Pescadores. De Cristian Villalta

Ninguno de los partidos políticos salvadoreños es genéticamente demócrata; aunque por imperativo jurídico ahora realizan internas para elegir a sus candidatos, eso de discutir y dialogar con los que piensan diferente no se les da muy bien ni intramuros ni en el campo de la cosa pública. Si bien las purgas ya no son lo que eran antes, como podría quejarse Cayetano Carpio en alguno de los círculos del Averno, cada vez que una coyuntura somete a estrés a sus mandos, lo frágil de las convicciones y los recelos acumulados entre los correligionarios quedan al desnudo.

Esta semana, tres diputados areneros rompieron a propósito la propaganda de granítico liderazgo que ese instituto ha vendido como insumo electoral. Lo hicieron de un modo baladí, con unos tuits expresando su apoyo a una de las candidatas a la Corte Suprema de Justicia. Si adentro de esa fracción legislativa no hay un liderazgo sano y si en su comité ejecutivo se habla más de la táctica electoral y menos de la estrategia política, pues pasa esto: que el disenso debilita al partido en lugar de fortalecerlo.

En las formas, pues, la derecha política no ha sido en lo absoluto lúcida para administrar las diferencias y equilibrar los puntos de vista en su seno; ha renunciado a ser el centro alrededor del cual convergen auténticamente las fuerzas liberales de nuestra sociedad, demasiado ocupada en renegar de los pecados de su pasado, reacia a poner sobre la mesa la agenda que la sociedad del siglo XXI exige.

En 2018, la derecha huele a viejo.

A la hora de moverse para escuchar a los contrarios, la izquierda también ha padecido de parálisis. A diferencia del FMLN, en su oportunidad Convergencia y luego el CD fueron fuerzas de inspiración democrática, con un ideario en el que no cabía la aniquilación del contrario. Buena parte de esa riqueza intelectual provenía de Rubén Zamora y después de Héctor Silva. Una vez Héctor Dada apagó las últimas luces, la oportunidad de una opción de izquierda madura y deliberante sufrió un traspiés horrible. Hoy, la izquierda política no escucha a nadie.

El FMLN, pues, no padece de sordera; es sordo de nacimiento.

Aunque el rumbo del país es obviamente el equivocado, a El Salvador le resulta imposible ponerse de acuerdo en las decisiones trascendentales. La unanimidad es utópica incluso en temas de seguridad pública, tamaño del Estado o inversión social. Por ende, hay que dialogar. Pero ¿cómo puede fructificar el diálogo entre un viejo necio y un sordo? O peor aún, entre fuerzas que no creen en el ejercicio democrático.

Por eso pasa lo que pasa en el mencionado asunto de la elección de los magistrados de la nueva CSJ. Aparentemente, el quid es si los candidatos de ARENA son mejores que los propuestos por el bloque FMLN/GANA. Obviamente, a los funcionarios del partido oficial y al círculo de Guillermo Gallegos les interesa gozar de alguna simpatía en la institución que más temprano que tarde puede interesarse por las eventuales mejoras que su patrimonio sufrió en el último quinquenio. Pero el entrampamiento fundamental no tiene que ver con la comezón de Gallegos; él, al igual que muchos otros antes, solo están navegando en el río de ignoto desentendimiento que la derecha y la izquierda políticas han dejado fluir entre sí durante años.

Saca pescó ahí, Funes pescó ahí, y otros iguales o peores también lo harán hasta que la izquierda y la derecha adquieran siquiera modales democráticos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .