantas se hayan conocido?
Para hacer que las masas asuman criterios racionales hacen falta políticos inteligentes con mensajes eficaces. Hay que dirigirse a la gente que sí escucha argumentos. Demostrarles con datos objetivos que las cosas van bien, sobre todo comparado con el trasfondo de caos y miseria que es nuestro estado natural. No vayamos a arruinarlo todo. Intentemos mejorarlo. Como hicimos en el pasado. Sabemos que el nacionalismo en general es atávico, arcaico y condujo a dos guerras mundiales. El orgullo nacional no es incompatible con la cooperación internacional. Tenemos sentimientos tribales, pero somos de muchas tribus.
Tony Judt definió bien el carácter múltiple de la identidad. Somos “edge people” , dijo.
No conozco el artículo de Judt. Envíemelo, por favor. Los demagogos y muchos intelectuales insisten en que las personas sólo tenemos una identidad. No es cierto. La psicología humana admite muchas identidades solapadas… Lo cierto es que el papel de los intelectuales ante el nacionalismo es deprimente.
¿Por simplificadores?
No tanto. El problema es que reúnen todos sus recursos intelectuales para empujar una idea hasta el extremo. En el libro analizo la triste historia de los intelectuales que han servido a déspotas totalitarios. Mark Lilla también ha escrito sobre el tema en The Reckless Mind. Pero el primero en señalar este fenómeno fue Julien Benda en La traición de los intelectuales. No hay un solo dictador del siglo XX que no haya contado con una corte de intelectuales.
En una conferencia, le oí citar la frase que Isaiah Berlín tomó prestada de Kant: el fuste torcido de la humanidad. ¿Es posible emocionar desde la razón? Inténtelo.
No tengo talento oratorio, pero lo intentaré: Creo que debemos comprender que hemos nacido en un universo sin piedad. Somos fuste torcido. Tenemos cantidad de defectos. El proceso que nos engendró no tenía un interés benévolo en nuestra felicidad. Pero fuimos dotados de algunos dones que nos han dado la oportunidad de redención. Tenemos la capacidad de empatía y compasión. Nuestras mentes nos permiten tener pensamientos sobre nuestros pensamientos. Tenemos la capacidad del lenguaje: podemos acumular nuestras ideas y compartirlas. Y al expandirse nuestra simpatía y al acumularse los frutos de nuestro ingenio colectivo podemos lograr pequeñas victorias frente a las fuerzas que nos oprimen. Si prestamos atención al estado del mundo, veremos que hemos logrado estas pequeñas victorias. Y como no hay límite al ingenio humano, no hay límite a las mejoras que podemos prever. Esto no significa que tendremos un mundo perfecto. No puede haberlo porque no somos idénticos. Ese es el gran hallazgo de Berlín: el mejor mundo al que podemos aspirar acepta un compromiso entre intereses y valores. Podrá inquietarnos que el mundo nunca vaya a ser perfecto, pero lo cierto es que existe un inmenso margen para el progreso. Hay fuerzas que naturalmente empujan en esa dirección. Cuando tenemos más conocimiento, nos conectamos más. Al expandirse el círculo de conexión, gentes de diversas culturas se juntan en defensa de intereses comunes. Llaman a priorizar el progreso humano porque tienen en común su humanidad. Y porque a pesar de todas las discrepancias culturales o nacionales, hay un fundamento básico de intereses comunes. Todos coincidimos en que la vida es mejor que la muerte. En que la salud es mejor que la enfermedad. En que la prosperidad es mejor que la pobreza. En que la seguridad es mejor que el peligro. En que la paz es mejor que guerra. Y en que el conocimiento es mejor que la superstición o la ignorancia.
Su alegato dibuja una nueva política. Una política que puede ser compartida por todos los que creen en los valores de la Ilustración y el progreso frente a quienes los atacan: los nacionalistas, los populistas, los identitaristas…
Los gendarmes de la corrección política…
Lo que quiero decir es que, al escucharle, pienso que no sólo hay margen para el progreso, sino también para un nuevo consenso. ¿Eso no debería llevarnos a rediseñar las fronteras ideológicas tradicionales? En vez de izquierda y derecha, ilustrados y reaccionarios.
Sí, o como leí precisamente ayer: upwing y downwing.
Hablemos de los medios. Tenemos un ecosistema mediático fragmentado y polarizado, en el que proliferan las noticias falsas. ¿Cómo afecta esto a la capacidad de los votantes para tomar decisiones racionales y sensatas?
Ya había mucha desinformación en los viejos días de los periódicos de papel. Los hechos que desembocaron en la Primera Guerra Mundial, en Vietnam, en la Guerra de Irak… Muchos intelectuales creían que la Unión Soviética de Stalin o la China de Mao eran éxitos. Teorías conspirativas, rumores virales, fake news y libelos como los Protocolos de los sabios de Sion son propios de todas las épocas.
Pero entonces en la lucha contra la mentira no progresamos.
Hoy tenemos nuevos desafíos, pero también nuevos instrumentos para abordarlos: webs dedicadas al fact-checking, como Snopes o Politifact, o el milagroso Wikipedia. Dicho esto, es crucial que los periodistas dejen de utilizar el corrosivo posverdad, que sugiere que la precisión es imposible y que el único arma contra la demagogia es más demagogia.
¿Cuánto nos importa que nos mientan?
No nos gusta que nos mientan. Pero la gente relaja sus estándares de exigencia, a veces a cero, cuando se trata de afirmaciones que refuerzan la virtud de su grupo y demonizan a sus enemigos. Estas afirmaciones han sido calificadas como “mentiras azules”, un juego sobre la expresión “mentiras blancas”. El objetivo de las mentiras blancas es adular al individuo. El de las mentiras azules, al grupo. Y las mentiras azules gustan.
¿Y esa vieja falacia periodística: “la verdad objetiva no existe, sólo hay versiones”?
Existe un acuerdo paradójico y perverso entre los ideólogos trumpianos de los hechos alternativos y los posmodernistas de la extrema izquierda. Afortunadamente, la izquierda posmoderna no tiene ningún prestigio entre la gente. Sin embargo, su influencia en el mundo intelectual sigue siendo notable.
De nuevo, los reaccionarios se tocan.
Kellyanne Conway parece una intello francesa de los 70. Trump, ¡la encarnación de Derrida! Pero hay movimientos en la buena dirección. Los periódicos todavía conservan un cierto prestigio. Y empieza a haber profesionales dispuestos a desafiar la vieja idea de que sólo las malas noticias son periodismo serio.
Tiene usted un gráfico que muestra que las noticias son cada vez más negativas a pesar de que el mundo va cada vez mejor.
Como dijo Max Roser, los periódicos podrían titular: “37.000 personas salieron de la pobreza ayer, y cada día de los últimos 30 años”. Pero jamás lo hacen. El resultado es que la gente cree que la pobreza mundial ha crecido cuando ha caído de forma drástica.
¿Promueve usted un periodismo positivo?
Llamémoslo periodismo constructivo o periodismo de soluciones. Dos de sus promotores son David Bornstein y Tina Rosenberg, y su columna Fixes en The New York Times tiene cada vez más seguidores.
Vender periódicos con noticias positivas: un verdadero desafío comercial.
Hay una demanda real para un periodismo constructivo y de calidad. Evidentemente, no puedes decir: “Oye, te voy a contar buenas noticias”. Pero hay otro criterio que sí funciona y que es propio del periodismo: la rendición de cuentas. Si quieres que los poderosos rindan cuentas no puedes señalar sólo lo malo, porque eso les permite decir: como nada tiene remedio, da igual lo que hagamos. En cambio, si señalas las políticas que sí funcionan, entonces puedes denunciar con credibilidad todo aquello que va mal. Es tácticamente inteligente y además refleja mejor la realidad. Y la realidad es que el mundo no deja de progresar.

El círculo vicioso de El Salvador. De Manuel Hinds

El obstáculo más grande para el desarrollo del país no es económico, sino político, ya que una parte minoritaria pero substancial de la población apoya ideas y políticas que detienen la inversión y obstruyen el desarrollo económico del país.

manuel hindsManuel Hinds, 26 enero 2018 / El Diario de Hoy

El regreso de los que habían estado amparados en el TPS, que pueden sumar casi 200,000 personas, representa un reto enorme para el país, tan grande que podría convertirse en la crisis más grande que ha sufrido la economía del país en su historia. La cifra representa el 3.1 % de su población. Si esto le sucediera a Estados Unidos, tendría que absorber 9 millones de habitantes en 18 meses.

EDH logDe acuerdo con cifras del Bureau of Labor Statistics de Estados Unidos (USDL-18-0024), el total de empleos civiles en ese país aumentó en 1.8 millones de puestos de trabajo (de 152.2 a 154.0 millones) de diciembre de 2016 a diciembre de 2017. Esto quiere decir que poder generar empleos en número suficiente para absorber los 9 millones Estados Unidos se tardaría 5 años con 2 meses, suponiendo que nadie más necesitara trabajo. Y esa es una economía sana creciendo fuertemente. En El Salvador el tiempo de absorción sería mucho más largo, si es que si se pudiera realizar, ya que la demanda interna caería por la falta de las remesas que los que van a venir ya no mandarían —lo cual llevaría a pérdida en puestos de trabajo que podrían anular el crecimiento normal de los empleos.

Es obvio que hay que acelerar drásticamente la inversión privada en el país, utilizando el talento empresarial que existe ya en El Salvador y el de los que vengan deportados de Estados Unidos. La capacidad de invertir de los que vengan no debe ser sobreestimada, sin embargo. Han vivido toda su vida en Estados Unidos y tendrán mucha dificultad para adaptarse a la vida aquí, por diferencias en el ambiente y por las diferencias en ingresos. Todo lo que es fácil en Estados Unidos (invertir, armar una empresa) es difícil en El Salvador, y todo lo que es celebrado en Estados Unidos (la inversión, crear puestos de trabajo) es visto con envidia y agresividad aquí por el gobierno y su partido.

Más aún, son muy pocos los empresarios entre ellos y son muy pocos también los que tienen estudios avanzados. Una buena parte del resto han trabajado en servicios de bajo valor agregado (como construcción, limpieza de edificios, jardinería), que en El Salvador pagan salarios muchísimo menores que en Estados Unidos. La mayor parte de la inversión tendrá entonces que venir de los salvadoreños viviendo aquí.

El problema es que si hay algo que está muy bajo en El Salvador es la inversión, por tres razones básicas. Una es que no hay nada que desestimule más la inversión que la amenaza de que el objetivo último del partido de gobierno es confiscar las empresas privadas, una amenaza que el FMLN ha hecho varias veces, y que incluyó oficialmente en el documento que emitió en su convención realizada hace un par de años. Esto limita enormemente las inversiones en el país. Ni los empresarios de aquí ni los de allá van a querer invertir fuertemente en el país con esas amenazas.

La segunda razón por la que la inversión no crece en el país es que el exceso de burocracia aumenta enormemente los gastos de las empresas, reduciendo aun más el número y la naturaleza de las empresas que pueden ser rentables y sujetas de inversión. El tercer problema es la violencia y el dominio que ejercen las maras en gran parte del país, no solo con asesinatos sino con cobros por operar y entrar a poblaciones y barrios.

Estos problemas demuestran que el obstáculo más grande para el desarrollo del país no es económico, sino político, ya que una parte minoritaria pero substancial de la población apoya ideas y políticas que detienen la inversión y obstruyen el desarrollo económico del país. La falta de ese desarrollo convence más a esta minoría de que hay que destruir a los sectores que podrían desarrollar al país si solo dejaran de amenazarlo y atacarlo, en un fatal círculo vicioso que ha impedido el desarrollo por cinco décadas, desde que el FMLN comenzó su ataque contra la empresa privada. Los que no quieren que el país tome el rumbo de Cuba y Venezuela son muchos más, pero, por tonterías, no logran unificarse. Este es el problema del país.

Carta a Billy Sol Bang: La trampa de los corruptos a los decentes. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 27 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimado Billy:
Pensaba que ya había dicho todo para expresarte mi respeto y cariño. Por ejemplo en una columna que publiqué en noviembre del año pasado: “Batalla Ganada”, comentando el segundo libro que publicaste, “Historia de una Infamia”. Pero el jueves pasado participé en el lanzamiento público de este libro – y resulta que queda mucho por decir.

logos MAS y EDHPrimero una queja: Me hiciste llorar. No fui el único que tuvo que batallar con sus lágrimas cuando vos hablaste. No por lástima. Lo que provocaste en tu discurso en el Museo de Arte Moderno fue ánimo. Ánimo de dignidad combativa, pero también de humildad y perdón, de alguien, a quien sus enemigos han aplicado, en varias ocasiones de su vida, la más cruel venganza: expropiación, balas, secuestro, y una mal intencionada persecución jurídica. Y vos exigiendo nada más y nada menos que la verdad, sin ánimo de venganza. De todos modos, los que te persiguieron ya están pagando: Luis Martínez y Saca en Mariona, Funes en un vergonzoso exilio, el FMLN ante una merecida derrota electoral.

Hablemos de la verdad.

Screen Shot 2018-01-26 at 9.47.58 PM

Me tocó el honor de participar, en el mismo evento, en un conversatorio para hablar del caso infame con el cual te querían destruir. Y me di cuenta que aunque la verdad es tan obvia, todavía estamos lejos de lograr desarmar la poderosa narrativa que Saca, Funes, el FMLN y el fiscal general Martínez han construido sobre la traición a la patria, de la cual te acusaron en su campaña de desprestigio.

Es obvio que los que traicionaron el interés nacional, no fueron vos y los otros 20 ex funcionarios que construyeron una política energética exitosa, sino sus acusadores, quienes convirtieron la CEL y la Geotérmica en su botín de corrupción. Pero aun luego de que ustedes quedaron absueltos y sus acusadores condenados, muchos siguen creyendo que algo terrible hicieron ustedes. Los corruptos han logrado que la gente crea Screen Shot 2018-01-26 at 9.47.30 PM.pngque todos los políticos y funcionarios son corruptos. Saca, Funes y Martínez ya podrán comprobar su inocencia, pero lograron crear la percepción popular que todos los demás también son ladrones.

Si la gente ya no cree en nadie, esto da al traste con la credibilidad de la política y del servicio público, cuando más necesitamos buenos políticos y funcionarios para salir del hoy donde los corruptos nos han hundido. Si no logramos desmontar esta trampa populista, los más pícaros y sinvergüenzas van a prevalecer…

Por esto es importante establecer la verdad en un caso tan emblemático como el tuyo, hasta que la gente entienda que fue una trampa que los corruptos tendieron a la gente decente y recta. Te pueden criticar por tus convicciones de empresario y arenero. Esto es parte legítima del debate político. Pero nadie te puede cuestionar como servidor público y como hombre. De esta generación de caballeros, que encima del mierderío político y humano han dado dignidad al servicio público, ya quedan pocos. Y no hay que permitir que los corruptos los logren enlodar para conseguir su objetivo: crear un vacío moral, en el cual todo se vale.

No hemos ganado esta batalla, falta mucho que hacer y decir, pero tu libro y tu discurso, que pronto difundiremos en video, son poderosas armas para seguir en esta lucha.

Gracias, Billy.

