Brexit: ¿qué va a pasar? De Manuel Hinds

manuel_hindsManuel Hinds, 21 junio 2016 / EDH-Observadores

El 23 de junio tendrá lugar un referéndum muy importante en el Reino Unido que decidirá si el país va a continuar en la Unión Europea o va a salirse de ella. Al momento de escribir este artículo, el 20 de junio, la encuesta de encuestas del Financial Times da un empate de 44 a 44 por ciento a favor y en contra de salirse.

Muchos actores y observadores, incluyendo el Primer Ministro británico, los otros países europeos, Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional, el Financial Times, The Economist y el propio Banco de Inglaterra, han advertido a los votantes británicos que si aprueban la salida tendrán costos económicos altísimos en el corto y en el largo plazo. Hay muchos observadores que creen que la salida de Gran Bretaña sería no sólo la caída de ese país, sino la de la Unión Europea. ¿Qué tan cierto es esto?

¿De dónde viene la idea de separarse?

observadorLa idea de separarse no está basada en razonamientos económicos, sino en términos de identidad nacional, ligados al deseo de mantener un estilo de vida que ha sido bastante diferente al de los europeos continentales por muchos siglos. No son diferencias insustanciales. Incluyen una visión fundamentalmente diferente en términos de los derechos individuales y la relación del individuo con el Estado; del pedazo del mundo que los ciudadanos consideran su ámbito natural; de los países que consideran hermanos y de su relación con la tierra y con el mar. Incluyen también las políticas de inmigración.

El derecho

Los británicos tienen una tradición larguísima de libertades y derechos individuales, documentada desde hace 800 años con la Carta Magna de 1215 pero en realidad más vieja, ya que la Carta misma dice que los derechos que allí se consignan ya se habían respetado por generaciones aunque no estuvieran escritos. Desde hace varios siglos, antes de que existiera la democracia, la protección de esos derechos era considerada una de las tareas cruciales de los monarcas y estaba incluida en los juramentos que ellos hacían en sus coronaciones. Eso hizo de Inglaterra el país más libre y liberal del mundo (junto con Suiza y los Países Bajos), y la creatividad que eso generó fue la razón primordial por la que fue en Inglaterra que surgió la Revolución Industrial. Inglaterra se convirtió en el país más poderoso de la tierra porque fue la primera nación que se industrializó a raíz de esas libertades, y fue por más de ochenta años (hasta el último cuarto del Siglo XIX) la única nación industrializada de la tierra.

La impresión general en Gran Bretaña es que este liberalismo está siendo asfixiado por la burocracia de la Unión Europea. La diferencia de opiniones no está en la existencia de esta amenaza burocrática, sino en que algunos piensan que esto se puede evitar adentro de la Unión y otros piensan que sólo se puede evitar saliéndose de ella.

Las migraciones

Gran Bretaña es altamente liberal en términos de inmigraciones, no solo en las leyes migratorias, sino también en la asimilación de las culturas de los que han inmigrado. Para muestra, Londres ha electo a un alcalde musulmán en medio de la gran reacción contra el islamismo en muchos países occidentales. Hay muchos musulmanes en el Parlamento Británico. Pero el país quiere mantener su propia política migratoria, y evitar que una decisión alemana, o griega, lo llene de emigrantes, especialmente porque las leyes de seguridad social en Inglaterra son particularmente generosas.

La visión mundial

Gran Bretaña es y ha sido por muchos siglos una potencia global, marítima, ligada con nexos políticos y económicos muy cercanos con sociedades situadas a miles de kilómetros de distancia (como Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y varios países asiáticos y africanos), y eso ha formado una identidad nacional muy diferente a la de los países continentales, que son apegados a la tierra (no al mar) y tienen sus nexos más cercanos con sus vecinos geográficos. Esto le da a Gran Bretaña una diversidad que no existe en otros países europeos, y la inclina más hacia el liberalismo porque tiene que mantener relaciones con personas muy diferentes entre sí.

¿Cuáles serían los efectos económicos?

