violencia política

Carta a la ciudadanía crítica: Otra vez a defender la Sala. De Paolo Luers

28 junio 2018 / MAS! y El Diario de Hoy

Si con esta campaña de matonería contra la Sala y su magistrado Rodolfo González, Bukele piensa captar la simpatía de la mayoría de ciudadanos que están desencantados con los partidos, apostó mal. Los ciudadanos hartos de la politiquería son precisamente los que hemos defendido durante años a la Sala de lo Constitucional y sus magistrados. La defendimos contra el intento de ARENA de paralizarla con el famoso decreto 743.

Defendimos la independencia de la Corte y en especial de la Sala contra el intento de Funes y del FMLN de imponerles un presidente ilegítimo. La defendimos cuando el PCN y el PDC, encachimbados con la Sala por una sentencia que confirmaba su cancelación como partidos, se sumaron al intento del FMLN y GANA de controlar la Corte y la Sala.

Los ciudadanos defendimos la Sala cuando el FMLN les tiraba encima sus turbas para negarles la entrada a los municipios donde sus magistrados estaban haciendo jornadas de explicar la Constitución y sus principios.

Los ciudadanos defendimos a la Sala cuando la Asamblea dominada por Sigfrido Reyes y Guillermo Gallegos quería apelar sus sentencias ante una Corte Centroamericana que no tiene esta competencia.

¿Realmente piensa Bukele que esta ciudadanía que con crítica e independencia enfrenta a los partidos va a dejar de defender la independencia de la Sala y la seguridad de sus magistrados y acompañarle en esta aventura peligrosa de desconocer la institucionalidad del país y de querer presionar a la Sala y al TSE con amenazas de sus turbas?

Mal cálculo de un candidato, que quiere compensar su falta de proyecto programático y estrategia política con un despliegue de habilidad táctica y demagogia cibernética – y ahora incluso de matonería y violencia. Quiere hacernos creer que es víctima de un sistema político que usa las instituciones para bloquear su candidatura. De ahí se arroga el derecho de desconocer las instituciones y tomar acciones de intimidación.

Todo esto es falso: Bukele no es víctima del sistema de la partidocracia, sino de sus malas decisiones, pésimas asesorías. En última instancia, es víctima de su propia demagogia.

La Sala no está preparando una sentencia con dedicatoria a su candidatura, ni siquiera para quitarle la matrícula a su partido taxi. Como es su deber legal, la sala está revisando si el TSE tenía razón de declarar inaplicable el artículo 47 de la Ley de Partidos que manda a cancelar a los partidos que no logren 50 mil votos o una diputación. La Sala no va a ordenar quitarle a Bukele su vehículo. Si confirma la constitucionalidad del artículo 47, la Sala va a ordenar al TSE que revise y decida si este artículo se puede aplicar al CD tres años después y otra elección de por medio. Y el TSE puede decir que sea cual sea la sentencia de la Sala, no puede aplicarse retroactivamente…

{Sobre esta problemática lea mañana un análisis
más exhausto en mi Columna Transversal.}

Bukele seguirá armando manifestaciones contra la Sala y el TSE, como antes ha hecho contra la Fiscalía. Seguirá mandando a sus emisarios a intimidar con amenazas a los magistrados y sus familias. De nada le va a servir. Las instituciones van a seguir aplicando la ley como la Constitución manda, le guste o no a Nuevas Ideas o al CD – y la ciudadanía, sobre todo la crítica y vigilante de los partidos, va a seguir defendiendo estas instituciones.

Lo que la ciudadanía exige es que los partidos se renueven, no que alguien arme partidos que en vez de hacer mejoras políticas se dediquen a matonería.

Así como hemos estado atentos para defender la Sala contra los ataques de los partidos, a los cuales les costó aceptar la independencia judicial, más seremos vigilantes ahora ante los ataques de los antipolíticos.

Saludos,

 

La crueldad. De Alberto Barrera Tyszka

Fotografía de EFE

ALBERTO BARRERA TYSZKA, GUIONISTA, ESCRITOR Y COLUMNISTA VENEZOLANO

Alberto Barrera Tyszka, 2 julio 2017 / PRODAVINCI

Ahora pareciera que cada noticia necesita una ambulancia. No es posible ver y escuchar lo que ocurre y no dar un alarido. Cada vez tenemos más sangre que palabras. El gobierno ha terminado convirtiendo la violencia en su único espectáculo. El chavismo pasará a la historia como el poder que disfrutó ejerciendo el terror.

Frente a la simple idea de estar cada vez más obligados a negociar, el oficialismo reacciona con una saña todavía mayor: la represión con cinismo, la violencia celebrada, la brutalidad como goce. Solo así puede explicarse el infierno sistematizado que estamos viviendo y viendo día a día en el país. Las detenciones arbitrarias, el robo a los manifestantes, las golpizas salvajes y en cayapa a cualquiera que se descuide sobre la calle, los juicios express y las condenas por traición a la patria, los traslados a los distintos reclusorios, las torturas, los asesinatos… no es una “violencia desmedida”. Por desgracia es todo lo contrario: es una violencia perfectamente medida, administrada con rigor, ordenada y ejecutada militantemente. Los excesos de los uniformados no son un desorden. Son un orden. Una orden.

Pero, luego, la violencia permanece y adquiere otra forma terrible: se convierte en humor, en festejo, en placer. Creo que nunca antes en el país, al menos en la historia política del siglo XX, tuvimos un gobierno que celebrara de esta manera la muerte. El oficialismo ha logrado alcanzar un grado de delirio inconmensurable. Promueve que perseguir, detener, saquear, golpear, torturar o matar estudiantes, es una virtud. Cuando Maduro condecora al Coronel Lugo está, en el fondo, practicando un rito fúnebre. Es un acto que no solo permite sino que además honra la violencia sobre la ciudadanía, que enaltece los golpes sobre la experiencia de la democracia. Es otra manera de bailar delante de los cadáveres. Es otra forma de decir “no me importa nada”.

Esta es la única oferta que hoy el chavismo le hace al país: la crueldad. Este es su programa político. Se deleitan con el dolor ajeno. Demuestran que el país, en el fondo, no les duele. Que el afecto no es su problema. Que son capaces de ejecutar a cualquiera sin remordimientos. Eso hacen con la Fiscal, con Roberto Picón, con todos los detenidos, con quienes salgan a manifestar… Siguiendo la misma lógica bélica, los cuerpos de seguridad también se comportan como un ejército en territorio enemigo, extranjero. Vienen a saquear y a liquidar, tienen que arrasar con todo. Por eso son crueles y celebran su crueldad. La expone. La muestran con orgullo. No solo creen que es necesaria. Piensan incluso que es buena, noble. Por eso premian sus propios crímenes.

Después de casi 20 años, por desgracia hemos encontrado el gran logro de la revolución: la crueldad. El hombre nuevo es un refrito de lo peor del hombre viejo. El hombre nuevo es un delincuente con carnet. El hombre nuevo es un asesino con charreteras. El hombre nuevo no se conmueve con nada. Disfruta el dolor de los otros. Cree que el sadismo también es bolivariano. Se ríe de todo lo que pasa. Nunca pregunta. Dispara primero y, después, vuelve a disparar.

Cayó la careta del Socialismo del Siglo XXI. De Manuel Hinds

El Gobierno salvadoreño está defendiendo al ilegítimo régimen venezolano a costa de destruir económicamente a cientos de miles de salvadoreños que ahora viven en Estados Unidos.

Manuel Hinds, 30 junio 2017 / EDH

El martes, en cadena nacional de televisión, Nicolás Maduro “advirtió al mundo” que “Si Venezuela fuera sumida en el caos y la violencia y fuera destruida la revolución bolivariana, nosotros iríamos al combate, nosotros jamás nos rendiríamos y lo que no se pudo con los votos lo haríamos con las armas, liberaríamos nuestra patria con las armas”.

Con estas palabras, Maduro escupió la verdad del Socialismo del Siglo XXI: sus líderes han comprometido su vida en una lucha a muerte por el poder político y económico. La democracia no les importa. La han usado la democracia sólo como un medio para acce-der a ese poder y están dispuestos a matar con tal de no perderlo, aun si democrática-mente han sido derrotados. Esto demuestra también que sus protestas de querer el be-neficio del pueblo son sólo máscaras para establecer un poder totalitario.

Como es típico de ellos, Maduro envolvió estas declaraciones en su característico doble-hablar, usando la palabra “liberar” a Venezuela cuando en realidad se refiere a ins-talar una tiranía —y a instalarla a balazos—. Nada puede ser más contrario a una liberación que imponer el poder de un grupo sobre una sociedad, peor todavía si se hace con vio-lencia.

Ya antes de estas declaraciones se había vuelto imposible que una persona partidaria de la democracia y del imperio del derecho apoyara o siquiera suspendiera el juicio sobre el régimen venezolano, que ha venido pisoteando los derechos fundamentales de los ciudadanos desde hace mucho tiempo. En las elecciones de diciembre de 2015 la Mesa de la Unidad Democrática (la coalición opuesta a los Socialistas del Siglo XXI) ganó 112 de los 167 curules de la Asamblea Nacional. A pesar de que el gobierno tuvo que aceptar la derrota, que había sido aplastante, Maduro se negó a aceptar las consecuencias, y, en contra de la Constitución, decidió ignorar la nueva Asamblea. Más aún, se negó a respetar el derecho que la Constitución le da a los venezolanos de llevar a cabo un referéndum revocatorio para determinar si el presidente (en este caso Maduro) debiera o no terminar su mandato presidencial.

Luego, cuando el pueblo se levantó en diarias protestas que han durado ya por varios meses, el gobierno ha respondido con un total desprecio por las multitudes y con violencia, que ha dejado muchos muertos. En el proceso ha tomado muchos presos políticos, a los cuales les ha negado sus derechos y los mantienen en condiciones lamentables que incluyen torturas.

Nada de esto ha detenido al Gobierno de El Salvador de convertirse en uno de los poquísimos defensores del régimen venezolano en el Continente, llenando al país con el oprobio de estar del lado de una de las peores y más sangrientas tiranías que ha habido en América entera.

Peor aún, en su afán por hacer cualquier cosa por defender a Venezuela, el gobierno ha logrado impedir que la OEA condene la matanza en Venezuela y con eso se ha echado encima a la región entera, incluyendo a Estados Unidos, con lo que pone en peligro el TPS para cientos de miles de salvadoreños y la posibilidad de habitar en ese país para otros miles. Es decir, conscientemente, el Gobierno salvadoreño está defendiendo al ilegítimo régimen venezolano a costa de destruir económicamente a cientos de miles de salvadoreños que ahora viven en Estados Unidos y de causar un golpe enorme a la economía y la seguridad del país al causar la expulsión de ellos.

Esto prueba que la lealtad del FMLN está con Maduro y sus asociados y no con los salvadoreños. Esa lealtad es ominosa porque indica cómo el FMLN piensa y siente. Si no condenan al régimen del Socialismo del Siglo XXI están indicando claramente que para ellos es legítimo ganar con las armas lo que no puedan ganar con los votos. El FMLN no ha cambiado nada desde que se formó en La Habana bajo la autoridad de Fidel Castro. Para los seguidores de Castro, la paz es una interrupción temporal en la lucha armada por el poder.