Te saluda

44298-firma-paolo

¿Escepticismo ciudadano? De Luis Mario Rodríguez

Muchos habilitados para votar agregan diariamente una excusa a la larga lista de justificaciones por las que no asistirán a las urnas a emitir el sufragio. El pretexto que más se repite aquí y en otras latitudes es el del desencanto que les provoca la democracia por la carencia de resultados.

Luis Mario Rodríguez, 25 enero 2018 / El Diario de Hoy

Luis Mario RodríguezEl afán de los candidatos no partidarios por pasar el filtro legal para que el Tribunal Supremo Electoral los acepte como aspirantes a diputados es un esfuerzo encomiable del que deberían tomar ejemplo los ciudadanos y los partidos.

Se trata de hombres y mujeres que sin la estructura territorial que poseen los institutos políticos, con pocos recursos económicos y arriesgando su futuro profesional, han logrado persuadir a cientos de personas para que les apoyen con las firmas que establece la legislación electoral. Son salvadoreños comprometidos con el desarrollo social, económico e institucional. Quieren representar a los que insisten en reformar la política tradicional. Su empeño por dignificar el ejercicio de la función pública desde la Asamblea Legislativa demuestra un alto grado de civismo.

EDH logA diferencia de los no partidarios muchos habilitados para votar agregan diariamente una excusa a la larga lista de justificaciones por las que no asistirán a las urnas a emitir el sufragio. El pretexto que más se repite aquí y en otras latitudes es el del desencanto que les provoca la democracia por la carencia de resultados: continúan la inseguridad, el desempleo y la corrupción. El desquite de la gente ante el descuido de los grupos parlamentarios que no aprueban leyes para resolver los problemas nacionales es otorgarle escasa importancia al voto individual o la designación de caudillos sin importar las consecuencias que todos hemos testimoniado cuando se ignoran las instituciones y la ley.

Otra reacción en las sociedades ante el desagrado que produce la política es la apatía y el rechazo de todo aquello relacionado con el proceso electoral. Sus residentes no desean saber de las campañas, no les interesa informarse sobre el contenido de las “plataformas legislativas”, rehúsan cualquier invitación a ser parte de misiones nacionales de observación electoral, se resisten a colaborar con el Tribunal Supremo Electoral incorporándose a las Juntas Receptoras de Votos (JRV) y se llega al extremo de respaldar los llamados a anular el voto.

Se cree, de manera errónea, que este tipo de conductas contribuirá a erradicar la “mala política”. Lo cierto es que la falta de arraigo democrático de los pueblos termina justificando la permanencia por tiempo indefinido de funcionarios dañinos. Quienes desempeñan un cargo de elección popular conocen el territorio, saben dónde conseguir el respaldo que necesitan y, aunque en ocasiones el apoyo es el mínimo, les alcanza para conservar el poder. En la medida que más votantes deciden participar, en esa misma proporción crecen las posibilidades de llevar al Legislativo, a las alcaldías y a la presidencia de la República a nuevos líderes o, si lo merecen, de reelegir a los políticos que se han esmerado por consumar lo prometido.

El escepticismo de los que piensan que su voto no vale contrasta con el entusiasmo de los individuos que durante los últimos meses dedicaron jornadas completas a convencer a los transeúntes que encontraban en avenidas, calles y parques a sumarse al proyecto de transformar a El Salvador. A estos “quijotes” los mueve el ánimo de cimentar las bases para un mejor país.

Hasta ahora no se explotó la ampliación de los derechos establecidos por la Sala de lo Constitucional en respuesta a las peticiones de los demandantes cuando exigieron más protagonismo en la organización de los comicios. Animarse a correr por un asiento en la Asamblea sin la sombrilla de un partido no sería fácil. Tampoco integrar las mesas de votación para garantizar la transparencia de los comicios. Sin embargo en ambos casos la población tiene la posibilidad de incidir. En sistemas con una cultura política más amplia, buscar una diputación o formar parte de una JRV es un privilegio. Es una concesión otorgada por la ley para ocupar una posición de influencia.

El 4 de marzo tenemos la oportunidad de refrendar en sus puestos a los alcaldes y diputados que lo han hecho bien y de sustituir a los que abusaron de la confianza que les depositaron sus votantes. También tenemos la facultad de cuidar la limpieza de los comicios inscribiéndonos voluntariamente como parte de los organismos que contarán los votos. Si no aprovechamos ni una ni otra opción, la que perderá será la democracia.

Negar la cruz de su parroquia. De Ricardo Avelar

En casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario.

ricardo avelarRicardo Avelar, 24 enero 2018 / El Diario de Hoy

Hace unos días leí un interesante ensayo de mi amiga Cristina, quien comparaba al Partido de Acción Nacional de su natal México con la Unión Demócrata Independiente de Chile. Mi colega buscaba estudiar la relación que ambos jugaron en la transición de un autoritarismo a una democracia competitiva. Si bien el contraste es claro, un factor llama mucho la atención, y es que los dos partidos han tratado de diversificar su oferta y sus bases.

Sin embargo, y de una forma muy coloquial, Cristina expresó cómo ninguno de los dos “puede negar la cruz de su parroquia”, pues a pesar de cualquier esfuerzo no pueden abandonar su naturaleza, cuyas raíces residen en élites conservadoras de sus países.

EDH logEn casa hay otro partido que no puede negar algunos rasgos: el FMLN. Durante sus años en el gobierno han buscado pintarse como abiertos y progresistas, pero la evidencia apunta a lo contrario. En la paleta de colores políticos, tienden hacia lo autoritario, donde una cúpula concentra las decisiones y no se permite el disenso.

Como lo prometí, dedicaré de aquí a las elecciones columnas a diferentes candidatos. Y esta columna quise dedicarla a alguno del FMLN, pero no encontré a quién. Esto se debe a que este partido no ha permitido hacer campañas diferenciadas y lejos de nivelar el terreno de juego a todos sus aspirantes, busca privilegiar a algunos ungidos.

En una pancarta colocada en la presentación de su plataforma legislativa solo figuraban los rostros de doce candidatos de esta agrupación política para San Salvador, pese a que esta circunscripción tiene veinticuatro escaños en la Asamblea. Sobra decir que estos doce son los favoritos de la cúpula y el resto parece estar “de relleno”.

En cuanto a lo programático, su plataforma legislativa ofrece cuatro ejes: una democracia participativa y transparente; transformación económica; inclusión e integración social; y convivencia y cultura de paz.

Por el espacio limitado me enfocaré en el primer punto. Entre las promesas del eje resaltan las consultas populares, proveer más recursos al sector justicia, una nueva Ley de Probidad y reforzar la lucha contra la corrupción.

Como no puedo individualizar las preguntas, lanzo algunas al partido. Si su idea de democracia incluye participación, ¿es promover con “preferencia” a un bloque de candidatos una forma de responder a una ciudadanía que demanda un vínculo más cercano con sus representantes? ¿Emplazarán al presidente —del partido que sea— cuando este muestre hostilidad a funcionarios que ejercen control del sector público?
¿Promoverán la transparencia exigiendo que el mandatario solicite permiso por cada viaje y presente un reporte completo de cada visita al exterior? ¿Aceptan seguir blindando a personajes cuestionados por la justicia con cargos públicos y fuero?

¿Se comprometen, además de dar más recursos algunas instituciones, con aprobar presupuestos balanceados? ¿Cumplirán con la sentencia de la Sala de lo Constitucional que manda a incluir todas las áreas en el plan de gastos del Estado? ¿Negarán sus votos a presupuestos exagerados en Casa Presidencial, con todo y las áreas opacas que estos implican?

Sobre Probidad, ¿buscarán una ley que fortalezca la existente normativa contra el enriquecimiento ilícito o volverán a buscar una ley blandengue como hicieron en 2015? ¿Cesarán sus intentos por colmar instituciones como la CSJ, la FGR, la Corte de Cuentas o el TSE de gente afín a su partido?