Los pronósticos de un desastre inmediato en Gran Bretaña se basan en la idea que si ésta se sale de la Unión Europea quedará excluida del mercado común europeo que querrá, como muchos han dicho, tratar con mucha dureza a una Gran Bretaña disidente para que no se convierta en un ejemplo positivo para otros que se quieran salir. Este razonamiento, si embargo, contiene una falacia de composición, ya que asume que en sus tratos con Gran Bretaña la prioridad más alta de Europa será castigar a los británicos. Esta puede ser la actitud de los burócratas de Bruselas, que sin duda estarían furiosos porque la salida del Reino Unido eliminaría la contribución de ese país al mantenimiento de esa burocracia. Siendo de 13 mil millones de libras esterlinas al año, esta contribución es muy sustancial. El IVA cobrado en Gran Bretaña representa el 18 por ciento de todo el IVA cobrado en la Unión Europea. Los burócratas tendrían mucha rabia por perder esto y querrían sacársela poniéndole altos impuestos de importación a cualquier cosa producida en Gran Bretaña.

Pero esta no puede ser la misma actitud del resto de la población europea porque la economía británica está ya demasiado integrada en la economía del resto de Europa, y cualquier tajo dado a la producción británica causará sangramientos en el continente. Hay empresas británicas que son propiedad parcial o total de empresas continentales, y viceversa, y los productos de unas son los insumos de las otras, y viceversa, o son los complementos naturales. Ciertamente que si le ponen altos impuestos de importación a Gran Bretaña, esta también impondría altos aranceles a las importaciones del continente. Tanto los unos como los otros harían daños muy grandes a las dos partes. No hay caso más claro para ver los efectos beneficiosos del comercio libre.

Veamos por ejemplo el caso de la BMW, que es la dueña de la empresa británica que produce los carros Mini Cooper y de la marca Rolls Royce de automóviles, o el caso de la Volkswagen, que es la dueña de la empresa británica que produce los Bentleys, y que ha suplido motores para tanto Rolls Royces como Bentleys. Algunos de los motores de estos carros son producidos en Alemania y otros en Inglaterra, y partes de unos y partes de otros son producidos en esos y otros países europeos. Si la Unión Europea le pone impuestos de importación a los bienes británicos o si los británicos se los ponen a los continentales esas cadenas de producción se romperían, con daños muy graves a sus empresas. Los aranceles continentales dañarían a los continentales y los británicos a los británicos. Sería como pegarse un tiro en el pie.

Ejemplos como estos se extienden por toda la economía europea y británica, en empresas enormes y pequeñas, con piezas producidas en unos y otros países. Si el propósito fuera darle una lección a Gran Bretaña, sería la lección más cara de la historia.

Es muy difícil también que los empresarios continentales que exportan 571 mil millones de dólares al año a Gran Bretaña digan, “Si, es cierto que hay que castigar a los británicos, ya no voy a vender en el Reino Unido, aunque yo quiebre”. Igual actitud tendrían las mismas autoridades económicas ante el hecho que Gran Bretaña importa de Europa 180 mil millones de dólares más de lo que exporta al continente. Los burócratas no son Europa, y sus sentimientos no son los de los europeos.

Igualmente es poco creíble que el negocio financiero de Londres se vendrá abajo. Londres no se convirtió en una de las dos capitales financieras mundiales porque Inglaterra entró a la Unión Europea. Fue la capital mundial desde el siglo dieciocho, y fue sólo en el siglo XX que Nueva York se convirtió en el otro gran centro. Londres ha sido tan exitosa precisamente porque no ha permitido que las burocracias estatales interfieran con los mercados de la manera en la que los países continentales interfieren. Por eso es que es tan internacional y cosmopolita. De hecho, uno de los motivos de descontento que ha habido en Gran Bretaña con la Unión Europea ha sido que ésta ha querido imponer en Londres las regulaciones que no han dejado a otros mercados europeos de capitales convertirse en centros mundiales.

¿La caída económica de Europa?

Con los mismos argumentos se puede concluir que la separación del Reino Unido no causaría la caída económica de Europa, aunque sin duda afectaría a la Unión Europea, que es otra cosa. Los efectos de largo plazo podrían hasta ser beneficiosos, ya que la salida de Gran Bretaña sería un campanazo de alerta sobre la excesiva burocratización de Europa.

¿Qué se puede esperar?

El referéndum británico no va a desestabilizar al mundo, independientemente de sus resultados. Europa es demasiado madura para que la furia de los burócratas, que verían su poder disminuido si Gran Bretaña se va, determine el curso de su historia. Si ganan los que quieren salirse, Gran Bretaña, después de varias danzas ceremoniales en Bruselas, seguirá gozando de libre comercio con Europa.

En el plazo más largo, nadie sabe y nadie lo sabrá. Pero es claro que tanto Gran Bretaña como Europa seguirán siendo grandes líderes mundiales por su educación y su gran capital físico y humano. No espere cambios en esto.

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