Carta a los periodistas: Paremos esto antes de que comience. De Paolo Luers

paolo luers caricaturaPaolo Luers, 1 diciembre 2016 / EDH

Colegas:
La cuenta de redes sociales “sociedad civil’, uno de los instrumentos cercanos al FMLN y al alcalde Bukele, tiene por misión reproducir cualquier mensaje oficialista, atacar a cualquiera que critique a Bukele, y coordinar la agitación propagandística y la guerra sicológica. El pasado lunes, “sociedad civil” colocó un mensaje en twitter y facebook – y el “shitstorm” comenzó: Docenas de militantes y cientos de trolls con cuentas falsas entraron en acción. El mensaje original todavía no era tan agresivo, fue solamente la señal para desencadenar las amenazas. Decía: “El ‘periodista’ @Cmelendez12 es el encargado por Dutriz para hacer las notas contra @nayibbukele. Basta ver tuits para ver clase de persona.”

diario hoyLa respuesta de la red de “sociedad civil” fue inmediata y brutal: una serie de amenzas abiertas, hasta de muerte, y los más viles insultos a La Prensa Gráfica, El Diario de Hoy, la familia Dutriz… pero sobre todo y de manera muy personal a nuestro colega Cristian Meléndez.

Esto no es nada nuevo. A mi me ha pasado incontables veces. Y ya todos conocemos la campaña que Bukele ha desatado contra los periódicos que se atreven a criticarlo. Primero ordenó, como la fiscalía logró comprobar con ayuda del FBI, a la agencia digital que trabaja para la alcaldía a producir y publicar versiones falsificadas de los sitios web de LPG y EDH. Y cuando primero La Prensa Gráfica y luego la fiscalía investigaron estos ataques, y siempre las prubeas señalaron hacía el alcalde y su staff, comenzó una campaña permanente contra los periódicos, obviamente orquestada desde la alcaldía de San Salvador, y con “sociedad civil” como uno de sus parlantes. Hasta trataron de provocar un boicot de lectores a los periódicos, que a los días tuvieron que abandonar porque nadie les hacía caso.

Todo esto se puede, si no tolerar, aguantar. Así es el clima político en nuestro país, lamentablemente. Yo ni siquiera hubiera llevado estos casos a la fiscalía o las cortes. De hecho, no fui a demandar a nadie, cuando me di cuenta que habían usado mi nombre para inscribir los dominios de web que necesitaban para difundir las falsificaciones de La Prensa Gráfica. Como fueron suficiente estúpidos para pagar los dominios con sus propias tarjetas de crédito, esta trampa no me afectó. ¿Y para qué denunciarlo?

Pero amenazas de muerte contra un colega periodista es otro caso. Ahí pasaron una raya que no hay que permitir que nadie se la pase.

Tenemos cualquier tipo de violencia, y de sobra, pero no tenemos violencia política ni contra periodistas. Nuestra sociedad creó un consenso muy sólido de toda la sociedad, cuando se trataba de terminar la guerra y la dictadura y alcanzar la paz y la democracia, que sigue vigente. Cuando Mario Belloso decidió, en medio de una manifestación de estudiantes, sacar un M16, parapetarse cuidadosamente y matar a sangre fría a dos policías, la sociedad entera levantó su voz y obligó al FMLN de desligarse de la violencia política y este tipo de grupos. Y de hecho, el FMLN los desarticuló.

Hoy a los periodistas y la opinión pública nos toca nuevamente exigir que nadie se pase de la raya que nos separa de la violencia política y contra la libertad de expresión. Así como el FMLN en el 2006 desarticuló la Brigada Limón y otros grupos de choque, ahora hay que exigirle que desarme estructuras que provocan violencia desde las redes sociales. Incluso por su propio interés. Si el entonces alcalde de Mejicanos no hubiera desarmado el monstruo que él ayudó a armar, la Brigada Limón, hoy no sería diputado. Piénselo, alcalde Bukele…

Simplemente solidarizarse con el colega que ahora está el ojo del “shitstorm” no es suficiente. Saludos,

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