Hasta el momento, no pueden negar su naturaleza autoritaria, que busca “candidaturas de consenso” y designa posiciones por “dedazo” en lugar de favorecer la participación y el disenso de su militancia. Pero en 2018 viene una nueva oportunidad de redimirse y mostrarse transparentes y abiertos.

A quienes resulten electos, recuerden que su compromiso legal es con todo el pueblo salvadoreño, como lo manda el artículo 125 de la Constitución. No solo con su militancia o el ala más recalcitrante de esta. Y en el plano moral, su compromiso debería ser con el espíritu antiautoritario que motivó a muchos —claramente no a todos— a la lucha armada y posteriormente política.

Posdata: A dos semanas de la columna anterior, el candidato por ARENA, Abraham Soto, no contestó ninguna de las preguntas que le hice. Su silencio también es elocuente. Finalmente, la próxima columna irá al actual presidente del Legislativo.

@docAvelar

Carta a mis amigos venezolanos: ¡Juéguenselo todo! De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 25 enero 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Estimados amigos que por años se han jugado su libertad y hasta su vida en la lucha contra la dictadura chavista:
Hoy es cuando. El diálogo con el gobierno fracasó. Tuvieron razón de buscarlo, digan lo que digan los opositores a la oposición que hacen llamados ilusos a la intervención militar extranjera, o al golpe de Estado, o a una insurrección de desarmados contra un régimen militar dispuesta a la represión letal. Tuvieron que agotar todas las opciones.

logos MAS y EDHEste diálogo, en el cual se trataba de crear las condiciones y garantías para una salida electoral, fracasó con la decisión de Maduro de convocar elecciones presidenciales sin ninguna garantía democrática: sin liberar a los presos políticos; sin levantar la inhabilitación de candidatos y partidos opositores; sin la creación de un árbitro electoral independiente del partido gobernante.

Con esto el régimen piensa haberlos puesto en una situación “lose-lose”: Si participan, les hacen fraude y el régimen se legitima. Si no participan, dejan a Maduro el poder sin ni siquiera pelear. En ambos casos se termina la oposición.

Así es el cálculo de Maduro. Pero es una trampa – y no es verdad. No es verdad que estén ante un dilema entre dos opciones donde siempre pierden. Solo perderán todo si caen en esta trampa y no dan la batalla. Si toman la decisión valiente de enfrentarse al fraude, tal vez no lo podrán derrotar, pero tal vez sí, ¿quién sabe? Pero no pierden. Ganan rehaciendo la unidad. Ganan estableciendo liderazgo. Ganan volviendo a movilizar a la gran mayoría que ya no aguanta el régimen de balas y hambre. Ganan nuevamente el respeto y apoyo de la comunidad internacional.

Si a pesar de todo se enfrentan a las elecciones, el éxito no se medirá por los resultados electorales oficiales que anunciará un Consejo Electoral totalmente desprestigiado – se medirá por la unidad y movilización popular que logren.

Hoy es cuando, amigos. Que se unan los que están dispuestos a dar la batalla. Que convoquen primarias inmediatamente. Que se midan los mejores líderes. Que decidan los millones venezolanos que a gritos piden liderazgo. Ustedes han mostrado que tienen esta capacidad. Lo mostraron en las elecciones legislativas. Lo mostraron en el referéndum que ustedes convocaron y organizaron. Lo pueden hacer de nuevo.

Los opositores a la oposición, o van a seguir soñando que una intervención extranjera o un golpe militar les va a salvar, o se van a sumar cuando vean la determinación de ustedes de enfrentar el fraude, la represión y el chantaje del hambre.

Dirijo estas palabras a los pocos que conozco y admiro: Leopoldo López, Lilian Tintori, Henrique Capriles, Julio Borges, Delsy Solórzano, Bonny Pertiñez, Andrés Velásquez, Vladimir Villegas – y a miles de otros que no conozco.

A todos ustedes los saludo con todo corazón,

44298-firma-paolo